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lunes, 21 de septiembre de 2026

Las elecciones en Rusia, ante al agotamiento por la guerra y las acusaciones de fraude

 

      Periodismo, comunicación y transporte. Autor en Descifrando la Guerra.



Las elecciones de Rusia, de carácter legislativo, se celebran en un marco complejo que combina sospechas de fraude y críticas por la guerra.

     La situación antes de las elecciones en Rusia de 2026 es diferente a la situación que vivió el país tras el inicio de la guerra. Moscú inició una guerra con un objetivo que no pudo cumplir: destituir al Gobierno ucraniano y hacerse con el Dombás en cuestión de horas. La no consecución de los objetivos inmediatos derivó en una guerra de larga duración que se encuentra en situación de estancamiento. 

A cambio de no haber cumplido los objetivos y de iniciar una guerra, el Gobierno ruso aseguró y reforzó el contrato social trabajando en no trasladar las consecuencias del conflicto a la ciudadanía. Los combates se llevaron a cabo en zonas lejanas a la guerra, se consiguieron evadir las sanciones a través de terceros países y de métodos de ingeniería fiscal, se rompió el aislamiento recurriendo a instituciones internacionales disidentes como los BRICS… 

Toda una suerte de medidas de enorme ingenio consiguió hacer ver que la guerra, al principio, era una cosa necesaria pero lejana. Pero la situación cambió con el paso del tiempo. Ucrania se adentró militarmente en territorio ruso y Kursk fue ocupada.


En verde, los avances ucranianos tras llevar a cabo la incursión en Kursk, Rusia, a día 8 de agosto de 2024.

Varios ataques de Kiev alcanzaron Irkutsk, a 2000 kilómetros de la frontera. Más tarde, los drones ucranianos comenzaron a golpear las dos mayores ciudades de Rusia y las consecuencias ya se ven en los mayores negocios en línea del país, que son un blanco ucraniano.


El segundo mayor minorista en línea de Rusia, objetivo de los ataques en Ucrania.

Como medida defensiva, ya que los drones ucranianos funcionan utilizando internet y red GPS, este año el Gobierno ha llevado a cabo varios cortes de la red de internet móvil en San Petersburgo. En Moscú, la señal GPS de los teléfonos móviles no funciona desde que comenzó la guerra, y esta dinámica se sostiene durante las elecciones de Rusia.


Sin GPS ni mensajería, crece el malestar en Moscú por los apagones de internet.

Además, tras la censura de algunas tecnológicas occidentales a medios de comunicación rusos, el Gobierno ha declarado organización extremista a Meta, X y otras muchas redes sociales occidentales. Esta consideración se extendió también a Telegram, la red social más popular en Rusia. El resultado es que a principios de este verano, ninguna red social o aplicación de mensajería occidental era accesible en Rusia sin una VPN. 

En el mejor de los casos, el de aquellos no expuestos a drones ucranianos, ahora los rusos tienen que enfrentarse a cortes de internet y una creciente censura digital. Todo ello en el escenario de una guerra que no avanza y que no da ninguno de los resultados prometidos.

En esta “nueva normalidad” rusa, cada vez más se abre camino la posibilidad de una movilización masiva, aunque el Gobierno lo niega “a día de hoy”.

Georgia está informando de cifras récord de cruce de su frontera terrestre con Rusia, lo que hace pensar en un pequeño éxodo de ciudadanos que huyen de una posible escalada.


Rusos se alinean en la frontera con Georgia en medio de rumores de movilización.

El contrato social ruso parece mostrar signos de fragmentación. La ciudadanía, a la que se le prometió hace veinte años una vida de "primer mundo", muestra ya signos de agotamiento. Queda por ver si la fatiga social se manifiesta en las próximas elecciones en forma de abstención o en forma de voto de partidos más beligerantes. 

Acusaciones de fraude

Antes de las elecciones en Rusia, son varios los actores que llevan años denunciando irregularidades en los procesos de votación: desde la oposición extraparlamentaria a la diáspora rusa en el extranjero, pasando por numerosas organizaciones internacionales como la OSCE –que no ha sido invitada a participar como observador internacional, como sí había hecho en procesos anteriores–.

Amén de miles de casos particulares de irregularidades denunciados por diversas asociaciones, el hilo argumental de fraude sistémico en el esquema electoral de todas estas agrupaciones se sintetiza en dos puntos.

El primero se encuentra en un foco de denuncias con relación al sistema electrónico de votación remota (DEG). El DEG es el sistema de votación por defecto en el óblast de Moscú. Los ciudadanos que acuden a sus colegios electorales, a no ser que soliciten con antelación la papeleta física, emiten su voto directamente a través de un terminal electrónico.

