domingo, 25 de octubre de 2026

Lo Perentorio

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     De Portugal a España, de Francia a Bélgica, de Alemania a Grecia... Protestan por el coste de la vivienda, por los recortes educativos, por la congelación de las pensiones, por el disparado coste de la vida, por la creciente militarización y el gasto militar mientras se recortan partidas sociales. Un fantasma recorre Europa, como aquél al que se refería Karl Marx en 1848.

Porque el edificio social no se aguanta. Llevamos demasiado tiempo huyendo hacia adelante, acumulando contradicciones y ahondando en la insostenibilidad general de nuestro sistema, sin dar soluciones reales a nuestros problemas, sin atrevernos a plantear lo que tenemos que plantear.

Suelo comentar en las charlas que la consolidación de la socialdemocracia en Europa tras la Segunda Guerra Mundial es consecuencia de un pacto en el que los partidos de izquierda renuncian a hacer la revolución pendiente hacia el socialismo o el comunismo, en tanto que el capital se compromete a ofrecer una cara más humana, apostándose por un refuerzo del Estado del Bienestar. Eso ha permitido que, durante décadas, no haya habido un cuestionamiento abierto del capitalismo por parte de los partidos dichos "de izquierda". En el largo plazo, eso ha hecho que la frontera ideológica entre la izquierda y la derecha haya quedado un tanto diluida, hasta el punto de que, antes de la crisis de 2008, parecía que lo único importante era su posicionamiento en materia de libertades individuales y una visión más tradicionalista o más innovadora de la sociedad. La política económica era prácticamente la misma entre los partidos con posibilidades de gobierno, y las políticas sociales (donde había más diferencias de criterio) no podían en ningún caso contradecirla, por lo que, cuando llegó la crisis del 2008, hasta los gobiernos de izquierda aplicaron recortes sociales.

Pero ahora estamos en un momento histórico. La fase expansiva del capital ha llegado a su fin. El mundo se le ha quedado pequeño. Los recursos empiezan a escasear (es un sarcasmo decir esto, si se tiene en cuenta su obscena abundancia: más que escasear, su disponibilidad ya no crece sino que mengua, pero sigue siendo gigantesca). Los problemas ambientales crecen y se multiplican. Y la estructura social se tambalea. 

En su búsqueda incesante del crecimiento, el capital está extrayendo renta de los últimos nichos que le quedan. Por un lado, ha apostado con fuerza por la última locura tecnológica, la Inteligencia Artificial, hinchando una enorme burbuja que inevitablemente tendrá que reventar. Por el otro, ha acaparado un bien de primera necesidad, al que todo el mundo se ve obligado a recurrir, la vivienda, de forma parecida a como ya lo hizo hasta 2008 y que llevó a la gran crisis de aquel entonces. Pero la crisis de 2008 fue una crisis hipotecaria, es decir, de compradores. En 2026 estamos en una crisis de alquiler. Ya no es poseer: es tener un lugar donde dormir, aunque no sea tuyo. Estamos llegando a las últimas posibilidades de exprimir el mercado de la vivienda. O más bien, de exprimir a las rentas del trabajo.

Lo de Ormuz no va mal. Va fatal. A Irán se le ha acabado la paciencia, y después de que los EE.UU. le hundiera 5 petroleros en septiembre se ha quedado casi sin capacidad de exportar. Después de varios intentos y avisos de que solo permitiría pasar barcos que bordearan la costa iraní, con pago de peaje incluido, la persistencia en burlar el bloqueo por el método de pasar por el lado de la costa de Omán, apagando el AIS de los buques y contar con escolta americana ha hecho que Irán dé un puñetazo en la mesa. En los últimos días ha hundido dos superpetroleros y dos buques portacontenedores, y en seguida el petróleo Brent ha llegado casi a los 110 dólares por barril. En las últimas semanas, Irán ha reiterado su disposición a abrir el estrecho con un "plan de 7 días", pero está claro que sus términos no son aceptables para los EE.UU. Así que la cosa solo puede ir a peor.

El precio del combustible está disparado en Europa, con valores por encima de los 2€ el litro en la mayoría del continente. Y la cosa puede ir a peor: el reciente desplome de los márgenes de refino hasta valores negativos hace que algunas refinerías en Europa se planteen reducir e incluso parar la producción. Puede parecer paradójico que justo cuando los combustibles son más caros las refinerías puedan perder dinero, pero en eso influye mucho la volatilidad del precio del petróleo físico y los compromisos de suministro a plazo. El precio del petróleo físico es aquel con el que llega a la refinería, e incluye tanto el precio de la materia prima en sí (que es el que se suele dar en las noticias) como el precio del transporte y de los seguros, ambos actualmente disparados por la mayor longitud de las rutas y por los riesgos enormes de transitar alrededor del Golfo Pérsico. Hace ya meses que el precio del petróleo físico supera habitualmente los 150$, pero con la reciente subida de precio del petróleo en sí y de los seguros (no ayuda mucho que se estén hundiendo barcos), ahora mismo supera frecuentemente los 170$, comiéndose los márgenes que hace unas pocas semanas habían llegado hasta los 100$ para el diésel. Así que el incremento del precio del petróleo puede, paradójicamente, llevar a cerrar refinerías, haciendo la escasez aún mayor.

Y recordemos que no solo el petróleo está varado en Ormuz. Falta gas natural, lo que es preocupante en Europa de cara al invierno, tanto por las necesidades de calefacción como para la estabilidad de la red eléctrica (ya se habla de reducir el consumo de gas un 7%). Faltan fertilizantes, justo cuando en unas semanas debería empezar la siembra del cereal de invierno. Falta ácido sulfúrico que afecta a la extracción de todo tipo de metales y minerales. Falta y faltará de todo.

Como consecuencia de todo ello, la vida es cada vez más cara. La inflación en España llegó al 4,9% este mes de septiembre, y hasta el 3,8% en el conjunto de la Unión Europea. ¿Y qué creen que pasará en los próximos meses? Que irá a peor. E, inevitable, en lontananza (o no tan lejos, nadie lo sabe con certeza), una gran crisis económica. Por tanto, en el horizonte tenemos más recortes, mayor coste de la vida, salarios congelados o a la baja y mayor precariedad laboral. En suma, más leña para el fuego social.

