Mostrando entradas con la etiqueta UCAM. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta UCAM. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de febrero de 2026

El trumpismo murciano se exhibe en la Universidad

 

Para un invierno átono y viscoso, sin frío ni calor (7 de 10)


Por Pedro Costa Morata
        Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


La Universidad de Murcia (UMU) ha decidido nombrar Doctor Honoris Causa este próximo 18 de febrero a Darío Gil Alburquerque, ingeniero y empresario nacido en El Palmar (Murcia), que ya ha sido nombrado el 11 de enero como miembro de honor de la Academia de Ciencias de la Región de Murcia. Darío está asentado desde hace mucho en Estados Unidos, pero ha de suponérsele un gran amor a la tierra que lo vio nacer y un deseo intenso de volcar en la misma sus amplias posibilidades de poderoso empresario de una súper multinacional, nada menos que IBM (una entrega al terruño de la que no consta, hasta ahora, dato alguno). Y también ha sido designado como subsecretario para Ciencia e Innovación en el Departamento de Ciencia del Gobierno norteamericano, y dicen que el mismísimo Trump ha marcado, con su visión fina y preclara, este nombramiento.


Darío Gil, nombrado miembro de la Academia de Ciencias de Murcia (La Verdad).

Hace muy pocos años la Universidad Católica de Murcia (UCAM) nos sorprendía con el anuncio hecho por su rector y dueño, José Luis Mendoza, de distinguir como Doctor Honoris Causa a Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel y destacado criminal internacional. Pienso que, debido a circunstancias del momento, desde el Vaticano le pararon los pies al piadoso Mendoza, y tamaña fechoría quedó en potencia, más no en acto. En el texto que sigue expongo las características que más me chocan de este otro acontecimiento inminente en la UMU, sin la menor intención de establecer comparación alguna con la ocurrencia aquella de la UCAM, que aquí evoco como incalificable infamia universitaria.

Lo de menos es -como me dicen- que las autoridades académicas hayan decidido saltarse la cola de futuros homenajeados con el mismo título, y hayan perdido el trasero tras el eminente Gil, que no tiene culpa de esto aunque, listo como sin duda es, debiera de trocar el comprensible regusto del privilegio por una cierta sospecha de que sus admiradores académicos no cumplen con mínimos de cortesía general. Lo peor es que, vistas las agudezas en que gustan incurrir nuestras universidades, no tengamos más remedio que afilar el análisis y señalar con precisión los rasgos inocultables de la iniciativa de la UMU. Examinemos, pues, los tres aspectos que en mi modesto entender han de ponerse a disposición de la opinión pública para que los someta a su discreto y ponderado escrutinio: lo científico, lo empresarial y lo político.


José Luján, rector de la UMU.

En primer lugar, pues, está el carácter científico del homenaje, ya que surge de la institución científica por excelencia de nuestra región, la ya centenaria UMU. Esto plantea, inmediatamente, la duda principal sobre lo acertado del caso, puesto que no queda claro si este laurel ha de considerarse un verdadero homenaje a la ciencia, como pretende ser, o si es que resulta una gracia de pueblerinos desocupados y desnortados (o algo peor).

Veo en los figurantes de este programa de galardones de que se hace objeto a Darío Gil, a personajes de las ciencias naturales y de las pseudociencias informáticas, un área esta del conocimiento que como sociotecnólogo así las califico, por considerar que la digitalización desde el punto de vista de la naturaleza se parece mucho a una agresión, y desde lo social una estafa imperdonable. En cualquier caso, ni la ciencia o la tecnología son capaces de resolver ningún problema importante de la humanidad, aunque sí someten a ésta a toda clase de humillaciones y amenazas. Es visible, en el grupo que se exhibe pavoneándose alrededor del de El Palmar, la ausencia de filósofos, sociólogos, humanistas, historiadores o literatos, que me inspiran mucha mayor confianza que ingenieros, informáticos, físico-químicos e incluso biólogos, al tener que manejar decisiones o políticas universitarias que inevitablemente han de ceñirse a una ética rigurosa; y me deja perplejo y encrespado, ya que esta -digamos- especialización parece relacionarse, imprudentemente, con la característica básica del homenajeado, que es la ingenieril; pero refleja la compartimentación disciplinar en la universidad española y la formación especializada, ergo inculta, con que se dota a las carreras ingenieriles y de ciencias naturales.

