sábado, 16 de mayo de 2026

Miguel de Mata, fiscal de Medio Ambiente, justifica su incompetencia en el “sistema”

 

 Por Pedro Costa Morata   
   Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

Ya tenemos aquí otro ejercicio de cortina de humo de nuestros fiscales cuando del Medio Ambiente se trata, me dije según iba leyendo la entrevista que le hacía el diario La Opinión (26 de abril de 2026) a Miguel de Mata, fiscal de Medio Ambiente en la Región de Murcia. Mira qué morro le echa este funcionario, me hice observar a mí mismo, al evocar los datos de que dispongo sobre la acción profesional del susodicho, que no pueden ser más pobres. Vuelve a salir por las mismas que su jefe José Luis Díaz Manzanera, me recordé, cuando hace unos años organizó una campaña de difusión del -esforzado, competente y por supuesto eficaz- trabajo de su Fiscalía en perseguir a los malos en la región, incluyendo a los criminales del medio ambiente (a lo que yo aludía en elDiario.es, 29 de diciembre de 2020).


              Miguel de Mata, fiscal de Medio Ambiente y Urbanismo de la Región de Murcia (La Opinión).


Diré que, como impresión general, esa entrevista a De Mata me pareció digna de un marciano que, al aterrizar en la Huerta de Europa procedente del planeta rojo lo hiciera sin la menor idea de cómo están aquí las cosas, específicamente las medioambientales, ya que así de ajeno y distante se muestra el mismo entrevistado con las cosas por las que tiene que rendir cuentas. Pero -marcianidades aparte- en lo que en realidad iba pensando con su lectura era en la frialdad burocrática de sus respuestas, carentes de apego y pasión por su misión, en el más prístino encaje del trabajo burocrático, ese que se nutre de neutralidad ideológica (casi siempre falaz) y de competencia profesional (casi siempre equívoca y aún peor); porque las burocracias, como todo el mundo sabe, no se someten a escrutinio riguroso o crítica eficaz alguna, siendo sistemas y subsistemas reales que gozan de exención e impunidad, teniendo como misión constituirse como instancias de poder, influencia y control social, lo que en las democracias burguesas es inevitablemente conservador. Y esto es lo que se comprueba cada día en nuestra región con el medio ambiente.

Una entrevista, ya digo, cuyos contenidos aparecen absolutamente alejados de la realidad, dirigidos todos ellos a echar balones fuera: porque si nuestra tierra presenta un estado ambiental deplorable es en buena medida debido a fiscales y jueces que -auto disculpas aparte- permiten que cunda el desastre porque son incapaces de evitarlo, perseguirlo y castigarlo. Por supuesto que los fiscales culpan a los jueces por ser tan difícil conmoverlos y que entiendan el problema y los jueces culpan a las administraciones civiles de ser insensibles (como ellos, vaya) y de no tomar las medidas necesarias; finalmente, los administradores siempre tienen a quien señalar y culpar, tratando de descargar su responsabilidad o en los de arriba o en los de abajo (y así nos luce el pelo).

De burócratas acostumbrados a irse de rositas en su mal hacer es típico -y así nos lo evoca el fiscal De Mata- quejarse del “sistema” que, dice, “no está del todo preparado para grandes catástrofes como la del Mar Menor”, olvidándose de que él es parte significativa de ese “sistema”, no los ciudadanos de a pie, y que -siguiendo con el Mar Menor- pretenderá que ignoremos que fiscales y jueces han dejado pasar décadas sin mover un dedo en favor de la laguna, mirando para otro lado y dejando actuar libre y provechosamente a esa larga patulea de tipos y empresas que lo vienen envenenando sin que el “sistema” judicial se haya estremecido. Ahora, puesto a trabajar en ese asunto por obligación y sin encontrar escapatoria posible, encuentra que el asunto es “complejo”, claro. Y evita la menor alusión a esa novedad de la Ley 19/2022, sobre la personalidad jurídica del Mar Menor, una de cuyas virtualidades -aun estando por demostrar, dada la hostilidad con que gran número de jueces la han tenido que encajar- es saltarse a los fiscales por demostradamente irrelevantes en tan magno y acuciante asunto.


