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jueves, 1 de octubre de 2026

Porque sin escribir, la vida no es vidorra

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (1 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


He arrastrado como he podido las ganas de escribir con mi frecuencia apetecida mientras ponía en marcha mi trabajo sobre el Sáhara Occidental, que la editorial El Viejo Topo pondrá en las librerías -y yo entre mis incondicionales- a primeros de noviembre. Así que ha llegado el momento, de lanzar a la noosfera textos ya pergeñados y temáticas que me propulsen el pulso y animen mi ánimo, ya superado un verano criminal, cruel e inconsiderado, que incluso trata de prolongarse térmica y políticamente por las marcas astronómicas de un otoño que ya debiera compensarnos con treguas y relajamiento.

Todo esto a sabiendas, no obstante, de que serán escasos los avances, digamos técnicos, a esperar en mi escritura y temiéndome que no me quepa, a estas alturas, mucho más que consolidar los vicios -geometrismo formal en demasía, mucha oración subordinada, osadía temática innecesaria, pretensiones mediáticas inalcanzables, etcétera- de los que algunos de mis más generosos lectores me advierten y aperciben, sin que por mi parte sea capaz de cambiar en mucho o mejorar en nada (¿y qué le voy a hacer yo?).

Pero fiel a aquella inspiración (creo que era epicúrea) con la que un día mis hados protectores me asistieron haciéndome ver, y exaltándome yo, que la buena (¡ah!) literatura viene a ser el resumen de todas las ciencias, o sea, del conocimiento, témome que persistiré en mi escritura a despecho de seguir incurriendo en mis pertinaces pecados redaccionales, sean de estilo, sean de fondo. Por cierto que, cuando organizaba las actividades extraacadémicas en mi Escuela de Telecomunicación, y habiendo invitado un día al conocido historiador de la ciencia, José Manuel Sánchez Ron, físico él, al requerirle yo mismo por su opinión sobre esa representación literaria -tan seria y cuasi divina- del saber, para mi desolación y tras cautelosa pausa y mirada solar, me obsequió con un no rotundo, o sea, que el entusiasta objeto de aquella mi inspiración era erróneo (bueno, pero el equivocado era él, vaya que sí).

        De tal manera que la siguiente entrega consistirá en el recuerdo de aquello que los representantes (selectos, eximios, sabios, etcétera) de mi adorado pueblo lanzaron contra mí en esforzada efeméride, cuando la mayoría socialista municipal camelada por la ultraderecha (que es que tienen cada cosa) trató de despojarme de mi título de Hijo Predilecto de Águilas. Para lo que apelaré a la ironía del fusilamiento anunciado (sin la seguridad de que, conociendo el percal, la entiendan y mucho menos la aprecien); porque se acerca la conmemoración del primer año de “suspensión” de la sentencia y no veo que se mueva nada destinado para darle el carpetazo debido a aquel gesto tan poco heroico de “dejarlo sobre la mesa” (que hay que joderse qué ediles, qué ocurrencia y qué embolao)

Más adelante y de alguna manera relacionado con lo anterior (ya explicaré por qué) habré de salir al encuentro de las tres demandas, tres, previstas por ciertos admiradores, así como de las debilidades de mi Ayuntamiento, secuestrado por un enemigo del pueblo que, antes o después, tenía que habérselas conmigo.


ATTC, sociedad constructora e inmobiliaria, quiere demandar a Pedro Costa.

Hay en mi villa natal avispada gentecilla que pudo pensar que conseguía patente de corso haciéndome a mí, conocido y curtido defensor del pueblo frente a enemigos de todo jaez y pelaje, Hijo Predilecto, encontrándose con que mi interés por el lustre aguileño se acrecía precisamente con el honor recibido, lo que incluso me obligaba a abroncar a la digna (pero preocupante) Corporación.

