Fue
parte del colectivo fundador de El
Salto.
Concebida
por Peter Thiel y Alex Karp como una herramienta al servicio de Estados Unidos en
su proyecto de dominación, Palantir fusiona las herramientas de
control, los beneficios de la guerra, la apuesta tecnológica del
capital para escapar de su crisis y la ideología totalitaria en una
serie de productos que se han expandido por todo el planeta
Palantir: la empresa más peligrosa del mundo.
El
infierno se desató sobre la escuela Shajare Tayebé, en Minab. Era
sábado, 28 de febrero de 2026, día
lectivo en Irán. La
jornada de clases había sido suspendida por los bombardeos
estadounidenses, pero cientos de personas permanecían en el
edificio, esperando a que el alumnado fuera recogido por sus
familias. Se trataba de un proceso lento, ya que muchas chicas y
chicos vivían en los pueblos de alrededor y debían esperar a que
llegasen los vehículos desde las zonas rurales. Tres misiles
Tomahawk cayeron sobre la escuela de Minab causando 175 víctimas
mortales, la mayoría niños y niñas.
Una escuela de primaria en Minab, al sur de Irán, fue bombardeada por EEUU e Israel.
Shajare
Tayebé es el escenario del primer presunto crimen de guerra de la
Operación Furia Épica lanzada por Estados Unidos e Israel.
Según han
admitidofuentes
del ejército estadounidense, cuya administración al principio negó
el ataque, se trató de un error. El software utilizado
para la clasificación de objetivos había establecido esa escuela
infantil como una infraestructura militar.
Así estaba
designada desde 2013 y
nadie —ni humano, ni máquina— había cambiado la clasificación
de ese centro, que desde hace tiempo era independiente del edificio
militar adyacente.
El sistema de combate Aegis se muestra a bordo del USS Vincennes (CG-49), el buque de guerra cuya tripulación confundió el vuelo 655 de Iran Air con un avión de combate atacante y lo derribó en 1988, matando a las 290 personas a bordo.
Un software de
mando y control llamado Maven, basado en la hipótesis de que la
velocidad en la toma de decisiones es diferencial para la victoria en
una guerra, seleccionó la infraestructura civil y los humanos
avalaron la decisión de bombardear la escuela.
Se
trata de un sistema de inteligencia artificial requerido por el
Pentágono para el análisis de inteligencia, vigilancia y
planificación de ataques.
Otras
investigaciones señalan que Maven fue también la herramienta detrás
de la operación de secuestro de Nicolás Maduro lanzada por la Casa
Blanca el 3 de enero de 2026. El 21 de marzo de 2026, tres semanas
después de la masacre de Minab, Reuters informaba
de que un memorándum del Pentágono establecía Maven como el
sistema militar central de Estados Unidos. Detrás de Maven está
Palantir o, como la
ha calificado Robert Reich, antiguo responsable de Trabajo
en la administración Obama, “la compañía más peligrosa de
América”.
Poco
conocida con respecto a las principales compañías del Big Tech
(Google, Amazon, Meta, Apple), Palantir Technologies es una veterana
en Silicon
Valley. La primera piedra de la empresa la puso la agencia
de inteligencia estadounidense CIA a través de su fondo de inversión
In-Q-Tel. La CIA seguía el instinto de Peter Thiel y Alex Karp,
fundadores de Palantir, quienes detectaron que los ataques del 11 de
septiembre de 2001 podían haberse anticipado con una infraestructura
capaz de presentar de manera simple y operativa los datos que ya
estaban en las bases de las principales agencias de inteligencia del
país.
Así
creció Palantir que, a través de los software Gotham
(para instituciones de control) y Foundry (para empresas), se ha
expandido por todos los puntos de “Occidente” con una apuesta
basada en la dominación. La empresa proporciona sistemas que
permiten a agencias gubernamentales acceder a un panóptico de
vigilancia y, una vez establecida en ellas, se hace parte
imprescindible de la gestión política del Estado, aportando una
base de opacidad e intrazabilidad de las decisiones que esquiva la
rendición de cuentas democrática.
El
18 de abril, el cofundador de Palantir, Alex Karp, y Nicholas W.
Zamiska, jefe de asuntos corporativos de la empresa lanzaban un
manifiesto a través de la
red de extrema derecha X que ha situado a la compañía
como tema de conversación en todo el mundo. Basado en el libro La
república tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro
de Occidenteescrito por Karp y Zamiska y publicado
en 2025, el manifiesto ha generado miles de post y artículos, pero
ha tenido también un impacto colateral entre la plantilla de la
compañía. “Se suponía que éramos nosotros quienes debíamos
prevenir muchos de estos abusos. Ahora no los prevenimos. Parece que
los estamos propiciando”, explicaba uno de esos trabajadores al
medio estadounidense Wired.
