sábado, 7 de noviembre de 2026

Las mujeres beduinas palestinas en Israel están liderando una revolución silenciosa

 

 Por Samah Salaime   
      Activista y escritora feminista palestina.


La enérgica reacción ante los comentarios racistas de una periodista israelí refleja la creciente fuerza de un movimiento feminista que lucha en dos frentes.


Mujeres beduinas protestan contra el creciente número de demoliciones de viviendas en aldeas no reconocidas del Néguev, frente a las oficinas de la «Autoridad Beduina» del gobierno israelí en la ciudad sureña de Be’er Sheva, el 25 de junio de 2026.

     Ciertos sectores del discurso público israelí parecen obsesionados con la opresión de las mujeres árabes. Las imágenes de mujeres con hiyab o niqab son un recurso especialmente útil para perpetuar una narrativa recurrente: la sociedad árabe es atrasada, violenta y opresiva, mientras que la sociedad judío-israelí es progresista, ilustrada y comprometida con los derechos de las mujeres.

Pero ¿qué sucede cuando esas mismas mujeres árabes se educan, se organizan, lideran y votan? ¿Qué ocurre cuando demuestran que no necesitan ser rescatadas, sino que exigen igualdad civil y política? ¿Qué sucede cuando insisten en hablar por sí mismas y ejercer el poder político?

La semana pasada obtuvimos una respuesta. Poco después de que se contabilizaran los votos finales en las elecciones a la Knesset, que revelaron un logro histórico para los partidos árabes tras una participación electoral sin precedentes , la veterana periodista israelí Ayala Hasson apareció en la emisora ​​de radio de derecha Galei Yisrael.

“¿Qué es el bloque de cambio [anti-Netanyahu]?”, preguntó retóricamente al entrevistador Eli Tzipori. “[Son] mujeres beduinas del Néguev, que usan velo, cuyos maridos tienen varias esposas como ellas, y que en su mayoría son mujeres maltratadas, y cuando crecen y se convierten en 'ancianas' a los 26 años, el marido trae a otra esposa. Y estas mujeres suelen ser palestinas de Hebrón o Gaza, hermanas de [el difunto líder político de Hamás] Ismail Haniyeh.

“¿Este es su bloque del cambio? ¿La Hermandad Musulmana es el bloque del cambio? ¿Acaso no les importa la historia del Estado de Israel y del pueblo de Israel? ¿Acaso no les importa nuestro futuro?”


Reportera de Kan Ayala Hasson, 24 de junio de 2026.

Se trataba de mujeres procedentes de algunas de las comunidades más marginadas del país, incluidas aldeas cuya existencia el Estado se niega a reconocer . Mujeres que llevaban años luchando por el acceso a la vivienda, el agua, la electricidad, la educación y la seguridad personal acudieron a las urnas para reclamar voz y voto en su futuro. 

Su participación política debería haber sido motivo de celebración. En cambio, en pocas frases, Hasson redujo el ejercicio de un derecho democrático fundamental a una serie de estereotipos racistas y sexistas.

Sin embargo, sus declaraciones ponen al descubierto la ignorancia y el racismo de más de una periodista. Revelan una hipocresía fundamental en la forma en que se retrata a las mujeres palestinas en el discurso público israelí: mientras una mujer árabe sea considerada una víctima pasiva de su supuesta sociedad atrasada, se la puede compadecer y presentar como alguien que necesita ser rescatada. Pero en el momento en que sale de su hogar, se organiza, vota y reivindica su derecho a influir en la sociedad en la que vive, se convierte en una amenaza.

No es una lucha fácil

Un día después de las declaraciones de Hasson, The Guardian publicó un artículo que documentaba cómo las mujeres beduinas se habían organizado de cara a las elecciones. Activistas de la red Al-Nashmiyat, lideradas por la abogada Hanan Al-Sanaa, recorrieron comunidad tras comunidad, informando a las mujeres sobre su derecho al voto y ayudándolas a superar las barreras sociales, económicas y prácticas que las habían mantenido alejadas de las urnas durante años.

Según el informe, la participación electoral se triplicó en varias comunidades beduinas. Entre las mujeres de aldeas no reconocidas, la participación aumentó de alrededor del 20 % en 2022 al 60 % en estas elecciones, según estimaciones de activistas locales. (Las estadísticas oficiales de votación no se desglosan por género).

Sin embargo, la importancia de esta historia va mucho más allá de las urnas. En los últimos años, se ha producido una transformación más amplia en la sociedad palestina en Israel. Las mujeres están construyendo poder político, organizándose colectivamente, exigiendo representación y reivindicando su derecho a influir en las decisiones que afectan sus vidas. Ya no se conforman con ser meras espectadoras ni con que sus luchas políticas se limiten a combatir la violencia doméstica y garantizar el acceso a la educación y el empleo.

Tampoco están dispuestas a servir simplemente como base electoral para los partidos árabes. Aspiran a un papel central en la toma de decisiones, luchando por obtener puestos relevantes en las listas electorales para la Knesset y los consejos locales, en lugar de ocupar cargos simbólicos que solo dan una apariencia de inclusión a listas dominadas por hombres. Además, exigen que los líderes políticos árabes rindan cuentas por seguir excluyendo a las mujeres de los puestos de poder.


