Mostrando entradas con la etiqueta IBM. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta IBM. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de febrero de 2026

El trumpismo murciano se exhibe en la Universidad

 

Para un invierno átono y viscoso, sin frío ni calor (7 de 10)


Por Pedro Costa Morata
        Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


La Universidad de Murcia (UMU) ha decidido nombrar Doctor Honoris Causa este próximo 18 de febrero a Darío Gil Alburquerque, ingeniero y empresario nacido en El Palmar (Murcia), que ya ha sido nombrado el 11 de enero como miembro de honor de la Academia de Ciencias de la Región de Murcia. Darío está asentado desde hace mucho en Estados Unidos, pero ha de suponérsele un gran amor a la tierra que lo vio nacer y un deseo intenso de volcar en la misma sus amplias posibilidades de poderoso empresario de una súper multinacional, nada menos que IBM (una entrega al terruño de la que no consta, hasta ahora, dato alguno). Y también ha sido designado como subsecretario para Ciencia e Innovación en el Departamento de Ciencia del Gobierno norteamericano, y dicen que el mismísimo Trump ha marcado, con su visión fina y preclara, este nombramiento.


Darío Gil, nombrado miembro de la Academia de Ciencias de Murcia (La Verdad).

Hace muy pocos años la Universidad Católica de Murcia (UCAM) nos sorprendía con el anuncio hecho por su rector y dueño, José Luis Mendoza, de distinguir como Doctor Honoris Causa a Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel y destacado criminal internacional. Pienso que, debido a circunstancias del momento, desde el Vaticano le pararon los pies al piadoso Mendoza, y tamaña fechoría quedó en potencia, más no en acto. En el texto que sigue expongo las características que más me chocan de este otro acontecimiento inminente en la UMU, sin la menor intención de establecer comparación alguna con la ocurrencia aquella de la UCAM, que aquí evoco como incalificable infamia universitaria.

Lo de menos es -como me dicen- que las autoridades académicas hayan decidido saltarse la cola de futuros homenajeados con el mismo título, y hayan perdido el trasero tras el eminente Gil, que no tiene culpa de esto aunque, listo como sin duda es, debiera de trocar el comprensible regusto del privilegio por una cierta sospecha de que sus admiradores académicos no cumplen con mínimos de cortesía general. Lo peor es que, vistas las agudezas en que gustan incurrir nuestras universidades, no tengamos más remedio que afilar el análisis y señalar con precisión los rasgos inocultables de la iniciativa de la UMU. Examinemos, pues, los tres aspectos que en mi modesto entender han de ponerse a disposición de la opinión pública para que los someta a su discreto y ponderado escrutinio: lo científico, lo empresarial y lo político.


José Luján, rector de la UMU.

En primer lugar, pues, está el carácter científico del homenaje, ya que surge de la institución científica por excelencia de nuestra región, la ya centenaria UMU. Esto plantea, inmediatamente, la duda principal sobre lo acertado del caso, puesto que no queda claro si este laurel ha de considerarse un verdadero homenaje a la ciencia, como pretende ser, o si es que resulta una gracia de pueblerinos desocupados y desnortados (o algo peor).

Veo en los figurantes de este programa de galardones de que se hace objeto a Darío Gil, a personajes de las ciencias naturales y de las pseudociencias informáticas, un área esta del conocimiento que como sociotecnólogo así las califico, por considerar que la digitalización desde el punto de vista de la naturaleza se parece mucho a una agresión, y desde lo social una estafa imperdonable. En cualquier caso, ni la ciencia o la tecnología son capaces de resolver ningún problema importante de la humanidad, aunque sí someten a ésta a toda clase de humillaciones y amenazas. Es visible, en el grupo que se exhibe pavoneándose alrededor del de El Palmar, la ausencia de filósofos, sociólogos, humanistas, historiadores o literatos, que me inspiran mucha mayor confianza que ingenieros, informáticos, físico-químicos e incluso biólogos, al tener que manejar decisiones o políticas universitarias que inevitablemente han de ceñirse a una ética rigurosa; y me deja perplejo y encrespado, ya que esta -digamos- especialización parece relacionarse, imprudentemente, con la característica básica del homenajeado, que es la ingenieril; pero refleja la compartimentación disciplinar en la universidad española y la formación especializada, ergo inculta, con que se dota a las carreras ingenieriles y de ciencias naturales.

O sea, que no veo yo que la efemérides prevista vaya a corresponder, ni directa ni evidentemente, con un acontecimiento cabalmente científico sino como, más bien, una fantasmada al hilo de los tiempos de confusión y fraude que nos envuelven y asaltan, en los que a los ciudadanos de a pie se nos suministra, cada día y en cada trance, gato por liebre.

