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sábado, 18 de julio de 2026

La defensa de “Europa” de Slavoj Žižek

 

      Investigador de historia y periodista. Actualmente en el exilio tras escapar de Rusia.


Es difícil no darse cuenta de que Žižek, en sus últimos discursos y textos, expresa una posición agresivamente eurocéntrica que estamos acostumbrados a escuchar de la clase política de la UE


Vista satelital nocturna de Europa, destacando la densidad de población y el desarrollo de infraestructura a través de las luces de las ciudades.


     Es predecible y agotador ver a una celebridad intelectual comenzar un discurso inaugural con la gastada cita de Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere y el nuevo tarda en nacer, y en ese interregno surgen los fenómenos mórbidos más variados.” La ansiedad sobreviene cuando uno se da cuenta de por qué está citándola. Para una superestrella intelectual, los clásicos sirven meramente para decorar el escenario de su actuación, un acto de equilibrismo dialéctico que ha registrado una fuerte demanda por parte del público durante años.

Armado con su acento esloveno y humor excéntrico marca de la casa, Slavoj Žižek encuentra ideología en todas partes: en los grandes taquillazos de Hollywood, en el diseño de los inodoros occidentales. Pero cabe sospechar que en el pintoresco cementerio romano de Testaccio Antonio Gramsci se revolvería en su tumba viendo cómo Žižek gestiona su legado.

Parece que Žižek hace tiempo que dejó de cultivar su reputación de figura marginal, una suerte de Diógenes moderno en el barril. Hoy es un intelectual de éxito, bienvenido en la crema de la crema de las instituciones académicas y grandes auditorios. Vive y trabaja entre Londres, Ljubljana y EEUU, cobrando jugosos cheques por sus conferencias y libros, que produce industrialmente, en ocasiones dos al año. Goza del estatuto de estrella mundial y su vida claramente difiere de la del investigador medio en la academia occidental, con visados precarios, becas magras y contratos por períodos de tiempo limitados.

Cuando Žižek se sitúa a sí mismo entre Marx y Gramsci en una de sus performances pop y comienza a deconstruir sus conceptos clásicos es importante recordar desde qué posición y en interés de quién hablaban esos clásicos. El período mismo de interregno sobre el que escribió Gramsci era una época de hegemonía en desintegración, un tiempo de cambios políticos radicales. Entre crisis terribles y la polarización de los veinte, Gramsci escogió combatir el fascismo de Mussolini. No abandonó Italia por Moscú y, en el período más peligroso, comenzó a organizar la resistencia clandestina en su propio país. Puso su vida en riesgo, como miles de otros comunistas italianos. La frase del fiscal fascista en el juicio a Gramsci de 1928 ha pasado a la historia: “Debemos impedir que este cerebro trabaje durante 20 años.”

En prisión Gramsci enfermó de nuevas dolencias y hubo de pasar los últimos años de su confinamiento en un hospital. Fue liberado formalmente el 21 de abril de 1937, demasiado débil como para abandonar la clínica romana. Seis días después Antonio Gramsci murió de una hemorragia cerebral. Nos legó sus legendarios Cuadernos de la prisión, un intento de comprender la derrota de los movimientos obreros en Europa y encontrar una nueva estrategia para la emancipación a través del análisis de clase. Años después de su muerte, sus ideas entraron en varios campos de la investigación académica institucionalizada y se convirtieron en un juego de instrumentos clave en la caja de herramientas de las fuerzas políticas tanto de izquierda como de derechas.

Un siglo después, en una nueva era de inestabilidad global, la superestrella viviente Slavoj Žižek utiliza citas de Gramsci y Marx para salpimentar de izquierda la retórica militarista de la clase dirigente europea.

El Žižek tardío para tiempos apocalípticos

¿Qué presenta Žižek al público de hoy? Sus artículos y discursos desde 2022 a 2026 se construyen en torno a la idea de defender Europa como principal bastión de la libertad y del legado de la Ilustración. De acuerdo con el filósofo eslóveno, solamente la Europa actual posee el potencial para la verdadera emancipación universal, y este rol viene predestinado por su experiencia histórica única: “Hay una profunda similitud entre los ataques de Trump a la tríada de medio ambiente, corrección política y derechos LGBT+ y el conflicto entre Rusia y Europa. Uno debería hacerse una pregunta muy sencilla: ¿Qué civilización, hoy, encarna plenamente la tríada atacada por Trump? Sólo una: la civilización europea como forma última de la Ilustración”.

De acuerdo conŽižek, el mundo moderno no está progresando, sino moviéndose más bien hacia la amenaza más terrible de todas: el fin del mundo. Y ahora mismo los europeos deben “echar mano del freno de emergencia revolucionario”.

Žižek recurre a esta metáfora introducida por Walter Benjamin, quien vivió en circunstancias extremas y fue obligado a exiliarse huyendo del nazismo. Benjamin revisó el postulado marxista de que las revoluciones son las “locomotoras de la historia”. En su interpretación, el verdadero momento emancipatorio ocurre justamente en el momento en el que los “pasajeros” intentan detener el movimiento hacia la catástrofe. Una catástrofe fue lo que sufrió Benjamin en la frontera de la península ibérica en 1940 cuando, enfrentado a la amenaza de una deportación a la Francia ocupada por los nazis, se suicidó.

