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viernes, 7 de noviembre de 2025

¿Quién es Larry Ellison? El billonario amigo de Trump que convirtió un contrato con la CIA en un imperio de 343 mil millones de dólares

 

 Por Bruno Sgarzini      
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     Larry Ellison ha llamado la atención después de convertirse en uno de los empresarios claves del trumpismo, junto a figuras como Peter Thiel de Parlantir o Andreessen Horowitz, el inversionista de riesgo de Silicon Valley, quienes cultivan ideas como la necesidad de que Estados Unidos sea gobernada por una tecnomonarquía, divulgada por algunos pensadores afines como Curtis Yarvin.

Su oferta para comprar la división estadounidense de Tik Tok ha revelado también sus relaciones con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y sus vínculos profundos con las agencias de seguridad estadounidenses. Ante esta irrupción vale la pena preguntarse quién es Ellison.

De un ignoto técnico a un notorio empresario

Ellison nació el 17 de agosto de 1944 en el Bronx, Nueva York, hijo de Florence Spellman, una mujer judía soltera de 19 años, y un piloto italoamericano del Cuerpo Aéreo del Ejército de Estados Unidos. A los nueve meses de edad, tras contraer neumonía, fue enviado a Chicago para su adopción por los tíos de su madre, Lillian y Louis Ellison, quien perdió su negocio inmobiliario durante la Gran Depresión y después se ganó la vida como auditor de la autoridad de vivienda pública. A los 18 años comenzó a estudiar medicina en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (1962-1964), donde fue nombrado estudiante científico del año, pero abandonó la carrera tras la muerte de su madre adoptiva Lillian en 1964. Lo volvió a intentar en 1966 en la Universidad de Chicago en 1966 pero también volvió a dejar sus estudios en física y matemática. En lugar de eso, inició un meteórico ascenso con sus conocimientos rudimentarios de programación al mudarse a Berkeley, California. Algunos de sus primeros empleos como programador fueron en Amdahl Corporation, donde ayudó a construir los primeros sistemas mainframe compatibles con IBM, y Ampex donde conoció a Bob Miner y Ed Oates, los futuros cofundadores de su empresa Oracle.

Varios años después en 1977, Ellison cofundó con ellos Software Development Laboratories (SDL) con una inversión inicial de apenas 2,000 dólares (1,200 de su propio bolsillo), y fue nombrado director ejecutivo de la empresa. Ellison creía en lo propuesto por Edgar Cood, un teórico informático, sobre la creación de un modelo relacional de datos para grandes bancos de datos compartidos. Desde este momento, se propuso convertir su empresa en una de las primeras en almacenar enormes bases de datos. “Uno de sus primeros contratos de dos años fue para desarrollar un sistema de gestión de bases de datos relacionales para la Agencia Central de Inteligencia (CIA). El nombre clave del proyecto fue Oracle. Lo finalizaron un año antes de lo previsto y aprovecharon el tiempo extra para desarrollar su sistema para aplicaciones comerciales al que llamaron con el mismo nombre. En 1980, la empresa de Ellison contaba con solo ocho empleados y sus ingresos eran inferiores a un millón de dólares, pero al año siguiente, IBM adoptó Oracle para sus sistemas mainframe, y las ventas se duplicaron cada año durante los siete siguientes. La empresa millonaria se convirtió en una empresa multimillonaria. Ellison rebautizó la empresa como Oracle Corporation, en honor a su producto más vendido”, según Academy of Archievement.

La empresa experimentó un crecimiento explosivo durante los años 1980, convirtiéndose en la mayor empresa de gestión de bases de datos del mundo en 1987. “Sin embargo, en 1990 Oracle enfrentó una crisis casi fatal debido a prácticas contables agresivas y la sobreestimación de ganancias, lo que llevó a la empresa al borde de la bancarrota y obligó a Ellison a reestructurar la gestión y despedir al 10% de la fuerza laboral, integrada por 400 trabajadores”, según Vincent van Vliet. Además de estas prácticas contables cuestionables, la compañía de Ellison tenía problemas para que sus tecnologías fueran compatibles con la base de datos Systems R de IBM, la corporación más grande del rubro.

Pero varios años después, la suerte de Oracle cambió. “IBM dominó el mercado de bases de datos relacionales con los protocolos DB2 y SQL/DS. Sin embargo, la compañía se retrasó en el lanzamiento de bases de datos relacionales en sistemas operativos Unix Windows. Esto abrió las puertas a empresas como Sybase, Oracle y Microsoft. Por ello, dominaron los sistemas y microcomputadoras de gama media”, de acuerdo a van Vliet. Esto convirtió en poco tiempo a Ellison en propietario en una de las empresas de mayor rápido crecimiento en el mundo de la informática al absorber varias competidoras directas como PeopleSoft, Siebel Systems y Sun Microsystems. Todo esto ayudó a Oracle a alcanzar una capitalización bursátil de aproximadamente 185 000 millones de dólares con unos 130 000 empleados en 2014, de acuerdo al portal Toolshero.

Más de 30 años después, Oracle se ha convertido en un gigante del software clave para desarrollar enormes bases de datos, una infraestructura necesaria para la IA. Sus megaproyectos van desde el Stargate, lanzado hace poco tiempo junto al banco japonés SoftBank y OpenIA de Sam Altman, y la construcción de enormes complejos subterráneos en Israel. Oracle, por ejemplo, mantiene un contrato de más de 300 mil millones con OpenAI durante cinco años, y asociaciones con Microsoft Azure, Amazon Web Services, y Google Cloud.

Al entrar en su octava década, con su sexta esposa, lleno de vitalidad y vigor, sigue siendo el presidente ejecutivo y director de tecnología de Oracle, guiando la visión de la compañía. Su ambición es muy simple: superar a Amazon en bases de datos en la nube”, según And Simple, un portal dirigido a investigar las riquezas de los billonarios.

