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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Quiénes son los siloviki, los hombres de confianza de Putin

 

 Por Carlos Planells   
      Politólogo y profesor de Geografía e Historia, interesado en la historia y relaciones internacionales, especialmente de Europa Oriental, antigua Yugoslavia y espacio post-soviético.



Los siloviki forman parte del círculo de poder de Vladimir Putin y desempeñan un papel central en la política, la seguridad y la inteligencia de Rusia.

     Cuando escuchamos el nombre de Rusia, especialmente en clave política, aparece de manera indisociable la figura de Vladimir Putin. No obstante, el a priori omnipresente presidente de la Federación ha sabido, a lo largo de su dilatada trayectoria política, rodearse de un círculo de hombres de confianza que, en buena medida, manejan los entresijos de la política, la economía y la seguridad del país más extenso del planeta.

Este grupo es el de los llamados siloviki. ¿Quiénes son estos hombres? ¿De dónde surgen y cuál es su papel en la Rusia actual, especialmente en el conflicto militar en Ucrania?

Siloviki, los “ministros de la fuerza”

La palabra siloviki viene de sila, que significa “fuerza”. Por tanto, se considera a los siloviki como los “ministros de la fuerza” o los miembros de los “ministerios de la fuerza”; es decir, las agencias autorizadas a utilizar la violencia para responder a las amenazas a la seguridad nacional.

Dentro del mosaico de agencias que operan en Rusia en este ámbito destacan el Servicio Federal de Seguridad (FSB) –sucesor del KGB soviético–, el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) y el servicio de inteligencia militar de las Fuerzas Armadas (GRU), cada una de ellas con liderazgo, recursos e intereses diferentes.

Y es que, tras la disolución de la Unión Soviética en 1991 y durante la transición al capitalismo, la nueva democracia liberal rusa fue incapaz de crear un sistema de vigilancia parlamentaria sobre estos servicios de seguridad, que incluso fueron adquiriendo una autonomía cada vez mayor en sus actuaciones. Los mecanismos internos se mantuvieron intactos, lo cual dificulta hasta el día de hoy el control de sus actos por parte de actores independientes.

Algunos de los nombres más destacados de este grupo son Nikolái Pátrushev –secretario del Consejo de Seguridad de Rusia de 2008 a 2024–, Serguéi Narishkin –director del SVR–, Aleksandr Bórtnikov –director del FSB– o Serguéi Shoigú –ex ministro de Defensa y actual secretario del Consejo de Seguridad–.

Como se puede observar, muchos de ellos son miembros del Consejo de Seguridad de Rusia, órgano que toma, junto al presidente, las decisiones en materia de seguridad nacional y otros asuntos de interés estratégico. Algunos de ellos también ostentan cargos destacados en importantes empresas estatales.

Putin frente a los servicios de seguridad

Cuando Vladimir Putin asumió la presidencia de Rusia en el año 2000, heredó del mandato de Boris Yeltsin un panorama complejo en cuanto a los servicios de seguridad: la sustitución de las dos grandes agencias soviéticas (KGB y GRU) por un mosaico de órganos en una feroz competencia; la ausencia de un sistema democrático de control y rendición de cuentas; y el mantenimiento de las funciones, liderazgo y personal de la era soviética.

Es así que Putin –que, a priori, adoptó una posición conciliadora, pero se encontró con los servicios secretos volviendo a ganar influencia– optó por una estrategia basada en la complicación del panorama institucional mediante la creación de agencias que rivalizasen entre sí.

De esta forma, el presidente ruso ha logrado una consolidación de estos servicios secretos de forma limitada, principalmente a través del aumento de los recursos. No obstante, si bien desde 2014 el número de siloviki en puestos administrativos importantes se ha incrementado, Putin no ha tenido reparo en intervenir de manera puntual mediante el cese de ciertos cargos, como el de Sergei Ivanov como jefe de la Administración Presidencial en 2016.

La incorporación de los siloviki a estos cargos no se trata, por tanto, de un proyecto unificado, sino que es una consecuencia del reclutamiento de élites de Putin y la naturaleza personalista de Rusia.

