sábado, 1 de agosto de 2026

Ceuta, la llave del estrecho de Gibraltar bajo presión permanente

 

 Por Pedro Garcia   
      Periodista en Descifrando la Guerra.


La ciudad autónoma de Ceuta es un punto clave en la geopolítica de España en el Mediterráneo Occidental.


     La ciudad autónoma de Ceuta concentra una de las mayores responsabilidades geopolíticas de España en el Mediterráneo occidental. Su valor militar, político y simbólico contrasta con una vulnerabilidad creciente derivada de la presión híbrida ejercida por Marruecos y de su condición de enclave aislado del territorio peninsular.


El aumento de las llegadas irregulares sitúa a Ceuta ante su peor crisis migratoria desde 2021 y eleva la tensión con Marruecos.

Ceuta: plaza pequeña, importancia estratégica

Ceuta suele aparecer en el debate público asociada a la inmigración irregular o a los problemas fronterizos. Sin embargo, desde una perspectiva estratégica, su relevancia va mucho más allá.

Situada en la entrada oriental del estrecho de Gibraltar, la ciudad constituye una posición clave para el control de una de las rutas marítimas más importantes del mundo, por donde transitan anualmente miles de buques que conectan el Atlántico con el Mediterráneo.

Su ubicación convierte a Ceuta en un activo de primer orden para España y para la seguridad europea. Se trata de una frontera exterior de la Unión Europea y de un punto de observación privilegiado sobre el tráfico marítimo, los flujos migratorios y los movimientos militares en el Mediterráneo occidental.

Además de su valor geográfico, Ceuta posee una enorme importancia política y simbólica. La ciudad forma parte de España desde el siglo XVII y constituye una expresión tangible de la presencia española en el norte de África. Precisamente por ello se encuentra en el centro de la reivindicación marroquí, que continúa considerando tanto Ceuta como Melilla territorios pendientes de recuperar.

Pese a la persistencia del contencioso, un conflicto militar abierto entre España y Marruecos sigue siendo considerado improbable. Los intereses económicos compartidos, la cooperación en materia de seguridad y la estrecha relación con socios occidentales actúan como importantes elementos disuasorios.

Sin embargo, la principal amenaza para Ceuta no es actualmente una invasión convencional, sino la denominada estrategia de zona gris. Se trata de una combinación de presión diplomática, económica, migratoria y propagandística destinada a debilitar progresivamente la posición española sin llegar a desencadenar una guerra.


La ciudad autónoma de Ceuta.

Los precedentes son numerosos. Marruecos ha reaccionado históricamente con ataques híbridos ante cualquier gesto institucional español en las ciudades autónomas. La retirada temporal de embajadores, las protestas diplomáticas, las restricciones comerciales o los cierres fronterizos forman parte de un patrón de actuación que busca incrementar el coste político de la presencia española en la zona.

La crisis migratoria de mayo de 2021 representó el ejemplo más claro de esta estrategia. La entrada masiva de miles de personas en apenas dos días demostró hasta qué punto los flujos migratorios pueden emplearse como instrumento de presión geopolítica. El episodio evidenció que Ceuta puede convertirse rápidamente en el escenario principal de una crisis internacional sin necesidad de un solo disparo.

La actual escalada, con cerca de 49.000 entradas irregulares registradas según las cifras disponibles hasta la fecha, constituye uno de los episodios de mayor presión sobre la ciudad desde aquellos acontecimientos. Por su impacto político, social y diplomático, se ha convertido además en uno de los momentos más delicados de la relación entre España y Marruecos de las últimas décadas.

En el plano diplomático, Marruecos ha recurrido de forma recurrente a medidas destinadas a cuestionar la normalidad institucional española en ambas ciudades. La llamada a consultas de su embajador tras la visita de los Reyes en 2007, la inclusión de Ceuta y Melilla como territorio marroquí en determinados pasaportes emitidos en 2010 o la prohibición en 2019 de que diplomáticos marroquíes accedieran a las dos ciudades constituyen ejemplos de una estrategia destinada a reforzar la narrativa marroquí y transmitir la idea de que la soberanía española sigue siendo objeto de disputa.

La dimensión económica también ha desempeñado un papel relevante. El cierre unilateral de la frontera comercial de Melilla en 2018, las restricciones comerciales impuestas posteriormente a Ceuta y las limitaciones al intercambio transfronterizo no solo tuvieron consecuencias económicas inmediatas, sino que reflejaron una voluntad política de incrementar la dependencia y vulnerabilidad de ambas plazas.

Estas medidas encajan dentro de las herramientas de coerción económica propias de los escenarios de zona gris, donde la presión se ejerce mediante mecanismos aparentemente administrativos o comerciales, pero con una clara finalidad estratégica.

Los precedentes históricos muestran que esta forma de actuación no es nueva. Tanto la Marcha Verde de 1975 como la ocupación del islote de Perejil en 2002 pueden interpretarse como episodios donde Marruecos trató de modificar el equilibrio existente mediante acciones cuidadosamente calibradas para evitar una guerra abierta.


Militares españoles colocan la bandera del país en la isla de Perejil tras la crisis.

Ambos casos ilustran una combinación de presión política, simbolismo nacional y creación de hechos consumados que guarda importantes similitudes con las estrategias de zona gris contemporáneas.

¿Es Ceuta defendible?

Desde el punto de vista militar, Ceuta presenta características que favorecen su defensa. La ciudad se encuentra a escasos kilómetros de la península y puede recibir apoyo naval y aéreo con gran rapidez. Su terreno accidentado y sus accesos relativamente limitados ofrecen ventajas defensivas que dificultarían cualquier intento de ocupación rápida.

