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lunes, 5 de octubre de 2026
jueves, 24 de septiembre de 2026
Miles de personas salen a la calle para señalar la responsabilidad del Gobierno en el desahucio de Maricarmen
Los sindicatos de inquilinos apuntan a la inacción y políticas contradictorias del Ejecutivo, que ha bloqueado medidas que hubieran impedido el desahucio de esta vecina de Retiro (Madrid) de 87 años. Concentraciones en 12 ciudades de todo el Estado
El desahucio en directo y la brutalidad policial desplegada en la operación que dejó en la calle a Maricarmen, una vecina del barrio madrileño de Retiro de 87 años, ha levantado una ola de indignación y un revuelo político cuyas consecuencias ya se han dejado notar en la tarde de este 23 de septiembre.
Decenas de miles de personas, 10.000 según los datos de Delegación del Gobierno, se concentraron a las 19h en una decena de ciudades, convocadas por la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, para protestar por el desahucio.
Las movilizaciones se han sucedido esta tarde en Madrid, Barcelona, Cádiz, Oviedo, València, Palma, Málaga, Sevilla, Ávila, Toledo y Guadalajara. Para el 24 de septiembre está prevista otra concentración en Huelva. En la nutrida concentración de Madrid, miles de personas coreaban “Aquí están los antis fascistas”, “Vergüenza”, “Fuera fondos buitres de nuestros barrios”, “Ayuso dimisión”, “El ático de Ayuso, para Maricarmen” o “Ayuso, Almeida: iros a la mierda”. Cerca de las 21h, los manifestantes cortaron la Castellana e hicieron retroceder a la policía, que respondió con cargas y disparos de fogueo. En Barcelona, se reunieron más de dos mil personas, según los convocantes.
Y no se trata solo del desahucio de Maricarmen. En la misma semana se ha producido el desahucio de Silvia en Barcelona, explican desde esta plataforma, “con un protocolo de riesgo de suicidio activado”.
Y se conoció que Olga, de L’Hospitalet, se había quitado la vida tras su desahucio.
Este 23 de septiembre también era desahuciado David, vecino de uno de los bloques de la antigua Obra Social de La Caixa, en Vallecas.
La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, reaccionó a las imágenes con críticas a los fondos de inversión y su papel en el mercado residencial. “Hemos hecho mucho. Es un día muy dramático donde se evidencian las consecuencias de no querer regular el mercado”, declaró. Unas afirmaciones con poco sustento cuando la feria internacional de los fondos que invierten en vivienda, The District, que se celebra en estos días en Madrid, cuenta con el Ministerio que dirige como partner institucional, junto con el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid.
Días atrás, el 15 de septiembre, el PSOE se abstuvo en la votación de una propuesta de ley de Sumar que pretendía limitar la venta de pisos a personas jurídicas. Y, poco antes, el 11 de septiembre, el Congreso aprobó, con la abstención del PSOE, una moción para permitir el desalojo de personas que ocupan sin contrato válido en un plazo de 24 a 48 horas. Una moción, no vinculante, que también pedía la derogación de la ley de vivienda. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, calificó el desahucio de Maricarmen como “drama social” y apuntó a la responsabilidad de Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida.
La política errática y la inacción del Gobierno en materia de vivienda han llevado a la exalcaldesa de Barcelona y líder de los Comuns, Ada Colau, a pedir que su formación se salga del Gobierno si no actúa contra los fondos buitre: “No podemos ser cómplices de la cobardía del PSOE”. Colau ha acusado a los socialistas de “bloquear cualquier iniciativa que pare los pies” a los grandes fondos que hacen negocio con la vivienda. La ministra de Sanidad, Mónica García (Sumar), pidió al Gobierno aprobar el decreto de vivienda en el próxima Consejo de Ministros. La secretaria general de Podemos, Ione Belarra, repartió culpas entre los dos principales partidos: “Tanto el PP como el PSOE son responsables de este desahucio ilegal”.
