viernes, 20 de febrero de 2026

El gran mito de la desigualdad - No existe correlación entre desigualdad y progreso económico

 

 Por Jorge Majfud   
     Escritor uruguayo. Traductor y autor de estudios académicos, ensayos y ficción.


Sólo por limitarnos a América, desde el polo Norte al polo Sur, la colonización española, portuguesa y anglosajona radicalizaron las diferencias sociales al mismo tiempo que radicalizaban la pobreza


Mural de Diego Rivera (fragmento).

     Como lo analizamos en Moscas en la telaraña (2022), no por casualidad los liberales modernos fueron una continuación-herencia de los nobles medievales que se oponían al poder centralizado de los reyes. Aunque la idea de igualdad indígena era radical e incluía como derecho a todos los grupos sociales de una nación, a todos los géneros (hombres, mujeres, lesbianas y homosexuales) y a todos los grupos étnicos y lingüísticos adoptados, en las democracias liberales se impuso la antigua idea de igualdad: una igualdad y una justicia social entre iguales; es decir, dentro de cada una de las diferentes clases sociales, cuyos miembros eran valorados y juzgados según las leyes estamentales de su clase social.

Luego de la revolución de la Ilustración, esta última tradición de las igualdades estamentales fue abolida, y se creó el sentido común de que las leyes debían ser universales (solo dentro de un mismo país) sin importar raza, religión y clase social. Sin embargo, de la misma forma en que la Declaratoria de la Independencia de Estados Unidos de 1776 afirma que “todos los hombres son creados iguales” y la Constitución de 1789 habla en nombre de “We the people”, en ningún caso esa igualdad incluía a la mayoría de la población: mujeres, indígenas, mestizos, mulatos, blancos pobres, negros y esclavos de todo tipo.

Es decir, no sólo la democracia liberal de Occidente coincidía con los ejemplos restrictivos de democracias de la antigüedad europea, sino que también el mismo concepto de igualdad. Incluso hoy, las democracias liberales son plutocracias (considerar el origen del liberalismo como continuación de la nobleza feudal extendida por el capitalismo), aún más restrictivas y concentradoras del poder que en la antigua Grecia, donde existían límites a la acumulación a través de los impuestos.

Hoy, el mismo concepto de igualdad es brutalmente restringido: todos somos iguales ante la ley, pero no ante la justicia. Un ladrón de bicicletas tiene mil veces más posibilidades de ir a la cárcel en cuestión de días que un millonario que estafó millones manipulando las leyes de un país, las inversiones del club selectivo de hedge funds, o endeudó a todo un país en beneficio propio y de sus amigos. Un ladrón de teléfonos tiene más posibilidades de terminar linchado o en prisión que un pederasta de la clase dominante―para prueba están los archivos Epstein. La justicia no es ciega. La justicia tiene los ojos vendados porque ha sido secuestrada.

Por estas razones, no es una ironía ni una contradicción el hecho histórico de que, mientras los filósofos y los revolucionarios europeos admiraban las sociedades indígenas por los ideales sociales y existenciales que envidiaban y promovían, las ponían como ejemplo de lo que no querían o no era posible. No querían ser salvajes como los pueblos pertenecientes a razas inferiores. No querían perder sus privilegios de clase ni sus antiguos sueños de naciones imperiales, modeladas a imagen y semejanza de la admirable Roma.

Para esto, racionalizaron (incluso el mismo Rousseau) que las reglas de la democracia y la igualdad sólo eran posibles en “sociedades primitivas”, en sociedades pequeñas, en el “paraíso perdido” que ya no podía volver. Su contemporáneo e ícono del liberalismo―hoy sería acusado de socialdemócrata―Adam Smith, continuó esta línea de pensamiento procedente de una Europa plagada de crimen y miseria, pero orgullosa de su arquitectura y de su poderío militar: “La pobreza universal establece su igualdad universal”, escribió. En el medio, con sus mujeres no tan vestidas como en Medio Oriente ni tan desnudas como en Africa, están los sabios y superiores europeos.

