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domingo, 30 de agosto de 2026

La tormenta perfecta de Ceuta: un mes de crisis para alimentar el odio y la violencia contra los migrantes

 

      Redactora de Vivienda y Memoria Histórica en Público.


La crisis humanitaria en Ceuta ha desatado un profundo choque político y social marcado por el repunte de los discursos xenófobos, las críticas a la gestión institucional y la preocupación por el deterioro de la convivencia


Mobiliario urbano y enseres arden en Ceuta durante una manifestación para protestar por la situación provocada por la llegada masiva de migrantes. 27.08.2026.


     Entre el 30 y el 31 de julio, 72.000 personas cruzaron la frontera que separa Marruecos de la ciudad autónoma de Ceuta. Lo hicieron a pie o nadando con pequeños flotadores. La incursión se saldó con 145 fallecidos -según datos de Caminando Fronteras-, confirmándose como una de las mayores tragedias migratorias de la ciudad. Otros tantos se encontraron con una ciudad incapaz de darles asistencia. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) arrastraba días de problemas de sobreocupación, así que calles, playas y parques se convirtieron en campamentos improvisados. El 29 de julio, antes incluso de que se produjera la entrada masiva, el presidente de Ceuta ya hablaba de "colapso".

La mayoría eran chicos jóvenes y menores, aunque también cruzaron niñas y familias enteras que se encontraron con la misma problemática. Ante la falta de recursos, en los días siguientes se produjo un gran flujo de retorno, aunque un mes después todavía son miles las personas que siguen durmiendo al raso y que subsisten gracias a la ayuda de vecinos y ONG.

Uno de los mayores asentamientos se concentró en la playa de El Trampolín, donde el pasado jueves un grupo de ceutíes quemó las camas improvisadas y los pocos enseres que tenían los migrantes. El grupo violento se había concentrado en esta zona tras acudir a una manifestación en contra del Gobierno. Minutos antes de este incidente habían tratado de evitar que voluntarios de Cruz Roja repartieran comida en la zona. Este viernes otro grupo se acercó o a la misma zona con consignas como “Invasores, expulsión”, pero no hubo brotes de violencia.

La crispación y la polarización no han hecho más que aumentar en estas cuatro semanas, convirtiendo a esta pequeña ciudad de 84.000 habitantes en una olla a presión. La normalidad está lejos de retomarse, como admitió a finales de semana Félix Bolaños, ministro de la Presidencia. El Gobierno central no puso en marcha el mando único hasta el martes pasado y todavía no se ha podido trasladar a la Península a los miles de menores que llegaron esos días a Ceuta, entre ellos al menos 500 niñas. Esta semana también se conocía la denuncia de 16 agresiones sexuales en lo que va de mes, algunas con estas menores como víctimas.

En medio de toda esta situación, desde la derecha han aprovechado para atacar al Gobierno y su política migratoria. El Partido Popular se ha negado en todo momento al reparto obligatorio de menores migrantes, una postura compartida también por Vox. Los populares piden reformar la ley de Extranjería para garantizar el rechazo en frontera y plantean como única alternativa la repatriación de todos los migrantes. Ante el aumento de la tensión social y mensajes ambiguos de sus dirigentes, finalmente los populares hicieron un "llamamiento firme a la calma" el viernes, aunque sin dejar de dirigirse a los migrantes como "invasores". "Quien piense que con la violencia ayuda a Ceuta se equivoca. Solo da alas a los que pretenden señalar a los invasores como víctimas cuando las víctimas verdaderas somos los ceutíes", afirmaba el diputado popular Jesús Celaya Brey. 

