jueves, 8 de octubre de 2026

Se trata de canallas, no de buitres (sobre esos fondos de la vivienda)

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (4 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   

   Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


        Protesto, enérgica y devotamente, por el uso inapropiado, abusivo, injusto, exótico y escandaloso del término buitre cuando nos referimos a los fondos de inversión especulativos, muy especialmente cuando se lanzan sobre la vivienda. Me indigno de que con tanta y tan peyorativa frecuencia se haga esa referencia a un ave maravillosa, oportunamente rapaz, hermosa y respetuosa, amiga y solidaria, que limpia nuestros campos de podrida naturaleza, de la que hace su principal sustento resultando así utilísima, social y hasta divina.


El buitre es un ave necesaria, hermosa y solidaria.

        Tengamos en cuenta a esas civilizaciones, pasadas y presentes, que exponen sus muertos a la acción benéfica de aves carroñeras como los buitres, creyendo con razón que así se reintegra en el ciclo de la vida la carne muerta, haciéndose eterna por vía mortal y sucesión material. A esos fondos que vienen mostrando su capacidad de hacer daño y de perturbar la paz social lo suyo es llamarlos canalla, con preferencia, aunque también sería acertado calificarlos de mortales o, al menos, piratas, delictivos o antisociales... pero no buitre. Permítaseme, con esta protesta, arrogarme la representación de estas aves moralmente maltratadas ya que ellas mismas no pueden, desde su mundo de armonía, trasladarla a una sociedad enloquecida. Que mucho cuento con que la conciencia ecológica y la sensibilidad ambiental avanzan entre la gente, pero a la hora de la verdad ni siquiera cumplimos con atenciones elementales hacia la vida animal, nuestra prójima. Me gustaría no tener que repetirlo.

        Y entrando ya en el meollo del asunto, aportaré, como primera nota en la disección del problema de la vivienda la mención del rentista casero actual: esa figura de remembranza castiza pero más emparentada con el usurero universal que con el pillastre celtíbero o el fiel heredero de una vivienda familiar que le sobra y cuyo alquiler le permite alzarse sobre la pobreza y guardar eterno buen recuerdo de sus antepasados; porque este casi nunca ha hecho daño, aunque su fama, recluida en un ambiente de discreción, no haya mejorado con el tiempo. No son esos, que han constituido una figura sin brillo ni aura, desde luego, los que han hecho temblar la paz social, sino estas sociedades y filiales bancarias, en auge impetuoso por la protección (activa o pasiva) del poder político, dedicadas a la más miserable actividad del negocio inmobiliario olfateando gangas u oportunidades felinas, para lanzarse sobre ellas como apetitosos objetos de especulación. Como buitres, sí, pero sin serlo y, por supuesto, violentando las leyes de la naturaleza.

      (En el anecdotario canalla madrileño, observemos a la familia política del alcalde Martínez Almeida, poseedora de pisos innumerables lo que justifica de sobra la certera visión del edil popular sobre los peligrosos acampados en la Puerta del Sol, que preparan sin duda la ocupación del castillo de la Ayuso -ese que no hace más que provocar con sus sombríos recuerdos- como delata su posesión de cuchillos para el bocata y adoquines sujeta vientos, siendo no obstante incapaz de inventariar del todo el armamento disponible para el asalto, que incluye las tijeras recorta pancartas y los cortaúñas de aseo personal, igualmente letales. O en el de Junts per Catalunya y su numerito de hacer fracasar los decretos de emergencia sobre la vivienda que, cuando menos, respondían al clamor popular, ya que hay que prestar atención a la presencia en esa tierra de toda una ristra de fondos de inversión israelíes que en este caso habrá que llamarlos genocidas, ni buitres ni canallas, porque asumen un grado más en maldad ya que alimentan la economía de un Estado genocida, además de racista, ilegítimo e ilegal, que se interesa muchísimo por España, ¡vaya por Yahvé!).


El alcalde de Madrid, de familia híper rentista, considera que los acampados de Sol son una amenaza.