La gente que ha salido a la calle no sabe de Tasas de Retorno Energético, de ritmos de declive o de la inviabilidad material de la Renovable Eléctrica Industrial.


El sector fotovoltaico pide 945 millones para rescatar al 15% del sector.

Lo que saben es que su vida es cada vez más dura, más difícil, más estrecha.


Acampada por la vívienda en la Puerta del Sol de Madrid.

Estamos inmersos en un intenso proceso de empobrecimiento, el cual además será cada vez peor, porque el capital necesita a toda costa garantizar sus tasas históricas de ganancia, pero realmente no hay manera de mantenerlas en un mundo de recursos cada vez más escasos.

La verdad incómoda que nadie quiere asumir es que es necesario y urgente superar el capitalismo. Es necesario y urgente transitar hacia otro modelo económico que no necesite el crecimiento. Y cuánto más tardemos en hacer ese cambio, más degradación social habrá. Por sintetizarlo con un término (y dado que soy de la vieja escuela y me gusta usar palabras que condensan muchos conceptos pero que ya nadie utiliza), lo denominaré el Cambio Perentorio (perentorio: que es concluyente, definitivo, urgente o que no admite prórroga ni discusión). O, simplemente, lo Perentorio.

Algunos intentan esconder lo Perentorio detrás de banderas y cubrirlo con soflamas patrióticas. Que lo importante es la unidad de la Patria, y que la Patria está en peligro. Que, en cuanto "salvemos la Patria", todo estará arreglado. Sin embargo, lo Perentorio es internacional, no distingue de patrias ni fronteras: nuestra lucha aquí es en realidad la misma lucha de los franceses y los portugueses y, aunque en nuestro snobismo no nos demos cuenta, la misma de los latinoamericanos, los africanos y los asiáticos.

Otros intentan convencernos de que lo Perentorio es la inmigración, que todos los problemas nacen de una inmigración descontrolada, que si echamos a todos los inmigrantes nos irá bien. Pero en realidad el empobrecimiento creciente nace de la imposibilidad de mantener un capitalismo siempre creciente en un planeta finito, y con o sin inmigrantes esa situación se va a mantener. De hecho, la obsesión por criminalizar y marginar a los emigrantes, que son quienes hoy en día sostienen una parte fundamental del sistema productivo español y sobre todo la natalidad, resulta muy útil a un capital que usará su inseguridad social para continuar explotándolos y pagándoles salarios de miseria. La xenofobia y el racismo está al servicio de la explotación laboral, y de ninguna manera resolverán lo Perentorio. 

Otros, desde posiciones pretendidamente progresistas, insistirán una vez más en el fracasado modelo de la Renovable Eléctrica Industrial, como si no estuviese hundiéndose, como si fuese capaz de resolver el problema de electrificar ese 70 y muchos por ciento del consumo de energía final que no es eléctrico.

Se enfrascarán en soluciones de carácter tecnológico por temor a abordar el problema de fondo, y es que lo Perentorio es social, donde se tiene que operar el cambio más profundo es en el modelo social.

Nadie quiere denunciar el capitalismo como lo que es, un modelo inviable. Nadie se atreve a proponer un abandono del capitalismo. Nadie tiene el valor de intentar cambiar el capitalismo y superarlo.

Las protestas y manifestaciones que han surgido en toda Europa nacen de la constatación de que los ciudadanos de a pié están huérfanos políticamente: nadie les representa, nadie defiende sus derechos, nadie se atreve a cuestionar a quienes los están machacando y desposeyendo. Por eso, solo pueden ir a más.

Quizá la oleada de protestas de hoy se apague con promesas reformistas tras las elecciones, por cansancio de los manifestantes o por medio de la represión más feroz. Pero lo Perentorio seguirá estando ahí. Y lo Perentorio no puede ser ignorado: necesita una respuesta, que tarde o temprano tendremos que darle.

También forma parte de lo Perentorio la situación ambiental y particularmente climática, y como, de nuevo, la única respuesta sensible al Cambio Climático es la superación del capitalismo, nadie se atreve a hacer nada efectivo sobre el tema, y algunos hasta se permiten dudar de que haya un Cambio Climático con argumentos cada vez más huecos y más estúpidos: "siempre hizo calor en verano", "siempre hubo incendios", "siempre hubo gotas frías", "siempre hubo inundaciones". Mientras esto escribo hay 850.000 personas confinadas en las provincias de Valencia y Alicante por culpa de unas precipitaciones monstruosas que en las últimas 24 horas han dejado 300 litros o más por metro cuadrado, en los puntos más extremos superando incluso los 700 litros por metro cuadrado. El Mediterráneo está más de 3 grados por encima de la media de temperatura de los años 80, y por culpa de eso solo podemos esperar que las lluvias torrenciales continúen durante las próximas semanas. Pero no sabemos si nuestras infraestructuras aguantarán eso. A todo el estrés social que supone lo Perentorio, hay que añadir una capa adicional de estrés causado por el Caos Climático.

Mañana por la mañana se ofrecerán sendas ruedas de prensa, en Barcelona y Valencia, enmarcadas en la iniciativa "Alerta el Niño". En ellas se exigirá a las administraciones locales (catalanas en el primer caso, valencianas en el segundo) que tomen medidas de preparación para lo que viene. Porque estas lluvias son solo el aperitivo de lo que va a venir el año que viene. Este Niño, de unas dimensiones nunca antes vistas, va a golpearnos con dureza inusitada, y debemos prepararnos ahora, cuando hay tiempo. Porque la emergencia no empieza cuando se desbordan los torrentes, se queman los bosques o la gente muere de golpes de calor. La emergencia empieza cuando conocemos el riesgo y decidimos no prepararnos.



