viernes, 7 de agosto de 2026

Crisis migratoria de Ceuta: ¿Por qué los analistas chinos están mirando al Mossad?

 

 Por Nadia Helmy   
      Profesora asociada de Ciencias Políticas, Facultad de Política y Economía / Universidad de Beni Suef - Egipto. Experta en política china, relaciones sino-israelíes y asuntos asiáticos.


La crisis migratoria de Ceuta plantea interrogantes sobre Marruecos, España, el Mossad, China y la geopolítica de la frontera sur de Europa


     La extraordinaria crisis migratoria que se desató en Ceuta, ciudad del norte de África española, a finales de julio y principios de agosto de 2026, se ha convertido rápidamente en una cuestión geopolítica de mayor alcance.

Migrantes esperan para cruzar al enclave español de Ceuta, desde el lado marroquí de la frontera en Fnideq, Marruecos, 31 de julio de 2026.

Alrededor de 72.000 migrantes entraron en Ceuta en una semana, desbordando a las autoridades locales y provocando una respuesta de emergencia por parte de España y la Unión Europea. La magnitud del movimiento, el papel de la desinformación en las redes sociales y las dudas sobre los controles fronterizos de Marruecos han transformado lo que inicialmente parecía una emergencia migratoria en una disputa estratégica que involucra a España, Marruecos y la Unión Europea en general.

Este episodio también merece atención desde una perspectiva estratégica china. Pekín tiene importantes intereses económicos y geopolíticos en Marruecos, el norte de África, las rutas comerciales del Mediterráneo y los puertos europeos. Por lo tanto, un deterioro prolongado de las relaciones entre España y Marruecos, especialmente en torno a Ceuta y Melilla, podría tener consecuencias que trasciendan la política migratoria.

Al mismo tiempo, las afirmaciones de que el aumento de la migración fue organizado por el Mossad israelí o la Agencia Central de Inteligencia estadounidense deben tomarse con cautela. Actualmente no existe evidencia pública que demuestre que alguna de estas agencias orquestó el movimiento. Si bien tales alegaciones pueden formar parte de especulaciones de inteligencia o geopolíticas, no deben presentarse como hechos probados.

Una crisis migratoria amplificada por las redes sociales

Uno de los elementos más evidentes de la crisis es el papel que desempeña la información digital.

Según se informa, publicaciones falsas o engañosas en redes sociales contribuyeron a movilizar a la población hacia Ceuta, incluyendo afirmaciones sobre la apertura o el debilitamiento de los controles fronterizos españoles. Funcionarios europeos también han señalado la desinformación en línea y las redes de tráfico de migrantes como factores importantes en este episodio.

Esta distinción es importante. La existencia de movilización en línea no demuestra por sí sola que una agencia de inteligencia extranjera haya creado o dirigido la campaña.

Las redes sociales pueden acelerar los movimientos migratorios sin necesidad de una operación centralizada. Las expectativas económicas, la percepción de oportunidades, la información que circula en las comunidades migrantes y las acciones de las redes de tráfico de personas pueden interactuar rápidamente, generando movimientos que parecen altamente coordinados incluso cuando sus orígenes están descentralizados.

No obstante, la magnitud del episodio de Ceuta plantea una cuestión estratégica legítima: ¿fue el movimiento totalmente espontáneo, fue facilitado por redes criminales, fue tolerado o alentado por las autoridades marroquíes, o intentaron agentes externos explotar una crisis que ya se estaba desarrollando?

Actualmente, las pruebas públicas disponibles no ofrecen una respuesta definitiva.

El factor marroquí

La explicación alternativa más importante concierne al propio Marruecos.

Marruecos ya ha demostrado que la migración puede convertirse en un instrumento de presión diplomática sobre España. La crisis de Ceuta en mayo de 2021, cuando miles de migrantes entraron en la ciudad española tras la relajación de los controles fronterizos marroquíes, constituye un precedente importante.

La crisis de 2026 es considerablemente mayor. Las autoridades españolas y europeas están examinando el papel de las redes de tráfico de personas, la desinformación y la cooperación de Marruecos con la política migratoria europea. Los funcionarios de la UE han pedido una mayor cooperación con Marruecos, evitando al mismo tiempo una acusación pública definitiva de que Rabat orquestó deliberadamente la crisis.

Esto hace que el concepto de migración como presión política híbrida sea más útil que la suposición de que la crisis fue necesariamente dirigida por un servicio de inteligencia extranjero.

Un Estado no necesita necesariamente organizar cada movimiento migratorio individual para explotar la migración estratégicamente. La relajación deliberada de los controles fronterizos, la aplicación selectiva de la ley o la falta de intervención pueden generar presión política al tiempo que permiten una negación plausible.