O sea, que no veo yo que la efemérides prevista vaya a corresponder, ni directa ni evidentemente, con un acontecimiento cabalmente científico sino como, más bien, una fantasmada al hilo de los tiempos de confusión y fraude que nos envuelven y asaltan, en los que a los ciudadanos de a pie se nos suministra, cada día y en cada trance, gato por liebre.

Aun así todavía me parece más relevante el aspecto empresarial de la entrada en tromba de Gil Alburquerque en el walhalla de la ciencia murciana, ya que el personaje es un empresario de tomo y lomo: vicepresidente senior de IBM y director de IBM Research (hasta ahora, ya que sus nuevas obligaciones en el estado mayor científico trumpista lo obligará a suspender por un tiempo sus labores típicamente empresariales, a las que regresará cuando pierda los favores del impredecible Trump). Porque si la Academia decide premiar a un empresario es necesario contemplar a su empresa bajo la lupa de los méritos universitarios, que siempre habrán de someterse a una (muy) alta exigencia ética. Hay entonces que aportar algunas pinceladas de la historia y el papel de IBM en la guerra y, concreta y exclusivamente por mor de brevedad, en el genocidio palestino a manos del Estado de Israel, para que quienes admiran a IBM y a sus directivos en todo el mundo afinen su idea de la excelencia o del poder empresariales reparando en su intervención en guerras de agresión, expansión o aniquilación.

A este respecto, no hace mucho que la relatora de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, en su demoledor informe (considerado “histórico”) De la economía de la ocupación a la economía del genocidio (30 de junio de 2025), dirigido al Consejo de Derechos Humanos de la organización internacional, ha señalado a varias decenas de empresas tecnológicas por su implicación directa en ese genocidio, citando entre ellas en primer lugar a IBM, Caterpillar y Airbnb, y concretando la participación de este grupo en la prestación de “servicios en la nube e inteligencia artificial al ejército israelí para operar sistemas de armas y seleccionar objetivos de bombardeo. Esto incluye ataques contra miembros de bajo nivel de Hamás y contra sus esposas, hijos y vecinos, personas que viven en el mismo edificio”. Albanese ha instado a la Corte Penal Internacional a que inicie acciones contra estas empresas por su relación con el genocidio (Revista Raya/Derechos Humanos, 25 de julio de 2025), concitando las iras y el boicot miserable del presidente Trump y del secretario de Estado, Marcos Rubio.


Son numerosas las multinacionales tecnológicas implicadas en la guerra de Gaza (Amnistía Internacional España).

Por su parte, la organización BDS/Freedom-Justice-Equality, en su informe Ninguna tecnología para la Opresión, el Apartheid o el Genocidio alude a que gigantes del sector tecnológico como Google, Amazon, Microsoft, IBM y Palantir han creado sistemas avanzados de armas de inteligencia artificial denominados “fábricas de asesinatos”, añadiendo que estas empresas “equipan al ejército israelí con sistemas informáticos y tecnologías de vigilancia y comunicación para acelerar el genocidio en Gaza y automatizar el apartheid en Cisjordania”. 

Y, last but not least, en su edición de 2 de julio de 2025 elDiario.es informaba de que la empresa IBM está presente en Israel desde 1972 y que desde 2019 ha operado y actualizado la base de datos central de la Autoridad de Población, Inmigración y Fronteras israelí, “lo que permite la recopilación, el almacenamiento y el uso gubernamental de datos biométricos sobre palestinos y apoya el régimen discriminatorio de permisos de Israel”. Este régimen de permisos es el que impide el acceso y la entrada de la población palestina a determinadas zonas controladas por Israel. La organización Periodismo de Izquierda precisaba (28 de julio de 2025) que “la tecnológica estadounidense IBM capacita al personal militar y de inteligencia” (de Israel, aclaro).

