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viernes, 2 de enero de 2026

Despojan a Franco de su medalla de oro pero no dan carpetazo al ataque fascista contra Pedro Costa Morata




 Por ALTERIDAD

El pleno municipal del ayuntamiento de Águilas convocado, además

 de con alevosía, con “matutinidad” para torpedear cualquier amago

 ciudadano de mostrar su apoyo a Pedro Costa Morata, duró apenas

 una hora. Se había fijado, con la premura esperable de quien,

 aprovechando las fiestas navideñas, intenta que el acto pase

 desapercibido, para el 30 de diciembre a las 9:30 de la mañana. Poco

 más de las 10:30 ya había concluido




     En su cabeza la jugada se les antojaba redonda: se trataba de aprobar la ignominiosa revocación del nombramiento de Hijo Predilecto a Pedro Costa Morata -incómoda, pero solvente, “mosca cojonera” ante los desmanes urbanísticos de la Corporación y otras muchas lindezas- al tiempo que se aprobaría la retirada de la medalla de oro de la Villa de Águilas concedida a Franco, petición vecinal solicitada años antes. Así, debieron pensar que contrapesarían la balanza”. Un burdo ardid, pero fueron con ello.


El alcalde de Águilas, Cristóbal Casado.

    Equiparaban a un golpista fraticida y casi inacabable dictador sanguinario con un ilustre y pacífico ecologista, periodista y politólogo como Pedro Costa Morata, un vecino que ha hecho suyas todas y cada una de las problemáticas humanas sin importar el lugar donde acontezcan, dando aliento a las personas oprimidas y defendiéndolas frente a los abusos del poder con una destreza y una valentía pasmosas.

    Por otra parte, su ya muy dilatado y acreditado currículum ha contribuido también a elevar muy alto el nombre de la ciudad de Águilas, con lo cual la vileza era doble: no solo se arremetía contra una persona tan sobradamente capacitada como socialmente comprometida como Pedro Costa sino también contra un insigne paisano, ejemplar y digno de emulación.


El ecologista, periodista y politólogo aguileño Pedro Costa Morata.

    La indignación, la solidaridad y el apoyo al ecologista, periodista y politólogo fue amplificándose y alcanzó ampliamente los titulares de la prensa regional murciana. Muestras de rechazo al ataque fascista y de respaldo a Pedro Costa Morata, a la memoria viva y a la semilla de su figura se multiplicaron, fuese de manera individual o colectiva, como fue el caso de los agentes sociales, desde los más variados espacios de encuentro incluso a nivel internacional, tal como sucedió en el caso de Guatemala.


Un grupo de asistentes al pleno municipal en apoyo a Pedro Costa Morata.

    Aconteció entonces lo que era previsible ante tan inmenso disparate abusivo e injustificado: multitud de voces descontentas con lo que la mayoría absoluta socialista en el ayuntamiento de Águilas estaba dispuesta a perpetrar e intempestivas llamadas telefónicas protestando airadamente comenzaron a sonar. Algunas, acaso, desde las instancias superiores del propio PSOE.

    Era evidente que tamaña e insensata decisión administrativa no les reportaría voto alguno en Águilas y que, por el contrario, les restaría muchos sufragios en todos los ámbitos, particularmente en la Región de Murcia, donde Pedro Costa es, con creces, holgadamente conocido y popular.


El alcalde de Águilas con el actual interventor municipal y exalcalde socialista de Lorca.

    Ante tal tesitura, el grupo municipal socialista optó por una resolución sorprendente aunque quizá no tan inexplicable: “dejar sobre la mesa” (sic) ese punto del orden de día del plenario.

