martes, 17 de marzo de 2026

Antes de que lleguen las lluvias

 

 Por Antonio Turiel  

       Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


Y

      Guionista, periodista y activista en Extinction Rebellion y València en Transició.



E

      Gerente de Programa, Alianzas de Acceso a la Energía, Energía Sostenible para Todos (SeforALL).


El 80% de los pozos de petróleo y el 90% de los de gas han superado ya su máximo de extracción. Si no construimos una alternativa, la decadencia del capitalismo puede arrastrarnos a la barbarie más absoluta


Un pozo petrolífero en la puesta de sol.


     Estados Unidos e Israel se han embarcado en una campaña militar en Irán de incierto futuro, que va a arrastrar al resto del mundo con ellos. Puede que el mundo nunca vuelva a ser el que conocíamos.

Enfrentado a un riesgo existencial para el que ya se había preparado durante décadas –casi las mismas que lleva Netanyahu avisando de que a Irán le faltaban “pocas semanas para ser una amenaza para el mundo libre”– el régimen iraní ha reaccionado con contundencia, atacando ahí donde sabe que más le duele al imperialismo occidental y a aquellos que lo apoyan: el petróleo, el gas natural y el comercio mundial, en definitiva, la oligarquía mundial.

Estos días oímos sesudos comentarios de analistas que poco o nada vieron venir, y que nos explican las consecuencias para la economía mundial del cierre del Estrecho de Ormuz o del aumento del precio de un barril de petróleo que probablemente llegará en breve a los cien dólares. Pero a pocos de ellos les interesa el sufrimiento de las personas que están muriendo en estos bombardeos o de aquellas que no llegan a final de mes en Estados Unidos o Israel. O del que se viene para la inmensa mayoría de los españoles y españolas.

Por eso mismo, hemos creído necesario escribir esta reflexión sobre la cruda y simple realidad que vamos a afrontar en los próximos tiempos, y por qué es imprescindible pensar en cómo proteger a la gente corriente del diluvio que viene. De cómo guarecernos ante el desastre en ciernes. Ahora, antes de que lleguen las lluvias.

En septiembre de 2025, la Agencia Internacional de la Energía publicó un informe muy revelador sobre lo que cabe esperar para la extracción de petróleo y gas durante los próximos años.


Informe de la Agencia Internacional de la Energía.

El 80% de los pozos de petróleo y el 90% de los pozos de gas han superado ya su máximo de extracción, su pico productivo. Cada año se descubren en nuevos yacimientos unos 3.000 millones de barriles de petróleo, pero se consumen unos 30.000: no se repone ni el 10% del consumo. Desde hace más de una década, la inversión anual en el sector de los hidrocarburos alcanza la exorbitante cifra de 500.000 millones de dólares, pero el 90% de eso simplemente sirve para evitar la caída de la producción, no para poner más petróleo o gas en el mercado. Los tiempos se acortan. El tiempo se agota.

Hace un par de meses, la Administración de la Información de la Energía, dependiente del Departamento de Energía de Estados Unidos, proyectó que la producción de petróleo de EEUU, que gracias al fracking había crecido espectacularmente desde 2010, iba a empezar a decrecer –la palabra maldita para la religión dominante– en los próximos años. De hecho, octubre de 2025 marcó probablemente la máxima extracción de petróleo estadounidense, y con ella la de todo el planeta. He ahí la razón profunda del actual apresuramiento norteamericano por controlar los recursos de petróleo. Primero en Venezuela, para asegurar reservas estratégicas y rutas seguras de suministro, y así poder luego intentar la enajenada aventura bélica en Irán.


                                                                                                     Imagen extraída de la web Peak Oil Barrel.

Nada de esto es en realidad novedoso para muchos: hace años que sabíamos que llegaríamos a este punto.

El petróleo es la base de casi todo, sobre todo, de lo que comemos. Los combustibles fósiles representan aún el 80% de todo el consumo de energía mundial, y los únicos modelos de transición renovable que se están discutiendo, todos ellos de carácter extractivista y privado, no son capaces de reemplazar esa cantidad de energía.


