martes, 8 de septiembre de 2026

Ante una guerra por los últimos recursos

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


Ceuta es una pieza más dentro de un tablero que, por desgracia, se desliza peligrosamente a un escenario de conflicto general


     En la crisis de Ceuta hay un conflicto a largo plazo y otro a un plazo más breve en el tiempo. El primero es la disputa por el control del Sáhara Occidental. No olvidemos que ahí están las mayores reservas de fosfatos del mundo. Es algo en lo que Estados Unidos ha puesto muchísimo interés. Estados Unidos va a invertir una enorme cantidad de dinero para hacer una autopista que cruzará todo el Sáhara Occidental para comunicarlo mejor con Marruecos. Esta autopista llevará el nombre de Donald J. Trump. ¿Qué casualidad, eh?

La escasez de fosfatos va a ser crítica en los próximos años, y más en el contexto que tenemos de escasez de agua y temperaturas cada vez más disparadas. Este año las cosechas de cereales van a ser malas en general en todo el mundo, porque el problema de las altas temperaturas ha sido generalizado. El año que viene va a ser mucho peor, porque está empezando un fenómeno de El Niño de una magnitud que no habíamos visto nunca desde que hay registros. Las temperaturas van a subir muchísimo y las cosechas se van a resentir todavía más. Una forma de compensar las malas cosechas es añadiendo más fertilizantes; es estúpido, pero es lo que se suele hacer, añadir más nutrientes, sobre todo nitrógeno, potasa y fósforo. Lo más difícil es el fósforo. Y en el Sáhara Occidental están aproximadamente el 75% de las reservas de fosfatos. Ahora mismo, Marruecos no es el principal productor de fosfatos del mundo, sino China, que los necesita para ella misma. Hay un problema de agotamiento del fosfato y eso va a ser crítico. También explica, por cierto, los proyectos de minería de fosfato que hay ahora mismo en España, una minería muy contaminante y que genera muchísimos problemas. Y sin embargo estamos viendo surgir muchos proyectos mineros, en particular en León.

Aún en relación con el Sáhara, tenemos el conflicto que tiene Marruecos con Argelia, que siempre ha dado apoyo al pueblo saharaui. Hace cuatro años, el Gobierno español, de manera muy sorpresiva, reconoció los derechos de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y esto generó un conflicto diplomático enorme con Argelia, un conflicto en el que se involucró Marruecos y que llevó a una escalada de la hostilidad entre los dos países. Como consecuencia de ese conflicto, Argelia decidió cerrar el gasoducto del Magreb-Europa, que transcurre por tierras marroquíes y lleva gas a España a través del estrecho de Gibraltar, dejando únicamente abierto el gasoducto Medgaz, que va directamente desde Argelia a España por vía submarina.

Esto dejó a Marruecos sin gas, porque el 99% del que consumía venía a través del gasoducto Magreb-Europa. Y generó un problema grande que España ha resuelto diversificando sus importaciones de gas. En su momento llegó a depender en un 70% del gas que venía de Argelia. En este momento, el porcentaje (que no es constante, va cambiando mucho mes a mes) se mueve entre el treinta y el cuarenta y tantos por ciento. Lo que ha hecho España es aumentar enormemente las importaciones de gas de los Estados Unidos, que es un gas muchísimo más caro porque hay que transportarlo en barco y forma parte de la estrategia de dominio de Estados Unidos, que tiene excedentes de gas gracias a la extensión de la técnica del fracking. Como condición para terminar el conflicto en 2022, Argelia impuso a España que no podía reexportar el gas argelino hacia Marruecos. Y es que desde entonces, el gasoducto del Magreb funciona en sentido inverso. Antes, transportaba gas de Argelia hacia España a través de Marruecos –y ahí Marruecos conseguía la mayoría del gas que consumía– y ahora es España la que envía gas a Marruecos, importándolo mayoritariamente desde Estados Unidos.

