Redactora
de Vivienda y Memoria Histórica en Público.
La
crisis humanitaria en Ceuta ha desatado un profundo choque político
y social marcado por el repunte de los discursos xenófobos, las
críticas a la gestión institucional y la preocupación por el
deterioro de la convivencia
Mobiliario urbano y enseres arden en Ceuta durante una manifestación para protestar por la situación provocada por la llegada masiva de migrantes. 27.08.2026.
Entre
el 30 y el 31 de julio, 72.000 personas cruzaron la frontera
que separa Marruecos de la ciudad autónoma de Ceuta. Lo hicieron
a pie o nadando con pequeños flotadores. La incursión se saldó con
145 fallecidos -según datos de Caminando Fronteras-, confirmándose
como una de las mayores tragedias migratorias de la ciudad. Otros
tantos se encontraron con una ciudad incapaz de darles asistencia.
El Centro
de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) arrastraba días
de problemas de sobreocupación, así que calles, playas y parques se
convirtieron en campamentos improvisados. El 29 de julio, antes
incluso de que se produjera la entrada masiva, el presidente de Ceuta
ya hablaba de "colapso".
La
mayoría eran chicos jóvenes y menores, aunque también cruzaron
niñas y familias enteras que se encontraron con la misma
problemática. Ante la falta de recursos, en los días
siguientes se produjo un gran flujo de retorno, aunque un mes
después todavía son miles las personas que siguen durmiendo al raso
y que subsisten gracias a la ayuda de vecinos y ONG.
Uno
de los mayores asentamientos se concentró en la
playa de El Trampolín, donde el pasado jueves un grupo
de ceutíes quemó las camas improvisadas y los pocos enseres que
tenían los migrantes. El grupo violento se había
concentrado en esta zona tras acudir a una manifestación en contra
del Gobierno. Minutos antes de este incidente habían tratado de
evitar que voluntarios de Cruz Roja repartieran comida en la zona.
Este viernes otro grupo se acercó o a la misma zona con consignas
como “Invasores, expulsión”, pero no hubo brotes de
violencia.
La
crispación y la polarización no han hecho más que aumentar en
estas cuatro semanas, convirtiendo a esta pequeña ciudad de
84.000 habitantes en una olla a presión. La normalidad está
lejos de retomarse, como admitió a finales de semana Félix Bolaños,
ministro de la Presidencia. El Gobierno central no puso en marcha el
mando único hasta el martes pasado y todavía no se ha podido
trasladar a la Península a los miles de menores que llegaron esos
días a Ceuta, entre ellos al menos 500 niñas. Esta semana también
se conocía la
denuncia de 16 agresiones sexuales en lo que va de mes,
algunas con estas menores como víctimas.
En
medio de toda esta situación, desde la derecha han aprovechado para
atacar al Gobierno y su política migratoria. El Partido Popular se
ha negado en todo momento al reparto obligatorio de menores
migrantes, una postura compartida también por Vox. Los populares
piden reformar la ley de Extranjería para garantizar el rechazo en
frontera y plantean
como única alternativa la repatriación de todos los migrantes. Ante
el aumento de la tensión social y mensajes ambiguos de sus
dirigentes, finalmente los populares hicieron un "llamamiento
firme a la calma" el viernes, aunque sin dejar de dirigirse
a los migrantes como "invasores". "Quien
piense que con la violencia ayuda a Ceuta se equivoca. Solo da alas a
los que pretenden señalar a los invasores como víctimas cuando las
víctimas verdaderas somos los ceutíes", afirmaba el
diputado popular Jesús
Celaya Brey.
Una
crisis humanitaria lejos de resolverse
En
cuestión de horas la entrada masiva de personas en Ceuta se
convirtió en una emergencia sanitaria y social aguda, con todos los
servicios al límite. Precisamente las posibles instalaciones para
albergar a quienes han decidido quedarse o están pendientes de que
avancen sus peticiones de asilo fueron motivo de discusión con el
Gobierno de la ciudad. Juan Jesús Vivas, presidente de
la ciudad autónoma, se ha negado a facilitar polideportivos y otros
emplazamientos elegidos por el Gobierno al contar con baños y
duchas, entre otros motivos. "Si
intentan usarlos, van a tener que sacarme a mí de ellos", llegó
a decir. Este viernes, el mando único aprobó un listado de
espacios para la reubicación de los migrantes.
