Mostrando entradas con la etiqueta DeepSeek. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DeepSeek. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de agosto de 2026

La IA china hace sudar frío a EEUU

 

 Por David Bollero   
      Periodista.


China lleva muchos años invirtiendo en IA y ahora recoge sus frutos.

     Sucedió con los vehículos eléctricos y está pasando de nuevo con la Inteligencia Artificial (IA): China le está comiendo la tostada a Occidente. Más allá de quienes se agarran a un clavo ardiendo amparándose únicamente en lo dopada por el Partido Comunista Chino (PCC) que está la fabricación de productos, lo cierto es que sus productos son tecnológicamente punteros y, en cuanto a inversión estatal de I+D, China es la reina. El modelo de IA de DeepSeek, que ya hizo sudar frío a los estadounidenses, repita otra vez demostrando ser mucho más económico.

El último análisis comparativo de Artificial Analysis no deja lugar a dudas: el coste por tarea con DeepSeek, en su versión V4 Flash 0731, es un 60% más barato que el GPT-5.6 Luna de OpenAI, y ello a pesar de que recientemente la compañía que lidera Sam Altman abarató su coste en un 80%. La diferencia es, pues, abismal.

Una de las claves para conseguir este abaratamiento consiste en que el modelo de DeepSeek aprovecha las respuestas almacenadas en caché, consiguiendo tasas de descuento por acierto del 98%, frente al 90% de la mayoría de la industria. Además, el estudio destaca la menor tasa de alucinaciones de este modelo, es decir, que se han reducido los resultados incorrectos o engañosos a las consultas producto de haber identificado erróneamente patrones u objetos inexistentes. El estudio de Artificial Analysis también resulta interesante porque señala que esta última versión de DeepSeek mejora en todas las evaluaciones del Índice de Transparencia.

Paralelamente en Reino Unido, la organización OpenUK acaba de publicar un informe sobre IA en la que sostiene que China lidera la IA de código abierto (open source), no sólo con DeepSeek, sino también con Qwen de Alibaba y, muy especialmente, con Kimi K3, de la startup china Moonshot AI. Éste último ha devuelto el temblor en las pantorrillas de los millonarios de Silicon Valley, que ven cómo desde China se está batiendo en rendimiento a los modelos de Anthropic y OpenAI, necesitando además menos potencia de computación, lo que también hace pupa a Nvidia, el mayor suministrador de chips para IA.

Según el gobierno chino, los grandes modelos de IA de código abierto del país se han descargado más de 10.000 millones de veces en total. El mensaje que China lanza al mundo es claro: ¿por qué pagar grandes sumas de dinero a las empresas estadounidenses que no abren su código, cuando es posible adoptar modelos open source que, además, te aseguran no perder el control de los datos más sensibles?


El logo de la aplicación de inteligencia artificial Deepseek en un smartphone sobre la bandera china.

La noticia llega justo en un momento en el que el gobierno de Reino Unido advierte que los modelos más punteros de Anthropic y OpenAI han mostrado comportamientos autónomos y engañosos nunca vistos.


El logo de OpenAI, la empresa de ChatGPT.

Durante una simulación de ciberataque llevada a cabo por el Instituto de Seguridad de la IA (AISI, por sus siglas en inglés), estos modelos crearon perfiles humanos falsos para intentar engañar a personas. Previamente, OpenAI había advertido de que su nuevo modelo provocó un ciberataque "sin precedentes" y se descubrió que tres modelos de IA de Anthropic accedieron a internet y hackearon los sistemas de tres organizaciones.


Ilustración del logo de Anthropic.

China no precisa extorsionar torticeramente con aranceles absurdos o invadir países ilegalmente cobrándose decenas de miles de vidas humanas como hace EEUU (no se pierdan las columnas de Pedro Barragán al respecto).


Sam Altman, CEO de OpenAI, durante una conferencia en Tokio, a 3 de febrero de 2025.

Pekín es mucho más inteligente y mira a la economía desde su falso comunismo con las gafas de la tecnología, que a fin de cuentas, mueve hoy por hoy el mundo. El gobierno de Xi Jinping afirma que China ya cuenta con más de 6.200 empresas de IA. Mientras Occidente sigue anclada en la narrativa de descrédito a China, esta se mueve y lo hace más rápido. Prueba de ello es la reciente creación de la Organización Mundial para la Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO, en inglés).

WAICO se lanzó en la Conferencia Mundial de la IA de 2026 (WAIC) de Shanghái el pasado mes de julio con la participación de casi una treintena de países, fruto de la propuesta que el presidente Xi Jinping realizó a finales de 2025. Su finalidad contempla impulsar los estándares, las normas de gobernanza y establecer líneas de desarrollo y colaboración internacional, entre otras. Ni Europa ni EEUU se lanzaron a liderar una iniciativa así, fue China. El secretario general de las ONU, António Guterres, estuvo presente en la firma fundacional de WAICO, cuya premisa es seguir los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, aunque no encaja directamente en su estructura.

De hecho, WAICO es otro síntoma de la guerra fría que vivimos por el dominio de la IA, puesto que no se han sumado ni EEUU ni países europeos de peso. Junto a China, entre los países fundadores se encuentran Cuba, Brasil, Venezuela, Rusia, Bielorrusia, Serbia, Pakistán, Indonesia, Omán, Laos, etc.


Xi Jinping con Vladimir Putin en 2025.

Como lleva años haciendo desde la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), China no sólo quiere liderar diferentes ámbitos tecnológicos, sino también ser decisivo a la hora de marcar sus pautas de desarrollo e implantación.

A nadie se le escapa que detrás del discurso de Jinping de “promover el desarrollo sostenible y prevenir la creación de una nueva injusticia histórica en la IA”, poniendo a disposición de los países en desarrollo capacitación, seminarios y tecnología de IA, se encuentra el acaparamiento de poder. Sin embargo y aunque lleva décadas haciéndolo, su estilo es muy distinto del tosco de EEUU, que avanza como un elefante en una cacharrería y no tiene visos de cambiar de actitud.


Fuente: Público


viernes, 27 de febrero de 2026

'Pax Silica': cuando el imperio deja de fingir

 

 Por Evgeny Morozov   
      Fundador y editor de The Syllabus.

Estados Unidos no ejerce su dominio a través de la innovación, sino por cárteles de chips. Ha abandonado el teatro del libre mercado y gobierna a través de servidores y nubes


Mohammed bin Salman Al y Donald Trump durante un encuentro al que acudieron directivos de Silicon Valley.

