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lunes, 21 de septiembre de 2026

Las elecciones en Rusia, ante al agotamiento por la guerra y las acusaciones de fraude

 

      Periodismo, comunicación y transporte. Autor en Descifrando la Guerra.



Las elecciones de Rusia, de carácter legislativo, se celebran en un marco complejo que combina sospechas de fraude y críticas por la guerra.

     La situación antes de las elecciones en Rusia de 2026 es diferente a la situación que vivió el país tras el inicio de la guerra. Moscú inició una guerra con un objetivo que no pudo cumplir: destituir al Gobierno ucraniano y hacerse con el Dombás en cuestión de horas. La no consecución de los objetivos inmediatos derivó en una guerra de larga duración que se encuentra en situación de estancamiento. 

A cambio de no haber cumplido los objetivos y de iniciar una guerra, el Gobierno ruso aseguró y reforzó el contrato social trabajando en no trasladar las consecuencias del conflicto a la ciudadanía. Los combates se llevaron a cabo en zonas lejanas a la guerra, se consiguieron evadir las sanciones a través de terceros países y de métodos de ingeniería fiscal, se rompió el aislamiento recurriendo a instituciones internacionales disidentes como los BRICS… 

Toda una suerte de medidas de enorme ingenio consiguió hacer ver que la guerra, al principio, era una cosa necesaria pero lejana. Pero la situación cambió con el paso del tiempo. Ucrania se adentró militarmente en territorio ruso y Kursk fue ocupada.


En verde, los avances ucranianos tras llevar a cabo la incursión en Kursk, Rusia, a día 8 de agosto de 2024.

Varios ataques de Kiev alcanzaron Irkutsk, a 2000 kilómetros de la frontera. Más tarde, los drones ucranianos comenzaron a golpear las dos mayores ciudades de Rusia y las consecuencias ya se ven en los mayores negocios en línea del país, que son un blanco ucraniano.


El segundo mayor minorista en línea de Rusia, objetivo de los ataques en Ucrania.

Como medida defensiva, ya que los drones ucranianos funcionan utilizando internet y red GPS, este año el Gobierno ha llevado a cabo varios cortes de la red de internet móvil en San Petersburgo. En Moscú, la señal GPS de los teléfonos móviles no funciona desde que comenzó la guerra, y esta dinámica se sostiene durante las elecciones de Rusia.


Sin GPS ni mensajería, crece el malestar en Moscú por los apagones de internet.

Además, tras la censura de algunas tecnológicas occidentales a medios de comunicación rusos, el Gobierno ha declarado organización extremista a Meta, X y otras muchas redes sociales occidentales. Esta consideración se extendió también a Telegram, la red social más popular en Rusia. El resultado es que a principios de este verano, ninguna red social o aplicación de mensajería occidental era accesible en Rusia sin una VPN. 

En el mejor de los casos, el de aquellos no expuestos a drones ucranianos, ahora los rusos tienen que enfrentarse a cortes de internet y una creciente censura digital. Todo ello en el escenario de una guerra que no avanza y que no da ninguno de los resultados prometidos.

En esta “nueva normalidad” rusa, cada vez más se abre camino la posibilidad de una movilización masiva, aunque el Gobierno lo niega “a día de hoy”.

Georgia está informando de cifras récord de cruce de su frontera terrestre con Rusia, lo que hace pensar en un pequeño éxodo de ciudadanos que huyen de una posible escalada.


Rusos se alinean en la frontera con Georgia en medio de rumores de movilización.

El contrato social ruso parece mostrar signos de fragmentación. La ciudadanía, a la que se le prometió hace veinte años una vida de "primer mundo", muestra ya signos de agotamiento. Queda por ver si la fatiga social se manifiesta en las próximas elecciones en forma de abstención o en forma de voto de partidos más beligerantes. 

Acusaciones de fraude

Antes de las elecciones en Rusia, son varios los actores que llevan años denunciando irregularidades en los procesos de votación: desde la oposición extraparlamentaria a la diáspora rusa en el extranjero, pasando por numerosas organizaciones internacionales como la OSCE –que no ha sido invitada a participar como observador internacional, como sí había hecho en procesos anteriores–.

Amén de miles de casos particulares de irregularidades denunciados por diversas asociaciones, el hilo argumental de fraude sistémico en el esquema electoral de todas estas agrupaciones se sintetiza en dos puntos.

El primero se encuentra en un foco de denuncias con relación al sistema electrónico de votación remota (DEG). El DEG es el sistema de votación por defecto en el óblast de Moscú. Los ciudadanos que acuden a sus colegios electorales, a no ser que soliciten con antelación la papeleta física, emiten su voto directamente a través de un terminal electrónico.

