sábado, 21 de marzo de 2026

El agua como arma de guerra en la era de la bancarrota hídrica

 

      Periodista licenciado en Comunicación Social (UNR-Argentina). Colabora en diferentes medios, entre ellos El Salto.


La escasez hídrica alcanza niveles críticos en el golfo Pérsico por la crisis climática y la sobreexplotación. El agua potable llega a través de unas desaladoras que están siendo bombardeadas. La ONU advierte, por primera vez, que este recurso vital se está agotando en muchas regiones del planeta


La planta desalinizadora de Al Dur -Bahréin- fue bombardeada recientemente por Irán en represalia por el ataque estadounidense a una instalación similar iraní.


     Este domingo se celebra el Día Mundial del Agua. En enero, Kaveh Madani, director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH, por sus siglas en inglés) y uno de los científicos internacionales que más ha investigado sobre la problemática sistémica del agua a escala planetaria, llamó a “la cordura y a la acción política” ante un escenario inédito en la historia de la humanidad: la “bancarrota hídrica global”.

Para los expertos que asesoran a la ONU, el mundo ha entrado en un “punto de no retorno” por sistemas en “donde la demanda humana ha agotado irreversiblemente los ahorros acuíferos y secado los pozos del futuro, poniendo en riesgo el conjunto del sistema hídrico del planeta”.


Palestinos desplazados llevan botellas vacías a un camión de agua de MSF en Tal Al-Sultan, un barrio de Rafah.

“Es como tener una cuenta bancaria a la que se le extrae dinero cada día sin que entre un solo depósito: el saldo ya es negativo”, explicaba Madani al presentar el informe del organismo adscrito a la ONU, titulado precisamente Global Water Bankruptcy.

Esta situación nos obliga a gestionar la quiebra. Esto implica renegociar el contrato con la naturaleza, transformar la agricultura, repartir justamente un recurso menguante y blindar los ecosistemas que aún producen agua”, pedía el científico, de origen iraní, en la presentación del estudio. Nada de eso ha ocurrido. Todo lo contrario. La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel, con bombardeos cruzados a desaladoras y la destrucción de los sistemas de saneamiento, está profundizando la bancarrota.

A diferencia de los ataques a instalaciones petroleras, que afectan principalmente a la producción y al comercio, los dirigidos contra infraestructuras hídricas golpean “el corazón de la civilización”, resume José Fernando Pérez, doctor en Ingeniería Química y Ambiental y profesor de la Escuela de Arquitectura, Ingeniería y Diseño de la Universidad Europea.

Javier Lillo Ramos, colaborador honorífico en el Grupo de investigación sobre Cambio Global Terrestre y Geología Ambiental de la Universidad Rey Juan Carlos, explica que el uso del agua como arma “no es nuevo”. Hay numerosos ejemplos que han ocurrido desde la antigüedad en diferentes zonas del globo.

Sin embargo, para evitar estos daños —con sus devastadores impactos en la sociedad civil— en 2019 se presentó la Lista de Principios de Ginebra sobre la Protección de las Infraestructuras Hidráulicas, un documento de referencia para su uso en conflictos armados. La protección de las infraestructuras de agua figura entre las principales normas a acatar. “Es imprescindible que los países apoyen y sigan estas iniciativas a escala global. Si no es así, todos perderemos en las guerras”, advierte este experto.


La Lista de Principios de Ginebra sobre la Protección de las Infraestructuras Hídrica.

Los ataques

Desde el inicio de la guerra se han reportado varios ataques a infraestructuras hídricas. Teherán denunció que los misiles alcanzaron una planta desalinizadora en la isla iraní de Qeshm, en el estrecho de Ormuz, de la que dependen unas treinta localidades en la que viven cientos de miles de personas. El ministro iraní de Exteriores, Seyed Abbas Araghchi, calificó la operación estadounidense de “crimen flagrante” y advirtió de que atacar infraestructuras civiles iraníes “sentará un precedente peligroso con graves consecuencias”.

Días más tarde, Bahréin, país que abarca más de 30 islas en el golfo Pérsico, denunció que Irán lanzó un dron contra una de sus plantas desalinizadoras. Aunque la instalación no quedó destruida por completo, el ataque puso de manifiesto la enorme vulnerabilidad de este tipo de infraestructuras críticas. Dubai también notificó que los ataques contra el puerto de Jebel Ali impactaron muy cerca de una de las plantas desalinizadoras más grandes del mundo.

Más países denunciaron ataques a infraestructuras hídricas en los últimos días, como un incendio cerca de la Planta Independiente de Agua y Energía Fujairah F1, en Emiratos Árabes Unidos, o la planta Doha West de Kuwait, que también reportó daños por la caída de restos provenientes de ataques con drones.

Tras la escalada de este tipo de ataques, el portavoz del Ministerio de Exteriores de Qatar, Majed al Ansari, alertó de las consecuencias “irreversibles”. “Atacar infraestructuras vitales, ya sean plantas de desalinización de agua, tanques de agua, reservas de alimentos, reservas de medicamentos o plantas de producción de medicamentos; cualquier tipo de infraestructura que sustente la vida de las personas, constituye un grave peligro para la población de la región y más allá”, advirtió.

