Mostrando entradas con la etiqueta Uruguay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Uruguay. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de junio de 2026

El corredor trumpista en América Latina: 9 gobiernos "MAGA" y 18 aliados en el Escudo de las Américas

 

 Por Eduardo García   
      Analista internacional. Politólogo y máster en Relaciones Internacionales. Periodista en Descifrando la Guerra.


Trump cuenta hoy con más gobiernos afines en América Latina, conformando un corredor trumpista desde Costa Rica hasta Argentina.


     Tras confirmarse casi definitivamente que Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Abelardo De La Espriella, de Defensores de la Patria, serán los presidentes de Perú y Colombia, respectivamente, Trump ha logrado asegurar una suerte de “mayoría simple” en lo que a gobiernos latinoamericanos se refiere.

Actualmente, más de la mitad de los Estados de la región están alineados con Washington, y una porción significativa tiene presidentes abiertamente trumpistas o cercanos ideológicamente al movimiento MAGA. 

Tanto De La Espriella como Fujimori han afrontado escrutinios muy ajustados en sus respectivos ballotages contra la izquierda, a punto tal que, en Perú, el candidato Roberto Sánchez todavía no ha concedido el resultado.

Pero, sea como fuere, no parece probable que la izquierda peruana logre revertir el reconocimiento de la derecha y la extrema derecha regional, por lo que es esperable que Keiko Fujimori asuma eventualmente como nueva presidenta de Perú.

Las victorias de Trump en América Latina

El panorama regional ha cambiado significativamente desde enero de 2025, cuando Trump retomó la presidencia de Estados Unidos. En aquel momento, solo Argentina, Ecuador, Panamá y El Salvador podían considerarse aliados políticos directos del movimiento MAGA.

Un año y medio después, a ese grupo se han incorporado Chile, Perú, Colombia, Costa Rica y Honduras, de forma que ha pasado de 4 a 9. Mientras tanto, el bloque de gobiernos enfrentados a las ambiciones de Washington se ha reducido a Nicaragua y Cuba tras la los ataques contra Venezuela y las elecciones de Honduras, reduciéndose de 4 a 2.

Asimismo, los países que mantenían una posición independiente sin confrontar abiertamente con Estados Unidos han disminuido considerablemente. Si en enero de 2025 eran Chile, Bolivia, Brasil, Colombia y México, hoy la lista se limita a México y Brasil, con la incorporación del Uruguay de Orsi, que ganó las elecciones antes de que Trump asumiese, pero accedió a la presidencia después de su homólogo norteamericano. En términos demográficos, estos gobiernos ham pasado de representar el 64,6% de la población regional al 52%.

Además del secuestro de Nicolás Maduro, las revelaciones derivadas del caso Hondurasgate apuntan a que Estados Unidos habría intervenido de forma más o menos directa en al menos dos elecciones recientes. Entre ellas figura la de Colombia, donde una campaña de desinformación particularmente agresiva habría favorecido la llegada al poder de Abelardo De La Espriella.


La extrema derecha ha llegado al gobierno en Colombia de la mano de Abelardo de la Espriella, líder de Defensores de la Patria.

Honduras sería el segundo ejemplo señalado por la investigación.

Ambos casos, junto a la intervención armada en Venezuela, constituyen tres casos de éxito en la agenda de dominación del continente. Esto es así porque los tres casos se resolvieron de forma favorable a los intereses de Washington.

Tres gobiernos críticos, cuando no directamente enfrentados a la Casa Blanca –el de Xiomara Castro en Honduras, el de Gustavo Petro en Colombia y el de Nicolás Maduro en Venezuela– fueron sustituidos por dos gobiernos MAGA –el de Nasry Asfura en Honduras y el de Abelardo De La Espriella en Colombia– y por un gobierno intervenido –el de Delcy Rodríguez en Venezuela–.

