sábado, 14 de marzo de 2026

Hezbolá, el pretexto de Israel para arrasar el Líbano

 

 Por Elia Ayoub   
       Escritora, investigadora y podcaster libanesa residente en Sussex (Reino Unido).


Tras violar el “alto el fuego” 10.000 veces, Israel vuelve a bombardear su país vecino, impulsado por su insaciable sed de guerra y sus ambiciones cada vez mayores


     Me desperté la mañana del 2 de marzo con una docena de mensajes de amigos: se habían lanzado cohetes desde el Líbano hacia Israel.

La noticia me cogió por sorpresa. Para entonces, me había convencido de que Hezbolá no se arriesgaría a dar a Israel el pretexto que llevaba tanto tiempo esperando para reanudar su ofensiva a gran escala contra el Líbano. Pero lo hizo, y lo que siguió desde entonces ha sido completamente predecible y peor de lo que me había permitido imaginar.

La magnitud de la respuesta de Israel se hizo evidente casi de inmediato. El 4 de marzo, el ejército israelí ordenó la evacuación de todo el territorio al sur del río Litani, similar a la llamada “zona de seguridad” que ocupó entre 1982 y 2000, en medio de la cual surgió Hezbolá por primera vez.

Un día después, llegó otra orden radical: la evacuación de Dahiyeh, los suburbios del sur de Beirut. Fue allí, durante la guerra de 2006, donde el ejército israelí desarrolló por primera vez su infame “doctrina Dahiyeh”, una práctica de destrucción a gran escala de la infraestructura civil con el objetivo de poner a la población en contra de su propio gobierno. Desde entonces, se han emitido nuevas órdenes de evacuación para partes del valle de la Bekaa y otros lugares.

Mientras escribo esto, una amiga mía en Beirut, Lara*, está sentada en su bañera, el lugar de su piso más alejado de las ventanas. Vive cerca de Dahiyeh; su casa está casi exactamente en la frontera del mapa de evacuación publicado por el ejército israelí. Se sabe que las bombas israelíes caen fuera de esas líneas, pero Lara no tiene ningún otro lugar a donde ir.


Mapa de evacuación publicado por el ejército israelí.

Otra amiga, Mona, que vive en el extranjero, lleva una semana pegada al teléfono; su hermana está atrapada con sus dos hijos en Sidón, al norte del Litani, pero aún bajo bombardeo. Una tercera amiga, Sarah, siente una extraña culpa porque su apartamento está cerca de una embajada occidental y, por lo tanto, espera que sea menos probable que sea atacado, por lo que ha pasado los días tratando de ayudar con la recaudación de fondos. 

En el momento de redactar este artículo, los ataques de Israel en el Líbano han causado la muerte de 570 personas, más de 1.400 heridos y cerca de 800.000 desplazados.



El número de muertos por los ataques israelíes contra el Líbano asciende a 570, según el Ministerio de Salud.

Human Rights Watch ha informado de que, tras una pausa de más de un año, la Fuerza Aérea israelí está utilizando de nuevo ilegalmente municiones de fósforo blanco sobre zonas residenciales. Pero, por muy grave que sea la actual escalada, para muchos libaneses se veía venir desde hacía meses.

Un equilibrio frágil

Esta última fase de la guerra se produce más de un año después del llamado alto el fuego entre Israel y Hezbolá que entró en vigor el 27 de noviembre de 2024 y que, según la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL), Israel violó al menos 10.000 veces. Las violaciones eran tan habituales que he descrito los altos el fuego israelíes como “Vosotros paráis, nosotros abrimos fuego”.

Con el tiempo, el alto el fuego produjo algo así como un escenario normalizado de muerte y destrucción. La gente aprendió qué zonas eran relativamente “seguras” y cuáles no. A pesar de los ocasionales ataques israelíes fuera de los objetivos habituales, la guerra adquirió una cínica previsibilidad, algo que, para una población desesperada, casi llegó a parecerse a la estabilidad.