Aun así todavía me parece más relevante el aspecto empresarial de la entrada en tromba de Gil Alburquerque en el walhalla de la ciencia murciana, ya que el personaje es un empresario de tomo y lomo: vicepresidente senior de IBM y director de IBM Research (hasta ahora, ya que sus nuevas obligaciones en el estado mayor científico trumpista lo obligará a suspender por un tiempo sus labores típicamente empresariales, a las que regresará cuando pierda los favores del impredecible Trump). Porque si la Academia decide premiar a un empresario es necesario contemplar a su empresa bajo la lupa de los méritos universitarios, que siempre habrán de someterse a una (muy) alta exigencia ética. Hay entonces que aportar algunas pinceladas de la historia y el papel de IBM en la guerra y, concreta y exclusivamente por mor de brevedad, en el genocidio palestino a manos del Estado de Israel, para que quienes admiran a IBM y a sus directivos en todo el mundo afinen su idea de la excelencia o del poder empresariales reparando en su intervención en guerras de agresión, expansión o aniquilación.

A este respecto, no hace mucho que la relatora de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, en su demoledor informe (considerado “histórico”) De la economía de la ocupación a la economía del genocidio (30 de junio de 2025), dirigido al Consejo de Derechos Humanos de la organización internacional, ha señalado a varias decenas de empresas tecnológicas por su implicación directa en ese genocidio, citando entre ellas en primer lugar a IBM, Caterpillar y Airbnb, y concretando la participación de este grupo en la prestación de “servicios en la nube e inteligencia artificial al ejército israelí para operar sistemas de armas y seleccionar objetivos de bombardeo. Esto incluye ataques contra miembros de bajo nivel de Hamás y contra sus esposas, hijos y vecinos, personas que viven en el mismo edificio”. Albanese ha instado a la Corte Penal Internacional a que inicie acciones contra estas empresas por su relación con el genocidio (Revista Raya/Derechos Humanos, 25 de julio de 2025), concitando las iras y el boicot miserable del presidente Trump y del secretario de Estado, Marcos Rubio.


Son numerosas las multinacionales tecnológicas implicadas en la guerra de Gaza (Amnistía Internacional España).

Por su parte, la organización BDS/Freedom-Justice-Equality, en su informe Ninguna tecnología para la Opresión, el Apartheid o el Genocidio alude a que gigantes del sector tecnológico como Google, Amazon, Microsoft, IBM y Palantir han creado sistemas avanzados de armas de inteligencia artificial denominados “fábricas de asesinatos”, añadiendo que estas empresas “equipan al ejército israelí con sistemas informáticos y tecnologías de vigilancia y comunicación para acelerar el genocidio en Gaza y automatizar el apartheid en Cisjordania”. 

Y, last but not least, en su edición de 2 de julio de 2025 elDiario.es informaba de que la empresa IBM está presente en Israel desde 1972 y que desde 2019 ha operado y actualizado la base de datos central de la Autoridad de Población, Inmigración y Fronteras israelí, “lo que permite la recopilación, el almacenamiento y el uso gubernamental de datos biométricos sobre palestinos y apoya el régimen discriminatorio de permisos de Israel”. Este régimen de permisos es el que impide el acceso y la entrada de la población palestina a determinadas zonas controladas por Israel. La organización Periodismo de Izquierda precisaba (28 de julio de 2025) que “la tecnológica estadounidense IBM capacita al personal militar y de inteligencia” (de Israel, aclaro).

Por supuesto que quienes avalan a Gil dirán que la ciencia es per se inocua y autónoma, que no tiene que ver, en sí misma, con el uso que se haga de ella, y mucho menos con el martirio de millones de seres humanos en Gaza, Cisjordania y un poco por todo el mundo. O incluso que las empresas son cáscaras ingeniosas e inocentes, sin que importe el llenado que de ellas se haga con objetivos, directivos o clientes; u otras patochadas de semejante jaez. Así se expresan los falsos científicos, carentes de la ética y del discernimiento a que obligan no ya la propia ciencia -que ha de buscar el conocimiento justo para los seres humanos, los objetivos generales y benéficos, la sabiduría de la experiencia universal e histórica- sino también la naturaleza humana, sensible y compasiva, en todo tiempo y lugar. Tómese nota del íntimo, aunque intenso, desprecio de quien esto escribe hacia los que así piensan o se expresan.

Y así, hemos de enfrentarnos con la tercera faceta de la aparentemente jubilosa movida que en unos días nos han preparado tan distinguidos figurones de toga y birrete: el trumpismo que subyace en esa decisión y que resulta imposible obviar, ya que el núcleo del asunto reside en honrar a un ingeniero y empresario que ha sido seleccionado para la institución científico-gubernamental del Gran Mamarracho de la Casa Blanca. Y esto sucede a manos de un grupo de profesores universitarios del que tengo que excluir cualquier ignorancia, sea esta científica, política o humana, y que -a falta seguramente de historiadores o periodistas en su seno- parecen ignorar que el Gran Dictador de Washington está dando muy parecidos pasos, con meras adaptaciones a los tiempos, que Hitler y su camarilla de alucinados y canallas, entre los que numerosos científicos cubrieron de oprobio a la Humanidad y a la Historia; y que llevó al mundo al desastre sin que en ese itinerario ominoso faltaran los adictos y entregados, así como los entusiasmos y los parabienes.