La expansión del imperio y su círculo de relaciones

Oracle se ha convertido en una empresa tecnológica tan importante que se espera que su infraestructura cloud crezca de 10 mil millones en ingresos en 2024 a 144 mil en 2030, según sus proyecciones. Ellison, en este contexto, se ha convertido en un mega magnate cuya riqueza lo ubica como el segundo más rico del mundo con 343 billones de dólares, según un índice de Bloomberg. Sus inversiones van desde Tesla, donde posee una participación del 1,4% (45 millones de acciones) valorada en 19 mil millones de dólares, hasta Skydancer Paramount, un gigante corporativo de la comunicación recién comprado por su hijo David, según el portal Money Check. En Tesla, el propio Ellison fue parte del consejo directivo desde 2018 hasta agosto de 2022 junto con Elon Musk, considerado por él como uno de sus pupilos empresariales.




Estas inversiones son dirigidas por Lawrence Investments, una entidad designada para administrar la riqueza familiar. A través de este fondo, por ejemplo, aportó mil millones de dólares a la compra de Twitter por parte de Musk y compró, por ejemplo, el 41% de las acciones de su compañía, Oracle, cuyo valor asciende a los 349 mil millones de dólares. Como la mayoría de los billonarios, también se ha obsesionado con la adquisición de grandes propiedades; entre las que se incluye la isla hawaiana de Lanai a la que en 2020 invitó a Benjamín Netanyahu a pasar sus vacaciones. Sus propiedades van desde una mansión de 173 millones de dólares en Manapalan, Floridad, de 62,200 pies cuadrados y 33 habitaciones, hasta el Eau Palm Beach Resort & Spa, y diez inmuebles en Carbon Beach, Malibu.

Mientras que sus proyectos de filantropía se concentraron hasta 2013 en financiar estudios sobre el envejecimiento y las enfermedades relacionadas con la edad a través de la Fundación Médica Ellison. Otras donaciones importantes tienenque ver con su relación cercana con Israel y Netanyahu; Ellison es uno de los mayores donantes de Amigos de las Fuerzas de Defensas de Israel y uno de los billonarios que más lobby hace a favor de Tel Aviv. Al punto que, incluso, preguntó a un diplomático israelí que tan cercano a Israel era el actual secretario de Estado, Marco Rubio, antes de aportar a una de sus campañas en 2015.

Oracle, además, es una gran contratista militar israelí que se ha enriquecido con las políticas de control contra el pueblo palestino. Desde 2021, se convirtió en la mayor empresa en la nube de Israel y ha firmado acuerdos con las Fuerzas de Defensa de Israel como el Proyecto Menta, una iniciativa clasificado de ingeniería de datos de cuatro años.

Sus relaciones y su deseo de ser un amo del universo

Ellison ha donado más de 46 millones de dólares a campañas federales desde 2012, estableciéndose como uno de los megadonantes republicanos más influyentes de Silicon Valley. Sus contribuciones más significativas incluyen 35 millones al super PAC Opportunity Matters Fund en apoyo al senador Tim Scott, cinco millones para Marco Rubio en 2016 y tres millones para la campaña presidencial de Mitt Romney en 2012. Sin embargo, desde 2020, Ellison entró en el círculo íntimo de Trump cuando participó de una reunión para definir las estrategias de la campaña presidencial republicana de ese año para deslegitimar los resultados electorales, de acuerdo a The Washington Post.

Este apoyo ha sido recompensado por Trump en esta nueva presidencia; dado que la compañía de Ellison, Oracle, lidera, por ejemplo, la iniciativa de IA StarGate, junto a OpenIA y Soft Bank, para construir infraestructura, como centros de datos, en Estados Unidos por unos 500 mil millones de dólares. También la oferta privada, impulsada por la Casa Blanca, para comprar la licencia para operar el algoritmo de Tik Tok y almacenar los datos de la red social en Estados Unidos. Según un amigo del magnate, citado por The New York Times, su motivación para ofertar por Tik Tok habría sido la compra de Twitter por parte de Musk. “Una cosa es ser rico, otra relevante para los consumidores, con influencia en la cultura, la política y los medios de comunicación”.

Mientras que Skydancer, la compañía de su hijo, ha recibido la aprobación por parte de la Comisión Federal de Comunicaciones, nombrada por Trump, para comprar el estudio Paramount, propietario, además, de la cadena CBS. Skydancer también planea la adquisición de Warner, dueño de Discovery, HBO y CNN, lo que le daría al trumpismo el control, o influencia, sobre las principales cadenas de noticias y estudios de cine y televisión.




Pero los tentáculos de la familia Ellison no se limitan a Estados Unidos; el patriarca también ha donado más de 350 millones de dólares a la Fundación para el Cambio Global Tony Blair para utilizar la institución como promotora de sus iniciativas. Desde el ascenso del partido laborarista con el primer ministro, Keith Starmer, la fundación, además, ha conseguido el nombramiento de dos sus empleados en áreas como la secretaría de Tecnología y un equipo de trabajo gubernamental que asesora sobre políticas de datos y tecnología en el plan decenal del Partido Laborista para el Departamento de Salud. La fundación, que según sus empleados se ha vuelto en un apéndice de Oracle, promueve la idea de privatizar las bases de datos gubernamentales, sobre todo, la del Departamento de Salud, cuyo historial abarca hasta el 1948 y está valuada, al menos, en 10 mil millones de libras esterlinas. Para esto, ha sacado informes como “Gobernando en la Era de la IA: Construyendo la Biblioteca Nacional de Datos de Gran Bretaña”, según una investigación del portal de investigación LightHouse Reports.

Para Ellison, una de sus tareas pendientes es combinar miles de bases de datos en un enorme repositorio electrónico para que sea explorado por IA. Eso ·curará enfermedades y arreglará todo lo demás, le dijo a Tony Blair, el ex primer ministro británico, en un simposio sobre la reinvención del gobierno celebrado en Dubai en febrero. El billonario es un activo partidario de utilizar la IA como herramienta para una sociedad de vigilancia. Según su visión, habría cámaras por todas partes con cada movimiento analizado por IA. “Los ciudadanos se portarán bien, porque registraremos e informaremos todo lo que sucede”, declaró a los inversores de Oracle hace unos meses.

En su opinión, además; “ser primero es más importante que ganar dinero. Tengo tanto dinero. El dinero es solo un método para llevar la cuenta”.


Fuente: Bruno Sgarzini

viernes, 31 de enero de 2025

¿Leviatán frágil?

