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martes, 1 de septiembre de 2026

La histórica lucha por la tierra en Colombia comienza a cosechar sus frutos

 

 Por Mauricio Morales   
      Periodista y fotógrafo colombiano radicado en España. Su trabajo se centra en los conflictos en Oriente Medio y Colombia.


La llegada de la extrema derecha al gobierno de Colombia activa la organización y la solidaridad para hacer frente a lo que pueda afectar a una parte del campesinado organizado en un proyecto agroecológico y autogestionado en los territorios


Comienzo de una de las asambleas en la finca Lucha Campesina parte del TECAM de la Serranía del Perijá y el Valle del Río César. Fotografía de Mauricio Morales.


     “Agroecología sin lucha de clase es jardinería”, dice emocionado uno de los miembros de la comunidad de La Libertad, una de las fincas que componen el Territorio Campesino Agroalimentario (Tecam) de la Serranía del Perijá y el Valle del Río César, en la región Caribe colombiana.

En la finca La Libertad, en el municipio de Codazzi, bajo un sol sofocante y envueltos en un espíritu de lucha, se lleva a cabo una de las tantas reuniones y asambleas que la caravana solidaria internacionalista de la Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia (Redher) realiza con las comunidades de algunos Tecam que visita, como parte de una acción solidaria de acompañamiento e intercambio de saberes.

Los Tecam son una apuesta política de protección, soberanía y poder popular del campesinado colombiano para luchar por la tierra, la dignidad y la vida. La tenencia y el acaparamiento de la tierra por parte de las élites de terratenientes y multinacionales han sido una de las causas de las resistencias históricas de los movimientos sociales campesinos e indígenas en Colombia.

La gente de la finca La Libertad lo tiene claro. Históricamente han sido víctimas de despojo y desplazamiento forzoso por parte de las mismas élites que, a través del proyecto paramilitar, han forzado a millones de campesinos en la historia de Colombia a abandonar sus tierras para dar cabida a las empresas multinacionales extractivistas, los monocultivos y la ganadería extensiva.

Con la llegada de la ultraderecha al gobierno de la mano de Abelardo de la Espriella una nube de incertidumbre ha puesto en marcha la organización de los movimientos populares en estos territorios y los lazos de solidaridad internacional para defender sus territorios y su proyecto político en los Tecam.

Es por eso que, aunque legalmente se aprobó en el acto legislativo de 2024, esta lucha lleva décadas vigente. Es una lucha que han encabezado organizaciones sociales como la Coordinadora Agrario Nacional (CNA). En el caso específico de esta zona del sur del Cesar, la CNA ha trabajado codo a codo junto al Movimiento de Trabajadores y Campesinos del Cesar (MTCC), que asesora a estas comunidades organizadas.

Desde la recuperación y tenencia de la tierra hasta el desarrollo de los proyectos productivos agrícolas, hay un camino que no solo acaba con la formalización legal de los Tecam, sino con la capacidad de echar a andar el proceso y permanecer en el territorio. Para muchos en el movimiento campesino, los Tecamson una de las puntas de lanza de una de las luchas históricas en Colombia: la Reforma Agraria Integral y Popular.

La lucha por la tierra

La tierra que ahora tienen en los predios de la finca La Libertad se ha luchado. En la noche, alrededor del fuego y cuando el calor comienza a dar un respiro, se reúnen la comunidad y los miembros de la caravana para recordar las historias de lucha por la tierra, los recuerdos de las avanzadas paramilitares y el reguero de muertos y horror que dejaron a su paso cuando comenzaba el milenio.

Pero ese dolor lo transforman en anécdotas que, en ocasiones y con la capacidad única de aquellos que luchan, pueden convertir en risas.

En 2024 comenzaron a recuperar las tierras para los campesinos que estaban en manos de terratenientes. Meterse al monte, acampar y estar en condiciones difíciles con el miedo del paramilitarismo acechándolos. Las brigadas ganaderas solidarias, grupos de seguridad privada nacida de la poderosa agrupación Fedegan, que asocia a poderosos ganaderos y terratenientes en Colombia y que ha estado vinculada a grupos paramilitares, son usadas para contrarrestar las acciones de los campesinos que recuperan las tierras.

