Mostrando entradas con la etiqueta Armamento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Armamento. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de junio de 2026

El rearme en Alemania ya era un hecho mucho antes de la guerra de Ucrania

 

 Entrevista de Florian Warweg   
      Corresponsal parlamentario del Ostdeutsche Allgemeine Zeitung (OAZ).



El politólogo alemán Ingar Solty durante una conferencia en 2018.


     Apenas tres días después del inicio de la guerra de Ucrania, Olaf Scholz proclamaba el “cambio de era” –y con ello una de las decisiones políticas de mayor alcance de la República Federal–. 100.000 millones de euros en un fondo especial, luego 500.000 millones para el rearme, una Constitución modificada, una nueva relación con lo militar que llega hasta las guarderías y las aulas.


Apenas tres días después del inicio de la guerra de Ucrania, Olaf Scholz proclamaba el «cambio de era».

El politólogo Ingar Solty (Meinerzhagen, Alemania, 1979), experto en política de paz y seguridad de la Fundación Rosa Luxemburg, ha presentado un libro al respecto: Innere Zeitenwende (El cambio de era interno). En esta entrevista, disecciona los mitos económicos que se esconden tras la narrativa del “cambio de era”, la dimensión social del rearme y el papel especial de Alemania oriental.



El cambio de era interno.

En su libro critica que ni el fondo especial de 100.000 millones de 2022 ni los 500.000 millones de 2025 para el rearme fueron acompañados de un amplio debate social. Incluso Habeck [Robert Habeck fue vicecanciller hasta mayo de 2025] reconoció más tarde que, como vicecanciller, le sorprendió la magnitud. ¿Cómo se pudo imponer una decisión de tal alcance sin contar con el parlamento y la opinión pública?

Se pudo imponer con el trasfondo de la conmoción por el estallido de la guerra en Ucrania, algo con lo que muy pocos contaban. En este contexto, el rearme se presentó como una reacción a esta guerra. Pero, de hecho, las decisiones fundamentales ya estaban tomadas o en proceso desde hacía tiempo. En el acuerdo de coalición del 24 de noviembre de 2021 se menciona una ofensiva en materia de política de desarme. Pero en la letra pequeña se ve que, en realidad, solo se iban a reducir las armas que Alemania ni siquiera tiene, es decir, las armas nucleares. Todas las demás se iban a adquirir: drones capaces de ser armados, aviones de combate F-35, helicópteros de transporte. Todo esto ocurrió antes de que se produjeran las primeras advertencias sobre una posible invasión.

¿Habría llegado el cambio de era incluso sin la guerra de Ucrania?

Sí. A nadie le gusta rearmarse de forma proactiva. Siempre es mejor aprovechar una situación de amenaza para rearmarse de forma defensiva. Toni Hofreiter [Los Verdes] diría ahora: el cambio de era no fue más que la consecuencia de la invasión total. Pero, de hecho, Alemania se lleva rearmando desde 2013; el verdadero punto de inflexión fue 2014. Las medidas de rearme ya figuraban en el acuerdo de coalición de 2013. En mi libro expongo la historia del origen de este rearme, que hoy se denomina “cambio de era”.

El axioma del debate es: Rusia representa una amenaza existencial para Europa occidental. Sin embargo, incluso el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirma que la OTAN es superior a Rusia tanto militar como económicamente. ¿Cómo se explica que, a pesar de ello, la narrativa de la amenaza cale de forma tan indiscutible?

En Alemania occidental existe una continuidad ininterrumpida de hostilidad hacia Rusia. Desde los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial, Rusia siempre ha sido el enemigo. La Alemania nazi libró una cruzada contra el comunismo. Este anticomunismo antirruso perduró durante la Guerra Fría. Por supuesto, la Rusia actual no tiene nada que ver con la Unión Soviética, es un Estado de derechas y autocrático. Pero la postura hostil hacia “los rusos” se ha mantenido.

A esto se suman razones que tienen más que ver con el presente. Se trata de una gran guerra en el continente europeo que se percibe como una amenaza. No descartaría siquiera que pueda estallar una guerra con Rusia, pero solo como resultado de una escalada mutua, sobre todo en el Báltico.

Usted señala que cada euro invertido en armamento genera como máximo 50 céntimos de rendimiento económico, mientras que las inversiones en educación y sanidad, por ejemplo, tienen un efecto multiplicador mucho mayor. A pesar de ello, Merz vende el rearme como un programa económico duradero. ¿Por qué cuela eso?

Desde el punto de vista del gobierno, la alternativa es o ningún programa de estímulo económico, o bien uno dedicado exclusivamente al rearme. Cuando el Estado inyecta dinero, siempre tiene un efecto. La industria armamentística impulsa la producción de acero. Salzgitter AG, por ejemplo, acaba de obtener la homologación para el acero de blindaje. Pero eso no podrá mitigar lo que se está perdiendo en la industria automovilística, ni en términos de crecimiento ni de empleo. Al contrario: al final, acelera la desindustrialización.