Aunque más invisible, la contaminación de los acuíferos —los depósitos de agua subterránea— es otro problema grave en lo que respecta al suministro. Los bombardeos de Trump y Netanyahu contra las refinerías de Irán dejaron un “lluvia negra ácida” —dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, partículas PM2,5— que se ha filtrado por muchas vías fluviales.

Si el agua marina está contaminada, las plantas desalinizadoras pueden “saturarse o fallar”, explican los expertos sobre este otro riesgo. También puede ocurrir que no se eliminen todos los contaminantes químicos complejos y que el agua potable contenga trazas contaminantes.

Al mezclarse con la humedad atmosférica, el hollín, las cenizas y los residuos de crudo están provocado un “desastre ambiental de gran magnitud con impactos inmediatos y a largo plazo”, advierten los científicos de Conflict and Environment Observatory (CEOBS), un observatorio especializado en el impacto ambiental de las guerras.


Imágenes satelitales de un incendio en la zona petrolera y petroquímica de Fujairah, Emiratos Árabes Unidos.

Esta ONG explica que si bien el Golfo es una zona dominada por la industria de los combustibles fósiles —y sus consiguientes problemas de contaminación—, “aún existen zonas de gran importancia ecológica”. “Los riesgos se extienden más allá de la región: la fragata iraní Dena fue torpedeada cerca de la costa de Sri Lanka, y la consiguiente mancha de petróleo de 20 km de longitud amenaza ahora zonas de gran importancia ecológica a lo largo de su litoral. Las autoridades de Sri Lanka están llevando a cabo labores de limpieza y muestreo”, se detalla en la última actualización.

Los buques hundidos y las infraestructuras portuarias dañadas —explican los expertos que integran este organismo— pueden presentar “riesgos significativos de contaminación, incluso por combustibles y aceites”. Los derrames de petróleo son otro foco de preocupación. “Se han registrado al menos 12 ataques a buques mercantes en puertos o en el Golfo Pérsico; a medida que aumenta el número de ataques, también aumentan los riesgos de un incidente ambiental grave”, alerta el observatorio.

Un panorama similar denuncia Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (WHO). Días atrás, alertó que las “lluvias cargadas de petróleo” contaminan alimentos, agua y aire, “peligros que pueden tener graves consecuencias para la salud, especialmente en niños, personas mayores y personas con afecciones médicas preexistentes”.

Sin desalinizadoras no hay agua potable

Según un estudio publicado en la revista Nature en enero de este año, de las casi 18.000 plantas desalinizadoras operativas en todo el mundo, unas 4.900 se encuentran en Oriente Medio. En conjunto, estas instalaciones generan una capacidad de desalinización de 29 millones de metros cúbicos de agua al día, lo que equivale a aproximadamente el 42% de la producción mundial.

La cifra permite dimensionar la importancia estratégica de estas infraestructuras en esta región. Las desalinizadoras proveen la mayor parte del suministro de agua potable en la mayoría de los países: el 93% en Kuwait, 86% en Oman, 70% en Arabia Saudi, 48% en Qatar y 42% en Emiratos Árabes Unidos, según las últimas cifras del Instituto Francés de Relaciones Internacionales.

El dato clave es que la región del Golfo tiene el 6% de la población mundial, pero alberga apenas el 2% de las reservas mundiales de agua dulce renovable. ¿Uno de los motivos? Las fuertes presiones que el auge de la industria petrolera —iniciado en la década de 1950— ejerció sobre la zona. Por lo tanto, en esta parte del mapa mundial, las desalinizadoras son sinónimo de agua potable.

De los 25 países que enfrentan un estrés hídrico extremadamente alto en todo el mundo (es decir, que utilizan más del 80% de su suministro de agua renovable), 15 se encuentran en Oriente Medio, según la investigación publicada en Nature, liderada por Noman Khalid Khanzada, del Centro de Investigación del Agua de la Universidad de Nueva York en Abu Dabi (NYUAD).

En contraste, explica Lillo Ramos, las desalinizadoras de Irán sólo aportan el 3% del suministro de agua potable, que se basa fundamentalmente en el aprovechamiento de las aguas subterráneas. El problema: los embalses están muy por debajo de su capacidad tras cinco años de sequía. “La sobreexplotación de aguas subterráneas, la contaminación por intrusión de agua de mar o aguas residuales y las sequías persistentes han agotado gravemente estas fuentes de agua vitales en esta región del planeta”, señalan Khalid y su equipo de trabajo.

Según datos del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), el 83% de la población de Oriente Medio ya sufre una grave escasez de agua, cifra que se prevé que aumente al 100% para 2050. “Se espera que la situación en la región empeore aún más debido al crecimiento demográfico, el rápido desarrollo económico, la gestión insostenible del agua y los desafíos sociopolíticos. Por lo tanto, la seguridad hídrica se ha convertido en una cuestión de vital importancia y en un pilar fundamental de la seguridad nacional en esta región”, concluyen los investigadores.