 

      Profesor de Economía en la École des Hautes Études en Sciences Sociales e investigador del Centre d'economie de Paris Nord.


     En El hombre sin atributos (1930), de Robert Musil, ambientada en Viena en vísperas de la Primera Guerra Mundial, el general del ejército Stumm von Bordwehr se pregunta: “¿Cómo pueden los que participan en un gran acontecimiento saber de antemano si será un gran acontecimiento?”. La respuesta, sugiere, es “¡imaginando que lo es! Si me permiten una paradoja, afirmaré, por tanto, que la historia universal se escribe antes de que suceda: siempre empieza siendo un chisme”. La semana pasada, los chismes giraron en torno al regreso de Donald Trump al poder y la avalancha de órdenes ejecutivas que le siguieron, mientras el 47º presidente reunía a los gigantes de la industria tecnológica para su toma de posesión: reservando asientos de primera fila para Mark Zuckerberg de Meta, Jeff Bezos de Amazon, Sundar Pichai de Google y Elon Musk de Tesla, con Tim Cook de Apple, Sam Altman de Open AI y Shou Zi Chew de Tik Tok sentados más atrás. Hace apenas unos años, la gran mayoría de estos multimillonarios eran partidarios declarados de Biden y de los demócratas. “Todos estaban con él”, recordó Trump, “todos y cada uno de ellos, y ahora todos están conmigo”. La cuestión crucial se refiere a la naturaleza de este realineamiento: ¿se trata de un simple giro oportunista, dentro de los mismos parámetros sistémicos? ¿O de un momento de ruptura digno de ser llamado un gran acontecimiento de la historia universal? Arriesguemos esta segunda hipótesis.




Como sabemos, a Trump le encantan los homenajes suntuosos. Cuando los cortesanos acuden en masa a su mansión de Mar a Lago, ¿no parece un Versalles en miniatura? Pero el presidente no es un aspirante a Luis XIV. Su proyecto no es centralizar la autoridad en el Estado, sino más bien potenciar los intereses privados a expensas de las instituciones públicas. Ya está tratando de revertir los incipientes intentos de intervencionismo de la administración Biden derogando sus subsidios verdes, políticas antimonopolio y medidas impositivas, a fin de ampliar el margen de acción de los monopolios corporativos en el país y en el extranjero.

Dos de sus decretos ejecutivos, firmados el día de la investidura, subrayan esta tendencia. El primero revocó un mandato de la era Biden que requería que "los desarrolladores de sistemas de inteligencia artificial que plantean riesgos para la seguridad nacional, la economía, la salud o la seguridad pública de Estados Unidos compartan los resultados de las pruebas de seguridad con el gobierno de Estados Unidos". Si bien antes las autoridades públicas tenían cierta influencia en los avances en la frontera de la inteligencia artificial, ahora se ha eliminado esta supervisión mínima. El segundo decreto anunció la creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), dirigido por Musk. Basado en una reorganización de los Servicios Digitales de Estados Unidos, establecidos bajo Obama para integrar los sistemas de información entre las diferentes ramas del estado, el DOGE tendrá acceso ilimitado a datos no clasificados de todas las agencias gubernamentales. Su primera misión es "reformar el proceso de contratación federal y restaurar el mérito en la función pública", asegurando que los empleados estatales tengan un "compromiso con los ideales, valores e intereses estadounidenses" y "servirán lealmente al Poder Ejecutivo". DOGE también "integrará tecnologías modernas" en este proceso, lo que significa que Musk y sus máquinas tendrán la responsabilidad de la supervisión política de los funcionarios federales.




En las primeras horas del segundo mandato de Trump, los empresarios tecnológicos lograron proteger sus proyectos más rentables del escrutinio público y al mismo tiempo ganaron una influencia significativa sobre la burocracia estatal. La nueva administración no está interesada en utilizar el Estado federal para unificar a las clases dominantes como parte de una estrategia hegemónica. Por el contrario, está tratando de emancipar a la fracción más optimista del capital de cualquier restricción federal seria, al tiempo que obliga al aparato administrativo a someterse al control algorítmico de Musk.

La creciente concentración de poder en manos de los oligarcas tecnológicos no es en absoluto inevitable. En China, la relación entre el sector de las grandes tecnológicas y el Estado es volátil, pero el primero se ve obligado en general a adaptarse a los objetivos de desarrollo fijados por el segundo. También en Occidente, los organismos públicos han reaccionado en ocasiones contra el monopolio corporativo: el Congreso, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y la Reserva Federal se unieron para bloquear el proyecto de criptomoneda de Facebook, Libra, en 2021. Para el economista Benoît Cœuré, "la madre de todas las cuestiones políticas es el equilibrio de poder entre el gobierno y las grandes tecnológicas a la hora de dar forma al futuro de los pagos y el control de los datos relacionados".

Pero ahora Trump está inclinando aún más la balanza a favor de las grandes tecnológicas. A sus órdenes ejecutivas, dio instrucciones a los reguladores para que impulsaran la inversión en criptomonedas, al tiempo que impedía a los bancos centrales desarrollar sus propias monedas digitales que pudieran actuar como contrapeso. Podemos esperar más políticas de este tipo en el futuro: desregulación, exenciones fiscales, contratos gubernamentales y protecciones legales.




Este proyecto radical de la principal potencia mundial podría tener consecuencias graves: reconfigurar la relación entre el capital y el Estado, las clases y los países, en los próximos años. Amenaza con acelerar un proceso que he descrito en otro lugar como "tecnofeudalización". A medida que las grandes corporaciones monopolizan el conocimiento y los datos, centralizan los medios algorítmicos de coordinación de las actividades humanas, desde las prácticas laborales hasta el uso de las redes sociales y los hábitos de compra. Como las instituciones públicas son cada vez más incapaces de organizar la sociedad, la tarea recae entonces en las grandes empresas tecnológicas, que adquieren una capacidad extraordinaria para influir en el comportamiento individual y colectivo. La esfera pública se disuelve así en redes en línea, el poder monetario se desplaza a las criptomonedas y la inteligencia artificial coloniza lo que Marx llamó el "intelecto general", anunciando la apropiación constante del poder político por parte de intereses privados.