Allí donde las urnas han indicado continuismo, Estados Unidos también ha salido ganando. En Belice, Jamaica, Bahamas, Barbados, Antigua y Barbuda, Guyana y Santa Lucía había gobiernos pro estadounidenses y ese estatus se conservó tras los comicios. En Ecuador había un gobierno pro MAGA –el de Daniel Noboa– que logró revalidar.

En suma, entre enero de 2025 y el ecuador de 2026, en América Latina ha habido 10 cambios de gobierno. De esos 10, 3 pasaron de izquierda a extrema derecha pro MAGA –Chile, Colombia y Honduras– y 2 pasaron de centro-derecha pro estadounidense a extrema derecha pro MAGA –Costa Rica y Perú–.

Bolivia pasó de izquierda a centro-derecha pro estadounidense, Trinidad y Tobago se mantuvo en el centro-izquierda, pero se alineó más firmemente con Estados Unidos. Surinam viró a la izquierda con el NDP y Uruguay pasó de centro-derecha a izquierda. El último cambio de gobierno es el de Venezuela, un caso sui géneris.

Conviene recapitular. América Latina y el Caribe cuenta con 33 Estados independientes –toda América con la excepción de Canadá y Estados Unidos–. Al asumir la presidencia el 20 de enero de 2025, Trump contaba con 4 gobiernos pro MAGA y 11 gobiernos pro estadounidenses no MAGA (un total de 15) y debía enfrentar 4 gobiernos frontalmente opuestos y 5 gobiernos críticos (un total de 9).

Tras año y medio en la Casa Blanca, el bloque crítico cuenta con 2 gobiernos frontalmente opuestos y 3 gobiernos críticos (un total de 5), mientras que el bloque alineado cuenta con 9 gobiernos pro MAGA y 9 gobiernos pro estadounidenses no MAGA (un total de 18).

El corredor trumpista

A lo largo de casi 10.000 kilómetros de costa sobre el Pacífico, desde Costa Rica hasta Magallanes y Antártica Chilena, Trump podría desplazarse por territorio latinoamericano sin abandonar en ningún momento países gobernados por aliados políticos.

Los gobiernos que conforman este corredor mantienen afinidad con el movimiento MAGA y promueven una relación estrecha con el proyecto geopolítico impulsado desde Washington.

Si se amplía la ruta hasta el extremo austral del continente, Trump podría atravesar el canal Beagle y llegar a Argentina. De esta forma, el corredor trumpista en América Latina, específicamente en la costa del Pacífico, estaría compuesto por Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Fuera de esa continuidad geográfica también destacan dos aliados centroamericanos: El Salvador y Honduras.


Mapa de la posición de los gobiernos latinoamericanos en relación a Estados Unidos y al gobierno de Donald Trump.

Es precisamente en esta franja donde Trump ha cosechado sus mayores éxitos… De hecho, ha logrado un pleno. Todos los cambios de gobierno acaecidos en este corredor han devenido en gobiernos abiertamente trumpistas o pro MAGA.

En noviembre de 2025 fueron las elecciones generales hondureñas; ganó Nasry Asfura (Partido Nacional). En febrero de 2026 fueron las de Costa Rica; ganó Laura Fernández (Pueblo Soberano).

En junio de 2026 fue el ballotage en Colombia; ganó Abelardo De La Espriella (Defensores de la Patria). En abril de 2025 fue el ballotage en Ecuador; ganó Daniel Noboa. En junio de 2026 fue el ballotage en Perú; probablemente ganó Keiko Fujimori, si bien la justicia electoral planea dar el resultado final a inicios de julio.


El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) planea proclamar los resultados oficiales de las elecciones de Perú entre el 3 y el 7 de julio.

Por último, en diciembre de 2025 fue el ballotage en Chile; ganó José Antonio Kast. 

Además de influir abiertamente en la política interna de los países latinoamericanos, el Gobierno estadounidense ha impulsado foros de coordinación desde los que definir la agenda regional bajando línea a los gobiernos afines.

