Los intereses de Israel para destruir Irán, aunque la guerra rebase Oriente Medio, se imponen a la estrategia de EEUU y exponen la nefasta gestión de la crisis por Trump
Manifestantes iraquíes queman una fotografía tachada del presidente estadounidense Donald Trump y del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reconocido por activa y por pasiva que las acciones de su país en la crisis de Oriente Medio están supeditadas a los intereses de Israel. Ha afirmado que el devastador bombardeo israelí del campo de gas iraní de Pars Sur fue realizado a iniciativa del Gobierno de Benjamín Netanyahu, sin consulta alguna al respecto. En realidad, según filtraciones del aparato del presidente, Trump no solo conocía con anticipación la decisión israelí de atacar ese campo gasífero, sino que aceptó su bombardeo por Israel y el comienzo, así, de una nueva fase en la crisis de Oriente Medio con las infraestructuras energéticas de la región como objetivo prioritario de los misiles y drones de los contendientes.
La posición de la Casa Blanca en esta guerra contra Irán es evidente: Washington está a disposición de la agenda militar, geopolítica y supremacista de Israel y del lobby judío estadounidense, como han reconocido miembros de la Administración Trump. Incluso aunque provoque el caos en medio mundo y ello perturbe los cálculos de los oligarcas aliados de Trump. Con estas premisas, la contienda no parará hasta que el principal objetivo de Netanyahu se cumpla, esto es, la aniquilación de Irán, caiga quien caiga, incluido el orden económico global.
En esta trama, las acciones implacables de Israel pretenden atraer a la guerra a un antiguo enemigo, Arabia Saudí, que amenaza con intervenir en la ofensiva contra Irán si este ataca sus instalaciones petrolíferas o gasíferas en respuesta a las acciones israelíes. La jugada de Netanyahu es rotunda y finiquita el acercamiento que Irán y Arabia Saudí firmaron en 2023 con intermediación de China y que tanto nerviosismo causó en Israel.
Tras el ataque israelí a Pars Sur, el mayor campo de gas natural del mundo, en represalia Irán bombardeó la refinería gasífera de Ras Laffan, la más importante de Catar, y algunas instalaciones saudíes. Trump amenazó con respaldar con sus propios ataques la destrucción comenzada por Israel en Pars Sur reflejando así esa comunión de acciones bélicas, eso sí, con Israel al timón. Un Israel empeñado en desmantelar Irán, asesinar al mayor número de sus dirigentes, incluidos aquellos con más experiencia de negociación con Occidente, y remodelar Oriente Medio según la conveniencia también del sionismo arraigado en EEUU y ahora exportado por toda la región en la estela de sus misiles.
Las falacias de Trump al servicio de Netanyahu
En su red social Truth, el presidente Trump quiso quedar bien ante sus aliados cataríes e insistió en que EEUU "no sabía nada sobre este ataque" contra la mayor central gasífera de Irán perpetrado el miércoles. Sin embargo, horas después, el prestigioso medio digital estadounidense Axios señalaba, citando fuentes de los dos países, que el propio Trump había hablado con Netanyahu sobre los planes israelíes para atacar el campo de gas iraní y escalar así el curso de la guerra. Netanyahu le contó a Trump que así podrían doblegar a Teherán y el mandatario estadounidense se lo creyó.
En declaraciones a la cadena estadounidense CNN, otras dos fuentes israelíes subrayaron incluso que el ataque a las instalaciones de Pars Sur fue coordinado previamente con el Pentágono. Catar, en cambio, no fue avisado de una operación, que previsiblemente, como así ocurrió, desataría una violenta represalia iraní contra objetivos de los países árabes vecinos.
La burda manera en que Trump ha escondido de nuevo la mano tras esa acción israelí refuerza lo que ya miembros de la Casa Blanca vienen reconociendo desde el principio de la contienda, incluido el secretario de Estado, Marco Rubio, quien después se vio obligado a rectificar para no dejar a su jefe en evidencia. Esta es una guerra pagada por EEUU al servicio de Israel y que, pese a la ceguera de Trump, supone un torpedo bajo la línea de flotación de la Casa Blanca.
El peor de los escenarios… también para EEUU
Según las fuentes de Axios, el ataque israelí pretendía presionar a Irán para que desbloqueara el estrecho de Ormuz, por donde pasa gran parte del tráfico mundial de gas y petróleo. Era esta la primera vez que Israel atacaba las instalaciones gasíferas de Irán desde que comenzó la guerra el pasado 28 de febrero. El gas y el crudo constituyen la base de la economía iraní y su destrucción atenta por una parte contra la resistencia bélica de Irán, pero también contra la supervivencia de su población. Y también, claro está, contra los países que reciben los hidrocarburos de Irán y de los países árabes atacados en respuesta.
El bombardeo israelí ha tenido lugar cuando cada vez se alzan más voces en EEUU para que se detenga esta contienda desencadenada sin base legal internacional alguna. Una guerra, que está dañando ya la economía estadounidense y de medio planeta, y podría crear un foco de inestabilidad en Oriente Medio durante décadas.
La Organización Mundial del Comercio (OMC) indicó este jueves que si esta guerra se alarga y siguen aumentando los precios del petróleo y el gas, el crecimiento de la economía global se verá reducido en al menos un 0,3%. De esta forma el crecimiento del PIB mundial sería del 2,5%, tres décimas menos que lo pronosticado para 2026. Y estos son los mejores pronósticos.