Los rodeaban con cientos de camionetas y hombres para presionarlos a abandonar los predios. Pero resistieron hasta donde pudieron. Fueron desalojados de algunas fincas y decidieron seguir su lucha acampando en el cementerio de Casacará durante más de un año. Esa resistencia finalmente les otorgó las tierras que ahora se disponen a trabajar y habitar, concedidas por la Agencia Nacional de Tierras (ANT). “Puede sonar muy bonito lo de lo colectivo, pero si no se construye el poder popular, se queda solo en eso”, dice un miembro de la comunidad que ve la importancia no solo de la tenencia y de la titulación legal de la tierra, sino de la necesidad de tener el poder para tomar decisiones sobre ella.

Paramilitarismo y otras amenazas

Desde 2009, después de las arremetidas paramilitares que despojaron a miles de campesinos del sur del Cesar, la empresa minera estadounidense Drummond comenzó a explotar carbón en una mina de cielo abierto cerca del pueblo de Casacará. Las comunidades denuncian las afectaciones particulares de este tipo de minería: sobre los recursos hídricos, ruidos de la mina, polvillo de la explotación del carbón e hipervigilancia de la seguridad privada de la mina, que ha colocado cámaras de seguridad dirigidas a las vías públicas cercanas a la finca La Libertad.

“El paramilitarismo no se ha ido”, dice la comunidad, que teme otra arremetida con la llegada del gobierno del ultraderechista Abelardo de La Espriella, pero algo tienen claro: “De acá no nos vamos”. “Acá nada se ha regalado. ¡Acá todo ha sido producto de la lucha!”, dice Gladis Rojas en una asamblea en el pueblo de Micoahumado, en el sur de Bolívar, una mujer que hace parte del liderazgo del proceso del Tecam de la Serranía de San Lucas.

Gladis, con una formación en pedagogía popular, lleva inmersa en los movimientos sociales y populares desde que tenía 15 años y está especialmente vinculada a los procesos populares del sur de Bolívar y el Magdalena Medio. “En el sur de Bolívar ha habido una ausencia total del Estado, muy mínima, muy ineficaz. La única presencia es la militar, que no ha servido sino para reprimir a la gente, porque frente al paramilitarismo hay una total connivencia, una postura de no hacer nada para detenerlos. Ellos han avanzado, se han posesionado, controlan con el beneplácito de la fuerza pública. El sur de Bolívar es una de las zonas más militarizadas del país, tiene alrededor de 5.000 efectivos, y el paramilitarismo controla; ahí queda clara la estrategia”, dice Gladis, que también reflexiona sobre la deuda que el gobierno de Petro tuvo con el territorio, donde el paramilitarismo se expandió en este periodo que termina.

Gladis también apunta la importancia de las mujeres en este y otros procesos: “Para nosotras en el territorio, una prioridad es la organización de las mujeres, que son esa fuerza incontenible que a veces no se ve pero se siente. Las mujeres han estado en los momentos más difíciles al frente, de la mano con los compañeros resistiendo; entonces necesitamos que ellas estén fortalecidas para la lucha común y la propia”. La violencia y la amenaza paramilitar es más palpable en este territorio. Ataques recientes a casas y escuelas campesinas en algunas veredas cercanas a Micoahumado así lo evidencian, así como el asesinato sistemático de algunos liderazgos, como el del querido líder Narciso Beleño, asesinado en 2024 por organizarse junto a otros campesinos y denunciar el incremento de la arremetida paramilitar que pretende tomarse el pueblo y las veredas del territorio donde está el Tecam.

En el cementerio de Micoahumado, los pobladores recuerdan a sus muertos. Todavía se ven las trincheras en las que el ejército colombiano tomó posición dentro del casco urbano de la población, poniendo a la gente en peligro en combates con estructuras del Ejercito de Liberacion Nacional (ELN) en el año 2019. El grupo insurgente ELN también tiene presencia en la zona, donde libra combates con las fuerzas paramilitares que acechan al pueblo.

Este grupo insurgente es ahora, después de la desmovilización de las FARC-EP, el grupo armado con el que Petro no pudo avanzar en la negociación de paz.