Por lo que aprovecharé para advertir/recordar a quien corresponda que sigo siendo duro de roer, o sea, que no esperen paseo triunfal alguno sobre mis debilidades, fallos o descuidos, que en la escuela en la que he aprendido a parar zancadillas y sortear asechanzas me han salido escamas y caparazones a lo Testudo graeca, sí, esa que, pese a sus limitaciones, encuentra la forma de sobrevivir entre malezas y peñascales, dotada de defensas nada despreciables; algo parecido a aquella coraza de las invictas falanges macedónicas, imposible de traspasar por más que lo intentaran flechas, lanzas o aullidos atemorizadores. Que es con estas precauciones como debo responder a los ataques con un acero que espíritus de piel (demasiado) fina afilan para sajarme y demediarme, en virtud de mis periodísticas indagaciones y a causa de los marrones que emborronan a mi pueblo.

No dejaré en estos textos de honrar a mis amigos, sean estos de juventud (aunque sea con necrológica), o de agitaciones contemporáneas y encuentros inesperados, pero siempre gozosos, con seres de mismo o mayor recorrido, con los que ya me acostumbré, sobre la marcha, a detenerme y amistosear allá donde me surjan, que con la edad el derredor de afectos se desertiza, y hay que repoblarlo. Puro estilo nostálgico, evidentemente, al que tan proclive -y aun aficionado- he resultado ser.

Habrá conatos de, digamos, crítica literaria, bien sobre amigos escribidores, bien en cálida, incluso tierna, respuesta a los reflejos que desde autores alejados me alcanzan con sorprendente proximidad, porque son relatos que, requiriéndome desde el pasado, acabo por leer con fruición e interpretar fascinado.

No deberá faltar la cosa ecologista, por lo que he previsto no dejar inmune a la Confederación Hidrográfica del Segura, dilecta entre mis debilidades, volviendo a mortificarla por su devastadora política de “recuperación de riberas”, una canallada que contemplo con asombro que no lleva a prisión a ninguno de sus mandamases; debe de ser por la atenta protección (eminentemente archivadora) que les depara la fiscalía de Medio Ambiente.


La CHS asfixia impunemente la vida en las riberas del Segura.

Y algunas crónicas internacionales, claro, que esta es una de mis pasiones siempre cultivada, aunque en modo intermitente y semioculta. Me gusta recordar que descubrí el mundo y sus malpasos esperando mi turno en la barbería de Emilio Salas (que ya había pelado años antes a mi padre), ojeando el diario Pueblo con las noticias en primera de la pre-independencia de Argelia y sus convulsiones (corría 1962 y la radio del otro lado de la mar enviaba ininteligibles, pero apasionadas, cantinelas). No sé por qué ahora estoy recordando aquel episodio, cuando la Argelia colonial que había sido declarada años antes departamento francés tuvo que ser entregada a los argelinos y proceder a la evacuación de millones de colonos y urbanitas franceses que desde 1830 se habían instalado en un país que ni era suyo ni lo sería siempre. Esto provocó un cataclismo político que incluyó la sublevación militar del general Salan, jefe militar de Argelia, y la aparición de la organización terrorista OAS, que produjo innumerables asesinatos tanto de argelinos independentistas como de franceses que aceptaban la retirada; una muy seria crisis que el presidente De Gaulle, que estaba convencido y que lo tenía claro, resolvió con mano firme y sentido de la historia. (Ah, sí, de lo de Argelia me he acordado por lo de Ceuta y la hábil/diabólica política exterior de Marruecos, que acumula éxitos frente a España desde que dejamos aquel protectorado, le devolvimos Ifni y le regalamos el Sáhara).

Otro episodio que bulló durante años como vocación internacionalista expectante, y que me place evocar ahora, se me presentó cuando en el internado de León leí que el arzobispo católico de Saigón, cuñado del dictador-presidente de la República Democrática de Vietnam del Sur se empeñó en favorecer su fe contra el 90 por ciento de la población del país, que era budista (corría 1964 y empezaban los bonzos a inmolarse).