El debilitamiento de las instituciones mediadoras va de la mano de un impulso antidemocrático –o, más precisamente, de un odio a la igualdad. Desde la publicación del manifiesto tecno-optimista “El ciberespacio y el sueño americano” en 1994, grandes sectores de Silicon Valley han adherido al principio randiano de que los pioneros creativos no pueden estar sujetos a reglas colectivas. El empresario tiene derecho a pisotear a los seres más débiles que amenazan con limitarlo: trabajadores, mujeres, personas racializadas y trans. De ahí el rápido acercamiento entre los liberales californianos y la extrema derecha, con Musk y Zuckerberg ahora presentándose como guerreros culturales que luchan por revertir la marea de la conciencia. La gubernamentalidad algorítmica consagra el derecho a “innovar” sin rendir cuentas a las masas.




Este régimen emergente de acumulación también reemplaza la lógica de producción y consumo por la de depredación y dependencia. Si bien el apetito por el excedente sigue siendo tan voraz como en períodos anteriores del capitalismo, el afán de lucro de las grandes tecnológicas es único. Mientras que el capital tradicionalmente invierte para reducir los costos o satisfacer la demanda, el capital tecnofeudal invierte para poner bajo su control diferentes áreas de la actividad social, creando una dinámica de dependencia que atrapa por igual a individuos, empresas e instituciones. Esto se debe en parte a que los servicios que ofrecen las grandes tecnológicas no son productos básicos como cualquier otro. A menudo son infraestructuras críticas de las que depende la sociedad. El apagón masivo de Microsoft en el verano de 2024 fue un duro recordatorio de que los aeropuertos, hospitales, bancos y agencias gubernamentales, entre otros, dependen ahora de estas tecnologías, lo que permite a los monopolistas cobrar rentas exorbitantes y generar flujos interminables de datos monetizables.

El resultado final es un estancamiento generalizado de la economía global. Las empresas rentables de otros sectores ven debilitada su posición en el mercado a medida que se vuelven cada vez más dependientes de la nube y la inteligencia artificial, mientras que la población en general está sujeta a las depredaciones del capital rentista. La enorme necesidad de recursos de los tecnofeudalistas también conduce a una creciente destrucción ecológica, con nuevos centros de datos con alto contenido de carbono que surgen en todo el mundo. A medida que el crecimiento se desacelera, la polarización política y la desigualdad económica se profundizan, y los trabajadores luchan por una porción cada vez menor de la riqueza.

Esto plantea una serie de cuestiones estratégicas para la izquierda. ¿Cómo se relaciona la lucha contra las grandes tecnológicas con las luchas anticapitalistas existentes? ¿Cómo deberíamos concebir el internacionalismo en una época en la que el poder tecnofeudal trasciende las fronteras nacionales? Aquí puede que valga la pena tener en cuenta los principales preceptos del clásico de Mao Tse-Tung Sobre la contradicción (1937), hábilmente resumido por Slavoj Žižek:


La contradicción principal (universal) no se superpone a la contradicción que debe ser tratada como dominante en una situación particular; la dimensión universal reside literalmente en esta contradicción particular. En cada situación concreta, una contradicción "particular" diferente es la predominante, en el sentido preciso de que, para ganar la lucha por la resolución de la contradicción principal, uno debe tratar una contradicción particular como la predominante, a la que todas las demás luchas deben subordinarse.

Hoy, la contradicción universal sigue siendo la de la explotación capitalista, que enfrenta al capital con el trabajo vivo. Pero la ofensiva tecnofeudal a gran escala representada por Trump y Musk puede cambiar esta situación, creando una nueva contradicción principal entre las grandes tecnológicas estadounidenses y aquellos a quienes explotan. Si llegáramos a ese punto, la tarea de la izquierda cambiaría radicalmente. Tomando como ejemplo las guerras coloniales de China, Mao explica que


Cuando el imperialismo lanza una guerra de agresión contra un país determinado, las distintas clases de ese país, con excepción de un pequeño número de traidores a la patria, pueden unirse temporalmente en una guerra nacional contra el imperialismo. La contradicción entre el imperialismo y el país en cuestión se convierte entonces en la contradicción principal, y todas las contradicciones entre las distintas clases dentro del país (incluida la contradicción, que era la principal, entre el régimen feudal y las masas populares) pasan temporalmente a un segundo plano y a una posición subordinada.

En el contexto actual, esto significaría formar un frente antitecnofeudal que se extendiera más allá de la izquierda hacia diversas fuerzas democráticas y fracciones del capital en desacuerdo con las grandes tecnológicas. Este movimiento hipotético podría adoptar lo que podríamos llamar una “política digital no alineada”, con el objetivo de crear un espacio económico fuera del control de los monopolistas en el que se pudieran desarrollar tecnologías alternativas. Esto, a su vez, implicaría una forma de proteccionismo digital (negando el acceso a las empresas tecnológicas estadounidenses y desmantelando su infraestructura siempre que fuera posible), así como un nuevo internacionalismo digital, en el que las personas compartirían soluciones tecnológicas sobre una base cooperativa.

Huelga decir que cualquier alianza de ese tipo tendría que enfrentarse a diversas barreras estructurales. Debido a la compleja interpenetración de los intereses capitalistas, con inversiones ligadas entre sí en diferentes sectores y territorios, es difícil determinar qué fracciones del capital están más alineadas con las grandes tecnológicas y cuáles podrían verse presionadas a sumarse a la oposición. También está el hecho de que las burguesías nacionales son socios notoriamente poco fiables cuando se trata de proyectos de desarrollo fuera del núcleo imperial; por lo general están más interesadas en aumentar su propia riqueza rentista que en efectuar el tipo de cambio estructural que pondría fin a la dependencia. Y existe el peligro de que, incluso si lograra reunir esas fuerzas, un frente antitecnofeudal sería vulnerable a la captura burocrática, confiando el desarrollo de alternativas digitales a expertos en lugar de involucrar activamente a las masas populares.

