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domingo, 30 de agosto de 2026

La tormenta perfecta de Ceuta: un mes de crisis para alimentar el odio y la violencia contra los migrantes

 

      Redactora de Vivienda y Memoria Histórica en Público.


La crisis humanitaria en Ceuta ha desatado un profundo choque político y social marcado por el repunte de los discursos xenófobos, las críticas a la gestión institucional y la preocupación por el deterioro de la convivencia


Mobiliario urbano y enseres arden en Ceuta durante una manifestación para protestar por la situación provocada por la llegada masiva de migrantes. 27.08.2026.


     Entre el 30 y el 31 de julio, 72.000 personas cruzaron la frontera que separa Marruecos de la ciudad autónoma de Ceuta. Lo hicieron a pie o nadando con pequeños flotadores. La incursión se saldó con 145 fallecidos -según datos de Caminando Fronteras-, confirmándose como una de las mayores tragedias migratorias de la ciudad. Otros tantos se encontraron con una ciudad incapaz de darles asistencia. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) arrastraba días de problemas de sobreocupación, así que calles, playas y parques se convirtieron en campamentos improvisados. El 29 de julio, antes incluso de que se produjera la entrada masiva, el presidente de Ceuta ya hablaba de "colapso".

La mayoría eran chicos jóvenes y menores, aunque también cruzaron niñas y familias enteras que se encontraron con la misma problemática. Ante la falta de recursos, en los días siguientes se produjo un gran flujo de retorno, aunque un mes después todavía son miles las personas que siguen durmiendo al raso y que subsisten gracias a la ayuda de vecinos y ONG.

Uno de los mayores asentamientos se concentró en la playa de El Trampolín, donde el pasado jueves un grupo de ceutíes quemó las camas improvisadas y los pocos enseres que tenían los migrantes. El grupo violento se había concentrado en esta zona tras acudir a una manifestación en contra del Gobierno. Minutos antes de este incidente habían tratado de evitar que voluntarios de Cruz Roja repartieran comida en la zona. Este viernes otro grupo se acercó o a la misma zona con consignas como “Invasores, expulsión”, pero no hubo brotes de violencia.

La crispación y la polarización no han hecho más que aumentar en estas cuatro semanas, convirtiendo a esta pequeña ciudad de 84.000 habitantes en una olla a presión. La normalidad está lejos de retomarse, como admitió a finales de semana Félix Bolaños, ministro de la Presidencia. El Gobierno central no puso en marcha el mando único hasta el martes pasado y todavía no se ha podido trasladar a la Península a los miles de menores que llegaron esos días a Ceuta, entre ellos al menos 500 niñas. Esta semana también se conocía la denuncia de 16 agresiones sexuales en lo que va de mes, algunas con estas menores como víctimas.

En medio de toda esta situación, desde la derecha han aprovechado para atacar al Gobierno y su política migratoria. El Partido Popular se ha negado en todo momento al reparto obligatorio de menores migrantes, una postura compartida también por Vox. Los populares piden reformar la ley de Extranjería para garantizar el rechazo en frontera y plantean como única alternativa la repatriación de todos los migrantes. Ante el aumento de la tensión social y mensajes ambiguos de sus dirigentes, finalmente los populares hicieron un "llamamiento firme a la calma" el viernes, aunque sin dejar de dirigirse a los migrantes como "invasores". "Quien piense que con la violencia ayuda a Ceuta se equivoca. Solo da alas a los que pretenden señalar a los invasores como víctimas cuando las víctimas verdaderas somos los ceutíes", afirmaba el diputado popular Jesús Celaya Brey. 

Una crisis humanitaria lejos de resolverse

En cuestión de horas la entrada masiva de personas en Ceuta se convirtió en una emergencia sanitaria y social aguda, con todos los servicios al límite. Precisamente las posibles instalaciones para albergar a quienes han decidido quedarse o están pendientes de que avancen sus peticiones de asilo fueron motivo de discusión con el Gobierno de la ciudad. Juan Jesús Vivas, presidente de la ciudad autónoma, se ha negado a facilitar polideportivos y otros emplazamientos elegidos por el Gobierno al contar con baños y duchas, entre otros motivos. "Si intentan usarlos, van a tener que sacarme a mí de ellos", llegó a decir. Este viernes, el mando único aprobó un listado de espacios para la reubicación de los migrantes.

La falta de salubridad de los asentamientos ha provocado también ciertos brotes de gastroenteritis y otras infecciones, aunque desde la comunidad médica descartan que se pueda hablar de epidemia. Si bien, en los días posteriores al 30 de julio los sindicatos denunciaron que tanto el Hospital Universitario como los campamentos a pie de calle se encontraban al límite. Desde el Partido Popular se han utilizado estas noticias para llegar, incluso, a pedir el confinamiento en Ceuta por "enfermedades infectocontagiosas". Algunos militares denunciaron casos de sarna, que ellos mismos achacaban a la falta de higiene de las bases.


Migrantes acampados en las naves del Tarajal.

Entre los migrantes que lograron cruzar la frontera había muchos hombres jóvenes, pero también un número inusualmente alto de menores no acompañados y de familias con niños. El Gobierno asegura que actualmente hay unos 2.000 menores en el sistema de acogida de Ceuta; de ellos, más de 500 son niñas o chicas adolescentes. Este último grupo, el más vulnerable a sufrir violencias, será próximamente trasladado a la Península. El resto también será repartido entre las diferentes comunidades autónomas, otro de los temas de confrontación entre Gobierno y oposición.

"La crisis de Ceuta muestra con especial crudeza cómo ser mujer, niña o adolescente, estar en movilidad y encontrarse sin alojamiento estable multiplica las situaciones de riesgo", subraya en conversación con Público Oussama Chakkor, psicólogo social experto en migraciones en la organización ActionAid España. Una de las caras más amargas de esta crisis es la violencia sexual. Según ha informado la Fiscalía, se han contabilizado 16 agresiones sexuales en el último mes, con 17 víctimas, de las que 16 son mujeres. La mayoría no llegan a la mayoría de edad.


Mujer migrante en Ceuta, reubicada en el campo de fútbol del colegio Reina Sofía.

El psicólogo explica que la situación actual es particularmente grave porque muchas de estas personas se han encontrado con semanas de "incertidumbre, recursos improvisados y situaciones de calle", que han podido documentar ONG como Human Rights Watch. "Cuando falta identificación individual, aumentan las posibilidades de que una niña desaparezca de los mecanismos de protección. Cuando no existen espacios seguros para mujeres, aumenta la exposición a la violencia sexual", añade. Bajo su punto de vista, la respuesta a las menores no ha sido "ni correcta ni suficiente". "La protección llegó tarde y, durante semanas, muchas niñas y adolescentes quedaron expuestas a situaciones que nunca deberían haberse normalizado", concluye.

