sábado, 28 de febrero de 2026

Estados Unidos e Israel atacan Irán

 


Tras agrupar la flota de EEUU, una operación conjunta de Washington y Tel Aviv golpea la capital y otras regiones del país para “eliminar las amenazas inminentes del régimen iraní”

     El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que ha ordenado “importantes operaciones de combate” en Irán. Según informó CNN, Al Jazeera y la agencia de noticias Fars, en una acción conjunta entre fuerzas de EEUU e Israel, diversos misiles impactaron cerca del Ministerio de Inteligencia, en la calle University y la zona de Jomhouri en Teherán. El humo y las explosiones cubrieron la ciudad.


Humo sobre Teherán tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero de 2026.

Según Daily Iran News, los misiles han impactado, además, en el Ministerio de Defensa, en la Agencia de Energía Atómica, las oficinas del líder Supremo y en el complejo militar Parchin. Este medio también alertaba de un ciberataque a gran escala contra Irán. El objetivo de acabar con los principales líderes del país no se ha conseguido por el momento, según la información disponible.


Ataques sobre Teherán.

La agencia de noticias semioficial iraní Tasnim constató explosiones en la zona norte de Seyyed Khandan, en Teherán. Otros medios iraníes citaron ataques en todo el país, incluida la provincia occidental de Ilam.


Refugio iraní.

El presidente de EEUU declaró que el objetivo de los ataques conjuntos es “eliminar las amenaza inminente del régimen iraní” en referencia a la continuidad de un supuesto programa iraní para construir armas nucleares, algo no confirmado por la inteligencia estadounidense, según la CNN. Trump calificó la operación de “masiva y continua” y llama a la población a tumbar el Gobierno cuando termine.


Ataque contra Teherán.

En los últimos días, Trump había afirmado que Teherán estaba desarrollando misiles con capacidad de alcanzar territorio europeo y norteamericano, un supuesto que no ha sido respaldado por pruebas.


Ataques contra Irán.

El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anunció a las 7h (hora española) el inicio de esta operación conjunta, apenas ocho meses después de la última gran ofensiva contra Irán. Israel ha declarado el Estado de emergencia y cerrado su espacio aéreo.

Las razones aducidas por Katz son similares a las Trump. El objetivo es, según declaró, “eliminar las amenazas para el Estado de Israel”.


Ingreso de personas heridas en un hospital iraní.

En una de las zonas atacadas se encuentran las oficinas del líder supremo del país, el ayatolá Ali Jamenei, según informó Associated Press, aunque este no se encontraba en la capital y se ha refugiado en un lugar seguro, según un funcionario citado por Reuters. El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, también está vivo según la agencia estatal de noticias iraní IRNA.

El ataque se produce después de semanas de negociaciones fallidas entre EEUU e Irán, mientras la flota estadounidense se acercaba a las costas del país. Este viernes, el USS Gerald R. Ford, el portaviones más grande mundo llegaba a la costa norte de Israel para unirse al despliegue de la armada estadounidense en la región. En la tarde del 27 de febrero, el Departamento de Estado autorizó la salida de personal diplomático “debido a riesgos de seguridad”. Similares medidas tomaron los gobiernos de Reino Unido, Canadá, China.

Esta nueva ofensiva llega apenas un día después de la última ronda de conversaciones. Los medios iraníes señalan que es la segunda vez que el país es atacado en medio de un proceso de negociación. El precedente más cercano fue el ataque israelí iniciado el 13 de junio de 2025 que culminó, el 23 del mismo mes con una gran ofensiva estadounidense contra las instalaciones nucleares iraníes.

Según declaró el presidente Trump y han confirmado diversos medios de EEUU, Washington planea varios días de ataques. Israel, por su parte, ya tiene nombre para el ataque: “León rugiente”, una continuación de la ofensiva de 12 días de junio, que llevaron el nombre de “León Ascendente”. 

El Gobierno iraní ha afirmado que la “primera ola de ataques generalizados de misiles y drones” contra Israel ya ha comenzado. Las alarmas sonaban en cientos de localidades en Israel. 

