Mostrando entradas con la etiqueta Melilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Melilla. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de agosto de 2026

Ceuta, la llave del estrecho de Gibraltar bajo presión permanente

 

 Por Pedro Garcia   
      Periodista en Descifrando la Guerra.


La ciudad autónoma de Ceuta es un punto clave en la geopolítica de España en el Mediterráneo Occidental.


     La ciudad autónoma de Ceuta concentra una de las mayores responsabilidades geopolíticas de España en el Mediterráneo occidental. Su valor militar, político y simbólico contrasta con una vulnerabilidad creciente derivada de la presión híbrida ejercida por Marruecos y de su condición de enclave aislado del territorio peninsular.


El aumento de las llegadas irregulares sitúa a Ceuta ante su peor crisis migratoria desde 2021 y eleva la tensión con Marruecos.

Ceuta: plaza pequeña, importancia estratégica

Ceuta suele aparecer en el debate público asociada a la inmigración irregular o a los problemas fronterizos. Sin embargo, desde una perspectiva estratégica, su relevancia va mucho más allá.

Situada en la entrada oriental del estrecho de Gibraltar, la ciudad constituye una posición clave para el control de una de las rutas marítimas más importantes del mundo, por donde transitan anualmente miles de buques que conectan el Atlántico con el Mediterráneo.

Su ubicación convierte a Ceuta en un activo de primer orden para España y para la seguridad europea. Se trata de una frontera exterior de la Unión Europea y de un punto de observación privilegiado sobre el tráfico marítimo, los flujos migratorios y los movimientos militares en el Mediterráneo occidental.

Además de su valor geográfico, Ceuta posee una enorme importancia política y simbólica. La ciudad forma parte de España desde el siglo XVII y constituye una expresión tangible de la presencia española en el norte de África. Precisamente por ello se encuentra en el centro de la reivindicación marroquí, que continúa considerando tanto Ceuta como Melilla territorios pendientes de recuperar.

Pese a la persistencia del contencioso, un conflicto militar abierto entre España y Marruecos sigue siendo considerado improbable. Los intereses económicos compartidos, la cooperación en materia de seguridad y la estrecha relación con socios occidentales actúan como importantes elementos disuasorios.

Sin embargo, la principal amenaza para Ceuta no es actualmente una invasión convencional, sino la denominada estrategia de zona gris. Se trata de una combinación de presión diplomática, económica, migratoria y propagandística destinada a debilitar progresivamente la posición española sin llegar a desencadenar una guerra.


La ciudad autónoma de Ceuta.

Los precedentes son numerosos. Marruecos ha reaccionado históricamente con ataques híbridos ante cualquier gesto institucional español en las ciudades autónomas. La retirada temporal de embajadores, las protestas diplomáticas, las restricciones comerciales o los cierres fronterizos forman parte de un patrón de actuación que busca incrementar el coste político de la presencia española en la zona.

La crisis migratoria de mayo de 2021 representó el ejemplo más claro de esta estrategia. La entrada masiva de miles de personas en apenas dos días demostró hasta qué punto los flujos migratorios pueden emplearse como instrumento de presión geopolítica. El episodio evidenció que Ceuta puede convertirse rápidamente en el escenario principal de una crisis internacional sin necesidad de un solo disparo.

La actual escalada, con cerca de 49.000 entradas irregulares registradas según las cifras disponibles hasta la fecha, constituye uno de los episodios de mayor presión sobre la ciudad desde aquellos acontecimientos. Por su impacto político, social y diplomático, se ha convertido además en uno de los momentos más delicados de la relación entre España y Marruecos de las últimas décadas.

En el plano diplomático, Marruecos ha recurrido de forma recurrente a medidas destinadas a cuestionar la normalidad institucional española en ambas ciudades. La llamada a consultas de su embajador tras la visita de los Reyes en 2007, la inclusión de Ceuta y Melilla como territorio marroquí en determinados pasaportes emitidos en 2010 o la prohibición en 2019 de que diplomáticos marroquíes accedieran a las dos ciudades constituyen ejemplos de una estrategia destinada a reforzar la narrativa marroquí y transmitir la idea de que la soberanía española sigue siendo objeto de disputa.

La dimensión económica también ha desempeñado un papel relevante. El cierre unilateral de la frontera comercial de Melilla en 2018, las restricciones comerciales impuestas posteriormente a Ceuta y las limitaciones al intercambio transfronterizo no solo tuvieron consecuencias económicas inmediatas, sino que reflejaron una voluntad política de incrementar la dependencia y vulnerabilidad de ambas plazas.