Planta de biomasa en Puertollano inaugurada en 2020.

Además, ya no hay debate alguno, el cambio climático se está acelerando y va a hacernos mucho más daño justo cuando menos recursos disponibles tengamos. Apunten al otoño de 2026, con la previsible visita de otro El Niño, como un momento en el que se pueden producir nuevos y devastadores eventos extremos como el que sufrimos en Valencia en 2024, o incluso peores. Es, físicamente, solo cuestión de tiempo.

Y por eso necesitamos con urgencia dotarnos de una hoja de ruta común, un manual para pilotar este tiempo convulso. Para empezar, reconociendo la deriva que van a tomar los acontecimientos. Poco importa si estamos hablando de meses o de años.

En Valencia, tras el desastre, casi en cada pueblo afectado surgieron espontáneamente los CLERs Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción, asociaciones de vecinas y vecinos afectados que se juntaron para hacer el trance lo más llevadero posible y, a la vez, fiscalizar y presionar a las autoridades sobre los procesos de reconstrucción que les afectaban más directamente. Ese modelo de comunidad que se autoorganiza para cuidarse desde abajo, mientras sigue mirando con lupa y apretando hacia arriba es la mejor receta que tenemos.

En la situación de descenso de la producción de petróleo, primero veremos un shock de precios. Después, a medida que la actividad económica se detenga y quiebren empresas, veremos oscilaciones en el precio, debido a la caída de la demanda primero, y luego nuevas subidas de precio cuando la producción caiga aún más: es la famosa espiral de destrucción de oferta–destrucción de la demanda.



La tónica en esta fase es el encarecimiento de todo tipo de productos y los primeros desabastecimientos de bienes aún no tan esenciales. Las bolsas pueden entrar en pánico y una fuerte recesión económica está bastante asegurada.

Estanflación es una palabra que puede volver a ponerse de moda. Probablemente en los países del norte global la situación empeorará, pero aún se mantendrá el abastecimiento de los bienes fundamentales. En el sur global, con sus diferentes contextos, habrá más situaciones de desabastecimiento, hambrunas y/o revueltas.

A medida que el problema se vaya haciendo más estructural, comenzará a haber dificultades más serias en los países del norte. No es que no vaya a haber nada en absoluto: es que habrá menos de lo que estábamos acostumbrados a consumir. Se tendrán que imponer las primeras medidas de racionamiento, presumiblemente por el sacrosanto mercado, esto es el que no pueda pagar se quedará fuera. Esas medidas pretenderán vestirse de técnicas cuando son fuertemente políticas, como ya discutimos en su día.

Será en estos momentos cuando más fuerte resonará la cacofónica algarabía tecno-optimista que lo impregna todo en nuestra sociedad, la misma que nos ha traído indefectiblemente hasta aquí.

Los grandes expertos –y los grandes poderes económicos– pretenderán tener una solución, entendiendo como “solución” una fórmula mágica para “volver a lo de antes”. En esencia, un milagro tecnológico para que nada cambie, para poder seguir adelante con el capitalismo. El problema es que tal solución no existe, ni existirá. No entraremos ahora a detallar el por qué. Hemos escrito mucho sobre el tema: baste decir aquí y ahora que, con el contexto que tenemos y el que se avecina, si fuera tan fácil, hace tiempo que alguien lo habría puesto en marcha, ¿no creen?

En una situación de creciente descontento e inoperancia del poder público, con protestas y revueltas en las calles pero sin una sociedad organizada y consciente, tendremos el campo abonado para la emergencia del fascismo que estaba latente en nuestro sistema imperial de crecimiento pretendidamente perpetuo.

Decía Naomi Klein que la política odia el vacío, o lo llenas tú o alguien va a llenarlo por ti.

