Harto del rechazo iraní a su confuso plan de paz, Trump calibra el impacto que la reanudación de los ataques a Irán podría tener en su estratégico acercamiento a China
Fuentes del Pentágono han indicado a medios estadounidenses, como el canal CNN o la web de análisis Axios, que el presidente estadounidense, Donald Trump, tiene ya sobre su mesa en el Despacho Oval de la Casa Blanca los planes para reanudar de forma inminente el bombardeo de Irán. Solo frena a Trump su viaje oficial de esta semana a China, uno de los países con lazos económicos más fuertes con el Estado persa y de los pocos con capacidad real para presionar tanto a Wasghington como Teherán y acelerar el fin del conflicto. De momento, Pekín prefiere no hcer mucho ruido y apostar por el desgaste estadounidense en esta guerra impulsada también por Israel, y sacar rédito de la inevitable reestructuración de la economía internacional que surja de esta crisis.
Trump llega a China este miércoles y estará hasta el viernes en el gigante asiático. Con este panorama, no parece que el líder republicano vaya a poner sobre la mesa de las negociaciones con el presidente Xi Jinping una reactivación a gran escala de la ofensiva sobre Irán. El propio Gobierno chino ha indicado que el tema de esta nueva guerra en el Golfo Pérsico figurará en la agenda de las negociaciones, una matización que suena como potente advertencia.
El presidente estadounidense quiere convertir este viaje en el pistoletazo de una nueva era de relaciones comerciales y tecnológicas que arreglue la disputa de aranceles entre ambos países e impulsara la cooperación en materia de Inteligencia Artificial (IA), o al menos de parcelación de las áreas de influencia en este ámbito de los dos colosos económicos. Cualquier paso que dé en falso Trump estos días puede dar al traste con estos planes y alejar de manera irremediable a China, el único país, junto a Rusia e Israel, capaz de chistarle a la Casa Blanca y que esta tiemble.
El salvavidas chino
Trump quiere lavar su imagen ante el mundo y su propio país por los errores cometidos en Irán y piensa que un acuerdo con China podría ser la victoria pírrica que necesita para calmar a los mercados y tranquilizar a los cada vez más depauperados estadounidenses por este conflicto.
Y sin embargo el riesgo de que las cosas se tuerzan en la visita del jefe de la Casa Blanca a la Ciudad Prohibida es alto. Después de que Irán rechazara el último plan de paz de EEUU para convertir la actual tregua en un armisticio y de que Trump entrara en cólera, las espadas están en alto y el riesgo de que se reanuden los ataques es muy elevado. Está en juego la imagen de Trump, vapuleada por Irán.
El presidente estadounidense está harto del juego de los ayatolás, que es el mismo que ha desplegado él en esta crisis que reventó con la ofensiva del 28 de febrero: mentiras, doble juego, amenazas, ultimátums incumplidos y una carrera desbocada hacia el abismo de una catástrofe mundial, económica y de seguridad.
Trump está acorralado, dentro y fuera de EEUU, pero es la situación en su país la que le inquieta más y todo porque un grupo de clérigos y señores de la guerra iraníes no están dispuestos a obedecerle y claudicar ante el futuro de sometimiento y destrucción que les quiere deparar la Casa Blanca manejada desde Israel, el verdadero artífice de esta hecatombe.
Un oscuro horizonte para Trump
Los datos revelados este martes en Estados Unidos muestran negras perspectivas para Trump y el Partido Republicano de cara a las elecciones de medio término con las que los estadounidenses renovarán la Cámara de Representantes y parte del Senado en noviembre próximo.
Así, los precios al consumo en EEUU se dispararon de nuevo en abril por culpa de esta guerra que ya dura diez semanas y que ha propulsado el coste de los carburantes a pesar de que nunca como hasta ahora el país estadounidense había vendido tanto petróleo y gas al exterior. Así, ese IPC aumentó en abril un 3,8% respecto al mismo mes del año pasado. Los precios de la gasolina aumentaron un 5,4%, por ejemplo, y Trump sabe perfectamente que será este dato y no la victoria pírrica que quiere vender sobre Irán el elemento que impulsara el voto de los electores estadounidenses el 3 de noviembre.
Pero es que, además, la guerra de Irán ya le ha costado al erario público estadounidense más de 29.000 millones de dólares. Esta cifra, multiplicada, seguramente, también estará en la campaña electoral.
No es de extrañar que, tal y como publicó este martes Axios citando fuentes oficiales, que Trump en la reunión celebrada con su equipo de seguridad nacional la víspera tuviera sobre la mesa la reanudación de los ataques contra Irán, incluyendo esta vez la devastación de todas sus infraestructuras civiles.
Trump quiere un acuerdo a toda costa y ha de ser el acuerdo que él envió la semana pasada a Teherán. Pero esto no va a ser así. Los iraníes respondieron a su vez con nuevas demandas que al jefe de la Casa Blanca le parecieron una "locura" y auténtica "basura", llevándole a señalar que la actual tregua estaba en "cuidados paliativos".
En su respuesta (tras diez días tensa espera para Trump), los iraníes lanzaron un órdago. Demandaron el fin de los ataques, no dejaron claro si renunciarían a su programa nuclear (cuyo desmantelamiento clama Trump como un mantra), reclamaron el control del paso de Ormuz (taponado por los iraníes y por el bloqueo estadounidense a los puertos de Irán), la retirada de las sanciones internacionales, el pago de reparaciones de guerra, la liberación de sus activos financieros congelados y el fin de la ofensiva que lanzó Israel en el Líbano para acabar con Hizbulá (grupo chií aliado de Irán) y hacerse con una buena porción de ese país mediterráneo.