Estas medidas encajan dentro de las herramientas de coerción económica propias de los escenarios de zona gris, donde la presión se ejerce mediante mecanismos aparentemente administrativos o comerciales, pero con una clara finalidad estratégica.

Los precedentes históricos muestran que esta forma de actuación no es nueva. Tanto la Marcha Verde de 1975 como la ocupación del islote de Perejil en 2002 pueden interpretarse como episodios donde Marruecos trató de modificar el equilibrio existente mediante acciones cuidadosamente calibradas para evitar una guerra abierta.


Militares españoles colocan la bandera del país en la isla de Perejil tras la crisis.

Ambos casos ilustran una combinación de presión política, simbolismo nacional y creación de hechos consumados que guarda importantes similitudes con las estrategias de zona gris contemporáneas.

¿Es Ceuta defendible?

Desde el punto de vista militar, Ceuta presenta características que favorecen su defensa. La ciudad se encuentra a escasos kilómetros de la península y puede recibir apoyo naval y aéreo con gran rapidez. Su terreno accidentado y sus accesos relativamente limitados ofrecen ventajas defensivas que dificultarían cualquier intento de ocupación rápida.

La presencia de unidades de la Legión y de otras fuerzas desplegadas en la plaza proporciona además una capacidad de respuesta inmediata ante incidentes de seguridad. A ello se suma la superioridad naval española en el entorno del estrecho de Gibraltar y la capacidad del Ejército del Aire para proyectar fuerza desde bases peninsulares en muy poco tiempo.

En caso de una crisis convencional, España mantendría una importante ventaja en ámbitos como el control marítimo, la guerra antisubmarina, la guerra electrónica y la superioridad aérea cualitativa.

Sin embargo, su principal debilidad deriva de su condición de enclave fronterizo rodeado completamente por territorio marroquí. Cualquier deterioro de las relaciones bilaterales tiene un impacto inmediato sobre la vida económica y social de la ciudad.


Posición estratégica de Ceuta.

La dependencia de las conexiones marítimas y aéreas con la península convierte también a Ceuta en especialmente sensible a escenarios de bloqueo, interrupción logística o crisis prolongadas. Aunque España dispone de medios suficientes para mantener las comunicaciones, una situación de tensión sostenida podría generar importantes costes políticos y económicos.

A ello se suma una vulnerabilidad menos visible: la tan empleada narrativa del Gran Marruecos. Rabat lleva décadas impulsando un discurso internacional que presenta a Ceuta como un vestigio colonial.


Marcha verde para materializar la ocupación del Sáhara por parte de Marruecos.

Aunque esta interpretación carece de respaldo jurídico en Naciones Unidas y no encuentra reconocimiento en el derecho internacional, su repetición constante busca erosionar la legitimidad de la soberanía española.

Esta batalla del relato constituye uno de los principales frentes estratégicos del futuro. La presión no pretende necesariamente modificar la realidad sobre el terreno de forma inmediata, sino crear un clima político favorable a las aspiraciones marroquíes a largo plazo.


Vista aérea del Estrecho de Gibraltar, que muestra la separación geográfica y tectónica entre Europa y África.

Una cuestión de credibilidad nacional

Uno de los principales problemas para España es que Ceuta no figura de manera explícita dentro de las garantías territoriales contempladas tradicionalmente por la OTAN. Aunque una agresión tendría importantes implicaciones para toda la Alianza Atlántica, la ausencia de una cobertura específica genera cierta incertidumbre estratégica.

Por ello, la capacidad de disuasión nacional adquiere una importancia fundamental. Mantener fuerzas permanentes preparadas, reforzar la vigilancia marítima y aérea, mejorar la resiliencia económica de la ciudad y responder eficazmente a las amenazas híbridas son elementos esenciales para evitar cualquier cálculo erróneo por parte de un posible adversario.

Además, la defensa de Ceuta trasciende el ámbito militar. Su protección está ligada a la credibilidad del Estado español, a la integridad de sus fronteras y a la estabilidad del Mediterráneo occidental.

Más que una plaza periférica, Ceuta representa una posición estratégica de primer orden en el flanco sur europeo. Su fortaleza dependerá tanto de las capacidades militares desplegadas como de la voluntad política de mantener una presencia firme, coherente y sostenida frente a las presiones externas.