Todo lo que se necesitó para que ese frágil equilibrio se derrumbara fue un solo lanzamiento de cohetes de Hezbolá la semana pasada. Sin embargo, muchos en el Líbano sospechaban que esta escalada era inevitable, independientemente de lo que Hezbolá hiciera o dejara de hacer; Israel solo estaba esperando un pretexto adecuado.

Por su parte, los políticos israelíes han hecho poco por disipar esas sospechas. Incluso antes del 7 de octubre, los funcionarios amenazaban abiertamente al Líbano: en agosto de 2023, el entonces ministro de Defensa Yoav Gallant –buscado por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad desde noviembre de 2024– amenazó con enviar al Líbano “de vuelta a la Edad de Piedra”.

El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant: Israel devolverá al Líbano a la Edad de Piedra si Hezbolá inicia una guerra.


Esto se intensificó tras el inicio del genocidio de Israel en Gaza, cuando el ministro de Asuntos de la Diáspora, Amichai Chikli, declaró en septiembre de 2024 que el Líbano “no cumple la definición de Estado” y calificó a toda la población chiíta del país de “hostil”.

Esta vez, las declaraciones son abiertamente genocidas. La semana pasada, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, advirtió de que “muy pronto, Dahiyeh se parecerá a Khan Younis”, en referencia a la ciudad del sur de Gaza que los ataques aéreos y las excavadoras israelíes han arrasado prácticamente por completo. Y el 11 de marzo, Tzvi Sukkot, miembro del Knesset por el partido de Smotrich, propuso: “Debemos conquistar territorio en el sur del Líbano, destruir las aldeas que hay allí y anexionar el territorio al Estado de Israel”.


Líbano: Los ataques de Israel continúan un año después del ‘alto el fuego’.

Estas declaraciones han ido acompañadas de medidas cada vez más audaces por parte del movimiento de colonos israelíes. Para los libaneses que observan los acontecimientos al otro lado de la frontera, la idea de que partes de su país puedan ser algún día anexionadas o colonizadas por Israel ya no parece un discurso marginal.

Unas semanas antes de esta escalada, colonos israelíes –incluidos niños– cruzaron al sur del Líbano bajo protección militar israelí, plantaron árboles y regresaron a Israel, repitiendo una hazaña que intentaron por primera vez en diciembre de 2024. Y a principios de este año, aviones israelíes rociaron glifosato, un producto químico utilizado para destruir la vegetación, sobre tierras de cultivo en el sur del Líbano.


Líbano afirma que Israel roció aldeas del sur con glisofato.

Para muchos libaneses familiarizados con las imágenes de colonos israelíes en Cisjordania destruyendo olivos palestinos e incluso matando animales de granja, las similitudes han sido difíciles de ignorar. Las prácticas asociadas desde hace tiempo con la expansión de los asentamientos en territorio palestino parecen estar avanzando hacia el norte.

Cuando el ejército israelí emitió la primera de varias órdenes de evacuación forzosa la semana pasada, muchos en el Líbano ya habían llegado a la conclusión de que esta ronda de combates sería diferente.

La única defensa del sur del Líbano

Hezbolá se enfrenta actualmente a las críticas de gran parte de la opinión pública libanesa por su decisión de unirse a la guerra tras el asesinato del líder supremo iraní Ali Jameneí. Sin embargo, esta reacción no debe confundirse con el comienzo de la desintegración del partido. La fuente subyacente de su apoyo sigue siendo la misma: el sur del Líbano no dispone de medios convencionales para defenderse de Israel.

En teoría, esa función corresponde al ejército libanés. Pero, en la práctica, el ejército carece de la capacidad para enfrentarse a Israel, debido en gran medida a la política exterior de Estados Unidos, dramáticamente asimétrica, con respecto al Líbano e Israel.

El ejército libanés depende en gran medida de la financiación estadounidense. Solo desde octubre de 2025 ha recibido aproximadamente 190 millones de dólares en ayuda, después de que el Gobierno libanés se comprometiera a desarmar a Hezbolá. Sin embargo, este apoyo es solo una pequeña parte de la ayuda militar que Israel recibe cada año de Estados Unidos, por no hablar de la brecha tecnológica en infraestructuras defensivas como los sistemas de interceptación de misiles.