Además, la confianza presidencial en estas figuras viene también dada como reacción a ciertos eventos que marcan un cambio de dirección en la política interior y exterior del Kremlin: la Primavera Árabe, las Revoluciones de Colores, las protestas de Moscú de 2012 o el conflicto en Ucrania han llevado a una mayor represión dentro del país y a una acción internacional más asertiva.


Un BMP-2 ruso durante la guerra en Osetia del Sur contra Georgia.

Así, Putin ha ido apartando a los tecnócratas de su círculo, pero también perdiendo confianza en algunos siloviki como resultado de su ineficiencia política, reduciendo el número de reuniones con estos; no obstante, ha mantenido un círculo cercano que comparte su visión gubernamental, prefiriendo trabajar con actores informales antes que con instituciones.

Las luchas por el poder

Lejos de la visión occidental que presenta a los siloviki como un grupo cohesionado, la realidad plantea un panorama mucho más complejo. Si bien se establecen como una facción del Kremlin diferenciada de los liberales y los tecnócratas, existe una jerarquía entre los siloviki, encontrándose en la cúspide los agentes del FSB. La ausencia de un líder y la falta de espacios de trabajo en común enfatizan este problema.

Cada una de estas agencias cuenta, además, con sus propios intereses –que raramente coinciden con los de sus competidoras–, conflictos internos y capacidad de adaptación.

Por ejemplo, mientras que desde 2022 el FSB ha adquirido más poder y ha reforzado el monopolio de la información que llega a la oficina presidencial con la deriva cada vez más autoritaria del régimen, el SVR ha enfrentado problemas de autoridad y liderazgo.

También existen tensiones intergeneracionales dentro de los siloviki, puesto que la primera generación tenía una percepción sobre sí misma de “nueva nobleza” que los más jóvenes no comparten, siendo menos probable que aporten ideas independientes o contrarias a Putin y asumiendo su dificultad para promocionar, lo que genera una desconfianza hacia los siloviki más veteranos que, además, se mantienen aún en sus cargos.

Es así que no coordinan sus acciones, sino que se da una competición entre grupos que sí comparten su interés en el statu quo, protegiéndose entre ellos de reformas que podrían amenazar los beneficios de los que gozan gracias a la corrupción política.

Por ejemplo, los siloviki orquestaron el caso Yukos, por el cual dicha petrolera fue absorbida por la empresas estatal Rosneft, siendo arrestado posteriormente su presidente, Mijaíl Jodorkovski, acusado de corrupción, cortando radicalmente sus posibles aspiraciones políticas.

Una visión común del mundo

A pesar de estas diferencias, hay varios puntos que los siloviki comparten. Un ejemplo es su educación diferenciada de la del resto de la sociedad. No obstante, uno de los elementos que más se destaca es su visión común de Rusia y del mundo basada en cuatro puntos:

  • La preferencia de un Estado altamente centralizado apoyado por grandes estructuras de seguridad que aplican la fuerza siguiendo la ley o al margen de la misma.

  • La cosmovisión de Rusia como nación amenazada por fuerzas externas, envidiosas de su riqueza natural y estatus de potencia.

  • La autopercepción de los siloviki como la única élite capaz de entender los peligros que enfrenta Rusia y articular una respuesta apropiada.

  • Su estrecha relación con la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Los siloviki también comparten algunos rasgos como la existencia de códigos de conducta y honor, la obediencia a los superiores, la lealtad y disciplina, el derecho a utilizar armas y la potestad para castigar a aquellos que infrinjan este código.

De estos puntos, el más influyente en la política exterior del país ha sido la idea de Rusia como nación amenazada por enemigos externos que buscan su caída. Esta se ha visto reforzada por los eventos mencionados previamente en este artículo, percibidos como muestras de “guerra híbrida” por parte de Estados Unidos en su afán por implantar regímenes políticos favorables en el espacio postsoviético.