En paralelo al corredor trumpista en América Latina, el llamado Escudo de las Américas (Shield of the Americas) constituye la principal herramienta de Trump para extender la influencia militar estadounidense en América Latina. Presentada como una iniciativa de coordinación y apoyo a las fuerzas armadas de la región, está bajo la supervisión de Kristi Noem, ex secretaria de Seguridad Nacional del ICE.

Nueve gobiernos identificados con el trumpismo o cercanos al MAGA ya participan o prevén participar en ella: Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras y El Salvador.

A este grupo se agregan otros nueve países alineados con Estados Unidos: Paraguay, Bolivia, Guyana, Trinidad y Tobago, República Dominicana, Jamaica, Bahamas, Belice y Guatemala. Washington también ha logrado incluir a tres gobiernos de la región en su “Junta de Paz” para Gaza: Paraguay, Argentina y El Salvador.


Donald Trump impulsa la creación de una nueva ‘Junta de Paz’ para gobernar la Franja de Gaza y disputar el papel de las Naciones Unidas

Las próximas prioridades

En los próximos 18 meses, Trump pondrá la mirada –y, muy probablemente, recursos políticos, económicos, judiciales e incluso militares– en cinco grandes escenarios. El primero (y más obvio) es Cuba, donde la renovada campaña de asfixia y amenaza militar pretende lograr concesiones del Gobierno del Partido Comunista o, en el enfoque más optimista de Washington, un cambio de régimen.


La presión político-económica de la administración de Donald Trump sobre Cuba aumenta y amenaza con extenderse también al ámbito militar.
 

Los otros cuatro escenarios son electorales: En Guatemala, Trump deseará la emergencia de un nuevo líder más nítidamente alineado con el trumpismo, si bien el socioliberal Bernardo Arévalo ha mantenido una estrecha colaboración con su administración.

En El Salvador, la apuesta es el continuismo de Nayib Bukele. En Argentina, lo mismo: Trump buscará influir en las elecciones para que Javier Milei –o, tal vez, Patricia Bullrich u otra figura del mileísmo– impidan un retorno del peronismo a la Casa Rosada.

Pero, sin duda, el mayor interés estadounidense, junto a Cuba, está en Brasil. Las elecciones de octubre de 2026 podrían dar un vuelco a la región y ratificar el dominio político e ideológico del trumpismo y de Estados Unidos en el continente, extendiéndolo más allá de este corredor trumpista en América Latina. Para ello, Trump necesita que Flávio Bolsonaro supere a Lula da Silva en unos comicios en los que Washington buscará influir. 

El precedente del enfrentamiento entre la Casa Blanca y la justicia brasileña en el caso contra Jair Bolsonaro evidencia esta voluntad injerencista. No por casualidad, el mismo Donald Trump recibió a Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval en mayo.


Flávio Bolsonaro y el presidente Trump, en el Despacho Oval, en la foto difundida por el brasileño en redes sociales



Fuente: Descifrando la Guerra

martes, 21 de enero de 2025

Yo, Pepe Múgica

 

      Escritor y filósofo italiano. Activista de la izquierda.


Las palabras de una persona mientras las bestias se deleitan


     Mientras las bestias nazi-liberales bailan sórdidamente al son de las notas de los Village People -despreciables bufones- y preparan la gran deportación y la guerra contra los pobres, publico las palabras de un hombre sencillo y grande.

Pepe Mugica, socialista y guerrero, poeta y presidente, habla con una sonrisa en los labios de la vida, la enfermedad y la muerte. Y sobre todo lo relacionado con la vida y sobre la vida, sobre lo que las bestias nazi-liberales no saben nada.



YO, PEPE MÚGICA



Lo sé.

Yo era un guerrero, agricultor y político Tupamaro.
Pero soy olvidado sin olvidarme de ser quien fui.
Ante todo, guerrero.