Una mujer palestina vota en un colegio electoral en la ciudad de Umm Al-Fahm, al norte de Israel, el 27 de octubre de 2026.

Esto también implica desafiar a algunos de los hombres más poderosos dentro de sus propias comunidades. Las mujeres están rompiendo el pacto de silencio en torno al acoso y abuso sexual, exigiendo investigaciones sobre las denuncias y rendición de cuentas por parte de funcionarios y candidatos políticos. Rechazan la idea de que la lealtad a la lucha nacional o a un partido político requiera su silencio.

Esta no es una lucha fácil. Las mujeres palestinas están reivindicando sus derechos frente a un Estado israelí que considera la mera existencia de las comunidades beduinas como un problema que debe resolverse: demoliendo sus hogares, negando a sus aldeas servicios básicos y abandonando a sus comunidades a la delincuencia desenfrenada.

Pero su lucha también es difícil porque requiere enfrentarse a hombres con quienes comparten una identidad nacional, una visión del mundo y objetivos políticos. Desafiar a figuras poderosas dentro de la propia comunidad conlleva riesgos particulares cuando las críticas internas pueden ser instrumentalizadas por quienes buscan debilitar a la sociedad palestina en su conjunto.

Sin embargo, estas mujeres se niegan a elegir entre la lucha nacional y la lucha feminista, o a aceptar que una deba esperar a la otra. Exigen una sociedad libre de ocupación, racismo, violencia y patriarcado, todo a la vez. Se trata de un avance político y social profundo, digno de celebración.

Un movimiento que está ganando fuerza

Tras las declaraciones de Hasson, organizaciones feministas palestinas emitieron un comunicado conjunto de condena. Mujeres Contra la Violencia, Kayan, Al-Siwar, Na'am y otros grupos, junto con decenas de activistas feministas, declararon que no tolerarían los intentos de desestimar o anular el poder político de las mujeres beduinas.

La diputada Iman Khatib-Yassin, de Ra'am, también condenó las declaraciones de Hasson. En una publicación en redes sociales, expresó su orgullo por las mujeres beduinas y las mujeres que usan el hiyab y el niqab, y exigió que Hasson respetara a quienes ejercen sus derechos políticos.


La diputada Iman Khatib-Yassin, de la Lista Árabe Unida (Ra’am), habla en el escenario durante la noche electoral tras la publicación de los resultados de las encuestas a pie de urna, en la ciudad de Sakhnin, al norte de Israel, el 27 de octubre de 2026.

La respuesta de Khatib-Yassin, sin embargo, incluyó una desafortunada metáfora que comparaba a una mujer sin velo con una mercancía expuesta que «atrae moscas», y su velo supuestamente la protegía de ellas. Esta imagen cosifica a las mujeres, incluso cuando se invoca con indignación y en defensa de la dignidad de las mujeres religiosas. Como mujer palestina que no usa hiyab, tengo derecho al mismo respeto y libertad que una mujer que elige cubrirse la cabeza. 

Khatib-Yassin merece reconocimiento por defender a las mujeres beduinas, pero su metáfora —y su crítica a Hasson por teñirse el pelo de rubio, insinuando aparentemente que ocultaba sus raíces árabes— no debería quedar sin respuesta. Ambas reproducen el mismo control sobre el cuerpo y las decisiones de las mujeres contra el que deberíamos luchar.

La reacción en contra de Hasson fue más allá de las declaraciones públicas. Las ONG Sikkuy-Aufoq y el Centro I'lam presentaron una queja ante el director ejecutivo de la emisora ​​pública israelí Kan, mientras que el Foro de Jefes de Autoridades Locales Beduinas del Néguev (Naqab) envió su propia protesta enérgica a la dirección de Kan.

Tras el escándalo, Kan anunció que su comité interno de ética revisaría las declaraciones de Hasson. Posteriormente, Hasson se disculpó en una publicación en X, pero se negó a hacerlo en directo por televisión. También afirmó que Kan le había dado un ultimátum: disculparse o no volver a aparecer en pantalla. Al insistir en que la disculpa fue, en efecto, forzada, Hasson solo reforzó la impresión de que sentía poco remordimiento por lo que había dicho.

Queda por ver si la emisora ​​pública —financiada en parte por los impuestos de las mismas mujeres a las que Hasson humilló— responderá adecuadamente. (Al momento de escribir este artículo, se rumorea que Hasson y Kan se separarán).

Para mí, sin embargo, la importancia de las protestas va mucho más allá de la propia Hasson. Refleja la fuerza de un movimiento feminista palestino que lleva décadas luchando en al menos dos frentes: contra la exclusión, la violencia y el patriarcado dentro de nuestra propia sociedad, y contra el racismo, la discriminación y la violencia institucional ejercida por el Estado.


Mujeres beduinas protestan contra el creciente número de demoliciones de viviendas en aldeas no reconocidas del Néguev, frente a las oficinas de la «Autoridad Beduina» del gobierno israelí en la ciudad sureña de Be’er Sheva, el 25 de junio de 2026.

Estas luchas son difíciles por sí solas. En conjunto, nos exigen defender a las mujeres palestinas del racismo israelí, al tiempo que nos enfrentamos a quienes, dentro de nuestras propias comunidades, buscan restringir su libertad. Nuestras demandas de igualdad a veces se topan con intentos de silenciarnos en nombre de la unidad nacional, la tradición, la religión o el honor familiar. 

