Estudiante
de último año en la Universidad de Princeton, New Jersey, y editora jefe
del Daily
Princetonian.
Miles
de gazatíes siguen desaparecidos. Los trabajadores humanitarios
denuncian un sistema opaco y desordenado para la repatriación de
personas vivas o muertas por parte de Israel
Cadáveres de palestinos en un contenedor cerca de Karem Abu Salem – Kerem Shalom en Gaza.
A
las seis de una gélida mañana de diciembre de 2023, un camionero de
Gaza abrió la tapa de un contenedor metálico de 12 metros de largo.
En su interior, apilados de manera ordenada y envueltos en nailon
azul brillante sujeto con bridas, encontró los restos de 80 hombres,
mujeres y niños palestinos.
Funcionarios
de la Administración de Coordinación y Enlace (CLA) para Gaza –la
delegación local de COGAT,
la unidad militar israelí que gestiona los asuntos civiles de los
palestinos bajo la ocupación israelí– habían llamado a los
trabajadores de la ONU esa misma mañana para pedirles que
organizaran la recogida del contenedor en una terminal cercana al
paso fronterizo de Karem Abu Salem (también llamado Kerem Shalom),
entre la Franja de Gaza, Israel y Egipto. Ariel, una persona
trabajadora de la ONU destinada en la zona (que solicitó ser citada
con seudónimo y sin mencionar su género por temor a represalias por
parte de Israel), envió un conductor a la terminal, quien a su vez
transportó el contenedor hasta el lado gazatí del cruce fronterizo.
Aunque
la CLA se había negado a dar detalles, Ariel sabía lo que había
dentro. La reticencia de los funcionarios despertó sus peores
sospechas; había agujeros en las paredes metálicas del contenedor
del que emanaba, a 30 metros de distancia, el hedor putrefacto de
cuerpos en descomposición. Pero Ariel no quería verlo con sus
propios ojos; tenía que supervisar entregas urgentes de ayuda
humanitaria, y ocuparse de cadáveres no formaba parte de sus
funciones. Fue un alivio cuando el personal del Ministerio de Sanidad
de Gaza vino a recoger el contenedor a la mañana siguiente. Como los
cadáveres llegaron sin identificar y en diversos estados de
descomposición –y dado que Israel
ha bloqueado continuamente la entrada en
Gaza de herramientas de identificación forense, incluidos los kits
de pruebas de ADN–, resultó imposible contactar con las familias
de los fallecidos.
Ariel
y sus compañeros habían ayudado previamente a repatriar a decenas
de detenidos palestinos procedentes de prisiones
israelíes y campos de detención militares a
través de Karem Abu Salem. No estaban seguros de si los cadáveres
de este contenedor pertenecían a detenidos
que habían fallecido bajo custodia israelí o
a personas que habían sido asesinadas en Gaza y posteriormente
trasladadas a Israel. Se desconocen los nombres de los fallecidos y
las circunstancias de su muerte.
No
se trata de un caso aislado. Entrevistas con más de 15 trabajadores
humanitarios, la mayoría de los cuales hablaron bajo la condición
de mantenerse en el anonimato por temor a ser objetivo de los ataques
de Israel, revelan un sistema en el que el retorno por parte de
Israel de gazatíes, tanto muertos como vivos, durante los primeros
meses del genocidio se llevó a cabo con poca antelación, sin
transparencia y prácticamente sin un registro fiable.
Los
testimonios de Ariel y otros trabajadores humanitarios arrojan nueva
luz sobre por qué la ONU y el Comité Internacional de la Cruz Roja
(CICR) han tenido dificultades para dar cuenta del paradero de los
miles de palestinos detenidos por Israel desde el inicio del
genocidio en octubre de 2023, incluidos aquellos que podrían haber
fallecido bajo custodia. Estos relatos también plantean dudas sobre
la exactitud de los datos
publicados,
lo que sugiere que el destino de los desaparecidos –tanto vivos
como muertos– podría no conocerse jamás.
Palestinos entierran cadáveres en una fosa común en Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza.
Cientos
de cadáveres no identificados
Después
de que Israel lanzara su invasión terrestre de Gaza, a finales de
octubre de 2023, el ejército detuvo a miles de palestinos y los
trasladó a centros de detención militares dentro de Israel,
incluida la tristemente célebre
base de Sde Teiman.
Allí, los detenidos permanecieron recluidos sin cargos y totalmente
aislados del mundo exterior, privados de comida, torturados
y sometidos a violencia sexual.
Los
centros de detención militares están concebidos para servir como
lugares de retención temporal antes de que los detenidos sean
trasladados al sistema penitenciario israelí y registrados
formalmente. Sin embargo, muchos palestinos, a los que testigos
vieron por última vez bajo custodia militar, nunca aparecieron en
los registros oficiales penitenciarios o militares, según la
organización israelí de derechos humanos HaMoked, lo que frustra
cualquier esfuerzo por localizar su paradero.