Y ahora estoy muriendo y además se mantiene detrás de mí para escapar el guerrero que impone el tumor que me invade. Todos los caminos de mi tierra elevan mi corazón, y puedo distinguir el que pasa por el que es definitivo. Fui yo quien eligió este camino y no protesto por seguir aquí, con 89 años. Pero necesito silencio. El silencio es el manantial de los vientos que levantan los ecos de la vida, los cuchillos hostiles, los dientes, los alfileres y los ataques, los desgarros de los mil escalofríos, el torbellino de llantos y de lutos.

Dejadme en el silencio de mis guerreros y manzanos umbros, de la lengua que resiste las palabras que hieren en el hombro, de las orillas que besan los crepúsculos lamidos en los ojos. Dame el silencio, que quiero sanar la herida que me dejó en el alma el dolor de los bosques destruidos, de los bosques plantados de cemento, de la pobreza insuperable, de la justicia no ejercida, de las libertades apagadas. Desviado de mí el silencio, que quiero volver a mis vegetales, mientras tranquilo, y esperando la paz inevitable, medito en la paz de la vida, en cuánto caí y cuánto me levanté, los buenos amigos que me acompañaron. Y también bailó conmigo. Me devolvió la paz y no más palabras para mí.

Necesito los mil de los labios cerrados, de las bocas húmedas, de las espinillas oscuras, de los costados ausentes. Lucharé y seguiré jugando, sin tregua, jamás derrotado. La vida siempre está por llegar. Mi vida continúa a pesar de que me esté muriendo. ¡Cuánta vida hay en la muerte!

             ¡Mucho más en la vida!


Fuente: ILDISERTORI

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Latinoamérica y las ultraderechas

 

Psicoanalista argentino de orientación lacaniana y escritor. En 1976 se exilió en España.



     Últimamente se suele afirmar que la agenda de la ultraderecha en América Latina no funciona, que el algoritmo no encuentra su vía de realización y que el partido de los mega millonarios no logra desplegar el soporte político adecuado. México, Brasil, Colombia, Chile y Uruguay escaparían, de momento, del oprobio. La excepción a este argumento sería Argentina, dada la irresponsabilidad de su clase política y, siendo estrictos, en definitiva por el peronismo, al tratarse del movimiento que ha vehiculizado las posibles transformaciones populares.

Es una lectura posible muy a tener en cuenta, no obstante, la misma puede ser matizada en, al menos, dos puntos. En primer lugar, el "experimento neofascista" no eligió un lugar cualquiera de América Latina por dónde empezar: Argentina poseía un Estado que se había hecho cargo de una gran cobertura social en áreas tan sensibles como la salud, la educación, la ciencia y la cultura. Muchos de los países que aún están a salvo de las agendas ultraderechistas deberían dar grandes pasos para obtener lo que Argentina ya tenía y que ahora la ultraderecha pretende desmantelar con su tecnocapitalismo financiero. En segundo lugar, las "izquierdas latinoamericanas” ya no son las de antes; todas aparecen asediadas y decididas a ser muy cautelosas. 




En este punto, la Argentina estaría ofreciéndose como la vigilancia de las ultraderechas en el continente. De allí la crucial importancia de que el proyecto neofascista en Argentina fracase. Desde hace tiempo suelo emplear el término “neofascismo neoliberal” para designar este capitalismo fuera de la producción industrial y decidido definitivamente a implantar un estado de excepción.


Fuente: Jorge Alemán Lavigne

domingo, 22 de septiembre de 2024

Colombia: El (golpe de) Estado y la Revolución

 

Periodista y editor. Trabaja en la revista colombiana Lanzas y Letras. Colabora en Página/12 y Tiempo Argentino.


Con un llamamiernto a la movilización popular, Petro responde a la amenaza de un golpe contra su gobierno.