Me asalta la duda de si el exaltar a Gil se debe más a haber accedido al coro trumpista que a sus méritos ingenieriles o empresariales, ya que poco o nada sabíamos de nuestro hombre hasta ser tocado por la varita del Gran Ignorante norteamericano; ni a los capitostes de la UMU se les había ocurrido ensalzarlo hasta alcanzar esa singular posición en un Gobierno que atemoriza y amenaza al mundo. ¿Se trata, entonces, de una decisión basada en un ataque premeditado a la ciencia y la ética o es, sin más, una exhibición de conservadurismo reaccionario, de ese que embota y bloquea el sentido común del ciudadano medio y hasta esa moral académica que, sin embargo, está obligada explícitamente a la ejemplaridad?

Pasmémonos los ciudadanos murcianos, con tantos millones de todo el mundo suficientemente amedrentados por Trump y su agresividad típicamente fascista, este día 18 de febrero por el delicado gesto de irresponsabilidad y papanatismo con que nos va a obsequiar la universidad murciana. Y horroricémonos, porque no nos queda otra, de esta exhibición, auténtico ejemplo de libro, de ciencia sin conciencia. Ese grupo que he visto en la prensa, auto investido de comité de propaganda del trumpismo, variación científica, sin duda se ha saltado el comité de ética universitario. Y si tal comité no existe debiera de haberse creado con urgencia antes de incurrir en tan sublime desfachatez, dando una oportunidad a que se expresara el espíritu universitario, que siempre hay que considerarlo ético y social, es decir, enemigo de cualquier pueblerinismo y siempre alineado, entre otras cosas, con la paz y la decencia internacionales (que es justamente lo que vulnera, en grado excepcional, el trumpismo y su cohorte de trumpistas). Salvo que nuestros próceres universitarios se hayan propuesto perpetrar toda una -redonda, meditada, cualificada- provocación.

No podemos saber hasta qué punto el murciano excepcional al que venimos aludiendo, asume el trumpismo, siquiera en su versión “científica”, ya que esto corresponde a su fuero interno y en ningún momento se ha expresado en relación con tan espinosa cuestión, pero me cabe la convicción de que -disimulos científicos aparte- en la escenificación que viene o se premia a un trumpista o al menos a un servidor del trumpismo, sea por vínculo personal sea por adhesión al sistema. Que -prensa al canto- ha sido el mismísimo Trump quien ha nombrado a nuestro agraciado empollón director de Misión Génesis, que “combinará ciencia y seguridad”, que es el binomio que más asusta, y con razón, a la humanidad atrapada en el paradigma securitario y la procacidad científica. La descripción que Darío Gil da de su especialidad y su misión en la élite científica yanki a mí, como escamado estudioso de las inhumanidades de la informática avanzada, me pone los pelos de punta.

No se pierdan mis lectores, en este reino panocho de pelotilleros sumisos y cortesanos ausentes de decoro, la joya periodística que, sin mediar prudencia ni pundonor algunos, el periodista de corte y encargo, J. A. Ruiz Vivo, despliega en el artículo (apologético, no, lo siguiente) “Los Gil Alburquerque” (La Verdad, 22 de enero de 2026) que, referido a nuestro sabio, y de paso, a su familia, respalda el sentir universal con un “Y Trump, Donald, que de tonto no tiene ni el flequillo, lo fichó de inmediato para su consejo presidencial de asesores de ciencia y tecnología en la Casa Blanca”, rematando el elogio con la frase (lapidaria, como suelen ser todas en pluma tan agraciada): “’Es un empresario y científico brillante’, que proclamó Trump en su red social”. Este conocido periodista del staff conservador de toda la vida dice otras necedades y babosadas en tamaño e infumable pasquín, pero su perspicacia queda establecida con este botón de muestra.

Buena ocasión es esta para ponernos en guardia, sin ceder un ápice al conformismo, ante ese veneno ultra que infecta a la Región en casi todos los niveles y sectores, y que se refleja necesariamente en sus instituciones alcanzando, como tragedia moral de primer orden, a nuestra Universidad. (Por lo demás, solo nos falta saber qué planeará la Universidad Politécnica de Cartagena, que no querrá quedarse atrás en la selección de algún objetivo de prestigio al que coronar con su honoris causa, y menos cuando puede que no haya encajado del todo bien que la UMU le haya “robado” un singular trofeo, llamado lógicamente a ser suyo por su naturaleza eminentemente tecnológica y empresarial. Miedo me da.)


viernes, 7 de noviembre de 2025

¿Quién es Larry Ellison? El billonario amigo de Trump que convirtió un contrato con la CIA en un imperio de 343 mil millones de dólares

 

 Por Bruno Sgarzini      
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     Larry Ellison ha llamado la atención después de convertirse en uno de los empresarios claves del trumpismo, junto a figuras como Peter Thiel de Parlantir o Andreessen Horowitz, el inversionista de riesgo de Silicon Valley, quienes cultivan ideas como la necesidad de que Estados Unidos sea gobernada por una tecnomonarquía, divulgada por algunos pensadores afines como Curtis Yarvin.