El rearme solo tendría efectos positivos para la economía en su conjunto si se estuviera en guerra permanente –es decir, si se generara una demanda duradera de armas– o si se conquistara algo en esas guerras. El modelo estadounidense. O, como en el modelo de la Alemania nazi, si se contraen deudas con Estados a los que luego se invade. O, en tercer lugar: si uno es el propio Estado al que otros compran armamento.

Este objetivo existe sin duda en las empresas de armamento y en algunos sectores del gobierno federal. Pero si el objetivo de Alemania es enviar material de armamento a todo el mundo, provocando allí guerras, muerte y movimientos migratorios de millones de personas, es algo que debe ponerse en cuestión.

Según sus cifras, el 75 % de los alemanes del Este se opone a que Alemania se convierta en el ejército convencional más poderoso de Europa. ¿Cómo explica esta posición?

Es interesante que veamos fuertes tendencias antirrusas en muchos antiguos países del bloque del Este. Una Kaja Kallas, procedente de un estado minúsculo, lleva la política exterior europea a un punto en el que la jefa de la diplomacia afirma que Rusia debe ser destruida como potencia nuclear. Ante esta lógica, cabría suponer que precisamente los alemanes del Este deberían ser especialmente antirrusos, ya que vivieron bajo el “yugo ruso”.

Pero, al parecer, en Alemania del Este ha habido otras experiencias con los rusos. Hubo vínculos económicos más fuertes, conocimientos de ruso por parte de la generación mayor y, sobre todo, no existió esa continuidad del anticomunismo de la Guerra Fría. A esto se suma la constatación de que este rearme es una redistribución de abajo hacia arriba. Y Alemania oriental se encuentra, sencillamente, más “abajo” que Alemania occidental. Allí hay menos accionistas que se benefician de las empresas de armamento. Y los alemanes orientales financian con sus impuestos la producción de armamento en Alemania occidental.

Usted vincula el servicio militar obligatorio con la cuestión de clase: el 49 % de los soldados desplegados en Afganistán procedían de Alemania oriental; el diario de Springer, Die Welt, habló de un “ejército de las clases populares”. Con este trasfondo, ¿cómo valora la irónica propuesta de [el periodista satírico y político] Sonneborn de un “servicio militar obligatorio para los hijos de los ricachones”?

Este discurso no ha recibido millones de visitas por casualidad: pone de relieve las contradicciones. Por un lado, se presenta al ejército alemán como un empleador totalmente normal; por otro, se dice: ya no estamos en tiempos de paz, el último verano de 2025 fue quizás el último verano en paz. Sonneborn ha abordado con mucha fuerza estas contradicciones y el carácter de clase.

En ningún partido es tan grande la disposición al rearme y al suministro de armas como en los Verdes. Y entre los simpatizantes de ningún partido es tan escasa la disposición personal a luchar con las armas en la mano. Queda muy claro quién está destinado a mandar y quién a recibir órdenes.

¿Cuáles son, en su opinión, las principales consecuencias sociales de este cambio de era interno?

La socialdemocracia esperaba poder mantener el rearme y el Estado del bienestar con la flexibilización del freno al endeudamiento.

Es significativo que el freno al endeudamiento se flexibilizara exclusivamente para el armamento, no para escuelas con goteras o puentes que se derrumban. Pero sí para las armas. Eso fue un autoengaño. La deuda conlleva intereses e intereses acumulados. El economista jefe de [el sindicato] Verdi, Dirk Hirschel, ha calculado que solo la carga de los intereses aumentará de 30.000 a 60.000 millones de euros hasta 2028. A esto hay que añadir los fondos para la COVID por valor de 385.000 millones, que vencerán en 2028; el fondo especial del Bundeswehr, en 2031; y los fondos de infraestructura para la “capacidad bélica”, previsiblemente en 2037. El rearme ahogará todo lo demás.

Algunos señalan que la RFA destinó en 1963 hasta un 4,88 % del PIB para rearme. Pero eso fue en una época de economía en crecimiento con una sólida base industrial. La historia nos enseña que, cuando un país se especializa en la industria militar en lugar de en la civil, se produce una rápida desindustrialización. Por eso Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia están tan desindustrializados. La República Federal, Japón e Italia han conservado su base industrial porque no se han centrado en la producción militar.

Usted escribe que sigue siendo posible y necesario un cambio de era tras el cambio de era. La actual distribución de fuerzas políticas parece contradecir más bien esta valoración. ¿Dónde ve indicios concretos que respalden su tesis?

Por supuesto que hay un bloque poderoso que respalda el proyecto: las empresas de armamento, estrechamente ensambladas a los think tanks de política de seguridad. Al igual que en EEUU, aquí está surgiendo un complejo militar-industrial con el principio de la puerta giratoria: un exministro de Defensa acaba en el consejo de administración de Rheinmetall, un ex inspector general [el rango más alto en el ejército alemán por debajo solamente del ministro de defensa NdT] pasa primero a Rheinmetall, luego el Consejo Alemán de Política Exterior (DGAP) y, como tal, vuelve a asesorar al gobierno federal.