Cuando Hezbolá lanza cohetes hacia Israel, a menudo son interceptados por el sistema Cúpula de Hierro, financiado por Estados Unidos. Cuando Israel bombardea el Líbano con armas estadounidenses, no existe una protección comparable; Estados Unidos se ha abstenido durante mucho tiempo de suministrar armamento avanzado al Líbano basándose, irónicamente, en que dicho armamento podría caer en manos de Hezbolá.

Así pues, la política estadounidense parece diseñada para impedir que Hezbolá se fortalezca, al tiempo que garantiza que el propio Estado libanés nunca adquiera la capacidad militar necesaria para desafiar a Israel. Sin embargo, desde la perspectiva de Hezbolá, esto no hace más que reforzar la afirmación del grupo de que el ejército libanés es incapaz de defender el país frente a Israel.

Los últimos acontecimientos han reforzado aún más la percepción de que Hezbolá es el único actor capaz de resistir los ataques israelíes. Estados Unidos se ha unido ahora a Israel en una guerra ilegal contra Irán con el objetivo de llevar a cabo un cambio de régimen mediante la destrucción masiva de infraestructuras civiles –incluidos depósitos de petróleo y una planta desalinizadora–, lo que dificulta mucho más a los funcionarios libaneses argumentar que el Estado por sí solo puede garantizar la seguridad de su pueblo.

Al mismo tiempo, Israel sigue atacando el Líbano con casi total impunidad, mientras que el ejército libanés sigue sin poder intervenir de forma decisiva. Israel y Estados Unidos están diciendo al pueblo del sur del Líbano que acepte su destino.


‘La mayor cantidad y lo más rápido posible’: colonos israelíes buscan tierras en Siria y Líbano.

Israel sin control

El Líbano se ve acosado por expectativas externas contradictorias. Por un lado, se le dice que la influencia iraní en los asuntos libaneses es inaceptable, una posición indiscutible fuera de la base de Hezbolá, ya que Irán es muy impopular en gran parte de la sociedad libanesa. Sin embargo, a ese mismo sector de la sociedad libanesa se le dice también que el ejército israelí puede hacer lo que quiera con el país.

Ni siquiera las fuerzas de paz de la ONU son capaces de detener las operaciones israelíes. En los últimos días, los ataques israelíes han alcanzado posiciones de la FPNUL y las fuerzas israelíes han entrado en territorio libanés, violando la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU. (El lanzamiento de cohetes de Hezbolá hacia Israel el 2 de marzo también violó esta resolución).


Al menos dos municiones de fósforo blanco lanzadas por artillería israelí explotan en el aire sobre un barrio residencial en la ciudad de Yohmor, en el sur del Líbano.

Por su parte, el Gobierno libanés es muy consciente de este dilema imposible. El primer ministro Nawaf Salam, antiguo presidente de la Corte Internacional de Justicia que ayudó a presidir el caso de genocidio de Sudáfrica contra Israel, ha dejado claro que no se hace ilusiones sobre las intenciones de Israel en el Líbano.

En una entrevista con L'Orient Le-Jour el fin de semana, Salam dijo: “Los israelíes han destruido Gaza, siguen colonizando Cisjordania y han anexionado Jerusalén Este, pero no tenemos otra alternativa que ‘tierra por paz’. No existe una ‘pax Israelica’ duradera”.


Los tanques israelíes entrando en Gaza en noviembre de 2023.

El marco de “tierra por paz” se refiere a la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, que establece que la paz con Israel sólo puede lograrse tras la retirada israelí de los territorios ocupados en 1967. Sin embargo, en el caso del Líbano, la condición clave –la retirada israelí– está fuera del control del Estado.

El Gobierno libanés tampoco puede simplemente destruir Hezbolá, como exige Israel. Hezbolá no es solo una milicia, sino también un importante partido político con miembros en el Parlamento y control sobre docenas de municipios, además de una considerable base popular.

En la misma entrevista, Salam sugirió un compromiso: “Si Hezbolá cesa sus inaceptables actividades militares y de seguridad, no tendremos ningún problema con ello”.

