martes, 19 de mayo de 2026

Este año la guerra podría extenderse en Europa

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.



Pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos, especialmente los alemanes. La situación es mucho más peligrosa que durante las tensiones de la guerra fría, pero en Europa no hay conciencia de ello


Portada de Der Spiegel.


     Hace ocho meses dijimos que Europa no podía seguir ignorando las advertencias rusas.Europa no puede seguir ignorando las advertencias rusas – Rafael Poch de Feliu.


«Todos contra Rusia»

Ahora esas advertencias se están haciendo mucho más agudas. Señalan claramente que la guerra de la OTAN contra Rusia por Ucrania podría extenderse este año e implicar directamente a los europeos, especialmente a los alemanes. Pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos. ¿Se confirma entonces la histeria de la “amenaza rusa” que la Unión Europea proclama? Obviamente es así como lo interpretan y lo interpretarán los memos con piñón fijo de Berlín, Bruselas, Londres y París, así como su lamentable ejército de propagandistas que nos están llevando de la oreja a una guerra.

La “amenaza rusa” no es más que un recurso para conjurar la propia desintegración de la Unión Europea y justificar el rearme. Cuando muchas cosas se están resquebrajando, la amenaza exterior de ese maligno enemigo es importante como elemento de cohesión de un club europeo cada vez más desestructurado internamente y mas irrelevante en el mundo. Eso está claro. Pero para lo que aquí nos importa la “amenaza rusa” también es otra cosa: una profecía autocumplida, una creencia falsa en su origen pero que contribuye y alimenta su realización.

Puedes meterle el dedo en el ojo a tu perro o a tu gato y anunciar al mismo tiempo que te va a pegar un mordisco o un zarpazo, con la seguridad de que al final eso es precisamente lo que te ocurrirá.

Es lo que pasó con la desastrosa invasión rusa de Ucrania de febrero de 2022, que el establishment occidental siempre acompaña del adjetivo “unprovoked”, “no provocada” – significativamente ausente, dicho sea de paso, de la guerra contra Irán. Hoy la gente informada y no cegada por la demonización de lo ruso, ya sabe que en 2022 Moscú llevaba mas de treinta años reclamando aquella “arquitectura de seguridad colectiva europea” que se prometió a la URSS de Gorbachov. 

Sabe que todas las “lineas rojas” que Rusia formuló en materia de ampliación de la OTAN fueron ignoradas una tras otra.


El oso ruso se defiende

Quienes vivimos aquello en primera linea – e informamos sobre ello de la forma más clara y directa posible teniendo en cuenta la corrupción estructural de nuestros medios – recordamos la boba sonrisa del Secretario General de la OTAN, Javier Solana, diciendo en Moscú que la oposición rusa a la ampliación carecía de sentido “porque la guerra fría se acabó” y “ya no somos enemigos”. Los generalotes rusos (y no solo ellos, también muchos expertos y estrategas occidentales de primera fila ) se regían por algo mucho más real y concreto. Se trata de aquella máxima del Canciller Bismarck según la cual “lo que importa no son las intenciones, sino las capacidades”. ¿Qué quiere decir esto? Bueno, pues que si tienes a un tipo que te está apuntando con un revolver y que al mismo tiempo te está diciendo que no tiene la menor intención de dispararte, lo que cuenta es el revólver que te apunta y no lo que el tipo dice. Así de elemental.

Primero fue Europa Central, luego Europa Oriental, el Báltico y el Mar Negro. Entretanto hubo una guerra para inducir la disolución de la anomalía yugoslava y comprobar la necesidad de la OTAN con una “guerra humanitaria”. Se llegó a la instalación de baterías antimisiles en Polonia y Rumanía “contra Irán” (que no disponía de tal capacidad), baterías que podían cargarse con misiles nucleares capaces de anular la disuasión nuclear rusa, y así se llegó a la invitación de que Ucrania ingresase en el bloque militar contra Rusia (2008), lo que la mayoría de los ucranianos rechazaban. Siguió el cambio de régimen en Kíev, una mezcla de revuelta etnonacionalista de una parte de los ucranianos y de golpe de estado, ambos inducidos por Occidente. Siguió la respuesta de consolación rusa de la ilegal anexión de Crimea, con el apoyo de la inmensa mayoría de la población afectada. Hubo una revuelta popular contra el nuevo gobierno prooccidental de Kiev en el este y el sur de Ucrania que careció de apoyo significativo de Moscú, por lo menos en los primeros tres o cuatro meses y que fue respondida con la utilización del ejército ucraniano bajo la forma de “operación antiterrorista”. Desde entonces y hasta la “no provocada” invasión rusa hubo incumplimiento de acuerdos, mala fe occidental (reconocida años después por el presidente de Francia y la Canciller de Alemania) y una masiva financiación y preparación militar de la OTAN a Ucrania, con gran papel de la CIA, de su homólogo británico MI-6 que apuntaba claramente a una intervención militar contra el rebelde Donbas, ahora si con presencia militar rusa significativa, y a una reconquista militar de Crimea, documentada en acuerdos bilaterales de Kíev con Estados Unidos. Solo entonces Rusia invadió.