En el resto de la Federación el proceso es el inverso: los ciudadanos votan a través del “método analógico” ,a no ser que se escoja la opción de votar electrónicamente. Mientras en Moscú se emiten en torno a un 95% de votos electrónicos, en el resto del país la votación digital apenas llega al 30%.

Un estudio del medio opositor Novaya Gazeta reveló varias anomalías en el sistema DEG, como que los electores podían cambiar su voto cada tres horas, que había picos de votos a determinadas horas o que algunos de los votos quedaban en una especie de limbo digital. El informe no aporta ninguna prueba directa de manipulación de los resultados, pero sí evidencia que el DEG y los datos aportados por las autoridades no permiten auditar de forma transparente el sistema.

El segundo se encuentra en el hecho de que la votación se extienda a lo largo de tres días. La organización de monitorización rusa Golos ya denunció en las elecciones presidenciales de 2024 que la prolongación de la jornada electoral de una a tres jornadas podría suponer un riesgo en tanto las urnas podían ser manipuladas por la noche. La organización también añadió en una nota de prensa que tras la supervisión después de tantos días los observadores podrían experimentar “fatiga”.

El Partido Comunista de la Federación Rusa, uno de los principales partidos de la oposición con más miembros dentro de la Duma, también ha solicitado regresar al método previo de votación en un único día, ya que “la votación a lo largo de varios días (incluidos tres días consecutivos) no permite una supervisión completa de la integridad electoral, por cuanto ni los miembros de la comisión electoral ni los observadores pueden pasar la noche en los colegios electorales”.

El sistema de votación en tres días se remonta a la pandemia. Por ese entonces, en las elecciones legislativas de 2021, la Comisión Electoral Central justificó esta decisión como una medida para evitar aglomeraciones y facilitar la participación a personas que se encuentran a cientos de kilómetros de su centro de votación.

En ese sentido, recuérdese que Siberia es una de las regiones menos habitadas del planeta, donde algunos asentamientos se encuentran a una enorme distancia de las ciudades más cercanas. En la actualidad se mantiene, según las autoridades, para la comodidad de los votantes cuando se celebran elecciones en Rusia.


Fuente: Descifrando la Guerra

martes, 16 de junio de 2026

La OTAN marca en rojo 2030 como el año de un posible ataque ruso

 Por Àngel Ferrero   
      Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.


La tensión en el Báltico ha seguido creciendo en las últimas semanas. Figuras destacadas del ejército ruso abogan abiertamente por el conflicto contra los países que han apoyado a Ucrania, incluso, llegado el caso con el uso de bombas nucleares


Funeral de un soldado ucraniano fallecido en Jarkov.


     Hasta el año pasado 2030 era el año que asociábamos al plan de acción aprobado en 2015 por la Asamblea General de la ONU para alcanzar 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS), desde el fin de la pobreza hasta la paz pasando por la educación de calidad, la igualdad de género, la energía asequible y no contaminante o las ciudades y comunidades sostenibles. Hoy 2030 es en cambio una fecha de asociaciones funestas. De acuerdo con varios servicios de inteligencia de estados miembros de la OTAN, ése es el año en el que Rusia podría atacar a la Unión Europea.

Por este motivo el plan de rearme del bloque para mobilizar 800.000 millones de euros cambió en marzo de 2025 su nombre de ‘ReArm Europe’ a ‘Readiness 2030’. El año está marcado ya a fuego en el calendario. Como parte de este plan, el Bundeswehr aspira a ser en cuatro años el ejército convencional más grande de toda la Unión Europea con 260.000 soldados en activo, 460.000 si se suman los reservistas.

‘London Bridge is Falling Down’

A mediados de mayo el Ministerio de Defensa de Reino Unido realizó unos ejercicios militares que han pasado relativamente inadvertidos en unas instalaciones en desuso de la estación de Charing Cross de Londres, que, con el nombre de ‘Arrcade Strike’ –el aparente error tipográfico se debe a que la fuerza de reacción rápida que los protagonizaba se llama Allied Rapid Reaction Corps (ARRC)–, simulaban un puesto de control subterráneo en Estonia en el escenario de un conflicto entre la OTAN y Rusia en el año —una vez de más— 2030.


Estación de Charing Cross en Londres, cuyo andén en desuso fue transformado esta semana para crear un puesto de mando subterráneo en Estonia, que alberga una formación ofensiva de la OTAN liderada por el Reino Unido. | John Keeble.

De acuerdo con el comunicado oficial, en este ejercicio de defensa participaron 100.000 miembros de los ejércitos de Reino Unido, Francia, Italia y EEUU, y estas maniobras se distinguieron por el uso de drones, sistemas electrónicos para su intercepción y sistemas de Inteligencia Artificial (IA) como Asgard, desarrollado en colaboración con Palantir –la mitología nórdica, una vez más, como ‘silbato para perros’ (dog whistle)–, el gigante del nuevo complejo militar-industrial que ya emplea Ucrania como laboratorio de sus tecnologías.