Pero,
ante todo, el manifiesto ponía en primer plano algunos de los
discursos que Karp ha enarbolado en los últimos años. Su hipótesis
es que la sociedad estaounidense se ha adocenado, que la
“psicologización de la política moderna” es una desviación del
camino correcto y que la industria tecnológica ha estado orientada a
satisfacer esa comodidad, lo que ha hecho que EEUU se haya retrasado
en la carrera armamentística y la defensa de la nación, algo con lo
que abren el manifiesto. Para ello, sugieren una vuelta del servicio
militar obligatorio y la primacía que debe ocupar EEUU era en
la “disuasión
basada en la IA”.
La máquina de los asesinatos en masa: Silicon Valley abraza la guerra.
Otro de los elementos que ha llevado al
manifiesto a ser adjetivado como “los
desvaríos de un supervillano”, es un fuerte sesgo
supremacista, explicitado en sentencias como que “algunas culturas
han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y
regresivas”.
El manifiesto de Palantir ha sido calificado de «divagaciones de un supervillano» en medio de temores sobre contratos en el Reino Unido.
Expandida
por todo el mundo
Sumando
los contratos obtenidos del Departamento de Seguridad Nacional, el
Departamento de Defensa y el Pentágono, la compañía obtuvo 1.855
millones de dólares de ingresos procedentes del gobierno
estadounidense en 2025. El 55% de los ingresos de Palantir depende de
esos contratos, lo que da muestra de la imbricación de la actual
administración Trump, sus políticas del shock y
la posición monopolística que está ocupando la compañía de Thiel
y Karp en el actual proceso de acumulación militarizada. Palantir es
el propietario de un software que
está forjando las bases del nuevo Estado policial estadounidense,
según ha descrito Robert Reich. A raíz del manifiesto Palantir, los
autores Arnaud Miranda y Gilles Gressani describían
cómo “tras el vocabulario republicano, se
despliega una estrategia que puede resumirse en una fórmula:
transformar el Estado en una filial de su propia infraestructura
digital, vaciando así la soberanía de su dimensión democrática”.

El manifiesto de Palantir para la dominación.
El Ministerio
de Defensa español, el servicio de inteligencia
francés o sistemas como el de salud y el de disuasión nuclear
británicos han contratado los servicios de Palantir, que también se
ofreció a gestionar a bajo precio sistemas logísticos de
distribución de ayuda por parte de ONG. Una experiencia que ahora
sirve para la gestión de las razias
migratorias llevadas a cabo por el Servicio de
Inmigración y Control de Aduanas de EEUU (ICE) a través del
programa ImmigrationOS proporcionado por la compañía de Thiel y
Karp.
Manifestación contra la agencia policial de fronteras ICE en Nueva York.
La
periodista especializada en tecnología y derechos humanos Marta
Peirano explica que la base del poder que acumula Palantir
es la gestión privada de datos que son provistos por agencias
públicas. A partir de ese análisis y presentación, la compañía
plantea modelos algorítmicos de toma de decisión que proporcionan
soluciones aparentemente técnicas. En tercer lugar, Palantir entrena
sus modelos de inteligencia artificial a partir de los datos y la
experiencia recabada, de forma que, aunque la compañía defiende que
no acumula esos datos, en la práctica se convierte en el combustible
con que nutre su producto.
En
toda la cadena de decisiones hay consideraciones éticas sobre la
privacidad y los sesgos empleados para esos perfilamientos que llaman
la atención de los defensores
de derechos humanos en todo el mundo. Hay una
“delegación de funciones y de responsabilidades por parte del
Gobierno”, detalla Peirano, que convierte a la compañía en un
actor privilegiado en el timón de instituciones, a
priori, sujetas al escrutinio democrático. Como ha
advertido el investigador francés Olivier Tesquet, coautor
de Apocalipsis
Nerd, por medio de esa posición de poder en la toma de
decisiones, Palantir aspira a convertirse en “el sistema nervioso
del próximo orden mundial”.
El
anticristo y el transhumanismo
Una
empresa peligrosa requiere fundadores peligrosos. En la campaña de
2016, Thiel fue uno de los grandes donantes de Trump, el primero
dentro del hasta entonces nominalmente liberal Silicon Valley.
Posteriormente se convirtió en el gran valedor del ahora
vicepresidente de EEUU, JD Vance. Tras la victoria del ticket formado
por Trump y Vance en 2024, Thiel colocó a parte de su séquito en
lugares clave de la administración estadounidense. Otra de las
figuras fundamentales del Gobierno de Trump, el portavoz y
subdirector del Gabinete de Políticas de la Casa Blanca, Stephen
Miller, tiene una participación de varios cientos de
miles de dólares en Palantir.
