lunes, 21 de septiembre de 2026

La victoria de Die Linke en Berlín abre la puerta a la expropiación de vivienda de manos de fondos privados

 


Las elecciones regionales de la región costera dejan espacio para que mantenga el gobierno el centroizquierda. Die Linke obtiene un resultado mejor que el esperado en la capital


Elif Eralp, política alemana perteneciente a Die Linke y vicepresidenta del grupo parlamentario. En septiembre de 2025 fue designada candidata principal de Die Linke para las elecciones a la Cámara de Diputados de Berlín de 2026.


     Una de cada cuatro personas  —y, entre las jóvenes, casi una de cada dos— eligió a Die Linke ayer, 20 de septiembre, en las elecciones estatales de Berlín. El resultado sitúa a Elif Eralp, jurista descendiente de refugiados turcos, como única candidata a regierende bürgermeisterin, equivalente a alcaldesa de la región. La Izquierda obtuvo 38 escaños y subió trece puntos con respecto a sus resultados de 2023. 

El estado federado y ciudad capital de Berlín ha funcionado a contracorriente del resto del país, en el que la extrema derecha Alternativa por Alemania sigue cosechando apoyos. Die Linke, que en 2023 obtuvo el 12,20 % de los votos y fue cuarta fuerza política, ha ascendido a primera fuerza. Lo hace a costa del partido conservador CDU, gran perdedor en la noche de ayer.

Elif Eralp podrá gobernar si llega a un acuerdo, en teoría asequible de obtener, con los socialdemócratas del SPD, que dirigieron la capital desde la reunificación hasta la victoria de CDU en 2023, y con Los Verdes/Alianza 90.


Joschka Fischer fue ministro de Exteriores de Alemania entre 1998 y 2005.

De hecho, Die Linke ya participó en tres gobiernos municipales como socio minoritario bajo el liderazgo de alcaldes socialdemócratas.

Con la denominación de La Izquierda, el partido nunca ha pasado del 20% en Berlín, y el resultado del 20 de septiembre era impensable hace solo tres años, cuando la escisión de Sahra Wagenknecht metió en una grave crisis de dirección a la organización heredera del Partido del Socialismo Democrático (PDS) procedente de la RDA y el WASG (Trabajo y Justicia Social-La Alternativa Electoral) de Oskar Lafontaine.

La vivienda ha sido el foco principal de la campaña de Eralp en la capital. Die Linke ha estado presente en asambleas de inquilinos y lleva como punto de su programa la socialización de las asociaciones de vivienda privadas, una fórmula bajo la que se persigue el objetivo refrendado en 2021 por la ciudadanía berlinesa en referéndum.


‘Esta es nuestra casa’ o ‘Fuera especuladores’. Pintadas contra la especulación en la ciudad.

Con el lema de campaña “Expropiar Deutsche Wohnen & Co.”, Eralp y su equipo devolvieron a la actualidad ese 'sí' a la recuperación de vivienda —unas 270.000 unidades— para el parque público de la ciudad de viviendas en las carteras de los fondos privados Vonovia o la citada Deutsche Wohnen. “Si el Partido de Izquierda gobierna, habrá socialización. Lo he dicho y lo mantengo”, ha subrayado la candidata a alcaldesa de Die Linke. Este punto se señala como uno de los que pueden ralentizar el acuerdo de coalición con el SPD y Los Verdes, menos proclives a la traslación del resultado de la consulta de 2021.

En cualquier caso, el desarrollo de esa expropiación —que consta de varias fases— no es la única medida en materia de alquileres. Inicialmente, la promesa es congelar durante un año los alquileres de las viviendas propiedad de las empresas inmobiliarias estatales para, con posterioridad, topar al 1% el posible crecimiento de las rentas. Die Linke también promueve una política llamada Vida segura. Por ley!" (Sicher-Wohnen-Gesetz) que pretende, entre otras medidas, que al menos 17.000 apartamentos se alquilen a precios asequibles cada año. Otra de las medidas que ha dado alas a la candidatura de La Izquierda ha sido la promesa de revisión de los costos de calefacción.

