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miércoles, 23 de septiembre de 2026

De la Marcha Verde a Ceuta: medio siglo de presión sobre España

 

 Por Pedro Garcia   
      Periodista en Descifrando la Guerra.



La nueva crisis de Ceuta se suma a una larga lista de episodios de presión de Marruecos sobre España que comenzó a tomar forma con la Marcha Verde de 1975.

     La nueva crisis migratoria que atraviesa Ceuta vuelve a colocar bajo presión una de las relaciones bilaterales más importantes y difíciles de la política exterior española. Con cerca de 80.000 entradas irregulares registradas según las cifras disponibles, la ciudad autónoma afronta uno de los episodios de mayor tensión desde mayo de 2021, cuando unas 10.000 personas atravesaron la frontera en apenas dos días.

La comparación con aquella crisis es inevitable, pero también plantea una pregunta más incómoda. Desde entonces, España ha modificado su política hacia Marruecos.

En marzo de 2022, el gobierno de Pedro Sánchez abandonó la tradicional neutralidad española respecto al Sáhara Occidental y pasó a considerar el plan de autonomía marroquí como la propuesta "más seria, realista y creíble" para resolver el conflicto.


Carta de Pedro Sánchez a Mohammed VI anunciando el cambio de política de España en el Sáhara.

El objetivo era abrir una nueva etapa de estabilidad con Rabat tras el enfrentamiento diplomático del año anterior. Cuatro años después, sin embargo, Ceuta vuelve a estar sometida a una enorme presión. Más allá de las circunstancias concretas que expliquen la crisis actual, el episodio obliga a preguntarse hasta qué punto el entendimiento alcanzado en 2022 transformó realmente la naturaleza de las relaciones entre España y Marruecos.

La respuesta probablemente sea que mucho menos de lo esperado. España y Marruecos mantienen una relación caracterizada simultáneamente por la cooperación y la competencia. La geografía obliga a ambos países a entenderse en comercio, inmigración, terrorismo, narcotráfico, seguridad marítima y estabilidad regional.

Pero esa misma interdependencia proporciona también instrumentos con los que ejercer presión. Esa paradoja constituye uno de los principales problemas estratégicos de España en su flanco sur.

Ceuta es, además, el lugar donde mejor se concentran todas esas contradicciones. Su posición en la entrada oriental del estrecho de Gibraltar le concede un valor que trasciende ampliamente su tamaño.

Es frontera exterior de la Unión Europea, punto de observación sobre una de las principales rutas marítimas del mundo y símbolo de la presencia española en el norte de África. Al mismo tiempo, su condición de enclave rodeado por territorio marroquí la hace especialmente vulnerable ante cualquier deterioro de las relaciones bilaterales.

Una larga tradición de presión

La utilización de instrumentos situados por debajo del umbral de la guerra no es una característica nueva de la política marroquí. Algunos de sus antecedentes más importantes se remontan incluso a varias décadas antes de que se popularizara el concepto contemporáneo de "zona gris".

Este concepto describe aquellas situaciones en las que un Estado trata de modificar el statu quo mediante instrumentos coercitivos sin llegar a provocar un conflicto armado abierto o directamente una guerra a gran escala.


La crisis de Ceuta ilustra la diferencia entre amenaza híbrida, zona gris y guerra híbrida en las relaciones entre España y Marruecos.

La presión puede ser diplomática, económica, migratoria, informativa o incluso militar de forma limitada y ambigua. Su principal ventaja reside precisamente en dificultar la respuesta del adversario: cada medida aislada parece insuficiente para justificar una escalada, pero la suma de todas ellas puede modificar gradualmente el equilibrio existente.

La Marcha Verde de 1975 constituye el ejemplo histórico más significativo en el caso marroquí. Hasán II movilizó a cientos de miles de civiles hacia el Sáhara Occidental cuando España atravesaba una profunda crisis política debido a la agonía de Francisco Franco.


El conflicto saharaui entre Marruecos y el Frente Polisario es uno de los más persistentes y menos comprendidos del sistema internacional.

La utilización de población civil, acompañada de una amenaza militar implícita y de una intensa movilización nacionalista, permitió modificar el statu quo territorial sin desencadenar una guerra convencional. España terminó abandonando el territorio y Marruecos consiguió establecer un hecho consumado que, medio siglo después, ha resultado extraordinariamente difícil de revertir.

La importancia del precedente no reside únicamente en su resultado. La operación explotó cuidadosamente las vulnerabilidades del adversario, provocando una profunda incertidumbre política interna, escasa voluntad de asumir los costes de una confrontación militar y un contexto internacional poco favorable a una reacción española prolongada.

Esa combinación entre presión civil, amenaza latente y explotación del momento político constituye precisamente uno de los elementos característicos de la lógica contemporánea de zona gris.

La crisis del islote de Perejil de 2002 siguió una lógica distinta pero comparable. Un reducido grupo de fuerzas marroquíes ocupó unilateralmente un territorio deshabitado cuya situación se mantenía deliberadamente congelada.


Militares españoles colocan la bandera española en la isla de Perejil tras la crisis.

España respondió mediante una operación militar limitada y restauró el statu quo. El episodio fue interpretado como una prueba de la determinación española en la que una acción pequeña en términos materiales, pero políticamente cargada, permitía medir hasta dónde estaba dispuesto Madrid a llegar.

El resultado fue muy distinto al de 1975 porque también lo fue la respuesta española. Madrid mostró rápidamente su disposición a impedir la consolidación del hecho consumado y utilizó su superioridad militar para restaurar la situación anterior. Pero Perejil dejó otra enseñanza relevante. Y es que una crisis aparentemente menor puede escalar con rapidez cuando afecta a cuestiones territoriales y de prestigio nacional.