La posibilidad de un conflicto regional vuelven a amenazar uno de las regiones clave para el flujo de petróleo en el mundo. Los rebeldes hutíes en Yemen, aliados de Teherán, han anunciado que retomarán los ataques contra buques israelíes y estadounidenses en el estrecho de Ormuz, en el Mar Rojo. 

Estados Unidos lanzo una alerta para que todos sus ciudadanos en Israel, Qatar y Emiratos Árabes Unidos busquen refugio.


Fuente: El Salto

viernes, 27 de febrero de 2026

'Pax Silica': cuando el imperio deja de fingir

 

 Por Evgeny Morozov   
      Fundador y editor de The Syllabus.

Estados Unidos no ejerce su dominio a través de la innovación, sino por cárteles de chips. Ha abandonado el teatro del libre mercado y gobierna a través de servidores y nubes


Mohammed bin Salman Al y Donald Trump durante un encuentro al que acudieron directivos de Silicon Valley.

     En la base Starbase de SpaceX, en el sur de Texas, Pete Hegseth escenificó un anuncio estratégico bajo la forma de un lanzamiento de producto: el Pentágono integrará la IA de frontera en sus operaciones cotidianas y Grok, la herramienta de inteligencia artificial de Elon Musk, se acoplará a las redes militares, recopilando y analizando datos incluso de las actividades clasificadas. El escenario no era casual: era parte del mensaje. Que un secretario de gabinete haga anuncios sobre la infraestructura estratégica de Estados Unidos desde las instalaciones de lanzamiento privadas de un multimillonario no es un accidente de comunicación: es la forma administrativa que expresa la fusión entre Estado y capital.


Pete Hegseth durante una sesión informativa para la Cámara de Representantes en el Capitolio de Washington D. C.

Durante años, la hegemonía tecnológica estadounidense se sostuvo sobre una ficción delicada: la del mercado. Las empresas privadas 'casualmente' dominaban chips, nubes y plataformas; los aliados 'casualmente' adoptaban como estándar las stacks estadounidenses; Washington simplemente arbitraba. Esa ficción se está desmoronando a la vista de todos. Lo que distingue el momento actual no es la dominación, sino el descaro: la capacidad de computación se maneja ya sin disimulo como un instrumento de política de Estado, y el Estado ha abandonado la farsa de presentarse como el espectador que asiste neutral de los triunfos de Silicon Valley.

La trayectoria se hizo visible hace un año, aunque en un registro menos teatral. El 13 de enero de 2025, el Departamento de Comercio desplegó el marco de Estados Unidos para la difusión global de la Inteligencia Artificial: un régimen de tres niveles para racionar los chips avanzados y los ecosistemas construidos a su alrededor. Los aliados más cercanos enfrentarían restricciones mínimas al acceso; la mayoría de los países quedarían limitados por cuotas y forzados a programas de concesión de licencias y autorización de centros de datos; los adversarios serían bloqueados por completo. La ambición estatal era descarnada, se guardaba el derecho a decidir quién tendría permiso para respirar dentro de la sala de servidores.


Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, respaldado por Microsoft, y creador de ChatGPT, participa en una charla en la Universidad de Tel Aviv, Israel.

Entonces la narrativa estadounidense se tambaleó. A finales de enero de 2025, la empresa china DeepSeek trepó hasta lo más alto de las listas de la App Store de Apple y desató el pánico en los mercados. Nvidia se desplomó cerca de un 17 % en una sola sesión, borrando del mapa aproximadamente 593.000 millones de dólares en capitalización bursátil —la mayor pérdida jamás registrada en un día. Ocurrió justo después de que los inversores se enfrentaran a una posible herejía: las ganancias en eficiencia y los atajos algorítmicos podían dinamitar el relato estadounidense según el cual la superioridad tecnológica exige escalar gastando cada vez más. Hasta Sam Altman tuvo que reconocer que el modelo R1 de DeepSeek era «impresionante», y se mostró impresionado con que DeepSeek asegurara haber entrenado su modelo anterior, el V3, con menos de 6 millones de dólares de gastos en capacidad de cómputo.