En el plano internacional será sin embargo Alemania la que primero merecerá mi atención, advirtiendo del mal camino que -una vez más- insiste en recorrer, para lo que siempre es recomendable leer o releer cómo fue y cómo se autodestruyó la República de Weimar, de cuyo accidentado discurrir vemos en nuestros días su reflejo pavoroso.


Alemania se rearma: nuevos pedidos de Eurofighter.

Y alguna crónica sobre Marruecos, faltaría más, y su tiránico régimen islámico, objeto de toda clase de mimos del Occidente democrático, de espléndidos valores judeocristianos... Sin que falten mis invectivas contra esos hijos de Yahvé que desde el otro lado del Mediterráneo se empeñan en seguir fieles a su dios y sus promesas por la vía de la acumulación obsesiva de crímenes que asustan a media Humanidad: me refiero, por si no caíais, al Estado de Israel, ilegítimo, ilegal y genocida. Escena internacional en la que introduciré -que no me puedo aguantar- el nefasto papel de España provocando sin motivo alguno a Rusia en los cielos (libres) del Báltico, siguiendo las instrucciones de sus verdaderos enemigos, los fanáticos de la OTAN.

Finalmente, trataré de rellenar con mis recuerdos aquel año 1976, el más crítico de la sacrosanta Transición y que yo viví (¿y cuál no, dímelo tú, peregrino odiseico siempre ávido de horizontes y de lo de más allá?) llenándolo de cosas y movimientos. Y con él cerraré la veintena, más uno, de los artículos de este cupo otoñal. Porque, en efecto, cincuenta años no son nada, y así lo han sido, poco más que nada: un mero discurrir raudo y con tropezones, nada del otro mundo aunque muy poco calmoso, en sobresaltos abundante y divinamente vivido, ya que no me han faltado, al punto, los favores de mis atentos protectores, olímpicos unos, terrenales los más y perplejos todos ellos, eso sí, por tener que acudir al quite de zozobras tan frecuentes.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Quiénes son los siloviki, los hombres de confianza de Putin

 

 Por Carlos Planells   
      Politólogo y profesor de Geografía e Historia, interesado en la historia y relaciones internacionales, especialmente de Europa Oriental, antigua Yugoslavia y espacio post-soviético.



Los siloviki forman parte del círculo de poder de Vladimir Putin y desempeñan un papel central en la política, la seguridad y la inteligencia de Rusia.

     Cuando escuchamos el nombre de Rusia, especialmente en clave política, aparece de manera indisociable la figura de Vladimir Putin. No obstante, el a priori omnipresente presidente de la Federación ha sabido, a lo largo de su dilatada trayectoria política, rodearse de un círculo de hombres de confianza que, en buena medida, manejan los entresijos de la política, la economía y la seguridad del país más extenso del planeta.

Este grupo es el de los llamados siloviki. ¿Quiénes son estos hombres? ¿De dónde surgen y cuál es su papel en la Rusia actual, especialmente en el conflicto militar en Ucrania?

Siloviki, los “ministros de la fuerza”

La palabra siloviki viene de sila, que significa “fuerza”. Por tanto, se considera a los siloviki como los “ministros de la fuerza” o los miembros de los “ministerios de la fuerza”; es decir, las agencias autorizadas a utilizar la violencia para responder a las amenazas a la seguridad nacional.

Dentro del mosaico de agencias que operan en Rusia en este ámbito destacan el Servicio Federal de Seguridad (FSB) –sucesor del KGB soviético–, el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) y el servicio de inteligencia militar de las Fuerzas Armadas (GRU), cada una de ellas con liderazgo, recursos e intereses diferentes.

Y es que, tras la disolución de la Unión Soviética en 1991 y durante la transición al capitalismo, la nueva democracia liberal rusa fue incapaz de crear un sistema de vigilancia parlamentaria sobre estos servicios de seguridad, que incluso fueron adquiriendo una autonomía cada vez mayor en sus actuaciones. Los mecanismos internos se mantuvieron intactos, lo cual dificulta hasta el día de hoy el control de sus actos por parte de actores independientes.