Desde entonces, la presión ha adoptado formas mucho menos espectaculares. Marruecos llamó a consultas a su embajador después de la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla en 2007; aparecieron posteriormente pasaportes que atribuían las ciudades a Marruecos; Rabat impidió a sus diplomáticos acceder a ellas y cerró unilateralmente la aduana comercial de Melilla en 2018. También fueron introduciéndose restricciones comerciales sobre Ceuta.

Son medidas diferentes, pero comparten la característica de que elevan gradualmente el coste de mantener el statu quo sin cruzar la frontera que convertiría una disputa diplomática en un conflicto convencional. Esa ambigüedad es precisamente lo que las hace efectivas.

Ceuta 2021 y la presión a España

El mecanismo más sensible es, sin embargo, el migratorio. La crisis de mayo de 2021 mostró de manera extraordinariamente clara la vulnerabilidad española. Más de 10.000 personas entraron en Ceuta después de que los controles marroquíes se relajaran en plena confrontación diplomática entre ambos gobiernos.

El detonante inmediato había sido la hospitalización en España de Brahim Ghali, secretario general del Frente Polisario, organización enfrentada a Marruecos por el Sáhara Occidental. Pero la disputa trascendía ampliamente a Ghali.

Después de que Donald Trump reconociera en diciembre de 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, Rabat incrementó su presión para que otros gobiernos occidentales se aproximasen a esa posición. Alemania y España estaban entre los principales objetivos diplomáticos.

La crisis de Ceuta demostró entonces que Marruecos disponía de una poderosa herramienta, y es su capacidad para modular la cooperación migratoria. España y la Unión Europea necesitan la colaboración de Rabat para contener los movimientos hacia la frontera europea. Precisamente por ello, una reducción deliberada o circunstancial de esa cooperación tiene consecuencias casi inmediatas para España.


Mapa a color sobre la MINURSO y los refugiados saharauis debido a la ocupación de Marruecos.

Ahí reside una característica fundamental de la relación bilateral: un mecanismo creado para favorecer la cooperación puede convertirse también en instrumento de coerción. La asimetría es especialmente significativa porque el coste político de una crisis migratoria no se reparte de forma equivalente entre ambos países.

Una relajación temporal de los controles puede generar rápidamente presión humanitaria, mediática y política en España, mientras que para Marruecos el coste inmediato puede ser comparativamente menor.


La ciudad autónoma de Ceuta es un punto clave en la geopolítica de España en el Mediterráneo Occidental.

Así, la capacidad de transformar un ámbito de cooperación cotidiana en un mecanismo de presión proporciona a Rabat una ventaja considerable en momentos de tensión diplomática.

Esto explica también por qué Ceuta y Melilla ocupan una posición tan singular.


Ubicación geográfica de Ceuta y Melilla.

La lejanía respecto a la Península y su escaso peso demográfico han favorecido históricamente que buena parte del debate público español las contemple principalmente a través de cuestiones migratorias, fronterizas o de seguridad.

Esa percepción puede convertirse a su vez en una vulnerabilidad política: cuanto más se presenten las ciudades como un problema periférico, mayor será el coste interno de cualquier crisis sostenida.

2022: ¿cesión o pragmatismo?

España respondió a la crisis con una profunda reconsideración de su relación con Marruecos. El punto culminante llegó en marzo de 2022, cuando Pedro Sánchez respaldó el plan de autonomía marroquí como la alternativa más seria y creíble para resolver el conflicto saharaui. La decisión admitía dos interpretaciones, no por ello excluyentes.

La primera, especialmente plausible en aquel momento, era que España había efectuado una "rendición preventiva". Después de la crisis migratoria, la ruptura diplomática y otros episodios de presión, Madrid realizaba una importante concesión precisamente sobre el asunto que Marruecos consideraba prioritario.

El peligro era evidente: si Rabat concluía que la presión funcionaba, podía sentirse incentivado a utilizarla en futuros desacuerdos, incluidos aquellos relacionados con Ceuta, Melilla o la delimitación marítima. Además, el giro tuvo costes externos importantes.


Mapa de las reclamaciones marítimas de España, Marruecos, Portugal y Sáhara en Macaronesia.

España abandonaba el delicado equilibrio que había mantenido tradicionalmente entre Marruecos y Argelia precisamente cuando la rivalidad entre ambos atravesaba uno de sus momentos más graves en décadas. Argel había roto relaciones con Rabat en 2021 y posteriormente reaccionó negativamente al cambio español, afectando a una relación estratégica en ámbitos como el energético.

Pero existe una segunda interpretación, más pragmática. El contexto internacional del Sáhara ha evolucionado profundamente desde 2020. El reconocimiento estadounidense fortaleció considerablemente la posición de Marruecos y en los años posteriores varios gobiernos europeos se aproximaron de diferentes maneras al plan de autonomía. El margen de maniobra español sobre el conflicto se redujo considerablemente.

Desde esta perspectiva, el giro de 2022 podía entenderse como la adaptación a una realidad internacional crecientemente favorable a Rabat y como el precio de estabilizar una relación bilateral vital para los intereses españoles.


Fotografía panorámica de El Aaiún, en el territorio del Sáhara Occidental.

La evolución internacional posterior ha reforzado esta segunda interpretación. La posibilidad de una independencia saharaui aparece hoy mucho más lejana que hace una década, mientras que el plan de autonomía ha ido obteniendo un apoyo diplomático creciente.

Para España, mantener indefinidamente una posición formalmente neutral podía proporcionar cada vez menos beneficios reales mientras continuaba deteriorando la relación con un vecino cuya cooperación es esencial.