La respuesta de Washington no fue ceder el control, sino cambiar de táctica. En mayo de 2025, el Departamento de Comercio retiró el marco de difusión de IA. Lo hizo días antes de que empezaran a aplicarse sus principales exigencias. Ello no supuso dar un paso atrás en la jerarquía de control sino el reconocimiento de que regular con normas puede resultar demasiado lento en un ecosistema que funciona a base de escasez, licencias, negociación y diplomacia. Cuando las reglas no llegan a tiempo, la lógica de cártel ocupa su lugar: excepciones, listas negras, pactos y bloqueos de la cadena de suministro.

Ese bloque ya tiene nombre. Pax Silica es el intento de la administración Trump de convertir las cadenas de suministro de IA y semiconductores en una arquitectura de alianzas, acercándose así a los países que controlan los cuellos de botella críticos. Catar y los Emiratos Árabes Unidos se sumaron en enero de 2026, uniéndose a otros países como Israel, Japón, Corea del Sur, Singapur, Reino Unido y Australia. En la jerga del Departamento de Estado, se trata de una declaración de seguridad económica –paz a través del silicio–, donde “paz” significa la disciplina de que los chips, minerales, energía, logística e infraestructura de computación en la nube se encuentren bajo las condiciones que dicte Washington.




La diplomacia del cómputo no es nueva; solo lo es el descaro. Estados Unidos lleva décadas gobernando a través de intermediarios: bancos y aduanas en la era de la diplomacia del dólar, petroleras y mercados de bonos de deuda del Tesoro en la era del del petrodólar. El intermediario de hoy es la stack tecnológica. Los controles de exportación y la jurisdicción sobre la nube cumplen la función que antes desempeñaban las lanchas cañoneras y los prestamistas de deuda, pero sin el escrutinio que supone estar sometido a los titulares de prensa. A medida que el sistema se consolida, la capa de intermediarios locales se vuelve prescindible. Las licencias de uso, la telemetría (la recopilación continua de datos sobre cómo y dónde se usa el sistema) y el monopolio sobre el hardware estratégico hacen ese trabajo de manera más eficiente y barata.

La fusión entre Estado y capital se ve con más claridad allí donde el objetivo político de Washington es exportar dependencia, no productos. En julio de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva tituladaPromoting the Export of the American AI Technology Stack, que encomendaba al Departamento de Comercio la creación de un Programa de Exportación de IA Estadounidense estructurado en torno a paquetes full-stack: hardware, servicios de nube, flujos de datos, modelos y aplicaciones. No se trata simplemente de aumentar la cuota de mercado, sino de loque se conoce como cautividad tecnológica; una forma de convertir las decisiones de compra en subordinación geopolítica.

A veces alguien dice en voz alta lo que todos callan. En julio de 2025, el secretario de Comercio Howard Lutnick explicó en televisión la lógica de controlar las exportaciones a China: se trata de vender los chips suficientes para que los desarrolladores de otros países se «enganchen al stack tecnológico estadounidense». Se expresa en un lenguaje tosco, pero la doctrina de Washington es sofisticada. La dependencia no es un accidente, es el diseño mismo del sistema.

La columna vertebral física de este orden se está construyendo a una escala que convierte en anécdota los viejos debates sobre 'política de innovación'. Stargate –presentado como una inversión de  500.000 millones de dólares en infraestructura de IA– ya se ha expandido y planea inaugurar múltiples sedes en Estados Unidos junto a socios como Oracle y SoftBank. Se informó de la creación de nuevos centros de datos bajo el paraguas de Stargate en septiembre de 2025, presentados como una iniciativa privada pero impulsados gracias l visto bueno presidencial. Según OpenAI, el despliegue supone casi 7 gigavatios de capacidad planificada y más de 400.000 millones de dólares en inversión en tres años.


Anuncian el proyecto Stargate.