Por eso nos resignamos. Llevamos muchos años alertando para evitar la llegada de este desastre, y ahora que los fieles gestores de este sistema lo están precipitando, proponemos otra manera diferente de gestionar ese desastre. De evitar que la decadencia de la globalización capitalista sea el descenso a la miseria que aparenta y pueda ser quizá un dolor que nos empuje, un parto necesario para dar luz a una sociedad que sí sepa gestionar mejor sus recursos, y sobre todo, sus límites.

En primer lugar, tendríamos que reconocer y aceptar que el modelo capitalista con su expansión infinita ha llegado a su fin, y ninguna quimera de renovables, ya en el modelo de la Renovable Eléctrica Industrial, ni en el del biogás o la biomasa, va a poder mantenerlo. Hay que trabajar activamente en modelos económicos alternativos, basados en la proximidad y en la satisfacción primero de las necesidades reales de la gente: alimentación, agua, vivienda, vestimenta, salud, comunidad, educación, tiempo y cuidados. La sociedad debe organizarse para garantizar que todo el mundo tenga acceso a esas necesidades básicas. Esa es la prioridad.

No tenemos ningún modelo energético que permita mantener la expansión energética que ha definido a las sociedades occidentales durante los últimos 250 años. Tenemos que reconocer que la escasez de energía es estructural, que ha venido para quedarse y que solo puede ir a peor. Cualquier otro marco mental más “optimista” en el fondo está retrasando las medidas necesarias y hasta el cabreo que puede hacerlas posibles. La rabia ha movilizado más que la esperanza a lo largo de la historia para la transformación social y solo hay que hacer un breve repaso a la historia para entenderlo.


Manifestante durante una protesta de Extinction Rebellion en Londres en 2019.

Hay que invertir tiempo y recursos en la reformulación de la producción y la propiedad de esta, el transporte y la urbanización, priorizando la eficiencia y la justicia en el consumo de energía y de recursos. Y todo eso fuera de una óptica del beneficio privado: la prioridad es la vida de las personas y de la sociedad, no el negocio. En particular, no se puede mercantilizar la gestión del acceso a los recursos. Se debe priorizar el bienestar colectivo sobre el beneficio privado. Se debe anteponer el bien común al interés individual legítimo.

Volviendo al futuro: va a faltar combustible para los vehículos y maquinaria agrícola e industrial. Va a haber más apagones. Van a faltar piezas de recambio, a veces máquinas enteras. Si recuerdan la disrupción que se produjo en la cadena de suministros con la pandemia y la guerra en Ucrania, esperen a ver qué tal aguanta ahora.

Se tendría que hacer de urgencia un análisis estratégico de qué cosas necesitamos producir para abastecernos aquí. Y cuáles de ellas podemos implementar rápido. Las chatarrerías son un depósito estratégico de materiales de alta calidad muy aprovechables y eso implicaría, por ejemplo, dejar de exportar nuestra chatarra a China y EEUU como está sucediendo ahora.

Tenemos que renaturalizar tantos espacios como sea posible, para dotarnos de resiliencia hídrica y térmica en una situación de creciente y acelerado caos climático y a la vez quizá porque algún día descubramos que debajo del asfalto no había arena de playa, como pensaban los ingenuos, lo que había era tierra cultivable.

Tenemos que hacer todo esto y muchas cosas más. Y tenemos que hacerlo ya, porque los tiempos se acortan y cuanto más tardemos, peor estaremos. Hay que dejar de perder el tiempo con ensoñaciones tecnólatras, que no son más que onanismo mental –muy cómodo e incluso reconfortante– para negarse a reconocer que el capitalismo, en su fase imperialista, ha entrado en una etapa de descomposición y que, si no construimos una alternativa organizada, su decadencia puede arrastrarnos a la más absoluta de las barbaries.

Quizá, después de todo, lo primero sería abrir un gran debate público en el que se exponga clara y honestamente cuál es nuestra situación, y qué es lo que podríamos hacer. Porque, digan lo que digan, las lluvias van a venir y no estamos preparados para enfrentarlas.