Una crisis humanitaria lejos de resolverse

En cuestión de horas la entrada masiva de personas en Ceuta se convirtió en una emergencia sanitaria y social aguda, con todos los servicios al límite. Precisamente las posibles instalaciones para albergar a quienes han decidido quedarse o están pendientes de que avancen sus peticiones de asilo fueron motivo de discusión con el Gobierno de la ciudad. Juan Jesús Vivas, presidente de la ciudad autónoma, se ha negado a facilitar polideportivos y otros emplazamientos elegidos por el Gobierno al contar con baños y duchas, entre otros motivos. "Si intentan usarlos, van a tener que sacarme a mí de ellos", llegó a decir. Este viernes, el mando único aprobó un listado de espacios para la reubicación de los migrantes.

La falta de salubridad de los asentamientos ha provocado también ciertos brotes de gastroenteritis y otras infecciones, aunque desde la comunidad médica descartan que se pueda hablar de epidemia. Si bien, en los días posteriores al 30 de julio los sindicatos denunciaron que tanto el Hospital Universitario como los campamentos a pie de calle se encontraban al límite. Desde el Partido Popular se han utilizado estas noticias para llegar, incluso, a pedir el confinamiento en Ceuta por "enfermedades infectocontagiosas". Algunos militares denunciaron casos de sarna, que ellos mismos achacaban a la falta de higiene de las bases.


Migrantes acampados en las naves del Tarajal.

Entre los migrantes que lograron cruzar la frontera había muchos hombres jóvenes, pero también un número inusualmente alto de menores no acompañados y de familias con niños. El Gobierno asegura que actualmente hay unos 2.000 menores en el sistema de acogida de Ceuta; de ellos, más de 500 son niñas o chicas adolescentes. Este último grupo, el más vulnerable a sufrir violencias, será próximamente trasladado a la Península. El resto también será repartido entre las diferentes comunidades autónomas, otro de los temas de confrontación entre Gobierno y oposición.

"La crisis de Ceuta muestra con especial crudeza cómo ser mujer, niña o adolescente, estar en movilidad y encontrarse sin alojamiento estable multiplica las situaciones de riesgo", subraya en conversación con Público Oussama Chakkor, psicólogo social experto en migraciones en la organización ActionAid España. Una de las caras más amargas de esta crisis es la violencia sexual. Según ha informado la Fiscalía, se han contabilizado 16 agresiones sexuales en el último mes, con 17 víctimas, de las que 16 son mujeres. La mayoría no llegan a la mayoría de edad.


Mujer migrante en Ceuta, reubicada en el campo de fútbol del colegio Reina Sofía.

El psicólogo explica que la situación actual es particularmente grave porque muchas de estas personas se han encontrado con semanas de "incertidumbre, recursos improvisados y situaciones de calle", que han podido documentar ONG como Human Rights Watch. "Cuando falta identificación individual, aumentan las posibilidades de que una niña desaparezca de los mecanismos de protección. Cuando no existen espacios seguros para mujeres, aumenta la exposición a la violencia sexual", añade. Bajo su punto de vista, la respuesta a las menores no ha sido "ni correcta ni suficiente". "La protección llegó tarde y, durante semanas, muchas niñas y adolescentes quedaron expuestas a situaciones que nunca deberían haberse normalizado", concluye.

En la misma línea, Helena Maleno, defensora de los derechos humanos, periodista e investigadora especialista en migraciones y trata de seres humanos, cree que, un mes después, España no ha estado a la altura que la situación requería. "Todavía no se está garantizando el acceso a ayuda humanitaria, no se está pudiendo proteger a todos los niños y a todas las personas demandantes de asilo... Hay un fracaso del sistema y un abandono de las autoridades, y esto está alimentando el malestar y los discursos de odio", lamenta.

Odio y racismo disparados

"Nos estamos encontrando con que no se da una respuesta gubernamental adecuada y sobre todo con que se está propagando el discurso del odio, y ese odio está haciendo mucho daño en Ceuta. Se está atacando a los migrantes y a los musulmanes ceutíes", denuncia a este periódico Abdelah Mustafa, presidente de la asociación de vecinos de la Barriada de la Reina. Junto con sus vecinos se organizó desde el primer día para habilitar el polideportivo como refugio para mujeres y menores. Otros muchos voluntarios y ciudadanos anónimos se han encargado de llevar comida, mantas o hasta abrir las puertas de sus casas a familias y personas necesitadas.