En nuestra época las preocupaciones principales son el abismo de la crisis climática, la amenaza de una nueva guerra mundial, nuevos regímenes autoritarios y la Inteligencia Artificial (IA). Sin embargo, Žižek no ofrece ninguna solución de raigambre anticapitalista. Por una parte, declara que, como universalista, no le gusta un mundo en el que existen diferentes “civilizaciones” con sus propios valores y maneras de vivir. Desde más o menos la crisis migratoria de 2015-2016, Žižek ha hablado frecuentemente, con su característico estilo de trilero, sobre los derechos de las mujeres en el islam y en la cultura musulmana en general, afirmaciones que generaron una fuerte crítica en contra.


Slavoj Žižek durante la presentación de su libro «Islam y modernidad. Reflexiones blasfemas».

Žižek ha instrumentalizado el islam para atacar a sus adversarios de la “izquierda liberal”, acusándolos de sacrificar los ideales de la Ilustración en el altar de la tolerancia multicultural. El filósofo esloveno asegura que no le gusta la proposición teórica de las obras de Samuel Huntington, a saber: percibir un mundo de diferentes “civilizaciones” como el orden natural de las cosas que ha de aceptarse.

Por otra parte, Žižek apela explícitamente a que una de estas “civilizaciones” –Europa (representada por la UE)– alcance la soberanía. Según Žižek, únicamente una soberanía europea puede traer la verdadera luz del progreso al mundo, mientras señala la “lucha anticolonial” de otras regiones: “Los nuevos bloques de poder que están emergiendo en el mundo no son más que versiones del nuevo fascismo. Piénsese en el eje de Rusia-Irán-Venezuela. Europa debe ser aquí una excepción: el único lugar fiel a la Ilustración emancipatoria”.

Es difícil no darse cuenta de que Žižek, en sus últimos discursos y textos, expresa una posición agresivamente eurocéntrica que estamos acostumbrados a escuchar de la clase política de la UE. Con frecuencia lo hace exactamente con los mismos términos y con los mismos argumentos. El intelectual del escándalo rechaza la posición del internacionalismo anti-imperialista y desprecia a quienes desde la izquierda se oponen a él llamándolos “pacifistas” (peaceniks), un término peyorativo que adquirió popularidad en EEUU durante las protestas contra la Guerra de Vietnam y que ha sido usado por los halcones belicistas desde entonces.

Žižek hizo su última conferencia en el edificio mismo de Roma en el que, casi 70 años atrás, se creó el precursor de la actual Unión Europea. Todo el pathos del texto, “La Unión Europea, 70 años después”, estaba vinculado precisamente a esta fecha. Parágrafo a parágrafo, el filósofo esloveno pescaba citas de varios contextos, las arrojaba a su cesto y aplicaba su dialéctica pop a ellas para luego alimentar al público con el resultado. Su metáfora favorita de la castración supuestamente ha de explicar la actitud de los populistas de derecha hacia la Europa actual: atemorizan al electorado europeo con la idea de que el Viejo Mundo está perdiendo su fuerza masculina vital frente a los “otros”, los inmigrantes y las minorías. ¿Pero qué nos proporciona este ejercicio de trile en freudianismo? ¿Acaso nos ayuda a entender las grandes crisis, las guerras, la crisis medioambiental o el coste de la vida?

Hace un siglo Gramsci escribió sobre cómo la crisis de la hegemonía burguesa abría una ventana tanto a la revolución proletaria como al fascismo. En sus últimos discursos y textos, Žižek saca la revolución proletaria de esta ecuación, mantiene el fascismo (que interpreta de una manera peculiar) y añade la “amenaza del fundamentalismo religioso.” Esta manipulación permite a Žižek sugerir que Rusia y China están evolucionando hacia el fascismo, o que ya han llegado a él, y que los pueblos de Oriente Medio a duras penas pueden reclamar para sí proyectos revolucionarios, porque están atenazados por sus regímenes religiosos y nacional-conservadores. De los grandes países que combinan una ideología nacional con proyectos de desarrollo económico Žižek dice lo siguiente: “Así pues, las principales opciones son hoy: los restos del sueño de Fukuyama, un fundamentalismo directamente religioso y, especialmente, lo que no puedo sino llamar un fascismo soft moderadamente autoritario: un capitalismo de mercado combinado con una fuerte ideología de movilización estatal para mantener la cohesión social. Piénsese en la India de Modi”.

El autor cree que las potencias emergentes como Irán, China y Rusia se identifican de manera falsa con la lucha anticolonial. Según Žižek, su propuesta alternativa es un universalismo de otro tipo, uno en el que las “maneras de vivir político-teológicas” puede convivir en paz.

De este modo los “fundamentalistas religiosos” se encuentran en el mismo grupo que los “fascistas soft”: los talibanes, Rusia, India, China, Corea del Norte e Irán están unidos por el hecho de que, a través de las declaraciones de sus representantes oficiales, se denominan a sí mismos combatientes contra el colonialismo y el imperialismo estadounidense. En sus artículos más recientes Žižek consistentemente promueve la idea de que los regímenes autoritarios quieren resolver sus problemas internos usando la imagen de un enemigo externo. Por lo que hace a América Latina y África, el filósofo esloveno se niega incluso a considerarlas regiones donde pueda comenzar una genuina lucha por la emancipación universal.

Esta nueva manera de ver el mundo de Slavoj Žižek se enfrenta a una contradicción obvia. El capitalismo ha sido y sigue siendo un sistema de desigualdad global entre países y regiones. ¿Qué ha de hacerse con el hecho de que China fue, literalmente, una colonia británica, y que Irán ha estado luchando durante décadas por el derecho a llevar a cabo políticas independientes y controlar sus propios recursos? ¿Qué piensa Žižek de la economía global, en la que claramente hay países dependientes y claramente hay quienes han explotado esta dependencia durante siglos?