Pero nos negamos a aceptar la falsa disyuntiva entre defender nuestra sociedad contra el racismo y afrontar la injusticia que existe dentro de ella.

Hasta las urnas y más allá

Como persona que ha dedicado muchos años a combatir la violencia contra las mujeres en la sociedad palestina, no necesito que Hasson me dé lecciones sobre la vida de las mujeres beduinas. Conocemos de sobra la realidad de la violencia patriarcal, la poligamia, el feminicidio y el silencio que a menudo las rodea. Pero también sabemos cómo la negligencia estatal, la negligencia institucional y las políticas gubernamentales discriminatorias agravan estas injusticias.

Hasson debería saberlo mejor. Proviene de una familia de inmigrantes de Siria y Egipto. Durante décadas, la sociedad israelí menospreció y ridiculizó a las mujeres mizrajíes, incluso por su modestia al vestir. Sin embargo, aquí tenemos a una periodista mizrají que dirige la misma condescendencia racista hacia otro grupo de mujeres marginadas.

Para Hasson y otros miembros de la derecha israelí, la premisa subyacente parece ser que las mujeres palestinas no pueden ser agentes políticos independientes, a menos que su participación política sirva a los intereses de la derecha.

Cuando Benjamin Netanyahu visitó una aldea beduina en 2021 para asegurar votos para el Likud, cortejar a los votantes beduinos era aparentemente perfectamente aceptable. Sin embargo, el día de las elecciones de este año, cuando los votos árabes amenazaban su futuro político, Netanyahu compartió una imagen de mujeres beduinas vestidas de negro a la entrada de un colegio electoral —una imagen que resultó ser falsa— en un aparente intento de asustar a los votantes judíos con el espectro de mujeres con velo acudiendo a votar. Las declaraciones de Hasson provienen del mismo lugar.

Lo que Hasson se niega a reconocer es que el derecho al voto no es una recompensa otorgada a las mujeres que superan pruebas ajenas de modestia, educación, laicismo o modernidad. No depende del estado civil, la afiliación religiosa, el lugar de residencia ni el color del velo que usa una mujer.

Una mujer que vive en una aldea no reconocida del Néguev, una estudiante que viaja una hora y media cada día para asistir a la universidad en una ciudad judía, una madre que cría a sus hijos en condiciones casi insoportables y una mujer que elige cubrirse la cabeza de una manera que no agrada a Hasson, todas tienen el mismo derecho a votar y a presentarse como candidatas a un cargo público que cualquier otra mujer del país.

Las mujeres beduinas no necesitan la compasión de Ayala Hasson. Necesitan derechos, igualdad, seguridad y representación política. Y entienden que el camino para lograrlo también pasa por las urnas.

Quiero elogiar a las mujeres beduinas del Néguev: a las que emitieron su voto, a las activistas que fueron de puerta en puerta, a las mujeres que superaron las presiones familiares y los obstáculos económicos y geográficos, y a las que entienden que el poder político comienza —pero no termina— con un voto cada cuatro años.

Las mujeres palestinas no esperan a que alguien les otorgue el poder. Lo están construyendo ellas mismas: en pueblos y ciudades, en universidades, en organizaciones de la sociedad civil, en partidos políticos y en las urnas.

No son simplemente el futuro de la política palestina en Israel. Ya están dando forma a su presente.

Fuente: +972

De tierras amables y amigos salutíferos

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (18 de 21)


 Por Pedro Costa Morata

      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

Como de excelente puedo calificar la cosecha de afectos recogida en mis andares, saberes y vivires de este año corriente, que se desenvolvió en sus primeros meses de forma intensísima y con aplicación en mi propia tierra, en estimulante conjunción costera y fluvial, mientras redactaba La cuestión del Sáhara Occidental y las relaciones España-Marruecos (contra la Historia y el Derecho), libro que espero para los próximos días. Tuve no obstante que visitar la Universidad de Córdoba a mediados de marzo para debatir con el eminente intelectual Paco Almansa sobre “Economía y Ecología”, lo que resultó de gran satisfacción científica, a la que se me añadió el cordialísimo ambiente creado por el entorno de este filósofo. El día anterior había participado en Jumilla en una sesión sobre las alteraciones climatológicas que, como en tantos otros puntos del Sureste español, vienen indignando a los agricultores, quejosos de que la lucha anti-granizo desde aviones ad hoc altera las precipitaciones porque son manejadas a voluntad y “redistribuidas” según conveniencia de intereses que nunca están ocultos. Y desde ahí hice la travesía gozando transiciones físico-paisajísticas por un territorio casi totalmente ignoto para mí, granadino y jiennense: esas tierras altas donde nacen el Segura y el Guadalquivir, “colándome” entre el poderoso sistema geológico de Cazorla-Segura-Alcaraz, al que se añaden la solemne y rotunda Sagra y esas estribaciones que llegan al noroeste murciano con el macizo de Revolcadores.


La Puerta de Segura, con el río Guadalimar, afluente del Guadalquivir.