Para los pueblos nativos como los iroqueses―incluso para quienes visitaron Europa―, estas mieles del progreso eran ilusorias. No es que los indígenas carecieran de autoridad, sino que ésta estaba legitimada no por el poder económico ni por alguna psicopatología de acumulación y poder, sino por lo contrario: por la habilidad del líder de convencer a los demás a través de argumentos, de las bondades de sus propuestas. No es que los nativos desearan algo que no tenían, sino que, como ellos mismos lo expresaron, no deseaban algo que les quitaría su libertad.

Sin embargo, ni las sociedades con democracia igualitaria (comunista) de los indígenas norteamericanos era pequeña (sólo la población iroquesa sumaba tanto como la de Londres antes de las pandemias europeas) sino que la idea de que existe una correlación entre desigualdad y progreso económico se contradice con lo que podemos observar en varios continentes.

Sólo por limitarnos a América, desde el polo Norte al polo Sur, la colonización española, portuguesa y anglosajona radicalizaron las diferencias sociales al mismo tiempo que radicalizaban la pobreza. Los palacios y mansiones con escaleras de mármol no eran para los obreros y mucho menos para los indígenas. Para ellos era el dolor físico y moral.

Por siglos, la colonización territorial y socioeconómica del Sur Global redujo la expectativa de vida de sus habitantes de 45 años (superior a la europea por siglos) hasta 29 años en pleno siglo XX, como fueron los casos de países ricos, como el Congo o Bolivia. El imperialismo y la brutalidad colonial también redujeron la estatura promedio de su población, al tiempo que aumentaron la adicción al alcohol y a drogas como el tabaco (el tabaco es de origen americano, pero el tabaquismo es europeo, como la mayoría de las adicciones promovidas por el consumismo y la mercantilización de la existencia). Por no mencionar los altos índices de depresión y suicidio exportados por los colonos.

Es decir, por siglos de colonización, la desigualdad no significó progreso material, sino todo lo contrario. Cuando significó un progreso lo fue para una minoría. Al mismo tiempo que John Locke a finales del siglo XVII y Adam Smith un siglo más tarde (y los neoliberales más de tres siglos después) razonaban que la desigualdad era causa y consecuencia del progreso social, Inglaterra se beneficiaba de la expansión de la esclavitud en India, Estados Unidos y Brasil, proveedores del oro blanco y de otros recursos vitales para sus industrias. Al mismo tiempo que se consolidaban las mega fortunas concentradas en el Sur estadounidense y se fundaban las corporaciones que hoy dominan la economía del mundo, los negros vivían en esclavitud y los blancos pobres en servidumbre (cuando no en esclavitud indenture) por apenas unos siglos. De forma simultánea, en los centros del imperialismo europeo, al mismo tiempo que aumentaba la prosperidad material, el desarrollo social y mejoraban las expectativas de vida y la altura de su población tres siglos después del nacimiento del capitalismo, se reducía la desigualdad.

Las explicaciones sobre este nuevo bienestar y desarrollo en Europa (con frecuencia explicaciones políticas, cuando no racistas) con recurrencia atribuyen todas las bondades al capitalismo. Ignoran, sin embargo, realidades básicas: la expectativa de vida en Europa mejoró siglos después por la introducción de la higiene―conocida y practicada por los indígenas por siglos―, como el uso del jabón y las medicinas químicas, conocidas en las abominables civilizaciones musulmanas en Oriente y por los salvajes indígenas en Extremo Occidente.

Sobre todo, ignoran que toda esa prosperidad, con su ápice en la Belle Époque (desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial) estaba sustentada por la vampirización de Asia, Africa y América Latina―continentes que, a su vez, eran usados como ejemplos de retraso económico, cultural, mental y hasta racial.


Fuente: Rebelión

jueves, 19 de febrero de 2026

Victoria de Palestine Action: la Corte Suprema británica declara nula su ilegalización

 

 Por Pablo Rivas   
      Coordinador de Clima y Medio Ambiente en El Salto.


     Júbilo en el activismo británico y en los grupos de apoyo a Palestina de todo el planeta. La Corte Suprema del Reino Unido ha declarado nula la ilegalización del Palestine Action, la red de colectivos que centraba su activismo en señalar, mediante la acción directa no violenta, a las empresas británicas que suministraban armamento al Estado de Israel durante el genocidio de Gaza.


