Periodista
en Ctxt.
El
país asiático compite por los estándares de la inteligencia
artificial ofreciendo apertura y ‘open source’ al “sur global”.
Al mismo tiempo, busca integrar esta tecnología en su modelo
político y contener las amenazas que percibe en ella.
Trump junto a Xi Jinping durante una visita a China en mayo de 2026.
En
la visita oficial del presidente chino, Xi Jinping, a su homólogo
estadounidense, Donald Trump, en septiembre se habló, entre otras
cosas, de inteligencia artificial. Esta tecnología se ha convertido
en un campo de batalla geopolítico, en el que las dos potencias
tratan de reforzar sus áreas de influencia e imponer estándares, en
medio de la incertidumbre sobre sus impactos económicos y sociales.
Más
allá de la insistencia de Trump en sustituir el término
“inteligencia artificial” por el de “superinteligencia”, que
considera “más apropiado”, los dos mandatarios acordaron
establecer un diálogo sobre el desarrollo de esta tecnología, con
una primera reunión prevista para noviembre. Además, anunciaron que
abrirán un canal de comunicación bilateral para mantenerse
informados de posibles incidentes y riesgos.
En
Estados Unidos, el discurso sobre la inteligencia artificial ha
adquirido un tono apocalíptico. El hackeo de la página
especializada Hugging Face por parte de un grupo de agentes de IA al
servicio de OpenAI hizo saltar las alarmas. Dario Amodei, CEO de
Anthropic, publicó el 12 de septiembre una
carta abierta
en la que solicitaba regulación que les permitiera “ralentizar”
el desarrollo de la IA, aunque destacaba que para que esta fuera
efectiva era necesario tomar medidas proteccionistas que obligaran a
China a “frenar” también. Sam Altman, CEO de OpenAI, y Elon
Musk, propietario de xAI, compartieron y apoyaron su mensaje en la
red social X. En definitiva, la industria está pidiendo ser regulada
(y protegida frente a la competencia china).
Donald
Trump no parece impresionado. “El único control o ‘barrera’
que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE Y LISTO (¡con alto IQ!) y
los Estados Unidos lo tienen, de sobra”, publicó en
su propia red social
el 14 de septiembre.
Jacob
Coxon, el exempleado de OpenAi y Anthropic que afirma que si no se
frena su desarrollo “la
IA podría matarnos a todos”,
asegura que es imprescindible colaborar con China para evitarlo, pero
Trump declaró tras el encuentro con Xi que “preferiría no
colaborar, porque vamos ganando por mucho. (...) Cuando vas ganando,
no compartes con el otro”.
Inteligencia artificial.
“La
estrategia de los estadounidenses ha sido desarrollar la IA más
avanzada, correr mucho para estar a la vanguardia”, resume Juan
Vázquez Rojo, doctor en Economía y autor de El
regreso de China (Península,
2026), quien explica que el enfoque chino es algo diferente: “En el
15 Plan Quinquenal que ha lanzado China este año se habla de
impulsar la IA, pero no ‘en línea recta’. Es decir, no
concentrarse solo en lograr los mejores modelos, sino buscar
aplicaciones específicas en toda la industria, que se aplique en el
día a día de las empresas, de los hospitales, de los centros
educativos… Que genere un impulso económico, que se aterrice”.
“En
China, la inteligencia artificial forma parte de un proyecto nacional
de modernización”, afirma Xulio Ríos en su reciente libro China:
la modernización permanente
(Txalaparta, 2026). “Beijing (...) aspira a demostrar que puede
integrarla dentro de su propio modelo, preservando la dirección
estratégica del Estado, estimulando la competencia empresarial,
reforzando la soberanía tecnológica y manteniendo bajo control los
riesgos políticos y sociales”. No es un equilibrio sencillo.
China: la modernización permanente.
Una
IA abierta para el “sur global”
La
industria china es líder en algunos sectores del ámbito de la IA,
como la tecnología de reconocimiento facial, pero respecto a los
grandes modelos de lenguaje, dio el golpe sobre la mesa en enero de
2025. Algo más de dos años después de que OpenAI diera a conocer
ChatGPT, la startup
china DeepSeek sorprendió al mundo con el lanzamiento de su modelo
de lenguaje R1. Se trataba de un modelo de “pesos abiertos” (en
los grandes modelos de lenguaje de IA pocas veces se puede hablar de
código abierto propiamente dicho, porque los datos de entrenamiento
casi nunca son públicos), más barato y eficiente que sus rivales
estadounidenses y con un rendimiento muy similar.
“La
de la IA es una carrera en la que todos los participantes tienen un
botón que, si lo aprietan, la carrera se reinicia. Ese ‘botón’
es liberar el código”, argumenta Sergio Salgado, responsable de
comunicación y redes de XNet. “El primero que se dio cuenta de
esto fue Mark Zuckerberg”, continúa. “En 2023, cuando Meta vio
que OpenAI llevaba mucha ventaja en la carrera con ChatGPT, liberó
el código de su propio modelo de lenguaje de inteligencia
artificial, LLaMA. Entonces las comunidades de desarrollo de código
abierto, las universidades y otras instituciones empezaron a trastear
con ella y de repente se convirtió en el estándar”.