Si eso ocurrió en este caso es una cuestión que requiere mayor investigación.

Por qué Ceuta y Melilla son importantes

Ceuta y Melilla son ciudades autónomas españolas del norte de África y forman parte de España y de la Unión Europea. Marruecos disputa la soberanía española sobre ambas ciudades y ha mantenido sus reivindicaciones territoriales durante décadas. Las autoridades españolas, por su parte, consideran que su estatus de territorio español es innegociable.

La disputa adquirió una nueva dimensión internacional a principios de 2026, cuando un informe del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos describió a Ceuta y Melilla como ciudades administradas por España ubicadas en territorio marroquí y se refirió a la antigua reivindicación de Marruecos sobre ellas. El informe instó al secretario de Estado estadounidense a promover el diálogo diplomático entre Madrid y Rabat sobre su futuro estatus.

Esto tuvo una gran importancia política, pero no debe confundirse con una resolución formal del Congreso que reconozca la soberanía marroquí.

No obstante, la redacción representó un cambio notable con respecto a la forma en que normalmente se aborda la postura de España sobre las dos ciudades en Washington. Los funcionarios españoles respondieron haciendo hincapié en que el carácter español de Ceuta y Melilla no estaba en entredicho.

El momento elegido hace que el asunto sea particularmente delicado. Cualquier percepción de que Washington se está volviendo más receptivo a la postura de Marruecos podría afectar los cálculos estratégicos de Madrid y Rabat.

¿Podrían las agencias de inteligencia extranjeras aprovechar la crisis?

Aquí es donde surgen las afirmaciones más controvertidas en torno a la crisis de Ceuta.

La posibilidad de que agencias de inteligencia extranjeras intenten explotar una crisis migratoria no es del todo descabellada. Los grandes movimientos migratorios pueden generar inestabilidad política, influir en las elecciones, intensificar la polarización y ejercer presión sobre los gobiernos. Los servicios de inteligencia monitorean habitualmente estas vulnerabilidades.

Pero existe una distinción esencial entre monitorear o explotar una crisis y crear la crisis.

Actualmente no existen pruebas públicas que demuestren que el Mossad organizara el traslado de migrantes marroquíes hacia Ceuta. Tampoco hay pruebas públicas suficientes para establecer que la CIA coordinara la operación.

Por lo tanto, las afirmaciones en este sentido deben considerarse hipótesis que requieren pruebas, más que conclusiones.

No obstante, Israel tiene un potencial interés estratégico en la dirección de la política exterior española. España ha adoptado posturas sobre el conflicto israelí-palestino que, en ocasiones, han generado importantes fricciones diplomáticas con Israel. Esto crea un posible motivo para analizar si actores opuestos a las políticas de Madrid podrían intentar explotar las vulnerabilidades internas de España.

Pero el motivo por sí solo no es prueba de que se haya llevado a cabo una operación.

Una evaluación de inteligencia seria requeriría pruebas de capacidad, comunicaciones, flujos financieros, vínculos operativos, reclutamiento, actividad cibernética u otros indicadores que conecten a una agencia en particular con las redes de migración.

Ninguno de esos vínculos se ha demostrado públicamente en el presente caso.

Los Hermanos Musulmanes y el peligro de confundir ideología con operaciones

Otro elemento controvertido del debate concierne a los Hermanos Musulmanes y otros movimientos islamistas.

Existen vínculos ideológicos históricos entre los Hermanos Musulmanes y varias organizaciones islamistas que operan en Oriente Medio y el Norte de África. El Movimiento Islámico en Israel también mantiene una relación histórica con la tradición ideológica más amplia de los Hermanos Musulmanes.

Sin embargo, eso no establece una coordinación operativa entre estos movimientos y el Mossad, la CIA o las redes de migración marroquíes.

La existencia de organizaciones políticas islamistas en Marruecos tampoco demuestra que ellas organizaran los cruces de Ceuta.

La distinción es fundamental. La afinidad ideológica, la influencia histórica y la cooperación organizativa son tres cosas distintas. Un artículo sobre inteligencia y competencia geopolítica no debería tratarlas como sinónimos.

El simbolismo de al-Ándalus

La memoria histórica de al-Ándalus ha desempeñado durante mucho tiempo un papel importante en algunos discursos políticos islamistas y musulmanes en general. Las referencias a Al-Ándalus pueden evocar la presencia histórica de la civilización musulmana en la península ibérica y, por lo tanto, pueden tener un considerable significado emocional e ideológico.

Ese simbolismo merece ser examinado en el contexto de los debates sobre Ceuta y Melilla.