La solidaridad como lazo activo

“No estamos solos. No están solos”, se escucha en cada asamblea en la que los caravanistas nacionales e internacionales se reúnen con las comunidades de los diferentes Tecam en un ejercicio de acompañamiento y discusión política. Los miembros de la caravana comparten luchas: la lucha por la tierra de las comunidades campesinas e indígenas de Guatemala, el movimiento de trabajadores rurales sin tierra de Brasil y su efectiva organización, las luchas por la defensa del medio ambiente y anticapitalistas en Portugal, los movimientos por la vivienda en el Estado español, la resistencia de las organizaciones rurales en El Salvador.

Los Tecam, la lucha campesina en Colombia y la solidaridad internacionalista, hoy más que nunca se busca afianzar para defender lo conquistado ante la llegada de la ultraderecha al gobierno y a las instituciones del Estado colombiano. Las violencias estructurales del sistema de expolio en Colombia, la negación histórica a una vida digna del campesinado, las violencias de la guerra y el proyecto paramilitar han dejado heridas profundas en el corazón de muchas y muchos campesinos, pero estas se han transformado en una de las bases de la lucha por ese mundo nuevo que llevan en sus corazones.

Fotogalería de Mauricio Morales:


La comunidad de la finca de la Libertad del TECAM de la Serranía del Perijá y el Valle del Río César, se reúnen y hacen un ejercicio de memoria de las violencias que han sufrido.


La comunidad de la finca de la Libertad del TECAM de la Serranía del Perijá y el Valle del Río César. y el campamento de la caravana de REHER.


La cocina, los alimentos se manejan de manera colectiva por la comunidad de la finca, la Libertad.


Reportaje TECAM Colombia – 4.


El acceso al agua es uno de los desafíos de la comunidad de la finca de la Libertad, con un verano y una sequía fuerte, cuentan con pocas fuentes de agua, para el consumo y riego.


Recorrido por las trochas del TECAM de la Serranía de San Lucas.


Fuente: El Salto

domingo, 28 de junio de 2026

El corredor trumpista en América Latina: 9 gobiernos "MAGA" y 18 aliados en el Escudo de las Américas

 

 Por Eduardo García   
      Analista internacional. Politólogo y máster en Relaciones Internacionales. Periodista en Descifrando la Guerra.


Trump cuenta hoy con más gobiernos afines en América Latina, conformando un corredor trumpista desde Costa Rica hasta Argentina.


     Tras confirmarse casi definitivamente que Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Abelardo De La Espriella, de Defensores de la Patria, serán los presidentes de Perú y Colombia, respectivamente, Trump ha logrado asegurar una suerte de “mayoría simple” en lo que a gobiernos latinoamericanos se refiere.

Actualmente, más de la mitad de los Estados de la región están alineados con Washington, y una porción significativa tiene presidentes abiertamente trumpistas o cercanos ideológicamente al movimiento MAGA. 

Tanto De La Espriella como Fujimori han afrontado escrutinios muy ajustados en sus respectivos ballotages contra la izquierda, a punto tal que, en Perú, el candidato Roberto Sánchez todavía no ha concedido el resultado.

Pero, sea como fuere, no parece probable que la izquierda peruana logre revertir el reconocimiento de la derecha y la extrema derecha regional, por lo que es esperable que Keiko Fujimori asuma eventualmente como nueva presidenta de Perú.

Las victorias de Trump en América Latina

El panorama regional ha cambiado significativamente desde enero de 2025, cuando Trump retomó la presidencia de Estados Unidos. En aquel momento, solo Argentina, Ecuador, Panamá y El Salvador podían considerarse aliados políticos directos del movimiento MAGA.

Un año y medio después, a ese grupo se han incorporado Chile, Perú, Colombia, Costa Rica y Honduras, de forma que ha pasado de 4 a 9. Mientras tanto, el bloque de gobiernos enfrentados a las ambiciones de Washington se ha reducido a Nicaragua y Cuba tras la los ataques contra Venezuela y las elecciones de Honduras, reduciéndose de 4 a 2.

