domingo, 13 de septiembre de 2026

Yemen vuelve a la guerra

 

 Por Àngel Marrades   
      Politólogo | Imperialismo, geopolítica y elecciones. Periodista en Descifrando la Guerra.


     Yemen está volviendo rápidamente a la guerra. En las últimas semanas, los combates entre el Gobierno de Saná liderado por Ansar Alá –usualmente conocidos como hutíes– y las fuerzas alineadas con el Gobierno de Adén –reconocido internacionalmente– se han intensificado a lo largo de las principales líneas del frente, al tiempo que los hutíes también mantienen enfrentamientos armados habituales con Arabia Saudí, el principal valedor externo de sus adversarios.


Imagen de la canción de Ansar Alá ‘Juro por Dios y por la revolución’.

La ofensiva de Ansar Alá

El 4 de septiembre, Ansar Alá lanzó una operación militar a gran escala contra las fuerzas del Gobierno de Adén en la provincia occidental de Taiz, así como en el distrito de Hayis, en la provincia de Hodeida.

Desplegaron armamento pesado, drones y un gran número de combatientes con el objetivo de romper las líneas defensivas del sur y hacerse con el control de carreteras y posiciones clave. La ofensiva de Ansar Alá ha sido un éxito, consiguiendo avanzar rápidamente por la costa occidental de Yemen y conquistando más de 1.500 kilómetros cuadrados de territorio entre el 9 y el 10 de septiembre.

Esta escalada marca un cambio notable en la naturaleza del conflicto, que pasa de estar dominado por ataques de largo alcance –en particular con drones– a uno en el que los enfrentamientos terrestres tienen como objetivo alterar las líneas del frente.

En sus avances en las provincias de Hodeida y Taiz cayó primero la ciudad de Hays, tras días de combates. La pérdida de Hays desencadenó un colapso a gran escala de las tropas apoyadas por Riad, que comenzaron con una retirada que terminó en una huida hacia Adén.

Esto permitió a las fuerzas hutíes tomar Moca, y su aeropuerto internacional, sin obstáculos. El avance también continúa a la ciudad de Dhubab, situada en la entrada de Bab al-Mandeb, un punto estratégico clave para el tráfico de petroleros. Con la toma de esta posición, Ansar Alá tiene el control de toda la costa occidental de Yemen.

Además, las fuerzas del Gobierno de Saná han lanzado un asalto anfibio contra el estratégico archipiélago de Jabal Zuqar y las islas Hanish mayor y menor, situadas en el corredor marítimo del sur del mar Rojo. También han tomado la isla de Perim, en medio del estrecho de Bab al-Mandeb y a tan sólo 20 kilómetros de Yibuti.


La posibilidad de un bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb, sumado al de Ormuz, complicaría gravemente la situación del comercio mundial.

En conjunto, Ansar Alá tiene ahora un control mucho más directo sobre el estrecho, pudiendo amenazar a los buques con artillería y armas de corto alcance.

Estrangular a Arabia Saudí

El fin de la tregua de facto –vigente desde 2022– se ha hecho evidente desde principios de agosto. Todo comenzó con una crisis a mediados de julio relacionada con los vuelos entre Saná y Teherán, que sirvió al Gobierno yemení del norte para exigir el fin del bloqueo saudí, tanto a sus puertos como aeropuertos. La nueva política de bloqueo por bloqueo busca cambiar la ecuación, obligando a Riad a reconocer su legitimidad como gobierno soberano sobre Yemen.


La posibilidad de un bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb, sumado al de Ormuz, complicaría gravemente la situación del comercio mundial.

El proyecto de Ansar Alá es, ante todo, un proyecto soberanista que busca independizar a Yemen de la interferencia de las potencias externas en sus asuntos internos.


El proyecto de Ansar Alá es, ante todo, un proyecto soberanista.

En contra de lo que suele pensarse, Ansar Alá como movimiento social y político no es una guerrilla de desarrapados, sino que gobierna desde la capital sobre un tercio del territorio y el 70-80% de la población del país con un conjunto de complejas instituciones, heredadas muchas de ellas del viejo Estado yemení.