Pero esa distinción solo funciona si Israel también la acepta. Mientras continúen los ataques israelíes y las fuerzas israelíes permanezcan en territorio libanés, Hezbolá seguirá considerando que su presencia armada es necesaria para su existencia. Como me dijo Justin Salhani, periodista libanés y miembro no residente del Instituto Tahrir para la Política de Oriente Medio: “Si Israel quiere que Hezbolá deje de ser una entidad, tiene que dejar de bombardear el Líbano”.

Esta dinámica explica por qué aún no se ha producido el desarme de Hezbolá. Incluso antes de la última escalada, persuadir al grupo para que renunciara a sus armas era políticamente difícil. Hoy en día, es prácticamente imposible.

Desarmar a Hezbolá mientras las fuerzas israelíes operan dentro del territorio libanés significaría pedir al Estado que desmantelara una fuerza que muchos partidarios creen, con razón, que está resistiendo a un ocupante extranjero, un papel que normalmente estaría reservado al ejército libanés.

Si Estados Unidos realmente quisiera que el ejército libanés afirmara la plena soberanía sobre el país, podría presionar a Israel para que dejara de invadir el territorio libanés. En cambio, esas violaciones han continuado durante años.

El mejor enemigo de Hezbolá

Esta realidad también ha socavado a los críticos internos de Hezbolá en el Líbano. Los opositores que condenan las tendencias autoritarias del grupo se ven obligados a lidiar con un simple contraargumento: no hay alternativa. Y nada refuerza más ese argumento que el propio Israel.

Por eso he descrito a Israel como el mejor enemigo de Hezbolá, y viceversa. Para los partidarios de Hezbolá, la historia del grupo proporciona un poderoso argumento. La retirada israelí y la posterior liberación del sur del Líbano en 2000 siguen siendo el único ejemplo de un movimiento armado árabe que ha obligado a Israel a poner fin a una ocupación, algo que los grupos militantes de Egipto, Siria y Palestina no han podido lograr.

Los acontecimientos en la vecina Siria han reforzado aún más esta narrativa. Tras la caída del régimen de Assad en diciembre de 2024, el ejército israelí avanzó rápidamente hacia la zona desmilitarizada del suroeste de Siria, que sigue ocupando hasta hoy. Las fuerzas israelíes también lanzaron una campaña de bombardeos masivos para destruir gran parte de la infraestructura militar siria restante y declararon nulo el acuerdo de retirada israelí-sirio de 1974.

La zona de amortiguación limita con los Altos del Golán, territorio sirio que Israel ocupa desde 1967 y que anexionó formalmente en 1981 (una medida que la mayor parte de la comunidad internacional nunca ha reconocido). Para los partidarios de Hezbolá, esta evolución no hará sino reforzar la conclusión de que lo mismo podría ocurrir en el Líbano, que Israel no respeta de forma fiable los acuerdos territoriales y que la fuerza militar es el único lenguaje que entiende.

Esta es la cuestión tabú cuando se trata del marco “tierra por paz”. Los defensores podrían señalar la retirada de Israel de la península egipcia del Sinaí tras los Acuerdos de Camp David como prueba de que el modelo puede funcionar. Pero el enfoque de Israel hacia Siria dice lo contrario.

Hoy en día, los funcionarios israelíes describen habitualmente los Altos del Golán como territorio israelí permanente. La zona lleva tanto tiempo bajo control israelí que el propio Smotrich nació en Haspin, un asentamiento establecido allí en 1978 en violación del derecho internacional.

Si alguna vez se materializa un futuro acuerdo de paz con Siria, pocos esperan que incluya la devolución total de los Altos del Golán. Este precedente confirma aún más la creencia generalizada en el Líbano de que las ambiciones territoriales de Israel y su afán de dominación total superan con creces cualquier compromiso con la estabilidad regional a largo plazo.

Dicho esto, el futuro de Hezbolá no está nada garantizado. La magnitud de los bombardeos actuales de Israel podría acabar debilitando significativamente a la organización. Sin embargo, la desconfianza hacia Israel sigue siendo fuerte en todo el Líbano, incluso entre muchos de los que se oponen políticamente a Hezbolá.