Su oferta para comprar la división estadounidense de Tik Tok ha revelado también sus relaciones con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y sus vínculos profundos con las agencias de seguridad estadounidenses. Ante esta irrupción vale la pena preguntarse quién es Ellison.

De un ignoto técnico a un notorio empresario

Ellison nació el 17 de agosto de 1944 en el Bronx, Nueva York, hijo de Florence Spellman, una mujer judía soltera de 19 años, y un piloto italoamericano del Cuerpo Aéreo del Ejército de Estados Unidos. A los nueve meses de edad, tras contraer neumonía, fue enviado a Chicago para su adopción por los tíos de su madre, Lillian y Louis Ellison, quien perdió su negocio inmobiliario durante la Gran Depresión y después se ganó la vida como auditor de la autoridad de vivienda pública. A los 18 años comenzó a estudiar medicina en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (1962-1964), donde fue nombrado estudiante científico del año, pero abandonó la carrera tras la muerte de su madre adoptiva Lillian en 1964. Lo volvió a intentar en 1966 en la Universidad de Chicago en 1966 pero también volvió a dejar sus estudios en física y matemática. En lugar de eso, inició un meteórico ascenso con sus conocimientos rudimentarios de programación al mudarse a Berkeley, California. Algunos de sus primeros empleos como programador fueron en Amdahl Corporation, donde ayudó a construir los primeros sistemas mainframe compatibles con IBM, y Ampex donde conoció a Bob Miner y Ed Oates, los futuros cofundadores de su empresa Oracle.

Varios años después en 1977, Ellison cofundó con ellos Software Development Laboratories (SDL) con una inversión inicial de apenas 2,000 dólares (1,200 de su propio bolsillo), y fue nombrado director ejecutivo de la empresa. Ellison creía en lo propuesto por Edgar Cood, un teórico informático, sobre la creación de un modelo relacional de datos para grandes bancos de datos compartidos. Desde este momento, se propuso convertir su empresa en una de las primeras en almacenar enormes bases de datos. “Uno de sus primeros contratos de dos años fue para desarrollar un sistema de gestión de bases de datos relacionales para la Agencia Central de Inteligencia (CIA). El nombre clave del proyecto fue Oracle. Lo finalizaron un año antes de lo previsto y aprovecharon el tiempo extra para desarrollar su sistema para aplicaciones comerciales al que llamaron con el mismo nombre. En 1980, la empresa de Ellison contaba con solo ocho empleados y sus ingresos eran inferiores a un millón de dólares, pero al año siguiente, IBM adoptó Oracle para sus sistemas mainframe, y las ventas se duplicaron cada año durante los siete siguientes. La empresa millonaria se convirtió en una empresa multimillonaria. Ellison rebautizó la empresa como Oracle Corporation, en honor a su producto más vendido”, según Academy of Archievement.

La empresa experimentó un crecimiento explosivo durante los años 1980, convirtiéndose en la mayor empresa de gestión de bases de datos del mundo en 1987. “Sin embargo, en 1990 Oracle enfrentó una crisis casi fatal debido a prácticas contables agresivas y la sobreestimación de ganancias, lo que llevó a la empresa al borde de la bancarrota y obligó a Ellison a reestructurar la gestión y despedir al 10% de la fuerza laboral, integrada por 400 trabajadores”, según Vincent van Vliet. Además de estas prácticas contables cuestionables, la compañía de Ellison tenía problemas para que sus tecnologías fueran compatibles con la base de datos Systems R de IBM, la corporación más grande del rubro.

Pero varios años después, la suerte de Oracle cambió. “IBM dominó el mercado de bases de datos relacionales con los protocolos DB2 y SQL/DS. Sin embargo, la compañía se retrasó en el lanzamiento de bases de datos relacionales en sistemas operativos Unix Windows. Esto abrió las puertas a empresas como Sybase, Oracle y Microsoft. Por ello, dominaron los sistemas y microcomputadoras de gama media”, de acuerdo a van Vliet. Esto convirtió en poco tiempo a Ellison en propietario en una de las empresas de mayor rápido crecimiento en el mundo de la informática al absorber varias competidoras directas como PeopleSoft, Siebel Systems y Sun Microsystems. Todo esto ayudó a Oracle a alcanzar una capitalización bursátil de aproximadamente 185 000 millones de dólares con unos 130 000 empleados en 2014, de acuerdo al portal Toolshero.

Más de 30 años después, Oracle se ha convertido en un gigante del software clave para desarrollar enormes bases de datos, una infraestructura necesaria para la IA. Sus megaproyectos van desde el Stargate, lanzado hace poco tiempo junto al banco japonés SoftBank y OpenIA de Sam Altman, y la construcción de enormes complejos subterráneos en Israel. Oracle, por ejemplo, mantiene un contrato de más de 300 mil millones con OpenAI durante cinco años, y asociaciones con Microsoft Azure, Amazon Web Services, y Google Cloud.