Pero, ¿cuál es el contexto más global de la situación actual? ¿Qué está pasando? Que está empezando una lucha por los últimos recursos. El problema que ha habido primero en Venezuela y luego en Irán tiene que ver con que Estados Unidos se está quedando sin petróleo– o, mejor dicho, que la extracción de petróleo en los EE.UU. ya está tocando techo y va a empezar a caer con fuerza en los próximos años. Dentro de ese contexto, debido al bloqueo del estrecho de Ormuz hay un problema con el suministro global de gas, porque el principal exportador de gas natural a través de buques, Omán, ahora no puede exportar y sus infraestructuras han quedado gravemente dañadas. Toda Europa está teniendo muchos problemas para comprar gas por la guerra en Irán. Y eso afecta también a España, aunque antes de la guerra importaba muy poco gas desde el golfo Pérsico, porque todos los países buscan gas donde sea, disputándoselo los unos a los otros. Por ejemplo, España se encontró que en el mes de junio no llegaron el 40% de los buques que se esperaban porque otros países pagaron más dinero y los barcos cambiaron de rumbo. Los problemas de abastecimiento de gas y, en menor medida, de petróleo que ha originado la guerra de Irán motivaron que Pedro Sánchez viajara a Argelia para aumentar las exportaciones de gas a España, cosa que a Marruecos no le interesa, porque se arriesga a que Argelia vuelva otra vez a exportar el 70% del gas que consume España.

Marruecos puede tener un problema serio en ese caso, porque España no va a poder reexportar gas hacia Marruecos. A Marruecos le interesa que sigamos importando gas caro de Estados Unidos para que ellos tengan gas. Esto es un motivo de conflicto, y aparte está la cuestión de que ese acuerdo significa un acercamiento entre España y Argelia.

La otra pieza del puzzle, el otro gran contexto, es que evidentemente Estados Unidos se ha aliado a Israel y a Marruecos, y tiene sobre la mesa toda una estrategia de redefinición del mapa geopolítico mundial en el cual Marruecos juega un papel muy importante.


Trump y Netanyahu hablando en privado en una reunión en la Casa Blanca en julio de 2025.

Primero, por su control del Sáhara Occidental y de los fosfatos, que van a ser estratégicos dentro de unos años porque son fundamentales para la agricultura internacional y en lo que Estados Unidos está invirtiendo muchísimo dinero para garantizarse la hegemonía. A Estados Unidos no le interesa que España controle Ceuta, porque si vemos las demarcaciones marinas, las aguas territoriales que se expanden desde Ceuta conectan con las aguas territoriales que se expanden desde la península y cuando quieres atravesar el Estrecho de Gibraltar, en algún momento por fuerza tienes que pasar por aguas territoriales españolas.

España tiene la jurisdicción absoluta sobre sus aguas territoriales, y eso a Estados Unidos no le interesa porque están pensando a largo plazo. En el Estrecho de Gibraltar ya hay muchos movimientos de tropas y armamento, y lo que le interesa a Trump es tener un canal seguro para mover todo lo que quiera. A EEUU le interesa que Marruecos “recupere” –como dicen ellos– pronto Ceuta y Melilla, para que la zona sur del Estrecho de Gibraltar esté controlada por un socio más fiable por su total dependencia de los EE.UU.

El papel de Europa, Rusia y la vía militar

En un plazo más largo, hay otra cuestión que se arrastra desde hace tiempo. Y es que, desde el punto de vista de la Unión Europea, asegurarse el acceso a los recursos es prioritario y, si es preciso, se va a hacer por la vía militar. Es bastante terrible. Una gran parte de la estrategia actual de ‘Rearmar Europa’, que apareció de repente el año pasado, no es para luchar contra Rusia, que es una guerra absurda que nadie tiene interés en librar. Tú no puedes pelearte con una potencia nuclear, eso no tiene ni pies ni cabeza. Y tampoco Rusia tiene mayor interés, porque ¿qué va a venir a buscar en Europa? A Rusia le interesa Europa como cliente, sobre todo para exportar su gas y su petróleo que, por cierto, sigue llegando a pesar de las sanciones que nominalmente están en vigor. Por ejemplo, en el caso concreto de España, del 10% del gas consumido que ya habitualmente estaba llegando de Rusia, el último mes subió hasta el 17%.