Por supuesto que quienes avalan a Gil dirán que la ciencia es per se inocua y autónoma, que no tiene que ver, en sí misma, con el uso que se haga de ella, y mucho menos con el martirio de millones de seres humanos en Gaza, Cisjordania y un poco por todo el mundo. O incluso que las empresas son cáscaras ingeniosas e inocentes, sin que importe el llenado que de ellas se haga con objetivos, directivos o clientes; u otras patochadas de semejante jaez. Así se expresan los falsos científicos, carentes de la ética y del discernimiento a que obligan no ya la propia ciencia -que ha de buscar el conocimiento justo para los seres humanos, los objetivos generales y benéficos, la sabiduría de la experiencia universal e histórica- sino también la naturaleza humana, sensible y compasiva, en todo tiempo y lugar. Tómese nota del íntimo, aunque intenso, desprecio de quien esto escribe hacia los que así piensan o se expresan.

Y así, hemos de enfrentarnos con la tercera faceta de la aparentemente jubilosa movida que en unos días nos han preparado tan distinguidos figurones de toga y birrete: el trumpismo que subyace en esa decisión y que resulta imposible obviar, ya que el núcleo del asunto reside en honrar a un ingeniero y empresario que ha sido seleccionado para la institución científico-gubernamental del Gran Mamarracho de la Casa Blanca. Y esto sucede a manos de un grupo de profesores universitarios del que tengo que excluir cualquier ignorancia, sea esta científica, política o humana, y que -a falta seguramente de historiadores o periodistas en su seno- parecen ignorar que el Gran Dictador de Washington está dando muy parecidos pasos, con meras adaptaciones a los tiempos, que Hitler y su camarilla de alucinados y canallas, entre los que numerosos científicos cubrieron de oprobio a la Humanidad y a la Historia; y que llevó al mundo al desastre sin que en ese itinerario ominoso faltaran los adictos y entregados, así como los entusiasmos y los parabienes.

Me asalta la duda de si el exaltar a Gil se debe más a haber accedido al coro trumpista que a sus méritos ingenieriles o empresariales, ya que poco o nada sabíamos de nuestro hombre hasta ser tocado por la varita del Gran Ignorante norteamericano; ni a los capitostes de la UMU se les había ocurrido ensalzarlo hasta alcanzar esa singular posición en un Gobierno que atemoriza y amenaza al mundo. ¿Se trata, entonces, de una decisión basada en un ataque premeditado a la ciencia y la ética o es, sin más, una exhibición de conservadurismo reaccionario, de ese que embota y bloquea el sentido común del ciudadano medio y hasta esa moral académica que, sin embargo, está obligada explícitamente a la ejemplaridad?

Pasmémonos los ciudadanos murcianos, con tantos millones de todo el mundo suficientemente amedrentados por Trump y su agresividad típicamente fascista, este día 18 de febrero por el delicado gesto de irresponsabilidad y papanatismo con que nos va a obsequiar la universidad murciana. Y horroricémonos, porque no nos queda otra, de esta exhibición, auténtico ejemplo de libro, de ciencia sin conciencia. Ese grupo que he visto en la prensa, auto investido de comité de propaganda del trumpismo, variación científica, sin duda se ha saltado el comité de ética universitario. Y si tal comité no existe debiera de haberse creado con urgencia antes de incurrir en tan sublime desfachatez, dando una oportunidad a que se expresara el espíritu universitario, que siempre hay que considerarlo ético y social, es decir, enemigo de cualquier pueblerinismo y siempre alineado, entre otras cosas, con la paz y la decencia internacionales (que es justamente lo que vulnera, en grado excepcional, el trumpismo y su cohorte de trumpistas). Salvo que nuestros próceres universitarios se hayan propuesto perpetrar toda una -redonda, meditada, cualificada- provocación.

No podemos saber hasta qué punto el murciano excepcional al que venimos aludiendo, asume el trumpismo, siquiera en su versión “científica”, ya que esto corresponde a su fuero interno y en ningún momento se ha expresado en relación con tan espinosa cuestión, pero me cabe la convicción de que -disimulos científicos aparte- en la escenificación que viene o se premia a un trumpista o al menos a un servidor del trumpismo, sea por vínculo personal sea por adhesión al sistema. Que -prensa al canto- ha sido el mismísimo Trump quien ha nombrado a nuestro agraciado empollón director de Misión Génesis, que “combinará ciencia y seguridad”, que es el binomio que más asusta, y con razón, a la humanidad atrapada en el paradigma securitario y la procacidad científica. La descripción que Darío Gil da de su especialidad y su misión en la élite científica yanki a mí, como escamado estudioso de las inhumanidades de la informática avanzada, me pone los pelos de punta.

