Mostrando entradas con la etiqueta Google. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Google. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de septiembre de 2026

Las sanciones de EEUU contra el colectivo digital italiano Autistici/Inventati llegan a Europa

 

 Por Pedro Castrillo   
      Política y cultura, desde Italia y desde abajo.


El Departamento del Tesoro de EEUU afirma que el colectivo, nacido de los centros sociales italianos, ofrece soporte digital a “células de Antifa y otros violentos extremistas ultraizquierdistas”


El presidente Donald Trump y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, conversan durante un receso en la cumbre del G7, el lunes 16 de junio de 2025, en Kananaskis, Alberta, Canadá.


     El pasado 26 de agosto, los Departamento de Estado y del Tesoro de EEUU anunciaban en sus webs la decisión de clasificar al colectivo Autistici/Inventati (A/I) como “organización terrorista global” (Specially Designated Global Terrorist), con la consiguiente aplicación de sanciones. El colectivo toscano, nacido en 2001 tras las experiencia de Indymedia Italia y el G8 de Génova, aloja actualmente alrededor de 20.000 cuentas de correo electrónico, 1.500 webs, 5.500 listas de correo y 10.000 blogs.


Autistici-Inventati

En su anuncio, el Departamento del Tesoro afirma que el colectivo italiano ofrece soporte digital a “células de Antifa [sic] y otros violentos extremistas ultraizquierdistas”, mientras que el Departamento de Estado ha justificado la acción considerando que “el grupo se ha convertido en nodo central de una campaña transnacional llevada a cabo por redes violentas y criminales de extrema izquierda para desestabilizar a EEUU y sus socios en toda Europa, el hemisferio occidental y más allá”.

En el mismo comunicado se citan los sabotajes al oleoducto transalpino TAL del pasado marzo y ataques a infraestructuras ferroviarias y energéticas alemanas, en los que las herramientas digitales de A/I habrían sido usadas por “los militantes para difundir información sobre los objetivos, así como manuales tácticos y técnicos, y comunicados respecto a los ataques”. Las acusaciones implican también a algunos grupos estadounidenses, como Rose City Antifa, Jane’s Revenge y “una célula anarquista” de Atlanta, quienes habrían utilizado los servicios de A/I, entre otras cosas, para difundir datos personales de agentes del ICE.

Junto con el colectivo italiano, los Departamentos de Estado y del Tesoro han incluido en la lista de entidades y personas proscritas como “terroristas” a otras dos organizaciones, vinculadas al colectivo A/I por ser usuarios de sus plataformas: la organización británica Palestine Action y la red filopalestina Masar Badil. No obstante, existe una diferencia fundamental en la acusación al colectivo Autistici/Inventati: a este no se le imputa acción alguna, simplemente el hecho de gestionar los servicios comunicativos utilizados por personas que, supuestamente, han cometido acciones “terroristas”.

El poder real de las sanciones

La orden ejecutiva esgrimida por los Departamentos de Estado y del Tesoro —cuya primera versión fue firmada por Bush Jr. pocos días después del 11-S—, establece el congelamiento de los bienes del grupo “terrorista” en cuestión que se encuentren en territorio estadounidense. Puesto que A/I no posee ninguno, la congelación es, de facto, un acto vacío. El efecto real se produce a posteriori, porque la orden ejecutiva prevé además la sanción de cualquier entidad estadounidense que dé cobertura, directa o indirectamente, al sujeto “terrorista”, incluyendo bancos, servicios de hosting, sistemas de pago, plataformas de donaciones o proveedores digitales de todo tipo. Normalmente ninguna de estas entidades espera a la sentencia para decidir qué hacer: cierran el grifo inmediatamente como precaución ante posibles consecuencias económicas o penales.

Así, a menos de 48 horas del anuncio resultaba ya imposible acceder a la web www.autistici.org, a pesar de que el Gobierno de EEUU hubiera dado hasta el 25 de septiembre a las entidades implicadas para adecuarse a las sanciones.