Vigilancia sobre hotel bombardeado donde residian civiles. Primeras lineas del frente cerca de la río Dnieper. Julio Zamarrón.

Según las informaciones publicadas en los medios, con estos ejercicios la OTAN quería poner a prueba dichos sistemas para asignar objetivos automáticamente así como contrarestar la aplicación de IA por parte de Rusia, por una parte, y demostrar la capacidad de destruir objetivos en territorio ruso –se mencionaba explícitamente la región de San Petersburgo–, por la otra.

Con todo, como recordaba días atrás el periodista Peter Korotaev, un intercambio de este tipo entraña un serio riesgo de escalada nuclear. “Pero el ejército británico insiste en tratar a sus lectores como imbéciles, a la manera típica anglosajona, y afirma que estaban entrenando el uso de drones y misiles equipados con IA, tratándolos como si transportasen cargas convencionales (la naturaleza de los explosivos no se explicita)”, escribe Korotaev, quien señala que “un ataque nuclear ejecutado por Londres implicaría probablemente submarinos nucleares, que no se mencionan en la descripción de Arrcade Strike”.

En ese caso, continúa este periodista, “esto no ‘detendría la guerra’ exactamente: desencadenaría un auténtico Apocalipsis” e incluso “si la cúpula militar y política rusa fuese aniquilada –a pesar de la obviedad de que se encontrarían en búnqueres soviéticos mucho más profundos y resistentes a un ataque nuclear que el destartalado metro de Londres– habría sin duda una respuesta rusa del Sistema Perímetro”, un dispositivo creado por la Unión Soviética capaz de lanzar automáticamente los misiles balísticos intercontinentales con carga nuclear sin necesidad o con una mínima autorización humana si se registra un ataque contra su territorio.

Nada de lo anterior impide que la violencia retórica de algunos políticos europeos vaya en aumento. El 19 de mayo el ministro de Asuntos Exteriores de Lituania, Kęstutis Budrys, llegó a declarar en una entrevista al diario suizo Neue Zürcher Zeitung(NZZ) que la OTAN debería “demostrar a los rusos que somos capaces de abrirnos paso a través de las pequeñas fortalezas que han construido en Kaliningrado” y que, “de ser necesario, la OTAN tiene los medios para destruir las bases de defensa aérea y misiles rusas localizadas allí.”

Drones en el Báltico

Justamente en el Báltico, de todos los escenarios de conflagración que se manejan desde los medios de comunicación y los think tanks, es donde se concentra actualmente uno de los focos de tensión de esta suerte de nueva guerra fría. Por utilizar una expresión de un analista alemán, Alexander Neu, en el Báltico “la mecha del polvorín se acorta”.


Entre los expertos en seguridad, la región del Báltico se considera actualmente la zona de conflicto con mayor potencial de explosión entre la OTAN y la Federación Rusa.

Otro analista, el estadounidense Anatol Lieven, ha pedido “desactivar el polvorín báltico”.


Washington debe actuar para desactivar el polvorín del Báltico.


En esta región la tensión ha ido acumulándose luego que drones ucranianos hayan cruzado el espacio aéreo de las tres repúblicas bálticas para atacar objetivos en Rusia occidental, volando en paralelo a la frontera antes de entrar en el espacio aéreo ruso con el fin de evadir sus defensas antiaéreas. Moscú ha acusado por su parte a las repúblicas bálticas de proporcionar “corredores aéreos” para los drones ucranianos e incluso de emplear su territorio para lanzar directamente los ataques o, en el caso de Letonia, de alojar a los operadores de drones ucranianos en el país.

El problema añadido es que muchos de estos drones pueden desviarse de su trayectoria y acabar impactando en territorio comunitario, como ha terminado ocurriendo. El pasado 19 de mayo un F-16 de la patrulla aérea de la OTAN en el Báltico derribó un dron ucraniano sobre el espacio aéreo estonio.


Aviones de la OTAN derribaron un presunto dron ucraniano sobre Estonia.

Al día siguiente Vilna envió una alerta a sus residentes para que buscasen refugio debido a la violación de su espacio aéreo.


Tras la alerta por teléfono móvil, la gente se agolpó en un refugio del parlamento lituano.

El presidente, Gitanas Nausėda, y la primera ministra, Inga Ruginienė, fueron desplazados por los servicios de seguridad hasta un búnquer. 

El 8 de junio dos cazas ‘Rafale’ franceses derribaron un dron que había entrado en el espacio aéreo de Letonia.


Un dron impactaba en un un objetivo en un campo de entrenamiento militar de Letonia, en una jornada de demostración de Innovation Range, el pasado mes de mayo.

La razón detrás de estos incidentes es motivo de disputa. La versión favorecida por los medios occidentales es que los sistemas de intercepción electrónica rusos son capaces de desviarlos de su trayectoria y redirigirlos, como provocación, hacia las repúblicas bálticas.

