miércoles, 12 de agosto de 2026

La dura realidad detrás del deseo occidental de que Ucrania está ganando la guerra a Rusia

 

 Por Àngel Ferrero   
      Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.


Cuando van a cumplirse cuatro años y medio de la segunda fase de la guerra de Ucrania, el país dirigido por Zelensky afronta severas dificultades que contrastan con la propaganda de sus países aliados


Manifestación de apoyo a Ucrania en Córdoba, España. Fotografía de Álvaro Minguito.


     El 25 de julio Ucrania atacó a un buque comercial iraní en el mar Caspio alegando que transportaba material militar entre Rusia e Irán, causando la muerte de uno de sus tripulantes. La diplomacia entre Kíev y Teherán –y, posiblemente, Moscú– logró que Irán abandonase la intención de adoptar represalias atacando un puerto ucraniano con un misil balístico. A pesar de tratarse de un incidente “menor” dentro de un conflicto más amplio, lo sucedido no resulta menos preocupante en tanto que ocurría, como es sabido, en el escenario de las hostilidades entre Irán y los Estados Unidos y sus aliados árabes en el golfo Pérsico. La única lectura, pues, que puede desprenderse de esta agresión militar es la de que el gobierno ucraniano buscaba conectar una guerra con la otra y arrastrar a sus aliados occidentales o, al menos, congraciarse con la administración de Donald Trump para conseguir más ayuda financiera y la rápida entrega de interceptores con los que defenderse de los ataques aéreos cada vez más frecuentes de Rusia.

Como parte de ese plan, el ejecutivo ucraniano también ha invitado recientemente a Laura Loomer, una conocida influencer de la ultraderecha estadounidense, a visitar el país y reunirse con su presidente, Volodímir Zelensky, y altos mandos militares, como Andriy Biletsky, responsable del Tercer Cuerpo del Ejército Ucraniano, fundado a partir del notorio batallón neonazi ‘Azov’.


Andriy Biletsky, lider del movimiento Azov ucraniano.

Loomer –que llegaba siguiendo los pasos del senador de Carolina del Sur Lindsey Graham, fallecido pocos días después a su regreso a EEUU– se deshizo en elogios hacia Ucrania y, en un peculiar intercambio en la red social X, aseguró a Tommy Robinson, una de las caras más conocidas de la ultraderecha británica, que una de las mejores cosas del país es que “no había visto ni a un sólo musulmán” durante su visita.


Manifestantes de extrema derecha con el Ayuntamiento de Leeds al fondo, mientras manifestantes tanto de izquierdas como de derechas se reunían en Leeds. La derecha marchó brevemente por el centro de Leeds y se produjo una detención.

Si hay una guerra que Kíev está claramente ganando es la informativa. Los medios de comunicación europeos, por inercias ideológicas o directamente autocensura, rara vez recogen las noticias negativas de Ucrania –como las derrotas militares, los problemas cada vez más graves de reclutamiento (que se lleva en muchos casos a la fuerza, desconociéndose la cifra exacta de soldados que han desertado o de los llamados a filas que evaden el alistamiento) o los escándalos de corrupción que afectan al gobierno– y amplifican las positivas en un patrón a estas alturas bien establecido, pero que alimenta pese a todo sesgos de interpretación y enturbia cualquier análisis con pretensiones de entender la realidad política y militar sobre el terreno.

“El problema es que el debate sobre Ucrania ocurre con frecuencia desde la distancia, a través de redes sociales, ecosistemas informativos partidarios, indignación fabricada y branding político”, ha observado recientemente Peter Bach en Counterpunch, “la guerra en Ucrania se ha convertido en un conflicto librado no sólo con misiles y drones, sino con narrativas que compiten entre sí, comunidades digitales e identidades reforzadas por los algoritmos”.

El analista Anatol Lieven se ha expresado con mayor gravedad: “Es difícil saber qué podría ser peor: si nos están mintiendo deliberadamente o si todos estos militares retirados y ‘expertos’ en seguridad que pregonan la victoria inminente de Ucrania realmente se creen este sinsentido”, ha escrito para Sidecar al agregar que “lo más probable es que el consenso político, burocrático, mediático, académico y de los think tanks en Europa se haya vuelto tan monolítico y absoluto que se lo crean, puesto que nadie dice nada diferente".

El coste económico de los ataques contra Rusia

Pero la realidad, para Ucrania, no es buena. Como ha recogido un periodista independiente, Peter Korotaev, que sigue de cerca los hechos –significativamente desde una página en Substack financiada por sus lectores, Events in Ukraine, y no desde un medio de comunicación establecido–, las cifras oficiales cuentan una historia muy diferente a la que leemos con una frecuencia cada vez más irregular.

Ucrania ha emprendido como es sabido una espectacular campaña de ataques con drones en territorio ruso. De acuerdo con cifras del Ministerio de Defensa de Rusia, sólo en julio se registraron 9.800 ataques de este tipo. Pero como señala Korotaev, los medios ucranianos informan de entre 5 y 10 objetivos alcanzados, lo que supondría un porcentaje de intercepción del 97-98% por parte de Rusia. En mayo y junio Ucrania lanzó unos 39 misiles de crucero ‘Flamingo’, de los cuales seis alcanzaron sus objetivos y el resto fueron interceptados. El pasado 6 de agosto Ucrania lanzó cinco misiles de crucero ‘Flamingo’, todos los cuales fueron interceptados por las defensas aéreas rusas en la región de Tiumén.

