Periodista
y activista que escribe sobre justicia social.
Tras
la caída este viernes de los dos decretos en el Congreso, las
inquilinas han convocado una movilización que arrancará este sábado
en Madrid a las 12.00 y se replicarán en más de 50 ciudades de todo
el Estado.
Integrantes de la acampada de vivienda se concentraron este viernes afuera del Congreso.
“Hoy
el Congreso tenía la responsabilidad de escuchar la oleada de
protestas y aprobar unas medidas de mínimos. Hay una desconexión
irreparable entre lo que quiere la gente y lo que votan los partidos
en un Congreso secuestrado por el
rentismo”.
Contrapoder y pulso al rentismo. Fotografía de Álvaro Minguito.
Así
respondía en la mañana de este viernes desde la Puerta del Sol el
Sindicato de Inquilinas ante el anuncio que marcaría inevitablemente
el rumbo del resto de la jornada: los
dos decretos de vivienda
nacidos del ‘caso Maricarmen’ han decaído en el Congreso con los
votos en contra de PP, Vox, Junts y UPN. La ciudadanía pronto se ha
mostrado preparada para dar respuesta en las calles a esta negativa.
La
primera norma ha caído con 172 síes y 178 noes y la segunda, con
166 a favor y 184 en contra. Ya en febrero los posconvergentes
tumbaron la moratoria
antidesahucios
para personas vulnerables que protegía desde la pandemia a más de
60.000 hogares, así como otras medidas del llamado escudo social.
Macrodesahucio en Collado Villalba el pasado 19 de febrero.
Esta
vez el batacazo se ha confirmado tras más de cuatro horas de intenso
debate, aunque el resultado no ha modificado sustancialmente el ánimo
de las presentes en el km 0.
Esto
ha sido así en parte porque la gran mayoría era consciente de la
compleja aritmética electoral con la que se contaba desde el
principio y porque, como esgrimían algunos desencantados, “tras
ocho años de legislatura teóricamente progresista sin hacer nada,
ya habíamos visto antes el carácter regresivo de las actuales
políticas de vivienda”.
Los
acampantes siguieron
en directo
y reunidos en silencio desde sus pantallas una votación de infarto
con un desenlace que nadie deseaba pero muchos auguraban.
Una joven sigue con su móvil el debate sobre los decretos de vivienda, afuera del Congreso.
“Era
la crónica de una muerte anunciada”, deslizaba desde su tienda un
joven acampado desde más de cinco días. Además, desde un primer
momento los colectivos habían criticado el “troceo” del ‘Decreto
Maricarmen’
con el objeto de dejar fuera las medidas más ambiciosas y
contundentes. Ahora todo ha quedado en papel mojado: la moratoria
antidesahucios para las familias vulnerables, la prórroga de dos
años de los alquileres, la renovación automática y la regulación
de los alquileres turísticos y de temporada se han convertido hoy en
un triste recuerdo de lo que podría haber sido el resultado de una
lucha histórica.
“Todo
lo que hemos aprendido estos días que llevamos acampadas desde el
sábado, continúa. Pero no continúa solo en Sol, continúa en cada
barrio y en cada centro de trabajo, en cada centro de salud, en cada
AFA, en cada colegio, porque allí donde hay vida, donde se organizan
las personas y donde se está sufriendo el malestar de la vivienda,
es donde tenemos que tener los esfuerzos puestos para organizar a la
gente, para organizar ese poder popular”, ha señalado Valeria
Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas, minutos después de
decaer los soñados decretos.
Con
esta pulsión de continuidad indefinida, este fin de semana la
Confederación de Sindicatos de Inquilinas ha convocado
manifestaciones
en más de 50 ciudades
de todo el Estado.
Cincuenta movilizaciones por la vivienda recorren el Estado. Convocatorias previstas entre el 2 y el 5 de octubre.