Por eso, incluso un hipotético desarme no resolvería necesariamente las tensiones subyacentes. Si continúan las incursiones militares israelíes, es probable que surjan nuevas formas de resistencia. La ocupación israelí del sur del Líbano durante 18 años contribuyó al nacimiento de Hezbolá, pero hay muy pocos indicios de que los gobiernos israelíes hayan aprendido la lección.

De la ingeniería a la gestión del caos

Ahora, la renovada destrucción del Líbano por parte de Israel está creando una crisis humanitaria a una escala nunca vista en décadas. Al mismo tiempo, crece el temor a un conflicto interno, e incluso a una guerra civil en la que participe Hezbolá.

En este contexto, parece razonable concluir que las ambiciones de Israel en el Líbano van más allá de debilitar o eliminar a Hezbolá. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha dicho a los libaneses que “liberen su país” de Hezbolá. Pero para muchos libaneses, la situación actual en Irán es una clara advertencia de lo que implica esta “liberación”.

En términos más generales, el genocidio de Gaza parece haber reforzado una percepción que ya estaba muy extendida en toda la región: que Israel opera como un Estado en permanente búsqueda de su próxima guerra. Como para demostrar este punto, apenas una semana antes de que comenzara la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, Naftali Bennett, ex primer ministro de Israel y aspirante a sustituir a Netanyahu tras las elecciones de este año, declaró que “Turquía es el nuevo Irán”.

En Irán, Israel puede hablar de un cambio de régimen, pero esto implica un plan para lo que vendrá después, y no parece existir tal plan. La misma falta de claridad se aplica al Líbano. Como me dijo Salhani, Israel podría estar siguiendo una estrategia de inestabilidad sostenida. “Creo que Israel solo quiere un conflicto continuo, presión interna y caos, y ver cómo el Estado libanés se derrumba lo máximo posible”.

Si esa es realmente la estrategia, resultaría desastrosa incluso para Israel. Un Estado vecino consumido por una crisis permanente nunca será una fuente de seguridad. Sin embargo, como señaló Salhani, muchos miembros de la clase política israelí se consideran “los más adecuados para gestionar ese caos” y aspiran a una hegemonía regional aún mayor.

Con informes que sugieren que la renovada guerra de Israel contra el Líbano continuará incluso después de que termine su bombardeo de Irán, lo cierto es que, hasta que los aliados de Israel se enfrenten a esta estrategia, no habrá perspectivas de paz a largo plazo en ninguna parte de la región.


*Los amigos del Líbano se identifican con seudónimos para proteger su identidad.



Fuente: Ctxt

jueves, 12 de marzo de 2026

Entrevista a Antonio Turiel: “Si la guerra en Irán se prolonga un mes, va a faltar el 40% del petróleo exportable”

 

 Entrevista de  Diego Delgado   

      Entre Guadalajara y un pueblito de la Cuenca vaciada. Estudió Periodismo y Antropología, forma parte de la redacción de CTXT.


Antonio Turiel (1970, León) lleva muchos años advirtiendo sobre la velocidad a la que nos acercamos al pico máximo de producción mundial de petróleo y, más aún, sobre las consecuencias que ello desencadenará en un mundo incapaz de sacudirse de encima la pulsión del crecimiento infinito.


Retrato del divulgador científico y físico Antonio Turiel.

      El nombre de su blog, The oil crash (que podría traducirse como “la caída del petróleo”), da buena cuenta de la dedicación con la que se ocupa específicamente de esta cuestión.

The Oil Crash.

Hoy, con la actualidad invadida por agresiones y conflictos tras los que asoma, siempre, el afán por controlar lo que queda de petróleo, Turiel se lamenta de llevar “16 años hablando de esto. Y fíjate si me han insultado y me han dicho que eso del peak oil [el pico máximo de petróleo] no es verdad. Pues mira, está aquí”.


Peak Oil Barrel.

¿Cómo se explica la ofensiva de EEUU e Israel contra Irán desde el punto de vista de los recursos energéticos?

