Entre
Guadalajara y un pueblito de la Cuenca vaciada. Estudió Periodismo y
Antropología, forma parte de la redacción de CTXT.
La
comunidad internacional tolera impasible el exterminio en directo del
pueblo palestino, que ahora ha perdido incluso el foco mediático
Un niño herido por los bombardeos es atendido por sanitarios en Gaza, el 12 de noviembre de 2023. / Mohammed Zannoun.
1.000
días de genocidio. Cuatro palabras que encierran muchas décadas
de apartheid más
o menos silencioso, algún conflicto como respuesta a la resistencia
de un pueblo que no quiere ser aniquilado y, sobre todo, una forma de
relacionarse con el mundo muy propia de quienes hoy soplan un millar
de velas por cada noche que se han ido a dormir siendo plenamente
conscientes de que se está cometiendo una limpieza étnica con su
complicidad.
Las
autoridades palestinas cifran en más de 73.000 las personas
asesinadas por el sionismo que encabeza Benjamin Netanyahu, mientras
que la cifra de heridos y heridas ronda los 173.500. Los ataques de
Israel han obligado a huir de sus hogares a 1,9 millones de gazatíes,
alrededor del 85% de la población total de la Franja de Gaza, que en
2023 se estimaba en unos 2,2 millones de habitantes. Y, con el paso
de los meses y los años, la ofensiva se ha ido expandiendo sin pudor
ni consecuencias hacia otros lugares como Cisjordania o Líbano. La
realidad es que el número de víctimas difícilmente se sabrá con
exactitud, pero nadie con un mínimo de información sobre el tema
duda de que la cantidad de personas masacradas supera por mucho las
cifras oficiales. Ya en septiembre de 2025, Francesca Albanese
–relatora de la ONU sobre los territorios palestinos ocupados–
advertía de que la cifra real de muertes podría rondar los 680.000.
CTXT
ha mantenido durante todo este tiempo una cobertura fija del
genocidio en su portada y ha ofrecido información de primera mano
gracias al periodista gazatí Mahmoud Mushtaha. El 29 de octubre de
2023 publicamos su
primera ‘Crónica desde el infierno’,
y desde ese momento Mushtaha escribió con regularidad para contar al
mundo lo que se estaba viviendo en Gaza.
Los sueños se han convertido en escombros.
Meses después, en abril de
2024, consiguió
huir de allí y
pudo retirarse a escribir
su libro, Sobrevivir
al genocidio en Gaza,
un testimonio inigualable del sufrimiento que supone un intento de
exterminio.
Emprendí un viaje desesperado. Mi plan es llegar a España para trabajar en CTXT, pero mi mayor preocupación es conseguir que los míos puedan abandonar también Gaza.
Sobrevivir al genocidio en Gaza. Mahmoud Mushtaha.
Eficacia
inhumana
El
7 de octubre de 2023, tras el ataque de Hamás, Israel desató sobre
Palestina todo su potencial destructivo. Lo hizo abiertamente, sin
ambages, porque más de siete décadas de deshumanización
sistemática del
pueblo palestino lo hicieron posible.
La deshumanización de los palestinos por parte de la sociedad israelí ya es absoluta.
Yoav Gallant, entonces ministro
de Defensa, les calificó de “animales humanos” apenas unos días
después de aquel 7 de octubre. Desde ese momento, la limpieza étnica
se ha desarrollado siguiendo criterios de productividad y eficacia
propios de la fabricación en masa capitalista.
La
frialdad distópica del sionismo quedó rápidamente
plasmada en ‘Lavender’,
un sistema informático que utiliza la Inteligencia Artificial para
configurar listas de objetivos para el ejército israelí.
‘Lavender’: la máquina de IA que dirige los bombardeos de Israel en Gaza.
Las
primeras fases del genocidio estuvieron regidas casi exclusivamente
por este software que,
según fuentes del servicio de inteligencia de Israel, falla en
alrededor del 10% de los casos y puede marcar objetivos que no tienen
conexión en absoluto con grupos como Hamás.