Ciertos sectores privilegiados de trabajadores respaldan este proyecto: ingenieros que antes querían dedicarse a la industria automovilística, luego a la transición energética y ahora al armamento. Los municipios se convierten en cómplices, porque solo consiguen que se rehabiliten las carreteras o las vías férreas si ello está destinado a la guerra contra Rusia.

Pero la disyuntiva “rearme o Estado del bienestar” se agudiza dramáticamente. Ya lo estamos viviendo: recortes en el pago continuado del salario en caso de enfermedad, en la asistencia a personas dependientes, en las oportunidades de integración para los beneficiarios del ingreso básico.


El politólogo Ingar Solty: 'O un estado armamentista o un estado de bienestar'.

A medida que el rearme se vaya imponiendo, la cuestión se politizará: ¿queremos ser un Estado militar o un Estado social, que es, al fin y al cabo, un requisito previo de la democracia? El desmantelamiento del Estado social tiene un efecto debilitador para la democracia y fomenta el autoritarismo.

Estas contradicciones son nuestra esperanza. Al final, en cualquier conflicto social, el rearme será el elefante en la habitación. Cuando la gente se queje de un tren que no funciona, de guarderías con falta de personal o de escuelas que se caen, quedará claro: para eso se adquirieron corbetas y fragatas que, en alianza con EEUU, navegan por el estrecho de Taiwán. Para eso se compraron tanques totalmente sobrevalorados que simplemente no tienen sentido.



Fuente: Ctxt

viernes, 8 de mayo de 2026

Entre la luna y la guerra

 

      Activista politico social de la izquierda.


Desde la luna una humanidad indivisa, en la tierra un mundo que se arma.


     El 7 de abril, a más de 400.000 kilómetros de distancia, el piloto de Artemis II, Víctor Glover, describía la Tierra como “un oasis frágil”, “un salvavidas en la inmensidad del espacio”. Desde allí arriba -decía- no hay fronteras. Ni bloques. Ni hay enemigos. Solo una esfera vulnerable compartida por todos. Ese mismo día, el presidente estadounidense Donald Trump advertía al mundo de que “toda una civilización podría morir esta noche”, en el último episodio de una escalada destructiva y retórica dirigida contra Irán. Dos discursos simultáneos. Dos formas de mirar el mismo planeta: una que lo reconoce como hogar común y otra que lo convierte en objetivo.

No es una contradicción menor, pero sí el síntoma de una época. Mientras la exploración espacial nos obliga a pensarnos como especie, la política internacional dominante insiste en organizarnos como enemigos. Mientras la tecnología permite ampliar el horizonte humano, el poder de las élites la utiliza para perfeccionar la destrucción. No hay paradoja: hay coherencia interna.

El mismo sistema que financia la conquista de la Luna sostiene la economía de la guerra en la Tierra. Ya sabemos que la guerra no es un accidente sino un negocio. Comercio lucrativo que necesita algo más que armas: necesita relato, necesita miedo y una opinión pública dispuesta a aceptar que el conflicto permanente es inevitable. Y ahí es donde entra en juego una arquitectura de poder cada vez más visible: la alianza entre industria militar, corporaciones tecnológicas y grandes medios de comunicación. No es una simple teoría, es toda una estructura. El llamado Complejo Militar Industrial-Mediático opera como un sistema integrado, especialmente en Estados Unidos.

La industria de defensa no solo fabrica armamento: financia indirectamente a los grandes conglomerados mediáticos mediante publicidad, patrocinios y redes de influencia. Al mismo tiempo, Silicon Valley -epicentro global de las empresas de innovación y alta tecnologia más influyentes del mundo- ha dejado de ser un actor neutral para convertirse en proveedor estratégico de infraestructuras militares. Empresas como Palantir trabajan con datos de guerra. Microsoft y Amazon gestionan sistemas críticos del Pentágono y de inteligencia. Google y Meta desarrollan algoritmos que sirven tanto para vender publicidad como para identificar objetivos o vigilar poblaciones. La frontera entre tecnología civil y militar ha desaparecido sin apenas debate público.

En el centro de esta red están los grandes fondos de inversión —BlackRock, Vanguard y State Street—, que participan simultáneamente en empresas de armamento, tecnológicas y mediáticas. Es decir: los mismos intereses financieros atraviesan la producción de armas, la infraestructura digital y la construcción del relato informativo. El resultado no es una conspiración sino algo más inquietante: una normalidad, en la que los conflictos se explican siempre desde la lógica de la amenaza.

Y en la que el aumento del gasto militar aparece como una necesidad técnica, no como una decisión política.