En cualquier caso, yo tengo bastante claro que dentro de Europa se está creando una situación en la que, llegado el momento, se va a utilizar el ejército para ir a buscar recursos que en Europa van a faltar y empiezan a faltar en todo el mundo. Y particularmente, puesto que ahora mismo es lo que está creando más problemas, el gas y el petróleo. Si hablas recursos energéticos y del norte de África, está bastante claro hacia dónde se está apuntando. Son tres países en concreto. Níger, porque de ahí es de donde Francia sacaba el 40% del uranio que consumía hasta que el golpe de estado de agosto de 2023 forzó la salida de Francia, y porque el Gobierno de Níger lleva denunciando desde hace tiempo que Francia está preparando una incursión militar para hacerse con el control de las minas de uranio. El segundo es, otra vez, Libia, porque tiene una gran capacidad de producción de petróleo que no se desarrolla plenamente porque el país está inmerso en una guerra civil imparable desde que se depuso a Gadafi. Y el tercero es Argelia. Todo esto es demostración de la inmoralidad profunda de las élites europeas, que se plantean utilizar la guerra como vía de acceso a los recursos, lo que es una aberración moral y algo absolutamente ignominioso.

Pero, aparte de todo, yo no creo que la Unión Europea tenga ninguna capacidad de entrar en un conflicto armado con Argelia, que es un país muy poblado y con un ejército potente, aparte de que Argelia hace tiempo que se prepara para este tipo de escenario. Pero lo que es bastante probable es que en un momento dado interese azuzar una guerra entre Marruecos y Argelia precisamente para conseguir mejorar el acceso a estos recursos. El caso es particularmente interesante porque Argelia es el gran suministrador de gas de Europa. Suministra a España, a Francia y a Italia. La producción de gas de Argelia lleva ya unos cuantos años estancada, lo que impide que pueda aumentar sus exportaciones. Aún peor, Argelia es un país en fuerte desarrollo económico y cada vez consume más de su propio petróleo y su propio gas, como es lógico. Y una de las estrategias habituales que ha aplicado Estados Unidos para conseguir que un país aumente sus exportaciones de petróleo y de gas es destruir el país, porque si tú destruyes su industria, lógicamente su consumo cae. Una guerra de desgaste supondría menos capacidad industrial, menos capacidad de consumo, y además, para conseguir recursos para sostener la guerra, el país tendría que vender más petróleo y más gas al extranjero. Esto sin duda le interesa a Europa. Otra cosa es el papel que juegan Estados Unidos o Israel en esta historia, que suelen decir que Argelia es aliada de Rusia. El fortalecimiento de la alineación entre Marruecos y la administración Trump está fomentando una carrera belicista y creo que existe una posibilidad de que al final acabemos en un conflicto abierto entre Marruecos y Argelia.

Por eso cabe cuestionar cuál es el papel de las instituciones europeas en todo esto. En Europa hay un ascenso de la extrema derecha, una simplificación de los debates y algo que a mí me molesta particularmente: la falta de profundidad en la discusión de los graves problemas en nuestro futuro, y más en particular en cuanto a los recursos y la energía. Estamos viendo que empieza a faltar diésel en Europa. En Alemania el precio del litro de diésel ya roza los 3 €, en Italia 2,5 euros, en Francia poco menos. Aquí estamos cerca ya de los 2 €, porque España está mejor colocada por una serie de motivos (fundamentalmente que ha mantenido la mayoría de sus refinerías, mientras que en Europa cerraron el 40% durante los últimos 20 años). La inflación va a causar más malestar entre la población europea, cosa que va a aprovechar  una maquinaria mundial muy bien engrasada para dar financiación y favorecer el ascenso de opciones populistas de ultraderecha en toda Europa.

Como he dicho antes, estamos en un momento histórico, porque estamos entrando en una fase nueva de la historia del capitalismo global, que es la guerra por los últimos recursos, porque realmente se están empezando a agotar. En medio de todo esta algarabía y este follón, y en esta situación geopolítica tan compleja, de esta situación de conflictividad bélica creciente, la pregunta es qué hará la derecha y la ultraderecha española. ¿Van a entender cómo se tienen que posicionar, van a tener un perfil propio, van a comprender qué es lo mejor para el interés de España? No seré yo el que defienda, en general, la acción del gobierno de Pedro Sánchez, pero es cierto que muchas de las decisiones que se han tomado en los últimos tiempos han sido correctas desde el punto de vista del mantenimiento de la industria española. Se ha conseguido capear el problema de Ormuz bastante bien. Hay cierta pérdida de importaciones de petróleo, pero se está consiguiendo compensar a base de reducir las exportaciones de productos refinados. Se ha diversificado la procedencia del gas. Sin duda, lo mejor para mitigar el cambio climático sería reducir lo más rápidamente posible nuestro consumo de combustibles fósiles, pero desde un punto de vista convencional se tiene que reconocer que la mayoría de las acciones del Gobierno de Sánchez, de manera muy discreta, han sido las que defendían mejor los intereses de España. Creo que, en parte, es por esa prudencia que Sánchez se resiste a señalar con el dedo al gobierno de Marruecos a pesar de su más que probable implicación en el salto masivo de inmigrantes en Ceuta.

