sábado, 26 de septiembre de 2026

Madrid no está en venta: lo que el desahucio de Maricarmen nos dice sobre la ciudad que quiere The District

 

      Integrante del Sindicato de Inquilinas de Madrid.


El desahucio de Maricarmen, de 87 años, debe ser un punto de inflexión, un antes y un después en una ciudad al servicio de los intereses inmobiliarios y especulativos


Maricarmen arropada por más de 500 personas y amplia presencia de medios de comunicación el 22 de septiembre de 2026, el día antes de su desahucio. Fotografía de David F. Sabadell.


     Esta semana han tenido lugar en Madrid dos encuentros muy diferentes.

En Ifema, The District ha reunido a miles de directivos, inversores y empresas inmobiliarias para debatir sobre lo que sus propios organizadores describen como “oportunidades de inversión y cierre de operaciones”.


En la protesta ante The District, colectivos han señalado a los empresarios del negocio de la vivienda. Fotografía de Alberto Astudillo.

Blackstone, Brookfield y otros grandes inversores internacionales han estado representados en un evento construido sobre la premisa de que las ciudades, los edificios y las viviendas son activos a través de los cuales el capital puede obtener rentabilidad.


Activistas del sindicato de inquilinos en el Axel Hotel en la calle Atocha, de Madrid. Fotografía de Alberto Astudillo.

Al otro lado de la ciudad comienza otro encuentro. Del 24 al 27 de septiembre, alrededor de 70 sindicatos de inquilinas, organizaciones por el derecho a la vivienda y movimientos sociales de 24 países se reúnen en El Barrio, una contracumbre internacional de movimientos por la vivienda organizada frente a esa lógica.


El Barrio.

El contraste no podría ser más evidente. Ellos se reúnen para hablar de cómo invertir en nuestras ciudades. Nosotras nos reunimos para hablar de cómo vivir en ellas.

Y entre estas dos formas de entender Madrid se encuentra la historia de Maricarmen.

El 23 de septiembre, Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años, fue desahuciada de su vivienda en el distrito madrileño de Retiro, donde había vivido durante unos 70 años.


El desahucio de Maricarmen desata una ola de indignación que empuja al Gobierno contra las cuerdas. Fotografía de Jaime Pérez Rivero.

Era el cuarto intento de desahuciarla y cientos de personas se concentraron frente a su edificio para intentar impedirlo. Finalmente, la policía la sacó de su casa en una camilla.

Esto no fue la consecuencia inevitable de una supuesta escasez natural de vivienda. Fue el resultado de decisiones políticas, relaciones de propiedad y un sistema de vivienda en el que el derecho de un inversor a obtener una mayor rentabilidad puede imponerse a la posibilidad de una persona de permanecer en la casa donde ha pasado toda su vida adulta.

Maricarmen pagaba alrededor de 500 euros al mes. Después de que el fondo de inversión Urbagestion comprara el inmueble, le ofrecieron un nuevo alquiler de más de 2.000 euros mensuales, muy por encima de su pensión de 1.300 euros. Esto es posible porque la legislación española permite a los caseros subir el alquiler o expulsar a las inquilinas, aunque no hayan incumplido ninguna de sus obligaciones, una vez finaliza su contrato, normalmente después de entre cinco y siete años, dependiendo del tipo de contrato.

Incluso el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas había solicitado medidas cautelares para que España suspendiera el desahucio o garantizara una alternativa habitacional adecuada mientras estudiaba su caso. Después de que el desahucio se ejecutara, el Relator Especial de Naciones Unidas sobre el derecho a una vivienda adecuada sostuvo que debería haberse suspendido para evitar un daño irreparable.

El caso de Maricarmen es extremo. Pero las fuerzas que lo explican no son excepcionales. En todo Madrid, las inquilinas se enfrentan a esas mismas fuerzas bajo formas diferentes: subidas del alquiler que expulsan a la gente de sus barrios; contratos de temporada que convierten la inseguridad permanente en un modelo de negocio; pisos turísticos y proyectos de coliving y flex living que extraen cada vez más valor del espacio residencial; edificios comprados con sus inquilinas todavía dentro; y viviendas tratadas fundamentalmente en función de la rentabilidad que pueden generar.

