En
octubre de 2023, Gili fue llamada a filas para el servicio de reserva
en la Unidad del Portavoz de las FDI y asignada al Mando Norte. En
los días posteriores a los ataques de Hamás, mientras la atención
pública en Israel se centraba en la devastación del sur, Hezbolá
comenzó a lanzar cohetes y misiles antitanque hacia el norte de
Israel.
“Trabajábamos
en turnos de 12 horas en una sala de operaciones subterránea,
mientras los soldados de los puestos avanzados estaban aterrorizados,
pero no podíamos transmitir que el norte estaba en llamas”,
recordó. “Minimizamos la importancia del frente norte para evitar
causar pánico entre la población, a pesar de que los lanzamientos
eran constantes. La gente no estaba muriendo como en el sur, pero
recuerdo sentir que estábamos creando una imagen inexacta:
mostrábamos mucha más fuerza que vulnerabilidad”.
La
experiencia llevó a Gili, que pidió utilizar un seudónimo, a
cuestionar el mismo sistema al que había servido durante años.
“Siempre era fácil repetir que ‘las FDI están preparadas para
cualquier escenario’”, continuó. “¿Quiénes éramos nosotros
para cuestionarlo? Pero, en realidad, era una tontería”.
“Ahora
también se ve con Irán: la atención se centra casi exclusivamente
en el poder abrumador del ejército, y poco más allá de eso”,
explicó. “No me tranquiliza que me digan lo fuerte que está
golpeando el ejército israelí o que tenemos superioridad aérea
sobre Teherán. Al fin y al cabo, siguen lanzándonos misiles
balísticos y no hay una rutina normal. Hay sistemas de defensa
aérea, pero por cada 10 interceptaciones exitosas, también hay
impactos directos”.
Cuando
se le preguntó a quién cree hoy en día, Gili respondió sin dudar:
“A nadie. Ni a lo que dice el portavoz de las FDI, ni a los
corresponsales militares. Son portavoces”.
Sistema antimisiles dispara interceptores contra misiles iraníes, visto desde el centro de Israel, 28 de febrero de 2026.
En
declaraciones al medio de investigación israelí The
Hottest Place in Hell, soldados
de la Unidad del Portavoz de las FDI y corresponsales militares de
publicaciones israelíes señalaron un patrón sistemático: un
impulso obsesivo por controlar el discurso público, un trato
preferencial hacia los periodistas “convenientes” mientras se
margina y castiga a los críticos y, sobre todo, una cultura
organizativa basada en el engaño.
Durante
los primeros 14 meses de la guerra de Israel en Gaza, la Unidad del
Portavoz de las FDI también llevó a cabo una campaña encubierta de
operaciones psicológicas destinada a moldear la opinión pública en
Israel y en el extranjero, tal y como reveló recientemente The
Hottest Place in Hell.
En paralelo a estos esfuerzos de influencia, la unidad se encargó de
procesar y distribuir imágenes del ataque de Hamás del 7 de octubre
contra comunidades israelíes cercanas a Gaza.
Según
los testimonios, los soldados recopilaron grandes cantidades de
material visual –incluidas imágenes filmadas por militantes de
Hamás– y lo reformatearon para su rápida difusión en las redes
sociales.
Este
proceso culminó en “Testigos
de la masacre del 7 de octubre”,
o lo que se conoció en Israel como el “vídeo de las atrocidades”:
una recopilación de 47 minutos de material sin editar producida bajo
la supervisión del comandante (en la reserva) Yuval Horowitz, jefe
de la división de campañas.
“Era
como el Salvaje Oeste: no había censura”, dijo un soldado que
sirvió en la unidad y trabajó en la película. “Nos inundaban de
material y lo veíamos todo. Estaba en estado de shock, pero al mismo
tiempo había presión para distribuir todo lo posible; era como en
una [campaña publicitaria] en redes sociales: ¿Qué funciona? ¿Qué
no? ¿Qué llama la atención?”.
Soldados israelíes retiran los cuerpos de civiles israelíes en el kibutz Kfar Aza, cerca de la valla que separa Israel de Gaza, en el sur de Israel, el 10 de octubre de 2023.
“El
portavoz de las FDI miente”, declaró un corresponsal militar
veterano a The
Hottest Place in Hell.
“A veces se trata de manipular datos, pero, en última instancia,
es el público el que se ve sorprendido”.
“Al
comienzo de la ‘Operación León Rugiente’”, continuó,
refiriéndose a la guerra actual con Irán, “las FDI afirmaron que
habían destruido el 70 % de los lanzamisiles de Irán. Lo
comprobamos y rápidamente nos dimos cuenta de que no era cierto: a
veces alcanzaban las entradas de los túneles, no los lanzamisiles en
sí, o los lanzamisiles seguían disparando a pesar de estar
‘destruidos’. En los principales medios, nadie lo cuestiona. Pero
cuando la guerra termine y sigan lanzándose cohetes, el público no
entenderá cómo es posible”.