El analista de defensa de Meduza, Dmitri Kuznets, ha rechazado no obstante tanto esta versión como la oficial rusa que asegura que el territorio de las tres repúblicas bálticas se utiliza, como quedó dicho antes, como lanzadera de ataques. Según Kuznets, los sistemas rusos envían señales de satélite falsas en el espacio aéreo de sus zonas fronterizas para corromper los sistemas de navegación GPS, de manera que los drones ucranianos –que son lanzados desde la región de Chernihiv– atraviesan un espacio aéreo, el ruso, en el que su sistema de navegación se ve alterado antes de entrar en el espacio aéreo de la OTAN, haciendo que sus sistemas de guía se desvien de los objetivos originales. Algo parecido ocurre en Moldavia, cuya presidenta, Maia Sandu, ha solicitado a los aliados occidentales sistemas de intercepción más sofisticados. La explicación técnica de Kuznets, en cualquiera de los casos, no por precisa es demasiado tranquilizadora, porque un error de atribución podría tener consecuencias fatales si la respuesta se precipita.

El catálogo de respuestas rusas

Las consecuencias fatales pueden venir de un lado o del otro. Como recordábamos en un artículo meses atrás, el presidente ruso, Vladímir Putin, aprobó en noviembre de 2024 enmiendas a la doctrina nuclear con el fin de rebajar el umbral para el uso de armas nucleares, incluso ante un ataque convencional si éste entraña una amenaza “a la soberanía o integridad territorial” de Rusia o Bielorrusia, con la que forma una unión de estados. Las implicaciones potenciales de este cambio se agravan cuando se recuerda que Rusia incorporó a su territorio el 30 de septiembre de 2022 las regiones ucranianas de Donetsk, Jersón, Luhansk y Zaporiyia aún sin controlarlas por completo y que ha albergado en el pasado movimientos secesionistas –en particular, aunque no solamente, en el Cáucaso norte–, en no pocas ocasiones con el apoyo, explícito o encubierto, de potencias extranjeras.

En vez de estar pendiente de los desvaríos pseudofilosóficos de Aleksandr Dugin –que en el mes de mayo incluyó entre sus variadas diatribas una contra la serie de televisión Euphoria– harían mejor los periodistas en leer a analistas que realmente tienen influencia sobre los dirigentes rusos, como Fiódor Lukiánov o Serguéi Karagánov, ambos miembros del Consejo de Política Exterior y de Defensa. Como ha recordado recientemente el periodista Rafael Poch-de-Feliu en una entrevista, Karagánov “desde hace tiempo exige que se restablezca la credibilidad de la disuasión nuclear y propone atacar, en un primer momento, instalaciones europeas, en particular alemanas, que participen en el apoyo a la guerra contra Rusia, inicialmente con armas convencionales.” Si eso no surtiera efecto, Karagánov sugiere que “Rusia debería considerar el uso de armas nucleares tácticas”.


«La pregunta es si el liderazgo ruso aceptaría una derrota convencional sin recurrir antes al uso de armas nucleares».

Karagánov no está solo en esta propuesta. El antiguo jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas de Rusia Yury Baluevsky reclamó semanas atrás en un acto en la Cámara Cívica de la Federación Rusa –un órgano consultivo compuesto por 168 miembros para analizar propuestas legislativas a varios niveles– que se librase una “guerra de veras” contra los patrocinadores de Ucrania. “¿Cuándo empezaremos a luchar de verdad?”, se preguntó retóricamente Baluevsky, que se interrogó, de nuevo retóricamente, qué haría el Kremlin si se producía una escalada de las hostilidades: “¿Qué vamos a hacer en esta situación? ¿Librar una operación militar espacial [nombre con el que se conoce oficialmente la guerra de Ucrania en Rusia] unos cuantos años más, hasta desgastarlos?”.

De acuerdo con otros medios, el general retirado ofreció un catálogo de represalias convencionales, esto es, no-nucleares, que Rusia podría emplear contra la Unión Europea, como detener mediante acciones militares la producción de gas y petróleo en el mar del Norte, destruir las refinerías de petróleo en territorio europeo, cortar los cables submarinos que conectan a Europa con otras partes del mundo, destruir las instalaciones del sistema de combate Aegis en Rumanía y Polonia o que la Flota del Báltico bloquease los estrechos daneses e interrumpiese así el tráfico marítimo en el mar Báltico. Como parte de este programa, Baluevsky propuso también presionar a Finlandia y las repúblicas bálticas para que abandonen la OTAN o realizar pruebas nucleares en el mar del Norte en vez del sitio donde la URSS las realizaba tradicionalmente, el archipiélago de Novaya Zemlya.