La presencia de unidades de la Legión y de otras fuerzas desplegadas en la plaza proporciona además una capacidad de respuesta inmediata ante incidentes de seguridad. A ello se suma la superioridad naval española en el entorno del estrecho de Gibraltar y la capacidad del Ejército del Aire para proyectar fuerza desde bases peninsulares en muy poco tiempo.

En caso de una crisis convencional, España mantendría una importante ventaja en ámbitos como el control marítimo, la guerra antisubmarina, la guerra electrónica y la superioridad aérea cualitativa.

Sin embargo, su principal debilidad deriva de su condición de enclave fronterizo rodeado completamente por territorio marroquí. Cualquier deterioro de las relaciones bilaterales tiene un impacto inmediato sobre la vida económica y social de la ciudad.


Posición estratégica de Ceuta.

La dependencia de las conexiones marítimas y aéreas con la península convierte también a Ceuta en especialmente sensible a escenarios de bloqueo, interrupción logística o crisis prolongadas. Aunque España dispone de medios suficientes para mantener las comunicaciones, una situación de tensión sostenida podría generar importantes costes políticos y económicos.

A ello se suma una vulnerabilidad menos visible: la tan empleada narrativa del Gran Marruecos. Rabat lleva décadas impulsando un discurso internacional que presenta a Ceuta como un vestigio colonial.


Marcha verde para materializar la ocupación del Sáhara por parte de Marruecos.

Aunque esta interpretación carece de respaldo jurídico en Naciones Unidas y no encuentra reconocimiento en el derecho internacional, su repetición constante busca erosionar la legitimidad de la soberanía española.

Esta batalla del relato constituye uno de los principales frentes estratégicos del futuro. La presión no pretende necesariamente modificar la realidad sobre el terreno de forma inmediata, sino crear un clima político favorable a las aspiraciones marroquíes a largo plazo.


Vista aérea del Estrecho de Gibraltar, que muestra la separación geográfica y tectónica entre Europa y África.

Una cuestión de credibilidad nacional

Uno de los principales problemas para España es que Ceuta no figura de manera explícita dentro de las garantías territoriales contempladas tradicionalmente por la OTAN. Aunque una agresión tendría importantes implicaciones para toda la Alianza Atlántica, la ausencia de una cobertura específica genera cierta incertidumbre estratégica.

Por ello, la capacidad de disuasión nacional adquiere una importancia fundamental. Mantener fuerzas permanentes preparadas, reforzar la vigilancia marítima y aérea, mejorar la resiliencia económica de la ciudad y responder eficazmente a las amenazas híbridas son elementos esenciales para evitar cualquier cálculo erróneo por parte de un posible adversario.

Además, la defensa de Ceuta trasciende el ámbito militar. Su protección está ligada a la credibilidad del Estado español, a la integridad de sus fronteras y a la estabilidad del Mediterráneo occidental.

Más que una plaza periférica, Ceuta representa una posición estratégica de primer orden en el flanco sur europeo. Su fortaleza dependerá tanto de las capacidades militares desplegadas como de la voluntad política de mantener una presencia firme, coherente y sostenida frente a las presiones externas.

En un contexto internacional cada vez más competitivo y marcado por las amenazas híbridas, la ciudad autónoma sigue siendo una de las piezas fundamentales de la seguridad española. Y precisamente por ello continuará siendo uno de los espacios geopolíticos más sensibles del Mediterráneo.

El principal desafío para España en Ceuta y Melilla no es militar. La amenaza más probable procede de una acumulación de presiones diplomáticas, económicas, migratorias e informativas destinadas a desgastar progresivamente la posición española. 

La defensa de las ciudades autónomas exige, por tanto, una respuesta integral que combine capacidades de disuasión, inteligencia, resiliencia institucional y gestión estratégica de la información.

En un escenario donde la confrontación rara vez adopta la forma de una guerra convencional, la capacidad para identificar y contrarrestar las acciones desarrolladas en la zona gris se ha convertido en un elemento fundamental para garantizar la estabilidad y la soberanía española en el norte de África.



Fuente: Descifrando la Guerra

jueves, 30 de julio de 2026

Las tres oportunidades perdidas del Norte Global

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


De Rossevelt a Gorbachov, pasando por Kennedy y Jrushov


     Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial el norte global tuvo tres oportunidades para atajar la proliferación de los medios de destrucción masivos y salir de la prehistoria. Se trata de algo completamente actual y candente. Un acuerdo en aquella materia habría sentado un precedente fundamental para lo que ahora necesitamos: la ineludible concertación internacional, particularmente entre Estados Unidos y China, para atajar la crisis global del capitalismo antropocéntrico, que nos lleva a la catástrofe. Así que queda claro que lo que sigue es mucho más que un mero recordatorio histórico.


Calentamiento de las aguas marinas.

La primera ocasión perdida fue en el origen mismo de la bomba, cuando los científicos implicados en la primera prueba atómica de julio de 1945 iniciaron un debate sobre las consecuencias: si aquello contribuiría a acabar con la guerra o si por el contrario iniciaría una carrera armamentística con el riesgo de destruir la civilización. Truman llegó al poder en medio de ese debate. Era un hombre no preparado intelectual y emocionalmente para la comprensión del asunto. (Stalin lo definió como “un tendero”). Su secretario de Estado, James Byrnes, le llevó de la mano hacia Hiroshima.

El secretario de guerra de Franklin D. Roosevelt, Henry Stimson, era hombre de otra factura, como el recién fallecido Roosevelt. Stimson y Byrnes se disputaron el criterio de Truman en una sesión con Truman realizada el 12 de septiembre en la Casa Blanca (la bomba se había lanzado sobre Hiroshima el 6 de agosto). Stimson mantenía la línea de Roosevelt de prolongar la cooperación de guerra con la URSS después de la guerra, lo que pasaba por iniciar una cooperación con Moscú en esa materia. La bomba nuclear, decía, “no es solo un arma letal, sino el primer paso en un nuevo control humano sobre fuerzas de la naturaleza demasiado revolucionarias y peligrosas como para tratarlas con los viejos conceptos”. Stimson subrayaba el horizonte de “un acuerdo internacional sobre el control de esas fuerzas” y apelaba a una “responsabilidad moral”. Nueve días después dejó el cargo.