     «A un golpe de Estado se le responde con una revolución», sentenció Gustavo Petro durante el Encuentro Nacional de Medios Alternativos, Comunitarios y Digitales que se realizó en Quindío, región del Eje Cafetero, el 12 de septiembre pasado. Tras describir las trabas permanentes que la oposición de derecha pone a su gobierno y la serie de amenazas contra su persona, el presidente de Colombia recordó la forma en que los militares chilenos derrocaron a Allende en 1973, dijo que en Colombia «no se puede repetir un 19 de abril de 1970 [cuando un fraude escandaloso impidió un gobierno popular] que nos llevó a una violencia por generaciones, al igual que sucedió con el asesinato de quien iba a ser presidente de Colombia, Jorge Eliecer Gaitán».

Alertó que ahora «quieren repetir la historia» y convocó al pueblo a resistir: «Aquí se va a defender el voto popular. No hay otra forma de detener un golpe de Estado si no es con una revolución del pueblo. El pueblo movilizado de manera generalizada, que no es una marcha más o llenar de nuevo la plaza de Bolívar, no. Es un pueblo que apunte al poder».




No es la primera vez que Petro denuncia el riesgo de un golpe de Estado, aunque hasta ahora no se le había escuchado convocar a una revolución popular. «Es cierto que hay informes de inteligencia que alertan sobre la planificación de atentados contra su vida; por eso él habla de Allende, de Gaitán, y se pone en esa línea», explica un funcionario del gobierno formado en la izquierda. «Y es cierto también que la oposición está en una actitud destructiva, con una violencia mediática y una obstrucción en el Congreso de cualquier iniciativa del gobierno. Pero un golpe de Estado, o “golpe blando” como también mencionó el presidente, requiere de otros factores, como la preparación de un recambio institucional abrupto, algo que en este país no es tan habitual», reconoce la fuente.

Una interpretación más plausible da el escritor y periodista Julio César Londoño: «No es un golpe blando, presidente, es un guarapazo [un golpe fuerte que deja inconsciente]». Y agrega que ninguno de los gobiernos anteriores «soportaron nunca una andanada de ataques y una coalición enemiga tan extraordinaria como la que enfrenta Gustavo Petro: casi todos los partidos, el grueso de la gran prensa, un fiscal rabioso, el Congreso, los banqueros y los empresarios no dejan pasar un día sin criticar las medidas del gobierno con una incansable artillería de falacias chapuceras».




Petro también trazó un paralelo entre los hechos previos al golpe de Estado que sufrió Salvador Allende en Chile en 1973 y la coyuntura colombiana, después de que el gobierno se viera jaqueado por un lock out de empresarios del transporte que la prensa opositora presentó como un paro de camioneros. En este caso, la confrontación se resolvió a los pocos días por medio de una negociación. Es cierto que hubo activismo de derecha en la medida, que fue sobredimensionada para dañar al gobierno lo más posible. Sin embargo, una cosa es un golpe de Estado y otra muy distinta una estrategia agresiva de desgaste.

«Tampoco es que el gobierno sea tan incómodo para las élites como para voltearlo», analiza un militante político que apoya al gobierno. Efectivamente, las ganancias empresariales siguen incrementándose; ni el sector financiero ni las multinacionales tienen de qué preocuparse, a juzgar por sus balances. «Apenas se están intentando reformas parciales… En cambio, si tumban al gobierno, eso sí sería un problema en este país», concluye.

¿Exagera Petro? ¿Busca victimizarse, sacar provecho de la situación? Más allá de los sectores orgánicos de la burguesía, es cierto que el paramilitarismo sigue activo y que la posibilidad de un atentado contra el primer presidente de izquierda de la historia de Colombia no se puede descartar. Seguramente su preocupación sea honesta. Aunque, tal vez, la exhortación siguiente suene un tanto extemporánea. De ser así, sería un problema: leer mal el cuadro de situación es el principio de toda mala planificación, y en la batalla en la que se encuentra inmerso el pueblo colombiano no se puede correr el riesgo de emitir un diagnóstico erróneo.