Algunos de los nombres más destacados de este grupo son Nikolái Pátrushev –secretario del Consejo de Seguridad de Rusia de 2008 a 2024–, Serguéi Narishkin –director del SVR–, Aleksandr Bórtnikov –director del FSB– o Serguéi Shoigú –ex ministro de Defensa y actual secretario del Consejo de Seguridad–.

Como se puede observar, muchos de ellos son miembros del Consejo de Seguridad de Rusia, órgano que toma, junto al presidente, las decisiones en materia de seguridad nacional y otros asuntos de interés estratégico. Algunos de ellos también ostentan cargos destacados en importantes empresas estatales.

Putin frente a los servicios de seguridad

Cuando Vladimir Putin asumió la presidencia de Rusia en el año 2000, heredó del mandato de Boris Yeltsin un panorama complejo en cuanto a los servicios de seguridad: la sustitución de las dos grandes agencias soviéticas (KGB y GRU) por un mosaico de órganos en una feroz competencia; la ausencia de un sistema democrático de control y rendición de cuentas; y el mantenimiento de las funciones, liderazgo y personal de la era soviética.

Es así que Putin –que, a priori, adoptó una posición conciliadora, pero se encontró con los servicios secretos volviendo a ganar influencia– optó por una estrategia basada en la complicación del panorama institucional mediante la creación de agencias que rivalizasen entre sí.

De esta forma, el presidente ruso ha logrado una consolidación de estos servicios secretos de forma limitada, principalmente a través del aumento de los recursos. No obstante, si bien desde 2014 el número de siloviki en puestos administrativos importantes se ha incrementado, Putin no ha tenido reparo en intervenir de manera puntual mediante el cese de ciertos cargos, como el de Sergei Ivanov como jefe de la Administración Presidencial en 2016.

La incorporación de los siloviki a estos cargos no se trata, por tanto, de un proyecto unificado, sino que es una consecuencia del reclutamiento de élites de Putin y la naturaleza personalista de Rusia.

Además, la confianza presidencial en estas figuras viene también dada como reacción a ciertos eventos que marcan un cambio de dirección en la política interior y exterior del Kremlin: la Primavera Árabe, las Revoluciones de Colores, las protestas de Moscú de 2012 o el conflicto en Ucrania han llevado a una mayor represión dentro del país y a una acción internacional más asertiva.


Un BMP-2 ruso durante la guerra en Osetia del Sur contra Georgia.

Así, Putin ha ido apartando a los tecnócratas de su círculo, pero también perdiendo confianza en algunos siloviki como resultado de su ineficiencia política, reduciendo el número de reuniones con estos; no obstante, ha mantenido un círculo cercano que comparte su visión gubernamental, prefiriendo trabajar con actores informales antes que con instituciones.

Las luchas por el poder

Lejos de la visión occidental que presenta a los siloviki como un grupo cohesionado, la realidad plantea un panorama mucho más complejo. Si bien se establecen como una facción del Kremlin diferenciada de los liberales y los tecnócratas, existe una jerarquía entre los siloviki, encontrándose en la cúspide los agentes del FSB. La ausencia de un líder y la falta de espacios de trabajo en común enfatizan este problema.

Cada una de estas agencias cuenta, además, con sus propios intereses –que raramente coinciden con los de sus competidoras–, conflictos internos y capacidad de adaptación.

Por ejemplo, mientras que desde 2022 el FSB ha adquirido más poder y ha reforzado el monopolio de la información que llega a la oficina presidencial con la deriva cada vez más autoritaria del régimen, el SVR ha enfrentado problemas de autoridad y liderazgo.

También existen tensiones intergeneracionales dentro de los siloviki, puesto que la primera generación tenía una percepción sobre sí misma de “nueva nobleza” que los más jóvenes no comparten, siendo menos probable que aporten ideas independientes o contrarias a Putin y asumiendo su dificultad para promocionar, lo que genera una desconfianza hacia los siloviki más veteranos que, además, se mantienen aún en sus cargos.