Precisamente por eso importa The District. La crisis de vivienda suele describirse como si fuera un fallo técnico: falta oferta, sobra demanda, no se construye lo suficiente. Sin embargo, para buena parte del sector inmobiliario, el aumento del valor del suelo, la subida de los alquileres y la expansión de nuevas “clases de activos” inmobiliarios no son señales de que el sistema esté fallando. Son oportunidades de inversión.

Un mismo mercado de la vivienda puede producir, por tanto, dos experiencias completamente distintas. Para un fondo de inversión, un barrio en el que los alquileres están aumentando rápidamente puede representar un mercado atractivo. Para una inquilina, puede significar tener que abandonar la calle en la que crecieron sus hijos. Para los inversores, la vivienda puede ser una clase de activo. Para nosotras, es nuestro hogar.

Por eso tampoco podemos atribuir lo ocurrido con Maricarmen únicamente a un casero. Las instituciones públicas también le fallaron. La Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid no fueron capaces de garantizar una solución adecuada que permitiera a una mujer de 87 años seguir arraigada en su comunidad. El contraste resulta especialmente difícil de ignorar cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid ha gastado recientemente 6,3 millones de euros de dinero público en la compra de un ático de lujo, una operación que se ha convertido además en objeto de una intensa controversia política.

Pero la responsabilidad no termina en el Gobierno de la Comunidad de Madrid. El Gobierno central ha prometido en repetidas ocasiones que esta sería la legislatura en la que por fin se afrontaría la crisis de vivienda y, sin embargo, las medidas capaces de ofrecer una mayor protección a las inquilinas vulnerables han quedado atrapadas en las negociaciones parlamentarias. Los propios ministros reconocieron tras el desahucio de Maricarmen que algunas de las disposiciones incluidas en un decreto de vivienda bloqueado podrían haber permitido suspender su desahucio.

Para una inquilina que está a punto de perder su casa, las explicaciones institucionales sobre jurisdicciones, aritmética parlamentaria o reparto de competencias administrativas sirven de muy poco. Un sistema de vivienda debe juzgarse, en última instancia, por lo que ocurre cuando alguien está a punto de perder su hogar. Maricarmen demuestra que el sistema actual ha suspendido esa prueba.

Y por eso El Barrio no es simplemente una protesta contra The District. Queremos construir una organización capaz de enfrentarse durante todo el año al poder que se concentra dentro de ese recinto.

El capital ya opera a escala internacional. Los mismos inversores compran viviendas en Madrid, Berlín, Londres, Dublín, Los Ángeles y Barcelona. Sus estrategias de inversión atraviesan las fronteras sin dificultad. La organización inquilina y por la vivienda debe hacer lo mismo. El Barrio reúne a organizaciones de Europa, Estados Unidos, América Latina y otros lugares para intercambiar estrategias de organización, fortalecer los sindicatos de inquilinas y desarrollar formas de acción coordinada. Nuestro objetivo no es simplemente describir juntas la crisis de vivienda. Es construir el poder colectivo necesario para transformarla.

Y nuestras reivindicaciones son concretas.

Los alquileres tienen que bajar. Necesitamos una regulación efectiva de los alquileres que impida que los caseros se apropien de una parte cada vez mayor de los ingresos de los hogares.

Las inquilinas necesitamos contratos indefinidos y estabilidad residencial. Una vivienda no puede ofrecer seguridad cuando permanecer en ella depende de sobrevivir una y otra vez a nuevos contratos, subidas de precio y negociaciones para renovar.

Las inquilinas debemos tener el derecho y la capacidad organizativa para emprender acciones colectivas, incluidas las huelgas de alquiler. Cuando miles de personas se enfrentan individualmente a las mismas prácticas de los caseros, son ellos quienes tienen el poder. Cuando las inquilinas nos organizamos colectivamente, ese equilibrio empieza a cambiar.