Es bastante interesante un informe del Departamento de Energía de Estados Unidos, de finales de 2025, en el que ellos ya reconocen un descenso de la extracción de petróleo en el país, aunque prevén que el ritmo del declive será lento. Yo creo que va a ser algo más rápido, porque el problema que tiene EEUU es que la mayoría del petróleo que extrae es de fracking, que aparte de ser de peor calidad, los pozos duran muy poco. En general, un pozo de fracking produce el 80% de su capacidad en los dos primeros años, y al cabo de cinco la mayoría ya están cerrados, ninguno sobrevive más de diez años.

Para mantener la ilusión de que el fracking era maravilloso, Estados Unidos abrió pozos a un ritmo acelerado para compensar los que iban cayendo; pero llega un momento en el que ya no puedes más. Ya se sabía que estábamos llegando a este punto, se sabía desde hace tiempo, incluso teniendo en cuenta que la Administración de EEUU ha dado muchísimos incentivos y exenciones fiscales a un tipo de explotación que hace tiempo que no es rentable, pero ni por esas: llega un momento en que te topas con el límite físico. Aunque quieras perder dinero, da igual, es que ya no puedes. Y esto yo creo que explica la actitud actual de EEUU.

Donald Trump ve que él va a llegar al final de su mandato en una situación en la que el declive de la producción va a ser severo. Es probable que en dos años veamos un descenso que podría reducir la producción de petróleo estadounidense en un 20%. Y sin contar a EEUU, en el resto del mundo la extracción hace tiempo que está estancada o en caída. Así que empiezan a tener prisa porque ven que van a perder una parte importante de su producción e importación. Siempre conviene recordar que EEUU, aunque ahora mismo es el primer productor de petróleo del mundo, no es autosuficiente y tiene que importar. Esas importaciones son como el 40% de su consumo de petróleo.

Entonces, el Gobierno de Trump no está al margen de todo este lío que está generando; el problema que ellos tienen es que su situación se va a debilitar considerablemente en los próximos años, precisamente por este agotamiento del fracking, que se había vendido como la gran revolución.

Esto es una razón muy poderosa para explicar lo que hicieron en Venezuela. Ahora, con Delcy Rodríguez, se ha aprobado un paquete de medidas absolutamente alucinantes que esencialmente entregan todo el sector petrolero a las empresas y bancos estadounidenses, al punto de que si hay algún conflicto que se tiene que resolver en los tribunales, se resolverá en EEUU. Es una concesión de soberanía total; en la práctica Venezuela se ha convertido en un protectorado de EEUU y evidentemente han pretendido hacer algo parecido en Irán.

El plan era crear una situación de mucho estrés en Irán, golpear fuerte, desestabilizar. Mataron a Jameneí con la intención de que el pueblo se alzase y, aprovechando la confusión del momento, poner a su hombre de paja y tener el control de los recursos petroleros. Yo creo que aquí han subestimado, por una parte, la fortaleza de las estructuras políticas actuales en Irán, y por otra no se han dado cuenta de que es un régimen menos personalista que el de Venezuela. Y, al final, hemos entrado en esta situación de impasse en la que estamos ahora. En resumen, no hay ninguna duda de que hay una motivación fuerte por el petróleo.

¿Vamos a ver un continuo de agresiones estadounidenses para paliar su declive de producción petrolera?

EEUU no tiene muchas opciones. No es casualidad que haya ido a atacar al cuarto productor más importante de petróleo del mundo. El primero son ellos; el segundo es Arabia Saudí, donde ya tienen controlados los recursos, hay una comunión total de intereses y se prioriza siempre abastecer a EEUU; con el tercero, Rusia, ya lo han intentado: hay un plan de la CIA de finales de los noventa para romper Rusia en seis Estados porque es muy grande y controla muchos recursos; ¿quién es el cuarto? Irán.

El quinto es Irak, que ya lo tienen más o menos controlado. Ya si vas al sexto, séptimo, etcétera, no es tan sencillo y empiezas a luchar por cantidades marginales de petróleo. En esa lista, entre los diez primeros está Argelia, que yo creo que es donde Europa tiene intención de meterse, y eso es un avispero con un ejército potente y un país con mucha población, más de 40 millones de personas.