Incluso en el escenario más “benigno”, como especulan algunos comentaristas rusos, una decapitación con éxito de la cúpula política y militar rusa no conduciría a una mejora de la situación, sino con toda probabilidad a su reemplazo por figuras más jóvenes y agresivas, como ha sucedido en Irán con el ascenso de la Guardia Revolucionaria Islámica y otras figuras del ala dura del régimen. La diferencia estriba, claro está, en las capacidades militares y nucleares de uno y del otro.


Fuente: El Salto

sábado, 13 de junio de 2026

La carta de Zelensky a Putin

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


     El 4 de junio el Presidente Zelensky divulgó una carta abierta al Presidente Putin Open Letter to the President of the Russian Federation from the President of Ukraine — Official website of the President of Ukraine.


San Zelensky.

En Occidente la misiva ha sido presentada como gesto de buena voluntad y propuesta de diálogo de paz. El corresponsal alemán en Bruselas Eric Bonse, dice que en realidad la carta no está dirigida a Putin sino que es un guiño a los partidarios de la linea dura en Kíev.

Últimamente la evolución de la guerra se presenta en Occidente como favorable a Ucrania. El militar suizo Jacques Baud, uno de los analistas censurados e ilegalmente sancionados por Bruselas por delito de opinión (Y sin embargo se mueve – Rafael Poch de Feliu), considera que el proclamado éxito militar ucraniano no es mucho más que una campaña de relaciones públicas. La guerra no se gana con comunicación, dice, y por más que su evolución sea lenta, el dominio militar ruso es tan inequívoco como el creciente daño sufrido por Ucrania, en vidas y destrucción.


La confrontación entre Rusia y la OTAN.

En los debates de la ONU de mayo se mencionaron 238 muertos y más de mil heridos civiles ucranianos para el mes de abril, mientras Rusia decía haber sufrido el mismo mes 100 muertos y 600 heridos. Ucrania es un país destruido, mientras que los efectistas ataques con drones sufridos por Rusia, por dolorosos que sean en vidas, tienen un repercusión militar operativamente “limitada”, dice Baud Jacques Baud – Ukraine – La Nouvelle Stratégie de Zelensky.  A continuación la crónica de Bonse.

Autor: Eric Bonse

Los líderes del E3, Merz, Macron y Starmer, se reúnen en Londres con el jefe de Estado ucraniano, Zelensky, para hablar sobre posibles negociaciones con Rusia. Previamente, Zelensky había enviado una carta abierta al líder del Kremlin, Putin.

Según nuestros medios de comunicación, contenía una invitación cortés a mantener conversaciones directas en un tercer país, como Suiza. Se trataba de un gesto de gran calado, según se dijo en la radio y la televisión.

Sin embargo, ya en la segunda frase se incluye el comentario, a medio camino entre la burla y la amenaza, de que «nuestros drones de largo alcance han visitado su foro en San Petersburgo».

Poco después, Zelensky amenaza con «más consecuencias negativas» de la guerra para Rusia: más drones, más ataques a instalaciones energéticas, más sanciones de la UE.La carta termina con la sombría «profecía» de que Putin, si no cede, deberá temer por «su propia existencia».

Esto no es «una amenaza, sino un hecho de la historia rusa», afirma Zelensky en un giro sumamente cínico. (*)

Al final firma con «Slava Ukraini», el grito de guerra de las fuerzas armadas ucranianas, que también utilizaban los fascistas de Stepan Bandera.

Quien escribe así no espera una respuesta de Putin (quien, por cierto, respondió en San Petersburgo con un «niet»). La «carta abierta» va dirigida más bien al interior del país, a los partidarios de la línea dura en Ucrania.

Esto no ha impedido que el Gobierno federal alemán haya acogido con satisfacción la carta y haya invitado ahora a Zelensky a Londres para mantener conversaciones personales.

Solo cabe esperar que de estas conversaciones surja algo más que gestos amenazantes y la habitual fórmula de la UE de «paz a través de la fuerza»…

(*) “Si no llegas personalmente a la conclusión de que es hora de poner fin a esta guerra, Ucrania seguirá luchando por su existencia. Contaremos con quienes nos apoyan. Pero usted también tendrá que luchar mucho más por su propia existencia —no la de Rusia, sino la suya. Y esto no es una amenaza por mi parte ni por parte de Ucrania. Es un hecho de la historia rusa que conoce bien: cuando Rusia se cansa, llega el cambio”.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

martes, 2 de junio de 2026

“¡Evite una guerra abierta con Rusia!”

 

 Por Jeffrey D. Sachs   
      Profesor de la Universidad de Columbia.


El economista y diplomático Jeffrey Sachs insta en una carta al canciller federal Friedrich Merz a iniciar de inmediato conversaciones con el presidente ruso Putin sobre la paz en Europa

Starmer, Zelensky, Macron, Tusk y Merz hablan por teléfono con Trump durante una visita a Ucrania en mayo de 2025.