Genocidio en Gaza.

El Gobierno británico había designado a la red activista como “terrorista” en julio, una polémica decisión que derivó en casi 3.000 detenciones a lo largo del Reino Unido tras la convocatoria de decenas de protestas y una campaña de desobediencia civil contra la decisión del Ejecutivo laborista de Keir Starmer bajo el lema “Me opongo al genocidio. Apoyo a Acción Palestina”.


El Gobierno británico cancela el acuerdo de armas con Elbit Systems tras la huelga de hambre de sus activistas presos.

Con la sentencia de hoy, los jueces aceptan la impugnación de la decisión del Gobierno presentada por Huda Ammori, cofundadora de Palestine Action, y hacen suya la argumentación de que las acciones del grupo no pueden ser condenadas por la Ley de Terrorismo del año 2000, que castigaba la pertenencia o el apoyo a un grupo de este tipo con penas de hasta 14 años de prisión.

Interferencia con varios derechos fundamentales

La justicia británica considera que en la designación de Palestine Action como grupo “terrorista” existe una “interferencia muy significativa” con los derechos de libertad de expresión, libertad de reunión pacífica y libertad de asociación. Asimismo, los jueces aceptan otro de los argumentos de Ammori, por el que señala que la decisión que tomó la entonces ministra del Interior, Yvette Cooper, no es coherente con la propia política del Gobierno.

No obstante, Palestine Action seguiría ilegalizada temporalmente para, según ha especificado la Corte Suprema, dar tiempo a las partes a apelar la decisión. La actual ministra del Interior, Shabana Mahmood, ya ha anunciado que el Gobierno recurrirá.

Al respecto, la Policía Metropolitana de Londres ha hecho público que dejará de arrestar a ciudadanos que muestren apoyo a Palestine Action, pero que “recogerá evidencias” si esto ocurre de cara a futuros procesos en virtud de una posible apelación.

Mediante un comunicado, Ammori ha señalado: “Prohibir Palestine Action siempre tuvo como objetivo apaciguar a los grupos de presión proisraelíes y a los fabricantes de armas, y no tuvo nada que ver con el terrorismo. El fallo histórico de hoy es una victoria para la libertad de todos, e insto al gobierno a respetar la decisión del tribunal y a poner fin a esta injusticia sin más demora”.


Activistas de Palestine Action en la azotea de la empresa de armas Leonardo en Edimburgo, en protesta por el suministro de armas a Israel.

La activista, que ha calificado el fallo de “victoria monumental tanto para nuestras libertades fundamentales aquí en Gran Bretaña como para la lucha por la libertad del pueblo palestino”, ha señalado que la ilegalización “será recordada para siempre como uno de los ataques más extremos a la libertad de expresión en la historia británica reciente”.

Tras la ilegalización y posterior detención de decenas de personas, varios activistas de Palestine Action protagonizaron la mayor huelga de hambre  coordinada del Reino Unido desde 1982, cuando los presos republicanos irlandeses realizaron una protesta similar para defender sus derechos como presos.


Huelga de hambre de actvistas de Palestine Action.


Fuente: El Salto

miércoles, 18 de febrero de 2026

Las operaciones del ICE se asemejan cada vez más a la ocupación israelí. No es casualidad.

 

      Antropóloga y escribe sobre la guerra automatizada en Israel y Palestina.

Las autoridades migratorias estadounidenses han cultivado vínculos con Israel desde hace mucho tiempo. Ahora adaptan tácticas de vigilancia algorítmica de Gaza para su uso en las calles estadounidenses

     A medida que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de EE. UU. invaden ciudades de todo Estados Unidos, la política estadounidense parece haber entrado en una nueva fase, en la que las fuerzas federales armadas convierten barrios civiles en zonas de conflicto activo. Parte de lo que impulsa este cambio político es una potente infraestructura técnica: las operaciones del ICE ahora se agilizan mediante sistemas móviles de vigilancia y localización de objetivos, donde el arma más poderosa de los agentes cabe en la palma de la mano.