Salgado
cita un documento interno de Google que se filtró ese año, titulado
“No
tenemos foso, y OpenAI tampoco”,
en el que se consideraba que los grandes modelos de lenguaje de
código abierto se estaban desarrollando a un ritmo más rápido que
los modelos cerrados y que en pocos años llegarían a alcanzarlos y
sobrepasarlos. “En 2025, China pulsó el botón a lo grande con el
lanzamiento de DeepSeek R1”.
“Todos
estos gigantes monopolísticos tenían el sueño húmedo de cualquier
gigante monopolístico”, continúa Salgado. “Era un negocio que
se podían repartir entre seis o siete con un producto que todo el
mundo iba a estar obligado a consumir, porque todos vamos a tener que
utilizar inteligencia artificial, grandes modelos de lenguaje”.
Entonces
China liberó DeepSeek R1. “Ahora, gracias a los modelos de pesos
abiertos, si estas empresas suben mucho los precios siempre puedes
montar tu propio servidor”, explica. (A pesar de que el propio boom
de la IA ha provocado un aumento significativo de los precios del
hardware).
“Esa
es la ventaja competitiva de la industria china, donde ha sido capaz
de posicionarse”, señala Juan Vázquez Rojo. “Sus modelos no son
los mejores, pero son muy buenos, son más accesibles porque son de
código abierto, más baratos y más eficientes”.
La
diplomacia china también se adapta a esta circunstancia. “Es una
estrategia dirigida a los países del sur global, la típica
estrategia win-win
de cooperación con China”, explica Vázquez Rojo. “Los modelos
chinos, al ser más baratos, más eficientes y de pesos abiertos, son
más fáciles de propagar. La estrategia china favorece que empresas
chinas puedan colaborar con empresas de otros países para
desarrollar sus sistemas de IA y, claro, conectarse con el ecosistema
chino. De esta manera, China lidera el desarrollo tecnológico en
gran parte del mundo”.
La
inteligencia artificial está presente en los planes del Gobierno
chino al menos desde 2017. El Plan de Desarrollo de una Inteligencia
Artificial de Nueva Generación, publicado ese año, mencionaba la
importancia del código abierto. También lo hacía el 14 Plan
Quinquenal, redactado en octubre de 2020, que proponía “apoyar el
desarrollo de las comunidades de código abierto dedicadas a la
tecnología digital (...) y animar a las empresas a que hagan
públicos el código fuente del software,
los diseños de hardware
y los servicios de aplicaciones”. La promoción del código abierto
es una forma de acelerar el progreso, al permitir que todos puedan
utilizar los hallazgos de los demás para seguir creando y
construyendo.
Kyle
Chan, experto en China del think
tank estadounidense
Brookings y autor del boletín High
Capacity
sobre tecnología china, argumenta que esta estrategia de código
abierto tiene sus límites. “Es más difícil ganar dinero”,
observa.
“Varias
empresas chinas de IA han salido a bolsa recientemente, como Zhipu
(Z.ai) y MiniMax. (...) Los inversores querrán ver ingresos que
justifiquen el gasto en modelos e infraestructura. (...) Las empresas
ya han estado subiendo los precios de sus APIs y pasando al modelo de
suscripción. Es probable que las empresas chinas de IA vayan hacia
una estrategia híbrida, cerrando los mejores modelos pero dejando el
resto abiertos. Es lo que estaba haciendo Alibaba con Qwen3-Max”,
vaticina
Chan.
El
16 de octubre de 2026, el Ministerio chino de Comercio y el de
Ciencia y Tecnología publicaron un documento en el que proponen
controles a la exportación de varias tecnologías, incluidos los
modelos de IA de alta capacidad, por motivos de seguridad nacional.
Sin
embargo, la “apertura” forma parte del discurso diplomático
chino. En la última reunión de los BRICS en septiembre, Xi habló
de crear una “zona de código abierto para la IA” entre los 11
países de este grupo y de establecer “un marco global de
gobernanza de la IA amplio y basado en el consenso”.
Desde
2018 se celebra en Shanghái la Conferencia Mundial de la
Inteligencia Artificial (WAIC, por sus siglas en inglés). En su
última edición, en julio de este año, 29 países, entre ellos
Rusia, Pakistán e Indonesia, firmaron la carta fundacional de la
Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial
(WAICO).
Esto
se interpretó como una respuesta a la declaración
“Pax Silica”,
promovida en diciembre de 2025 por Estados Unidos y firmada por
aliados como el Reino Unido, la Unión Europea, India, Australia e
Israel, que acordaron colaborar para tratar de garantizar que la
cadena de suministro de la IA no incluyese a “países
preocupantes”.
“La
clave del momento es la regulación, la estandarización”, afirma
Vázquez Rojo. “Casi todas las industrias tienen estándares,
reglas que son comunes para todos y tecnologías que son comunes para
todos. En el caso de la IA, ¿cómo se deben comunicar los agentes
entre sí? ¿Cómo se deben comunicar con otras aplicaciones? ¿Qué
auditorías deberían pasar? ¿Qué pautas se deben seguir en cuanto
a seguridad? ¿Cuándo se debería parar? Esa es la batalla ahora”.