Desde la Confederación de Sindicatos de Inquilinas también señalan directamente al Gobierno de Pedro Sánchez, que “mantiene en un cajón” el Real Decreto que debía recuperar muchas de las medidas tumbadas por el bloque de derecha del Congreso, entre ellas, la prórroga de los contratos de alquiler por dos años o la moratoria de los desahucios para hogares vulnerables sin alternativa habitacional. Este decreto, según defienden desde el movimiento de vivienda, también debería incluir la regulación de los alquileres de temporada y por habitaciones.
Para la Confederación, lo ocurrido en Madrid “demuestra las consecuencias concretas de mantener estas reformas bloqueadas mientras continúan los desahucios y la desprotección de las inquilinas”.
“El Gobierno de Pedro Sánchez tiene encima de la mesa un Real Decreto Ley que podría haber impedido el desahucio de Maricarmen hoy y lo tiene guardado en un cajón. Tenemos que señalarlos y obligarles a hacer eso que no se atreven a hacer”, apunta Enric Aragonès, portavoz del Sindicat de Llogateres de Catalunya.
Fuente: El Salto
lunes, 18 de mayo de 2026
Concentración urgente en Murcia ante el nuevo ataque sionista a la flotilla de apoyo a Gaza
18 de mayo, 19:30h. Alfonso X, Edificio Delegación del Gobierno.
domingo, 17 de mayo de 2026
jueves, 12 de febrero de 2026
El trumpismo murciano se exhibe en la Universidad
Para un invierno átono y viscoso, sin frío ni calor (7 de 10)
La Universidad de Murcia (UMU) ha decidido nombrar Doctor Honoris Causa este próximo 18 de febrero a Darío Gil Alburquerque, ingeniero y empresario nacido en El Palmar (Murcia), que ya ha sido nombrado el 11 de enero como miembro de honor de la Academia de Ciencias de la Región de Murcia. Darío está asentado desde hace mucho en Estados Unidos, pero ha de suponérsele un gran amor a la tierra que lo vio nacer y un deseo intenso de volcar en la misma sus amplias posibilidades de poderoso empresario de una súper multinacional, nada menos que IBM (una entrega al terruño de la que no consta, hasta ahora, dato alguno). Y también ha sido designado como subsecretario para Ciencia e Innovación en el Departamento de Ciencia del Gobierno norteamericano, y dicen que el mismísimo Trump ha marcado, con su visión fina y preclara, este nombramiento.
Hace muy pocos años la Universidad Católica de Murcia (UCAM) nos sorprendía con el anuncio hecho por su rector y dueño, José Luis Mendoza, de distinguir como Doctor Honoris Causa a Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel y destacado criminal internacional. Pienso que, debido a circunstancias del momento, desde el Vaticano le pararon los pies al piadoso Mendoza, y tamaña fechoría quedó en potencia, más no en acto. En el texto que sigue expongo las características que más me chocan de este otro acontecimiento inminente en la UMU, sin la menor intención de establecer comparación alguna con la ocurrencia aquella de la UCAM, que aquí evoco como incalificable infamia universitaria.
Lo de menos es -como me dicen- que las autoridades académicas hayan decidido saltarse la cola de futuros homenajeados con el mismo título, y hayan perdido el trasero tras el eminente Gil, que no tiene culpa de esto aunque, listo como sin duda es, debiera de trocar el comprensible regusto del privilegio por una cierta sospecha de que sus admiradores académicos no cumplen con mínimos de cortesía general. Lo peor es que, vistas las agudezas en que gustan incurrir nuestras universidades, no tengamos más remedio que afilar el análisis y señalar con precisión los rasgos inocultables de la iniciativa de la UMU. Examinemos, pues, los tres aspectos que en mi modesto entender han de ponerse a disposición de la opinión pública para que los someta a su discreto y ponderado escrutinio: lo científico, lo empresarial y lo político.
En primer lugar, pues, está el carácter científico del homenaje, ya que surge de la institución científica por excelencia de nuestra región, la ya centenaria UMU. Esto plantea, inmediatamente, la duda principal sobre lo acertado del caso, puesto que no queda claro si este laurel ha de considerarse un verdadero homenaje a la ciencia, como pretende ser, o si es que resulta una gracia de pueblerinos desocupados y desnortados (o algo peor).