Desde la conmoción que vive el país entero, generada por un basta ya joven, indignado y conminatorio, se abre paso la consulta en referéndum para modificar la Constitución y volver a redactar su artículo 47, timorato, ambiguo y pelín cínico, para que exprese claramente la obligación y capacidad exclusivas del Estado en todo lo relativo al derecho de los españoles a “una vivienda digna y adecuada”, ampliando esto y apuntando sin posibilidad de confusión a la responsabilidad básica de la Administración central. O sea, trasladando la “vivienda” del punto 3 del artículo 148 (competencia en “ordenación del territorio, urbanismo y vivienda”) a una posición anterior al punto 24 del 149 (“obras públicas de interés general”), dada la evidente prelación de la vivienda sobre las carreteras (¿o no?).

Inevitablemente, estallará el debate sobre el por qué no hacer lo mismo con la sanidad, la educación y los servicios sociales, interrogantes muy extendidos dada la degradación de nuestra democracia y puesto que son bienes y derechos hacia los que no debiera caber la posibilidad de que los dirigentes autonómicos -y menos los que actúan de sátrapas o lacayos del mundo de los negocios- puedan imponer diferencias y desequilibrios entre ciudadanos por el mero hecho de la diferenciación político-territorial. Y animada sería, entonces, la polémica sobre en qué quedaría el Estado autonómico, joya de la corona de la sacrosanta Transición. Pero eso es en lo que hay que pensar, ya lo creo, y mirar ya, por favor, a Marinaleda, un pueblo donde la acción política municipal ha resuelto desde el minuto uno el problema de la vivienda.

Siendo realistas, a la hora de acometer de verdad tan serio e inaplazable problema, las primeras dificultades vendrían del PSOE, que sí, muy agobiado ahora con el fracaso de los decretos de emergencia tumbados por la derecha, la derechona y la más perversa de las burguesías catalanas de toda la vida, y esto en el caso de que vuelva a gobernar tras las próximas elecciones, adelantadas precisamente por el drama de la vivienda. Porque estos socialistas -más o menos incursos en la declinante socialdemocracia europea- no van a dejar de ser filo capitalistas, burguesitos y socialistas con seleccionados y oportunistas matices. Que la socialdemocracia europea en realidad se viene dedicando desde el final de la I Guerra Mundial -con notables (por inolvidables) intervenciones del SPD alemán contra los cambios profundos- a frenar los conflictos o dilatarlos, sin resolverlos. Una perspectiva de verdadero compromiso político, cívico e histórico, cuyos perfiles ya podremos ir viendo tras el 29 de noviembre. ¡Uf!

      Y ya en otro orden de cosas, que no se nos pase la mirada a las actuaciones de la policía y en general las fuerzas llamadas del orden en los episodios recientes de las manifestaciones por la vivienda en toda España, reflexionando sobre el placer que indudablemente sienten, y se les nota, cuando sus agentes sacuden estopa a civiles generalmente poco o nada peligrosos y ni siquiera amenazantes.


Las fuerzas del orden ante la manifestación del 3 de octubre en Madrid.

      Sus actuaciones violentas no siempre parecen responder a la orden de cargar, despejar la calle o contestar a un insulto, sino que demasiadas veces transmiten la sensación de que estos agentes se saben con libertad para hacer frente a lo que puedan interpretar como desorden, y si se extralimitan también parecen contar con que sus jefes, sus sindicatos y los medios de derechas los justificarán y respaldarán. Casi siempre ha sido así, o sea qué.

De todas formas, y para que la reflexión se complete y redondee, hay que recordar que las fuerzas del orden constituyen una variante más o menos especial de las burocracias administrativas que -como las demás- tienden a funcionar por sí solas, es decir, sin la necesaria y precisa supeditación a una cadena jerárquica o de mando. Esto, que se sitúa en lo rutinario (y lo inevitable, por consolidado), debiera tenernos siempre en alerta si nos empeñamos en creer que vivimos en un país democrático, y ser persistentemente duros e intransigentes con la violencia gratuita, los abusos mamporreros y el desorden de uniforme, o sea, cuando la cosa no es para tanto.