En la misma línea, Helena Maleno, defensora de los derechos humanos, periodista e investigadora especialista en migraciones y trata de seres humanos, cree que, un mes después, España no ha estado a la altura que la situación requería. "Todavía no se está garantizando el acceso a ayuda humanitaria, no se está pudiendo proteger a todos los niños y a todas las personas demandantes de asilo... Hay un fracaso del sistema y un abandono de las autoridades, y esto está alimentando el malestar y los discursos de odio", lamenta.

Odio y racismo disparados

"Nos estamos encontrando con que no se da una respuesta gubernamental adecuada y sobre todo con que se está propagando el discurso del odio, y ese odio está haciendo mucho daño en Ceuta. Se está atacando a los migrantes y a los musulmanes ceutíes", denuncia a este periódico Abdelah Mustafa, presidente de la asociación de vecinos de la Barriada de la Reina. Junto con sus vecinos se organizó desde el primer día para habilitar el polideportivo como refugio para mujeres y menores. Otros muchos voluntarios y ciudadanos anónimos se han encargado de llevar comida, mantas o hasta abrir las puertas de sus casas a familias y personas necesitadas.

En el lado contrario, según pasan los días ganan más terreno los mensajes de odio y la hostilidad hacia la comunidad árabe y subsahariana. Aunque el suceso más grave se vivió el jueves con la quema de enseres en la playa, la ultraderecha llevaba semanas caldeando el ambiente. El secretario general de Vox en el Congreso, José María Figaredo, llegó a afirmar que había que "cazar uno por uno" a los migrantes que habían entrado irregularmente en Ceuta. Sus palabras provocaron denuncias ante la Fiscalía, pero el diputado no ha dado marcha atrás.


Varias personas intentan bloquear la ayuda humanitaria en la playa de El Espigón.

En tan solo dos días -el 30 y 31 de julio-, el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), detectó más de 9.500 mensajes de odio en redes sociales contra la entrada masiva de finales de julio. Según el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, este "pico" de mensajes de odio ligado a la crisis migratoria en Ceuta ha impulsado el repunte de publicaciones de odio en redes durante julio, con 57.406 contenidos frente a los 40.800 de junio. El 68% de los contenidos analizados tenían foco en el odio a las personas procedentes del norte de África.

"Cuando se repite diariamente que existe una invasión, una amenaza o una ciudad tomada, se alimenta una sensación de emergencia permanente que puede aumentar la hostilidad hacia los migrantes, las agresiones racistas o la ruptura de la convivencia. En una ciudad como Ceuta las consecuencias pueden ser muy peligrosas", advierte Chakkor. El psicólogo alerta de los riesgos de convertir una crisis de gestión y protección en un conflicto identitario entre cristianos y musulmanes "si no se pone freno a ciertos discursos". En el caso de la violencia sexual, recuerda que "no tiene pasaporte", pero las víctimas sí tienen "rostro, cuerpo, historia y derechos": "Cuando utilizamos una agresión para construir odio contra miles de personas, corremos el riesgo de volver a ejercer una segunda violencia: quitar a la víctima su historia y convertir su dolor en propaganda".

El consultor político y analista Jordi Sarrión también incide en declaraciones a Público en la influencia que puede tener el discurso político en estallidos violentos como el del jueves -aunque no sea el único responsable directo- "al ir radicalizando progresivamente a una parte de la sociedad". Por otro lado, afirma que "cada día hay un ejército digital que se levanta en las redes para sembrar el caos": "Hay cuentas, perfiles y actores que amplifican cada incidente, cada imagen y cada mensaje de confrontación, y contribuyen a generar una sensación de conflicto permanente. No podemos ser ingenuos ante el papel que está jugando este ecosistema digital en la crisis de Ceuta".

Crisis política

La crisis humanitaria en Ceuta ha pasado a ser una crisis política de primera magnitud. Dos días después de la entrada masiva, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, aseguró que la crisis "estaba resuelta". Este jueves 27 de agosto Bolaños reconocía que no se había recuperado la normalidad y que todavía quedaba un largo camino por delante. En los últimos días han comparecido varios ministros sobre el tema, aunque lo más llamativo ha sido la confrontación de versiones sobre el papel del CNI en la detección de la entrada masiva por parte de Interior y Defensa.

Tanto la oposición como los organismos sociales y los vecinos de Ceuta llevan semanas denunciando "lentitud" a la hora de actuar en la ciudad autónoma. Este martes entró en vigor el real decreto por el que se ha establecido el mando único, una medida que el Gobierno ceutí pidió desde el minuto uno. Javier de Lucas, catedrático de Filosofía del Derecho y exsenador del PSOE, considera que el mando único puede optimizar la gestión y acelerar en lo posible la puesta en marcha de soluciones inmediatas. "Evidentemente, hemos perdido varias semanas, preciosas", apostilla. Entre otras cuestiones, el experto no entiende por qué se rechazó la petición unánime de los políticos ceutíes para activar mecanismos extraordinarios previstos o la tardanza de algunos ministros en personarse en la ciudad. "Sumemos el hecho de que no se ha dotado de medios y recursos extraordinarios a los servicios de Policía y administración de justicia que tienen que gestionar los varios miles de expedientes de retorno, los de acogida y los de traslado en el caso de los menores", explica a este medio. 

Todo esto, opina el experto, ha contribuido decisivamente a esa reacción de violencia que estamos viendo, "al haber una presión constante de discursos xenófobos" por parte de la extrema derecha que han sido incorporados "no solo por Vox, sino también en parte por el PP": "Se ha llegado a utilizar un lenguaje casi bélico, y se piden actuaciones que no solo infringen la legalidad vigente, sino que tratan a todos esos grupos que se encuentran en Ceuta no como personas con derechos, sino como grupos peligrosos que hay que expulsar o incluso eliminar".

Por su parte, Sarrión cree que hay que distinguir entre cómo se gestionó el inicio de la crisis y la reacción actual. De acuerdo a su análisis, los esfuerzos iniciales por transmitir tranquilidad podrían haber sido acertados —teniendo en cuenta el revuelo político interno y global— si la crisis se hubiera cerrado rápidamente. "El problema es que el Gobierno se confió, no estaba preparado para que el problema se prolongase durante semanas y afectase a la convivencia en Ceuta", añade. Además, considera que la presencia del Estado en el terreno debería haber sido mucho mayor desde el principio. 