Fuente: The Oil Crash

sábado, 24 de octubre de 2026

Demandas sin conciliación: el periodista se tiene y mantiene

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (12 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

        Tres demandas, tres, lanzadas contra quien esto escribe, relator veterano de los avatares -faustos e infaustos- de su pueblo, la hermosa villa marinera de Águilas, han sido rechazadas en su momento, no ya por las pretensiones pecuniarias de los demandantes exaltados (3.000, 10.000 y 30.000 euros de vellón, respectivamente), sino porque contribuirían, en distinta medida, al blanqueo de una situación, la político-municipal aguileña, que este cronista no puede dejar pasar.

El origen, típicamente periodístico y, digamos, de investigación, radica en aquel artículo, “Águilas: el desmedido poder del secretario López” (Alteridad, 3 de noviembre de 2025: el Artículo, en adelante), en el que me alarmaba de la ubicuidad y el poder personal del secretario municipal, Jesús López López (en adelante J2L, un algebraísmo elemental, por ahorrar tinta) con estruendosos resultados y no poca alteración de la vida municipal, por su intensa influencia en ciertos munícipes, principalmente la exalcaldesa Mari Carmen Moreno y el actual alcalde Cristóbal Casado, así como por su agresividad hacia ciertos funcionarios, leales cumplidores de sus tareas.

Pero la descripción social, o sea, la que interesa a la ciudadanía, de este funcionario J2L, con su transcurrir en la villa desde 2016, requiere consideración aparte, y en su momento habrá que dársela. En el presente artículo me refiero a dos ciudadanos a los que aludo en el mencionado Artículo de 2025, por vincularlos a la presencia y actividades de J2L en Águilas o Mazarrón (municipio donde posee la responsabilidad, también, de secretario por acumulación), ya que se han considerado perjudicados por su textual y por eso me lanzaron sus demandas de conciliación que yo, atenta y oportunamente, he ido rechazando, por considerar que carecen de motivación real.

El primero de ellos es Diego Martínez Montalbán, aguileño con puesto en el Ayuntamiento de Mazarrón, al que relaciono en el Artículo en seis líneas con un escándalo habido en el Ayuntamiento de Mazarrón a causa de una convocatoria de 18 plazas de auxiliares administrativos y que lo enfrentó a la lideresa del PP en esa Corporación, Alicia Jiménez, y de lo que la prensa en su día dio cuenta; también, por cierto, ha dado cuenta la prensa regional recientemente de las investigaciones de Guardia Civil y Fiscalía sobre “presuntas irregularidades en diversos procesos de selección de personal y promoción interna celebrados en el Ayuntamiento de Mazarrón” (La Verdad, 9 de setiembre de 2026). Por esa mera constatación Diego Martínez Montalbán me lanzó su demanda anunciándome “querella por injuria y calumnia” (o sea, Código Penal, ¡qué barbaridad!).


Ayuntamiento de Mazarrón.

Aunque en otro punto de su dolida filípica considera mi escrito como “un grave perjuicio al derecho al honor”, lo que parece que suavizaría la cosa a la hora de la verdad. Y todo por reproducir yo algo que sucedió y tuvo a él, de alguna forma, por protagonista, ya que también reconoce en su demanda que “desempeña funciones de especial relevancia institucional como Secretario de los procesos selectivos de oposición”... (O sea, que en qué quedamos).

En efecto, estas contradicciones resultan mera anécdota si prestamos atención -como yo hago, vaya si lo hago- a algo tan extraordinario como que por tres veces en su escueto escrito de demanda, de cinco folios, me atribuye el “tildar al Secretario General del Ayuntamiento de Águilas y acumulado en el Ayuntamiento de Mazarrón, el Sr. Jesús López López, de ladrón, corrupto y prevaricador” (¡qué barbaridad). Cuando leí esto y nos vimos, para no conciliarnos, ante el Juez de Paz de Águilas, le pregunté a su abogado si creía llegar muy lejos acusándome de haber opinado así, primero porque aludía a una tercera persona ajena a esa demanda, y segundo porque esos calificativos no aparecen en mi Artículo por mucho que se mire y remire (¡anda qué...!).

Para aclarar esta demanda tan confusa e incompetente, algo hay que subrayar y es el explícito interés del demandante de situarme frente y contra el Sr. Jesús López López, o sea, J2L, su jefe jerárquico, metiéndose en un jardín fértil y umbroso. Porque fue Diego Martínez Parra, padre del funcionario a quien aludo, quien me montó el pollo en plena calle y en el breve y animado lapso de tiempo entre la publicación de mi Artículo y la campaña desatada para desposeerme de mi (bien ganado) título de Hijo Predilecto de Águilas, amenazándome con mandarme “un amigo” si en mis artículos volvía a poner a su hijo, el funcionario, “en relación con el secretario de Águilas”, o sea, J2L (de quien, ambos, son grandes amigos, y a quien el provocador trata de “hermano”). A ver quién entiende a estos dos ciudadanos, y cómo es que el funcionario protesta también en su demanda por haber escrito yo en mi Artículo que él es “de la cuerda” de J2L, que hay que ver qué susceptible se me muestra.

Claro, claro, es la sombra de J2L lo que aletea sobre Martínez Montálbán, en perfecta sintonía con Martínez Parra que, desocupado como está, dedicó días y horas muy intensas a recabar firmas para que el Ayuntamiento me desposeyera de mi título de Hijo Predilecto en diciembre pasado, trabajándose a tope, según mis informadores más escrupulosos, los círculos más ultras del pueblo (¡ah, ya vamos entendiendo!).

El segundo demandante es Ángel López Santos, directivo de la empresa inmobiliaria ATTC, que lanzó una lastimera carta al director de Alteridad quejándose del periodista y de lo que vertía en el mencionado Artículo, que fue contestada con otra carta, explicativa y moderada, con la invitación adicional de mantener una reunión aclaratoria, teniendo en cuenta que este autor, de larga experiencia en atender a los problemas aguileños, no se ha distinguido nunca ni por ofender a las personas señaladas ni por faltar a la verdad. La respuesta fue la interposición de la demanda de conciliación, con dos puntos de merecida atención y gran copia de suposiciones, invenciones e interpolaciones atribuidas al Artículo pero que son imposibles de encontrar si se indagan con rigor. Como el anterior y potencial querellante, Ángel López advierte en el periodista “absoluto desprecio a la verdad” e intención de “causar daño al honor” del directivo y su empresa; lo que le lleva hacia un presunto “delito de calumnias”, lo que parece inducirle a acudir también a la vía penal.