            Atmósfera irrespirable por la industria asociada a las canteras en Abanilla.

Pero yo quiero destacar del fiscal de Medio Ambiente -o por ser menos puntilloso, de las tareas en materia de medio ambiente de la Fiscalía murciana, de la que él es máximo responsable- una cierta afición por archivar muy serias denuncias sobre sangrantes problemas ambientales de la región, como es el caso del agua extraída ilegalmente y envenenada por la agricultura intensiva. Un tratamiento elusivo y frivolizante que -según mi percepción, que creo que los hechos presentes lo pueden confirmar- que afecta a los daños a la salud pública en al menos dos casos de exasperante actualidad: la atmósfera irrespirable por la industria derivada de las canteras en ciertas pedanías de Abanilla y el impacto de los metales tóxicos acumulados en el Hondón de Cartagena y gran parte de su sierra. Me impresionó el expeditivo archivado de nuestras denuncias cuando, desde el Consejo de Defensa del Noroeste, le pedimos cuentas por la situación desmadrada de pozos y acuíferos en la finca de El Chopillo, en Moratalla; y cuando nos quejamos a su jefe Díaz Manzanera y tuvo que reabrir el asunto, volvió a archivarlo quejándose de que insistiéramos buscándole tres pies al gato (o algo así); no sin antes “nuclear” su indagación pidiendo información a la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), que era a la que denunciábamos, y tomarla como buena y definitiva (menudo estilo indagador y social el de este tipo, me dije). Esto de echar la bronca al denunciante me pareció otro gesto típicamente burocrático, que es el de no consentir críticas al propio ejercicio funcionarial y responder “matando al mensajero” o advirtiéndole de forma más o menos expresa que ceje en sus interpelaciones por intempestivas, tratando siempre de quitar importancia a las situaciones de abuso y agresión social, incluso las más graves.


             Suelos tóxicos en el Hondón de Cartagena.

Naturalmente, y visto de qué va este funcionario, en la entrevista que comento aparece como un quejica entregado y sufriente que, ante las deficiencias de la justicia, señala que “el problema es de organización. Hace falta una reforma procesal y, sobre todo, especialización: juzgados y fiscales especializados en medio ambiente”. Como si lo suyo no fuera una tarea especializada y su obligación no fuera demostrar que sabe cumplir, que ya lleva unos cuantos años con lo mismo. También se queja de las macrocausas, como la del Mar Menor, y de las ejecuciones de sentencias que, como sucede con las demoliciones en el ámbito urbanístico, se complican extraordinariamente (hasta hacerlas, añado yo, rarísimas, imponiéndose, con expresa burla de la ley, los hechos consumados).

Carga las tintas nuestro hombre en el urbanismo ilegal, señalando que domina ampliamente, con un 70 por 100 de los casos que caen en sus manos, cuando los delitos contra la gestión del agua debieran de ocupar, más o menos, ese 70 por 100, por ser más decisivos que los urbanísticos (que, a fin de cuentas, debieran de resolverse en el ámbito administrativo municipal-autonómico). Porque lo más curioso de la entrevista es que ni una sola vez alude al agua, a su maltrato y envilecimiento y, sobre todo, a la pésima gestión de la CHS, contra la que creo que ni ha ido nunca ni piensa hacerlo, siendo ese organismo del Estado el principal responsable tanto de la pérdida de salubridad de los acuíferos como de la ruina galopante del ecosistema marmenorense.


              Plástico asfixiante (y asesino) en el río Moratalla, afluente del Segura.