Un oficial de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), una de las principales ramas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos, durante un operativo en Minneapolis, el 6 de enero de 2026.

Informes recientes revelan que el ICE utiliza al menos dos aplicaciones para guiar sus medidas represivas. La primera es ELITE (Identificación y Selección Mejorada de Pistas para la Aplicación de la Ley), un nuevo sistema geoespacial desarrollado por la firma de análisis de datos Palantir para el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), y diseñado para teléfonos inteligentes y tabletas. ELITE "rellena un mapa con objetivos de deportación, genera un expediente de cada persona y proporciona una 'puntuación de confianza' sobre su dirección actual", según un manual de usuario publicado a finales del mes pasado.

La segunda es Mobile Fortify, una aplicación de reconocimiento facial desarrollada por la empresa de biometría NEC que permite a los agentes de inmigración identificar tanto a ciudadanos como a migrantes indocumentados. Según informes, el ICE y otros agentes del DHS han fotografiado y escaneado los rostros de estadounidenses en ciudades como Minneapolis y Chicago. Estas imágenes se cotejan con bases de datos biométricas, se recopilan en expedientes y se almacenan hasta por 15 años.

No es casualidad que, al informar sobre la incursión del ICE en Minnesota, la columnista del New York Times, Lydia Polgreen, describiera una "ocupación diseñada para castigar y aterrorizar". Las tecnologías que respaldan sus operaciones ilustran cuán meticulosamente el ICE sigue los pasos de Israel: tanto ELITE como Mobile Fortify guardan un sorprendente parecido con las aplicaciones móviles de localización de objetivos que las fuerzas israelíes han integrado en su arsenal policial durante la última década.

El 'argumento de venta' de la vigilancia israelí

Desde el 11 de septiembre de 2001, Israel ha cultivado estrechos vínculos con las autoridades migratorias estadounidenses mediante delegaciones conjuntas, capacitaciones e intercambios de tecnología, todo lo cual contribuyó a que el ICE pusiera en manos de los métodos antiterroristas israelíes. Sin embargo, el DHS solo comenzaría a experimentar con la minería de datos y la vigilancia algorítmica —prácticas en gran medida iniciadas por las agencias de inteligencia israelíes— durante el primer mandato del presidente estadounidense Donald Trump. Esto ocurrió justo cuando las fuerzas israelíes automatizaban sus tácticas de vigilancia y selección de blancos en toda Palestina. 

En el primer Foro Internacional de Seguridad Nacional de Israel, celebrado en Jerusalén en 2018, ante la asistencia de numerosos funcionarios designados por Trump, el ministro de Seguridad Pública, Gilad Erdan, se jactó de que las fuerzas israelíes estaban utilizando por primera vez herramientas y algoritmos avanzados de inteligencia web para detectar posibles terroristas. Declaró a la prensa que la experiencia de Israel puede ayudar a otros países a combatir este tipo de terrorismo.

Las "herramientas avanzadas" a las que se refería Erdan formaban parte de un conjunto creciente de sistemas de vigilancia algorítmica, desplegados primero en Cisjordania y posteriormente en Gaza. A finales de la década de 2010, en respuesta a una serie de los llamados ataques terroristas de lobos solitarios, las unidades de inteligencia israelíes habían desarrollado una extensa red de tecnología de vigilancia para identificar a "posibles terroristas" entre la población civil.


Sombras de las cámaras CCTV de la policía vistas cerca de la Puerta de Jaffa en la Ciudad Vieja de Jerusalén, 30 de enero de 2017.

Las cámaras de circuito cerrado de televisión (CCTV) y los escáneres de matrículas proliferaron por toda Cisjordania. Los algoritmos extrajeron contenido de plataformas de redes sociales y aplicaciones de mensajería. Y en los últimos años, como reveló +972 el verano pasado, el ejército israelí también comenzó a almacenar millones de llamadas y mensajes de texto enviados desde los territorios palestinos ocupados en servidores en la nube de Microsoft. Este vasto conjunto de datos de vigilancia ha permitido al ejército israelí equipar a las tropas de combate que patrullan las ciudades palestinas con sistemas de vigilancia algorítmica intrusivos.