Queda por añadir que las burocracias son de por sí conservadoras, y más cuando se trata de éstas, las de repartir leña, que suelen tener como habitual objeto de sus leñazos a gentes de izquierda, dejando que ultras y fachas escapen de rositas no pocas veces, cuando suelen ser ellos los causantes del desorden y la violencia. Y eso, tampoco.


miércoles, 7 de octubre de 2026

Los sindicatos mandan un mensaje a la patronal: la huelga por la vivienda será legal y está justificada

 

 Por Laura L. Ruiz   
      Mujer, vegana y de Moratalaz. Ah! y periodista.

Al igual que ocurrió con la huelga feminista o por Palestina, las agrupaciones empresariales intentan generar dudas sobre la legalidad de los paros generales.


Manifestantes por la vivienda en Madrid, el 3 de octubre.

     Mientras que los sindicatos se apresuraban a responder a las demandas que se han visto este fin de semana en todas las movilizaciones en favor del derecho a la vivienda, la patronal buscaba argumentos para impedir una posible huelga. “No son de naturaleza laboral”, “difícilmente justificable” o “claro componente político y electoral” son algunas de las reflexiones que han hecho las agrupaciones empresariales CEOE y CEPYME en un comunicado. Para la patronal mayoritaria, la demanda sobre el derecho a la vivienda “quedan al margen de la gestión de las empresas” y dejan entrever que podría ser hasta ilegal. 

Lo cierto es que se trata de un discurso similar al que se escuchó con la primera huelga feminista o con los paros por Palestina. En ambas fue una huelga general legalizada, con argumentos laborales y sin ningún tipo de irregularidad en su proceso. “La de Palestina supuso mucho más complejidad, pero se indicó que el dinero público se estaba invirtiendo en armamento y esto afecta directamente a la clase trabajadora”, explica a El Salto Miguel Fadrique, secretario general de CGT, que asegura que la afectación en esta huelga es mucho más clara: “Sin salarios dignos no te puedes comprar una vivienda”.

“Diría incluso que vamos tarde, pero hasta el estallido social por el desahucio de Maricarmen no ha hecho que se produzca”, comenta Fadrique en respuesta a por qué llega ahora y no antes la convocatoria de una huelga general. “Es que el problema es mucho más grande que el precio de un alquiler o el precio para comprar una casa. Está directamente ligado a los salarios, que son totalmente insuficientes”, explica. En esta misma línea se muestran CCOO y UGT, que ya han expresado su intención de apoyar la huelga general por la vivienda. 

“La posibilidad de que las trabajadoras y los trabajadores tengan acceso a la vivienda es un aspecto central en la reivindicación de esta huelga, que ha sido impulsada por otras organizaciones como el Sindicato de Inquilinas”, explica a El Salto Carlos Gutiérrez, secretario de Estudios y Discurso de CCOO. “La accesibilidad a la vivienda está condicionada por la especulación, pero también por los salarios excesivamente bajos”, añade. Precisamente ahí ven la justificación laboral que hace que la huelga sea perfectamente legal: la cuestión salarial. “Los trabajadores no pueden pagar las consecuencias de un orden mundial caótico en el que vivimos, donde el precio de la energía se dispara y los precios de los productos básicos suben, muchas veces solo para garantizar los márgenes de beneficios de las empresas”.

“Con esta huelga, los trabajadores y las trabajadoras dicen claro que queremos tener vivienda, un salario digno y que no queremos ser quienes paguemos las consecuencias de la guerra y la inflación”, explica e indica que no son unas reivindicaciones improvisadas, si no que el sindicato lleva muchos años advirtiendo sobre el coste de la vida y la pérdida de poder adquisitivo. 