Para comprobar la inopia ambiental de nuestros fiscales -con De Mata en cabeza- y el reconocimiento práctico de la impunidad antiecológica de la CHS, basta con contemplar el modus operandi de la masiva tarea de eliminación de la caña de río en las orillas del Segura y afluentes. Una planta convertida de repente en villana a erradicar, hacia la que se desarrolla una salvajada ambiental que adquiere dos formas igualmente equivalentes a (presunta) malversación de caudales públicos y la (segura) destrucción del ecosistema ribereño: o eliminando a matarrasa toda la vegetación superficial de las riberas, lo que no impide que resurja la caña enhiesta y desafiante, ya que el rizoma persiste, o cubriendo las orillas con un plástico negro duro e impermeable, pertinaz absorbente de la radiación solar que, pretendiendo asfixiar las raíces de la caña, destruye toda la intensa y estratégica vida vegetal y animal acompañante que se asienta en esas riberas. Es el “crimen ripario”, novedad con que ahora mismo nos alegra la vida la CHS con su pasmosa bilis antiecológica.

Y como no podía ser de otra forma, lo que más me ha tocado los sentimientos ha sido que vea en “la concienciación social” las claves del futuro, que es justamente de lo que yo me quejo porque creo que es lo que desprecia practicando tan deportivamente el archivado de las causas ambientales. Atreviéndose además a decir que “hay mayor conciencia ambiental y también más control por parte de los técnicos y funcionarios”, expresión tan alejada de la realidad como lo están esos marcianos que se pasmarían si visitaran nuestra tierra para encontrarse con opiniones del jaez de las que expresa De Mata.

La impresión mía es que en una región ambientalmente en carne viva resulta inevitable la existencia “activa” de funcionarios como él, carentes de genio y verdadera pasión por el oficio propio y el interés general. De Mata, por su parte, no parece conmoverse mucho, ni siquiera como ciudadano, a la hora de la verdad ante la situación general catastrófica, y parece no importarle demasiado escurrirse (digamos, mejor, “adoptar un perfil bajo”) ante los grandes abusos y delitos, como sucede con el manejo del agua en general o con la contaminación por la actividad de las canteras o la presencia enquistada de residuos mineros, asuntos todos ellos de extrema gravedad y a los que ni siquiera alude en esa entrevista.


                   Eliminación de vegetación riparia a matarrasa y resurgimiento posterior de la caña en el Segura, aguas arriba de Cieza.


Podrá parecerle al fiscal de Medio Ambiente algo duro este alegato que le dirijo, pero me siento obligado a exigirle más y mejor trabajo. Y no otra cosa puedo hacer si dejo que desfilen por mi memoria y experiencia las angustias y los cabreos propios, así como la repetitiva impunidad con que se arruinan la estructura física de esta región, las dinámicas ecológicas seculares y el futuro que a todos nos pertenece; es lo que conozco y vivo desde hace más de medio siglo y contra lo que he procurado expresarme siempre, y no pienso contemporizar con ello tampoco ahora. Sí he de admitir una cierta ternura que esta misma entrevista que critico me ha hecho sentir cuando De Mata reconoce en ella que atraviesa lo que él mismo llama “crisis de fe”, a cuento de la complejidad del caso del Mar Menor y de la incapacidad -se supone- judicial de afrontarlo; porque asumir estas cosas indica que quienes ejercen, aunque sea por un momento, la humildad del fracaso merecen al menos conmiseración. Aun así, don Miguel no aclara si su crisis de fe lo es hacia el “sistema” (judicial, a la sazón), como destacados responsables (él y el “sistema”) de la calamidad en la que estamos sumidos, o sus cuitas son más profundas y esencialistas, y atañen a la ineficiencia de la Ley (con mayúscula) para resolver asuntos de tanta enjundia y trascendencia como es el medio ambiente. O si es meramente una crisis de fe en sí mismo, como micro agente, más inútil que efectivo, en el vasto mundo de las injusticias proliferantes y de los canallas repicantes. Si es así, si su sinceridad se está atascando en sí mismo, mi recomendación -que quiere ser leal- es que contenga tan íntimo descreimiento y lo reconduzca cambiando de tema y de “sistema”, abandonando de una vez tanto lo del medio ambiente como lo de fiscal, que hay muy numerosas tareas de utilidad social que con su carrera seguro que puede desempeñar con más brillo y éxito. Láncese, pues, a la (controlada) aventura de explorar nuevas áreas del Derecho creativo y social. Pero no se le ocurra archivar o minimizar las causas que tanto duelen y oprimen a esta tierra nuestra.