En el lado contrario, según pasan los días ganan más terreno los mensajes de odio y la hostilidad hacia la comunidad árabe y subsahariana. Aunque el suceso más grave se vivió el jueves con la quema de enseres en la playa, la ultraderecha llevaba semanas caldeando el ambiente. El secretario general de Vox en el Congreso, José María Figaredo, llegó a afirmar que había que "cazar uno por uno" a los migrantes que habían entrado irregularmente en Ceuta. Sus palabras provocaron denuncias ante la Fiscalía, pero el diputado no ha dado marcha atrás.


Varias personas intentan bloquear la ayuda humanitaria en la playa de El Espigón.

En tan solo dos días -el 30 y 31 de julio-, el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), detectó más de 9.500 mensajes de odio en redes sociales contra la entrada masiva de finales de julio. Según el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, este "pico" de mensajes de odio ligado a la crisis migratoria en Ceuta ha impulsado el repunte de publicaciones de odio en redes durante julio, con 57.406 contenidos frente a los 40.800 de junio. El 68% de los contenidos analizados tenían foco en el odio a las personas procedentes del norte de África.

"Cuando se repite diariamente que existe una invasión, una amenaza o una ciudad tomada, se alimenta una sensación de emergencia permanente que puede aumentar la hostilidad hacia los migrantes, las agresiones racistas o la ruptura de la convivencia. En una ciudad como Ceuta las consecuencias pueden ser muy peligrosas", advierte Chakkor. El psicólogo alerta de los riesgos de convertir una crisis de gestión y protección en un conflicto identitario entre cristianos y musulmanes "si no se pone freno a ciertos discursos". En el caso de la violencia sexual, recuerda que "no tiene pasaporte", pero las víctimas sí tienen "rostro, cuerpo, historia y derechos": "Cuando utilizamos una agresión para construir odio contra miles de personas, corremos el riesgo de volver a ejercer una segunda violencia: quitar a la víctima su historia y convertir su dolor en propaganda".

El consultor político y analista Jordi Sarrión también incide en declaraciones a Público en la influencia que puede tener el discurso político en estallidos violentos como el del jueves -aunque no sea el único responsable directo- "al ir radicalizando progresivamente a una parte de la sociedad". Por otro lado, afirma que "cada día hay un ejército digital que se levanta en las redes para sembrar el caos": "Hay cuentas, perfiles y actores que amplifican cada incidente, cada imagen y cada mensaje de confrontación, y contribuyen a generar una sensación de conflicto permanente. No podemos ser ingenuos ante el papel que está jugando este ecosistema digital en la crisis de Ceuta".

Crisis política

La crisis humanitaria en Ceuta ha pasado a ser una crisis política de primera magnitud. Dos días después de la entrada masiva, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, aseguró que la crisis "estaba resuelta". Este jueves 27 de agosto Bolaños reconocía que no se había recuperado la normalidad y que todavía quedaba un largo camino por delante. En los últimos días han comparecido varios ministros sobre el tema, aunque lo más llamativo ha sido la confrontación de versiones sobre el papel del CNI en la detección de la entrada masiva por parte de Interior y Defensa.