Tras
casi dos años y medio de guerra continua, la confianza del público
israelí en la versión del ejército parece estar erosionándose.
Entre sirenas, cada vez más israelíes se preguntan: “¿Realmente
estamos logrando lo que nos dicen que estamos logrando? Y si es así,
¿por qué seguimos corriendo a los refugios?”.
Benjamin Netanyahu durante su visita al ejército de tierra israelí el 14 de octubre
La
creación de una operación de influencia encubierta
El
29 de octubre de 2023, apareció en WhatsApp un grupo titulado
“Fact Check-Daily Content”. Su descripción en inglés presentaba
la iniciativa como un esfuerzo educativo neutral: “Una organización
sin ánimo de lucro que trabaja para proporcionar a los estudiantes
información y datos sobre la guerra en curso entre Israel y la
organización terrorista Hamás”.
Dos
semanas más tarde, el 12 de noviembre, se creó un canal
de YouTube llamado
“Fact Check” utilizando una cuenta con sede en EE.UU.
Se presentaba de nuevo como una “organización de noticias sin
ánimo de lucro”. Al día siguiente le siguió una cuenta
de Instagram con
la misma marca.
En
realidad, tal y como reveló recientemente The
Hottest Place in Hell,
fue la Unidad del Portavoz de las FDI la que había lanzado y
gestionado estos canales. Esta campaña de propaganda se desarrolló
entre octubre de 2023 y diciembre de 2024 bajo la apariencia de una
iniciativa mediática independiente y sin ánimo de lucro, presentada
como un medio de “verificación de datos”. Durante ese tiempo,
produjo y difundió docenas de vídeos que promovían las narrativas
militares israelíes sin revelar su origen.
Captura de pantalla de la cuenta falsa de Instagram ‘factcheck daily’, creada por la Unidad de Portavoces de las FDI y que estuvo operativa entre octubre de 2023 y diciembre de 2024.
Ninguno
de los canales logró atraer una gran base de suscriptores. Sin
embargo, la operación reclutó a decenas
de influencers internacionales
israelíes y proisraelíes para amplificar los mensajes coordinados
por el ejército, entre ellos Noa Tishby y Sarai Givaty, junto con
otras figuras de las comunidades judías en el extranjero. El
contenido se distribuyó a través de WhatsApp, YouTube e Instagram,
llegando a millones de espectadores.
Los
vídeos promovían una serie de argumentos estrechamente alineados
con el mensaje oficial israelí. Entre ellos se
incluían afirmaciones de
que los judíos no pueden considerarse colonizadores en Palestina
debido a sus vínculos históricos con el reino bíblico de Judá,
mientras que los “árabes” son los verdaderos “colonizadores de
la tierra”; afirmaciones de
que las acciones de Israel en Gaza no constituyen un genocidio;
y defensas contra
las acusaciones de crímenes de guerra contra Israel ante la Corte
Internacional de Justicia.
“Los
canales [en YouTube, WhatsApp e Instagram] se dirigían a un público
extranjero y se presentaban como objetivos y ajenos a Israel”,
explicó un soldado involucrado en la producción de los vídeos
a The
Hottest Place in Hell en
una entrevista. “Pero todo se creaba dentro de nuestra unidad y
promovía claramente la narrativa israelí”.
“La
división de campañas es la zona más moralmente ambigua dentro de
la Unidad del Portavoz de las FDI”, continuó el soldado. “Al
principio, parecía urgente mostrar al mundo lo que habíamos pasado.
Pero muy pronto eso cambió. Gaza estaba siendo arrasada, y la
narrativa que pudo haber tenido sentido en las primeras semanas
comenzó a desmoronarse. Para cuando me licenciaron, sentía un
profundo rechazo por haber formado parte de ello”.
La
investigación sugiere que no se trató de una iniciativa aislada,
sino de parte de un patrón más amplio de operaciones psicológicas
llevadas a cabo por la Unidad del Portavoz de las FDI.
En
mayo de 2021, durante lo que el ejército israelí denominó
“Operación Guardián de las Murallas”, la división de campañas
de la unidad lanzó una iniciativa en las redes sociales bajo
el hashtag #GazaRegrets,
con el objetivo de impulsar el apoyo de la opinión pública israelí
a las acciones militares en Gaza.
El ejército israelí llevó a cabo una ‘campaña de propaganda’ contra sus propios ciudadanos en los bombardeos de Gaza de 2021.