Sin embargo, los multimillonarios tecnológicos tienen sus propios obstáculos que enfrentar. Su proyecto –utilizar una alianza con Trump para derribar los últimos obstáculos que quedan al control algorítmico– tiene una base social extremadamente estrecha, y la velocidad a la que avanza seguramente generará resistencia tanto de la población en general como de las élites. También debe lidiar con la destreza digital de China, mientras empresas rivales como DeepSeek intentan socavar la imagen de invencibilidad de Silicon Valley. ¿Podría el tecnofeudalismo estadounidense convertirse en un Leviatán frágil? ¿Se recordará el regreso de Trump al poder como un “gran acontecimiento” o se trata simplemente de rumores falsos?

Fuente: SIDECAR

jueves, 30 de enero de 2025

DeepSeek: la "Inteligencia Artificial" china que aplastó a Silicon Valley. ¿Es el principio del fin para las "big tech" occidentales?

 

      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     DeepSeek es comparable como el momento en el que la Unión Soviética, en plena Guerra Fría, puso en órbita el satélite Sputnik, según Marc Andreessen, cofundador de la empresa Netscape Communications Corporation y coautor de Mosaic, uno de los primeros navegadores web con interfaz gráfica.

Leamos un poco lo que significa para Bloomberg:

Una empresa china de inteligencia artificial poco conocida llamada DeepSeek lanzó un nuevo modelo de inteligencia artificial de código abierto llamado R1 que puede imitar la forma en que razonan los humanos. La empresa dijo que R1 rivalizaba o superaba a los principales desarrolladores estadounidenses en una variedad de puntos de referencia de la industria, incluidas las tareas matemáticas y el conocimiento general, y que se creó por una pequeña fracción del costo. Para el fin de semana, DeepSeek había escalado posiciones en Chatbot Arena, una tabla de clasificación de sistemas de inteligencia artificial muy seguida, y figuras prominentes en tecnología como Marc Andreessen llamaban al producto "el momento Sputnik de la inteligencia artificial".
Ahora, las consecuencias del lanzamiento de R1 se están extendiendo rápidamente por todo Estados Unidos, mientras la industria tecnológica intenta comprender cómo DeepSeek logró la hazaña y si la empresa emergente lo hizo tan barato como afirma. Ya existen sospechas de que la empresa emergente china construyó su chatbot con tecnología occidental, evitando los enormes costos de desarrollar grandes modelos de lenguaje.



 

Casi de la noche a la mañana, DeepSeek ha cambiado muchas de las suposiciones dentro de Silicon Valley sobre la economía de la creación de IA, así como los mejores métodos técnicos para desarrollar la tecnología y el alcance de la ventaja de Estados Unidos sobre sus competidores en China. Durante gran parte de los últimos dos años, desde que ChatGPT inició el frenesí mundial de la IA, la industria ha apostado a que el camino hacia una mejor IA depende en gran medida de gastar mucho en chips más avanzados de empresas como Nvidia Corp. y en centros de datos cada vez más grandes para albergarlos.

El entusiasmo por la hazaña de DeepSeek provocó una caída de casi un billón de dólares en las acciones tecnológicas estadounidenses y europeas el lunes, ya que los inversores cuestionaron los planes de gasto de algunas de las empresas más grandes de Estados Unidos. La caída de las acciones del fabricante de chips de inteligencia artificial Nvidia por sí sola borró aproximadamente 589.000 millones de dólares en valor de mercado, la mayor caída en la historia del mercado de valores de Estados Unidos.

Mientras tanto, en Washington, los legisladores deben averiguar la mejor ruta para frenar el progreso de China en una tecnología que algunos consideran crucial para su ejército y su economía, dado que l
as restricciones a la exportación de chips de la administración Biden no fueron suficientes. David Sacks, el zar de las criptomonedas y la inteligencia artificial del presidente Donald Trump, dijo que DeepSeek demuestra que la carrera mundial de la inteligencia artificial será muy competitiva, al tiempo que culpó a la administración Biden por la regulación que "paralizó" el desarrollo de la inteligencia artificial.

Al igual que algunos de los últimos modelos de OpenAI, Google y Anthropic, R1 pretende imitar la forma en que los humanos a veces reflexionan sobre los problemas dedicando tiempo a calcular una respuesta antes de responder a las consultas de los usuarios. Sin embargo, la versión de DeepSeek difiere en su eficiencia. El equipo que está detrás de ella ideó algunas innovaciones simples pero clave, como encontrar formas de aprovechar más los chips de computadora a los que tenían acceso. Otro avance: apoyarse en gran medida en una técnica conocida como aprendizaje de refuerzo que recompensa a un sistema por las respuestas correctas y lo castiga por las incorrectas.

La aplicación de DeepSeek se hizo popular entre los usuarios estadounidenses, en parte gracias a un chatbot afable y de un sonido algo extraño que muestra con gran detalle cómo piensa responder a la pregunta de una persona antes de sumergirse en los resultados. El enfoque incluye muchos más detalles que, por ejemplo, los últimos modelos de razonamiento de OpenAI. Y a diferencia de OpenAI, que cobra hasta 200 dólares al mes por acceso ilimitado a sus modelos de razonamiento más avanzados, entre otras funciones, DeepSeek actualmente ofrece su servicio de forma gratuita.

La irrupción de DeepSeek destruye, al parecer, el modelo de negocios de los gigantes tecnológicos porque consigue los mismos resultados que OpenAI con muchos menos costes. La estrepitosa caída de las acciones de empresas, como el gigante de chips Nvidia Corp, se acercó al billón de dólares, una de las pérdidas más importantes en la historia. “La pregunta que ahora preocupa a los inversores, las empresas y los responsables políticos es si la inteligencia artificial requiere cientos de miles de millones de dólares en gastos de capital para desarrollar las últimas innovaciones y modelos de IA de vanguardia, y si los controles de las exportaciones pueden contener la competencia china”, se pregunta también Bloomberg.

La Administración Biden hace pocas semanas restringió los microchips que pueden comprar las empresas chinas en un intento de cortar en seco los avances en IA del gigante asiático. Existe la creencia que este control de exportaciones funcionará en detener el desarrollo de la IA en China y seguirá dándole la delantera a las compañías estadounidenses




DeepSeek acumuló la cantidad necesaria de microchips de Nvidia mucho antes que la medida comenzará aplicarse. El lanzamiento coincidió con dos eventos: la asunción de Trump y una conferencia en Beijing de su director ejecutivo, Liang Wenfeng, con el primer ministro chino, Li Qiang.