En
estos casi tres años, las investigaciones han arrojado luz sobre la
miseria moral israelí, cuya inhumanidad alcanza cotas del todo
inimaginables. Más allá de la utilización de tecnologías de
muerte sin apenas supervisión, el ejército ha puesto en práctica
estrategias de exterminio que traspasan todos los límites. Una de
las más crueles es la de los
ataques de “doble golpe”,
que consiste en volver a bombardear una zona ya arrasada con poco
tiempo de diferencia para asesinar a quienes hayan acudido a socorrer
a las personas heridas.
Ataques aéreos de “doble golpe”: así impide Israel los rescates en Gaza.
Otra
de las prácticas desveladas por fuentes del ejército israelí
certifica la completa despreocupación por las víctimas civiles.
Cuando no es posible identificar la ubicación exacta de algún
militante de Hamás, la solución es autorizar la matanza de civiles
hasta “cifras de tres números” y gasear
los túneles en
los que puede haber gente escondida.
Bombardear la zona, gasear los túneles: la guerra desenfrenada de Israel contra el subsuelo de Gaza.
Mayor
ensañamiento y obscenidad mostraron las FDI en marzo de 2025,
cuando asesinaron
a sangre fría a
un equipo de rescate de la Media Luna Roja y de Defensa Civil.
La muerte “lenta y silenciosa” en los hospitales de Gaza.
Los
cuerpos aparecieron maniatados y mutilados, aún con los uniformes
sanitarios puestos. La OMS cifra en más de 1.700 los y las
trabajadoras sanitarias asesinadas en Palestina entre octubre de 2023
y diciembre de 2025. Además, la Oficina de Medios de Comunicación
de Gaza denuncia la destrucción de 34 hospitales, 240 instalaciones
sanitarias y 142 ambulancias; un desmoronamiento provocado del
sistema de salud que conlleva inevitablemente muertes que deberían
sumarse al saldo genocida de Israel, aunque no se hayan producido
directamente a manos del ejército.
La
información también está siendo masacrada
Este
genocidio presenta una característica muy diferencial que, a priori,
debería imposibilitar la impunidad con la que se está
cometiendo. Se trata de la retransmisión en directo, y para todo el
planeta, incluso de las mayores atrocidades cometidas por el régimen
de Benjamin Netanyahu. Si bien el trabajo minucioso de
adoctrinamiento llevado a cabo, al menos, desde los años cuarenta
del siglo pasado, predispone a la población israelí a mirar para
otro lado, cuando las imágenes llegan hasta el último rincón del
mundo hay que hacer mucho más que eso. De ahí el esfuerzo
propagandístico y censor de Israel.
El
atentado de Hamás el 7 de octubre de 2023 sirvió como caldo de
cultivo a innumerables bulos que demonizaron al extremo no solo a
dicha organización, sino a toda la sociedad palestina. De hecho,
varias organizaciones se dedicaron expresamente a inventar y expandir
desinformación, siempre beneficiosa para las intenciones genocidas
del sionismo. Bebés decapitados, familias torturadas y otras muchas
historias fabricadas para ser especialmente desagradables e
impactantes. El culmen de la operación llegó con la publicación
del vídeo ‘Testigos de la masacre del 7 de octubre’, que
muestra, durante casi 50 minutos, atrocidades, una detrás de otra,
sin contexto ni censura para evitar imágenes sensibles. La
estrategia fue un éxito: el entonces secretario de Estado
estadounidense Antony Blinken reprodujo
una de estas falsedades como
argumento contra un posible alto el fuego, en una sesión del Senado
de EEUU el 31 de octubre de aquel año.

Yossi Landau, director de operaciones de ZAKA en la región sur de Israel, contando el falso relato sobre la matanza en el kibutz Beeri.