Ambas interpretaciones pueden contener parte de la verdad. El acercamiento a Marruecos era comprensible desde una perspectiva de interés nacional. España no puede elegir su geografía y necesita una relación funcional con su vecino meridional. Pero la eficacia de aquella decisión dependía también de que la nueva etapa modificase los incentivos de Rabat y redujese el recurso a mecanismos coercitivos.

Es precisamente ahí donde la crisis actual vuelve a plantear dudas. Si después de una de las mayores concesiones realizadas por España en su política hacia el Magreb desde la retirada del Sáhara reaparecen episodios de elevada presión sobre Ceuta, entonces el problema no puede explicarse exclusivamente por el contencioso saharaui. La tensión tiene raíces más profundas relacionadas con la propia estructura de la relación bilateral.


Fuente: Descifrando la Guerra

viernes, 11 de septiembre de 2026

La reivindicación de Marruecos de Ceuta y Melilla no es una exigencia de descolonización

 

 Por Joseph Massad   
      Catedrático de política árabe moderna e historia intelectual en la Universidad de Columbia, en Nueva York.

Las ambiciones territoriales de Rabat responden a su rencor hacia Madrid por el Sáhara Occidental, al tiempo que se alinean con la hostilidad de EE. UU. e Israel hacia España por su postura respecto a Gaza


     La reciente oleada de decenas de miles de refugiados económicos marroquíes y de otros países africanos que intentan llegar a la colonia española de Ceuta ha reavivado las exigencias marroquíes de que España devuelva Ceuta y Melilla —conocidas en árabe como Sabtah y Maliliah— a Marruecos.


Un agente de la policía española monta guardia mientras los migrantes esperan para ser registrados en el distrito de Loma Colmenar de Ceuta el 31 de agosto de 2026.


Al menos 141 personas fallecieron durante la travesía, mientras que la mayoría de quienes lograron cruzar fueron devueltos por la fuerza o «voluntariamente».

Viajar desde Ceuta o Melilla a la España peninsular por vía aérea o marítima requiere pasar por los controles españoles de pasaportes y documentos de viaje, lo que significa que ni siquiera los refugiados que entran en las dos colonias de colonos pueden seguir su camino.

El gobierno racista italiano de la primera ministra Giorgia Meloni respondió, no obstante, introduciendo controles fronterizos específicos en el aire y el mar para los ciudadanos no comunitarios procedentes de España, con el fin de evitar que entre ellos hubiera árabes y africanos.

España, indignada, tomó represalias imponiendo controles fronterizos temporales equivalentes a los vuelos y barcos procedentes de Italia. Marruecos, por su parte, propuso mantener conversaciones con España sobre el futuro estatus de ambos territorios, lo que los españoles rechazaron de plano.

El hecho de que Marruecos lo hiciera en medio del fortalecimiento de su alianza con EE. UU. e Israel —ambos hostiles al Gobierno socialista de Madrid— plantea dudas sobre sus motivaciones.

Conquista colonial

Marruecos era el único territorio no otomano del norte de África, gobernado por una dinastía local desde el siglo XVII. En 1415, durante la «Reconquista», Portugal conquistó el enclave marroquí de Sabtah, que pasó a manos de España cuando se disolvió la Unión Ibérica en 1640 y fue formalmente cedido en virtud del Tratado de Lisboa de 1668. España había conquistado por su parte el enclave de Maliliah en 1497.

Ambas ciudades de colonización siguen hoy bajo dominio español, a pesar de los repetidos intentos marroquíes por recuperarlas entre los siglos XVIII y XX.

Se utilizaron como colonias penales en el siglo XVIII, antes de ser declaradas puertos francos en 1906. España también se aventuró a conquistar la ciudad marroquí de Tetuán para ampliar su control en torno a «Ceuta», lo que desencadenó la guerra hispano-marroquí de 1859-1860.

La derrota de España en la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 y la pérdida de Filipinas y de las colonias del Caribe reavivaron sus designios sobre el territorio marroquí. Francia, que estaba invadiendo otras colonias españolas en África, también albergaba ambiciones coloniales en Marruecos.

El Tratado de París de 1900 delimitó las colonias españolas en Río de Oro (posteriormente Sáhara Español y luego Sáhara Occidental) y África Ecuatorial, o Guinea Española. Estos territorios, limítrofes con colonias francesas, constituían una parte truncada de las conquistas africanas originales de España.

Las zonas de influencia francesa y española en Marruecos quedaron posteriormente delimitadas en 1904 en virtud de la Entente Cordiale anglo-francesa, que reconocía sus respectivas reivindicaciones coloniales en el norte de África, en Egipto y en Marruecos, a condición de que Francia cediera a España parte del territorio marroquí.

A finales de 1904, Francia reconoció una zona española que abarcaba una franja del norte de Marruecos, incluidas Ceuta y Melilla, y que se extendía hacia el oeste a lo largo de toda la costa mediterránea, sin llegar, sin embargo, a la frontera con Argelia al este. Tánger, un enclave costero dentro de esta zona, quedó internacionalizado.

La zona de al-Saqiyah al-Hamra, en el sur, adyacente al Río de Oro —ambas formarían más tarde el «Sáhara Español»—, también quedó excluida del acuerdo.

A estos acuerdos les siguió el Tratado de Fez de 1912, que estableció el protectorado francés sobre el territorio marroquí. Ese mismo año, Francia concedió a España el derecho a establecer su propio protectorado en la zona delimitada en 1904.

Incluso antes de establecer su protectorado, España había invadido territorio marroquí desde Maliliah en 1909 y desde Larache (al-‘Ara’ish), en la costa atlántica, en 1911.