En
palabras de Vázquez Rojo, Estados Unidos “propone ayudar a
conglomerados empresariales estadounidenses a imponer el uso de su IA
en otros países. El objetivo es que sus aliados les compren el
paquete completo: que además de utilizar modelos estadounidenses,
utilicen chips estadounidenses, por ejemplo de Nvidia, que las
empresas estadounidenses sean las que instalen y controlen los
centros de datos allí… Es un plan mucho más duro que el chino”.
En
este punto, Vázquez Rojo señala que China tiene una desventaja. Los
chips más avanzados de inteligencia artificial los diseña Nvidia,
una empresa estadounidense.
“Desde
2022, China no puede comprar los chips más avanzados de Nvidia
porque Estados Unidos no se lo permite, hay controles a la
exportación. Esto limita su capacidad de cómputo. Además, la
industria de la IA está muy metida en el ecosistema de Nvidia. La
apuesta del Gobierno chino para acabar con esta dependencia es
Huawei, que tiene sus propios chips de inteligencia artificial,
llamados Ascend. Están intentando que la industria china los empiece
a incorporar, pero las empresas están muy adaptadas al ecosistema de
Nvidia y el cambio es complejo, incierto, y les genera un coste de
oportunidad”, explica.
El
control estatal y los riesgos de la IA
Al
inicio de este artículo se mencionaban las advertencias desde dentro
de la industria en Estados Unidos sobre los riesgos para la humanidad
del desarrollo acelerado de la IA. ¿Existen esos miedos en China?
“El debate se plantea en términos muy distintos porque en China el
poder político siempre está por encima del poder económico y
financiero”, apunta Vázquez Rojo. “Las empresas en Estados
Unidos tienen mucha más voz y son más capaces de presionar al
gobierno que las empresas chinas en China, aunque existen tensiones y
preocupaciones en todas partes”. Pone como ejemplo el caso de Jack
Ma, fundador de Alibaba, que llegó a ser el hombre más rico del
país y uno de los más ricos del mundo hasta que criticó
abiertamente el sistema financiero chino en octubre de 2020. Desde
entonces apenas se ha sabido nada de él y ha perdido el control de
sus empresas.
Sin
embargo, en China “se han publicado varios documentos oficiales en
los que se plantean problemas con la IA similares a los que ha habido
en Estados Unidos, relacionados con riesgos de ciberseguridad”,
explica Vázquez Rojo. “No es tanto una preocupación de que la
inteligencia artificial vaya a acabar con el mundo, pero sí de que
haya malos usos de la inteligencia artificial”.
De
hecho, en su discurso en WAIC de este año, Xi mencionó la
posibilidad de una “pérdida de control” sobre la IA y los
“riesgos inherentes y secundarios” de esta tecnología.
“La
regulación china ha ido avanzando de manera progresiva, mediante
normas específicas. Más que esperar a disponer de una legislación
definitiva para actuar, las autoridades experimentan, regulan y
corrigen configurando un corpus normativo mucho más denso del que
imaginamos”, explica Xulio Ríos en su libro. La normativa
publicada
en mayo de este año
sobre los agentes de IA menciona la importancia de “prevenir
riesgos de seguridad como el envenenamiento de datos, las
filtraciones de privacidad, la manipulación de algoritmos, las
vulnerabilidades del sistema y la inestabilidad operativa”.
“En
el Gobierno chino también genera preocupación el contenido que se
genera con IA, por su impacto social”, apunta Vázquez Rojo. Todos
los grandes modelos de lenguaje chinos deben pasar una auditoría de
un organismo estatal llamado Administración del Ciberespacio de
China antes de salir al mercado. Los modelos producidos en China son
mucho más reacios que otros
a hablar de ciertos temas políticos. Además, China bloquea el
acceso directo desde su territorio a modelos extranjeros como ChatGPT
o Claude.
Según
una
encuesta global
publicada este año por el grupo Human Centered Artificial
Intelligence de la Universidad de Stanford, el 84% de los chinos
afirman sentirse entusiasmados por los productos y servicios que
utilizan inteligencia artificial, frente al 38% de los
estadounidenses y, como referencia, el 45% de los españoles.
En
una entrevista
reciente en The
New Yorker,
Kyle Chan argumenta que en China hay una ansiedad creciente por las
exigencias cada vez más altas del mercado laboral, sobre todo en los
puestos que requieren educación superior, donde la competencia
crece. “La IA ha potenciado esa ansiedad, la gente siente que tiene
que adoptarla y utilizarla rápidamente, y aprender a sacarle partido
para ser más competitiva en el mercado laboral”.
Vázquez
Rojo apunta además que “China tiene una obsesión por mejorar la
productividad porque su población empieza a envejecerse y ya no
pueden crecer a base de tener más gente trabajando, entonces quieren
lograr que cada trabajador produzca más. Aquí la automatización y
la IA van a ser muy importantes”.
Fuente: Ctxt