De esos dos aspectos que considero dignos de mayor interés el primero –al que el demandante da una importancia claramente desproporcionada- es la negativa a reconocer que ATTC sea empresa constructora, sino inmobiliaria “de intermediación” y “nunca se ha dedicado a la construcción de inmuebles”, lo que pareciendo protesta nimia algo da de sí, y es que en la escritura de constitución de la empresa figura como primer objeto social la “construcción, instalaciones y mantenimiento”.


Sede en Águilas de la inmobiliaria ATTC, en letras de oro.

Además, la empresa ha construido (quizás “rehabilitado”) el edificio del Pº de la Constitución, 37, con la correspondiente licencia de obra, cosa que niega, contra toda evidencia material y de forma apodíctica: “No existe ni una sola licencia de promoción de vivienda concedida por el Ayuntamiento a favor de ATTC” (¿por la boca muere el pez?). El segundo, ¡vaya por Dios!, es su rotunda afirmación de que “no existe vinculación alguna de carácter profesional y empresarial entre el Sr. López López y ATTC o su administrador Ángel López”, a lo que el Artículo no hace referencia alguna, como tampoco alude, contra lo que subraya el demandante, a que esa empresa se vea “beneficiada ilegítimamente por la adjudicación de proyectos o concesión de licencias de promoción de vivienda...”. Imaginaciones de nula relevancia ante la literalidad del Artículo y, más todavía, la libertad de expresión y opinión del autor sobre la base de situaciones, hechos y realidades suficientemente fehacientes; y unas relaciones ATTC-J2L cuya inexistencia López Santos tendrá serias dificultades en demostrar si persiste en su demanda.

Llama la atención el rechazo de ambos demandantes -en el caso de Martínez Montalbán, incomprensible, y en el de López Santos, sorprendente- a que se les reconozca relaciones con el secretario municipal J2L, lo que, a fe mía, son cosa más que sabida y evidente. No es, sin embargo, la finalidad de este periodista el expresarse en términos pretendidamente jurídicos, que ni domina ni son su trabajo: sí lo es -por su trayectoria y, más aún siendo Hijo Predilecto- el plantear, difundir y señalar cuanto considera ajeno a la normalidad en su pueblo, sea ésta política, municipal, administrativa o ética.

viernes, 23 de octubre de 2026

¡Españoles, a votar!

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (11 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

Sea como sea, estas elecciones han sido convocadas en condiciones feas, inquietantes, desde luego mejorables. Y por eso el bullicio contra reloj de la constitución de candidaturas ha resultado tan decepcionante. Este cronista desea fervientemente que gane Pedro Sánchez y vuelva a ser presidente del Gobierno, esta vez con la ayuda fehaciente y necesaria del Frente Amplio (de Podemos, formación en la que no he creído nunca, ya hablaré otro día), para lo que aportará su granito de arena. Al candidato Sánchez, no obstante, se le deben hacer algunas observaciones que considero muy del caso, empezando por recordarle que la crisis de la vivienda se ha ido envenenando en los últimos años, los de su mandato, y que su Gobierno (y las sucesivas ministras del ramo) no han hecho gran cosa por conjurarla; y continúo recriminándole que sigue dedicando a vivienda pública mucho menos que a la adquisición de armamento, lo que no tiene ninguna justificación. Es su policía, por otra parte, la que está apaleando a muy dignos y responsables ciudadanos que se manifiestan por la catastrófica situación de la enseñanza y la sanidad públicas en la Comunidad de Madrid.

Con esta advertencia, en realidad constatación profunda, válida para los tiempos que vienen con cualquier Gobierno que salga ganador: que la Policía Nacional actúa más bien en sintonía con la Ayuso, convirtiéndose el delegado del Gobierno en Madrid en un cero a la izquierda (¿Pues no ha dicho este burócrata oscuro y acomplejado, cuando se le ha pedido explicaciones por la violencia policial, que “eso está en manos de la Policía de Madrid”? ¿No es para correrlo, a él sí, a gorrazos?). Esa “autonomía” policial en sus tareas de represión, que debiera hacer caer a ese delegado del Gobierno y al mismísimo ministro Grande-Marlaska, nos debe recordar que, en efecto, ni el Gobierno actual ni el futuro, en su versión de izquierdas, que es lo que quiero plantearme con fe y esperanza, controla las principales fuerzas fácticas en presencia: que seguimos dudando sobre el carácter necesariamente democrático del Ejército (demasiado franquista, para los años que han pasado), que la Iglesia mantiene su labor de zapa contra todo lo que sepa o huela a izquierda, que los bancos, las eléctricas, las constructoras, las telecos, etc., mandan y deciden más que el Gobierno y se muestran con los ciudadanos cada día más dispuestos a saquearlos y noquearlos.

Con la nota aclaratoria de que los ámbitos de mayor dignidad democrática, de evidente tinte izquierdista como son la educación y la sanidad, son objetos de un implacable maltrato por la derechona jaleada por esas otras instancias señaladas, tratando de reducirlos a la impotencia y la humillación.


Policías aporreando a manifestantes educadores (laSexta).

Que lo de Madrid se pasa de castaño oscuro, y a esta Ayuso hay que tenerle menos miedo/respeto, ya que está destrozando lo esencial de nuestra sociedad y nuestra convivencia: yo propondría al Gobierno de izquierdas que salga elegido en noviembre que no se ande con chiquitas con la malvada dama de la provocación y decrete un 155 contra la Comunidad de Madrid para salvar la sanidad, la educación y los servicios públicos, hasta que se ponga orden en el estropicio.