En un contexto internacional cada vez más competitivo y marcado por las amenazas híbridas, la ciudad autónoma sigue siendo una de las piezas fundamentales de la seguridad española. Y precisamente por ello continuará siendo uno de los espacios geopolíticos más sensibles del Mediterráneo.

El principal desafío para España en Ceuta y Melilla no es militar. La amenaza más probable procede de una acumulación de presiones diplomáticas, económicas, migratorias e informativas destinadas a desgastar progresivamente la posición española. 

La defensa de las ciudades autónomas exige, por tanto, una respuesta integral que combine capacidades de disuasión, inteligencia, resiliencia institucional y gestión estratégica de la información.

En un escenario donde la confrontación rara vez adopta la forma de una guerra convencional, la capacidad para identificar y contrarrestar las acciones desarrolladas en la zona gris se ha convertido en un elemento fundamental para garantizar la estabilidad y la soberanía española en el norte de África.



Fuente: Descifrando la Guerra

jueves, 7 de mayo de 2026

Del Sáhara a Ceuta

 

 Por Ana Qtella   
      Periodista que cubre África y Oriente Medio.


     A finales de abril de 2026, escondido entre las páginas 86 y 87 de un proyecto de presupuestos del Departamento de Estado para el ejercicio fiscal 2027, el Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes firmó la frase que ningún presidente español había leído nunca en un documento oficial estadounidense: "el comité observa que las ciudades administradas por España de Ceuta y Melilla están ubicadas en territorio marroquí y siguen siendo objeto de la reclamación que Marruecos mantiene desde hace tiempo".


Marruecos presiona ahora a España con la soberanía de las aguas de los islotes próximos a Ceuta y Melilla.

La frase, técnicamente, no es ley. Es lo que en Washington llaman un “committee report”: un texto orientativo que acompaña a una partida presupuestaria. Pero quien quiera consolarse con eso no ha entendido cómo funciona el Capitolio. El “committee report” indica al Departamento de Estado en qué quiere que gaste el dinero el Congreso, y el Departamento de Estado tiende a obedecer porque el Congreso le firma los cheques.

El arquitecto del párrafo se llama Mario Díaz-Balart. Republicano por Florida, de origen cubano, sobrino de Fidel Castro por matrimonio, vicepresidente del Comité de Asignaciones y presidente del Subcomité de Seguridad Nacional, Departamento de Estado y Programas Relacionados.


Mario Díaz-Balart.

Es, en otras palabras, quien decide a dónde van los dólares de la diplomacia americana. Y es, además, uno de los hombres más cercanos a Marco Rubio en la Cámara. Tres semanas antes de que apareciera el informe, Díaz-Balart ya había avisado en una entrevista en El Español publicada el 1 de abril de 2026: Ceuta y Melilla "no están en el territorio geográfico de España" sino "en el territorio de Marruecos", y su destino "se establece, se negocia y se discute entre amigos y aliados".

El “committee report” ordena destinar a Marruecos no menos de 20 millones de dólares en el marco del Programa de Financiación Militar Extranjera, en apoyo de los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos, a los que se suma una partida equivalente del National Security Investment Program.

Lo que está pasando ahora con Ceuta y Melilla no se entiende sin volver al 10 de diciembre de 2020. Ese día, Donald Trump anunció el “reconocimiento” (pese a que ningún país tiene poder para decidir eso) de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Marruecos normalizara relaciones con Israel dentro de los Acuerdos de Abraham. El acuerdo fue negociado por Jared Kushner y Avi Berkowitz. Marruecos firmó. Israel firmó. Y el Sáhara, que la ONU sigue considerando territorio pendiente de descolonización, pasó a ser, para Trump, una provincia más del reino alauí.




Cinco años después, el mismo argumento empieza a aplicarse a Ceuta y Melilla. El primer eslabón visible fue Michael Rubin, investigador del American Enterprise Institute y ex asesor del Pentágono (el mismo equipo que en 2003 vendió las armas de destrucción masiva de Sadam). En marzo de 2026 Rubin publicó dos textos seguidos donde sostiene que Marruecos podría recuperar el espíritu de la Marcha Verde para "culminar la expulsión de los colonos españoles del territorio marroquí", enviar excavadoras a la frontera y entrar desarmado a izar la bandera, sin que ni España ni la OTAN tuvieran base jurídica para responder porque los enclaves no estarían cubiertos por el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. Su tesis sobre el artículo 5 es discutible (juristas españoles y de la propia OTAN sostienen lo contrario), pero discutir si Rubin tiene razón es perder el tiempo. Lo importante es que sus textos circularon por los pasillos del Capitolio y dieron cobertura intelectual a Díaz-Balart.