Veo en los figurantes de este programa de galardones de que se hace objeto a Darío Gil, a personajes de las ciencias naturales y de las pseudociencias informáticas, un área esta del conocimiento que como sociotecnólogo así las califico, por considerar que la digitalización desde el punto de vista de la naturaleza se parece mucho a una agresión, y desde lo social una estafa imperdonable. En cualquier caso, ni la ciencia o la tecnología son capaces de resolver ningún problema importante de la humanidad, aunque sí someten a ésta a toda clase de humillaciones y amenazas. Es visible, en el grupo que se exhibe pavoneándose alrededor del de El Palmar, la ausencia de filósofos, sociólogos, humanistas, historiadores o literatos, que me inspiran mucha mayor confianza que ingenieros, informáticos, físico-químicos e incluso biólogos, al tener que manejar decisiones o políticas universitarias que inevitablemente han de ceñirse a una ética rigurosa; y me deja perplejo y encrespado, ya que esta -digamos- especialización parece relacionarse, imprudentemente, con la característica básica del homenajeado, que es la ingenieril; pero refleja la compartimentación disciplinar en la universidad española y la formación especializada, ergo inculta, con que se dota a las carreras ingenieriles y de ciencias naturales.
O sea, que no veo yo que la efemérides prevista vaya a corresponder, ni directa ni evidentemente, con un acontecimiento cabalmente científico sino como, más bien, una fantasmada al hilo de los tiempos de confusión y fraude que nos envuelven y asaltan, en los que a los ciudadanos de a pie se nos suministra, cada día y en cada trance, gato por liebre.
Aun así todavía me parece más relevante el aspecto empresarial de la entrada en tromba de Gil Alburquerque en el walhalla de la ciencia murciana, ya que el personaje es un empresario de tomo y lomo: vicepresidente senior de IBM y director de IBM Research (hasta ahora, ya que sus nuevas obligaciones en el estado mayor científico trumpista lo obligará a suspender por un tiempo sus labores típicamente empresariales, a las que regresará cuando pierda los favores del impredecible Trump). Porque si la Academia decide premiar a un empresario es necesario contemplar a su empresa bajo la lupa de los méritos universitarios, que siempre habrán de someterse a una (muy) alta exigencia ética. Hay entonces que aportar algunas pinceladas de la historia y el papel de IBM en la guerra y, concreta y exclusivamente por mor de brevedad, en el genocidio palestino a manos del Estado de Israel, para que quienes admiran a IBM y a sus directivos en todo el mundo afinen su idea de la excelencia o del poder empresariales reparando en su intervención en guerras de agresión, expansión o aniquilación.
A este respecto, no hace mucho que la relatora de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, en su demoledor informe (considerado “histórico”) De la economía de la ocupación a la economía del genocidio (30 de junio de 2025), dirigido al Consejo de Derechos Humanos de la organización internacional, ha señalado a varias decenas de empresas tecnológicas por su implicación directa en ese genocidio, citando entre ellas en primer lugar a IBM, Caterpillar y Airbnb, y concretando la participación de este grupo en la prestación de “servicios en la nube e inteligencia artificial al ejército israelí para operar sistemas de armas y seleccionar objetivos de bombardeo. Esto incluye ataques contra miembros de bajo nivel de Hamás y contra sus esposas, hijos y vecinos, personas que viven en el mismo edificio”. Albanese ha instado a la Corte Penal Internacional a que inicie acciones contra estas empresas por su relación con el genocidio (Revista Raya/Derechos Humanos, 25 de julio de 2025), concitando las iras y el boicot miserable del presidente Trump y del secretario de Estado, Marcos Rubio.
Por su parte, la organización BDS/Freedom-Justice-Equality, en su informe Ninguna tecnología para la Opresión, el Apartheid o el Genocidio alude a que gigantes del sector tecnológico como Google, Amazon, Microsoft, IBM y Palantir han creado sistemas avanzados de armas de inteligencia artificial denominados “fábricas de asesinatos”, añadiendo que estas empresas “equipan al ejército israelí con sistemas informáticos y tecnologías de vigilancia y comunicación para acelerar el genocidio en Gaza y automatizar el apartheid en Cisjordania”.