Ahora ocurre exactamente lo mismo.

Todo el mundo reconoce que Rusia no solo lucha en 2026 contra Ucrania, sino también, y sobre todo, contra la OTAN. Aunque ha transferido a los europeos el grueso de la carga y “negocie” con el Kremlin (también “negociaba” con Irán), Estados Unidos sigue siendo un país beligerante y decisivo en esa guerra contra Rusia. El conflicto ha traspasado todas las líneas rojas de lo que durante la guerra fría se habría considerado un peligro extremo. Recordemos como el Presidente Biden decía en marzo de 2022 que no se podía suministrar tanques y aviones a Ucrania “porque eso desencadenaría la Tercera Guerra Mundial”. Bueno, ya se ha hecho mucho más que eso:

-Se han atacado recursos estratégicos de la disuasión nuclear rusa: radares de alerta temprana, bases de bombarderos estratégicos.

-Se ha atacado una residencia del Presidente Putin en Nóvgorod, lo que trae ecos del asesinato de Jamenei en Irán, encubierto por los mismos fulleros, Witkof y Kushner, que negocian con el Kremlin. Desconfiar de tal negociación es puro sentido común.

-Se ha invadido territorio ruso en la región de Kursk.

-Generales de Estados Unidos con mando en la OTAN se han jactado de que disponen de capacidad para tomar el enclave ruso de Kaliningrado desde tierra en un tiempo récord. (General Christopher Donahue, comandante del Ejército de EE.UU. en Europa y África y de las fuerzas terrestres de la OTAN el pasado julio).

-Hay un goteo semanal de víctimas civiles rusas, de las que en Occidente apenas se informa, a diferencia de las ucranianas sin duda mucho más numerosas.

-Hay atentados personales en ciudades rusas contra generales en sus domicilios, con coches bomba (cuatro de ellos muertos), periodistas y diputados (por lo menos cuatro o cinco) e indiscriminados contra objetivos civiles (dos trenes, objetivos en ciudades lejos del frente, etc.)

-En el mar ha habido atentados contra cargueros rusos y se les acosa con frecuencia.

-Y todo esto se hace con armas, información de inteligencia, satélites, etc., de Estados Unidos, Inglaterra, la CIA (algo reconocido por el The New York Times, entre otros), el MI-6, etc.

En 2026 Europa ya está en pie de guerra contra Rusia, con una Alemania demente en primer lugar que está demostrando no haber entendido nada de su propia historia Alemania vuelve a las andadas – Rafael Poch de Feliu.

Oficialmente Berlín quiere transformar el Bundeswehr en «el ejército convencional más fuerte de Europa» para 2035, y en una fuerza «tecnológicamente superior» para 2039. (Atención a esto: a cien años del inicio alemán de la Segunda Guerra Mundial en Europa).

El documento oficial alemán sobre estrategia militar divulgado el 22 de abril declara que Rusia es «la amenaza más grave e inmediata» para la seguridad europea. La semana pasada el ministro alemán de defensa, Pistorius, confirmó en Kíev, seis proyectos conjuntos de armamento que “son solo el principio”. En abril, Zelensky y el canciller Merz firmaron en Berlín la «Declaración sobre asociación estratégica entre Alemania y Ucrania» que contempla la producción conjunta de drones de largo alcance en Alemania. La producción de armas para Ucrania ya es una realidad paneuropea; Alemania, Inglaterra, Dinamarca… Hasta la España de Sánchez ha firmado alguna cosa en esa materia con Ucrania.

En este contexto, la guerra de drones ha supuesto un revés para Rusia. Si hace unos meses parecía que lo que queda del Donbas controlado por Kíev caería en sus manos en unos pocos meses, los drones han detenido el lento avance. No es el primer revés temporal que sufre el ejército ruso en esta guerra, ni tampoco la primera vez que tomando sus deseos por realidad muchos vuelven a dar por hecha la “derrota” de Rusia. Pero lo que aquí importa es otra cosa: que la suma de todo esto está calentando los ánimos en Rusia.