Asimismo, los países que mantenían una posición independiente sin confrontar abiertamente con Estados Unidos han disminuido considerablemente. Si en enero de 2025 eran Chile, Bolivia, Brasil, Colombia y México, hoy la lista se limita a México y Brasil, con la incorporación del Uruguay de Orsi, que ganó las elecciones antes de que Trump asumiese, pero accedió a la presidencia después de su homólogo norteamericano. En términos demográficos, estos gobiernos ham pasado de representar el 64,6% de la población regional al 52%.

Además del secuestro de Nicolás Maduro, las revelaciones derivadas del caso Hondurasgate apuntan a que Estados Unidos habría intervenido de forma más o menos directa en al menos dos elecciones recientes. Entre ellas figura la de Colombia, donde una campaña de desinformación particularmente agresiva habría favorecido la llegada al poder de Abelardo De La Espriella.


La extrema derecha ha llegado al gobierno en Colombia de la mano de Abelardo de la Espriella, líder de Defensores de la Patria.

Honduras sería el segundo ejemplo señalado por la investigación.

Ambos casos, junto a la intervención armada en Venezuela, constituyen tres casos de éxito en la agenda de dominación del continente. Esto es así porque los tres casos se resolvieron de forma favorable a los intereses de Washington.

Tres gobiernos críticos, cuando no directamente enfrentados a la Casa Blanca –el de Xiomara Castro en Honduras, el de Gustavo Petro en Colombia y el de Nicolás Maduro en Venezuela– fueron sustituidos por dos gobiernos MAGA –el de Nasry Asfura en Honduras y el de Abelardo De La Espriella en Colombia– y por un gobierno intervenido –el de Delcy Rodríguez en Venezuela–.

Allí donde las urnas han indicado continuismo, Estados Unidos también ha salido ganando. En Belice, Jamaica, Bahamas, Barbados, Antigua y Barbuda, Guyana y Santa Lucía había gobiernos pro estadounidenses y ese estatus se conservó tras los comicios. En Ecuador había un gobierno pro MAGA –el de Daniel Noboa– que logró revalidar.

En suma, entre enero de 2025 y el ecuador de 2026, en América Latina ha habido 10 cambios de gobierno. De esos 10, 3 pasaron de izquierda a extrema derecha pro MAGA –Chile, Colombia y Honduras– y 2 pasaron de centro-derecha pro estadounidense a extrema derecha pro MAGA –Costa Rica y Perú–.

Bolivia pasó de izquierda a centro-derecha pro estadounidense, Trinidad y Tobago se mantuvo en el centro-izquierda, pero se alineó más firmemente con Estados Unidos. Surinam viró a la izquierda con el NDP y Uruguay pasó de centro-derecha a izquierda. El último cambio de gobierno es el de Venezuela, un caso sui géneris.

Conviene recapitular. América Latina y el Caribe cuenta con 33 Estados independientes –toda América con la excepción de Canadá y Estados Unidos–. Al asumir la presidencia el 20 de enero de 2025, Trump contaba con 4 gobiernos pro MAGA y 11 gobiernos pro estadounidenses no MAGA (un total de 15) y debía enfrentar 4 gobiernos frontalmente opuestos y 5 gobiernos críticos (un total de 9).

Tras año y medio en la Casa Blanca, el bloque crítico cuenta con 2 gobiernos frontalmente opuestos y 3 gobiernos críticos (un total de 5), mientras que el bloque alineado cuenta con 9 gobiernos pro MAGA y 9 gobiernos pro estadounidenses no MAGA (un total de 18).

El corredor trumpista

A lo largo de casi 10.000 kilómetros de costa sobre el Pacífico, desde Costa Rica hasta Magallanes y Antártica Chilena, Trump podría desplazarse por territorio latinoamericano sin abandonar en ningún momento países gobernados por aliados políticos.

Los gobiernos que conforman este corredor mantienen afinidad con el movimiento MAGA y promueven una relación estrecha con el proyecto geopolítico impulsado desde Washington.

Si se amplía la ruta hasta el extremo austral del continente, Trump podría atravesar el canal Beagle y llegar a Argentina. De esta forma, el corredor trumpista en América Latina, específicamente en la costa del Pacífico, estaría compuesto por Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Fuera de esa continuidad geográfica también destacan dos aliados centroamericanos: El Salvador y Honduras.