“Si
bien todas las violaciones de derechos humanos imaginables se
denuncian de forma insuficiente, esto es aún más evidente en el
caso de las desapariciones
forzadas”,
afirma Grażyna Baranowska, miembro del Grupo de Trabajo de las
Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias. Según
la ONU,
ninguna guerra ni situación de emergencia puede justificar la
desaparición forzada de personas; cuando se practica de forma
generalizada o sistemática, puede constituir un crimen contra la
humanidad.
En
mayo de 2024, el personal de la ONU en Karem Abu Salem había
facilitado el regreso de más de 1.500
detenidos palestinos con vida a
Gaza y había recibido un total de 227 cadáveres no identificados en
tres entregas distintas: 80 en diciembre de 2023, 100 en enero de
2024 y 47 en marzo de 2024. Según Zaher Al-Wahidi, un responsable
sanitario de Gaza, el Ministerio de Sanidad trasladó los cadáveres
que recibió al hospital Mohammed Yousef El-Najar, en la cercana
ciudad de Rafah. Los fallecidos fueron finalmente enterrados en una
fosa común en la ciudad, sin ningún tipo de placa que conmemorara
la pérdida.
El
seguimiento sistemático de la ONU finalizó en marzo de 2024,
cuando la
incursión de Israel en Rafah restringió
drásticamente el acceso humanitario al paso fronterizo (Israel
devolvió otros 100 cadáveres en agosto de 2024 y 88 en septiembre,
que el Ministerio de Sanidad transportó al Complejo Médico Nasser,
en Jan Yunis, antes de que fueran enterrados en el Cementerio
Austriaco). Sin embargo, incluso antes de eso, la labor de
seguimiento era fragmentada y puntual, ya que recaía en los
trabajadores humanitarios, cuyas responsabilidades formales no
incluían la recepción de detenidos o fallecidos, y la notificación
por parte de Israel de las devoluciones inminentes era mínima o
inexistente.
La
cifra total de 415 cadáveres depositados en Karem Abu Salem entre
diciembre de 2023 y septiembre de 2024 coincide con las estimaciones
de los trabajadores humanitarios que participaron en los traslados.
Muchos de los cadáveres estaban en estado de descomposición, les
faltaban extremidades o presentaban mutilaciones; algunos estaban
decapitados o habían sido desollados. Los envíos también contenían
partes de cuerpos desmembrados, lo que hizo imposible determinar el
número exacto de cadáveres devueltos. Desde entonces, ninguno de
los cadáveres ha sido identificado.
Los cuerpos de palestinos yacen en una fosa común en Rafah, al sur de la Franja de Gaza.
“La
ocupación israelí se negó a facilitarnos cualquier información
que indicara sus identidades o circunstancias”, lamenta Zaher
Al-Wahidi. No identificar a los fallecidos, no tratar los restos
humanos con dignidad y no proteger a las personas detenidas
constituyen violaciones del
Derecho Internacional Humanitario.
La
última entrega clandestina conocida de palestinos fallecidos, por
parte de Israel, se produjo en septiembre de 2024. El
ejército devolvió
cientos de cadáveres palestinos más como
parte del acuerdo de alto el fuego del pasado mes de octubre, y ha
seguido liberando pequeños grupos de detenidos con vida a través
de Karem
Abu Salem y Kissufim, principalmente
en coordinación con el CICR.
Hoy,
tras casi tres años de genocidio, alrededor de 8.000
habitantes de Gaza siguen
desaparecidos, según el Centro Palestino para Personas Desaparecidas
y Desaparecidas Forzosamente. Pero esas cifras se basan
principalmente en las denuncias de los familiares. La cifra real es
casi con toda seguridad mayor, ya que en Gaza han sido asesinadas
familias enteras, sin dejar a nadie que denuncie su desaparición.
De
las 5.400 solicitudes de localización presentadas por familias
gazatíes a través de HaMoked, más de 1.800 residentes siguen sin
aparecer, sin que el ejército israelí haya dado indicación alguna
de que hayan sido arrestados o detenidos.
Tal
Steiner, director ejecutivo de HaMoked, cree que es probable que la
mayoría de los que siguen desaparecidos hayan fallecido, aunque aún
no está claro si murieron en centros de detención improvisados
dentro de Gaza, bajo custodia del ejército israelí, en zonas
de combate, como consecuencia de haber sido utilizados
por el ejército israelí como escudos humanos,
o si siguen sepultados bajo los escombros de los ataques aéreos
israelíes. Es posible que algunos de ellos se encontraran entre los
cadáveres no identificados que posteriormente fueron devueltos a
Gaza.