A comienzos de agosto, por comparación, la capital ucraniana sufrió un ataque ruso de 115 drones y 24 misiles balísticos. Ni uno solo de los misiles pudo ser interceptado. Incluso si EEUU mantiene su apoyo a Ucrania y estudia actualmente la posibilidad de que los sistemas ‘Patriot’ se fabriquen en territorio europeo o en la propia Ucrania, puede pasar un tiempo considerable hasta que estos sistemas estén disponibles. Washington no puede suministrarlos porque su propio inventario se ha visto reducido como consecuencia de la agresión estadounidense contra Irán y la respuesta de éste: según informaciones de Reuters, Arabia Saudí utilizó el 86% de sus 2.800 interceptores PAC-3 en los primeros 38 días de guerra y le quedaban unos 400 en el mes de abril; EEUU gastó por su parte el 65% de sus interceptores ‘Patriot’ entre febrero y julio, quedándose con menos de 850 de los 2.330 que tenía antes de la guerra contra Irán.

Serguiy Bezkrestnov, asesor del gobierno ucraniano en materia de drones, ha calculado que el coste de fabricación de un misil ruso del tipo ‘Iskander’, del que se producen 70 unidades mensuales, se encuentra en torno a los dos-tres millones de dólares, y del sistema S-400, igualmente ruso y del que se producen 50 unidades mensuales, entre uno o dos millones de dólares, mientras que cada misil del sistema ‘Patriot’ que puede interceptar a los dos anteriores cuesta cuatro millones de dólares y se producen entre 50 y 60 unidades al mes. Rusia también está desarrollando nuevos modelos de sus drones, en particular los ‘Geran’, que son más rápidos y difíciles de interceptar, así como sistemas de comunicaciones por satélite a baja altitud propios, una versión rusa del Starlink de Elon Musk llamada ‘Rassvet’ (Amanecer) que ha comenzado a desplegar.

Uno de los medios citados por Korotaev, strana.ua, ha calculado que la campaña aérea contra Rusia cuesta entre 980 millones y más de mil millones de dólares mensuales a Ucrania, con proyectiles que van desde los 60.000 hasta los 200.000 dólares por unidad. Una proyección anual, en ausencia de una nueva inyección de dinero occidental, supondría un coste de 12.000 millones de dólares, que es más del 12% del presupuesto actual de defensa, y al que aún habría que añadir los costes económicos en inteligencia, planificación e infraestructura sobre el terreno necesarios para llevar a cabo este tipo de operaciones.

Korotaev atribuye precisamente a este coste la necesidad de modificar sus objetivos: de la infraestructura petrolera y gasística a las refinerías de petróleo, primero, y los almacenes de grandes empresas de comercio online, como Wildberries, a la que acusa de apoyar material y económicamente la guerra, después. Pero es este cambio de objetivos lo que ha permitido a Rusia reparar las instalaciones dañadas por los ataques ucranianos y devolverlas a su actividad comercial: los puertos en el Báltico han retomado sus operaciones comerciales y, según el Financial Times, actualmente sietede las 26 refinerías que hubieron de suspender su producción no han podido restablecerla, mientras ocho han regresado a su plena capacidad y 11 de ellas han recuperado su actividad parcialmente.

Como consecuencia de ello, Moscú ha podido relajar las restricciones de combustible en su territorio, exceptuando la península de Crimea y otros territorios cercanos a la línea de frente. Por otra parte, el gobierno ruso ha instalado defensas aéreas en torno a la capital que no dejan ya ningún corredor aéreo a los drones ucranianos, que ahora buscan otros objetivos que resuenan mucho menos en el público occidental que un ataque a Moscú o San Peterburgo.

“La conclusión es que Ucrania sigue cambiando sus objetivos porque carece de los suficientes drones para superar las defensas aéreas rusas que se instalan una vez una serie de objetivos ha sido atacado”, escribe Korotaev, “esto, al mismo tiempo, indica que a Ucrania eventualmente se le agotarán los objetivos sin proteger.” Este periodista también opina que los ataques tienen como objetivo suministrar a los medios de comunicación occidentales fotogénicas instantáneas de columnas de humo que permitan a Kíev ganarse a la opinión pública de aquéllos países y mantener su apoyo financiero y militar. En el Donbás, mientras tanto, Rusia continúa su avance lento, pero constante, sin que los medios de comunicación occidentales informen sobre él.


El ejército ruso está a menos de cinco kilómetros de las ciudades de Sloviansk y Kramatorsk, Donetsk. Donbás.

A comienzos de julio la periodista Olha Kyrylenko, del medio Ukrainska Pravda, preguntó a los militares que estaban combatiendo en la línea de contacto si las campañas de drones de medio y largo alcance estaban sintiendo los efectos de las mismas en la situación que ellos vivían.


De vuelta a la realidad: cómo Ucrania está utilizando —y desperdiciando— su ventana de oportunidad veraniega en el campo de batalla.

