martes, 7 de julio de 2026

Anotaciones, nada marginales, sobre la democracia

 

 Por Pedro Costa Morata   
    Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


        Si la democracia es “el menos malo de los sistemas políticos conocidos” no hay que extrañarse de que el fascismo se ofrezca como el mejor de los sistemas desconocidos, sin que los recuerdos del pasado alteren en gran medida su poderoso cinismo oportunista. Y cuando asumimos ese eslogan, entregándonos al confort que transmite y sin preocuparnos mucho por su profunda perversidad, nos convertimos en adocenados peleles ideológicos.

Tratar la corrupción como un mal inevitable, consustancial con la naturaleza humana y por tanto presente en toda la historia y en todo el mundo, y sosteniendo que siempre será menor en los regímenes de libertades por aquello de la mutua vigilancia y el “equilibrio de poderes”, es optar por su aceptación y normalización, bajando la guardia tanto a escala institucional como personal y grupal. Anotemos que en las democracias en las que convivimos, hemos tardado mucho en señalar y criticar a dos poderes inexplicablemente intocables, como el judicial (tercero en la clásica división de poderes) y el mediático (cuarto en esa fanfarria informal del “marco de libertades”): en España solo en los últimos años se ha abierto la veda para esas dos estructuras de poder esenciales en la democracia y, por tanto, receptáculos inevitables de hipocresía, de corrupción y de intimidación.

      La izquierda, con sus miedos prudenciales que llevan en primer lugar a su negativa a criticar la democracia, se adhiere al eslogan de más arriba y compite incluso con la derecha en su defensa, lo que debiera removernos las tripas: ¿será posible que la izquierda (transformadora, reivindicativa, rigurosa) se resista a ejercer el análisis crítico de la democracia capitalista, elevándola por el contrario a valor universal e inmejorable? ¿No percibe que esta actitud equivale a la de un atrincheramiento, cuando no retirada, pero siempre fatalista respecto de sus ideales y convicciones? De la referencia ordinaria a la democracia como concepto convivencial (tan equívoco) y de su prestigio político (tan amañado) se deduce una seria acumulación de impedimentos para su análisis crítico.

Porque, o ajustamos las ideas sobre la democracia o no saldremos nunca de ese limbo tranquilizador en el que nos instala la “fuerza de los hechos”. Y en primer lugar se impone recordar que la democracia es la más prístina creación del capitalismo, es decir, de las exigencias, más que propuestas, de los que disponen de mejor posición económica. De lo que no debiera dudarse si consideramos que la democracia actual, extendida por todo el planeta, es la inglesa del siglo XVII, que en esencia consistió en la exigencia de la burguesía -básicamente comercial y financiera, que estaba apoderándose de medio mundo por la expansión colonial- de arrebatarle poderes al monarca, para atribuírsela a ella misma en los nuevos parlamentos. De ahí que, en aquella democracia, y durante siglos, el grupo del votante y el del votado resultaran minorías exiguas en el total de la población; es decir, que se reducía a los sectores directamente interesados y que consiguió -revoluciones burguesas mediante, de distinto calado pero mismo objetivo- constituirse en poseedora privilegiada del poder político, una vez que se descubrió a sí misma segura dueña del poder económico.

         Con la evolución del sistema y la ampliación paulatina del voto, el capitalismo ha ido modulando ese sistema democrático de tal manera que siguiera siendo su propio modelo, y que, por ejemplo, las elecciones acaben ganándolas quienes más dinero dedican a las campañas electorales, lo que no parece producir ningún escándalo. Siendo lo esencial, sin embargo, que mantiene y protege los intereses del capitalismo, y todas las medidas que adopta en favor de la mayoría conseguida (y utilizada) de votantes no son sino medidas o “soluciones” aparentes, relativas o parciales, que en nada cambian la sustancia del sistema. Todo el mundo sabe, por lo demás, que “los bancos y las grandes empresas son los que mandan”, con independencia de los procesos electorales y sus novedades, y que son instituciones que cuando incurren en exceso, incluso en delito, resultan muy favorablemente considerados por el sistema político y el aparato judicial y que además sobreviven e incluso mejoran tras cualquier proceso electoral que implique cambios o novedades, aunque estos se describan a sí mismos como heraldos de justicia y equidad.

     La democracia consiente el desarrollo de estos grupos que la erosionan y envilecen porque siempre “alega”, como fórmula tramposa, la libertad y el derecho de unos y otros a expresarse y, por supuesto, a medrar. Defiende, en definitiva, a los que, desde un punto de vista teórico (pero que encubre planes de poder real) se comportan de forma radicalmente antidemocrática. Una variación de lo anterior, o un corolario, vaya, de decisiva importancia, es el caso de los partidos liberales más radicales que, expresando claramente su deseo “constitutivo” de reducir y debilitar al Estado democrático, disponen de total libertad de desenvolvimiento político y electoral, lo que el Estado concede con declarada “convicción” permitiendo su propia humillación y la amenaza de destrucción o apropiación por esos grupos anti-Estado. Es el caso de tantos mamarrachos neo y ultra liberales que van a elecciones y, en casos, las ganan con el objetivo expreso de dañar en lo posible al Estado: como el indescriptible Trump o Milei el estrafalario, y tantos tipos y partidos del universo liberal que se declaran enemigos del Estado y se lanzan a él para aniquilarlo. No hay ninguna “grandeza democrática” en un sistema político en el que cunde y prospera esa gentuza.


Si tipos como Trump representan a la democracia, apaga y vámonos.

      Y ahí tenemos, nítidamente contemplados, a la ciencia, la tecnología (C-T) y sus prohombres, surgidos y amamantados por la gran referencia de las democracias planetarias, los Estados Unidos de América, riéndose de la democracia y declarándole al mismo tiempo su hostilidad más sincera, así como sus elegantes planes para eliminarla. Sin embargo, este tecnofascismo (concepto que, por fin, suena y resuena, después de que nuestros utopistas del siglo XX no quisieran ver ni reconocer), no solo no suscita rechazo general, sino que aumenta su poder de atracción, dado el culto que reciben desde la política y los medios de comunicación, y muchos, muchísimos de nuestros jóvenes se dejar atraer por su brillo y sus espejismos, soñando con hacerse ricos con todo ese despliegue de falacias prometedoras.

      Por lo tanto, la crítica de la democracia debe ser sistemática, permanente, implacable. Pero no se trata de incidir, en cualquier caso ni como prioridad, en el desarme semántico-histórico de la democracia, ni mucho menos en su comentario gramatical, sino en su cuestionamiento lógico, histórico, documentado, coloquial, político y socioeconómico, sobre todo cuando de cuestiones esenciales para la convivencia se trata, que es en lo que consiste, en definitiva, la mayor parte del trabajo social y político. Y de atender ante todo al hecho incuestionable de que esta democracia es (necesariamente) generadora de diferencias, desigualdad y de una pobreza que no siempre resulta marginal, pudiendo afectar a grandes sectores de la población (veamos los estragos de la vivienda inasequible para los jóvenes) o a la ciudadanía entera (como la inflación y el coste de la vida, fenómenos claramente políticos y caracterizadamente “democráticos”). Que la desigualdad y el empobrecimiento son condiciones, diríamos, metafísicas del imperio del capitalismo.