Sin embargo, actualmente no existen pruebas suficientes para concluir que las referencias a la “reconquista de Andalucía” se utilizaran como parte de una operación de inteligencia coordinada para enviar inmigrantes marroquíes a Ceuta.

Si existe tal conexión, debe demostrarse mediante pruebas específicas: campañas documentadas en redes sociales, organizaciones identificables, mensajes coordinados, vínculos financieros o comunicaciones entre los actores involucrados.

Sin tales pruebas, el simbolismo andalusí debería tratarse como objeto de análisis político e histórico, en lugar de como prueba de una operación de inteligencia.

¿Y qué hay del Gran Oriente Medio?

El debate geopolítico más amplio a veces relaciona los conflictos contemporáneos de Oriente Medio con la agenda de reformas del "Gran Oriente Medio" o del "Gran Oriente Medio y Norte de África" ​​de Estados Unidos de principios de la década de 2000.

La iniciativa en sí era real. La administración de George W. Bush la asoció públicamente con la reforma política, económica y social, una mayor libertad y el desarrollo en Oriente Medio y el Norte de África.

Pero no hay pruebas de que la iniciativa estuviera diseñada para utilizar la migración marroquí con el fin de desmantelar estados árabes, establecer gobiernos proisraelíes u organizar el movimiento de migrantes hacia Ceuta.

Esas afirmaciones van mucho más allá de los registros históricos documentados.

Esta distinción es importante porque las iniciativas políticas históricas pueden influir en el análisis geopolítico actual sin aportar pruebas de cada conspiración contemporánea que se les atribuye.

¿Por qué le importaría a China?

La dimensión china se fundamenta más fácilmente en intereses estratégicos observables.

China ha expandido su presencia económica y diplomática en el norte de África y el Mediterráneo. Marruecos reviste especial relevancia para Pekín debido a su posición geográfica, su desarrollo industrial, su infraestructura, su potencial logístico y su acceso a los mercados europeos y africanos.

La estabilidad de los puertos mediterráneos y las rutas comerciales marítimas también es importante para los intereses comerciales más amplios de China.

Desde esta perspectiva, Pekín tiene una razón legítima para monitorear una crisis que involucra simultáneamente:

  • España y la Unión Europea;

  • Marruecos y el norte de África;

  • Migración y seguridad fronteriza;

  • Comercio mediterráneo;

  • Estabilidad política europea;

  • Y la relación estratégica entre Washington, Madrid y Rabat.

Una crisis prolongada entre España y Marruecos podría generar consecuencias económicas y logísticas que se extiendan más allá de la frontera inmediata.

Esto no implica que un servicio de inteligencia chino crea que el Mossad fue el causante de la crisis. China puede estar preocupada por las consecuencias de la inestabilidad sin respaldar una explicación concreta sobre sus orígenes.

La cuestión de la inteligencia china

Las instituciones militares y de inteligencia chinas examinan de forma rutinaria la evolución de la seguridad internacional, incluyendo la inestabilidad política, la migración, las infraestructuras estratégicas, las rutas marítimas y las actividades de las potencias extranjeras.


Post en Instagram de Mimoun Aabou.

Sin embargo, las afirmaciones relativas a evaluaciones específicas de inteligencia china clasificadas requieren un alto estándar probatorio.

La información disponible públicamente no permite establecer que el Ministerio de Seguridad del Estado de China, o específicamente alguna oficina del MSS, haya llegado a la conclusión de que el Mossad organizó la crisis migratoria de Ceuta.

Por consiguiente, las referencias a la "inteligencia china" en los debates sobre este episodio deben entenderse como interpretaciones analíticas, a menos que se pueda identificar un documento chino específico, una evaluación de inteligencia o una fuente atribuible.

Esto cobra especial importancia al analizar la supuesta evaluación que China hace de Israel, Estados Unidos o los Hermanos Musulmanes. El discurso oficial y estratégico chino suele ser muy crítico con las operaciones de inteligencia extranjeras y los movimientos políticos transnacionales, pero estas posturas generales no deben interpretarse automáticamente como prueba de una conclusión de inteligencia específica sobre Ceuta.

Cuatro explicaciones contrapuestas

La evidencia disponible sugiere que al menos cuatro hipótesis merecen ser examinadas.

En primer lugar, la movilización espontánea. Los incentivos económicos, la percepción de una oportunidad para entrar en Europa, las redes sociales y la desinformación en línea pueden haber producido un movimiento rápido sin una dirección central.

En segundo lugar, la facilitación de actividades delictivas. Es posible que las redes de contrabando hayan explotado la situación y amplificado el movimiento para obtener beneficios económicos.

En tercer lugar, la instrumentalización marroquí. Es posible que Rabat haya tolerado o facilitado el movimiento como medio para presionar a España, de forma deliberada o no. La crisis de Ceuta de 2021 hace que esta hipótesis sea especialmente relevante.