Esta Policía y quienes la controlan de hecho, deben estar mirándose en la represión que actúa contra las masas exasperadas en media Europa y en las medidas autoritarias (más palos, más detenciones) con que respaldan ese ensañamiento los Gobiernos de Francia e Italia. Y no se la ve capaz de entender -sus mandos directos y, sobre todo, los políticos- que la agitación callejera es muestra clara y harta de la violencia de tantos Gobiernos conservadores y ultras, europeos, que no dejan de incrementar el abuso agresivo contra sus respectivas ciudadanías, no sirviendo de nada el funcionamiento democrático de las instituciones, que se vuelcan en proteger y fortalecer a los de siempre. Serio, y desolado, recordatorio para cuando ganen las izquierdas, y horrorosa advertencia para el caso de que ganen PP y Vox, cuyos planes de Gobierno son apretarnos el cinturón y desposeernos para mejor aplastarnos, ya que están preparados para desatar la violencia desde el poder contenida en los últimos años, mientras han tenido que morder el freno (que ya los conocemos).

El otro tema de envergadura que quiero poner de relieve es el de la crisis con Marruecos y la militarización tan procazmente emprendida por este Gobierno. Porque Sánchez mentía cuando en la radio afirmaba que no tenía constancia de la intervención de Marruecos en la avalancha de Ceuta de julio; mentía y lo sabía, y nosotros sabíamos que mentía; a su vez, él sabía que nosotros sabíamos que mentía; y nosotros sabíamos que... etc.

La tensión con Marruecos no va a ceder en los próximos meses y años, porque Mohammed VI quiere dejar encarrilado, si no cerrado, el asunto de las plazas africanas de España, o sea, su “recuperación”, para que lo arregle del todo su hijo Hasán, que pronto le sucederá. Y, según la experiencia histórica, la acción marroquí (política, diplomática, pseudo militar) mantiene claras ventajas frente a España, por lo que hay que ir haciéndose a la idea de poco agradables desenlaces teniendo en cuenta los odiosos, pero imposibles de erradicar, prejuicios anti-moro, anti-árabe y anti-Islam, hondamente instalados en la mayoría de nuestra población, con especial intensidad en organizaciones como el Ejército, los partidos de derechas, los neofascistas, etc.

Hizo muy bien Pedro Sánchez con su “No a la guerra” frente al Trump agresor en Irán evocando, supongo, el gran rechazo del pueblo español a la guerra de Iraq en 2003, y ha conseguido causar impacto, justamente. Pero evita aludir a la entrada en la OTAN y el reconocimiento del Estado de Israel, en 1986, así como a la primera guerra de Iraq de 1990-91, que fueron decisiones de sus predecesores socialistas y cuyas consecuencias, sobre todo las que tienen que ver con las grandes pifias de 1986, las sufrimos actualmente y debieran alertarnos de mucho más serios episodios futuros, tal y como se mueve la política internacional y los degenerados que la dominan. De modo que esa valentía que hay que reconocerle debiera ser consecuente al menos en dos aspectos, siendo el primero el desembarazarse de aquellas decisiones de Felipe González (y, si es posible, promover la expulsión del partido de este gruñón incontinente, que viene aumentando el ruido de sus intervenciones para disimular sus responsabilidades en la fragilidad exterior del país); y el segundo sería poner en marcha el procedimiento de clausura de las bases norteamericanas en España, esa impúdica herencia del franquismo, porque no son sino un riesgo crecientemente cercano, siendo nuestro primer enemigo exterior el imperialismo enloquecido norteamericano, que nos empuja y compromete. Y porque ya está bien.

(Ya que Marruecos, precisamente, está sustituyendo a grandes zancadas a España como aliado privilegiado de Estados Unidos a la entrada del Mediterráneo... dejemos que se vayan los yanquis de nuestras bases “conjuntas”, como le gusta amenazar al indescriptible Trump. A lo malo, se los sustituye con personal español para que los pueblos que se benefician de su presencia no noten demasiado su ausencia...)

Pero por contra a su actitud aparente y parcialmente pacifista, nuestro presidente estimula el rearme y el estirón de la industria militar naciona, y sigue apoyando militarmente a Ucrania (¡a un régimen filonazi, corrompido y manipulado!) por incordiar a Rusia, fielmente alineado con la agresiva, mendaz y supremacista OTAN. No me ha gustado nada que anuncie que será Margarita Robles, la ministra-sargento, su número 2 en la candidatura del PSOE por Madrid, ya que se trata de una beligerante e intervencionista, furibunda rusófoba y estratega de pacotilla, y porque no se entera de que su Ejército malamente puede pasar por democrático, con esas investigaciones que dice acometer, muy seria, cuando sus exabruptos trascienden (¿qué les va a pasar a esos legionarios de Ceuta, racistas y delincuentes?).

En relación con la agresividad de nuestras fuerzas armadas en ciertos escenarios exteriores, insisto en mi advertencia (porque ya me puse serio con “España provocando en el Báltico: ¿Rusia es culpable?”, cuartopoder.es, 22 de marzo de 2018), de que nuestros pilotos de los F-18 sobre los cielos neutros del Báltico se están pasando en sus provocaciones contra Rusia, y se están ganando un buen zarpazo del oso ruso (o sea, de los Mig que guardan sus fronteras), por chulos e irresponsables.


Un F-18 español intercepta a un avión ruso sobre el Báltico (Vozpopuli).

Y no nos creamos que la OTAN va a responder a ese encontronazo echando mano del famoso artículo 5 de su Carta: vociferaciones y ya.

jueves, 22 de octubre de 2026

Honor a Bryce Echenique, siempre por Cunqueiro (de la emoción, por sintonía, que ciertos autores inspiran)

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (10 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


Alfredo Bryce Echenique (Instagram).



     Quise honrar a Alfredo Bryce Echenique, autor peruano desaparecido este año y del que apenas sabía nada, pero que por algún motivo persistía entre mis cuentas literarias pendientes; y púseme a leer lo que de él posaba en mi estantería tras 25 años de espera... Me lo pasé en grande con Un mundo para Julius (1970) y continué, sin solución de continuidad, disfrutando a tope con los dos volúmenes de La vida exagerada de Martín Romaña (1981). Todo lo cual me ha estimulado a leer más de sus obras, con la seguridad de que me van a sentar rebién, más allá de reconocer su calidad, que fuera recompensada con importantes premios, como los españoles Nacional de Narrativa (1998) y Planeta (2002).