       Termino lamentando que en esa entrevista de marras al periodista no se le haya ocurrido poner al fiscal en un brete, dada su bien visible inepcia, con el material sobreabundante que tendría a mano sobre lo que pasa en esta tierra martirizada por hombres y dioses, y donde la injusticia ambiental es prueba irrefutable de su condena. Porque el periodismo blandengue y escapista es parte muy importante, por colaboracionista, del paisaje de depredación ambiental generalizada (y a la murciana).

viernes, 15 de mayo de 2026

A 15 años del 15M

 


Este mes se cumple década y media de la manifestación que bajo el lema “Democracia Real Ya” dio inicio al movimiento social más importante del siglo XXI en el Estado español. Lo recordamos a través de imágenes de la acampada en Sol en sus primeros días


La manifestación convocada en Madrid el 15 de mayo de 2011 por la plataforma Democracia Real YA!


     Nos resistimos a creer que no queda nada de aquel 15 de mayo de 2011. Probablemente antes ya existían esos granitos de arena que se convirtieron en tormenta aquella noche, aquella semana, aquellas semanas hasta más allá de mediados de junio cuando la asamblea general decidió levantarse y dispersarse por barrios y pueblos.


Una joven pega un cartel en el edificio de la Comunidad de Madrid, antigua sede de la DGS, durante la acampada del 15M en la Puerta del Sol en mayo de 2011.

El movimiento social más importante en el Estado español en el siglo XXI dio muchos frutos, algunos maduraron hasta desbordarse, otros se quedaron a medio camino.


Imagen de la manifestación Rodea el Congreso en 2012.

Un movimiento que también dio dolores de cabeza al gobierno de Rajoy, que dio fuelle a gobiernos municipalistas pero también fue víctima de la represión de Estado.


Piquete de la jornada de huelga en el País Valencià.

Solo cinco años después, cuando todavía los movimientos sociales estaban en pleno auge, se crea la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de Protección de la Seguridad Ciudadana, mejor conocida como Ley Mordaza, que a pesar de las promesas del Pedro Sánchez, continúa vigente.


Protesta contra la Ley de Seguridad Ciudadana frente al Congreso de los Diputados.

Bajo sus preceptos se ha llevado a la cárcel a músicos, y ha criminalizado mediante acoso y multas al movimiento por el derecho de la vivienda o por manifestarse contra un político.


El movimiento por la Vivienda protesta contra el negocio de este derecho y el pago de 94.000 euros en multas.

Década y media después, la Democracia Real Ya aún no llega, los jóvenes “sin futuro y sin miedo” ya son padres pero no necesariamente tienen una vivienda digna, el grito mudo ahora se escucha menos y con menos frecuencia, y volvimos a los elegidos que “no nos representan”.


Pedimos la palabra.

A pesar de ello, sin una nueva explosión ciudadana a la vista, al menos no en el corto plazo, en barrios y pueblos, en centros sociales y colectivos vecinales la luchas que eclosionaran en aquel momento continúan, el apoyo mutuo sobrevive y se refrenda cada vez que las condiciones materiales y ambientales de la vida llegan al límite y no queda más que arrimar el hombro.


Vista desde el edificio que ocupa La Rosa hacia la calle Besteiro en el límite de Lavapiés y Latina.