Los partidarios de la contención y de usar la ventaja que otorgaba la bomba a Estados Unidos en su relación con la URSS (Byrnes, Paul Nitze, George Kennan…) ganaron la partida. Cuatro años después, en agosto de 1949 la URSS detonaba su propia bomba atómica. Siguió la primera bomba de hidrógeno americana, en 1952 para compensar el acceso soviético. Siguió la primera bomba de hidrógeno soviética, en octubre de 1961 y siguieron los misiles, los misiles de varias cabezas, los submarinos y bombarderos “estratégicos” portadores de armas nucleares, etc., etc. Siempre con Estados Unidos liderando todos esos “avances” y los soviéticos respondiendo.

La segunda gran oportunidad llegó ocho años después de la muerte de Stalin. John F. Kennedy había llegado a la Casa Blanca en enero de 1961 en un entorno excepcional de la guerra fría. Tras haber acometido la desestalinización, Nikita Jrushov instauró la llamada “coexistencia pacífica”, oficialmente aprobada en octubre de 1961 en el marco del XXII Congreso del PCUS. El documento declaró la “renuncia a la guerra como medio de resolver los litigios internacionales y su solución por vía pacífica”. Su contexto era el optimismo jrushoviano del “alcanzar y superar” a Occidente en los aspectos más importantes de la economía, afirmando una vida menos dura y más libre que dejara atrás los sacrificios y el antihumanismo del estalinismo, garantizara viviendas gratuitas para todos, lograra una jornada laboral de seis horas y que hasta ponía fecha al comunismo: en la década de 1980. Es verdad que Kennedy fue el primero en enviar a la aviación a bombardear civiles en Vietnam del Sur, autorizó el uso de napalm, inició la destrucción de cosechas y comenzó la deportación de millones de personas en campos de concentración en el país asiático. Pero al igual que Jrushov, que había estado necesariamente implicado en los crímenes estalinistas, Kennedy era un dirigente excepcional para su país.

En medio de un contexto de graves crisis sucesivas en Berlín y Cuba, Kennedy estrenó un discurso de paz sin precedentes, que tuvo una inmediata cálida acogida en Moscú; “La humanidad debe poner fin a la guerra, o la guerra pondrá fin a la humanidad”, el arma nuclear “hace que la guerra ya no sea una alternativa racional”, “las armas de la guerra deben ser abolidas antes de que ellas nos abolan a nosotros”, había dicho en septiembre de 1961. Kennedy criticaba a la URSS como cualquier otro presidente americano pero al mismo tiempo era capaz de algo insólito en la Casa Blanca: ponerse en el lugar del adversario. “Ninguna nación ha sufrido tanto como la URSS en la Segunda Guerra Mundial”, dijo. El nuevo presidente sugería defectos propios, “debemos revisar nuestras actitudes”, y anunciaba nuevos propósitos: “estamos dedicando enormes cantidades de dinero a armas que estaría mejor dedicar a combatir la ignorancia la pobreza y la enfermedad”. “Estamos apresados en un circulo vicioso y peligroso en el que la sospecha de uno alimenta la sospecha del otro y nuevas armas dan paso a otras armas“, advertía, llegando a proclamar la necesidad de “un desarme general y completo” en junio de 1963. Kennedy hizo suya la frase de Jrushov de que tras una guerra nuclear, “los supervivientes envidiarían a los muertos”.

Con ese programa de intenciones, Kennedy chocaba frecuentemente con sus generales y altos funcionarios del espionaje que le engañaron asegurándole una revuelta contra la revolución si invadía Cuba. Kennedy cesó a altos funcionarios del ámbito de la seguridad de extrema derecha, como el director de la CIA Allen Dulles, amigo y encubridor de muchos nazis en la posguerra, su segundo Richard Bisell, y mantuvo una tensa relación con el todopoderoso jefe del FBI, Edgar Hoover. Fue el cuarto presidente de Estados Unidos asesinado desde 1865 con Abraham Lincoln abriendo la serie, seguido de James Garfield, en1881, y William McKinley en 1901. Poco después del asesinato de Kennedy comenzó en Moscú la conspiración contra Nikita Jrushov que fue depuesto en octubre de 1964, once meses después del magnicidio de Dallas.

La tercera gran oportunidad perdida fue Gorbachov y su perestroika. La historia conoce pocos casos (si alguno) de cambio tan radical de la política de una superpotencia. Al cancelarse declarativamente las peligrosas tensiones entre potencias, se abrieron posibilidades para un cambio de mentalidad en las elites políticas y económicas que fuera capaz de afrontar los retos del capitalismo antropocénico y los grandes dilemas de las relaciones Norte/Sur. Superar la guerra y la amenaza de destrucción masiva como método y último argumento de las relaciones internacionales, buscar nuevos criterios de seguridad colectiva, abandonar la militarización del espacio, paliar la desigualdad entre grupos sociales y regiones del mundo para hacerlo menos injusto, atajar la superpoblación, y, desde luego, encarar la crisis climática. No fue solo discurso, sino hechos; acuerdos internacionales, democratización interna y retirada unilateral de una enorme zona geográfica imperial sin mediar derrota bélica… La reforma propuesta por Gorbachov fue una prueba universal de madurez. Esa prueba, el norte global la suspendió estrepitosamente. La degenerada elite administrativa soviética se rebeló contra ella pero el campeón de esa derrota fue la clase capitalista occidental, que decidió que todo aquello demostraba su victoria en la guerra fría por lo que podía y debía seguir con más de lo mismo. “Nos movemos por antiguos caminos trillados, utilizando viejos procedimientos para resolver problemas de un mundo nuevo, el mundo del Siglo XXI”, diría Gorbachov muchos años después.