Incluso si, a un nivel retórico, el intelectual esloveno promueve la idea del universalismo, su propuesta política consiste en todo lo contrario: la lógica de exclusión y particularismo. La diferente “civilización” europea puede fracasar repetidamente en su trayectoria histórica: en el colonialismo, en el fascismo, en su falta de habilidad para resolver problemas fundamentales y superar la desigualdad global. A pesar de ello, esta Europa imaginaria recibe una y otra vez otra oportunidad, conservando su viejo papel mesiánico, en virtud de su experiencia histórica “especial” y el legado de la Ilustración.

Žižek y Rusia

El fracaso intelectual de Žižek resulta aún más obvio cuando se examina la realidad material rusa. Recurriendo al concepto demofóbico de homo putinus, Žižek equipara al parecer lo que ocurre en Rusia con lo que dicen Putin y sus funcionarios, espigando aquí y allá citas de los discursos odiosos de Putin, de Kharichev, el ideólogo del Kremlin, o del exgobernador de la región de Kaliningrado, Alikhanov. Desde el punto de vista de Žižek, la trayectoria actual de Rusia está determinada por la ideología del eurasianismo y el tradicionalismo, impuesto al país por funcionarios adeptos a esta ideología. La gente del país debe estar dispuesta a sacrificarse en la masa por el futuro del Estado.


Sociedad rusa en tiempos de guerra.

En contra de lo que afirma Žižek, repitiendo como una cacatúa los clichés de los kremlinólogos occidentales, la clase dirigente rusa es más bien un sistema complejo en el que diferentes grupos de interés chocan entre sí y no se parece para nada a un club de seguidores de Aleksander Dugin. Más importante aún, los rusos, como sociedad, probablemente están más bien poco interesados en el conservadurismo radical.


Sociedad rusa actual en tiempos de guerra.

Tenemos todos los motivos para decir que el bloque ideológico de la administración presidencial y la sociedad rusa real existen en dos planos de la realidad diferentes. El análisis sociológico (tanto cualitiativo como cuantitativo) muestra que Rusia no es un país en el que ha triunfado Dugin. La Rusia moderna es una sociedad de mercado despolitizada. Un país con uno de los mayores niveles de desigualdad económica en el mundo, donde el culto neoliberal al éxito personal es llevado al extremo. Es una sociedad en la que florecen la industria del “infopreneurship” y los coaches personales.

¿Qué idea domina de veras Rusia? Dejar atrás las penalidades económicas y el endeudamiento privado. Éste es precisamente el motivo por el que una elevada cifra de sus ciudadanos están actualmente matando y muriendo en las trincheras de Ucrania. Numerosos testimonios –quejas y protestas, mensajes en vídeo de de las familias del personal militar e incluso el debatido documental de la periodista Anastasia Trofimova– muestran la confusión sobre los objetivos de la guerra por parte de los propios participantes en ella. Después de años de la llamada Operación Militar Especial, no se han formado colas en las oficinas de reclutamiento y los soldados con contrato se mantienen gracias a incrementos salariales sin precedentes.

En vez de analizar la sociedad rusa, Žižek, como cientos de otros comentaristas occidentales, construye su análisis de la ideología rusa en convenientes citas de representantes individuales de la élite rusa.

En su discurso en Roma, Žižek analiza con toda seriedad la “lista de países que imponen actitudes neoliberales destructivas” rusa y la considera una muestra de la proximidad ideológica de Rusia a Corea del Norte y los talibanes: “Los estados en esta lista ahora son oficialmente designados ‘estados enemigos’ porque no comparten ‘los valores morales y espirituales tradicionales rusos’, no se habla para nada de un mundo multipolar, si no compartes sus valores eres un enemigo de Rusia, sin más.”

Pero lo cierto es que esta lista de 49 países duplica casi por completo otra lista, la de “paises inamistosos”, siendo la única diferencia que Eslovaquia y Hungría están ausentes de la segunda lista. Ambas están vinculadas a la política de restricciones económicas y contrasanciones de Rusia: en la actualidad Rusia se encuentra bajo una cifra récord histórica de sanciones, más de 26 mil, con Irán ocupando un segundo lugar a mucha distancia. Las listas son, sobre todo y antes que nada, parte de la política económica de Rusia.

Otro de los lugares comunes favoritos de Žižek es la analogía entre Rusia e Israel. Defiende que ambos estados niegan la existencia de grupos étnicos: en el primer caso, los ucranianos, en el segundo, los palestinos.

Merece la pena objetar aquí que, a pesar de los crímenes de guerra y el torrente de retórica xenofóba dirigida hacia los ucranianos desde la propaganda rusa y el propio Putin, esto no es claramente suficiente para equiparar a Rusia e Israel.

En la Federación Rusa vemos un aparato estatal autoritario que refuerza y reproduce una enorme desigualdad económica entre regiones, asimilando simultáneamente pueblos y culturas locales. Con todo, estamos hablando de una federación multiétnica que incluye 21 repúblicas nacionales, lo que, en sí mismo, tiene un efecto material en Rusia y puede que desempeñe un papel político en el futuro. En el caso de Israel estamos hablando de un estado etnocrático que, en la teoría y en la práctica, ha implementado ya un sistema de apartheid en su propio territorio.