Pese a las habituales acusaciones de antisemitismo dirigidas a la izquierda alemana —la más timorata en su denuncia del genocidio israelí en Gaza de todo el continente— Elif Eralp logró reflejar en Berlín el “efecto Mamdani” con unas cifras excepcionales entre los votantes jóvenes. Una encuesta de Infratest dimap estima que Die Linke obtuvo el 48% de los votantes en la cohorte de edad de entre 25 a 34 años y un 42% entre los votantes de 16 a 24 años. Otras encuestas postelectorales muestran que el voto a Die Linke es sustancialmente mayor entre las mujeres que entre los hombres.

La subida de AfD

La victoria de la izquierda se produce en un contexto de reordenación del voto de la derecha. CDU, la fuerza conservadora que dirige el canciller alemán Friedrich Merz ha vivido un septiembre desastroso. Hace dos semanas fueron las elecciones de Sajonia-Anhalt, donde el que era partido de Gobierno se desplomó desde el 37% del voto de 2021 al 17,23%. Ayer,  la caída continuó en Berlín, en una pérdida de cuatro escaños y de diez puntos porcentuales con respecto a 2023 y en las elecciones estatales de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde el partido de Merz perdió la representación.

Situado en la costa del mar Báltico, el land de Mecklemburgo-Pomerania Occidental lleva dos décadas siendo dirigido por la socialdemocracia del SPD. En las últimas elecciones (2021), CDU obtuvo el 13,3% y fue tercera fuerza, por detrás de SPD y AfD. En las elecciones de ayer, la extrema derecha se constituyó como primera fuerza con el 38,2% de los sufragios. Sin embargo, las pérdidas de SPD han sido controladas: ha mantenido un 35,5% de los votos (solo cuatro puntos menos que hace un lustro) y podrá gobernar con los apoyos de Los Verdes y La Izquierda, que completan el Parlamento regional.

Ni en Berlín ni en Mecklemburgo-Pomerania Occidental ha obtenido representación la Alianza Sahra Wagenknecht-Por la Razón y la Justicia, que sí puede ser crucial en las negociaciones para formar gobierno en Sajonia-Anhalt.

La crisis de la CDU ha provocado una comparecencia del canciller Friedrich Merz, en caída libre de popularidad. Merz aseguró que no dimitirá y seguirá siendo canciller y presidente del partido pese al “desastre” electoral y aspira a lanzar un paquete de reformas para frenar la sangría. En un discurso típico de falsa equivalencia, Merz aseguró que la confianza en las instituciones de nuestro país “está siendo socavada activamente por partidos radicales tanto de izquierda como de derecha”.


Fuente: El Salto

Las elecciones en Rusia, ante al agotamiento por la guerra y las acusaciones de fraude

 

      Periodismo, comunicación y transporte. Autor en Descifrando la Guerra.



Las elecciones de Rusia, de carácter legislativo, se celebran en un marco complejo que combina sospechas de fraude y críticas por la guerra.

     La situación antes de las elecciones en Rusia de 2026 es diferente a la situación que vivió el país tras el inicio de la guerra. Moscú inició una guerra con un objetivo que no pudo cumplir: destituir al Gobierno ucraniano y hacerse con el Dombás en cuestión de horas. La no consecución de los objetivos inmediatos derivó en una guerra de larga duración que se encuentra en situación de estancamiento. 

A cambio de no haber cumplido los objetivos y de iniciar una guerra, el Gobierno ruso aseguró y reforzó el contrato social trabajando en no trasladar las consecuencias del conflicto a la ciudadanía. Los combates se llevaron a cabo en zonas lejanas a la guerra, se consiguieron evadir las sanciones a través de terceros países y de métodos de ingeniería fiscal, se rompió el aislamiento recurriendo a instituciones internacionales disidentes como los BRICS… 

Toda una suerte de medidas de enorme ingenio consiguió hacer ver que la guerra, al principio, era una cosa necesaria pero lejana. Pero la situación cambió con el paso del tiempo. Ucrania se adentró militarmente en territorio ruso y Kursk fue ocupada.