Tanto la oposición como los organismos sociales y los vecinos de Ceuta llevan semanas denunciando "lentitud" a la hora de actuar en la ciudad autónoma. Este martes entró en vigor el real decreto por el que se ha establecido el mando único, una medida que el Gobierno ceutí pidió desde el minuto uno. Javier de Lucas, catedrático de Filosofía del Derecho y exsenador del PSOE, considera que el mando único puede optimizar la gestión y acelerar en lo posible la puesta en marcha de soluciones inmediatas. "Evidentemente, hemos perdido varias semanas, preciosas", apostilla. Entre otras cuestiones, el experto no entiende por qué se rechazó la petición unánime de los políticos ceutíes para activar mecanismos extraordinarios previstos o la tardanza de algunos ministros en personarse en la ciudad. "Sumemos el hecho de que no se ha dotado de medios y recursos extraordinarios a los servicios de Policía y administración de justicia que tienen que gestionar los varios miles de expedientes de retorno, los de acogida y los de traslado en el caso de los menores", explica a este medio. 

Todo esto, opina el experto, ha contribuido decisivamente a esa reacción de violencia que estamos viendo, "al haber una presión constante de discursos xenófobos" por parte de la extrema derecha que han sido incorporados "no solo por Vox, sino también en parte por el PP": "Se ha llegado a utilizar un lenguaje casi bélico, y se piden actuaciones que no solo infringen la legalidad vigente, sino que tratan a todos esos grupos que se encuentran en Ceuta no como personas con derechos, sino como grupos peligrosos que hay que expulsar o incluso eliminar".

Por su parte, Sarrión cree que hay que distinguir entre cómo se gestionó el inicio de la crisis y la reacción actual. De acuerdo a su análisis, los esfuerzos iniciales por transmitir tranquilidad podrían haber sido acertados —teniendo en cuenta el revuelo político interno y global— si la crisis se hubiera cerrado rápidamente. "El problema es que el Gobierno se confió, no estaba preparado para que el problema se prolongase durante semanas y afectase a la convivencia en Ceuta", añade. Además, considera que la presencia del Estado en el terreno debería haber sido mucho mayor desde el principio. 

En cuanto a la reacción de la oposición, al igual que De Lucas, lamenta que estemos viendo cómo se cruzan "líneas rojas que no deberíamos normalizar". "Todos los partidos tienen una responsabilidad enorme en este momento. Se puede exigir al Gobierno que recupere el control, que dé soluciones y que proteja a los ceutíes sin convertir a las personas migrantes en el enemigo", concluye.

El papel de Marruecos y las redes sociales

Otra de las cuestiones que se ha reprochado al Ejecutivo es la ausencia de crítica hacia Rabat. "Sembrar sospechas sobre un gobierno de un país vecino con el que hay que cooperar y con el que hay que tener buenas relaciones de vecindad no es un buen camino", decía Bolaños esta semana recetando a la oposición un curso acelerado de diplomacia básica. Lo cierto es que hasta ahora todo apunta a que detrás de la entrada masiva estaban las redes sociales, aunque las imágenes parecen confirmar que la gendarmería marroquí no opuso gran resistencia los días 30 y 31 de julio, como sí hizo ante el intento de entrada fallido del 15 de agosto.

"Creo que lo que está a nuestro alcance no es tanto establecer inequívocamente la responsabilidad directa de Marruecos en la entrada masiva, sino sostener la verosimilitud de la hipótesis de que, sin el conocimiento por parte de Marruecos de lo que se preparaba, sin la omisión de medidas de control en la parte marroquí de la frontera, en esos dos días, es imposible que ocurriera un acontecimiento de esas dimensiones", analiza De Lucas, que sostiene que es "difícil creer" que 8.000 personas se pongan de acuerdo espontáneamente en acudir el mismo día a Ceuta. También apunta al posible interés de potencias extranjeras en erosionar la imagen de España y sembrar desunión en la UE.

En este sentido, tanto el catedrático como el resto de voces consultadas por este medio insisten en la importancia de tener fronteras seguras. "Es evidente que la externalización de fronteras abre la puerta a estas consecuencias. Cuanto más se amurallan los Estados, más muestran su incapacidad de ser soberanos en asuntos que son de rango global y por lo tanto exceden a la competencia de un solo Estado; incluso de una asociación de Estados como la UE", concluye.