Además del proceso inflacionario que está provocando el conflicto, de las subidas del precio del crudo, de las caídas de los mercados financieros y del posible repunte del desempleo, en EEUU se teme el efecto que esta guerra vaya a tener en el panorama político a medio plazo y, en este ámbito, Trump podría recibir de plano el impacto del bumerán que soltó el 28 de febrero con su ataque a Irán.
Las elecciones de medio término del 3 noviembre para renovar el Congreso estadounidense tienen mucho peso en este sentido, pues Trump, según las encuestas, lleva las de perder ante el citado deterioro económico interno y la defenestración creciente de la imagen de EEUU en el exterior a las órdenes de los espurios intereses israelíes.
Hegseth: "Dinero para matar a los chicos malos"
Para sostener esta estrategia autodestructiva y la sangría económica que está suponiendo esta crisis, el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, confirmó este jueves que el Pentágono pedirá al Congreso otros 200.000 millones de dólares en fondos adicionales. Una suma que, reconoció, podría variar en los próximos días. Esta multimillonaria demanda de dinero noquea a quienes, en las filas de Trump, sigue afirmando que el líder republicano llegó al poder para poner fin a todas las guerras. Claro, si se escucha a Hegseth se entiende esta paradoja: "es dinero para matar a los chicos malos", dijo al anunciar esa partida presupuestaria.
El conflicto de Irán y la subordinación de EEUU ante Israel están horadando los pasillos de la Casa Blanca. Y la felonía de Trump, con la rendición de la política exterior de su país a Israel, ha corroborado las palabras del ya exdirector de la Agencia Nacional de Contrainteligencia de Estados Unidos, Joseph Kent. Este político ultraconservador era uno de los juramentados del presidente estadounidense, pero llegó un momento en que no pudo con tanta iniquidad. Kent presentó su dimisión esta semana precisamente por esa claudicación de Washington ante Tel Aviv y los círculos de presión sionistas en EEUU, con su dominio de buena parte de la oligarquía empresarial en el país estadounidense.
Dos gestiones de la guerra al servicio de Israel
Desde el punto de vista operativo en la guerra, las acciones de Trump subrayan una realidad: aunque aparentemente EEUU e Israel se muevan al unísono militar (contando con que sea cierto que Tel Aviv está avisando de sus ataques a Washington), sin embargo, sus objetivos son distintos y tal disparidad, a la larga, solo conduce a una mayor desafección dentro y fuera de EEUU.
Mientras teóricamente EEUU se concentra en objetivos militares de Irán que pueden dañar a sus intereses en la región, Israel incluye el asesinato de los principales líderes iraníes y ahora la destrucción de sus infraestructuras energéticas como primer paso de un objetivo final, el aplastamiento de Irán como Estado y, en última instancia, su supervivencia económica. Entre esos blancos se contaron esta semana Ali Larijaní, secretario del Consejo de Seguridad Nacional y mandatario de facto de Irán tras el asesinato el primer día de la guerra del líder supremo, Alí Jameneí. También en los últimos días fueron asesinados por Israel el jefe de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani, y el ministro de Inteligencia, Esmail Jatib.
La directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, reconoció este jueves esa disparidad de objetivos entre ambos gobiernos, el de Washington y el de Tel Aviv, respecto a la guerra en curso. "El Gobierno israelí se ha centrado en neutralizar a la cúpula iraní y eliminar a varios de sus miembros, empezando obviamente por el ayatolá, el líder supremo (Alí Jameneí), y siguen centrados en ese objetivo", explicó Gabbard ante un comité de la Cámara de Representantes.
Sobre las intenciones de Trump, Gabbard apuntó el desmantelamiento de "la capacidad de Irán para lanzar misiles balísticos, su capacidad de producción de misiles, su Armada, la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica y su capacidad para colocar minas".
Esta aparente diferencia de criterios refuerza en realidad la idea de esa subordinación de la estrategia de EEUU a los planes de Israel en esta guerra. El desmantelamiento de las capacidades ofensivas iraníes que según Gabbard está realizando EEUU es solo un paso para facilitar la decapitación del régimen, la obliteración de su sostenimiento económico y, en definitiva, la conversión de Irán en un erial, en un estado fallido cuya desaparición de la geopolítica regional beneficia en primer lugar a un Israel en expansión gracias a sus vecinos libaneses, palestinos y sirios.
En declaraciones este jueves a Radio Nacional de España, el que fuera secretario general de la OTAN y alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Javier Solana, fue contundente sobre este contubernio israelí-estadounidense: "Estados Unidos se ha sometido a Netanyahu", en una alianza "muy buena para ellos, pero muy mala para el mundo". Lo más inquietante de todo, agregó el expolítico español, es la falta de coherencia estratégica de Trump, de quien "no se sabe muy bien lo que quiere" ni tampoco "cuál es el objetivo de la guerra" que ha desatado junto a Israel.
Salvo que ese objetivo sea muy simple: hacerle el triple juego a Netanyahu, de cara a las elecciones parlamentarias que en octubre celebra su país, para ayudar a la campaña de perdón del líder israelí, envuelto en varios casos de corrupción y, lo más importante, para impulsar el expansionismo judío en Oriente Medio cuyo objetivo final es la creación de ese Gran Israel que el siionismo reclama desde la constitución del Estado judío en 1948.
Fuente: Público


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