No se pierdan mis lectores, en este reino panocho de pelotilleros sumisos y cortesanos ausentes de decoro, la joya periodística que, sin mediar prudencia ni pundonor algunos, el periodista de corte y encargo, J. A. Ruiz Vivo, despliega en el artículo (apologético, no, lo siguiente) “Los Gil Alburquerque” (La Verdad, 22 de enero de 2026) que, referido a nuestro sabio, y de paso, a su familia, respalda el sentir universal con un “Y Trump, Donald, que de tonto no tiene ni el flequillo, lo fichó de inmediato para su consejo presidencial de asesores de ciencia y tecnología en la Casa Blanca”, rematando el elogio con la frase (lapidaria, como suelen ser todas en pluma tan agraciada): “’Es un empresario y científico brillante’, que proclamó Trump en su red social”. Este conocido periodista del staff conservador de toda la vida dice otras necedades y babosadas en tamaño e infumable pasquín, pero su perspicacia queda establecida con este botón de muestra.

Buena ocasión es esta para ponernos en guardia, sin ceder un ápice al conformismo, ante ese veneno ultra que infecta a la Región en casi todos los niveles y sectores, y que se refleja necesariamente en sus instituciones alcanzando, como tragedia moral de primer orden, a nuestra Universidad. (Por lo demás, solo nos falta saber qué planeará la Universidad Politécnica de Cartagena, que no querrá quedarse atrás en la selección de algún objetivo de prestigio al que coronar con su honoris causa, y menos cuando puede que no haya encajado del todo bien que la UMU le haya “robado” un singular trofeo, llamado lógicamente a ser suyo por su naturaleza eminentemente tecnológica y empresarial. Miedo me da.)


domingo, 12 de octubre de 2025

Aquella brisa de los veranos de antes (18 de 20)

 

 Por  Pedro Costa Morata
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

De la salud de los murcianos: mala para la gente, buena para las empresas


         Pensaba yo ir liquidando esta serie de “brisas” con una amable alusión, de enfoque anecdótico, a las ocurrencias y chascarrillos con que me encuentro cada día en la prensa y el discurrir de esta hermosa tierra murciana, pero no ha habido manera. Porque me he encontrado, en cuestión de días, quizás horas, con informaciones y datos que insisten en que nuestra región está enferma y sin síntomas de mejora alguna, ya que vive una extensión desmesurada de afecciones y sufrimientos. Tres diagnósticos de salud inquietante, dos malas y una “buena”, quiero poner de relieve, empezando por el estado político, siguiendo con el psíquico y acabando en el económico.

La encuesta sobre intención de voto de los murcianicos recientemente dada a conocer es como para sacar de quicio a quienes -minoría decreciente, según debe deducirse de ese mismo sondeo- se empeñan en sacar a la Región del subdesarrollo cultural y político. Porque resulta que según avanza el tiempo la situación es cada vez más regresiva, sufriendo sobre todo de una incultura estructural y persistente que, dejándose sentir especialmente en el terreno político, impide desarrollar en la ciudadanía criterios maduros y profesar una vida pública, con sus eventos electorales, de lustre y esperanza. Y hemos tenido que embucharnos lo de que “Vox sobrepasa al PSOE y se convierte en la segunda fuerza política regional”, ni más ni menos, como si esto ya estuviera inscrito en nuestro destino y hubiera de ser ineluctable el triunfo de la caspa y la caverna. El PP se deja comer por el Vox, que le quita tres escaños, pero los ultras ganan cuatro, por lo que muerden también en el -raro, enrarecido y rarificado- espacio socialista, que pierde uno.


Antelo, líder de Vox, en Torre Pacheco (La Sexta).

Lo de que el primer problema que preocupa a los encuestados son los políticos es culpa de los políticos, sin duda alguna, pero lo de que la inmigración es la segunda preocupación pertenece directamente a la ignorancia rancia de ese alto porcentaje del personal evaluado que se deja llevar por el discurso necio y racista de populares y voxistas; y en ese porcentaje destaca el cerrilismo de buena parte de nuestros jóvenes: los menores de 28 años se decantan por Vox en un 21,7 por 100, así que estamos apañaos.