Una de ellas es Blue Wolf, una aplicación que permite a los soldados acceder a información biográfica de civiles fotografiando sus rostros o escaneando un documento de identidad. Además de detalles como direcciones, historial laboral y lugar de residencia, la aplicación analiza información de llamadas telefónicas, mensajes de texto, redes sociales y otras fuentes de vigilancia para generar una "clasificación de seguridad": una estimación de la probabilidad de que un individuo cometa un atentado, en una escala del uno al diez.

"No me sentiría cómodo si lo usaran en el centro comercial de [mi ciudad natal], digámoslo así", declaró un agente de inteligencia israelí al Washington Post cuando se conoció la noticia de la aplicación a finales de 2021. "Es una violación total de la privacidad de todo un pueblo".

Pilar de Fuego, un sistema de mapeo móvil basado en interfaces GPS civiles, también se incorporó al arsenal de combate israelí alrededor de 2020. Permite a las unidades de inteligencia marcar objetivos terroristas para las fuerzas terrestres que patrullan una zona determinada o señalar ciertas regiones geográficas donde otros sistemas de aprendizaje automático predicen la probabilidad de actividad militante. Las tropas de combate pueden entonces explorar y buscar personas para arrestar o lugares para allanar basándose en inteligencia sintetizada algorítmicamente.

Tiene una capa interactiva donde subíamos objetivos y los compartíamos con las fuerzas sobre el terreno”, me comentó la semana pasada un veterano israelí de la unidad de ciberinteligencia de élite 8200, al describir su experiencia con estos sistemas durante los últimos años. “Daba a las tropas acceso instantáneo a toda esta información clasificada.

Cuantos más datos tengas, más podrás hacer”, continuó. “El atractivo de Israel fue su capacidad para acumular todas estas reservas de información y desarrollar sistemas de vigilancia sobre el terreno”, sistemas que se han vuelto demasiado atractivos para que las fuerzas del orden estadounidenses los ignoren.


Un soldado israelí fotografía  al activista palestino Rabia Abu Naim en Al-Mughayyir, Cisjordania ocupada.

Implementando el 'método israelí'

Con el tiempo, la colaboración entre las unidades de inteligencia israelíes, las empresas tecnológicas y el departamento de seguridad nacional estadounidense no ha hecho más que profundizarse. Palantir abrió una oficina en Tel Aviv en 2015, donde consiguió contratos con el gobierno israelí. Veteranos de las unidades de inteligencia israelíes fundaron empresas de vigilancia como Paragon y Cellebrite, que han vendido tecnología de espionaje de grado militar al Departamento de Seguridad Nacional.  

Durante décadas, las agencias policiales nacionales y locales de Estados Unidos han enviado oficiales a Israel para aprender nuevas tácticas policiales y antiterroristas que, según algunos participantes, eran demasiado potentes para implementarlas en el país: monitorear las telecomunicaciones y extraer contenido de Internet para decidir a quién arrestar; extraer registros de salud y datos de ubicación para rastrear a otros; fotografiar a civiles en la calle para determinar si debían ser interrogados; y dispararles con impunidad. 

Un poco más invasivas que lo que se ve aquí en Estados Unidos”, así describió Bill Ayub, sheriff del sur de California, las herramientas de vigilancia predictiva que Israel demostró durante un viaje de delegación al que asistió en 2017. “Fue como, '¡Guau! ¿Haces eso?'... Estaríamos en la cárcel si hiciéramos algo así aquí”.

En 2022, el jefe de policía de Santa Bárbara, Craig Bonner, también señaló que los métodos israelíes eran mucho más agresivos de lo legalmente permitido en Estados Unidos. Recordando su entrenamiento en Israel, enfatizó que «en muchos casos, las acciones que se realizan allí simplemente no están permitidas por la ley ni por la Constitución».

Los ideales estadounidenses sobre el uso de la fuerza giran en torno a usar la mínima fuerza posible de forma conservadora y defensiva”, reflexionó un oficial del departamento de policía de Memphis tras recibir entrenamiento de combate en Israel. “En el método israelí, la intención es emplear la máxima fuerza de forma ofensiva”.