Gutiérrez, preguntado por el interlocutor de esta huelga general, tiene claro que no es solo uno. “No se convoca por un ataque concreto sobre nuestros derechos, lo que hace es poner en el centro una plataforma reivindicativa para los y las trabajadoras: interpelamos al Gobierno actual, al posible Gobierno futuro, a todas las administraciones incluidas las Comunidades Autónomas y, por supuesto a las empresas y a las organizaciones patronales”. A este respecto, el miembro de CCOO recuerda que la patronal ha estado bloqueando el Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva. “No acceden a las subidas importantes de salarios que hay que hacer para compensar la inflación”, indica. Por eso manda un mensaje claro: “Que se sienten a negociar”. 

Ese mensaje se extiende al futuro Gobierno. Con el adelanto electoral, han quedado muchos temas en el aire que los partidos que ahora están en la oposición no garantizan. “¿Qué pasa con el registro horario, con el estatuto de los becarios, con las directivas europeas por transponer, con la revalorización de las pensiones?”, se pregunta. Gutiérrez también advierte que las Comunidades Autónomas tienen el deber de garantizar los servicios públicos, algo que afecta directamente al poder adquisitivo de la clase trabajadora. “Estamos viendo que muchas personas se están viendo obligadas a recurrir al mercado privado por el deterioro de los servicios públicos, sobre todo en educación, sanidad o temas sociales, lo que hace que pierdas poder adquisitivo”, explican desde CCOO.

En este sentido, desde CGT también indican que la huelga general no va contra el Gobierno actual solo. “No miramos el color del gobierno porque este ni ha hecho lo que podría hacer ni esperamos nada del futuro Gobierno, del color que sea, dependemos de la calle, de las movilizaciones para lograr los objetivos”, explica Fadrique que, eso sí, refuerza la idea de unidad. “Queremos hacerlo de forma conjunta, lograr paralizar el país y que estemos a la altura de las circunstancias, sin protagonismos ni egos”, comenta a este medio.

Lo cierto es que aunque la mayoría de sindicatos se han mostrado favorables a convocar o a apoyar la huelga, aún no se sabe quién dará el paso de liderar las gestiones de su legalización —es decir, ser el interlocutor con la mediación obligatoria en huelga— y cuándo se pondrá fecha. La mayoría de los sindicatos sitúan la fecha a principios de noviembre y antes de que empiece la campaña electoral, pero seguramente la fecha no se conozca hasta finales de la semana. Las conversaciones entre el Sindicato de Inquilinas y las centrales laborales empiezan este mismo miércoles.

“Estamos muy contentas de que los dos sindicatos con más afiliación del Estado se hayan puesto al lado de un movimiento que lleva diez días en la calle luchando por la vivienda digna”, explica Alicia del Río, portavoz del Sindicato de Inquilinas, en referencia al compromiso de UGT y CCOO a apoyar una huelga general, y asegura que “la huelga será de todo el pueblo”. “Desde los sindicatos de inquilinas no vamos a dejar de trabajar para que haya una unidad popular de todas las trabajadoras de este país para conseguir el derecho a una vivienda digna”, ha indicado a los medios y asegura que en breve se presentarán fecha y calendario de acciones para garantizar que la huelga general sea “masiva” y así lograr lo que se persigue. 

Apoyo mayoritario de otros sindicatos

De los primeros en apoyar una huelga general en Madrid han sido los sindicatos de clase CNT, Co.Bas, Solidaridad Obrera y la Plataforma Sindical de EMT que ya forman parte de la Mesa Sindical por la huelga general junto con CGT y el Sindicato de Inquilinas. “La vivienda y el trabajo no son luchas separadas”, han explicado en un comunicado conjunto que emitieron el mismo viernes 2 de octubre, justo después de que el Congreso tumbara los dos decretos por la vivienda. “La subida de los alquileres es una transferencia directa de la riqueza desde la clase trabajadora hacia el rentismo”, sentencian y añaden que, en el camino hacia la huelga general, el primer paso es el apoyo a la huelga de educación que se llevará a cabo en la Comunidad de Madrid el próximo 14 de octubre.