     En la base Starbase de SpaceX, en el sur de Texas, Pete Hegseth escenificó un anuncio estratégico bajo la forma de un lanzamiento de producto: el Pentágono integrará la IA de frontera en sus operaciones cotidianas y Grok, la herramienta de inteligencia artificial de Elon Musk, se acoplará a las redes militares, recopilando y analizando datos incluso de las actividades clasificadas. El escenario no era casual: era parte del mensaje. Que un secretario de gabinete haga anuncios sobre la infraestructura estratégica de Estados Unidos desde las instalaciones de lanzamiento privadas de un multimillonario no es un accidente de comunicación: es la forma administrativa que expresa la fusión entre Estado y capital.


Pete Hegseth durante una sesión informativa para la Cámara de Representantes en el Capitolio de Washington D. C.

Durante años, la hegemonía tecnológica estadounidense se sostuvo sobre una ficción delicada: la del mercado. Las empresas privadas 'casualmente' dominaban chips, nubes y plataformas; los aliados 'casualmente' adoptaban como estándar las stacks estadounidenses; Washington simplemente arbitraba. Esa ficción se está desmoronando a la vista de todos. Lo que distingue el momento actual no es la dominación, sino el descaro: la capacidad de computación se maneja ya sin disimulo como un instrumento de política de Estado, y el Estado ha abandonado la farsa de presentarse como el espectador que asiste neutral de los triunfos de Silicon Valley.

La trayectoria se hizo visible hace un año, aunque en un registro menos teatral. El 13 de enero de 2025, el Departamento de Comercio desplegó el marco de Estados Unidos para la difusión global de la Inteligencia Artificial: un régimen de tres niveles para racionar los chips avanzados y los ecosistemas construidos a su alrededor. Los aliados más cercanos enfrentarían restricciones mínimas al acceso; la mayoría de los países quedarían limitados por cuotas y forzados a programas de concesión de licencias y autorización de centros de datos; los adversarios serían bloqueados por completo. La ambición estatal era descarnada, se guardaba el derecho a decidir quién tendría permiso para respirar dentro de la sala de servidores.


Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, respaldado por Microsoft, y creador de ChatGPT, participa en una charla en la Universidad de Tel Aviv, Israel.

Entonces la narrativa estadounidense se tambaleó. A finales de enero de 2025, la empresa china DeepSeek trepó hasta lo más alto de las listas de la App Store de Apple y desató el pánico en los mercados. Nvidia se desplomó cerca de un 17 % en una sola sesión, borrando del mapa aproximadamente 593.000 millones de dólares en capitalización bursátil —la mayor pérdida jamás registrada en un día. Ocurrió justo después de que los inversores se enfrentaran a una posible herejía: las ganancias en eficiencia y los atajos algorítmicos podían dinamitar el relato estadounidense según el cual la superioridad tecnológica exige escalar gastando cada vez más. Hasta Sam Altman tuvo que reconocer que el modelo R1 de DeepSeek era «impresionante», y se mostró impresionado con que DeepSeek asegurara haber entrenado su modelo anterior, el V3, con menos de 6 millones de dólares de gastos en capacidad de cómputo.

La respuesta de Washington no fue ceder el control, sino cambiar de táctica. En mayo de 2025, el Departamento de Comercio retiró el marco de difusión de IA. Lo hizo días antes de que empezaran a aplicarse sus principales exigencias. Ello no supuso dar un paso atrás en la jerarquía de control sino el reconocimiento de que regular con normas puede resultar demasiado lento en un ecosistema que funciona a base de escasez, licencias, negociación y diplomacia. Cuando las reglas no llegan a tiempo, la lógica de cártel ocupa su lugar: excepciones, listas negras, pactos y bloqueos de la cadena de suministro.

Ese bloque ya tiene nombre. Pax Silica es el intento de la administración Trump de convertir las cadenas de suministro de IA y semiconductores en una arquitectura de alianzas, acercándose así a los países que controlan los cuellos de botella críticos. Catar y los Emiratos Árabes Unidos se sumaron en enero de 2026, uniéndose a otros países como Israel, Japón, Corea del Sur, Singapur, Reino Unido y Australia. En la jerga del Departamento de Estado, se trata de una declaración de seguridad económica –paz a través del silicio–, donde “paz” significa la disciplina de que los chips, minerales, energía, logística e infraestructura de computación en la nube se encuentren bajo las condiciones que dicte Washington.




La diplomacia del cómputo no es nueva; solo lo es el descaro. Estados Unidos lleva décadas gobernando a través de intermediarios: bancos y aduanas en la era de la diplomacia del dólar, petroleras y mercados de bonos de deuda del Tesoro en la era del del petrodólar. El intermediario de hoy es la stack tecnológica. Los controles de exportación y la jurisdicción sobre la nube cumplen la función que antes desempeñaban las lanchas cañoneras y los prestamistas de deuda, pero sin el escrutinio que supone estar sometido a los titulares de prensa. A medida que el sistema se consolida, la capa de intermediarios locales se vuelve prescindible. Las licencias de uso, la telemetría (la recopilación continua de datos sobre cómo y dónde se usa el sistema) y el monopolio sobre el hardware estratégico hacen ese trabajo de manera más eficiente y barata.

La fusión entre Estado y capital se ve con más claridad allí donde el objetivo político de Washington es exportar dependencia, no productos. En julio de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva tituladaPromoting the Export of the American AI Technology Stack, que encomendaba al Departamento de Comercio la creación de un Programa de Exportación de IA Estadounidense estructurado en torno a paquetes full-stack: hardware, servicios de nube, flujos de datos, modelos y aplicaciones. No se trata simplemente de aumentar la cuota de mercado, sino de loque se conoce como cautividad tecnológica; una forma de convertir las decisiones de compra en subordinación geopolítica.

A veces alguien dice en voz alta lo que todos callan. En julio de 2025, el secretario de Comercio Howard Lutnick explicó en televisión la lógica de controlar las exportaciones a China: se trata de vender los chips suficientes para que los desarrolladores de otros países se «enganchen al stack tecnológico estadounidense». Se expresa en un lenguaje tosco, pero la doctrina de Washington es sofisticada. La dependencia no es un accidente, es el diseño mismo del sistema.