Según ha comunicado A/I, el bloqueo se debió a que el sistema DNS (Domain Name System), encargado de traducir el nombre de todas las webs y servicios de Internet al lenguaje numérico de los servidores, había dejado de funcionar. En otras palabras, el dominio “autistici.org” había perdido su significado digital. Por ese mismo motivo, quedaban bloqueadas también miles de cuentas de correo electrónico y otros servicios gestionados por el colectivo. Pocas horas después, Noblogs.org, la plataforma de blogging de A/I, quedaba expuesta a un problema de seguridad, obligando al colectivo a mantenerla temporalmente offline para resolver el problema.


NoBlogs.org

En medio de un torbellino de comunicaciones con usuarios, periodistas y abogados, A/I se puso manos a la obra para poner de nuevo en funcionamiento todos los servicios. A final del día, el servicio de correo era de nuevo accesible y la plataforma Noblogs.org estaba de nuevo en línea, si bien en modo de solo lectura. El colectivo informaba el domingo de que seguiría trabajando para recuperar el funcionamiento de todos los servicios.

Pero los efectos de las sanciones van más allá de Internet. El mismo viernes por la tarde, Banca Popolare Etica —la matriz italiana de la española Fiare— comunicaba al colectivo su intención de concluir su relación bancaria, por considerarla, en el actual contexto, excesivamente arriesgada. Quedaba así bloqueada la cuenta corriente del colectivo en la que se recogen las donaciones al grupo, única fuente de financiación del proyecto. La decisión fue inmediatamente criticada por miles de clientes del banco, que iniciaron una recogida de firmas para pedirle a la dirección que diese marcha atrás.

Por su parte, en un comunicado de prensa, el banco explicaba que, de mantener abierta la cuenta de A/I, “podría ser objeto de “sanciones secundarias”, que implican el cese de todos los servicios dependientes de intermediarios estadounidenses: esto derivaría en la imposibilidad para todos los clientes de Banca Etica de utilizar cualquier tarjeta de crédito o débito —que actualmente dependen del monopolio que ejercen de facto los operadores estadounidenses—, así como la imposibilidad de efectuar pagos en áreas no euro, para los cuales son necesarios intermediarios financieros casi siempre estadounidenses”.

Caza de brujas anti-antifascista

El ataque contra A/I, Palestine Action y Masar Badil representa el primer acto operativo de la campaña internacional lanzada por Marco Rubio en una cumbre celebrada en Washington el pasado julio contra el “terrorismo de izquierdas”, cuyo prólogo había sido la designación de “Antifa” como grupo terrorista en 2025. La invención de esta presunta organización —de la que no se conoce estructura, dirección, jerarquía, programa unitario ni sistema de pertenencia alguno— está funcionando como teorema para la construcción de un enemigo doméstico en EEUU, pero también a nivel internacional, gracias a la colaboración de los distintos partidos y organizaciones afines al trumpismo.

El objetivo declarado de la cumbre era la creación de una plataforma de cooperación represiva. Más concretamente, “ahogar el financiamiento del terrorismo político”, en palabras del multimillonario y secretario del Tesoro, Scott Bessent, encargado en aquella cita de ilustrar los planes de su Departamento para luchar contra “una de las principales amenazas para la seguridad de EEUU”. En ese contexto, algunas fuentes han señalado que en las últimas semanas el viceasistente de Trump, Sebastian Gorka, habría requerido informaciones sobre grupos de izquierdas a por lo menos veinte embajadas estadounidenses, incluida la italiana. Resulta lógico pensar que la actuación contra el colectivo A/I sea en parte consecuencia de dichos intercambios.

Se perfila así un ataque político, más que legal, contra el colectivo A/I. Consideremos el núcleo de las acusaciones del Departamento de Estado, esto es, que las herramientas digitales gestionadas por A/I están diseñadas específicamente para dar apoyo a supuestas organizaciones terroristas. Una acusación que cae por sí sola: sindicatos de base, asociaciones culturales, plataformas de vecinas y colectivos de todo tipo utilizan cotidianamente los servicios de A/I, sin haber recibido por parte del Estado italiano ninguna acusación de terrorismo. Y considerando el nivel creciente de represión política del Gobierno de Meloni, eso es mucho decir.