Michael Rubin.

Esto no se prende solo. Lo que ha precipitado el alineamiento de Washington con Rabat es la guerra contra Irán. El 28 de febrero de 2026, EEUU e Israel lanzaron la operación Epic Fury contra Irán. Pedro Sánchez ‘prohibió’ el uso de las bases de Rota y Morón a los aviones implicados, y el Gobierno español rechazó todos los planes de vuelo relacionados, incluidos los aviones cisterna. La ministro de Defensa, Margarita Robles, lo ratificó el 30 de marzo: ni bases ni espacio aéreo. España fue, junto a Francia e Italia, el aliado más díscolo de la operación.

Trump respondió en caliente. El 3 de marzo, en una reunión en el Despacho Oval con el canciller alemán Friedrich Merz, anunció: "Vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada que ver con España", calificó al país de "terrible" y ordenó al secretario del Tesoro Scott Bessent cortar todos los tratos. A finales de abril, Reuters publicó una filtración de un correo interno del Pentágono donde se barajaban opciones para suspender a España de la OTAN. El propio documento no describía ningún mecanismo concreto que existiera dentro de la Alianza para suspender a un país, lo que reduce la amenaza a un gesto, pero un gesto que circula por los despachos militares de Washington da qué pensar.

Mientras Díaz-Balart trabajaba la Cámara, el Senado abría el otro frente. El 13 de marzo de 2026, los senadores Ted Cruz, Tom Cotton y Rick Scott registraron el Polisario Front Terrorist Designation Act of 2026.




La ley exige al secretario de Estado designar al Frente Polisario como organización terrorista si confirma que el grupo coopera con organizaciones iraníes ya designadas como terroristas. Cruz justificó la iniciativa con una frase: “el régimen iraní quiere convertir al Polisario en los hutíes de África Occidental". El proyecto, que ya ha sumado nueve copatrocinadores entre los que figuran Mario Díaz-Balart, Joe Wilson, Jefferson Shreve, Randy Fine, Lance Gooden, Pat Harrigan, Zachary Nunn, Don Bacon y Claudia Tenney, replica el texto que Wilson y el demócrata Jimmy Panetta habían introducido en la Cámara en junio de 2025.




La maniobra es la clásica del lobby marroquí en Washington: quitarle al Polisario su estatus de movimiento de liberación y convertirlo en proxy iraní para que la disputa por el Sáhara deje de ser un asunto de descolonización y pase a ser un asunto de antiterrorismo. Si la designación prospera, España queda en una posición en la que cualquier ONG que mande un convoy humanitario a los campamentos de Tinduf podría caer en sanciones del Tesoro estadounidense. Es una manera elegante de cerrar el debate saharaui por la puerta trasera, y de paso desactivar a quienes en Madrid aún recuerdan que el Sáhara Occidental es responsabilidad histórica española.

El 28 de abril de 2026, Ynet Global publicaba un análisis de Amine Ayoub, miembro del Middle East Forum, sosteniendo que Israel ha emergido como un actor dispuesto a respaldar diplomáticamente a Marruecos en sus aspiraciones sobre Ceuta y Melilla, en un mecanismo similar a una ampliación de los acuerdos firmados hace seis años para reconocer su dominio en el Sáhara Occidental.




Ayoub no es portavoz del gobierno israelí. Pero el Middle East Forum sí tiene línea directa con la administración Trump, y el patrón se repite. Primero un think tank lanza la propuesta, después un congresista la recoge, después un secretario de Estado la convierte en política.

Además, en enero de 2026, Israel y Marruecos firmaron un plan de trabajo militar conjunto y el 16 de abril, Marruecos y Estados Unidos rubricaron un plan de cooperación en defensa para diez años. El acuerdo lo firmaron el ministro marroquí Abdelatif Loudyi y el subsecretario de Defensa estadounidense Elbridge Colby, principal estratega de seguridad del gobierno Trump, y vincula a ambos países entre 2026 y 2036.

La empresa israelí BlueBird Aero Systems, además, va a abrir planta en Marruecos para fabricar drones kamikaze SpyX. Es decir, Marruecos se está convirtiendo en plataforma manufacturera de armamento israelí en suelo africano, justo a unos kilómetros de Ceuta.

El reconocimiento de un Estado palestino por parte de España en 2024 ha pasado factura. Tel Aviv no perdona. Y la posición española sobre Gaza es, hoy, parte de las cuentas que Trump y Netanyahu se traen entre manos con Sánchez.