"Quieren negociar y nos presentan una propuesta estúpida, es una propuesta estúpida, y nadie la aceptaría. Solo (el expresidente Barack) Obama la habría aceptado", dijo Trump.
Las opciones bélicas de Trump
Según los funcionarios estadounidenses citados por Axios, Trump es favorable de acometer algún tipo de acción militar contra Irán "para aumentar la presión sobre el régimen y forzar concesiones en su programa nuclear". Entre esas acciones se contempla en primer lugar la recuperación de la operación "Proyecto Libertad" para proteger la navegación amiga a través del estrecho de Ormuz. Más arriesgada sería la reanudación de la campaña de bombardeos del cerca del 25% de objetivos militares que aún no han sido dañados. Una apreciación curiosa, pues Trump ha insistido repetidamente que la infraestructura militar iraní fue ya destruida.
Otra posibilidad es lanzar, presionado por Israel, una operación terrestre de las fuerzas especiales estadounidenses para apoderarse de la casi media tonelada de uranio enriquecido al 60% que tiene el régimen islámico y con el cual pretenden (según Washington y Tel Aviv) fabricar armas atómicas para bombardear medio mundo. Esta opción será de un altísimo riesgo.
Como lo sería también un desembarco de marines estadounidenses en alguna de las islas iraníes del estrecho de Ormuz o en la orilla meridional de Irán para crear una cabeza de puente desde la que obligar a los ayatolás a rendirse. También se podría contemplar, como ha dejado caer el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, la asunción por Israel de los bombardeos y posibles operaciones terrestres. El riesgo sería enorme, en este caso para el Estado judío.
Todas estas opciones tienen un hándicap inevitable: el viaje de Trump a China. Otros dos asesores de la Casa Blanca indicaron a Axios que no parecía probable que Trump tomara esa decisión de retomar los ataques a Irán antes de volver de Pekín. El propio Trump dijo este martes, a modo de falsa disculpa, que no tenía prisa para tomar una decisión, pues EEUU mantiene el bloqueo sobre Irán y no le permite acceder a ninguna fuente de dinero. Los chinos podrían decir lo contrario.
Esa versión de un país exhausto contradice los informes de la CIA sobre la capacidad que tendría Irán para sostener su economía de guerra al menos cuatro meses más. Un plazo que podría ser muy peligroso para el resto del planeta, incluso para China, que ahora aguanta con sus reservas de crudo y con la diversificación de sus fuentes de energía, pero que ya está sufriendo los primeros embates de la crisis energética provocada por esta crisis del Golfo.
El plan de paz chino
La Administración china ha insistido en la necesidad de alcanzar un acuerdo que pare la guerra y así se lo expondrá Trump y su equipo. Incluso los chinos han puesto sobre el tapete un nebuloso plan de paz que los propios iraníes se apresuraron ya a aplaudir, aunque solo sea para fastidiar a los estadounidenses.
La propuesta china es muy retórica, pero abunda en su defensa del respeto a la coexistencia pacífica, al principio de soberanía nacional, al derecho internacional y a la coordinación entre desarrollo y seguridad para crear un entorno favorable para los países de la región, según citó la agencia EFE. Pekín no tiene problema a la hora de condenar los ataques estadounidenses e israelíes, pero tampoco justifica los bombardeos con misiles y drones iraníes de los países árabes del Golfo Pérsico.
Con lazos profundos con Irán, al tiempo que con excelentes relaciones con otros países productores de crudo y gas en la región ahora represaliados por Teherán, el papel de China podría ser clave para alcanzar un alto el fuego duradero. Si bien ha sido importante la mediación de Pakistán entre iraníes y estadounidenses, el Gobierno de Islamabad es uno de los principales aliados de EEUU en Asia y es visto con más recelos por otros estados del área, incluido el propio régimen iraní.
Pero sobre todo, es la dimensión económica la que podría animar a EEUU y China a adelantar las bases de un armisticio con Irán. Ninguno de las dos superpotencias quiere que se emponzoñe más la difícil relación desatada por la cruzada arancelaria lanzada por Trump el año pasado. En octubre finalmente los presidentes chino y estadounidense llegaron a un principio de acuerdo en el puerto surcoreano de Busan que redujo del 57% al 47% los aranceles a las importaciones chinas a EEUU. También se redujeron en parte las restricciones chinas al acceso estadounidense a sus tierras raras, claves para el desarrollo tecnológico, y se suspendieron las tasas portuarias entre los dos países.
Poco después, el Tribunal Supremo de EEUU invalidó esos aranceles de Trump. Incombustible, este impuso una enésima tasa global del 10% (también bloqueada hace unos días) y muchas negociaciones quedaron en el aire en los sectores agrícola, el transporte aéreo o la fabricación de semiconductores, entre otros.
También EEUU recela de la forma en que China evita las sanciones impuestas a Irán. Tiene en su mirilla a las llamadas refinerías "teapot", esas pequeñas firmas petroleras independientes que en Shandong, con permiso oficial chino, transforman el petróleo iraní sancionado en gasolina, diesel o productos petroquímicos claves para la economía china. Y por mucho que se indigne, Trump no tiene nada que hacer.
En todo caso, si se alcanza una tregua en la guerra económica entre Pekín y Washington, será en el ámbito de la IA y las relaciones entre gigantes tecnológicos donde Trump quiere negociar con China y sacar pingües beneficios. Y sabe perfectamente que no habrá acuerdo alguno si esta semana les dice a los chinos una cosa sobre el futuro de la guerra de Irán y la semana próxima hace otra.
Fuente:
Público






