        Se comprueba la perfidia profunda de la democracia cuando periódicamente a lo largo de la historia en su seno pone en marcha, o consiente, procesos de endurecimiento social y político orientados a “disciplinar” a ciertos grupos (de izquierda, esencialmente) o a la sociedad entera, Cuando las sociedades democráticas empiezan a segregar movimientos de tipo fascista, que siempre empiezan por la violencia ambiente (broncas callejeras, intimidaciones a las víctimas elegidas, etc.) hasta conseguir la “normalización” de la actividad de grupos de este tipo, el objetivo queda claramente señalado, y es resolver algún proceso socioeconómico que inquieta a ese capital siempre atento y activo, o encaminar al país a conflictos abiertos, de los que el capitalismo siempre espera -por haberlo comprobado tantas veces- salir vencedor o reforzado. En nuestros pagos, cosa es de admirarse (o mejor, de enfurecerse) por el énfasis que los nuevos fascistas ponen en la Democracia, la Libertad y hasta la Constitución, acusando a las izquierdas de ser culpables de su degradación y obligándolas a actuar, y hasta gobernar, a la defensiva y a la desesperada, cuando en los genes de esta turbamulta ultra late y rige la obsesión por acabar con esas tres categóricas referencias. Son gente y formaciones políticas profundamente liberticidas, montaraces y provocadoras, exhibiendo un racismo descarnado, apuntando como dianas a logros seculares en derechos humanos y adhiriéndose, en el caso español, a la dictadura franquista y sus crímenes.

            Como si esta ultraderecha y su escandalera pudieran hacernos ignorar que no es más que esa repetitiva excrecencia del capitalismo desbocado y desesperado que periódicamente busca la forma de liberarse de sus propias normas y limitaciones, dando marcha a la legión -dormida, agazapada, revanchista- de desalmados y descerebrados que escarban en las situaciones de desolación y desesperanza que ese mismo capitalismo crea para proceder a una etapa de ganancias políticas excepcionales, con independencia de los crímenes previstos, y deseados, que han de acompañarla. Y hemos de soportar ese marea ascendente -por mor de la democracia generosa- de indeseables a los que resulta inútil recordar lo que su ideología ha dado de sí en la Historia y los daños que ha causado a la Humanidad.


Si el Estado de Israel es democrático, que venga Yavé y lo vea.

        Otros sistemas existen, desde luego. Pero no dejemos de reseñar -recurriendo al método histórico- la hostilidad furiosa de la democracia occidental cuando han surgido “otras democracias” de algún tipo que amenazara o eliminara el sistema anterior vigente con presupuestos radicalmente opuestos, es decir, atacando o eliminando de la escena política el protagonismo del poder económico; fuera este el rancio e insoportable poder feudal, como fue el caso de la Revolución francesa de 1789, o el mucho más hiriente del capitalismo esclavizante, como fue el caso de la Revolución rusa de 1917, corrección contundente de la francesa y de otras del siglo XIX. En este segundo caso se produjo la alianza -esperada, inevitable- de la reacción del poder zarista abatido con las potencias exteriores, de predominio democrático, que dieron forma con su inquina a la guerra y la invasión militar.

         Nada de lo cual significa que la alternativa política no exista o no pueda existir, sino todo lo contrario. No habría que tener miedo ni reservas mentales insuperables a pensar y exponer los objetivos y contenidos de “otras democracias”, empezando por la llamada “democracia popular”, que erradica al capitalismo y los capitalistas de la dirección política expresa o soterrada, y da al pueblo organizado y capaz la posibilidad de una vida digna. Vienen a cuento esos necios que se apuntan a la rusofobia, se alinean con la Ucrania filonazi y consienten activamente que la OTAN supremacista y expansionista ejerza como brazo armado del capitalismo más descarnado, creyendo con ello vengarse de la URSS “superándola”, reduciendo la experiencia soviética a los crímenes de Stalin y asumiendo por entero la propaganda occidental de decenios de insidias y mentiras; y se “saltan” el principio leal de que la conciencia política auténtica no debe dejarse camelar ni engañar por la leyenda y las pamplinas de los “valores de Occidente”, sino que su misión es “aclararlos” y someterlos a estricto y profundo análisis, ya que esos valores son los que esgrimen, sin gran contestación, potencias genocidas como Estados Unidos, Israel y, cada día un poco más, la Unión Europea. Que considerar como democráticos a Estados criminales constitutiva y funcionalmente es prueba abrumadora de la gran farsa democrática. Como estupidez sublime es creer en democracias satisfactorias que no eliminen al capitalismo como sistema socioeconómico dominante, ya que en él prima lo económico, no lo político, que resulta accesorio (o, mejor, subsidiario...), y que por eso genera falsedad, desigualdad e incapacidad para responder a las inquietudes legítimas y profundas del género humano.

         Manoseada y desenfocada, la democracia falaz genera las derechas ultras y los fascismos, como muestra la historia europea; no obstante, no escarmentamos, y la izquierda y la amplia constelación de (verdaderos, sinceros) creyentes en una democracia equívoca e hipócrita se mecen tan panchos en una idea que creen que, por ser radiante y sonora, les va a guardar de tanto canalla hirviendo.


Si hay que acostumbrarse a la corrupción, esperémonos lo peor.

Es la socialdemocratización generalizada de la izquierda, la de los mencheviques de la Revolución rusa de entonces y de la Internacional Socialista de después, que es la administradora de las traiciones de los partidos socialdemócratas a la clase trabajadora y la mayoría de los pueblos y países (recordemos a Samir Amin y su frase lapidaria: “La socialdemocracia es, pues, por excelencia, la ideología del capitalismo avanzado”, en El capitalismo, una crisis estructural, 1974)

       Pero otra democracia es posible, desde luego, aunque a condición de que cambien supuestos, estructuras y objetivos. Como indicación al caso, se ha de tener muy en cuenta que una democracia contaminada no puede ser verdadera democracia, de donde se nos plantea la oportunidad del ecosocialismo como opción democrática necesariamente distinta y bien diferenciada de la democracia convencional. Reparemos, a estos efectos, en la hostilidad con que la derecha y la ultraderecha -falsificadoras incorregibles de la democracia- miran a cuanto suponga protección o conservación ambientales, optando siempre por el endurecimiento frente a la agitación o la reivindicación de carácter ecologista. Se trata de una enemiga que por no ser clásica y por armarse de argumentos bien a la vista, ni derecha ni ultraderecha saben bien cómo doblegarla y de ahí la extremada inquina conque las tratan. Y como el sistema, dominado por un capitalismo que envenena el planeta por necesidad, asume el peligro de esta sensibilidad organizada, se emplea a fondo -y en buena medida lo consigue- en comprar y someter al movimiento ecologista.