Ceuta es una pieza más dentro de un tablero que, por desgracia, se desliza peligrosamente a un escenario de guerra general. Una cosa que está clara es la involucración de Estados Unidos e Israel. Negarlo no tiene ningún sentido. Varios ministros israelíes y el hijo de Netanyahu llevan meses haciendo declaraciones en el sentido de que Ceuta y Melilla tienen que ser marroquíes, que España tiene colonias en Marruecos. Por un lado, se trata de castigar a España por su posición en temas como Gaza o el rearmamento, pero también de tener control sobre el Estrecho. Es muy importante para Estados Unidos circular por aguas territoriales de una potencia aliada que necesiten de ellos para todo. Y esa es obviamente Marruecos. Si tuviera que circular por aguas territoriales españolas, y se genera una situación de enemistad entre Estados Unidos y Europa, cosa que veo inevitable en el largo plazo, Estados Unidos podría tener problemas para transportar vaya Dios a saber qué por la zona del Estrecho. Así que, por desgracia, creo que la presión sobre Ceuta va a seguir aumentando, y como pasa con el petróleo, como pasa con el cambio climático, lo ideal sería que hubiera un pacto de Estado en el que los partidos políticos dijeran: aquí hay que ir con una única política, un único mensaje, tener muy claro hacia dónde vamos.

Por desgracia, el contexto político en el que estamos instalados desde hace ya muchos años no permite eso. Es evidente que hay que definir una política estable, con unas directrices estratégicas, porque si no, vamos a ir dando bandazos y, mientras, ocurrirán infinidad de desgracias y no sabremos por qué. Y recordemos que además a veces hay que pararle los pies incluso a la Unión Europea, cuando sus acciones comprometen los intereses estratégicos de España. En ese sentido, hay que madurar y perder el miedo a plantarle cara a la Comisión: no hay ningún problema ni ninguna contradicción entre estar en la Unión Europea y a la vez defender intereses nacionales legítimos. Y ésta es una lección que nuestros líderes tienen que aprender. Pero para eso primero tendría que haber una comprensión profunda de las complejidades de la realidad (técnica, energética, de recursos, geopolítica….) actual por parte de nuestra clase política, que para muchas cosas, por desgracia, creo que es bastante analfabeta e irresponsable.


Fuente: Ctxt

Una geopolítica del caos muy calculada

 

Por Mercedes Gallego         
               Periodista internacional. Corresponsal del Grupo Vocento en Nueva York desde hace 16 años.


Los ‘lobbies’ marroquíes amortizan su inversión en Washington al convertir a Rabat en el nuevo socio militar de EEUU en África, mientras España paga la factura


Marco Rubio y el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, en abril de 2025.


     Casi tres años antes de la crisis de Ceuta, Estados Unidos tuvo su propia ‘invasión’ migratoria. El epicentro fue Eagle Pass (Texas), una ciudad fronteriza de 28.000 habitantes a la que, en diciembre de 2023, llegaron hasta 12.600 personas diarias durante una semana seguida. Los migrantes triplicaban la población local y algunos se ahogaron en el Río Bravo, atrapados por las boyas de protección. Trump ya empleaba entonces el manual que ahora aplica a la frontera Sur de Europa.

Al año siguiente, el magnate ganó las elecciones por segunda vez, con las deportaciones masivas como eje de su campaña. En la primera ya había descubierto el potencial político del miedo a la “invasión” migratoria.