La
falta de salubridad de los asentamientos ha provocado también
ciertos brotes de gastroenteritis y otras infecciones, aunque desde
la comunidad médica descartan que se pueda hablar de epidemia. Si
bien, en los días posteriores al 30 de julio los sindicatos
denunciaron que tanto el Hospital Universitario como los campamentos
a pie de calle se encontraban al límite. Desde el Partido Popular se
han utilizado estas noticias para llegar, incluso, a pedir el
confinamiento en Ceuta por "enfermedades
infectocontagiosas". Algunos militares denunciaron
casos de sarna, que ellos mismos achacaban a la falta de higiene de
las bases.
Migrantes acampados en las naves del Tarajal.
Entre
los migrantes que lograron cruzar la frontera había muchos hombres
jóvenes, pero también un número inusualmente alto de menores no
acompañados y de familias con niños. El Gobierno asegura
que actualmente hay unos 2.000 menores en el sistema de acogida de
Ceuta; de ellos, más de 500 son niñas o chicas adolescentes. Este
último grupo, el más vulnerable a sufrir violencias, será
próximamente trasladado a la Península. El resto también será
repartido entre las diferentes comunidades autónomas, otro de los
temas de confrontación entre Gobierno y oposición.
"La
crisis de Ceuta muestra con especial crudeza cómo ser mujer, niña o
adolescente, estar en movilidad y encontrarse sin alojamiento estable
multiplica las situaciones de riesgo", subraya en conversación
con Público Oussama Chakkor, psicólogo social
experto en migraciones en la organización ActionAid España. Una de
las caras más amargas de esta crisis es la violencia sexual. Según
ha informado la Fiscalía, se
han contabilizado 16 agresiones sexuales en el último mes, con 17
víctimas, de las que 16 son mujeres. La mayoría no llegan
a la mayoría de edad.
Mujer migrante en Ceuta, reubicada en el campo de fútbol del colegio Reina Sofía.
El
psicólogo explica que la situación actual es particularmente grave
porque muchas de estas personas se han encontrado con semanas
de "incertidumbre, recursos improvisados y situaciones
de calle", que han podido documentar ONG como Human Rights
Watch. "Cuando falta identificación individual, aumentan las
posibilidades de que una niña desaparezca de los mecanismos de
protección. Cuando no existen espacios seguros para mujeres, aumenta
la exposición a la violencia sexual", añade. Bajo su punto de
vista, la respuesta a las menores no ha sido "ni correcta ni
suficiente". "La protección llegó tarde y, durante
semanas, muchas niñas y adolescentes quedaron expuestas a
situaciones que nunca deberían haberse normalizado", concluye.
En
la misma línea, Helena Maleno, defensora de los derechos humanos,
periodista e investigadora especialista en migraciones y trata de
seres humanos, cree que, un mes después, España no ha estado a la
altura que la situación requería. "Todavía no se está
garantizando el acceso a ayuda humanitaria, no se está pudiendo
proteger a todos los niños y a todas las personas demandantes de
asilo... Hay un fracaso del sistema y un abandono de las
autoridades, y esto está alimentando el malestar y los discursos
de odio", lamenta.
Odio
y racismo disparados
"Nos
estamos encontrando con que no se da una respuesta gubernamental
adecuada y sobre todo con que se está propagando el discurso del
odio, y ese odio está haciendo mucho daño en Ceuta. Se está
atacando a los migrantes y a los musulmanes ceutíes",
denuncia a este periódico Abdelah
Mustafa, presidente de la asociación de vecinos de la Barriada de la
Reina. Junto con sus vecinos se organizó desde el primer
día para habilitar el polideportivo como refugio para mujeres y
menores. Otros muchos voluntarios y ciudadanos anónimos se han
encargado de llevar comida, mantas o hasta abrir las puertas de sus
casas a familias y personas necesitadas.
En
el lado contrario, según pasan los días ganan más terreno los
mensajes de odio y la hostilidad hacia la comunidad árabe y
subsahariana. Aunque el suceso más grave se vivió el jueves con la
quema de enseres en la playa, la ultraderecha llevaba semanas
caldeando el ambiente. El secretario general de Vox en el
Congreso, José
María Figaredo, llegó a afirmar que había que "cazar uno por
uno" a los migrantes que habían entrado irregularmente
en Ceuta. Sus palabras provocaron denuncias ante la Fiscalía, pero
el diputado no ha dado marcha atrás.