Un oficial del 19º Cuerpo del Ejército desplegado cerca de Kostiantynivka respondió secamente: “Nada”. Y añadía: “¿Qué ataques de alcance medio? Nosotros somos tropas aerotransportadas. Lo único que sentimos son los drones rusos ‘Molniya’ y los FPV”.

“No sé en qué momento hemos tomado la iniciativa”, declaró a Ukrainska Pravda otro oficial de uno de los cuerpos desplegados en la región de Donetsk, que no fue menos expeditivo en su juicio: “En algunos frentes solo ha habido una tregua en la actividad de esos maricones [sic], pero tarde o temprano volverá a recrudecerse. 

En el frente de Sloviansk, la ofensiva rusa no ha cesado desde la caída de Siversk. Las brigadas que mantienen la línea en torno a Kostiantynivka están agotadas. Lo mejor que podemos hacer es utilizar operadores de drones para mantener la presión sobre esos maricones [sic]. Eso es todo".

Los costes de la guerra de desgaste

Los ataques ucranianos contra la infraestructura rusa no han quedado sin respuesta. Rusia ha atacado por los mismos medios la red de estaciones de servicio en Ucrania, forzando a algunas compañías a limitar el suministro de combustible a los consumidores. El país tampoco ha podido reconstruir del todo sus centrales energéticas y no se descarta que este invierno haya apagones de electricidad de 8 a 14 horas al día en algunos puntos de su territorio. El primer ministro ucraniano, Serhiy Koretsky, ha asegurado que el gobierno necesita 650 millones de dólares adicionales para proteger su sector energético y evitar los incidentes del invierno anterior. El ministro de Energía, Denis Shmyhal, ha alertado por su parte de que Rusia podría ampliar su abanico de objetivos e incluir el suministro de agua y el alcantarillado, complicando todavía más la vida de la población.

Otra de las respuestas asimétricas de Rusia ha sido atacar los puertos ucranianos, dificultando su tráfico marítimo: las autoridades ucranianas han contabilizado 57 ataques con drones a embarcaciones bajo su bandera y 67 ataques con drones a sus puertos. En declaraciones a la agencia Reuters, el responsable del Ministerio de Agricultura, Taras Vysotskyi, anunció pérdidas de hasta tres mil millones de dólares por el cierre de los puertos ucranianos.

La mitad de las exportaciones de grano, unos 30 millones de toneladas, podría realizarse a través de otras rutas, pero los costes del transporte ferroviario pueden aumentar a causa del aumento de la demanda hasta un 30% y las rutas fluviales a través del Danubio no permiten el transporte de los volúmenes existentes, a lo que se añade los bajos niveles de agua debido a las elevadas temperaturas de este verano. Algunas embarcaciones se han negado a entrar en puertos ucranianos porque las aseguradoras se niegan a cubrirlas por los elevados costes asociados.

La factura del cierre de los puertos se extiende al sector metalúrgico del país, que atraviesa serias dificultades desde julio, cuando la Unión Europea eliminó las exenciones a la importación de acero ucraniano para defender su producción, una decisión criticada por los empresarios ucranianos del sector.


Un empleado trabaja en la siderúrgica Zaporizhstal en Ucrania, propiedad en parte de Metinvest.

Así, Ferrexpo detuvo las operaciones de dos fábricas de acero el 5 de agosto debido al cierre de los puertos ucranianos. Si la situación se prolonga podría llevar a escenarios de un mayor deterioro la balanza comercial del país, un empeoramiento de la inflación, la devaluación de la gryvna y una crisis del sistema financiero si las empresas ya no pueden pagar los préstamos contratados con varias entidades bancarias.

Con gran repercusión en los medios de comunicación occidentales, Ucrania ha atacado 12 centros logísticos de Wildberries. Según Zelensky, esta compañía rusa suministra “componentes destinados a la producción de drones y equipos de navegación”, aunque una investigación del medio opositor Meduza no ha encontrado ninguna prueba de vínculos entre la empresa y el Ministerio de Defensa ruso, aunque sí que grupos de voluntarios han adquirido en su portal equipamiento militar –kits de ayuda médica, equipos de radio y de visión nocturna, defensa corporal y componentes de doble uso que pueden usarse para la construcción de algunos drones– de manera abierta y regular, si bien a una escala modesta, queeste medio ruso con sede en Riga ha calculado en 221.000 dólares para el año en curso y que, por su naturaleza, no puede afirmarse que proporcionase una ventaja decisiva a Rusia en el terreno militar. Otras teorías sugieren que con estos ataques Ucrania busca golpear a la economía rusa y hacer ver a sus consumidores que no están exentos de las consecuencias del conflicto.

Como ocurre con la infraestructura energética, estos ataques han sido contestados simétricamente por Rusia con un incremento de sus envíos de drones y misiles contra el servicio postal, Nova Poshta, Rozetka –el equivalente ucraniano de Wildberries– o las cadenas de supermercados Epicentr y ATB. El 5 de agosto fue destruido el mayor centro logístico de Rozetka en el país, en Brovarí, sin posibilidad de poder ser reconstruido. Además del daño económico para Ucrania, la destrucción de estos centros podría llevar a un alza de los precios de los bienes de consumo y a problemas de suministro, con un margen fiscal para indemnizar a las empresas estrecho debido a las limitaciones presupuestarias.