En Galicia, la CIG ha hecho público este martes que se suma a convocar la huelga general en Galicia ante la “insoportable” subida de precios en las viviendas, lo que genera “un empobrecimiento de la clase trabajadora” y ante la “falta de medidas de los gobiernos para garantizar” una vivienda digna. La central gallega llama al “conjunto del tejido social y sindical a la movilización y a que se haga efectiva una convocatoria de huelga general en la primera semana de noviembre”. Entre las reivindicaciones figura la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), un refuerzo de los servicios sociales y más medidas de protección social. A la Xunta le reclaman un Plan de Choque recogido en los presupuestos de 2027 para hacer frente a la inflación. “El aumento constante e imparable de los precios de la electricidad, el combustible, los productos de primera necesidad y la vivienda está llevando a la ruina a la población y a las clases trabajadoras”, ha advertido el secretario general de la CIG, Paulo Carril.

Desde LAB se han apresurado a apoyar la convocatoria de una huelga general y se declaran dispuestos a hacerlo de forma conjunta con otros sindicatos. Además de reivindicar los alquileres indefinidos, recuperar las viviendas en manos de fondos buitres para expulsarlos o acabar con las ayudas fiscales que solo “alimentan al rentismo”, el sindicato manda un mensaje al PNV y al Gobierno vasco. “Los jeltzales han trabajado a favor de la patronal inmobiliaria y, en definitiva, de los especuladores”, explican en referencia al ‘no’ del PNV al segundo decreto que rechazaron en el Congreso de los Diputados. Por eso, LAB exige al partido nacionalista que “renuncie a aplicar políticas que den la espalda a las y los trabajadores tanto en Madrid como en Euskal Herria” y cree que es posible lograr en Euskadi y Navarra lo que no se ha logrado en la Cámara baja. 

El sindicato ELA también ha anunciado que apoyará la huelga general, aunque no ha dado más detalles. El discuto que argumente su respaldo podría encajar perfectamente con la reivindicación de subida de salarios que se pedía en su propuesta para no tener ningún convenio por debajo de los 1.500 euros mensuales. Un techo salarial que junto con la reivindicación de un SMI propio para Euskadi y Navarra podría hacer frente a la inflación provocado en parte por el precio de la vivienda.


Fuente: El Salto

lunes, 5 de octubre de 2026

CCOO y UGT se suman al llamamiento de huelga general y acuerdan convocar para este otoño

 


La noticia del adelanto electoral no ha frenado las intenciones de los dos sindicatos mayoritarios de apoyar un parón “por el derecho a la vivienda y salarios dignos para pagarla”.


Fotografía de Alberto Astudillo.


     Lo pedía el Sindicato de Inquilinas, a lo que se sumaron muchos otros colectivos que abarrotan las acampadas como las de la Puerta del Sol, y los representantes de los dos principales sindicatos se pasaron por la acampada madrileña para mostrar su apoyo a la idea de una huelga general con el problema de la vivienda en el centro.


Manifestación en Logroño este pasado domingo en la que se ha pedido vivienda universal o huelga general.

Parecía que el adelanto electoral anunciado por Pedro Sánchez en la mañana de este lunes podría calmar las aguas revueltas, pero no ha sido así.

Los sindicatos UGT y CCOO han acordado la convocatoria de una huelga general de 24 horas este otoño “para reivindicar salarios dignos para acceder a una vivienda digna”, según reza un comunicado conjunto publicado por las dos organizaciones obreras. Aunque todavía deberá ser ratificado por los órganos de dirección, los sindicatos se reafirman sobre sus declaraciones tras la caída de los dos decretos de vivienda el pasado viernes. 

La fecha todavía es una incógnita. El comunicado apunta a que “se analizará con las organizaciones sociales y el Sindicato de Inquilinas”. “Las manifestaciones del pasado fin de semana han mostrado la fuerza de esa demanda, y la respuesta debe construirse entre todas las organizaciones que la sostienen”, afirman en el texto firmado de forma conjunta y en referencia a las masivas manifestaciones que recorrieron las calles de todo el Estado. 