Un ejemplo de esto es que, cuando Yemen se desgarró en la guerra civil en 2014, la vasta mayoría del ejército profesional desertó al bando de Saleh y Ansar Alá, y se llevaron consigo todos sus sistemas de armas modernas.

Al inicio de la guerra, de un total de 88 unidades de tamaño de brigada que formaban el Ejército yemení, 46 brigadas al completo se alinearon con el bando de los hutíes, mientras que solo 5 unidades lo hicieron con Hadi, el entonces presidente de Yemen “reconocido internacionalmente”. Cuando los hutíes rompieron su alianza con el expresidente Saleh en 2017, consiguieron mantener el control y mando de las fuerzas armadas yemeníes.

En el ámbito interno, las exigencias de los hutíes a Arabia Saudí se han mantenido constantes. Quieren que sus adversarios permitan vuelos internacionales ininterrumpidos desde y hacia el aeropuerto de Saná; que paguen los salarios del sector público en las zonas que controlan –en un primer momento con fondos de Riad y, posteriormente, con los ingresos procedentes de las ventas de petróleo yemení–; que compartan con ellos los ingresos públicos; y que levanten las restricciones sobre el puerto de Hodeida.

Cada una de estas peticiones tiene también una importante función política hacia el exterior. Ansar Alá quiere aprovechar su control de Saná y de gran parte del norte de Yemen para lograr el reconocimiento de su soberanía, incluso sobre las conexiones aéreas, el comercio y las relaciones exteriores.

La disputa sobre los vuelos entre Saná y Teherán es ilustrativa: lo que está en juego no es solo si la ayuda humanitaria puede llegar a la capital, sino también si los hutíes pueden establecer vínculos con el mundo exterior sin la aprobación del Gobierno reconocido internacionalmente. Es decir, Yemen busca convertirse en un actor regional de peso.

La alianza de Ansar Alá con Irán responde a esos intereses. En contra de lo que suele decirse, no son una fuerza proxy de la Guardia Revolucionaria Islámica, a pesar de que compartan una cierta afinidad ideológica y alianza en el Eje de la Resistencia.


Desfile militar de los hutíes yemeníes.

De hecho, desde Teherán siempre han tendido a considerar que Saná actúa demasiadas veces por cuenta propia y están dispuestos a tomar riesgos muy elevados.

El alto al fuego de 2022 en Yemen permitió a Irán firmar la normalización diplomática con Arabia Saudí en 2023, obligando a Ansar Alá a ser cauto en sus relaciones con Riad. Sin embargo, con la agresión de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica en 2026 se ha abierto una nueva etapa en las relaciones, pues en Teherán ven la presión yemení sobre el mar Rojo como una ventaja decisiva.

Este segundo frente permite a Irán imponer un bloqueo casi total al golfo Pérsico. Los ataques de Ansar Alá ya han dañado considerablemente la infraestructura petrolera saudí, desde refinerías a puertos, incluso han golpeado el oleoducto saudí Este-Oeste que era decisivo como alternativa al estrecho de Ormuz. Esto se esta traduciendo en un repunte en los precios del petróleo, disparándose el crudo Brent a los 107 dólares el barril.

Irán espera de esta forma imponer una nueva realidad para obligar a los Estados del golfo Pérsico a aceptar un cambio en la arquitectura regional, en el cual su seguridad esté precondicionada por su integración en la región. La capacidad de Estados Unidos de proteger las rutas marítimas y a sus aliados se pone cada vez más en cuestión, al tiempo que exacerba la crisis imponiendo mayor presión para que Washington vuelva al MoU firmado con Irán en julio.

Arabia Saudí se encuentra en la situación más complicada. No puede ignorar los ataques contra su territorio, del mismo modo que no puede quedarse de brazos cruzados mientras los hutíes restringen el tráfico marítimo en Bab al-Mandeb.


Mapa de la guerra civil de Yemen. En rojo el territorio controlado por el Gobierno de Adén; en verde el territorio controlado por el Gobierno de Saná; y en azul el territorio tomado por Ansar Alá en la ofensiva de septiembre de 2026.