Varias personas intentan bloquear la ayuda humanitaria en la playa de El Espigón.
En
tan solo dos días -el 30 y 31 de julio-, el Observatorio Español
del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), detectó más
de 9.500 mensajes de odio en redes sociales contra la entrada masiva
de finales de julio. Según
el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, este
"pico" de mensajes de odio ligado a la crisis migratoria en
Ceuta ha impulsado el repunte de publicaciones de odio en redes
durante julio, con 57.406 contenidos frente a los 40.800 de junio. El
68% de los contenidos analizados tenían foco en el odio a las
personas procedentes del norte de África.
"Cuando
se repite diariamente que existe una invasión, una
amenaza o una ciudad tomada, se alimenta una sensación
de emergencia permanente que puede aumentar la hostilidad hacia los
migrantes, las agresiones racistas o la ruptura de la convivencia. En
una ciudad como Ceuta las consecuencias pueden ser muy peligrosas",
advierte Chakkor. El psicólogo alerta de los riesgos de
convertir una crisis de gestión y protección en un conflicto
identitario entre cristianos y musulmanes "si no se
pone freno a ciertos discursos". En el caso de la violencia
sexual, recuerda que "no tiene pasaporte", pero las
víctimas sí tienen "rostro, cuerpo, historia y derechos":
"Cuando utilizamos una agresión para construir odio contra
miles de personas, corremos el riesgo de volver a ejercer una segunda
violencia: quitar a la víctima su historia y convertir su dolor en
propaganda".
El
consultor político y analista Jordi Sarrión también incide en
declaraciones a Público en la influencia que puede
tener el discurso político en estallidos violentos como el del
jueves -aunque no sea el único responsable directo- "al ir
radicalizando progresivamente a una parte de la sociedad". Por
otro lado, afirma que "cada día hay un ejército digital que
se levanta en las redes para sembrar el caos": "Hay
cuentas, perfiles y actores que amplifican cada incidente, cada
imagen y cada mensaje de confrontación, y contribuyen a generar una
sensación de conflicto permanente. No podemos ser ingenuos ante el
papel que está jugando este ecosistema digital en la crisis de
Ceuta".
Crisis
política
La
crisis humanitaria en Ceuta ha pasado a ser una crisis política de
primera magnitud. Dos días después de la entrada masiva, el
ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, aseguró que la
crisis "estaba resuelta". Este
jueves 27 de agosto Bolaños reconocía que no se había recuperado
la normalidad y que todavía quedaba un largo camino por
delante. En los últimos días han comparecido varios ministros sobre
el tema, aunque lo más llamativo ha sido la confrontación
de versiones sobre el papel del CNI en la detección de la entrada
masiva por parte de Interior y Defensa.
Tanto
la oposición como los organismos sociales y los vecinos de Ceuta
llevan semanas denunciando "lentitud" a la hora de actuar
en la ciudad autónoma. Este martes entró en vigor el real
decreto por el que se ha establecido el mando único, una medida
que el Gobierno ceutí pidió desde el minuto uno. Javier de Lucas,
catedrático de Filosofía del Derecho y exsenador del PSOE,
considera que el mando único puede optimizar la gestión y acelerar
en lo posible la puesta en marcha de soluciones inmediatas.
"Evidentemente, hemos perdido varias semanas, preciosas",
apostilla. Entre otras cuestiones, el experto no entiende por qué se
rechazó la petición unánime de los políticos ceutíes para
activar mecanismos extraordinarios previstos o la tardanza de algunos
ministros en personarse en la ciudad. "Sumemos el hecho de que
no se ha dotado de medios y recursos extraordinarios a los servicios
de Policía y administración de justicia que tienen que gestionar
los varios miles de expedientes de retorno, los de acogida y los de
traslado en el caso de los menores", explica a este medio.
Todo
esto, opina el experto, ha contribuido decisivamente a esa reacción
de violencia que estamos viendo, "al haber una presión
constante de discursos xenófobos" por parte de la extrema
derecha que han sido incorporados "no solo por Vox, sino también
en parte por el PP": "Se ha llegado a utilizar un
lenguaje casi bélico, y se piden actuaciones que no solo
infringen la legalidad vigente, sino que tratan a todos esos grupos
que se encuentran en Ceuta no como personas con derechos, sino como
grupos peligrosos que hay que expulsar o incluso eliminar".