La columna vertebral física de este orden se está construyendo a una escala que convierte en anécdota los viejos debates sobre 'política de innovación'. Stargate –presentado como una inversión de  500.000 millones de dólares en infraestructura de IA– ya se ha expandido y planea inaugurar múltiples sedes en Estados Unidos junto a socios como Oracle y SoftBank. Se informó de la creación de nuevos centros de datos bajo el paraguas de Stargate en septiembre de 2025, presentados como una iniciativa privada pero impulsados gracias l visto bueno presidencial. Según OpenAI, el despliegue supone casi 7 gigavatios de capacidad planificada y más de 400.000 millones de dólares en inversión en tres años.


Anuncian el proyecto Stargate.

Hasta los imperios tienen que negociar con la física. En enero de 2026, la Casa Blanca presionó a PJM —la mayor operadora de red eléctrica de Estados Unidos– para que celebrara una subasta de emergencia para aumentar el suministro eléctrico porque la demanda de los centros de datos estaba apretando la oferta y avivando el temor a apagones. Las propuestas de la operador para obligar a las nuevas instalaciones de alto consumo a conseguir su propia generación eléctrica o aceptar que puedan existir cortes de suministro se leen como una nota al pie de la ambición imperial: la diplomacia del cómputo depende de los electrones, y los electrones no obedecen a las notas de prensa.

El efecto geopolítico colateral es un nuevo torneo de sumisión en el que los Estados compiten no por la independencia, sino por la proximidad al centro. Japón es un buen ejemplo. SoftBank liquidó toda su participación en Nvidia –5.800 millones de dólares– para volcarse en IA, apostando por OpenAI y Stargate. Masayoshi Son también lanzó Project Crystal Land –un billón de dólares para montar un “Shenzhen americano” en Arizona. Esto es, capital japonés financiando las fantasías de reindustrialización estadounidenses. La lógica sistémica resulta transparente de observar: en un mundo monopolístico, la diversificación parece un suicidio, de modo que la jugada racional es convertirse en un agente autorizado del monopolio.

Europa juega la misma partida con mejor retórica y peores resultados: poder regulador que se enarbola y luego se cede discretamente en nombre de la competitividad. El Golfo también participa en el juego, pero cuenta con liquidez y energía. Confía en traducir su riqueza soberana en acceso privilegiado dentro del perímetro de la Pax Silica. América Latina, en cambio, no se posiciona como codesarrolladora de la stack, sino como anfitriona de sus capas más materiales y menos glamurosas: tierra, electricidad y permisos legales.

Argentina ofrece un ejemplo nítido de este panorama. En octubre de 2025, OpenAI y Sur Energy (una empresa argentina de energía renovable) firmaron una acuerdo de intenciones para explorar la posible creación de un proyecto de centro de datos de 25.000 millones de dólares. Bautizado como «Stargate Argentina», tendría una capacidad de hasta 500 megavatios. El relato de la propia OpenAI lo presentaba como una oportunidad para el desarrollo nacional: Sur Energy lideraría un consorcio local, habría incentivos a la inversión, y un socio de nube por definir completaría el esquema. Este es el pacto desarrollista contemporáneo: te venden modernización, pero tú construyes la infraestructura física y ellos conservan el control estratégico –modelos, nubes, jurisdicción, y estándares.

Brasil participa de la stack en términos similares, por razones que por supuesto nada tienen que ver con el «talento» y todo con el poder. Equinix, uno de los mayores operadores mundiales de centros de datos, presenta Brasil como mercado prioritario ante la demanda impulsada por la IA, citando la existencia de energías renovables abundantes y propuestas de exenciones fiscales para equipamiento de centros de datos. La economía política es simple: un centro de datos hiperescalar no es una fábrica en el sentido desarrollista clásico. Se parece más a un nodo privado que procesa tanto servicios públicos como privados, enchufado a ecosistemas de nube extranjeros y tratado cada vez más como infraestructura estratégica. El problema es que una vez que los Estados organizan la administración pública y los servicios privados a través de estos nodos, las posiciones de la negociación se desplazan. Lo que se vendía inicialmente como una inversión estratégica puede convertirse silenciosamente en una fuente de dependencia administrativa.

Sin necesidad de romantizarlos, pero aquí es donde los movimientos sociales entran en juego. Los conflictos que importan se librarán en torno a los precios de la energía, el uso del agua, los derechos sobre la tierra, las condiciones laborales y el estatuto legal de los datos alojados en instalaciones nacionales pero gobernados por proveedores extranjeros. La pregunta no es si la “IA” es buena o mala, sino si la nueva infraestructura puede ser forzada a rendir cuentas democráticamente o si funcionará como los ciclos extractivos anteriores: recursos públicos movilizados para sostener rentas privada, con la soberanía redefinida como el derecho a alojar las máquinas de otras potencias. 

El papel de China en esta historia no es el de ser un ejemplo moral, sino el contraste estratégico que ofrece. El momento DeepSeek fue importante porque sugirió que los controles de exportación pueden ralentizar a los rivales al tiempo que estimulan el tipo de determinación política que hace tolerable la ineficiencia. La mayoría de los gobiernos tratan la dependencia como algo natural y se concentran en gestionarla. Pekín la trata como una vulnerabilidad y, cuando es necesario, actúa en consecuencia. Esa postura es difícil de replicar en otros lugares, pero clarifica la elección real que la Pax Silica intenta ocultar: el coste del rechazo es doloroso; el coste de la obediencia es estructural.

Pax Silica es, en última instancia, una expresión inusualmente honesta. Admite que la nueva paz es una paz administrada: paz por medio del silicio, mantenida por quienes controlan el suministro. Los imperios anteriores perduraron porque sostuvieron la ficción del beneficio mutuo. El actual se muestra cada vez más impaciente con la ficción. Esa impaciencia puede resultar ser su debilidad. Cuando la dominación deja de disfrazarse de comercio, el consentimiento se vuelve más difícil de fabricar, y las fricciones de las redes eléctricas, los presupuestos y la política dejan de parecer ruido de fondo para convertirse en el terreno donde se disputará la paz del silicio.


Fuente: El Salto

viernes, 31 de enero de 2025

¿Leviatán frágil?

 

      Profesor de Economía en la École des Hautes Études en Sciences Sociales e investigador del Centre d'economie de Paris Nord.