Esta estrategia de política migratoria, además, ha resultado ineficaz para frenar las llegadas irregulares y eventos tan trágicos como el vivido este julio. Las entradas irregulares a través de Ceuta se han multiplicado por cinco, de acuerdo con los datos que periódicamente publica el Ministerio del Interior: han pasado de 753 en 2021 a 3.323 en 2025. En lo que llevamos de 2026 (hasta julio y sin contar la entrada masiva de los días 30 y 31) han sido ya 4.182 personas las que han logrado sortear las concertinas.

Hay desaparecidos y fallecidos sin identificar

Los últimos de los que nadie habla en esta crisis son los fallecidos. Caminando Fronteras cifra en 145 las víctimas mortales de esta crisis migratoria, aunque, según señala a Público Helena Maleno, aún hay un número importante de personas que continúan desaparecidas y que podrían estar o no entre los cadáveres recuperados.


Entierro de varios migrantes en el cementerio musulmán de Ceuta.

El pasado jueves, mientras se producían los disturbios en las playas de Ceuta, en el cementerio de la mezquita de Sidi Embarek se daba sepultura a los últimos once cuerpos que quedaban por enterrar. Solo nueve de los fallecidos rescatados por España han podido ser identificados; el resto descansan en bolsas blancas con un número identificativo. Maleno pide más ayuda para que las familias, especialmente las de terceros países, puedan recuperar los restos mortales, "para lo que sería fundamental la colaboración de los consulados".


Fuente: Público

martes, 18 de agosto de 2026

Los mitos sobre la violencia sexual en el ocio nocturno

 

      Periodista y activista que escribe sobre justicia social.


El pánico a sufrir violaciones al salir de fiesta ha adquirido un efecto disciplinante sobre las mujeres, pero el 68,5% de las agresiones fuera de la pareja se producen en el espacio doméstico y casi todas las víctimas conocían a su atacante


Chicas bailando en un local de ocio.


     Si echamos la vista atrás y recordamos algunos de los casos más mediáticos sobre agresiones sexuales en España en los últimos años, enseguida observamos que la mayoría habían transcurrido en entornos de ocio nocturno: desde la violación grupal de ‘La Manada’, que se produjo en un portal durante las fiestas de San Fermín en Pamplona, hasta la agresión sexual del futbolista Dani Alves a una joven en el baño de una discoteca en Catalunya, pasando por el caso de Diana Quer en A Coruña, abusada y asesinada a manos de José Enrique Abuín Gey, alias El Chicle, cuando volvía de las fiestas populares de A Pobra do Caramiñal en el verano de 2016.


Concentración en Madrid en defensa de la víctima de la violación múltiple en San Fermín.



Dani Alves, durante la lectura de la sentencia del 22 de febrero.


Inauguración de la plaza Diana Quer en Pozuelo de Alarcón.


Quizá la primera vez que comenzó a tratarse en los medios de nuestro país la violencia sexual fue tras el suceso de las niñas de Alcàsser, tres menores valencianas de 13 y 14 años que fueron secuestradas, violadas, torturadas y finalmente asesinadas en noviembre de 1992 cuando se dirigían a una discoteca de tarde.

Sin duda, la narrativa mayoritaria que rodea a estas violencias ha tendido a vincular peligrosamente ocio nocturno, verano y riesgo. La hipermediatización de estos casos brutales ha sido clave para visibilizar el carácter estructural y patriarcal de las violencias, para señalar que el género es un factor de vulnerabilidad. Pero también ha opacado un hecho muy relevante: la mayor parte de las agresiones sexuales poco o nada tienen que ver con lo que vemos en las portadas de los medios generalistas.


Prisioneros palestinos detenidos en la prisión israelí de Ofer, cerca de Jerusalén, en la Cisjordania ocupada, el 28 de agosto de 2024.