Hasta los imperios tienen que negociar con la física. En enero de 2026, la Casa Blanca presionó a PJM —la mayor operadora de red eléctrica de Estados Unidos– para que celebrara una subasta de emergencia para aumentar el suministro eléctrico porque la demanda de los centros de datos estaba apretando la oferta y avivando el temor a apagones. Las propuestas de la operador para obligar a las nuevas instalaciones de alto consumo a conseguir su propia generación eléctrica o aceptar que puedan existir cortes de suministro se leen como una nota al pie de la ambición imperial: la diplomacia del cómputo depende de los electrones, y los electrones no obedecen a las notas de prensa.

El efecto geopolítico colateral es un nuevo torneo de sumisión en el que los Estados compiten no por la independencia, sino por la proximidad al centro. Japón es un buen ejemplo. SoftBank liquidó toda su participación en Nvidia –5.800 millones de dólares– para volcarse en IA, apostando por OpenAI y Stargate. Masayoshi Son también lanzó Project Crystal Land –un billón de dólares para montar un “Shenzhen americano” en Arizona. Esto es, capital japonés financiando las fantasías de reindustrialización estadounidenses. La lógica sistémica resulta transparente de observar: en un mundo monopolístico, la diversificación parece un suicidio, de modo que la jugada racional es convertirse en un agente autorizado del monopolio.

Europa juega la misma partida con mejor retórica y peores resultados: poder regulador que se enarbola y luego se cede discretamente en nombre de la competitividad. El Golfo también participa en el juego, pero cuenta con liquidez y energía. Confía en traducir su riqueza soberana en acceso privilegiado dentro del perímetro de la Pax Silica. América Latina, en cambio, no se posiciona como codesarrolladora de la stack, sino como anfitriona de sus capas más materiales y menos glamurosas: tierra, electricidad y permisos legales.

Argentina ofrece un ejemplo nítido de este panorama. En octubre de 2025, OpenAI y Sur Energy (una empresa argentina de energía renovable) firmaron una acuerdo de intenciones para explorar la posible creación de un proyecto de centro de datos de 25.000 millones de dólares. Bautizado como «Stargate Argentina», tendría una capacidad de hasta 500 megavatios. El relato de la propia OpenAI lo presentaba como una oportunidad para el desarrollo nacional: Sur Energy lideraría un consorcio local, habría incentivos a la inversión, y un socio de nube por definir completaría el esquema. Este es el pacto desarrollista contemporáneo: te venden modernización, pero tú construyes la infraestructura física y ellos conservan el control estratégico –modelos, nubes, jurisdicción, y estándares.

Brasil participa de la stack en términos similares, por razones que por supuesto nada tienen que ver con el «talento» y todo con el poder. Equinix, uno de los mayores operadores mundiales de centros de datos, presenta Brasil como mercado prioritario ante la demanda impulsada por la IA, citando la existencia de energías renovables abundantes y propuestas de exenciones fiscales para equipamiento de centros de datos. La economía política es simple: un centro de datos hiperescalar no es una fábrica en el sentido desarrollista clásico. Se parece más a un nodo privado que procesa tanto servicios públicos como privados, enchufado a ecosistemas de nube extranjeros y tratado cada vez más como infraestructura estratégica. El problema es que una vez que los Estados organizan la administración pública y los servicios privados a través de estos nodos, las posiciones de la negociación se desplazan. Lo que se vendía inicialmente como una inversión estratégica puede convertirse silenciosamente en una fuente de dependencia administrativa.

Sin necesidad de romantizarlos, pero aquí es donde los movimientos sociales entran en juego. Los conflictos que importan se librarán en torno a los precios de la energía, el uso del agua, los derechos sobre la tierra, las condiciones laborales y el estatuto legal de los datos alojados en instalaciones nacionales pero gobernados por proveedores extranjeros. La pregunta no es si la “IA” es buena o mala, sino si la nueva infraestructura puede ser forzada a rendir cuentas democráticamente o si funcionará como los ciclos extractivos anteriores: recursos públicos movilizados para sostener rentas privada, con la soberanía redefinida como el derecho a alojar las máquinas de otras potencias. 