El
fundador de Palantir supo ver el potencial de Donald Trump como
acelerador de las tendencias posdemocráticas necesarias para su
proyecto político. Su credo está emparentado con el de
la Ilustración
Oscura. Se basa en la preeminencia de los monopolios,
monarquías corporativas, destinadas a dirigir ciudades o territorios
fuera del principio democrático. La hipótesis se ha puesto en
funcionamiento en islas como Roatán —cedida por el gobierno
corrupto de Juan Orlando Hernández, en Honduras— donde el
municipio de Próspera es una “zona de empleo y desarrollo
económico” fundada en 2017 con el dinero de una serie de
tecnooligarcas, entre los que se encuentra Thiel. Próspera prefigura
un plan mucho más ambicioso: el control de las poblaciones mediante
la tecnología y la vigilancia y, al mismo tiempo, el desarrollo de
las criptomonedas como herramienta para el control por medio de la
economía. Mutatis
mutandis es el mismo plan presentado por Jared
Kushner para la “nueva
Gaza”.
Próspera
ha sido, también, un pequeño laboratorio de experimentación
clínica, siguiendo el principal deseo de trascendencia que mueve a
Thiel y a otros inversores como Sam Altman (Chat GPT) o el inversor
Marc Andreesen, seguidores de las filosofías Tescreal. Este
acrónimo, puesto en circulación de manera crítica por el
filósofo Emile
P. Torres, engloba a una serie de ramas del pensamiento
entre las que destacan el Transhumanismo y el Largoplacismo, en el
que Thiel milita activamente.
Estas
ideologías coinciden en un punto clave: la extinción de los seres
humanos puede ser el daño colateral de la llegada de los individuos
poshumanos, una idea defendida por Thiel, entre otros. Como ha
señalado Torres respecto al largoplacismo en
el podcast Utopía X: “Veo el
largoplacismo como un movimiento a favor de la extinción que, como
tal, representa una amenaza significativa y a corto plazo para
nuestra especie, porque a los largoplacistas no solo les interesa
crear poshumanos en algún momento, sino que quieren crear poshumanos
lo antes posible”.
De
la escuela de Frankfurt a la escuela de Minab
El
segundo nombre más reconocido de Palantir es el de Alex Karp, CEO de
la empresa. A diferencia de Thiel, Karp se remite a la tradición
filosófica europea, en principio lejos del milenarismo profético
que caracteriza al primero. Influido por Jünger Habermas y la
Escuela de Frankfurt, Karp ha virado de un discurso que inicialmente
se entendía como “la izquierda de Palantir” a un pensamiento que
encuentra dos enemigos fundamentales.
En
primer lugar, los enemigos de lo que ellos llaman “Occidente”, es
decir, Rusia, Irán y, sobre todo, China. En segundo lugar, el
llamado “virus woke”, con el que la extrema derecha clasifica a
la izquierda defensora de los derechos humanos. Como resume Tesquet,
para Karp “las democracias están perdiendo una especie de guerra
de civilizaciones contra sus adversarios autoritarios, no porque
carezcan de talento, sino porque sus ingenieros se han vuelto
demasiado aprensivos como para poner sus habilidades al servicio del
poder militar”.
De
origen judío, el factor que ha disparado el discurso más violento
por parte de Karp ha sido el genocidio llevado a cabo por Israel en
Gaza, del que Palantir ha participado orgullosamente, como
ha confirmado el propio CEO de la empresa.
Los
asesinatos extrajudiciales son parte de los daños que la
civilización debe asumir, según la ideología expuesta por Karp,
que progresivamente bebe más de una fuente alemana radicalmente
distinta a las de Frankfurt, como es el pensamiento del jurista del
Tercer Reich Carl
Schmitt con respecto a la dicotomía amigo-enemigo en
la que se basan los Estados para su mayor prosperidad. En
un giro inusual, el manifiesto publicado en abril por Karp y Zamiska
hacía un guiño a las potencias del Eje en la II Guerra Mundial, en
su punto número 15: “El desarme de Alemania fue una corrección
excesiva por la que Europa ahora está pagando un alto precio. Un
compromiso similar y altamente teatral con el pacifismo japonés, si
se mantiene, también amenazará con cambiar el equilibrio de poder
en Asia”.
Como
ha concluido Olivier Tesquet, Palantir ocupa un puesto central en la
biopolítica del capitalismo tardío, decidiendo quién debe vivir
—incluso, siguiendo el credo de Thiel, qué tipo de seres
poshumanos deben sobrevivir a la especie homo
sapiens— y quién debe morir, en una apuesta por
la necropolítica difícil
de revertir. Para hacerlo, concluye Peirano, no basta con acabar con
la dependencia creciente que los Estados occidentales han adoptado
con respecto a Palantir, sino que será necesario destruir las bases
de datos acumuladas por esta compañía, una empresa que aspira a
crear una especie de Razón Tecnológica de Estado, una versión
acelerada y privada de las tendencias autoritarias latentes en las
democracias liberales.
Fuente:
El
Salto