Los expertos que analizan las guerras en televisión proceden, con frecuencia, de las mismas estructuras que se benefician de ellas. Las “puertas giratorias” no son una anomalía sino parte del mecanismo. Generales retirados que comentan conflictos en cadenas como CNN o BBC mientras asesoran a empresas de defensa. Think tanks (laboratorios de ideas) financiados por contratistas militares que elaboran informes convertidos en fuente primaria para periodistas. Un circuito cerrado donde la información no se inventa, pero se orienta.

Europa ejerce la misma lógica aunque la gestione con otros códigos. Aquí el vínculo entre industria de defensa y poder político es más explícito. Empresas como Airbus, Rheinmetall o Leonardo están profundamente ligadas a sus Estados, que promueven el rearme bajo el argumento de la autonomía estratégica. El discurso es conocido: más gasto militar equivale a más seguridad y más crecimiento económico.

Pero también en el Mediterráneo el relato necesita altavoces. En Francia, Dassault Aviation — fabricante de los cazas Rafale— está vinculada al grupo propietario de Le Figaro. En España, Indra Sistemas mantiene conexiones con el grupo Prisa, editor de El País y la Cadena SER. En Italia, el modelo alcanza una forma casi estructural: el grupo Leonardo, con fuerte participación estatal, convive con conglomerados mediáticos vinculados a grandes familias industriales. No se trata de censura directa. Se trata de algo más eficaz: un marco mental compartido. La inversión en defensa se presenta como sinónimo de innovación, empleo y modernización. El debate ético desaparece.

La guerra se convierte en un asunto técnico, casi administrativo. Y cualquier cuestionamiento queda desplazado al terreno de lo ingenuo o lo irresponsable. A ellos se suma un elemento clave: la producción de legitimidad. Foros, congresos, publicaciones especializadas y expertos recurrentes, exmilitares o ex ministros, que acceden mediante “puertas giratorias” inundan los informativos y tertulias de los medios.

Buena parte de estos espacios están financiados por las propias corporaciones del sector. No imponen discursos de forma explícita, pero delimitan el campo de lo pensable. Y con eso les basta para hegemonizar el “sentido común” En el eje Grecia-Turquía esta dinámica se combina con el nacionalismo. El gobierno de Recep Tayyip Erdoğan ha impulsado empresas como Baykar, fabricante de drones utilizados en varios conflictos, en una relación estrecha entre poder político, industria y relato de orgullo nacional. La guerra, en este caso, no solo se justifica: se celebra como demostración de capacidad.

Todo encaja. Un sistema que necesita conflictos para sostener su rentabilidad. Un ecosistema mediático que convierte esos conflictos en inevitables. Una infraestructura tecnológica que los hace más eficientes. Y una ciudadanía expuesta a un flujo constante de información y uso de eufemismos, que normalizan la excepcionalidad. Mientras tanto, desde la Luna, la Tierra sigue siendo lo que siempre ha sido: una esfera frágil sin fronteras visibles.

Pero aquí abajo seguimos trazándolas con precisión quirúrgica. Seguimos necesitando dividir para gobernar, clasificar para intervenir, señalar para destruir. Y lo hacemos con herramientas cada vez más sofisticadas y con relatos cada vez más pulidos. Quizá el problema no sea la distancia desde la que miramos el mundo sino los intereses que deciden cómo debemos verlo. Porque el verdadero salto tecnológico quizás no consiste en viajar más lejos sino en cambiar la mirada. Y eso -a diferencia de los cohetes- no parece estar en la agenda.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu


martes, 24 de febrero de 2026

Las ventas de armas de Israel están en aumento. Entonces, ¿por qué sus exposiciones de armas son menores que nunca?

 

      Activista antimilitarista israelí y una de las fundadoras de la Base de Datos de Exportaciones Militares y de Seguridad de Israel.

Evitando las exhibiciones públicas, las empresas de armas israelíes están utilizando filiales para vender a los estados europeos, incluso a aquellos que prometieron un embargo de armas debido al genocidio


Asistentes a la Expo de Tecnología de Defensa en Tel Aviv, 17 de febrero de 2026.

     LExpo de Tecnología de Defensa, celebrada durante dos días la semana pasada en un centro de convenciones de Tel Aviv, fue la mayor exhibición de armas de Israel desde el inicio de su guerra de aniquilación en Gaza. Patrocinada por Industrias Aeroespaciales de Israel, acogió a decenas de empresas israelíes de armas y seguridad para mostrar sus últimos avances tecnológicos a posibles compradores de todo el mundo.

Recibidas en la entrada con champán de cortesía, las delegaciones internacionales se desplazaron entre los diferentes stands con sus traductores, deteniéndose para escuchar las presentaciones de cada empresa. En una de las exposiciones más grandes, organizada por la empresa Smart Shooter, un adolescente israelí, probablemente antes de su servicio militar, jugaba con un rifle, mirando por la mira y maravillándose ante la promesa de lo que podía hacer: derribar drones, perseguir objetivos en movimiento y convertir a cada soldado en un tirador de élite.