Al entrar en su octava década, con su sexta esposa, lleno de vitalidad y vigor, sigue siendo el presidente ejecutivo y director de tecnología de Oracle, guiando la visión de la compañía. Su ambición es muy simple: superar a Amazon en bases de datos en la nube”, según And Simple, un portal dirigido a investigar las riquezas de los billonarios.

La expansión del imperio y su círculo de relaciones

Oracle se ha convertido en una empresa tecnológica tan importante que se espera que su infraestructura cloud crezca de 10 mil millones en ingresos en 2024 a 144 mil en 2030, según sus proyecciones. Ellison, en este contexto, se ha convertido en un mega magnate cuya riqueza lo ubica como el segundo más rico del mundo con 343 billones de dólares, según un índice de Bloomberg. Sus inversiones van desde Tesla, donde posee una participación del 1,4% (45 millones de acciones) valorada en 19 mil millones de dólares, hasta Skydancer Paramount, un gigante corporativo de la comunicación recién comprado por su hijo David, según el portal Money Check. En Tesla, el propio Ellison fue parte del consejo directivo desde 2018 hasta agosto de 2022 junto con Elon Musk, considerado por él como uno de sus pupilos empresariales.




Estas inversiones son dirigidas por Lawrence Investments, una entidad designada para administrar la riqueza familiar. A través de este fondo, por ejemplo, aportó mil millones de dólares a la compra de Twitter por parte de Musk y compró, por ejemplo, el 41% de las acciones de su compañía, Oracle, cuyo valor asciende a los 349 mil millones de dólares. Como la mayoría de los billonarios, también se ha obsesionado con la adquisición de grandes propiedades; entre las que se incluye la isla hawaiana de Lanai a la que en 2020 invitó a Benjamín Netanyahu a pasar sus vacaciones. Sus propiedades van desde una mansión de 173 millones de dólares en Manapalan, Floridad, de 62,200 pies cuadrados y 33 habitaciones, hasta el Eau Palm Beach Resort & Spa, y diez inmuebles en Carbon Beach, Malibu.

Mientras que sus proyectos de filantropía se concentraron hasta 2013 en financiar estudios sobre el envejecimiento y las enfermedades relacionadas con la edad a través de la Fundación Médica Ellison. Otras donaciones importantes tienenque ver con su relación cercana con Israel y Netanyahu; Ellison es uno de los mayores donantes de Amigos de las Fuerzas de Defensas de Israel y uno de los billonarios que más lobby hace a favor de Tel Aviv. Al punto que, incluso, preguntó a un diplomático israelí que tan cercano a Israel era el actual secretario de Estado, Marco Rubio, antes de aportar a una de sus campañas en 2015.

Oracle, además, es una gran contratista militar israelí que se ha enriquecido con las políticas de control contra el pueblo palestino. Desde 2021, se convirtió en la mayor empresa en la nube de Israel y ha firmado acuerdos con las Fuerzas de Defensa de Israel como el Proyecto Menta, una iniciativa clasificado de ingeniería de datos de cuatro años.

Sus relaciones y su deseo de ser un amo del universo

Ellison ha donado más de 46 millones de dólares a campañas federales desde 2012, estableciéndose como uno de los megadonantes republicanos más influyentes de Silicon Valley. Sus contribuciones más significativas incluyen 35 millones al super PAC Opportunity Matters Fund en apoyo al senador Tim Scott, cinco millones para Marco Rubio en 2016 y tres millones para la campaña presidencial de Mitt Romney en 2012. Sin embargo, desde 2020, Ellison entró en el círculo íntimo de Trump cuando participó de una reunión para definir las estrategias de la campaña presidencial republicana de ese año para deslegitimar los resultados electorales, de acuerdo a The Washington Post.

Este apoyo ha sido recompensado por Trump en esta nueva presidencia; dado que la compañía de Ellison, Oracle, lidera, por ejemplo, la iniciativa de IA StarGate, junto a OpenIA y Soft Bank, para construir infraestructura, como centros de datos, en Estados Unidos por unos 500 mil millones de dólares. También la oferta privada, impulsada por la Casa Blanca, para comprar la licencia para operar el algoritmo de Tik Tok y almacenar los datos de la red social en Estados Unidos. Según un amigo del magnate, citado por The New York Times, su motivación para ofertar por Tik Tok habría sido la compra de Twitter por parte de Musk. “Una cosa es ser rico, otra relevante para los consumidores, con influencia en la cultura, la política y los medios de comunicación”.

Mientras que Skydancer, la compañía de su hijo, ha recibido la aprobación por parte de la Comisión Federal de Comunicaciones, nombrada por Trump, para comprar el estudio Paramount, propietario, además, de la cadena CBS. Skydancer también planea la adquisición de Warner, dueño de Discovery, HBO y CNN, lo que le daría al trumpismo el control, o influencia, sobre las principales cadenas de noticias y estudios de cine y televisión.