En cuanto a la reacción de la oposición, al igual que De Lucas, lamenta que estemos viendo cómo se cruzan "líneas rojas que no deberíamos normalizar". "Todos los partidos tienen una responsabilidad enorme en este momento. Se puede exigir al Gobierno que recupere el control, que dé soluciones y que proteja a los ceutíes sin convertir a las personas migrantes en el enemigo", concluye.

El papel de Marruecos y las redes sociales

Otra de las cuestiones que se ha reprochado al Ejecutivo es la ausencia de crítica hacia Rabat. "Sembrar sospechas sobre un gobierno de un país vecino con el que hay que cooperar y con el que hay que tener buenas relaciones de vecindad no es un buen camino", decía Bolaños esta semana recetando a la oposición un curso acelerado de diplomacia básica. Lo cierto es que hasta ahora todo apunta a que detrás de la entrada masiva estaban las redes sociales, aunque las imágenes parecen confirmar que la gendarmería marroquí no opuso gran resistencia los días 30 y 31 de julio, como sí hizo ante el intento de entrada fallido del 15 de agosto.

"Creo que lo que está a nuestro alcance no es tanto establecer inequívocamente la responsabilidad directa de Marruecos en la entrada masiva, sino sostener la verosimilitud de la hipótesis de que, sin el conocimiento por parte de Marruecos de lo que se preparaba, sin la omisión de medidas de control en la parte marroquí de la frontera, en esos dos días, es imposible que ocurriera un acontecimiento de esas dimensiones", analiza De Lucas, que sostiene que es "difícil creer" que 8.000 personas se pongan de acuerdo espontáneamente en acudir el mismo día a Ceuta. También apunta al posible interés de potencias extranjeras en erosionar la imagen de España y sembrar desunión en la UE.

En este sentido, tanto el catedrático como el resto de voces consultadas por este medio insisten en la importancia de tener fronteras seguras. "Es evidente que la externalización de fronteras abre la puerta a estas consecuencias. Cuanto más se amurallan los Estados, más muestran su incapacidad de ser soberanos en asuntos que son de rango global y por lo tanto exceden a la competencia de un solo Estado; incluso de una asociación de Estados como la UE", concluye.

Esta estrategia de política migratoria, además, ha resultado ineficaz para frenar las llegadas irregulares y eventos tan trágicos como el vivido este julio. Las entradas irregulares a través de Ceuta se han multiplicado por cinco, de acuerdo con los datos que periódicamente publica el Ministerio del Interior: han pasado de 753 en 2021 a 3.323 en 2025. En lo que llevamos de 2026 (hasta julio y sin contar la entrada masiva de los días 30 y 31) han sido ya 4.182 personas las que han logrado sortear las concertinas.

Hay desaparecidos y fallecidos sin identificar

Los últimos de los que nadie habla en esta crisis son los fallecidos. Caminando Fronteras cifra en 145 las víctimas mortales de esta crisis migratoria, aunque, según señala a Público Helena Maleno, aún hay un número importante de personas que continúan desaparecidas y que podrían estar o no entre los cadáveres recuperados.


Entierro de varios migrantes en el cementerio musulmán de Ceuta.

El pasado jueves, mientras se producían los disturbios en las playas de Ceuta, en el cementerio de la mezquita de Sidi Embarek se daba sepultura a los últimos once cuerpos que quedaban por enterrar. Solo nueve de los fallecidos rescatados por España han podido ser identificados; el resto descansan en bolsas blancas con un número identificativo. Maleno pide más ayuda para que las familias, especialmente las de terceros países, puedan recuperar los restos mortales, "para lo que sería fundamental la colaboración de los consulados".


Fuente: Público

domingo, 23 de agosto de 2026

Es hora de que los movimientos replanteen las redes sociales

 

 Por Mehran Khalili   
      Consultor político y organizador, residente en Atenas, Grecia. Colabora con DiEM25.


Los movimientos aún pueden encontrar gente en las redes sociales. Sin embargo, la verdadera organización tiene que darse en otro lugar, y conseguir que la gente llegue allí es la parte que seguimos pasando por alto


Australia prohíbe las redes sociales a los menores de 16 años.


     El pasado mes de septiembre hice un vídeo corto que fue, con diferencia, el contenido más viral que he publicado hasta la fecha. No puedo rastrear todas las visualizaciones, pero al menos un millón de personas lo vieron en Instagram y TikTok, y posiblemente en otras plataformas. Vecinos de Atenas, en Grecia, me comentaron que habían visto mi cara en sus redes sociales; cuentas chinas le pusieron subtítulos al vídeo y lo compartieron. Sentí que había dejado mi huella en el universo y, para ser sincero, que se trataba de algo especial.

El vídeo no era una charla sensacionalista ni una coreografía. Tenía un objetivo claro: conseguir que la gente firmara una petición, creada por DiEM25 y la Internacional Progresista, para impedir que la exministra de Asuntos Exteriores alemana, Annalena Baerbock, responsable de la complicidad alemana con el genocidio, se convirtiera en presidenta de la Asamblea General de la ONU.


DiEM25 y la Internacional Progresista lanzan una campaña para impedir que Baerbock asuma la presidencia de la Asamblea General de la ONU.


Zonas inundadas en Gaza, noviembre de 2025.



Fue ahí donde fracasé.  Al final de mi semana de fama breve en internet, el número de firmas apenas había variado. Durante el mes de julio, dos meses antes de publicar el vídeo, había unas 49.000 firmas. Hice seguimiento de cerca esa semana, y apenas se movió. Baerbock consiguió el puesto; ahora la petición le pide que renuncie.

Sé bastante sobre comunicación digital. Durante dos décadas ha sido una parte fundamental de mi trabajo: he escrito sobre ella, la he investigado y he asesorado a movimientos al respecto. La petición no era mía, pero el vídeo sí. Y no conseguí que funcionara. Quizás el vídeo podría haberse presentado mejor, o el enlace a la petición podría haberse hecho más accesible. Quizás mi propuesta fue entretenida, pero no convincente. Quizás una petición nunca fue el medio adecuado para detener a Baerbock.

Mis amigos, los que organizaban la campaña, pensaron que había salido genial. Me felicitaron por la cantidad de gente que había visto el vídeo, pero nadie preguntó por la petición. Y es esto lo que me preocupa desde entonces. Porque si un millón de visitas y ninguna firma se considera un éxito, estamos midiendo lo incorrecto.