Y la política de vivienda debe superar la idea de que basta con construir más vivienda de mercado para resolver la crisis. Construir, por sí solo, no garantiza que la vivienda sea asequible cuando las nuevas viviendas se incorporan al mismo sistema de especulación y extracción. La tarea de fondo consiste en ampliar el parque de vivienda fuera de los mercados especulativos y avanzar hacia un modelo en el que la vivienda sea tratada como un bien social, y no fundamentalmente como un activo financiero.

Estas reivindicaciones no son un programa abstracto. Maricarmen demuestra por qué son necesarias. No queremos otra campaña después de que otra mujer de 87 años sea amenazada con el desahucio. No queremos otra negociación de última hora después de que alguien haya pasado décadas construyendo su vida en un barrio. No queremos que la solidaridad llegue únicamente cuando la policía ya está frente a la puerta de una casa.

No queremos ni una Maricarmen más.

La extraordinaria respuesta a su desahucio —vecinas llenando la calle, personas ofreciendo habitaciones y viviendas, y movilizaciones de solidaridad extendiéndose a otras ciudades— nos muestra también otra cosa. La crisis de vivienda provoca un enorme sufrimiento, pero también está generando una enorme indignación colectiva. Esa indignación puede convertirse en resignación. Puede dirigirse contra las personas migrantes o contra otras personas que también tienen dificultades para encontrar una vivienda. O puede convertirse en organización.

Nosotras elegimos organizarnos. Ese es el mensaje que llevamos a El Barrio. Si el capital financiero puede atravesar fronteras para comprar nuestras casas, las inquilinas podemos atravesarlas para defenderlas. Si los inversores pueden coordinarse internacionalmente, nosotras también. Si ellos tienen fondos, carteras y vehículos financieros, nosotras tenemos algo de lo que, en última instancia, dependen: millones de personas que viven, cuidan y pagan las viviendas de las que extraen sus rentabilidades.

The District representa uno de los futuros posibles para Madrid: una ciudad organizada cada vez más en torno a la rentabilidad inmobiliaria. Nosotras luchamos por otro: una ciudad en la que la gente pueda quedarse; en la que envejecer no signifique ser expulsada del barrio en el que has pasado tu vida; en la que tener menos dinero no signifique tener menos derechos; y en la que las viviendas existan, ante todo, para quienes las habitan.

Porque un District se puede comprar y vender. Un barrio se vive.

Y los barrios de Madrid no están en venta.


Fuente: El Salto

jueves, 24 de septiembre de 2026

Miles de personas salen a la calle para señalar la responsabilidad del Gobierno en el desahucio de Maricarmen

 


Los sindicatos de inquilinos apuntan a la inacción y políticas contradictorias del Ejecutivo, que ha bloqueado medidas que hubieran impedido el desahucio de esta vecina de Retiro (Madrid) de 87 años. Concentraciones en 12 ciudades de todo el Estado


Masiva concentración en la tarde del desahucio de Maricarmen frente al ático comprado en Madrid por el gobierno de Ayuso. Fotografía de Dani Gago.


     El desahucio en directo y la brutalidad policial desplegada en la operación que dejó en la calle a Maricarmen, una vecina del barrio madrileño de Retiro de 87 años, ha levantado una ola de indignación y un revuelo político cuyas consecuencias ya se han dejado notar en la tarde de este 23 de septiembre.


La Policía desaloja con violencia a Maricarmen, la vecina de 87 años del distrito de Retiro. Fotografía de Álvaro Minguito.

Decenas de miles de personas, 10.000 según los datos de Delegación del Gobierno, se concentraron a las 19h en una decena de ciudades, convocadas por la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, para protestar por el desahucio.


Miles de manifestantes que protestan contra el desahucio de Maricarmen cortan el Paseo de la Castellana en Madrid.