Pero los tentáculos de la familia Ellison no se limitan a Estados Unidos; el patriarca también ha donado más de 350 millones de dólares a la Fundación para el Cambio Global Tony Blair para utilizar la institución como promotora de sus iniciativas. Desde el ascenso del partido laborarista con el primer ministro, Keith Starmer, la fundación, además, ha conseguido el nombramiento de dos sus empleados en áreas como la secretaría de Tecnología y un equipo de trabajo gubernamental que asesora sobre políticas de datos y tecnología en el plan decenal del Partido Laborista para el Departamento de Salud. La fundación, que según sus empleados se ha vuelto en un apéndice de Oracle, promueve la idea de privatizar las bases de datos gubernamentales, sobre todo, la del Departamento de Salud, cuyo historial abarca hasta el 1948 y está valuada, al menos, en 10 mil millones de libras esterlinas. Para esto, ha sacado informes como “Gobernando en la Era de la IA: Construyendo la Biblioteca Nacional de Datos de Gran Bretaña”, según una investigación del portal de investigación LightHouse Reports.

Para Ellison, una de sus tareas pendientes es combinar miles de bases de datos en un enorme repositorio electrónico para que sea explorado por IA. Eso ·curará enfermedades y arreglará todo lo demás, le dijo a Tony Blair, el ex primer ministro británico, en un simposio sobre la reinvención del gobierno celebrado en Dubai en febrero. El billonario es un activo partidario de utilizar la IA como herramienta para una sociedad de vigilancia. Según su visión, habría cámaras por todas partes con cada movimiento analizado por IA. “Los ciudadanos se portarán bien, porque registraremos e informaremos todo lo que sucede”, declaró a los inversores de Oracle hace unos meses.

En su opinión, además; “ser primero es más importante que ganar dinero. Tengo tanto dinero. El dinero es solo un método para llevar la cuenta”.


Fuente: Bruno Sgarzini

miércoles, 1 de enero de 2025

Con la guerra de Gaza y el regreso de Trump, Silicon Valley acoge un renacimiento militar

 

       Antropóloga estudiosa de la guerra automatizada de Israel contra Palestina.


En la primera Cumbre DefenseTech de Israel, líderes corporativos y funcionarios del ejército promocionaron abiertamente su asociación en la guerra y la vigilancia impulsadas por IA.


Ponente en la Cumbre DefenseTech en la Universidad de Tel Aviv, 10 de diciembre de 2024 -DefenseTech Summit.


     El 10 de diciembre, funcionarios militares israelíes, fabricantes de armas y capitalistas de riesgo estadounidenses se reunieron en la Universidad de Tel Aviv para la primera Cumbre DefenseTech. El evento de dos días incluyó paneles sobre “El futuro del conflicto global”, “Desafíos de las espadas de hierro” (el nombre que las FDI dieron a la guerra en Gaza) y “Explorando la innovación en la tecnología de drones”. Representantes de Palantir, Sequoia Capital y Elbit compartieron el escenario con el Director General de las FDI y el jefe de LOTEM, la unidad del ejército dedicada a los macrodatos y la inteligencia artificial.

Llegué temprano el martes por la mañana y formé la fila para recoger mi credencial de entrada junto con representantes de Google Cloud y soldados uniformados de MAFAT, el ala de investigación y desarrollo del ejército israelí. El evento estaba repleto de trabajadores tecnológicos, representantes militares e inversores estadounidenses deseosos de establecer contactos.

Oficialmente, la Cumbre DefenseTech tenía como objetivo mostrar “las tecnologías y estrategias de vanguardia de Israel para abordar la seguridad global”, pero el evento parecía más bien una celebración de una nueva y desenfrenada era de tecnomilitarización inaugurada por la reelección de Donald Trump.

Se espera que las alianzas entre el ejército israelí y los capitalistas de riesgo y los jefes corporativos estadounidenses se intensifiquen bajo la administración Trump. La “campaña de eficiencia gubernamental” planeada por Trump, supervisada por Elon Musk, promueve proyectos conjuntos entre grandes contratistas de defensa y empresas tecnológicas más pequeñas, especialmente en áreas como la inteligencia artificial y la guerra con drones. Como dijo Noam Perski de Palantir en su discurso del martes por la mañana: “Todas estas personas que solían ser colegas de la tecnología ahora son colegas de la tecnología de defensa”.

Muchos de los partidarios estadounidenses de la reforma son defensores acérrimos de la estrategia militar israelí en Gaza durante el último año. Citan la rápida apertura de puertas entre el sector militar y el de las empresas emergentes como modelo a imitar, y un puñado de ellos viajó a Ramat Aviv para la ocasión.


Asistentes a la Cumbre DefenseTech en la Universidad de Tel Aviv, 10 de diciembre de 2024 - DefenseTech Summit.