Esto ha causado que los servicios de seguridad rusos se encuentren desde los años 2011 y 2012 en un “modo guerra”. Entre diferentes acciones de sabotaje en política exterior, se han llevado a cabo ciberoperaciones e injerencias en los Parlamentos occidentales, se ha integrado al grupo de mercenarios Wagner en el Africa Corps, se ha intervenido activamente en la guerra de Siria y se ha expulsado masivamente a personal de las embajadas rusas en Occidente al ser sospechosos de espionaje.

Por otra parte, en el interior, se han reprimido cada vez con más fuerza los mensajes disidentes, dando más poder al FSB en arrestos e investigaciones por corrupción a partir de la mayor deriva autoritaria del régimen, destruyendo centros independientes de la vida política y civil del país.

El papel de los siloviki en Ucrania

El conflicto que mayor ejemplifica lo expuesto en este artículo es el que tiene lugar en el este de Ucrania. La situación dada en el país vecino desde 2014 ha reforzado, por un lado, la narrativa rusa de la injerencia occidental y, por otro, ha expuesto algunos de los problemas de este modelo basado en los servicios de seguridad.

Sin ir más lejos, el FSB fue incapaz de predecir la crisis ucraniana, principalmente debido a su falta de interés en los movimientos sociales. Así, para justificar este fallo de la inteligencia rusa, se optó por culpar a Occidente, llevando a cabo una política más agresiva y basada en los siloviki, que tuvo su pico en la invasión de Crimea de 2014.

La propia operación en Crimea ejemplificó una mala gestión política de una operación militar competente, ya que la falta de agentes del FSB en la península hizo que Putin aumentara su confianza en personalidades del ultranacionalismo.


Calle principal de Bucha tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.

A partir de 2022, con la invasión a gran escala de Ucrania, se ha integrado al Grupo Wagner en el ejército, llevando a cabo también acciones de sabotaje en Europa por parte del GRU como respuesta a sus pérdidas en las fuerzas especiales. Otros cuerpos, como el SVR, se han adaptado de forma más irregular y descoordinada a este nuevo contexto.

Del mismo modo, desde la élite siloviki se ha fomentado una retórica ucranófoba, presentando a Ucrania como un concepto antiortodoxo. Quien ha tomado un papel destacado en este aspecto es Patrushev, negando activamente la existencia de una nación o pueblo ucranianos y relacionando al país con el fascismo y la injerencia estadounidense anti-Rusia, pensamiento compartido por un amplio sector de la esfera nacionalista panrusa.


Svetlana Tijanóvskaya, líder bielorrusa en el exilio en una comparecencia ante el Parlamento Europeo.

En suma, pese a los cambios experimentados en los últimos años, especialmente desde 2022, no parece que los servicios de inteligencia vayan a perder su relevancia en el corto plazo. Estos gozan de la confianza de Putin como instrumento de control interior y exterior, y tampoco se prevé una mejora de las relaciones con Occidente.


Kaja Kallas plantea una serie de exigencias maximalistas que Rusia debería aceptar para poder negociar una solución diplomática a la guerra en Ucrania junto a la Unión Europea.

El círculo de los siloviki próximo al presidente es, por su parte, cada vez más cerrado y restringido, quedando únicamente los más influyentes por su cercanía y por su visión compartida respecto a Occidente, y perdiendo paulatinamente la confianza en los hombres externos. Es así que la política exterior rusa es cada vez más riesgosa e impredecible, una tendencia que los expertos apuntan a que no va a revertirse próximamente.



Fuente: Descifrando la Guerra

lunes, 21 de septiembre de 2026

Las elecciones en Rusia, ante al agotamiento por la guerra y las acusaciones de fraude

 

      Periodismo, comunicación y transporte. Autor en Descifrando la Guerra.



Las elecciones de Rusia, de carácter legislativo, se celebran en un marco complejo que combina sospechas de fraude y críticas por la guerra.

     La situación antes de las elecciones en Rusia de 2026 es diferente a la situación que vivió el país tras el inicio de la guerra. Moscú inició una guerra con un objetivo que no pudo cumplir: destituir al Gobierno ucraniano y hacerse con el Dombás en cuestión de horas. La no consecución de los objetivos inmediatos derivó en una guerra de larga duración que se encuentra en situación de estancamiento. 