Mapa de la posición de los gobiernos latinoamericanos en relación a Estados Unidos y al gobierno de Donald Trump.

Es precisamente en esta franja donde Trump ha cosechado sus mayores éxitos… De hecho, ha logrado un pleno. Todos los cambios de gobierno acaecidos en este corredor han devenido en gobiernos abiertamente trumpistas o pro MAGA.

En noviembre de 2025 fueron las elecciones generales hondureñas; ganó Nasry Asfura (Partido Nacional). En febrero de 2026 fueron las de Costa Rica; ganó Laura Fernández (Pueblo Soberano).

En junio de 2026 fue el ballotage en Colombia; ganó Abelardo De La Espriella (Defensores de la Patria). En abril de 2025 fue el ballotage en Ecuador; ganó Daniel Noboa. En junio de 2026 fue el ballotage en Perú; probablemente ganó Keiko Fujimori, si bien la justicia electoral planea dar el resultado final a inicios de julio.


El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) planea proclamar los resultados oficiales de las elecciones de Perú entre el 3 y el 7 de julio.

Por último, en diciembre de 2025 fue el ballotage en Chile; ganó José Antonio Kast. 

Además de influir abiertamente en la política interna de los países latinoamericanos, el Gobierno estadounidense ha impulsado foros de coordinación desde los que definir la agenda regional bajando línea a los gobiernos afines.

En paralelo al corredor trumpista en América Latina, el llamado Escudo de las Américas (Shield of the Americas) constituye la principal herramienta de Trump para extender la influencia militar estadounidense en América Latina. Presentada como una iniciativa de coordinación y apoyo a las fuerzas armadas de la región, está bajo la supervisión de Kristi Noem, ex secretaria de Seguridad Nacional del ICE.

Nueve gobiernos identificados con el trumpismo o cercanos al MAGA ya participan o prevén participar en ella: Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras y El Salvador.

A este grupo se agregan otros nueve países alineados con Estados Unidos: Paraguay, Bolivia, Guyana, Trinidad y Tobago, República Dominicana, Jamaica, Bahamas, Belice y Guatemala. Washington también ha logrado incluir a tres gobiernos de la región en su “Junta de Paz” para Gaza: Paraguay, Argentina y El Salvador.


Donald Trump impulsa la creación de una nueva ‘Junta de Paz’ para gobernar la Franja de Gaza y disputar el papel de las Naciones Unidas

Las próximas prioridades

En los próximos 18 meses, Trump pondrá la mirada –y, muy probablemente, recursos políticos, económicos, judiciales e incluso militares– en cinco grandes escenarios. El primero (y más obvio) es Cuba, donde la renovada campaña de asfixia y amenaza militar pretende lograr concesiones del Gobierno del Partido Comunista o, en el enfoque más optimista de Washington, un cambio de régimen.


La presión político-económica de la administración de Donald Trump sobre Cuba aumenta y amenaza con extenderse también al ámbito militar.
 

Los otros cuatro escenarios son electorales: En Guatemala, Trump deseará la emergencia de un nuevo líder más nítidamente alineado con el trumpismo, si bien el socioliberal Bernardo Arévalo ha mantenido una estrecha colaboración con su administración.

En El Salvador, la apuesta es el continuismo de Nayib Bukele. En Argentina, lo mismo: Trump buscará influir en las elecciones para que Javier Milei –o, tal vez, Patricia Bullrich u otra figura del mileísmo– impidan un retorno del peronismo a la Casa Rosada.

Pero, sin duda, el mayor interés estadounidense, junto a Cuba, está en Brasil. Las elecciones de octubre de 2026 podrían dar un vuelco a la región y ratificar el dominio político e ideológico del trumpismo y de Estados Unidos en el continente, extendiéndolo más allá de este corredor trumpista en América Latina. Para ello, Trump necesita que Flávio Bolsonaro supere a Lula da Silva en unos comicios en los que Washington buscará influir. 

El precedente del enfrentamiento entre la Casa Blanca y la justicia brasileña en el caso contra Jair Bolsonaro evidencia esta voluntad injerencista. No por casualidad, el mismo Donald Trump recibió a Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval en mayo.