El paramilitarismo sigue activo en Colombia.

Anacronismos (una hipótesis)

Allende y Gaitán: el primero padeció un golpe de Estado clásico en Chile, en 1973, con los tanques en la puerta del Palacio de gobierno; el segundo fue víctima de un magnicidio en 1948 en Bogotá, para impedir la concreción de un gobierno popular.

Las referencias que elije Petro remiten a un pasado remoto bien distante de los tiempos que corren. Podría haber mencionado los intentos destituyentes contra Dilma Rousseff en Brasil, Fernando Lugo en Paraguay, Evo Morales en Bolivia o Hugo Chávez en Venezuela, todos ocurridos durante las primeras dos décadas de este siglo. Pero no: tal vez por su intención de medirse con la «historia grande» de este continente, Petro parece estar pensando en clave del siglo XX. ¿Es en esa misma clave que habla de una revolución popular?

El M-19, Movimiento 19 de Abril, fue el grupo armado en el que Petro tuvo su militancia juvenil y donde se formó política e ideológicamente. Debe su nombre a la fecha en que, en 1970, la oligarquía colombiana realizó un fraude de proporciones abrumadoras para burlar la voluntad popular. Así, la guerrilla de Petro surgió a la vida política defendiendo la democracia. El inicio de una lucha revolucionaria en nombre de los derechos democráticos del pueblo está en el ADN político del presidente de Colombia.




Pero en la década de 1970 había una cantidad considerable de sectores que veían posible el camino revolucionario: Cuba estaba cerca en tiempo y distancia, Nicaragua lograría una heroica revolución social antes de finalizar la década y en el continente proliferaban los movimientos de liberación nacional. En Colombia, el “Eme” (M-19) cosechaba adhesión popular a fuerza de acciones armadas en las ciudades y se sumaba al abanico de movimientos insurgentes encabezados por las FARC y el ELN.




En 2024, en cambio, cuesta encontrarle contexto al llamado de Petro a la revolución social. La arenga resulta algo extemporánea en un país que se hastió de escuchar la palabra revolución durante décadas en boca de las guerrillas —desprestigiadas y derrotadas en el caso de las FARC, aisladas en el caso del ELN— y, más recientemente, en boca del chavismo vecino, fuertemente demonizado por los medios de la derecha y por el caudaloso afluente de inmigrantes venezolanos que pueblan Colombia hablando pestes de la revolución bolivariana.

La política de paz que Petro defiende con convicción y acierto, en un país marcado por la violencia, es asumida por las mayorías populares como la contracara de lo que ahora plantea el presidente: tras setenta años de conflicto armado, en términos generales el pueblo no está demandando revolución —que implicaría más violencia—, sino paz (aun cuando valga la crítica a la falta de cambios estructurales que la acompañen). Tampoco parece haber un proceso de creciente movilización y radicalización de las masas que sustente una advertencia de ese calibre.

Más allá de eso, en la expresión de Petro hay un acierto: en el marco de estos regímenes electorales condicionados por el gran capital, en donde el poder económico maneja las burocracias legislativas y judiciales y no permite cambios estructurales, es genuino pensar en la defensa de la soberanía popular más allá de la camisa de fuerza de una democracia amañada, contraria a la voluntad del pueblo. Igual de acertado es proponer la movilización popular con el poder en la mira. Pocos dirigentes asumen esa audacia.




Colombia tal vez sea el mejor ejemplo en América Latina de los límites que determinan estas democracias liberales a cualquier intento de transformación social. Las clases dominantes lograron un diseño institucional estable desde hace al menos medio siglo, cuando las cúpulas de los partidos Conservador y Liberal sellaron el pacto al que denominaron Frente Nacional. Desde entonces se mantuvo la formalidad institucional, se alternaron distintos gobiernos y se mantuvo la división formal de poderes.