Mijaíl Gorbachov durante una visita a Washington en 1992.

En el mundo el nombre de Mijaíl Gorbachov quedará para la historia. En algunos sectores de la izquierda, y particularmente de la izquierda española, se desprecia erróneamente al personaje como el hombre que introdujo el capitalismo en la Unión Soviética y la condujo a su disolución. Este juicio es pura y simplemente fruto de la ignorancia. Ignorancia del papel desempeñado por Gorbachov y su acreditado intento de mantener hasta el final el socialismo y la Unión Soviética. Ignorancia también sobre las realidades de la URSS de los años ochenta.

Gorbachov era uno de los raros socialistas democráticos de la dirección soviética. Algunos podrán pensar que fue un socialdemócrata y no creo que esa etiqueta le molestara al personaje. Socialdemócrata, sí, pero en las condiciones socioeconómicas de la Unión Soviética. Ser “socialdemócrata” en un universo sin propiedad privada de los medios de producción, sin sector financiero y sin primacía del capital sobre lo político, impide drásticamente cualquier paralelismo de Gorbachov con los gestores “sociales” del capitalismo en Europa Occidental como Felipe González, François Mitterrand o Helmuth Schmidt. El problema del llamado “socialismo real”, síntesis de socialismo y dictadura, era, precisamente, la contradicción de ese segundo aspecto con el primero. De la misma forma en que el problema del sistema de Europa Occidental, mezcla de democracia y capitalismo, no es la democracia de diversa intensidad en los diferentes países, sino el capitalismo que la anula y caricaturiza. Gorbachov quería democratizar el socialismo. Su empeño es, por tanto, tan encomiable como el de tantos personajes que a lo largo de la historia intentaron acercarse al socialismo en el mundo desde el capitalismo. Que fracasara en su intento no impide en absoluto situarlo entre los grandes hombres políticos del Siglo XX.

Su gran discurso no fue una prédica dominical, ni la pretensión de un iluminado. No fue creado por la clarividencia de un filósofo sino que fue lanzado desde uno de los principales centros de poder mundial. El nombre de Gorbachov recuerda que hubo un momento, no hace mucho, en el que se propuso avanzar hacia una “nueva civilización” para salir del atolladero. El fracaso de aquella tercera gran oportunidad perdida para un devenir humano menos peligroso, menos injusto y más razonable, nos mantiene como especie en un callejón sin salida. La humanidad necesita un cambio de rumbo. Que vuelva a proclamarse la “renuncia a la guerra como medio de resolver los litigios internacionales y su solución por vía pacífica”, la “abolición del arma nuclear” y la necesidad de “un desarme general y completo”.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu


No pasa nada

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.

     Ahora que por fin tengo un poco menos de carga de trabajo, he estado echándole un vistazo a las estadísticas del la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES). CORES es una institución española encargada de controlar el estado de petróleo, productos petrolíferos y gas natural en España, con capacidad ejecutiva (es el organismo encargado de gestionar las reservas estratégicas del estado, pero también monitoriza el estado de las reservas comerciales, las que controlan las compañías privadas).

Si acceden a la sección de estadísticas, podrán encontrar datos mensuales de importación, exportación, existencias y consumo. La interpretación de los datos no es tan sencilla como podría parecer, porque las fluctuaciones en las cantidades de un mes a otro son muy importantes por cuestiones logísticas diversas (por ejemplo, un petrolero que se retrasa reduce sensiblemente el balance de un mes e incrementa el del mes siguiente). Por eso la valoración de los datos debe hacerse con cierta precaución y aceptando que el margen de incertidumbre (más que de error) es relativamente elevado, debido a esa gran variabilidad intrínseca. Para hacer comparaciones en importaciones y exportaciones, tomaré como referencia la media de 2025.


Series estadísticas actualizadas.

De todas maneras, y con todas esas salvedades, hay una cosa que es bastante clara: hasta el 31 de mayo (que es donde llega la serie que he analizado, aunque en breve estará hasta el 30 de junio), las reservas de España se mantienen en valores máximos, equivalentes a unos 102 días de consumo nacional aproximadamente - de hecho, se han incrementado las reservas con respecto a los 95 días que había a principios de año. Eso se ha conseguido sin que se observe una disminución en el consumo interior. ¿Cómo se ha obrado este prodigio, en una situación de escasez originada por el cierre del estrecho de Ormuz? Analicémoslo.

Fijémonos primero en las importaciones de petróleo crudo. El promedio de los cinco primeros meses del año registra una ligera caída (1,4%) con respecto al mismo período de 2025. Eso representa una bajada de unas 70.000 toneladas mensuales; dividiendo por 140, eso equivale a 500.000 barriles mensuales o 16.000 barriles diarios. Por comparación, el consumo medio de productos petrolíferos en España es de 1,25 millones de barriles diarios o 37,5 millones de barriles mensuales, así que la caída de las importaciones de crudo vendrían a ser como un 1,3% del consumo español. Mirando el detalle, se ve que las importaciones cayeron drásticamente en febrero y marzo, alrededor de un 10% respecto a los valores de 2025, pero en abril subieron hasta un 10% por encima de la media, y en mayo se quedaron un 2% por encima de la media. Si nos fijamos en las variaciones según los países de los que importamos, han caído fuertemente las importaciones de Oriente Medio (lógicamente) y de los EE.UU., y han aumentado principalmente las de los países africanos y especialmente de Libia y Argelia. 