Flávio Bolsonaro y el presidente Trump, en el Despacho Oval, en la foto difundida por el brasileño en redes sociales



Fuente: Descifrando la Guerra

sábado, 27 de junio de 2026

De Correa y Evo Morales a Milei y Fujimori: el giro de América Latina hacia la extrema derecha

 

      Periodista. Master en Estudios Avanzados en Comunicación política.


En la última década, en la región han proliferado gobiernos conservadores de sesgo ultraliberal y estética MAGA aupados por el malestar económico, la polarización política y el desgaste de los partidos de izquierdas


Cuernos vikingos, gorras MAGA, conejos QAnon, ranas de ultraderecha y banderas confederadas_ los símbolos de la estética ultra en Estados Unidos.



     Primero fue Nayib Bukele y su autocracia carcelaria del terror en El Salvador.


Megacárcel de Bukele en El Salvador.

Luego Javier Milei y su motosierra para cercenar derechos y amputar servicios públicos en Argentina.


Javier Milei, una motosierra contra la educación y la cultura.

Unas semanas más tarde, Daniel Noboa llegó al poder en Ecuador con la idea de militarizar el país bajo el pretexto de combatir el crimen.


El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, durante su informe presidencial en la Asamblea Nacional el pasado 24 de mayo.

Rodrigo Paz ha hecho de los recortes y las bajadas de impuestos a los ricos y las empresas su seña de identidad en Bolivia.


Huelga de hambre de mujeres contra el decreto 5503 en Bolivia.

En Chile, José Antonio Kast presume de ser el hijo de un oficial nazi que ocultó su identidad para escapar de la justicia, y como pinochetista, pretende consumar la transformación ultraliberal de la economía del país.


José Antonio Kast, líder del Partido Republicano en Chile.


Y Nasry Asfura, además de presidente de Honduras, es uno de los nombres de los Pandora Papers, y acumula acusaciones de corrupción y desvío de fondos públicos.


Nasry Asfura.


Pandora Papers.


Desde 2019, América Latina ha ido girando progresivamente hacia opciones políticas de extrema derecha, aupando a gobiernos de corte conservador y modificando el equilibrio político de la región, donde en la anterior década habían predominado los dirigentes de izquierdas.


Una persona introduce su voto en la urna durante las elecciones presidenciales de Haití, en Puerto Príncipe.

Los últimos casos que confirman esta tendencia son los de Perú y Colombia, donde Keiko Fujimori acaba de proclamarse vencedora de los comicios peruanos por apenas 43.000 votos, y Abelardo de la Espriella es el flamante ganador de la segunda vuelta de las presidenciales colombianas.


En el barrio de Miraflores, en Lima, una voluntaria de la campaña electoral de la candidata al Senado Sitza Romero, de Fuerza Popular.

Seguidora del Pacto Histórico el día de la segunda vuelta de las elecciones en Colombia.

Crisis económica, populismo y desgaste de la izquierda

A pesar de que cada país cuenta con sus propias lógicas y circunstancias internas que explican el cambio de tendencia, existen factores comunes a todos los casos, que tienen que ver con el malestar social por la situación económica, la desafección política, el desgaste de los ejecutivos de izquierdas que habían gobernado antes en varios de esos países, el giro del discurso político hacia temas como la seguridad, el crimen organizado o la inflación, y la aparición de líderes populistas que prometen soluciones rápidas a todos estos problemas.

Otro elemento común es la inspiración en el ideario y la puesta en escena del MAGA de Donald Trump en Estados Unidos, con promesas centradas en las bajadas de impuestos y la recuperación del orden.


Trump y su gorra MAGA.

Hace unos años, la revista Electoral Studies publicó un estudio donde se establece una clara relación entre tasas de criminalidad y comportamiento electoral en países latinoamericanos como El Salvador u Honduras, demostrando cómo los líderes de extrema derecha explotan la baza de la inseguridad ciudadana para atraer votos. Por su parte, el último informe sobre la región publicado en mayo por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sostiene que América Latina y el Caribe se han convertido en la zona más polarizada del mundo, con una dinámica en la que la política deja de ser una disputa de ideas para convertirse en un choque entre bloques irreconciliables. El organismo advierte además de que esa tensión tiene lugar en un clima donde ha aumentado la violencia política y la desconfianza institucional, y ha crecido la insatisfacción ciudadana con la democracia como modelo de convivencia.