Algo aprendimos entonces, pero queda todo por hacer.



Galería fotográfica de Olmo Calvo, David F. Sabadell y Álvaro Minguito














































Fuente:
El Salto

jueves, 14 de mayo de 2026

Yoram Hazony: el puente intelectual entre el sionismo religioso y el nacionalismo cristiano estadounidense

 

      Analista y colaborador de Descifrando la Guerra.


     El nacionalismo religioso ha vuelto al centro de la escena política occidental. Nunca desapareció, pero ha pasado de los márgenes del orden liberal a los centros de mando de la coalición trumpista. Y la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, presentada como una contienda sagrada, está siendo el mejor ejemplo.

El 28 de febrero, en el comienzo de la agresión, Benjamín Netanyahu comparó a Irán con el Amalek, que en la tradición rabínica representa el enemigo absoluto al que el pueblo judío debe “borrar de la memoria”.

Si en el Despacho Oval una delegación de pastores evangélicos imponía las manos sobre Donald Trump bendiciendo sus acciones en Oriente Medio, Pete Hegseth dirigió un oficio cristiano en el Pentágono pidiendo a Dios "romper los dientes" de los “enemigos malvados”, en referencia a los iraníes.

Todo ello mientras Peter Thiel terminaba en Roma su gira de conferencias sobre el Anticristo y Viktor Orbán se presenta en las elecciones húngaras como el defensor de la cristiandad europea.

En medio de la ruptura de todos los consensos internacionales que acompañaron a la hegemonía estadounidense al término de la Guerra Fría, el nacionalismo cristiano está emergiendo como un vertebrador de la refundación de la extrema derecha internacional. Este giro ideológico no surge de la nada. Llevaba años cociéndose en todo un entramado de conferencias, think tanks y publicaciones donde un nombre reaparece con insistencia: Yoram Hazony.


A través de la figura intelectual de Yoram Hazony se pueden explorar los vínculos entre el sionismo religioso y el nacionalismo cristiano.

Colono israelí, estudioso de la Torá y exasesor de Netanyahu, Hazony no es el único puente entre el sionismo religioso y el nacionalismo cristiano, pero sí es con probabilidad el más sistemático a nivel ideológico. Sus obras ofrecen al MAGA –un movimiento más reactivo que doctrinario– una base teórica y una infraestructura que reúne anualmente a las principales figuras de la derecha trumpista internacional.

La obra de Hazony parte del rechazo tajante al universalismo y la Ilustración. La idea de que las sociedades están formadas por individuos libres e iguales que firman un contrato social estaría en la raíz de la destrucción de las tradiciones que dan solidez a la vida en común.

Frente al racionalismo ilustrado de Spinoza o Kant, que habría llevado en última instancia a la decadencia de las sociedades occidentales, Hazony reivindica el empirismo conservador anglosajón: el individuo no existe aislado, sino en familias, tribus y naciones ligadas por lealtades heredadas, y la religión de los antepasados es lo que les da cohesión.

De esa premisa se siguen dos rupturas. En el plano interno, cada nación debe organizarse en torno a la religión de su mayoría histórica –el judaísmo en Israel y el cristianismo en Estados Unidos–.

En el plano internacional, la crisis de las sociedades occidentales vendría motivada por la pérdida de las identidades nacionales que el "globalismo" de liberales y "neomarxistas" habría impulsado desde el final de la Guerra Fría.

De los asentamientos a la derecha estadounidense

La teoría política de Hazony tiene mucho de sus propias vivencias. Nacido en 1964 en una familia judía ortodoxa, pasó su juventud entre Israel y un Princeton liberal donde sus valores conservadores encontraron difícil acomodo.


Yoram Hazony, dirigiéndose a la Conferencia Nacional Conservadora la semana pasada en Washington, D.C., dijo a la multitud: ‘Estamos en el poder. Nuestros amigos están en el poder’.