Algunas obras de Bryce Echenique.

    El divertidísimo Un mundo para Julius describe la vida, primero familiar, y luego escolar de un niño y adolescente que me lanzaba constantes flashes de la mía propia, aunque, hay que ver qué cosas, la suya era de niño rico, de la aristocracia, digamos, criolla de Lima y la mía de huérfano de un gremio, el ferroviario, incluido en los círculos de pobreza de la España franquista de los años 1950 y 1960; un colectivo del que siempre se decía (como del de los maestros de Escuela) que el hambre venía a detenerse en su puerta, sin traspasarla del todo. Era la educación de Julius, en colegios caros y en manos religiosas, la que me producía certeros respingos en mis recuerdos y en mi memoria reproducida de trances y avatares. Porque la educación en los internados de RENFE durante esos años de nacionalcatolicismo, tenía mucho de privilegio, considerando cómo estaba el país y el bajo nivel educativo general de niños, adolescentes y jóvenes; esto fue repuntando, desde luego, pero aquellos internados formaban, de los 8 a los 18 años bajo una disciplina férrea, no solo en las materias educativas estándar -bachillerato, formación profesional- sino también, y ahí era donde me veía emparejado y solidario con el Julius limeño, en tantas otras facetas que formaban y distinguían: los deportes y las competiciones, las excursiones, el teatro, el coro, las fiestas y sus sobremesas, los concursos escolares de todo tipo...

    Se me concederá recordar, ya puesto, mi primer viaje a Madrid, como tal, en abril de 1962 desde mi internado de León para participar en los Campeonatos Nacionales Escolares de Atletismo, encuadrado (categoría Infantil B, creo recordar) en el equipo del colegio. Y también quiero que se reconozca la proeza que supuso el acuerdo, en 1929, de reunir a todas las empresas “sobre raíles” (o sea, las privadas que luego formarían Renfe, las de vía estrecha, las de metro y las de tranvías) para crear el Colegio de Huérfanos de Ferroviarios, financiado por una mínima exacción del salario de esos trabajadores y lo que entonces eran “billetes de andén”, gravando el acceso a las estaciones importantes.

    Bueno, no quiero que peligre, con mis divagaciones del alma, el reconocimiento de la prosa de Bryce Echenique, así que diré que el relato de esas aventuras del perplejo, sufrido y aventajado Julius -por supuesto, trasunto del mismísimo autor- consta de la minuciosidad de un artesano de la escritura, las anotaciones de quien no quiere dejarse atrás ningún momento de lo vivido, el humor del cáustico feliz enamorado de la/su vida y, por resumir, la habilidad y bonhomía de quien tiene pendiente enseñar el Perú de sus días al mundo desarrollado, principalmente a la Europa reconstituyente y faro cultural sin competencia.

    Una Europa concentrada en la Francia de los años 1960, donde recaló el licenciado en Derecho con ambiciones literarias poco tiempo antes de aquel mayo del 68 en cuyo transcurso juega el papel de un izquierdista comme il faut, que navega entre los adoquines volanderos de los bulevares en lucha, las refriegas con gas lacrimógeno de cada tarde, los cuartuchos bohemios y de heroico acceso (recordad el viejo París), los amigos dialécticos y los amores consecutivos de la muchachada soñadora (con profusión anglosajona, en busca oportuna de latinidad idealizada). Que todo esto, y muchas cosas más, es La vida exagerada de Martín Romaña con, empero, un hilo conductor y absorbente: amores, viajes amorosos y trompicones del corazón.

    Y así, cuando el protagonista, en una de sus estancias recurrentes en España, llega a Oviedo y se dirige a tomar un ALSA para continuar viaje, a este cronista, tan atento a las peripecias geográficas de Martín, lo asalta un recuerdo y lo zarandea una vez más la sintonía con el trotamundos. Pues sería en 1967, pasado San Mateo, patrono de la ciudad, con los estragos del fiestón alineados en los bordillos y la resaca ambiente ribeteando las calles adormiladas, cuando desembarqué del exprés que me traía desde Puente de los Fierros y el calor de mi familia asturiana, interesándome por las formas de subir a Covadonga -con los mañaneros y al calorcillo de un café con leche en ese bar, tan ferroviario, que hace esquina con la calle Uría (y la sigue haciendo, qué gozada)-, y hete aquí que un señor espigado, encorbatado y atento, me recomendó tomar un ALSA. Y como yo -ferroviario impenitente- le sonriera algo compasivamente y le dijera que prefería ir en tren, le sobrevino un arrebato de espontánea pero bien administrada indignación que pareció trastornarlo -¡qué imprudencia la mía!-, asegurándome que ALSA era una empresa muy seria y potente, como demostraba el que pronto iba a establecer “un servicio con Moscú”.

    Cada vez que desembarco en Oviedo desde el tren y me recompongo en ese mismo bar, recuerdo a aquel buen asturiano que supo, tan vehementemente, defender a la que ya era popular empresa de Autobuses de Luarca. Y lo mismo me ha pasado leyendo a Bryce Echenique reconduciéndome, con su meticulosidad, a recuerdos imborrables. Pero como había quedado con mi compa Ceferino -de largos años en Ávila, León y Madrid-, ovetense él y a mucha honra, me hizo ver que lo mejor era subir al tren de vía estrecha de los entonces llamados Ferrocarriles Económicos de Asturias (luego FEVE, ahora RENFE, mañana...), llegar hasta Arriondas y luego cumplir la excursión en autobús por Cangas de Onis. Y así hicimos nuestra excursión a la Santina (que alguna vez hay que hacerla, ¿no?), recordando a Pelayo Matamoros y disfrutando de tan recios y hermosos paisajes.

    No sé muy bien por qué (puede ser, sin más, por un imprevisto ataque de morriña), que cuando se ha iniciado este otoño me he acordado de Galicia y de un último y mágico viaje (2019) por sus marcas más intrincadas, esas que por el Navia y Fonsagrada llevan a los Oscos asturianos y a Cangas del Narcea, y me ha dado por recurrir, puesto a saborear el regusto distante de sus misterios y leyendas, a Álvaro Cunqueiro (1911-1981), uno de mis autores preferidos por su galleguismo universal, su culturón clásico y mitológico y su enraizamiento en Mondoñedo, una de esas veinte o veinticinco villas gallegas de segundo o tercer orden que a mí me atraen sin excepción (debe de ser por su templanza contagiosa).