En cuarto lugar, la explotación extranjera. Es posible que agentes políticos o de inteligencia externos hayan intentado explotar la crisis o influir en sus consecuencias políticas.

Estas posibilidades no son mutuamente excluyentes.

Una crisis migratoria puede comenzar de forma orgánica, ser facilitada por redes criminales, ser tolerada por un Estado y posteriormente ser explotada por agentes extranjeros.

Por eso, atribuir todo el episodio a un único servicio de inteligencia sin pruebas conlleva el riesgo de simplificar en exceso lo que podría ser una crisis híbrida mucho más compleja.

Qué significa la crisis de Ceuta para Europa

Sean cuales sean sus orígenes, la magnitud de la afluencia de 2026 ha demostrado la vulnerabilidad de la frontera sur de Europa ante las repentinas perturbaciones migratorias.

Los ministros del Interior de la UE ya han debatido sobre una mayor cooperación con países no pertenecientes a la UE, el intercambio de información de inteligencia, la vigilancia de las redes sociales, las medidas contra el tráfico ilícito de migrantes y el refuerzo de la seguridad fronteriza.

Por lo tanto, es probable que la crisis influya en los debates europeos mucho más allá de España.

También demuestra la influencia política que poseen los países que cooperan con Europa en el control de la migración. Marruecos ocupa una posición particularmente importante en este sistema debido a su proximidad con España y su papel en la gestión de las rutas migratorias hacia la UE.

Para España, el reto principal ya no reside simplemente en cómo controlar una frontera, sino en cómo evitar que la política migratoria se convierta en una fuente de vulnerabilidad estratégica.

Una crisis mayor que la migración

Por lo tanto, la crisis de Ceuta debe entenderse en varios niveles simultáneamente.

En el plano humanitario, decenas de miles de personas se vieron involucradas en un movimiento extraordinario que desbordó la capacidad local.

En el plano político interno, este episodio está avivando los debates sobre inmigración, control de fronteras y la relación de España con Marruecos.

A nivel bilateral, plantea nuevas interrogantes sobre las antiguas reivindicaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla y sobre el futuro de las relaciones hispano-marroquíes.

A nivel europeo, pone de manifiesto la dependencia de la UE de la cooperación con los estados vecinos para gestionar la migración irregular.

En el plano geopolítico, la crisis se entrecruza con la evolución de las relaciones entre Estados Unidos y Marruecos, la política española en Oriente Medio y la competencia estratégica más amplia en torno al norte de África y el Mediterráneo.

Desde la perspectiva de China, la inestabilidad en Marruecos, España y el Mediterráneo puede afectar al entorno económico y estratégico en el que operan los proyectos chinos de comercio, inversión y conectividad.

Por lo tanto, la pregunta más importante quizás no sea si el Mossad está detrás de la crisis.

La cuestión más trascendental es quién puede explotar la crisis, quién se beneficia de ella y si la migración se está convirtiendo en un instrumento cada vez más importante de competencia geopolítica entre estados.

Esa cuestión puede investigarse utilizando las pruebas que ya están surgiendo.

Por ahora, la información pública disponible respalda la existencia de una grave crisis migratoria, exacerbada por la desinformación y que plantea serias dudas sobre la gestión de fronteras y las relaciones marroquí-españolas. Sin embargo, aún no se puede demostrar que el Mossad, la CIA, los Hermanos Musulmanes o cualquier otra organización de inteligencia extranjera orquestaran el movimiento.

Esa distinción es esencial, no solo para comprender lo que sucedió en Ceuta, sino también para evaluar lo que podría suceder a continuación.


Fuente: Modern Diplomacy

jueves, 6 de agosto de 2026

La verdadera historia detrás de la entrada masiva de migrantes en Ceuta

 

 Por Stephen Zunes   
      Profesor de Política y director de Estudios sobre Oriente Medio en la Universidad de San Francisco.



El eje EEUU-Israel-Marruecos pretende debilitar a un gobierno europeo progresista, dividir a la UE y socavar el derecho internacional y los derechos humanos


Donald Trump junto al ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, en una reunión de la Junta de Paz en enero de 2026.


     Lo que provocó las escenas de la semana pasada, en las que 50.000 marroquíes y otras personas entraron en masa en el enclave español de Ceuta, es más complicado de lo que parece. Ceuta es una de las dos ciudades autónomas españolas situadas en la costa norte de Marruecos; llevan siglos habitadas por población española y, al igual que las Islas Baleares en el Mediterráneo y las Islas Canarias en el Atlántico, son territorios españoles reconocidos.