Como para mostrar la absurda realidad de Israel en 2026, la exposición tuvo lugar en el mismo pabellón que, tan solo un día antes, había acogido una conferencia sobre cómo tratar el trauma a la sombra de la guerra. Mientras los expertos en trauma discutían sus ideas, el personal del centro de convenciones se afanaba en desplegar misiles y drones para una exposición destinada a vender más armas que hicieron posible esta guerra.

La exposición representó una especie de paradoja: si bien las ventas de armas israelíes aumentaron más del 18 por ciento desde 2022, la conferencia de este año fue significativamente más pequeña que sus contrapartes anteriores a 2023.

A modo de comparación, la edición más reciente de ISDEF, la mayor exposición de armas de Israel, celebrada en 2022, contó con 12.000 visitantes y delegaciones de 36 países. Las cifras oficiales de la Defence Tech Expo de este año aún no se han publicado, pero la sala del centro de convenciones que la albergó solo tiene capacidad para 450 participantes. Además, según un documento interno filtrado, los organizadores parecen haber tenido dificultades incluso para traer a las aproximadamente 20 delegaciones internacionales invitadas, y varias de ellas aparentemente no acudieron.

Al recorrer la exposición, se notaba fácilmente una menor cantidad de asistentes y delegaciones oficiales de países extranjeros, y en general, se hablaba mucho menos inglés. La gran mayoría de los asistentes eran israelíes —de empresas que buscaban vender sus últimos productos o evaluar la competencia de otras empresas—, pero no las delegaciones de compras de países extranjeros que antaño eran el núcleo de estas exposiciones.

¿Cómo se relaciona esto con el aumento de las ventas de armas en los últimos dos años?


Asistentes al stand de Smart Shooter en la Defense Tech Expo, en Tel Aviv, el 17 de febrero de 2026.

'Elbit y Rafael no están aquí en absoluto'

Por un lado, unas dos docenas de países han anunciado que suspenderán o restringirán el comercio de armas con Israel. El año pasado, España, el Reino Unido y Filipinas cancelaron acuerdos ya firmados con empresas israelíes, aparentemente debido a presiones políticas. Por otro lado, las exportaciones israelíes de defensa aumentaron de 12.500 millones de dólares en 2022 a 14.700 millones de dólares en 2024, y aunque aún no se han publicado las cifras para 2025, se espera que esta cifra siga aumentando. 

Según la Base de Datos de Exportaciones Militares y de Seguridad de Israel (DIMSE) , un proyecto del movimiento antimilitarista israelí New Profile, la mayoría de estas exportaciones (que representan el 54 por ciento del total) se destinan a países europeos; sólo el año pasado, Alemania firmó acuerdos de adquisición de sistemas de armas israelíes por valor de 7.000 millones de euros.

En otras palabras, mientras las principales exposiciones de armas se reducen y los visitantes extranjeros no llegan, las ventas de sistemas de armas utilizados en el genocidio de Gaza se disparan. Mientras que Israel es visto cada vez más como un paria y boicoteado en todo el mundo, la Bolsa de Valores de Tel Aviv lanzó recientemente un nuevo índice de empresas de defensa israelíes. ¿Cómo entender esto?

Un contador estadounidense que trabaja con empresas de defensa, de pie junto a mí en la fila de la entrada de la exposición, sin querer me dio una pista. "Es una decepción que Elbit y Rafael no estén aquí", dijo. De hecho, dos de las tres mayores empresas de armas de Israel no exhibieron sus productos en la mayor exposición de armas celebrada en el país en casi cuatro años.

Este es el quid de la cuestión: las empresas armamentísticas israelíes no necesitan exhibiciones públicas de armas para vender su tecnología, y sus principales compradores no están interesados ​​en ser vistos en ellas. El comercio de armas con Israel no ha cesado ni disminuido; simplemente se ha vuelto clandestino.

Esto se refleja no sólo en la ausencia de grandes vendedores y compradores en las exposiciones de armas, sino también en el establecimiento de más filiales y asociaciones en Europa que permiten a los países comprar sistemas de armas israelíes en suelo europeo, mientras siguen afirmando a sus votantes que los acuerdos de armas con Israel han sido cancelados.


Manifestantes en la Expo de Tecnología de Defensa de Tel Aviv, 17 de febrero de 2026.

España, que lidera el embargo de armas a Israel, canceló en junio un acuerdo de 285 millones de euros para la compra de misiles Spike a la empresa israelí Rafael. Sin embargo, la semana pasada se informó que España comprará los misiles a EuroSpike, una empresa conjunta entre empresas alemanas e israelíes en la que Rafael posee una participación del 20 %. Al transferir la producción de armas a Europa, Eurospike facilita la venta de misiles Spike israelíes (con su nuevo nombre) a países europeos que están obligados a adquirirlos localmente, prefieren no admitir que compran armas israelíes, o ambas cosas.