    ¿Por qué la mayoría absoluta socialista en Águilas no votó simplemente no a ese punto y lo hubiese dejado zanjado dándole “carpetazo”? ¿Qué propósitos se agazapaban tras aquella determinación? ¿Hubo algo detrás de ella fue pura torpeza por la absurda intención -ante un dilema en el que no cabían medias tintas- de quedar bien con todas las partes (el Secretario Municipal, Jesús López López, incluido)? ¿Sucede con la actual corporación socialista lo mismo que llevó a la reciente dimisión de la anterior alcaldesa, también socialista, Mari Carmen Moreno, y que hicieron que tuviera que reconocer, en privado por supuesto, que “me tiene bien cogida”?.

    Así las cosas, se pasó fulminantemente al siguiente punto del orden del día de tan improcedente y extemporánea sesión plenaria: “revocación de la medalla de oro concedida a Francisco Franco Bahamonde así como el nombramiento efectuado a jefes, oficiales, clases y soldados del Tabor de Regulares “Tetuán” como hijos adoptivos del municipio de Águilas”.

    Era la tercera vez que el colectivo Amanecer 31 solicitaba la retirada de esta medalla al sanguinario dictador. Ya en 2020 y en 2021 este colectivo presentó idénticas propuestas, obteniendo tan solo el silencio administrativo de ese Consistorio. Ahora que creían haber visto el momento oportuno de tramitarla para enmascarar el dislate de intentar atacar la figura de Pedro Costa Moratael grupo municipal socialista aguileño no tuvo más remedio que hacer uso de su mayoría absoluta para aprobar la retirada de la medalla de oro al golpista fraticida de 1936 con la abstención -de mala gana- del PP y la rotunda oposición -cómo no- de los ultraderechistas de Vox.


El grupo municipal de Vox en Águilas.


Fuente: ALTERIDAD

sábado, 20 de septiembre de 2025

Aquella brisa de los veranos de antes (11 de 20)

 

 Por Pedro Costa Morata
       Ingeniero, Periodista y Politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.



¿Águilas?, bien, gracias


Hace mucho que trato de encontrar algo de literatura en nuestro verano, tan impreso en las visiones y sentimientos de los aguileños desde -por lo que a mis recuerdos se trata- los años 1950, en que el jolgorio que inducía el Programa de Festejos iba acompañado de la afluencia de “bañistas” (que no nos atrevíamos a llamar “turistas”), en su mayor parte lorquinos, madrileños y del valle del Almanzora. Y aun hallándola -sigo con lo de la literatura-, desde mi violento encuentro con las realidades políticas reveladas por el trauma nuclear de 1974 y la inmediata Transición, he tenido que transformar la poesía de mi exaltación de ausente y soñador, entusiasta recuperador de esencias en los retornos, en acre prosa de descubridor de miserias, que no por ser esencia del realismo social y político deja de alterar, con periódicas angustias, las pulsaciones del alma.

Y como resulta usual, sea su relato en prosa poética o en lírica ramplona, la historia del pueblo sigue, con el recuerdo insistente de cronistas e historiadores de lo que fuera faro cultural en las primeras décadas del siglo XX, que eran portuarias, mineras y espartarias, y Águilas aporta, para el observador empeñado en redimir o condenar, innumerables retazos de un estupor que no siempre puede detenerse ante la indignación. Ya he aludido en estos escritos de brisa cambiante más en lo social que en lo climático, al desmadre interno de la institución municipal y la estampida de su alcaldesa, que ni siquiera ha esperado al final del verano para -como los felices veraneantes- dar por concluida una experiencia que siempre es bueno emparejar con los cambios envolventes, aunque solo sea por mostrar como voluntaria y razonable lo que no es más que huida precipitada ante el anuncio del chaparrón.

Que no otra cosa vivía yo en los cenáculos de los desayunos amigables (que no siempre amistosos) en la popular Glorieta aguileña, donde la “Pava de la Balsa”, que en realidad es cisne, hace de fuente y sigue exhalando su vida hecha líquido por la mordida fatal de la serpiente traicionera de siempre... Y verbo y mirada tenían como común y más frecuente objetivo la espléndida fachada neomudéjar de la Casa consistorial. Pero ya dije que el recuento de algunos de los más feos asuntos que entre esas paredes anidan, irán relatados en su momento, y no hay por qué apresurarse.