Y, last but not least, en su edición de 2 de julio de 2025 elDiario.es informaba de que la empresa IBM está presente en Israel desde 1972 y que desde 2019 ha operado y actualizado la base de datos central de la Autoridad de Población, Inmigración y Fronteras israelí, “lo que permite la recopilación, el almacenamiento y el uso gubernamental de datos biométricos sobre palestinos y apoya el régimen discriminatorio de permisos de Israel”. Este régimen de permisos es el que impide el acceso y la entrada de la población palestina a determinadas zonas controladas por Israel. La organización Periodismo de Izquierda precisaba (28 de julio de 2025) que “la tecnológica estadounidense IBM capacita al personal militar y de inteligencia” (de Israel, aclaro).
Por supuesto que quienes avalan a Gil dirán que la ciencia es per se inocua y autónoma, que no tiene que ver, en sí misma, con el uso que se haga de ella, y mucho menos con el martirio de millones de seres humanos en Gaza, Cisjordania y un poco por todo el mundo. O incluso que las empresas son cáscaras ingeniosas e inocentes, sin que importe el llenado que de ellas se haga con objetivos, directivos o clientes; u otras patochadas de semejante jaez. Así se expresan los falsos científicos, carentes de la ética y del discernimiento a que obligan no ya la propia ciencia -que ha de buscar el conocimiento justo para los seres humanos, los objetivos generales y benéficos, la sabiduría de la experiencia universal e histórica- sino también la naturaleza humana, sensible y compasiva, en todo tiempo y lugar. Tómese nota del íntimo, aunque intenso, desprecio de quien esto escribe hacia los que así piensan o se expresan.
Y así, hemos de enfrentarnos con la tercera faceta de la aparentemente jubilosa movida que en unos días nos han preparado tan distinguidos figurones de toga y birrete: el trumpismo que subyace en esa decisión y que resulta imposible obviar, ya que el núcleo del asunto reside en honrar a un ingeniero y empresario que ha sido seleccionado para la institución científico-gubernamental del Gran Mamarracho de la Casa Blanca. Y esto sucede a manos de un grupo de profesores universitarios del que tengo que excluir cualquier ignorancia, sea esta científica, política o humana, y que -a falta seguramente de historiadores o periodistas en su seno- parecen ignorar que el Gran Dictador de Washington está dando muy parecidos pasos, con meras adaptaciones a los tiempos, que Hitler y su camarilla de alucinados y canallas, entre los que numerosos científicos cubrieron de oprobio a la Humanidad y a la Historia; y que llevó al mundo al desastre sin que en ese itinerario ominoso faltaran los adictos y entregados, así como los entusiasmos y los parabienes.
Me asalta la duda de si el exaltar a Gil se debe más a haber accedido al coro trumpista que a sus méritos ingenieriles o empresariales, ya que poco o nada sabíamos de nuestro hombre hasta ser tocado por la varita del Gran Ignorante norteamericano; ni a los capitostes de la UMU se les había ocurrido ensalzarlo hasta alcanzar esa singular posición en un Gobierno que atemoriza y amenaza al mundo. ¿Se trata, entonces, de una decisión basada en un ataque premeditado a la ciencia y la ética o es, sin más, una exhibición de conservadurismo reaccionario, de ese que embota y bloquea el sentido común del ciudadano medio y hasta esa moral académica que, sin embargo, está obligada explícitamente a la ejemplaridad?