España pretendía explotar los yacimientos de hierro en las adyacentes montañas del Rif, en el norte de Marruecos, lo que provocó la represalia de los rifeños, quienes mataron a siete trabajadores españoles. Al menos 1.000 soldados españoles murieron en la incursión y ocupación de la región montañosa que se produjo a continuación.

En 1913, 40.000 soldados españoles ocuparon Tetuán, la capital del protectorado. Las fuerzas españolas cometieron atrozidades generalizadas, saqueando viviendas y violando a mujeres marroquíes. Su violencia precipitó un gran éxodo desde la ciudad hacia las montañas, donde los refugiados se unieron a los rebeldes.

La situación se agravó tras la Primera Guerra Mundial, cuando España emprendió una campaña de «pacificación» en el Rif. Entre 1919 y 1921, las fuerzas españolas invadieron y ocuparon territorios y localidades que, aunque se encontraban nominalmente dentro del protectorado, permanecían fuera de su control.

Estas incursiones provocaron una importante resistencia liderada por Muhammad ‘Abd al-Karim al-Khattabi, conocido en las fuentes europeas como «Abd El Krim».

Mientras España se preparaba para invadir el Rif desde la localidad de Anwal (Annual) y por mar desde la bahía de al-Husaymah, ‘Abd al-Karim lanzó un ataque preventivo el 17 de julio de 1921, matando a cientos de soldados españoles, incluidos varios mandos.

Tras 12 años de victorias en territorio marroquí, los españoles se enfrentaron a la derrota. Los rifeños liberaron sus tierras, deteniéndose ante las murallas de Melilla. En la retirada de Anwal, España sufrió entre 13.000 y 19.000 bajas.

Aunque España logró recuperar algunos territorios, cualquier intento de aproximación naval se topó con la resistencia rifeña, que en marzo de 1922 hundió el buque de guerra español Juan de Juanes. ‘Abd al-Karim rechazó las exigencias españolas de que liberara a sus prisioneros de guerra, solicitando a cambio una compensación económica y la liberación de los cautivos marroquíes.

Tras muchas vacilaciones, España accedió y le pagó cuatro millones de pesetas, lo que equivaldría hoy a unos 11,6 millones de dólares. De los 570 prisioneros españoles retenidos por los rifeños, 326 sobrevivieron; el resto falleció a causa del tifus, junto con algunos de sus captores.

En septiembre de 1921, ‘Abd al-Karim proclamó la República del Rif, con capital en Ajdir, a orillas del Mediterráneo, junto a la bahía de al-Husaymah.

La república sobrevivió hasta 1926, repeliendo varias incursiones españolas. En 1924, mientras los españoles se reagrupaban, se retiraron de la ciudad de Shafshawan (Chaouen), donde se enfrentaron a los rifeños, quienes les infligieron entre 17.000 y 20.000 bajas.

El general Miguel Primo de Rivera, que asumió el mando del protectorado en el otoño de 1923, declaró que, a pesar de que la «sangre española» marcaba el «camino de la civilización», la venganza contra los marroquíes sería «rápida y severa». Para el verano de 1925, las fuerzas de ‘Abd al-Karim habían avanzado hacia el sur y arrollado a las fuerzas francesas al norte de Fez.

Los mandos franceses y españoles se reunieron en Madrid en junio de 1925 para coordinar una invasión de la República del Rif. Reunieron 123.000 efectivos, aunque algunas estimaciones sitúan la cifra en medio millón, frente a 12.000 combatientes rifeños. Las fuerzas europeas atacaron en septiembre, sitiando la república al acercarse el invierno y restringiendo sus suministros de alimentos y sal.

Los intentos de ‘Abd al-Karim por negociar fracasaron. En la primavera de 1926, España había lanzado un asalto naval contra Al-Husaymah. Utilizó cuatro tipos de gas tóxico, incluido el gas mostaza, contra civiles y combatientes para quebrantar la tenaz resistencia rifeña y ganar la guerra. Las tropas españolas mutilaron a sus víctimas marroquíes, ensartando partes de sus cuerpos en pinchos.

‘Abd al-Karim se rindió a los franceses en mayo de 1926. Fue exiliado junto con su familia y otros 150 rifianos a La Reunión, la isla ocupada por Francia en el océano Índico, antes de escapar a El Cairo en 1947.

En total, 10.000 rifeños perdieron la vida defendiendo sus tierras. A lo largo de cinco años de combates, unos 43.500 soldados españoles murieron, resultaron heridos o fueron dados por desaparecidos.

Alegando falta de jurisdicción, la Sociedad de Naciones se negó a intervenir en la Guerra del Rif incluso después de que España utilizara gas venenoso; el racismo de sus miembros europeos fue, sin duda, un factor fundamental.

La República del Rif fue tan solo la segunda república independiente proclamada en el mundo árabe, tras la República de Trípoli en 1918, y no se estableció ninguna otra hasta la Segunda Guerra Mundial.

Éxodo de colonos

En vísperas de la independencia de Marruecos en 1956, 350.000 colonos franceses vivían en el país. Para ese año, el protectorado español contaba con 91.000 colonos españoles, además de otros 26.000 en la zona francesa y 21.500 en Tánger, que se encontraba bajo administración internacional.

En total, a mediados de la década de 1950 vivían en Marruecos cerca de medio millón de colonos europeos, de los cuales casi tres cuartas partes eran franceses.

Tras la elección del Gobierno del Frente Popular en España en 1936, el líder nacionalista marroquí en ascenso ‘Abd al-Khaliq Turris fundó el Partido de la Reforma Nacional en la zona española. La izquierda española no apoyaba la independencia de Marruecos.