A cambio de no haber cumplido los objetivos y de iniciar una guerra, el Gobierno ruso aseguró y reforzó el contrato social trabajando en no trasladar las consecuencias del conflicto a la ciudadanía. Los combates se llevaron a cabo en zonas lejanas a la guerra, se consiguieron evadir las sanciones a través de terceros países y de métodos de ingeniería fiscal, se rompió el aislamiento recurriendo a instituciones internacionales disidentes como los BRICS… 

Toda una suerte de medidas de enorme ingenio consiguió hacer ver que la guerra, al principio, era una cosa necesaria pero lejana. Pero la situación cambió con el paso del tiempo. Ucrania se adentró militarmente en territorio ruso y Kursk fue ocupada.


En verde, los avances ucranianos tras llevar a cabo la incursión en Kursk, Rusia, a día 8 de agosto de 2024.

Varios ataques de Kiev alcanzaron Irkutsk, a 2000 kilómetros de la frontera. Más tarde, los drones ucranianos comenzaron a golpear las dos mayores ciudades de Rusia y las consecuencias ya se ven en los mayores negocios en línea del país, que son un blanco ucraniano.


El segundo mayor minorista en línea de Rusia, objetivo de los ataques en Ucrania.

Como medida defensiva, ya que los drones ucranianos funcionan utilizando internet y red GPS, este año el Gobierno ha llevado a cabo varios cortes de la red de internet móvil en San Petersburgo. En Moscú, la señal GPS de los teléfonos móviles no funciona desde que comenzó la guerra, y esta dinámica se sostiene durante las elecciones de Rusia.


Sin GPS ni mensajería, crece el malestar en Moscú por los apagones de internet.

Además, tras la censura de algunas tecnológicas occidentales a medios de comunicación rusos, el Gobierno ha declarado organización extremista a Meta, X y otras muchas redes sociales occidentales. Esta consideración se extendió también a Telegram, la red social más popular en Rusia. El resultado es que a principios de este verano, ninguna red social o aplicación de mensajería occidental era accesible en Rusia sin una VPN. 

En el mejor de los casos, el de aquellos no expuestos a drones ucranianos, ahora los rusos tienen que enfrentarse a cortes de internet y una creciente censura digital. Todo ello en el escenario de una guerra que no avanza y que no da ninguno de los resultados prometidos.

En esta “nueva normalidad” rusa, cada vez más se abre camino la posibilidad de una movilización masiva, aunque el Gobierno lo niega “a día de hoy”.

Georgia está informando de cifras récord de cruce de su frontera terrestre con Rusia, lo que hace pensar en un pequeño éxodo de ciudadanos que huyen de una posible escalada.


Rusos se alinean en la frontera con Georgia en medio de rumores de movilización.

El contrato social ruso parece mostrar signos de fragmentación. La ciudadanía, a la que se le prometió hace veinte años una vida de "primer mundo", muestra ya signos de agotamiento. Queda por ver si la fatiga social se manifiesta en las próximas elecciones en forma de abstención o en forma de voto de partidos más beligerantes. 

Acusaciones de fraude

Antes de las elecciones en Rusia, son varios los actores que llevan años denunciando irregularidades en los procesos de votación: desde la oposición extraparlamentaria a la diáspora rusa en el extranjero, pasando por numerosas organizaciones internacionales como la OSCE –que no ha sido invitada a participar como observador internacional, como sí había hecho en procesos anteriores–.

Amén de miles de casos particulares de irregularidades denunciados por diversas asociaciones, el hilo argumental de fraude sistémico en el esquema electoral de todas estas agrupaciones se sintetiza en dos puntos.

El primero se encuentra en un foco de denuncias con relación al sistema electrónico de votación remota (DEG). El DEG es el sistema de votación por defecto en el óblast de Moscú. Los ciudadanos que acuden a sus colegios electorales, a no ser que soliciten con antelación la papeleta física, emiten su voto directamente a través de un terminal electrónico.

En el resto de la Federación el proceso es el inverso: los ciudadanos votan a través del “método analógico” ,a no ser que se escoja la opción de votar electrónicamente. Mientras en Moscú se emiten en torno a un 95% de votos electrónicos, en el resto del país la votación digital apenas llega al 30%.