Decenas de miles de marroquíes y personas de otras nacionalidades entraron en la pequeña ciudad de Ceuta, España, el jueves 30 de julio de 2026.

Al ser la única parte de la Unión Europea que tiene una frontera terrestre con un país africano, ha sido durante mucho tiempo un destino para migrantes desesperados por cruzar esa frontera internacional fuertemente fortificada.

Sin embargo, las personas que entraron en Ceuta –también las docenas que se ahogaron al intentar sortear la valla fronteriza que se adentra en el mar– no respondían al clásico perfil de refugiado. Las imágenes muestran que casi ninguno llevaba maletas u otras pertenencias personales. También hay vídeos en los que se ven camiones llenos de jóvenes, aparentemente organizados por el Gobierno marroquí, que son trasladados hasta las afueras de Ceuta, así como escenas en las que guardias fronterizos marroquíes les permiten el paso.




Incluso hay indicios de que, entre la multitud, había agentes de los servicios de inteligencia marroquíes, en un aparente intento de recabar información sobre la seguridad fronteriza y la respuesta de las autoridades españolas.


La Guardia Civil detecta a agentes de inteligencia de Marruecos entre los migrantes que se colaron en Ceuta.

En todo caso, la llegada simultánea de decenas de miles de personas a la frontera, difícilmente podría haberse producido sin un importante apoyo logístico.

Esta provocación parece haber sido diseñada por el régimen marroquí para poner en aprietos al presidente del Gobierno español.


La afluencia de migrantes a Ceuta supone un quebradero de cabeza diplomático para España.

Pedro Sánchez, en respuesta a sus esfuerzos por estrechar relaciones con Argelia, rival geopolítico histórico de Marruecos y proveedor clave de gas natural, un recurso cuya disponibilidad se ha visto mermada como consecuencia de las guerras de Ucrania e Irán. Sánchez se había reunido con el presidente argelino la semana anterior. Marruecos orquestó un episodio similar en 2021, cuando facilitó una entrada masiva de personas, en represalia por la decisión de España de permitir la entrada en el país, para recibir tratamiento médico, de Brahim Ghali, el presidente del Sáhara Occidental, cuya soberanía reclama Marruecos.


Personas del Sáhara Occidental refugiadas en el desierto.

Quizá no sea una coincidencia que esto ocurra en un momento en el que los gobiernos estadounidense e israelí han mostrado un profundo malestar con el Ejecutivo español por su apoyo a los derechos del pueblo palestino y su oposición a la guerra de Irán.

Trump ha calificado a España de “caso perdido”, y ha asegurada que está dirigida por “gente mala”, en respuesta a la negativa de Pedro Sánchez a aumentar el presupuesto militar del país tanto como él exigía y, en particular, a no permitir el uso de las bases militares estadounidenses en territorio español para la guerra contra Irán o a autorizar el sobrevuelo de aviones militares estadounidenses. El mes pasado, Trump ordenó al secretario del Tesoro que recortara los lazos comerciales con España, a pesar de que es una propuesta inviable debido a la pertenencia de España a la UE, y busca otras formas de castigar al país.

Teniendo en cuenta que Trump ha desarrollado una mayor afinidad con monarcas árabes represivos, como el rey Mohammed VI de Marruecos, que con los aliados europeos tradicionales, quizá no resulte tan sorprendente que optara por criticar más que por  defender a un aliado de la OTAN que se enfrenta a una violación de su territorio soberano.

Dirigentes y políticos estadounidenses aliados con Trump han apoyado abiertamente la idea de que Marruecos asuma el control de los dos territorios españoles de Ceuta y Melilla. Michael Rubin, del American Enterprise Institute, defiende que Marruecos conquiste las ciudades autónomas, y el diputado Mario Díaz-Balart (republicano por Florida), que preside la subcomisión de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes y es uno de los enlaces más cercanos del secretario de Estado, Marco Rubio, en el Congreso, declaró recientemente que los enclaves “no se encuentran en el territorio geográfico de España”, sino que –a pesar de no haber formado parte de Marruecos durante más de 600 años– están “en el territorio de Marruecos”.

Del mismo modo, un artículo publicado en marzo en el medio de comunicación israelí de derecha ynet instaba directamente a Israel a apoyar las reivindicaciones irredentistas de Marruecos como forma de desacreditar la oposición del Gobierno español a la ocupación israelí, insistiendo en que la propia España era un ocupante.

De hecho, funcionarios del Gobierno israelí y defensores proisraelíes en Estados Unidos han insistido en el mensaje de que el Gobierno español es un opresor colonialista y, por lo tanto, no tiene derecho a criticar a Israel, ignorando el hecho de que en los enclaves la mayoría de la población es de etnia española y hay pocos indicios de que incluso sus residentes de etnia árabe y bereber prefieran vivir bajo la monarquía autocrática marroquí.