      Estimado señor canciller Merz:

Cuando le escribí una carta abierta hace seis meses, hice un llamamiento a Alemania para que buscara la vía diplomática con Rusia, en lugar de normalizar la guerra. Seis meses después, la situación en Europa se ha deteriorado dramáticamente. Europa y Rusia se están precipitando hacia una guerra abierta. En esta situación, usted, señor canciller, tiene una responsabilidad única. Ningún otro jefe de Estado o de gobierno europeo –ni en París, ni en Varsovia, ni en Roma– tiene el peso de Alemania ni el poder que usted posee personalmente para evitar esta catástrofe. ¿Abogará usted por la paz?

Usted mismo exigió en enero de 2026, junto con la primera ministra Meloni y el presidente Macron, la reanudación de las relaciones de Europa con Rusia y calificó a Rusia de “país europeo”. Sin embargo, no ha seguido la vía diplomática. Teniendo en cuenta que el futuro de Europa está en juego, esto supone una renuncia sin precedentes a su liderazgo. ¿Ha intentado usted, durante su mandato como canciller federal, mantener siquiera un solo diálogo significativo con el presidente Putin? ¿Ha intentado su ministro de Asuntos Exteriores mantener alguna vez un diálogo significativo con el ministro de Asuntos Exteriores Lavrov? ¿Conversaciones auténticas, como las que pusieron fin a la Guerra Fría? Por lo que atestiguan los registros públicos, la respuesta es: no. Ni una sola vez. Y no porque no se hubiera reconocido la urgencia.

Los últimos días han traído consigo una peligrosa escalada que debería alarmar a todos los europeos. Ambas capitales se encuentran ahora bajo fuego continuo: drones ucranianos de largo alcance han impactado en el corazón de Moscú, incluyendo objetivos civiles. 

Los ataques con misiles y drones rusos contra Kiev se han intensificado enormemente.


Rusia lanzó un ataque masivo con misiles y drones en Kiev durante la noche del 24 de mayo.

Drones ucranianos han penetrado en el espacio aéreo de los Estados bálticos, lo que ha suscitado el peligro inmediato de un incidente que podría arrastrar a Europa directamente a la guerra. Un atroz ataque ucraniano contra una escuela de niños en Lugansk ha socavado aún más los últimos restos de moderación. El 25 de mayo, el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, informó oficialmente al secretario de Estado de EEUU, siguiendo instrucciones del presidente Putin, de que las fuerzas armadas rusas están llevando a cabo ahora “ataques sistemáticos y continuados” contra instalaciones y centros de decisión en Kiev. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso aconsejó a Estados Unidos y a otros países que “garantizaran la evacuación de su personal diplomático y de sus ciudadanos de la capital ucraniana”. Esta noticia es el preludio de una escalada masiva. La diplomacia es más urgente que nunca.

El camino para defender Ucrania no es la continuación de la matanza, sino una paz en condiciones aceptables para todas las partes. En cambio, nos amenaza una escalada con más muertos aún, más destrucción y el peligro real de una guerra que se extienda más allá de Ucrania. Al exigir cada vez más armas, capacidades bélicas cada vez mayores y demostraciones cada vez más sonoras de “determinación”, y al dar a entender que Alemania se está preparando para una guerra en lugar de trabajar para ponerle fin, ha convertido a Berlín en un acelerador, en lugar de un freno, de una guerra a escala europea.

La responsabilidad de Alemania: seis puntos

Alemania tiene una responsabilidad considerable en la situación actual. Antes de que la política alemana pueda orientarse hacia la paz, es necesario abordar con honestidad el pasado de Alemania. A continuación, enumero seis graves omisiones de la política exterior alemana hacia Rusia desde la reunificación alemana de 1990.

En primer lugar: el Tratado 2+4 y la ampliación de la OTAN hacia el Este

El 12 de septiembre de 1990, Alemania firmó en Moscú el Tratado sobre la solución definitiva de los asuntos de Alemania –el “Tratado 2+4”–, que completó la reunificación alemana. Este tratado se materializó porque Mijaíl Gorbachov recibió de Hans-Dietrich Genscher, Helmut Kohl, James Baker y otros jefes de Estado y de Gobierno occidentales la solemne garantía de que la OTAN no se expandiría hacia el este.


George H. W. Bush junto a Gorbachov en la Cumbre de Helsinki, en septiembre de 1990.