Según
cifras del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ),
hasta el 11 de junio de 2026 Israel había asesinado al menos a 263
trabajadores y trabajadoras de los medios de comunicación. La propia
organización define como pendiente de confirmación el fallecimiento
de otros 130 y califica el genocidio palestino como el evento más
letal para la profesión periodística desde 1992, año en el que
empezó a recoger información al respecto.
Casos
como el
de Issam Abdallah demuestran
que, lejos de ser algo accidental, la maquinaria de muerte de
Netanyahu tiene a los y las periodistas como objetivo prioritario.
Ismail Abu Hatab resultó herido mientras cubría como periodista el ataque a la torre Al-Ghafry.
Abdallah, que trabajaba para la agencia Reuters, fue asesinado por el
ejército israelí mientras vestía su chaleco identificativo de
prensa en Líbano. La zona en la que se encontraba había sido
sobrevolada por helicópteros de las FDI durante 46 minutos, lo que
certifica que los dos obuses fueron disparados deliberadamente para
intentar acabar con su vida y la de seis colegas que se encontraban
con él.
Hay
voces dentro del ejército que reconocen la existencia de un “impulso
obsesivo por controlar el discurso público” y
“una cultura organizativa basada en el engaño”. Tanto el
Gobierno como la fuerzas armadas pusieron en marcha un entramado de
organizaciones, pseudomedios de comunicación y perfiles de redes
sociales para tener el dominio de lo que se dice sobre el genocidio.
El
hambre, la sed y las enfermedades llegan a donde las bombas no
alcanzan
La
población palestina está siendo exterminada. Es la única
conclusión viable tras comprobar que, además de los bombardeos y
los disparos cada vez más indiscriminados, Israel se está afanando
en matar de hambre, sed y enfermedades a todos y todas las habitantes
de Gaza. De hecho, la Comisión Internacional Independiente de
Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado ha
presentado un informe muy
detallado en el que respalda la definición de genocidio.
Una comisión de investigación de la ONU concluye que Israel comete genocidio.
Según
Médicos Sin Fronteras,
para agosto de 2025 ya se habían dañado dos de las tres vías de
llegada de agua a la Franja, provocando que alrededor de un 70% del
agua que circula a través de ellas se pierda por las fugas. Además,
más del 60% de las desalinizadoras gestionadas por el sector público
y las ONG ya no funcionan por los destrozos causados.
El
hambre se ha convertido en una de las principales armas sionistas.
Los bloqueos sistemáticos de la ayuda humanitaria desde el
inicio del genocidio tienen como objetivo la inanición de la
población gazatí, y lo están logrando. De nuevo Médicos Sin
Fronteras pone datos a la catástrofe: más del 25% de las criaturas
menores de cinco años y de las mujeres embarazadas o en periodo de
lactancia sufren
desnutrición aguda.
Huda Abu Al-Naja, de 12 años, recibe tratamiento por desnutrición en el Hospital Nasser de Gaza, el 25 de junio de 2025.
La carencia de alimentos se ceba especialmente con las personas más
débiles y con los niños y las niñas. Quienes sufren alguna
enfermedad empeoran con gravedad y las infancias quedan cercenadas
por la muerte. Existen ejemplos descorazonadores como el de una niña
de 12 años con celiaquía que murió de desnutrición por no poder
recibir alimentos sin gluten ni el tratamiento adecuado. En los dos
primeros años de genocidio, hasta octubre de 2025, la Comisión
Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el
Territorio Palestino Ocupado ha registrado 151 muertes de niños y
niñas por desnutrición.
Quienes
no fallecen por la falta de alimentos son tiroteados mientras acuden
desesperadamente a por algo con lo que llenar sus estómagos y los de
sus familias. La
“masacre de la harina” es
uno de los episodios más funestos de estos 1.000 días de limpieza
étnica, con más de 110 asesinados en la madrugada del 29 de febrero
de 2024 cuando trataban de alcanzar algo de harina de un convoy de
abastecimiento en el norte de Gaza.