La Glorieta y sus ocho calles ortogonales. (Sebastián Jiménez).

Pava de la Balsa (Fernando Mula).


He vuelto, como ya hiciera en mis croniquillas de 1992 (“Carta de Águilas”, las llamaba yo), a sentir ese “terrorismo de baja intensidad”, es decir, incruento pero difícilmente soportable, del ruido agresivo y creciente, como seña de identidad aguileña y -he de pensar que así es considerado por muchos- indicador de esplendor turístico y modernidad mediterránea, con la más jovial indiferencia de las autoridades municipales, que sin duda se muestran orgullosas del ubicuo estruendo. Ya tuvieron que ceder ante los tribunales por extender el escándalo más allá de las 12 (o sea, las 24 horas) en el largo festeo veraniego, por la enérgica protesta de perjudicados con causa. Pero esa contención no alcanza a nada más, siendo de destacar el ingenio de algún servidor municipal que ha duplicado, o más, los tiempos de alternancia de los semáforos, dando lugar -he de pensar que involuntariamente- a que la creciente bandada de gamberros sonoros motorizados, tan mediterráneos ellos, despierte a los vecinos en lo más profundo de su sueño, que es cuando cunden estos terroristas nocturnos de baja estofa y alto impacto; mi impresión es que las autoridades, las políticas y las policiales, están encantadas de esta agresión, y ni se les ocurre hacer cumplir la ordenanza anti ruidos. Desaproveché numerosos formularios de protesta anti ruido cuando dominaban el pueblo los “cuñadísimos” del PP, que me imagino lo que harían con esos papeles en los que reiteraba yo su obligación de actuar; y no se me ha ocurrido repetir esa tontería burocrática con los dirigentes actuales del PSOE (que son, ambientalmente hablando, tales para cuales).

A esa otra novedad -ruidosa y alcohólica- de las fiestas en el mar, que he presenciado con ira y desesperación, por ejemplo, en aguas del Fraile, quiero añadir lo que desde hace unos años ha irrumpido como -supongo- ingeniosa aportación en la noche de los Fuegos Artificiales de ese 14 de agosto que los aguileños tenemos por poco menos que sagrado (y de la que yo he estado ausente un día de guardia en la mili y algunos regresos desde Guatemala: siempre contra mi voluntad, quiero decir). Y es el acompañamiento de esos fuegos con música horrísona y grotesca, que no acompaña al colorido y formas del espectáculo celeste (como podría pretender) ni, sobre todo, permite la expresión tradicional, popular, y graciosa, del ¡¡¡Oooh!!! que no por primitiva, e incluso humanamente zoológica, es menos graciosa y atávica, y que levanta un multitudinario coro, no del todo desafinado, desde el semi circo playero en que se convierte esa noche la bahía de Levante (la mía), atestada como romería laica y mítica: un cálido espectáculo no del todo ecológico, pero y qué, con primeras filas de probos ciudadanos bien provistos -los pies en el agua- de cena, mesa y silleta.


Fuegos Artificiales del 14 de agosto.

A los promotores de esta novedad musical (mierdera, o sea, en el llano y preciso habla local), no se les ha ocurrido acompañar a esos Fuegos con el concierto de Händel de los “Reales fuegos artificiales” (1749), no, que pertenecen a la generación decibélica, bárbara e inculta. Este año me he fijado en la letra del himno de Águilas con el que acaba tal explosión de (civilizados) fulgores y (monstruoso) pachangueo, uno de cuyos versos, válgame Dios, alude a la singular villa “tierra tostada de Sol”... Lo que, vista la situación del planeta, la amenaza climática y las temperaturas de este verano, que anuncian nuevos récords y que han sido especialmente terroríficas para la Región murciana (su interior, es verdad, pero hay que ser solidarios), urge modificar: es una llamada que hago al honorable cuerpo representativo de dignos ediles, indiscutiblemente preocupados por el prestigio de la villa y la garantía de un futuro turístico en permanente auge. Ya requerí, en anteriores oportunidades, la atención de los autores del Programa de Festejos anual por la reiterada llamada, como timbre de distinción y razón de excelencia, de las altas “temperaturas medias anuales” como atractivo para vivir y tirarse al agua, pero que ya no son prudentes por la mala marcha, imparable, de las calores.