El papel de China en esta historia no es el de ser un ejemplo moral, sino el contraste estratégico que ofrece. El momento DeepSeek fue importante porque sugirió que los controles de exportación pueden ralentizar a los rivales al tiempo que estimulan el tipo de determinación política que hace tolerable la ineficiencia. La mayoría de los gobiernos tratan la dependencia como algo natural y se concentran en gestionarla. Pekín la trata como una vulnerabilidad y, cuando es necesario, actúa en consecuencia. Esa postura es difícil de replicar en otros lugares, pero clarifica la elección real que la Pax Silica intenta ocultar: el coste del rechazo es doloroso; el coste de la obediencia es estructural.

Pax Silica es, en última instancia, una expresión inusualmente honesta. Admite que la nueva paz es una paz administrada: paz por medio del silicio, mantenida por quienes controlan el suministro. Los imperios anteriores perduraron porque sostuvieron la ficción del beneficio mutuo. El actual se muestra cada vez más impaciente con la ficción. Esa impaciencia puede resultar ser su debilidad. Cuando la dominación deja de disfrazarse de comercio, el consentimiento se vuelve más difícil de fabricar, y las fricciones de las redes eléctricas, los presupuestos y la política dejan de parecer ruido de fondo para convertirse en el terreno donde se disputará la paz del silicio.


Fuente: El Salto

jueves, 26 de febrero de 2026

Los cachivaches domésticos que te espían

 

 Por Kei Pritsker   
   Periodista estadounidense de  The Grayzone.

Estos son algunos artículos que tienes en casa que se utilizan para espiar

     Seguro que muchos de ustedes vieron el anuncio de Ring durante la Super Bowl, en el que se mostraba cómo las cámaras Ring de Amazon vigilan barrios enteros a través de una función llamada Search Party. Esta función permite a los usuarios subir una imagen de algo y, a continuación, todas las cámaras Ring que se encuentran en las proximidades revisan sus propias grabaciones para ver si ese algo ha pasado por delante de ellas. El anuncio utilizaba el ejemplo de un usuario que utilizaba Search Party para encontrar a su perro perdido.


Espionaje en nuestras comunicaciones.

Los observadores críticos se apresuraron a señalar que esto podría utilizarse fácilmente para espiar a todo el mundo, pero Ring no es el único que te espía. A continuación te presentamos algunos artículos de consumo habituales que quizá no sabías que te están vigilando en este momento.


Los cachivaches domésticos que te espían.

Tu televisor. Los televisores modernos tienen algo en los términos de servicio llamado «reconocimiento automático de contenido», lo que básicamente significa que tu televisor graba todo lo que reproduces en él, ya sea Netflix, YouTube, videojuegos o incluso algo que hayas visto conectando tu ordenador portátil. Y desconectar tu televisor de Internet no lo detiene. El mes pasado, los principales fabricantes de televisores fueron demandados en Texas por hacer capturas de pantalla de los televisores de los usuarios cada 500 milisegundos.

Tu coche. Los coches nuevos controlan todo, desde tu ubicación, la velocidad a la que conduces y la fuerza con la que frenas, hasta cosas como tu raza, peso, salud, gustos musicales, actividad sexual y afiliación sindical. La Ley HALT contra la conducción bajo los efectos del alcohol exige que, para 2026, todos los coches nuevos cuenten con un mecanismo que los apague automáticamente si considera que alguien no está en condiciones de conducir.

Tu router. Xfinity ha anunciado recientemente su función Wifi Motion, que supervisa la intensidad de la señal entre el router y los dispositivos conectados a él, como impresoras, teléfonos o consolas de videojuegos. Si alguien pasa entre el router y el dispositivo, el router podrá detectar la interrupción de la señal, convirtiéndose así en un rastreador de movimiento. Varios proveedores de servicios de Internet están lanzando funciones similares y comercializándolas como herramientas de seguridad para el hogar.