Sin embargo, los militares rebeldes de derecha que sumieron a España en la guerra civil intentaron cooptar a los nacionalistas marroquíes, principalmente para reclutar a rifeños que lucharan de su lado. Entre 60.000 y 70.000 marroquíes lucharon a las órdenes del general Francisco Franco, cuyas fuerzas controlaban la zona española de Marruecos.

En Sabtah y Maliliah, los judíos autóctonos se mezclaban con aquellos cuyos antepasados habían huido de la Reconquista. A finales del siglo XIX, la población judía urbana se había convertido en una mezcla sefardí de judíos españoles y marroquíes que se referían a los del campo como «bereberes».

Oleadas de judíos procedentes de Tetuán y las zonas rurales de Marruecos emigraron a las colonias desde la década de 1880 hasta la primera década del siglo XX.

Los sionistas comenzaron a centrarse en ellos en 1919, a pesar de la opinión generalizada entre la comunidad judía local de que el sionismo era un movimiento ashkenazí irreligioso. Sin embargo, a instancias de su rabino, los judíos acaudalados de Ceuta recaudaron 100.000 francos para los sionistas en 1921.

En 1922 se había constituido en Ceuta la Federación Sionista Ibero-Marroquí bajo el liderazgo de Ignacio Bauer-Landauer, cuya familia había representado a la Casa de Rothschild en España desde mediados del siglo XIX. En aquellos años aún no se producía emigración judía a Palestina.

En la década de 1950, los nacionalistas anticolonialistas marroquíes de la zona española, al igual que sus compatriotas de la zona francesa, estaban movilizando a la población en favor de la independencia.

España se resistió a los esfuerzos de ellos antes de acabar cediendo finalmente. El rey Mohammed V de Marruecos viajó a España en abril de 1956 para ultimar los acuerdos. El estatus de zona internacional de Tánger quedó derogado en julio de 1956, aunque conservó un estatus administrativo especial hasta julio de 1960.

La independencia de España provocó la marcha de muchos colonos españoles, 92.000 personas, lo que representaba el 9,4 % de la población del protectorado. En aquel momento, el número de colonos españoles ascendía a 21.500 en Tánger y a 25.698 en el protectorado francés. Ifni contaba con otros 3.500, cifra que fue aumentando a medida que llegaban colonos procedentes de los territorios cedidos por España; en 1967, su número ascendía a 11.984, incluido el personal militar.

En el «Sáhara Español», 20.126 colonos permanecieron allí hasta la retirada de España en 1975. Muchos colonos también permanecieron en el antiguo protectorado español tras la independencia, mientras que otros se marcharon gradualmente, y las salidas se aceleraron significativamente en 1957. España no abandonó Ifni hasta 1969 y, desde entonces, ha conservado sus colonias de Ceuta y Melilla.

La Corona marroquí no consideraba que las dos colonias formaran parte del reino en 1956, aunque los nacionalistas sí.

En 1971, el Ministerio de Trabajo español contabilizó 43.498 españoles en Marruecos: 8.082 en el antiguo protectorado español, 26.668 en el antiguo protectorado francés y 9.295 en Tánger.

Otra oleada de repatriaciones se produjo a raíz de un decreto de 1973 que marroquinizaba las empresas de propiedad extranjera, los puestos de trabajo y las tierras nacionalizadas. Entre junio de 1974 y diciembre de 1975, unas 20.000 familias de colonos españoles se repatriaron a España.

A principios de 1980, los consulados españoles registraban tan solo 8.094 trabajadores españoles en Marruecos, el 80 % de los cuales se concentraba en Tánger y Casablanca. La numerosa colonia española de Casablanca, que ascendía a 20.500 personas antes de la marroquización de las tierras de 1973, se había reducido a unos 2.500 habitantes en 1986.

Descolonización selectiva

En la actualidad, los españoles constituyen casi la mitad de la población de las dos colonias de colonos de Sabtah y Maliliah. En Sabtah —o Ceuta— constituyen una ligera mayoría, mientras que los marroquíes autóctonos tienen una estrecha mayoría en Maliliah —o Melilla—.

A raíz de la reciente migración a Ceuta, han resurgido las reivindicaciones marroquíes para la devolución de Sabtah y Maliliah. El 22 de agosto, el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, declaró que Marruecos «se aferraría a su derecho histórico y a su derecho geográfico» sobre ambas ciudades, y pidió la creación de una comisión de diálogo permanente para negociar su retorno «al seno de la patria».

Días más tarde, el ministro marroquí de Habous y Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, evocó las «ciudades ocupadas» del norte de África en el palacio real de Rabat, durante una ceremonia con motivo del cumpleaños del Profeta presidida por el rey Mohammed VI.

España respondió con intransigencia, insistiendo en que nunca renunciaría a la soberanía sobre sus colonias. «Ceuta y Melilla son españolas», afirmó la portavoz del Gobierno, Elma Saiz. «Son nuestras fronteras meridionales, así como las fronteras de Europa. No hay nada más que añadir».

Aún no está claro adónde conducirán las exigencias marroquíes, especialmente teniendo en cuenta el apoyo de la Administración Trump a la reivindicación de Marruecos sobre el Sáhara Occidental frente a las reivindicaciones indígenas del pueblo saharaui y de la República Árabe Saharaui Democrática proclamada por el Frente Polisario en 1976, reconocida por más de dos docenas de países.

Estas reivindicaciones han resurgido en medio de la creciente hostilidad de EE. UU. e Israel hacia España, a raíz de la condena por parte de Madrid del genocidio y las políticas coloniales de Israel hacia los palestinos. Marruecos, por su parte, tiene sus propios motivos de resentimiento.