Fuente: Ctxt

domingo, 15 de marzo de 2026

La escalada bélica en el Golfo Pérsico refuerza a Putin: Rusia recupera su papel como superpotencia petrolera

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.

La guerra de Irán acerca a Rusia y EEUU, impulsa la alianza energética entre Moscú y Pekín, atenaza a Ucrania y convierte al crudo ruso en la única opción para muchos países


Teherán tras los ataques de Israel y EEUU.

     El bombardeo este sábado por Estados Unidos de la isla iraní de Jarg, epicentro del 90% de las exportaciones de crudo de Irán, evidencia la conversión de este conflicto bélico regional en una guerra energética global.


Instalaciones petroleras en la isla de Jarg, Irán.

En el caótico tablero creado en Oriente Medio por el presidente Donald Trump, Rusia recupera su papel como superpotencia en el ámbito de la producción y exportación de hidrocarburos, lo que supone también una bofetada a Europa en su intento de aislar al Kremlin por la invasión de Ucrania.


Petróleo sin sanciones, justo cuando Rusia más lo necesitaba.

El golpe asestado a la mayor terminal logística de embarque de petróleo de Irán, aunque el Pentágono insiste en que bombardeó zonas militares de Jarg y no las factorías y muelles, supone una escalada bélica que arrostrará nuevas dificultades para el transporte de petróleo desde el Golfo Pérsico y avivará una posible debacle global por la drástica reducción de los suministros de hidrocarburos. El conflicto ha elevado un 37% el precio del crudo en este medio mes, hasta sobrepasar los cien dólares el barril y con una amenaza muy real de que este precio se dispare más.


Repunte del precio de los carburantes tras la escalada de tensión en Oriente Próximo.

La oscilante estrategia seguida por Trump en la guerra, la creciente inquietud en EEUU por la inflación y las pérdidas económicas derivadas de la contienda, la incapacidad de la Casa Blanca para derrotar a corto plazo al régimen iraní y la insistencia de Israel para acabar radicalmente con la amenaza de Teherán hacen muy difícil precisar cuándo podría alcanzarse un armisticio. Entretanto, quien puede se aprovecha de las circunstancias.

El alza de las sanciones a los petroleros rusos, clave en la guerra       

Y en tales circunstancias es clave el paso dado por Trump esta semana al aligerar las sanciones estadounidenses que pesan sobre el sector petrolífero ruso, una medida que refuerza la extraña relación que la Casa Blanca tiene con el Kremlin desde que el presidente estadounidense llegó al poder en enero de 2025.


Precios de carburantes en una gasolinera en Moscú el pasado 12 de marzo.

Para reducir el coste del crudo a nivel global, Trump decidió levantar durante un mes la prohibición de importar el petróleo ruso que se encuentra en tránsito marítimo y que ahora podrá ser vendido internacionalmente. Tal decisión supone una bofetada a la Unión Europea, empeñada en aislar económicamente a Rusia por su invasión de Ucrania, aunque sin mucho éxito, dada la resiliencia impuesta a la economía rusa por el presidente Vladímir Putin.

La decisión de Trump refuerza esa economía de guerra rusa que ahora podrá vender su petróleo sin recurrir a argucias, como el uso de petroleros bajo otras banderas o la creación de una flota fantasma para su trasiego. Los petroleros rusos que se encontraban paralizados por las sanciones estadounidenses ahora levantadas tenían en sus bodegas cien millones de barriles de petróleo, según el Kremlin. La Casa Blanca eleva a 124 millones esos barriles de crudo ruso en tránsito marítimo

La decisión de Trump, prevista hasta el 11 de abril, ayudará a superar las caídas de las exportaciones rusas de petróleo. Justo antes de que se desatara la guerra de Irán el 28 de febrero, tales exportaciones se habían desplomado a los peores niveles desde que comenzó la invasión de Ucrania hace cuatro años, con descensos el mes pasado de más de 410.000 barriles al día.

El comienzo de la guerra contra Irán cambió estas tornas. Y si las exportaciones de crudo y gas licuado estadounidenses se dispararon ante los parones de transporte desde el Golfo Pérsico, también Rusia recibió un impulso sustancial a su industria energética.

La necesidad del crudo ruso      

Este sábado, el Kremlin dejó claro que la actual situación de crisis energética global beneficia a Rusia. "El mercado es muy grande y los interesados en adquirir petróleo ruso son muchos", explicó el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov. El vocero del Kremlin recordó que, en estos momentos, "la infraestructura energética mundial no puede renunciar a la entrada de grandes volúmenes de petróleo ruso. Este crudo ruso es necesario" y ayudará a recuperar "una gran estabilidad. Así funciona la economía", aseveró Peskov.


Turistas frente al barco petrolero ruso en el Parque Nacional Marino en Golfo de Kutch.

La orden de Trump era previsible. La semana pasada, el Departamento del Tesoro de EEUU permitió a la India acceder al crudo ruso localizado en petroleros por un periodo de un mes también. Ahora esta medida es global y, sobre todo, muestra sin pudor la mano que le tiende Trump a Putin.

Peskov fue más allá e incidió en un punto clave para explicar la calma rusa ante esta crisis. Moscú es un importante aliado de Teherán, con muchos lazos militares y económicos, que van desde el suministro de drones y misiles a Rusia para ser utilizados en Ucrania hasta la colaboración en espinosas esferas como la nuclear.

Que Moscú no haya ido más allá de la protesta formal contra los ataques combinados de EEUU e Israel contra Irán ha sorprendido mucho. Hasta que se observa la otra cara de la moneda: tal calma ha permitido ese levantamiento por Trump de algunas de las sanciones establecidas contra Rusia, que así se convierte en la salvadora de algunos de los países que han visto restringidos sus suministros desde el Golfo. Ello beneficia a Moscú, ayuda a economías a las que ronda EEUU, como India o incluso China, y anima a una relación, la establecida entre Trump y Putin, que puede ser muy beneficiosa en un futuro.

Los intereses rusos y los estadounidenses se cruzan      

"En ese caso, nuestro interés coincide con el de los americanos", afirmó Peskov sobre el levantamiento de sanciones a causa de una guerra que ha permitido a Rusia, por delante de cualquier otro país, beneficiarse de sus consecuencias económicas, relacionadas con el comercio de hidrocarburos. Cada día de guerra, la subida de los precios del crudo permite a Rusia hacerse con 150 millones de dólares. Según el Financial Times, citado por la agencia EFE, si el precio del petróleo Urals sube más de 70 dólares por barril, Rusia podría ingresar en marzo cerca de 5.000 millones de dólares. El alivio para el maltrecho déficit público ruso es evidente, sobre todo porque este petróleo liberado puede venderlo más caro que el que hasta ahora venía colocando a sus aliados chinos e indios.

El emisario del Kremlin para asuntos económicos y normalización de relaciones con EEUU, Kiril Dmitriev, fue también contundente: "La energía rusa es indispensable para mitigar la mayor crisis energética mundial". Según Dmitriev, Washington "reconoce lo obvio: sin petróleo ruso el mercado energético mundial no puede mantenerse estable".

Bruselas considera la decisión de Trump una afrenta a la seguridad europea      

La medida anunciada por el Departamento del Tesoro estadounidense ha caído, sin embargo, como un jarro de agua fría en Europa. La Unión Europea ha rechazado tal levantamiento de sanciones, pues considera que “afecta a la seguridad en Europa”, indicó el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa. Desestimaba Costa que la circulación de más crudo en el mercado energético internacional supondrá una mayor estabilización de los precios.


El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

El canciller alemán, Friedrich Merz, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el G-7 también han calificado de error este paso. Al contrario que Hungría, el país más cercano a Rusia en la UE. Su ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, se ha manifestado no solo a favor de suspender las sanciones al petróleo de Moscú, sino incluso de "permitir la entrada de los combustibles rusos al mercado europeo".

La espina para la cúpula de poder europea es que Moscú obtiene beneficios para seguir atacando a Ucrania, una guerra que Bruselas ha hecho suya y que le importa más que la tormenta que se está desatando en Oriente Medio y que planeta unas perspectivas globales mucho peores que la invasión rusa del país vecino.

A la UE le preocupa especialmente que este espaldarazo de Trump a Rusia evidencie una realidad: que EEUU se ha desentendido prácticamente de la guerra de Ucrania y que solo le interesa que Moscú no obstaculice sus planes en otras partes del mundo, como Venezuela, Irán o Cuba en un futuro.

En la red social X, Costa volvió a repetir el mantra que entona la UE desde que comenzó la guerra de Ucrania: "El aumento de la presión económica sobre Rusia es decisivo a fin de que acepte una negociación seria para una paz justa y duradera" en Ucrania. Esa paz implica para Ucrania y sus aliados europeos la salida de Rusia de todos los territorios ocupados, el pago de grandes indemnizaciones de guerra y la inclusión de Kiev en un sistema de seguridad occidental, sea la OTAN (incorporación a la que EEUU ha dicho ya que no) o en un nuevo ente creado a la sombra de la UE.


Post de António Costa.

El primer problema a estas reclamaciones de la UE para Kiev es que Rusia va ganando la guerra, que se ha anexionado una quinta parte de Ucrania y que reclama más territorio para firmar un armisticio. El segundo problema es que la Casa Blanca da ya por hecha la partición ucraniana y que, si bien las empresas estadounidenses ganan dinero vendiendo armas a los países de la UE para que estos se las regalen a Ucrania, ese conflicto ya es un serio incordio para la política exterior de Trump. Con el alza de las sanciones petroleras a Rusia, el líder republicano avanza un paso hacia la capitulación de Ucrania, al tiempo que da su espaldarazo a Moscú.

China, sin mayores daños, espera su oportunidad      

Del incremento del tráfico de crudo ruso se beneficia también China. Tras la pérdida de la mayor parte del mercado europeo en respuesta a la invasión de Ucrania en febrero de 2022, Rusia se convirtió en uno de los mayores proveedores de gas y crudo de China. El levantamiento de las sanciones sobre el crudo ruso por EEUU no solo refuerza la alianza estratégica sino-rusa, sino que conforta a la economía china ante los trágicos vaticinios formulados para el resto del planeta. 

El que Pekín tampoco haya levantado excesivamente la voz en torno a esta crisis se explica por el equilibrio que quiere mantener con Washington, por ejemplo de cara a la visita que se espera que realice Trump a la capital china el 31 de octubre.


El presidente estadounidense Donald Trump saludando al presidente chino Xi Jinping.

También por el hecho de que, de momento y pese a la guerra, Irán está exportando más petróleo a través del estrecho de Ormuz que antes del comienzo de la contienda debido al control estricto que ejerce sobre este paso marítimo. Los realmente afectados son los países exportadores árabes, más cercanos a EEUU. Su tránsito por Ormuz está prácticamente paralizado, al contrario que los petroleros chinos, libres de llegar a puertos del Golfo Pérsico, incluidos los iraníes, para cargar sus depósitos.

De esta forma, la demanda china de crudo iraní se mantiene, el dinero sigue fluyendo hacia Teherán y el régimen de los ayatolás aún dispone de margen de maniobra para evitar la derrota total que preveía Trump en cuestión de días.


Fuente: Público

sábado, 14 de marzo de 2026

La guerra sin salida entre Irán, Estados Unidos e Israel

 

 Por Pablo del Pozo   
      Asesor de Admisiones en IE University | Geopolítica y Estudios Estratégicos | Relaciones Internacionales y Cooperación – Descifrando la Guerra.

     Dos semanas después del inicio de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel, el conflicto parece haber entrado en una fase aún más compleja y potencialmente más prolongada.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

Los acontecimientos de los últimos días muestran una expansión simultánea en múltiples ámbitos –militar, marítimo, energético y regional– que complica cada vez más cualquier escenario de desescalada.


La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos continúa escalando, afectando a más actores y sin visos de una salida negociada a corto plazo.

Aunque las operaciones aéreas continúan siendo el elemento central de la campaña militar, el desarrollo del conflicto está generando incidentes cada vez más frecuentes fuera del campo de batalla directo, afectando a infraestructuras energéticas, al tráfico marítimo internacional y a fuerzas militares de terceros países desplegadas en la región.

Uno de los episodios más delicados de los últimos días se produjo en el norte de Irak, donde un ataque con drones contra una base conjunta franco-kurda en Erbil dejó varios soldados franceses heridos y provocó la muerte de uno de ellos, marcando la primera baja confirmada de un país europeo en la guerra.


La muerte de un soldado francés en Irak vuelve a poner el foco sobre el papel de Francia en Oriente Medio y las contradicciones de su estrategia en la región.

El incidente ha aumentado la preocupación en gobiernos occidentales por el riesgo de que fuerzas internacionales desplegadas en la región queden cada vez más expuestas a ataques indirectos vinculados al conflicto.

La contienda también ha dejado nuevas bajas en las fuerzas estadounidenses tras el accidente de un avión cisterna KC-135 Stratotanker en el oeste de Irak, una aeronave clave para sostener la campaña aérea en la región. Según confirmó el Mando Central estadounidense (CENTCOM), los seis miembros de la tripulación murieron mientras participaban en una misión vinculada a las operaciones.


El ejército estadounidense afirma que los seis tripulantes de la aeronave de reabastecimiento de combustible que se estrelló en Irak han fallecido.

El aparato formaba parte de una misión en la que participaban dos aeronaves; la segunda aterrizó sin incidentes. Las autoridades estadounidenses han señalado que no hay indicios de fuego enemigo o aliado, aunque las causas exactas del accidente siguen bajo investigación.

El siniestro eleva a 13 el número oficial de militares estadounidenses muertos desde el inicio de la guerra, mientras que el de heridos también ha aumentado. Fuentes citadas por Reuters señalan que hasta 150 soldados estadounidenses han resultado heridos, muy por encima de los ocho reconocidos inicialmente por el Pentágono.

La guerra marítima se recrudece

Mientras tanto, el frente marítimo se ha convertido en uno de los escenarios más sensibles. Durante los últimos días se han registrado ataques contra petroleros, buques comerciales e infraestructuras energéticas en el golfo Pérsico, lo que ha contribuido a reducir aún más el tráfico marítimo en la región y ha elevado la presión sobre los mercados energéticos.

En este contexto, funcionarios estadounidenses han afirmado que Irán habría comenzado a desplegar minas navales en el estrecho de Ormuz, utilizando pequeñas embarcaciones rápidas tras la destrucción de buques iraníes de mayor tamaño.


El minado del estrecho de Ormuz por parte de Irán agravaría aún más las disrupciones en el tráfico marítimo de la región y en los mercados energéticos globales.

Según estas evaluaciones, el objetivo sería colocar minas a un ritmo que dificulte su limpieza y aumente el riesgo para la navegación, reforzando así el efecto disuasorio sobre el tránsito marítimo en una de las rutas energéticas más importantes del mundo.

Sin embargo, Teherán ha negado haber minado el estrecho, mientras que sus dirigentes han reiterado públicamente que el bloqueo de esta vía marítima constituye una de sus principales herramientas de presión estratégica.

En su primer mensaje desde el inicio de la guerra, el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, señaló que “la palanca de bloquear el estrecho de Ormuz debe seguir utilizándose”, en referencia a la capacidad de Irán para interrumpir el paso de buques si lo considera necesario.


La República Islámica de Irán selecciona al hijo de Alí Jamenei, Mojtaba, para sucederle como Líder Supremo en una decisión continuista y más pragmática que teológica.