Desde hace varios meses hay una fuerte presión en Moscú para que el Kremlin pase a lo que se llama una “disuasión activa”, es decir para que ataque, especialmente a Alemania, antes de que sea demasiado tarde. Se está diciendo lo mismo que Putin dijo en su discurso de aquel febrero de 2022 al anunciar la invasión de Ucrania a los rusos: “si no los detenemos ahora, la situación será peor dentro de unos años”. Pero ahora se trata de los europeos. Igual que antes de la invasión, también ahora se amenaza con “medidas técnico-militares” (esa fue la fórmula que se empleaba en vísperas de la invasión). “Los que participan en el ataque contra nosotros serán objetivo militar”, se dice. El ministerio de Defensa ruso ha publicado una lista de instalaciones industriales alemanas y europeas que participan en la guerra contra Rusia fabricando recursos de largo alcance. Hay que aclarar que no se trata de “invadir” territorio de la UE, sino de pararle los pies al actual belicismo europeo con una acción militar preventiva. Se puede estar de acuerdo o no, pero lo que no se puede es ignorar la realidad de esa peligrosa advertencia.

Los términos de las advertencias rusas de ahora son inequívocos. Hasta en la televisión rusa se reprocha a Putin falta de decisión, de momento sin nombrarlo (Eso es nuevo). Igual que hace cuatro años, esas advertencias son ignoradas hoy. Veamos algunos ejemplos recientes:

Dmitri Medvedev, vicepresidente del Consejo de Seguridad nacional, el 6 de mayo: “solo un miedo bestial a sufrir daños inaceptables impedirá que Alemania y la Europa Unida lancen otro ataque contra Rusia”. (Naturalmente con lo de “otro ataque” se refiere al de junio de 1941 de la Alemania nazi).

Sergei Lavrov, ministro de asuntos exteriores: «Se nos ha declarado abiertamente la guerra. El régimen de Kiev está siendo utilizado como punta de lanza. Sin embargo, todo el mundo es consciente de que esta punta es inutilizable sin los suministros occidentales de armas, datos de inteligencia, sistemas de satélites, entrenamiento de personal militar y mucho más».

Sergei Karaganov, Presidente honorifico del principal think tank del Kremlin, el 10 de mayo: “Un país que desencadenó dos guerras mundiales y se ha hecho culpable de genocidio no tiene derecho a tener el «ejército más fuerte de Europa» y mucho menos a poseer armas de destrucción masiva. Si aspirara a ello, los ciudadanos alemanes deberían comprender que su patria sería destruida para que nunca más surja una amenaza para la paz desde suelo alemán” (…) “Pronto estaremos en condiciones de lanzarles un ultimátum si siguen comportándose de esta manera”. (Esto hay que cotejarlo con la declaración de Putin ante la prensa rusa del mismo día en la que el Presidente dijo que “la guerra en Ucrania está entrando en su fase final”, lo que junto a los informes sobre una próxima “ofensiva de verano” rusa puede interpretarse de diversas maneras).

Karaganov, que el año pasado ya consiguió endurecer la doctrina nuclear rusa, propone ahora lo siguiente: (Y atención a esto):

Primero atacar con armas convencionales instalaciones clave de países europeos que participan en la guerra contra Rusia. Si no reaccionan, atacar luego con armas nucleares”. Si no funciona, «algún país europeo tendrá que desaparecer».«Cuando hace tres años dije estas cosas, era una minoría”, dice Karaganov, ahora ya es la voz de la mayoría entre los militares y en la sociedad». Sergey Karaganov: How Russia Will Win the New World War

Este intelectual orgánico del Kremlin, que no es su voz pero es influyente, propone enmendar la doctrina nuclear de nuevo, primero contemplando el uso de armas nucleares si un grupo de países más fuertes en lo económico y tecnológico atacan a Rusia con armas convencionales. Y segundo, y lo más sorprendente, que Putin delegue el poder de uso del arma nuclear al general responsable del frente occidental europeo, lo que contiene una velada insinuación de incapacidad o flojera presidencial.

Como dice el analista alemán Alexander Neu ¿Putin bajo presión? – Rafael Poch de Feliu , al principio se trataba de las peticiones de unos pocos expertos. Ahora parece que hay presión por parte de la sociedad rusa y del aparato de seguridad para “que se haga algo contra Europa». En otras palabras: Putin se ve presionado a actuar, y a hacerlo muy pronto. La guerra podría extenderse al resto de Europa ya en 2026. Y Alemania se considera ahora el enemigo número uno de Rusia. Lo que uno se pregunta es ¿por qué los periodistas occidentales en Moscú no informan sobre esto?