Si bien la presencia de cualquier territorio europeo en suelo africano es sin duda problemática, independientemente de su historia y demografía particulares, cuesta imaginar que estas figuras de la derecha estén realmente motivadas por el anticolonialismo.

Además, la oleada de cruces fronterizos ha generado imágenes que los partidos de extrema derecha en Europa están utilizando para afirmar que existe una crisis de refugiados incontrolable, lo que alimenta los ataques racistas y xenófobos contra Sánchez y otros gobiernos de izquierdas por permitir una “invasión” extranjera del territorio de la UE. Los gobiernos conservadores europeos han exigido que España sea expulsada del Espacio Schengen, que permite la libre circulación sin pasaporte por la mayor parte de Europa, a pesar de que España mantiene un estricto control migratorio interno entre las ciudades autónomas y la península Ibérica y de que ninguno de los 50.000 que cruzaron de manera ilegal a Ceuta ha logrado llegar al continente europeo.

Mientras tanto, en Estados Unidos, el vicepresidente JD Vance achacó los cruces fronterizos a “las políticas globalistas de la izquierda radical que han permitido la invasión de Occidente”, mientras que Trump advirtió de que escenas similares a las de las decenas de miles de personas de piel oscura que asaltan la frontera en Ceuta se producirían también en Estados Unidos si los demócratas volvieran al poder.

Irónicamente, en lugar de ser anticolonialista, el propio Marruecos es una potencia colonial que ha invadido, ocupado, anexionado y colonizado ilegalmente la nación del Sáhara Occidental, un Estado miembro de pleno derecho de la Unión Africana y reconocido por las Naciones Unidas como territorio no autónomo. Estados Unidos e Israel son los únicos dos países que reconocen formalmente que ese país ocupado se encuentra bajo la soberanía marroquí.

Marruecos lleva mucho tiempo utilizando la amenaza de abrir las compuertas de migrantes hacia España y otros países europeos para obtener concesiones políticas y económicas, incluso en lo que respecta al Sáhara Occidental. Esto llevó incluso a Sánchez, poco después del incidente de 2021 en Ceuta, a respaldar el dudoso “plan de autonomía” de Marruecos para el Sáhara Occidental, que anularía el derecho a la autodeterminación de los saharauis y sentaría el peligroso precedente del reconocimiento internacional de la expansión territorial de un país por la fuerza. Otros gobiernos europeos de izquierdas han hecho lo mismo, dispuestos a sacrificar los principios jurídicos internacionales por temor a que un flujo masivo de refugiados perjudicara su capital político y reforzara a la extrema derecha.

La operación de entrada masiva a Ceuta forma parte de una larga tradición marroquí de aparentar ser “anticolonialistas” como tapadera de su propio colonialismo. Paralelamente a una invasión armada, Marruecos reunió a 300.000 marroquíes desarmados en la “Marcha Verde” de 1975 para reclamar el Sáhara Occidental cuando este estaba a punto de independizarse de España. La conquista, apoyada discretamente por Estados Unidos, contravino directamente una decisión histórica de la Corte Internacional de Justicia y una serie de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que exigían la autodeterminación del pueblo saharaui. La brutal ocupación militar persiste hasta el día de hoy.

Los recientes cruces fronterizos no constituyeron, por tanto, ni una auténtica crisis humanitaria ni una lucha anticolonial, sino que formaban parte de los esfuerzos del creciente eje EEUU-Israel-Marruecos –codificado y reforzado por los denominados Acuerdos de Abraham– para debilitar a un gobierno europeo progresista, dividir a la UE y socavar el derecho internacional y los derechos humanos.



Fuente: Ctxt

miércoles, 5 de agosto de 2026

Tres escenarios para la guerra entre Irán y Estados Unidos

 

 Por Pedro Garcia   
      Periodista en Descifrando la Guerra.


   La reanudación de la guerra entre Estados Unidos e Irán ha devuelto la atención internacional a uno de los espacios marítimos más estratégicos del planeta: el estrecho de Ormuz.


El mapa del estrecho de Ormuz se caracteriza por estar rodeado de hidrocarburos y por la capacidad de Irán de ejercer un bloqueo.

Tras un alto el fuego frágil y sin acuerdos sólidos sobre cuestiones fundamentales, Washington y Teherán han regresado a una dinámica de confrontación abierta en la que la presión militar y la negociación avanzan de forma paralela.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

El conflicto ya no se limita a la disputa bilateral entre ambos países. La cuestión central gira en torno al control de las principales rutas marítimas de Oriente Medio, especialmente Ormuz y, de forma indirecta, Bab el-Mandeb.