Al mismo tiempo, Riad tiene poco interés en volver a la intervención de duración indefinida que caracterizó la guerra entre 2015 y 2022. De hecho, desde la tregua de facto de 2022, la política saudí se ha basado en reducir las amenazas procedentes de Yemen, al tiempo que se crean las condiciones para una solución política que no requiera una implicación militar duradera. La actual escalada hutí pone en tela de juicio ese enfoque.

Riad ha ido ampliando su red de alianzas en materia de seguridad para crear un elemento disuasorio más creíble frente a las amenazas que plantean los hutíes, Irán y los grupos alineados con la República Islámica en Irak.

Lideró la creación de la Alianza Multinacional de Defensa Marítima, anunciada el 30 de julio, que reunió a más de 40 países, entre ellos Estados Unidos, en un “marco defensivo” diseñado para “salvaguardar los intereses marítimos comunes en el estrecho de Bab al-Mandeb, el mar Rojo y el golfo de Adén”. El 7 de agosto, Arabia Saudí también firmó el Acuerdo de Defensa Conjunta de la Meca, un pacto de defensa mutua, con Pakistán y Turquía.

Además, el Gobierno de Adén aseguraba que los hutíes eran más vulnerables a nivel interno que en el pasado, debido al empeoramiento de “las dificultades económicas en las zonas bajo su control” y al “creciente resentimiento hacia sus medidas de seguridad coercitivas”.

Por estas razones, las fuerzas respaldadas por los saudíes no estaban dispuestas a volver a las negociaciones. La posición de Riad era aumentar los costes de una escalada en su contra, más que preparándose para una campaña militar de mayor envergadura. Pero Arabia Saudí se ha enfrentado a una realidad muy distinta.

Sus alianzas y contactos con Irán le han servido de poco. El nuevo Acuerdo de la Meca no ha servido de disuasión, pues ni Turquía ni Pakistán están dispuestos a verse envueltos en el atolladero yemení y se niegan a extender ayuda por temor a una escalada con Irán. El Gobierno de Adén, completamente dependiente de las órdenes de Riad, es incapaz de desplegar una fuerza competente y está dividido en sus lealtades y por la corrupción de sus líderes.

El ejército saudí tampoco tiene capacidad para cambiar las tornas y ha demostrado no estar preparado para la guerra de drones, sufriendo numerosas bajas por la exposición de sus fuerzas.

Por más que cuente con equipo militar puntero, cazas F-16 e instrucción del ejército estadounidense, las fuerzas armadas saudíes están diseñadas para tener la menor centralización de mando y autonomía posible, pues el mayor temor de los príncipes saudíes es un levantamiento republicano de los militares. Sus unidades están fragmentadas y se fomentan las rivalidades entre los distintos servicios, mientras los reclutas carecen de cualquier motivación para librar una guerra.

La cuestión sureña

La ofensiva de Asar Alá no tiene la intención de alcanzar una victoria militar en la guerra civil, al menos en este momento. El control sobre el mar Rojo permite al Gobierno de Saná ejercer suficiente presión sobre Arabia Saudí, debilitando al mismo tiempo al Gobierno reconocido internacionalmente.

El problema que enfrenta Ansar Alá en estos momentos es político: los obstáculos están en la salida de las fuerzas extranjeras –saudíes– y en alcanzar una reconciliación política que haga viable al Estado yemení.

La toma de Adén por la fuerza haría al sur rememorar la conquista de la ciudad por los nordistas en 1994 y la unificación forzada, abriendo viejas heridas. En Saná no quieren ser vistos como unos nuevos conquistadores; esperan poder favorecer una reconciliación pacífica con el sur que permita resolver, en la mesa de negociación, la cuestión nacional pendiente. En Ansar Alá no se oponen a una opción federal.

Una ventajas con las que cuenta en este momento el Gobierno de Saná es la división interna en Adén. El desmantelamiento del Consejo de Transición del Sur (STC) y la salida de Emiratos Árabes Unidos han dejado a los nacionalistas sureños huérfanos y forzados a integrarse bajo el Gobierno dominado por Arabia Saudí.

Estas tensiones han podido verse en la reciente ofensiva. Las fuerzas yemeníes respaldadas por los saudíes huyeron de la costa occidental y no han podido entrar a Adén debido al bloqueo de las fuerzas sureñas, que se han burlado de su “cobardía”.