     En El hombre sin atributos (1930), de Robert Musil, ambientada en Viena en vísperas de la Primera Guerra Mundial, el general del ejército Stumm von Bordwehr se pregunta: “¿Cómo pueden los que participan en un gran acontecimiento saber de antemano si será un gran acontecimiento?”. La respuesta, sugiere, es “¡imaginando que lo es! Si me permiten una paradoja, afirmaré, por tanto, que la historia universal se escribe antes de que suceda: siempre empieza siendo un chisme”. La semana pasada, los chismes giraron en torno al regreso de Donald Trump al poder y la avalancha de órdenes ejecutivas que le siguieron, mientras el 47º presidente reunía a los gigantes de la industria tecnológica para su toma de posesión: reservando asientos de primera fila para Mark Zuckerberg de Meta, Jeff Bezos de Amazon, Sundar Pichai de Google y Elon Musk de Tesla, con Tim Cook de Apple, Sam Altman de Open AI y Shou Zi Chew de Tik Tok sentados más atrás. Hace apenas unos años, la gran mayoría de estos multimillonarios eran partidarios declarados de Biden y de los demócratas. “Todos estaban con él”, recordó Trump, “todos y cada uno de ellos, y ahora todos están conmigo”. La cuestión crucial se refiere a la naturaleza de este realineamiento: ¿se trata de un simple giro oportunista, dentro de los mismos parámetros sistémicos? ¿O de un momento de ruptura digno de ser llamado un gran acontecimiento de la historia universal? Arriesguemos esta segunda hipótesis.




Como sabemos, a Trump le encantan los homenajes suntuosos. Cuando los cortesanos acuden en masa a su mansión de Mar a Lago, ¿no parece un Versalles en miniatura? Pero el presidente no es un aspirante a Luis XIV. Su proyecto no es centralizar la autoridad en el Estado, sino más bien potenciar los intereses privados a expensas de las instituciones públicas. Ya está tratando de revertir los incipientes intentos de intervencionismo de la administración Biden derogando sus subsidios verdes, políticas antimonopolio y medidas impositivas, a fin de ampliar el margen de acción de los monopolios corporativos en el país y en el extranjero.

Dos de sus decretos ejecutivos, firmados el día de la investidura, subrayan esta tendencia. El primero revocó un mandato de la era Biden que requería que "los desarrolladores de sistemas de inteligencia artificial que plantean riesgos para la seguridad nacional, la economía, la salud o la seguridad pública de Estados Unidos compartan los resultados de las pruebas de seguridad con el gobierno de Estados Unidos". Si bien antes las autoridades públicas tenían cierta influencia en los avances en la frontera de la inteligencia artificial, ahora se ha eliminado esta supervisión mínima. El segundo decreto anunció la creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), dirigido por Musk. Basado en una reorganización de los Servicios Digitales de Estados Unidos, establecidos bajo Obama para integrar los sistemas de información entre las diferentes ramas del estado, el DOGE tendrá acceso ilimitado a datos no clasificados de todas las agencias gubernamentales. Su primera misión es "reformar el proceso de contratación federal y restaurar el mérito en la función pública", asegurando que los empleados estatales tengan un "compromiso con los ideales, valores e intereses estadounidenses" y "servirán lealmente al Poder Ejecutivo". DOGE también "integrará tecnologías modernas" en este proceso, lo que significa que Musk y sus máquinas tendrán la responsabilidad de la supervisión política de los funcionarios federales.




En las primeras horas del segundo mandato de Trump, los empresarios tecnológicos lograron proteger sus proyectos más rentables del escrutinio público y al mismo tiempo ganaron una influencia significativa sobre la burocracia estatal. La nueva administración no está interesada en utilizar el Estado federal para unificar a las clases dominantes como parte de una estrategia hegemónica. Por el contrario, está tratando de emancipar a la fracción más optimista del capital de cualquier restricción federal seria, al tiempo que obliga al aparato administrativo a someterse al control algorítmico de Musk.

La creciente concentración de poder en manos de los oligarcas tecnológicos no es en absoluto inevitable. En China, la relación entre el sector de las grandes tecnológicas y el Estado es volátil, pero el primero se ve obligado en general a adaptarse a los objetivos de desarrollo fijados por el segundo. También en Occidente, los organismos públicos han reaccionado en ocasiones contra el monopolio corporativo: el Congreso, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y la Reserva Federal se unieron para bloquear el proyecto de criptomoneda de Facebook, Libra, en 2021. Para el economista Benoît Cœuré, "la madre de todas las cuestiones políticas es el equilibrio de poder entre el gobierno y las grandes tecnológicas a la hora de dar forma al futuro de los pagos y el control de los datos relacionados".

Pero ahora Trump está inclinando aún más la balanza a favor de las grandes tecnológicas. A sus órdenes ejecutivas, dio instrucciones a los reguladores para que impulsaran la inversión en criptomonedas, al tiempo que impedía a los bancos centrales desarrollar sus propias monedas digitales que pudieran actuar como contrapeso. Podemos esperar más políticas de este tipo en el futuro: desregulación, exenciones fiscales, contratos gubernamentales y protecciones legales.




Este proyecto radical de la principal potencia mundial podría tener consecuencias graves: reconfigurar la relación entre el capital y el Estado, las clases y los países, en los próximos años. Amenaza con acelerar un proceso que he descrito en otro lugar como "tecnofeudalización". A medida que las grandes corporaciones monopolizan el conocimiento y los datos, centralizan los medios algorítmicos de coordinación de las actividades humanas, desde las prácticas laborales hasta el uso de las redes sociales y los hábitos de compra. Como las instituciones públicas son cada vez más incapaces de organizar la sociedad, la tarea recae entonces en las grandes empresas tecnológicas, que adquieren una capacidad extraordinaria para influir en el comportamiento individual y colectivo. La esfera pública se disuelve así en redes en línea, el poder monetario se desplaza a las criptomonedas y la inteligencia artificial coloniza lo que Marx llamó el "intelecto general", anunciando la apropiación constante del poder político por parte de intereses privados.

El debilitamiento de las instituciones mediadoras va de la mano de un impulso antidemocrático –o, más precisamente, de un odio a la igualdad. Desde la publicación del manifiesto tecno-optimista “El ciberespacio y el sueño americano” en 1994, grandes sectores de Silicon Valley han adherido al principio randiano de que los pioneros creativos no pueden estar sujetos a reglas colectivas. El empresario tiene derecho a pisotear a los seres más débiles que amenazan con limitarlo: trabajadores, mujeres, personas racializadas y trans. De ahí el rápido acercamiento entre los liberales californianos y la extrema derecha, con Musk y Zuckerberg ahora presentándose como guerreros culturales que luchan por revertir la marea de la conciencia. La gubernamentalidad algorítmica consagra el derecho a “innovar” sin rendir cuentas a las masas.