El Comité ha incluido también un apartado sobre la "esclavitud moderna" de los médicos cubanos, mencionando expresamente la explotación de doctores de la isla en países como México, Qatar, Sudáfrica, España, Venezuela y Vietnam, y pide al secretario de Estado restringir visados a quienes se beneficien de ese esquema.




España aparece nombrada junto a Venezuela. Esa equiparación, hace dos años, habría desatado una crisis diplomática. Hoy se acepta.

EEUU mantiene unos 3.200 efectivos militares en España, repartidos entre Rota y Morón. Esa presencia, durante décadas, ha sido el ancla de la relación bilateral, el activo que protegía a España de cualquier veleidad americana sobre el contencioso africano. Ahora la pregunta es: ¿y si Trump decide que Tánger o Alcazarseguir le sirven mejor que Rota? Diversos ‘analistas’ vinculados a think tanks conservadores, como Amine Ayoub, sugieren que esta alianza podría desplazar el peso estratégico de bases europeas como Rota hacia instalaciones marroquíes en Alcazarseguir, entre Tánger y Ceuta. La amenaza, aunque operativamente improbable a corto plazo (Rota tiene una infraestructura que no se replica en cinco años), ya está sobre la mesa.

Lo que está pasando no es una decisión oficial del gobierno estadounidense. La Casa Blanca no ha reconocido nada, Marco Rubio no ha convocado a las partes y el Departamento de Estado mantiene formalmente que Ceuta y Melilla son territorio bajo administración española. Aún así, el cerco existe. Tres frentes simultáneos (el “committee report” de la Cámara, la ley contra el Polisario en el Senado y los textos de Rubin desde los think tanks).

Lo que era impensable en 2023 hoy aparece impreso en un documento del Capitolio. Y este precio lo está pagando España, no por casualidad, sino por dos decisiones concretas. La de marzo de 2022, cuando Sánchez aceptó el plan marroquí de autonomía sobre el Sáhara Occidental y abandonó cinco décadas de neutralidad, regalándole a Rabat la lógica del "realismo" que ahora se vuelve contra Madrid. Y la de febrero de 2026, cuando Sánchez bloqueó el uso de Rota y Morón en la guerra de Irán, dándole a Trump el motivo personal que necesitaba para ajustar cuentas.

El expediente Ceuta y Melilla, que Marruecos sostiene desde el discurso del Trono de Mohamed VI en julio de 2002, ha encontrado en Washington el aliado que llevaba décadas buscando. La pregunta es qué piensa hacer España cuando llegue el siguiente paso.



Fuente: Primera Frontera

sábado, 28 de diciembre de 2024

Más allá del caftán: El reto de preservar el patrimonio lingüístico amazigh

 

      Historiador y Rebelde /Escritor/ Antirracista/Colonialismo Hispano Africano.


La lengua amazigh es la lengua materna del norte de África. Una lengua afroasiática que fue hablada desde el archipiélago Canario hasta Egipto, abarcando una extensa línea geográfica a la que se suma el Sahel. Actualmente se halla en peligro.


Tuareg de Agadez, Níger.

     A principios de este mes de diciembre saltó la noticia de que Marruecos y Argelia continuaban con la disputa por la declaración del caftán como patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO. Un episodio que se inició en 2023 y que todavía acapara titulares de prensa en ambos países que se disputan la propiedad de esta prenda. Sin embargo, deberían de preocuparse más de otro dato que revela la misma UNESCO: según su Atlas de las Lenguas del Mundo en Peligro, seis variantes del tamazight, también conocida como bereber, están en riesgo de desaparición. De hecho, una de ellas, la variante tidikelt, hablada en el suroeste de Argelia, ya ha sido declarada extinta.


Tuareg Amazigh de Argelia.

La lengua amazigh, es la lengua materna del norte de África. Una lengua afroasiática que fue hablada desde el archipiélago Canario hasta Egipto, abarcando una extensa línea geográfica a la que se suma el Sahel. Con el paso del tiempo, el tamazight se ha ramificado en diferentes variantes según la región. Sin embargo, muchas de estas variantes han desaparecido o están en riesgo de extinción, desplazadas por lenguas extranjeras, especialmente el árabe. Actualmente, Marruecos y Argelia son los dos países con mayor número de hablantes de tamazight. Según el Atlas de las Lenguas del Mundo en Peligro de la UNESCO, entre el 60 % y el 80 % de la población de Marruecos sería hablante de tamazight, mientras que en Argelia esta cifra se sitúa entre el 45 % y el 55 %. En comparación, Túnez posee sólo un 1 %, en Libia un 5 % y en Egipto menos del 1 % hablan esta lengua ancestral.