           Así que, resumiendo, parece evidente que los tiempos marcan que cualquier alternativa a esta democracia -que ya más que honrarnos, nos secuestra- debiera optar por un ecosocialismo de fondo y forma, que se diferencie netamente de la democracia de 1978: chantajista en lo político, vana en lo económico y empalagosa en lo moral.

domingo, 5 de julio de 2026

De América Latina a Madrid: el avance del neofundamentalismo evangélico

 

 Por Miguel Urbán   
      Activista y político español.


La miamización de Madrid no debe entenderse solo en clave sociológica o urbanística, sino también como la transformación de la política madrileña, donde las iglesias pentecostales y neopentecostales se han convertido en un actor político y cultural que gana peso


Unas 35.000 personas asistieron al evento The Change Madrid 2026, el mayor encuentro evangélico contemporáneo de Europa.


     La imagen de Donald Trump en el Despacho Oval rodeado de pastores evangélicos dio la vuelta al mundo. “Oramos para que la sabiduría del cielo inunde su corazón y su mente (...) Padre, te rogamos que sigas dándole a nuestro presidente la fuerza que necesita”. Mientras recitaban estas palabras, los pastores evangélicos posaban sus manos sobre el presidente para darle fuerza en su guerra —ilegal— destinada, supuestamente, a liberar al pueblo iraní de la terrible teocracia de los ayatolás. La imagen no podía ser más icónica del momento histórico en el que nos encontramos, donde el resurgir de los neofundamentalismos religiosos se está convirtiendo en un rasgo común de la ola reaccionaria global.


El ‘mesías Trump’: la llamativa imagen del presidente de EEUU rodeado de pastores evangélicos rezando en el Despacho Oval.

Un mes después de esta icónica fotografía de los pastores evangélicos arropando a Trump en el Despacho Oval, unas 35.000 personas abarrotaban el estadio Metropolitano durante el evento The Change Madrid 2026, el mayor encuentro evangélico contemporáneo de Europa. Uno de los momentos más virales fue la aparición del exfutbolista Dani Alves que, tras haber sido condenado por agresión sexual a una mujer en una discoteca y posteriormente absuelto por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, se ha convertido en un conocido telepredicador evangélico.


Dani Alves durante su participación en el Metropolitano.

Un estadio abarrotado de vibrantes feligreses resumía bien un fenómeno que lleva años creciendo y que ahora empieza a hacerse visible a gran escala: el auge del evangelismo en Madrid.

A lo largo de los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno relativamente nuevo en Europa, pero de largo recorrido en el continente americano: el impacto electoral del resurgimiento de un ultraconservadurismo cristiano. Mientras que en el continente americano este movimiento está liderado fundamentalmente por las diferentes familias del evangelismo pentecostal y neopentecostal, en Europa son los ultracatólicos quienes marcan la agenda política. Los principios políticos de esta reacción ultraconservadora son los mismos a ambos lados del Atlántico: autoritarismo patriarcal y homófobo, defensa del statu quo y una fuerte vena antisindical y anticomunista clásica, aunque actualizada en las nuevas iglesias con los lenguajes del show business y la agresividad neoliberal. Aunque en Europa las comunidades evangélicas no gozan todavía del apoyo que tienen en el continente americano, este fenómeno va asentándose poco a poco con fuerza en España.

En Estados Unidos, el fundamentalismo cristiano recuperó, a partir de la década de los años 70, una creciente presencia pública. Proliferaron sus iglesias, colegios, publicaciones, editoriales, emisoras de radio y canales de televisión, con el consiguiente auge de la telepredicación y de los telepredicadores. Surgió así la nueva derecha cristiana, los teocons o, simplemente, los fundamentalistas cristianos, convertidos hoy en el movimiento ideológico más específico, coherente y mejor organizado de la política estadounidense. No toda la pluralidad de iglesias de Estados Unidos participa de este movimiento, siendo las evangélicas las que han mostrado un mayor dinamismo y una adhesión más firme a la agenda neoconservadora de la nueva derecha cristiana.

En las elecciones presidenciales de 2016, los evangélicos representaron una quinta parte de los votantes registrados y un tercio de todos los que se identificaban con el Partido Republicano. Parecía difícil que un candidato como Trump —divorciado dos veces y casado en tres ocasiones, con fama de mujeriego, numerosos escándalos sexuales, ostentoso y arrogante— pudiera presentarse como un hombre que guiaba su vida por valores religiosos. No presentaba el perfil de candidato capaz de atraer al votante conservador de inspiración religiosa. Pese a ello, obtuvo el 81 % del voto de los evangelistas blancos, frente al 16 % de su contendiente demócrata, Hillary Clinton. Desde entonces, una de las claves del éxito electoral de Trump ha sido su capacidad para cautivar al electorado evangélico.

Así, a pesar de los escándalos, la comunidad evangélica más conservadora ha llegado a justificar su apoyo político a Trump comparándolo con el “Ciro moderno” y presentándolo como el “candidato de Dios para el caos”. Para los evangélicos, “Ciro es el modelo del no creyente al que Dios elige para cumplir con los propósitos de los fieles”. Estos grupos ven con buenos ojos que Trump esté dispuesto a romper las normas democráticas para combatir las amenazas que, según ellos, se ciernen sobre sus valores y su modo de vida, con el objetivo de cumplir “la misión de Dios en la Tierra”. Entienden que Trump es el mandatario más cercano a sus postulados, capaz de impulsar una agenda nacionalista cristiana que represente sus intereses políticos y morales.

Las relaciones entre la Administración Trump y las iglesias evangélicas pentecostales y neopentecostales —fervientemente sionistas— también han contribuido a dar forma a las alianzas internacionales y a la política exterior estadounidense. El apoyo incondicional al Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu, simbolizado en el traslado de la Embajada de Estados Unidos a Jerusalén durante el 70º aniversario de la creación del Estado de Israel, contraviniendo las resoluciones de la ONU, o la reciente agresión militar contra Irán, haciendo caso omiso de las objeciones de parte de su equipo de política exterior y seguridad nacional, son ejemplos notables de la influencia que ha llegado a alcanzar la nueva derecha cristiana en la Administración Trump.