Como parte del proyecto, los
soldados gestionaban cuentas falsas que compartían imágenes de los
ataques aéreos israelíes en Gaza junto con el hashtag,
al tiempo que interactuaban con cuentas de redes sociales
pertenecientes a partidarios del primer ministro Benjamin Netanyahu y
otros políticos de derecha –todo ello sin revelar su afiliación
al ejército.
Bajo la supervisión de Horowitz, se llevaron a cabo operaciones psicológicas.
Tras
una investigación
de Haaretz que
sacó a la luz la campaña, el ejército reconoció su participación
y la calificó de “error”. Sin embargo, las conclusiones de The
Hottest Place in Hell indican
que se siguieron empleando métodos similares en los años
posteriores.
El
“enfoque del palo y la zanahoria” del ejército
La
Unidad del Portavoz de las FDI actúa como principal vía de acceso
del público al ejército, a través de la prensa. Para obtener
información, verificar detalles o entrevistar a oficiales militares,
los periodistas deben pasar por esta unidad, lo que le confiere un
poder del que, según los periodistas y soldados que hablaron con The
Hottest Place in Hell,
a menudo se abusa para distorsionar la cobertura mediática y, por
extensión, la percepción que tiene el público israelí del
ejército.
Roni
se alistó en el ejército israelí en 2019 y sirvió en esta unidad.
Como muchos otros, fue llamada a filas como reservista tras el 7 de
octubre, rotando por funciones que incluían responder a las
consultas de los periodistas y distribuir comunicados. “Era casi
adictivo”, recuerda. “La magnitud de la responsabilidad me hizo
implicarme profundamente. Estaba disponible las 24 horas del día,
los 7 días de la semana, [recibiendo] llamadas constantes. Sentía
que estaba haciendo algo enorme”.
La
unidad se divide en múltiples ramas repartidas por las divisiones y
departamentos del ejército. Los portavoces de campo –oficiales que
suelen tener el rango de capitán o comandante– están integrados
en los comandos y brigadas y se encargan de responder a las consultas
de los medios de comunicación.
Por
ejemplo, si un periodista solicita información sobre un incidente en
Cisjordania, el cuartel general remitirá la solicitud al equipo de
portavoces del Mando Central, que recopila los detalles de las
unidades pertinentes y formula una respuesta oficial. Los portavoces
de campo también tienen la tarea de identificar “noticias”
dentro de las unidades que puedan ofrecerse a los medios de
comunicación, funcionando esencialmente como un brazo de relaciones
públicas.
Reportera de la Radio del Ejército Israelí, 11 de noviembre de 2019s.
Sin
embargo, la función más conocida de la unidad es su labor de cara a
los medios, con departamentos especializados que se ocupan de la
televisión, la prensa escrita, los medios digitales y la radio.
Cuando los periodistas buscan una respuesta a su noticia, suelen
ponerse en contacto con el departamento correspondiente a su
plataforma, salvo un selecto grupo de 16 reporteros israelíes que
pertenecen a la denominada “célula de corresponsales”.
“Los
miembros de la célula reciben sesiones informativas exclusivas,
conferencias, líneas directas y eventos especiales”, explicó
Roni. “Hubo periodistas y medios a los que no se les admitió
durante años, y otros fueron reasignados a departamentos menos
prestigiosos –por ejemplo, de la sección nacional de InterRadio a
la de medios locales– porque eran críticos con las FDI. Yo no
estaba en el nivel en el que se tomaban esas decisiones, pero a
menudo todo se reducía a la actitud del periodista hacia nosotros:
es un sistema en el que recibes lo que das”.
Un
periodista contó a The
Hottest Place in Hell que
su labor informativa a veces le supuso un coste profesional. “Era
muy crítico con las FDI, y a ellos no les gustaba. Gente dentro del
ejército me dijo que mis críticas eran excesivas, incluso personas
de la Unidad del Portavoz”, afirmó. La unidad lo boicoteó durante
años, hasta que su publicación ejerció presión y obligó al
ejército a admitirlo en el grupo.
“Cuando
me uní a la sala de corresponsales, me di cuenta de que eso no era
el final: hay ‘castas’ dentro del grupo, se da prioridad a los
periodistas menos críticos”, continuó. “Se favorece a los
corresponsales de televisión, especialmente a aquellos que se
consideran alineados con la narrativa de las FDI. Se puede ver la
jerarquía: por ejemplo, durante las ruedas de prensa por Zoom,
algunos periodistas destacados ni siquiera asisten, pero aún así
publican la información, lo que significa que la recibieron por
adelantado”.
“El
portavoz de las FDI opera utilizando un enfoque de palo y zanahoria”,
dijo otro corresponsal militar veterano, que habló de forma anónima.