El quiebre ecológico de Irán

Alain Chandelier es un periodista que desde hace años retrata, desde el terreno, la crisis ambiental de Teherán, la capital de Irán. En enero, antes de las bombas, cuando las protestas sociales se generalizaron, publicó una crónica para el medio Euronews titulada “Irán estalla: cuando la crisis climática convierte la protesta en una lucha por existir”.


Irán estalla: cuando la crisis climática convierte la protesta en una lucha por existir.

Chandelier detalla que el país afronta una “destrucción climática múltiple” en la que los desaIstres ambientales encadenados han derivado en “un callejón existencial sin salida”. La sequía, la peor en casi seis décadas, ha provocado en los últimos meses el racionamiento del agua, con límites para el consumo humano y productivo. Durante varias semanas, se evaluó evacuar Teherán por temor a un desabastecimiento generalizado.

En su reportaje, el periodista explica que, si bien todavía no se ha producido un desplazamiento masivo hacia las zonas más húmedas del norte, ya han saltado chispas de “tensiones interregionales” por recursos de agua limitados. Además, los proyectos de trasvase entre cuencas, diseñados para sostener industrias ineficientes en la meseta central, se han convertido ahora en focos de enfrentamiento entre provincias.

La tensión hídrica —revela— ha entrado en los hogares de las grandes ciudades. Los cortes reiterados y el racionamiento informal del agua potable, así como el deterioro preocupante de su calidad (concentración de sales y nitratos) se han convertido en una “rutina agotadora para los ciudadanos”.

La muerte por sequía de miles de robles en la cordillera del Zagros y la conversión de los pastizales en desiertos estériles —agrega Chandelier en su crónica— no sólo empujan el ecosistema de Irán hacia la destrucción, también colocan la seguridad alimentaria del país al borde del colapso. Cada año, alrededor de 100.000 hectáreas de tierras agrícolas y pastizales de Irán están en riesgo de convertirse en desierto absoluto. La degradación del suelo ha alcanzado ya un nivel crítico, porque la tasa de erosión es cerca de tres veces mayor a la media mundial.

Mucho tiene que ver el consumo desmedido y depredador de los recursos de agua subterránea, que ha llevado a que las llanuras de Irán afronten una “muerte irreversible”. Según cifras oficiales, Irán afronta un balance negativo de 130.000 millones de metros cúbicos en sus acuíferos, lo que significa que, incluso si las precipitaciones vuelven a niveles normales, los depósitos subterráneos ya no tienen capacidad para almacenar agua.

La subsidencia es un daño colateral de la insostenible extracción de agua. El suelo en Irán no se hunde unos pocos milímetros, en algunas zonas se abre a un ritmo escalofriante de 20 a 30 centímetros al año, una tasa 40 veces superior a la media de los países desarrollados y el mayor registro documentado en el mundo

Este escenario desnuda la paradoja del Irán de 2026. Resolver las crisis climáticas exige grandes inversiones internacionales, diplomacia del agua y la adopción de estándares ambientales globales”, explicaba este reportero a mediados de enero. Estados Unidos e Israel eligieron el camino opuesto: un ecocidio escondido en miles de bombas y misiles.

El agua se agota a escala global

El término “bancarrota hídrica” —acuñado por la ONU en el informe— establece un paralelismo con la bancarrota financiera: al igual que una empresa o individuo que ha gastado más de lo que posee puede enfrentar la insolvencia, muchos sistemas hídricos también se encuentran hoy más allá de sus posibilidades.

Los datos revelan que, durante décadas, las sociedades han extraído más agua de los recursos naturales de la que pueden reponer de forma sostenible, agotando tanto los caudales renovables anuales como las reservas no renovables, como las aguas subterráneas y los glaciares.

El principal mensaje que transmite este trabajo es que es necesario dejar de hablar de estrés hídrico o crisis del agua, conceptos en los que cabe pensar en una posible recuperación de los sistemas hídricos y ecosistemas asociados. En muchos casos esta recuperación ya no es posible, los daños son irreversibles”, explica Antonio Collados Lara, científico titular del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC).

La auditoría global pinta un panorama desolador: el 75% de la población mundial vive en países donde el agua escasea o es insegura; más de la mitad de los grandes lagos del planeta se están secando; 2.000 millones de personas habitan sobre terrenos que se hunden por la sobreexplotación de aguas subterráneas; y en 50 años se han perdido humedales equivalentes a toda la superficie de la Unión Europea.

En su informe, la ONU advierte de que “la crisis no conoce fronteras”. La agricultura, que consume el 70% del agua dulce —80% en el caso de España—, es el epicentro del colapso. Cuando los cultivos se secan en una región, la escasez viaja a través de los precios de los alimentos, golpeando la seguridad alimentaria global y desestabilizando economías, explica Madani. Y agrega: “El agua que falta aquí, se nota en la comida de allá. Esta quiebra no es un problema local, es un riesgo sistémico que fluye por las venas del comercio mundial”.

Este miércoles, se conoció que este científico irání —señalado como un “ecologista traidor” en su país por denunciar la insostenibilidad de la agricultura— es el ganador del Premio del Agua de Estocolmo 2026, considerado el Nobel en este ámbito. Al ser entrevistado, admitió que la satisfacción personal está totalmente empañada por los bombardeos. “Lamentablemente, el impacto medioambiental de la guerra durará muchos años“, adelantó.