La expansión pentecostal y neopentecostal en América Latina

Quizá sea en América Latina donde —al igual que ocurrió con el catolicismo en décadas anteriores— el fundamentalismo evangelista ha penetrado con mayor intensidad en las esferas políticas para imponer su agenda ultraconservadora. Las iglesias evangélicas, presentes hoy en prácticamente cualquier barrio del continente, están transformando la política como ninguna otra fuerza desde la expansión de la teología de la liberación en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado. Están proporcionando a las causas conservadoras, y especialmente a los partidos políticos, un nuevo impulso y nuevos votantes. Pero, a diferencia de la narrativa más conservadora de la Iglesia católica, los pastores evangelistas están introduciendo en la política una suerte de populismo religioso, más radical y de mayor alcance. Así lo muestran los éxitos electorales de Bolsonaro, Bukele o, más recientemente, el ascenso político de Abelardo de la Espriella.

La importancia política de los evangelistas no reside únicamente en su crecimiento exponencial o en la tupida red de medios de comunicación que controlan, sino también en su profunda inserción popular, que está permitiendo un impulso renovado y, sobre todo, la captación de nuevos votantes para los partidos conservadores. De este modo, han logrado disputar a los movimientos de izquierda su tradicional espacio de implantación social como ninguna otra organización conservadora había conseguido hasta ahora.

La presencia de las iglesias evangélicas en América Latina no es precisamente nueva, pero sí lo es su crecimiento exponencial, especialmente en su vertiente pentecostal y neopentecostal más conservadora. Según Michael Löwy, los protestantes latinoamericanos están profundamente divididos. En su opinión, esta división coincide, hasta cierto punto (aunque no por completo), con la diferencia entre las antiguas Iglesias protestantes y las nuevas Iglesias pentecostales, que se están propagando rápidamente. “El crecimiento extraordinario de las Iglesias evangélicas pentecostales en Latinoamérica —un acontecimiento que los observadores católicos describen muchas veces como la ‘invasión de las sectas protestantes’— es uno de los fenómenos religiosos más importantes de los últimos años en el continente”.

Según diferentes estudios, existen más de 19.000 iglesias pentecostales en el continente latinoamericano, que agrupan a más de cien millones de creyentes. Las iglesias evangélicas, fundamentalmente las más conservadoras, representan prácticamente a uno de cada cinco latinoamericanos, cerca del 20 % de la población.

La teología de la prosperidad

En las décadas de los 60 y 70, la influencia de la teología de la liberación marcó a buena parte de los movimientos populares latinoamericanos. Hoy es la llamada “teología de la prosperidad” la que está ocupando ese espacio en los barrios populares. Mientras la teología de la liberación politizaba y problematizaba la pobreza y las desigualdades, defendiendo el legítimo derecho de los pobres a gozar de una existencia digna pese a su condición, la teología de la prosperidad no solo deja de cuestionar las desigualdades, sino que, en cierta medida, las legitima al presentar el éxito material como una prueba de la elección divina.

El obispo Edir Macedo, fundador de la brasileña Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) y principal impulsor de la teología de la prosperidad, definió así la esencia de su credo: “Nosotros queremos que ese hombre sea rico, que ascienda en la escala social; no queremos un pobre que acepte su pobreza”. Al concentrarse en la superación personal mediante una nueva conducta moral, en lugar de trabajar por un cambio estructural, estas iglesias evangelistas disuaden de la acción colectiva y promueven estrategias individuales de movilidad social ascendente. El cambio es radical: de la liberación colectiva al triunfo individual. Una transformación profunda en la mentalidad de los barrios populares latinoamericanos.

Así, aunque las iglesias pentecostales y neopentecostales desarrollan una intensa actividad “social” y cuentan con numerosos programas asistenciales, lo hacen desde una lógica antagónica a cualquier forma de protagonismo político de los sectores oprimidos. Podemos hablar de una suerte de “comunitarismo individualista”, que absorbe al individuo en todos los aspectos de su vida y que, a cambio, promete hacerlo “exitoso” en el mercado. En cierto modo, la iglesia sustituye al Estado como espacio de comunidad.

Las sectas evangélicas aparecen así como auténticos apóstoles del neoliberalismo: “Hemos aprendido con Weber que el protestantismo tiene un encaje con el capitalismo; el neopentecostalismo va a tenerlo con el neoliberalismo, porque genera un ‘sujeto hecho a sí mismo’, donde el Estado no interviene”. La teología de la prosperidad se acopla de tal manera a la lógica neoliberal del “emprendedor” que incluso admite el derecho de los fieles a abrir su propia iglesia: “Esto se inscribe en la lógica del capital y el consumo; cada uno puede crear su propio business neopentecostal”.

Con esta doctrina, pastores y telepredicadores exhiben su riqueza sin complejos como una manifestación de su santidad y del mayor grado de bendición divina recibido. Así, las megaiglesias neopentecostales se convierten en auténticos meganegocios dirigidos por pastores que actúan como ejecutivos y se desenvuelven con las habilidades de un showman para entretener a sus fieles. El resultado son verdaderos imperios económicos que buscan ampliar constantemente su poder e influencia en los medios de comunicación y en la política.

Como ya hemos visto, “el evangelismo puede favorecer la adopción de un ethos capitalista de autopromoción individual y, por tanto, alentar el apoyo a las fuerzas políticas comprometidas con ese ethos”. Un buen ejemplo es la IURD, la mayor congregación evangelista de Brasil, que posee un auténtico emporio mediático, entre cuyos activos destaca TV Record, la segunda cadena de televisión del país. Pero también ha dado el salto a la política, consiguiendo la alcaldía de Río de Janeiro en 2016 a través de uno de sus obispos, Marcelo Crivella, conocido entre otras cosas por ser uno de los principales intérpretes del góspel en Brasil, con más de cinco millones de copias vendidas. La victoria en Río de Janeiro fue vista como el precedente de la posterior victoria presidencial de Jair Bolsonaro. El propio obispo Edir Macedo, fundador de la IURD, expresó públicamente su apoyo al candidato ultraderechista después de que este se bautizara en el río Jordán según el rito evangélico, un gesto que le granjeó un respaldo decisivo para alcanzar la presidencia.

Contra la “ideología de género”

El fundamentalismo evangélico se ha convertido en un movimiento emergente no solo por su pujanza económica o su implantación social, sino también porque ha logrado consolidarse como un actor político de primer orden, con una fuerte capacidad de cohesión sobre sus feligreses —y, por extensión, sobre sus votantes—, capaces de desequilibrar elecciones y disputados por prácticamente todas las formaciones políticas. El voto evangélico entre los sectores populares está sirviendo para consolidar relaciones clientelares entre actores políticos y líderes religiosos, así como para incorporar representantes de estas iglesias a las listas electorales en países como Brasil, Perú, El Salvador, Chile, Colombia o Guatemala.