“Si los criticas, te castigan”.
Yaniv
Kubovich, corresponsal militar de Haaretz, ha estado detrás de
varias revelaciones importantes en tiempos de guerra. En
declaraciones a The
Hottest Place in Hell,
afirmó que cuando solicitó respuestas al portavoz de las FDI, el
objetivo principal de la unidad era bloquear la publicación, no
proporcionar información precisa.
“Me
dirigí a ellos con todo lo que tenía, pero se centraron únicamente
en conseguir que abandonara la historia y en evitar dar una
respuesta”, dijo. “Tras el 7 de octubre, con todo el trauma que
han sufrido, las FDI están haciendo todo lo posible por suprimir las
informaciones que sacan a la luz fallos, cuestiones éticas o
deficiencias de mando, en lugar de examinar lo que realmente ocurrió.
En ese sentido, han vuelto a la misma arrogancia de antes: la
creencia de que nadie puede criticarlas a través de la prensa”.
El ex portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel -FDI-, Daniel Hagari, asiste a una reunión del Comité de Defensa y Asuntos Exteriores en el parlamento israelí
Kubovich,
miembro veterano del grupo de corresponsales, lo describió
principalmente como una herramienta de control. “La relación entre
el portavoz de las FDI y el grupo de corresponsales es absurda. La
dependencia es absoluta”, afirmó. “Les permite decidir cuándo
hablamos y con quién”.
“Llevamos
tanto tiempo en guerra y solo hemos visto al jefe del Estado Mayor
quizá dos veces. Desde que [el jefe del Estado Mayor Eyal] Zamir
asumió el cargo, no hemos visto al jefe del Mando Sur ni una sola
vez, a pesar de ser el frente más crítico. No se reúne con
periodistas críticos porque podría minar la moral”.
Filtraciones
selectivas y acceso exclusivo
Durante
su servicio, Roni ayudó a decidir si responder a los periodistas y
cómo hacerlo. “Cuando optábamos por no responder, solía ser ante
informes muy problemáticos, pero también ante periodistas con los
que preferíamos no interactuar”, afirmó. Otra práctica consistía
en filtraciones selectivas —o, como lo expresó Roni, en garantizar
que “ciertos materiales fueran publicados por un medio y no por
otro”.
Así
ocurrió en diciembre de 2024, cuando, durante dos semanas, la Unidad
del Portavoz de las FDI se negó a explicar cómo activistas de Uri
Tsafon –un grupo israelí que promueve
el asentamiento en el sur del Líbano–
cruzaron sin obstáculos al territorio libanés. Tras negar
inicialmente que ningún civil hubiera cruzado la frontera, la unidad
dio marcha atrás y filtró la información a Doron Kadosh,
corresponsal militar de la Radio del Ejército israelí. Kadosh
promovió entonces la versión del ejército sobre el incidente como
un “incidente grave que estaba siendo investigado”, añadiendo
que “se llevaron a cabo varias operaciones para bloquear los pasos
en la valla”.
“Los
periodistas militares que no comen de la mano del portavoz de las FDI
se mueren de hambre”, dijo Roni. “Cuesta mucho esfuerzo encontrar
fuentes fuera del sistema, y eso nos dio mucha ventaja”. Esta
dinámica va más allá del acceso a las ruedas de prensa o a las
respuestas oficiales. Como señaló Roni, estas relaciones de “dar
y recibir” se traducen en poder, prestigio e incentivos económicos.
“Al
fin y al cabo, trabajamos por la audiencia”, dijo un periodista,
hablando de forma anónima con The
Hottest Place in Hell.
“Cuando ocurre algo, se informa primero al grupo de corresponsales:
ellos son los primeros en publicar. Si no formas parte de ese grupo,
y no eres lo suficientemente ágil como periodista, y publicas 10
minutos después que los demás, eres irrelevante”.
En
efecto, la Unidad del Portavoz utiliza la confianza pública
depositada en ella no solo para gestionar la información, sino para
influir en la competencia comercial entre los medios de comunicación.
“La unidad da una determinada noticia al Canal 12 porque tiene
audiencia, pero como también les dio las noticias anteriores, crea
interferencias en la competencia”, señaló el periodista.
“Esto
arrastra a todo el sistema a un bucle”, dijo otro periodista.
“Tuvimos debates internos sobre si valía la pena enfrentarse a la
unidad. Pero, en última instancia, los propietarios ven que los
competidores obtienen las noticias y quieren lo mismo. Todo se reduce
a controlar a los periodistas y a reprimir las críticas”.
El
portavoz de las FDI se negó a hacer comentarios.
Fuente:
Ctxt