Y eso plantea una pregunta más importante, una que creo que no nos hacemos con la suficiente frecuencia: cuando usamos las redes sociales para organizarnos, ¿qué estamos haciendo realmente? ¿Vale la pena el tiempo que le dedicamos? ¿Y existe alguna manera de hacerlo que realmente genere resultados?

¿Por qué estamos todos ahí?

Las redes sociales son ahora una herramienta indispensable para cualquiera que quiera organizar algo; y por motivos de sobra conocidos. Llevamos más de una década usándolas para llenar espacios públicos, desde Occupy hasta Black Lives Matter, pasando por las protestas de la Generación Z del año pasado en todo el sur global. Para sortear los bloqueos mediáticos y mostrar al mundo lo que hace el poder cuando cree que nadie lo filma, desde Ferguson hasta Gaza.


Manifestantes se congregan cerca de la Casa Blanca mientras agentes de policía levantan una barricada durante una protesta por la muerte de George Floyd.


Un activista protesta contra la vigilancia y la censura en las redes sociales en Colombo, Sri Lanka, el 24 de enero de 2024.


Para impulsar y hundir carreras políticas. Para desplomar las cotizaciones de las empresas que se lo merecen.

Las redes sociales han transformado nuestra forma de comunicarnos. Nos han obligado a ser más rápidos, más ingeniosos y más entretenidos. Porque la atención es escasa y competimos por ella contra todo lo demás. Pero, en el fondo, la mayoría partimos de la misma premisa: que las plataformas son donde se realiza el trabajo. Que publicar es organizar. Que si conseguimos alcance, lo demás vendrá por añadidura.

¿Qué cambió?

Esa suposición tiene su origen en 2011. Quienes vivimos esa época recordaremos que las redes sociales prometían algo diferente. Creíamos que podíamos derrocar gobiernos y reyes si lográbamos movilizar a suficiente gente. Y las redes sociales eran muy eficaces para eso, siempre y cuando la indignación ya existiera.

A veces, eso bastaba. El dictador tunecino Ben Ali se fue. El dictador egipcio Mubarak se fue. Pero cuando no funcionó —cuando se disolvió Occupy, cuando la plaza Tahrir dio paso a un gobierno militar, cuando las plazas quedaron vacías— nos decíamos a nosotros mismos que no era el momento adecuado, o que la represión era demasiado severa. Tengo la impresión de que muchos de nosotros aún conservamos ese mismo idealismo sobre el poder de las redes sociales. Pero dos cosas han cambiado desde entonces.

En primer lugar, los gobiernos se han vuelto muy hábiles para hacernos retroceder. Ahora sofocan la protesta desde su origen, con vigilancia, arrestos y sus propias operaciones en redes sociales. Los movimientos aún pueden sortear la censura, y a menudo lo hacen. Sin embargo, el Estado ha aprendido a operar en el mismo terreno. Amnistía Internacional ha documentado cómo el año pasado las autoridades kenianas utilizaron las mismas plataformas que el movimiento de la Generación Z para amenazar y desacreditar a los organizadores. Y cuando eso no es suficiente, el Estado puede recurrir a la plataforma misma, prohibiéndola, como hizo Nepal en 2025 , o cambiando su propietario, como sucedió con TikTok en Estados Unidos.

En segundo lugar, las plataformas mismas cambiaron de forma. Pasamos de los feeds de seguidores a los feeds de recomendaciones. Lo que publicas ya no llega a las personas que eligieron saber de ti, sino que va a donde el algoritmo lo envía, si es que llega a algún sitio. La atención se concentra en un puñado de plataformas corporativas cuyo incentivo es que sigas desplazándote por la pantalla, no ayudar a organizarte.

Ese segundo cambio es el que menos hemos tenido en cuenta, y sin embargo es el que más afecta a nuestra capacidad de organizarnos. En 2011 publicamos, nuestros seguidores lo vieron y nos organizamos en las respuestas, como sucedió durante los disturbios de Atenas. La distribución y la coordinación se produjeron en el mismo lugar y al mismo tiempo.

Por supuesto, los comentarios siguen existiendo. Pero cuando una publicación llega a pocos de tus seguidores y, en cambio, llega a desconocidos, el hilo de respuestas deja de ser un lugar en el que se pueda formar un grupo y se convierte en un espacio donde los individuos llegan uno a uno y se van de la misma manera.

Y aun así, seguimos usando estas plataformas como si estuviéramos en 2011. Lanzamos mensajes al aire con la esperanza de que alguno tenga éxito, de que la gente escuche nuestros llamados a la acción y se organice por sí misma. Creemos que, si señalamos un problema con la suficiente frecuencia, todos llegarán a las mismas conclusiones que nosotros. Y cada vez que algo o alguien logra un avance, lo sentimos como pura suerte.

Eso no significa que una publicación no pueda dar pie a algo. En India, después de que el presidente del Tribunal Supremo llamara cucarachas a los jóvenes desempleados, un estudiante de Boston preguntó en las redes sociales qué pasaría si todas las cucarachas se unieran. En cuestión de semanas se formó el Partido de las Cucarachas, con millones de seguidores y protestas en varios estados, y casi sin organización previa.


La revuelta de las ‘cucarachas’.

Eso fue hace tres meses. Desde entonces han conseguido una importante victoria, pero nadie sabe aún en qué se convertirá.

Un movimiento espontáneo aún puede surgir de las redes sociales. Simplemente no se puede planificar ni replicar. Y, sin embargo, gran parte de lo que hacemos se basa en esperar a que esto ocurra, porque las herramientas cambiaron, pero no nuestros hábitos.

Por qué no cambiamos con ellos

En cierto modo, todo lo descrito es comprensible. Las redes sociales son la herramienta más llamativa y eficaz de nuestro arsenal. Son gratuitas y todos sabemos usarlas. Entendemos los algoritmos, las palabras de moda, los memes, cómo jugar el juego. Y, sobre todo, responden al instante. En la organización, nada más funciona así. Una reunión no te dice cómo fue. Una capacitación no genera informes hasta seis meses después. Y una lista no sirve de nada hasta que le pides que haga algo.

Así que tomamos prestado muchísimo de aquellos para quienes las redes sociales son realmente su principal fuente de ingresos: los activistas influyentes. Crean una audiencia a partir de una cercanía percibida: una relación parasocial, la ilusión de intimidad y reciprocidad. Es una habilidad real y tiene sus ventajas. Pero una audiencia solo basta si el objetivo es captar la atención. No es la base. Nadie se conecta un martes por la noche porque se sienta cercano a alguien en una pantalla. 