El texto de Korotaev termina con una valoración de la situación de Roman Ponomarenko, un analista militar de ‘Azov’, que merece ser citada en toda su extensión: “Ya no nos queda nada con lo que interceptar los misiles rusos, y el enemigo lo sabe, se está preparando en consecuencia y está reforzando sus capacidades. Esto plantea naturalmente la pregunta: ¿Qué vendrá después? ¿Cuál es la estrategia en una situación que ya presenta todos los indicios de ser crítica? ¿Suplicar una vez más a nuestros ‘socios’ que nos proporcionen más misiles de defensa aérea? Están de vacaciones de agosto. Y, además, nadie nos va a dar suficientes misiles para proteger por completo nuestro espacio aéreo, eso es obvio. ¿O deberíamos destruir los lanzadores de misiles balísticos rusos, como dijo ayer el presidente? Quizás funcionase una o dos veces. Generaría un efecto mediático a corto plazo, pero poco más. Los artífices de la ‘Operación Teleraña’ serían los primeros en confirmarlo. Si no hay una solución eficaz para proteger nuestros cielos, espero que todo el mundo comprenda lo que nos espera: más destrucción, enormes pérdidas materiales y numerosas víctimas civiles, sin prácticamente ninguna forma de contrarrestarlo. Como dijo una vez Riddick: ‘No te metas con Dios, no te va a gustar lo que pase después.’ Solo eso ya da mucho en qué pensar. P. D. Quizá te preguntes por qué la ‘gente con pancartas de cartón’ [en referencia a los manifestantes que piden la reinstauración del exministro de Defensa, Mijailo Fedórov] no está planteando ahora mismo cuestiones realmente importantes como éstas. Porque el nuestro no es un país de cuestiones importantes. El nuestro es un país de sensacionalismo mediático. Y las consecuencias son, como siempre, exactamente las que cabría esperar.”

“Sabes que las cosas no van bien cuando ‘Azov’ es la voz sensata en este manicomio”, concluye Korotaev.



Fuente: El Salto

martes, 11 de agosto de 2026

Trump ataca el dólar (y puede que lo pagues tú con recortes)

 

 Por Iván H. Ayala   
      Economista y doctorando en la UCM, especializado en metodología económica, Unión Europea y financiarización.


Lo que ocurrió el 31 de julio es que el deudor más grande del mundo salió al mercado a defender la moneda de su acreedor y ahí esto deja de ser una historia de mercados, porque lo que se dirime es qué visión de la política económica gobernará la próxima década


Trump y Takaichi en el encuentro que se produjo en el Despacho Oval en marzo de 2026.


     El viernes 31 de julio el Tesoro de Estados Unidos compró yenes. Lo confirmó el secretario del Tesoro Scott Bessent y lo celebró el propio Trump ante la prensa. Es la primera intervención coordinada para comprar yenes desde 1998, con una cifra estimada de 36.000 millones de dólares en una sola jornada. Una amistad que cuesta cara.


‘Es bueno para la economía mundial’; ¿por qué es inusual que Trump haya intervenido junto a Japón para apuntalar el valor del yen?

Pero no se gastan 36.000 millones por fraternidad. Japón es el mayor acreedor exterior de Estados Unidos, con 1,24 billones de dólares en deuda del Tesoro. Lo que ocurrió el 31 de julio es que el deudor más grande del mundo salió al mercado a defender la moneda de su acreedor. Ningún manual de economía internacional describe esa operación. La pregunta es por qué.

La respuesta corta es que el circuito que hacía innecesaria la intervención se ha roto. Durante décadas, los tipos japoneses en cero expulsaban el ahorro hacia los Treasuries (títulos de deuda pública estadounidense), ese ahorro sostenía el dólar y abarataba la deuda americana, y todo se cerraba solo. Hoy el bono japonés a diez años paga cerca del 2,8%, máximo en treinta años, mientras que un Treasury, una vez pagado el seguro de cambio que cuesta el diferencial de tipos a corto, deja unos dos puntos en yenes garantizados.


El rendimiento del bono japonés a diez años sube al 2,81%, máximos de casi 30 años.

Una aseguradora japonesa con pasivos en yenes ya no tiene incentivo a comprar Treasuries, sino a venderlos y volver a casa: en el primer trimestre los inversores japoneses vendieron 29.600 millones en deuda americana, la mayor salida desde 2022. El ahorro japonés vuelve a casa porque por fin le pagan en casa.

Hasta aquí no hay política, hay aritmética. Pero la aritmética no explica por qué un ajuste que el sistema anterior habría digerido en silencio exige ahora un rescate con rueda de prensa. Ahí entra Trump. Su guerra en Ormuz encareció el crudo que alimenta la inflación japonesa y obliga al Banco de Japón a subir tipos, invirtiendo el diferencial que mantenía el ahorro japonés al otro lado del Pacífico.