Pero también son importantes las importaciones de productos petrolíferos: España cubre algo más del 80% del consumo nacional de diésel y queroseno con la producción de sus refinerías, pero el resto se tiene que importar. Si analizamos la situación con la importación de productos petrolíferos, la caída es más considerable, de unas 200.000 toneladas mensuales (un 8% de las importaciones de productos), equivalente a 1,1 millones de barriles mensuales, que igualmente es poco comparado con el consumo nacional (un 3%). El problema, por supuesto, es que tiene una incidencia importante en esos dos combustibles, diésel y queroseno.

En resumen, las importaciones de petróleo crudo y productos petrolíferos han caído en los 5 primeros meses el equivalente al 4,3% del consumo nacional. Entonces, ¿cómo se lo ha hecho España para no solo no reducir sus reservas, sino incluso aumentarlas?

Fácil: reduciendo las exportaciones de productos petrolíferos. Drásticamente: alrededor de 360.000 toneladas mensuales (un 20% de las exportaciones). Caen algo las exportaciones de gasóleos (unas 83.000 toneladas menos, un 14%), suben en realidad las de querosenos (unas 11.000 toneladas, un 23% más), y lo que más cae son las exportaciones de gasolinas (131.000 toneladas, un 29%) y "otros productos" (principalmente, lubricantes, asfaltos y coque; caen 114.000 toneladas, un 24% menos).

De ese modo, España está manteniendo altas sus reservas y evita tener que implementar las medidas de racionamiento que prevé la ley. Sin embargo, los datos que he mostrado arriba permiten intuir algo preocupante. Y es que se estaría almacenando más gasolina y la categoría de "otros productos", y que en realidad estarían cayendo otras categorías en lo almacenado. Por desgracia, CORES no da la clasificación de las existencias por tipo de producto petrolífero. Y tampoco da los datos de producción de las refinerías mes a mes sino por año completo (el último, por tanto, es de 2025), y sin esos datos es complicado saber qué es lo que se está almacenando. Y aunque podría usar datos promedio de las refinerías del año 2025, no está claro que sean comparables con lo que está pasando ahora mismo, ya que si cambias el tipo de petróleo que procesas (obligado, por los cambios de orígenes de la importación), cambia la cantidad de producto (y eso sin contar con la necesidad de contar con otras materias primas, como el molibdeno). 

Pero lo que sí que puedo hacer es comparar los cambios en importaciones y exportaciones de productos petrolíferos (siempre en referencia al promedio de 2025):


Comparacíon de los cambios en importaciones y exportaciones de productos petrolíferos (siempre en referencia al promedio de 2025).

La tabla de arriba nos da una idea de qué es lo que está yendo hacia el almacenamiento. Para hacer las cosas correctamente, tendríamos que poner la salida de las refinerías y por último descontar el consumo nacional. Pero en cuanto al segundo, no ha variado sustancialmente, y en cuanto al primero, sabemos que las importaciones han caído ligeramente, así que probablemente ninguno de los dos tiene un impacto muy grande sobre el balance de la tabla de arriba. 

¿Y qué dice la tabla de arriba? Que, hasta mayo de 2026, en el almacenamiento hemos aumentado ligeramente la cantidad de gasolina, significativamente la de gasóleos y en gran medida la de "otros productos". Y que ha bajado la de GLP y la de fuelóleos - el queroseno prácticamente no varía, sube muy poco.

La buena noticia es que estamos almacenando más gasóleo (categoría que incluye el diésel), que es un combustible fundamental. La mala, que bajamos fuelóleos, que es un combustible importante en los usos industriales (barcos, generación de electricidad, etc). Y la preocupante, que estamos llenando nuestros almacenes de "otros productos", que tampoco está tan claro que necesitemos tanto, pero que sirven para que las reservas se mantengan elevadas -al menos, desde el punto de vista estadístico- y se evite la activación de los mecanismos de racionamiento previstos por la ley. Un pequeño truco contable para redondear la estadística.

Con todo, España está capeando bien esta crisis, y eso es algo que se tiene que reconocer. La presencia de 8 refinerías en su territorio le da un margen de maniobra que otros no tienen. También es cierto que, con el recrudecimiento de las hostilidades entre EE.UU. e Irán, veremos cuánto de esto se puede mantener en los próximos meses. Pero objetivamente en España se han tomado medidas efectivas para mantenerse el mayor tiempo posible.

Veamos cómo está la situación en el resto del mundo.

En un reciente artículo de The Honest Sorcerer, éste mostraba cómo está evolucionando el ritmo de extracción de petróleo desde la reserva estratégica de los EE.UU.


Tasa de extracción promedio diaria de EE. UU.

Esta clara caída en la extracción de petróleo obedece a que los niveles de los almacenes subterráneos de los EE.UU. son críticamente bajos, probablemente más bajos de los niveles para los que fueron diseñados como seguros. Comenta también que en un reciente informe del gobierno estadounidense se describen fallos de maquinaria y vertidos, y que hay el riesgo de que si se reduce demasiado el nivel de la reserva, los reservorios donde están contenidos pueden empezar a infiltrarse de agua y a derrumbarse. Teniendo en cuenta la evolución de la extracción, parece poco probable que EE.UU. vaya a poder seguir exportando petróleo de la reserva como hasta ahora. Pensemos que desde el comienzo de la guerra y hasta abril, EE.UU. incrementó en 2 millones de barriles diarios (Mb/d) sus exportaciones de petróleo.


Fuel.

Por su parte, China redujo sus importaciones de unos 10 Mb/d a unos 5,0 Mb/d, liberando así nada menos que 5 Mb/d para aliviar las carencias del mercado.

Sin embargo, parece que este mes China ha incrementado sus importaciones desde los 4,9 Mb/d de principios de julio a los 7,8 Mb/d. Si este movimiento se confirma, el colchón que ofrecía China se habría reducido de 5 a 2,2 Mb/d.