Es así que no coordinan sus acciones, sino que se da una competición entre grupos que sí comparten su interés en el statu quo, protegiéndose entre ellos de reformas que podrían amenazar los beneficios de los que gozan gracias a la corrupción política.

Por ejemplo, los siloviki orquestaron el caso Yukos, por el cual dicha petrolera fue absorbida por la empresas estatal Rosneft, siendo arrestado posteriormente su presidente, Mijaíl Jodorkovski, acusado de corrupción, cortando radicalmente sus posibles aspiraciones políticas.

Una visión común del mundo

A pesar de estas diferencias, hay varios puntos que los siloviki comparten. Un ejemplo es su educación diferenciada de la del resto de la sociedad. No obstante, uno de los elementos que más se destaca es su visión común de Rusia y del mundo basada en cuatro puntos:

  • La preferencia de un Estado altamente centralizado apoyado por grandes estructuras de seguridad que aplican la fuerza siguiendo la ley o al margen de la misma.

  • La cosmovisión de Rusia como nación amenazada por fuerzas externas, envidiosas de su riqueza natural y estatus de potencia.

  • La autopercepción de los siloviki como la única élite capaz de entender los peligros que enfrenta Rusia y articular una respuesta apropiada.

  • Su estrecha relación con la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Los siloviki también comparten algunos rasgos como la existencia de códigos de conducta y honor, la obediencia a los superiores, la lealtad y disciplina, el derecho a utilizar armas y la potestad para castigar a aquellos que infrinjan este código.

De estos puntos, el más influyente en la política exterior del país ha sido la idea de Rusia como nación amenazada por enemigos externos que buscan su caída. Esta se ha visto reforzada por los eventos mencionados previamente en este artículo, percibidos como muestras de “guerra híbrida” por parte de Estados Unidos en su afán por implantar regímenes políticos favorables en el espacio postsoviético.

Esto ha causado que los servicios de seguridad rusos se encuentren desde los años 2011 y 2012 en un “modo guerra”. Entre diferentes acciones de sabotaje en política exterior, se han llevado a cabo ciberoperaciones e injerencias en los Parlamentos occidentales, se ha integrado al grupo de mercenarios Wagner en el Africa Corps, se ha intervenido activamente en la guerra de Siria y se ha expulsado masivamente a personal de las embajadas rusas en Occidente al ser sospechosos de espionaje.

Por otra parte, en el interior, se han reprimido cada vez con más fuerza los mensajes disidentes, dando más poder al FSB en arrestos e investigaciones por corrupción a partir de la mayor deriva autoritaria del régimen, destruyendo centros independientes de la vida política y civil del país.

El papel de los siloviki en Ucrania

El conflicto que mayor ejemplifica lo expuesto en este artículo es el que tiene lugar en el este de Ucrania. La situación dada en el país vecino desde 2014 ha reforzado, por un lado, la narrativa rusa de la injerencia occidental y, por otro, ha expuesto algunos de los problemas de este modelo basado en los servicios de seguridad.

Sin ir más lejos, el FSB fue incapaz de predecir la crisis ucraniana, principalmente debido a su falta de interés en los movimientos sociales. Así, para justificar este fallo de la inteligencia rusa, se optó por culpar a Occidente, llevando a cabo una política más agresiva y basada en los siloviki, que tuvo su pico en la invasión de Crimea de 2014.

La propia operación en Crimea ejemplificó una mala gestión política de una operación militar competente, ya que la falta de agentes del FSB en la península hizo que Putin aumentara su confianza en personalidades del ultranacionalismo.


Calle principal de Bucha tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.

A partir de 2022, con la invasión a gran escala de Ucrania, se ha integrado al Grupo Wagner en el ejército, llevando a cabo también acciones de sabotaje en Europa por parte del GRU como respuesta a sus pérdidas en las fuerzas especiales. Otros cuerpos, como el SVR, se han adaptado de forma más irregular y descoordinada a este nuevo contexto.