Relojes inteligentes. Los relojes inteligentes se pueden utilizar para realizar un seguimiento de tu salud personal, como contar calorías o controlar tu frecuencia cardíaca, pero esa información también se puede utilizar fácilmente para crear un mapa detallado de tu vida. Revela cuándo comes, cuándo duermes, cuándo estás nervioso, cuándo mientes, dónde estabas, si consumías drogas, etc. Los datos de los relojes inteligentes ya se han utilizado como prueba en casos penales.

Asistentes de IA. Las empresas tecnológicas compiten por dotar a sus chatbots de IA de la capacidad de realizar tareas del mundo real, como enviar correos electrónicos, crear listas de tareas pendientes, hacer compras o planificar vacaciones. El único inconveniente es que, si quieres que haga compras, tienes que darle la información de tu tarjeta de crédito. Si quieres que limpie tu escritorio, tienes que darle acceso a tu disco duro. El asistente de IA Clawdbot se hizo viral después de que usuarios ingenuos lo instalaran y los hackers se hicieran con el control de sus asistentes.

La cuestión es que el régimen de vigilancia total orwelliano no se va a anunciar un día en un discurso presidencial, sino que ya se está instalando silenciosamente en nuestros hogares a petición nuestra, con nuestro consentimiento tácito y bajo el pretexto de la comodidad y la seguridad. El estadounidense medio tiene 17 dispositivos inteligentes en su hogar y muchas empresas ya tienen acuerdos de cooperación con las fuerzas del orden. Solo haría falta un incidente de seguridad catalizador para que esta infraestructura se utilizara como arma contra nosotros.

Es un recordatorio aleccionador de que, mientras discutimos sobre los espectáculos del descanso de la Super Bowl o sobre demócratas contra republicanos, todos seremos considerados iguales por el estado de seguridad nacional.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

miércoles, 25 de febrero de 2026

Epstein, un activo israelí

 

      Economista postkeynesiano, fundador de Economía para sociedades democráticas y abiertas.


Los 3,5 millones de documentos desclasificados muestran que el financiero pedófilo ayudó a distorsionar las relaciones regionales y el proceso de paz contra Palestina



     Una entrevista reciente con Craig Mokhiber, un exdirector estadounidense de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ofrece, con diferencia, la explicación más convincente que he escuchado sobre la saga de Jeffrey Epstein.

Según la entrevista, Epstein fue un activo israelí que ayudó a distorsionar significativamente las relaciones regionales en Oriente Medio y el proceso de paz contra Palestina.


Jeffrey Epstein junto al exprimer ministro israelí Ehud Barak y el director de cine Woody Allen.

El rumor que ha circulado mucho tiempo, que Epstein era un “activo israelí”, está siendo claramente confirmado por las 3,5 millones de páginas (aún solo parciales) que se han publicado el 30 de enero de 2026.

Si cuesta creerlo, solo hay que recordar que el Mossad israelí es un servicio secreto extraordinariamente sofisticado y experimentado, como lo demuestra el mortal sabotaje de 2024 de los buscapersonas y walkie-talkies de Hezbolá.


Restos de un buscapersonas de Hezbolá que explotó manipulado por Israel.

Las intervenciones de Epstein a favor de Israel funcionaron de dos maneras. Primero, tergiversó el proceso de paz seduciendo a poderosos personajes estadounidenses y de la ONU, que luego aceptaron pasar por alto la persistente violencia israelí y la colonización creciente de Cisjordania en nombre de mantener vivo el proceso de paz. En segundo lugar, contribuyó a retorcer las relaciones regionales en contra de Palestina al involucrar y vincular a élites empresariales árabes, que luego respaldaron los Acuerdos de Abraham. Esos acuerdos normalizaron las relaciones árabe-israelíes, desplazando así el conflicto palestino a un segundo plano y relegando los derechos de los palestinos.


Firmantes de los Acuerdos de Abraham.