Eso no impidió la consolidación de un régimen oligárquico que, aún con elecciones periódicas de por medio, libró una verdadera guerra contra el pueblo, signada por masacres, fusilamientos masivos y desapariciones. Recién en 2022, como correlato de un proceso de movilizaciones y estallidos sociales, la candidatura de Gustavo Petro logró quebrar ese esquema. Sin embargo, aquel Estado moldeado por el pacto bipartidista de las clases dominantes, que tan estable resultó, continúa en pie y no permite que se cambie el rumbo ni se alteren los intereses que representa.

Si bien las derechas siguen apelando a violencias de distinto grado y distinto tipo, Colombia habilita pensar la siguiente hipótesis: estos regímenes de democracia formal, amoldados a los intereses de las grandes corporaciones económicas, pueden tolerar perder momentáneamente el control de los resortes gubernamentales con la confianza de que pronto los van recuperar.

Antes que un golpe de Estado que victimice a las fuerzas populares y dé argumentos a los sectores más radicales, les resulta más fácil, más útil y más inteligente desplegar una estrategia de desgaste permanente que arroje como resultado la imagen de un gobierno del «cambio» impotente, con un presidente desgastado por la imposibilidad de concretar las más modestas reformas (Petro tiene sus principales proyectos legislativos —la reforma fiscal, la laboral y la del sistema de salud— bloqueados hace tiempo en el parlamento).

«Hay que dejar que la izquierda haga lo suyo ahora, para que fracase de una vez y no vuelva nunca más», reflexiona una vecina del Park Way de Bogotá que tiene un cargo gerencial en una empresa multinacional.

Las dificultades de gestión del gobierno de Petro conviven con un estado de confusión en su base social de apoyo, mezcla de valoración de la voluntad presidencial con cierta desazón al ver que no se avanza. El protagonismo popular en las calles para garantizar los cambios, al que apela discursivamente cada tanto el presidente, no termina de verse plasmado, o al menos no en las dimensiones que haría falta para destrabar la situación política e ir por más.

Lo que vendrá

El panorama colombiano encaja bien con el clima de época que, en la última edición impresa de esta revista, Martín Mosquera denomina «fin de ciclo» en referencia al cierre de un largo ciclo de la izquierda global. Para el tiempo que se viene, propone Mosquera, conviene «asumir plenamente las características y tareas de un momento defensivo» para poder salir, lo antes posible, «mejor preparados para impulsar las luchas ofensivas del próximo período».

El desgaste al gobierno de Petro que fogonean las clases dominantes se monta bien sobre el momento de retroceso de las izquierdas a nivel global, del que Colombia no escapa ni del que puede escapar a fuerza de mera voluntad. Claro que, contando con los resortes del Estado con los que cuenta el pueblo colombiano a través del gobierno de Gustavo Petro, sería un error no apelar a todos los medios posibles para intentar avanzar.




La alianza entre el movimiento popular organizado y un gobierno que se muestra dispuesto a honrar el mandato del pueblo es un elemento altamente valorable. Tanto el presidente como una parte importante de las organizaciones y las fuerzas sociales están buscando sacar el mayor provecho, acumular de la mejor forma y librar todas las batallas posibles (sobre todo, las que se puedan ganar). Parte de esta táctica de acumulación se vio en el Encuentro de Medios Comunitarios y Alternativos en el que Petro hizo su arenga más encendida.

No parecen ser estos los tiempos de la revolución social, aunque bien advierte Enzo Traverso en su libro Melancolía de izquierda después de las utopías: «Siempre podemos consolarnos con el hecho de que las revoluciones nunca son ‘puntuales’, llegan cuando nadie las espera». Aun asumiendo esa incertidumbre, hay que repararse: cuando se despejen algunos desconciertos, se clarifiquen los caminos y se hayan consolidado las fuerzas y las broncas que ya se están acumulando ante el impedimento democrático, las batallas que Petro anuncia de seguro serán las que habrá que dar.