No creo que estas potencias imperiales decadentes tengan una capacidad real para ocupar de manera firme un territorio como Irán o Argelia. Entonces no les quedan muchas opciones. Un aviso a navegantes muy interesante es el bombardeo selectivo que hizo Trump en Nigeria, el principal productor de petróleo de África.

Después de Irán, sus opciones se reducen mucho, porque el volumen que se puede conseguir para exportación ya empieza a ser pequeño. Es que en el mundo ya no queda mucho más, ahí está la cuestión. La realidad es que esto se acaba; o sea, no se acaba de golpe, es un proceso que irá con los años, pero es obvio que esto ahora va a ir continuamente bajando, bajando y a ver cómo lo gestionamos.

Claro, si tenemos a los mandos a gente tan hábil y tan inteligente como Donald Trump, pues bueno, es como poner a un elefante a darle patadas a los mandos de un avión.

Los principales afectados por el conflicto en Irán son los países importadores de petróleo y gas natural licuado. ¿Cómo puede afectar a la UE?

Todavía no estamos viendo los efectos de la escasez. Los vaivenes en el precio a los que asistimos son propios de la situación política, pero el efecto sobre la Unión Europea y sobre España dependerá muchísimo de la duración real y efectiva de la guerra. Si se detiene en los próximos días, habrá cierta repercusión, pero tendrá un alcance limitado. El problema es si se prolonga.

Si el conflicto se prolonga, vamos hacia un desastre que no tiene parangón con nada, ni siquiera con las crisis de los años setenta. El episodio en el que más volumen de petróleo se paralizó fue precisamente en aquella década, con el embargo árabe; en aquel momento se paralizaron cinco millones de barriles de petróleo, que vendría a ser como el 10% de todo el consumo mundial, pero además había mucho más petróleo disponible para la exportación, con lo cual, sobre el petróleo comerciable para la exportación debía de ser como un 15%. Por Ormuz pasan hoy unos 20 millones de barriles de petróleo, que es el 20% del consumo mundial, pero como los países productores consumen la mitad del petróleo ellos mismos, para la exportación solo está disponible la mitad, es decir, se está paralizando el 40% del petróleo comerciable. Esto se combina con la paralización del transporte de gas natural, que ahora mismo es muy importante para el suministro eléctrico y la producción de fertilizantes, por ejemplo.

Si fuéramos a una guerra muy prolongada, yo creo que a partir de un mes vamos a empezar a ver efectos muy severos. Un mes, más o menos, es lo que tarda un petrolero en llegar desde el Golfo Pérsico hasta Europa, ahora que no pasan por el Mar Rojo. De momento no se está notando que no llegan los petroleros, pero evidentemente en un mes se va a empezar a notar. Si esto sigue así, vamos a una crisis de dimensiones colosales, porque de repente va a faltar el 40% del petróleo exportable.

Lo único que pueden hacer los Estados en esa situación de prolongación del conflicto, aparte de echar mano de sus reservas estratégicas –que en los países europeos suelen cubrir unos 90 días del consumo nacional y no pueden usarse como si no pasase nada hasta agotarlas–, es empezar a racionar. Y eso, en un sistema capitalista como este, es una catástrofe sin paliativos. Implicaría el cierre de muchas empresas, encarecimiento de productos, incluso podría llegar a haber problemas con los alimentos porque estamos entrando en la primavera y hay que utilizar los fertilizantes, que requieren del gas natural que sale del Golfo. Si esto sigue así de aquí a un mes, entramos en una depresión económica como seguramente no se ha visto nunca, incluso mayor que la de 1929.

Nosotros lo vemos todo desde la perspectiva europea, pero la UE todavía está bastante protegida. Será algo horrible, pero a mí lo que me preocupa es lo que va a pasar en general en el Sur Global, donde va a haber hambrunas y otro tipo de impactos que van a agravar los problemas. La locura de Trump nos puede llevar al colapso de muchos países.

Incluso si el conflicto se detuviese ahora mismo, hay ya un daño estructural causado por los bombardeos que tendrá sus consecuencias: posiblemente va a provocar que en los próximos seis o doce meses vayamos a tener un déficit importante de producción de petróleo.