En verde, los avances ucranianos tras llevar a cabo la incursión en Kursk, Rusia, a día 8 de agosto de 2024.

Varios ataques de Kiev alcanzaron Irkutsk, a 2000 kilómetros de la frontera. Más tarde, los drones ucranianos comenzaron a golpear las dos mayores ciudades de Rusia y las consecuencias ya se ven en los mayores negocios en línea del país, que son un blanco ucraniano.


El segundo mayor minorista en línea de Rusia, objetivo de los ataques en Ucrania.

Como medida defensiva, ya que los drones ucranianos funcionan utilizando internet y red GPS, este año el Gobierno ha llevado a cabo varios cortes de la red de internet móvil en San Petersburgo. En Moscú, la señal GPS de los teléfonos móviles no funciona desde que comenzó la guerra, y esta dinámica se sostiene durante las elecciones de Rusia.


Sin GPS ni mensajería, crece el malestar en Moscú por los apagones de internet.

Además, tras la censura de algunas tecnológicas occidentales a medios de comunicación rusos, el Gobierno ha declarado organización extremista a Meta, X y otras muchas redes sociales occidentales. Esta consideración se extendió también a Telegram, la red social más popular en Rusia. El resultado es que a principios de este verano, ninguna red social o aplicación de mensajería occidental era accesible en Rusia sin una VPN. 

En el mejor de los casos, el de aquellos no expuestos a drones ucranianos, ahora los rusos tienen que enfrentarse a cortes de internet y una creciente censura digital. Todo ello en el escenario de una guerra que no avanza y que no da ninguno de los resultados prometidos.

En esta “nueva normalidad” rusa, cada vez más se abre camino la posibilidad de una movilización masiva, aunque el Gobierno lo niega “a día de hoy”.

Georgia está informando de cifras récord de cruce de su frontera terrestre con Rusia, lo que hace pensar en un pequeño éxodo de ciudadanos que huyen de una posible escalada.


Rusos se alinean en la frontera con Georgia en medio de rumores de movilización.

El contrato social ruso parece mostrar signos de fragmentación. La ciudadanía, a la que se le prometió hace veinte años una vida de "primer mundo", muestra ya signos de agotamiento. Queda por ver si la fatiga social se manifiesta en las próximas elecciones en forma de abstención o en forma de voto de partidos más beligerantes. 

Acusaciones de fraude

Antes de las elecciones en Rusia, son varios los actores que llevan años denunciando irregularidades en los procesos de votación: desde la oposición extraparlamentaria a la diáspora rusa en el extranjero, pasando por numerosas organizaciones internacionales como la OSCE –que no ha sido invitada a participar como observador internacional, como sí había hecho en procesos anteriores–.

Amén de miles de casos particulares de irregularidades denunciados por diversas asociaciones, el hilo argumental de fraude sistémico en el esquema electoral de todas estas agrupaciones se sintetiza en dos puntos.

El primero se encuentra en un foco de denuncias con relación al sistema electrónico de votación remota (DEG). El DEG es el sistema de votación por defecto en el óblast de Moscú. Los ciudadanos que acuden a sus colegios electorales, a no ser que soliciten con antelación la papeleta física, emiten su voto directamente a través de un terminal electrónico.

En el resto de la Federación el proceso es el inverso: los ciudadanos votan a través del “método analógico” ,a no ser que se escoja la opción de votar electrónicamente. Mientras en Moscú se emiten en torno a un 95% de votos electrónicos, en el resto del país la votación digital apenas llega al 30%.

Un estudio del medio opositor Novaya Gazeta reveló varias anomalías en el sistema DEG, como que los electores podían cambiar su voto cada tres horas, que había picos de votos a determinadas horas o que algunos de los votos quedaban en una especie de limbo digital. El informe no aporta ninguna prueba directa de manipulación de los resultados, pero sí evidencia que el DEG y los datos aportados por las autoridades no permiten auditar de forma transparente el sistema.