Pasmémonos los ciudadanos murcianos, con tantos millones de todo el mundo suficientemente amedrentados por Trump y su agresividad típicamente fascista, este día 18 de febrero por el delicado gesto de irresponsabilidad y papanatismo con que nos va a obsequiar la universidad murciana. Y horroricémonos, porque no nos queda otra, de esta exhibición, auténtico ejemplo de libro, de ciencia sin conciencia. Ese grupo que he visto en la prensa, auto investido de comité de propaganda del trumpismo, variación científica, sin duda se ha saltado el comité de ética universitario. Y si tal comité no existe debiera de haberse creado con urgencia antes de incurrir en tan sublime desfachatez, dando una oportunidad a que se expresara el espíritu universitario, que siempre hay que considerarlo ético y social, es decir, enemigo de cualquier pueblerinismo y siempre alineado, entre otras cosas, con la paz y la decencia internacionales (que es justamente lo que vulnera, en grado excepcional, el trumpismo y su cohorte de trumpistas). Salvo que nuestros próceres universitarios se hayan propuesto perpetrar toda una -redonda, meditada, cualificada- provocación.
No podemos saber hasta qué punto el murciano excepcional al que venimos aludiendo, asume el trumpismo, siquiera en su versión “científica”, ya que esto corresponde a su fuero interno y en ningún momento se ha expresado en relación con tan espinosa cuestión, pero me cabe la convicción de que -disimulos científicos aparte- en la escenificación que viene o se premia a un trumpista o al menos a un servidor del trumpismo, sea por vínculo personal sea por adhesión al sistema. Que -prensa al canto- ha sido el mismísimo Trump quien ha nombrado a nuestro agraciado empollón director de Misión Génesis, que “combinará ciencia y seguridad”, que es el binomio que más asusta, y con razón, a la humanidad atrapada en el paradigma securitario y la procacidad científica. La descripción que Darío Gil da de su especialidad y su misión en la élite científica yanki a mí, como escamado estudioso de las inhumanidades de la informática avanzada, me pone los pelos de punta.
No se pierdan mis lectores, en este reino panocho de pelotilleros sumisos y cortesanos ausentes de decoro, la joya periodística que, sin mediar prudencia ni pundonor algunos, el periodista de corte y encargo, J. A. Ruiz Vivo, despliega en el artículo (apologético, no, lo siguiente) “Los Gil Alburquerque” (La Verdad, 22 de enero de 2026) que, referido a nuestro sabio, y de paso, a su familia, respalda el sentir universal con un “Y Trump, Donald, que de tonto no tiene ni el flequillo, lo fichó de inmediato para su consejo presidencial de asesores de ciencia y tecnología en la Casa Blanca”, rematando el elogio con la frase (lapidaria, como suelen ser todas en pluma tan agraciada): “’Es un empresario y científico brillante’, que proclamó Trump en su red social”. Este conocido periodista del staff conservador de toda la vida dice otras necedades y babosadas en tamaño e infumable pasquín, pero su perspicacia queda establecida con este botón de muestra.
Buena ocasión es esta para ponernos en guardia, sin ceder un ápice al conformismo, ante ese veneno ultra que infecta a la Región en casi todos los niveles y sectores, y que se refleja necesariamente en sus instituciones alcanzando, como tragedia moral de primer orden, a nuestra Universidad. (Por lo demás, solo nos falta saber qué planeará la Universidad Politécnica de Cartagena, que no querrá quedarse atrás en la selección de algún objetivo de prestigio al que coronar con su honoris causa, y menos cuando puede que no haya encajado del todo bien que la UMU le haya “robado” un singular trofeo, llamado lógicamente a ser suyo por su naturaleza eminentemente tecnológica y empresarial. Miedo me da.)
domingo, 11 de enero de 2026
La Plataforma por un Cine Rex Vivo en Murcia encara 2026 con mucha fuerza ante las negativas municipales y autonómicas
viernes, 9 de enero de 2026
Para un invierno átono y viscoso, sin frío ni calor (4 de 10)
Con el AVE hacia el pasado, a toda velocidad
El ministro Óscar Puente, de Transportes y Movilidad Sostenible (¡oh!) sigue mirándose en el ombligo de la alta velocidad, y ya ha anunciado que pronto los trenes entre Madrid y Barcelona aumentarán su velocidad de crucero desde los 300 hasta los 350 km/h, cumpliendo el recorrido “en menos de dos horas”. No ha dicho por qué, ni quién se lo ha pedido o mandado ni qué manifestaciones recorren el itinerario entre las dos primeras ciudades de Iberia con pancartas que exijan esa conquista tecnológica, o qué artículos de prensa circulan con esa reivindicación. Nada de nada: se le ha emperejilado que esos trenes corran más y ya está; y nadie de su cohorte de tecnócratas le va a indicar, por su ignorancia supina, que a más velocidad menos circulaciones sociales, más déficit en las líneas útiles, más tráfico en las carreteras y -en definitiva y contradiciendo el lema de su Ministerio- menos movilidad sostenible. El objetivo del Ministerio es privilegiar el AVE y correr más y más, aunque sus responsables no sepan en realidad a cambio de qué se embalan.