Dicha acusación resulta aún más ridícula considerando lo que declara el propio colectivo en sus términos de servicio, los cuales prohíben “utilizar los servicios para cualquier objetivo de tipo militar, incluida la difusión de informaciones o material didáctico relacionados con armas de fuego y relativas técnica de combate, guerra cibernética, desarrollo y producción de armas”.

Por otro lado, que la motivación para esta caza de brujas es ideológica lo indica el propio Departamento de Estado en sus declaraciones, cuando justifica las sanciones diciendo que “Autistici/Inventati se identifica a sí mismo como una organización ‘antifascista’ y ‘antimilitarista’, contraria al capitalismo” y que “ofrece sus servicios únicamente a individuos, colectivos y grupos que considera alineados con su ideología”. En otras palabras: el Gobierno de Trump ataca a A/I no por los servicios que ofrece en sí mismos —técnicamente muy parecidos a los de cualquier otro proveedor digital—, sino por sus motivaciones de fondo. De otra forma, el Departamento de Estado se habría apresurado a aplicar las mismas sanciones a Meta, por haber alojado, por ejemplo, la retransmisión en directo en Facebook de una masacre supremacista blanca, o a Google, puesto que una dirección de su servicio de correo electrónico difundió el manifiesto que reivindicaba esa misma masacre.


Supremacismo Blanco.

Por su parte, en un comunicado de prensa del 29 de agosto, el colectivo declaraba: “Rechazamos las acusaciones y reiteramos que nuestra actividad consiste en ofrecer herramientas de autodefensa digital e infraestructura para la libertad de comunicación. […] No nos pararemos y seguiremos haciendo lo que siempre hemos hecho, oponiéndonos con todos los medios a las falsas acusaciones construidas por una administración políticamente desesperada cuyo único objetivo es distraer a personas y medios de su propia violencia y deseo de guerra”.

Keep the Internet free!

Desde que se conoció la noticia de las sanciones a A/I, han sido innumerables las muestras de solidaridad hacia el colectivo digital, reflejo de lo mucho que su trabajo representa desde hace décadas para la actividad política, cultural y social cotidiana de infinidad de grupos, en Italia y el extranjero. Pero la fuerza de A/I no es solo material, también simbólica. En un momento histórico en que el sueño de la Internet libre parece enterrado, A/I representa una alternativa real, un modelo opuesto al de los gigantes tecnológicos, cuyo único objetivo es obtener beneficios y poder a partir del extractivismo de datos y la manipulación de la opinión pública.

En un cuarto de siglo, A/I ha contribuido a cambiar la forma de estar en red de una enorme colectividad, conservando la lección del viejo ”Do it yourself, become the media” (hazlo tú mismo/a, conviértete en el medio). Lo ha hecho no perfilando a sus usuarios en modo alguno, no construyendo un mercado que explota sus datos, defendiendo el anonimato y la privacidad, intentando, en suma, mantener espacios de comunicación libres y ajenos a las lógicas comerciales. Su lema “socializar saberes sin fundar poderes” describe perfectamente esa anomalía. Y es precisamente su autonomía, más que el hecho de que dé cobertura a uno u otro grupo, lo que hace políticamente significativo el ataque contra el colectivo. Y lo que hace necesario, hoy más que nunca, defender la alternativa que Autistici/Inventati representa.


Fuente:
El Salto

viernes, 8 de mayo de 2026

Entre la luna y la guerra

 

      Activista politico social de la izquierda.


Desde la luna una humanidad indivisa, en la tierra un mundo que se arma.