Del mismo modo, desde la élite siloviki se ha fomentado una retórica ucranófoba, presentando a Ucrania como un concepto antiortodoxo. Quien ha tomado un papel destacado en este aspecto es Patrushev, negando activamente la existencia de una nación o pueblo ucranianos y relacionando al país con el fascismo y la injerencia estadounidense anti-Rusia, pensamiento compartido por un amplio sector de la esfera nacionalista panrusa.


Svetlana Tijanóvskaya, líder bielorrusa en el exilio en una comparecencia ante el Parlamento Europeo.

En suma, pese a los cambios experimentados en los últimos años, especialmente desde 2022, no parece que los servicios de inteligencia vayan a perder su relevancia en el corto plazo. Estos gozan de la confianza de Putin como instrumento de control interior y exterior, y tampoco se prevé una mejora de las relaciones con Occidente.


Kaja Kallas plantea una serie de exigencias maximalistas que Rusia debería aceptar para poder negociar una solución diplomática a la guerra en Ucrania junto a la Unión Europea.

El círculo de los siloviki próximo al presidente es, por su parte, cada vez más cerrado y restringido, quedando únicamente los más influyentes por su cercanía y por su visión compartida respecto a Occidente, y perdiendo paulatinamente la confianza en los hombres externos. Es así que la política exterior rusa es cada vez más riesgosa e impredecible, una tendencia que los expertos apuntan a que no va a revertirse próximamente.



Fuente: Descifrando la Guerra

martes, 15 de septiembre de 2026

Los tecnoligarcas desatan el pánico al apocalipsis IA

 

 Por Pablo Elorduy   
      Integrante del colectivo fundador de El Salto.


Las compañías estadounidenses Anthropic y Open AI agitan el fantasma de una inteligencia capaz de aniquilar a la especie humana. La ONU pide regulación a los Estados ante lo que parece una ofensiva contra los derechos humanos


Ejemplo de software de reconocimiento facial.


     Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, abrió la caja de Pandora el pasado sábado con un breve ensayo de 3.800 palabras. No ha sido el único barón de la IA que ha manifestado que el desarrollo acelerado de esa serie de tecnologías es potencialmente peligroso para la especie humana, pero su posición como CEO de una de las principales empresas del sector tecnomilitar asociado al Pentágono, ha hecho saltar las alarmas de los organismos internacionales y, también, pero por distintos motivos, de los mercados.


La máquina de los asesinatos en masa: Silicon Valley abraza la guerra.

Parte del aviso de Amodei viene asociado con una crítica a la principal empresa de la competencia, OpenAI. Su reflexión viene dada por el incidente de OpenAI-HuggingFace, que tuvo su primer episodio conocido en julio y que, en septiembre, volvió a ocupar los debates sobre la autonomía creciente de los sistemas algorítmicos, después de un ataque sin intermediación humana.


Inteligencia. Por Malagón.

El caso ha marcado un antes y un después, ya que cientos de “agentes” de inteligencia artificial de OpenAI salieron de sus entornos aislados y piratearon la empresa emergente de IA HuggingFace y llevaron a cabo ciberataques contra objetivos que no se les había pedido que atacaran. En un comienzo se estimaba que serían solo unos pocos agentes, pero el informe encargado por OpenAI evidencia que el ataque fue realizado por 700 de los 1.200. El trabajo de investigación, además, ha estado limitado por varias cortapisas impuestas por la empresa. 

La brecha de seguridad abierta por los agentes de OpenAI en HuggingFace ha sido un ejemplo de la capacidad de la IA actual para atacar una aplicación, pero, más importante que esto, también para ocultarlo. Aunque la Fiscalía de Alabama (EEUU) ha abierto una investigación, los expertos señalan las instituciones públicas no tienen la capacidad de comprender y, sobre todo, no tienen el mandato para investigar el ataque en su complejidad y se limitan a la investigación en casos de fraudes de consumo.