El segundo se encuentra en el hecho de que la votación se extienda a lo largo de tres días. La organización de monitorización rusa Golos ya denunció en las elecciones presidenciales de 2024 que la prolongación de la jornada electoral de una a tres jornadas podría suponer un riesgo en tanto las urnas podían ser manipuladas por la noche. La organización también añadió en una nota de prensa que tras la supervisión después de tantos días los observadores podrían experimentar “fatiga”.

El Partido Comunista de la Federación Rusa, uno de los principales partidos de la oposición con más miembros dentro de la Duma, también ha solicitado regresar al método previo de votación en un único día, ya que “la votación a lo largo de varios días (incluidos tres días consecutivos) no permite una supervisión completa de la integridad electoral, por cuanto ni los miembros de la comisión electoral ni los observadores pueden pasar la noche en los colegios electorales”.

El sistema de votación en tres días se remonta a la pandemia. Por ese entonces, en las elecciones legislativas de 2021, la Comisión Electoral Central justificó esta decisión como una medida para evitar aglomeraciones y facilitar la participación a personas que se encuentran a cientos de kilómetros de su centro de votación.

En ese sentido, recuérdese que Siberia es una de las regiones menos habitadas del planeta, donde algunos asentamientos se encuentran a una enorme distancia de las ciudades más cercanas. En la actualidad se mantiene, según las autoridades, para la comodidad de los votantes cuando se celebran elecciones en Rusia.


Fuente: Descifrando la Guerra

sábado, 19 de septiembre de 2026

Las elecciones del domingo miden la resistencia de Berlín al auge de la extrema derecha

 

 Por Àngel Ferrero   
      Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.


La Izquierda espera convertir Berlín en una plataforma que sirva para mejorar sus resultados a escala federal, donde actualmente obtiene hasta un 12% en las encuestas de intención de voto


Un joven pasa por delante de los vestigios del Muro de Berlín.

     La victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones en Sajonia-Anhalt ha sacudido los cimientos de la política alemana incluso más de lo que se esperaba.


Ulrich Siegmund, político alemán miembro del Parlamento Regional de Sajonia-Anhalt desde 2016 – Colíder del grupo estatal del partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD).

La agresividad en las declaraciones a los medios de comunicación de los principales representantes de AfD durante estos últimos días es claramente mayor y no sólo por los resultados obtenidos: este domingo se celebran elecciones al Senado de Berlín y en el estado federado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y el partido quiere explotar todo lo posible el tirón electoral.

Es difícil que AfD pueda repetir los resultados de Sajonia-Anhalt. En Berlín las encuestas de intención de voto le proporcionan un respetable 18%, mientras que en Mecklemburgo-Pomerania Occidental –otro estado de la antigua República Democrática Alemana (RDA) rezagado económicamente– sería la primera fuerza con entre un 36% y un 37%, pero el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), al que se le pronostica entre un 30% y un 33% de los votos, podría formar un gobierno con La Izquierda (10-12%) y Los Verdes (5-6%). La Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), que tendrá un papel clave en la gobernabilidad de Sajonia-Anhalt, dejaría de tenerlo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y podría ser extraparlamentaria en Berlín si no logra superar el umbral del 5%.

A pesar de toda la tinta vertida, la escisión nacional-populista de La Izquierda (Die Linke) quedaría a día de hoy fuera del Bundestag, en los estados federados de la antigua Alemania oriental sus porcentajes de intención de voto se mantienen en torno al umbral en el que podría entrar o quedarse fuera, y en los occidentales todavía se alejan más de esa cifra (3%). Por lo demás, BSW ya no forma parte de ninguno de los gobiernos en los que entró: en Brandeburgo gobierna ahora una Gran Coalición y el partido en Turingia ha implosionado por tensiones internas –antes las hubo en Brandeburgo– que podrían muy bien reproducirse en otros sitios tras el voto para elegir al ministro-presidente de Sajonia-Anhalt.

Berlín como antítesis de Sajonia-Anhalt

Las elecciones en Mecklemburgo-Pomerania Occidental –uno de los Länder con menos población y que menos contribuye al PIB del país– tienen poco peso en el conjunto, a diferencia de Berlín, que además es la capital y la sede del gobierno, y tiene por ello un alto valor simbólico.