La principal novedad no es únicamente el avance político del evangelismo, sino su capacidad para introducir en el debate público cuestiones que han terminado marcando la agenda del conjunto de la derecha latinoamericana. Se articula así una amplia alianza opositora al matrimonio igualitario, al aborto y a lo que denominan “ideología de género”, sintetizada en una consigna que se ha hecho viral: “Con mis hijos no te metas”. Desde entonces, la llamada “ideología de género” se ha convertido en un cajón de sastre en el que cabe desde el derecho al aborto hasta los supuestos ataques a la familia o al matrimonio entre personas del mismo sexo. En el fondo, se trata de una ofensiva contra el propio derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, que sitúa al movimiento feminista como uno de sus principales enemigos.

Las iglesias evangélicas latinoamericanas han dirigido buena parte de sus ataques contra la educación pública, especialmente contra cualquier contenido relacionado con la educación sexual y reproductiva o con la igualdad de género. Pero este proceso también se ha reproducido en países donde el fundamentalismo evangélico continúa siendo minoritario. Es el caso, por ejemplo, de España, donde Vox asumió buena parte de este repertorio ideológico al popularizar el llamado “pin parental”: la obligación de que madres y padres autoricen previamente y de forma expresa la asistencia de sus hijos a cualquier actividad desarrollada en el centro educativo. De este modo, frente a actividades consideradas inadecuadas por estos sectores —como talleres sobre diversidad afectivo-sexual, feminismo, identidad de género o derechos de la comunidad LGTBI—, los progenitores pueden ejercer su supuesta “objeción de conciencia” e impedir que el alumnado participe en ellas.

En Brasil, la ultraderecha y las iglesias evangélicas impulsaron una campaña contra un programa educativo destinado a prevenir la homofobia en las aulas, al que bautizaron despectivamente como el “kit gay”. Con el objetivo de amedrentar al profesorado, Bolsonaro y sus hijos llegaron a animar a los estudiantes a grabar con sus teléfonos móviles a sus docentes durante las clases y difundir posteriormente esas imágenes en las redes sociales. Finalmente, el proyecto nunca llegó a aprobarse como consecuencia de las presiones ejercidas por estos sectores. Sin embargo, el verdadero “pin parental” brasileño es Escuela sin Partido, una iniciativa presentada en el Congreso en 2014 cuyo objetivo era combatir el supuesto adoctrinamiento ideológico de la izquierda en las escuelas e impedir que cuestiones como el género, la orientación sexual o las preferencias políticas pudieran abordarse en las aulas o aparecer en los materiales didácticos.

El fenómeno llega a Madrid

Un año antes del gran encuentro evangélico celebrado en el estadio Metropolitano, unas diez mil personas llenaron la plaza de toros de Vistalegre para escuchar al predicador brasileño Edir Macedo que, como veíamos anteriormente, es uno de los principales apóstoles latinoamericanos de la teología de la prosperidad. Porque el fenómeno evangélico en Madrid ya no ocupa únicamente bajos comerciales o antiguos garajes de los barrios periféricos. Hoy mueve también cifras de estadio.

El crecimiento del evangelismo en Madrid ha sido discreto, pero cada vez resulta más difícil ignorarlo. España cuenta ya con alrededor de un millón y medio de evangélicos y su crecimiento ha sido sostenido durante las últimas décadas. En 1998 apenas el 0,2 % de la población se identificaba con esta confesión. En 2018, la cifra alcanzaba ya el 2 %, según datos del Observatorio del Pluralismo Religioso. Los evangélicos constituyen hoy la confesión minoritaria más numerosa del país, solo por detrás de la musulmana y por delante de los testigos de Jehová.

El mayor crecimiento se está produciendo en Madrid, donde las iglesias evangélicas han aumentado alrededor de un 30 % durante la última década, pasando de 662 a 855 centros religiosos en la región. Especialmente en distritos como Carabanchel, Usera o Tetuán, favorecidos por la elevada presencia de población latinoamericana fruto de la transformación migratoria de la ciudad. Así, antiguas naves industriales, garajes, locales comerciales o bajos se reconvierten en templos pentecostales o neopentecostales que funcionan como espacios de encuentro, redes de apoyo, comedores improvisados, bolsas de empleo, lugares de ocio o refugios emocionales para miles de personas migrantes.

De hecho, uno de los pastores que aparecían rezando junto a Trump en la Casa Blanca, Franklin Graham —conocido como “el pastor de Donald Trump”—, aterrizó en Madrid pocas semanas después del evento The Change Madrid celebrado en el Metropolitano para participar en el Festival de la Esperanza.


Franklin Graham en el Festival de la Esperanza celebrado en el palacio Vistalegre.

Se trata de un encuentro nacido en 1947 en Estados Unidos bajo el nombre de Las Cruzadas de Billy Graham, impulsado por Billy Graham, fundador de la Asociación Evangelística Billy Graham (BGEA), uno de los predicadores evangélicos más influyentes del siglo XX y padre de Franklin Graham. Su hijo rebautizó posteriormente el evento y extendió este tipo de macroencuentros fuera de Estados Unidos, primero hacia América Latina y posteriormente por Europa. La elección de Madrid no es casual. El festival ha contado —según datos de los organizadores— con la participación de más de 850 iglesias de la Comunidad de Madrid, una muestra de músculo que permitió que, durante los dos días del evento, pasaran por él algo más de 20.000 personas.

Un evento que, pese a intentar huir de la etiqueta de ultraderechista o trumpista, estuvo marcado por las arengas ultraconservadoras de sus principales figuras. Entre ellas, el propio Graham, que, ante una Vistalegre abarrotada, afirmó: “Dios creó el sexo. Él quiere que lo uses, pero tiene que ser usado en una relación matrimonial entre un hombre y una mujer”, en un claro mensaje homófobo. Continuó su discurso —Biblia en mano— contra el aborto: “Solo porque algunos políticos digan que el aborto es legal no significa que esté bien delante de Dios”. Macroeventos como el Festival de la Esperanza o The Change Madrid están situando a Madrid como la meca pentecostal y neopentecostal de Europa, una muestra más de la miamización de la capital española.

Al igual que en América Latina o Estados Unidos, las conexiones políticas de los pentecostales y neopentecostales empiezan también a hacerse visibles en Madrid. El auge evangélico no ha pasado inadvertido para el Partido Popular. Ya durante la precampaña de las elecciones municipales y autonómicas de 2023, varios dirigentes del partido desarrollaron una estrategia deliberada de acercamiento a las iglesias evangélicas para intentar canalizar el apoyo de los fieles de origen migrante y de sus redes comunitarias.

Unos años antes, Isabel Díaz Ayuso había creado expresamente la Secretaría de Nuevos Madrileños y había situado al frente al venezolano Gustavo Eustache, muy bien relacionado con los principales pastores evangélicos de la región. Eustache fue, además, uno de los principales artífices de la organización del mitin “Europa es Hispana” en 2023, apenas dos meses antes de las elecciones autonómicas y municipales. En él participaron Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida junto a predicadoras evangélicas como Yadira Maestre, definida por el vicesecretario electoral del PP madrileño, Jorge Rodrigo, como “la aglutinadora de las iglesias evangélicas de la Comunidad de Madrid”. Un acto tan novedoso como inusual en la política madrileña, que evocaba los grandes mítines estadounidenses dirigidos a seducir el voto latino. Un elemento más de la miamización de Madrid.