No obstante, el DHS emuló cada vez más los métodos israelíes de vigilancia y selección de personal, y el ICE ha llegado a operar más como una unidad militar que como un organismo de control de inmigración. En los últimos años, el ICE ha contratado a intermediarios de datos que recopilaron  información de los Departamentos de Vehículos Motorizados, plataformas de redes sociales y cruces fronterizos para compilar bases de datos no reguladas sobre el comportamiento humano. Además del historial de viajes, la trayectoria profesional y las relaciones familiares de las personas, estos datos también incluyen historiales de viajes registrados mediante redes clandestinas de escáneres de matrículas y cámaras de reconocimiento facial.


Un operativo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos en Los Ángeles, California, el 12 de junio de 2025.

Durante la mayor parte de la última década, estos experimentos afectaron principalmente a inmigrantes indocumentados y sus comunidades, dejando indemnes a los sectores más privilegiados de la sociedad estadounidense. Pero Trump 2.0 eliminó cualquier limitación que Estados Unidos hubiera impuesto al uso indiscriminado de estas herramientas. Desde enero de 2025, el DHS ha colaborado con empresas con una sólida trayectoria en la selección de objetivos militares, como Palantir, para ampliar su alcance tanto a ciudadanos como a extranjeros.

De Gaza a Minneapolis

Para comprender las graves implicaciones de la tecnología de vigilancia basada en IA en manos de actores militares deshonestos, basta con observar la conducta de Israel en Gaza durante los últimos dos años. Los agentes de inteligencia y los pilotos de la fuerza aérea no solo recurrieron a bases de datos de objetivos generadas algorítmicamente para guiar sus ataques aéreos, sino que, sobre el terreno, la "Nube Operacional" del ejército israelí permitió a las tropas de combate acceder a gran parte de los mismos datos en tiempo real. Los soldados localizaron edificios para volar en mapas operativos e identificaron a civiles para detenerlos —o eliminarlos— mediante sistemas de reconocimiento facial, todos accesibles a través de tabletas y teléfonos inteligentes.

Juan Sebastián Pinto, exempleado de Palantir Technologies, quien ahora exige regulación y rendición de cuentas sobre la IA en Colorado, el estado donde se encuentra la empresa, lo expresó claramente cuando hablamos la semana pasada. "Las plataformas que utiliza el DHS llevan tecnologías de guerra que vemos en Gaza a los barrios estadounidenses", dijo. "Ofrecen a los agentes del ICE el mismo panorama operativo común que las agencias militares y de inteligencia".

Pinto también enfatizó que estas tecnologías son propensas a errores. Mobile Fortify, al igual que las plataformas de reconocimiento facial utilizadas en Palestina, ha identificado erróneamente a personas durante su detención por agentes del ICE. Los algoritmos de la plataforma son menos confiables en condiciones climáticas adversas, cuando se toman fotos desde ciertos ángulos y al identificar a personas de color. El sistema de puntuación de confianza que impulsa ELITE, la plataforma de inteligencia geoespacial del ICE, también se basa en algoritmos de aprendizaje automático defectuosos, incapaces de analizar los matices ni la variación contextual en la gran cantidad de datos que recopilan.

Pero donde estos sistemas fallan técnicamente, triunfan políticamente. En el caso de las operaciones militares de Israel en los territorios palestinos, han ofrecido una justificación técnica para el vertiginoso aumento de las tasas de vigilancia policial, detenciones y muertes. Mientras tanto, el gobierno autoritario de Israel presenta las crecientes listas de asesinados o encarcelados como prueba de que está consolidando su dominio regional y la seguridad nacional.

Trump parece ansioso por seguir el ejemplo de Israel, por lo que algunos analistas afirman que podría no pasar mucho tiempo antes de que el ICE envíe drones armados sobre los cielos de las ciudades estadounidenses para perseguir objetivos; en este caso, aquellos que la administración Trump clasifica como "una amenaza para la seguridad del pueblo estadounidense". Ese futuro puede ser inevitable, mientras el ICE siga transformándose a imagen de una unidad militar israelí.


Fuente: +972