Los supervivientes de la ‘masacre de la harina’ describen el ataque israelí como “indiscriminado”.
La
sed, la desnutrición y las paupérrimas condiciones de vida son un
caldo de cultivo excepcional para infecciones y enfermedades de todo
tipo. La destrucción de los centros sanitarios y el bloqueo de los
suministros médicos culmina la operación. El Ministerio de Salud de
Gaza advirtió en mayo de 2026 de que el 47% de los medicamentos
esenciales, el 59% de los suministros médicos y el 87% de los
materiales para pruebas de laboratorio están agotados.
En
cifras de la ONU,
desde enero hasta abril de 2026 se registraron más de 70.000 casos
de enfermedades relacionadas con las malas condiciones de los
campamentos en Gaza; y más del 80% de estos campamentos de
desplazados presentan plagas visibles e infecciones de la piel como
sarna, piojos o chinches. Todas estas afecciones van deteriorando la
salud de la población y pueden ser responsables directas de muchas
muertes.
La
inacción cómplice de los gobiernos del mundo…
La
humanidad lleva 1.000 días viendo un genocidio ante sus ojos; es
innegable que sabemos lo que está ocurriendo. Evidentemente, la
responsabilidad de la ciudadanía no puede equipararse en ningún
caso a la que tienen quienes ocupan puestos con capacidad de
decisión, que son los principales culpables de que todo esto siga
ocurriendo.
En
todos estos meses ha habido algunos posicionamientos y ciertas
decisiones que, visto el impacto que han tenido, no pasan de
meramente estéticas. Por ejemplo, en noviembre de 2024 la Corte
Penal Internacional emitió orden de arresto contra Benjamin
Netanyahu y Yoav Gallant, ex ministro de Defensa. Más de un año y
medio después, esto no se ha traducido en nada.
La
República de Sudáfrica abrió un camino de oposición simbólica al
genocidio que algunos Estados, como España, han ido siguiendo. Su
querella contra Israel por
la vulneración de la Convención para Prevención y Sanción del
delito de Genocidio de Naciones Unidas supuso un cierto despertar
internacional que, de nuevo, no se ha traducido en nada contundente
más allá de lo discursivo.
Los herederos de Mandela hacen historia en La Haya.
Cuando
mejor se ha podido detectar la radical impunidad con la que actúa el
Estado de Israel ha sido durante los supuestos acuerdos de alto el
fuego alcanzados. El primero, el 15 de enero de 2025, no impidió al
sionismo asesinar con francotiradores al menos a tres palestinos solo
cinco días después de firmar la tregua. Este acuerdo se terminó el
18 de marzo, cuando Israel decidió romperlo unilateralmente con un
bombardeo sorpresa sobre Gaza que se cobró más de 400 vidas, más
de la mitad de las cuales eran mujeres, niños y niñas.
Meses
después, en octubre, Donald Trump anunció un plan para terminar con
“la guerra”. Si bien entró en vigor el día 9, Israel no ha
dejado de asesinar a población palestina en ningún momento. De
hecho, desde esa fecha se han reportado más
de 750 víctimas mortales a
manos del sionismo, además de múltiples bombardeos.
La farsa del alto el fuego en Gaza.
Más
allá de los ataques directos, Netanyahu sigue profundizando en el
régimen de apartheid con
medidas como la
aprobación de la pena de muerte solo para palestinos en
los territorios ocupados de Cisjordania.
Protestas en Cisjordania tras la aprobación de la pena de muerte para los palestinos en el Parlamento israelí.