Fuente: El Salto

viernes, 20 de marzo de 2026

Israel impone su estrategia contra Irán pese al riesgo de guerra regional y deja en evidencia la errática gestión de Trump

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


Los intereses de Israel para destruir Irán, aunque la guerra rebase Oriente Medio, se imponen a la estrategia de EEUU y exponen la nefasta gestión de la crisis por Trump


Manifestantes iraquíes queman una fotografía tachada del presidente estadounidense Donald Trump y del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.


     El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reconocido por activa y por pasiva que las acciones de su país en la crisis de Oriente Medio están supeditadas a los intereses de Israel. Ha afirmado que el devastador bombardeo israelí del campo de gas iraní de Pars Sur fue realizado a iniciativa del Gobierno de Benjamín Netanyahu, sin consulta alguna al respecto. En realidad, según filtraciones del aparato del presidente, Trump no solo conocía con anticipación la decisión israelí de atacar ese campo gasífero, sino que aceptó su bombardeo por Israel y el comienzo, así, de una nueva fase en la crisis de Oriente Medio con las infraestructuras energéticas de la región como objetivo prioritario de los misiles y drones de los contendientes.

Una fase que tiene para Israel su segundo escenario en el Líbano, donde ya ha comenzado la invasión terrestre de este país para acabar con el grupo proiraní Hizbulá. Una ofensiva a semejanza de la efectuada en Gaza, como reconoció el ministro de Defensa israelí, Israel Katz. En este teatro de operaciones, Israel tiene las manos libres para repetir las matanzas y destrucción que ya acometió en la Franja palestina, sabedor de que todos los países de la región que podrían elevar su voz contra la vejación del Líbano tienen su mirada lejos, centrada en las razias lanzadas por Irán contra sus intereses energéticos como respuesta a los ataques de la aviación judía.

La posición de la Casa Blanca en esta guerra contra Irán es evidente: Washington está a disposición de la agenda militar, geopolítica y supremacista de Israel y del lobby judío estadounidense, como han reconocido miembros de la Administración Trump. Incluso aunque provoque el caos en medio mundo y ello perturbe los cálculos de los oligarcas aliados de Trump. Con estas premisas, la contienda no parará hasta que el principal objetivo de Netanyahu se cumpla, esto es, la aniquilación de Irán, caiga quien caiga, incluido el orden económico global.

En esta trama, las acciones implacables de Israel pretenden atraer a la guerra a un antiguo enemigo, Arabia Saudí, que amenaza con intervenir en la ofensiva contra Irán si este ataca sus instalaciones petrolíferas o gasíferas en respuesta a las acciones israelíes. La jugada de Netanyahu es rotunda y finiquita el acercamiento que Irán y Arabia Saudí firmaron en 2023 con intermediación de China y que tanto nerviosismo causó en Israel.

Tras el ataque israelí a Pars Sur, el mayor campo de gas natural del mundo, en represalia Irán bombardeó la refinería gasífera de Ras Laffan, la más importante de Catar, y algunas instalaciones saudíes. Trump amenazó con respaldar con sus propios ataques la destrucción comenzada por Israel en Pars Sur reflejando así esa comunión de acciones bélicas, eso sí, con Israel al timón. Un Israel empeñado en desmantelar Irán, asesinar al mayor número de sus dirigentes, incluidos aquellos con más experiencia de negociación con Occidente, y remodelar Oriente Medio según la conveniencia también del sionismo arraigado en EEUU y ahora exportado por toda la región en la estela de sus misiles.

Las falacias de Trump al servicio de Netanyahu      

En su red social Truth, el presidente Trump quiso quedar bien ante sus aliados cataríes e insistió en que EEUU "no sabía nada sobre este ataque" contra la mayor central gasífera de Irán perpetrado el miércoles. Sin embargo, horas después, el prestigioso medio digital estadounidense Axios señalaba, citando fuentes de los dos países, que el propio Trump había hablado con Netanyahu sobre los planes israelíes para atacar el campo de gas iraní y escalar así el curso de la guerra. Netanyahu le contó a Trump que así podrían doblegar a Teherán y el mandatario estadounidense se lo creyó.

En declaraciones a la cadena estadounidense CNN, otras dos fuentes israelíes subrayaron incluso que el ataque a las instalaciones de Pars Sur fue coordinado previamente con el Pentágono. Catar, en cambio, no fue avisado de una operación, que previsiblemente, como así ocurrió, desataría una violenta represalia iraní contra objetivos de los países árabes vecinos.


Las instalaciones de producción de gas natural licuado (GNL) de QatarEnergy.

La burda manera en que Trump ha escondido de nuevo la mano tras esa acción israelí refuerza lo que ya miembros de la Casa Blanca vienen reconociendo desde el principio de la contienda, incluido el secretario de Estado, Marco Rubio, quien después se vio obligado a rectificar para no dejar a su jefe en evidencia. Esta es una guerra pagada por EEUU al servicio de Israel y que, pese a la ceguera de Trump, supone un torpedo bajo la línea de flotación de la Casa Blanca.