Leamos:

La investigación de DeepSeek fue financiada por el presupuesto de I+D de High-Flyer, dijo Liang anteriormente. Obtuvo recursos informáticos del fondo cuantitativo, que había acumulado 10.000 GPU de Nvidia en 2021, antes de las prohibiciones estadounidenses a las exportaciones de sofisticados chips de Nvidia y otras unidades de procesamiento gráfico.
Liang contrató talentos de ingeniería casi exclusivamente de China. Muchos de ellos eran recién egresados de las mejores universidades, pasantes en la última etapa de sus estudios de doctorado y medallistas olímpicos.
"Es un nerd, pero nerd en este contexto no es algo negativo", dijo Zihan Wang, estudiante de doctorado en la Universidad Northwestern que realizó una pasantía de seis meses en DeepSeek en 2024.
Wang dijo que Liang realizó muchos experimentos por su cuenta y que DeepSeek funcionó como un laboratorio de investigación. “Comenzó a pequeña escala, pero a medida que lograron avances reales, comenzaron a entusiasmarse”, dijo.
La startup comenzó a lanzar modelos periódicamente, aparentemente inmune a —e incluso estimulada por— la prohibición estadounidense de exportar chips aceleradores de IA de última generación.
DeepSeek lanzó su modelo de razonamiento de inteligencia artificial avanzado R1 el 20 de enero, el mismo día en que Donald Trump juró como el 47º presidente de Estados Unidos.
Ese mismo lunes, Liang asistió a un simposio empresarial a puertas cerradas en Pekín, organizado por el primer ministro chino, Li Qiang. Allí, expertos en tecnología, ciencia, educación y otros campos ofrecieron sus opiniones y sugerencias para un borrador del informe sobre la labor del gobierno, según la agencia de noticias oficial Xinhua. Un vídeo publicado en YouTube muestra a Liang sentado frente a Li y hablando, mientras el líder chino asiente con atención.
Cabe destacar que DeepSeek ha abierto el código fuente de su R1, lo que permite a los investigadores y desarrolladores utilizar, modificar y comercializar libremente el modelo. Esto ha enviado una señal de que desea colaborar e innovar con otros miembros de la comunidad global de IA.
Se supone que Liang posee el 51% de High-Flyer. Eso le daría una participación por valor de 71 millones de dólares según un análisis comparativo, según el Índice de multimillonarios de Bloomberg. Si DeepSeek alcanza el mismo potencial que OpenAI, valorado en aproximadamente 150.000 millones de dólares, el fundador podría potencialmente estar en condiciones de recibir una ganancia inesperada masiva.
Algunos han puesto en duda que DeepSeek, de Liang, sea tan prometedor como parece. Entre las deficiencias se encuentran la capacidad de la infraestructura de la startup para gestionar el tráfico global que espera para probar su servicio, o el manejo que hace la aplicación de temas delicados como las protestas de 1989 en la plaza de Tiananmen y las consultas sobre el líder chino Xi Jinping.
Los expertos también han cuestionado la suposición de que DeepSeek estaba construyendo con 10.000 chips Nvidia A100, y analistas como Dylan Patel especulan que DeepSeek necesita al menos 50.000 de los chips mucho más potentes de Nvidia, los H100. Meta Platforms Inc., por ejemplo, opera el equivalente a 600.000 Nvidia H100.
Deepseek mezcla dos aspectos que golpean en el centro de gravedad del capitalismo en la nube estadounidense: la capacidad de innovar con modelos de código abierto a bajos precios y su creación a partir de la especulación financiera. DeepSeek es una startup sin fines de lucro creada por el fondo de inversión chino High-Flyer, fundado por el director ejecutivo de la compañía, Liang, y dos antiguos compañeros de ingeniería electrónica de la universidad de Zhejiang , una prestigiosa universidad en la ciudad de Hangzhou.


Liang Wenfeng
 

Los tres crearon un modelo para invertir en acción en base al aprendizaje automatizado, una disciplina de la IA. Inicialmente, construyeron un modelo basado en factores de precio y volumen, antes de probar el aprendizaje automático en 2016. Como resultado, High-Flyer aumentó sus activos rápidamente, alcanzando más de 90 mil millones de yuanes en 2021 hasta que tambalearon sus acciones cuando su modelo falló en calcular algunas operaciones bursátiles.

La historia de Liang coincide, además, con el estereotipo de nerds que empiezan grandes empresas en el garaje de sus padres. Nació en 1985 en Zhanjiang, una ciudad económicamente pobre en la provincia de Guangdong, al sur de China. Y su padre era maestro de escuela primaria.

Para Arnaud Bertrand, analista francés que vive en el gigante asiático , toda la historia muestra el autoengaño de Estados Unidos sobre su superioridad respecto a China.

DeepSeek sólo es "sorprendente" si basas tu comprensión de China en los informes de medios como The Economist, que siguen describiendo a China como una versión caricaturesca de sí misma: un villano monolítico siempre al borde del colapso, plagado de problemas insolubles que lo colocan en una desventaja significativa frente a un EE. UU. excepcional. Ni siquiera estoy exagerando. El trimestre pasado, The Economist publicó un artículo sobre cómo China estaba "cometiendo algunos de los errores que cometió la Unión Soviética" escribiendo sin ironía (y con una asombrosa falta de conciencia de sí mismos) que "la mala información es una grave amenaza para la economía de China".
Mientras tanto, casi simultáneamente, publicaron un informe especial sobre "la economía estadounidense, la envidia del mundo" (https://economist.com/special-report/2024-10-19 …). Como recordatorio, en 2024 la economía de China creció un 5% frente al 2,8% de EE. UU.... Si tuvieras una comprensión precisa de lo que realmente estaba sucediendo en el país, sabrías que China en realidad no estaba "muy atrás" en lo que respecta a la IA, como escribe The Economist. De hecho, al mismo tiempo que escribían que China estaba siguiendo el camino de la Unión Soviética, yo señalaba que China ya estaba liderando a EE. UU. en 6 de los 7 campos de la IA (https:// x.com/RnaudBertrand/ status/1831536798578962513 …).