Su guerra arancelaria y sus amenazas a quien busque alternativas al dólar han erosionado el papel del dólar como moneda de reserva. Y su asalto a la Reserva Federal, con Stephen Miran en el consejo y Kevin Warsh en la presidencia, ha puesto precio al riesgo de que la FED sea otro errático departamento de la Casa Blanca antes que a la estabilidad. El bono a treinta años en el 5,2%, máximo desde la crisis financiera, lo confirma.


El bono estadounidense a 30 años marca máximos no vistos desde 2007.

La ironía es que Trump dice querer sostener el dólar como moneda de reserva. Su doctrina, formulada por Miran, quiere un dólar más barato para recuperar la manufactura y a la vez un dólar que siga siendo la moneda mundial para financiarse barato y conservar la palanca geopolítica. El privilegio sin la carga. Pero la hegemonía nunca fue un decreto. Era un conjunto de condiciones, previsibilidad, un banco central creíble, acceso incondicional al activo seguro, y todo eso es lo que Trump está erosionando.

El detalle que vale más que la intervención está en la fontanería. Los Estados no acumulan reservas en billetes sino invertidas en deuda: para defender el yen a gran escala, Tokio tendría que vender Treasuries, y cada venta encarece la deuda de un Tesoro que ya paga un billón anual en intereses. La defensa del yen la acababa pagando Washington. Por eso Tokio anunció que podrá recurrir a la facilidad FIMA de la Reserva Federal y obtener dólares dejando sus Treasuries en prenda, sin vender un solo bono. La Fed queda instalada como aseguradora de última instancia del sistema entero, acreedor japonés incluido. La hegemonía del dólar, se ve ahora, nunca residió en que el mundo quisiera Treasuries, sino en que Washington controla el acceso a la liquidez de última instancia y decide a quién respalda y contra qué garantía. Administrar el colateral ajeno es lo que hace un hegemón cuando la hegemonía deja de ser gratis.

Y aquí esto deja de ser una historia de mercados, porque lo que se dirime es qué visión de la política económica gobernará la próxima década. Una es la anterior a 2008: banco central independiente controlando la inflación y política fiscal disciplinada a su servicio, la dominancia monetaria. La otra es la que la crisis obligó a improvisar: política fiscal activa y política monetaria sosteniéndola. De cuál se imponga dependerá que la respuesta se llame austeridad o se llame normalidad.

La lectura ortodoxa, la de John Cochrane, dice que el 5,2% es la prima que el mercado cobra elevados niveles de deuda pública y déficit que nadie corrige, y su mandato es la consolidación, recortes mandatados por los mercados. Es exactamente como se leyeron las primas de riesgo de España e Italia entre 2010 y 2012. Se recortó en sanidad, educación e inversión, y las primas siguieron subiendo. Lo que las hundió no fue ningún recorte sino tres palabras que Mario Draghi pronunció en julio de 2012 y de las que se han hecho hasta camisetas: whatever it takes. Bastó la existencia de un comprador de última instancia. Los mercados no cotizaban la deuda de nadie, cotizaban la ausencia de respaldo monetario, como demostró De Grauwe comparando países igual de endeudados con y sin banco central propio. Aquella lectura costó una década perdida, y no era neutral: la austeridad protege el valor de los títulos, disciplina al deudor y blinda al tenedor. Es la visión de los acreedores, y los acreedores tienen siempre incentivos para volver a imponerla.

Las lecturas alternativas pasan el test que la ortodoxia suspende, explicar por qué el deudor defiende la moneda de su acreedor. Para Michael Pettis, lo que vemos es el ahorro japonés dejando de exportarse porque su mercado vuelve a remunerarlo: los rendimientos no juzgan la solvencia de nadie, y recortar mientras se retira el comprador extranjero es sumar dos contracciones. Para Daniela Gabor, el FIMA revela que el balance del banco central ya hace política fiscal cada vez que decide qué colateral acepta y de quién; discutir décimas de déficit mientras esa infraestructura se expande sin escrutinio es mirar el dedo. Ambas comparten el fundamento postkeynesiano: el tipo de interés es una variable de política, no un veredicto sobre la solvencia, y la restricción real de un emisor de su propia moneda no es financiera sino inflacionaria, exactamente la que el crudo de Ormuz aprieta.

Europa es el terreno donde más se juega. El tramo largo americano arrastra al alza los tipos de todo el mundo, así que los presupuestos europeos sentirán la presión sin haber hecho nada, justo cuando las reglas fiscales vuelven a apretar y hay que financiar defensa y transición. Si el marco ortodoxo se impone, el manual de 2010 está listo para reaplicarse. Y lo que Japón acaba de conseguir, defender su moneda sin liquidar sus activos, Europa no puede replicarlo porque sigue sin un activo seguro común: el economista jefe del BCE, Philip Lane, lleva meses pidiéndolo, pero el tabú fiscal manda, y la fragmentación del dólar la está capturando el oro, no el euro. Ningún país se juega más que España, que crece por encima de la media europea apoyada en la demanda interna y la inversión pública. Para España, el regreso del manual de 2010 no es un debate académico: es la amenaza de repetir la década que ya perdió una vez.