Hasta junio de 2015, sólo era un excéntrico millonario de tabloides y reality shows, con apenas el 2% de la intención de voto, empatado por abajo con candidatos intrascendentes en una lista de 16 aspirantes. Un mes después de demonizar a los inmigrantes, con la promesa de construir un muro para resolver un problema que aún no existía –los datos oficiales reflejaban una tendencia a la baja del 28% interanual–, encabezaba las encuestas. La cobertura ininterrumpida de sus declaraciones incendiarias convirtió a los medios en cómplices de su victoria.

Trump, que tiene un gran instinto para las bajas pasiones, supo de inmediato que había topado con un filón. “Podría ganar las elecciones dos veces con este tema del muro”, dijo en la Conferencia de Acción Conservadora de 2020. Y lo hizo. El año pasado detectó ese potencial en Europa y empezó a azuzar el miedo a la extinción si no se sigue su ejemplo migratorio. “Tienen que ponerse las pilas. Si no lo hacen, Europa dejará de ser lo que es”, dijo este agosto, en un remake europeo de su campaña. “Si no tienes fronteras, no tienes país”.

Es difícil decir cuándo entró Ceuta en el radar de su simplismo geográfico, pero sin duda lleva años o décadas en el de los lobbies marroquíes, que asignan al cabildeo de Washington unas diez veces más que España. Despachos como Brownstein, Qorvis y Scribe Strategies suman casi dos millones de dólares anuales en contratos para incidir en la posición de EEUU sobre Ceuta, Melilla y las aguas del Sáhara.

Consciente del gusto de Trump por el lujo y los tiranos, el reino de Mohamed VI redobló la apuesta. Entre 2016 y 2025, los lobbies marroquíes invirtieron 58,9 millones de dólares, según Open Secrets.


Gasto total de Marruecos por año.

La inversión se amortiza con creces: el polémico informe del Congreso que cuestiona la soberanía española sobre Ceuta y Melilla recomienda, de premio, asignar a Marruecos “no menos de 20 millones de dólares” en financiación militar. Y eso es solo la guinda para justificar su inclusión en una ley presupuestaría, según lo que ha redactado el subcomité que preside Mario Díaz-Balart, fundador del Caucus Marroquí del Congreso.

En diciembre de 2020, un mes antes de dejar el poder, Trump añadió la firma de Mohamed VI a los Acuerdos de Abraham: Marruecos reanudaba relaciones con Israel a cambio del apoyo de Washington a su plan de autonomía para el Sahara español. Un canje perfecto que alumbraba un nuevo eje del orden mundial trumpista: EEUU, Marruecos e Israel. Un mes después se marchó de Washington ofuscado, en helicóptero, sin despedirse siquiera de su sucesor. La política del caos había fallado. Lanzó a sus hordas sobre el Capitolio, pero no pudo evitar que el Congreso certificara la victoria de Joe Biden.

Marruecos e Israel siguieron trabajando durante ese paréntesis. La gran autopista Tiznit-Dakhla que atraviesa el Sahara Occidental se construyó en su ausencia, pero pronto será rebautizada como Donald J. Trump, en muestra de “profundo agradecimiento”. El comercio entre Marruecos e Israel se ha multiplicado por cuatro en cinco años, hasta 576 millones anuales. Pero ojo, no intercambian latas de sardinas. El 74% de lo que Israel exportó a Marruecos en 2020 fue material aeroespacial, aviones y helicópteros. Al año siguiente, la venta de armamento se multiplicó por siete en términos absolutos. Y este enero se firmó un nuevo acuerdo de cooperación militar, después de que Marruecos incrementara su presupuesto de Defensa un 18%, para comprar drones y sistemas antiaéreos israelíes, pero también para algo más serio: la construcción de una fábrica de drones kamikaze israelíes en suelo marroquí. Se trata de una relación de bajo desembolso, en comparación a la que tiene con España –su principal socio comercial–, pero de alto impacto estratégico.

En Washington, el lobby marroquí tampoco descansó con Biden en la Casa Blanca, que en esto la primera democracia se parece al caos y nos vuelve daltónicos. Según una investigación de CBS Miami, al dejar su escaño, Lincoln Díaz-Balart (hermano de Mario) montó la firma de lobby Western Hemisphere Strategies, con la que cobró 1,2 millones de dólares, entre 2012 y 2017, de un solo cliente: el Moroccan American Center for Policy. Veinte mil dólares al mes por “afectar positivamente las relaciones entre Marruecos y Estados Unidos”.