Ambos corredores concentran una parte esencial del comercio energético mundial, por lo que cualquier alteración de la navegación tendría consecuencias económicas que irían mucho más allá de la región.

La importancia estratégica de estos pasos marítimos convierte cualquier crisis en un problema global. Mientras Estados Unidos intenta reducir la capacidad iraní para utilizar Ormuz como instrumento de presión, Teherán considera que su influencia sobre el estrecho constituye uno de sus principales activos de poder y una cuestión vinculada a su soberanía nacional.

Los dos cuellos de botella

El estrecho de Ormuz es probablemente el cuello de botella energético más importante del mundo. A través de sus aguas transita aproximadamente una cuarta parte del petróleo transportado por vía marítima y una parte significativa del comercio internacional de gas natural licuado.

Su relevancia estratégica deriva de una realidad geográfica simple. Los grandes productores del golfo Pérsico dependen de este corredor para exportar sus hidrocarburos hacia los mercados internacionales.

Aunque algunos países, como Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos, disponen de infraestructuras alternativas, estas no poseen capacidad suficiente para sustituir completamente el volumen que atraviesa el estrecho.

Por esta razón, la capacidad iraní para amenazar la navegación constituye una poderosa herramienta de disuasión. Teherán sabe que no necesita cerrar completamente Ormuz para generar efectos económicos significativos. Basta con incrementar la percepción de riesgo, amenazar el tráfico marítimo o dificultar parcialmente la navegación para afectar a los mercados energéticos internacionales.

La disputa actual entre Estados Unidos e Irán se concentra precisamente en este aspecto. Washington aspira a desarrollar mecanismos que garanticen la libre navegación reduciendo la capacidad de influencia iraní, mientras que Teherán rechaza cualquier fórmula que limite su papel en la gestión del paso marítimo.

No obstante, la importancia de la crisis no se limita a Ormuz. Al otro extremo de la península Arábiga se encuentra el estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de acceso al mar Rojo y al canal de Suez.

Por esta ruta circula alrededor del 12% del comercio marítimo mundial y una parte muy relevante de las exportaciones energéticas destinadas a Europa.


La posibilidad de un bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb, sumado al de Ormuz, complicaría gravemente la situación del comercio mundial.

Su relevancia ha quedado demostrada durante los últimos años, cuando la inseguridad en la zona –tras los ataques de los hutíes yemeníes contra embarcaciones en "solidaridad" con la causa palestina– obligó a numerosas navieras a desviar sus rutas alrededor del Cabo de Buena Esperanza.


Ansar Alá rompe el bloqueo de Arabia Saudí sobre Yemen.

Estos desvíos provocaron incrementos significativos en los costes logísticos, retrasos en el transporte de mercancías y problemas para diversas cadenas de suministro. También afectaron directamente a Egipto, cuyos ingresos por los peajes del canal de Suez disminuyeron como consecuencia de la reducción del tráfico marítimo.

El riesgo para la economía mundial aumentaría considerablemente si ambos estrechos se vieran afectados al mismo tiempo. Mientras Ormuz condiciona la salida de los hidrocarburos del golfo Pérsico, Bab el-Mandeb conecta esos flujos comerciales con Europa y el Mediterráneo. La alteración simultánea de ambos corredores tendría un impacto difícilmente comparable con cualquier crisis marítima reciente.

Los posibles escenarios del conflicto



Los posibles escenarios del conflicto entre Estados Unidos e Irán marcarán el futuro de los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb.

La evolución de la crisis dependerá en gran medida de la capacidad de Washington y Teherán para imponer sus intereses en torno al estrecho de Ormuz. A día de hoy pueden identificarse tres escenarios principales.

Escenario 1: retirada estadounidense y acuerdo con Irán

El primer escenario contempla una reducción progresiva de la confrontación y la búsqueda de un acuerdo político, y se fundamenta en el hecho de que Estados Unidos afronta crecientes limitaciones estratégicas.

El desgaste de determinados recursos militares, la necesidad de concentrar esfuerzos en otros escenarios internacionales y los costes políticos internos de una guerra prolongada reducen el margen para mantener indefinidamente la presión sobre Irán.

En estas circunstancias, ambas partes podrían alcanzar un compromiso basado en una gestión coordinada de la navegación en Ormuz junto a Omán. El acuerdo podría incluir mecanismos de supervisión compartida y algún sistema de compensación económica derivado del tránsito marítimo.

Esta opción permitiría estabilizar temporalmente la región. Sin embargo, también supondría un reconocimiento implícito de la influencia iraní sobre el estrecho de Ormuz, fortaleciendo su posición negociadora en Oriente Medio.