‘Ningún organismo gubernamental tiene el mandato ni la experiencia necesarios para investigar los detalles técnicos del incidente’.

El caso ha venido acompañado de una advertencia que ha resonado en todo el mundo. En el mes de septiembre, tres investigadores de Anthropic expresaron públicamente que existe una probabilidad superior al 10% de que la IA acabe con la humanidad en la próxima década. Uno de ellos, Jacob Coxon, dimitió por su rechazo a la construcción de “sistemas sobrehumanos” que, trabajando en enjambre, podrán desobedecer órdenes.

Este investigador de inteligencia artificial ha señalado que ni Open AI ni Anthropic, para la que trabajaba, actúa con responsabilidad: “Están corriendo a toda velocidad hacia la superinteligencia auto-mejorada y jugando con nuestras vidas”.

Coxon pone en juego el concepto de la “automejora recursiva”, uno de los elementos más intrigantes y, hasta cierto punto, amenazantes de la IA, que se basa en la idea de que la inteligencia artificial se perfeccione a sí misma de forma indefinida. Esto edificaría una IA cada vez más potente y ajena a cualquier control humano. 

De manera específica, se ha señalado el riesgo de que la IA cree armas biológicas desconocidas para la humanidad. Un artículo del lunes 14 de septiembre en The New York Times señala el riesgo de que la IA pueda acelerar el diseño de toxinas y virus. En esta ocasión, además de las empresas responsables (Anthropic), la alerta viene de expertos en bioseguridad. Un estudio hecho público en agosto por la revista Science llegaba a la conclusión de que las bases para el “diseño generativo de genomas más grandes y complejos” están puestas.

A pesar de que ninguna empresa ha llegado a ese punto en sus modelos de desarrollo, la idea de la "automejora recursiva” está detrás de todas las alarmas activadas por el sector y también del coro de tecnooligarcas que, comenzando por Amodei, Sam Altman (Open AI), Elon Musk (Grok), Satya Nadella (Microsoft), y Demis Hassabis (Google DeepMind), piden una ralentización en el desarrollo de sus productos para dotar al proceso de mayores garantías de seguridad.

Trump dobla la apuesta 

El lunes, el presidente de EEUU, Donald Trump, rechazó cualquier medida regulatoria bajo la premisa de que China se vería beneficiada de ese posible embridamiento: “¡El único control o ‘barreras de seguridad’ que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE (¡de alto coeficiente intelectual!), y EEUU lo tiene, ¡y de sobra! ¡La Administración Trump ha impedido que ‘personas’ de la IA hagan ‘cosas’ malas, o potencialmente malas, como Dario (¡Anthropic!), quien ahora finge ser un ‘angelito perfecto’ – y seguiremos haciéndolo! ¡Ya tenemos un tremendo poder CRIMINAL y REGULADOR sobre estas empresas!”, indicó el presidente en un mensaje de su red Truth Social.

Las declaraciones de Trump no son una excepción a la corriente general que invitan a la desregulación. El regreso del “cisne naranja” a la Casa Blanca estuvo acompañado de una ofensiva contra las medidas impuestas durante la administración de Joseph Biden.


Desde la crisis de 2008 a Trump.

A finales de enero de 2025, solo unos días después de asumir el cargo, Trump estableció una revisión de las políticas: “Debemos desarrollar sistemas de IA que estén libres de sesgos ideológicos o agendas sociales diseñadas”. Pese a que los compromisos de aceptar “supervisión de terceros” que han entonado ahora los barones de la tecnología ya existían en la etapa de Biden, el expresidente demócrata —al parecer influido por una de las películas de la saga Misión Imposible— estableció una Ley de Producción de Defensa contraria a los intereses financieros de Silicon Valley.