El regreso lo hice coincidir con una cita con afectados por la hipersensibilidad a los campos electromagnéticos, principalmente mujeres, con quienes me reuní para aportar la escasa ayuda de la que soy capaz, una vez comprobado que frente a ese enemigo ubicuo y creciente solo cabe la huida, por lo demás, nada fácil. Que es el caso de Carmen, sufriente desde hace años de ese mal invisible y persecutorio, que ha optado por establecerse en absoluta soledad en el valle, más bien barranco, del río Castril, donde ha conseguido toda la paz posible, tanto para su cuerpo como para su alma.


Recóndito valle/barranco del río Castril.

     Luego, llegado el verano y pese a su castigo térmico, monté mi particular expedición por tierras de León con el objetivo principal, aunque no único, de rendir la visita prometida a Benjamín, natural de Rodanillo, en el municipio de Bembibre, comarca del Bierzo. El viaje lo “historié” pasando por la romana, episcopal y gaudiniana Asturica Augusta/Astorga y, abandonando la Maragatería, seguí el Camino de Santiago para ascender al alto de Foncebadón (1.500 m), con parada en su famoso “montón” de piedras peregrinas y su Cruz de Hierro, para descender a continuación a Molinaseca y desembocar finalmente en el hondo (cubeta geológica) Bierzo. Di vista entonces a Bembibre (de bene vivere, nada menos, aunque su ancestro es la romana Interfluvium Flaviae), animadísima villa que fuera durante las décadas del carbón, cuando la conocí y estudié (finales de la década de 1990), pero que hoy palidece e impresiona por su decadencia y su vacío, con poco más de 8.000 habitantes cuando en1991 tenía casi 11.000. Nunca dejo de recorrer, desde el hostal Moderno en el que paraba (ya cerrado) hacia arriba, el núcleo medieval, o Villa Vieja, porque me gusta contemplar el escueto, aunque formidable resto de muralla del castillo, “residencia” de aquel malvado conde de Lemos, personaje de la obra El Señor de Benbibre (1846), prototípica del Romanticismo español, cuyo autor fue el berciano Enrique Gil y Carrasco.


Cruz del alto de Foncebadón, en el Camino de Santiago.

A Benjamín, lo conocí el año pasado cuando, en otra gira por el Viejo Reino, contemplaba admirado la iglesia del pueblo; fue entonces cuando se me apareció, obsequioso, brindándose a enseñarme la iglesia que por él supe que era la joya del lugar por su retablo, sus pinturas murales semiocultas, su pila bautismal... y su campanario o espadaña de acceso exterior, que fue lo que primero atrajo mi atención, con dos imponentes campanas “de repique y volteo”, más esquila para llamar “a misa rezada”.


Iglesia de San Antolín (s. XIII), en Rodanillo.

La continuación fue el oportuno, reparador y generoso cerveceo en su umbroso y alegre domicilio, donde nos hicimos amigos al sabio ritmo del relato, difícil de controlar, de vivencias y batallitas, con fiel promesa de volver al otro año (éste), ya que los meses de verano los pasa en relativa soledad en el pueblo de sus raíces, que tanto ama. Contome Benjamín de un su amigo, el ingeniero David, también lugareño, que funge de activo, entregado e inteligente cronista del pueblo como depositario del patrimonio cultural e histórico locales, y quedamos en vernos los tres en Madrid, donde vivimos, a la llegada del otoño. Y así fue, derivándose de tan fructuoso contacto nada menos que mi adhesión a la Casa de León en Madrid, donde procuro hacer acto de presencia en actos culturales y donde pretendo presentar mis libros de interés regional o general; cosa que ya hice, a principios de este año, con De León a Bilbao por la ruta del viejo Hullero, homenaje al tren de vía estrecha, de robusta personalidad (esencialmente minera) leonesa, conocido también como “el tren de La Robla”, pese a que había sido publicado en... 1993; un tren del que guardo emotivos recuerdos de las excursiones colegiales por la Montaña Leonesa, a la que llevaba (y sigue llevando). Una Casa regional, esta de León, que ya me ha producido encuentros con admirados autores leoneses, como Juan Pedro Aparico y Julio Llamazares, creadores ambos, por cierto, de sendos y muy buenos libros sobre ese heroico Hullero, que algunos llaman también Transcantábrico.


Con mi amigo Benjamín.

     De mi visita a Rodanillo, breve pero bien aprovechada, quiero destacar los paseos de “inventario” de sus casonas blasonadas, miradores reconstruidos, pozos y el recuerdo de la vocación local de constructores de carros, como recuerda uno de aquellos que aparece, respetado, en su tejido urbano. Y la excursión que emprendimos Benjamín y yo al vecino pueblo de Cobranza, por la ladera de la sierra de Moirán, en la que me dejó continuar solo ya que le fallaba una rodilla, no sin antes responder a mi espanto con que sí, que una maldita plaga ha secado y hecho desaparecer casi todos los castaños de la zona, lo que me abrumó sobremanera (porque, dime tú, soto castañero, dominador de lindes, esquinazos, prados risueños y ocultos castros, ¿acaso ves llegado el fin de tus días, tras siglos de admirables servicios desde que -dicen y es para creerlo- los romanos te implantaron para que tu fruto nutriera a esclavos y señores? ¿acaso no podré ya tenerte a mano en futuras escapadas de mis otoños de nostalgia, para regalarme, con uvas y manzanas, en mi siempre apresurado paso al recorrer con avidez ruinas, recuerdos, pueblos y esos paisajes bercianos, que tan vistosamente dominas?)