En contraste, Hazony encontró en la visita a Princeton del rabino Meir Kahane –fundador de la Liga de Defensa Judía, organización considerada terrorista en Israel por sus ataques contra palestinos– un primer referente intelectual del mesianismo sionista. El propio Hazony lo recordaría así en un obituario tras su muerte:

El rabino Kahane era el único líder judío al que le importaban lo suficiente nuestras vidas como para venir a decirnos qué pensaba que podíamos hacer; el único que parecía entender cuánto deseábamos una buena razón para seguir siendo judíos".


Preparando a los niños en los asentamientos colonos israelíes.

Aún siendo muy minoritario, el kahanismo actuó como incubadora del sionismo religioso, se hizo especialmente fuerte entre los colonos y hoy muchos de sus postulados los defienden tanto Netanyahu como los ministros más radicales de su gobierno.


La ideología del sionismo religioso marca la agenda política y militar del gobierno israelí, difuminando la frotera entre religión y Estado.

En aquel momento de auge primigenio del sionismo religioso, el propio Hazony se trasladó en 1989 a la colonia de Eli, en el centro de la Cisjordania ocupada. Allí actuó como asesor de un joven Benjamín Netanyahu, aún ministro de Exteriores, al que ayudó a elaborar A place among the nations (1993), el libro que sentaría las bases de su programa político como futuro primer ministro.

Desde entonces, Hazony ha venido combinando la labor académica en torno al estudio de la Torá, enfocándola como un tratado de filosofía política, con la creación de numerosos think tanks sionistas en Estados Unidos.

Sin embargo, no sería hasta 2018, el mismo año en el que la Knéset aprobó la ley que proclamaba a Israel como Estado judío, cuando Hazony publicó La virtud del nacionalismo, el libro que le catapultó al centro de una escena conservadora en plena mutación. La obra trata de presentar al nacionalismo y el imperialismo como dos tendencias contrarias a lo largo de la historia.

La primera consistiría en defender la soberanía nacional en base a las tradiciones religiosas milenarias de cada nación. Su ejemplo paradigmático sería la fundación del pueblo judío y la codificación de sus "derechos nacionales" en la Torá, tradición que posteriormente habría recuperado la Reforma protestante frente al Sacro Imperio Romano Germánico.

La segunda, la imperialista, estaría asociada a la pretensión de universalidad, del Imperio Romano hasta el liberalismo kantiano y el internacionalismo marxista, que buscarían eliminar las tradiciones culturales propias de cada nación.

El libro ofreció así un armazón teórico sistemático al conservadurismo internacional en pleno auge del combate contra las instituciones "globalistas" surgidas tras 1945 –las Naciones Unidas, la Unión Europea o el Tribunal Penal Internacional– y consideradas como formas encubiertas de imperialismo, y se convirtió en una libro de referencia para JD Vance o Giorgia Meloni. Cuatro años más tarde, con Conservatism: A Rediscovery (2022), Hazony cerró el movimiento.

Su tesis es que, tras la caída del Muro de Berlín, el liberalismo dejó de ser un aliado táctico frente al comunismo y, arrastrado por un "neomarxismo" cultural que habría colonizado universidades, medios y tribunales, se convirtió en una amenaza para la soberanía de cada nación. La única salida sería una ruptura explícita con el liberalismo y la refundación del conservadurismo estadounidense sobre bases antiliberales.

El impacto del National Conservatism

La influencia de Hazony va más allá del plano intelectual. En 2019 fundó en Washington la Edmund Burke Foundation junto a David Brog, exdirector ejecutivo de Christians United for Israel (CUFI), la principal organización sionista cristiana de Estados Unidos, que declara contar con 10 millones de afiliados. El puente entre sionismo religioso judío y nacionalismo cristiano evangélico quedaba así tendido.