     El 7 de abril, a más de 400.000 kilómetros de distancia, el piloto de Artemis II, Víctor Glover, describía la Tierra como “un oasis frágil”, “un salvavidas en la inmensidad del espacio”. Desde allí arriba -decía- no hay fronteras. Ni bloques. Ni hay enemigos. Solo una esfera vulnerable compartida por todos. Ese mismo día, el presidente estadounidense Donald Trump advertía al mundo de que “toda una civilización podría morir esta noche”, en el último episodio de una escalada destructiva y retórica dirigida contra Irán. Dos discursos simultáneos. Dos formas de mirar el mismo planeta: una que lo reconoce como hogar común y otra que lo convierte en objetivo.

No es una contradicción menor, pero sí el síntoma de una época. Mientras la exploración espacial nos obliga a pensarnos como especie, la política internacional dominante insiste en organizarnos como enemigos. Mientras la tecnología permite ampliar el horizonte humano, el poder de las élites la utiliza para perfeccionar la destrucción. No hay paradoja: hay coherencia interna.

El mismo sistema que financia la conquista de la Luna sostiene la economía de la guerra en la Tierra. Ya sabemos que la guerra no es un accidente sino un negocio. Comercio lucrativo que necesita algo más que armas: necesita relato, necesita miedo y una opinión pública dispuesta a aceptar que el conflicto permanente es inevitable. Y ahí es donde entra en juego una arquitectura de poder cada vez más visible: la alianza entre industria militar, corporaciones tecnológicas y grandes medios de comunicación. No es una simple teoría, es toda una estructura. El llamado Complejo Militar Industrial-Mediático opera como un sistema integrado, especialmente en Estados Unidos.

La industria de defensa no solo fabrica armamento: financia indirectamente a los grandes conglomerados mediáticos mediante publicidad, patrocinios y redes de influencia. Al mismo tiempo, Silicon Valley -epicentro global de las empresas de innovación y alta tecnologia más influyentes del mundo- ha dejado de ser un actor neutral para convertirse en proveedor estratégico de infraestructuras militares. Empresas como Palantir trabajan con datos de guerra. Microsoft y Amazon gestionan sistemas críticos del Pentágono y de inteligencia. Google y Meta desarrollan algoritmos que sirven tanto para vender publicidad como para identificar objetivos o vigilar poblaciones. La frontera entre tecnología civil y militar ha desaparecido sin apenas debate público.

En el centro de esta red están los grandes fondos de inversión —BlackRock, Vanguard y State Street—, que participan simultáneamente en empresas de armamento, tecnológicas y mediáticas. Es decir: los mismos intereses financieros atraviesan la producción de armas, la infraestructura digital y la construcción del relato informativo. El resultado no es una conspiración sino algo más inquietante: una normalidad, en la que los conflictos se explican siempre desde la lógica de la amenaza.

Y en la que el aumento del gasto militar aparece como una necesidad técnica, no como una decisión política.

Los expertos que analizan las guerras en televisión proceden, con frecuencia, de las mismas estructuras que se benefician de ellas. Las “puertas giratorias” no son una anomalía sino parte del mecanismo. Generales retirados que comentan conflictos en cadenas como CNN o BBC mientras asesoran a empresas de defensa. Think tanks (laboratorios de ideas) financiados por contratistas militares que elaboran informes convertidos en fuente primaria para periodistas. Un circuito cerrado donde la información no se inventa, pero se orienta.

Europa ejerce la misma lógica aunque la gestione con otros códigos. Aquí el vínculo entre industria de defensa y poder político es más explícito. Empresas como Airbus, Rheinmetall o Leonardo están profundamente ligadas a sus Estados, que promueven el rearme bajo el argumento de la autonomía estratégica. El discurso es conocido: más gasto militar equivale a más seguridad y más crecimiento económico.

Pero también en el Mediterráneo el relato necesita altavoces. En Francia, Dassault Aviation — fabricante de los cazas Rafale— está vinculada al grupo propietario de Le Figaro. En España, Indra Sistemas mantiene conexiones con el grupo Prisa, editor de El País y la Cadena SER. En Italia, el modelo alcanza una forma casi estructural: el grupo Leonardo, con fuerte participación estatal, convive con conglomerados mediáticos vinculados a grandes familias industriales. No se trata de censura directa. Se trata de algo más eficaz: un marco mental compartido. La inversión en defensa se presenta como sinónimo de innovación, empleo y modernización. El debate ético desaparece.