Mientras tanto, se omite la parte tediosa del trabajo: las reuniones, las llamadas de seguimiento, las capacitaciones, las discusiones sobre qué exigimos realmente y a quién. Y es precisamente en esa parte donde la atención se transforma en poder. Como argumenta Zeynep Tufekci, las redes sociales permiten que los movimientos en red alcancen una gran escala sin necesidad de desarrollar la capacidad que antes requería dicha escala.

Ya se puede ver el precio que eso conlleva. En Bangladesh, Nepal y Madagascar, las protestas impulsadas por las redes sociales han derrocado gobiernos, pero en cada caso, lo que ocupó ese espacio fue algo que ya existía: un partido establecido en Daca, un partido formado tres años antes en Katmandú, el ejército en Antananarivo. No los movimientos en sí mismos.

Peor aún, creo que nuestro uso de estas plataformas ha empezado a condicionar nuestra estrategia. Optimizamos en función de lo que la plataforma recompensa, porque esa es la cifra que recibimos directamente. Los aspectos silenciosos pero vitales del trabajo organizativo se despriorizan sutilmente, o simplemente dejan de hacerse.

Así es como se ve cuando alguien lo hace bien

En febrero de 2025, los estadounidenses, indignados por la creciente influencia política de Elon Musk, comenzaron a publicar sobre su empresa, Tesla. Algunos vendieron sus coches, grabaron las ventas y se quejaron en línea. El asunto podría haberse quedado ahí tras desaparecer de las redes, pero no fue así. 

Una profesora de la Universidad de Boston vio una protesta en una sala de exposiciones de Tesla en Nueva York organizada por el grupo Rise and Resist y llevó a cabo la misma acción en su ciudad. Publicó sobre ello en Bluesky. Otros la imitaron. Unas pocas personas crearon un sitio web y un mapa, y todo se difundió bajo un solo hashtag: #TeslaTakedown.

El punto débil de Tesla eran los lugares físicos, con direcciones y horarios de apertura, pertenecientes a una empresa cuyo valor dependía —y depende— en gran medida, de la reputación de su fundador. Los organizadores eligieron una fecha y se mantuvieron fieles a ella: protestaban en el mismo lugar, cada semana. Para marzo, ya se habían organizado protestas en las salas de exposición de Tesla en más de 250 ciudades de todo el mundo.

La explicación que dan los organizadores sobre por qué funcionó se resume en dos puntos: la presencia es más importante que la planificación, y la regularidad fomenta la comunidad. Esto no es un argumento en contra de la estrategia —elegir las salas de exposición fue una estrategia, y una buena—. Es un argumento en contra de hacer esperar a la gente mientras se perfecciona. En un momento de enfado, la gente no necesita un documento de planificación: necesita que les digan adónde ir y qué hacer.

Las inscripciones de aquellas acciones se llevaron a cabo a través de Action Network, una plataforma de organización, y no mediante los comentarios en las publicaciones del movimiento en redes sociales. Así, cuando esas publicaciones dejaron de tener repercusión, el movimiento aún conservaba su lista de participantes. Las protestas de la Generación Z en Marruecos son otro ejemplo de cómo hacer las cosas bien. El año pasado, Marruecos experimentó una ola de protestas contra la corrupción, la desigualdad y el estado de los servicios públicos. El movimiento se autodenominó GenZ 212, en referencia al código telefónico del país.

La iniciativa se difundió a través de Instagram y TikTok, pero su plataforma principal fue Discord. Los usuarios se dividieron en canales regionales según su lugar de residencia, y las decisiones se tomaban en debates nocturnos que culminaban en votaciones. Según una estimación, el número de usuarios en los canales ascendía a 250.000 el pasado octubre.

Fue desordenado; a veces caótico. Pero Discord, que no tiene un sistema de recomendaciones, hizo por los manifestantes marroquíes algo que un sistema de recomendaciones no podría: les permitió tomar decisiones bajo presión, como grupo, y adaptarse. Cuando los primeros días trajeron arrestos, el movimiento trasladó sus protestas a barrios obreros. Cuando la intervención policial provocó muertes, los miembros se reunieron de nuevo para esclarecer lo sucedido y defender la protesta pacífica, contrarrestando los intentos de tacharlos de imprudentes.

Al igual que la mayoría de los movimientos importantes de la Generación Z que hemos visto, GenZ 212 carecía de líderes y fue algo descentralizado. La diferencia aquí, sin embargo, no radica en si hay líderes o no, sino en si existe un espacio donde se puedan resolver las dudas y tomar decisiones.

¿Qué tienen en común estos movimientos?

Una palabra: un traspaso.

En ambos casos, los organizadores reclutaron a través de las redes sociales, al igual que en 2011. Pero no se quedaron ahí. Rápidamente trasladaron a la gente a espacios que controlaban. En los casos mencionados, se trató de Action Network y de Discord; podría haber sido igualmente una lista de correo, un foro, un chat grupal o una sala con sillas. Lo importante es que no fue un sistema automatizado.

Esto replantea los debates recurrentes sobre qué plataformas de redes sociales usar y cuáles abandonar. Las plataformas surgen y desaparecen, y la que capte la atención en el futuro seguirá siendo solo la punta del iceberg. La pregunta clave es: ¿Qué necesita un movimiento para que un cambio de algoritmo o una prohibición no lo desmantelen?

Un ejemplo claro: el movimiento de la Generación Z en Nepal, que operaba en Discord, logró sortear la prohibición generalizada de las redes sociales impuesta por el gobierno el año anterior. Y el movimiento derrocó al gobierno

La transferencia debe diseñarse

No obstante, hay un inconveniente en esta transferencia: la arquitectura de las plataformas juega en tu contra. Las plataformas penalizan cualquier cosa que provoque que los usuarios abandonen la aplicación. Su arquitectura lo deja claro: Instagram no permite incluir enlaces en la descripción de una publicación. TikTok los limita a la biografía. Y en Facebook, las publicaciones con enlaces han pasado de aproximadamente una de cada siete a una de cada 66, según los propios datos de Meta. Por lo tanto, la transición no puede ser algo improvisado. Debe diseñarse con cuidado y detenimiento.