Existe la sensación, diría que creciente, de que estamos pagando el precio del seguidismo a EEUU. ¿Empieza a definirse un cambio de bloques que acercaría a la UE y China?

Ahora mismo en la Unión Europea claramente hay una especie de pugna entre lo que dice Von der Leyen y lo que está diciendo, por ejemplo, el Parlamento. Es decir, hay una contradicción evidente. Von der Leyen hace un seguidismo, yo diría que obsceno, de EEUU, mientras que instancias más democráticamente representativas de lo que es Europa están diciendo que esto no se puede hacer así.

Yo no creo que favorezca el acercamiento a China porque eso implicaría una confrontación directa con EEUU, así que no sé muy bien qué papel le queda a Europa aquí. Europa hace tiempo que cometió el error estratégico de acercarse demasiado a EEUU en vez de intentar ser un contrapeso, quizá porque hay una generación de dirigentes europeos muy tecnócratas y demasiado americanófilos, por no decir demasiado vendidos al capital directamente. Entonces la salida es mala.

Esto lo que podría favorecer es un acercamiento a Rusia, porque Rusia sí que tiene los recursos que necesita la UE, lo que pasa es que yo creo que los rusos ya están un poco hartos de los europeos. La mejor solución que tiene Europa realmente es echar a sus líderes y evidentemente hacer un cuestionamiento muy fuerte de qué es la Unión Europea. Quizá este es el tipo de cosas que nos tendríamos que empezar a plantear ahora mismo.

¿Estas guerras son la expresión última de la negativa del Norte Global a acoplar los ritmos de producción y consumo al frenazo al que nos obligan los límites del planeta? ¿Cómo evitarlo?

Es una situación obviamente de competición creciente por recursos, precisamente porque estamos chocando contra los límites del planeta y hay una incapacidad de mantener este sistema económico orientado al crecimiento. A nivel de diagnóstico lo tenemos bastante claro.

¿Cómo se puede evitar que haya más guerras de este estilo? Esto al final lo tiene que parar la ciudadanía. La única solución es que la ciudadanía comprenda que tiene que parar a estos líderes. Que el pueblo estadounidense se levante y saque a Trump de allí.

Y nosotros, en España y en Europa, tendríamos también que barrer un poquito nuestra casa, pero no vamos en esa dirección. Lo que estamos viendo en toda Europa es un ascenso de las opciones de ultraderecha, que en estos momentos de agitación social, de angustia e incertidumbre tienen un discurso populista que consigue calar bien, también por culpa de que la izquierda no es capaz de ser valiente y proponer análisis y diagnósticos adecuados. La izquierda no se atreve a hablar de cosas de las que hay que hablar, como la necesidad de una revolución social y económica, un cambio completo de paradigma para que haya una vida digna y adecuada para todo el mundo. Se pretende dar una continuidad, hacer un seguidismo de lo actual y eso nos lleva a estas contradicciones continuas y a este desapego de la ciudadanía.

En ese sentido es curioso el papel de Pedro Sánchez. Nadie diría que es una persona con una fuerte orientación ideológica y, sin embargo, mediante meras expresiones de sentido común, de cosas que se considerarían muy básicas hace 20 años, se está convirtiendo en el referente moral de Europa. Yo creo que esto lo que evidencia es la degradación moral de los otros líderes.

La única manera de evitar esta tentación imperialista de la lucha por los últimos recursos es que los ciudadanos de estos países digan basta. Y atención porque, además, en Europa tenemos un riesgo muy claro de deriva militar hacia los pueblos del norte de África por los últimos recursos. Yo llevo muchos años hablando de que el rearme no está dirigido para luchar contra Rusia, que es una lucha imposible, está dirigido claramente a lanzar nuevas guerras coloniales en el norte de África. Esto hay que empezar a pararlo. Solamente la ciudadanía puede llevar a un cambio de paradigma y a que empecemos a construir cosas alternativas que se pueden construir tanto en lo técnico como en lo social.



Fuente: Ctxt