Las movilizaciones se han sucedido esta tarde en Madrid, Barcelona, Cádiz, Oviedo, València, Palma, Málaga, Sevilla, Ávila, Toledo y Guadalajara. Para el 24 de septiembre está prevista otra concentración en Huelva. En la nutrida concentración de Madrid, miles de personas coreaban “Aquí están los antis fascistas”, “Vergüenza”, “Fuera fondos buitres de nuestros barrios”, “Ayuso dimisión”, “El ático de Ayuso, para Maricarmen” o “Ayuso, Almeida: iros a la mierda”. Cerca de las 21h, los manifestantes cortaron la Castellana e hicieron retroceder a la policía, que respondió con cargas y disparos de fogueo. En Barcelona, se reunieron más de dos mil personas, según los convocantes.

Y no se trata solo del desahucio de Maricarmen. En la misma semana se ha producido el desahucio de Silvia en Barcelona, explican desde esta plataforma, “con un protocolo de riesgo de suicidio activado”.


Desahucian a una vecina de Gràcia con una discapacidad reconocida por salud mental.

Y se conoció que Olga, de L’Hospitalet, se había quitado la vida tras su desahucio.


Una mujer de 54 años se suicida tras ser desahuciada: ‘Había denunciado esta situación en incontables ocasiones’.

Este 23 de septiembre también era desahuciado David, vecino de uno de los bloques de la antigua Obra Social de La Caixa, en Vallecas.


Dos vecinas abrazan a un desconsolado David, una vez ejecutado su desahucio de esta mañana. Fotografía de Alberto Astudillo.

La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, reaccionó a las imágenes con críticas a los fondos de inversión y su papel en el mercado residencial. “Hemos hecho mucho. Es un día muy dramático donde se evidencian las consecuencias de no querer regular el mercado”, declaró. Unas afirmaciones con poco sustento cuando la feria internacional de los fondos que invierten en vivienda, The District, que se celebra en estos días en Madrid, cuenta con el Ministerio que dirige como partner institucional, junto con el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid.

Días atrás, el 15 de septiembre, el PSOE se abstuvo en la votación de una propuesta de ley de Sumar que pretendía limitar la venta de pisos a personas jurídicas. Y, poco antes, el 11 de septiembre, el Congreso aprobó, con la abstención del PSOE, una moción para permitir el desalojo de personas que ocupan sin contrato válido en un plazo de 24 a 48 horas. Una moción, no vinculante, que también pedía la derogación de la ley de vivienda. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, calificó el desahucio de Maricarmen como “drama social” y apuntó a la responsabilidad de Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida.

La política errática y la inacción del Gobierno en materia de vivienda han llevado a la exalcaldesa de Barcelona y líder de los Comuns, Ada Colau, a pedir que su formación se salga del Gobierno si no actúa contra los fondos buitre: “No podemos ser cómplices de la cobardía del PSOE”. Colau ha acusado a los socialistas de “bloquear cualquier iniciativa que pare los pies” a los grandes fondos que hacen negocio con la vivienda. La ministra de Sanidad, Mónica García (Sumar), pidió al Gobierno aprobar el decreto de vivienda en el próxima Consejo de Ministros. La secretaria general de Podemos, Ione Belarra, repartió culpas entre los dos principales partidos: “Tanto el PP como el PSOE son responsables de este desahucio ilegal”.

Desde la Confederación de Sindicatos de Inquilinas también señalan directamente al Gobierno de Pedro Sánchez, que “mantiene en un cajón” el Real Decreto que debía recuperar muchas de las medidas tumbadas por el bloque de derecha del Congreso, entre ellas, la prórroga de los contratos de alquiler por dos años o la moratoria de los desahucios para hogares vulnerables sin alternativa habitacional. Este decreto, según defienden desde el movimiento de vivienda, también debería incluir la regulación de los alquileres de temporada y por habitaciones.