La
incertidumbre se ve agravada por el largo y documentado historial de
Israel de retener los cadáveres de palestinos. En enero de 2026, el
Estado mantenía
en su poder los restos mortales de
al menos 776 palestinos desde 1967, incluidas 88 personas que
fallecieron bajo la custodia del Servicio Penitenciario de Israel
(IPS) o del ejército después del 7 de octubre.
Cuerpos de palestinos que murieron a causa de los ataques aéreos israelíes durante la noche, en el marco de los nuevos bombardeos israelíes sobre Gaza. Hospital Europeo, Khan Younis, sur de la Franja de Gaza. 18 de marzo de 2025.
“Todo
es espontáneo, y eso forma parte de su plan”
El
carácter aleatorio de la devolución de detenidos y cadáveres ayuda
a explicar por qué no existe un recuento fiable. Aunque el CICR
tiene un mandato
exclusivo,
en virtud del Derecho internacional humanitario, para facilitar la
liberación de prisioneros y la repatriación de restos mortales, los
tres primeros envíos de cadáveres no identificados fueron recibidos
en su totalidad por personal de la ONU. Según Ariel, los
responsables de la CLA inicialmente solo notificaron a los
trabajadores de la ONU –y no al CICR– tanto la liberación de
detenidos como la llegada de contenedores con cadáveres, lo que
obligó al personal humanitario a improvisar una respuesta y a
solicitar la ayuda del CICR a posteriori.
La
ofensiva israelí de mayo de 2024 en Rafah destruyó el almacén
destinado a la recepción de detenidos y limitó de forma permanente
las operaciones humanitarias de la Agencia de las Naciones Unidas
para los Refugiados de Palestina (UNRWA) en la zona. En última
instancia, la gestión del retorno de los detenidos recayó en el
CICR. Sin embargo, los trabajadores humanitarios e investigadores de
otras agencias entrevistados para esta investigación se mostraron
escépticos sobre si el CICR llegó a tener alguna vez la capacidad o
el acceso suficientes para asumir la tarea de documentar con
precisión las liberaciones y prestar un apoyo adecuado a los
detenidos.
Según
varios trabajadores humanitarios familiarizados con el proceso, el
personal del CICR solía llegar a los almacenes de recepción,
situados en el lado gazatí del paso fronterizo, cuando los detenidos
ya habían recibido asistencia de los trabajadores de la ONU, o con
personal insuficiente para entrevistar adecuadamente a los
repatriados. En algunas ocasiones, el personal no acudió a la hora
acordada, alegando falta de personal y de recursos.
“¿Dónde
estaba el CICR en todo esto?”, se pregunta un antiguo alto cargo de
la UNRWA que pidió permanecer en el anonimato. “[Estaban]
ausentes. ¿Por qué no vinieron?”.
Al
no intervenir nadie más, fue el personal de la UNRWA quien, durante
los primeros meses de la guerra, asumió la responsabilidad de
recibir a los detenidos que regresaban y los cadáveres. Describen
ese proceso como totalmente improvisado.
Antes
de que se reanudara la ayuda
humanitaria a
través de Karem Abu Salem el 17 de diciembre de 2023, Israel
liberaba a los detenidos en el paso fronterizo sin previo aviso, y
los trabajadores de la ONU a menudo solo se enteraban de su llegada
después de que hubieran cruzado de vuelta a Gaza.
La
ONU no comenzó a registrar sistemáticamente el regreso de los
detenidos hasta ese mes, después de que Ariel se encontrara con la
llegada inesperada de 70 detenidos traumatizados y maltratados.
“Estaban histéricos”, dijo Ariel. “No se les podía consolar.
No sabían dónde estaban ni qué estaban haciendo”.
Detenidos liberados en un almacén temporal de la ONU cerca del cruce de Karem Abu Salem – Kerem Shalom en Gaza.
Entre
este grupo de detenidos se encontraban un hombre de 85 años que
había sido torturado, un hombre ciego al que habían privado de
alimentos y un hombre con las piernas destrozadas sujetas con clavos.
Conmocionado
por lo que vio, Ariel presionó a la CLA para que avisara con
antelación de futuras liberaciones. Aunque esto quedaba muy fuera
del ámbito de sus responsabilidades oficiales, Ariel y otros
trabajadores humanitarios convirtieron un almacén en un centro de
acogida improvisado y se apresuraron a conseguir comida, mantas,
cepillos de dientes y cualquier otra cosa que pudieran obtener para
facilitar la transición de los detenidos.