Estas, por el contrario, suceden en el espacio privado, por parte de personas cercanas a la víctima, y casi nunca llegan hasta los tribunales. Se trata de violencias silenciosas, cotidianas y por ello socialmente soterradas en la impunidad. Muchas voces expertas en género alertan de que ligar las agresiones a la fiesta y al verano no sólo tapa muchos otros casos a menudo más representativos: también contribuye a mermar significativamente la libertad sexual de las mujeres a la hora de ocupar el espacio público.

Para conceptualizar lo que ocurre con los mitos popularizados en torno a la violencia sexual, el Observatorio Noctámbul@s –cuya labor se centra en analizar estas violencias acaecidas en entornos de ocio nocturno– habla de una “lógica de la excepcionalidad”: los relatos hegemónicos sobre agresiones, basados en casos excepcionales y/o extremos como el de ‘La Manada’, acaban operando en última instancia en los cuerpos feminizados como si se tratasen de la regla general. A través de mecanismos implícitos de responsabilización y culpa, que han acompañado históricamente a las mujeres, “se establece un sistema de control y de intimidación colectiva que deriva en autorrepresión y control de su sexualidad”, indican en un informe.


Violencia sexual en el deporte: Relatos mediáticos.

La culpa, señalan, es una sensación recurrente en estos casos donde parece que si la víctima sufrió una agresión fue porque hizo un uso libre de su cuerpo o incluso consumió sustancias en determinados espacios lúdico-festivos.

Mientras el pánico a vivir abusos al salir de fiesta ha terminado por disciplinar los cuerpos de muchas jóvenes impactando de forma directa sobre su libertad de movimiento, los datos de la Macroencuesta de Violencia de Género afirman lo siguiente: el 68,5 % de las mujeres que han sufrido una violación fuera de la pareja alguna vez sostiene que la agresión sucedió en una casa, el 16,3 % que ocurrió en zonas abiertas como calles o parques y el 11 % que la violación tuvo lugar en entornos festivos (7,3 % en discotecas, bares, etc., y 5,9 % en entornos festivos al aire libre). Es decir, las agresiones acaecidas en espacios de ocio nocturno son una minoría frente a las que suceden en el entorno privado. Otro estudio reciente, realizado a menor escala por el Ayuntamiento de Madrid, revela que en el 65 % de los casos de agresión sexual en la capital los victimarios fueron hombres conocidos por la víctima. Solo el 28 % de las mujeres que han sufrido una violación fuera del ámbito de la pareja cita a un hombre desconocido como agresor.

Todos estos casos, que rara vez consiguen documentarse, presentan un número preocupante de infradenuncia por la complejidad que entraña reconocer la violencia y hablar públicamente de ella. Romper el silencio se convierte en un ejercicio casi imposible. “Es muy difícil muchas veces denunciar a tu tío, tu padre, tu hermano, tu primo o tu abuelo.


Concentración en Madrid, tras conocerse la sentencia de la manada.

La mayoría de los delitos se cometen en el propio domicilio, según el Ministerio del Interior. Esto significa que tienes que tener algún tipo de relación con esa persona que te ha agredido sexualmente, por lo que hay que desmitificar este imaginario colectivo de que nos van a violar al volver de fiesta”, advierte Beatriz Martos, responsable de campañas de derechos humanos de las mujeres en Amnistía Internacional España. Martos, en este sentido, considera que los mitos sobre el terror sexual producen “que nos recluyamos más en el espacio doméstico para evitar la calle”. En esta infradenuncia de la violencia sexual doméstica también entran factores como el miedo a no ser creída, al ostracismo, a tener que seguir conviviendo con el agresor o el vínculo familiar con el mismo.