A quienes dicen que después de todo también Rusia hace cosas terribles en Ucrania – lo que es completamente cierto – y que Ucrania tiene derecho a defenderse (y por cierto, en el Donbas también hay una Ucrania rusófila con derecho a defenderse) hay que explicarles que en el mundo real de la dialéctica entre potencias lo que importa es que una superpotencia nuclear está siendo desafiada por sus adversarios europeos y americanos a través de Ucrania con la pretensión de inflingirle una “derrota estratégica”. ¿Han perdido la razón? ¿Es que no entienden que cuanto más éxito tengan en ese propósito, más peligrosa se hará la situación?

Lo que hay que preguntarse, como dice Neu, es si los dirigentes de la mayor potencia nuclear del mundo aceptarían una derrota en el terreno militar convencional, con las exigencias de los europeos que se desprenden de ello, es decir si se resignarían a la pérdida de su estatus de gran potencia y a la posible desintegración de la Federación Rusa, sin recurrir a un ataque nuclear para evitarla.

La situación es mucho más peligrosa que durante las tensiones de la guerra fría, pero en Europa no hay conciencia de ello.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

lunes, 18 de mayo de 2026

Concentración urgente en Murcia ante el nuevo ataque sionista a la flotilla de apoyo a Gaza

 

Concentración urgente en Murcia ante el nuevo ataque sionista a la flotilla de apoyo a Gaza.


Concentración urgente en Murcia ante el nuevo ataque sionista a la flotilla de apoyo a Gaza.


18 de mayo, 19:30h. Alfonso X, Edificio Delegación del Gobierno.

Las personas migrantes de África de quienes nadie habla

 

      Arqueólogo en el Instituto de Ciencias del Patrimonio.



Y

                                                                         Fotografía y edición gráfica en El Salto.


(Fotografías: Álvaro Minguito)

Los etíopes que llegan a Somalilandia trabajan para los buscadores de oro o en los bares. El objetivo de la mayoría es ahorrar lo suficiente para cruzar el mar y buscar trabajo en Arabia Saudí o los países del Golfo Pérsico



Amanecer en la carretera principal de Somalilandia. En el horizonte, un grupo de jovenes caminan con apenas unas botellas de agua y algunas pertenencias rumbo a la costa.

     El pasado mes de abril volvimos de realizar un proyecto arqueológico en Somalilandia. Este país independiente de facto en el Cuerno de África tiene un patrimonio riquísimo y poco explorado. Nuestro proyecto analiza la movilidad y las redes de intercambio de personas y bienes entre la Prehistoria y la Edad Media. Hemos tenido suerte y hemos dado con numerosos yacimientos arqueológicos que dan fe de los movimientos de gente a lo largo de los siglos. Pero también nos hemos encontrado otras movilidades, más recientes y más trágicas.


Dos personas caminan al amanecer rumbo a la ciudad de Berbera, en Somalilandia.

En nuestros viajes por Somalilandia nos cruzamos constantemente con pequeños grupos de hombres que caminaban al borde de la carretera. A veces son una pareja, a veces cuatro o cinco. Nuestros compañeros somalilandeses nos cuentan que vienen de Etiopía. Caminan todos ellos hacia el este del país y por un solo motivo: se ha descubierto oro. Y cuando aparece oro, llega la fiebre -más en un contexto global de precios desbocados y miseria extrema. Los jóvenes ven una oportunidad de mejorar sus condiciones, aunque esa oportunidad les pueda costar la vida.

Los etíopes que nos cruzamos no llevan casi nada con ellos. A lo sumo una botella de agua. Van calzados con chanclas o zapatillas viejas. Con este equipaje recorren a pie hasta mil kilómetros por terrenos montañosos y semidesérticos. Un paisaje, a veces, increíblemente hermoso, pero siempre implacable.


Una persona, de las decenas de migrantes que a diario caminan por la ruta que une Hargeisa con la costa, descansa junto a la carretera.

Cuando llega la noche se dejan caer al borde de la carretera. Se tumban con la cabeza en la dirección que han de seguir al día siguiente, para no desorientarse en un territorio que puede ser desesperantemente monótono. Duermen en el suelo. La mayoría no tienen ni una manta con que taparse, aunque las temperaturas en las montañas, en invierno, sean de solo unos pocos grados sobre cero. En el desierto litoral, en cambio, el calor es abrasador y húmedo diez meses al año. Los etíopes se alimentan de basura o de las sobras que les dan en las casas de comida junto a la carretera.