No esconden su descontento con el Gobierno central, aunque apuntan a todos los niveles administrativos con responsabilidades en la crisis habitacional que sufre el país: “La huelga general interpela a las diferentes administraciones públicas que tienen competencias en materia de vivienda y a las organizaciones empresariales que deben asumir que los salarios tienen que garantizar el acceso a un bien básico como es la vivienda; la renovación del AENC [Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva] y el desbloqueo de los convenios colectivos son ámbitos para demostrarlo”.

“Seguiremos en la movilización y en la negociación colectiva hasta que la vivienda deje de ser un privilegio, y los salarios permitan vivir con dignidad”, afirman los dos sindicatos en un llamamiento a las personas trabajadoras a sumarse a la campaña y al parón cuando haya una fecha definitiva consensuada con el resto de actores.


Fuente: El Salto


Manifestación en Murcia contra los desahucios, por el derecho a la vivienda y hacia la huelga general.



sábado, 3 de octubre de 2026

Una semana acampados por la vivienda: las organizaciones avanzan hacia la huelga general

 

      Periodista y activista que escribe sobre justicia social.


Tras la caída este viernes de los dos decretos en el Congreso, las inquilinas han convocado una movilización que arrancará este sábado en Madrid a las 12.00 y se replicarán en más de 50 ciudades de todo el Estado.


Integrantes de la acampada de vivienda se concentraron este viernes afuera del Congreso.


“Hoy el Congreso tenía la responsabilidad de escuchar la oleada de protestas y aprobar unas medidas de mínimos. Hay una desconexión irreparable entre lo que quiere la gente y lo que votan los partidos en un Congreso secuestrado por el rentismo”.


Contrapoder y pulso al rentismo. Fotografía de Álvaro Minguito.

Así respondía en la mañana de este viernes desde la Puerta del Sol el Sindicato de Inquilinas ante el anuncio que marcaría inevitablemente el rumbo del resto de la jornada: los dos decretos de vivienda nacidos del ‘caso Maricarmen’ han decaído en el Congreso con los votos en contra de PP, Vox, Junts y UPN. La ciudadanía pronto se ha mostrado preparada para dar respuesta en las calles a esta negativa.

La primera norma ha caído con 172 síes y 178 noes y la segunda, con 166 a favor y 184 en contra. Ya en febrero los posconvergentes tumbaron la moratoria antidesahucios para personas vulnerables que protegía desde la pandemia a más de 60.000 hogares, así como otras medidas del llamado escudo social.


Macrodesahucio en Collado Villalba el pasado 19 de febrero.

Esta vez el batacazo se ha confirmado tras más de cuatro horas de intenso debate, aunque el resultado no ha modificado sustancialmente el ánimo de las presentes en el km 0.

Esto ha sido así en parte porque la gran mayoría era consciente de la compleja aritmética electoral con la que se contaba desde el principio y porque, como esgrimían algunos desencantados, “tras ocho años de legislatura teóricamente progresista sin hacer nada, ya habíamos visto antes el carácter regresivo de las actuales políticas de vivienda”.

Los acampantes siguieron en directo y reunidos en silencio desde sus pantallas una votación de infarto con un desenlace que nadie deseaba pero muchos auguraban.


Una joven sigue con su móvil el debate sobre los decretos de vivienda, afuera del Congreso.

“Era la crónica de una muerte anunciada”, deslizaba desde su tienda un joven acampado desde más de cinco días. Además, desde un primer momento los colectivos habían criticado el “troceo” del ‘Decreto Maricarmen’ con el objeto de dejar fuera las medidas más ambiciosas y contundentes. Ahora todo ha quedado en papel mojado: la moratoria antidesahucios para las familias vulnerables, la prórroga de dos años de los alquileres, la renovación automática y la regulación de los alquileres turísticos y de temporada se han convertido hoy en un triste recuerdo de lo que podría haber sido el resultado de una lucha histórica.