Disciplinamiento de la sexualidad

Pese a las citadas cifras, que permiten visualizar un mapa menos alarmista respecto a los posibles peligros de la noche en relación a la violencia machista, la asociación feminista Clara Campoamor incide, en la misma línea que Martos, en que el miedo a sufrir agresiones en bares o discotecas a menudo tiene efectos simbólicos muy relevantes a largo plazo. “Muchas evitamos salir solas de noche, aceptamos modificar nuestra forma de vestir, hemos normalizado compartir nuestra ubicación con familiares o amigas o procuramos volver acompañadas. Esto supone la restricción última de nuestra autonomía y del derecho a disfrutar libremente del espacio público y de la vida social y sexual”, explica a CTXT Izaskun Gutiérrez, educadora social en esta asociación referente en la denuncia de violencias machistas.

Además de esta hipervigilancia aprendida por mujeres jóvenes, también se generan por inercia mecanismos de silencio e impunidad hacia muchos agresores, que suelen pasar inadvertidos en los medios y rara vez ocupan titulares.


El 29% de los jóvenes han sufrido violencia sexual durante su infancia o adolescencia.

“Es mucho más difícil identificar como potenciales agresores a las personas que forman parte de nuestra cotidianidad y con las que nos relacionamos y es mucho más fácil visualizar a una persona desconocida, sin rostro, que un día en el rincón de una discoteca nos agrede”, cuenta María Giaever, doctorada en Sociología y técnica del Observatorio Noctámbul@s.

A su juicio, ha habido en los últimos años un boom de focalización de los medios en un tipo muy concreto de violencia que desvía la mirada de lo estructural, lo cotidiano. La construcción patriarcal de la sexualidad ha originado históricamente que esta termine domesticándose y disciplinándose “en pos de la seguridad de las mujeres”. Esta percepción de la seguridad, que muchas veces se utiliza de forma torticera para coartar la libertad de las mujeres, parte también de una experiencia encarnada desde la niñez que no debe obviarse.

Un efecto simbólico en la libertad sexual

Al ignorarse casi siempre la prevalencia de esta realidad cotidiana, mitificándose las agresiones en espacios como fiestas, muchas mujeres deciden inconscientemente evitar espacios que se podrían identificar como más masculinizados. Por ejemplo, otro reporte de Noctámbul@s refleja que casi el 80 % de las mujeres no escogería las raves como espacio de ocio y el 60 % de estas tampoco frecuentaría las llamadas parking parties. En cambio, los espacios más participados por ellas son las fiestas en casa o bien eventos organizados por empresas privadas, ayuntamientos y entidades sociales.

Aquí entra en juego no solo la idea de autorrepresión de la libertad de movimiento sino también del consumo de sustancias ante el pánico sexual colectivo. Sabemos que el alcohol y las drogas han actuado tradicionalmente como legitimadores de la violencia en los hombres y a la vez como dispositivos de culpabilización hacia las víctimas en base a diversos estereotipos de género ligados a la feminidad. Es decir, no sólo se restringe, por miedo a sufrir determinadas agresiones, la presencia en el espacio público en horario nocturno sino también los consumos. En este sentido, por norma general, la consecuencia de esta narrativa produce que las mujeres consuman preferiblemente drogas legales, menos estigmatizadas y relacionadas socialmente con una menor pérdida de control en el comportamiento.

Pero además se han creado toda una serie de estrategias defensivas –tanto de cuidados colectivos entre mujeres como a nivel individual– para evitar la ingesta involuntaria de sustancias (cuando las agresiones por sumisión química no llegan al 1 % del total en las mujeres mayores de 16 años).


‘Girls just want to have fundamental rights’. Pancarta en una manifestación feminista en EE. UU.

Como explica Burgos, los pintauñas, tiras reactivas y otros kits llevan desarrollándose desde hace más de una década para, en principio, prevenir las agresiones sexuales bajo sumisión química.

Hablar abiertamente de estas formas de desactivar la voluntad de las mujeres a través de psicotrópicos es fundamental, pero hacerlo partiendo de una sobrerrepresentación de estos casos dibujando un clima de alarma social puede resultar contraproducente, señalan las expertas. “La consecuencia más inmediata de esto es la dificultad de identificar violencias y agresores en contextos que no tienen representación mediática y, por lo tanto, quedan fuera del imaginario de la violencia sexual”, apunta Noctámbul@s.