Los mercados financieros también han reaccionado mal a las proclamas de los tecnooligarcas. El lunes 14 se registraron caídas en las acciones vinculadas a la IA, concretamente en aquellas empresas como Sandisk, Intel, Micron o Nvidia dedicadas a la fabricación de memorias y chips. El ímpetu del sector de la inteligencia artificial depende de la creación constante de una promesa de crecimiento, tanto en la tecnología como en la infraestructura asociada. Actualmente, ni OpenAI ni Anthropic cotizan en bolsa.

Trump se refirió también a la construcción de centros de datos, una de las bases del negocio que es fruto de una creciente contestación a nivel global. El equivalente al “perfora, nena, perfora” con el que Trump dio carpetazo a los intentos de mitigación de la crisis climática en su campaña electoral de 2024 se ha traducido en esta ocasión en un llamamiento a territorios y comunidades estadounidenses: “Si quieren tener éxito y ser ricas, con impuestos mucho más bajos y empleos por todas partes, que reine el dominio de los datos”. Tras el discurso de Amodei, Trump asoció las críticas a la expansión de esta infraestructura a un complot: “¡Hay una conspiración ENFERMIZA en marcha contra la IA y los Centros de Datos, y el único que se alegra de ello es China”.

Críticas a las empresas

El lamento de Amodei no ha caído en saco roto en la esfera internacional. El lunes, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, levantaba la voz para denunciar que la IA pone en riesgo “todos” los derechos humanos, incluido el derecho a la vida, la alimentación, la privacidad, la salud y la seguridad.

“Poblaciones enteras podrían quedar aisladas del agua potable, la calefacción y los servicios financieros, y la IA con capacidad de gestión ya está acelerando el ritmo y el alcance de la guerra y erosionando las salvaguardias que nos protegen del lanzamiento de armas de destrucción masiva”, señala Turk en su misiva.

Haciéndose eco de las últimas polémicas, el relator de la ONU instó a los Estados a garantizar “una verificación independiente y técnicamente competente de las capacidades de los agentes, con acceso a modelos, documentación y entornos de prueba, y a exigir una debida diligencia continua en materia de derechos humanos”.

Como informa Common Dreams, varias fuentes en EEUU han clamado por una legislación clara que termine con la impunidad de facto de las mismas empresas que alertan de una IA fuera de control. El congresista demócrata Ro Khanna (California) señalaba a las empresas: “Si creas una IA que realiza actos ilegales, debes afrontar responsabilidades o sanciones penales”. Más claramente, el periodista David Sirota apuntaba la paradoja actual: “Si la ley hiciera explícitamente responsables financiera y penalmente a los directores ejecutivos de IA por cualquier destrucción masiva que creen sus tecnologías, y si los accionistas de la industria de la IA supieran que sus empresas se enfrentan a la amenaza de importantes pérdidas financieras por dicha destrucción, gran parte de la amenaza de que '¡la IA se está saliendo de control!' desaparecería instantáneamente”. 

En un post publicado este fin de semana, el investigador Richard Seymour, ponía en contexto el episodio Anthropic y recordaba que las “falsas amenazas desorientan tanto a la oposición como a la regulación”. Según Seymour: “En cierta medida, la burbuja de la IA estadounidense, al igual que la euforia por las criptomonedas en su momento, existe para absorber (y, en última instancia, destruir mediante una recesión) billones de dólares en capital excedente ante la falta de oportunidades de inversión suficientemente rentables en otros lugares. Es un pozo sin fondo de dinero, que consume cientos de miles de millones de dólares para obtener una fracción de los ingresos; sin embargo, el abanico de inversiones es limitado, y las afirmaciones grandilocuentes sobre el futuro poder descontrolado de los modelos son todo lo que la industria tiene para mostrar”.

Sin embargo, como refiere Seymour, el hecho de que las máquinas no tengan la capacidad destructiva que reclaman sus propietarios. Como resume: “Los problemas con la IA que no implican un dispositivo todopoderoso que se vuelva contra la humanidad son innumerables”.


Fuente: El Salto