Si se impone la premisa de que el sistema se sostiene interviniendo, la era que se abre no es la de la austeridad sino la de la gestión permanente, bancos centrales haciendo política fiscal encubierta y tesoros haciendo política monetaria por delegación. Esa gestión no es buena ni mala: depende de a quién respalde. El balance del banco central usado para sostener el pleno empleo es una conquista democrática por vía técnica; el mismo balance usado solo para asegurar el patrimonio de quien ya lo tiene es un seguro de élites pagado por todos. Julio ha enseñado que el segundo ya existe y funciona, incluso en fin de semana, mientras el primero sigue considerándose imposible, inflacionario o ingenuo. La lectura que se imponga no será técnica sino política. El dólar que se sostenía solo también sostenía esa ficción, y es lo segundo que Trump ha enterrado.


Fuente: El Salto

La IA china hace sudar frío a EEUU

 

 Por David Bollero   
      Periodista.


China lleva muchos años invirtiendo en IA y ahora recoge sus frutos.

     Sucedió con los vehículos eléctricos y está pasando de nuevo con la Inteligencia Artificial (IA): China le está comiendo la tostada a Occidente. Más allá de quienes se agarran a un clavo ardiendo amparándose únicamente en lo dopada por el Partido Comunista Chino (PCC) que está la fabricación de productos, lo cierto es que sus productos son tecnológicamente punteros y, en cuanto a inversión estatal de I+D, China es la reina. El modelo de IA de DeepSeek, que ya hizo sudar frío a los estadounidenses, repita otra vez demostrando ser mucho más económico.

El último análisis comparativo de Artificial Analysis no deja lugar a dudas: el coste por tarea con DeepSeek, en su versión V4 Flash 0731, es un 60% más barato que el GPT-5.6 Luna de OpenAI, y ello a pesar de que recientemente la compañía que lidera Sam Altman abarató su coste en un 80%. La diferencia es, pues, abismal.

Una de las claves para conseguir este abaratamiento consiste en que el modelo de DeepSeek aprovecha las respuestas almacenadas en caché, consiguiendo tasas de descuento por acierto del 98%, frente al 90% de la mayoría de la industria. Además, el estudio destaca la menor tasa de alucinaciones de este modelo, es decir, que se han reducido los resultados incorrectos o engañosos a las consultas producto de haber identificado erróneamente patrones u objetos inexistentes. El estudio de Artificial Analysis también resulta interesante porque señala que esta última versión de DeepSeek mejora en todas las evaluaciones del Índice de Transparencia.

Paralelamente en Reino Unido, la organización OpenUK acaba de publicar un informe sobre IA en la que sostiene que China lidera la IA de código abierto (open source), no sólo con DeepSeek, sino también con Qwen de Alibaba y, muy especialmente, con Kimi K3, de la startup china Moonshot AI. Éste último ha devuelto el temblor en las pantorrillas de los millonarios de Silicon Valley, que ven cómo desde China se está batiendo en rendimiento a los modelos de Anthropic y OpenAI, necesitando además menos potencia de computación, lo que también hace pupa a Nvidia, el mayor suministrador de chips para IA.

Según el gobierno chino, los grandes modelos de IA de código abierto del país se han descargado más de 10.000 millones de veces en total. El mensaje que China lanza al mundo es claro: ¿por qué pagar grandes sumas de dinero a las empresas estadounidenses que no abren su código, cuando es posible adoptar modelos open source que, además, te aseguran no perder el control de los datos más sensibles?


El logo de la aplicación de inteligencia artificial Deepseek en un smartphone sobre la bandera china.

La noticia llega justo en un momento en el que el gobierno de Reino Unido advierte que los modelos más punteros de Anthropic y OpenAI han mostrado comportamientos autónomos y engañosos nunca vistos.


El logo de OpenAI, la empresa de ChatGPT.

Durante una simulación de ciberataque llevada a cabo por el Instituto de Seguridad de la IA (AISI, por sus siglas en inglés), estos modelos crearon perfiles humanos falsos para intentar engañar a personas. Previamente, OpenAI había advertido de que su nuevo modelo provocó un ciberataque "sin precedentes" y se descubrió que tres modelos de IA de Anthropic accedieron a internet y hackearon los sistemas de tres organizaciones.


Ilustración del logo de Anthropic.

China no precisa extorsionar torticeramente con aranceles absurdos o invadir países ilegalmente cobrándose decenas de miles de vidas humanas como hace EEUU (no se pierdan las columnas de Pedro Barragán al respecto).


Sam Altman, CEO de OpenAI, durante una conferencia en Tokio, a 3 de febrero de 2025.

Pekín es mucho más inteligente y mira a la economía desde su falso comunismo con las gafas de la tecnología, que a fin de cuentas, mueve hoy por hoy el mundo. El gobierno de Xi Jinping afirma que China ya cuenta con más de 6.200 empresas de IA. Mientras Occidente sigue anclada en la narrativa de descrédito a China, esta se mueve y lo hace más rápido. Prueba de ello es la reciente creación de la Organización Mundial para la Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO, en inglés).