Escenario 2: guerra regional ampliada

El escenario más peligroso contempla una nueva escalada militar. Si las negociaciones fracasan y la presión iraní sobre Ormuz aumenta, Estados Unidos podría intensificar sus operaciones militares y favorecer una mayor implicación de Israel en el conflicto.

En ese contexto, la confrontación dejaría de limitarse al golfo Pérsico para extenderse a otros escenarios regionales. Líbano, Yemen e incluso Irak podrían convertirse en nuevos frentes de una guerra más amplia, involucrando a los principales aliados de Teherán.


Irak se ha convertido durante la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán en un escenario más del conflicto regional.

La consecuencia más grave sería el bloqueo simultáneo de Ormuz y Bab el-Mandeb. La interrupción de dos de los mayores puntos de estrangulamiento del comercio marítimo mundial provocaría fuertes aumentos en los precios de la energía, graves alteraciones en las cadenas de suministro y un incremento significativo de los costes del transporte internacional.

Yemen desempeñaría un papel especialmente relevante. Aunque los hutíes no han reanudado de forma generalizada sus ataques contra el tráfico marítimo internacional, mantienen la capacidad de hacerlo si consideran que el conflicto ha entrado en una nueva fase de escalada.

Escenario 3: inestabilidad controlada

El tercer escenario contempla la continuidad de la situación actual. Ni Estados Unidos ni Irán parecen dispuestos a realizar las concesiones necesarias para alcanzar un acuerdo duradero. Sin embargo, tampoco tienen incentivos suficientes para asumir los riesgos de una guerra regional de gran escala.

Como resultado, ambas potencias continuarían aplicando estrategias de presión mutua mediante demostraciones de fuerza, negociaciones intermitentes y acciones limitadas destinadas a mejorar sus posiciones sin cruzar determinados umbrales de escalada.


Posibles escenarios de la guerra.

En este contexto, Ormuz seguiría siendo el principal foco de tensión. La navegación permanecería sometida a episodios recurrentes de amenazas, inspecciones, restricciones parciales e incidentes de seguridad, aunque sin llegar a un cierre completo del estrecho.

La política interna de ambos países refuerza esta dinámica. En Irán, el fortalecimiento de los sectores más conservadores dificulta cualquier concesión relevante sobre una cuestión considerada estratégica y soberana. En Estados Unidos, donde en noviembre se celebran elecciones de mitad de mandato, las presiones políticas internas y la dificultad de aceptar un acuerdo que pueda interpretarse como una victoria iraní limitan igualmente el margen de maniobra.

Por ello, el escenario más plausible no parece ser ni una gran guerra regional ni una reconciliación duradera, sino una prolongación de la inestabilidad. Una situación en la que la tensión se mantenga bajo control, pero en la que cada incidente en Ormuz o Bab el-Mandeb pueda volver a poner en riesgo la seguridad energética mundial y la estabilidad de los mercados internacionales.

Israel, decisivo en la escalada

Israel sigue siendo uno de los actores más relevantes en la dinámica de seguridad regional. La situación actual le resulta relativamente favorable, ya que no está implicado directamente en una confrontación abierta con Irán mientras mantiene la presión sobre otros adversarios, especialmente en Líbano. Esta posición le permite evitar los costes de una guerra regional de gran escala al tiempo que continúa desarrollando sus objetivos estratégicos.

Desde la perspectiva de Tel Aviv, resulta prioritario que Estados Unidos mantenga una política de presión sostenida sobre Teherán. Esto le permitiría concentrar recursos en otros frentes considerados esenciales –como el debilitamiento de Hamás en la Franja de Gaza, la anexión paulatina de Cisjordania o la lucha contra Hezbolá en Líbano– mientras limita la capacidad de influencia regional iraní.


El Estado de Israel acelera su conquista y colonización de Cisjordania

La ausencia de una intervención israelí directa contra Irán puede interpretarse como una señal de contención y de voluntad de evitar una escalada inmediata. Sin embargo, esta postura no implica una renuncia definitiva al enfrentamiento.

Si Israel percibe que Washington está dispuesto a aumentar la presión militar sobre Teherán o considera que existe una oportunidad favorable para debilitar significativamente a la República Islámica, podría adoptar una actitud más agresiva y favorecer una nueva escalada regional.

Por ello, la posición israelí constituye uno de los principales factores de incertidumbre del conflicto. Mientras Tel Aviv considere que la presión estadounidense sobre Irán es suficiente, es probable que mantenga una estrategia indirecta.

No obstante, un cambio en los cálculos estratégicos israelíes podría acelerar la transición desde la actual confrontación contenida hacia un escenario de mayor inestabilidad regional.


Fuente: Descifrando la Guerra