Un estudio del medio opositor Novaya Gazeta reveló varias anomalías en el sistema DEG, como que los electores podían cambiar su voto cada tres horas, que había picos de votos a determinadas horas o que algunos de los votos quedaban en una especie de limbo digital. El informe no aporta ninguna prueba directa de manipulación de los resultados, pero sí evidencia que el DEG y los datos aportados por las autoridades no permiten auditar de forma transparente el sistema.

El segundo se encuentra en el hecho de que la votación se extienda a lo largo de tres días. La organización de monitorización rusa Golos ya denunció en las elecciones presidenciales de 2024 que la prolongación de la jornada electoral de una a tres jornadas podría suponer un riesgo en tanto las urnas podían ser manipuladas por la noche. La organización también añadió en una nota de prensa que tras la supervisión después de tantos días los observadores podrían experimentar “fatiga”.

El Partido Comunista de la Federación Rusa, uno de los principales partidos de la oposición con más miembros dentro de la Duma, también ha solicitado regresar al método previo de votación en un único día, ya que “la votación a lo largo de varios días (incluidos tres días consecutivos) no permite una supervisión completa de la integridad electoral, por cuanto ni los miembros de la comisión electoral ni los observadores pueden pasar la noche en los colegios electorales”.

El sistema de votación en tres días se remonta a la pandemia. Por ese entonces, en las elecciones legislativas de 2021, la Comisión Electoral Central justificó esta decisión como una medida para evitar aglomeraciones y facilitar la participación a personas que se encuentran a cientos de kilómetros de su centro de votación.

En ese sentido, recuérdese que Siberia es una de las regiones menos habitadas del planeta, donde algunos asentamientos se encuentran a una enorme distancia de las ciudades más cercanas. En la actualidad se mantiene, según las autoridades, para la comodidad de los votantes cuando se celebran elecciones en Rusia.


Fuente: Descifrando la Guerra

martes, 30 de junio de 2026

El dilema del Kremlin y la cohesión de la Unión Europea

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


Los europeos intentan provocar una respuesta militar del Kremlin que confirme la “amenaza rusa” sobre Europa. Hacen lo mismo que Israel con Irán: intentar implicar a Washington en su guerra


     En la última reunión del G-7 en Evian, a mediados de junio, los europeos lograron de nuevo a atraerse a Trump a su causa, concretando más apoyo a Ucrania.


Reunión del G-7 en Évian-les-Bains.

Los ataques en la retaguardia rusa con drones y misiles de largo alcance, contra Moscú y Peterburgo y contra infraestructuras energéticas no cambian gran cosa en la realidad militar operativa pero no pueden ser subestimados. Esos ataques no es que sean bendecidos por Estados Unidos y la UE: es que son manejados por ellos; desde sus satélites, su datos de inteligencia, su información y sus armas. El famoso “espíritu de Anchorage”, la reunión de Alaska entre Trump y Putin de agosto del año pasado que tanto irritó a los europeos, ha pasado a mejor vida. Esos ataques colocan a los dirigentes rusos en una situación complicada.


Imagen creada para conmemorar un supuesto ataque con drones al Kremlin en Moscú. El diseño fue utilizado por el servicio postal ucraniano, Ukrposhta, como base para un sello postal conmemorativo titulado «Kremlin en llamas».

En abril Rusia registró 100 muertos y 600 heridos civiles en su retaguardia (el mismo mes, según la ONU Ucrania tuvo 300 muertos y 1300 heridos civiles). Esas víctimas rusas, tan inocentes como las ucranianas, suelen ser ignoradas en el informe occidental de la guerra pero los telediarios rusos abren su informe con ellas. La vida en las regiones fronterizas con Ucrania, así como en Crimea, empieza a ser complicada para mucha gente. En consecuencia, la opinión pública rusa, que en general no es en absoluto belicista, sí que reclama a sus autoridades una protección efectiva. Y entre los generales y comentaristas de la tele hay una presión e incluso a veces sugerencias de la debilidad de Putin, naturalmente sin nombrarlo… Así que el Kremlin por un lado está siendo presionado por la situación a que de una respuesta contundente. Pero por el otro no puede ignorar que esos ataques están diseñados precisamente para eso: para confirmar con una respuesta contra algún país europeo la leyenda de la “amenaza rusa” e incentivar con ella a Estados Unidos a implicarse directamente invocando el artículo V de la OTAN que prevé respuesta conjunta contra el ataque a alguno de sus miembros.