Alfredo González-Ruibal, arqueólogo, junto a parque de su equipo, sobre uno de los túmulos funerarios objeto de su investigación en Somalilandia el mes de abril de 2026.

Su destino son las minas de la región de Sanaag, la mayoría ilegales. Hablamos con el gobernador de la región, que nos deja clara su impotencia: les gustaría atraer a empresas internacionales para que exploten el oro de forma organizada y que parte de los beneficios lleguen al Estado -de hecho, se lo ofrecieron a EEUU a cambio del reconocimiento de Somalilandia como Estado independiente. Pero por ahora no parece haber demasiado interés. Es difícil trabajar en un país que no existe a efectos legales. Y en una región disputada entre Somalilandia y Khatumo, un nuevo estado autónomo en el Cuerno de África.

Mientras tanto, el oro genera conflictos: los clanes y subclanes se pelean por los recursos y los límites de sus territorios -unos metros más allá o más acá puede significar la prosperidad o la miseria. En el pueblo donde trabajamos, Xiis, escuchamos por las noches disparos de Kalashnikov: son los buscadores de oro ahuyentado a la competencia.


Uno de los campamentos de buscadores de oro con los que el equipo arqueológico se ha encontrado en sus campañas. Este, en la frontera entre Somalilandia y Etiopía.

Los mineros cavan pozos en cualquier lado. En el yacimiento arqueológico que estudiamos, a pocos kilómetros del pueblo, han perforado monumentos funerarios de hace dos mil años para cavar galerías de varios metros de profundidad. Es un trabajo absurdo: los túmulos se levantan sobre playas fósiles, capas de coral y conchas en las que no ha habido jamás oro. El capitalismo global, la desesperación y los mitos ancestrales se combinan para dejar un paisaje devastado de cráteres. Junto al yacimiento pasamos cada día un campamento en el que viven tres o cuatro mineros: una carpa de plástico y unos bidones por todo mobiliario.


Barcos de pesca en las costa cercana a la ciudad de Berbera, frente a Yemen.

Los etíopes trabajan para los buscadores de oro o en los bares y tiendas que surgen por todas partes. Lo hacen en jornadas extenuantes, de doce o catorce horas y por un salario ridículo: uno o dos dólares diarios. El objetivo de la mayoría es ahorrar lo suficiente para cruzar el mar y buscar trabajo en Arabia Saudí o los países del Golfo Pérsico. Para ello, en el mejor de los casos se ponen en manos de pescadores locales; en el peor, de traficantes de personas. Cientos mueren ahogados cada año, pero si cuantificar su número es difícil en el Mediterráneo, en el Golfo de Adén es simplemente imposible.

Al otro lado del mar no terminan sus problemas. Tienen que atravesar las montañas y los desiertos de Yemen, donde muchos morirán de enfermedad o de sed o bajo las balas de los guardias fronterizos de Arabia Saudí, que disparan a matar. Y cuando lleguen a su destino los tratarán como esclavos. Las mujeres sufrirán abusos sexuales. Muchos no volverán a su país ni a ver a sus familias. Unos pocos conseguirán prosperar, pero a un precio desmesurado.


Un niño sobre una barca en la playa de la ciudad de Berbera, en Somalilandia.

Hace años nos cruzamos en el desierto de Yibuti a un niño de 10 u 11 años. Solo, deshidratado. Nos pidió agua. Caminaba hacia al puerto, a buscar pasaje en un barco para cruzar a Yemen. Nunca sabré si lo logró. Nunca sabremos cuantos niños se pierden en los desiertos del Cuerno de África o de Arabia.

Pese a la importancia que le damos y los ingentes recursos que se destinan a impedirla, la migración subsahariana a Europa es mínima. La gran mayoría de migrantes se mueven dentro de África o se dirigen a la Península Arábiga. Si de las historias de los que llegan a nuestra costa sabemos poco, de los otros no sabemos prácticamente nada.

Pienso en el contraste entre lo que excavamos y lo que vivimos. Lo que excavamos: un mundo de gente que viaja a pie o en barco, a veces lejísimos, que se encuentra con otra gente, que muere, a veces, por el camino. No tan distinto en cierta manera de lo que vivimos hoy, de lo que vemos. Pero en realidad sí es muy distinto. Porque el mundo que excavamos estaba regido por leyes de hospitalidad y cooperación: gente que cuida de otra gente, que los acoge en tierra extraña y que recuerda a quienes mueren en el camino o en casa, con monumentos que llegan hasta hoy.