 

El único campo en el que no estaban liderando (estaban en un cercano segundo lugar) era el procesamiento del lenguaje natural, es decir, los LLM como ChatGPT. Y, he aquí, DeepSeek demuestra que ahora también se han puesto al día en este campo. También escribí a principios del año pasado que cuando se observa el talento de IA de primer nivel en todo el mundo (los mejores desarrolladores e investigadores de IA), un asombroso 47% de ellos eran chinos, frente al 18% estadounidense (https:// x.com/RnaudBertrand/ status/1765585506514174088 …). No hace falta ser un genio para darse cuenta de que si tienes la mitad del mejor talento de IA del mundo, deberías ser increíblemente bueno en el campo.

También podría haber mirado las patentes y haber notado que, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), desde 2017 China ha publicado más patentes en el campo de la IA generativa cada año que todos los demás países juntos (https://wipo.int/web-publicatio ns/patent-landscape-report- generative -artificial-intelligence-genai/en/key-findings-and-insights.html …). O podría haber analizado las investigaciones de alto impacto, es decir, los artículos de investigación más citados, y haber notado que ya en 2019 China alcanzó la paridad con los EE. UU. en participación en el 5 por ciento de las publicaciones sobre IA más importantes del mundo (https://cset.georgetown.edu/publication/co mparing-us-and- chinese -contributions-to-high-impact-ai-research/ …).

Todo esto demuestra que uno sólo puede "sobresaltarse" y sólo podría haber pensado que China estaba "muy atrasada" en IA si realmente no estaba prestando atención. O si tenía prejuicios tan delirantes que estaba completamente ciego a las realidades del mundo en el que realmente vivimos. Y, volviendo a mi punto original, no es China la que sale perjudicada por esta ceguera. Si no entiendes a tu rival y lo ves como una caricatura groseramente engañosa, te perjudicas a ti mismo. Cuando reduces a China a un villano de dibujos animados, te pierdes la historia real y te tomas por sorpresa, como es obvio con el episodio de DeepSeek. Yo diría que el mismo mecanismo está en juego con la política estadounidense, por ejemplo con los controles de exportación de chips que apuntaban a "frenar a China". Cualquiera que no mire el mundo a través del prisma del excepcionalismo arrogante estadounidense podría haber predicho que lejos de frenarlos, potenciaría sus esfuerzos por desarrollar una industria nacional de chips y volverse autosuficientes en este sentido. Lo cual tiene todo el sentido del mundo, es exactamente lo que cualquier persona pragmática que tome decisiones haría en el lugar de China. El problema es que esta visión caricaturesca de China impide cualquier empatía estratégica, lo que hace que se pasen por alto por completo predicciones que deberían ser muy fáciles de hacer.

¿La lección? La arrogancia es un lujo que Occidente ya no puede permitirse. El progreso de China no es “sorprendente”, es predecible. Lo único verdaderamente sorprendente es la voluntad con la que Occidente se ciega a la realidad. Para utilizar la propia cita de The Economist, la “mala información” es una amenaza mucho más grave para nosotros que para China: tenemos que empezar a entender el mundo como es, no como deseamos que sea. De lo contrario, seguiremos encontrándonos en la posición irónica de The Economist, “sorprendidos” porque creyó en su propia propaganda.

Lo que nos lleva a una conclusión lógica y obvia: si DeepSeek es el momento Sputnik de la IA, es casi seguro que la reacción estadounidense sea la militarización de la IA con sanciones y un posible boicot comercial y tecnológico contra las compañías chinas que compitan contra sus empresas. Ya los gigantes tecnológicos piden a gritos que aplicaciones como DeepSeek sean sacadas de las tiendas en las nubes de Apple y Google.

La experiencia de Tik Tok muestra que si la tecnología es buena y barata puede perdurar más allá de los boicots. Por ejemplo, cuando la aplicación de videos fue banneada, porque las demás compañías no podían competir con su algoritmo de recomendación, apareció Red Note, otra aplicación china, para sustituirla. La excusa para prohibir Tik Tok fue que ponía en riesgo la seguridad de Estados Unidos por estar controlada por China.




William Huo compara esto con el anuncio de Trump del plan Stargate, lanzado con el fundador de OpenIA, los dueños de la empresa Oracle y el banco japonés Softbak para establecer enormes centros de datos para desarrollar la IA en Estados Unidos.

China está desmantelando sistemáticamente las ilusiones de dominio de Estados Unidos sobre la IA, armada con tres ingredientes clave: talento, acceso sin restricciones a los datos y un ecosistema de semiconductores sólido listo para escalar a voluntad.

Al hacer que sus avances en inteligencia artificial sean de código abierto, China no solo está innovando, sino que también está socavando la dependencia de Silicon Valley de la tecnología patentada. La propiedad intelectual de OpenAI de repente parece menos valiosa frente a la estrategia de inteligencia artificial para todos de Beijing.

¿Por qué pagar un alto precio por la exclusividad en inteligencia artificial cuando China ofrece avances de vanguardia de forma gratuita, lo que invita a la colaboración global? Es una medida audaz que desafía no solo el dominio tecnológico de Estados Unidos, sino también todo su enfoque de la innovación.

Mientras tanto, Estados Unidos está paralizado, mirando fijamente los faros de los vehículos que se acercan como un ciervo. En lugar de contrarrestar los avances estratégicos de inteligencia artificial de China, Estados Unidos se distrae con fantasías especulativas como Stargate.

El enfoque de China es pragmático: ampliar la IA, perfeccionar la infraestructura y superar a Occidente en la implementación en el mundo real. Estados Unidos, atrapado en un círculo vicioso de autocomplacencia, corre el riesgo de quedarse irremediablemente atrás.

Como en otros campos de la competencia comercial entre Estados Unidos y China parece todo ser un asunto de costos y exclusividades. El modelo de OpenIA necesita de una enorme burbuja financiera tecnológica para rendir dividendos y sostener la inversión para sostener los avances. Y el de compañías, como DeepSeek, puede sostenerse, en un juego a largo plazo, desde un capitalismo de Estado que financie el proyecto hasta que madure, si el dinero puesto por el fondo de inversión se termina.