El peor de los escenarios… también para EEUU      

Según las fuentes de Axios, el ataque israelí pretendía presionar a Irán para que desbloqueara el estrecho de Ormuz, por donde pasa gran parte del tráfico mundial de gas y petróleo. Era esta la primera vez que Israel atacaba las instalaciones gasíferas de Irán desde que comenzó la guerra el pasado 28 de febrero. El gas y el crudo constituyen la base de la economía iraní y su destrucción atenta por una parte contra la resistencia bélica de Irán, pero también contra la supervivencia de su población. Y también, claro está, contra los países que reciben los hidrocarburos de Irán y de los países árabes atacados en respuesta. 

El bombardeo israelí ha tenido lugar cuando cada vez se alzan más voces en EEUU para que se detenga esta contienda desencadenada sin base legal internacional alguna. Una guerra, que está dañando ya la economía estadounidense y de medio planeta, y podría crear un foco de inestabilidad en Oriente Medio durante décadas.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) indicó este jueves que si esta guerra se alarga y siguen aumentando los precios del petróleo y el gas, el crecimiento de la economía global se verá reducido en al menos un 0,3%. De esta forma el crecimiento del PIB mundial sería del 2,5%, tres décimas menos que lo pronosticado para 2026. Y estos son los mejores pronósticos.

Además del proceso inflacionario que está provocando el conflicto, de las subidas del precio del crudo, de las caídas de los mercados financieros y del posible repunte del desempleo, en EEUU se teme el efecto que esta guerra vaya a tener en el panorama político a medio plazo y, en este ámbito, Trump podría recibir de plano el impacto del bumerán que soltó el 28 de febrero con su ataque a Irán.

Las elecciones de medio término del 3 noviembre para renovar el Congreso estadounidense tienen mucho peso en este sentido, pues Trump, según las encuestas, lleva las de perder ante el citado deterioro económico interno y la defenestración creciente de la imagen de EEUU en el exterior a las órdenes de los espurios intereses israelíes.


Captura de pantalla de un video del ataque contra el campo de gas de Pars Sur.

Hegseth: "Dinero para matar a los chicos malos" 

Para sostener esta estrategia autodestructiva y la sangría económica que está suponiendo esta crisis, el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, confirmó este jueves que el Pentágono pedirá al Congreso otros 200.000 millones de dólares en fondos adicionales. Una suma que, reconoció, podría variar en los próximos días. Esta multimillonaria demanda de dinero noquea a quienes, en las filas de Trump, sigue afirmando que el líder republicano llegó al poder para poner fin a todas las guerras. Claro, si se escucha a Hegseth se entiende esta paradoja: "es dinero para matar a los chicos malos", dijo al anunciar esa partida presupuestaria.

El conflicto de Irán y la subordinación de EEUU ante Israel están horadando los pasillos de la Casa Blanca. Y la felonía de Trump, con la rendición de la política exterior de su país a Israel, ha corroborado las palabras del ya exdirector de la Agencia Nacional de Contrainteligencia de Estados Unidos, Joseph Kent. Este político ultraconservador era uno de los juramentados del presidente estadounidense, pero llegó un momento en que no pudo con tanta iniquidad. Kent presentó su dimisión esta semana precisamente por esa claudicación de Washington ante Tel Aviv y los círculos de presión sionistas en EEUU, con su dominio de buena parte de la oligarquía empresarial en el país estadounidense.

Dos gestiones de la guerra al servicio de Israel      

Desde el punto de vista operativo en la guerra, las acciones de Trump subrayan una realidad: aunque aparentemente EEUU e Israel se muevan al unísono militar (contando con que sea cierto que Tel Aviv está avisando de sus ataques a Washington), sin embargo, sus objetivos son distintos y tal disparidad, a la larga, solo conduce a una mayor desafección dentro y fuera de EEUU.

Mientras teóricamente EEUU se concentra en objetivos militares de Irán que pueden dañar a sus intereses en la región, Israel incluye el asesinato de los principales líderes iraníes y ahora la destrucción de sus infraestructuras energéticas como primer paso de un objetivo final, el aplastamiento de Irán como Estado y, en última instancia, su supervivencia económica. Entre esos blancos se contaron esta semana Ali Larijaní, secretario del Consejo de Seguridad Nacional y mandatario de facto de Irán tras el asesinato el primer día de la guerra del líder supremo, Alí Jameneí. También en los últimos días fueron asesinados por Israel el jefe de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani, y el ministro de Inteligencia, Esmail Jatib.

La directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, reconoció este jueves esa disparidad de objetivos entre ambos gobiernos, el de Washington y el de Tel Aviv, respecto a la guerra en curso. "El Gobierno israelí se ha centrado en neutralizar a la cúpula iraní y eliminar a varios de sus miembros, empezando obviamente por el ayatolá, el líder supremo (Alí Jameneí), y siguen centrados en ese objetivo", explicó Gabbard ante un comité de la Cámara de Representantes.