Sin embargo, en su análisis sobre las elecciones en América Latina durante este 2026, los investigadores del Real Instituto Elcano Carlos Malamud y Rogelio Núñez aseguran que no basta con hablar de una sola “ola derechista” porque el fenómeno mezcla factores regionales y dinámicas nacionales distintas. Además, señalan que el voto de castigo y la búsqueda de alternativas de orden y estabilidad están favoreciendo a los partidos de derecha en varios países, sin que eso signifique un patrón único ni una misma fórmula política en toda la región.

El politólogo argentino Andrés Malamud lleva años defendiendo que el rasgo dominante en América Latina ya no es tanto la polarización ideológica como la crisis de representación. Malamud cree que este fenómeno responde a la descomposición de los sistemas de partidos tradicionales y al voto contra los gobiernos en ejercicio más que a una consolidación de izquierdas o derechas: “En ocho de cada diez elecciones recientes triunfaron fuerzas que ni siquiera existían una década antes”, expone, y añade que “más de la mitad de los partidos en Latinoamérica creados en el siglo XXI que llegaron a la presidencia ya han desaparecido”.

Malamud también habla de que “América Latina está viviendo la trampa de las democracias mediocres” e insiste en que la democracia está funcionando únicamente como reemplazo de élites y no como un sistema que mejores la gobernabilidad, algo que contribuye a esa crisis de representación y que los ciclos de desgaste de los gobiernos electos se aceleren. “Somos gobernados por personas que no fueron preparadas para eso”, remarca, y asegura que “lo que nos está pasando en América Latina también está pasando en Occidente. No nos pasa solamente a nosotros”.

El Salvador: el modelo absolutista que sus vecinos intentan replicar

El Salvador es el caso más extremo de concentración de poder dentro de este giro a la derecha en la región. Nayib Bukele llegó al Gobierno en 2019 y, desde entonces, ha ido acumulando poder político e institucional en torno a su figura, hasta el punto de conseguir eliminar la limitación de mandatos. Su medida estrella es la guerra sin cuartel contra las bandas criminales, incluso violando derechos humanos y libertades fundamentales.


Familires de detenidos por participar en protestas en El Salvador.

Desde 2022, el gobierno salvadoreño ha mantenido un régimen de excepción que suspende determinadas garantías constitucionales en el marco de la lucha contra las pandillas, una medida que el parlamento ha prorrogado en múltiples ocasiones.


Muñecos de Nayib Bukele en El Salvador.

Estas políticas han reducido significativamente la tasa de homicidios en el país, pero varias organizaciones internacionales y de defensa de los derechos humanos como Human Rights Watch o la propia ONU han denunciado detenciones masivas, falta de garantías procesales y la inmensa concentración de poder en el Ejecutivo.

Aun así, el modelo salvadoreño se ha convertido en un ejemplo para varios líderes latinoamericanos que enarbolan el mismo discurso de fortalecer la seguridad y el orden en contextos de crisis, y otros gobiernos de la región, como el ecuatoriano, han intentado dar pasos en la misma línea.


El rey Felipe VI junto al presidente de la República de El Salvador, Nayib Bukele, tras su investidura el 1 de junio de 2024.

Argentina: el punto de inflexión

Javier Milei llegó a la Presidencia de Argentina a finales de 2023, en un contexto de profunda crisis económica marcada por la elevada inflación. En su campaña electoral, Milei articuló un discurso duro de fuerte crítica al intervencionismo del Estado, y lanzó propuestas basadas en la reducción del gasto público, la “dolarización” de la economía y el despliegue de una amplia batería de privatizaciones de empresas y servicios públicos.


Javier Milei le regala una motosierra a Elon Musk, que la muestra orgullosamente.

Al mismo tiempo, Milei cargaba contra las élites y el establishment argentino. Tres años después, el paro en Argentina ha pasado del 5,7% al casi el 8%, y la inflación que prometió reducir no baja del 3%.