La carretera principal que atraviesa Yibuti, a su paso por la ciudad de Dikhil.

El mundo que vemos, en cambio, el que nos cruzamos en nuestros viajes por Somalilandia, es de gente que no dejará rastro. Personas invisibles, que perderán sus vidas en hoyos en el desierto o en carreteras en las montañas o en el mar o en una ciudad desconocida donde nadie los llorará ni se acordará de ellos. Gente sin historia, con menos historia que las sociedades milenarias que estudiamos meticulosamente en un lugar remoto del Cuerno de África.


Fuente: El Salto

sábado, 16 de mayo de 2026

Miguel de Mata, fiscal de Medio Ambiente, justifica su incompetencia en el “sistema”

 

 Por Pedro Costa Morata   
   Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

Ya tenemos aquí otro ejercicio de cortina de humo de nuestros fiscales cuando del Medio Ambiente se trata, me dije según iba leyendo la entrevista que le hacía el diario La Opinión (26 de abril de 2026) a Miguel de Mata, fiscal de Medio Ambiente en la Región de Murcia. Mira qué morro le echa este funcionario, me hice observar a mí mismo, al evocar los datos de que dispongo sobre la acción profesional del susodicho, que no pueden ser más pobres. Vuelve a salir por las mismas que su jefe José Luis Díaz Manzanera, me recordé, cuando hace unos años organizó una campaña de difusión del -esforzado, competente y por supuesto eficaz- trabajo de su Fiscalía en perseguir a los malos en la región, incluyendo a los criminales del medio ambiente (a lo que yo aludía en elDiario.es, 29 de diciembre de 2020).


              Miguel de Mata, fiscal de Medio Ambiente y Urbanismo de la Región de Murcia (La Opinión).


Diré que, como impresión general, esa entrevista a De Mata me pareció digna de un marciano que, al aterrizar en la Huerta de Europa procedente del planeta rojo lo hiciera sin la menor idea de cómo están aquí las cosas, específicamente las medioambientales, ya que así de ajeno y distante se muestra el mismo entrevistado con las cosas por las que tiene que rendir cuentas. Pero -marcianidades aparte- en lo que en realidad iba pensando con su lectura era en la frialdad burocrática de sus respuestas, carentes de apego y pasión por su misión, en el más prístino encaje del trabajo burocrático, ese que se nutre de neutralidad ideológica (casi siempre falaz) y de competencia profesional (casi siempre equívoca y aún peor); porque las burocracias, como todo el mundo sabe, no se someten a escrutinio riguroso o crítica eficaz alguna, siendo sistemas y subsistemas reales que gozan de exención e impunidad, teniendo como misión constituirse como instancias de poder, influencia y control social, lo que en las democracias burguesas es inevitablemente conservador. Y esto es lo que se comprueba cada día en nuestra región con el medio ambiente.

Una entrevista, ya digo, cuyos contenidos aparecen absolutamente alejados de la realidad, dirigidos todos ellos a echar balones fuera: porque si nuestra tierra presenta un estado ambiental deplorable es en buena medida debido a fiscales y jueces que -auto disculpas aparte- permiten que cunda el desastre porque son incapaces de evitarlo, perseguirlo y castigarlo. Por supuesto que los fiscales culpan a los jueces por ser tan difícil conmoverlos y que entiendan el problema y los jueces culpan a las administraciones civiles de ser insensibles (como ellos, vaya) y de no tomar las medidas necesarias; finalmente, los administradores siempre tienen a quien señalar y culpar, tratando de descargar su responsabilidad o en los de arriba o en los de abajo (y así nos luce el pelo).

De burócratas acostumbrados a irse de rositas en su mal hacer es típico -y así nos lo evoca el fiscal De Mata- quejarse del “sistema” que, dice, “no está del todo preparado para grandes catástrofes como la del Mar Menor”, olvidándose de que él es parte significativa de ese “sistema”, no los ciudadanos de a pie, y que -siguiendo con el Mar Menor- pretenderá que ignoremos que fiscales y jueces han dejado pasar décadas sin mover un dedo en favor de la laguna, mirando para otro lado y dejando actuar libre y provechosamente a esa larga patulea de tipos y empresas que lo vienen envenenando sin que el “sistema” judicial se haya estremecido. Ahora, puesto a trabajar en ese asunto por obligación y sin encontrar escapatoria posible, encuentra que el asunto es “complejo”, claro. Y evita la menor alusión a esa novedad de la Ley 19/2022, sobre la personalidad jurídica del Mar Menor, una de cuyas virtualidades -aun estando por demostrar, dada la hostilidad con que gran número de jueces la han tenido que encajar- es saltarse a los fiscales por demostradamente irrelevantes en tan magno y acuciante asunto.