Del eurocentrismo al internacionalismo

En la parte final de su discurso en Roma, el filósofo eslóveno bosqueja, al fin, una imagen del futuro: si hace 150 años el espectro del comunismo perseguía Europa y todas las fuerzas políticas intentaban darle caza, hoy el espectro es la propia Europa. Toda “civilización” encuentra razones para culpar al continente europeo de todos los males de la humanidad, por lo que, en su visión del futuro, Žižek reemplaza el proyecto comunista con la idea de la Unión Europea, que es un material preexistente. Algunos no tendrán sólo que vivir sino también morir por esta Europa, un hecho que Žižek recuerda usando frases estereotipadas que remiten a la retórica de ciertos funcionarios comunitarios. El papel de Ucrania en Europa queda reducido a una función militar y utilitaria: “La posición de la UE debería ser de apoyo incondicional a Ucrania, incluso arriesgándose a una guerra con Rusia; si Ucrania fracasa, Europa quedará mutilada. Ucrania no queda lejos, no puede no ser una preocupación de Europa: es el puesto más avanzado de Europa”.

Aunque Slavoj Žižek mantiene un patetismo izquierdista en su retórica, e incluso propone ruidosamente “separarse del cadáver de la democracia liberal”, no hay ideas alternativas más allá de esta frase, más allá de una llamada psicoterapéutica para que Europa “deje de tener miedo de sí misma.”

Continuando con su metáfora especulativa, podría afirmarse que ahora mismo este “cadáver de la democracia” está evolucionando lentamente hacia un estado zombi. Existen todos los motivos para creer que sin propuestas alternativas la UE se hundirá aún más en un pozo de crisis, combinando una desigualdad social creciente con medidas de austeridad, y ofreciendo a la clase media europea y las capas más pobres la oportunidad de mejorar su situación trabajando para el complejo militar-industrial.

Žižek, a quien tanto le gusta analizar paradojas, parece haber pasado por alto la mayor de todas: su propuesta política pasiva es punzantemente similar a lo que Vladímir Putin está haciendo con Rusia. Resulta que estas trayectorias interseccionan no sólo en el plano socioeconómico, sino también en el ideológico, de acuerdo con el cual hay una civilización excepcional en el mundo que se enfrenta a una misión histórica especial. Putin y Dugin ven a Rusia así, y Žižek ve a Europa así.

Los propios europeos, los países del Sur Global y el mundo entero tienen razones perfectamente justificables para que les desagrade y hasta odien Europa. Ante nosotros se encuentra el mundo que Europa construyó, con su legado de imperios coloniales, guerras mundiales, viejos y nuevos genocidios, extractivismo y una desigualdad estructural colosal en el comercio y la producción globales.

Žižek se queja repetidamente de que la economía de mercado no puede coordinar las crisis globales y pide a la UE que actúe. Pero al mismo no tiempo nada dice de que los verdaderos intentos por coordinar la economía sobre un principio de igualdad a nivel internacional han venido históricamente de los países del Segundo y Tercer Mundo. El último intento serio de una coordinación así fue el proyecto del Nuevo Orden Económico Internacional.

Este proyecto fue activamente promovido por los países del Movimiento de No-Alineados en las agencias de la ONU en los setenta. Con el lema “comercio, no ayuda”, el Sur Global reclamó soberanía incondicional sobre sus propios recursos naturales y mecanismos para controlar a las corporaciones transnacionales, así como garantías para la transferencia tecnológica, con el objetivo de desarrollar sus propias industrias y romper la dependencia sistémica. La base ideológica de esta teoría fueron las ideas de teóricos de la independencia y neomarxistas como Raúl Prebisch y Samir Amin.

El proyecto no fue simplemente un “club de debate”: fue la culminación de una lucha desde los países de la periferia que en los años sesenta se organizaron en el bloque político del “grupo de los 77” y forzaron a los países del centro a participar en un diálogo sistémico. Gracias a la presión de este bloque el papel de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y Desarrollo (UNCTAD) se incrementó significativamente. Ésta fue la primera plataforma global que defendió abiertamente los intereses de los países en vías de desarrollo. El mecanismo de intercambio desigual fue descrito con tanta precisión que sigue siendo a día de hoy la base de la crítica económica decolonial. El legado de este proyecto vive en nuestros días en nuevas iniciativas.

La crisis de deuda y la reacción neoliberal de los ochenta enterró este proyecto en su fase activa: en vez de una coordinación igualitaria, los países de la periferia recibieron programas de ajuste estructural vinculados a condiciones draconianas del FMI. Las instituciones financieras internacionales fozaron a los países a eliminar barreras comerciales y a emprender privatizaciones a gran escala. El paradigma neoclásico, con su dogma de “libre mercado” y la teoría ricardiana de ventaja comparativa ayudaron a justificar el abandono de los países de la periferia de su propia industrialización, actitudes que se convirtieron en la corriente central de la economía durante mucho tiempo.

Žižek también se muestra agresivo hacia los BRICS. Sin caer en su idealización o exagerar su importancia, debe admitirse que los países de los BRICS desempeñan hoy un papel mucho mayor en la economía global que la UE. Luchar contra esta realidad es como luchar contra molinos de viento. Pero si los BRICS no son una alternativa, ¿dónde deberíamos mirar hoy, especialmente desde Europa?

El intelectual esloveno elogia al presidente español Pedro Sánchez como un dirigente más responsable cuando rechaza apoyar la invasión militar de Irán por parte de los EEUU e Israel. Sin embargo, la diferencia más clara entre las políticas de Sánchez y las propuestas de Žižek es precisamente que el primero construye puentes entre Europa y el Sur Global e incluso promueve la cooperación entre los propios países del Sur Global.