Pero, ¿cuánto petróleo está faltando desde el principio de la guerra? Según reconocen tanto la Agencia Internacional de la Energía como el Departamento de Energía de los EE.UU., al menos 13 Mb/d.

EE.UU. aportó 2 Mb/d y China redujo sus importaciones 5 Mb/d, pero aún así han estado faltando 6 Mb/d, lo que viene a ser el 6% de la producción mundial o el 12% del petróleo disponible comercialmente. En ese contexto, España lo ha hecho muy bien, pues solo le ha faltado el 4,3%, pero eso está claro que se logra a costa de que otros tengan déficits peores que el 12%.,

¿Quiénes?

Obviamente, los países del Sur global: países de África, América Latina y el sudeste asiático. También se ha visto severamente afectados Australia, Japón o la India. Esto ha llevado a países como China, India, Japón o Corea del Sur a incrementar su consumo de carbón para compensar parte de su faltante energético. Y progresivamente el problema ha ido afectando a los países del norte. En EE.UU. el precio del galón de gasolina ha vuelto a los 4 dólares, un precio alto para ese país. En Francia, más de 2000 estaciones de servicio tienen restricciones de combustible (el enlace se actualiza, y en el momento que Vd. lo consulte puede reflejar un número diferente). También hay problemas de aprovisionamiento en Luxemburgo, y tensiones en Hungría y hasta en Alemania para ciertos combustibles.

Pero lo peor son los problemas estructurales en el precio de los carburantes. Aunque los EE.UU. están haciendo todo lo que tiene en su mano para controlar el precio del barril de Brent y del WTI (al final, son mercados muy pequeños, ya que las cantidades realmente comerciadas de esas referencias son simbólicas), lo que no para de crecer son los márgenes de refino, es decir, la diferencia entre el valor de un barril de petróleo crudo y uno de un producto refinado. Por ejemplo, el diésel ya está casi en los 90$ por barril (piensen que no hace tanto el margen de refino era de unos pocos dólares).

La razón de este incremento de los márgenes es la falta de petróleos adecuados para las refinerías, y es que los crudos del Golfo Pérsico son estratégicos para la producción de destilados medios como son el gasóleo o el queroseno. Es por eso que en toda Europa estamos viendo que el precio de los carburantes se está acercando ya a los 2$ por litro.

Estamos en tiempo de descuento. Cuanto más se alargue esta situación, más problemas se acumularán, más crecerá la crisis económica y más costará recuperarse. Además, la prolongación de las hostilidades entre Irán y EE.UU. está llevando a más destrucción de infraestructuras en el Golfo Pérsico, lo cual, ya lo comentamos, implicará una pérdida permanente de la producción de petróleo y una aceleración del declive final, y eso sin contar con el resto de materias primas afectadas. Confirmando lo que decíamos en el post anterior, la paz entre Irán y EE.UU. era muy precaria y en cualquier momento iba a saltar por los aires. Ahora, tras unos días de hostilidades, se vuelve a escenificar una vuelta a la mesa de negociaciones; y, poco tiempo después, los ataques volverán a comenzar. No hay posibilidad de entendimiento, en realidad. Irán y EE.UU. no se pueden poner de acuerdo porque sus intereses son opuestos: Irán quiere controlar el estrecho de Ormuz para garantizar unos ingresos constantes que le permitan financiar su esfuerzo bélico para resistirse a los norteamericanos, y éstos no pueden consentir que se establezca ese peaje. Esto solo puede acabar si uno de los dos se rinde. 

Pero España está bien aprovisionada y va a aguantar, al menos a nivel de suministro (otra cosa será el precio de los combustibles). No va a ver restricciones generales a corto plazo, aunque sí que puede haber problemas, de algún tipo, con el queroseno y el diésel. Así que, querido lector, váyase tranquilo de vacaciones si no lo ha hecho ya, que no pasa nada. O sí.



Fuente: The Oil Crash

martes, 28 de julio de 2026

2025, el año con más guerras de la última década

 

 Por Josep Maria Royo   
      Escola de Cultura de Pau de la UAB.


La Escola de Cultura de Pau de la UAB ha publicado en las últimas semanas su informe anual sobre conflictividad, derechos humanos y construcción de paz, en el que identifica 40 guerras activas en el mundo, la cifra más alta de la última década, y alerta de un aumento de los conflictos internacionales y de sus consecuencias humanitarias


La periferia sur de Beirut es bombardeada cada día por el ejército israelí.

      El mundo vive un nuevo repunte de la violencia armada global. En el año 2025 se registraron 40 conflictos armados activos (37 en 2024), la cifra más elevada desde 2011 y una de las más altas desde que la Escola de Cultura de Pau (ECP) de la Universitat Autònoma de Barcelona elabora sus informes anuales sobre conflictividad internacional. La dinámica de incremento en el número de conflictos armados en los últimos años ha ido en paralelo a un significativo aumento en la cifra de tensiones sociopolíticas a nivel mundial en los últimos años, un total de 113 en 2025.

Estas son algunas de las principales conclusiones del informe Alerta 2026! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz, que analiza la evolución de los conflictos armados, las tensiones sociopolíticas y el impacto de las guerras sobre la población civil y los derechos humanos. Según el estudio, durante 2025 hubo 40 conflictos armados y 113 escenarios de tensión sociopolítica en todo el mundo. África continúa concentrando el mayor número de guerras (17), seguida de Asia y el Pacífico (12) y Oriente Medio (7), mientras que Europa y América registran dos conflictos armados cada una.


Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz.