Otro ejemplo se puede encontrar en Croacia y Serbia: ambos anunciaron que suspenderían los acuerdos de armas con Israel, pero continúan comprando misiles Spike, y Croacia continúa comprando el sistema de armas Trophy (también producido por Rafael).

Aunque la mayoría de los ejemplos aquí son de Europa, incluso Colombia, líder del “Grupo de La Haya”, un bloque de países que piden sanciones claras contra Israel, incluido un embargo total de armas, continúa utilizando tecnología comprada a Cellebrite, la notoria empresa israelí de escuchas telefónicas.

Una demanda diferente

España, Croacia y Colombia no son los únicos. Una y otra vez, vemos ejemplos de países que anuncian el cese del comercio de armas con Israel o la cancelación de acuerdos, antes de buscar formas más discretas de obtenerlas. Esto exige que cualquier persona que apoye activamente un embargo de armas a Israel preste atención no solo a lo que sucede en las exposiciones de armas, sino también tras bambalinas, y exija responsabilidades a los Estados que violan sus propias decisiones.

Al mismo tiempo, necesitamos comprender mejor la economía militar. Durante décadas, la industria armamentística israelí ha experimentado un auge tras las operaciones militares, pero este no es ni de lejos el único indicador relevante: su crecimiento está ligado a la actividad en todo el complejo militar-industrial global.


Manifestantes en la Expo de Tecnología de Defensa de Tel Aviv, 17 de febrero de 2026.

En febrero de 2022, con la invasión rusa de Ucrania, las acciones de Elbit Systems comenzaron una subida moderada. Su siguiente aumento no se produjo hasta junio de 2024, en pleno genocidio en Gaza y antes del intercambio de misiles entre Israel e Irán, una fecha aparentemente aleatoria en el contexto local. Sin embargo, este fue el mes en que la Unión Europea firmó su acuerdo de compromiso de seguridad con Ucrania, que incluía compromisos no solo de armar a Ucrania, sino también de aumentar significativamente el rearme europeo.

El siguiente aumento pronunciado se produjo en marzo de 2025, con el anuncio por parte de los líderes de la UE del Plan ReArm Europe; y nuevamente en noviembre de 2025, con el anuncio por parte del Consejo de la UE de un plan de incentivos para la inversión en la industria militar.

Las acciones de NextVision, que suministra sistemas ópticos para varios drones utilizados en Gaza en los últimos dos años (entre otros lugares), muestran tendencias muy similares, con otro salto a mediados de 2025 tras la decisión de los miembros de la OTAN de más que duplicar su objetivo de gasto militar del 2 al 5 por ciento del PIB para 2035. Las acciones de Elbit, que han aumentado un 250 por ciento en los últimos dos años, trazan una trayectoria similar.

En países de todo el mundo, la sociedad civil logró persuadir a sus gobiernos para que dejaran de vender armas a Israel solo tras grandes esfuerzos, y solo durante un genocidio en curso. Sin embargo, mientras la exigencia sea simplemente no comprar armas directamente a Israel, los gobiernos encontrarán la puerta trasera. La exigencia debe ser dejar de comprar estas armas, punto.

El complejo militar-industrial es un sistema global en el que las industrias de defensa de diferentes estados —y los crímenes de guerra de sus ejércitos— están entrelazados. Detener los crímenes de Israel frenando el armamento y la financiación de su ejército no será posible sin considerar el panorama global.

De lo contrario, lo único que conseguiremos serán exposiciones más pequeñas y menos delegaciones de compras, mientras la industria de defensa israelí sigue generando miles de millones vendiendo armas involucradas en genocidio a todo el mundo.


Fuente: +972

miércoles, 26 de marzo de 2025

Manifiesto: 'No nos resignamos al rearme y a la guerra en Europa'

 



     ¿Hay alguien, en Europa o en cualquier otra parte del mundo, que no quiera defender a sus seres queridos de una posible amenaza? ¿Que no desee alejar la sombra terrible de la violencia de su vida y la de los suyos? ¿Que no sueñe con un futuro en el que sus hijos e hijas, los de sus amigos y vecinas puedan vivir en paz, desarrollarse como personas, tener trabajos dignos, habitar un planeta habitable, tener un techo sobre sus cabezas, disfrutar de la cultura o de las relaciones sociales enriquecedoras y constructivas y vivir vidas libres de todo tipo de violencias? La sociedad necesita la seguridad que da una sanidad y educación públicas de calidad para todas las personas, la juventud necesita una casa donde vivir, nuestros mayores no quieren ver peligrar su pensión y, sobre todo, no queremos que nuestros hijos y nietos vivan el horror de la guerra.