Mi primer comentario es que esta tierra nuestra, desoladora en numerosos aspectos de casi imposible arreglo, los preocupados debemos transitarla entre una y otra desolación, sin asustarnos demasiado, ni siquiera lamentarnos: solo enfurecernos y afilar el hacha del combate diario. La segunda nota es que, inevitablemente, hay que analizar el hecho y localizar responsabilidades, que eso también sabemos hacerlo los pertenecientes a la tribu desolada. Y no nos cansemos de decir que es la incultura general reinante, que procede tanto de una tradición de conformismo e ignorancia como de una institución educativa que hace agua por cada vez más vías. Hace tiempo que me dio por pensar, afrontando la realidad murciana y en particular el papel de los niveles de la enseñanza superior (a los que se les atribuye ascendiente e impacto en la marcha de los asuntos de la Región), que según hemos ido aumentando en universidades, Murcia ha ido entrando en más y más oscuridades socioelectorales… La UPCT, por ser ingenieril, ergo generadora de indiferencia cultural cuando no de hostilidad, y por estar siempre dominada por algún estamento -las minas, la agricultura- no aporta genio (positivo) cultural o político, y cada día que pasa se compromete más y más, por ejemplo, con las canalladas de la agricultura y la ganadería intensivas. Y la UCAM, un negocio que pretende ser evangélico (no tienen morro ni na) pero que se engancha a fuerzas reaccionarias y tóxicas sin dudarlo en absoluto, lo envilece todo a base principalmente de su avidez en el control político de la Murcia retrógrada, con un PP sometido pero beneficiario (tengo que ver cómo está Vox en esto, que supongo que irá ganando puntos en esa universidad farsante y embaucadora).


Mendoza, presidente de la UCAM, con Netanyahu, líder del Estado genocida de Israel (Europa Press).

Del anecdotario que siempre acompaña a los pronunciamientos de nuestros líderes políticos, debo destacar las reacciones de varios de ellos a la encuesta sobre el ascenso de Vox (La Verdad, 2 de octubre). Así, Joaquín Segado, de los populares esquilados, se salía por la tangente y se jactaba de que “el PP sigue siendo el partido más votado y suma más escaños que toda la izquierda junta” (¡ele!), no sin dejar de cumplir con la consigna: “Pedro Sánchez es el verdadero responsable… etc.”; la socialista Carmina Fernández apelaba a que “el PSRM continuará centrado en construir un proyecto en el que prime el diálogo y la centralidad” (¿no hay demasiado de “centro” en ese discurso?); María Marín de Podemos, disparaba a López Miras, según su propio plan, considerándolo “el primer responsable del crecimiento de Vox por comprar todos sus marcos y sus propuestas”; y Rubén Alpañez, de los ganadores, lanzaba su dardo de asalto, propio de todos los fascismos en auge: “Los políticos no resuelven los problemas de los ciudadanos, por lo que necesitamos un cambio de rumbo” (¡atención!).

El segundo serio problema de salud murciana (sin meterme con la salud pública como sistema decadente) es el de las afecciones psíquicas, que era lo que nos faltaba. Un estudio del Consejo Económico y Social acaba de evaluar en un 23,4 por 100 el porcentaje de jóvenes de entre 18 y 24 años que dicen haber sufrido algún problema de salud mental, proporción que sube al 27,2 para la fracción de entre 24 y 30 años. Y dos días después se daba a conocer que, según un estudio de dos instituciones de estudios socioeconómicos, las incapacidades laborales temporales por factores mentales/emocionales han aumentado en la Región un 79 por 100 entre los años 2018 y 2023, adelantando a las causas traumatológicas en este tipo de bajas profesionales. Pero mientras el sindicato UGT destaca como causa la presión sufrida a nivel laboral, así como las dificultades para la conciliación familiar, los empresarios de la CROEM lamentan la pérdida de productividad que esto conlleva por las horas perdidas y piden a las mutuas que se interesen más por este problema (ya que ellos no tienen nada que ver con esto, deberán pensar). Por cierto, que casi el 44 por 100 de los jóvenes encuestados dicen preferir ser empresarios, mejor que funcionarios o asalariados, lo que da idea de no sé muy bien qué tipo de pájaros, ilusiones o espejismos bullen en esas cabecicas.