Por
su parte, Sarrión cree que hay que distinguir entre cómo se
gestionó el inicio de la crisis y la reacción actual. De
acuerdo a su análisis, los esfuerzos iniciales por transmitir
tranquilidad podrían haber sido acertados —teniendo en cuenta el
revuelo político interno y global— si la crisis se hubiera cerrado
rápidamente. "El problema es que el Gobierno se confió, no
estaba preparado para que el problema se prolongase durante semanas y
afectase a la convivencia en Ceuta", añade. Además, considera
que la presencia del Estado en el terreno debería haber sido mucho
mayor desde el principio.
En
cuanto a la reacción de la oposición, al igual que De
Lucas, lamenta que estemos viendo cómo se cruzan "líneas
rojas que no deberíamos normalizar". "Todos
los partidos tienen una responsabilidad enorme en este momento.
Se puede exigir al Gobierno que recupere el control, que dé
soluciones y que proteja a los ceutíes sin convertir a las personas
migrantes en el enemigo", concluye.
El
papel de Marruecos y las redes sociales
Otra
de las cuestiones que se ha reprochado al Ejecutivo es la
ausencia de crítica hacia Rabat. "Sembrar sospechas sobre
un gobierno de un país vecino con el que hay que cooperar y con el
que hay que tener buenas relaciones de vecindad no es un buen
camino", decía Bolaños esta semana recetando a la oposición
un curso acelerado de diplomacia básica. Lo cierto es que hasta
ahora todo apunta a que detrás de la entrada masiva estaban las
redes sociales, aunque las imágenes parecen confirmar que la
gendarmería marroquí no opuso gran resistencia los días 30 y 31 de
julio, como sí hizo ante el intento de entrada fallido del 15 de
agosto.
"Creo
que lo que está a nuestro alcance no es tanto establecer
inequívocamente la responsabilidad directa de Marruecos en la
entrada masiva, sino sostener la verosimilitud de la hipótesis de
que, sin el
conocimiento por parte de Marruecos de lo que se preparaba,
sin la omisión de medidas de control en la parte marroquí de la
frontera, en esos dos días, es imposible que ocurriera un
acontecimiento de esas dimensiones", analiza De Lucas, que
sostiene que es "difícil creer" que 8.000 personas
se pongan de acuerdo espontáneamente en acudir el mismo día a
Ceuta. También apunta al posible interés de potencias
extranjeras en erosionar la imagen de España y sembrar desunión en
la UE.
En
este sentido, tanto el catedrático como el resto de voces
consultadas por este medio insisten en la importancia de tener
fronteras seguras. "Es evidente que la externalización de
fronteras abre la puerta a estas consecuencias. Cuanto más se
amurallan los Estados, más muestran su incapacidad de ser soberanos
en asuntos que son de rango global y por lo tanto exceden a la
competencia de un solo Estado; incluso de una asociación de Estados
como la UE", concluye.
Esta
estrategia de política migratoria, además, ha
resultado ineficaz para frenar las llegadas irregulares y
eventos tan trágicos como el vivido este julio. Las entradas
irregulares a través de Ceuta se han multiplicado por cinco, de
acuerdo con los datos que periódicamente publica el Ministerio del
Interior: han pasado de 753 en 2021 a 3.323 en 2025. En lo que
llevamos de 2026 (hasta julio y sin contar la entrada masiva de los
días 30 y 31) han sido ya 4.182 personas las que han logrado sortear
las concertinas.
Hay
desaparecidos y fallecidos sin identificar
Los
últimos de los que nadie habla en esta crisis son los
fallecidos. Caminando Fronteras cifra en 145 las víctimas
mortales de esta crisis migratoria, aunque, según señala
a Público Helena Maleno, aún hay un número
importante de personas que continúan desaparecidas y que podrían
estar o no entre los cadáveres recuperados.
Entierro de varios migrantes en el cementerio musulmán de Ceuta.
El
pasado jueves, mientras se producían los disturbios en las
playas de Ceuta, en el cementerio de la mezquita de Sidi Embarek se
daba sepultura a los últimos once cuerpos que quedaban por
enterrar. Solo nueve de los fallecidos rescatados por España han
podido ser identificados; el resto descansan en bolsas blancas con un
número identificativo. Maleno pide más ayuda para que las familias,
especialmente las de terceros países, puedan recuperar los restos
mortales, "para lo que sería fundamental la colaboración de
los consulados".
Fuente:
Público