Desde que Riad forzó la salida de Abu Dabi de Yemen, el proceso de reorganización de las fuerzas del STC bajo el mandato del Consejo de Liderazgo Presidencial (PLC) ha sufrido múltiples obstáculos.


Riad forzó la salida de Abu Dabi de Yemen.

Los saudíes crearon el Comité Militar Supremo por parte de Rashad al-Alimi, presidente del PLC, cuyo objetivo es reorganizar, equipar y unificar el mando de todas las fuerzas militares en los territorios controlados por el Gobierno de Adén.

Esto es relevante para el sector de la seguridad, puesto que muchas de las fuerzas que antes contaban con el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos –y que ahora están integrando los saudíes– han estado históricamente dirigidas por comandantes con aspiraciones secesionistas o, como mínimo, autonomistas.


El Consejo de Transición del Sur, respaldado por Emiratos Árabes Unidos, amplía su control sobre el este y el centro de Yemen en detrimento de las fuerzas apoyadas por Arabia Saudí.

Riad ha estado reconstruyendo su influencia y aprovechando su renovado estatus hegemónico y su poder económico en las regiones del sur.

Este proceso de integración se ve amenazado por la sostenibilidad económica y política del país. El PLC tiene dificultades para pagar puntualmente los sueldos de los funcionarios públicos, incluidos los del ejército y la policía, y para prestar servicios básicos a los ciudadanos. Los Emiratos Árabes Unidos lograron forjar sólidas alianzas con los grupos armados y los combatientes del sur, en parte gracias a unos sueldos regulares y competitivos en comparación con los del ejército.

Arabia Saudí se ha centrado en la cuestión salarial para impulsar la cooptación y la credibilidad. En enero, Al-Alimi anunció que Riad “ha completado el pago de los salarios de todas las formaciones militares que antes financiaba Abu Dabi”.

Para 2026, Arabia Saudí ha presupuestado casi 3.000 millones de dólares estadounidenses para cubrir los salarios del sector público en Yemen, incluidos los que antes pagaban los Emiratos Árabes Unidos al personal afiliado al STC.

Para Arabia Saudí, la situación política del sur es aún más delicada que la financiera. Cuando el STC se vio obligado a retirarse, Riad anunció la creación de una conferencia denominada Diálogo del Sur para reunir a “todas las facciones del sur con el fin de debatir soluciones justas para la causa del sur”, reconociendo así las aspiraciones locales en materia de autodeterminación y gobernanza. Sin embargo, la prometida conferencia aún no se ha podido organizar.

El acercamiento de Ansar Alá a Adén no es tan importante por la amenaza militar que representa, sino por el cambio político que supone. Saná demuestra que es un socio viable en la gobernanza de Yemen, que Arabia Saudí no tiene capacidad de frenar su avance y que la sostenibilidad del PLC respaldado por Riad queda en entredicho, pudiendo provocar el descalabro final con un cambio de bando por parte de las fuerzas sureñas que abran a Ansar Alá las puertas de Adén.


Fuente: Descifrando la Guerra

sábado, 12 de septiembre de 2026

Adiós a la solidaridad

 

      Ecologista social.


     La derecha más rancia y casposa ha reaccionado con manifestaciones racistas frente a la realidad de una masacre en la frontera marítima de Ceuta. Ha definido como invasores a personas en situación de vulnerabilidad o, en todo caso, movilizadas en un contexto de dejación o permisividad policial marroquí. Ha ignorado la muerte de alrededor de 140 personas en su intento por cruzar la frontera. Ha alentado la persecución organizada e incluso la cacería de inmigrantes. Ha lanzado bulos y fomentado la fobia social en redes. Se ha negado a participar en la acogida de los traslados de menores desde Ceuta a sabiendas de la desprotección y el desbordamiento que la situación ha generado.


Ceuta.