La
de Madrid arrancará este sábado a las 12.00 a través de cuatro
columnas que se digirirán hacia Cibeles bajo el lema “Hacia la
huelga general por la vivienda. Bajadas de alquileres al 50 % y
expropiación de fondos buitres Ya”. Seguirán reclamando contratos
indefinidos, expropiaciones masivas fondos buitre e inmobiliarias
como Urbagestión y una bajada de los alquileres al 50 %. “Es
prioritario seguir acumulando fuerza para convertir las demandas de
la ciudadanía en ley, y hacer que bloquearlas tenga un coste
político. Vamos a hacer que quienes den la espalda al pueblo tengan
que dejar su sitio en el parlamento”, han clamado. Mientras se
suceden las protestas por el bloqueo parlamentario, el presidente del
Gobierno, Pedro Sánchez, ya ha anunciado que decidirá este fin de
semana si adelanta las elecciones generales a antes de que acabe este
año.
El
horizonte próximo no es otro que seguir con la lucha inquilina más
allá de los confines de la acampada con la proyección de una huelga
general “que pare el país” y que cuente con apoyos mayoritarios.
Además, se espera que estos parones coincidan con el apoyo del
inquilinato hacia
la huelga de educación
que arrancará el próximo 14 de octubre.
Más de diez mil personas salen a la calle el pasado domingo 27 de septiembre de 2026 para defender la educación pública frente a los ataques del Gobierno regional de Ayuso.
“La
traducción para eso no es otro camino que una herramienta histórica
de la clase trabajadora, la herramienta por la que todos y todas aquí
tenemos jornadas laborales, que es la huelga”, han afirmado.
Entre
estas alianzas figurarían previsiblemente sindicatos laborales y
comités de empresa, asociaciones vecinales y de centros educativos,
colectivos de estudiantes universitarios. Fuerzas también del
movimiento ecologista, antirracista y feminista que han caminado de
la mano del inquilinato organizado estos últimos meses a través de
uniones como la Confluencia
de Luchas.
Muchos
de estos agentes sociales han llevado a cabo este último año sus
propias movilizaciones, como es el caso de las educadoras en lucha.
Las maestras
infantiles
de la Plataforma Laboral Escuelas Infantiles (PLEI) han formado
también parte activa de la acampada. Desde el pasado 7 de abril
sostienen una huelga que ha cristalizado en una modificación del
Real Decreto 132/2010 que promete la bajada de ratios. Rosa, una de
sus integrantes, confesaba su frustración tras el rechazo
parlamentario de los decretos que consideraba un avance para muchos
colectivos. Además, si se volvieran a reconvocar elecciones
generales, la modificación del mencionado decreto pendería de un
hilo y podría caer en saco roto.
“Nos
sentimos bastante decepcionadas porque si después de este movimiento
en que la ciudadanía ha dejado claro que hay que regular la
vivienda, aún así no sale adelante, ¿para qué sirve entonces la
política?, deslizaba a este medio a escasos metros de las pancartas
que rodean la ciudadela de tiendas. El lunes continuarán con sus
asambleas y de momento no contemplan la desmovilización, aun con los
ánimos algo desgastados.
Un
hastío que se mezcla con el desgaste generalizado tras siete días
duros de pernocta ininterrumpida, algunos de ellos como el de ayer
pasados por agua durante varias horas de tormenta. Bien saben que los
derechos de la infancia están íntimamente ligados a la estabilidad
residencial. “Yo he trabajado en zonas vulnerables y he visto
muchos problemas de desarrollo de lenguaje. Y cuando indagas es que
vive una familia de 6-7 miembros en 20 metros cuadrados. Esa criatura
que puede moverse, el desarrollo cerebral, el desarrollo neurológico
de los tres primeros años de vida es a través del movimiento. No
podemos pretender tener una educación de calidad sin una vivienda
digna”, señala.