Álvaro Cunqueiro (Casa Museo de A. C.).

    Y he descolgado una docena de libros suyos, adquiridos casi todos en Santiago, para releerlos y disfrutarlos, mientras el anticiclón de octubre acaba por diluirse y los frentes nubosos atlánticos riegan la ya húmeda Galicia y recorren la Península (machacando, por cierto, las riberas mediterráneas, cada vez más expuesta e inermes al furor de dioses desatados); porque acudir, por necesidad anímica o intelectual, a la Galicia sobrecogedora ha de hacerse, en carne o en mente, con tiempo gris: abstenerse quien no consiga entender esto (que no es tópico ni cuento).


Algunas obras de Cunqueiro.

    Así que, para empezar, Cunqueiro me desparrama en Viajes imaginarios y reales (1986) sus cien artículos de viajes rememorativos, relatos inundados de color y gracia grecolatinos, que me hacen recalar en “Ulises regresa a Ítaca”, siguiendo mis propias recomendaciones anotadas bajo el título, que es el artículo donde el autor se reconoce fascinado por Ulises vagabundo y se remite, no menos seducido, al “primer verso del más hermoso soneto de Francia”, dice, que no es ni más ni menos que aquel de Du Bellay: Dichoso quien, como Ulises, hizo un hermoso viaje... Una fijación altamente inspiradora que, en Las mocedades de Ulises (1960), lo llevará a un derroche de fantasía, muy de su gusto, en el que, junto a los personajes homéricos, desfilarán otros de la historia real antigua, héroes gaélicos, actores inventados... con observaciones de mi puño y letra tales como némesis inquietante, la mía, de la página 101, que ahora mismo no sé a qué correspondería ni en qué pensaría yo o qué me alteraría en los días de su lectura; pero también me ordenó leer una y otra vez (volver a Mondoñedo).

    Porque Mondoñedo en la obra de Cunqueiro, es esencia, estructura y guía, aunque divague con su portentosa imaginación por territorios ajenos, tantas veces irreales, siempre exuberantes.


Mondoñedo ‘vierte’ hacia su catedral (iStock).

    Mi última estancia en la episcopal villa, de nombre romano Mindunietum, que fuera capital -hasta 1833 y el mangoneo de Javier de Burgos- de una de las siete provincias históricas del Reino de Galicia, quiero recordar que fue en 2011, cuando iba a presentar mi libro Ecologíada (cien batallas) en el espléndido Domus de Riazor, en A Coruña, recorriendo parte de la cornisa cantábrica. Y no puedo olvidar que, recalando en una de sus plazas de granítico ver y pensar, entré a voleo pero con acierto (cualidad que mis hados viajeros me tienen atribuida) en un modesto y cuidado bar donde el matrimonio que lo regentaba quiso adjudicarme un discípulo inesperado, su propio hijo, que se iniciaba esos días de estudiante de Derecho en Santiago y con el que, tras animosa charla, pude comprobar, encantado, su madurez y vocación; no podía haber continuidad, y así lo entendieron los preocupados padres: son sorpresas gozosas del camino, pero ni que decir tiene que, cuando vuelva a Mondoñedo, lo primero será dirigirme a ese bar y ver qué hay, o hubo, de todo aquello (y cuento con obtener buena razón de aquel joven estudioso al que auguré una espléndida carrera).

    Esta ubicuidad dual y espiritual de Cunqueiro y Mondoñedo es insoslayable para cualquiera que estime su obra, y a cuento de esto he de recomendar a mis lectores que echen mano -que yo también lo haré- de la obra Álvaro Cunqueiro e Mondoñedo. Guía literaria (2017), de Armando Requeixo, profesor universitario de Lingua Galega y paisano de nuestro autor, obra que describe al Mondoñedo cunqueiriano y al Cunqueiro mindoniense: no es necesario esperar a que se publique en castellano, ya que el galego, como se sabe, es lengua de lectura apacible e inteligible, a poco que el lector -como debe- se le entregue.

    Otras obras que deben acometerse son Merlín y familia y otras historias (1955), en la que brilla el esplendor gaélico-artúrico de la fantasía de Cunqueiro, que mereció el premio de la Crítica en 1959; Las crónicas del sochantre, que fue premio Nadal en 1968; El hombre que se parecía a Orestes... y todas las demás. Recuerdo bien que mi primer contacto con la obra de Cunqueiro fue Viaje por los montes y chimeneas de Galicia. Caza y cocina gallegas (1969), compartida con José María Castroviejo, que capturé callejeando Viveiro en 1976, en una de mis visitas (con actuación) al frente nuclear de la costa de Lugo: que es un deambular en pos de la pitanza tradicional gallega, con minuciosa atención a los orujos de la Galicia umbría, que ambos compadres saborean como lágrimas posadas en cafés de lar y llar, puchero y lumbre...


miércoles, 21 de octubre de 2026

Los habirû de la Puerta del Sol

 

      Antropólogo y escritor, dedicado fundamentalmente a la sociología y a los estudios de mercado.


Tal vez deberíamos volver al nomadeo y las acampadas son una propuesta metafórica de esa idea. Tal vez deberíamos pensar nuevas formas de vivir juntos al margen de la selva de hormigón.


Imagen de la fuente de la Puerta del Sol, con las tiendas de la acampada alrededor.


     Ikea acertó con una profundidad psicosocial y antropológica que aún mantiene toda su potencia: “La República Independiente de tu Casa”. Niegas esa república y todo se desmorona. Guarida, refugio, seguridad. Tras millones de años nomadeando por el mundo en algún momento decidimos volvernos sedentarios, buscamos la seguridad de una casa, una aldea, una ciudad y la inseguridad de que cualquier enemigo, tirano o invasor nos tendría localizados. Fuera de casa, la Intemperie. Dentro de casa, el Hogar.