La predicadora de la Iglesia de Cristo Viene, Yadira Maestre, junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en un acto en Madrid organizado por el Partido Popular en el barrio madrileño de Usera.

De hecho, unos meses antes —en septiembre de 2022— del mitin organizado por el PP madrileño, el número dos de Isabel Díaz Ayuso, Alfonso Serrano, asistió a un macroevento evangélico para más de tres mil personas celebrado en Fuenlabrada bajo el nombre de Invasión Madrid Fest. Allí, la pastora Yadira Maestre entregó un premio a la presidenta madrileña y al alcalde de la capital por su gestión durante la pandemia de la covid19. Una estrategia de acercamiento a las iglesias evangélicas que ha cobrado fuerza desde que Ayuso asumió el liderazgo regional del partido y que tiene como principal objetivo captar el voto de la comunidad latinoamericana. El propio Gustavo Eustache ha pasado de dirigir la Secretaría de Nuevos Madrileños a ocupar un escaño como diputado en la Asamblea de Madrid.

La creciente presencia del evangelismo pentecostal y neopentecostal no se puede desligar de las transformaciones socieconomicas y demográficas de Madrid. Pero la miamización de Madrid no debe entenderse solo en clave sociológica o urbanística, sino también como la transformación de la política madrileña, donde las iglesias pentecostales y neopentecostales se han convertido en un actor político y cultural que gana peso por la disputa de la construcción del sentido común, la concepción de la familia, el cuerpo de las mujeres, la educación, la sexualidad o la propia idea de democracia entre un sector importante de las clases populares madrileñas. Un fenómeno que hasta ahora parecía exclusivamente americano forma ya parte del paisaje político madrileño, una muestra más del nuevo tiempo en el que nos adentramos.

Fuente: El Salto


sábado, 4 de julio de 2026

Palestina: 1.000 días de genocidio

 

 Por Diego Delgado   
      Entre Guadalajara y un pueblito de la Cuenca vaciada. Estudió Periodismo y Antropología, forma parte de la redacción de CTXT.

La comunidad internacional tolera impasible el exterminio en directo del pueblo palestino, que ahora ha perdido incluso el foco mediático


Un niño herido por los bombardeos es atendido por sanitarios en Gaza, el 12 de noviembre de 2023. / Mohammed Zannoun.


     1.000 días de genocidio. Cuatro palabras que encierran muchas décadas de apartheid más o menos silencioso, algún conflicto como respuesta a la resistencia de un pueblo que no quiere ser aniquilado y, sobre todo, una forma de relacionarse con el mundo muy propia de quienes hoy soplan un millar de velas por cada noche que se han ido a dormir siendo plenamente conscientes de que se está cometiendo una limpieza étnica con su complicidad.

Las autoridades palestinas cifran en más de 73.000 las personas asesinadas por el sionismo que encabeza Benjamin Netanyahu, mientras que la cifra de heridos y heridas ronda los 173.500. Los ataques de Israel han obligado a huir de sus hogares a 1,9 millones de gazatíes, alrededor del 85% de la población total de la Franja de Gaza, que en 2023 se estimaba en unos 2,2 millones de habitantes. Y, con el paso de los meses y los años, la ofensiva se ha ido expandiendo sin pudor ni consecuencias hacia otros lugares como Cisjordania o Líbano. La realidad es que el número de víctimas difícilmente se sabrá con exactitud, pero nadie con un mínimo de información sobre el tema duda de que la cantidad de personas masacradas supera por mucho las cifras oficiales. Ya en septiembre de 2025, Francesca Albanese –relatora de la ONU sobre los territorios palestinos ocupados– advertía de que la cifra real de muertes podría rondar los 680.000.

CTXT ha mantenido durante todo este tiempo una cobertura fija del genocidio en su portada y ha ofrecido información de primera mano gracias al periodista gazatí Mahmoud Mushtaha. El 29 de octubre de 2023 publicamos su primera ‘Crónica desde el infierno’, y desde ese momento Mushtaha escribió con regularidad para contar al mundo lo que se estaba viviendo en Gaza.


Los sueños se han convertido en escombros.


Meses después, en abril de 2024, consiguió huir de allí y pudo retirarse a escribir su libro, Sobrevivir al genocidio en Gaza, un testimonio inigualable del sufrimiento que supone un intento de exterminio.


Emprendí un viaje desesperado. Mi plan es llegar a España para trabajar en CTXT, pero mi mayor preocupación es conseguir que los míos puedan abandonar también Gaza.


Sobrevivir al genocidio en Gaza. Mahmoud Mushtaha.


Eficacia inhumana

El 7 de octubre de 2023, tras el ataque de Hamás, Israel desató sobre Palestina todo su potencial destructivo. Lo hizo abiertamente, sin ambages, porque más de siete décadas de deshumanización sistemática del pueblo palestino lo hicieron posible.


La deshumanización de los palestinos por parte de la sociedad israelí ya es absoluta.

Yoav Gallant, entonces ministro de Defensa, les calificó de “animales humanos” apenas unos días después de aquel 7 de octubre. Desde ese momento, la limpieza étnica se ha desarrollado siguiendo criterios de productividad y eficacia propios de la fabricación en masa capitalista.

La frialdad distópica del sionismo quedó rápidamente plasmada en ‘Lavender’, un sistema informático que utiliza la Inteligencia Artificial para configurar listas de objetivos para el ejército israelí.


‘Lavender’: la máquina de IA que dirige los bombardeos de Israel en Gaza.

Las primeras fases del genocidio estuvieron regidas casi exclusivamente por este software que, según fuentes del servicio de inteligencia de Israel, falla en alrededor del 10% de los casos y puede marcar objetivos que no tienen conexión en absoluto con grupos como Hamás.

En estos casi tres años, las investigaciones han arrojado luz sobre la miseria moral israelí, cuya inhumanidad alcanza cotas del todo inimaginables. Más allá de la utilización de tecnologías de muerte sin apenas supervisión, el ejército ha puesto en práctica estrategias de exterminio que traspasan todos los límites. Una de las más crueles es la de los ataques de “doble golpe”, que consiste en volver a bombardear una zona ya arrasada con poco tiempo de diferencia para asesinar a quienes hayan acudido a socorrer a las personas heridas.


Ataques aéreos de “doble golpe”: así impide Israel los rescates en Gaza.

Otra de las prácticas desveladas por fuentes del ejército israelí certifica la completa despreocupación por las víctimas civiles. Cuando no es posible identificar la ubicación exacta de algún militante de Hamás, la solución es autorizar la matanza de civiles hasta “cifras de tres números” y gasear los túneles en los que puede haber gente escondida.