      Ya en el camino de vuelta pasé por la capital leonesa para el encuentro previsto en la Universidad con José Luis Sánchez, físico de la atmósfera, con el encargo de AVIAL, organización de defensa del clima de Huércal (Almería), de invitarle a participar en setiembre en una jornada de “repaso y protesta” por la persistente acción de la misteriosa “avioneta antigranizo” (sí: esa que no existe, pero que “es militar y hace horas extras”).

     No ha faltado, con peor canícula y separado del viaje al Bierzo, un nuevo deambular por Tierra de Campos, sector palentino esta vez, del que recogeré el episodio del tormentón vivido, tan celtíbero y agosteño por lo demás, pero que en esta tierra de diluido horizonte impresiona. Pero no puedo olvidar, y así la fotografié, cómo se anunciaba veloz y amenazante, con el nubarrón negro que parecía querer arrasar el manto dorado de los trigos ya cosechados, dejando con su explosión y su diluvio el familiar, literario, mágico, denso olor a tierra mojada que desprende ese manto arcilloso, de intenso rojo-pardo y de profundidades insondables (arcillas terciarias de gran potencia, en lenguaje geo-edafológico), al que esta tierra debe su infinita feracidad. Hablo del Campus Gothorum (un respeto), de cuyas huellas patronímicas son buena muestra las maravillosas iglesias visigóticas de San Juan de Baños y San Pedro de la Nave, en las márgenes de esta inmensa comarca, plana como ninguna, entre el Carrión y el Esla, que transpiran dormidos y sugestivos misterios. Mi homenaje a aquellos gotones de rigor que, traspasando mi leve indumentaria, caían como borbotones sobre el asfalto y que rebotaban -sin lograrlas deshacer, por más que pasen los siglos- esas paredes austeras de adobe y tapial.


Esperando la tormenta, en Tierra de Campos.

Tengo que apuntar aquí, encantadísimo, la agradable sorpresa vivida también este verano al encontrarme a un paisano, José, aguileño que investiga sobre pastos (o algo así, que por más que me lo explica no acabo yo de...) en Condemios de Arriba, pueblo vecino a Galve de Sorbe (Guadalajara), donde hace más de 40 años hallo mi contrapunto mesetario en más de un aspecto. Y es de vernos, mediterráneos a tope, sentados ambos en el bar y rodeados de los nuevos amigos (algunos, ya viejos para mí), castellano-profundos auténticos, compartiendo bromas, cuentos y risas. Vivires de los buenos, ya lo creo.


Galve de Sorbe (Guadalajara), contrapunto mesetario para mediterráneos.

¡Ah, y en Albacete, recuerdo dolorido de Pilar, aquella amiga y compañera en mala hora desaparecida cuando la primavera más engañosa era, porque también fui en su día (1981-1982) castellano manchego por razones político-autonómicas, pero que se extendieron, sin apenas transición, a afectos y complicidades! En Almansa quise transmitirle a Damián, su hermano, mi pesar y desolación, encontrándome a un cura párroco de finísima sensibilidad humana e intelectual, a más de un agradable palique que nos llevó, en un momento, por nubes de estoicos y epicúreos, así que fijaos; pero al que ya le viene estrecho el pueblo (así que su obispo lo tendrá que reubicar en más fértil destino).

Luego, sobrevenido el otoño, la “operación Extremadura”, con el libro sobre Almaraz en bandolera y la muy productiva compañía de Chema, verdadero factótum de la publicación, y su esposa Montse, arrancando de Navalmoral de la Mata (Cáceres), donde viven y me acogen cuando emprendo camino hacia esa tierra de conquistadores del XVI y antinucleares del XX. La primera etapa era ineludible: reunirnos con Diego y Aida en Los Santos de Maimona, en la provincia de Badajoz y comarca de Tierra de Barros, pueblo que formó trío con La Fuente del Maestre y, sobre todo, con Villafranca de los Barros cuando una bien organizada Plataforma vecinal en largos y sobre todo duros combates tuvo que hacer frente a un inexplicable proyecto de refinería de petróleos, hasta aniquilarlo. Este es un pueblo con fortísimo acento cooperativo (800 familias viven de las cooperativas del aceite), de tradición sindicalista y campesina, con amigos que se acercan, abrazan, preguntan o recuerdan. Yo sí te conozco, me dirá Frasco, enfermero jubilado, evocando esos años de agitación contra la refinería en los que se me vio por aquí una y otra vez; o Juan Murillo, cronista oficial de la villa, versado en historias, folklores y caldos de la tierra, que ha olido la presencia de nuestro grupo y nos comparte su afabilidad y su elegancia, de cuasi hidalgo.


Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles (s. XVI), en Los Santos de Maimona.

A continuación vino la primera presentación, en Llerena, del libro que motivaba nuestra expedición, Amanecer sin Almaraz, escrito con el minucioso relato de la vida y aconteceres de la central nuclear de Almaraz y sus dos reactores, en el que yo aporto un prólogo contando mis primeros escarceos por esas tierras, en enero de 1975, informándome y buscando opositores para darles marcha. Su edición ha pretendido alertar del serio (y peligroso) error que constituye el prolongar la vida útil de esa central, que ya cumplió los 40 años “reglamentarios” en 2021-2022. La presentación tuvo lugar en la sorprendente biblioteca municipal, que es la antigua iglesia del hospital de San Juan de Dios, construida en el siglo XVIII, en la que, donde hubo retablo y hornacinas laterales de su robusta nave única, ahora posan cientos y miles de libros para quien quiera leerlos...