Detrás subyace una competencia en el capitalismo en la nube entre los gigantes tecnológicos estadounidenses que te esclavizan con sus suscripciones y un modelo de negocios chino que aún no conocemos del todo, según el experto en tecnologías estadounidenses Casey Newton.

Por el momento, DeepSeek no parece tener un modelo de negocio que esté a la altura de sus ambiciones. Para la mayoría de los grandes laboratorios de inteligencia artificial de Estados Unidos, el modelo de negocio (aún no realizado) es desarrollar el mejor servicio y venderlo obteniendo ganancias. Hasta la fecha, DeepSeek se ha posicionado como una especie de obsequio altruista. Eso podría cambiar en cualquier momento. DeepSeek podría introducir suscripciones o imponer nuevas restricciones a sus API para desarrolladores. Zvi Mowshowitz teoriza que la empresa podría tomar datos de los usuarios y dárselos al fondo de cobertura para obtener información comercial. Mientras tanto, sin embargo, sólo podemos adivinar cuáles son las ambiciones de DeepSeek, y eso me preocupa, porque en cierto sentido no sabemos con qué nos enfrentamos”, Casey Newton.

Uno de los grandes dilemas existenciales, sin embargo, es que la carrera de la IA quede secuestrada por los billonarios que rodean a Trump, cuya conciencia social es similar a la de los hombres, que pagaban los reyes, para ahorcar personas en plazas públicas.

Veamos...

Fuente: Bruno Sgarzini

martes, 27 de agosto de 2024

La sociedad de la exhibición

 

De la intimidad hacia la extimidad


    Articulista en Jardín Mental


     Jamás la palabra “compartir” había sonado tan mal.

Si has paseado por el mundo digital habrás visto que en las redes sociales se habla de “compartir”. Supuestamente compartimos algo, compartimos nuestro espacio íntimo de formas que hace unas décadas nos habrían parecido impensables.

Es el paso de hacer público lo íntimo.


La extimidad


Jacques Lacan hablaba hace ya 50 años de la "extimidad" para describir cómo lo íntimo se estaba comenzando a volver público, hace 50 años ya veía esa tendencia.

Observa tú el presente.

Hace años nos aterraría que alguien nos robase nuestras fotos que con tanto cuidado atesoramos, ahora las compartimos a propósito ante todo el mundo. El motivo es simple, obtener gratificación a través de la validación social, que además es cuantificable, lo que potencia más el deseo de compartir, ya que puedes comparar “cuánto vales” a través de “me gusta”, “comentarios”, etc.

Nos hemos convertido en publicistas de nosotros mismos.


Foto de Dmitriy Tyukov en Unsplash

La mentira de compartir


Compartir tenía 2 acepciones en el diccionario:

  1. Hacer a otra persona partícipe de algo que es tuyo. Compartimos la merienda.

  2. Tener con otra persona algo en común. Compartimos casa.

Las redes sociales empezaron a emplear esta palabra aunque no compartamos nada.

No compartimos nuestra comida con alguien y no compartimos la vivencia de estar en un concierto. Subimos una foto de lo que hemos comido en el restaurante y del concierto al que hemos ido. No estamos compartiendo, nos estamos exhibiendo.

La diferencia no es pequeña y la elección de la palabra no fue casual.

Compartir tienen una connotación moralmente positiva, no sonaría igual si dijese “exhíbelo ante tus seguidores”, aunque es lo que hacemos. Al usar la palabra “compartir”, la red social te hace sentir que realmente haces a los demás partícipes de tu momento, pero esto no es verdad. La RAE ha tenido que incluir una nueva acepción para “compartir”: “poner a disposición de otros usuarios un archivo”.

¿Con quién estás compartiendo la cena si no hay nadie contigo en la mesa?


Foto de Eaters Collective en Unsplash


La pantalla no es ni el 1%


El sociólogo Erving Goffman hablaba del “yo público” y el “yo privado”.

El yo público es lo que exhibimos, mientras que el yo privado es la realidad que nos guardamos. Tendemos a pensar que la gente es como se muestra en redes, sin embargo, cada publicación es una selección cuidadosa de quienes parecemos ser.

No de quiénes somos.

En la pantalla exhibimos solo el 1% y la mayoría de lo que se publica son resultados y buenos momentos, no duros procesos y momentos difíciles. Esto genera en los demás una percepción distorsionada. Nuestro punto de referencia es comparar nuestra parte buena y mala solo con la parte buena de los demás.




A todo el mundo le va bien, excepto a mi”. Esa es la sensación que genera.

Esa, lamentablemente, es la consecuencia del “yo público” y el “yo privado”.


La deshumanización de la interacción


El mundo real es tridimensional e interactuamos en directo el 99% del tiempo.

El mundo digital es plano e interactuamos en directo el 1% del tiempo.

Hemos evolucionado para captar muchos matices en la conversación en directo y cara a cara, sin embargo, lo digital nos empobrece porque no usamos todos los sentidos. No podemos oler, ni tocar, ni ver a la persona tal y como es. Nos convertimos en un montón de píxeles y eso empeora la calidad de nuestras interacciones sociales y nuestro bienestar (Kross et al., 2013; Nie y Hillygus, 2002).

Somos avatares que se envían mensajes la mayor parte del tiempo en diferido, sin embargo, la vida real es en directo. La interacción pierde la parte humana.

Creo que esto también explica parte de la hostilidad que hay en sitios como Twitter.

¿No es más satisfactorio el mundo real y tangible?

Me lo pregunto cada vez que quedo con alguien y no para de mirar el teléfono…


¿Compartes o exhibes?


No hay nada de malo en exhibir un momento, pero quería hacer ver la diferencia.

Dejé de usar redes como Instagram porque sentía que me estaba convirtiendo en publicista de mi propia vida íntima, mi vida parecía una newsletter y eso no iba conmigo.

Esa es la radical diferencia entre compartir para aportar y compartir para exhibirse.

Pregúntate cuál es la intención en tu acto de compartir y encontrarás claridad para ver la diferencia.


Fuente: Substack