“Todo lo que hemos aprendido estos días que llevamos acampadas desde el sábado, continúa. Pero no continúa solo en Sol, continúa en cada barrio y en cada centro de trabajo, en cada centro de salud, en cada AFA, en cada colegio, porque allí donde hay vida, donde se organizan las personas y donde se está sufriendo el malestar de la vivienda, es donde tenemos que tener los esfuerzos puestos para organizar a la gente, para organizar ese poder popular”, ha señalado Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas, minutos después de decaer los soñados decretos.

Con esta pulsión de continuidad indefinida, este fin de semana la Confederación de Sindicatos de Inquilinas ha convocado manifestaciones en más de 50 ciudades de todo el Estado.


Cincuenta movilizaciones por la vivienda recorren el Estado. Convocatorias previstas entre el 2 y el 5 de octubre.

La de Madrid arrancará este sábado a las 12.00 a través de cuatro columnas que se digirirán hacia Cibeles bajo el lema “Hacia la huelga general por la vivienda. Bajadas de alquileres al 50 % y expropiación de fondos buitres Ya”. Seguirán reclamando contratos indefinidos, expropiaciones masivas fondos buitre e inmobiliarias como Urbagestión y una bajada de los alquileres al 50 %. “Es prioritario seguir acumulando fuerza para convertir las demandas de la ciudadanía en ley, y hacer que bloquearlas tenga un coste político. Vamos a hacer que quienes den la espalda al pueblo tengan que dejar su sitio en el parlamento”, han clamado. Mientras se suceden las protestas por el bloqueo parlamentario, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya ha anunciado que decidirá este fin de semana si adelanta las elecciones generales a antes de que acabe este año.

El horizonte próximo no es otro que seguir con la lucha inquilina más allá de los confines de la acampada con la proyección de una huelga general “que pare el país” y que cuente con apoyos mayoritarios. Además, se espera que estos parones coincidan con el apoyo del inquilinato hacia la huelga de educación que arrancará el próximo 14 de octubre.


Más de diez mil personas salen a la calle el pasado domingo 27 de septiembre de 2026 para defender la educación pública frente a los ataques del Gobierno regional de Ayuso.

“La traducción para eso no es otro camino que una herramienta histórica de la clase trabajadora, la herramienta por la que todos y todas aquí tenemos jornadas laborales, que es la huelga”, han afirmado.

Entre estas alianzas figurarían previsiblemente sindicatos laborales y comités de empresa, asociaciones vecinales y de centros educativos, colectivos de estudiantes universitarios. Fuerzas también del movimiento ecologista, antirracista y feminista que han caminado de la mano del inquilinato organizado estos últimos meses a través de uniones como la Confluencia de Luchas.

Muchos de estos agentes sociales han llevado a cabo este último año sus propias movilizaciones, como es el caso de las educadoras en lucha. Las maestras infantiles de la Plataforma Laboral Escuelas Infantiles (PLEI) han formado también parte activa de la acampada. Desde el pasado 7 de abril sostienen una huelga que ha cristalizado en una modificación del Real Decreto 132/2010 que promete la bajada de ratios. Rosa, una de sus integrantes, confesaba su frustración tras el rechazo parlamentario de los decretos que consideraba un avance para muchos colectivos. Además, si se volvieran a reconvocar elecciones generales, la modificación del mencionado decreto pendería de un hilo y podría caer en saco roto.

“Nos sentimos bastante decepcionadas porque si después de este movimiento en que la ciudadanía ha dejado claro que hay que regular la vivienda, aún así no sale adelante, ¿para qué sirve entonces la política?, deslizaba a este medio a escasos metros de las pancartas que rodean la ciudadela de tiendas. El lunes continuarán con sus asambleas y de momento no contemplan la desmovilización, aun con los ánimos algo desgastados.

Un hastío que se mezcla con el desgaste generalizado tras siete días duros de pernocta ininterrumpida, algunos de ellos como el de ayer pasados por agua durante varias horas de tormenta. Bien saben que los derechos de la infancia están íntimamente ligados a la estabilidad residencial. “Yo he trabajado en zonas vulnerables y he visto muchos problemas de desarrollo de lenguaje. Y cuando indagas es que vive una familia de 6-7 miembros en 20 metros cuadrados. Esa criatura que puede moverse, el desarrollo cerebral, el desarrollo neurológico de los tres primeros años de vida es a través del movimiento. No podemos pretender tener una educación de calidad sin una vivienda digna”, señala.