Los documentos desclasificados –entre ellos los memorandos del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, ahora de acceso público– son inequívocos: esas garantías se dieron y, tal y como se formuló claramente en aquel momento, debían extenderse más allá del territorio de la antigua RDA hasta Europa del Este. Se reafirmaron en 1990 y 1991. El Tratado 2+4 limita el estacionamiento de tropas de la OTAN en la antigua RDA y recuerda los principios del Acta Final de Helsinki, que subraya que la seguridad de ninguna nación debe ir en detrimento de la seguridad de otra. ¿Acaso alguien cree seriamente que la Unión Soviética rechazaba la presencia de tropas occidentales en el territorio de la antigua RDA, pero se mostraba indiferente ante la presencia de ejércitos de la OTAN en Varsovia, Vilna o Kiev? Por supuesto que no. La ampliación de la OTAN se debatió en profundidad, y Alemania dio garantías expresas a los dirigentes soviéticos de que rechazaría la ampliación hacia el este –y más tarde las incumplió–. Alemania fue la que más se benefició de esas garantías, que constituían la contrapartida de la reunificación alemana. Sin embargo, ya en 1993 los políticos alemanes comenzaron a incumplir esas garantías.

En segundo lugar: la propia declaración de la canciller Merkel

En sus memorias, Angela Merkel escribe con notable franqueza que, en el momento de la Cumbre de Bucarest de 2008, comprendió que la invitación a Ucrania y Georgia a la OTAN equivaldría a una declaración de guerra a Rusia. Conocía la línea roja de Rusia. Y, sin embargo, cedió a la presión estadounidense y aceptó la declaración de compromiso según la cual Ucrania y Georgia “podrían llegar a ser” miembros de la OTAN en algún momento. Esa única frase desencadenó las catástrofes de 2014 y 2022. La franqueza posterior de Merkel es un regalo para sus sucesores: les ha dicho clara y rotundamente lo que entonces era evidente. Alemania no debería ahora fingir que no es así.

En tercer lugar: la traición al acuerdo del 21 de febrero de 2014

El 21 de febrero de 2014, el entonces ministro de Asuntos Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, medió en Kiev, junto con sus homólogos polaco y francés, en un acuerdo entre el presidente Yanukóvich y la oposición. El acuerdo preveía la reinstauración de la Constitución de 2004, la formación de un gobierno de unidad nacional y la convocatoria de elecciones presidenciales anticipadas. Se consultó al presidente Putin; el acuerdo fue ratificado. Fue un importante éxito diplomático en una situación de fuertes tensiones y violencia abierta. Sin embargo, en menos de 24 horas, Yanukóvich fue derrocado por un golpe de Estado violento. Alemania no insistió en el acuerdo que acababa de garantizar. En cambio, siguiendo el ejemplo de EEUU, Alemania apoyó al nuevo Gobierno como si nunca hubiera existido ningún acuerdo. Esta decisión reforzó en Moscú la idea de que no se podía confiar en las firmas occidentales.

Cuarto: Minsk II

En febrero de 2015, la canciller Merkel negoció personalmente el Acuerdo de Minsk II en el formato de Normandía y garantizó el apoyo político de Alemania en la declaración de apoyo aprobada el 12 de febrero de 2015 en Minsk. Durante siete años, Kiev no aplicó la disposición política central: la autonomía de las regiones del Donbás dentro de una Ucrania soberana. Alemania no ejerció presión sobre Kiev para que aplicara la disposición de autonomía que ella misma había exigido. Merkel reconoció más tarde que el acuerdo se había utilizado como medio de presión para permitir el rearme de Ucrania. El presidente Hollande se expresó en términos similares. La garantía no era, por tanto, en realidad ninguna garantía. Era una estrategia –una vez más, a instancias de Washington–. Una vez más, el mensaje a Moscú fue: no se puede confiar en las firmas occidentales.

Quinto: Nord Stream

El 7 de febrero de 2022, el presidente Biden anunció en el Salón Este de la Casa Blanca –en presencia del entonces canciller federal Olaf Scholz–: “Si Rusia invade [Ucrania], Nord Stream 2 dejará de existir. Pondremos fin a ello”. A la pregunta de cómo, respondió: “Les prometo que seremos capaces de hacerlo”. Siete meses después, los gasoductos fueron destruidos por un acto de sabotaje en el mar Báltico. Las pruebas disponibles –investigaciones periodísticas en EEUU y Alemania, las investigaciones de la Fiscalía Federal alemana y declaraciones públicas de antiguos funcionarios– apuntan de manera abrumadora a una operación conjunta ucraniano-estadounidense. El Gobierno federal alemán lo sabía desde hacía tiempo. Y, sin embargo, Alemania ha permitido que, en contra de las pruebas inequívocas, se culpe a Rusia, mientras que un acto de sabotaje industrial contra la economía alemana ha quedado impune y sin respuesta.