Durante su reciente visita a China, Sánchez hizo un discurso en el que afirmó que el mundo multipolar no es una amenaza, sino la realidad objetiva en la que vivimos. Al mismo tiempo, la multipolaridad no debe caer por la pendiente al caos del egoísmo soberano y el derecho del más fuerte. Debe apoyarse en el multilateralismo, un sistema de acuerdos multilaterales funcionales. Sánchez insiste en que los centros de poder regionales deben ser parte de las instituciones globales, ante todo la ONU, donde es posible equilibrar los intereses de todos los países bajo el principio de equidad. El verdadero objetivo de la multipolaridad es reimpulsar y democratizar la legislación internacional.

Literalmente días después de regresar de Asia, Sánchez inauguró un congreso multitudinario de fuerzas de la izquierda en Barcelona en el que reunió a dirigentes clave del Sur Global y del centro-izquierda. La agenda del foro se dedicó precisamente a los principales proyectos institucionales. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, presentó un proyecto que permitiría que los presupuestos militares de los estados se recondujesen a la protección medioambiental. Lula da Silva presionó para que se introdujese un impuesto global a la riqueza. El gobierno español está diseñando un plan para el control democrático de los monopolios digitales.

Los actuales intentos por impulsar una política progresista a nivel global se realizan desde países y regiones que, según el análisis del intelectual esloveno, han de categorizarse como sin esperanza o incluso “enemigas”, especialmente si nos fijamos en el descomunal éxito de China en la transición energética. A pesar de todo lo anterior, Slavoj Žižek se niega a considerar una cooperación internacional en un sentido progresista. Aún más revelador es el hecho de que el filósofo evite cualquier crítica de peso hacia la propia Europa. Aunque su posición parezca radical resulta sorprendentemente conciliadora hacia las élites europeas y no nos dice nada sobre las contradicciones sociales más importantes.

Slavoj Žižek tiene un célebre chiste verde y políticamente incorrecto sobre cómo, en el Rus medieval, un guerrero mongol viola una mujer campesina rusa y obliga a su marido a sostenerle los testículos para que se no llenen de polvo. Cuando el guerrero se marcha, la mujer mira con lágrimas mientras su marido parece exultante. ¿Por qué? Porque saboteó la orden y dejó que los testículos del mongol se llenasen de polvo. El campesino contempló esta transgresión menor como una victoria. Žižek ilustraba con esta anécdota el trabajo de los intelectuales críticos contemporáneos, participantes en subversiones simbólicas menores al mismo tiempo que no suponen ninguna amenaza real al sistema, ya que nunca se les ocurre que podrían “cortarle las pelotas” a quienes tienen el poder.

Quizá la superestrella de la filosofía izquierdista y todos sus simpatizantes deberían considerar que el método dialéctico pierde su significado si se elimina de él la crítica al capitalismo y se la reemplaza con una escatología mezclada con narativas chovinistas. Si Slavoj Žižek repite como una cacatúa la retórica de los burócratas de la Unión Europea, ¿entonces qué papel está interpretando él hoy en el chiste verde?


Fuente: El Salto

martes, 16 de junio de 2026

La OTAN marca en rojo 2030 como el año de un posible ataque ruso

 Por Àngel Ferrero   
      Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.


La tensión en el Báltico ha seguido creciendo en las últimas semanas. Figuras destacadas del ejército ruso abogan abiertamente por el conflicto contra los países que han apoyado a Ucrania, incluso, llegado el caso con el uso de bombas nucleares


Funeral de un soldado ucraniano fallecido en Jarkov.


     Hasta el año pasado 2030 era el año que asociábamos al plan de acción aprobado en 2015 por la Asamblea General de la ONU para alcanzar 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS), desde el fin de la pobreza hasta la paz pasando por la educación de calidad, la igualdad de género, la energía asequible y no contaminante o las ciudades y comunidades sostenibles. Hoy 2030 es en cambio una fecha de asociaciones funestas. De acuerdo con varios servicios de inteligencia de estados miembros de la OTAN, ése es el año en el que Rusia podría atacar a la Unión Europea.

Por este motivo el plan de rearme del bloque para mobilizar 800.000 millones de euros cambió en marzo de 2025 su nombre de ‘ReArm Europe’ a ‘Readiness 2030’. El año está marcado ya a fuego en el calendario. Como parte de este plan, el Bundeswehr aspira a ser en cuatro años el ejército convencional más grande de toda la Unión Europea con 260.000 soldados en activo, 460.000 si se suman los reservistas.

‘London Bridge is Falling Down’

A mediados de mayo el Ministerio de Defensa de Reino Unido realizó unos ejercicios militares que han pasado relativamente inadvertidos en unas instalaciones en desuso de la estación de Charing Cross de Londres, que, con el nombre de ‘Arrcade Strike’ –el aparente error tipográfico se debe a que la fuerza de reacción rápida que los protagonizaba se llama Allied Rapid Reaction Corps (ARRC)–, simulaban un puesto de control subterráneo en Estonia en el escenario de un conflicto entre la OTAN y Rusia en el año —una vez de más— 2030.


Estación de Charing Cross en Londres, cuyo andén en desuso fue transformado esta semana para crear un puesto de mando subterráneo en Estonia, que alberga una formación ofensiva de la OTAN liderada por el Reino Unido. | John Keeble.

De acuerdo con el comunicado oficial, en este ejercicio de defensa participaron 100.000 miembros de los ejércitos de Reino Unido, Francia, Italia y EEUU, y estas maniobras se distinguieron por el uso de drones, sistemas electrónicos para su intercepción y sistemas de Inteligencia Artificial (IA) como Asgard, desarrollado en colaboración con Palantir –la mitología nórdica, una vez más, como ‘silbato para perros’ (dog whistle)–, el gigante del nuevo complejo militar-industrial que ya emplea Ucrania como laboratorio de sus tecnologías.