Biblioteca municipal de Llerena, antigua iglesia de San Juan de Dios (s. XVIII).

Luego vino nuestro paseo nocturno, por calles silenciosas hasta desembocar en la Plaza Mayor, monumental y sorprendente, con iglesia que presenta una galería peculiar, como si palacio y templo se hubieran empeñado en fundirse (lo que fue muy cierto: poder político y dominio eclesiástico fueron de la mano tanto tiempo...). ¡Ah, la Extremadura del siglo XVI, muchos de cuyos hijos aventureros hicieron sus Américas en rotundo sentido literal!

Al día siguiente fue en Montijo y en el Lokalino, nido de joviales tipos, a la par que indomables y al loro de todo lo que se mueva, donde presentamos el libro de Almaraz y Chema aprovechó para recordar a los presentes que hacía 50 años que había aparecido mi Nuclearizar España, en el que ya relataba mis andanzas por los lugares llamados a nuclearizarse de Almaraz y Valdecaballeros.


Presentación del libro de Almaraz en Montijo, con evocación de los 50 años de Nuclearizar España.

Antes de lo cual nos arreglamos para visitar la Colonia Penitenciaria Militarizada nº2 de Montijo, precedente, según quienes la han estudiado, de los kämpe nazis de la muerte. Por aquí pasaron, entre 1939 y 1946 y en régimen de semi esclavitud, 1.470 presos republicanos, trabajando en la construcción del Canal de Montijo, una de las infraestructuras que se integraron después en el llamado Plan Badajoz (aprobado en 1952), de regadíos de las Vegas Bajas del Guadiana.



Croquis de la Colonia penitenciaria de Montijo.

      Quedan suficientes restos como para hacerse una idea de lo que aquello fue, como dos naves-dormitorios y, adosada, la “casa del coronel”, el depósito de agua, dependencias agrarias... A los que se daba por útiles para el trabajo, muy duro y penoso, se les conmutaba tres días de pena por cada uno de trabajo. Pronto se adhirió a la Colonia un poblado de chozos para los familiares que querían estar cerca de sus deudos. Desde las ruinas se nos apareció la señora María, actual propietaria, que nos cuenta todo esto con especial gracejo, una vez perdida la desconfianza inicial... Los investigadores de la Memoria Histórica han encontrado, qué cosas, que en el origen de este campo de prisioneros hubo un jesuita, lo que me recordó al franciscano que regía un campo de prisioneros antifascistas en la Croacia pronazi durante la Segunda Guerra Mundial, en el que fueron aniquilados casi un millón de personas, en su mayoría serbios, pero también gitanos y judíos (de los que miles fueron arrojados a la tristemente famosa “fosa de Jasenovac”).


Restos actuales de la Colonia Penitenciaria de Montijo.

      Mi regreso, disfrutando de nuevo de la hospitalidad de Chema y Montse en Navalmoral, quise hacerlo visitando las ruinas islámicas de Vascos, que tenía en cartera desde los años 1970 (nunca es tarde si...), cuando supe de ellas por primera vez. Para lo cual tuve primero que atravesar la villa de El Puente del Arzobispo, en la orilla (derecha) cacereña del río Tajo, que la separa de la orilla toledana por un monumental puente, ¡qué hermosura!, de once ojos, construido hacia 1380; al que, realmente impresionado, busqué uno y otro enfoque desde ambas orillas para fotografiarlo a mi gusto, con resultados claramente satisfactorios.


Puente medieval en El Puente del Arzobispo.

      Y, sin más, dirigí mis pasos hacia Vascos por Azután, recordando que en mayo de 1975 la entonces Hidroeléctrica Española pensó, sin llegar a solicitarla oficialmente -seguramente por el contundente rechazo con que la comarca de Talavera de la Reina respondió al anuncio- montar ahí una central nuclear cuyos reactores se refrigerarían con el agua del embalse de Azután, en el Tajo, en cuyas márgenes se ubica, precisamente, la ciudad de Vascos, aunque en el municipio de Navalmoralejo. Se llega a este emplazamiento por un camino de varios kilómetros entre encinas que pronto se hace impracticable para automóviles, situándose en una finca privada por lo que las visitas han de realizarse los sábados de 9 a 14, y nada más. Aquel sábado me encontré con cinco o seis personas que iban de vuelta (¡Qué bien me cae esa gente y qué cordial es el saludo al cruce, siempre con algunas palabras de información o de advertencia, que se lanza por caminos que a veces son vereda escueta y discontinua, al encuentro con las piedras antiguas, las claves humanas y los fantasmas de la historia!) El caso es que estuve solemnemente solo (no había guía alguno y los escasos visitantes ya habían desfilado, próxima la hora del cierre), de tal manera que pude corretear entre las ruinas y el extenso despliegue de murallas y ruinas cómo y cuánto quise.


Alcazaba de la ciudad de Vascos.