Su ofensiva territorial podría deberse menos a un sincero sentimiento nacional que al deseo de castigar a España por negarse a reconocer la plena soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental —a pesar de que ha respaldado el plan de autonomía de Marruecos para el territorio— y por mantener buenas relaciones con Argelia, que apoya la independencia saharaui y está aliada con el Frente Polisario.

Aunque la Administración Trump ha reafirmado su apoyo a la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, un informe del Congreso de EE. UU. que describía ambas ciudades como situadas en territorio marroquí y fomentaba el diálogo diplomático entre Rabat y Madrid ha despertado la alarma. España insiste en que su estatus no es negociable.

No está claro hasta qué punto será sostenible la postura española, dada la estrecha alianza de Marruecos con Israel bajo el mandato del primer ministro Benjamín Netanyahu, y la continua hostilidad de Trump hacia el Gobierno socialista español. Madrid denegó a Washington el uso de sus bases militares para la guerra contra Irán, y ha retirado a su embajador en Israel a raíz del genocidio en Gaza.

Muchos en España creen que el país está pagando ahora por ese desafío, y políticos y comentaristas culpan a Israel y a EE. UU. de avivar la crisis de Ceuta como represalia.

El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, avivó esas sospechas al publicar en X que ya era hora de que España explicara por qué «sigue manteniendo enclaves coloniales en África». El ministro de Transportes español, Óscar Puente, compartió la publicación y comentó: «Bueno, parece que todo se está aclarando bastante».

La alianza antipalestina de Marruecos con Trump e Israel no puede determinar el futuro de las dos colonias de asentamiento. Ese futuro debe basarse en un auténtico impulso hacia la descolonización, que se aplique por igual a Sabtah y Maliliah, al Sáhara Occidental y a todos los territorios palestinos, libaneses y sirios colonizados por Israel.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

martes, 8 de septiembre de 2026

Una geopolítica del caos muy calculada

 

Por Mercedes Gallego         
               Periodista internacional. Corresponsal del Grupo Vocento en Nueva York desde hace 16 años.


Los ‘lobbies’ marroquíes amortizan su inversión en Washington al convertir a Rabat en el nuevo socio militar de EEUU en África, mientras España paga la factura


Marco Rubio y el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, en abril de 2025.


     Casi tres años antes de la crisis de Ceuta, Estados Unidos tuvo su propia ‘invasión’ migratoria. El epicentro fue Eagle Pass (Texas), una ciudad fronteriza de 28.000 habitantes a la que, en diciembre de 2023, llegaron hasta 12.600 personas diarias durante una semana seguida. Los migrantes triplicaban la población local y algunos se ahogaron en el Río Bravo, atrapados por las boyas de protección. Trump ya empleaba entonces el manual que ahora aplica a la frontera Sur de Europa.

Al año siguiente, el magnate ganó las elecciones por segunda vez, con las deportaciones masivas como eje de su campaña. En la primera ya había descubierto el potencial político del miedo a la “invasión” migratoria.

Hasta junio de 2015, sólo era un excéntrico millonario de tabloides y reality shows, con apenas el 2% de la intención de voto, empatado por abajo con candidatos intrascendentes en una lista de 16 aspirantes. Un mes después de demonizar a los inmigrantes, con la promesa de construir un muro para resolver un problema que aún no existía –los datos oficiales reflejaban una tendencia a la baja del 28% interanual–, encabezaba las encuestas. La cobertura ininterrumpida de sus declaraciones incendiarias convirtió a los medios en cómplices de su victoria.

Trump, que tiene un gran instinto para las bajas pasiones, supo de inmediato que había topado con un filón. “Podría ganar las elecciones dos veces con este tema del muro”, dijo en la Conferencia de Acción Conservadora de 2020. Y lo hizo. El año pasado detectó ese potencial en Europa y empezó a azuzar el miedo a la extinción si no se sigue su ejemplo migratorio. “Tienen que ponerse las pilas. Si no lo hacen, Europa dejará de ser lo que es”, dijo este agosto, en un remake europeo de su campaña. “Si no tienes fronteras, no tienes país”.

Es difícil decir cuándo entró Ceuta en el radar de su simplismo geográfico, pero sin duda lleva años o décadas en el de los lobbies marroquíes, que asignan al cabildeo de Washington unas diez veces más que España. Despachos como Brownstein, Qorvis y Scribe Strategies suman casi dos millones de dólares anuales en contratos para incidir en la posición de EEUU sobre Ceuta, Melilla y las aguas del Sáhara.

Consciente del gusto de Trump por el lujo y los tiranos, el reino de Mohamed VI redobló la apuesta. Entre 2016 y 2025, los lobbies marroquíes invirtieron 58,9 millones de dólares, según Open Secrets.


Gasto total de Marruecos por año.

La inversión se amortiza con creces: el polémico informe del Congreso que cuestiona la soberanía española sobre Ceuta y Melilla recomienda, de premio, asignar a Marruecos “no menos de 20 millones de dólares” en financiación militar. Y eso es solo la guinda para justificar su inclusión en una ley presupuestaría, según lo que ha redactado el subcomité que preside Mario Díaz-Balart, fundador del Caucus Marroquí del Congreso.

En diciembre de 2020, un mes antes de dejar el poder, Trump añadió la firma de Mohamed VI a los Acuerdos de Abraham: Marruecos reanudaba relaciones con Israel a cambio del apoyo de Washington a su plan de autonomía para el Sahara español. Un canje perfecto que alumbraba un nuevo eje del orden mundial trumpista: EEUU, Marruecos e Israel. Un mes después se marchó de Washington ofuscado, en helicóptero, sin despedirse siquiera de su sucesor. La política del caos había fallado. Lanzó a sus hordas sobre el Capitolio, pero no pudo evitar que el Congreso certificara la victoria de Joe Biden.