Bombardear la zona, gasear los túneles: la guerra desenfrenada de Israel contra el subsuelo de Gaza.

Mayor ensañamiento y obscenidad mostraron las FDI en marzo de 2025, cuando asesinaron a sangre fría a un equipo de rescate de la Media Luna Roja y de Defensa Civil.


La muerte “lenta y silenciosa” en los hospitales de Gaza.

Los cuerpos aparecieron maniatados y mutilados, aún con los uniformes sanitarios puestos. La OMS cifra en más de 1.700 los y las trabajadoras sanitarias asesinadas en Palestina entre octubre de 2023 y diciembre de 2025. Además, la Oficina de Medios de Comunicación de Gaza denuncia la destrucción de 34 hospitales, 240 instalaciones sanitarias y 142 ambulancias; un desmoronamiento provocado del sistema de salud que conlleva inevitablemente muertes que deberían sumarse al saldo genocida de Israel, aunque no se hayan producido directamente a manos del ejército.

La información también está siendo masacrada

Este genocidio presenta una característica muy diferencial que, a priori, debería  imposibilitar la impunidad con la que se está cometiendo. Se trata de la retransmisión en directo, y para todo el planeta, incluso de las mayores atrocidades cometidas por el régimen de Benjamin Netanyahu. Si bien el trabajo minucioso de adoctrinamiento llevado a cabo, al menos, desde los años cuarenta del siglo pasado, predispone a la población israelí a mirar para otro lado, cuando las imágenes llegan hasta el último rincón del mundo hay que hacer mucho más que eso. De ahí el esfuerzo propagandístico y censor de Israel.

El atentado de Hamás el 7 de octubre de 2023 sirvió como caldo de cultivo a innumerables bulos que demonizaron al extremo no solo a dicha organización, sino a toda la sociedad palestina. De hecho, varias organizaciones se dedicaron expresamente a inventar y expandir desinformación, siempre beneficiosa para las intenciones genocidas del sionismo. Bebés decapitados, familias torturadas y otras muchas historias fabricadas para ser especialmente desagradables e impactantes. El culmen de la operación llegó con la publicación del vídeo ‘Testigos de la masacre del 7 de octubre’, que muestra, durante casi 50 minutos, atrocidades, una detrás de otra, sin contexto ni censura para evitar imágenes sensibles. La estrategia fue un éxito: el entonces secretario de Estado estadounidense Antony Blinken reprodujo una de estas falsedades como argumento contra un posible alto el fuego, en una sesión del Senado de EEUU el 31 de octubre de aquel año.


Yossi Landau, director de operaciones de ZAKA en la región sur de Israel, contando el falso relato sobre la matanza en el kibutz Beeri.

Según cifras del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), hasta el 11 de junio de 2026 Israel había asesinado al menos a 263 trabajadores y trabajadoras de los medios de comunicación. La propia organización define como pendiente de confirmación el fallecimiento de otros 130 y califica el genocidio palestino como el evento más letal para la profesión periodística desde 1992, año en el que empezó a recoger información al respecto.

Casos como el de Issam Abdallah demuestran que, lejos de ser algo accidental, la maquinaria de muerte de Netanyahu tiene a los y las periodistas como objetivo prioritario.


Ismail Abu Hatab resultó herido mientras cubría como periodista el ataque a la torre Al-Ghafry.

Abdallah, que trabajaba para la agencia Reuters, fue asesinado por el ejército israelí mientras vestía su chaleco identificativo de prensa en Líbano. La zona en la que se encontraba había sido sobrevolada por helicópteros de las FDI durante 46 minutos, lo que certifica que los dos obuses fueron disparados deliberadamente para intentar acabar con su vida y la de seis colegas que se encontraban con él.

Hay voces dentro del ejército que reconocen la existencia de un “impulso obsesivo por controlar el discurso público” y “una cultura organizativa basada en el engaño”. Tanto el Gobierno como la fuerzas armadas pusieron en marcha un entramado de organizaciones, pseudomedios de comunicación y perfiles de redes sociales para tener el dominio de lo que se dice sobre el genocidio.

El hambre, la sed y las enfermedades llegan a donde las bombas no alcanzan

La población palestina está siendo exterminada. Es la única conclusión viable tras comprobar que, además de los bombardeos y los disparos cada vez más indiscriminados, Israel se está afanando en matar de hambre, sed y enfermedades a todos y todas las habitantes de Gaza. De hecho, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado ha presentado un informe muy detallado en el que respalda la definición de genocidio.


Una comisión de investigación de la ONU concluye que Israel comete genocidio.

Según Médicos Sin Fronteras, para agosto de 2025 ya se habían dañado dos de las tres vías de llegada de agua a la Franja, provocando que alrededor de un 70% del agua que circula a través de ellas se pierda por las fugas. Además, más del 60% de las desalinizadoras gestionadas por el sector público y las ONG ya no funcionan por los destrozos causados.

El hambre se ha convertido en una de las principales armas sionistas. Los bloqueos sistemáticos  de la ayuda humanitaria desde el inicio del genocidio tienen como objetivo la inanición de la población gazatí, y lo están logrando. De nuevo Médicos Sin Fronteras pone datos a la catástrofe: más del 25% de las criaturas menores de cinco años y de las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia sufren desnutrición aguda.


Huda Abu Al-Naja, de 12 años, recibe tratamiento por desnutrición en el Hospital Nasser de Gaza, el 25 de junio de 2025.

La carencia de alimentos se ceba especialmente con las personas más débiles y con los niños y las niñas. Quienes sufren alguna enfermedad empeoran con gravedad y las infancias quedan cercenadas por la muerte. Existen ejemplos descorazonadores como el de una niña de 12 años con celiaquía que murió de desnutrición por no poder recibir alimentos sin gluten ni el tratamiento adecuado. En los dos primeros años de genocidio, hasta octubre de 2025, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado ha registrado 151 muertes de niños y niñas por desnutrición.

Quienes no fallecen por la falta de alimentos son tiroteados mientras acuden desesperadamente a por algo con lo que llenar sus estómagos y los de sus familias. La “masacre de la harina” es uno de los episodios más funestos de estos 1.000 días de limpieza étnica, con más de 110 asesinados en la madrugada del 29 de febrero de 2024 cuando trataban de alcanzar algo de harina de un convoy de abastecimiento en el norte de Gaza.


Los supervivientes de la ‘masacre de la harina’ describen el ataque israelí como “indiscriminado”.

La sed, la desnutrición y las paupérrimas condiciones de vida son un caldo de cultivo excepcional para infecciones y enfermedades de todo tipo. La destrucción de los centros sanitarios y el bloqueo de los suministros médicos culmina la operación. El Ministerio de Salud de Gaza advirtió en mayo de 2026 de que el 47% de los medicamentos esenciales, el 59% de los suministros médicos y el 87% de los materiales para pruebas de laboratorio están agotados.