Aquí la partida es otra, porque el liderazgo se lo disputan La Izquierda, que alcanza entre un 21% y un 23% en las encuestas de intención de voto, y la Unión Cristiano Demócrata (CDU), con entre un 19% y un 20%. Si se mantienen estos resultados, La Izquierda podría gobernar Berlín en una coalición con Los Verdes –que obtienen entre un 15% y un 16% en los sondeos– y los socialdemócratas –entre un 10% y un 15%–, un tripartito conocido como R2G.

Actualmente Die Linke participa en una coalición de gobierno con los socialdemócratas en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y con socialdemócratas y verdes en Bremen, pero una victoria en Berlín supondría su regreso a la presidencia de un Land desde que perdió la de Turingia en las elecciones de 2024. Con todo, los medios locales advierten de que la ultraderecha intentará alzarse con la victoria en un antiguo granero de votos de La Izquierda en Berlín, el distrito de Marzahn-Hellersdorf, de nuevo con la ayuda de los votos de BSW si ésta logra superar el 5%.

La Izquierda lleva meses trabajando cuidadosamente en la campaña de Berlín con un programa centrado en poner fin a la subida de los alquileres, un transporte público accesible y el refuerzo de los servicios públicos. La campaña de su candidata, Elif Eralp, parece seguir, en su forma y en su contenido, la misma estrategia que llevó a La Izquierda a remontar en las encuestas de intención de voto en las elecciones federales de febrero de 2025 y entrar finalmente en el Bundestag con un 8,8%.

La Izquierda de la capital, que en el pasado formó parte de varios gobiernos de Berlín con el SPD –en la legislatura de 2006-2011, con Klaus Wowereit; en la de 2016-2021, con Michael Müller; y en la de 2021-2023, junto con Los Verdes, con Franziska Giffey–, ha sufrido, como en el resto del país, fuertes tensiones internas de las que se presenta ahora libre.

Uno de los nombres más repetidos durante esta campaña es el de Zohran Mamdani como ejemplo de cómo la izquierda puede llegar al poder en los lugares aparentemente más difíciles.


Zohran Mamdani en un mitin político diez días antes de la elecciones.

Los críticos desde la izquierda, no obstante, se han apresurado a señalar que La Izquierda, a diferencia de Mamdani, sigue esquivando la cuestión palestina por miedo a que este tema pueda volver a dividir a sus militantes y a sus votantes, una disputa amplificada por unos medios de comunicación siempre interesados en que esto sea lo que precisamente ocurra agitando el espantajo del antisemitismo.

Debates sobre táctica aparte, La Izquierda espera convertir Berlín en una plataforma que sirva para mejorar sus resultados a escala federal, donde actualmente obtiene hasta un 12% en las encuestas de intención de voto, mejorando su mejor marca electoral hasta la fecha, que fue la de las elecciones al Bundestag de 2009, en las que obtuvo un 11,9%. Buena parte de los partidos de la izquierda europea espera también con interés los resultados de estas elecciones por si una victoria de La Izquierda en Berlín sirve a un mismo tiempo para crear una “isla roja” dentro de una Europa escorada cada vez más a la derecha –como ocurre, a otro nivel, en la ciudad austríaca de Graz– y como impulso a unas izquierdas que siguen sin dar con la fórmula que les permita recobrar fuerza.

La carrera de fondo de AfD

Aunque quede fuera del gobierno en ambas elecciones, la estrategia de AfD se mantiene firme: avanzar y afianzarse. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental su crecimiento se ha nutrido, como en el resto de Alemania, del desplome de la CDU, que obtendría un testimonial 6-7% de los votos según los sondeos. La presión sobre el canciller, Friedrich Merz, ha aumentado estos días, en los que se han multplicado de nuevo los rumores sobre su posible dimisión como presidente de la CDU y hasta como canciller. En los medios de comunicación ha vuelto a aparecer el nombre del ministro de Defensa, Boris Pistorius (SPD), como recambio de Merz al frente del gobierno, y los del ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia, Hendrik Wüst, y del ministro-presidente de Schleswig-Holstein, Daniel Günther, como futuro líder de la CDU.