Mientras, el ministro no hace el menor caso de las continuas manifestaciones de indignación que se producen en buena parte del país pidiendo más y mejores servicios en la red convencional, especialmente allá donde se han suspendido los servicios tradicionales, socialmente rentables (pienso sobre todo en la línea Murcia-Albacete por Cieza y Hellín, en la Cuenca-Valencia por donde siempre, la sempiterna reclamación de la línea Almendricos-Guadix, la abandonada Vía de la Plata, es decir, Astorga-Plasencia...), es decir, los itinerarios que poseen verdadero interés público, que es a lo que deben atender nuestros políticos elegidos. Pero al ministro socialista lo tiene abducido un tren exclusivista que corteja a acomodados (por propio peculio o por mandato empresarial), obliga a resignados y maltrata, con su impronta y sus prisas, al territorio y sus habitantes.
Con cierto gracejo, don Óscar ha asumido la representación fiel de la realidad chusca de este país de ingeniosas ocurrencias y nostalgias agazapadas, regalándonos con noticias de alto, y original, contenido socializante y retumbos surrealistas de la posguerra y de cuando entonces. Y así, nos ha dicho que los viajes en tren “deben seguir evolucionando en España y adaptarse a ciertas modalidades que se dan en el resto de Europa” (El País, 6 de diciembre de 2025), proclamando ese impecable impulso europeísta que podrá traducirse en la emisión de billetes sin asiento asignado y, por lo tanto, podrá viajarse de pie.
Unas noticias que este cronista, que tiene muy presentes nuestros trenes de los años 1950 y 60, ha recibido con inocultable emoción, siendo su primera reacción la de rescatar su vieja maleta de madera y esquinas metalizadas, superviviente de mil trances, peligros y batallas, sobre la cual hubo de pasar noches enteras, en vigilia interminable o adormecido y estirado, en los abigarrados pasillos del tren correo Cartagena-Madrid, precisamente en la noche posterior a Reyes, que era cuando tantos españoles se movilizaban y era el tren, y solo el tren, la solución a sus necesidades; y este memorioso tenía que estar, puntual, en su internado de León tras las vacaciones de Navidad en Águilas. El recuerdo se amplía con la evocación de hazañas memorables en aquella estación de Alcantarilla-Villa, verdaderamente épicas, consistentes en asaltos al tren en la mejor tradición del guerrillero español, arrojado y capaz, acometiendo murallas inseguras y dominando fortalezas vulnerables. Pues aquel expreso (como también era llamado, no sin ironía), dejaba sus vagones de tercera fuera del andén con las puertas casi inalcanzables, y las técnicas de ataque debían de recurrir al ingenio tanto para acceder a las puertas atascadas por el personal urgido como, no digamos, ya a las ventanillas solo aparentemente inalcanzables.
Porque, seguro que hay lectores a los que es necesario refrescar la memoria: nuestros trenes dividían sus vagones de viajeros en tres categorías, siendo la tercera la del populacho menos pudiente pero más heroico; y el acceso, cuando las plazas eran pocas y el personal populoso, con frecuencia también había que hacerlo por las ventanillas, aupándose unos con otros, aunque fuera, ¡ay!, para encontrar ya completos los departamentos interiores, debiendo colocar el esqueleto de pie en el pasillo o, en el caso de afortunados provistos de maletas seguras, sentados sobre ellas. Que era el caso de quien esto escribe, que tuvo que hacer ese recorrido -no una ni dos ni tres veces- en el pasillo, siendo bien pequeño, acompañado de su madre y su hermana, con algún recuerdo de almas caritativas que le cedían el asiento algún ratito. Y hacinados, pero contentos, se movilizaban los españoles de tercera, afrontando dificultades e incomodidades sin cuento, pero llegando al mismo sitio y a la misma hora que los privilegiados viajeros de segunda y de primera.