       Coincidiendo con estas noticias, la prensa destacaba (La Verdad, 9 de octubre) el anuncio del presidente López Miras de que el hospital de La Arrixaca abrirá una nueva planta para atender los problemas de salud ¡de los menores de 16 años!, y se informaba también de que el hospital Morales Meseguer ampliará las camas y los profesionales destinados a tratar estas enfermedades. Leyendo esto, este cronista no sabe si enfurecerse o echarse a llorar.

          No decae, sin embargo, la salud de nuestros empresarios y empresas, que ya no hacen demasiados esfuerzos por ocultar lo bien que les va con un Gobierno regional siempre a sus órdenes y suministrador permanente y obsequioso de subvenciones, ventajas y garantías.

        En especial, se congratulan de que esa obsequiosidad prolongue y repita la desregulación normativa, que ellos y el Gobierno regional llaman “simplificación administrativa”, y que a punto están de obtener la cuarta ley regional de ese cariz pero que, por ejemplo, en lo que se refiere al medio ambiente, consiste en asalto y ensañamiento ecológicos. Que sepan, pese a su entusiasmo, que no les resultará fácil ni a unos ni a otros.

       Siguen fluyendo desde las arcas públicas a estos trajinantes de la economía regional generosas subvenciones que muestran generalmente un objetivo tan descarado como contradictorio, que es el de -resumiendo- “innovar tecnológicamente y crear empleo”, lo que, siguiendo la obsesión de la productividad supone, ni más ni menos, que echar gente a la calle. Atroz, pero certero, me ha parecido la frase de Manuel Laínez, director de la Fundación Cajamar: “El desafío de la mano de obra para el campo será superado por la tecnología”, en una entrevista generosamente dotada por La Verdad del 30 de septiembre, lo que, a más de mostrar una obsesión (“desafío”, dice el tipo) por eliminar empleo también en el campo (y pese a los salarios de miseria), deja bien claro de qué va toda esa carrera por la innovación y la productividad. Pero no menos reincidente ha sido lo que pudo oírse en una Jornada empresarial Región de Murcia-Comunidad Valenciana, organizada por ese mismo diario, de la que reproduzco las más repetitivas alusiones, siempre en el mismo sentido del ventajeo y el chantaje administrativo: “excesivas normas”, “legislación inabarcable”, “reto regulatorio”, “vertebración de normas ágiles”, eufemismos todos ellos que significan y persiguen lo mismo: desarme normativo de las administraciones y barra libre para el negocio empresarial.

También recientemente ha vuelto a ser noticia el aeropuerto de Corvera, no solo por su enquistada penuria de tráfico y de pasajeros, que era lo que tantos dábamos por seguro, sino por el cabreo que han agarrado políticos y empresarios (más ciertos periodistas, como Buitrago y Ruiz Vivo, copartícipes a título de voceros y propagandistas de San Esteban en este y otros disparates) clamando contra el Ministerio de Fomento por olvidarse del aeroengendro surgido del prolífico megalómano Valcárcel, en un plan de inversiones de los aeropuertos españoles que, lógicamente, deja fuera al de Corvera por ser privado. Continúan, mientras tanto, los contenciosos entre el Gobierno regional y la primera concesionaria del aeropuerto, liderada por SACYR y el intrépido Luis del Rivero, otro ilustre producto, fracción ultra, de la cosecha de grandes benefactores de la tierra murciana, y tan rico en millones como en escándalos empresariales; esa empresa le acaba de sacar 160 millones de euros a la Comunidad Autónoma de resultas de una sentencia judicial sobre inversiones realizadas antes de perder la concesión.


Aeropuerto de Corvera (murciaplaza).