Sobre las intenciones de Trump, Gabbard apuntó el desmantelamiento de "la capacidad de Irán para lanzar misiles balísticos, su capacidad de producción de misiles, su Armada, la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica y su capacidad para colocar minas".

Esta aparente diferencia de criterios refuerza en realidad la idea de esa subordinación de la estrategia de EEUU a los planes de Israel en esta guerra. El desmantelamiento de las capacidades ofensivas iraníes que según Gabbard está realizando EEUU es solo un paso para facilitar la decapitación del régimen, la obliteración de su sostenimiento económico y, en definitiva, la conversión de Irán en un erial, en un estado fallido cuya desaparición de la geopolítica regional beneficia en primer lugar a un Israel en expansión gracias a sus vecinos libaneses, palestinos y sirios.

En declaraciones este jueves a Radio Nacional de España, el que fuera secretario general de la OTAN y alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Javier Solana, fue contundente sobre este contubernio israelí-estadounidense: "Estados Unidos se ha sometido a Netanyahu", en una alianza "muy buena para ellos, pero muy mala para el mundo".  Lo más inquietante de todo, agregó el expolítico español, es la falta de coherencia estratégica de Trump, de quien "no se sabe muy bien lo que quiere" ni tampoco "cuál es el objetivo de la guerra" que ha desatado junto a Israel.

Salvo que ese objetivo sea muy simple: hacerle el triple juego a Netanyahu, de cara a las elecciones parlamentarias que en octubre celebra su país, para ayudar a la campaña de perdón del líder israelí, envuelto en varios casos de corrupción y, lo más importante, para impulsar el expansionismo judío en Oriente Medio cuyo objetivo final es la creación de ese Gran Israel que el siionismo reclama desde la constitución del Estado judío en 1948.


Fuente: Público

jueves, 19 de marzo de 2026

Lecciones del Mar Menor

 

      Economistas sin Fronteras.


El Mar Menor simboliza el choque entre desarrollo y sostenibilidad. De su colapso ambiental a su reconocimiento como sujeto de derechos, su historia combina crisis, innovación y esperanza para repensar nuestra relación con la naturaleza


     El Mar Menor es una laguna de 135 km² ubicada en Murcia, equivalente aproximadamente a un tercio de Andorra o a la mitad de Malta. Ha sido ocupado por los humanos desde el Paleolítico y en él se han encontrado restos arqueológicos de civilizaciones íberas. Los romanos lo llamaron Belich Mare Palus, “laguna”; y los árabes, Buhayrat al-Qasr, “la Albufera del Alcázar”. Tras la Reconquista se le denominó simplemente Albufera, hasta que se impuso su nombre actual: Mar Menor. Esta denominación lo diferencia de su hermano mayor, el Mediterráneo, unas 18.500 veces más extenso y del que le separa una manga de 21 kilómetros. Desde el siglo XX fue uno de los paisajes más reconocibles del sureste: un ecosistema singular, con un fuerte vínculo cultural local y un motor económico.

Sin embargo, el modelo de desarrollo nunca tuvo en cuenta el equilibrio con el ecosistema. La agricultura y la ganadería se intensificaron; el sector turístico apostó por el volumen más que por el valor añadido, con una presión creciente sobre el territorio; y los impactos de otras actividades, como la minería en las sierras cercanas, fueron acumulándose.

El resultado fue un colapso multicausal. A partir de la década de 1960, el Mar Menor pasó a verse —en palabras de Teresa Vicente— “como un vertedero y como una fuente de beneficios”.


Colapso multicausal del Mar Menor.

Teresa Vicente, catedrática de Filosofía del Derecho, es precisamente una de las figuras clave en esta historia. Lideró una iniciativa popular sin precedentes, respaldada por 640.000 firmas, para dotar al Mar Menor de personalidad jurídica. La iniciativa dio lugar a una ley pionera en Europa: por primera vez, un ecosistema obtenía derechos propios reconocidos en el ordenamiento jurídico. El cambio era conceptual. El Mar Menor dejaba de ser únicamente un objeto de protección ambiental para convertirse en un sujeto de derechos: derecho a existir, a evolucionar de forma natural, a ser protegido, conservado y restaurado.


El Mar Menor, la laguna española contaminada que se defiende en los tribunales.

Este hecho histórico es un referente por múltiples razones. Fue el primer proceso de este tipo en Europa y, además, nació directamente desde la ciudadanía y no de partidos políticos. La iniciativa ha tenido un fuerte reconocimiento internacional: la ONU lo ha reconocido como uno de los World Restoration Flagships, Teresa Vicente recibió el Premio Goldman, considerado el Nobel ambiental, y el caso ha servido de inspiración para otras iniciativas, como la del río Tins en Galicia o el creciente interés en ecosistemas como el Manzanares, la Albufera de Valencia, el Delta del Ebro o Doñana.

Situación actual: la personalidad jurídica en práctica

Lejos de ser el final del camino, la personalidad jurídica del Mar Menor es el inicio de un intento de curar un ecosistema en estado crítico. La ley fue ratificada por el Tribunal Constitucional frente a la oposición de algunos partidos, y hoy el Mar Menor tiene NIF, cuenta bancaria y una estructura de gobernanza compuesta por tres órganos: un Comité de Representantes, una Comisión de Seguimiento —los “guardianes”— y un Comité Científico. La ley establece que cualquier vulneración de sus derechos puede generar responsabilidad penal, civil, ambiental y administrativa.