La Burke Foundation organiza desde 2019 las conferencias anuales del National Conservatism (NatCon), que se han convertido en lugar de encuentro de los principales ideólogos de la derecha internacional, de MAGA al Hindutva indio, pasando por líderes europeos como Orbán, Farage o Meloni.

La declaración de principios, coredactada por Hazony, condensa la visión del Conservadurismo Nacional: "Allí donde exista una mayoría cristiana, la vida pública debe estar enraizada en el cristianismo y su visión moral, que debe ser honrada por el Estado. Al mismo tiempo, los judíos y otras minorías religiosas deben ser protegidos".

Cofinanciadas por el Claremont Institute y la Heritage Foundation –la misma que elaboró el Project 2025–, por el estrado de NatCon han pasado JD Vance, Peter Thiel, miembros del gabinete Trump como Russ Vought –clave en el Project 2025– o Elbridge Colby, y pastores nacional-cristianos como Doug Wilson, líder de la congregación de Hegseth y conocido por defender que las mujeres no deberían poder votar ni los no cristianos ocupar cargos públicos.


Elbridge Colby, antiguo asesor del Pentágono y una de las voces más importantes en Estados Unidos sobre política exterior.

El núcleo común de los ponentes de las conferencias NatCon es la tesis que Hazony formula en La virtud del nacionalismo: "Lo que hace falta para el establecimiento de un Estado estable y libre es una nación mayoritaria cuyo dominio cultural sea evidente e incuestionable, y contra la cual toda resistencia parezca fútil.

Una nación mayoritaria así es lo bastante fuerte como para no temer los desafíos de las minorías nacionales, y por tanto puede concederles derechos y libertades sin dañar la integridad interna del Estado”.

El razonamiento hazoniano ha teñido con su discurso civilizatorio-religioso el programa de la administración Trump. En el plano interno, por ejemplo, como legitimación de la persecución contra la migración por parte del ICE, bajo la idea, expresada por el propio Hazony, de que "el 15% de la población estadounidense es de origen extranjero y, en general, los nacional-conservadores consideramos que ese es el límite antes de que el país empiece a desmoronarse".

Este lenguaje civilizatorio ha producido un cambio más profundo en lo relativo a la política de seguridad. Bajo este prisma es posible entender mejor la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, que incorpora por primera vez en un documento oficial estadounidense todo ese discurso civilizatorio-religioso, al advertir, por ejemplo, contra la "desaparición de la civilización europea" bajo el peso de la natalidad decreciente, la inmigración y la erosión de las identidades.

Es la misma lógica por la cual Marco Rubio proclamó recientemente en la Conferencia de Múnich que Estados Unidos y Europa son "parte de una civilización, la civilización occidental, unida por siglos de historia común, fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua y ascendencia”.


El presidente Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo II, dos figuras clave de la conferencia del Nacionalismo Conservador que celebró su encuentro con el título: “God, Honor, Country: President Ronald Reagan, Pope John Paul II, and the Freedom of Nations—A National Conservatism Conference”.

Todo esto supone un desplazamiento conceptual relevante: bajo el prisma de la seguridad ontológica, que plantea la existencia de una serie de "amenazas culturales" existenciales para la soberanía nacional, el nacional-conservadurismo desdibuja la frontera entre política interna y exterior.

Las deportaciones masivas en casa y la confrontación con China o Irán fuera pasan a ser dos caras de una misma guerra: la defensa de Occidente contra todo lo que amenaza su cohesión, dentro o fuera de sus fronteras.

Esta introducción de criterios civilizatorios y valores religiosos en el puente de mando de Estados Unidos tiene repercusiones importantes en su política exterior que parecen difíciles de conciliar con los postulados realistas de buena parte de la coalición trumpista y con la promesa de acabar con las guerras ajenas a los intereses estadounidenses.

Por ejemplo, Trump realizó varios ataques con misiles en Nigeria durante el año pasado con el objetivo declarado de proteger a las "comunidades cristianas perseguidas".