Que es verdad que el precitado himno (¿alguien me dice qué prodigioso ingenio tuvo a bien producirlo para la nunca suficientemente asombrada villa?) adolece de chorradas y cierta caspa, tan al uso en creaciones patrióticas, regionales o pueblerinas de este jaez, y solo para no pecar de maledicente recordaré algunas expresiones de su letra, que ya lleva el título de “Águilas, paraíso del Mediterráneo”, algo pretencioso, pardiez, pero inocuo incluso cuando insiste con “paraíso de luz y alegría”, pues bueno, pues vale. Unas estrofas que no siempre encierran ingenuidad estricta, y que aludiendo al recurso más manido en este tipo de excesos localistas, o sea, la mujer, incluye versos que ya, ya: “Mujer que en sus aguas te bañas/y te acaricia ese mar/¡quién fuera agua salada/y poderte acariciar!”, o esta otra, tan exultante como la anterior, que igualmente habría penado por aflorar en aquellos tiempos de censura integrista y que ahora se enfrenta a nuevas sensibilidades no menos rigurosas : “Eres morena y valiente/eres lo que sabes tú”.

En descargo de su creador o creadora, reconoceré que no resulta nada fácil redactar, en materia de himnos, algo que no resulte fuertemente determinado por el aire entusiasta de un pasodoble (como es el caso) o, más serio todavía, el vigor temeroso de una marcha pseudo militar, como otras veces. (Y también es verdad que quién me manda a mí tomarme en serio cosas así, pero de alguna forma he de acabar este artículo, y no es mal remate el toque amablemente crítico de un aguileño siempre fervoroso de la tierra que lo vio nacer.)

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Latinoamérica y las ultraderechas

 

Psicoanalista argentino de orientación lacaniana y escritor. En 1976 se exilió en España.



     Últimamente se suele afirmar que la agenda de la ultraderecha en América Latina no funciona, que el algoritmo no encuentra su vía de realización y que el partido de los mega millonarios no logra desplegar el soporte político adecuado. México, Brasil, Colombia, Chile y Uruguay escaparían, de momento, del oprobio. La excepción a este argumento sería Argentina, dada la irresponsabilidad de su clase política y, siendo estrictos, en definitiva por el peronismo, al tratarse del movimiento que ha vehiculizado las posibles transformaciones populares.

Es una lectura posible muy a tener en cuenta, no obstante, la misma puede ser matizada en, al menos, dos puntos. En primer lugar, el "experimento neofascista" no eligió un lugar cualquiera de América Latina por dónde empezar: Argentina poseía un Estado que se había hecho cargo de una gran cobertura social en áreas tan sensibles como la salud, la educación, la ciencia y la cultura. Muchos de los países que aún están a salvo de las agendas ultraderechistas deberían dar grandes pasos para obtener lo que Argentina ya tenía y que ahora la ultraderecha pretende desmantelar con su tecnocapitalismo financiero. En segundo lugar, las "izquierdas latinoamericanas” ya no son las de antes; todas aparecen asediadas y decididas a ser muy cautelosas. 




En este punto, la Argentina estaría ofreciéndose como la vigilancia de las ultraderechas en el continente. De allí la crucial importancia de que el proyecto neofascista en Argentina fracase. Desde hace tiempo suelo emplear el término “neofascismo neoliberal” para designar este capitalismo fuera de la producción industrial y decidido definitivamente a implantar un estado de excepción.


Fuente: Jorge Alemán Lavigne