No obstante las deficiencias de esta tierra -que aquí he querido destacar solo en cuanto a salud de tres ámbitos distintos-, cada día aparece algún iluminado, en realidad ignorante, que destaca el “carácter pionero” de cualquier chorrada surgida de su fatua imaginación y que los medios tradicionales, habitualmente crédulos, ventean con jolgorio y atribuyen, automáticamente, a la grandeza y el ingenio atesorados por esta Región pasmosa y privilegiada.


domingo, 25 de agosto de 2024

La Biblia de Netanyahu

 

Respingos de la calor (5 de 10)



 Por Pedro Costa Morata

No debemos cansarnos -por más que el esfuerzo que se nos pida pueda resultar agotador- de poner en evidencia la “imposibilidad” legal, histórica y política del Estado de Israel, entidad responsable de múltiples crímenes y aberraciones, y cuya existencia debe atribuirse, exclusivamente, a la violencia y el poder militar. Sobre todo si se trata de expresiones y proclamas de su actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, reconocido criminal que puja con el mayor entusiasmo por tener su lugar entre los genocidas más acreditados de la Historia moderna. Detengámonos, como propongo y aun sabiendo del tedio y la ira que suscitan, en las palabras que con cierta frecuencia pronuncia este Netanyahu admirado por (casi) todo Occidente, cuando tiene que opinar sobre los crímenes de Israel sobre el pueblo y la tierra palestinos: “Esta tierra nos pertenece porque lo dice la Biblia”.




En el mundo cristiano en general la sobrevaloración de la Biblia se vive en silencio, con el comprensible miedo a reconocer que todo lo que se relaciona con ella en materia de creencias y de fe, de “respaldo histórico” y de encumbramiento de un monoteísmo supremacista, con el espantoso hecho de los crímenes cometidos en su nombre, carece de fundamento material. El mundo judío lo ve de otra forma, ya que se apropia la Biblia con inocultables esfuerzos de exclusividad, dada su tirria hacia el cristianismo (cordialmente correspondida, como todos sabemos). Y por lo que al sionismo se refiere, la utiliza como principal arma de legitimidad puesto que -como sucede en el caso del Estado de Israel y en gran parte del judaísmo internacional, principalmente el norteamericano- resulta imposible detectar la existencia de una etnia judía, siendo ajenos a ella los dirigentes sionistas fundadores de ese Estado y la mayor parte de la población israelí actual: ni son judíos ni son, en consecuencia, semitas sino europeos orientales con origen lejano centro asiático.

Para justificar sus crímenes contra el pueblo palestino y dar legitimidad a ese Estado que contraviene la legalidad internacional desde su mero anuncio (Declaración Balfour, 1917), y dado que no corresponde a derecho alguno de una etnia judía, por inexistente e indemostrable, los líderes israelíes echan mano de la Biblia apelando a “fundamentos religiosos” para justificar su existencia. Y así, pese al ateísmo o descreimiento de gran parte de sus fundadores y dirigentes, el Estado de Israel se convierte en construcción teocrática de hecho, en estridente contradicción con la Historia y el Derecho y la Justicia internacionales.

Porque tampoco cabe, bajo ninguna cobertura sensata, incluyendo la política, que haya de admitirse la existencia de un Estado por razones confesionales, que es lo que, sin embargo, hay que consentir. Y siendo de tan descomunal tamaño esa agresión a la sensatez política, el mundo entero se ve obligado a tragarse esa píldora, a la que -ahítos de poder y de arrogancia, de abusos y de impunidad- los sionistas nos han acostumbrado. A esto, desde luego, contribuye la Biblia, de contenido literario tan estimable como anómalo es su discurso religioso y, lo peor de todo, de ausencia casi absoluta de historicidad. Pero que sí le sirve a esos que se la apropian aferrándose al literal más oportunista e indigerible -es decir, racista, exterminador- puesto en boca de aquel Yahvé que el pueblo hebreo inventó para su uso exclusivo y supremacista.

Netanyahu suele proclamar ese “derecho de base bíblica”, como exabrupto de difícil parangón, cuando su pandilla en el poder perpetra alguno de los frecuentes expolios de la tierra palestina, según la política de bantustanes y siguiendo el plan de segregación de la ribera occidental del Jordán de la propia Cisjordania: Y lo ha repetido estos últimos días -con la intención adicional de recordar al judaísmo internacional que mejor controla, es decir, los lobbies norteamericanos- que no hay que hacer caso a las condenas internacionales -las colonias judías son crímenes de guerra- ni a su propia imputación por el Tribunal Penal Internacional -por crímenes de guerra y contra la Humanidad-, ni por supuesto prestar demasiada atención a los 39.000 civiles asesinados -que llevaba a la espalda cuando entró sonriente y victorioso al Capitolio-; toda esa acumulación de méritos recientes fueron la preparación de su último viaje a Estados Unidos, buscando la aclamación de la flor y nata de la clase política estadounidense en respuesta a esa ristra de iniquidades.