WAICO se lanzó en la Conferencia Mundial de la IA de 2026 (WAIC) de Shanghái el pasado mes de julio con la participación de casi una treintena de países, fruto de la propuesta que el presidente Xi Jinping realizó a finales de 2025. Su finalidad contempla impulsar los estándares, las normas de gobernanza y establecer líneas de desarrollo y colaboración internacional, entre otras. Ni Europa ni EEUU se lanzaron a liderar una iniciativa así, fue China. El secretario general de las ONU, António Guterres, estuvo presente en la firma fundacional de WAICO, cuya premisa es seguir los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, aunque no encaja directamente en su estructura.

De hecho, WAICO es otro síntoma de la guerra fría que vivimos por el dominio de la IA, puesto que no se han sumado ni EEUU ni países europeos de peso. Junto a China, entre los países fundadores se encuentran Cuba, Brasil, Venezuela, Rusia, Bielorrusia, Serbia, Pakistán, Indonesia, Omán, Laos, etc.


Xi Jinping con Vladimir Putin en 2025.

Como lleva años haciendo desde la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), China no sólo quiere liderar diferentes ámbitos tecnológicos, sino también ser decisivo a la hora de marcar sus pautas de desarrollo e implantación.

A nadie se le escapa que detrás del discurso de Jinping de “promover el desarrollo sostenible y prevenir la creación de una nueva injusticia histórica en la IA”, poniendo a disposición de los países en desarrollo capacitación, seminarios y tecnología de IA, se encuentra el acaparamiento de poder. Sin embargo y aunque lleva décadas haciéndolo, su estilo es muy distinto del tosco de EEUU, que avanza como un elefante en una cacharrería y no tiene visos de cambiar de actitud.


Fuente: Público


domingo, 9 de agosto de 2026

Marruecos, con Israel y Estados Unidos, enemigo de la Humanidad

 

Por Pedro Costa Morata
   Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


En el regreso, reincidente en el tiempo, a la incivilización y la barbarie que el mundo muestra exhibiendo genocidas, provocadores y émulos aventajados de unos y otros, hay que ubicar al Reino de Marruecos debido a su estable constitución neocolonial con ínfulas crecientes de sub imperialista. Ha pasado, así, de una ética anticolonial y cuasi revolucionaria, alzada contra la permanente intromisión de potencias como España y Francia antes de la independencia en 1956, a una configuración feudal y neocolonial en la que el monarca ostenta la representación activa de todas las contradicciones, controlándolo todo, represión política y poder económico en primer lugar; pero que también hace de firme enlace con fuerzas ajenas a las que se entrega a cambio de que sostengan su estatus de privilegio frente a un pueblo empobrecido y fugitivo, sin dirigentes que lo reivindiquen.

En ayuda de esta dictadura, tan personalista, al rey marroquí le viene su calidad de Comendador de los Creyentes (Amir al-Muminín), es decir, jefe religioso del Islam en virtud de considerarse descendiente directo del profeta Mahoma a través del hijo, Hasán, del matrimonio de su (única) hija Fátima y de Alí, cuarto califa.


Mohammed VI. Comendador de los Creyentes. (Gettyimages).

Así que además de jefe político omnímodo, para los marroquíes su rey es jefe religioso absoluto, por lo que toda crítica u oposición, además de atentar contra el jefe del Estado lo es contra el líder espiritual, resultando por lo tanto herética (o poco menos). Gozan de este título todos los sultanes alauíes desde que derrocaron a la dinastía anterior, la saadí, en 1659, y lo ostenta el actual rey Mohammed VI.

Lo curioso es que, en el decidido acercamiento de esta monarquía al Estado israelí, enemigo de la Humanidad y por lo tanto del Islam y sus creyentes, el mundo musulmán siga expresando al rey marroquí respeto y devoción por descender del Profeta, y así lo hace la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), que ya en 1979 distinguió además al rey Hasán II como presidente del Comité Al-Quds (nombre árabe de Jerusalén), encargado de velar por el carácter musulmán de la tercera Ciudad Santa del Islam, esa que los israelíes invadieron, ocuparon y maltratan con sus excavaciones insultantes, humillaciones históricas, limpieza étnica y provocaciones políticas y religiosas.


Gaza destruida. (Gettyimages).

El análisis del Marruecos actual hay que hacerlo contando ineludiblemente con sus conflictos neocoloniales, que responden a fuerzas y residuos de la Historia, más allá de la naturaleza dura e implacable de un régimen monárquico de corte feudal, más que tradicional, que se pretende democrático y así se impone a las fuerzas políticas que se le someten, incapaces de mostrar vida propia o una actitud crítica hacia los fundamentos de un espectáculo antipolítico y amenazador (ni exótico ni grotesco).

Anotemos, simplemente, en los rasgos neocoloniales del Reino de Marruecos que, mientras reivindica, con razón y legitimidad, su soberanía sobre las plazas españolas de su costa mediterránea, somete, contra la Historia y el Derecho, a todo un pueblo, el saharaui, que lo rechaza y lo abomina, hasta el punto de que, con la invasión y ocupación de su territorio, el núcleo permanente de su política neocolonial ha tenido que consistir en impedir por todos los medios cualquier referéndum que dé voz a esos invadidos y reprimidos, porque lo perdería sin duda alguna. Marruecos se impone, por las armas y la represión, a un pueblo que lo rechaza desde hace siglos.