En el resto de la Federación el proceso es el inverso: los ciudadanos votan a través del “método analógico” ,a no ser que se escoja la opción de votar electrónicamente. Mientras en Moscú se emiten en torno a un 95% de votos electrónicos, en el resto del país la votación digital apenas llega al 30%.

Un estudio del medio opositor Novaya Gazeta reveló varias anomalías en el sistema DEG, como que los electores podían cambiar su voto cada tres horas, que había picos de votos a determinadas horas o que algunos de los votos quedaban en una especie de limbo digital. El informe no aporta ninguna prueba directa de manipulación de los resultados, pero sí evidencia que el DEG y los datos aportados por las autoridades no permiten auditar de forma transparente el sistema.

El segundo se encuentra en el hecho de que la votación se extienda a lo largo de tres días. La organización de monitorización rusa Golos ya denunció en las elecciones presidenciales de 2024 que la prolongación de la jornada electoral de una a tres jornadas podría suponer un riesgo en tanto las urnas podían ser manipuladas por la noche. La organización también añadió en una nota de prensa que tras la supervisión después de tantos días los observadores podrían experimentar “fatiga”.

El Partido Comunista de la Federación Rusa, uno de los principales partidos de la oposición con más miembros dentro de la Duma, también ha solicitado regresar al método previo de votación en un único día, ya que “la votación a lo largo de varios días (incluidos tres días consecutivos) no permite una supervisión completa de la integridad electoral, por cuanto ni los miembros de la comisión electoral ni los observadores pueden pasar la noche en los colegios electorales”.

El sistema de votación en tres días se remonta a la pandemia. Por ese entonces, en las elecciones legislativas de 2021, la Comisión Electoral Central justificó esta decisión como una medida para evitar aglomeraciones y facilitar la participación a personas que se encuentran a cientos de kilómetros de su centro de votación.

En ese sentido, recuérdese que Siberia es una de las regiones menos habitadas del planeta, donde algunos asentamientos se encuentran a una enorme distancia de las ciudades más cercanas. En la actualidad se mantiene, según las autoridades, para la comodidad de los votantes cuando se celebran elecciones en Rusia.


Fuente: Descifrando la Guerra

miércoles, 1 de julio de 2026

Irán, Estados Unidos e Israel en el frente de Ormuz

 

Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


Estados Unidos e Israel han perdido la guerra cuyo resultado, de momento, es que EE.UU ha transferido a Irán el control del estrecho de Ormuz. Es obvio que esa guerra no ha terminado. En ese caso, Irán ha ganado por lo menos una batalla de esa guerra. El futuro es incierto



     El motivo del radical giro desde la “edad de piedra” y la aniquilacion de una civilización hasta la negociación en los términos presentados por Irán, es muy simple: se juegan una recesión global en Ormuz. Trump ha dicho que lo ha firmado forzado por la situación. “Se nos estaban acabando las reservas de petróleo”, ha dicho en su más sincera declaración en mucho tiempo. En los últimos meses Trump iba haciendo malabarismos. Decía el sábado que “el acuerdo con Irán es inminente” y el lunes las bolsas abrían al alza, moderando los incrementos de los precios de la energía. Así de una semana a otra.


Delicado Estrecho de Ormuz

Pero con las reservas en rojo, el diesel por encima de los cinco dólares el galón y la gasolina por encima de los cuatro dólares, eso ya no había mago fullero que lo arreglase. El documento firmado con Irán no es un acuerdo: es un marco. “Memorando de entendimiento” (MOU), se llama. Le da a Trump un respiro de 60 días. El cortoplacismo de esta especie de geopolítica en fusión con el mundo de la bolsa y las finanzas, es manifiesto.


Acuerdo de entendimiento Irán – EE. UU.

Pero Israel y los sionistas de Estados Unidos están furiosos con Trump y su MOU. No lo aceptan y lo quieren reventar. Desde Israel quedándose en Libano y continuando su masacre. Dentro de la administración de EE.UU se aprecia gran división entre el vicepresidente JD Vance por un lado y los mas prosionistas, como el secretario de Estado Marco Rubio y el yerno de Trump Jared Kushner, por otro. Si Trump se atreve a poner los intereses nacionales de Estados Unidos por delante de la locura israelí, es posible que le organicen un impeachment. En todo caso, hay sustancia tanto en Estados Unidos como en Israel para considerables peleas internas por motivo de la derrota de Ormuz.