Con la vuelta de Trump y el nombramiento de Marco Rubio como secretario de Estado, el círculo cubanoamericano de Washington ha encontrado una puerta directa a la Casa Blanca. Rubio no llevaba ni una semana en el cargo cuando ya se había organizado una bilateral telefónica con el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, y una visita para abril. El “socio estratégico” fue recibido en la Casa Blanca por el entonces asesor de Seguridad Nacional, Mike Waltz, y luego por el propio Rubio, quien reafirmó públicamente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. En el Capitolio, los congresistas Díaz-Balart y Joe Wilson calificaron a Marruecos de “aliado crucial” para EEUU.

Mientras tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez se perfilaba en Washington como todo lo contrario. Rehusó aumentar al 5% el gasto de Defensa que acordó la OTAN, se abstuvo de participar en el Consejo de Paz para Palestina, criticó sin medias tintas el genocidio y el 4 de marzo negó oficialmente el uso de las bases de Rota y Morón para atacar a Irán. Ese parece haber sido el detonante.

En el desorden del caos hay un orden, el del bully, que no puede dejar que nadie se insubordine. A los pocos días, la Casa Blanca encargó la elaboración de un “dossier preventivo” sobre las vulnerabilidades económicas y estratégicas de España, que se le presentó a Trump semanas después en Mar-a-Lago. Repsol aparecía como “buque insignia” del negocio energético internacional español. La empresa podía ser un blanco fácil de presión económica porque ya tenía un pie en Venezuela y mucho que agradecer, al haber sido una de las cinco primeras en recibir licencias del Tesoro para operar con la estatal venezolana.

Como parte de la ofensiva, el 12 de marzo, Michael Rubin, analista proisraelí del think tank conservador American Enterprise Institute (AEI), publicó en la propia web del centro un artículo titulado “Madrid critica a Israel, pero España es un poder colonial” que no deja lugar a sutilezas. En él califica a España de “potencia colonial” y a Sánchez de “hipócrita” por retirar a su embajador en Israel un día antes. Cuatro días después, redobla con una arenga publicada en el Middle East Forum. Bajo el título “Marruecos debería enviar una nueva Marcha Verde a Ceuta y Melilla”, pide explícitamente a Trump que declare esos enclaves “territorio marroquí ocupado”. ¿De verdad alguien cree que esa noticia no llegó a Rabat?

Lo que sí llegó a España seis días después fue otra cosa. El 18 de marzo, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional española recibió el volcado del teléfono de Rodolfo Reyes, el accionista de Plus Ultra, clave para el caso contra Rodríguez Zapatero. Las pruebas de cortesía estaban en manos de EEUU desde 2021.

Como seguimiento, en abril Díaz-Balart declaró a El Español que el presidente Trump estaba buscando “alternativas a España” para trasladar sus bases. Al ser preguntado expresamente si Marruecos sería esa alternativa, el sobrino político de Fidel Castro –el líder pionero en inundar a otro país con migrantes (Mariel, 1980)–, responde: “Es interesante, porque Ceuta y Melilla están en territorio marroquí y la actitud de Marruecos ha sido muy positiva”. O sea, la de su representado.

Como presidente del subcomité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, aprovechó una ley presupuestaria para decir en un informe adjunto que “Ceuta y Melilla son ciudades en territorio marroquí, administradas por España, largamente reclamadas por Marruecos”. El texto se compromete a “apoyar los esfuerzos del secretario de Estado para alentar negociaciones diplomáticas entre Marruecos y España sobre el futuro estatus” de esas ciudades.

El caos está ya bien engrasado. En paralelo, el senador de Missouri Roger Wicker impulsa en el Senado una ley que blindaría la hoja de ruta de Defensa firmada en abril. El Pentágono tendría hasta 2036 para convertir a Marruecos “en el socio más capaz de EEUU en el continente africano”, sustituyendo a las bases que pierde en el Sahel, tras los golpes de Estado en Mali, Níger y Burkina Faso.