Los inversores estadounidenses, con sus zapatos de cuero, sus camisas de diseño y su bótox, se distinguían de los hermanos tecnológicos israelíes que lucían camisetas Nike, vaqueros ajustados y protectores solares. Pero el bufé del vestíbulo era un auténtico crisol de culturas. Generales de alto rango y soldados de inteligencia recién llegados de la base charlaban con multimillonarios mientras tomaban capuchinos. Todos estaban ansiosos por hablar de inteligencia artificial, de inversiones vertiginosas en industrias militares y de Elon Musk.

El optimismo que anima a estas industrias bélicas no se ve atenuado por la devastación que se vive en Gaza, uno de los conflictos más letales para los civiles en la historia reciente. Las acusaciones de crímenes de guerra en la CPI y de genocidio en la CIJ han hecho poco para disuadir al gobierno de extrema derecha de Israel, y en la conferencia –como en el discurso público israelí en general– la línea oficial siguió inclinándose, obstinadamente, hacia la victoria justa. “Esta es una guerra entre el bien y el mal”, dijo el Director General del Ejército israelí, Eyal Zamir, en sus comentarios de apertura. “Es una guerra entre la luz y la oscuridad, y pronto encenderemos las velas de Janucá”.


Nati Amsterdam, director nacional de Nvidia Israel, habla en la Cumbre DefenseTech, Tel Aviv, el 10 de diciembre de 2024 - Cumbre DefenseTech.

Se trata de una narrativa que sonaría cursi si no fuera coherente con la visión maniquea del mundo que abrazan los halcones de Silicon Valley, que ahora están ascendiendo en las filas del poder político estadounidense. Entre las empresas más influyentes se encuentra Palantir, la empresa de software conocida por proporcionar software de vigilancia y selección de objetivos con asistencia de inteligencia artificial tanto a Estados Unidos como a Israel.

(Después del 7 de octubre,) la demanda de nuestros productos se disparó drásticamente. De repente, se abrieron todas las puertas”, dijo Ayelet Gilan, gerente general de Palantir Israel, a Forbes Israel en noviembre. “Aquí se creó una oportunidad única de colaboración y logramos crear relaciones que dieron lugar a proyectos conjuntos”.

La visión de la empresa Palantir fue destilada por el director ejecutivo Alex Karp en el Foro de Defensa Ronald Reagan, celebrado en Simi Valley, California, unos días antes de la cumbre de Tel Aviv. “La gente quiere vivir en paz, quiere volver a casa, no quiere oír vuestra ideología pagana progresista”, exclamó. “Quieren saber que están a salvo y que estar a salvo significa que la otra persona tiene miedo: así es como se hace que alguien esté a salvo”.

'La tecnología de defensa vuelve a estar de moda'

No es ningún secreto que Silicon Valley comenzó como un experimento del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que producía los ordenadores centrales y los microprocesadores que guiaron las operaciones militares estadounidenses durante la Guerra Fría. Israel se convirtió rápidamente en el campus satélite de la industria: IBM e Intel abrieron sus primeras oficinas en los años 70, y otros gigantes siguieron sus pasos en las décadas siguientes.

La industria tecnológica israelí, en deuda con el flujo de dinero estadounidense a fines del siglo XX, nunca ha ocultado su papel en la guerra y la ocupación regionales. Por el contrario, la estrecha relación entre el sector militar y el tecnológico es un sello distintivo de la marca de Israel como nación emergente.


Artículo promocional entregado a los asistentes a la Cumbre DefenseTech en la Universidad de Tel Aviv, el 10 de diciembre de 2024 - Cumbre DefenseTech.

Sin embargo, desde los años 1990, las empresas tecnológicas estadounidenses han tendido a negar sus orígenes militares y, en cambio, se han promocionado como bastiones liberales (el lema de Google era literalmente “no seas malo”). Aunque los contratos militares eran comunes, los directores ejecutivos se aseguraban de que se firmaran en secreto para evitar la ira de los empleados que protestaban abiertamente por las aplicaciones militares de sus productos.

En eventos anteriores de la industria que cubrí, a partir de 2019, los fundadores y generales hicieron todo lo posible para asegurarle a la audiencia que la vigilancia algorítmica y la selección de objetivos con drones ofrecían herramientas de guerra más precisas y, por lo tanto, más humanas. Era parte de una narrativa más amplia, impulsada por elementos más centristas en el gobierno de Israel y un establishment de seguridad históricamente liberal, de que las tecnologías digitales y automatizadas ayudarían a minimizar el impacto de la guerra y la ocupación en las vidas de los civiles.

Sin embargo, en los últimos años, la situación ha cambiado lentamente, tanto en Estados Unidos como en Israel. Hoy, los fundadores de empresas tecnológicas estadounidenses se consideran una nueva clase guerrera, orgullosa de estar rehaciendo su país a imagen de la “nación guerrera” de Israel. El gobierno de extrema derecha de Israel y la realeza de Silicon Valley se adhieren a una doctrina de seguridad de “paz a través de la fuerza”, y promueven demostraciones letales de fuerza como la única manera de apuntalar la seguridad nacional, o lo que Alex Karp, de Palantir, describe como “asustar a tu enemigo hasta dejarlo sin aliento”.