Marruecos e Israel siguieron trabajando durante ese paréntesis. La gran autopista Tiznit-Dakhla que atraviesa el Sahara Occidental se construyó en su ausencia, pero pronto será rebautizada como Donald J. Trump, en muestra de “profundo agradecimiento”. El comercio entre Marruecos e Israel se ha multiplicado por cuatro en cinco años, hasta 576 millones anuales. Pero ojo, no intercambian latas de sardinas. El 74% de lo que Israel exportó a Marruecos en 2020 fue material aeroespacial, aviones y helicópteros. Al año siguiente, la venta de armamento se multiplicó por siete en términos absolutos. Y este enero se firmó un nuevo acuerdo de cooperación militar, después de que Marruecos incrementara su presupuesto de Defensa un 18%, para comprar drones y sistemas antiaéreos israelíes, pero también para algo más serio: la construcción de una fábrica de drones kamikaze israelíes en suelo marroquí. Se trata de una relación de bajo desembolso, en comparación a la que tiene con España –su principal socio comercial–, pero de alto impacto estratégico.

En Washington, el lobby marroquí tampoco descansó con Biden en la Casa Blanca, que en esto la primera democracia se parece al caos y nos vuelve daltónicos. Según una investigación de CBS Miami, al dejar su escaño, Lincoln Díaz-Balart (hermano de Mario) montó la firma de lobby Western Hemisphere Strategies, con la que cobró 1,2 millones de dólares, entre 2012 y 2017, de un solo cliente: el Moroccan American Center for Policy. Veinte mil dólares al mes por “afectar positivamente las relaciones entre Marruecos y Estados Unidos”.

Con la vuelta de Trump y el nombramiento de Marco Rubio como secretario de Estado, el círculo cubanoamericano de Washington ha encontrado una puerta directa a la Casa Blanca. Rubio no llevaba ni una semana en el cargo cuando ya se había organizado una bilateral telefónica con el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, y una visita para abril. El “socio estratégico” fue recibido en la Casa Blanca por el entonces asesor de Seguridad Nacional, Mike Waltz, y luego por el propio Rubio, quien reafirmó públicamente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. En el Capitolio, los congresistas Díaz-Balart y Joe Wilson calificaron a Marruecos de “aliado crucial” para EEUU.

Mientras tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez se perfilaba en Washington como todo lo contrario. Rehusó aumentar al 5% el gasto de Defensa que acordó la OTAN, se abstuvo de participar en el Consejo de Paz para Palestina, criticó sin medias tintas el genocidio y el 4 de marzo negó oficialmente el uso de las bases de Rota y Morón para atacar a Irán. Ese parece haber sido el detonante.

En el desorden del caos hay un orden, el del bully, que no puede dejar que nadie se insubordine. A los pocos días, la Casa Blanca encargó la elaboración de un “dossier preventivo” sobre las vulnerabilidades económicas y estratégicas de España, que se le presentó a Trump semanas después en Mar-a-Lago. Repsol aparecía como “buque insignia” del negocio energético internacional español. La empresa podía ser un blanco fácil de presión económica porque ya tenía un pie en Venezuela y mucho que agradecer, al haber sido una de las cinco primeras en recibir licencias del Tesoro para operar con la estatal venezolana.

Como parte de la ofensiva, el 12 de marzo, Michael Rubin, analista proisraelí del think tank conservador American Enterprise Institute (AEI), publicó en la propia web del centro un artículo titulado “Madrid critica a Israel, pero España es un poder colonial” que no deja lugar a sutilezas. En él califica a España de “potencia colonial” y a Sánchez de “hipócrita” por retirar a su embajador en Israel un día antes. Cuatro días después, redobla con una arenga publicada en el Middle East Forum. Bajo el título “Marruecos debería enviar una nueva Marcha Verde a Ceuta y Melilla”, pide explícitamente a Trump que declare esos enclaves “territorio marroquí ocupado”. ¿De verdad alguien cree que esa noticia no llegó a Rabat?

Lo que sí llegó a España seis días después fue otra cosa. El 18 de marzo, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional española recibió el volcado del teléfono de Rodolfo Reyes, el accionista de Plus Ultra, clave para el caso contra Rodríguez Zapatero. Las pruebas de cortesía estaban en manos de EEUU desde 2021.

Como seguimiento, en abril Díaz-Balart declaró a El Español que el presidente Trump estaba buscando “alternativas a España” para trasladar sus bases. Al ser preguntado expresamente si Marruecos sería esa alternativa, el sobrino político de Fidel Castro –el líder pionero en inundar a otro país con migrantes (Mariel, 1980)–, responde: “Es interesante, porque Ceuta y Melilla están en territorio marroquí y la actitud de Marruecos ha sido muy positiva”. O sea, la de su representado.

Como presidente del subcomité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, aprovechó una ley presupuestaria para decir en un informe adjunto que “Ceuta y Melilla son ciudades en territorio marroquí, administradas por España, largamente reclamadas por Marruecos”. El texto se compromete a “apoyar los esfuerzos del secretario de Estado para alentar negociaciones diplomáticas entre Marruecos y España sobre el futuro estatus” de esas ciudades.

El caos está ya bien engrasado. En paralelo, el senador de Missouri Roger Wicker impulsa en el Senado una ley que blindaría la hoja de ruta de Defensa firmada en abril. El Pentágono tendría hasta 2036 para convertir a Marruecos “en el socio más capaz de EEUU en el continente africano”, sustituyendo a las bases que pierde en el Sahel, tras los golpes de Estado en Mali, Níger y Burkina Faso.