Es por ello, por este anunciado y entrañable regreso al pasado de la mano del tren AVE (futurista vaya que sí) por lo que esa mi maleta de históricos favores y bien demostrada resistencia -es obra de mi padre, que era un buen carpintero- me recuerda, humildemente, sus méritos tanto tiempo olvidados, ya que a más de los años de servicios familiares me acompañó en mis viajes escolares durante siete años, así como en los dos campamentos veraniegos de Milicias: y me emociono al pensar que una nueva época de prosperidad le espera, y aviso al mundo de que me encontrará ufano y hasta exhibicionista, portando mi vieja compañera y rindiéndole el culto que bien merece.
Y ya que estoy, cómo olvidar la visita, casi siempre a las tantas de la noche, de la pareja de la Guardia Civil, bien armada con sus “naranjeros” legendarios, pidiendo sin ganas de bromear la documentación y preguntando “¿ese niño con quién va?”. Y más de una vez estos ojos contemplaron el raudo paso por el pasillo, entre ambos números de la Benemérita, a algún desgraciado cazado quizás en su fuga y a la sazón esposado (qué visión tan fea, y cómo se queda grabada para siempre).
Pero volviendo al tema de marras, es decir, la puñetera obsesión del AVE, quiero insistir una vez más en que una política de transportes, social y sensatamente desplegada, incluiría -mire el ministro Puente por dónde- un estricto freno a las inversiones en la red del AVE y un incremento del 100 por 100 durante varios años en la red convencional, evitando que -como hace el AVE- cada día más y más ciudadanos recurran al coche privado o al autobús cuando podrían hacerlo utilizando el ferrocarril pero cuyos servicios les han sido arrebatados sea por cierre de líneas, sea por eliminación de estaciones y paradas. Esa política debiera centrarse, por sobre cualquier otro objetivo, en potenciar al máximo, en servicios y precios, el uso del tren de media distancia, que es el que más alivia el tráfico de carretera.
Porque habíamos quedado en que la principal virtud del sistema ferroviario era contener, y si es posible revertir, la feroz e incontenible expansión del automóvil, así como del tráfico carretero de mercancías. Sin embargo, las cosas van -que ya es mala suerte- por el camino contrario, y las carreteras, sobre todo las autovías, muestran signos inequívocos de atasco y saturación. Una aportación horrible, ciertamente inesperada por necia y traicionera, ha sido la aparición expansiva del camión de doble trailer, capaz de arrastrar 70 toneladas, un detalle de la fina sensibilidad ambiental de la Unión Europea, y que ha aceptado, sin dudarlo, la Dirección General de Tráfico que, como todo el mundo sabe, pertenece al Ministerio del Interior, no al de Transportes: vaya por Dios. Naturalmente, esta brillante iniciativa pretende ahorrar costes humanos y rentabilizar movimientos (señas de identidad de la UE), no reducir las emisiones de CO2 (propósitos hipócritas, siempre subsidiarios de lo económico, de la patulea de cínicos de Bruselas).
Oscar Puente, un magnífico parlamentario que sabe responder muy bien cuando las huestes del PP le tocan las narices, adolece como ministro de la menor idea o sensibilidad ambiental global, aunque está al frente de un Ministerio que debiera supervisar el principal sector productivo anti atmósfera y anti territorio, que es el transporte (esté o no en su jurisdicción estricta). De ahí que asistamos a una realidad que no por sobradamente percibida resulta menos indignante, que es que ni hay política de transportes ni movilidad sostenible ni preocupación ambiental ni transición ecológica: todo falacia, todo filfa, todo mentira.
Y en este marco de despolíticas y tomaduras de pelo hay que insertar, sí, al AVE falsario y arrollador.













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