En ausencia de una base de apoyo sólida, empero, nadie parece dispuesto a querer dar ese paso por ahora y ponerse al frente de un partido en crisis. La situación podría empeorar a partir de este domingo si La Izquierda consigue ganar en Berlín y la CDU desaparece del Landtag de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, como señalan algunas encuestas de intención de voto. “Si la CDU pierde Berlín, donde ha gobernado hasta ahora, Friedrich Merz será entonces como un boxeador que ha tenido que encajar tres golpes claros”, ha comentado el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Rostock Wolfgang Muno al medio ZDF, “y entonces uno se pregunta si caerá KO o no”.

Todo ello sin tener en cuenta la situación económica: a la sucesión de noticias sobre la crisis de modelo industrial vino a sumarse a comienzos de esta semana la de la subida del combustible en las estaciones de servicio como consecuencia de los últimos acontecimientos en los conflictos en Irán y en Yemen.


Planta de Volkswagen en Osnabrück (Baja Sajonia).

“Un precio del crudo a 100 dólares se traslada en precios más elevados para la gasolina, el diésel, el gasóleo, el keroseno y otros productos derivados”, ha observado el analista Wolfgang Münchau, “un invierno severo podría llevar a un déficit de gas natural en Alemania, donde las reservas se encuentran en niveles históricamente bajos.” Y un precio de 100 dólares el barril, remacha, “no es uno con el que nuestras economías occidentales funcionen sin fricciones.”

A nivel federal la CDU se encuentra a entre 9 y 10 puntos porcentuales en las encuestas de intención de voto de AfD, que bate récords históricos con porcentajes del 29% y del 30%. Su socio de coalición actual, el SPD, sigue con entre un 11% y un 13%, por detrás de Los Verdes, con un 15%, en consonancia acaso con los cambios sociales del país, en los que la tradicional base de votantes de los socialdemócratas ha envejecido y se ha erosionado, mientras que la de Los Verdes –la clase profesional-directiva (PMC) teorizada por John y Barbara Ehrenreich a finales de la década de los setenta– se ha consolidado. La consigna de aportar estabilidad, lejos de favorecer al SPD, empeora sus resultados. Los socialdemócratas se oponen a los recortes al sistema social que los conservadores defienden como necesarios, pero su manifiesta debilidad no los hace aparecer ni como un dique de contención ni como un motor del cambio, sino como sostén de una gestión del declive. De acuerdo con Muno, un gobierno liderado por los socialdemócratas en Mecklemburgo-Pomerania Occidental podría refozar una candidatura de la jefa de su ejecutivo, Manuela Schwesig, a escala federal, con la que, quizás, poder frenar y revertir la caída.

En una entrevista con el medio austríaco de ultraderecha AUF1 publicada el pasado 11 de septiembre, la co-presidenta de AfD, Alice Weidel, exponía algunas de las medidas que su partido llevaría a cabo en caso de llegar a la cancillería, evidenciando que el programa de su partido se encuentra entre los más radicales de todo el espacio de la extrema derecha europea: poner fin a la ayuda financiera a Ucrania y exigir a Kíev que devuelva parte del dinero entregado; expulsar a refugiados ucranianos –especialmente a los varones en edad militar– y a los refugiados sirios; terminar con las contribuciones a la Unión Europea (“vamos a dejar de co-financiar la fiesta para nuestros países vecinos, queremos nuestro dinero de vuelta […] veremos el drama que se producirá en Bruselas y Estrasburgo cuando dejemos de financiar este circo”). Como el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) en el país vecino, AfD parece haber hecho suya la propuesta del escritor fascista Julius Evola de que, para vencer al tigre, la mejor manera es cabalgarlo hasta que se agote.


Pegatina contra Herbert Kickl, líder del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) desde 2021.


Fuente: El Salto