            Atmósfera irrespirable por la industria asociada a las canteras en Abanilla.

Pero yo quiero destacar del fiscal de Medio Ambiente -o por ser menos puntilloso, de las tareas en materia de medio ambiente de la Fiscalía murciana, de la que él es máximo responsable- una cierta afición por archivar muy serias denuncias sobre sangrantes problemas ambientales de la región, como es el caso del agua extraída ilegalmente y envenenada por la agricultura intensiva. Un tratamiento elusivo y frivolizante que -según mi percepción, que creo que los hechos presentes lo pueden confirmar- que afecta a los daños a la salud pública en al menos dos casos de exasperante actualidad: la atmósfera irrespirable por la industria derivada de las canteras en ciertas pedanías de Abanilla y el impacto de los metales tóxicos acumulados en el Hondón de Cartagena y gran parte de su sierra. Me impresionó el expeditivo archivado de nuestras denuncias cuando, desde el Consejo de Defensa del Noroeste, le pedimos cuentas por la situación desmadrada de pozos y acuíferos en la finca de El Chopillo, en Moratalla; y cuando nos quejamos a su jefe Díaz Manzanera y tuvo que reabrir el asunto, volvió a archivarlo quejándose de que insistiéramos buscándole tres pies al gato (o algo así); no sin antes “nuclear” su indagación pidiendo información a la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), que era a la que denunciábamos, y tomarla como buena y definitiva (menudo estilo indagador y social el de este tipo, me dije). Esto de echar la bronca al denunciante me pareció otro gesto típicamente burocrático, que es el de no consentir críticas al propio ejercicio funcionarial y responder “matando al mensajero” o advirtiéndole de forma más o menos expresa que ceje en sus interpelaciones por intempestivas, tratando siempre de quitar importancia a las situaciones de abuso y agresión social, incluso las más graves.


             Suelos tóxicos en el Hondón de Cartagena.

Naturalmente, y visto de qué va este funcionario, en la entrevista que comento aparece como un quejica entregado y sufriente que, ante las deficiencias de la justicia, señala que “el problema es de organización. Hace falta una reforma procesal y, sobre todo, especialización: juzgados y fiscales especializados en medio ambiente”. Como si lo suyo no fuera una tarea especializada y su obligación no fuera demostrar que sabe cumplir, que ya lleva unos cuantos años con lo mismo. También se queja de las macrocausas, como la del Mar Menor, y de las ejecuciones de sentencias que, como sucede con las demoliciones en el ámbito urbanístico, se complican extraordinariamente (hasta hacerlas, añado yo, rarísimas, imponiéndose, con expresa burla de la ley, los hechos consumados).

Carga las tintas nuestro hombre en el urbanismo ilegal, señalando que domina ampliamente, con un 70 por 100 de los casos que caen en sus manos, cuando los delitos contra la gestión del agua debieran de ocupar, más o menos, ese 70 por 100, por ser más decisivos que los urbanísticos (que, a fin de cuentas, debieran de resolverse en el ámbito administrativo municipal-autonómico). Porque lo más curioso de la entrevista es que ni una sola vez alude al agua, a su maltrato y envilecimiento y, sobre todo, a la pésima gestión de la CHS, contra la que creo que ni ha ido nunca ni piensa hacerlo, siendo ese organismo del Estado el principal responsable tanto de la pérdida de salubridad de los acuíferos como de la ruina galopante del ecosistema marmenorense.


              Plástico asfixiante (y asesino) en el río Moratalla, afluente del Segura.

Para comprobar la inopia ambiental de nuestros fiscales -con De Mata en cabeza- y el reconocimiento práctico de la impunidad antiecológica de la CHS, basta con contemplar el modus operandi de la masiva tarea de eliminación de la caña de río en las orillas del Segura y afluentes. Una planta convertida de repente en villana a erradicar, hacia la que se desarrolla una salvajada ambiental que adquiere dos formas igualmente equivalentes a (presunta) malversación de caudales públicos y la (segura) destrucción del ecosistema ribereño: o eliminando a matarrasa toda la vegetación superficial de las riberas, lo que no impide que resurja la caña enhiesta y desafiante, ya que el rizoma persiste, o cubriendo las orillas con un plástico negro duro e impermeable, pertinaz absorbente de la radiación solar que, pretendiendo asfixiar las raíces de la caña, destruye toda la intensa y estratégica vida vegetal y animal acompañante que se asienta en esas riberas. Es el “crimen ripario”, novedad con que ahora mismo nos alegra la vida la CHS con su pasmosa bilis antiecológica.