La guerra se convierte en un asunto técnico, casi administrativo. Y cualquier cuestionamiento queda desplazado al terreno de lo ingenuo o lo irresponsable. A ellos se suma un elemento clave: la producción de legitimidad. Foros, congresos, publicaciones especializadas y expertos recurrentes, exmilitares o ex ministros, que acceden mediante “puertas giratorias” inundan los informativos y tertulias de los medios.

Buena parte de estos espacios están financiados por las propias corporaciones del sector. No imponen discursos de forma explícita, pero delimitan el campo de lo pensable. Y con eso les basta para hegemonizar el “sentido común” En el eje Grecia-Turquía esta dinámica se combina con el nacionalismo. El gobierno de Recep Tayyip Erdoğan ha impulsado empresas como Baykar, fabricante de drones utilizados en varios conflictos, en una relación estrecha entre poder político, industria y relato de orgullo nacional. La guerra, en este caso, no solo se justifica: se celebra como demostración de capacidad.

Todo encaja. Un sistema que necesita conflictos para sostener su rentabilidad. Un ecosistema mediático que convierte esos conflictos en inevitables. Una infraestructura tecnológica que los hace más eficientes. Y una ciudadanía expuesta a un flujo constante de información y uso de eufemismos, que normalizan la excepcionalidad. Mientras tanto, desde la Luna, la Tierra sigue siendo lo que siempre ha sido: una esfera frágil sin fronteras visibles.

Pero aquí abajo seguimos trazándolas con precisión quirúrgica. Seguimos necesitando dividir para gobernar, clasificar para intervenir, señalar para destruir. Y lo hacemos con herramientas cada vez más sofisticadas y con relatos cada vez más pulidos. Quizá el problema no sea la distancia desde la que miramos el mundo sino los intereses que deciden cómo debemos verlo. Porque el verdadero salto tecnológico quizás no consiste en viajar más lejos sino en cambiar la mirada. Y eso -a diferencia de los cohetes- no parece estar en la agenda.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu


domingo, 3 de mayo de 2026

Palantir: la empresa más peligrosa del mundo

 

 Por Pablo Elorduy   
      Fue parte del colectivo fundador de El Salto.


Concebida por Peter Thiel y Alex Karp como una herramienta al servicio de Estados Unidos en su proyecto de dominación, Palantir fusiona las herramientas de control, los beneficios de la guerra, la apuesta tecnológica del capital para escapar de su crisis y la ideología totalitaria en una serie de productos que se han expandido por todo el planeta


Palantir: la empresa más peligrosa del mundo.


     El infierno se desató sobre la escuela Shajare Tayebé, en Minab. Era sábado, 28 de febrero de 2026, día lectivo en Irán. La jornada de clases había sido suspendida por los bombardeos estadounidenses, pero cientos de personas permanecían en el edificio, esperando a que el alumnado fuera recogido por sus familias. Se trataba de un proceso lento, ya que muchas chicas y chicos vivían en los pueblos de alrededor y debían esperar a que llegasen los vehículos desde las zonas rurales. Tres misiles Tomahawk cayeron sobre la escuela de Minab causando 175 víctimas mortales, la mayoría niños y niñas.


Una escuela de primaria en Minab, al sur de Irán, fue bombardeada por EEUU e Israel.

Shajare Tayebé es el escenario del primer presunto crimen de guerra de la Operación Furia Épica lanzada por Estados Unidos e Israel. Según han admitidofuentes del ejército estadounidense, cuya administración al principio negó el ataque, se trató de un error. El software utilizado para la clasificación de objetivos había establecido esa escuela infantil como una infraestructura militar. 

Así estaba designada desde 2013 y nadie —ni humano, ni máquina— había cambiado la clasificación de ese centro, que desde hace tiempo era independiente del edificio militar adyacente.