En cifras de la ONU, desde enero hasta abril de 2026 se registraron más de 70.000 casos de enfermedades relacionadas con las malas condiciones de los campamentos en Gaza; y más del 80% de estos campamentos de desplazados presentan plagas visibles e infecciones de la piel como sarna, piojos o chinches. Todas estas afecciones van deteriorando la salud de la población y pueden ser responsables directas de muchas muertes.

La inacción cómplice de los gobiernos del mundo…

La humanidad lleva 1.000 días viendo un genocidio ante sus ojos; es innegable que sabemos lo que está ocurriendo. Evidentemente, la responsabilidad de la ciudadanía no puede equipararse en ningún caso a la que tienen quienes ocupan puestos con capacidad de decisión, que son los principales culpables de que todo esto siga ocurriendo.

En todos estos meses ha habido algunos posicionamientos y ciertas decisiones que, visto el impacto que han tenido, no pasan de meramente estéticas. Por ejemplo, en noviembre de 2024 la Corte Penal Internacional emitió orden de arresto contra Benjamin Netanyahu y Yoav Gallant, ex ministro de Defensa. Más de un año y medio después, esto no se ha traducido en nada.

La República de Sudáfrica abrió un camino de oposición simbólica al genocidio que algunos Estados, como España, han ido siguiendo. Su querella contra Israel por la vulneración de la Convención para Prevención y Sanción del delito de Genocidio de Naciones Unidas supuso un cierto despertar internacional que, de nuevo, no se ha traducido en nada contundente más allá de lo discursivo.


Los herederos de Mandela hacen historia en La Haya.

Cuando mejor se ha podido detectar la radical impunidad con la que actúa el Estado de Israel ha sido durante los supuestos acuerdos de alto el fuego alcanzados. El primero, el 15 de enero de 2025, no impidió al sionismo asesinar con francotiradores al menos a tres palestinos solo cinco días después de firmar la tregua. Este acuerdo se terminó el 18 de marzo, cuando Israel decidió romperlo unilateralmente con un bombardeo sorpresa sobre Gaza que se cobró más de 400 vidas, más de la mitad de las cuales eran mujeres, niños y niñas.

Meses después, en octubre, Donald Trump anunció un plan para terminar con “la guerra”. Si bien entró en vigor el día 9, Israel no ha dejado de asesinar a población palestina en ningún momento. De hecho, desde esa fecha se han reportado más de 750 víctimas mortales a manos del sionismo, además de múltiples bombardeos.


La farsa del alto el fuego en Gaza.

Más allá de los ataques directos, Netanyahu sigue profundizando en el régimen de apartheid con medidas como la aprobación de la pena de muerte solo para palestinos en los territorios ocupados de Cisjordania.


Protestas en Cisjordania tras la aprobación de la pena de muerte para los palestinos en el Parlamento israelí.

y los intentos de la sociedad civil por evitarlo

Los pocos posicionamientos institucionales que se han podido ver en los últimos meses están claramente impulsados por un contexto social cada vez más movilizado. En el transcurso de estos 1.000 días, las protestas contra el genocidio han desbordado el ámbito de las organizaciones más politizadas, o específicamente dedicadas a la cuestión palestina, y se han instalado en una parte significativa de la sociedad. La asistencia a las manifestaciones en apoyo a Gaza ha ido creciendo y ha dado paso a acciones más sólidas y con mayor incidencia.

Posiblemente la más mediática haya sido la Global Sumud Flotilla. En agosto de 2025 empezó a configurarse una flota de barcos de todo el mundo que pusieron rumbo a Gaza para tratar de romper el bloqueo sionista.


Si esta flotilla no llega a Gaza habrá que preparar la siguiente.

La misión terminó el 3 de octubre con el arresto de las 462 personas voluntarias que viajaban a bordo de las 42 embarcaciones, que habían sido previamente atacadas con drones. El pasado mes de marzo se volvió a intentar, con 3.000 personas participantes en más de 100 embarcaciones, y el resultado fue el mismo: Israel interceptó la flota y detuvo a los y las tripulantes, en ambas ocasiones con malos tratos y torturas incluidos.

Las universidades también se volcaron en la lucha antisionista siguiendo el ejemplo de la neoyorquina Universidad de Columbia. Allí, las movilizaciones y las acampadas en el recinto contagiaron a otras universidades de EEUU y del resto del mundo.


Agentes de policía en el campamento propalestina de la Universidad de Columbia, Nueva York.

En España fue especialmente exitosa la convocatoria en la Universidad Complutense de Madrid, que llegó a acumular más de 500 tiendas de campaña durante 31 días, entre mayo y junio de 2024.


Acampadas estudiantiles en protesta por el genocidio de Gaza en la Universidad Complutense de Madrid.

Poco más de un año después, activistas proPalestina lograron interrumpir la Vuelta Ciclista a España en protesta por la participación de un equipo israelí, lo que demuestra que la movilización sigue activa a pesar de la inacción institucional.


Etapa Palestina. Por Acacio Puig.

La respuesta de los gobiernos está dejando ver las costuras de un sistema podrido, que prefiere blindar a un genocida antes que poner en riesgo intereses económicos y estratégicos. En el Reino Unido, por ejemplo, el dimitido primer ministro Keir Starmer intentó clasificar a Palestine Action como una organización terrorista.


Palestine Action entra en un limbo tras su victoria legal contra el gobierno británico.

La dinámica es compartida en todo el mundo, y el Estado español no se salva por mucho que parezca haberse colocado como punta de lanza del antisionismo: la extrema violencia mostrada por la Ertzaintza contra activistas de la Global Sumud Flotilla en el aeropuerto de Bilbao borra cualquier declaración institucional a favor de los derechos del pueblo palestino.


Un momento de la carga de la Ertzaintza contra los activistas de la Global Sumud Flotilla en el aeropuerto de Bilbao.

Alemania es, quizá, el país europeo más claramente inclinado en favor de Netanyahu; y allí, en la región de Hesse, el partido conservador CDU ha presentado un proyecto de ley que sancionará a quienes nieguen el derecho a existir del Estado de Israel.

En 1.000 días, el proyecto genocida sionista ha ofrecido una infinidad de pruebas que demuestran hasta dónde es capaz de llegar la mentalidad colonialista. En 1.000 días, todo el Norte Global –que, desgraciadamente, son quienes tienen la capacidad de detener esta masacre– ha aceptado, protegido o promovido un exterminio retransmitido en directo, certificando que comparte esa mentalidad. Lo que ocurre en Gaza es solo un adelanto de lo que ocurrirá en otros lugares del mundo cuando el declive de la hegemonía capitalista occidental y el colapso climático vayan provocando crisis cada vez más agudas.


Gaza, Israel, exterminio. Por Pedripol.



Fuente: Ctxt