Eso significa publicar tu solicitud donde la plataforma lo permita (el enlace del perfil, la primera respuesta) e indicar a la gente dónde está, porque no la buscarán. Lo ideal es que el destino sea una fecha (“tenemos una llamada el jueves a las 19:00”) en lugar de una página. Hay que pensar en el seguimiento antes de publicar, porque la mayoría de los registros se enfrían en los primeros días si no reciben nada en su bandeja de entrada. Todo esto significa que debe haber una persona designada, alguien responsable de lo que suceda después: una persona que responda a los registrados, que organice las llamadas, a quien puedan responder y obtener una respuesta.

Ten claro qué es lo que estás contando

La otra mitad es la medición, y es donde más a menudo nos equivocamos. Las plataformas nos ofrecen un montón de datos gratis, y los aceptamos porque están ahí. Pero volverse viral no es una victoria. Nunca fue el objetivo.

Así que decide qué vas a contabilizar antes de publicar y que sea algo que se vea al final del proceso de conversión: clics desde el vídeo hasta los registros, la asistencia o las acciones completadas. Establece un objetivo, y cuando los resultados sean bajos, corrige la conversión en lugar de la acción inicial. Si tu vídeo obtiene 200.000 visualizaciones y 40 registros, probablemente el problema no fue el vídeo. Analiza qué les pediste a las personas que hicieran, si pudieron encontrar la información y qué resultados obtuvieron una vez llevaron a cabo lo que pedías. Todo contenido necesita un lugar donde publicarse.

Volver al vídeo

Puede que el problema con mi petición no haya sido el gancho, sino la fragilidad de lo que había detrás. Un formulario está bien. Tesla Takedown usó uno. Pero ese formulario condujo a una protesta en un concesionario específico, a una hora determinada, organizada por un anfitrión con gente que lo respaldaba. El mío condujo a una firma. Si tan solo una fracción de las personas que vieron ese vídeo hubieran tenido algo más que hacer —una llamada la semana siguiente, organizada por alguien conocido, con una tarea clara al final— habría quedado algo cuando la atención se desvaneció. Planifica la transición antes de planificar la recepción. Esa es la lección principal, y me costó un millón de visualizaciones aprenderla.



Fuente: El Salto

viernes, 7 de agosto de 2026

Crisis migratoria de Ceuta: ¿Por qué los analistas chinos están mirando al Mossad?

 

 Por Nadia Helmy   
      Profesora asociada de Ciencias Políticas, Facultad de Política y Economía / Universidad de Beni Suef - Egipto. Experta en política china, relaciones sino-israelíes y asuntos asiáticos.


La crisis migratoria de Ceuta plantea interrogantes sobre Marruecos, España, el Mossad, China y la geopolítica de la frontera sur de Europa

   

  

    Migrantes esperan para cruzar al enclave español de Ceuta, desde el lado marroquí de la frontera en Fnideq, Marruecos, 31 de julio de 2026. 


     La extraordinaria crisis migratoria que se desató en Ceuta, ciudad del norte de África española, a finales de julio y principios de agosto de 2026, se ha convertido rápidamente en una cuestión geopolítica de mayor alcance.

Alrededor de 72.000 migrantes entraron en Ceuta en una semana, desbordando a las autoridades locales y provocando una respuesta de emergencia por parte de España y la Unión Europea. La magnitud del movimiento, el papel de la desinformación en las redes sociales y las dudas sobre los controles fronterizos de Marruecos han transformado lo que inicialmente parecía una emergencia migratoria en una disputa estratégica que involucra a España, Marruecos y la Unión Europea en general.

Este episodio también merece atención desde una perspectiva estratégica china. Pekín tiene importantes intereses económicos y geopolíticos en Marruecos, el norte de África, las rutas comerciales del Mediterráneo y los puertos europeos. Por lo tanto, un deterioro prolongado de las relaciones entre España y Marruecos, especialmente en torno a Ceuta y Melilla, podría tener consecuencias que trasciendan la política migratoria.

Al mismo tiempo, las afirmaciones de que el aumento de la migración fue organizado por el Mossad israelí o la Agencia Central de Inteligencia estadounidense deben tomarse con cautela. Actualmente no existe evidencia pública que demuestre que alguna de estas agencias orquestó el movimiento. Si bien tales alegaciones pueden formar parte de especulaciones de inteligencia o geopolíticas, no deben presentarse como hechos probados.

Una crisis migratoria amplificada por las redes sociales

Uno de los elementos más evidentes de la crisis es el papel que desempeña la información digital.

Según se informa, publicaciones falsas o engañosas en redes sociales contribuyeron a movilizar a la población hacia Ceuta, incluyendo afirmaciones sobre la apertura o el debilitamiento de los controles fronterizos españoles. Funcionarios europeos también han señalado la desinformación en línea y las redes de tráfico de migrantes como factores importantes en este episodio.

Esta distinción es importante. La existencia de movilización en línea no demuestra por sí sola que una agencia de inteligencia extranjera haya creado o dirigido la campaña.

Las redes sociales pueden acelerar los movimientos migratorios sin necesidad de una operación centralizada. Las expectativas económicas, la percepción de oportunidades, la información que circula en las comunidades migrantes y las acciones de las redes de tráfico de personas pueden interactuar rápidamente, generando movimientos que parecen altamente coordinados incluso cuando sus orígenes están descentralizados.

No obstante, la magnitud del episodio de Ceuta plantea una cuestión estratégica legítima: ¿fue el movimiento totalmente espontáneo, fue facilitado por redes criminales, fue tolerado o alentado por las autoridades marroquíes, o intentaron agentes externos explotar una crisis que ya se estaba desarrollando?

Actualmente, las pruebas públicas disponibles no ofrecen una respuesta definitiva.

El factor marroquí

La explicación alternativa más importante concierne al propio Marruecos.

Marruecos ya ha demostrado que la migración puede convertirse en un instrumento de presión diplomática sobre España. La crisis de Ceuta en mayo de 2021, cuando miles de migrantes entraron en la ciudad española tras la relajación de los controles fronterizos marroquíes, constituye un precedente importante.

La crisis de 2026 es considerablemente mayor. Las autoridades españolas y europeas están examinando el papel de las redes de tráfico de personas, la desinformación y la cooperación de Marruecos con la política migratoria europea. Los funcionarios de la UE han pedido una mayor cooperación con Marruecos, evitando al mismo tiempo una acusación pública definitiva de que Rabat orquestó deliberadamente la crisis.

Esto hace que el concepto de migración como presión política híbrida sea más útil que la suposición de que la crisis fue necesariamente dirigida por un servicio de inteligencia extranjero.

Un Estado no necesita necesariamente organizar cada movimiento migratorio individual para explotar la migración estratégicamente. La relajación deliberada de los controles fronterizos, la aplicación selectiva de la ley o la falta de intervención pueden generar presión política al tiempo que permiten una negación plausible.