…
y
los intentos de la sociedad civil por evitarlo
Los
pocos posicionamientos institucionales que se han podido ver en los
últimos meses están claramente impulsados por un contexto social
cada vez más movilizado. En el transcurso de estos 1.000 días, las
protestas contra el genocidio han desbordado el ámbito de las
organizaciones más politizadas, o específicamente dedicadas a la
cuestión palestina, y se han instalado en una parte significativa de
la sociedad. La asistencia a las manifestaciones en apoyo a Gaza ha
ido creciendo y ha dado paso a acciones más sólidas y con mayor
incidencia.
Posiblemente
la más mediática haya sido la Global Sumud Flotilla. En agosto de
2025 empezó a configurarse una
flota de barcos de todo el mundo que
pusieron rumbo a Gaza para tratar de romper el bloqueo sionista.
Si esta flotilla no llega a Gaza habrá que preparar la siguiente.
La
misión terminó el 3 de octubre con el arresto de las 462 personas
voluntarias que viajaban a bordo de las 42 embarcaciones, que habían
sido previamente atacadas con drones. El pasado mes de marzo se
volvió a intentar, con 3.000 personas participantes en más de 100
embarcaciones, y el resultado fue el mismo: Israel interceptó la
flota y detuvo a los y las tripulantes, en ambas ocasiones con malos
tratos y torturas incluidos.
Las
universidades también se volcaron en la lucha antisionista siguiendo
el ejemplo de la
neoyorquina Universidad de Columbia.
Allí, las movilizaciones y las acampadas en el recinto contagiaron a
otras universidades de EEUU y del resto del mundo.
Agentes de policía en el campamento propalestina de la Universidad de Columbia, Nueva York.
En España fue
especialmente exitosa la convocatoria en la Universidad
Complutense de Madrid,
que llegó a acumular más de 500 tiendas de campaña durante 31
días, entre mayo y junio de 2024.
Acampadas estudiantiles en protesta por el genocidio de Gaza en la Universidad Complutense de Madrid.
Poco
más de un año después, activistas
proPalestina lograron interrumpir la Vuelta Ciclista a España en
protesta por la participación de un equipo israelí, lo que
demuestra que la movilización sigue activa a pesar de la inacción
institucional.
Etapa Palestina. Por Acacio Puig.
La
respuesta de los gobiernos está dejando ver las costuras de un
sistema podrido, que prefiere blindar a un genocida antes que poner
en riesgo intereses económicos y estratégicos. En el Reino Unido,
por ejemplo, el dimitido primer ministro Keir Starmer intentó
clasificar a Palestine Action como una organización terrorista.
Palestine Action entra en un limbo tras su victoria legal contra el gobierno británico.
La dinámica es compartida en todo el mundo, y el Estado español no
se salva por mucho que parezca haberse colocado como punta de lanza
del antisionismo: la
extrema violencia mostrada por la Ertzaintza contra
activistas de la Global Sumud Flotilla en el aeropuerto de Bilbao
borra cualquier declaración institucional a favor de los derechos
del pueblo palestino.
Un momento de la carga de la Ertzaintza contra los activistas de la Global Sumud Flotilla en el aeropuerto de Bilbao.
Alemania
es, quizá, el país europeo más claramente inclinado en favor de
Netanyahu; y allí, en la región de Hesse, el partido conservador
CDU ha presentado un proyecto de ley que sancionará a quienes
nieguen el derecho a existir del Estado de Israel.
En
1.000 días, el proyecto genocida sionista ha ofrecido una infinidad
de pruebas que demuestran hasta dónde es capaz de llegar la
mentalidad colonialista. En 1.000 días, todo el Norte Global –que,
desgraciadamente, son quienes tienen la capacidad de detener esta
masacre– ha aceptado, protegido o promovido un exterminio
retransmitido en directo, certificando que comparte esa
mentalidad. Lo
que ocurre en Gaza es solo un adelanto de
lo que ocurrirá en otros lugares del mundo cuando el declive de la
hegemonía capitalista occidental y el colapso climático vayan
provocando crisis cada vez más agudas.
Gaza, Israel, exterminio. Por Pedripol.
Fuente: Ctxt