El sistema de combate Aegis se muestra a bordo del USS Vincennes (CG-49), el buque de guerra cuya tripulación confundió el vuelo 655 de Iran Air con un avión de combate atacante y lo derribó en 1988, matando a las 290 personas a bordo.

Un software de mando y control llamado Maven, basado en la hipótesis de que la velocidad en la toma de decisiones es diferencial para la victoria en una guerra, seleccionó la infraestructura civil y los humanos avalaron la decisión de bombardear la escuela.

Se trata de un sistema de inteligencia artificial requerido por el Pentágono para el análisis de inteligencia, vigilancia y planificación de ataques.

Otras investigaciones señalan que Maven fue también la herramienta detrás de la operación de secuestro de Nicolás Maduro lanzada por la Casa Blanca el 3 de enero de 2026. El 21 de marzo de 2026, tres semanas después de la masacre de Minab, Reuters informaba de que un memorándum del Pentágono establecía Maven como el sistema militar central de Estados Unidos. Detrás de Maven está Palantir o, como la ha calificado Robert Reich, antiguo responsable de Trabajo en la administración Obama, “la compañía más peligrosa de América”.

Poco conocida con respecto a las principales compañías del Big Tech (Google, Amazon, Meta, Apple), Palantir Technologies es una veterana en Silicon Valley. La primera piedra de la empresa la puso la agencia de inteligencia estadounidense CIA a través de su fondo de inversión In-Q-Tel. La CIA seguía el instinto de Peter Thiel y Alex Karp, fundadores de Palantir, quienes detectaron que los ataques del 11 de septiembre de 2001 podían haberse anticipado con una infraestructura capaz de presentar de manera simple y operativa los datos que ya estaban en las bases de las principales agencias de inteligencia del país.

Así creció Palantir que, a través de los software Gotham (para instituciones de control) y Foundry (para empresas), se ha expandido por todos los puntos de “Occidente” con una apuesta basada en la dominación. La empresa proporciona sistemas que permiten a agencias gubernamentales acceder a un panóptico de vigilancia y, una vez establecida en ellas, se hace parte imprescindible de la gestión política del Estado, aportando una base de opacidad e intrazabilidad de las decisiones que esquiva la rendición de cuentas democrática.

El 18 de abril, el cofundador de Palantir, Alex Karp, y Nicholas W. Zamiska, jefe de asuntos corporativos de la empresa lanzaban un manifiesto a través de la red de extrema derecha X que ha situado a la compañía como tema de conversación en todo el mundo. Basado en el libro La república tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidenteescrito por Karp y Zamiska y publicado en 2025, el manifiesto ha generado miles de post y artículos, pero ha tenido también un impacto colateral entre la plantilla de la compañía. “Se suponía que éramos nosotros quienes debíamos prevenir muchos de estos abusos. Ahora no los prevenimos. Parece que los estamos propiciando”, explicaba uno de esos trabajadores al medio estadounidense Wired.

Pero, ante todo, el manifiesto ponía en primer plano algunos de los discursos que Karp ha enarbolado en los últimos años. Su hipótesis es que la sociedad estaounidense se ha adocenado, que la “psicologización de la política moderna” es una desviación del camino correcto y que la industria tecnológica ha estado orientada a satisfacer esa comodidad, lo que ha hecho que EEUU se haya retrasado en la carrera armamentística y la defensa de la nación, algo con lo que abren el manifiesto. Para ello, sugieren una vuelta del servicio militar obligatorio y la primacía que debe ocupar EEUU era en la “disuasión basada en la IA”.


La máquina de los asesinatos en masa: Silicon Valley abraza la guerra.

Otro de los elementos que ha llevado al manifiesto a ser adjetivado como “los desvaríos de un supervillano”, es un fuerte sesgo supremacista, explicitado en sentencias como que “algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas”.


El manifiesto de Palantir ha sido calificado de «divagaciones de un supervillano» en medio de temores sobre contratos en el Reino Unido.