Irán tiene la sartén por el Mango. El 8 de junio el Jerusalem Post lo explicaba con bastante claridad al decir que Teherán tiene “tres armas nucleares”: el control del estrecho de Ormuz, las estrechas relaciones con “las potencias McKinder” que dominan el espacio euroasiático (China y Rusia), y la bomba propiamente dicha, a la que, si hay voluntad, puede acceder en cualquier momento, según la opinión de expertos como Theodore A. Postol, profesor emérito de ciencia y tecnología del Instituto de Tecnología de Massachusetts y antiguo colaborador del Pentágono.

Ademas, Estados Unidos ha abierto una crisis de relaciones con los países del Golfo. Esos países han descubierto que las bases y la protección americana les convierte en objetivo y no son factor de seguridad, sino al contrario: una amenaza total a su economía e incluso a su existencia. Recordemos el cable de la CIA de 2008, revelado por Wikileaks, según el cual la mera destrucción de la planta de desalinización de El Ryad, obligaría a evacuar la ciudad (7 millones de habitantes, 20% del total de la población del reino) en el plazo de unos pocos días. Hay consenso entre los expertos en que cualquier cosa que EE.UU o Israel hagan contra Irán, Irán puede devolverla haciendo más daño porque tiene el control de la escalada. Así que hay condiciones para que esos países del Golfo se piensen la oportunidad de ir a otro esquema de seguridad regional, diferente al de participar en el cerco americano israelí a Irán. Y eso abre oportunidades para China y Rusia, que ya trabajaron el año pasado con éxito en un acuerdo de distensión de relaciones entre Irán y Arabia saudí.

Israel más cerca de su suicidio

Israel si que tiene una estrategia para dominar la región e imponer su anacrónico (para el siglo XXI) proyecto colonial “bíblico sin fronteras”, pero es una estrategia loca que conduce al suicidio. El genocidio de Gaza no ha mejorado las cosas para ese proyecto sino que las ha empeorado. El 20 de junio el corresponsal militar del Times of Israel, Lazar Berman, decía que la “victoria total” prometida por Netanyahu ha llegado a su fin:

«Las guerras posteriores al 7 de octubre, que llegaron acompañadas de expectativas y promesas de “victoria total”, han terminado —al igual que sus ilusiones—. Los palestinos no van a abandonar Gaza. Hamás no se desarmará, ni tampoco Hezbolá. Trump no va a volver a la guerra con Irán, que ahora puede amenazar con retirarse de un acuerdo para obligar a Trump a detener cualquier operación israelí de envergadura contra Hamás o Hezbolá… Sin duda, Oriente Medio ha cambiado», decía.

Con Netanyahu amenazado de cárcel, su rival electoral, Naftali Bennett, persevera en lo mismo. Dice que piensa tratar a Turquía como “un nuevo Irán”. El problema fundamental de Israel es que un país de 8 o 9 millones de habitantes sin recursos que se ha peleado con todo su enorme entorno no puede imponerse. El mundo árabe siempre ha estado sometido; primero bajo los turcos, luego británicos y franceses y ahora americanos/israelís. Pero eso no va durar eternamente. Israel se sostiene por el apoyo occidental. Y eso es, precisamente, lo que se está resquebrajando ahora.

La relación entre Estados Unidos e Israel atraviesa el peor momento de su historia. Todos entienden en Estados Unidos que Netanyahu metió a Trump en lo de Irán contra la opinión de sus expertos de la CIA y el Pentágono. Y además, ahora ese mismo Israel boicotea el alto el fuego lo que está siendo recriminado por Estados Unidos. El vicepresidente J.D. Vance ha advertido a Israel con no jugar contra su único aliado. Una declaración sin precedentes.

Hay una clara segmentación en el electorado estadounidense. El grupo demográfico de mayores de 55 años se muestra, en general, solidario con Israel, pero los jóvenes han cambiado radicalmente de postura. Incluso entre los judíos estadounidenses, el 61 % ha llegado a la conclusión de que Israel cometió crímenes de guerra en Gaza, y el 39 % considera que la conducta de Israel en Gaza constituye un genocidio. Nunca Israel había sido tan impopular en EEUU. Es la primera vez que se ve tal brecha. Su progreso significa que a todo el edificio sobre el que está construido el sionismo se está desmoronando. Naturalmente, hay que decir que son capaces de cualquier cosa: tienen el arma nuclear y arsenales químicos y bacteriológicos completos. Y tienen la “doctrina Sansón”: antes derribo el templo sobre mi persona y las de mis enemigos que cambiar. Israel puede usar una bomba nuclear táctica contra Irán. Pero Irán es 75 veces mayor en tamaño y puede responder haciendo mucho daño a Israel con sus misiles. Además, un uso nuclear movilizaría definitivamente a Rusia y China contra Israel y no creo que EE.UU lo apoyase.

No digo que Israel vaya a desaparecer, pero desde luego en su aspecto actual sería inviable.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu