viernes, 11 de septiembre de 2026

La reivindicación de Marruecos de Ceuta y Melilla no es una exigencia de descolonización

 

 Por Joseph Massad   
      Catedrático de política árabe moderna e historia intelectual en la Universidad de Columbia, en Nueva York.

Las ambiciones territoriales de Rabat responden a su rencor hacia Madrid por el Sáhara Occidental, al tiempo que se alinean con la hostilidad de EE. UU. e Israel hacia España por su postura respecto a Gaza


     La reciente oleada de decenas de miles de refugiados económicos marroquíes y de otros países africanos que intentan llegar a la colonia española de Ceuta ha reavivado las exigencias marroquíes de que España devuelva Ceuta y Melilla —conocidas en árabe como Sabtah y Maliliah— a Marruecos.


Un agente de la policía española monta guardia mientras los migrantes esperan para ser registrados en el distrito de Loma Colmenar de Ceuta el 31 de agosto de 2026.


Al menos 141 personas fallecieron durante la travesía, mientras que la mayoría de quienes lograron cruzar fueron devueltos por la fuerza o «voluntariamente».

Viajar desde Ceuta o Melilla a la España peninsular por vía aérea o marítima requiere pasar por los controles españoles de pasaportes y documentos de viaje, lo que significa que ni siquiera los refugiados que entran en las dos colonias de colonos pueden seguir su camino.

El gobierno racista italiano de la primera ministra Giorgia Meloni respondió, no obstante, introduciendo controles fronterizos específicos en el aire y el mar para los ciudadanos no comunitarios procedentes de España, con el fin de evitar que entre ellos hubiera árabes y africanos.

España, indignada, tomó represalias imponiendo controles fronterizos temporales equivalentes a los vuelos y barcos procedentes de Italia. Marruecos, por su parte, propuso mantener conversaciones con España sobre el futuro estatus de ambos territorios, lo que los españoles rechazaron de plano.

El hecho de que Marruecos lo hiciera en medio del fortalecimiento de su alianza con EE. UU. e Israel —ambos hostiles al Gobierno socialista de Madrid— plantea dudas sobre sus motivaciones.

Conquista colonial

Marruecos era el único territorio no otomano del norte de África, gobernado por una dinastía local desde el siglo XVII. En 1415, durante la «Reconquista», Portugal conquistó el enclave marroquí de Sabtah, que pasó a manos de España cuando se disolvió la Unión Ibérica en 1640 y fue formalmente cedido en virtud del Tratado de Lisboa de 1668. España había conquistado por su parte el enclave de Maliliah en 1497.

Ambas ciudades de colonización siguen hoy bajo dominio español, a pesar de los repetidos intentos marroquíes por recuperarlas entre los siglos XVIII y XX.

Se utilizaron como colonias penales en el siglo XVIII, antes de ser declaradas puertos francos en 1906. España también se aventuró a conquistar la ciudad marroquí de Tetuán para ampliar su control en torno a «Ceuta», lo que desencadenó la guerra hispano-marroquí de 1859-1860.

La derrota de España en la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 y la pérdida de Filipinas y de las colonias del Caribe reavivaron sus designios sobre el territorio marroquí. Francia, que estaba invadiendo otras colonias españolas en África, también albergaba ambiciones coloniales en Marruecos.

El Tratado de París de 1900 delimitó las colonias españolas en Río de Oro (posteriormente Sáhara Español y luego Sáhara Occidental) y África Ecuatorial, o Guinea Española. Estos territorios, limítrofes con colonias francesas, constituían una parte truncada de las conquistas africanas originales de España.

Las zonas de influencia francesa y española en Marruecos quedaron posteriormente delimitadas en 1904 en virtud de la Entente Cordiale anglo-francesa, que reconocía sus respectivas reivindicaciones coloniales en el norte de África, en Egipto y en Marruecos, a condición de que Francia cediera a España parte del territorio marroquí.

A finales de 1904, Francia reconoció una zona española que abarcaba una franja del norte de Marruecos, incluidas Ceuta y Melilla, y que se extendía hacia el oeste a lo largo de toda la costa mediterránea, sin llegar, sin embargo, a la frontera con Argelia al este. Tánger, un enclave costero dentro de esta zona, quedó internacionalizado.

La zona de al-Saqiyah al-Hamra, en el sur, adyacente al Río de Oro —ambas formarían más tarde el «Sáhara Español»—, también quedó excluida del acuerdo.

A estos acuerdos les siguió el Tratado de Fez de 1912, que estableció el protectorado francés sobre el territorio marroquí. Ese mismo año, Francia concedió a España el derecho a establecer su propio protectorado en la zona delimitada en 1904.

Incluso antes de establecer su protectorado, España había invadido territorio marroquí desde Maliliah en 1909 y desde Larache (al-‘Ara’ish), en la costa atlántica, en 1911.

España pretendía explotar los yacimientos de hierro en las adyacentes montañas del Rif, en el norte de Marruecos, lo que provocó la represalia de los rifeños, quienes mataron a siete trabajadores españoles. Al menos 1.000 soldados españoles murieron en la incursión y ocupación de la región montañosa que se produjo a continuación.

En 1913, 40.000 soldados españoles ocuparon Tetuán, la capital del protectorado. Las fuerzas españolas cometieron atrozidades generalizadas, saqueando viviendas y violando a mujeres marroquíes. Su violencia precipitó un gran éxodo desde la ciudad hacia las montañas, donde los refugiados se unieron a los rebeldes.

La situación se agravó tras la Primera Guerra Mundial, cuando España emprendió una campaña de «pacificación» en el Rif. Entre 1919 y 1921, las fuerzas españolas invadieron y ocuparon territorios y localidades que, aunque se encontraban nominalmente dentro del protectorado, permanecían fuera de su control.

Estas incursiones provocaron una importante resistencia liderada por Muhammad ‘Abd al-Karim al-Khattabi, conocido en las fuentes europeas como «Abd El Krim».

Mientras España se preparaba para invadir el Rif desde la localidad de Anwal (Annual) y por mar desde la bahía de al-Husaymah, ‘Abd al-Karim lanzó un ataque preventivo el 17 de julio de 1921, matando a cientos de soldados españoles, incluidos varios mandos.

Tras 12 años de victorias en territorio marroquí, los españoles se enfrentaron a la derrota. Los rifeños liberaron sus tierras, deteniéndose ante las murallas de Melilla. En la retirada de Anwal, España sufrió entre 13.000 y 19.000 bajas.

Aunque España logró recuperar algunos territorios, cualquier intento de aproximación naval se topó con la resistencia rifeña, que en marzo de 1922 hundió el buque de guerra español Juan de Juanes. ‘Abd al-Karim rechazó las exigencias españolas de que liberara a sus prisioneros de guerra, solicitando a cambio una compensación económica y la liberación de los cautivos marroquíes.

Tras muchas vacilaciones, España accedió y le pagó cuatro millones de pesetas, lo que equivaldría hoy a unos 11,6 millones de dólares. De los 570 prisioneros españoles retenidos por los rifeños, 326 sobrevivieron; el resto falleció a causa del tifus, junto con algunos de sus captores.

En septiembre de 1921, ‘Abd al-Karim proclamó la República del Rif, con capital en Ajdir, a orillas del Mediterráneo, junto a la bahía de al-Husaymah.

La república sobrevivió hasta 1926, repeliendo varias incursiones españolas. En 1924, mientras los españoles se reagrupaban, se retiraron de la ciudad de Shafshawan (Chaouen), donde se enfrentaron a los rifeños, quienes les infligieron entre 17.000 y 20.000 bajas.

El general Miguel Primo de Rivera, que asumió el mando del protectorado en el otoño de 1923, declaró que, a pesar de que la «sangre española» marcaba el «camino de la civilización», la venganza contra los marroquíes sería «rápida y severa». Para el verano de 1925, las fuerzas de ‘Abd al-Karim habían avanzado hacia el sur y arrollado a las fuerzas francesas al norte de Fez.

Los mandos franceses y españoles se reunieron en Madrid en junio de 1925 para coordinar una invasión de la República del Rif. Reunieron 123.000 efectivos, aunque algunas estimaciones sitúan la cifra en medio millón, frente a 12.000 combatientes rifeños. Las fuerzas europeas atacaron en septiembre, sitiando la república al acercarse el invierno y restringiendo sus suministros de alimentos y sal.

Los intentos de ‘Abd al-Karim por negociar fracasaron. En la primavera de 1926, España había lanzado un asalto naval contra Al-Husaymah. Utilizó cuatro tipos de gas tóxico, incluido el gas mostaza, contra civiles y combatientes para quebrantar la tenaz resistencia rifeña y ganar la guerra. Las tropas españolas mutilaron a sus víctimas marroquíes, ensartando partes de sus cuerpos en pinchos.

‘Abd al-Karim se rindió a los franceses en mayo de 1926. Fue exiliado junto con su familia y otros 150 rifianos a La Reunión, la isla ocupada por Francia en el océano Índico, antes de escapar a El Cairo en 1947.

En total, 10.000 rifeños perdieron la vida defendiendo sus tierras. A lo largo de cinco años de combates, unos 43.500 soldados españoles murieron, resultaron heridos o fueron dados por desaparecidos.

Alegando falta de jurisdicción, la Sociedad de Naciones se negó a intervenir en la Guerra del Rif incluso después de que España utilizara gas venenoso; el racismo de sus miembros europeos fue, sin duda, un factor fundamental.

La República del Rif fue tan solo la segunda república independiente proclamada en el mundo árabe, tras la República de Trípoli en 1918, y no se estableció ninguna otra hasta la Segunda Guerra Mundial.

Éxodo de colonos

En vísperas de la independencia de Marruecos en 1956, 350.000 colonos franceses vivían en el país. Para ese año, el protectorado español contaba con 91.000 colonos españoles, además de otros 26.000 en la zona francesa y 21.500 en Tánger, que se encontraba bajo administración internacional.

En total, a mediados de la década de 1950 vivían en Marruecos cerca de medio millón de colonos europeos, de los cuales casi tres cuartas partes eran franceses.

Tras la elección del Gobierno del Frente Popular en España en 1936, el líder nacionalista marroquí en ascenso ‘Abd al-Khaliq Turris fundó el Partido de la Reforma Nacional en la zona española. La izquierda española no apoyaba la independencia de Marruecos.

Sin embargo, los militares rebeldes de derecha que sumieron a España en la guerra civil intentaron cooptar a los nacionalistas marroquíes, principalmente para reclutar a rifeños que lucharan de su lado. Entre 60.000 y 70.000 marroquíes lucharon a las órdenes del general Francisco Franco, cuyas fuerzas controlaban la zona española de Marruecos.

En Sabtah y Maliliah, los judíos autóctonos se mezclaban con aquellos cuyos antepasados habían huido de la Reconquista. A finales del siglo XIX, la población judía urbana se había convertido en una mezcla sefardí de judíos españoles y marroquíes que se referían a los del campo como «bereberes».

Oleadas de judíos procedentes de Tetuán y las zonas rurales de Marruecos emigraron a las colonias desde la década de 1880 hasta la primera década del siglo XX.

Los sionistas comenzaron a centrarse en ellos en 1919, a pesar de la opinión generalizada entre la comunidad judía local de que el sionismo era un movimiento ashkenazí irreligioso. Sin embargo, a instancias de su rabino, los judíos acaudalados de Ceuta recaudaron 100.000 francos para los sionistas en 1921.

En 1922 se había constituido en Ceuta la Federación Sionista Ibero-Marroquí bajo el liderazgo de Ignacio Bauer-Landauer, cuya familia había representado a la Casa de Rothschild en España desde mediados del siglo XIX. En aquellos años aún no se producía emigración judía a Palestina.

En la década de 1950, los nacionalistas anticolonialistas marroquíes de la zona española, al igual que sus compatriotas de la zona francesa, estaban movilizando a la población en favor de la independencia.

España se resistió a los esfuerzos de ellos antes de acabar cediendo finalmente. El rey Mohammed V de Marruecos viajó a España en abril de 1956 para ultimar los acuerdos. El estatus de zona internacional de Tánger quedó derogado en julio de 1956, aunque conservó un estatus administrativo especial hasta julio de 1960.

La independencia de España provocó la marcha de muchos colonos españoles, 92.000 personas, lo que representaba el 9,4 % de la población del protectorado. En aquel momento, el número de colonos españoles ascendía a 21.500 en Tánger y a 25.698 en el protectorado francés. Ifni contaba con otros 3.500, cifra que fue aumentando a medida que llegaban colonos procedentes de los territorios cedidos por España; en 1967, su número ascendía a 11.984, incluido el personal militar.

En el «Sáhara Español», 20.126 colonos permanecieron allí hasta la retirada de España en 1975. Muchos colonos también permanecieron en el antiguo protectorado español tras la independencia, mientras que otros se marcharon gradualmente, y las salidas se aceleraron significativamente en 1957. España no abandonó Ifni hasta 1969 y, desde entonces, ha conservado sus colonias de Ceuta y Melilla.

La Corona marroquí no consideraba que las dos colonias formaran parte del reino en 1956, aunque los nacionalistas sí.

En 1971, el Ministerio de Trabajo español contabilizó 43.498 españoles en Marruecos: 8.082 en el antiguo protectorado español, 26.668 en el antiguo protectorado francés y 9.295 en Tánger.

Otra oleada de repatriaciones se produjo a raíz de un decreto de 1973 que marroquinizaba las empresas de propiedad extranjera, los puestos de trabajo y las tierras nacionalizadas. Entre junio de 1974 y diciembre de 1975, unas 20.000 familias de colonos españoles se repatriaron a España.

A principios de 1980, los consulados españoles registraban tan solo 8.094 trabajadores españoles en Marruecos, el 80 % de los cuales se concentraba en Tánger y Casablanca. La numerosa colonia española de Casablanca, que ascendía a 20.500 personas antes de la marroquización de las tierras de 1973, se había reducido a unos 2.500 habitantes en 1986.

Descolonización selectiva

En la actualidad, los españoles constituyen casi la mitad de la población de las dos colonias de colonos de Sabtah y Maliliah. En Sabtah —o Ceuta— constituyen una ligera mayoría, mientras que los marroquíes autóctonos tienen una estrecha mayoría en Maliliah —o Melilla—.

A raíz de la reciente migración a Ceuta, han resurgido las reivindicaciones marroquíes para la devolución de Sabtah y Maliliah. El 22 de agosto, el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, declaró que Marruecos «se aferraría a su derecho histórico y a su derecho geográfico» sobre ambas ciudades, y pidió la creación de una comisión de diálogo permanente para negociar su retorno «al seno de la patria».

Días más tarde, el ministro marroquí de Habous y Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, evocó las «ciudades ocupadas» del norte de África en el palacio real de Rabat, durante una ceremonia con motivo del cumpleaños del Profeta presidida por el rey Mohammed VI.

España respondió con intransigencia, insistiendo en que nunca renunciaría a la soberanía sobre sus colonias. «Ceuta y Melilla son españolas», afirmó la portavoz del Gobierno, Elma Saiz. «Son nuestras fronteras meridionales, así como las fronteras de Europa. No hay nada más que añadir».

Aún no está claro adónde conducirán las exigencias marroquíes, especialmente teniendo en cuenta el apoyo de la Administración Trump a la reivindicación de Marruecos sobre el Sáhara Occidental frente a las reivindicaciones indígenas del pueblo saharaui y de la República Árabe Saharaui Democrática proclamada por el Frente Polisario en 1976, reconocida por más de dos docenas de países.

Estas reivindicaciones han resurgido en medio de la creciente hostilidad de EE. UU. e Israel hacia España, a raíz de la condena por parte de Madrid del genocidio y las políticas coloniales de Israel hacia los palestinos. Marruecos, por su parte, tiene sus propios motivos de resentimiento.

Su ofensiva territorial podría deberse menos a un sincero sentimiento nacional que al deseo de castigar a España por negarse a reconocer la plena soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental —a pesar de que ha respaldado el plan de autonomía de Marruecos para el territorio— y por mantener buenas relaciones con Argelia, que apoya la independencia saharaui y está aliada con el Frente Polisario.

Aunque la Administración Trump ha reafirmado su apoyo a la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, un informe del Congreso de EE. UU. que describía ambas ciudades como situadas en territorio marroquí y fomentaba el diálogo diplomático entre Rabat y Madrid ha despertado la alarma. España insiste en que su estatus no es negociable.

No está claro hasta qué punto será sostenible la postura española, dada la estrecha alianza de Marruecos con Israel bajo el mandato del primer ministro Benjamín Netanyahu, y la continua hostilidad de Trump hacia el Gobierno socialista español. Madrid denegó a Washington el uso de sus bases militares para la guerra contra Irán, y ha retirado a su embajador en Israel a raíz del genocidio en Gaza.

Muchos en España creen que el país está pagando ahora por ese desafío, y políticos y comentaristas culpan a Israel y a EE. UU. de avivar la crisis de Ceuta como represalia.

El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, avivó esas sospechas al publicar en X que ya era hora de que España explicara por qué «sigue manteniendo enclaves coloniales en África». El ministro de Transportes español, Óscar Puente, compartió la publicación y comentó: «Bueno, parece que todo se está aclarando bastante».

La alianza antipalestina de Marruecos con Trump e Israel no puede determinar el futuro de las dos colonias de asentamiento. Ese futuro debe basarse en un auténtico impulso hacia la descolonización, que se aplique por igual a Sabtah y Maliliah, al Sáhara Occidental y a todos los territorios palestinos, libaneses y sirios colonizados por Israel.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Irak negocia desarmar a las milicias chiíes

      Politólogo | Imperialismo, geopolítica y elecciones. Periodista en Descifrando la Guerra.



El Gobierno de Irak, liderado por Ali al-Zaidi (en la imagen), afronta el desafío de desarmar a las milicias chiíes en plena rivalidad entre Estados Unidos e Irán.

Irak, que ha quedado en el fuego cruzado de la guerra lanzada por Estados Unidos contra Irán, mantiene una relación muy estrecha con ambos países.


Irak se ha convertido, durante la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, en un escenario más del conflicto regional.

Pero las presiones ejercidas por Washington sobre la débil economía iraquí –muy dependiente del petróleo y duramente afectada por el bloqueo de Ormuz– han llevado a Bagdad a ceder, pues la Casa Blanca mantiene un importante control sobre sus finanzas desde la invasión de 2003.

Entre otras palancas de poder de Estados Unidos, las cuentas en las que se depositan los ingresos del petróleo iraquí se encuentran en la Reserva Federal estadounidense, y el Gobierno depende de los envíos periódicos de dólares.


Las elecciones en Irak han generado un escenario complejo en el equilibrio de Bagdad entre la influencia de Estados Unidos e Irán.

Para recuperar esta transfusión vital, el nuevo primer ministro de Irak, Ali al-Zaidi, se ha comprometido a desarmar a las milicias chiíes –muchas de ellas aliadas de Irán–, convirtiendo esta cuestión en la prioridad de su mandato.

El ultimátum de Zaidi

Con esta intención, al-Zaidi lanzó en junio un ultimátum: para el 30 de septiembre, el monopolio de la violencia debía volver a estar en manos del Estado. Todas las milicias independientes –principalmente las agrupadas en torno a la Resistencia Islámica en Irak– y paragubernamentales –como las Fuerzas de Movilización Popular (PMF)– debían entregar las armas a los cuerpos de seguridad.

Adelantándose a este proceso, en mayo el clérigo chií Muqtada al-Sadr ya había anunciado la separación entre su movimiento político y su brazo armado, Saraya Salam, poniendo a sus miembros bajo la autoridad del Estado. A este le siguieron las milicias Asaib Ahl al-Haq y las Brigadas del Imán Ali.

Sin embargo, al-Sadr no cuenta con el apoyo de Irán y opera de forma independiente, mientras que las otras dos milicias pertenecen a las PMF, pero no a la Resistencia Islámica en Irak, organización paraguas que agrupa a facciones de línea dura alineadas con Teherán y contrarias al desarme.

Los ataques contra Arabia Saudí desde Irak, coincidiendo con la escalada en Yemen, han aumentado todavía más la tensión. Como respuesta, los bombardeos aéreos de Estados Unidos y Arabia Saudí contra las PMF a finales de julio han dejado al primer ministro iraquí en una posición políticamente difícil.


Estados Unidos y Arabia Saudita atacan a milicias iraquíes respaldadas por Irán.

Las PMF movilizaron un boicot contra los productos saudíes y obligaron a al-Zaidi a cancelar su visita a Riad. Posteriormente, el primer ministro se reunió con los líderes de las PMF y ordenó indemnizar a las familias de las víctimas.

A pesar de estos gestos, al-Zaidi ha continuado con su hoja de ruta, aunque sometido a presiones de unos y otros. Durante la visita del jefe de los servicios de inteligencia de Arabia Saudí a Bagdad, el 7 de agosto, el primer ministro reiteró la oposición del Gobierno a que los grupos armados lanzaran ataques desde territorio iraquí.

Tres días después, el comandante de la Fuerza Quds de Irán, Esmail Qaani, llegó a Bagdad y, según se informa, expresó su oposición al desarme de las milicias chiíes y advirtió contra una confrontación militar entre las fuerzas gubernamentales de Irak y estos grupos.

El 11 de agosto, al-Zaidi solicitó al Parlamento que colaborara en la redacción de una ley que sometiera todas las armas al control del Estado, calificando los arsenales fuera de su alcance como “el mayor peligro para el Estado”.


Los consensos políticos en Irak se transforman tras las elecciones de 2025 bajo la atenta mirada de Estados Unidos e Irán.

Sin embargo, los diputados alineados con Kata’ib Hezbolá, que sostienen su Gobierno y cuentan con una milicia propia, se opusieron e instaron a buscar una solución política.

El 21 de agosto, al-Zaidi afirmó que “no tenía intención” de buscar un enfrentamiento militar, alegando que “existe un diálogo constructivo”.

Mohammad Bagher Ghalibaf, el influyente presidente del Parlamento iraní, visitó Irak entre el 19 y el 21 de agosto, cuando, según se reporta, planteó opciones que incluían “congelar” las armas de las milicias o transferirlas a la República Islámica.

Finalmente, a finales del mes, el asesor de seguridad de al-Zaidi, Qasim al-Araji, pareció dar marcha atrás respecto al plazo del 30 de septiembre, al afirmar que esa fecha marcaba la retirada de las fuerzas estadounidenses y que el desarme de las milicias comenzaría posteriormente. No obstante, esta cuestión seguirá marcando las dinámicas internas del país durante los próximos meses y años.


Fuente: Descifrando la Guerra


martes, 8 de septiembre de 2026

Ante una guerra por los últimos recursos

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


Ceuta es una pieza más dentro de un tablero que, por desgracia, se desliza peligrosamente a un escenario de conflicto general


     En la crisis de Ceuta hay un conflicto a largo plazo y otro a un plazo más breve en el tiempo. El primero es la disputa por el control del Sáhara Occidental. No olvidemos que ahí están las mayores reservas de fosfatos del mundo. Es algo en lo que Estados Unidos ha puesto muchísimo interés. Estados Unidos va a invertir una enorme cantidad de dinero para hacer una autopista que cruzará todo el Sáhara Occidental para comunicarlo mejor con Marruecos. Esta autopista llevará el nombre de Donald J. Trump. ¿Qué casualidad, eh?

La escasez de fosfatos va a ser crítica en los próximos años, y más en el contexto que tenemos de escasez de agua y temperaturas cada vez más disparadas. Este año las cosechas de cereales van a ser malas en general en todo el mundo, porque el problema de las altas temperaturas ha sido generalizado. El año que viene va a ser mucho peor, porque está empezando un fenómeno de El Niño de una magnitud que no habíamos visto nunca desde que hay registros. Las temperaturas van a subir muchísimo y las cosechas se van a resentir todavía más. Una forma de compensar las malas cosechas es añadiendo más fertilizantes; es estúpido, pero es lo que se suele hacer, añadir más nutrientes, sobre todo nitrógeno, potasa y fósforo. Lo más difícil es el fósforo. Y en el Sáhara Occidental están aproximadamente el 75% de las reservas de fosfatos. Ahora mismo, Marruecos no es el principal productor de fosfatos del mundo, sino China, que los necesita para ella misma. Hay un problema de agotamiento del fosfato y eso va a ser crítico. También explica, por cierto, los proyectos de minería de fosfato que hay ahora mismo en España, una minería muy contaminante y que genera muchísimos problemas. Y sin embargo estamos viendo surgir muchos proyectos mineros, en particular en León.

Aún en relación con el Sáhara, tenemos el conflicto que tiene Marruecos con Argelia, que siempre ha dado apoyo al pueblo saharaui. Hace cuatro años, el Gobierno español, de manera muy sorpresiva, reconoció los derechos de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y esto generó un conflicto diplomático enorme con Argelia, un conflicto en el que se involucró Marruecos y que llevó a una escalada de la hostilidad entre los dos países. Como consecuencia de ese conflicto, Argelia decidió cerrar el gasoducto del Magreb-Europa, que transcurre por tierras marroquíes y lleva gas a España a través del estrecho de Gibraltar, dejando únicamente abierto el gasoducto Medgaz, que va directamente desde Argelia a España por vía submarina.

Esto dejó a Marruecos sin gas, porque el 99% del que consumía venía a través del gasoducto Magreb-Europa. Y generó un problema grande que España ha resuelto diversificando sus importaciones de gas. En su momento llegó a depender en un 70% del gas que venía de Argelia. En este momento, el porcentaje (que no es constante, va cambiando mucho mes a mes) se mueve entre el treinta y el cuarenta y tantos por ciento. Lo que ha hecho España es aumentar enormemente las importaciones de gas de los Estados Unidos, que es un gas muchísimo más caro porque hay que transportarlo en barco y forma parte de la estrategia de dominio de Estados Unidos, que tiene excedentes de gas gracias a la extensión de la técnica del fracking. Como condición para terminar el conflicto en 2022, Argelia impuso a España que no podía reexportar el gas argelino hacia Marruecos. Y es que desde entonces, el gasoducto del Magreb funciona en sentido inverso. Antes, transportaba gas de Argelia hacia España a través de Marruecos –y ahí Marruecos conseguía la mayoría del gas que consumía– y ahora es España la que envía gas a Marruecos, importándolo mayoritariamente desde Estados Unidos.

Pero, ¿cuál es el contexto más global de la situación actual? ¿Qué está pasando? Que está empezando una lucha por los últimos recursos. El problema que ha habido primero en Venezuela y luego en Irán tiene que ver con que Estados Unidos se está quedando sin petróleo– o, mejor dicho, que la extracción de petróleo en los EE.UU. ya está tocando techo y va a empezar a caer con fuerza en los próximos años. Dentro de ese contexto, debido al bloqueo del estrecho de Ormuz hay un problema con el suministro global de gas, porque el principal exportador de gas natural a través de buques, Omán, ahora no puede exportar y sus infraestructuras han quedado gravemente dañadas. Toda Europa está teniendo muchos problemas para comprar gas por la guerra en Irán. Y eso afecta también a España, aunque antes de la guerra importaba muy poco gas desde el golfo Pérsico, porque todos los países buscan gas donde sea, disputándoselo los unos a los otros. Por ejemplo, España se encontró que en el mes de junio no llegaron el 40% de los buques que se esperaban porque otros países pagaron más dinero y los barcos cambiaron de rumbo. Los problemas de abastecimiento de gas y, en menor medida, de petróleo que ha originado la guerra de Irán motivaron que Pedro Sánchez viajara a Argelia para aumentar las exportaciones de gas a España, cosa que a Marruecos no le interesa, porque se arriesga a que Argelia vuelva otra vez a exportar el 70% del gas que consume España.

Marruecos puede tener un problema serio en ese caso, porque España no va a poder reexportar gas hacia Marruecos. A Marruecos le interesa que sigamos importando gas caro de Estados Unidos para que ellos tengan gas. Esto es un motivo de conflicto, y aparte está la cuestión de que ese acuerdo significa un acercamiento entre España y Argelia.

La otra pieza del puzzle, el otro gran contexto, es que evidentemente Estados Unidos se ha aliado a Israel y a Marruecos, y tiene sobre la mesa toda una estrategia de redefinición del mapa geopolítico mundial en el cual Marruecos juega un papel muy importante.


Trump y Netanyahu hablando en privado en una reunión en la Casa Blanca en julio de 2025.

Primero, por su control del Sáhara Occidental y de los fosfatos, que van a ser estratégicos dentro de unos años porque son fundamentales para la agricultura internacional y en lo que Estados Unidos está invirtiendo muchísimo dinero para garantizarse la hegemonía. A Estados Unidos no le interesa que España controle Ceuta, porque si vemos las demarcaciones marinas, las aguas territoriales que se expanden desde Ceuta conectan con las aguas territoriales que se expanden desde la península y cuando quieres atravesar el Estrecho de Gibraltar, en algún momento por fuerza tienes que pasar por aguas territoriales españolas.

España tiene la jurisdicción absoluta sobre sus aguas territoriales, y eso a Estados Unidos no le interesa porque están pensando a largo plazo. En el Estrecho de Gibraltar ya hay muchos movimientos de tropas y armamento, y lo que le interesa a Trump es tener un canal seguro para mover todo lo que quiera. A EEUU le interesa que Marruecos “recupere” –como dicen ellos– pronto Ceuta y Melilla, para que la zona sur del Estrecho de Gibraltar esté controlada por un socio más fiable por su total dependencia de los EE.UU.

El papel de Europa, Rusia y la vía militar

En un plazo más largo, hay otra cuestión que se arrastra desde hace tiempo. Y es que, desde el punto de vista de la Unión Europea, asegurarse el acceso a los recursos es prioritario y, si es preciso, se va a hacer por la vía militar. Es bastante terrible. Una gran parte de la estrategia actual de ‘Rearmar Europa’, que apareció de repente el año pasado, no es para luchar contra Rusia, que es una guerra absurda que nadie tiene interés en librar. Tú no puedes pelearte con una potencia nuclear, eso no tiene ni pies ni cabeza. Y tampoco Rusia tiene mayor interés, porque ¿qué va a venir a buscar en Europa? A Rusia le interesa Europa como cliente, sobre todo para exportar su gas y su petróleo que, por cierto, sigue llegando a pesar de las sanciones que nominalmente están en vigor. Por ejemplo, en el caso concreto de España, del 10% del gas consumido que ya habitualmente estaba llegando de Rusia, el último mes subió hasta el 17%.

En cualquier caso, yo tengo bastante claro que dentro de Europa se está creando una situación en la que, llegado el momento, se va a utilizar el ejército para ir a buscar recursos que en Europa van a faltar y empiezan a faltar en todo el mundo. Y particularmente, puesto que ahora mismo es lo que está creando más problemas, el gas y el petróleo. Si hablas recursos energéticos y del norte de África, está bastante claro hacia dónde se está apuntando. Son tres países en concreto. Níger, porque de ahí es de donde Francia sacaba el 40% del uranio que consumía hasta que el golpe de estado de agosto de 2023 forzó la salida de Francia, y porque el Gobierno de Níger lleva denunciando desde hace tiempo que Francia está preparando una incursión militar para hacerse con el control de las minas de uranio. El segundo es, otra vez, Libia, porque tiene una gran capacidad de producción de petróleo que no se desarrolla plenamente porque el país está inmerso en una guerra civil imparable desde que se depuso a Gadafi. Y el tercero es Argelia. Todo esto es demostración de la inmoralidad profunda de las élites europeas, que se plantean utilizar la guerra como vía de acceso a los recursos, lo que es una aberración moral y algo absolutamente ignominioso.

Pero, aparte de todo, yo no creo que la Unión Europea tenga ninguna capacidad de entrar en un conflicto armado con Argelia, que es un país muy poblado y con un ejército potente, aparte de que Argelia hace tiempo que se prepara para este tipo de escenario. Pero lo que es bastante probable es que en un momento dado interese azuzar una guerra entre Marruecos y Argelia precisamente para conseguir mejorar el acceso a estos recursos. El caso es particularmente interesante porque Argelia es el gran suministrador de gas de Europa. Suministra a España, a Francia y a Italia. La producción de gas de Argelia lleva ya unos cuantos años estancada, lo que impide que pueda aumentar sus exportaciones. Aún peor, Argelia es un país en fuerte desarrollo económico y cada vez consume más de su propio petróleo y su propio gas, como es lógico. Y una de las estrategias habituales que ha aplicado Estados Unidos para conseguir que un país aumente sus exportaciones de petróleo y de gas es destruir el país, porque si tú destruyes su industria, lógicamente su consumo cae. Una guerra de desgaste supondría menos capacidad industrial, menos capacidad de consumo, y además, para conseguir recursos para sostener la guerra, el país tendría que vender más petróleo y más gas al extranjero. Esto sin duda le interesa a Europa. Otra cosa es el papel que juegan Estados Unidos o Israel en esta historia, que suelen decir que Argelia es aliada de Rusia. El fortalecimiento de la alineación entre Marruecos y la administración Trump está fomentando una carrera belicista y creo que existe una posibilidad de que al final acabemos en un conflicto abierto entre Marruecos y Argelia.

Por eso cabe cuestionar cuál es el papel de las instituciones europeas en todo esto. En Europa hay un ascenso de la extrema derecha, una simplificación de los debates y algo que a mí me molesta particularmente: la falta de profundidad en la discusión de los graves problemas en nuestro futuro, y más en particular en cuanto a los recursos y la energía. Estamos viendo que empieza a faltar diésel en Europa. En Alemania el precio del litro de diésel ya roza los 3 €, en Italia 2,5 euros, en Francia poco menos. Aquí estamos cerca ya de los 2 €, porque España está mejor colocada por una serie de motivos (fundamentalmente que ha mantenido la mayoría de sus refinerías, mientras que en Europa cerraron el 40% durante los últimos 20 años). La inflación va a causar más malestar entre la población europea, cosa que va a aprovechar  una maquinaria mundial muy bien engrasada para dar financiación y favorecer el ascenso de opciones populistas de ultraderecha en toda Europa.

Como he dicho antes, estamos en un momento histórico, porque estamos entrando en una fase nueva de la historia del capitalismo global, que es la guerra por los últimos recursos, porque realmente se están empezando a agotar. En medio de todo esta algarabía y este follón, y en esta situación geopolítica tan compleja, de esta situación de conflictividad bélica creciente, la pregunta es qué hará la derecha y la ultraderecha española. ¿Van a entender cómo se tienen que posicionar, van a tener un perfil propio, van a comprender qué es lo mejor para el interés de España? No seré yo el que defienda, en general, la acción del gobierno de Pedro Sánchez, pero es cierto que muchas de las decisiones que se han tomado en los últimos tiempos han sido correctas desde el punto de vista del mantenimiento de la industria española. Se ha conseguido capear el problema de Ormuz bastante bien. Hay cierta pérdida de importaciones de petróleo, pero se está consiguiendo compensar a base de reducir las exportaciones de productos refinados. Se ha diversificado la procedencia del gas. Sin duda, lo mejor para mitigar el cambio climático sería reducir lo más rápidamente posible nuestro consumo de combustibles fósiles, pero desde un punto de vista convencional se tiene que reconocer que la mayoría de las acciones del Gobierno de Sánchez, de manera muy discreta, han sido las que defendían mejor los intereses de España. Creo que, en parte, es por esa prudencia que Sánchez se resiste a señalar con el dedo al gobierno de Marruecos a pesar de su más que probable implicación en el salto masivo de inmigrantes en Ceuta.

Ceuta es una pieza más dentro de un tablero que, por desgracia, se desliza peligrosamente a un escenario de guerra general. Una cosa que está clara es la involucración de Estados Unidos e Israel. Negarlo no tiene ningún sentido. Varios ministros israelíes y el hijo de Netanyahu llevan meses haciendo declaraciones en el sentido de que Ceuta y Melilla tienen que ser marroquíes, que España tiene colonias en Marruecos. Por un lado, se trata de castigar a España por su posición en temas como Gaza o el rearmamento, pero también de tener control sobre el Estrecho. Es muy importante para Estados Unidos circular por aguas territoriales de una potencia aliada que necesiten de ellos para todo. Y esa es obviamente Marruecos. Si tuviera que circular por aguas territoriales españolas, y se genera una situación de enemistad entre Estados Unidos y Europa, cosa que veo inevitable en el largo plazo, Estados Unidos podría tener problemas para transportar vaya Dios a saber qué por la zona del Estrecho. Así que, por desgracia, creo que la presión sobre Ceuta va a seguir aumentando, y como pasa con el petróleo, como pasa con el cambio climático, lo ideal sería que hubiera un pacto de Estado en el que los partidos políticos dijeran: aquí hay que ir con una única política, un único mensaje, tener muy claro hacia dónde vamos.

Por desgracia, el contexto político en el que estamos instalados desde hace ya muchos años no permite eso. Es evidente que hay que definir una política estable, con unas directrices estratégicas, porque si no, vamos a ir dando bandazos y, mientras, ocurrirán infinidad de desgracias y no sabremos por qué. Y recordemos que además a veces hay que pararle los pies incluso a la Unión Europea, cuando sus acciones comprometen los intereses estratégicos de España. En ese sentido, hay que madurar y perder el miedo a plantarle cara a la Comisión: no hay ningún problema ni ninguna contradicción entre estar en la Unión Europea y a la vez defender intereses nacionales legítimos. Y ésta es una lección que nuestros líderes tienen que aprender. Pero para eso primero tendría que haber una comprensión profunda de las complejidades de la realidad (técnica, energética, de recursos, geopolítica….) actual por parte de nuestra clase política, que para muchas cosas, por desgracia, creo que es bastante analfabeta e irresponsable.


Fuente: Ctxt

Una geopolítica del caos muy calculada

 

Por Mercedes Gallego         
               Periodista internacional. Corresponsal del Grupo Vocento en Nueva York desde hace 16 años.


Los ‘lobbies’ marroquíes amortizan su inversión en Washington al convertir a Rabat en el nuevo socio militar de EEUU en África, mientras España paga la factura


Marco Rubio y el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, en abril de 2025.


     Casi tres años antes de la crisis de Ceuta, Estados Unidos tuvo su propia ‘invasión’ migratoria. El epicentro fue Eagle Pass (Texas), una ciudad fronteriza de 28.000 habitantes a la que, en diciembre de 2023, llegaron hasta 12.600 personas diarias durante una semana seguida. Los migrantes triplicaban la población local y algunos se ahogaron en el Río Bravo, atrapados por las boyas de protección. Trump ya empleaba entonces el manual que ahora aplica a la frontera Sur de Europa.

Al año siguiente, el magnate ganó las elecciones por segunda vez, con las deportaciones masivas como eje de su campaña. En la primera ya había descubierto el potencial político del miedo a la “invasión” migratoria.

Hasta junio de 2015, sólo era un excéntrico millonario de tabloides y reality shows, con apenas el 2% de la intención de voto, empatado por abajo con candidatos intrascendentes en una lista de 16 aspirantes. Un mes después de demonizar a los inmigrantes, con la promesa de construir un muro para resolver un problema que aún no existía –los datos oficiales reflejaban una tendencia a la baja del 28% interanual–, encabezaba las encuestas. La cobertura ininterrumpida de sus declaraciones incendiarias convirtió a los medios en cómplices de su victoria.

Trump, que tiene un gran instinto para las bajas pasiones, supo de inmediato que había topado con un filón. “Podría ganar las elecciones dos veces con este tema del muro”, dijo en la Conferencia de Acción Conservadora de 2020. Y lo hizo. El año pasado detectó ese potencial en Europa y empezó a azuzar el miedo a la extinción si no se sigue su ejemplo migratorio. “Tienen que ponerse las pilas. Si no lo hacen, Europa dejará de ser lo que es”, dijo este agosto, en un remake europeo de su campaña. “Si no tienes fronteras, no tienes país”.

Es difícil decir cuándo entró Ceuta en el radar de su simplismo geográfico, pero sin duda lleva años o décadas en el de los lobbies marroquíes, que asignan al cabildeo de Washington unas diez veces más que España. Despachos como Brownstein, Qorvis y Scribe Strategies suman casi dos millones de dólares anuales en contratos para incidir en la posición de EEUU sobre Ceuta, Melilla y las aguas del Sáhara.

Consciente del gusto de Trump por el lujo y los tiranos, el reino de Mohamed VI redobló la apuesta. Entre 2016 y 2025, los lobbies marroquíes invirtieron 58,9 millones de dólares, según Open Secrets.


Gasto total de Marruecos por año.

La inversión se amortiza con creces: el polémico informe del Congreso que cuestiona la soberanía española sobre Ceuta y Melilla recomienda, de premio, asignar a Marruecos “no menos de 20 millones de dólares” en financiación militar. Y eso es solo la guinda para justificar su inclusión en una ley presupuestaría, según lo que ha redactado el subcomité que preside Mario Díaz-Balart, fundador del Caucus Marroquí del Congreso.

En diciembre de 2020, un mes antes de dejar el poder, Trump añadió la firma de Mohamed VI a los Acuerdos de Abraham: Marruecos reanudaba relaciones con Israel a cambio del apoyo de Washington a su plan de autonomía para el Sahara español. Un canje perfecto que alumbraba un nuevo eje del orden mundial trumpista: EEUU, Marruecos e Israel. Un mes después se marchó de Washington ofuscado, en helicóptero, sin despedirse siquiera de su sucesor. La política del caos había fallado. Lanzó a sus hordas sobre el Capitolio, pero no pudo evitar que el Congreso certificara la victoria de Joe Biden.

Marruecos e Israel siguieron trabajando durante ese paréntesis. La gran autopista Tiznit-Dakhla que atraviesa el Sahara Occidental se construyó en su ausencia, pero pronto será rebautizada como Donald J. Trump, en muestra de “profundo agradecimiento”. El comercio entre Marruecos e Israel se ha multiplicado por cuatro en cinco años, hasta 576 millones anuales. Pero ojo, no intercambian latas de sardinas. El 74% de lo que Israel exportó a Marruecos en 2020 fue material aeroespacial, aviones y helicópteros. Al año siguiente, la venta de armamento se multiplicó por siete en términos absolutos. Y este enero se firmó un nuevo acuerdo de cooperación militar, después de que Marruecos incrementara su presupuesto de Defensa un 18%, para comprar drones y sistemas antiaéreos israelíes, pero también para algo más serio: la construcción de una fábrica de drones kamikaze israelíes en suelo marroquí. Se trata de una relación de bajo desembolso, en comparación a la que tiene con España –su principal socio comercial–, pero de alto impacto estratégico.

En Washington, el lobby marroquí tampoco descansó con Biden en la Casa Blanca, que en esto la primera democracia se parece al caos y nos vuelve daltónicos. Según una investigación de CBS Miami, al dejar su escaño, Lincoln Díaz-Balart (hermano de Mario) montó la firma de lobby Western Hemisphere Strategies, con la que cobró 1,2 millones de dólares, entre 2012 y 2017, de un solo cliente: el Moroccan American Center for Policy. Veinte mil dólares al mes por “afectar positivamente las relaciones entre Marruecos y Estados Unidos”.

Con la vuelta de Trump y el nombramiento de Marco Rubio como secretario de Estado, el círculo cubanoamericano de Washington ha encontrado una puerta directa a la Casa Blanca. Rubio no llevaba ni una semana en el cargo cuando ya se había organizado una bilateral telefónica con el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, y una visita para abril. El “socio estratégico” fue recibido en la Casa Blanca por el entonces asesor de Seguridad Nacional, Mike Waltz, y luego por el propio Rubio, quien reafirmó públicamente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. En el Capitolio, los congresistas Díaz-Balart y Joe Wilson calificaron a Marruecos de “aliado crucial” para EEUU.

Mientras tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez se perfilaba en Washington como todo lo contrario. Rehusó aumentar al 5% el gasto de Defensa que acordó la OTAN, se abstuvo de participar en el Consejo de Paz para Palestina, criticó sin medias tintas el genocidio y el 4 de marzo negó oficialmente el uso de las bases de Rota y Morón para atacar a Irán. Ese parece haber sido el detonante.

En el desorden del caos hay un orden, el del bully, que no puede dejar que nadie se insubordine. A los pocos días, la Casa Blanca encargó la elaboración de un “dossier preventivo” sobre las vulnerabilidades económicas y estratégicas de España, que se le presentó a Trump semanas después en Mar-a-Lago. Repsol aparecía como “buque insignia” del negocio energético internacional español. La empresa podía ser un blanco fácil de presión económica porque ya tenía un pie en Venezuela y mucho que agradecer, al haber sido una de las cinco primeras en recibir licencias del Tesoro para operar con la estatal venezolana.

Como parte de la ofensiva, el 12 de marzo, Michael Rubin, analista proisraelí del think tank conservador American Enterprise Institute (AEI), publicó en la propia web del centro un artículo titulado “Madrid critica a Israel, pero España es un poder colonial” que no deja lugar a sutilezas. En él califica a España de “potencia colonial” y a Sánchez de “hipócrita” por retirar a su embajador en Israel un día antes. Cuatro días después, redobla con una arenga publicada en el Middle East Forum. Bajo el título “Marruecos debería enviar una nueva Marcha Verde a Ceuta y Melilla”, pide explícitamente a Trump que declare esos enclaves “territorio marroquí ocupado”. ¿De verdad alguien cree que esa noticia no llegó a Rabat?

Lo que sí llegó a España seis días después fue otra cosa. El 18 de marzo, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional española recibió el volcado del teléfono de Rodolfo Reyes, el accionista de Plus Ultra, clave para el caso contra Rodríguez Zapatero. Las pruebas de cortesía estaban en manos de EEUU desde 2021.

Como seguimiento, en abril Díaz-Balart declaró a El Español que el presidente Trump estaba buscando “alternativas a España” para trasladar sus bases. Al ser preguntado expresamente si Marruecos sería esa alternativa, el sobrino político de Fidel Castro –el líder pionero en inundar a otro país con migrantes (Mariel, 1980)–, responde: “Es interesante, porque Ceuta y Melilla están en territorio marroquí y la actitud de Marruecos ha sido muy positiva”. O sea, la de su representado.

Como presidente del subcomité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, aprovechó una ley presupuestaria para decir en un informe adjunto que “Ceuta y Melilla son ciudades en territorio marroquí, administradas por España, largamente reclamadas por Marruecos”. El texto se compromete a “apoyar los esfuerzos del secretario de Estado para alentar negociaciones diplomáticas entre Marruecos y España sobre el futuro estatus” de esas ciudades.

El caos está ya bien engrasado. En paralelo, el senador de Missouri Roger Wicker impulsa en el Senado una ley que blindaría la hoja de ruta de Defensa firmada en abril. El Pentágono tendría hasta 2036 para convertir a Marruecos “en el socio más capaz de EEUU en el continente africano”, sustituyendo a las bases que pierde en el Sahel, tras los golpes de Estado en Mali, Níger y Burkina Faso.

Lo que atisba la opinión pública en ráfagas de Instagram es solo la punta del iceberg de una estrategia muy elaborada. Dos semanas después de que se aprobase la ley que incluye el informe que atribuye a Marruecos Ceuta y Melilla, Mohamed VI celebra la Fiesta del Trono, con la visita de Sánchez a Argelia como trasfondo. Más de 70.000 personas responden al llamado de los coyotes digitales por las redes y entran a Ceuta en aluvión, mientras en Melilla la Gendarmería logra contener otra avalancha humana. En El Tarajal no todos completaron el cruce, y hubo al menos 145 muertes, porque el mar, como el Río Bravo, cobra un peaje.

Algunos de los presentes en la fiesta del rey aseguran que sus propios asesores estaban helados con la magnitud de lo que ocurría. Por su parte, los observadores están convencidos de que esa no era la imagen que se deseaba proyectar, justo cuando el monarca repasaba los logros de su mandato. Pero desde luego, logró captar la atención de Trump.

“Es terrible. Recuerden esa imagen”, dijo esa misma noche, aprovechando para arrimar el miedo a su campaña. “Así estaremos nosotros dentro de tres años si gana el bando equivocado”.

Este jueves 10 de septiembre Trump estará en Texas, no para rendir tributo a los migrantes ahogados en Ceuta o en Eagle Pass, sino para culminar la convención de su partido de cara a las legislativas de noviembre con un homenaje a Charlie Kirk, en el primer aniversario de su muerte.


Charlie Kirk reparte gorras en el evento de su American Comeback Tour en la Florida State University en febrero de 2025.

A veces el caos acaba devorando a quienes lo generan, pero qué mejor manera de rendirles homenaje que reconducir todas las pérdidas hacia las urnas.

Una cronología

10 de diciembre de 2020

Donald Trump anuncia el acuerdo de normalización entre Marruecos e Israel y el reconocimiento de EEUU a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.

21 de enero de 2025

  • Trump es investido por segunda vez. El Senado confirma a Marco Rubio como secretario de Estado por unanimidad.

27 de enero de 2025

  • Rubio conversa por teléfono con el ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita. El resumen oficial destaca “la importancia de una asociación estratégica” entre ambos países.

8 abril de 2025

  • Nasser Bourita, ministro de Exteriores maroquí, visita Washington y mantiene sendas reuniones con Rubio y el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Mike Waltz.

9 de abril de 2025

  • Los congresistas Mario Díaz-Balart y Joe Wilson reciben a Bourita en el Capitolio y declaran a Marruecos “aliado crucial” en Oriente Medio.

3 de enero de 2026

  • EEUU captura a Nicolás Maduro y su esposa mediante una operación militar e instaura en el poder un gobierno tutelado por la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

  • Pedro Sánchez dice que no reconocerá “una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo”.

9 de enero de 2026

  • El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, participa en una reunión convocada por la Casa Blanca con una veintena de petroleras y le agradece a Trump que “abra la puerta a una Venezuela mejor”.

13 de febrero de 2026

  • El Tesoro de EEUU emite la primera licencia general que autoriza a Chevron, BP, Eni, Shell y Repsol a operar en el sector petrolero venezolano.

4 de marzo de 2026

  • Sánchez niega el uso de las bases de Rota y Morón para atacar Irán y cierra el espacio aéreo español a los cazas de EEUU.

  • Esa semana la Casa Blanca encarga el “dossier preventivo” sobre las vulnerabilidades de España y señala a Repsol entre ellas.

12 de marzo de 2026

  • El analista Michael Rubin publica: “Madrid critica a Israel, pero España es un poder colonial» en el think tank conservador American Enterprise Institute.

16 de marzo de 2026

  • Rubin publica la secuela: “Marruecos debería enviar una nueva Marcha Verde a Ceuta y Melilla” en el think tank Middle East Forum.

18 de marzo de 2026

  • La unidad de la Policía Nacional española especializada en delitos económicos recibe de EEUU el volcado del teléfono de Rodolfo Reyes, vía Seguridad Doméstica.

1 de abril de 2026

  • Díaz-Balart, en El Español: “Ceuta y Melilla están en territorio marroquí”.

15 de abril de 2026

  • El secretario de Defensa Pete Hegseth y su homólogo Abdellatif Loudiyi firman una hoja de ruta de 10 años para “una integración militar sin precedentes” en 2036.

30 de abril de 2026

  • El subcomité de Asignaciones de la Cámara para Seguridad Nacional y Departamento de Estado oficializa en un informe que “Ceuta y Melilla son ciudades en territorio marroquí administradas por España”.

1 de mayo de 2026

  • Trump reemplaza a Waltz por Rubio, que acapara así también las funciones de consejero de Seguridad Nacional.

15 de junio de 2026

  • El Comité de Servicios Armados aprueba la Sección 1268 sobre Marruecos del senador Roger Wicker, que blindará la hoja de ruta frente a cambios de gobierno.

14 de julio de 2026

  • La ley de Autorización de Defensa Nacional S-4784 que incorpora la iniciativa de Wicker queda bloqueada en el Senado en un voto de procedimiento (50-46) por el pulso a la guerra de Irán.

15 de julio de 2026

  • La Cámara Baja aprueba la H.R. 8595 que incorpora el informe de Díaz-Balart. Por primera vez el Congreso de EEUU atribuye Ceuta y Melilla a Marruecos y alienta negociaciones con Marruecos.

31 de julio de 2026

  • Fiesta del Trono de Mohamed VI: 70-80.000 personas entran a Ceuta.

  • Trump: “Es terrible. Recuerden esa imagen. Así estaremos nosotros dentro de tres años si gana el bando equivocado”.



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