Vigilancia sobre hotel bombardeado donde residian civiles. Primeras lineas del frente cerca de la río Dnieper. Julio Zamarrón.

Según las informaciones publicadas en los medios, con estos ejercicios la OTAN quería poner a prueba dichos sistemas para asignar objetivos automáticamente así como contrarestar la aplicación de IA por parte de Rusia, por una parte, y demostrar la capacidad de destruir objetivos en territorio ruso –se mencionaba explícitamente la región de San Petersburgo–, por la otra.

Con todo, como recordaba días atrás el periodista Peter Korotaev, un intercambio de este tipo entraña un serio riesgo de escalada nuclear. “Pero el ejército británico insiste en tratar a sus lectores como imbéciles, a la manera típica anglosajona, y afirma que estaban entrenando el uso de drones y misiles equipados con IA, tratándolos como si transportasen cargas convencionales (la naturaleza de los explosivos no se explicita)”, escribe Korotaev, quien señala que “un ataque nuclear ejecutado por Londres implicaría probablemente submarinos nucleares, que no se mencionan en la descripción de Arrcade Strike”.

En ese caso, continúa este periodista, “esto no ‘detendría la guerra’ exactamente: desencadenaría un auténtico Apocalipsis” e incluso “si la cúpula militar y política rusa fuese aniquilada –a pesar de la obviedad de que se encontrarían en búnqueres soviéticos mucho más profundos y resistentes a un ataque nuclear que el destartalado metro de Londres– habría sin duda una respuesta rusa del Sistema Perímetro”, un dispositivo creado por la Unión Soviética capaz de lanzar automáticamente los misiles balísticos intercontinentales con carga nuclear sin necesidad o con una mínima autorización humana si se registra un ataque contra su territorio.

Nada de lo anterior impide que la violencia retórica de algunos políticos europeos vaya en aumento. El 19 de mayo el ministro de Asuntos Exteriores de Lituania, Kęstutis Budrys, llegó a declarar en una entrevista al diario suizo Neue Zürcher Zeitung(NZZ) que la OTAN debería “demostrar a los rusos que somos capaces de abrirnos paso a través de las pequeñas fortalezas que han construido en Kaliningrado” y que, “de ser necesario, la OTAN tiene los medios para destruir las bases de defensa aérea y misiles rusas localizadas allí.”

Drones en el Báltico

Justamente en el Báltico, de todos los escenarios de conflagración que se manejan desde los medios de comunicación y los think tanks, es donde se concentra actualmente uno de los focos de tensión de esta suerte de nueva guerra fría. Por utilizar una expresión de un analista alemán, Alexander Neu, en el Báltico “la mecha del polvorín se acorta”.


Entre los expertos en seguridad, la región del Báltico se considera actualmente la zona de conflicto con mayor potencial de explosión entre la OTAN y la Federación Rusa.

Otro analista, el estadounidense Anatol Lieven, ha pedido “desactivar el polvorín báltico”.


Washington debe actuar para desactivar el polvorín del Báltico.


En esta región la tensión ha ido acumulándose luego que drones ucranianos hayan cruzado el espacio aéreo de las tres repúblicas bálticas para atacar objetivos en Rusia occidental, volando en paralelo a la frontera antes de entrar en el espacio aéreo ruso con el fin de evadir sus defensas antiaéreas. Moscú ha acusado por su parte a las repúblicas bálticas de proporcionar “corredores aéreos” para los drones ucranianos e incluso de emplear su territorio para lanzar directamente los ataques o, en el caso de Letonia, de alojar a los operadores de drones ucranianos en el país.

El problema añadido es que muchos de estos drones pueden desviarse de su trayectoria y acabar impactando en territorio comunitario, como ha terminado ocurriendo. El pasado 19 de mayo un F-16 de la patrulla aérea de la OTAN en el Báltico derribó un dron ucraniano sobre el espacio aéreo estonio.


Aviones de la OTAN derribaron un presunto dron ucraniano sobre Estonia.

Al día siguiente Vilna envió una alerta a sus residentes para que buscasen refugio debido a la violación de su espacio aéreo.


Tras la alerta por teléfono móvil, la gente se agolpó en un refugio del parlamento lituano.

El presidente, Gitanas Nausėda, y la primera ministra, Inga Ruginienė, fueron desplazados por los servicios de seguridad hasta un búnquer. 

El 8 de junio dos cazas ‘Rafale’ franceses derribaron un dron que había entrado en el espacio aéreo de Letonia.


Un dron impactaba en un un objetivo en un campo de entrenamiento militar de Letonia, en una jornada de demostración de Innovation Range, el pasado mes de mayo.

La razón detrás de estos incidentes es motivo de disputa. La versión favorecida por los medios occidentales es que los sistemas de intercepción electrónica rusos son capaces de desviarlos de su trayectoria y redirigirlos, como provocación, hacia las repúblicas bálticas.

El analista de defensa de Meduza, Dmitri Kuznets, ha rechazado no obstante tanto esta versión como la oficial rusa que asegura que el territorio de las tres repúblicas bálticas se utiliza, como quedó dicho antes, como lanzadera de ataques. Según Kuznets, los sistemas rusos envían señales de satélite falsas en el espacio aéreo de sus zonas fronterizas para corromper los sistemas de navegación GPS, de manera que los drones ucranianos –que son lanzados desde la región de Chernihiv– atraviesan un espacio aéreo, el ruso, en el que su sistema de navegación se ve alterado antes de entrar en el espacio aéreo de la OTAN, haciendo que sus sistemas de guía se desvien de los objetivos originales. Algo parecido ocurre en Moldavia, cuya presidenta, Maia Sandu, ha solicitado a los aliados occidentales sistemas de intercepción más sofisticados. La explicación técnica de Kuznets, en cualquiera de los casos, no por precisa es demasiado tranquilizadora, porque un error de atribución podría tener consecuencias fatales si la respuesta se precipita.