Esto ya no es teórico. El Mar Menor, a través de sus representantes, ha comenzado a personarse en procedimientos judiciales, por ejemplo frente a daños derivados de vertidos.

El Mar Menor, la laguna española contaminada que se defiende en los tribunales.


En paralelo, se ha puesto en marcha el Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor, con un presupuesto de 675 millones de euros. Entre sus medidas destacan la creación de un cinturón verde alrededor de la laguna, el cierre de miles de hectáreas de regadío ilegal, la restauración de ecosistemas en la cuenca vertiente o el replanteamiento de ciertas infraestructuras, como puertos.

Sin embargo, las tensiones persistenTeresa Vicente ha dimitido como Tutora del Mar Menor, denunciando obstáculos y fricciones con las administraciones estatal y autonómica, a las que acusa de priorizar sus propios intereses frente a la defensa del ecosistema.

Y, mientras tanto, ¿cómo está la laguna en 2026? El Mar Menor sigue enfermo. No se han repetido episodios como el de 2019, pero, por ejemplo, en octubre de 2025 se produjo un nuevo episodio de anoxia, breve pero intenso, tras la dana Alice. La propia Teresa Vicente lamenta que “en una zona semidesértica donde la lluvia debería ser motivo de celebración, la dana nos hace temblar, porque arrastra (los fertilizantes de) la agricultura intensiva y los purines de la ganadería hacia la laguna, lo que unido a otros factores como el calor provoca de nuevo la anoxia”.


Abrazo al Mar Menor.

El Mar Menor: entre esperanzas y tensiones

El caso del Mar Menor es muchas cosas a la vez. Es, en primer lugar, un precedente ambiental y económico. Durante años, los impactos sobre el ecosistema fueron tratados como externalidades o problemas del futuro. Hasta que dejaron de serlo. Cuando el desequilibrio del ecosistema se materializó, el propio modelo económico que lo causó quedó gravemente afectado: el valor de los activos turísticos ha disminuido significativamente, la actividad pesquera se ha visto mermada y la agricultura intensiva junto a la laguna se ha prohibido. Esto muestra que la necesidad de un equilibrio entre economía y naturaleza ha dejado de ser una cuestión teórica, y puede prepararnos para afrontar otras crisis ambientales.

Es también un precedente de ciudadanía. En un contexto de polarización política, más de 640.000 personas se pusieron de acuerdo para defender un bien común, algo que parece inverosímil hoy en día. Esto muestra que los ciudadanos, más allá de los colores políticos con los que se identifican, pueden encontrar espacios de entendimiento y cooperar.

Es, además, un precedente jurídico y de gobernanza. El Mar Menor ya tiene derechos. Pero esto abre una tensión inevitable: sigue sin tener una voz propia y está representado por un grupo de humanos. Y esos humanos tienen intereses e incentivos distintos. Algunos priorizan la protección del capital natural a toda costa; otros, objetivos económicos o políticos. La gobernanza del medioambiente será un espacio de tensión constante, como refleja la dimisión de la líder de este movimiento por la percepción de intereses en las administraciones que van más allá de la protección de la laguna. Sin embargo, esas mismas administraciones, criticadas por defender “lo suyo”, son también las estructuras democráticas que representan la voz de la ciudadanía en ese proceso.

Para mí, el Mar Menor refleja que nada es simple y me enfrenta a varios sentimientos a la vez. El colapso ambiental fue devastador. La reacción ciudadana fue extraordinaria. La innovación jurídica es histórica. Su implementación es compleja. Y el futuro sigue abierto. Este caso puede extrapolarse a otros de los grandes problemas de nuestro tiempo donde conviven el bien y el mal, y la esperanza y las tensiones.

Cierro este artículo con una reflexión del Tribunal Supremo de 1990 citada en la propia ley de personalidad jurídica del Mar Menor: “La diferenciación entre males que afectan a la salud de las personas y riesgos que dañan otras especies animales o vegetales y el medio ambiente se debe, en gran medida, a que el hombre no se siente parte de la naturaleza sino como una fuerza externa destinada a dominarla o conquistarla para ponerla a su servicio. Conviene recordar que la naturaleza no admite un uso ilimitado y que constituye un capital natural que debe ser protegido”.


Fuente: El Salto

miércoles, 18 de marzo de 2026

Trump se queda cada vez más solo y el petróleo vuelve a escalar hasta los 105 dólares

 

      Periodista económico de EL SALTO.


Los planes de Estados Unidos para desatascar el comercio por el estrecho de Ormuz no están encontrando aliados “entusiastas” y los mercados siguen empujando el precio del crudo

    El gráfico del barril de Brent sigue dando disgustos al presidente de los Estados Unidos. Ni sus promesas de acabar con la guerra en menos de una semana ni las nuevas promesas de la Agencia Internacional de Energía (IAE) de liberar aún más petróleo que los 400 millones de barriles ya prometidos han calmado a los mercados.