Los conflictos armados de alta intensidad –caracterizados por elevados niveles de letalidad (más de mil víctimas mortales anuales) y severos impactos en términos de desplazamiento de población, destrucción de infraestructuras y consecuencias en el territorio– representaron un 50% de los casos en 2025. El continente afectado por mayor número de conflictos de alta intensidad fue África (11 guerras de alta intensidad y un 55% del total de casos más graves en el mundo), seguido de Oriente Medio (4 casos y un 20% del total de casos más graves en el mundo).


Mapa sobre los conflictos de 2025.

Sin embargo, entre esta veintena de casos de alta intensidad hay algunos que superan ampliamente la cifra de mil víctimas mortales. En la República Democrática del Congo (RDC), sobre todo en el este, se registraron más de 6.800 víctimas en 2025, en su mayoría civiles, según datos de Armed Conflict Location & Event Data (ACLED). La situación en el este de la RDC durante el año estuvo marcada por el empeoramiento de la ofensiva del grupo armado M23 y de Ruanda en territorio congolés iniciada a finales de 2021, la creciente implicación de Burundi en apoyo de la RDC, y el fracaso de las iniciativas diplomáticas de EEUU y Qatar.

En Haití, según datos de Naciones Unidas, entre enero y noviembre de 2025 se registraron más de 8.100 asesinatos, una cifra que la propia ONU estima que podría ser sensiblemente mayor por las dificultades de acceso a las zonas controladas por las bandas.

El conjunto de la violencia en Somalia causó más de 9.900 víctimas mortales, rozando el umbral de las 10.000, según cifras de ACLED. En relación al conflicto Región Sahel Occidental, la violencia política provocó más de 10.000 muertes en Burkina Faso, Malí y Níger. Un año más, Burkina Faso se consolidó como el país más afectado por la violencia yihadista en la región, representando el 55% de todas las muertes vinculadas al conflicto en el Sahel. Por otra parte, la guerra civil en Sudán causó en 2025 la muerte de más de 17.800 personas, siendo el conflicto armado de mayor letalidad en el continente africano. El conflicto y violencia armada en Myanmar causaron más de 15.300 víctimas mortales en 2025.

La ofensiva israelí contra Gaza siguió en niveles muy elevados de mortalidad. Según el balance de OCHA basado en informaciones del Ministerio de Salud de Gaza, desde octubre de 2023 y hasta finales de 2025 más de 70.000 palestinos y palestinas habían muerto en Gaza, cifra conservadora, según diversos análisis.


Restos de una tienda de campaña en la costa de Gaza.

Finalmente, el conflicto armado más letal en 2025 fue el relativo a la invasión rusa y guerra entre Rusia y Ucrania, que causó más de 78.000 víctimas mortales en Ucrania, según ACLED.

Aumento de las guerras internacionales

El informe alerta especialmente del incremento de los conflictos internacionales. En 2025 se registraron nueve guerras entre diferentes Estados o claramente internacionalizadas, la cifra más alta desde que la ECP utiliza la metodología actual de clasificación. Entre los nuevos conflictos armados identificados están el enfrentamiento entre India y Pakistán, la grave escalada bélica entre Tailandia y Camboya y la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán, conocida en 2025 como “la guerra de los 12 días” y que se reabrió en 2026. La ECP advierte que esta evolución refleja un deterioro de la seguridad global y es un espejo de un sistema internacional en el que muchos actores no priorizan la prevención, el abordaje de causas de fondo de las disputas y el apoyo al diálogo.

Finalmente, cabe destacar que este panorama de intensificación de la conflictividad armada y sus graves impactos en civiles se dio en un contexto de incremento de las tensiones geopolíticas a nivel mundial, en un escenario de cambio en el orden global y de creciente militarismo y militarización. En línea con las tendencias observadas en años precedentes, el diagnóstico anual del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés) confirmó un incremento sin precedentes del gasto militar a nivel mundial. Según los datos publicados en 2025, este gasto alcanzó los 2.718 millones de dólares en 2024, un aumento del 9,4% en términos comparativos con 2023, el incremento anual más pronunciado desde, al menos, el fin de la Guerra Fría.


Aumento sin precedentes del gasto militar mundial a medida que se dispara el gasto en Europa y Oriente Medio.

Impactos de los conflictos armados en la población civil

En 2025 la población civil continuó padeciendo gravísimas consecuencias derivadas de los conflictos armados, cuyos efectos se interrelacionaron en muchos casos con otras crisis como la emergencia climática, las desigualdades y situaciones de inseguridad alimentaria que agravaron las vulneraciones de derechos en estos contextos. En su informe anual sobre la protección de civiles en conflictos armados, publicado en junio de 2025 y que hace referencia a los hechos acontecidos en 2024, el secretario general de la ONU alertaba de tendencias alarmantes.

Antònio Guterres advirtió sobre el elevado número de víctimas mortales y heridas civiles, incluyendo a causa del uso de bombas de mayor tamaño con explosivos de alta potencia en zonas densamente pobladas, dinámica que se incrementó. También alertó sobre las municiones sin detonar y artefactos explosivos improvisados. Según datos de ese informe, Naciones Unidas registró más de 36.000 víctimas mortales civiles en 14 conflictos armados. Casos como Afganistán, Colombia, Etiopía, Líbano, Myanmar, Siria, la RDC, Somalia, Sudán, Sudán del Sur, Ucrania y Palestina fueron escenarios de elevadas muertes y heridos civiles, señalados por Naciones Unidas.


El 1 de febrero de 2021 el Ejército birmano dio un golpe de Estado – Desde entonces, la población vive asediada por los militares.

El organismo internacional documentó también denuncias de torturas, ejecuciones extrajudiciales, arrestos, detenciones arbitrarias, tomas de rehenes, desapariciones forzadas, violencia sexual y desplazamiento forzado, incluyendo Afganistán, Colombia, Malí, Niger, RCA, la RDC y Palestina. Sobresalieron también daños a bienes civiles e infraestructura crítica en numerosos conflictos, incluyendo por su grave magnitud el caso de Gaza.