El catálogo de respuestas rusas

Las consecuencias fatales pueden venir de un lado o del otro. Como recordábamos en un artículo meses atrás, el presidente ruso, Vladímir Putin, aprobó en noviembre de 2024 enmiendas a la doctrina nuclear con el fin de rebajar el umbral para el uso de armas nucleares, incluso ante un ataque convencional si éste entraña una amenaza “a la soberanía o integridad territorial” de Rusia o Bielorrusia, con la que forma una unión de estados. Las implicaciones potenciales de este cambio se agravan cuando se recuerda que Rusia incorporó a su territorio el 30 de septiembre de 2022 las regiones ucranianas de Donetsk, Jersón, Luhansk y Zaporiyia aún sin controlarlas por completo y que ha albergado en el pasado movimientos secesionistas –en particular, aunque no solamente, en el Cáucaso norte–, en no pocas ocasiones con el apoyo, explícito o encubierto, de potencias extranjeras.

En vez de estar pendiente de los desvaríos pseudofilosóficos de Aleksandr Dugin –que en el mes de mayo incluyó entre sus variadas diatribas una contra la serie de televisión Euphoria– harían mejor los periodistas en leer a analistas que realmente tienen influencia sobre los dirigentes rusos, como Fiódor Lukiánov o Serguéi Karagánov, ambos miembros del Consejo de Política Exterior y de Defensa. Como ha recordado recientemente el periodista Rafael Poch-de-Feliu en una entrevista, Karagánov “desde hace tiempo exige que se restablezca la credibilidad de la disuasión nuclear y propone atacar, en un primer momento, instalaciones europeas, en particular alemanas, que participen en el apoyo a la guerra contra Rusia, inicialmente con armas convencionales.” Si eso no surtiera efecto, Karagánov sugiere que “Rusia debería considerar el uso de armas nucleares tácticas”.


«La pregunta es si el liderazgo ruso aceptaría una derrota convencional sin recurrir antes al uso de armas nucleares».

Karagánov no está solo en esta propuesta. El antiguo jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas de Rusia Yury Baluevsky reclamó semanas atrás en un acto en la Cámara Cívica de la Federación Rusa –un órgano consultivo compuesto por 168 miembros para analizar propuestas legislativas a varios niveles– que se librase una “guerra de veras” contra los patrocinadores de Ucrania. “¿Cuándo empezaremos a luchar de verdad?”, se preguntó retóricamente Baluevsky, que se interrogó, de nuevo retóricamente, qué haría el Kremlin si se producía una escalada de las hostilidades: “¿Qué vamos a hacer en esta situación? ¿Librar una operación militar espacial [nombre con el que se conoce oficialmente la guerra de Ucrania en Rusia] unos cuantos años más, hasta desgastarlos?”.

De acuerdo con otros medios, el general retirado ofreció un catálogo de represalias convencionales, esto es, no-nucleares, que Rusia podría emplear contra la Unión Europea, como detener mediante acciones militares la producción de gas y petróleo en el mar del Norte, destruir las refinerías de petróleo en territorio europeo, cortar los cables submarinos que conectan a Europa con otras partes del mundo, destruir las instalaciones del sistema de combate Aegis en Rumanía y Polonia o que la Flota del Báltico bloquease los estrechos daneses e interrumpiese así el tráfico marítimo en el mar Báltico. Como parte de este programa, Baluevsky propuso también presionar a Finlandia y las repúblicas bálticas para que abandonen la OTAN o realizar pruebas nucleares en el mar del Norte en vez del sitio donde la URSS las realizaba tradicionalmente, el archipiélago de Novaya Zemlya.

Incluso en el escenario más “benigno”, como especulan algunos comentaristas rusos, una decapitación con éxito de la cúpula política y militar rusa no conduciría a una mejora de la situación, sino con toda probabilidad a su reemplazo por figuras más jóvenes y agresivas, como ha sucedido en Irán con el ascenso de la Guardia Revolucionaria Islámica y otras figuras del ala dura del régimen. La diferencia estriba, claro está, en las capacidades militares y nucleares de uno y del otro.


Fuente: El Salto

viernes, 29 de mayo de 2026

Subvenciones europeas financian empresas israelíes dedicadas a la “tecnología del genocidio”

 


Varias organizaciones aseguran que Europa facilita que empresas vinculadas al genocidio en Palestina operen en el mercado europeo


Una mujer sostiene un cartel en defensa del pueblo palestino y contra el genocidio gazatí.


     El Observatorio de Derechos Humanos y Empresas en el Mediterráneo, SUDS, NOVACT e Irídia – Centro para la Defensa de los Derechos Humanos acaban de publicar un nuevo informe que lleva como título Las puertas de entrada de la tecnología del genocidio en Europa en el que se explica cómo la arquitectura diversificada de la UE permite que empresas militares, de ciberseguridad, vigilancia, drones e inteligencia artificial vinculadas a la ocupación, el apartheid y el genocidio en Palestina accedan al mercado europeo y se beneficien de sus subvenciones.

El hecho de que el el Estado de Israel haya sido señalado por genocidio y crímenes de lesa humanidad contra la población palestina por parte de diferentes organismos internacionales no ha supuesto ningún escollo para que la UE continúe haciendo negocio con empresas israelíes que se dedican a la defensa y la tecnología.