Juan Diego Botto y Carolina Yuste, durante la lectura del manifiesto contra el rearme de la UE frente al Congreso de los Diputados

¿En qué medida exactamente contribuye a ese futuro en paz el aumento desenfrenado del gasto militar que se proponen aprobar los gobiernos europeos sin debate ciudadano, sin transparencia ni detalle y con urgencia? ¿Qué parte de esos miles de millones va destinada a mejorar la educación, la sanidad, la terrible situación de la vivienda, la precariedad en la cultura, la armonía medioambiental o la solidaridad internacional? ¿No sería necesario invertir en mayores esfuerzos políticos y diplomáticos que ante las amenazas de agresión busquen caminos de diálogo todavía no explorados?

¿Es estúpido, simplista o naif desear esto, defender la paz y la justicia social? ¿Es quizá más inteligente, elaborado y maduro creer que los vientos de guerra, el lenguaje belicista y la apuesta por las armas traerán un futuro mejor?


Artistas y colectivos rechazan el rearme europeo por la paz.


No, no nos resignamos a la guerra. El rearme de Europa no traerá la paz, no contribuirá a la distensión, sino que nos acercará aún más a la guerra. Los contextos militaristas suelen ir acompañados, además, de retrocesos en derechos, libertades y políticas sociales, originan miedo y alarma social, escenario idóneo para normalizar mecanismos de represión y de autoritarismo, como ya se está empezando a ver.


Algunos de los firmantes del manifiesto contra el aumento del gasto en defensa frente a la Cámara baja.

Nos preocupa que esta estrategia lleve a una larga guerra con Rusia, que sabemos que no es para defender el Derecho Internacional Humanitario, la libertad, los derechos humanos o para proteger a los más débiles. De ser así, la actitud frente a Netanyahu sería la misma que frente a Putin. Esta Europa que calla o, peor aún, apoya a Israel en su genocidio en Gaza y Cisjordarnia e incluso persigue a quienes lo denuncian, necesita redefinir claramente cuáles son esos valores comunes cuya defensa se plantea como justificación para el rearme.

La ciudadanía de nuestro país ha demostrado sobradamente en el pasado su compromiso con la paz y con las políticas antibelicistas. Forman parte de nuestra memoria colectiva reciente las multitudinarias manifestaciones en contra de la guerra de Irak impulsada de manera ilegal por el Gobierno de José María Aznar, el movimiento de rechazo a la permanencia de nuestro país en la OTAN que llegó a movilizar más del 43% del voto emitido en aquel lejano referéndum, o el movimiento de lucha contra el servicio militar obligatorio hasta su eliminación en el año 2001.

El aumento del gasto militar europeo -hasta 800.000 millones de euros en cuatro años- anunciado por la presidenta de la Comisión Ursula von der Leyen, se va a realizar a través de un mecanismo de excepcionalidad que evitará el debate en los parlamentos y, en general, la información clara y detallada a la ciudadanía europea.

No podemos ni queremos aceptar que el dinero de nuestros hospitales públicos, nuestras escuelas y nuestras Universidades públicas, nuestro sistema de atención a la dependencia, nuestras políticas de protección y de cobertura social para los momentos de dificultad, de lucha contra el cambio climático, la violencia machista, el racismo o de protección frente a emergencias, de cooperación, vaya a ser destinado a comprar tanques, fusiles, cazas y misiles para la guerra, porque así lo hayan decidido las élites belicistas que gobiernan actualmente Europa y los EEUU.

La verdadera seguridad que necesitamos es la seguridad vital que nos aportan con su sola existencia nuestras pensiones públicas, nuestros médicos y médicas de atención primaria, nuestros tratamientos gratuitos en hospitales públicos contra cualquier dolencia o enfermedad que nos afecte, nuestra formación garantizada en escuelas y Universidades públicas que nos dotan de igualdad, nuestro sistema de becas, nuestras prestaciones por desempleo en caso de necesidad, el Ingreso Mínimo Vital, nuestros bomberos y bomberas apagando incendios en nuestros montes o rescatando gente en nuestros pueblos y ciudades cuando se desata una emergencia, o el desarrollo y puesta en práctica de políticas públicas feministas que avancen en la defensa y protección de los derechos de las mujeres y en la lucha por la erradicación de las violencias machistas.

Los climas bélicos se diseñan en cómodos despachos, pero son los pueblos quienes pagan las consecuencias. Por ello, este momento es de extrema importancia para disipar la tensión creciente y defender un modelo de paz, de bienestar social y de ampliación de derechos para todos. El momento presente requiere de responsabilidad, políticas audaces, altura de miras y cultura de paz.

No nos resignamos a la guerra, porque no queremos la paz de los cementerios, porque la historia nos demuestra que el único camino realista para conseguir la paz no es militar, sino político. Pónganse manos a la obra y trabajen por la paz, se lo exigimos.



Léelo en Euskera, Galego, Asturianu y Català en este enlace.