Y como no podía ser de otra forma, lo que más me ha tocado los sentimientos ha sido que vea en “la concienciación social” las claves del futuro, que es justamente de lo que yo me quejo porque creo que es lo que desprecia practicando tan deportivamente el archivado de las causas ambientales. Atreviéndose además a decir que “hay mayor conciencia ambiental y también más control por parte de los técnicos y funcionarios”, expresión tan alejada de la realidad como lo están esos marcianos que se pasmarían si visitaran nuestra tierra para encontrarse con opiniones del jaez de las que expresa De Mata.

La impresión mía es que en una región ambientalmente en carne viva resulta inevitable la existencia “activa” de funcionarios como él, carentes de genio y verdadera pasión por el oficio propio y el interés general. De Mata, por su parte, no parece conmoverse mucho, ni siquiera como ciudadano, a la hora de la verdad ante la situación general catastrófica, y parece no importarle demasiado escurrirse (digamos, mejor, “adoptar un perfil bajo”) ante los grandes abusos y delitos, como sucede con el manejo del agua en general o con la contaminación por la actividad de las canteras o la presencia enquistada de residuos mineros, asuntos todos ellos de extrema gravedad y a los que ni siquiera alude en esa entrevista.


                   Eliminación de vegetación riparia a matarrasa y resurgimiento posterior de la caña en el Segura, aguas arriba de Cieza.


Podrá parecerle al fiscal de Medio Ambiente algo duro este alegato que le dirijo, pero me siento obligado a exigirle más y mejor trabajo. Y no otra cosa puedo hacer si dejo que desfilen por mi memoria y experiencia las angustias y los cabreos propios, así como la repetitiva impunidad con que se arruinan la estructura física de esta región, las dinámicas ecológicas seculares y el futuro que a todos nos pertenece; es lo que conozco y vivo desde hace más de medio siglo y contra lo que he procurado expresarme siempre, y no pienso contemporizar con ello tampoco ahora. Sí he de admitir una cierta ternura que esta misma entrevista que critico me ha hecho sentir cuando De Mata reconoce en ella que atraviesa lo que él mismo llama “crisis de fe”, a cuento de la complejidad del caso del Mar Menor y de la incapacidad -se supone- judicial de afrontarlo; porque asumir estas cosas indica que quienes ejercen, aunque sea por un momento, la humildad del fracaso merecen al menos conmiseración. Aun así, don Miguel no aclara si su crisis de fe lo es hacia el “sistema” (judicial, a la sazón), como destacados responsables (él y el “sistema”) de la calamidad en la que estamos sumidos, o sus cuitas son más profundas y esencialistas, y atañen a la ineficiencia de la Ley (con mayúscula) para resolver asuntos de tanta enjundia y trascendencia como es el medio ambiente. O si es meramente una crisis de fe en sí mismo, como micro agente, más inútil que efectivo, en el vasto mundo de las injusticias proliferantes y de los canallas repicantes. Si es así, si su sinceridad se está atascando en sí mismo, mi recomendación -que quiere ser leal- es que contenga tan íntimo descreimiento y lo reconduzca cambiando de tema y de “sistema”, abandonando de una vez tanto lo del medio ambiente como lo de fiscal, que hay muy numerosas tareas de utilidad social que con su carrera seguro que puede desempeñar con más brillo y éxito. Láncese, pues, a la (controlada) aventura de explorar nuevas áreas del Derecho creativo y social. Pero no se le ocurra archivar o minimizar las causas que tanto duelen y oprimen a esta tierra nuestra.

       Termino lamentando que en esa entrevista de marras al periodista no se le haya ocurrido poner al fiscal en un brete, dada su bien visible inepcia, con el material sobreabundante que tendría a mano sobre lo que pasa en esta tierra martirizada por hombres y dioses, y donde la injusticia ambiental es prueba irrefutable de su condena. Porque el periodismo blandengue y escapista es parte muy importante, por colaboracionista, del paisaje de depredación ambiental generalizada (y a la murciana).