La
sensación general de la acampada sigue siendo, no obstante, de
triunfo. En los rostros de quienes todavía continuaban charlando o
comiendo a la entrada de sus tiendas no había señal alguna de
derrotismo ni ansiedad. Solo orgullo, esperanza y ganas de seguir
dando la batalla con mayor intensidad. Durante esta semana de lucha
que ha dado la vuelta al mundo, las manifestantes han logrado situar
la crisis de la vivienda en el debate público y la agenda política,
hasta el punto de poner contra las cuerdas como nunca antes al
gobierno de coalición. Han convertido en posible lo que años atrás
era casi impronunciable.
El
discurso que señala como responsables de la emergencia habitacional
a los fondos buitre y otros actores clave de la especulación se ha
extendido incluso hacia capas de población joven despolitizada. De
hecho, algunas creen que estos días han logrado tejer vínculos más
sólidos entre las distintas organizaciones por la vivienda que han
protagonizado el 26S: “Lo que ha pasado después de que haya caído
el Real Decreto es que se ha formado una concentración de todas las
organizaciones juntas, entrando a sol, hablando de que viva la lucha
de la clase trabajadora y reivindicando la importancia de seguir
organizadas”, han defendido algunas participantes.
Desde
Sindicato de Vivienda de Carabanchel, una de las organizaciones de la
acampada, Marta afirman que todo lo acontecido desde el desahucio de
Maricarmen —quien gracias a la presión popular ha logrado
recuperar finalmente su casa— ha servido para aglutinar y canalizar
la rabia contenida de gran parte de la población. Para las
organizaciones presentes en Sol, la acampada no es un fin sino un
medio a través del cual arrancar acciones posteriores como
protestas, movilizaciones y asambleas territoriales.
Aprovechando
el altavoz mediático que ha traído consigo la lucha, “se han ido
acercando determinados perfiles que quizás hace un par de semanas ni
de broma se habrían planteado a empezar a militar o ir a una
asamblea abierta y ahora lo contemplan como algo absolutamente
necesario. Eso es un avance tremendo para los sindicatos”, comenta
Marta ilusionada.
Aunque
prefiere ser cauta a la hora de hablar de un posible viraje radical
en la opinión pública y considera que deberá pasar un tiempo para
comprobar los efectos sociológicos de esta semana, se enorgullece
todo lo conseguido, que no es poco. “Lo que hemos vivido estos días
hará que mucha gente empiece a situar el problema de la vivienda
como un problema estructural”, celebra.
La
juventud ha sido la gran protagonista de estos días, la mal llamada
“generación de cristal” que se ha demostrado fundamental para
tensionar a buena parte del gobierno estatal y regional. Desde los
aledaños de su tienda, donde conversa con otros militantes que han
pasado las últimas horas de la tarde achicando agua, nos recibe
Raspu. A sus 20 años milita en la UJCE de Getafe
y estudia un formación profesional en Producción Audiovisual. Estas
seis noches en Sol ha compaginado la asistencia a clases en
Carabanchel con la lucha en la acampada. Insiste en que su generación
está hoy más concienciada que nunca sobre la coyuntura política y
social que le rodea.
“La
gente joven está activa en todo esto, lo que pasa es que se vende el
relato de que la juventud es nazi porque a ciertos sectores del
sistema capitalista les interesa vender ese relato. Pero la juventud
no es nazi, de hecho mucha es abiertamente revolucionaria. La única
diferencia es que ahora, por desgracia, no tienen vergüenza”,
infiere. Ha descubierto cómo la autoorganización puede brindar
esperanza a quienes muchas veces temen por su futuro en un mundo
lleno de incertidumbres: “Puede parecer una cosa muy utópica, pero
me levanto aquí, desayuno veo lo bien que todo funciona, cómo nos
estamos limpiando todos, cómo a nadie le falta de nada. Entonces, me
da una alegría que me quita de golpe el cansancio que pueda tener”,
transmite emocionado.
Fuente:
El
Salto