El humo se eleva entre los escombros tras un ataque israelí en Tiro, en el sur del Líbano a finales de marzo de 2026.

De hecho ha sucedido todo lo contrario: “Ha experimentado un fuerte crecimiento desde octubre de 2023”, se denuncia en el informe.

Según el texto, “desde el inicio del genocidio, una de cada cinco empresas tecnológicas israelíes ha trasladado parte de sus operaciones fuera del país y 8.300 trabajadores especializados del sector de alta tecnología emigraron entre octubre de 2023 y julio de 2024”. Esto ha sido motivado por “las dificultades para conseguir capital en Israel, la creciente reticencia de la inversión extranjera, la cancelación de vuelos, las disrupciones industriales y la movilización de reservistas”; todo ha ello ha hecho que muchas de las empresas israelíes hayan tenido que buscar nuevos destinos desde los que operar. En el informe se identifican una veintena de empresas israelíes, entre las que se encuentran Israel Aerospace Industries, Elbit Systems, XTEND Defense, NextVision o Cyberbit o NSOG Group, esta última conocida por ser la empresa fabricante del software Pegasus. 

La UE, un destino estratégico para las empresas israelíes

Es en este contexto en el que hay que mirar hacia suelo europeo. Y es que los países europeos, tal y como se señala en la investigación, son un actor clave en la “expansión [de la industria armamentística y tecnológica israelí] mediante acuerdos de cooperación, financiación, contratación directa de empresas, ferias y marcos reguladores insuficientes”. Según las organizaciones que han elaborado el informe, “el 54% de los contratos de exportación de la industria militar de Israel firmados en 2024 fueron con países europeos, con un valor aproximado de 8.000 millones de dólares”.

Estas relaciones quedarían canalizadas a través de acuerdos con institutos tecnológicos o universidades, lo que permite, “enmascarar vínculos militares corporativos como cooperación científica”. Eso hace que fabricantes de armas o de tecnología de ciberseguridad como Elbit Systems o Israel Aerospace Industries “se estén beneficiando de subvenciones públicas europeas”. Otra de las vías de entrada de estas empresas es mediante “el uso de la ingeniería empresarial, como el rebranding o cambio de nombre para ocultar los vínculos con la empresa matriz, así como la compra y creación de sociedades europeas para canalizar ventas de material israelí dentro de la UE y, potencialmente, esquivar controles de exportación”, se puede leer en el informe.

Además de vulnerar los derechos fundamentales de la población palestina, estas operaciones traspasan el marco legal permitido por las mismas normas europeas; sin embargo, las empresas israelíes no encuentran obstáculos debido a las facilidades y la flexibilidad de esas mismas normas.

Alemania, Luxemburgo y Chipre, epicentro del negocio

Tres son los países puestos en el foco por las organizaciones que han elaborado el informe. Se trata de Alemania —epicentro del lobby militar israelí en Europa—, Luxemburgo y Chipre. Este último país, de hecho, “funciona como una plataforma de aterrizaje para empresas tecnológicas israelíes, al ofrecer proximidad geográfica con Israel, vuelos directos, facilidad logística, acceso al mercado de la UE, residencia europea para fundadores y trabajadores, libertad de movimiento de capitales, fiscalidad favorable y procesos ágiles de registro empresarial”. Luxemburgo, por su parte, “permite articular estructuras societarias, holdings y filiales que facilitan el acceso al mercado europeo” gracias a “un marco corporativo flexible, infraestructuras tecnológicas, estabilidad económica y especialización en ciberseguridad”.

En un contexto de rearme y securitización en Europa; y en un “contexto de débil supervisión pública, fragmentación normativa y falta de mecanismos de diligencia debida en materia de derechos humanos”, no es de extrañar que los países europeos abracen las relaciones con este tipo de empresas.


El plan ‘ReArm Europa’.

Además “la falta de un marco regulador efectivo dentro de la UE que supervise el desarrollo o la exportación de productos de vigilancia permite que estas empresas operen con un control mínimo e insuficiente, lo que ha favorecido su rápida proliferación”, se puede leer en el texto, donde también se pone el foco en Barcelona y califica a la ciudad condal como “hub tecnológico y de ciberseguridad”.

La capital catalana es la protagonista año tras año de congresos internacionales que actúan como plataforma de negocio para todas estas empresas. En este sentido, en el informe se destaca el rol de Fira de Barcelona, “que acoge de manera reiterada a empresas involucradas en el genocidio contra el pueblo palestino”.

Restricciones, control y transparencia

A partir de este análisis, las organizaciones proponen una serie de prácticas para cortar con estas dinámicas, como la introducción de cláusulas vinculantes en la contratación pública europea que excluyan a empresas implicadas en vulneraciones graves de los derechos humanos, la activación de mecanismos de verificación y control o el refuerzo del Reglamento 2021/821 del Parlamento Europeo, “que establece un régimen de control de las exportaciones, el corretaje, la asistencia técnica, el tránsito y la transferencia de productos de doble uso, para impedir exportaciones con riesgo de represión o vigilancia, armonizando criterios y evitando la elusión de controles”.

También se recomienda “la prohibición del desarrollo, la comercialización y el uso de software espía" o la adopción de “sanciones específicas contra Israel y las entidades implicadas”. Como llevan haciendo desde hace tiempo, se exige el embargo integral de armas al Estado de Israel, más transparencia y auditorías en los acuerdos tecnológicos y militares, y excluir de programas de subvenciones europeas a las empresas israelíes que estén implicadas en la violación de los derechos humanos, entre otras medidas.


Fuente: El Salto