La novedad, de gran envergadura y trascendencia es que Marruecos, siguiendo instrucciones y por encargo de los Estados Unidos (ya antes de Trump, mucho antes), está poniendo en manos de Israel su tecnología militar, sus sistemas de vigilancia y espionaje y su modus belli, todo ello para (1) someter al pueblo saharaui y sus fuerzas armadas, (2) someter a su propio pueblo, intimidado y perseguido, y (3) chantajear a España y obtener con el menor coste posible las ciudades y peñones de soberanía española en la costa marroquí. Una alianza, la marroco-israelí, a la que se amarra el rey alauita sin que le importe su carácter netamente blasfemo: ¡el Comendador de los Creyentes y protector de Al-Quds, aliado con los genocidas del pueblo árabe-musulmán de Palestina!

Lo importante es anotar, y describir, los rasgos esenciales de esta “integración” de Marruecos en el bipolo satánico de Trump-Netanyahu, para formar un triángulo desigual pero bien armado, y saber bien a qué atenernos; y para ello debemos proceder a un cuadro comparativo de las similitudes entre el Estado genocida de Israel y el Reino represivo de Marruecos para ilustrar hasta qué punto ambos se conchaban contra la Humanidad. Y el primero de estos rasgos es, sin duda alguna, que Israel y Marruecos someten a opresión y marginación a los pueblos palestino y saharaui, respectivamente, cuyos territorios históricos y legítimos ocupan ilegalmente. Y aunque no sea con exactamente el mismo objetivo, pero como inocultable “detalle” de su modus operandi, ambos regímenes han construido un Muro para hacer más fácilmente realizable su dominio sobre ellos, con la sujeción física directa: un Muro de infamia que muestra bien a las claras su discurrir entre el desprecio y el miedo.

En segundo lugar, y estrechamente vinculado con lo anterior, ambos Estados proceden a la eliminación de esas dos poblaciones con distintos objetivos y métodos: Israel mediante su liquidación total en las áreas que se quiere anexionar en una estrategia claramente genocida, y Marruecos con la “minimización” de los autóctonos en el territorio del Sáhara que invadió, ocupó y explota, con una política de inmigración y colonización que busca su desaparición a plazo.

Ambos Estados, como tercera nota, hacen caso omiso de los mandatos del Derecho y la Ley internacionales, singularmente la Carta de la ONU y las resoluciones de ella emanadas, sean del Consejo de Seguridad, sean de la Asamblea General; pretextando derechos históricos en ambos casos sobre las tierras invadidas, con el agravante israelí de apelar a la defensa propia por considerar terroristas, en definitiva, a todos los palestinos (Estados Unidos ya prevé, para satisfacción de Marruecos, declarar al Frente Polisario como grupo terrorista).

Ambos Estados, quinta semejanza, gozan de impunidad de hecho en su burla hacia la Comunidad internacional, que por su parte se muestra incapaz de adoptar medidas legales y coercitivas para que cesen sus abusos e incumplimientos, así como sus crímenes contra la Humanidad que, presentes en ambas situaciones, son de entidad espeluznante de la parte israelí. Recordemos, no obstante, el bombardeo con napalm con que la aviación israelí machacó en la transición de 1975 a 1976 a los grupos saharauis que huían de su territorio camino del exilio en Argelia (Hay que insistir: estas diferencias son de grado, no de esencia.)

Ambos Estados se amparan en el poder casi omnímodo de los Estados Unidos de América, con los que mantienen una “relación especial” de alianza, dependencia y criminalidad internacional, haciendo de peones subimperialistas a los que se premia con dejarles las manos libres para resolver los molestos asuntos que les conciernen: la eliminación, sumisión o humillación de los pueblos que no se les someten, y el control interior. Esto, en sexto lugar.

En séptimo lugar, ambos Estados viven una militarización obsesiva y agresiva, siempre con el pretexto de la seguridad, exterior e interior, con una componente creciente en inteligencia, es decir, en espionaje y persecución tecnológica de críticos y opositores. En este aspecto, Marruecos se ha ligado con Israel por el Acuerdo de Cooperación en Materia de Seguridad firmado por los ministros de Defensa de Rabat y Tel-Aviv en 2021, como primera consecuencia tanto de la ruptura del alto el fuego con el Polisario como del reconocimiento diplomático mutuo, lo que se ha redoblado en 2026 con un Plan de Acción Militar.

En octavo, y último lugar, ambos Estados son expansionistas: el israelí por un fondo teocrático (con la apelación desvergonzada a las novelas de la Biblia) y por sus planes de carcomer a los Estados de su entorno (el Gran Israel); y el marroquí por un nacionalismo hecho de frustraciones coloniales y alucinaciones nacional-fascistas (el Gran Marruecos).

Este es el cuadro de semejanzas entre los regímenes marroquí e israelí con el que hay que contar sabiendo de sus intenciones y agresividad; porque nos enfrentamos -desde España y desde el mundo perplejo e indignado- a una alianza que no cederá en sus propósitos de abuso, dominio e imperio, sabiendo, como lo saben, que gozan de un momento de impunidad por el padrinazgo norteamericano y la inepcia de la comunidad internacional.