Este régimen emergente de acumulación también reemplaza la lógica de producción y consumo por la de depredación y dependencia. Si bien el apetito por el excedente sigue siendo tan voraz como en períodos anteriores del capitalismo, el afán de lucro de las grandes tecnológicas es único. Mientras que el capital tradicionalmente invierte para reducir los costos o satisfacer la demanda, el capital tecnofeudal invierte para poner bajo su control diferentes áreas de la actividad social, creando una dinámica de dependencia que atrapa por igual a individuos, empresas e instituciones. Esto se debe en parte a que los servicios que ofrecen las grandes tecnológicas no son productos básicos como cualquier otro. A menudo son infraestructuras críticas de las que depende la sociedad. El apagón masivo de Microsoft en el verano de 2024 fue un duro recordatorio de que los aeropuertos, hospitales, bancos y agencias gubernamentales, entre otros, dependen ahora de estas tecnologías, lo que permite a los monopolistas cobrar rentas exorbitantes y generar flujos interminables de datos monetizables.

El resultado final es un estancamiento generalizado de la economía global. Las empresas rentables de otros sectores ven debilitada su posición en el mercado a medida que se vuelven cada vez más dependientes de la nube y la inteligencia artificial, mientras que la población en general está sujeta a las depredaciones del capital rentista. La enorme necesidad de recursos de los tecnofeudalistas también conduce a una creciente destrucción ecológica, con nuevos centros de datos con alto contenido de carbono que surgen en todo el mundo. A medida que el crecimiento se desacelera, la polarización política y la desigualdad económica se profundizan, y los trabajadores luchan por una porción cada vez menor de la riqueza.

Esto plantea una serie de cuestiones estratégicas para la izquierda. ¿Cómo se relaciona la lucha contra las grandes tecnológicas con las luchas anticapitalistas existentes? ¿Cómo deberíamos concebir el internacionalismo en una época en la que el poder tecnofeudal trasciende las fronteras nacionales? Aquí puede que valga la pena tener en cuenta los principales preceptos del clásico de Mao Tse-Tung Sobre la contradicción (1937), hábilmente resumido por Slavoj Žižek:


La contradicción principal (universal) no se superpone a la contradicción que debe ser tratada como dominante en una situación particular; la dimensión universal reside literalmente en esta contradicción particular. En cada situación concreta, una contradicción "particular" diferente es la predominante, en el sentido preciso de que, para ganar la lucha por la resolución de la contradicción principal, uno debe tratar una contradicción particular como la predominante, a la que todas las demás luchas deben subordinarse.

Hoy, la contradicción universal sigue siendo la de la explotación capitalista, que enfrenta al capital con el trabajo vivo. Pero la ofensiva tecnofeudal a gran escala representada por Trump y Musk puede cambiar esta situación, creando una nueva contradicción principal entre las grandes tecnológicas estadounidenses y aquellos a quienes explotan. Si llegáramos a ese punto, la tarea de la izquierda cambiaría radicalmente. Tomando como ejemplo las guerras coloniales de China, Mao explica que


Cuando el imperialismo lanza una guerra de agresión contra un país determinado, las distintas clases de ese país, con excepción de un pequeño número de traidores a la patria, pueden unirse temporalmente en una guerra nacional contra el imperialismo. La contradicción entre el imperialismo y el país en cuestión se convierte entonces en la contradicción principal, y todas las contradicciones entre las distintas clases dentro del país (incluida la contradicción, que era la principal, entre el régimen feudal y las masas populares) pasan temporalmente a un segundo plano y a una posición subordinada.

En el contexto actual, esto significaría formar un frente antitecnofeudal que se extendiera más allá de la izquierda hacia diversas fuerzas democráticas y fracciones del capital en desacuerdo con las grandes tecnológicas. Este movimiento hipotético podría adoptar lo que podríamos llamar una “política digital no alineada”, con el objetivo de crear un espacio económico fuera del control de los monopolistas en el que se pudieran desarrollar tecnologías alternativas. Esto, a su vez, implicaría una forma de proteccionismo digital (negando el acceso a las empresas tecnológicas estadounidenses y desmantelando su infraestructura siempre que fuera posible), así como un nuevo internacionalismo digital, en el que las personas compartirían soluciones tecnológicas sobre una base cooperativa.

Huelga decir que cualquier alianza de ese tipo tendría que enfrentarse a diversas barreras estructurales. Debido a la compleja interpenetración de los intereses capitalistas, con inversiones ligadas entre sí en diferentes sectores y territorios, es difícil determinar qué fracciones del capital están más alineadas con las grandes tecnológicas y cuáles podrían verse presionadas a sumarse a la oposición. También está el hecho de que las burguesías nacionales son socios notoriamente poco fiables cuando se trata de proyectos de desarrollo fuera del núcleo imperial; por lo general están más interesadas en aumentar su propia riqueza rentista que en efectuar el tipo de cambio estructural que pondría fin a la dependencia. Y existe el peligro de que, incluso si lograra reunir esas fuerzas, un frente antitecnofeudal sería vulnerable a la captura burocrática, confiando el desarrollo de alternativas digitales a expertos en lugar de involucrar activamente a las masas populares.

Sin embargo, los multimillonarios tecnológicos tienen sus propios obstáculos que enfrentar. Su proyecto –utilizar una alianza con Trump para derribar los últimos obstáculos que quedan al control algorítmico– tiene una base social extremadamente estrecha, y la velocidad a la que avanza seguramente generará resistencia tanto de la población en general como de las élites. También debe lidiar con la destreza digital de China, mientras empresas rivales como DeepSeek intentan socavar la imagen de invencibilidad de Silicon Valley. ¿Podría el tecnofeudalismo estadounidense convertirse en un Leviatán frágil? ¿Se recordará el regreso de Trump al poder como un “gran acontecimiento” o se trata simplemente de rumores falsos?

Fuente: SIDECAR

jueves, 30 de enero de 2025

DeepSeek: la "Inteligencia Artificial" china que aplastó a Silicon Valley. ¿Es el principio del fin para las "big tech" occidentales?