En cuanto a la conexión con el “activo israelí”, los archivos muestran que Ehud Barak mantuvo una relación sustantiva y continua con Epstein. Barak es un exgeneral israelí de alto rango, exministro de Defensa y ex primer ministro.


El ex primer ministro israelí Ehud Barak y Epstein tenían una relación cercana, revelan correos electrónicos.

Respecto al proceso de paz, los archivos muestran que Epstein mantenía una relación importante con la pareja de diplomáticos noruegos Terje Rod-Larsen y Mona Juul, a quienes prestó importantes favores económicos. Fueron figuras clave en el Proceso de Paz de Oslo. Rod-Larsen ocupó numerosos cargos influyentes, entre ellos subsecretario general de la ONU y coordinador especial de la ONU para el Proceso de Paz en Oriente Medio de 1999 a 2004. Epstein también mantuvo una relación con el presidente Bill Clinton, quien fue fundamental para establecer los Acuerdos de Paz de Oslo. La relación con Clinton parece haber implicado tratos partidistas.

En cuanto a los Acuerdos de Abraham, Epstein mantuvo una relación activa durante mucho tiempo con el empresario de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), el sultán Ahmed bin Sulayem. Sulayem dirige DP World, uno de los mayores operadores mundiales de puertos y terminales de contenedores. Epstein facilitó grandes contratos de inversión en la industria militar y de defensa entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos. Esos acuerdos probablemente fueron posibles gracias a sus conexiones con “activos israelíes”, y allanaron el camino para que los Emiratos Unidos fueran el primer país árabe firmante de los Acuerdos de Abraham.

De forma más general, Epstein habría formado parte del programa global de Israel para acceder e influir en otros países. Su acceso fue extraordinario, incluso para los estándares del extraordinario programa israelí. Además, acumuló un gran tesoro de kompromat (material comprometedor). No sabemos si ese material se utilizó alguna vez, pero el conocimiento de su existencia pudo haber ayudado a que algunos se inclinaran hacia Israel y sus intereses.

Sobre las finanzas de Epstein, este mantenía una relación cercana con Leslie Wexner, el empresario multimillonario estadounidense. Wexner es un gran defensor de Israel y ha creado la Iniciativa de Liderazgo para Israelíes, que pretende profundizar los lazos de liderazgo entre Estados Unidos e Israel. Epstein también mantuvo relaciones financieras de larga duración con Leon Black, otro multimillonario estadounidense. Black ha sido durante mucho tiempo un gran donante de Israel y las causas sionistas.

En cuanto a la propia política de Epstein, fue un firme defensor de Israel y del sionismo. Realizó grandes donaciones tanto a Amigos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FIDF) como a la organización de construcción de asentamientos en Cisjordania, el Fondo Nacional Judío (JNF).

Los medios de comunicación convencionales no han querido conectar los puntos y mostrar este patrón claro, que incluso han ocultado. Inicialmente, trataron la saga de Epstein como un asunto de “perversión personal” que involucraba trata de personas, pedofilia e inmoralidad de las élites. También ha intentado presentar a Epstein como un agente ruso.

La historia de la pedofilia y la inmoralidad de las élites es innegablemente cierta, y la inmoralidad de las élites, que se creen con derecho a todo, fue la puerta de entrada a la influencia de Epstein. La acusación de ser un agente ruso es una invención de los medios occidentales. Ambas se han utilizado para ocultar la historia más profunda.

Esta historia más profunda explica con mayor precisión tanto los medios como los motivos de las operaciones de Epstein, y encaja con sus profundas creencias sionistas.

Por último, atando cabos, surge un nuevo sospechoso ante la pregunta de quién llevó a cabo el asesinato de Epstein.

El multimillonario pedófilo estaba considerando la posibilidad de cooperar con los fiscales federales

Israel habría tenido el motivo y los medios (fácilmente disponibles en Nueva York) para asegurarse de que eso no ocurriera.

Recomiendo la entrevista: “La ‘causa única’ de Jeffrey Epstein: Israel


Fuente: Ctxt