Al margen de la utilización política de la frontera por parte de una monarquía autoritaria —razón de más para pensar que puede haber motivos para buscar refugio más allá de una dictadura—, los agentes subversivos del odio están intentando desestabilizar la capacidad de empatía social en beneficio de unas élites que lo único que buscan es gobernar este país «como dios manda» y, a ser posible, al estilo del golpe del 36 (ya no les vale con seguir apuntalando el régimen de la Transición).

Tal vez haya una escasez de neuronas afectivas en todos y cada uno de estos agentes, pero más allá de patologías sin tratamiento posible, el resultado de que asuma el poder la parte más oscura, menos racional y más insensible del ser humano, es el que estamos viendo en muchos de los países en los que, tal y como podemos comprobar cada día, no solo sufren los migrantes, también gran parte de la población que se dice autóctona, la cual es tratada con desprecio, privada de oportunidades y expuesta a los caprichos del autocolonialismo de las grandes corporaciones, también llamadas fondos buitre.

Quienes nos aferramos a la esperanza de que la realidad pueda compadecerse, al fin, de los desposeídos del mundo, no podemos dejar de sentir tristeza frente al hecho de ver cómo una parte de la sociedad ha reaccionado y seguirá reaccionando con furia desmedida en contra de los derechos de otras personas. ¿Cómo mirar para otro lado a sabiendas de que hay una infancia que deambula por las calles de Ceuta sin auxilio ni cobijo? Quienes sentimos esta tristeza, ¿pertenecemos a la misma especie que esos seres infectados de ira que tratan de borrar la condición humana de aquellos que consideran diferentes?

Podríamos exponer aquí cientos de argumentos para desterrar la xenofobia desde la lógica o desde el sentido común, pero nada de lo que se diga vale como argumento en el universo del cinismo y la contradicción: quienes siembran la rabia en redes usan un móvil fabricado en un país asiático con decenas de componentes extraídos de las minas de cualquier territorio pobre, quienes ostentan su capacidad de ser españoles y muy españoles viajan en autos que se mueven con recursos inexistentes en la Iberia taurina, quienes aman la bandera y las tradiciones y toda esa parafernalia que al parecer nos distingue de otros lugares resulta que comen fruta importada de África y recolectada por manos no españolas, quienes más se enfurecen en bares, en tertulias de televisión o en reuniones de familia, también necesitarán en algún momento de su existencia a esas personas a las que verbalmente denigran. Y quienes aplauden o alientan la agresión bárbara —como la quema de campos de refugiados— tal vez en un futuro sean abandonados por sus vástagos éstos cuando apliquen en la práctica la lección recibida.

Las concentraciones de odio llegaron hasta en el pueblo más pequeño de la España, patrocinadas por facciones de partidos amorales con raíces franquistas, y que encuentran en la ya de por sí caciquil atmósfera rural el lugar perfecto para extender su propaganda. Sí, lo han oído bien, hasta en los pueblos más pequeños de las provincias más despobladas y más necesitadas de personas, se concentraron las personas para protestar contra otras personas.

No sabemos hasta qué punto puede dañar la inteligencia la consciencia de ver cómo este movimiento de regreso al fascismo se va abriendo paso en nuestras sociedades desde lo primario, lo ancestral, lo cavernario y lo más rastrero. Lo que sí intuimos es que los valores más valiosos de nuestra especie: la bondad, la búsqueda de la verdad o la solidaridad, pero sobre todo la solidaridad, se están echando a perder por el gran retrete de este capitalismo herido de muerte. Y este proceso acontece sin la observancia de las leyes vigentes.

La entrada irregular en Ceuta no concede por sí misma el derecho a residir en España ni el derecho automático de traslado o libre circulación hacia la Península o el resto de Europa pero las personas que acceden entran automáticamente bajo la jurisdicción de las leyes españolas y comunitarias. Esto implica que la persona migrante adquiere una serie de derechos procesales y de asistencia fundamentales antes de que se pueda determinar si procede su devolución o su permanencia.

‘La madre del emigrante’. Escultura de Ramón Muriedas ubicada en Gijón.