Para la Confederación, lo ocurrido en Madrid “demuestra las consecuencias concretas de mantener estas reformas bloqueadas mientras continúan los desahucios y la desprotección de las inquilinas”.

“El Gobierno de Pedro Sánchez tiene encima de la mesa un Real Decreto Ley que podría haber impedido el desahucio de Maricarmen hoy y lo tiene guardado en un cajón. Tenemos que señalarlos y obligarles a hacer eso que no se atreven a hacer”, apunta Enric Aragonès, portavoz del Sindicat de Llogateres de Catalunya.

Fuente: El Salto

miércoles, 23 de septiembre de 2026

La Policía ejecuta con violencia el desalojo de Maricarmen, la vecina de 87 años del distito de Retiro

 

      Periodista y activista que escribe sobre justicia social.



La Policía ejecuta con violencia el desalojo de Maricarmen, la vecina de 87 años del distito de Retiro. Fotografía de Álvaro Minguito.

Tras una madrugada al raso y luego plantando un muro humano en la puerta del bloque de Maricarmen, esta vez las vecinas no pudieron evitar el desahucio de Maricarmen, una octogenaria que desde hoy se queda en la calle


Violencia policial en el desahucio de Maricarmen. Fotografía de Álvaro Minguito.

     La histórica presión vecinal y sindical de este miércoles a primera hora —más de 400 personas— no ha logrado impedir que el cuarto intento de desalojo de Maricarmen terminase en el desahucio de esta vecina de 87 años del barrio de Retiro que se queda en la calle sin alternativa habitacional.


El pasado jueves, activistas por el derecho a la vivienda colocaron una pancarta en apoyo a Maricarmen, frente al ático que la Comunidad de Madrid compró en el barrio de Chamberí para la presidenta Ayuso. Fotografía de Álvaro Minguito.

A través de un despliegue policial desproporcionado que ha comenzado a las 6h —cerca de 15 furgones policiales y decenas de efectivos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado— la octogenaria ha sido expulsada este mediodía del que llevaba siendo su hogar desde los 17 años.


Decenas de policías rodean la casa de Maricarmen para desahuciarla mientras 300 personas resisten en la puerta.


La Policía ejecuta con violencia el desalojo de Maricarmen, la vecina de 87 años del distito de Retiro.


Más de 300 personas llevaban desde la madrugada del 22 de septiembre agolpadas para impedir el desenlace.


Más de 300 personas arropan a Maricarmen la víspera del desalojo.


Más de 300 personas arropan a Maricarmen la víspera del desalojo.


Más de 300 personas arropan a Maricarmen la víspera del desalojo.


La policía carga contra las personas que trataban de evitar el desahucio de Maricarmen,


Urbasesa, el fondo que se hizo con la propiedad de su vivienda, se ha negado en todo momento a aceptar una negociación con el Sindicato de Inquilinas y la abogada de Maricarmen cuando la comisión judicial se ha personado en la vivienda.

La presencia ciudadana en el momento de la ejecución ha sido multitudinaria tras el llamamiento masivo que se realizó la víspera durante los actos musicales reivindicativos de apoyo y solidaridad.

Tanto las activistas que habían acampado en los aledaños de la vivienda como aquellos medios de comunicación que se acercaron al cordón policial han sido golpeadas con fuerza por los miembros del dispositivo policial. En todo momento se ha impedido a prensa acceder a las proximidades de la vivienda.

“Yo he vivido aquí 71 años y yo no me quiero ir. Lo que está claro es que esta gente, por dinero, hace lo que sea. Por favor, luchad. No os quedéis en casa, tenemos derecho a vivir”, defendía en la vigilia del 22 de septiembre Maricarmen. La nueva propiedad de la casa, Urbagestión S.L, le subió la renta hasta 2.650 euros mensuales, cuando ella pagaba 500 euros. Los intentos por negociar, que han pasado también por la oferta de una mujer anónima de pagar 2.100 euros mensuales para completar la cifra requerida por la empresa, han resultado infructuosos.


Fuente: El Salto