Sexto: el acuerdo de Estambul de abril de 2022, que estaba al alcance de la mano

Apenas unas semanas después de la invasión rusa en febrero de 2022, negociadores rusos y ucranianos se reunieron en Estambul para negociar las condiciones de un acuerdo de paz: la neutralidad de Ucrania fuera de la OTAN, garantías de seguridad multilaterales, límites acordados de tropas y la solución política gradual de la cuestión de Donbás y Crimea. El acuerdo estaba a punto de firmarse. El ex primer ministro israelí Naftali Bennett, uno de los mediadores, confirmó públicamente que el acuerdo estaba a punto de cerrarse y que Occidente –en particular, Estados Unidos y el Reino Unido– había intentado impedirlo. La misión del primer ministro Boris Johnson a Kiev en abril de 2022 para ordenar a Ucrania que no firmara el acuerdo es de dominio público. Cientos de miles de vidas ucranianas y rusas, así como todo el orden europeo, han pagado el precio de esta intervención estadounidense-británica. Alemania ha guardado silencio al respecto, a pesar de que, como ningún otro país europeo, ha tenido que soportar las consecuencias económicas.

La autodestrucción económica de Alemania

Su máxima prioridad debe ser la paz. Las últimas noticias procedentes de Moscú ponen de manifiesto la urgencia de la situación. Pero, paralelamente a la primera catástrofe, se avecina una segunda: la destrucción deliberada de la economía alemana, en la que Berlín es tanto artífice como víctima.

La industria alemana se basaba en el comercio con Rusia. La destrucción del Nord Stream y la consiguiente ruptura de las relaciones comerciales germano-rusas han llevado a que Alemania compre gas natural de EEUU a precios mucho más elevados que los del gas ruso del gasoducto, al que sustituye. Esto es un suicidio industrial. La industria química, siderúrgica y del vidrio de Alemania, así como los fabricantes con alto consumo energético –la base de la clase media– pierden día a día competitividad internacional. Los puestos de trabajo cualificados desaparecen de la economía alemana. Y el contribuyente y el consumidor alemanes transfieren riqueza nacional de Alemania a los productores de gas estadounidenses en una magnitud sin precedentes en la Europa de la posguerra.

Además, el Gobierno federal planea ahora una expansión masiva del gasto en armamento –cientos de miles de millones de euros en la próxima década– para prepararse para una guerra que se podría haber evitado fácilmente mediante la diplomacia. Se trata de una flagrante mala asignación de los recursos nacionales. El reto central para Alemania en esta década es la competitividad en la era digital. Cada euro que se gasta en tanques, misiles y proyectiles de artillería es un euro que falta para las capacidades de IA de Alemania, su desarrollo y fabricación de chips, su infraestructura energética y las redes digitales de alta velocidad que necesita para seguir siendo una potencia económica líder.

La amarga realidad, señor canciller, es que con estas armas no se puede comprar la seguridad que se podría lograr mediante la diplomacia a una fracción del coste. Y sin las inversiones en digitalización y energía, que se ven desplazadas por este rearme, no se puede alcanzar la prosperidad.

Mi llamamiento: señor canciller, más que cualquier otro jefe de Estado o de Gobierno europeo, usted es quien debe actuar cuando se trata de decidir si Europa se desliza hacia una guerra generalizada o vuelve a las negociaciones y a la sensatez económica. Ya es hora de actuar. El actual mensaje oficial de Moscú a Washington lo demuestra claramente. Por favor, entable un diálogo con el presidente Putin. Por favor, envíe a su ministro de Asuntos Exteriores a Moscú o invite al ministro de Asuntos Exteriores ruso a Berlín. Por favor, reabra los canales de la OSCE [la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa] que Alemania ha dejado en desuso. Por favor, exija a Kiev que cese los ataques contra objetivos civiles.

Pero, sobre todo: diga la verdad a la opinión pública alemana. Una paz negociada basada en la neutralidad de Ucrania es la vía realista para salir de la catástrofe, y el restablecimiento de relaciones económicas normales con Rusia es la vía realista para salir del declive industrial de Alemania.

Las condiciones de un acuerdo aceptable que Alemania podría proponer son claras: los combates cesan en una línea de alto el fuego. Todas las partes renuncian a cualquier uso futuro de la fuerza en cuestiones fronterizas. Ucrania restablece su neutralidad y la OTAN renuncia de forma permanente a una nueva expansión hacia el este. Europa y Rusia reanudan sus relaciones económicas y ponen fin al belicismo. La OSCE vuelve a ser el foro central para la seguridad europea, con el principio de que la seguridad europea es indivisible y no se basa en bloques militares que dividen a Europa. En un escenario de paz como este, Alemania puede concentrar sus recursos nacionales en las inversiones en digitalización, IA, semiconductores y energía que requiere el futuro económico de Alemania.

La historia recordará lo que haga y lo que deje de hacer en las próximas semanas. Lo mismo ocurre con la opinión pública alemana, los pueblos de Rusia, Ucrania y toda Europa. Es hora de la diplomacia, señor canciller. Usted tiene la elección.


Atentamente,


Jeffrey D. Sachs



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