“A raíz de casos tan mediáticos, como los pinchazos en el verano de 2022, hay una percepción cerrada sobre el fenómeno de la sumisión química y sobre generar las violencias con presencia de drogas. Las pocas agresiones producidas en entornos de ocio nocturno donde hay alcohol o sustancias se dan por consumo voluntario”, destaca Giaver. De nuevo, que la culpa y el autocontrol interiorizado se centren en las drogas se vuelve algo muy fructífero para desviar el foco de la estructuralidad de la desigualdad de género. Las expertas recuerdan que la violencia sexual se inscribe tanto en el modelo de dominación como en la dimensión moral y subjetiva de la credibilidad.

La construcción social del monstruo que violenta por las noches

Desde el Col.lectiu Punt 6, organización que aborda la igualdad de género a través del urbanismo feminista, expresan que “a las mujeres se nos ha socializado para tener miedo al espacio público, a la noche y a lo desconocido. Además, la violencia se convierte en algo habitual desde pequeñas, nos marca que nos toquen en el metro o vivir comentarios de acoso, que trastocan nuestra noción de seguridad”. Poco a poco aprendemos a sortear esa violencia haciéndonos en cierta medida responsables de prevenirla con todos los medios posibles a nuestro alcance, a no merecerla por nuestros comportamientos.

La politóloga e investigadora feminista Nerea Barjola aborda esta cuestión en su libro Microfísica sexista del poder.


Microfísica sexista del poder. El caso Alcàsser y la construcción del terror sexual.


El caso Alcàsser y la construcción del terror sexual, donde afirma que rápidamente las chicas jóvenes aprenden a “cuidarse” por lo que pueda ocurrir. Una autogestión del riesgo que se ha promovido de manera más o menos consciente desde los medios de comunicación de masas.

En este escenario distorsionado que sobredimensiona ciertos casos extremos de violencia hasta hacerlos parecer la norma (muy funcional a la hora de asegurar el control sobre la feminidad), prevalece la figura estereotípica del agresor-monstruo. Ese paradigma de hombre agresivo, socialmente inadaptado y con patologías mentales que ataca a las mujeres en la noche. Algo parecido al “violador del ascensor”, quien copó durante años las cabeceras de los medios por sus incontables delitos sexuales y cuyo modus operandi consistía en abordar de noche a chicas jóvenes a punta de pistola para secuestrarlas y violarlas.

Vemos a menudo cómo la ultraderecha se ha apropiado de estas figuras “monstruizadas”, tan presentes en el imaginario social colectivo, para vincularlas a los hombres migrantes y / o racializados, que consideran agresores sexuales violentos casi por naturaleza. “La mayoría de las noticias se ilustran con imágenes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad alimentando la sensación de peligro inevitable por la monstruosidad de los agresores que solamente puede combatirse a través de la coerción y, por el otro, la narrativa del agresor sin rostro, pese a que alrededor del 45 % de los casos que se atienden en las urgencias hospitalarias son agresiones cometidas por un conocido”, sostienen desde Noctámbul@s.

La construcción social del monstruo a combatir, subraya en un artículo la periodista y antropóloga Ana Burgos, impide abordar la naturaleza sistémica del problema de la violencia (la desigualdad de género y la cultura patriarcal de la violación) que atraviesa a todos los procesos de socialización y las normas culturales. “Cuando se piensa en un agresor desconocido, malvado, cruel, representado en muchos casos desde sesgos clasistas, racistas o capacitistas (pobre, racializado o loco), que te droga para violarte (la punta del iceberg de las violencias sexuales), se aleja la mirada del ‘hijo sano del patriarcado’, el agresor conocido, el primo, vecino, pareja o jefe”, expresa en el texto.


Fuente: Ctxt