 

      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     DeepSeek es comparable como el momento en el que la Unión Soviética, en plena Guerra Fría, puso en órbita el satélite Sputnik, según Marc Andreessen, cofundador de la empresa Netscape Communications Corporation y coautor de Mosaic, uno de los primeros navegadores web con interfaz gráfica.

Leamos un poco lo que significa para Bloomberg:

Una empresa china de inteligencia artificial poco conocida llamada DeepSeek lanzó un nuevo modelo de inteligencia artificial de código abierto llamado R1 que puede imitar la forma en que razonan los humanos. La empresa dijo que R1 rivalizaba o superaba a los principales desarrolladores estadounidenses en una variedad de puntos de referencia de la industria, incluidas las tareas matemáticas y el conocimiento general, y que se creó por una pequeña fracción del costo. Para el fin de semana, DeepSeek había escalado posiciones en Chatbot Arena, una tabla de clasificación de sistemas de inteligencia artificial muy seguida, y figuras prominentes en tecnología como Marc Andreessen llamaban al producto "el momento Sputnik de la inteligencia artificial".
Ahora, las consecuencias del lanzamiento de R1 se están extendiendo rápidamente por todo Estados Unidos, mientras la industria tecnológica intenta comprender cómo DeepSeek logró la hazaña y si la empresa emergente lo hizo tan barato como afirma. Ya existen sospechas de que la empresa emergente china construyó su chatbot con tecnología occidental, evitando los enormes costos de desarrollar grandes modelos de lenguaje.



 

Casi de la noche a la mañana, DeepSeek ha cambiado muchas de las suposiciones dentro de Silicon Valley sobre la economía de la creación de IA, así como los mejores métodos técnicos para desarrollar la tecnología y el alcance de la ventaja de Estados Unidos sobre sus competidores en China. Durante gran parte de los últimos dos años, desde que ChatGPT inició el frenesí mundial de la IA, la industria ha apostado a que el camino hacia una mejor IA depende en gran medida de gastar mucho en chips más avanzados de empresas como Nvidia Corp. y en centros de datos cada vez más grandes para albergarlos.

El entusiasmo por la hazaña de DeepSeek provocó una caída de casi un billón de dólares en las acciones tecnológicas estadounidenses y europeas el lunes, ya que los inversores cuestionaron los planes de gasto de algunas de las empresas más grandes de Estados Unidos. La caída de las acciones del fabricante de chips de inteligencia artificial Nvidia por sí sola borró aproximadamente 589.000 millones de dólares en valor de mercado, la mayor caída en la historia del mercado de valores de Estados Unidos.

Mientras tanto, en Washington, los legisladores deben averiguar la mejor ruta para frenar el progreso de China en una tecnología que algunos consideran crucial para su ejército y su economía, dado que l
as restricciones a la exportación de chips de la administración Biden no fueron suficientes. David Sacks, el zar de las criptomonedas y la inteligencia artificial del presidente Donald Trump, dijo que DeepSeek demuestra que la carrera mundial de la inteligencia artificial será muy competitiva, al tiempo que culpó a la administración Biden por la regulación que "paralizó" el desarrollo de la inteligencia artificial.

Al igual que algunos de los últimos modelos de OpenAI, Google y Anthropic, R1 pretende imitar la forma en que los humanos a veces reflexionan sobre los problemas dedicando tiempo a calcular una respuesta antes de responder a las consultas de los usuarios. Sin embargo, la versión de DeepSeek difiere en su eficiencia. El equipo que está detrás de ella ideó algunas innovaciones simples pero clave, como encontrar formas de aprovechar más los chips de computadora a los que tenían acceso. Otro avance: apoyarse en gran medida en una técnica conocida como aprendizaje de refuerzo que recompensa a un sistema por las respuestas correctas y lo castiga por las incorrectas.

La aplicación de DeepSeek se hizo popular entre los usuarios estadounidenses, en parte gracias a un chatbot afable y de un sonido algo extraño que muestra con gran detalle cómo piensa responder a la pregunta de una persona antes de sumergirse en los resultados. El enfoque incluye muchos más detalles que, por ejemplo, los últimos modelos de razonamiento de OpenAI. Y a diferencia de OpenAI, que cobra hasta 200 dólares al mes por acceso ilimitado a sus modelos de razonamiento más avanzados, entre otras funciones, DeepSeek actualmente ofrece su servicio de forma gratuita.

La irrupción de DeepSeek destruye, al parecer, el modelo de negocios de los gigantes tecnológicos porque consigue los mismos resultados que OpenAI con muchos menos costes. La estrepitosa caída de las acciones de empresas, como el gigante de chips Nvidia Corp, se acercó al billón de dólares, una de las pérdidas más importantes en la historia. “La pregunta que ahora preocupa a los inversores, las empresas y los responsables políticos es si la inteligencia artificial requiere cientos de miles de millones de dólares en gastos de capital para desarrollar las últimas innovaciones y modelos de IA de vanguardia, y si los controles de las exportaciones pueden contener la competencia china”, se pregunta también Bloomberg.

La Administración Biden hace pocas semanas restringió los microchips que pueden comprar las empresas chinas en un intento de cortar en seco los avances en IA del gigante asiático. Existe la creencia que este control de exportaciones funcionará en detener el desarrollo de la IA en China y seguirá dándole la delantera a las compañías estadounidenses




DeepSeek acumuló la cantidad necesaria de microchips de Nvidia mucho antes que la medida comenzará aplicarse. El lanzamiento coincidió con dos eventos: la asunción de Trump y una conferencia en Beijing de su director ejecutivo, Liang Wenfeng, con el primer ministro chino, Li Qiang.