Más tarde, en nuestro país, los padres de la cosa redactaron un elegante artículo de los que se llaman “papel mojado”. Constitución de 1978, art. 47: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.

Ningún gobierno, salvo el de un pequeño pueblo llamado Marinaleda, se ha tomado en serio y al pie de la letra este artículo constitucional. Los demás, al contrario, promovieron la especulación,  la conversión de la casa en un producto de inversión especulativa al mismo nivel que unas acciones de Critical Metals Corp. O cualquier otro activo financiero.

Por eso tal vez deberíamos volver al nomadeo y la acampada de la Puerta del Sol y en otras plazas del país no deja de ser una propuesta metafórica de esa idea. Tal vez deberíamos pensar nuevas formas de Repúblicas Independientes, Comunas de París, nuevas formas de vivir juntos al margen de esa selva de hormigón que ya no nos da nada a cambio de nuestro tiempo, trabajo y alma. Cuando se inventaron las ciudades en Mesopotamia: Nippur, Marad, Babilonia, Der, Shuruppak… sobre todo en el periodo Uruk o antes, y se comenzó a escribir en tablillas de terracota; a veces, de forma indirecta, sesgada e imprecisa, casi con odio y miedo, se alude a ciertos pueblos nómadas que se negaban a vivir en esas ciudades. Las cartas acadias de Tell Al-Amarna, de la época de Amenofis III los citan con recelo. Se sabe poco de ellos salvo que tenían fama como pastores, asaltadores de caravanas o caminantes incansables.

Los sometidos que recibían su ración de cebada y aceite no entendían a aquellos que se negaban a construir una casa de adobes en cualquier espléndida ciudad y asumir las leyes y normas de Asur o Hammurapi o cualquier otro tirano. Los llamaron “habitantes de tiendas”, “amorreos”, “arameos”, “habirû” (los huidos). Ahora todo aquel Oriente es inhóspito, tierras estériles llenas de sal por miles de años de cultivo, guerras por petróleo o por dios o por fronteras. Nada quedó de los caminantes sospechosos, de aquellos nómadas que se negaban a entrar en el Edén urbano del progreso y deseaban seguir viviendo en los pedregales y las estepas resecas, en las tiendas precarias, al margen y en el margen. Hoy ya no quedan nómadas. Solo mal resisten los Nukak, los Ghilji, los Tuareg, los Sarakatsani, los Inuit, algunos saamis y bosquimanos. Los Estados trazaron obligatorias fronteras y censos. Adornaron las ciudades y las casas permanentes con todo tipo de comodidades, seguridades y cuentos.

Pero a veces sentimos ese impulso antiguo. Algo tenemos de “huidos”. Mi bisabuelo era un arriero inquieto y caminador, mi abuelo se entusiasmaba con el acadio, el arameo y el griego antiguo, mi padre, como toda la estirpe, también era pescador andante. Por eso el otro día, juntos, emboscados en un gran cañón calizo, durmiendo casi sobre el suelo, metidos en el saco de plumas de ganso, separados toda la noche por una finísima tela, recordamos lo que fuimos y por qué: “habirû”, los huidos. Por eso estas semanas, en similares tiendas, acampados sobre el asfalto de Sol, los nuevos huidos advertían, ¡Tened cuidado, podemos romper el pacto y no obedecer en nada! ¡Al fin y al cabo, vosotros no obedecéis las propias normas que redactasteis y aprobasteis en una Constitución de la que se os llena la boca para decir, legislar y hacer nada! ¡Somos los “habirû”, los huidos, ya no tenemos ni casa, pero nos necesitáis, sin nosotros y nosotras sois nada! ¡Ahora nos vais a pedir nuestro voto y nuestra obediencia a ciertas leyes que no habéis hecho cumplir ni cumplís y ya veremos si…!

En Sol están los nuevos nómadas, los nuevos comuneros amenazando a este orden que desahució a Maricarmen y pensando uno nuevo o tal vez uno muy antiguo y olvidado como el de 1871. Pero quiero recordar ese, igual que antes nombré el de las cartas acadias de Tell Al-Amarna. Así que recuerdo que Wilhelm, el padre de Isak Dinesen, estuvo en esos días por París. Fue tratado con cortesía y pudo ver cómo la “república universal” podía ser un hecho. Luego Karen convertirá en heroína huida a una cocinera del “Café Anglais” en su cuento “El festín de Babette”. ¿20.000, 50.000 muertos por los bombardeos y represión posterior? La Comuna de París y sobre todo las formas de pensar y hacer política que allí se inauguraron admiraron a Marx, hicieron temblar a la burguesía republicana y sobre todo a los tipos que estaban inventando y construyendo todos esos nacionalismos incipientes que hoy nos encierran. La Comuna sería luego mal recordada, historiografiada, vilipendiada, fabulada y utilizada a su interés por los apologetas del socialismo real o los del otro lado. Pero de toda aquella palabrería podemos rescatar tres hechos puros, cuyo valor nadie ha negado desde entonces. El primero, la quema de la guillotina en la plaza de Voltaire para simbolizar que no debía de haber jamás conexión entre revolución y cadalso. El segundo, la destrucción de la columna de Vendône construida para glorificar el imperialismo napoleónico y que fue derribada para condenar la guerra entre los pueblos y para demostrar la fraternidad internacional. Y el tercer hecho es la creación de la “Unión de Mujeres para la Defensa de París” que comenzó a reorganizar el trabajo femenino y a luchar por el fin de la desigualdad económica basada en el género.

Todo eso está hoy más o menos conseguido tras duras luchas ciudadanas de más de un siglo, pero hemos perdido y estamos perdiendo otras. Vivienda digna, educación y sanidad públicas, pensiones públicas dignas, trabajo para vivir, alimentos asequibles y buenos… Todo eso que tuvimos y que cada día para más gente es un sueño remoto e imposible.

¡Si seguís así, si seguís empujándonos a convertirnos en habirû, en comuneros, quienes lo vais a perder todo ya no seremos nosotros y nosotras!


Fuente: Ctxt