Primeras personas firmantes de la cultura, la academia y el activismo:


Aitana Sánchez-Gijón, Aitor Merino, Alberto San Juan, Almudena Carracedo, Amparo Sánchez -Amparanoia-, Ana Rosetti, Ana Turpin, Àurea Márquez Alonso, Carlos Bardem, Carlos Olalla, Carolina Yuste, Edurne Portela, Enrique Gracia, Fele Martínez, Fernando Berlín, Gabriela Wiener, Gerardo Tecé, Gervasio Sánchez, Gorka Otxoa, Guillermo Toledo, Isaac Rosa, Javier Bardem, Javier Corcuera, Javier Gallego, Joan Roura, Jonathan Martínez, Jose Ovejero, Juan Diego Botto, Lola Bañón, Luis Pastor, Luis Tosar, Luz Olier, Manuel Rivas, María Botto, Marta Belenguer, Marta Sanz, Marwan, Montserrat Cano, Montxo Armendáriz, Muerdo, Nathalie Poza, Nüll Garcia, Nur Levi, Olga Rodríguez, Pedro Pastor, Puy Oria, Raúl Tejón, Roberto Montoya, Rosa Maria Artal, Rosana Pastor, Rozalen, Sergio Peris-Mencheta, Teresa Aranguren, Victor Claudin. Albert Caramés, Alejandro Pozo, Amaia Pérez Orozko, Ana Barrero, Carlos Taibo, Carmen Magallón, Cecile Barbeito, David Bondia, Elena Grau, Enric Tello, Enrique Quintanilla, Eva Aladro, Fernando Luengo, Fernando Valladares, Ferrán Izquierdo, Gabriela Serra, Helena Maleno, Irene Comins, Itziar Ruíz Gimenez, Jaime Pastor, Javier Raboso, Jokin Alberdi, Jordi Calvo, Jordi Mir, Jordi Muñoz, Jorge Riechmann, José Angel Ruiz, Josep M. Royo, Juan Hernández, Koldobi Velasco, Luca Gervasioni, Luis Rico, Manuela Mesa, Marco Aparicio, Maria Oianguren, María Isasi, Mario López, Martí Olivella, Maria Villellas, Marina Caireta, Miquel Carrillo, Montserrat Cervera, Pedro Ramiro, Pepe Beunza, Pere Brunet, Pere Ortega, Salvador López Arnal, Sani Ladan, Sonia París, Tica Font, Tom Kucharz, Vicenç Fisas, Víctor Alonso Rocafort, Yayo Herrero...



Primeras organizaciones firmantes:



AIPAZ, Centre Delàs d’Estudis per la Pau, Instituto Novact de Noviolencia, WILPF España (Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad), Greenpeace España, Dones per dones, Gernika Gogoratuz, Justícia i Pau, Escola Cultura de Pau, CEIPAZ, Cátedra UNESCO de Filosofía para la Paz de la Universitat Jaume I de Castelló, Comisión General Justicia y Paz España, EIRENE cultura para la Paz, Associació Catalana per la Pau, UNIPAU (Universitat Internacional de la Pau), Mujeres de Negro contra la Guerra-Madrid, Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada (IPAZ), Entrepueblos/Entrepobles/Entrepobos/Herriarte, Fundación Mundubat, Setem, Comissió Catalana d' Acció pel Refugi (CCAR), Lafede. cat - Organitzacions per a la Justícia global, Ecologistas en Acción, Rebel·lió o Extinció Barcelona, Fundación Finanzas Éticas, Caminando Fronteras, Observatori del Deute en la Globalització (ODG), Hegoa, Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía-APDHA, Fundación Alboan, USTEC·STEs (IAC), Coordinadora Valenciana de ONGD, Carne Cruda, Asociación Paz con Dignidad, Paz y Desarrollo, Centre Internacional Escarré per les Minories Ètniques i les Nacions (CIEMEN), Solidaridad Internacional, Grupo Estudios Africanos e Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid, Comité Oscar Romero, Ongi Etorri Errefuxiatuak, Coordinadora Galega de ONG para o Desenvolvemento, FETS, Finançament Ètic i Solidari, Fundación Seminario de Investigación para la Paz, La Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo-España, Coordinadora Andaluza de ONGD, Mujeres de Negro contra la guerra, Futuro en Común, EduAlter, Economistas sin Fronteras, ATTAC España, Càtedra UNESCO de Desenvolupament Humà Sostenible Universitat de Girona, Coordinadora Extremeña de ONGD, International Peace Bureau Barcelona, Instituto de Desarrollo Social y Paz-Universitat Jaume I, Coordinadora de ONG de Desarrollo de Canarias, Institut de Drets Humans de Catalunya, Ca Revolta, CGT-Confederación General del Trabajo, Plataforma en Defensa del Sistema Sanitario Público, Spanish Revolution, Confederación de STES-Intersindical, Xarxa Consum Solidari, GHECO (Grupo de Investigación en Humanidades Ecológicas), Fundació Pere Casaldàliga, Acció Catòlica Obrera (ACO), Comunidades Cristianas Populares Valencia, Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Leon, Proyecto Hombre Murcia, Obrim fronteres València, Desarma Madrid,...



Puedes adherirte en tu propio nombre o en representación de tu organización en este enlace.