Pero,
aunque Ariel y sus compañeros movilizaron recursos para apoyar a los
detenidos, el sistema de repatriación siguió siendo irregular
debido a la negativa de Israel a cumplir con su obligación de
proporcionar información suficiente. Cuando, en algún caso, se
notificaban los retornos, la CLA solía informar al personal de la
ONU a altas horas de la noche de que los detenidos llegarían a las
seis de la mañana del día siguiente, a menudo facilitando cifras
inexactas del número de personas. En ocasiones, las liberaciones
programadas se cancelaban sin explicación alguna.
“Todo
es espontáneo, y eso forma parte del plan”, afirmó Ariel,
expresando su convicción de que el caos administrativo estaba
calculado para impedir que los trabajadores humanitarios atendieran
de forma integral a los detenidos que regresaban.
En
ocasiones, se permitía a los trabajadores humanitarios llevar
autobuses hasta el paso fronterizo. Pero en otras, la CLA obligaba a
los detenidos –todos los cuales mostraban signos de desnutrición,
maltrato y negligencia médica– a cruzar descalzos el corredor de
tres kilómetros que separa los lados israelí y palestino de Karem
Abu Salem.
Durante
una de las liberaciones, la CLA impidió a los trabajadores
humanitarios llevar una silla de ruedas para transportar a un niño
de 12 años al que le habían disparado en las piernas mientras
buscaba comida para su familia. En ocasiones, los soldados israelíes
que custodiaban el paso fronterizo disparaban al suelo para incitar a
los detenidos a correr, según varios trabajadores humanitarios que
lo observaron de primera mano.
Trabajadores palestinos de la Franja de Gaza, detenidos en Israel desde el 7 de octubre, llegan al paso fronterizo de Kerem Shalom – Karem Abu Salem.
“¿Es
mi hermano? ¿Es mi padre?”
Como
consecuencia del caótico proceso de retorno, el registro ha sido
incompleto desde el principio.
Los
trabajadores de la ONU destinados en el lado de Gaza del paso
fronterizo de Karem Abu Salem ayudaron a facilitar las liberaciones
de detenidos durante los primeros seis meses de la guerra; el último
recuento exhaustivo de la UNRWA se remonta a abril de 2024, poco
antes de que perdiera el acceso fiable al paso fronterizo y a la zona
circundante. La frecuencia de las liberaciones varió
considerablemente, oscilando entre dos veces por semana y una vez
cada tres semanas, según varios empleados de la UNRWA. Los grupos
oscilaban entre cinco y 100 detenidos y, en ocasiones, incluían a
mujeres, personas mayores y niños de tan solo 12 años.
Incluso
después de que se hubiera establecido un sistema ad
hoc,
los trabajadores humanitarios contaron que algunas liberaciones se
produjeron al margen del mismo, por lo que habrían quedado sin
registrar. El personal humanitario informó de que había visto a
detenidos no registrados regresando a pie desde el paso fronterizo de
Erez –que estuvo cerrado a
los trabajadores humanitarios durante toda la guerra– y desde
el paso
fronterizo de la Puerta 96,
que la invasión de Rafah hizo
inaccesible.
“Tiene que haber una diferencia sustancial entre el número de
personas que se registraron y las que recibieron asistencia”,
afirma un miembro del personal de la ONU que prefiere permanecer en
el anonimato por temor a represalias profesionales.
La
falta de transparencia sobre las liberaciones es imposible de separar
de la ocultación por parte de Israel de información mucho más
básica sobre quiénes habían sido detenidos en primer lugar, dónde
se encontraban recluidos y cuántos habían fallecido bajo custodia.
Según Naji Abbas, director del departamento de presos y detenidos de
Médicos por los Derechos Humanos-Israel (PHRI),
el ejército israelí tardó siete meses solo en responder a la
solicitud de la organización sobre el número de detenidos que
habían fallecido en centros de detención militares.
Hasta
la fecha, se ha confirmado que 104 palestinos, incluidos 70 de Gaza,
han fallecido bajo custodia del IPS y del ejército, según Abbas.
Pero PHRI cree que la cifra real es mucho mayor, en parte porque el
ejército se negó a facilitar información sobre los detenidos bajo
su custodia durante los primeros nueve meses de la guerra. En ese
periodo, según declaró Abbas a +972,
Israel llevó a cabo “una política sistemática de asesinato de
palestinos [bajo custodia israelí]”.
“Tanto
el sistema de registro de detenidos como el de difusión de
información son muy, muy desorganizados y defectuosos”, afirmó
Avshalom Matalon, investigador de desapariciones forzadas de
palestinos para HaMoked. Matalon añadió que el proceso debería
haber sido supervisado por el CICR, pero Israel prohibió a la
organización visitar a los detenidos palestinos en las prisiones
israelíes y ocultó información sobre su paradero durante toda la
guerra, lo que impidió el funcionamiento de uno de los únicos
mecanismos de rendición de cuentas.
Fuente: Ctxt