Lo que atisba la opinión pública en ráfagas de Instagram es solo la punta del iceberg de una estrategia muy elaborada. Dos semanas después de que se aprobase la ley que incluye el informe que atribuye a Marruecos Ceuta y Melilla, Mohamed VI celebra la Fiesta del Trono, con la visita de Sánchez a Argelia como trasfondo. Más de 70.000 personas responden al llamado de los coyotes digitales por las redes y entran a Ceuta en aluvión, mientras en Melilla la Gendarmería logra contener otra avalancha humana. En El Tarajal no todos completaron el cruce, y hubo al menos 145 muertes, porque el mar, como el Río Bravo, cobra un peaje.

Algunos de los presentes en la fiesta del rey aseguran que sus propios asesores estaban helados con la magnitud de lo que ocurría. Por su parte, los observadores están convencidos de que esa no era la imagen que se deseaba proyectar, justo cuando el monarca repasaba los logros de su mandato. Pero desde luego, logró captar la atención de Trump.

“Es terrible. Recuerden esa imagen”, dijo esa misma noche, aprovechando para arrimar el miedo a su campaña. “Así estaremos nosotros dentro de tres años si gana el bando equivocado”.

Este jueves 10 de septiembre Trump estará en Texas, no para rendir tributo a los migrantes ahogados en Ceuta o en Eagle Pass, sino para culminar la convención de su partido de cara a las legislativas de noviembre con un homenaje a Charlie Kirk, en el primer aniversario de su muerte.


Charlie Kirk reparte gorras en el evento de su American Comeback Tour en la Florida State University en febrero de 2025.

A veces el caos acaba devorando a quienes lo generan, pero qué mejor manera de rendirles homenaje que reconducir todas las pérdidas hacia las urnas.

Una cronología

10 de diciembre de 2020

Donald Trump anuncia el acuerdo de normalización entre Marruecos e Israel y el reconocimiento de EEUU a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.

21 de enero de 2025

  • Trump es investido por segunda vez. El Senado confirma a Marco Rubio como secretario de Estado por unanimidad.

27 de enero de 2025

  • Rubio conversa por teléfono con el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita. El resumen oficial destaca “la importancia de una asociación estratégica” entre ambos países.

8 abril de 2025

  • Nasser Bourita, ministro de Exteriores maroquí, visita Washington y mantiene sendas reuniones con Rubio y el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Mike Waltz.

9 de abril de 2025

  • Los congresistas Mario Díaz-Balart y Joe Wilson reciben a Bourita en el Capitolio y declaran a Marruecos “aliado crucial” en Oriente Medio.

3 de enero de 2026

  • EEUU captura a Nicolás Maduro y su esposa mediante una operación militar e instaura en el poder un gobierno tutelado por la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

  • Pedro Sánchez dice que no reconocerá “una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo”.

9 de enero de 2026

  • El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, participa en una reunión convocada por la Casa Blanca con una veintena de petroleras y le agradece a Trump que “abra la puerta a una Venezuela mejor”.

13 de febrero de 2026

  • El Tesoro de EEUU emite la primera licencia general que autoriza a Chevron, BP, Eni, Shell y Repsol a operar en el sector petrolero venezolano.

4 de marzo de 2026

  • Sánchez niega el uso de las bases de Rota y Morón para atacar Irán y cierra el espacio aéreo español a los cazas de EEUU.

  • Esa semana la Casa Blanca encarga el “dossier preventivo” sobre las vulnerabilidades de España y señala a Repsol entre ellas.

12 de marzo de 2026

  • El analista Michael Rubin publica: “Madrid critica a Israel, pero España es un poder colonial» en el think tank conservador American Enterprise Institute.

16 de marzo de 2026

  • Rubin publica la secuela: “Marruecos debería enviar una nueva Marcha Verde a Ceuta y Melilla” en el think tank Middle East Forum.

18 de marzo de 2026

  • La unidad de la Policía Nacional española especializada en delitos económicos recibe de EEUU el volcado del teléfono de Rodolfo Reyes, vía Seguridad Doméstica.

1 de abril de 2026

  • Díaz-Balart, en El Español: “Ceuta y Melilla están en territorio marroquí”.

15 de abril de 2026

  • El secretario de Defensa Pete Hegseth y su homólogo Abdellatif Loudiyi firman una hoja de ruta de 10 años para “una integración militar sin precedentes” en 2036.

30 de abril de 2026

  • El subcomité de Asignaciones de la Cámara para Seguridad Nacional y Departamento de Estado oficializa en un informe que “Ceuta y Melilla son ciudades en territorio marroquí administradas por España”.

1 de mayo de 2026

  • Trump reemplaza a Waltz por Rubio, que acapara así también las funciones de consejero de Seguridad Nacional.

15 de junio de 2026

  • El Comité de Servicios Armados aprueba la Sección 1268 sobre Marruecos del senador Roger Wicker, que blindará la hoja de ruta frente a cambios de gobierno.

14 de julio de 2026

  • La ley de Autorización de Defensa Nacional S-4784 que incorpora la iniciativa de Wicker queda bloqueada en el Senado en un voto de procedimiento (50-46) por el pulso a la guerra de Irán.

15 de julio de 2026

  • La Cámara Baja aprueba la H.R. 8595 que incorpora el informe de Díaz-Balart. Por primera vez el Congreso de EEUU atribuye Ceuta y Melilla a Marruecos y alienta negociaciones con Marruecos.

31 de julio de 2026

  • Fiesta del Trono de Mohamed VI: 70-80.000 personas entran a Ceuta.

  • Trump: “Es terrible. Recuerden esa imagen. Así estaremos nosotros dentro de tres años si gana el bando equivocado”.



Fuente: Ctxt