Otra tendencia preocupante señalada por Naciones Unidas fue la inseguridad alimentaria en contextos de conflicto. Más de 280 millones de personas afrontaron en 2024 situación de altos niveles de inseguridad alimentaria (fase 3) en 59 países y territorios, gran parte de ellos afectados por conflicto armado. Naciones Unidas también destacó la continuación de la violencia sexual relacionada con los conflictos, con 4.500 casos verificados en 2024. El 93% de las víctimas eran mujeres o niñas. El secretario general también denunció la erosión del respeto al derecho internacional humanitario.

El análisis de los conflictos armados en 2025 constata la continuidad de las preocupantes tendencias señaladas en el informe del secretario general de la ONU. En 2025 sobresalieron casos como Gaza, la RDC (este), Sudán, Sudán del Sur, Somalia, Haití, Rusia-Ucrania o Myanmar, entre otros, por la gravedad de los impactos en civiles. Los niveles de violencia de Israel contra la población palestina continuaron siendo exorbitados y motivaron crecientes denuncias de genocidio. En la RDC (este), el M23 y Rwanda llevaron a cabo una campaña sistemática de represión en las zonas ocupadas, incluidas ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones forzosas y ataques nocturnos a hospitales. Además, el conflicto siguió generando graves problemas de protección de la población civil, como violencia de género, reclutamiento infantil, secuestros y desplazamientos generalizados. Alrededor de 27,7 millones de personas, más de una cuarta parte de la población, necesitaba asistencia humanitaria. 

En Sudán el impacto de la guerra sobre la población civil en 2025 fue devastador. Se estima que más de 21 millones de personas sufrían de inseguridad alimentaria aguda, existiendo focos de hambruna por todo el país, ya que ambos bandos en conflicto bloquean activamente la ayuda humanitaria. En Sudán del Sur, la guerra exacerbó la crisis humanitaria y casi la mitad de la población sufría hambre aguda. En Somalia, la ONU estimó que más de 4,4 millones de personas sufrirían inseguridad alimentaria aguda. En Haití, la crisis humanitaria y de seguridad se agudizó, con alrededor de 9.000 asesinatos y más de la mitad de la población en situación de inseguridad alimentaria. Además, UNICEF alertó de que aproximadamente la mitad de los miembros de las bandas armadas eran menores. Con relación a la guerra Rusia–Ucrania, se produjo durante el año un deterioro grave de las condiciones de vida en las regiones de los frentes de guerra, con daños extensos a viviendas y otras infraestructuras civiles y según OCHA 10,8 millones de personas en Ucrania requerirán asistencia humanitaria en 2026. En Siria fue especialmente grave durante el año la comisión de masacres, con datos de casi 2.700 víctimas mortales en 63 episodios de masacres, según el Syrian Observatory for Human Rights (SOHR).

En numerosos conflictos armados se constató el uso de violencia sexual en 2025, entre ellos Burundi, RCA, la RDC (este), Región Lago Chad (por parte de Boko Haram), Somalia, Sudán, Haití y Colombia. Entre otros casos, en Somalia, cabe destacar la persistencia de la violencia sexual en el conflicto, de carácter generalizado y principalmente cometida por al-Shabaab. Las autoridades recibieron casi 15.000 denuncias de violencia sexual y de género entre marzo y agosto de 2025. En Haití, Naciones Unidas advirtió sobre el aumento de las violaciones grupales y denunció que en 2025 se habían incrementado en un 40% los casos de violencia sexual, casi en su totalidad hacia mujeres y niñas, muy mayoritariamente por parte de las bandas armadas como estrategia de control, terror y venganza contra personas acusadas de colaborar con el Estado.

Afganistán, Siria, Sudán, Ucrania y Venezuela concentran el 65 % de la población refugiada mundial

Cabe destacar que los conflictos armados también continuaron teniendo entre sus impactos más notorios los desplazamientos forzados de población. Según el informe semestral de tendencias publicado por ACNUR en noviembre de 2025, y que contempla datos recopilados durante el primer semestre del año, la población global desplazada forzosamente –tanto refugiadas como desplazadas internas– era de 117,3 millones de personas. Supuso una disminución del 5% respecto a 2024, y en contraste con la tendencia de incremento incesante en los anteriores años. La reducción estuvo asociada, según ACNUR, al marcado aumento de retornos de personas refugiadas y desplazadas en algunas de las crisis más graves, como la RDC, Siria, Sudán y Afganistán.

A finales de año Sudán constituía la crisis de desplazamiento más grave del mundo, con 12,8 millones de personas desplazadas por la violencia, según datos de la ONU, incluyendo 4,3 millones que huyeron del país, principalmente a Egipto, Chad y Sudán del Sur.

Retrocesos en los derechos de las mujeres

Coincidiendo con el 25º aniversario de la resolución 1325 de la ONU sobre mujeres, paz y seguridad, el informe alerta de un retroceso global de los derechos de las mujeres. Según el estudio, el 70% de los conflictos armados de máxima intensidad tienen lugar en países con niveles bajos o medios-bajos de igualdad de género. 23 de los 40 conflictos armados que tuvieron lugar en 2025 transcurrieron en países donde había niveles bajos o medios-bajos de igualdad de género, y 16 de los 20 conflictos armados de alta intensidad de 2025 (80 %) tuvieron lugar en países donde la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex había documentado legislación o políticas criminalizadoras contra la población LGTBIQ+.

Además, la participación de mujeres en procesos de paz impulsados por las Naciones Unidas continúa disminuyendo. La ONU verificó más de 4.600 casos de violencia sexual relacionada con conflictos durante 2024, un 25 % más que el año anterior. El 93 % de las víctimas fueron mujeres y niñas.


Fuente: El Salto