Y ahí hemos visto a Netanyahu poniendo en pie, para aplaudirlo y aclamarlo, a senadores y representantes del muy democrático Congreso de los Estados Unidos, a los que periódicamente los líderes israelíes les recuerdan -sin necesidad de palabras expresas- que están ahí gracias al dinero de los lobbies norteamericanos, principalmente de la AIPAC, directamente controlados por Israel, sin el que la inmensa mayoría de esos sinceros entusiastas nunca harían carrera política. Por eso, si Netanyahu les pide que le aplaudan con las orejas, lo harán ruidosos y entregados. Esos incondicionales de Israel también creen -siendo la mayoría ateos o descreídos- que Israel acoge al Pueblo Elegido, ya que fue designado como la Tierra Prometida por la Biblia y por Yahvé. Y ellos, los que se consideran judíos y los que no, también comparten -si bien en un grado menor de prestigio, nobleza e incluso de distinción- el origen divino de su historia, la norteamericana, con el heroico esfuerzo puesto en la aniquilación de los amerindios y la no menos providencial saga, con más de dos siglos de éxitos, de su dominio del mundo.




Aparte de pasearse por Washington con su arrogante exhibición de vilezas, correspondidas con tan vivas muestras de aprobación, al acudir en plena feria de la candidatura demócrata a la Presidencia norteamericana Netanyahu ha trasladado- con sus gestos, la costumbre sionista y el poderío israelí- que el próximo presidente, o presidenta, solo llegará a serlo si expresa, por activa y por pasiva, de aquí a noviembre, que la política norteamericana hacia Israel no cambiará ni un ápice, dando a entender que no se conmoverá en absoluto por las masacres de inocentes. Con lo que, asegurado y reconfortado, el cautivador Bibi ha regresado a la Tierra Prometida a seguir con lo suyo y la guerra de los tres frentes, sabiendo que en ninguno de ellos vencerá, aunque los marcará a sangre y fuego con la destrucción inmisericorde de vidas y haciendas (que es muy distinto).

Cómo no evocar, desde esta pasmosa tierra murciana, cuyos dirigentes tantas veces demuestran proximidad y colusión con este Israel agente singular del terror internacional, la idea de aquel dueño y fundador de la UCAM, José Luis Mendoza, de nombrar al brillante intelectual Netanyahu como doctor honoris causa, a lo que, llevado de santa ira, contesté con mi invectiva “¿Netanyahu en Murcia?”, aprovechando para subrayar que “es, sí, el rótulo y la pretensión de ‘católicos’ en la UCAM, lo que me resulta grotesco e insoportable: porque no creo que tal iniciativa pueda pretenderse católica, cristiana o simplemente ética” (La Opinión, 23 de agosto de 2013). Hacer objeto de distinciones académicas a ese personaje, resumen de todas las iniquidades (aunque, también es verdad, fielmente inscrito en la línea sangrienta del relato bíblico, volcado en la preferencia a toda prueba de Yahvé hacia el pueblo hebreo), ponía en evidencia el buen ojo -iluminado de piedad y genio profético- de aquel Mendoza, protagonista reconocido de uno de los hechos más característicos del tercermundismo murciano: la universidad privada católico-reaccionaria.




Cuando conocí más detalles de la trama urdida para distinguir a Netanyahu en esta UCAM pecaminosa, dediqué al asunto un segundo torpedo, “Murcia: Universidad Católica que honra a Netanyahu”, y descubrí entre los conspiradores al “ubicuo José María Aznar, que a su integrismo estructural (¡y rampante!) añade en esta ceremonia tan grotesca dos notas complementarias: el anti islamismo y el pro sionismo; a Aznar, que dirige la cátedra de Ética Política y Humanidades de la UCAM, se le reserva el papel de padrino en ese acto miserable” (cuartopoder.es, 6 de noviembre de 2013).

(Por razones que no vienen al caso, pude alertar a quienes supuse interesados en este desafuero a través de la Nunciatura de Madrid en el nuevo equipo del recién elegido Papa Francisco, y pude tener la seguridad y una inmensa satisfacción, un tiempo después, de que hice bien y de que mi intromisión resultó acertada y bien recibida).