Una señal de stop en Nador, que incluye la traducción en amazigh.

A pesar de las políticas de marginalización, la comunidad amazigh nunca cesó en su lucha por el reconocimiento de su lengua y cultura

Si el tamazight ha sobrevivido a grandes cambios históricos, como la romanización o la expansión del islam, ¿cómo se explica que ahora se encuentre en peligro de desaparición? Esta situación tiene su raíz en el proceso de arabización postcolonial. Tras la descolonización de los países del norte de África, siguieron la ideología del panarabismo para lograr la unidad nacional, una lengua y una religión, en este caso islam y árabe. Esta política no sólo marginó el tamazight, sino que también creó una percepción negativa hacia quienes lo hablaban, considerándolos ciudadanos de segunda clase. Además, la educación y los documentos oficiales sólo estaban disponibles en árabe o en las lenguas coloniales, lo que profundizó la exclusión lingüística.

A pesar de las políticas de marginalización, la comunidad amazigh nunca cesó en su lucha por el reconocimiento de su lengua y cultura. Esta resistencia, a menudo llevada al exilio, dio lugar a iniciativas destacadas como la fundación de la Academia Amazigh en París en 1967 por intelectuales argelinos exiliados. Durante los años 80, las protestas en Argelia marcaron un hito en la lucha por el reconocimiento del tamazight, exigiendo su uso en eventos oficiales. Finalmente, los primeros pasos hacia su oficialización se dieron en la primera década del siglo XXI: Marruecos y Argelia respondieron a estas demandas reconociendo el tamazight en 2001 y 2002, respectivamente. En 2016, Argelia dio un paso más al oficializar plenamente el uso del tamazight en todas las esferas públicas y creó la Academia de la Lengua Amazigh para su promoción. Marruecos, por su parte, creó el Instituto Real de la Cultura Amazigh (IRCAM), encargado de estandarizar la lengua y desarrollar materiales educativos, aunque enfrenta críticas por su limitada autonomía y recursos. Libia, en 2011, reconoció el tamazight como parte de su patrimonio cultural, aunque no le otorgó un estatus oficial comparable al del árabe.

A pesar de estos avances, otros países de la región, como Túnez y Egipto, han mantenido al tamazight en un estado de invisibilidad y marginalización, su uso sigue restringido a comunidades rurales y diásporas. En Túnez han surgido asociaciones para lograr el reconocimiento lingüístico y cultural del amazigh con organizaciones como la Asociación Tunecina de la cultura Amazigh (ATCA).

El papel de España y la lengua amazigh

En España, las regiones de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias cuentan con comunidades amazigh que forman parte del tejido social del país. Aunque en el caso de Canarias ya no quedan hablantes de tamazight, esta fue la lengua materna del archipiélago antes de la llegada de los colonizadores. Por otro lado, la diáspora amazigh en España ha crecido notablemente en las últimas décadas, reivindicando su identidad cultural y lingüística. Iniciativas como Awal Digital, que busca llevar la lengua tamazight al ámbito de las nuevas tecnologías, son un ejemplo del dinamismo de esta comunidad en su esfuerzo por revitalizar y promover el idioma bereber.


Inscripción líbico-bereber encontrada en El Hierro, Islas Canarias, España.

Dado el tamaño y la relevancia histórica y cultural de esta comunidad en España, podría considerarse la posibilidad de otorgar un reconocimiento oficial al tamazight. Un precedente significativo se encuentra en Bélgica, donde el alemán es reconocido como lengua oficial a pesar de ser hablado por menos del 1 % de la población. Este caso demuestra que reconocer una lengua minoritaria puede ser un acto de integración y respeto cultural, lo que sugiere que España podría dar un paso similar con el tamazight, especialmente en las regiones con una conexión histórica directa, como Ceuta, Melilla y Canarias.

España podría desempeñar un papel clave en el reconocimiento del tamazight como parte de su diversidad cultural. Incluir su enseñanza en Ceuta, Melilla y Canarias, junto con el apoyo a iniciativas de la diáspora, no solo reforzaría el vínculo histórico con el mundo amazigh, sino que también contribuiría de manera concreta a preservar esta lengua en peligro.

Fuente: EL SALTO