Expandida por todo el mundo

Sumando los contratos obtenidos del Departamento de Seguridad Nacional, el Departamento de Defensa y el Pentágono, la compañía obtuvo 1.855 millones de dólares de ingresos procedentes del gobierno estadounidense en 2025. El 55% de los ingresos de Palantir depende de esos contratos, lo que da muestra de la imbricación de la actual administración Trump, sus políticas del shock y la posición monopolística que está ocupando la compañía de Thiel y Karp en el actual proceso de acumulación militarizada. Palantir es el propietario de un software que está forjando las bases del nuevo Estado policial estadounidense, según ha descrito Robert Reich. A raíz del manifiesto Palantir, los autores Arnaud Miranda y Gilles Gressani describían cómo “tras el vocabulario republicano, se despliega una estrategia que puede resumirse en una fórmula: transformar el Estado en una filial de su propia infraestructura digital, vaciando así la soberanía de su dimensión democrática”.


El manifiesto de Palantir para la dominación.

El Ministerio de Defensa español, el servicio de inteligencia francés o sistemas como el de salud y el de disuasión nuclear británicos han contratado los servicios de Palantir, que también se ofreció a gestionar a bajo precio sistemas logísticos de distribución de ayuda por parte de ONG. Una experiencia que ahora sirve para la gestión de las razias migratorias llevadas a cabo por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU (ICE) a través del programa ImmigrationOS proporcionado por la compañía de Thiel y Karp.


Manifestación contra la agencia policial de fronteras ICE en Nueva York.

La periodista especializada en tecnología y derechos humanos Marta Peirano explica que la base del poder que acumula Palantir es la gestión privada de datos que son provistos por agencias públicas. A partir de ese análisis y presentación, la compañía plantea modelos algorítmicos de toma de decisión que proporcionan soluciones aparentemente técnicas. En tercer lugar, Palantir entrena sus modelos de inteligencia artificial a partir de los datos y la experiencia recabada, de forma que, aunque la compañía defiende que no acumula esos datos, en la práctica se convierte en el combustible con que nutre su producto.

En toda la cadena de decisiones hay consideraciones éticas sobre la privacidad y los sesgos empleados para esos perfilamientos que llaman la atención de los defensores de derechos humanos en todo el mundo. Hay una “delegación de funciones y de responsabilidades por parte del Gobierno”, detalla Peirano, que convierte a la compañía en un actor privilegiado en el timón de instituciones, a priori, sujetas al escrutinio democrático. Como ha advertido el investigador francés Olivier Tesquet, coautor de Apocalipsis Nerd, por medio de esa posición de poder en la toma de decisiones, Palantir aspira a convertirse en “el sistema nervioso del próximo orden mundial”.

El anticristo y el transhumanismo

Una empresa peligrosa requiere fundadores peligrosos. En la campaña de 2016, Thiel fue uno de los grandes donantes de Trump, el primero dentro del hasta entonces nominalmente liberal Silicon Valley. Posteriormente se convirtió en el gran valedor del ahora vicepresidente de EEUU, JD Vance. Tras la victoria del ticket formado por Trump y Vance en 2024, Thiel colocó a parte de su séquito en lugares clave de la administración estadounidense. Otra de las figuras fundamentales del Gobierno de Trump, el portavoz y subdirector del Gabinete de Políticas de la Casa Blanca, Stephen Miller, tiene una participación de varios cientos de miles de dólares en Palantir.

El fundador de Palantir supo ver el potencial de Donald Trump como acelerador de las tendencias posdemocráticas necesarias para su proyecto político. Su credo está emparentado con el de la Ilustración Oscura. Se basa en la preeminencia de los monopolios, monarquías corporativas, destinadas a dirigir ciudades o territorios fuera del principio democrático. La hipótesis se ha puesto en funcionamiento en islas como Roatán —cedida por el gobierno corrupto de Juan Orlando Hernández, en Honduras— donde el municipio de Próspera es una “zona de empleo y desarrollo económico” fundada en 2017 con el dinero de una serie de tecnooligarcas, entre los que se encuentra Thiel. Próspera prefigura un plan mucho más ambicioso: el control de las poblaciones mediante la tecnología y la vigilancia y, al mismo tiempo, el desarrollo de las criptomonedas como herramienta para el control por medio de la economía. Mutatis mutandis es el mismo plan presentado por Jared Kushner para la “nueva Gaza”.