Palestinos inspeccionan un automóvil destruido por un ataque con drones israelí que mató a dos personas e hirió a varias más, en Al-Mawasi, en el sur de la Franja de Gaza, el 23 de diciembre de 2024 - Abed Rahim Khatib

En la Cumbre DefenseTech de este año, parecía que no había necesidad de apelar a las normas diplomáticas ni a las leyes internacionales de derechos humanos. Hamutal Merido, exdirectora general de Palantir Israel, lo explicó a la audiencia: “Cuando estaba en Palantir, solíamos hacer manifestaciones fuera de nuestras oficinas”, recordó. “Ahora, todo el mundo parece pensar que [la tecnología de defensa] está de moda otra vez”.

Shaun Maguire, socio de la firma estadounidense de capital de riesgo Sequoia Capital y defensor declarado de la estrategia militar israelí en Gaza, ofreció a la audiencia un panorama igualmente optimista para el complejo militar-industrial actual: “Si yo hablaba con la gente hace tres años, decían que eras una mala persona si trabajabas para el ejército. Pero ahora las cosas son muy optimistas: la psicología de todo el asunto está cambiando”.

Una nueva era de asociación

En 2024, Trump se presentó con una plataforma aislacionista de “Estados Unidos primero”, oponiéndose a la participación en guerras lejanas. Pero para Palantir y otras empresas tecnológicas patrioteras que se unieron en torno a su campaña, la guerra de Israel en Gaza subrayó la importancia de invertir en tecnologías militares.

La gente está observando lo que está sucediendo en Ucrania o Israel… y dice: ‘Hombre, me encantaría dedicar tiempo a trabajar en cosas que van a cambiar el rumbo de la humanidad’”, dijo Trae Stephens, cofundador de la firma estadounidense de tecnología de defensa Anduril, en una entrevista con Wired en septiembre. A principios de este mes, Anduril y Open AI anunciaron una asociación para suministrar al Departamento de Defensa de Estados Unidos sistemas de defensa asistidos por IA, y Stephens consultó recientemente con el equipo de transición de Trump sobre los planes para renovar el ejército estadounidense.

Desde el 7 de octubre, las tropas israelíes han recurrido a una serie de armas y sistemas de vigilancia (muchos fabricados o mantenidos por gigantes tecnológicos estadounidenses como Palantir, Amazon, Google y Microsoft) en el incesante bombardeo aéreo y terrestre de Gaza, que mató al menos a 45.000 personas y dañó o destruyó el 60 por ciento de sus edificios. Y, como reveló el informe de +972, se utilizaron sistemas de orientación con inteligencia artificial como Lavender y The Gospel para aumentar el número de muertos en toda la Franja, a menudo en flagrante violación del derecho internacional.


Soldados israelíes en Beit Lahiya, en el norte de la Franja de Gaza, el 28 de noviembre de 2024.

Pero si bien estas tácticas no han logrado los objetivos de Israel en Gaza, la prolongada guerra –que el ex jefe del Estado Mayor del ejército Moshe Ya'alon describió recientemente como equivalente a una “limpieza étnica”– ha reforzado las carteras de los directores ejecutivos de empresas tecnológicas y los capitalistas de riesgo estadounidenses. Muchos de ellos siguen cerrando nuevos acuerdos con el ejército israelí e inyectando dinero en el mercado local de tecnología militar.

A principios de este mes, una firma de inversión estadounidense compró la firma israelí de software espía Paragon por más de 500 millones de dólares, a pesar de los esfuerzos de la administración Biden por frenar la venta de dichos sistemas. Las tensiones entre Estados Unidos e Israel aumentaron después de que tecnologías de vigilancia similares vendidas por NSO Group, una empresa israelí de software espía, se vincularan a violaciones de derechos humanos en todo el mundo. Los expertos del sector creen que la reelección de Trump marca una nueva era de asociación, incluso para las empresas más controvertidas de Israel.

En los próximos cuatro años entraremos en una era mucho mejor de asociación entre Israel y Estados Unidos y en una especie de visión más alineada de cómo lograr la seguridad en la región”, declaró Shaun Maguire, de Sequoia Capital, en su discurso en la conferencia. La llegada de Kamala Harris a la presidencia, añadió, “habría sido una noticia terrible para Israel”.

Lorne Abony, socio gerente del fondo de capital riesgo Texas Ventures y uno de los financiadores más prolíficos de empresas de tecnología militar israelíes desde que comenzó la guerra, lo expresó en términos más simples: “Los próximos años serán un renacimiento para Israel. Tenemos todas las piezas en su lugar en el Departamento de Defensa [de Estados Unidos]”. La multitud aplaudió con fuerza.

Fuente: +972Magazine