El resultado de todo ello es una creciente presión sobre el sistema energético global. Pese a la liberación coordinada de alrededor de 400 millones de barriles de reservas estratégicas, el precio del petróleo ha vuelto a superar los 100 dólares por barril, reflejando el temor a que las exportaciones del Golfo continúen afectadas durante un periodo prolongado.

Expansión del conflicto regional

Al mismo tiempo, la guerra sigue generando tensiones en otros escenarios regionales. Los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá continúan activos en el sur del Líbano, y la situación podría escalar aún más. Israel estaría considerando una gran ofensiva terrestre para ocupar toda el área al sur del río Litani, lo que supondría una de las operaciones militares más ambiciosas en el frente libanés desde el inicio del conflicto.

Sin embargo, una incursión de este tipo podría tener un elevado coste en vidas humanas y exponer a las fuerzas israelíes a un escenario extremadamente peligroso, similar al que enfrentaron durante la guerra de 2006, cuando Hezbolá logró infligir importantes bajas mediante emboscadas, misiles antitanque y guerra de guerrillas en el terreno montañoso del sur del Líbano.


Dos aeronaves del ejército de Estados Unidos durante la Operación Furia Épica contra Irán, en la que también participa Israel.

La escalada ya está teniendo un fuerte impacto humanitario. Según agencias de Naciones Unidas, casi 700.000 personas han sido desplazadas en Líbano desde el comienzo de la guerra, entre ellas alrededor de 200.000 niños, mientras miles de familias intentan cruzar la frontera hacia Siria para escapar de los combates y los bombardeos.

A este escenario se suma el riesgo de que otros frentes se activen. Un alto responsable hutí, Mohammed al-Bukhaiti, afirmó que el grupo ha decidido respaldar militarmente a Irán y que anunciará el “momento cero” de su intervención cuando lo considere oportuno.

Si el frente yemení se activa plenamente, los ataques contra el tráfico marítimo en el mar Rojo podrían intensificarse y añadir una nueva dimensión al conflicto regional, bloqueando aún más el comercio mundial.

Una guerra sin salida clara

Tras casi dos semanas de guerra, empieza a hacerse evidente que la administración Trump subestimó seriamente la complejidad del conflicto que estaba abriendo. Aunque Estados Unidos e Israel lograron varios éxitos operativos en los primeros días, esos golpes no han producido el efecto político esperado dentro de Irán ni han generado una vía clara hacia una negociación.

Por el contrario, la guerra ha empezado a generar costes precisamente en los ámbitos más sensibles para Washington. La disrupción del tráfico marítimo en el Golfo, los ataques contra petroleros e infraestructuras energéticas, el aumento del precio del petróleo y la retirada de aseguradoras y navieras de la región han convertido el conflicto en un problema económico y energético global.

A ello se suman las bajas militares, el consumo acelerado de munición avanzada y el despliegue de más fuerzas estadounidenses para contener una escalada que inicialmente se esperaba breve.

En este contexto, cada vez resulta más evidente que no existía una planificación clara sobre cómo terminar la contienda antes de iniciarla. Washington se enfrenta ahora a la dificultad de encontrar una salida que pueda presentarse como una victoria sin haber alterado decisivamente el equilibrio político en Irán.

Frente a ello, Irán está proyectando una lógica distinta. Pese a los daños sufridos, el gobierno iraní ha mostrado señales de una preparación previa para un escenario de conflicto prolongado: continuidad del aparato político, movilización interna y capacidad para seguir presionando militar y económicamente a sus adversarios. La negativa explícita de Teherán a aceptar un alto el fuego refleja esta lógica de resistencia y supervivencia.

El resultado es un escenario en el que ninguna de las partes parece dispuesta a detenerse, pero en el que tampoco existe una vía clara para poner fin a la confrontación. Esa combinación –errores de cálculo iniciales y una estrategia de resistencia prolongada– hace que terminar la guerra resulte ahora mucho más difícil que haberla iniciado.


Fuente: Descifrando la Guerra