      Esta ciudad, llamada Vascos por vicisitudes toponímicas, estuvo habitada entre los siglos IX y XII, como enclave fuerte y protegido, de lo que da buena cuenta su recinto amurallado y su alcazaba, siendo importante durante el periodo califal y dominando el paso del Tajo, que es vadeable en sus proximidades, en lo que fue frontera duradera entre los reinos cristianos y el Califato. Y con la disgregación de los reinos taifas acabó por ser abandonada. Se construyó en un lugar extremadamente escabroso, entre los barrancos de los ríos Uso y Mora, ocupando unas 8 hectáreas amuralladas, con dos cementerios extramuros.

     Diré a mis lectores que, para celebrar el final de tan denso y gozoso viaje, busqué dos pedruscos graníticos -cuidando de que no pertenecieran a ninguna de las tumbas islámicas entre las que me aposenté para refocilarme en mi augusta soledad- para incrustarme entre ellos y posar mi espalda y cabeza en un amable tronco de encina poco distinguido por su rugosidad natural. Y allí, sintiendo la brisa que susurraba y el aleteo lejano de buitres y alguna otra rapaz, me recompuse con un regio bocata de buey y pimiento, último obsequio de Chema y Montse, acompañándolo con suaves, moderados y precautorios tragos de aquel vino, Dulve Eva, de tan suave trasiego, procedente de la cooperativa de Los Santos de Maimona, obsequio de Diego y Aida. Y sintiendo que el mundo se allanaba ante mis placeres, quizás por modestos y proporcionados, y tras leves pero solícitos espasmos (léanse, ronquidos), saludé al silencio que me había amparado, me erguí reconfortado y púseme a deshacer el camino andado, muy pagado de mí mismo por el balance obtenido, rico en esos placeres intangibles que, como muchos otros viajeros, también tengo por los mejores.


Cementerio islámico, extramuros de Vascos.

viernes, 6 de noviembre de 2026

Israel: elecciones en el manicomio (con un destello de esperanza)


Que tampoco el otoño es ya lo que era (17 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

Las elecciones legislativas de Israel del pasado 27 de octubre han llevado a lo que estaba previsto: algo muy parecido a un callejón sin aparente salida el que, como tantas otras veces desde la llegada de los ultras del Likud a primer plano en 1977, se le acaba dando salida/solución con cualquier combinación de los partidos en liza; o se recurre a nuevas elecciones para salir del atolladero (o mejor, de un guirigay a otro), lo que esta vez nadie parece desear. En esta ocasión, frente a la posibilidad de que las maniobras diesen a Netanyahu la continuidad como primer ministro, aun no alcanzando la mayoría la coalición que lideraba, esos 53 escaños de un parlamento de 120, ha surgido la novedad, francamente significativa, de que los dos partidos árabes participantes en la contienda hayan conseguido 19 escaños, claramente decisivos para que, mediante acuerdo de algún tipo, se añadan al bloque de la oposición, con 48 escaños, para expulsar del poder a la coalición más ultra y violenta de la historia del ya bastante sanguinario Estado de Israel.

Han competido dos bloques de partidos muy igualados, no ya en número o escaños sino sobre todo en políticas extremadamente parecidas en lo esencial, correspondientes a un Estado y una sociedad esquizofrénicos que, instalados ilegal e ilegítimamente sobre el territorio palestino que pudieron apropiarse en 1948 evolucionan en permanente enfrentamiento con las poblaciones árabes de dentro y fuera del Estado, así como con varios Estados de su entorno. Como visión general, no resulta nada fácil distinguir en esos bloques y esos partidos ideas o programas diferenciados: se trata de formaciones sionistas, luego racistas, coloniales e invasoras, sin vínculo alguno con Judea y los judeos y empeñadas en aniquilar física o territorialmente a los palestinos pobladores legítimos del país por la limpieza étnica o el genocidio.

Recordemos, a estos efectos, que el bloque que hasta ahora gobierna puede considerarse como fascista clásico (racista, ultranacionalista, hegemonista, belicista) con el añadido especial del factor fanático-ortodoxo de los cuatro partidos llamados religiosos que acompañan al Likud sumándole 26 escaños: Poder Judío, Sionismo Religioso, Shas y Judaísmo Unido, estando los dos primeros liderados por dos genocidas compulsivos, Ben Ben Gvir y Bezalel Smotrich, respectivamente. Con cierta diversidad, todos ellos sin embargo basan su acción política en una Biblia llena de disparates, crímenes y abominaciones (con algún arrebato místico y ciertos pasajes poéticos).

En esta campaña, los asuntos que han enfrentado a las coaliciones gobernante y aspirante se han centrado en las responsabilidades de Netanyahu en relación con el ataque mortífero de las organizaciones palestinas en Gaza el 22 de octubre de 2023 (no de la espantosa respuesta del Ejército israelí, calificada de genocida), en las manipulaciones del primer ministro hacia la justicia por salvarse a sí mismo de las acusaciones de corrupción, en la corrupción generalizada en el país, con aumento de las mafias, y otras cuestiones de, digamos, “política interna”. Porque de los palestinos como pueblo, derechos, etc., que son nada menos que cinco o seis millones de subyugados, no se suele hablar en las campañas electorales israelíes, como no sea indirectamente al competir los partidos, mandados en muchos casos por exmilitares, en sus promesas de bombardeos, invasiones y aniquilaciones. Y esto malamente puede pasar por experiencia o acontecimiento democrático.