Si eso ocurrió en este caso es una cuestión que requiere mayor investigación.

Por qué Ceuta y Melilla son importantes

Ceuta y Melilla son ciudades autónomas españolas del norte de África y forman parte de España y de la Unión Europea. Marruecos disputa la soberanía española sobre ambas ciudades y ha mantenido sus reivindicaciones territoriales durante décadas. Las autoridades españolas, por su parte, consideran que su estatus de territorio español es innegociable.

La disputa adquirió una nueva dimensión internacional a principios de 2026, cuando un informe del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos describió a Ceuta y Melilla como ciudades administradas por España ubicadas en territorio marroquí y se refirió a la antigua reivindicación de Marruecos sobre ellas. El informe instó al secretario de Estado estadounidense a promover el diálogo diplomático entre Madrid y Rabat sobre su futuro estatus.

Esto tuvo una gran importancia política, pero no debe confundirse con una resolución formal del Congreso que reconozca la soberanía marroquí.

No obstante, la redacción representó un cambio notable con respecto a la forma en que normalmente se aborda la postura de España sobre las dos ciudades en Washington. Los funcionarios españoles respondieron haciendo hincapié en que el carácter español de Ceuta y Melilla no estaba en entredicho.

El momento elegido hace que el asunto sea particularmente delicado. Cualquier percepción de que Washington se está volviendo más receptivo a la postura de Marruecos podría afectar los cálculos estratégicos de Madrid y Rabat.

¿Podrían las agencias de inteligencia extranjeras aprovechar la crisis?

Aquí es donde surgen las afirmaciones más controvertidas en torno a la crisis de Ceuta.

La posibilidad de que agencias de inteligencia extranjeras intenten explotar una crisis migratoria no es del todo descabellada. Los grandes movimientos migratorios pueden generar inestabilidad política, influir en las elecciones, intensificar la polarización y ejercer presión sobre los gobiernos. Los servicios de inteligencia monitorean habitualmente estas vulnerabilidades.

Pero existe una distinción esencial entre monitorear o explotar una crisis y crear la crisis.

Actualmente no existen pruebas públicas que demuestren que el Mossad organizara el traslado de migrantes marroquíes hacia Ceuta. Tampoco hay pruebas públicas suficientes para establecer que la CIA coordinara la operación.

Por lo tanto, las afirmaciones en este sentido deben considerarse hipótesis que requieren pruebas, más que conclusiones.

No obstante, Israel tiene un potencial interés estratégico en la dirección de la política exterior española. España ha adoptado posturas sobre el conflicto israelí-palestino que, en ocasiones, han generado importantes fricciones diplomáticas con Israel. Esto crea un posible motivo para analizar si actores opuestos a las políticas de Madrid podrían intentar explotar las vulnerabilidades internas de España.

Pero el motivo por sí solo no es prueba de que se haya llevado a cabo una operación.

Una evaluación de inteligencia seria requeriría pruebas de capacidad, comunicaciones, flujos financieros, vínculos operativos, reclutamiento, actividad cibernética u otros indicadores que conecten a una agencia en particular con las redes de migración.

Ninguno de esos vínculos se ha demostrado públicamente en el presente caso.

Los Hermanos Musulmanes y el peligro de confundir ideología con operaciones

Otro elemento controvertido del debate concierne a los Hermanos Musulmanes y otros movimientos islamistas.

Existen vínculos ideológicos históricos entre los Hermanos Musulmanes y varias organizaciones islamistas que operan en Oriente Medio y el Norte de África. El Movimiento Islámico en Israel también mantiene una relación histórica con la tradición ideológica más amplia de los Hermanos Musulmanes.

Sin embargo, eso no establece una coordinación operativa entre estos movimientos y el Mossad, la CIA o las redes de migración marroquíes.

La existencia de organizaciones políticas islamistas en Marruecos tampoco demuestra que ellas organizaran los cruces de Ceuta.

La distinción es fundamental. La afinidad ideológica, la influencia histórica y la cooperación organizativa son tres cosas distintas. Un artículo sobre inteligencia y competencia geopolítica no debería tratarlas como sinónimos.

El simbolismo de al-Ándalus

La memoria histórica de al-Ándalus ha desempeñado durante mucho tiempo un papel importante en algunos discursos políticos islamistas y musulmanes en general. Las referencias a Al-Ándalus pueden evocar la presencia histórica de la civilización musulmana en la península ibérica y, por lo tanto, pueden tener un considerable significado emocional e ideológico.

Ese simbolismo merece ser examinado en el contexto de los debates sobre Ceuta y Melilla.

Sin embargo, actualmente no existen pruebas suficientes para concluir que las referencias a la “reconquista de Andalucía” se utilizaran como parte de una operación de inteligencia coordinada para enviar inmigrantes marroquíes a Ceuta.

Si existe tal conexión, debe demostrarse mediante pruebas específicas: campañas documentadas en redes sociales, organizaciones identificables, mensajes coordinados, vínculos financieros o comunicaciones entre los actores involucrados.

Sin tales pruebas, el simbolismo andalusí debería tratarse como objeto de análisis político e histórico, en lugar de como prueba de una operación de inteligencia.

¿Y qué hay del Gran Oriente Medio?

El debate geopolítico más amplio a veces relaciona los conflictos contemporáneos de Oriente Medio con la agenda de reformas del "Gran Oriente Medio" o del "Gran Oriente Medio y Norte de África" ​​de Estados Unidos de principios de la década de 2000.

La iniciativa en sí era real. La administración de George W. Bush la asoció públicamente con la reforma política, económica y social, una mayor libertad y el desarrollo en Oriente Medio y el Norte de África.

Pero no hay pruebas de que la iniciativa estuviera diseñada para utilizar la migración marroquí con el fin de desmantelar estados árabes, establecer gobiernos proisraelíes u organizar el movimiento de migrantes hacia Ceuta.

Esas afirmaciones van mucho más allá de los registros históricos documentados.

Esta distinción es importante porque las iniciativas políticas históricas pueden influir en el análisis geopolítico actual sin aportar pruebas de cada conspiración contemporánea que se les atribuye.

¿Por qué le importaría a China?

La dimensión china se fundamenta más fácilmente en intereses estratégicos observables.

China ha expandido su presencia económica y diplomática en el norte de África y el Mediterráneo. Marruecos reviste especial relevancia para Pekín debido a su posición geográfica, su desarrollo industrial, su infraestructura, su potencial logístico y su acceso a los mercados europeos y africanos.