Leamos:

La investigación de DeepSeek fue financiada por el presupuesto de I+D de High-Flyer, dijo Liang anteriormente. Obtuvo recursos informáticos del fondo cuantitativo, que había acumulado 10.000 GPU de Nvidia en 2021, antes de las prohibiciones estadounidenses a las exportaciones de sofisticados chips de Nvidia y otras unidades de procesamiento gráfico.
Liang contrató talentos de ingeniería casi exclusivamente de China. Muchos de ellos eran recién egresados de las mejores universidades, pasantes en la última etapa de sus estudios de doctorado y medallistas olímpicos.
"Es un nerd, pero nerd en este contexto no es algo negativo", dijo Zihan Wang, estudiante de doctorado en la Universidad Northwestern que realizó una pasantía de seis meses en DeepSeek en 2024.
Wang dijo que Liang realizó muchos experimentos por su cuenta y que DeepSeek funcionó como un laboratorio de investigación. “Comenzó a pequeña escala, pero a medida que lograron avances reales, comenzaron a entusiasmarse”, dijo.
La startup comenzó a lanzar modelos periódicamente, aparentemente inmune a —e incluso estimulada por— la prohibición estadounidense de exportar chips aceleradores de IA de última generación.
DeepSeek lanzó su modelo de razonamiento de inteligencia artificial avanzado R1 el 20 de enero, el mismo día en que Donald Trump juró como el 47º presidente de Estados Unidos.
Ese mismo lunes, Liang asistió a un simposio empresarial a puertas cerradas en Pekín, organizado por el primer ministro chino, Li Qiang. Allí, expertos en tecnología, ciencia, educación y otros campos ofrecieron sus opiniones y sugerencias para un borrador del informe sobre la labor del gobierno, según la agencia de noticias oficial Xinhua. Un vídeo publicado en YouTube muestra a Liang sentado frente a Li y hablando, mientras el líder chino asiente con atención.
Cabe destacar que DeepSeek ha abierto el código fuente de su R1, lo que permite a los investigadores y desarrolladores utilizar, modificar y comercializar libremente el modelo. Esto ha enviado una señal de que desea colaborar e innovar con otros miembros de la comunidad global de IA.
Se supone que Liang posee el 51% de High-Flyer. Eso le daría una participación por valor de 71 millones de dólares según un análisis comparativo, según el Índice de multimillonarios de Bloomberg. Si DeepSeek alcanza el mismo potencial que OpenAI, valorado en aproximadamente 150.000 millones de dólares, el fundador podría potencialmente estar en condiciones de recibir una ganancia inesperada masiva.
Algunos han puesto en duda que DeepSeek, de Liang, sea tan prometedor como parece. Entre las deficiencias se encuentran la capacidad de la infraestructura de la startup para gestionar el tráfico global que espera para probar su servicio, o el manejo que hace la aplicación de temas delicados como las protestas de 1989 en la plaza de Tiananmen y las consultas sobre el líder chino Xi Jinping.
Los expertos también han cuestionado la suposición de que DeepSeek estaba construyendo con 10.000 chips Nvidia A100, y analistas como Dylan Patel especulan que DeepSeek necesita al menos 50.000 de los chips mucho más potentes de Nvidia, los H100. Meta Platforms Inc., por ejemplo, opera el equivalente a 600.000 Nvidia H100.
Deepseek mezcla dos aspectos que golpean en el centro de gravedad del capitalismo en la nube estadounidense: la capacidad de innovar con modelos de código abierto a bajos precios y su creación a partir de la especulación financiera. DeepSeek es una startup sin fines de lucro creada por el fondo de inversión chino High-Flyer, fundado por el director ejecutivo de la compañía, Liang, y dos antiguos compañeros de ingeniería electrónica de la universidad de Zhejiang , una prestigiosa universidad en la ciudad de Hangzhou.


Liang Wenfeng
 

Los tres crearon un modelo para invertir en acción en base al aprendizaje automatizado, una disciplina de la IA. Inicialmente, construyeron un modelo basado en factores de precio y volumen, antes de probar el aprendizaje automático en 2016. Como resultado, High-Flyer aumentó sus activos rápidamente, alcanzando más de 90 mil millones de yuanes en 2021 hasta que tambalearon sus acciones cuando su modelo falló en calcular algunas operaciones bursátiles.

La historia de Liang coincide, además, con el estereotipo de nerds que empiezan grandes empresas en el garaje de sus padres. Nació en 1985 en Zhanjiang, una ciudad económicamente pobre en la provincia de Guangdong, al sur de China. Y su padre era maestro de escuela primaria.

Para Arnaud Bertrand, analista francés que vive en el gigante asiático , toda la historia muestra el autoengaño de Estados Unidos sobre su superioridad respecto a China.

DeepSeek sólo es "sorprendente" si basas tu comprensión de China en los informes de medios como The Economist, que siguen describiendo a China como una versión caricaturesca de sí misma: un villano monolítico siempre al borde del colapso, plagado de problemas insolubles que lo colocan en una desventaja significativa frente a un EE. UU. excepcional. Ni siquiera estoy exagerando. El trimestre pasado, The Economist publicó un artículo sobre cómo China estaba "cometiendo algunos de los errores que cometió la Unión Soviética" escribiendo sin ironía (y con una asombrosa falta de conciencia de sí mismos) que "la mala información es una grave amenaza para la economía de China".
Mientras tanto, casi simultáneamente, publicaron un informe especial sobre "la economía estadounidense, la envidia del mundo" (https://economist.com/special-report/2024-10-19 …). Como recordatorio, en 2024 la economía de China creció un 5% frente al 2,8% de EE. UU.... Si tuvieras una comprensión precisa de lo que realmente estaba sucediendo en el país, sabrías que China en realidad no estaba "muy atrás" en lo que respecta a la IA, como escribe The Economist. De hecho, al mismo tiempo que escribían que China estaba siguiendo el camino de la Unión Soviética, yo señalaba que China ya estaba liderando a EE. UU. en 6 de los 7 campos de la IA (https:// x.com/RnaudBertrand/ status/1831536798578962513 …).



 

El único campo en el que no estaban liderando (estaban en un cercano segundo lugar) era el procesamiento del lenguaje natural, es decir, los LLM como ChatGPT. Y, he aquí, DeepSeek demuestra que ahora también se han puesto al día en este campo. También escribí a principios del año pasado que cuando se observa el talento de IA de primer nivel en todo el mundo (los mejores desarrolladores e investigadores de IA), un asombroso 47% de ellos eran chinos, frente al 18% estadounidense (https:// x.com/RnaudBertrand/ status/1765585506514174088 …). No hace falta ser un genio para darse cuenta de que si tienes la mitad del mejor talento de IA del mundo, deberías ser increíblemente bueno en el campo.

También podría haber mirado las patentes y haber notado que, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), desde 2017 China ha publicado más patentes en el campo de la IA generativa cada año que todos los demás países juntos (https://wipo.int/web-publicatio ns/patent-landscape-report- generative -artificial-intelligence-genai/en/key-findings-and-insights.html …). O podría haber analizado las investigaciones de alto impacto, es decir, los artículos de investigación más citados, y haber notado que ya en 2019 China alcanzó la paridad con los EE. UU. en participación en el 5 por ciento de las publicaciones sobre IA más importantes del mundo (https://cset.georgetown.edu/publication/co mparing-us-and- chinese -contributions-to-high-impact-ai-research/ …).