Lo que atisba la opinión pública en ráfagas de Instagram es solo la punta del iceberg de una estrategia muy elaborada. Dos semanas después de que se aprobase la ley que incluye el informe que atribuye a Marruecos Ceuta y Melilla, Mohamed VI celebra la Fiesta del Trono, con la visita de Sánchez a Argelia como trasfondo. Más de 70.000 personas responden al llamado de los coyotes digitales por las redes y entran a Ceuta en aluvión, mientras en Melilla la Gendarmería logra contener otra avalancha humana. En El Tarajal no todos completaron el cruce, y hubo al menos 145 muertes, porque el mar, como el Río Bravo, cobra un peaje.

Algunos de los presentes en la fiesta del rey aseguran que sus propios asesores estaban helados con la magnitud de lo que ocurría. Por su parte, los observadores están convencidos de que esa no era la imagen que se deseaba proyectar, justo cuando el monarca repasaba los logros de su mandato. Pero desde luego, logró captar la atención de Trump.

“Es terrible. Recuerden esa imagen”, dijo esa misma noche, aprovechando para arrimar el miedo a su campaña. “Así estaremos nosotros dentro de tres años si gana el bando equivocado”.

Este jueves 10 de septiembre Trump estará en Texas, no para rendir tributo a los migrantes ahogados en Ceuta o en Eagle Pass, sino para culminar la convención de su partido de cara a las legislativas de noviembre con un homenaje a Charlie Kirk, en el primer aniversario de su muerte.


Charlie Kirk reparte gorras en el evento de su American Comeback Tour en la Florida State University en febrero de 2025.

A veces el caos acaba devorando a quienes lo generan, pero qué mejor manera de rendirles homenaje que reconducir todas las pérdidas hacia las urnas.

Una cronología

10 de diciembre de 2020

Donald Trump anuncia el acuerdo de normalización entre Marruecos e Israel y el reconocimiento de EEUU a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.

21 de enero de 2025

  • Trump es investido por segunda vez. El Senado confirma a Marco Rubio como secretario de Estado por unanimidad.

27 de enero de 2025

  • Rubio conversa por teléfono con el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita. El resumen oficial destaca “la importancia de una asociación estratégica” entre ambos países.

8 abril de 2025

  • Nasser Bourita, ministro de Exteriores maroquí, visita Washington y mantiene sendas reuniones con Rubio y el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Mike Waltz.

9 de abril de 2025

  • Los congresistas Mario Díaz-Balart y Joe Wilson reciben a Bourita en el Capitolio y declaran a Marruecos “aliado crucial” en Oriente Medio.

3 de enero de 2026

  • EEUU captura a Nicolás Maduro y su esposa mediante una operación militar e instaura en el poder un gobierno tutelado por la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

  • Pedro Sánchez dice que no reconocerá “una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo”.

9 de enero de 2026

  • El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, participa en una reunión convocada por la Casa Blanca con una veintena de petroleras y le agradece a Trump que “abra la puerta a una Venezuela mejor”.

13 de febrero de 2026

  • El Tesoro de EEUU emite la primera licencia general que autoriza a Chevron, BP, Eni, Shell y Repsol a operar en el sector petrolero venezolano.

4 de marzo de 2026

  • Sánchez niega el uso de las bases de Rota y Morón para atacar Irán y cierra el espacio aéreo español a los cazas de EEUU.

  • Esa semana la Casa Blanca encarga el “dossier preventivo” sobre las vulnerabilidades de España y señala a Repsol entre ellas.

12 de marzo de 2026

  • El analista Michael Rubin publica: “Madrid critica a Israel, pero España es un poder colonial» en el think tank conservador American Enterprise Institute.

16 de marzo de 2026

  • Rubin publica la secuela: “Marruecos debería enviar una nueva Marcha Verde a Ceuta y Melilla” en el think tank Middle East Forum.

18 de marzo de 2026

  • La unidad de la Policía Nacional española especializada en delitos económicos recibe de EEUU el volcado del teléfono de Rodolfo Reyes, vía Seguridad Doméstica.

1 de abril de 2026

  • Díaz-Balart, en El Español: “Ceuta y Melilla están en territorio marroquí”.

15 de abril de 2026

  • El secretario de Defensa Pete Hegseth y su homólogo Abdellatif Loudiyi firman una hoja de ruta de 10 años para “una integración militar sin precedentes” en 2036.

30 de abril de 2026

  • El subcomité de Asignaciones de la Cámara para Seguridad Nacional y Departamento de Estado oficializa en un informe que “Ceuta y Melilla son ciudades en territorio marroquí administradas por España”.