Fuente: Jacobin


miércoles, 13 de octubre de 2010

PRESENTACIÓN del libro “El Trato”, DESTRATO, de Delfi Molina, en Concordia - Uruguay

Presentació del libro “El Trato”, DESTRATO, de Delfi Molina Programa

 
Bienvenida (Mariela Sanabria)
El Trato Breve Reseña (Delfi Molina)
La Autora (Patricia Coitinho)
...Proyección de imágenes de su vida y visita a las escuelas.
DIMSA – (Mariela Sanabria)
El Trato “Destrato” Síntesis del libro en P.P.(Patricia Coitinho)
Opiniones de profesionales: Psicólogos, Sociólogos,
Abogados, Docentes, Escritores=
Destrato herramienta para tratar el tema violencia en diferentes ámbitos.
 
El Trato “Destrato”

A través del lenguaje cotidiano de las historias se resalta la falta de valores de las personas y las sociedades,
en varios momentos de la historia. Encontraremos historias desde cuando la Autora era pequeña y otras más recientes; en lo que se refiere a los ambientes veremos como la violencia llega a todo los lugares, sobre todo los más marginados.
Los Personajes: niños, adultos, mujeres, hombres; que más allá de su nombre ficticio,encierran la historia de una persona real que sufre. Algunos de los emergentes que aparecen en los relatos: abandono; droga, alcohol, abuso sexual, prostitución, trabajo infantil, mendicidad, etc.
 
El libro consta de 2 partes:
 
I Poesías, que expresan en cada verso el sufrimiento y la necesidad de amor...
II Historias, que relatan, situaciones violentas, y que lamentablemente se van haciendo habituales en nuestras sociedades.

Delfi Evita Molina.
Autodidacta. Nace en Salto República Oriental del Uruguay un 24 de Mayo.
Luego de la separación de sus padres pasa a vivir con sus abuelos paternos; allí descubrirá un nuevo universo
que luego se transformará en: " SU MUNDO", consciente de ello irá registrándolo en cualquier hoja de papel que esté a su alcance.
Asiste a colegios públicos y se va nutriendo de todo libro que encuentra en su camino; también se alimenta del cariño, los consejos y las historias de los adultos. A ello irá sumando la amistad, la complicidad y sobre todo las travesuras de los niños que compartieron y confraternizaron con ella. En sus historias veremos como todas esas experiencias se van mezclando con las de sus hermanos, sus hijos y ahora las de sus nietos.
Hace más de 20 años que trabaja masajista en Concordia Entre Ríos, dedicando su vida a ser Madre y Padre - ya que hace casi 20 años que es viuda-, consejera, amiga, abuela y en sus ratos libres "FANTASEA CON EL LÁPIZ".
El Trato se viene gestando hace más de 50 años, pero se convierte en Libro después de mucho sacrificio y tras el peligro que corrían sus escritos, debido al paso del tiempo y las travesuras de los ratones. En Setiembre 2008 publica: eL TRato " CUENTOS Y POEMAS CORTOS"
En Enero de 2009 edita: eL TRaTo 2 " solo bichitos" y eL TRaTo 3 " cuentos cortos para niños más grandecitos"
En marzo de 2010 se publica el TRaTo 4 “juguemos con rimas” y el TRaTo “DESTRATO”.


Viernes, 15 de octubre · 16:00 - 17:00

Lugar:DIRECCION DE CULTURA (Urquiza 638, Planta Baja) Concordia - URUGUAY

viernes, 1 de octubre de 2010

CICLO DE POETAS Y NARRADORES en Montevideo - Uruguay

CICLO DE POETAS Y NARRADORES



En esta oportunidad se presentarán:

Gustavo Esmoris
Marcia Collazo
Ariel Genta Cubas


Fecha:
Sábado, 02 de octubre · 20:00 - 21:30

Lugar:Naranjo en Flor
Soriano 1227 - 1er. piso - Cantina Centro de Protección de Choferes
Montevideo, Uruguay