Todo esto demuestra que uno sólo puede "sobresaltarse" y sólo podría haber pensado que China estaba "muy atrasada" en IA si realmente no estaba prestando atención. O si tenía prejuicios tan delirantes que estaba completamente ciego a las realidades del mundo en el que realmente vivimos. Y, volviendo a mi punto original, no es China la que sale perjudicada por esta ceguera. Si no entiendes a tu rival y lo ves como una caricatura groseramente engañosa, te perjudicas a ti mismo. Cuando reduces a China a un villano de dibujos animados, te pierdes la historia real y te tomas por sorpresa, como es obvio con el episodio de DeepSeek. Yo diría que el mismo mecanismo está en juego con la política estadounidense, por ejemplo con los controles de exportación de chips que apuntaban a "frenar a China". Cualquiera que no mire el mundo a través del prisma del excepcionalismo arrogante estadounidense podría haber predicho que lejos de frenarlos, potenciaría sus esfuerzos por desarrollar una industria nacional de chips y volverse autosuficientes en este sentido. Lo cual tiene todo el sentido del mundo, es exactamente lo que cualquier persona pragmática que tome decisiones haría en el lugar de China. El problema es que esta visión caricaturesca de China impide cualquier empatía estratégica, lo que hace que se pasen por alto por completo predicciones que deberían ser muy fáciles de hacer.

¿La lección? La arrogancia es un lujo que Occidente ya no puede permitirse. El progreso de China no es “sorprendente”, es predecible. Lo único verdaderamente sorprendente es la voluntad con la que Occidente se ciega a la realidad. Para utilizar la propia cita de The Economist, la “mala información” es una amenaza mucho más grave para nosotros que para China: tenemos que empezar a entender el mundo como es, no como deseamos que sea. De lo contrario, seguiremos encontrándonos en la posición irónica de The Economist, “sorprendidos” porque creyó en su propia propaganda.

Lo que nos lleva a una conclusión lógica y obvia: si DeepSeek es el momento Sputnik de la IA, es casi seguro que la reacción estadounidense sea la militarización de la IA con sanciones y un posible boicot comercial y tecnológico contra las compañías chinas que compitan contra sus empresas. Ya los gigantes tecnológicos piden a gritos que aplicaciones como DeepSeek sean sacadas de las tiendas en las nubes de Apple y Google.

La experiencia de Tik Tok muestra que si la tecnología es buena y barata puede perdurar más allá de los boicots. Por ejemplo, cuando la aplicación de videos fue banneada, porque las demás compañías no podían competir con su algoritmo de recomendación, apareció Red Note, otra aplicación china, para sustituirla. La excusa para prohibir Tik Tok fue que ponía en riesgo la seguridad de Estados Unidos por estar controlada por China.




William Huo compara esto con el anuncio de Trump del plan Stargate, lanzado con el fundador de OpenIA, los dueños de la empresa Oracle y el banco japonés Softbak para establecer enormes centros de datos para desarrollar la IA en Estados Unidos.

China está desmantelando sistemáticamente las ilusiones de dominio de Estados Unidos sobre la IA, armada con tres ingredientes clave: talento, acceso sin restricciones a los datos y un ecosistema de semiconductores sólido listo para escalar a voluntad.

Al hacer que sus avances en inteligencia artificial sean de código abierto, China no solo está innovando, sino que también está socavando la dependencia de Silicon Valley de la tecnología patentada. La propiedad intelectual de OpenAI de repente parece menos valiosa frente a la estrategia de inteligencia artificial para todos de Beijing.

¿Por qué pagar un alto precio por la exclusividad en inteligencia artificial cuando China ofrece avances de vanguardia de forma gratuita, lo que invita a la colaboración global? Es una medida audaz que desafía no solo el dominio tecnológico de Estados Unidos, sino también todo su enfoque de la innovación.

Mientras tanto, Estados Unidos está paralizado, mirando fijamente los faros de los vehículos que se acercan como un ciervo. En lugar de contrarrestar los avances estratégicos de inteligencia artificial de China, Estados Unidos se distrae con fantasías especulativas como Stargate.

El enfoque de China es pragmático: ampliar la IA, perfeccionar la infraestructura y superar a Occidente en la implementación en el mundo real. Estados Unidos, atrapado en un círculo vicioso de autocomplacencia, corre el riesgo de quedarse irremediablemente atrás.

Como en otros campos de la competencia comercial entre Estados Unidos y China parece todo ser un asunto de costos y exclusividades. El modelo de OpenIA necesita de una enorme burbuja financiera tecnológica para rendir dividendos y sostener la inversión para sostener los avances. Y el de compañías, como DeepSeek, puede sostenerse, en un juego a largo plazo, desde un capitalismo de Estado que financie el proyecto hasta que madure, si el dinero puesto por el fondo de inversión se termina.

Detrás subyace una competencia en el capitalismo en la nube entre los gigantes tecnológicos estadounidenses que te esclavizan con sus suscripciones y un modelo de negocios chino que aún no conocemos del todo, según el experto en tecnologías estadounidenses Casey Newton.

“Por el momento, DeepSeek no parece tener un modelo de negocio que esté a la altura de sus ambiciones. Para la mayoría de los grandes laboratorios de inteligencia artificial de Estados Unidos, el modelo de negocio (aún no realizado) es desarrollar el mejor servicio y venderlo obteniendo ganancias. Hasta la fecha, DeepSeek se ha posicionado como una especie de obsequio altruista. Eso podría cambiar en cualquier momento. DeepSeek podría introducir suscripciones o imponer nuevas restricciones a sus API para desarrolladores. Zvi Mowshowitz teoriza que la empresa podría tomar datos de los usuarios y dárselos al fondo de cobertura para obtener información comercial. Mientras tanto, sin embargo, sólo podemos adivinar cuáles son las ambiciones de DeepSeek, y eso me preocupa, porque en cierto sentido no sabemos con qué nos enfrentamos”, Casey Newton.

Uno de los grandes dilemas existenciales, sin embargo, es que la carrera de la IA quede secuestrada por los billonarios que rodean a Trump, cuya conciencia social es similar a la de los hombres, que pagaban los reyes, para ahorcar personas en plazas públicas.

Veamos...

Fuente: Bruno Sgarzini