Próspera ha sido, también, un pequeño laboratorio de experimentación clínica, siguiendo el principal deseo de trascendencia que mueve a Thiel y a otros inversores como Sam Altman (Chat GPT) o el inversor Marc Andreesen, seguidores de las filosofías Tescreal. Este acrónimo, puesto en circulación de manera crítica por el filósofo Emile P. Torres, engloba a una serie de ramas del pensamiento entre las que destacan el Transhumanismo y el Largoplacismo, en el que Thiel milita activamente.

Estas ideologías coinciden en un punto clave: la extinción de los seres humanos puede ser el daño colateral de la llegada de los individuos poshumanos, una idea defendida por Thiel, entre otros. Como ha señalado Torres respecto al largoplacismo en el podcast Utopía X: “Veo el largoplacismo como un movimiento a favor de la extinción que, como tal, representa una amenaza significativa y a corto plazo para nuestra especie, porque a los largoplacistas no solo les interesa crear poshumanos en algún momento, sino que quieren crear poshumanos lo antes posible”.

De la escuela de Frankfurt a la escuela de Minab

El segundo nombre más reconocido de Palantir es el de Alex Karp, CEO de la empresa. A diferencia de Thiel, Karp se remite a la tradición filosófica europea, en principio lejos del milenarismo profético que caracteriza al primero. Influido por Jünger Habermas y la Escuela de Frankfurt, Karp ha virado de un discurso que inicialmente se entendía como “la izquierda de Palantir” a un pensamiento que encuentra dos enemigos fundamentales.

En primer lugar, los enemigos de lo que ellos llaman “Occidente”, es decir, Rusia, Irán y, sobre todo, China. En segundo lugar, el llamado “virus woke”, con el que la extrema derecha clasifica a la izquierda defensora de los derechos humanos. Como resume Tesquet, para Karp “las democracias están perdiendo una especie de guerra de civilizaciones contra sus adversarios autoritarios, no porque carezcan de talento, sino porque sus ingenieros se han vuelto demasiado aprensivos como para poner sus habilidades al servicio del poder militar”.

De origen judío, el factor que ha disparado el discurso más violento por parte de Karp ha sido el genocidio llevado a cabo por Israel en Gaza, del que Palantir ha participado orgullosamente, como ha confirmado el propio CEO de la empresa.

Los asesinatos extrajudiciales son parte de los daños que la civilización debe asumir, según la ideología expuesta por Karp, que progresivamente bebe más de una fuente alemana radicalmente distinta a las de Frankfurt, como es el pensamiento del jurista del Tercer Reich Carl Schmitt con respecto a la dicotomía amigo-enemigo en la que se basan los Estados para su mayor prosperidad. En un giro inusual, el manifiesto publicado en abril por Karp y Zamiska hacía un guiño a las potencias del Eje en la II Guerra Mundial, en su punto número 15: “El desarme de Alemania fue una corrección excesiva por la que Europa ahora está pagando un alto precio. Un compromiso similar y altamente teatral con el pacifismo japonés, si se mantiene, también amenazará con cambiar el equilibrio de poder en Asia”.

Como ha concluido Olivier Tesquet, Palantir ocupa un puesto central en la biopolítica del capitalismo tardío, decidiendo quién debe vivir —incluso, siguiendo el credo de Thiel, qué tipo de seres poshumanos deben sobrevivir a la especie homo sapiens— y quién debe morir, en una apuesta por la necropolítica difícil de revertir. Para hacerlo, concluye Peirano, no basta con acabar con la dependencia creciente que los Estados occidentales han adoptado con respecto a Palantir, sino que será necesario destruir las bases de datos acumuladas por esta compañía, una empresa que aspira a crear una especie de Razón Tecnológica de Estado, una versión acelerada y privada de las tendencias autoritarias latentes en las democracias liberales.


Fuente: El Salto