No está claro que, si se llegara a tal situación, ese artículo se aplicara realmente, pero desde luego sí serviría para justificar el actual rearme alemán y europeo en general, así como su profecía de una guerra contra Rusia para dentro de dos o tres años…. Ese, me parece que es el dilema.

En Moscú hay gran irritación hacia el errático Trump, pero Putin es prudente. No creo que, por pequeño que sea el riesgo de una respuesta conjunta de la OTAN, Putin vaya a caer en esa trampa. Seguramente se pregunta, ¿qué es mas arriesgado, responder a la OTAN o no hacer nada y que los rusos se sientan desprotegidos en su hasta ahora tranquila retaguardia con escasez de gasolina? Seguramente considerará si esos ataques cambian o no la situación militar operativa de fondo. También considerará que el trío europeo (Macrón, Merz, Starmer) carece de perspectiva, porque todos están con un nivel de apoyo extremadamente bajo (lo último de Merz ronda el 13%), a Macrón se le acaba el plazo y el laborismo británico tres cuartos de lo mismo, así que merece la pena no precipitarse y ver cual es el relevo de esos personajes.

Y mientras tanto el ejército ruso mantiene su lento y constante avance – hay una clara voluntad de economizar bajas porque el precio de la carne humana en Moscú ha subido claramente en las últimas décadas – mientras que los informes que llegan del lado ucraniano son extremadamente alarmantes, sin que se pueda excluir un desmoronamiento del frente. Si todo eso es así y Putin y sus generales creen que están ganando – como lo cree la CIA y el Pentágono – entonces lo correcto es armarse de paciencia y no perder los ánimos. La “victoria” rusa, independientemente de lo que eso signifique, pasa por la paciencia.

Saliendo al paso de las dificultades de aprovisionamiento de gasolina que los rusos sufren en los últimos días por causa de los ataques ucranianos, Putin se mostró confiado y desafiante el domingo: “Dada su catastrófica escasez de personal, las fuerzas armadas ucranianas parecen creer que esto podría ser su salvación. Pero salvar al régimen de Kiev no forma parte de nuestros planes”. Al mismo tiempo, mientras en las tiendas se agotan los stocks de bidones para acumular gasolina (eso podría pasar pronto aquí por la obturación de Ormuz), el Presidente habla sin parar en los medios de comunicación, cuyos informativos abren siempre con diez o quince minutos de Putin, aquí, Putin allá, Putin esto y Putin lo otro. No creo que eso transmita confianza a los rusos, sino más bien, la simple reflexión “qué hable menos y que haga algo contra todos estos drones que comienzan a fastidiarnos la vida”. Así que, de momento, contención y paciencia ante una situación que se está crispando.

Otra cosa sería si en, digamos, un año, no hubiera desmoronamiento/capitulación ucraniana y los ataques de la OTAN vía Ucrania fueran a mucho más. La lógica del conflicto podría hacer entonces inevitable alguna respuesta rusa contra países de la UE para «poner a Europa en su sitio», mientras el potencial militar europeo siga siendo modesto y el apoyo de EE.UU ambiguo. Con esa reserva a medio y largo plazo, la impresión es que la respuesta se centra en Ucrania. Rusia no ha usado ni de lejos todo su potencial militar para evitar confrontación con la OTAN, pero cuanto mas aprieten los europeos, mas sufrirá Ucrania y la población civil ucraniana.