Más relevante aún, la guerra contra Irán iniciada el 28 de febrero ha sido teñida de una retórica oficial que la presenta ante los propios soldados estadounidenses como parte de un "plan divino", mientras Trump ha aprovechado la Semana Santa para establecer múltiples paralelismos entre sus acciones y la vida de Jesús.

Lo mismo que Hegseth, que en 2020 escribió American Crusade en referencia explícita a las Cruzadas medievales como ejemplo ante la "amenaza" que supondrían la izquierda multicultural y el islam para la civilización occidental.

El trumpismo en su momento de mayor tensión

La guerra contra Irán ha llevado a la coalición MAGA a una tensión interna sin precedentes. Bajo la figura de Trump se coaligan sectores de intereses y visiones profundamente divergentes: aislacionistas, tecnorreaccionarios, nacional-cristianos o nacionalistas raciales, entre otros.

Así, la agresión contra Irán ha producido signos relevantes de fractura interna, ejemplificados por la dimisión de Joe Kent de su puesto como director de contraterrorismo o la oposición frontal a la guerra de Tucker Carlson, antiguo presentador de la Fox clave en la articulación del trumpismo.

Las relaciones con Israel han sido un punto de tensión recurrente al interior de MAGA. Para los sectores más reacios a las intervenciones en Oriente Medio, como Carlson, el peso de Tel Aviv en la política exterior de Estados Unidos se ha convertido en el blanco principal de sus críticas.

Por el contrario, elementos cercanos a los tecnorreaccionarios, como Peter Thiel y Alex Karp, y figuras clave en la Junta de Paz de Trump, como su yerno Jared Kushner, ven a Israel un modelo a imitar.

A su vez, el apoyo a Israel en Estados Unidos tiene un creciente componente religioso. Los evangélicos blancos –fuertemente vinculados al nacionalismo blanco, que aportaron más del 80% de su voto a Trump en 2024 y constituyen aproximadamente un tercio de su base– leen la alianza con Tel Aviv en clave bíblica: el apoyo al Estado judío sería un requisito escatológico para la Segunda Venida de Cristo.

Según Reuters, a pesar del desplome del apoyo general a la guerra contra Irán, los evangélicos siguen respaldándola mayoritariamente y la traducen desde sus púlpitos como “una guerra espiritual entre el bien y el mal, entre el reino de Dios y el reino de Satán”.


Valla publicitaria encargada por un grupo evangélico, que muestra una imagen del presidente estadounidense Donald Trump con las palabras «Gracias a Dios y a Donald Trump», en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en Tel Aviv, Israel, el 12 de marzo de 2026.

En medio de estas disensiones, Hazony trata de mantener los puentes abiertos y evitar la ruptura con sectores como el de Carlson. El argumento aquí es pragmático.


Marco Rubio, Tucker Carlson y Suzie Wiles en la Casa Blanca.


Mientras el rechazo a Israel estaría creciendo por influencia del "neomarxismo" y de lo que llama partidarios de los "Hermanos Musulmanes" en la izquierda estadounidense, Hazony afirma que el ascenso del nacionalismo religioso en el Partido Republicano constituye una ventana de oportunidad sin precedentes para lograr los objetivos del sionismo y es preciso trabajar en su interior.

El esfuerzo por vincular el programa del Eretz Israel con el MAGA ha sido notablemente exitoso.


Mapa del Gran Israel, también conocido como Eretz Israel, una noción ideológica y expansionista que se ha integrado en la agenda política del sionismo y, por ende, del gobierno israelí.

Sin embargo, la guerra en Irán se ha convertido en el mayor punto de fricción al interior de la heterogénea coalición trumpista y de lo que ocurra en la guerra regional iniciada por Israel tras el 7 de octubre depende hoy en buena medida el destino de la primera potencia mundial.


Fuente: Descifrando la Guerra