En la victoria de Milei también pesó el desgaste del peronismo encarnado en la figura del anterior presidente, Alberto Fernández, y la fragmentación interna de las coaliciones tradicionales del centroizquierda. Desde entonces, en la región se han producido vuelcos de poder similares, donde las fuerzas de la derecha han ampliado considerablemente sus bases electorales.

Ecuador: continuidad de mano dura

En Ecuador, la continuidad de Daniel Noboa confirma el giro conservador en América Latina. Noboa fue reelegido en 2025, en un contexto marcado por episodios de violencia asociados al crimen organizado y el narcotráfico. Como en el caso de El Salvador, este factor ha sido clave. Durante la campaña electoral, Noboa prometió mano dura y estabilidad, y una vez llegó al gobierno consiguió centrar el debate público en torno a la seguridad y el control del territorio.

Junto a esto, los ciclos electorales ecuatorianos más recientes también se han desarrollado en un escenario de gran polarización política, y una clara fragmentación del sistema de partidos que ha contribuido a la inestabilidad institucional del país. Del socialista Correa y su “Revolución Ciudadana” se pasó primero a Lenín Moreno, con una agenda claramente neoliberal, y después el banquero Guillermo Lasso continuó la tendencia hasta la llegada al poder de Noboa.

Bolivia: inestabilidad tras 20 años de Evo Morales

Bolivia constituye uno de los casos más complejos dentro de este cambio de tendencia en América Latina. En las elecciones generales de agosto de 2025, el país abrió un nuevo ciclo político tras casi dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales y Jorge Quiroga. En 2019 se produjo un golpe de Estado contra Morales, al que acusaron de fraude electoral, y durante un año el Gobierno estuvo en manos de la liberal conservadora Jeanine Áñez.


Un militar coloca la banda presidencial a la flamante presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez, designada sin la participación de la Asamblea Legislativa, en donde el MAS tiene mayoría absoluta.

Un año después, en 2020, las elecciones le dieron la victoria a Luis Arce (MAS), pero aunque su partido había mantenido el control del Ejecutivo y una parte importante del aparato legislativo, las tensiones internas entre Arce y Evo Morales acabaron dividiendo poco a poco al bloque oficialista. En los últimos comicios de 2025, en la campaña estuvieron presentes el deterioro económico del país por la escasez de divisas y las protestas de una parte importante de la población indígena contra la inhabilitación de Evo Morales por parte del Tribunal Constitucional boliviano.

Perú y Colombia: Victorias por menos del 1% de los votos

El resultado de las elecciones presidenciales de Perú y Colombia celebradas a lo largo de estas últimas semanas han continuado en la línea del giro conservador producido en otros países de la zona. Sin embargo, en ambos países los márgenes de victoria no llegan al 1%.

En Perú, la candidata de derechas Keiko Fujimori —que se presentaba por cuarta vez consecutiva a unas elecciones generales—, ha obtenido el 50,11% de los votos en la segunda vuelta frente al 49,88% de su rival, el izquierdista Roberto Sánchez.


Keiko Fujimori en un acto de la campaña presidencial del Perú en las elecciones de 2026.

Hace unos días Sánchez pidió sin éxito anular la votación de los peruanos en el exterior al entender que existe fraude porque los consulados no tienen la obligación de remitir digitalmente los resultados de la votación en el extranjero y enviar las actas físicas a Lima para que sean escrutadas. En cualquier caso, el líder del partido Juntos por el Perú, ya ha anunciado que no reconocerá al gobierno de Fujimori.

En el caso colombiano, la segunda vuelta de los comicios dio la victoria a Abelardo de la Espriella, con el 49,6% de los votos frente al 48,7% de Iván Cepeda. Como en el caso ecuatoriano y de El Salvador, la campaña electoral de De la Espriella se centró en propuestas dirigidas a endurecer las políticas contra el crimen organizado y el narcotráfico, y promesas económicas sobre la reducción del tamaño del Estado y el recorte del gasto público.


Abelardo de la Espriella, líder del movimiento colombiano Defensores de la Patria.

Tras hacerse públicos los resultados, miles de personas organizaron manifestaciones en ciudades como Bogotá y Cali contra la victoria de De la Espriella. Por su parte, el expresidente Gustavo Petro pidió calma, aunque evitó reconocer de inmediato los resultados.


Fuente: El Salto