La estabilidad de los puertos mediterráneos y las rutas comerciales marítimas también es importante para los intereses comerciales más amplios de China.

Desde esta perspectiva, Pekín tiene una razón legítima para monitorear una crisis que involucra simultáneamente:

  • España y la Unión Europea;

  • Marruecos y el norte de África;

  • Migración y seguridad fronteriza;

  • Comercio mediterráneo;

  • Estabilidad política europea;

  • Y la relación estratégica entre Washington, Madrid y Rabat.

Una crisis prolongada entre España y Marruecos podría generar consecuencias económicas y logísticas que se extiendan más allá de la frontera inmediata.

Esto no implica que un servicio de inteligencia chino crea que el Mossad fue el causante de la crisis. China puede estar preocupada por las consecuencias de la inestabilidad sin respaldar una explicación concreta sobre sus orígenes.

La cuestión de la inteligencia china

Las instituciones militares y de inteligencia chinas examinan de forma rutinaria la evolución de la seguridad internacional, incluyendo la inestabilidad política, la migración, las infraestructuras estratégicas, las rutas marítimas y las actividades de las potencias extranjeras.


Post en Instagram de Mimoun Aabou.

Sin embargo, las afirmaciones relativas a evaluaciones específicas de inteligencia china clasificadas requieren un alto estándar probatorio.

La información disponible públicamente no permite establecer que el Ministerio de Seguridad del Estado de China, o específicamente alguna oficina del MSS, haya llegado a la conclusión de que el Mossad organizó la crisis migratoria de Ceuta.

Por consiguiente, las referencias a la "inteligencia china" en los debates sobre este episodio deben entenderse como interpretaciones analíticas, a menos que se pueda identificar un documento chino específico, una evaluación de inteligencia o una fuente atribuible.

Esto cobra especial importancia al analizar la supuesta evaluación que China hace de Israel, Estados Unidos o los Hermanos Musulmanes. El discurso oficial y estratégico chino suele ser muy crítico con las operaciones de inteligencia extranjeras y los movimientos políticos transnacionales, pero estas posturas generales no deben interpretarse automáticamente como prueba de una conclusión de inteligencia específica sobre Ceuta.

Cuatro explicaciones contrapuestas

La evidencia disponible sugiere que al menos cuatro hipótesis merecen ser examinadas.

En primer lugar, la movilización espontánea. Los incentivos económicos, la percepción de una oportunidad para entrar en Europa, las redes sociales y la desinformación en línea pueden haber producido un movimiento rápido sin una dirección central.

En segundo lugar, la facilitación de actividades delictivas. Es posible que las redes de contrabando hayan explotado la situación y amplificado el movimiento para obtener beneficios económicos.

En tercer lugar, la instrumentalización marroquí. Es posible que Rabat haya tolerado o facilitado el movimiento como medio para presionar a España, de forma deliberada o no. La crisis de Ceuta de 2021 hace que esta hipótesis sea especialmente relevante.

En cuarto lugar, la explotación extranjera. Es posible que agentes políticos o de inteligencia externos hayan intentado explotar la crisis o influir en sus consecuencias políticas.

Estas posibilidades no son mutuamente excluyentes.

Una crisis migratoria puede comenzar de forma orgánica, ser facilitada por redes criminales, ser tolerada por un Estado y posteriormente ser explotada por agentes extranjeros.

Por eso, atribuir todo el episodio a un único servicio de inteligencia sin pruebas conlleva el riesgo de simplificar en exceso lo que podría ser una crisis híbrida mucho más compleja.

Qué significa la crisis de Ceuta para Europa

Sean cuales sean sus orígenes, la magnitud de la afluencia de 2026 ha demostrado la vulnerabilidad de la frontera sur de Europa ante las repentinas perturbaciones migratorias.

Los ministros del Interior de la UE ya han debatido sobre una mayor cooperación con países no pertenecientes a la UE, el intercambio de información de inteligencia, la vigilancia de las redes sociales, las medidas contra el tráfico ilícito de migrantes y el refuerzo de la seguridad fronteriza.

Por lo tanto, es probable que la crisis influya en los debates europeos mucho más allá de España.

También demuestra la influencia política que poseen los países que cooperan con Europa en el control de la migración. Marruecos ocupa una posición particularmente importante en este sistema debido a su proximidad con España y su papel en la gestión de las rutas migratorias hacia la UE.

Para España, el reto principal ya no reside simplemente en cómo controlar una frontera, sino en cómo evitar que la política migratoria se convierta en una fuente de vulnerabilidad estratégica.

Una crisis mayor que la migración

Por lo tanto, la crisis de Ceuta debe entenderse en varios niveles simultáneamente.

En el plano humanitario, decenas de miles de personas se vieron involucradas en un movimiento extraordinario que desbordó la capacidad local.

En el plano político interno, este episodio está avivando los debates sobre inmigración, control de fronteras y la relación de España con Marruecos.

A nivel bilateral, plantea nuevas interrogantes sobre las antiguas reivindicaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla y sobre el futuro de las relaciones hispano-marroquíes.

A nivel europeo, pone de manifiesto la dependencia de la UE de la cooperación con los estados vecinos para gestionar la migración irregular.

En el plano geopolítico, la crisis se entrecruza con la evolución de las relaciones entre Estados Unidos y Marruecos, la política española en Oriente Medio y la competencia estratégica más amplia en torno al norte de África y el Mediterráneo.

Desde la perspectiva de China, la inestabilidad en Marruecos, España y el Mediterráneo puede afectar al entorno económico y estratégico en el que operan los proyectos chinos de comercio, inversión y conectividad.

Por lo tanto, la pregunta más importante quizás no sea si el Mossad está detrás de la crisis.

La cuestión más trascendental es quién puede explotar la crisis, quién se beneficia de ella y si la migración se está convirtiendo en un instrumento cada vez más importante de competencia geopolítica entre estados.

Esa cuestión puede investigarse utilizando las pruebas que ya están surgiendo.

Por ahora, la información pública disponible respalda la existencia de una grave crisis migratoria, exacerbada por la desinformación y que plantea serias dudas sobre la gestión de fronteras y las relaciones marroquí-españolas. Sin embargo, aún no se puede demostrar que el Mossad, la CIA, los Hermanos Musulmanes o cualquier otra organización de inteligencia extranjera orquestaran el movimiento.

Esa distinción es esencial, no solo para comprender lo que sucedió en Ceuta, sino también para evaluar lo que podría suceder a continuación.


Fuente: Modern Diplomacy