Trump no tiene ni idea de cómo terminar la guerra con Irán.

Si al cierre del lunes caían para rozar los 100 dólares por barril, el martes se ha despertado disparándose de nuevo un 4% hasta alcanzar los 104 dólares.


Una estación de sevicio de Repsol en las cercanías de Madrid.

El movimiento corresponde a la desconfianza de los inversores en que Trump sea capaz de restablecer el comercio por el estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del comercio mundial de crudo del mundo y que se encuentra paralizado por el bloqueo de Irán como respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel.


Trump y Netanyahu.

El incremento en los precios vino tras un nuevo batacazo de la Casa Blanca en su búsqueda de aliados contra Irán. En los últimos días, Trump ha exigido a sus países aliados de la OTAN que enviaran de forma conjunta destacamentos de sus ejércitos para resolver la situación en el estrecho y abrir esta arteria del comercio mundial que está estrangulando los precios de los carburantes y el gas en todo el mundo.


Barcos metaneros en la terminal de exportación de gas natural licuado en Beaumont, Texas, operada por Cheniere Energy.

También lo ha intentando con aquellos que no son sus aliados, como China. Washington también ha pedido a Pekín que se una a esta misión bélica para liberar el paso de cientos de cargueros que siguen atascados a la espera de una solución al conflicto. Pero tanto unos como otros se han negado en redondo.

Un número cada vez mayor de jefes de Estado y ministros de Exteriores de los países europeos han seguido los pasos marcados por el ejecutivo español y han declarado que el ataque sobre Irán no es su guerra y que no enviarán efectivos al estrecho. Una respuesta muy similar a la de China, que se niega rotundamente a entrar en las campañas bélicas de Estados Unidos. En medio de esa negativa, la Casa Blanca ha pedido al Partido Comunista Chino retrasar la reunión que tenían programada Trump y Xi Jinping hasta que se calmen las cosas en Oriente Medio, muestra de que el republicano no contaba con que se le fuera a complicar tanto el conflicto en Irán.


Trump dice que pidió a China retrasar la cumbre con Xi debido a la guerra en Irán.

Trump cada vez se ve más solo en su guerra contra Irán y las presiones de sus votantes por el precio de la gasolina, que ha alcanzado los cinco dólares el galón, le empiezan a acorralar. Ante la negativa de los socios de la OTAN, el presidente republicano ha mostrado su enfado, se ha quejado de no ver “entusiasmo” en dichos países con su propuesta de intervenir militarmente el estrecho y ha advertido (o amenazado) que los miembros de la OTAN se enfrentan a “muy mal futuro” si no le ayudan en sus planes en el paso marítimo.

No es solo el petróleo, claro. La cotización del gas también vuelve a escalar en esta mañana de martes, sube cerca de un 3%, tras haber aumentado un 1,5% durante el lunes, y se coloca en los 52,13 euros el MWh mientras se escriben estas líneas. Y tampoco sube solo en los mercados, claro, sino que ya está llegando a los hogares.


El secretario de Energía de EEUU, Chris Wright, habla mientras el presidente Trump escucha en la Sala del Tratado Indio del Edificio de Oficinas Ejecutivas Eisenhower en Washington.


El precio de la bombona de butano sube un 4,9% hasta los 16,35%. Todo ello tardará poco en trasladarse a la inflación general que algunos expertos ya apuntan a que podría superar el 3% en el mes de marzo en España.

Ante esta más que probable escalada de la inflación, es bastante probable que los bancos centrales tengan que actuar. Esta semana viene cargada de reuniones de los organismos monetarios de las principales potencias, incluido el Banco Central Europeo, en la que tendrán que dejar ver las intenciones de sus políticas de tipos de interés frente a este cambio de tendencia que ha provocado la guerra en Oriente Medio. Puede que algunos ya anuncien subidas de tipos de interés para que no se dispare una inflación que si bien ya estaba bajo control, todavía sigue en cotas peligrosas desde la anterior crisis energética e inflacionaria. De hecho, el Banco Central de Australia ya ha incrementado los tipos de interés en un cuarto de punto, hasta el 4,1%.

Como suele ser normal, la simple posibilidad de que los bancos centrales viren el rumbo de bajada de tipos tomada en los últimos meses hacia otra de ascenso ya hace temblar el euribor. El índice de referencia de las hipotecas variables lleva en ascenso desde que empezó la guerra en Irán. Si el lunes 2 de marzo, primera apertura desde el ataque de Trump y Netanyahu sobre Irán, el euribor abría con un ligero ascenso hasta los 2,229%, este lunes 16, dos semanas más tarde, cerraba en 2,54%.


El Euríbor no para y acumula otra subida más.


Los mercados parecen descontar que Christine Lagarde cambiará totalmente el tono en referencia a esa tranquilidad y narrativa de inflación controlada con la que ha enfrentado las últimas reuniones del BCE, anteriores al estallido del nuevo conflicto. Puede que no suba los tipos de interés en la reunión que mantendrán esta semana, pero el simple cambio de tono del BCE encarecerá las hipotecas variables.


Fuente: El Salto