El bloque opositor está formado por cuatro partidos, siendo el principal el Yashar (Honradez, en hebreo), calificado de centro derecha, cuyo líder es Gadi Eizenkot, antiguo jefe de Estado Mayor con Netanyahu, que deberá ser el próximo primer ministro pese a haber conseguido el no muy brillante resultado de 21 diputados (frente a los 27 de Netanyahu).


Gadi Eizenkot, líder de Yashar (El País-Getty images).

Tres partidos le han acompañado en estas elecciones, siendo el Beyahad (Juntos), el que ha conseguido más escaños, 12, que tiene como líderes a Neftalí Bennett (derecha nacionalista) y Yair Lapid (centrista laico), que ya se turnaron como primeros ministros en el breve intervalo (2021-2022) en que desalojaron a Netanyahu del poder; le sigue el partido de Los Demócratas, de centro-izquierda, con 8 escaños, que abarca a los laboristas y los pacifistas de Meretz, y que tiene como líder a Yair Golán, exmilitar; el cuarto es Israel Beitenu (Israel, nuestra casa), con 7 escaños, cuyo líder, Avigdor Lieberman, fue ministro de Defensa y de Finanzas con Netanyahu antes de enemistarse con él, alcanzando notoriedad por el molde nazi en el que parece haber sido forjado.

Y resulta que para afrontar a la coalición gobernante estos líderes, que durante la campaña negaron tener la menor intención de tratar con los partidos árabes en caso de necesitar sus escaños, no han dudado en hacerlo al verse con esos 48 escaños insuficientes y necesitados de ese importante contingente de 19 puestos en el parlamento (Knesset). Con la feroz oposición de Lieberman, pero que no tendrá más remedio que tragar con esas negociaciones de los líderes de los partidos de su propia coalición (aunque también podría “pasarse” al bloque gobernante, creando una nueva situación de empate y llevando a repetir las elecciones, lo que ni siquiera él mismo desea).

De tal manera que son los dos partidos árabes y sus 19 escaños los que de alguna manera protagonizan la nueva situación, aunque las circunstancias los obliguen a un rol aparentemente pasivo, pero ciertamente vigilante. Representan al 20 por ciento de la ciudadanía israelí de etnia árabe, aquellos y sus descendientes que permanecieron en el país tras la feroz expulsión de la Nakba de 1948-1949, que hasta ahora apenas significaban nada en el espectro político (y electoral), tanto por sus propias divisiones como por ser considerados desde el poder sionista como malditos, civil y políticamente menospreciados; lo que hacía que parte de la población árabe votase a los partidos judíos más moderados como única vía realista de mejorar la suerte de este importante (y en crecimiento) contingente de ciudadanos israelíes, ante la irritación de los sionistas que ven, por el contrario, cómo aumenta la emigración de la población judía, anunciando un “drama” demográfico inevitable. Son el llamado Lista Conjunta, con 11 escaños, que comprende tres grupos (Jadash, Balad y Ta'al), y el Ra’am, con 7 escaños, considerado islamista moderado y cuyo líder, Mansur Abbas, podría ser nombrado ministro en el futuro Gobierno, si bien bajo condiciones muy especiales, que hará falta saber si Abbas las aceptará o no.


Mansur Abbas, líder de Ra’am (wikipedia).

        De momento, el líder de los “vencedores”, Eizenkot, sigue insistiendo en que, para llegar a un acuerdo, los partidos árabes han de reconocer, (1) al Estado judío de Israel, (2) los contenidos de la Declaración de Independencia de 1948, y (3) la denuncia de Hamás como grupo terrorista, así como la eliminación de su poder en Gaza. Peliagudas condiciones todas ellas y de modo especial la primera, en línea con la ominosa “Ley del Estado-nación del pueblo judío”, de julio de 2018, que sigue el modelo nazi de exclusión -primero de la ciudadanía y después de la presencia- de todo aquel no declarado oficialmente como judío, y cuya entrada en vigor fue suspendida por el Tribunal Supremo seguramente tocado por tal suprema indignidad y no menos indescriptible estupidez. Para esos partidos que representan a no judíos, el reconocimiento de un Estado y una Ley que decreta la “desaparición” legal de los árabes del Estado de Israel y por supuesto de ellos mismos, es muy difícil de tragar, como no sea con malabarismos textuales, segundas intenciones o trapacerías políticas.

Esto nos sitúa ante la verdadera trascendencia del repentino poder al que han llegado los partidos árabes con su “irrupción traumática” en la contienda electoral y el inevitable entendimiento con las facciones menos criminales y racistas del elenco sionista israelí, y que apunta a la única posibilidad de supervivencia del Estado de Israel, que es la recreación de un Estado, el de Palestina, con dos naciones/religiones/etnias federadas y pacificadas, desnuclearizado, laico, no violento y, por fin, en paz con sus vecinos y con la Humanidad.

Este es el destello de esperanza que el éxito reciente de los partidos árabes prefigura como única solución justa en perspectiva, si hemos de desear el fin de ese Estado -rapaz, diabólico y enloquecido- de Israel.