Está prohibida la expulsión colectiva y las autoridades deben identificar a cada persona individualmente, reseñar sus datos y abrir un expediente específico para evaluar su situación particular. Así mismo, tiene derecho a solicitar protección internacional. Si formaliza esta solicitud, su proceso de devolución queda paralizado de inmediato hasta que se resuelva si es admitido a trámite. Tiene derecho a asistencia jurídica y de interpretación, es decir, tiene derecho a contar con un abogado (de oficio si carece de recursos) y con un intérprete en su propio idioma. Además, tiene derecho a la no devolución en caliente en caso de haber entrado a nado y sin superar una barrera o elemento físico de contención. También tienen derecho a asistencia humanitaria y sanitaria básica. Y por último, en el caso de menores no acompañados, el Estado tiene la obligación legal específica de protegerlo bajo los principios del interés superior del menor, lo que impide su devolución automática y obliga a tramitar un proceso riguroso antes de cualquier reagrupación familiar, unas consideraciones que son idénticas para víctimas de trata de personas.

Para la solidaridad, estas leyes podrían ser infinitamente mejores. Para la insolidaridad son, al parecer, demasiado humanas, y por eso la deshumanización trata de forzar la desobediencia hacia ellas, sin tener en cuenta ni la historia ni el futuro, esa que tanto se ignora y ese que da tantas vueltas.


Fuente:
Tercera Información

Un nuevo incendio en un campamento de personas migrantes calcina 42 chabolas en Ceuta

 



Propaganda ultraderechista en Ceuta. Fotografía de Queralt Castillo Cerezuela.

Fuegos declarados en tres puntos de la ciudad autónoma, con chabolas, coches y contenedores ardiendo, se suman a las agresiones de las últimas semanas, espoleadas por los partidos y medios de derecha


Más de 40 asentamientos de migrantes, coches y contenedores quemados esta madrugada en Ceuta.

     Más de 40 chabolas en varios asentamientos de personas migrantes en Ceuta fueron incendiadas en lo que los bomberos de la ciudad autónoma califican de “noche terrible”, según informó Europa Press. Además, ocho vehículos y cuatro contenedores fueron quemados en otros puntos de la ciudad. 

El principal foco se localizó en las Naves del Tarajal, en el polígono industrial de Ceuta, y afectó a 42 chabolas y otros asentamientos informales en el exterior de las naves. El incendio fue declarado a la medianoche y cientos de personas tuvieron que ser evacuadas por el personal de emergencia, que todavía no han informado si se trata de un accidente o de un atentado.

En la madrugada del 8 de septiembre, en la misma barriada se produjo un ataque en el que resultó herido Alí, un niño de ocho años, que recibió un perdigón en la cabeza, muy cerca del ojo derecho.


Un niño marroquí de 8 años recibe varios ‘perdigonazos’ en la cabeza tras ser disparado con un rifle en Ceuta.

Cuando su madre salió de la tienda a rogar a los encapuchados que cesaran su ataque, la amenazaron de muerte, según relataba ante los medios.

Al igual que otras agresiones y ataques realizados en las últimas semanas, este fue perpetrado por personas encapuchadas, según los testigos. 

El 30 de agosto, dos hombres marroquíes recibieron disparos de perdigones en la misma barriada y tuvieron que ser atendidos en el hospital. El 1 y el 2 de septiembre, se produjeron otros ataques con características similares: personas encapuchadas en moto que disparaban con pistolas de aire comprimido y balines de plástico.


Mujeres y menores migrantes en el polideportivo del barrio de El Príncipe, en Ceuta.

Desde Vox, el diputado José María Figaredo instó el pasado 18 de agosto a la población ceutí a “cazar” inmigrantes a los que calificó de “invasores”.


Una niña ceutí que participaba en una protesta en Ceuta es acosada por otros manifestantes: ‘Invasora, tienes tubertucolosis’.





El Ministerio de Igualdad instó este 11 de septiembre a actuar por las declaraciones de José María Figaredo sobre los migrantes en Ceuta.

En el Polígono Virgen de África también ardieron varios coches, un camión y varios contenedores. Un trabajador de la empresa pública de limpieza Servilimpce ha sido detenido, según El País, acusado de provocar este y otros fuegos producidos en la última semana.

Esta madrugada también se registraron fuegos en los alrededores del polideportivo Díaz-Flor pasadas las 4h de la madrugada.


Fuente: El Salto