1 de mayo de 2026

  • Trump reemplaza a Waltz por Rubio, que acapara así también las funciones de consejero de Seguridad Nacional.

15 de junio de 2026

  • El Comité de Servicios Armados aprueba la Sección 1268 sobre Marruecos del senador Roger Wicker, que blindará la hoja de ruta frente a cambios de gobierno.

14 de julio de 2026

  • La ley de Autorización de Defensa Nacional S-4784 que incorpora la iniciativa de Wicker queda bloqueada en el Senado en un voto de procedimiento (50-46) por el pulso a la guerra de Irán.

15 de julio de 2026

  • La Cámara Baja aprueba la H.R. 8595 que incorpora el informe de Díaz-Balart. Por primera vez el Congreso de EEUU atribuye Ceuta y Melilla a Marruecos y alienta negociaciones con Marruecos.

31 de julio de 2026

  • Fiesta del Trono de Mohamed VI: 70-80.000 personas entran a Ceuta.

  • Trump: “Es terrible. Recuerden esa imagen. Así estaremos nosotros dentro de tres años si gana el bando equivocado”.



Fuente: Ctxt

domingo, 6 de septiembre de 2026

Entre la espera y la esperanza: miles de personas migrantes en Ceuta aguardan para ser realojadas

 

 Por Jaime Cinca   
      Cronista y fotoperiodista. Miembro de @elsalto_and. Desde Ceuta.



Y


      Periodista freelance. Licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Crónica desde Ceuta.


Decenas de menores varones continúan deambulando sin saber dónde alojarse y sin derecho a ninguna comida, mientras que mujeres, niñas y adolescentes están siendo alojadas por su situación de extrema vulnerabilidad


Unos chicos miran hacia el mar en el paseo cercano a playa Benítez. Fotografía de Jaime Cinca.


     La situación en Ceuta, después del cruce a nado de más de 80.000 personas procedentes de Marruecos por el Tarajal —de las que unas 70.000 ya habrían vuelto— continúa siendo de extrema complejidad. La gran mayoría de ellas, todavía sin una ubicación asignada por las autoridades, continúan durmiendo repartidas entre los diferentes campamentos improvisados y diseminados por diferentes espacios de la Ciudad Autónoma, como la playa del Trampolín, Loma Colmenar, las calles del barrio El Príncipe o el polígono del Tarajal, entre otros.

Decenas de menores varones continúan deambulando sin saber dónde alojarse y sin derecho a ninguna comida, mientras que mujeres, niñas y adolescentes están siendo alojadas por su situación de extrema vulnerabilidad ante las decenas de agresiones de diferente índole reportadas. Si bien se van habilitando nuevos espacios para intentar sacar a las personas de la calle, aún hay miles de ellas sin alternativa.

A partir de esta semana, está previsto que unas mil personas puedan ser alojadas en un nuevo campamento que se está habilitando en las inmediaciones del puerto, después de que el Ministerio de Transportes tomara el control —a pesar de la negativa de las autoridades locales—. La puesta en marcha de estas nuevas instalaciones en la zona oeste del puerto y al lado de unos depósitos para barcos que tomarán la forma de 40 carpas, ha despertado la ira de una pequeña parte de la población ceutí. Mientras, las personas en situación de calle intentan sobrevivir al día a día con la esperanza de poder ser trasladados.



Fotogalería de Jaime Cinca


Una vivienda con tres banderas, la española, la ceutí y la palestina.


Una persona sentada mira hacia Loma Colmenar, una de las zonas de mayor afluencia.


Vista general de la frontera y El Tarajal.


Una persona muestra sus heridas durante su estancia en Ceuta.


Playa de La Almadraba.


Zona de la playa de La Almadraba.


Carretera en la playa de La Almadraba cercana a El Tarajal y la frontera.


Dos personas en la playa del Trampolín sentadas junto al mar.


Vista general de la playa del Trampolín mientras un camión militar pasa por la carretera anexa.


Imagen de las personas en la playa del Trampolín.


Vista general de la playa del Trampolín desde la cuesta que lleva al Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).


Vista general de la playa del Trampolín desde la cuesta que lleva al Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).

Fuente: El Salto