La sensación general de la acampada sigue siendo, no obstante, de triunfo. En los rostros de quienes todavía continuaban charlando o comiendo a la entrada de sus tiendas no había señal alguna de derrotismo ni ansiedad. Solo orgullo, esperanza y ganas de seguir dando la batalla con mayor intensidad. Durante esta semana de lucha que ha dado la vuelta al mundo, las manifestantes han logrado situar la crisis de la vivienda en el debate público y la agenda política, hasta el punto de poner contra las cuerdas como nunca antes al gobierno de coalición. Han convertido en posible lo que años atrás era casi impronunciable.

El discurso que señala como responsables de la emergencia habitacional a los fondos buitre y otros actores clave de la especulación se ha extendido incluso hacia capas de población joven despolitizada. De hecho, algunas creen que estos días han logrado tejer vínculos más sólidos entre las distintas organizaciones por la vivienda que han protagonizado el 26S: “Lo que ha pasado después de que haya caído el Real Decreto es que se ha formado una concentración de todas las organizaciones juntas, entrando a sol, hablando de que viva la lucha de la clase trabajadora y reivindicando la importancia de seguir organizadas”, han defendido algunas participantes.

Desde Sindicato de Vivienda de Carabanchel, una de las organizaciones de la acampada, Marta afirman que todo lo acontecido desde el desahucio de Maricarmen —quien gracias a la presión popular ha logrado recuperar finalmente su casa— ha servido para aglutinar y canalizar la rabia contenida de gran parte de la población. Para las organizaciones presentes en Sol, la acampada no es un fin sino un medio a través del cual arrancar acciones posteriores como protestas, movilizaciones y asambleas territoriales.

Aprovechando el altavoz mediático que ha traído consigo la lucha, “se han ido acercando determinados perfiles que quizás hace un par de semanas ni de broma se habrían planteado a empezar a militar o ir a una asamblea abierta y ahora lo contemplan como algo absolutamente necesario. Eso es un avance tremendo para los sindicatos”, comenta Marta ilusionada.

Aunque prefiere ser cauta a la hora de hablar de un posible viraje radical en la opinión pública y considera que deberá pasar un tiempo para comprobar los efectos sociológicos de esta semana, se enorgullece todo lo conseguido, que no es poco. “Lo que hemos vivido estos días hará que mucha gente empiece a situar el problema de la vivienda como un problema estructural”, celebra.

La juventud ha sido la gran protagonista de estos días, la mal llamada “generación de cristal” que se ha demostrado fundamental para tensionar a buena parte del gobierno estatal y regional. Desde los aledaños de su tienda, donde conversa con otros militantes que han pasado las últimas horas de la tarde achicando agua, nos recibe Raspu. A sus 20 años milita en la UJCE de Getafe y estudia un formación profesional en Producción Audiovisual. Estas seis noches en Sol ha compaginado la asistencia a clases en Carabanchel con la lucha en la acampada. Insiste en que su generación está hoy más concienciada que nunca sobre la coyuntura política y social que le rodea.

“La gente joven está activa en todo esto, lo que pasa es que se vende el relato de que la juventud es nazi porque a ciertos sectores del sistema capitalista les interesa vender ese relato. Pero la juventud no es nazi, de hecho mucha es abiertamente revolucionaria. La única diferencia es que ahora, por desgracia, no tienen vergüenza”, infiere. Ha descubierto cómo la autoorganización puede brindar esperanza a quienes muchas veces temen por su futuro en un mundo lleno de incertidumbres: “Puede parecer una cosa muy utópica, pero me levanto aquí, desayuno veo lo bien que todo funciona, cómo nos estamos limpiando todos, cómo a nadie le falta de nada. Entonces, me da una alegría que me quita de golpe el cansancio que pueda tener”, transmite emocionado.


Fuente: El Salto