Desde la nota del Ministerio de exteriores ruso del 25 de mayo, anunciando “golpes sistémicos” contra Kíev, “incluso los lugares específicos de diseño, fabricación, programación y preparación para el uso de drones que el régimen utiliza con la asistencia de profesionales de la OTAN, responsables por suministrar los componentes, entregar datos de información y establecer los blancos”, entre ellos “los centros de toma de decisiones y puestos de mando”, – lo que determina una advertencia “a los ciudadanos extranjeros, incluso al personal de las misiones diplomáticas y representaciones de las organizaciones internacionales, que es necesario abandonar la ciudad lo antes posible”- esa respuesta dirigida contra Ucrania ya está siendo realidad.


Rusia lanzó un ataque masivo con misiles y drones en Kiev durante la noche del 24 de mayo.



Están anunciando claramente que los ucranianos, las ciudades ucranianas casi completamente intactas, van a sufrir mucho más ahora…

Se ha apuntado muchas veces lo peligroso que es todo esto, lo fácilmente que se puede ir de las manos, especialmente en el Báltico, en Kaliningrado y en el Mar Negro, y la insensatez que supone atacar instalaciones estratégicas rusas vinculadas a la disuasión nuclear, como se ha hecho en repetidas ocasiones bajo patronazgo británico y estadounidense. 

Todo esto es escalofriante. Por mucho menos, en los años ochenta se produjo en Europa Occidental la gran movilización contra el despliegue de los euromisiles. Hoy no hay nada de eso a la vista, aunque es verdad, como ha apuntado Manolo Monereo, que el gasto en rearme que se va a realizar en menoscabo del gasto social plantea un desafío tan descarado y abierto a la mayoría social, que el humor de la hasta ahora adormecida opinión pública europea está abierto a todos los imprevistos. Confiemos en ello.

A la unidad por la guerra

En la Unión Europea describir la realidad está considerado “traición”. Decir que la invasión de Ucrania fue una violación del derecho internacional y que, al mismo tiempo, fue una acción preventiva, porque aunque Ucrania no estaba en la OTAN en 2022, la OTAN sí estaba en Ucrania desde 2014, desde el mismo momento del cambio de régimen ( y eso lo conocemos en detalle por informes de la prensa de Estados Unidos), pues eso te convierte en “partidario de Putin”… Esta especie de macartismo se percibe aquí en España, pero en Alemania, el país central de la UE, adquiere cotas demenciales; la gente pierde su trabajo en la Universidad o en los medios de comunicación, por ello. Uno puede ser “sancionado” por la UE en Bruselas y convertido en un indigente sin acceso a su propia cuenta bancaria, o sin posibilidad de viajar, como le ha pasado al Coronel suizo Jacques Baud y algunos otros. ¿Por qué están llegando a estos extremos?

Una explicación es la de que cualquier intento de negociar diplomáticamente con los rusos es visto en la UE como muy peligroso para la unidad y estabilidad de la UE. Y lo es: los intereses de seguridad de bálticos y mediterráneos, por ejemplo, son diversos y muy diferentes. 

En Bruselas hay un manifiesto desbarajuste. El presidente del Consejo, Antonio Costa, quiere establecer un canal diplomático con Moscú, pero el canciller Friedrich Merz se opone. Francia también tiene sus reservas. Hace tiempo que Macron envió un emisario al Kremlin sin proponer nada realista y serio. Los países bálticos, por su parte, no quieren mantener ningún tipo de conversaciones con Putin. Polonia rechaza el formato E3 constituido por Merz, Macron y Starmer -aunque éste ya haya saltado y vaya a ser relevado por otro igual. Lo importante es comprender esa “E”. No es “Europa 3”. Es “3 Energúmenos”. El no declarado programa de los “3 E” puede resumirse en el lema: “a la cohesión por la guerra”.

El resultado es que en lugar de entablar un diálogo con Rusia y China, sin el cual la UE nunca será estratégicamente autónoma, la Europa “3 E” apuesta por nuevas sanciones y aún más presión. Su gran batalla es implicar a Estados Unidos en la guerra contra Rusia. Su papel hacia Rusia en este momento es el mismo que el de Israel hacia Irán: implicar como sea a Trump para su guerra. La UE e Israel son los dos principales pirómanos del momento. Así que el resultado es que el martes la UE recibió en Bruselas a una delegación de los talibanes: antes negociar con los talibanes que con Rusia.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu