jueves, 14 de mayo de 2026

Yoram Hazony: el puente intelectual entre el sionismo religioso y el nacionalismo cristiano estadounidense

 

      Analista y colaborador de Descifrando la Guerra.


     El nacionalismo religioso ha vuelto al centro de la escena política occidental. Nunca desapareció, pero ha pasado de los márgenes del orden liberal a los centros de mando de la coalición trumpista. Y la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, presentada como una contienda sagrada, está siendo el mejor ejemplo.

El 28 de febrero, en el comienzo de la agresión, Benjamín Netanyahu comparó a Irán con el Amalek, que en la tradición rabínica representa el enemigo absoluto al que el pueblo judío debe “borrar de la memoria”.

Si en el Despacho Oval una delegación de pastores evangélicos imponía las manos sobre Donald Trump bendiciendo sus acciones en Oriente Medio, Pete Hegseth dirigió un oficio cristiano en el Pentágono pidiendo a Dios "romper los dientes" de los “enemigos malvados”, en referencia a los iraníes.

Todo ello mientras Peter Thiel terminaba en Roma su gira de conferencias sobre el Anticristo y Viktor Orbán se presenta en las elecciones húngaras como el defensor de la cristiandad europea.

En medio de la ruptura de todos los consensos internacionales que acompañaron a la hegemonía estadounidense al término de la Guerra Fría, el nacionalismo cristiano está emergiendo como un vertebrador de la refundación de la extrema derecha internacional. Este giro ideológico no surge de la nada. Llevaba años cociéndose en todo un entramado de conferencias, think tanks y publicaciones donde un nombre reaparece con insistencia: Yoram Hazony.


A través de la figura intelectual de Yoram Hazony se pueden explorar los vínculos entre el sionismo religioso y el nacionalismo cristiano.

Colono israelí, estudioso de la Torá y exasesor de Netanyahu, Hazony no es el único puente entre el sionismo religioso y el nacionalismo cristiano, pero sí es con probabilidad el más sistemático a nivel ideológico. Sus obras ofrecen al MAGA –un movimiento más reactivo que doctrinario– una base teórica y una infraestructura que reúne anualmente a las principales figuras de la derecha trumpista internacional.

La obra de Hazony parte del rechazo tajante al universalismo y la Ilustración. La idea de que las sociedades están formadas por individuos libres e iguales que firman un contrato social estaría en la raíz de la destrucción de las tradiciones que dan solidez a la vida en común.

Frente al racionalismo ilustrado de Spinoza o Kant, que habría llevado en última instancia a la decadencia de las sociedades occidentales, Hazony reivindica el empirismo conservador anglosajón: el individuo no existe aislado, sino en familias, tribus y naciones ligadas por lealtades heredadas, y la religión de los antepasados es lo que les da cohesión.

De esa premisa se siguen dos rupturas. En el plano interno, cada nación debe organizarse en torno a la religión de su mayoría histórica –el judaísmo en Israel y el cristianismo en Estados Unidos–.

En el plano internacional, la crisis de las sociedades occidentales vendría motivada por la pérdida de las identidades nacionales que el "globalismo" de liberales y "neomarxistas" habría impulsado desde el final de la Guerra Fría.

De los asentamientos a la derecha estadounidense

La teoría política de Hazony tiene mucho de sus propias vivencias. Nacido en 1964 en una familia judía ortodoxa, pasó su juventud entre Israel y un Princeton liberal donde sus valores conservadores encontraron difícil acomodo.


Yoram Hazony, dirigiéndose a la Conferencia Nacional Conservadora la semana pasada en Washington, D.C., dijo a la multitud: ‘Estamos en el poder. Nuestros amigos están en el poder’.

En contraste, Hazony encontró en la visita a Princeton del rabino Meir Kahane –fundador de la Liga de Defensa Judía, organización considerada terrorista en Israel por sus ataques contra palestinos– un primer referente intelectual del mesianismo sionista. El propio Hazony lo recordaría así en un obituario tras su muerte:

El rabino Kahane era el único líder judío al que le importaban lo suficiente nuestras vidas como para venir a decirnos qué pensaba que podíamos hacer; el único que parecía entender cuánto deseábamos una buena razón para seguir siendo judíos".


Preparando a los niños en los asentamientos colonos israelíes.

Aún siendo muy minoritario, el kahanismo actuó como incubadora del sionismo religioso, se hizo especialmente fuerte entre los colonos y hoy muchos de sus postulados los defienden tanto Netanyahu como los ministros más radicales de su gobierno.


La ideología del sionismo religioso marca la agenda política y militar del gobierno israelí, difuminando la frotera entre religión y Estado.

En aquel momento de auge primigenio del sionismo religioso, el propio Hazony se trasladó en 1989 a la colonia de Eli, en el centro de la Cisjordania ocupada. Allí actuó como asesor de un joven Benjamín Netanyahu, aún ministro de Exteriores, al que ayudó a elaborar A place among the nations (1993), el libro que sentaría las bases de su programa político como futuro primer ministro.

Desde entonces, Hazony ha venido combinando la labor académica en torno al estudio de la Torá, enfocándola como un tratado de filosofía política, con la creación de numerosos think tanks sionistas en Estados Unidos.

Sin embargo, no sería hasta 2018, el mismo año en el que la Knéset aprobó la ley que proclamaba a Israel como Estado judío, cuando Hazony publicó La virtud del nacionalismo, el libro que le catapultó al centro de una escena conservadora en plena mutación. La obra trata de presentar al nacionalismo y el imperialismo como dos tendencias contrarias a lo largo de la historia.

La primera consistiría en defender la soberanía nacional en base a las tradiciones religiosas milenarias de cada nación. Su ejemplo paradigmático sería la fundación del pueblo judío y la codificación de sus "derechos nacionales" en la Torá, tradición que posteriormente habría recuperado la Reforma protestante frente al Sacro Imperio Romano Germánico.

La segunda, la imperialista, estaría asociada a la pretensión de universalidad, del Imperio Romano hasta el liberalismo kantiano y el internacionalismo marxista, que buscarían eliminar las tradiciones culturales propias de cada nación.

El libro ofreció así un armazón teórico sistemático al conservadurismo internacional en pleno auge del combate contra las instituciones "globalistas" surgidas tras 1945 –las Naciones Unidas, la Unión Europea o el Tribunal Penal Internacional– y consideradas como formas encubiertas de imperialismo, y se convirtió en una libro de referencia para JD Vance o Giorgia Meloni. Cuatro años más tarde, con Conservatism: A Rediscovery (2022), Hazony cerró el movimiento.

Su tesis es que, tras la caída del Muro de Berlín, el liberalismo dejó de ser un aliado táctico frente al comunismo y, arrastrado por un "neomarxismo" cultural que habría colonizado universidades, medios y tribunales, se convirtió en una amenaza para la soberanía de cada nación. La única salida sería una ruptura explícita con el liberalismo y la refundación del conservadurismo estadounidense sobre bases antiliberales.

El impacto del National Conservatism

La influencia de Hazony va más allá del plano intelectual. En 2019 fundó en Washington la Edmund Burke Foundation junto a David Brog, exdirector ejecutivo de Christians United for Israel (CUFI), la principal organización sionista cristiana de Estados Unidos, que declara contar con 10 millones de afiliados. El puente entre sionismo religioso judío y nacionalismo cristiano evangélico quedaba así tendido.

La Burke Foundation organiza desde 2019 las conferencias anuales del National Conservatism (NatCon), que se han convertido en lugar de encuentro de los principales ideólogos de la derecha internacional, de MAGA al Hindutva indio, pasando por líderes europeos como Orbán, Farage o Meloni.

La declaración de principios, coredactada por Hazony, condensa la visión del Conservadurismo Nacional: "Allí donde exista una mayoría cristiana, la vida pública debe estar enraizada en el cristianismo y su visión moral, que debe ser honrada por el Estado. Al mismo tiempo, los judíos y otras minorías religiosas deben ser protegidos".

Cofinanciadas por el Claremont Institute y la Heritage Foundation –la misma que elaboró el Project 2025–, por el estrado de NatCon han pasado JD Vance, Peter Thiel, miembros del gabinete Trump como Russ Vought –clave en el Project 2025– o Elbridge Colby, y pastores nacional-cristianos como Doug Wilson, líder de la congregación de Hegseth y conocido por defender que las mujeres no deberían poder votar ni los no cristianos ocupar cargos públicos.


Elbridge Colby, antiguo asesor del Pentágono y una de las voces más importantes en Estados Unidos sobre política exterior.

El núcleo común de los ponentes de las conferencias NatCon es la tesis que Hazony formula en La virtud del nacionalismo: "Lo que hace falta para el establecimiento de un Estado estable y libre es una nación mayoritaria cuyo dominio cultural sea evidente e incuestionable, y contra la cual toda resistencia parezca fútil.

Una nación mayoritaria así es lo bastante fuerte como para no temer los desafíos de las minorías nacionales, y por tanto puede concederles derechos y libertades sin dañar la integridad interna del Estado”.

El razonamiento hazoniano ha teñido con su discurso civilizatorio-religioso el programa de la administración Trump. En el plano interno, por ejemplo, como legitimación de la persecución contra la migración por parte del ICE, bajo la idea, expresada por el propio Hazony, de que "el 15% de la población estadounidense es de origen extranjero y, en general, los nacional-conservadores consideramos que ese es el límite antes de que el país empiece a desmoronarse".

Este lenguaje civilizatorio ha producido un cambio más profundo en lo relativo a la política de seguridad. Bajo este prisma es posible entender mejor la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, que incorpora por primera vez en un documento oficial estadounidense todo ese discurso civilizatorio-religioso, al advertir, por ejemplo, contra la "desaparición de la civilización europea" bajo el peso de la natalidad decreciente, la inmigración y la erosión de las identidades.

Es la misma lógica por la cual Marco Rubio proclamó recientemente en la Conferencia de Múnich que Estados Unidos y Europa son "parte de una civilización, la civilización occidental, unida por siglos de historia común, fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua y ascendencia”.


El presidente Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo II, dos figuras clave de la conferencia del Nacionalismo Conservador que celebró su encuentro con el título: “God, Honor, Country: President Ronald Reagan, Pope John Paul II, and the Freedom of Nations—A National Conservatism Conference”.

Todo esto supone un desplazamiento conceptual relevante: bajo el prisma de la seguridad ontológica, que plantea la existencia de una serie de "amenazas culturales" existenciales para la soberanía nacional, el nacional-conservadurismo desdibuja la frontera entre política interna y exterior.

Las deportaciones masivas en casa y la confrontación con China o Irán fuera pasan a ser dos caras de una misma guerra: la defensa de Occidente contra todo lo que amenaza su cohesión, dentro o fuera de sus fronteras.

Esta introducción de criterios civilizatorios y valores religiosos en el puente de mando de Estados Unidos tiene repercusiones importantes en su política exterior que parecen difíciles de conciliar con los postulados realistas de buena parte de la coalición trumpista y con la promesa de acabar con las guerras ajenas a los intereses estadounidenses.

Por ejemplo, Trump realizó varios ataques con misiles en Nigeria durante el año pasado con el objetivo declarado de proteger a las "comunidades cristianas perseguidas".

Más relevante aún, la guerra contra Irán iniciada el 28 de febrero ha sido teñida de una retórica oficial que la presenta ante los propios soldados estadounidenses como parte de un "plan divino", mientras Trump ha aprovechado la Semana Santa para establecer múltiples paralelismos entre sus acciones y la vida de Jesús.

Lo mismo que Hegseth, que en 2020 escribió American Crusade en referencia explícita a las Cruzadas medievales como ejemplo ante la "amenaza" que supondrían la izquierda multicultural y el islam para la civilización occidental.

El trumpismo en su momento de mayor tensión

La guerra contra Irán ha llevado a la coalición MAGA a una tensión interna sin precedentes. Bajo la figura de Trump se coaligan sectores de intereses y visiones profundamente divergentes: aislacionistas, tecnorreaccionarios, nacional-cristianos o nacionalistas raciales, entre otros.

Así, la agresión contra Irán ha producido signos relevantes de fractura interna, ejemplificados por la dimisión de Joe Kent de su puesto como director de contraterrorismo o la oposición frontal a la guerra de Tucker Carlson, antiguo presentador de la Fox clave en la articulación del trumpismo.

Las relaciones con Israel han sido un punto de tensión recurrente al interior de MAGA. Para los sectores más reacios a las intervenciones en Oriente Medio, como Carlson, el peso de Tel Aviv en la política exterior de Estados Unidos se ha convertido en el blanco principal de sus críticas.

Por el contrario, elementos cercanos a los tecnorreaccionarios, como Peter Thiel y Alex Karp, y figuras clave en la Junta de Paz de Trump, como su yerno Jared Kushner, ven a Israel un modelo a imitar.

A su vez, el apoyo a Israel en Estados Unidos tiene un creciente componente religioso. Los evangélicos blancos –fuertemente vinculados al nacionalismo blanco, que aportaron más del 80% de su voto a Trump en 2024 y constituyen aproximadamente un tercio de su base– leen la alianza con Tel Aviv en clave bíblica: el apoyo al Estado judío sería un requisito escatológico para la Segunda Venida de Cristo.

Según Reuters, a pesar del desplome del apoyo general a la guerra contra Irán, los evangélicos siguen respaldándola mayoritariamente y la traducen desde sus púlpitos como “una guerra espiritual entre el bien y el mal, entre el reino de Dios y el reino de Satán”.


Valla publicitaria encargada por un grupo evangélico, que muestra una imagen del presidente estadounidense Donald Trump con las palabras «Gracias a Dios y a Donald Trump», en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en Tel Aviv, Israel, el 12 de marzo de 2026.

En medio de estas disensiones, Hazony trata de mantener los puentes abiertos y evitar la ruptura con sectores como el de Carlson. El argumento aquí es pragmático.


Marco Rubio, Tucker Carlson y Suzie Wiles en la Casa Blanca.


Mientras el rechazo a Israel estaría creciendo por influencia del "neomarxismo" y de lo que llama partidarios de los "Hermanos Musulmanes" en la izquierda estadounidense, Hazony afirma que el ascenso del nacionalismo religioso en el Partido Republicano constituye una ventana de oportunidad sin precedentes para lograr los objetivos del sionismo y es preciso trabajar en su interior.

El esfuerzo por vincular el programa del Eretz Israel con el MAGA ha sido notablemente exitoso.


Mapa del Gran Israel, también conocido como Eretz Israel, una noción ideológica y expansionista que se ha integrado en la agenda política del sionismo y, por ende, del gobierno israelí.

Sin embargo, la guerra en Irán se ha convertido en el mayor punto de fricción al interior de la heterogénea coalición trumpista y de lo que ocurra en la guerra regional iniciada por Israel tras el 7 de octubre depende hoy en buena medida el destino de la primera potencia mundial.


Fuente: Descifrando la Guerra

martes, 12 de mayo de 2026

Trump sopesa reanudar la guerra contra Irán pero la decisión final dependerá del resultado de su visita a China

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


Harto del rechazo iraní a su confuso plan de paz, Trump calibra el impacto que la reanudación de los ataques a Irán podría tener en su estratégico acercamiento a China


El presidente de EEUU, Donald Trump, y la primera dama, Melania Trump, visitan la Ciudad Prohibida junto al presidente de China, Xi Jinping, en 2017.


     Fuentes del Pentágono han indicado a medios estadounidenses, como el canal CNN o la web de análisis Axios, que el presidente estadounidense, Donald Trump, tiene ya sobre su mesa en el Despacho Oval de la Casa Blanca los planes para reanudar de forma inminente el bombardeo de Irán. Solo frena a Trump su viaje oficial de esta semana a China, uno de los países con lazos económicos más fuertes con el Estado persa y de los pocos con capacidad real para presionar tanto a Wasghington como Teherán y acelerar el fin del conflicto. De momento, Pekín prefiere no hcer mucho ruido y apostar por el desgaste estadounidense en esta guerra impulsada también por Israel, y sacar rédito de la inevitable reestructuración de la economía internacional que surja de esta crisis.

Trump llega a China este miércoles y estará hasta el viernes en el gigante asiático. Con este panorama, no parece que el líder republicano vaya a poner sobre la mesa de las negociaciones con el presidente Xi Jinping una reactivación a gran escala de la ofensiva sobre Irán. El propio Gobierno chino ha indicado que el tema de esta nueva guerra en el Golfo Pérsico figurará en la agenda de las negociaciones, una matización que suena como potente advertencia.

El presidente estadounidense quiere convertir este viaje en el pistoletazo de una nueva era de relaciones comerciales y tecnológicas que arreglue la disputa de aranceles entre ambos países e impulsara la cooperación en materia de Inteligencia Artificial (IA), o al menos de parcelación de las áreas de influencia en este ámbito de los dos colosos económicos. Cualquier paso que dé en falso Trump estos días puede dar al traste con estos planes y alejar de manera irremediable a China, el único país, junto a Rusia e Israel, capaz de chistarle a la Casa Blanca y que esta tiemble.


El presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino, Xi Jinping.

El salvavidas chino

Trump quiere lavar su imagen ante el mundo y su propio país por los errores cometidos en Irán y piensa que un acuerdo con China podría ser la victoria pírrica que necesita para calmar a los mercados y tranquilizar a los cada vez más depauperados estadounidenses por este conflicto.

Y sin embargo el riesgo de que las cosas se tuerzan en la visita del jefe de la Casa Blanca a la Ciudad Prohibida es alto. Después de que Irán rechazara el último plan de paz de EEUU para convertir la actual tregua en un armisticio y de que Trump entrara en cólera, las espadas están en alto y el riesgo de que se reanuden los ataques es muy elevado. Está en juego la imagen de Trump, vapuleada por Irán.

El presidente estadounidense está harto del juego de los ayatolás, que es el mismo que ha desplegado él en esta crisis que reventó con la ofensiva del 28 de febrero: mentiras, doble juego, amenazas, ultimátums incumplidos y una carrera desbocada hacia el abismo de una catástrofe mundial, económica y de seguridad.

Trump está acorralado, dentro y fuera de EEUU, pero es la situación en su país la que le inquieta más y todo porque un grupo de clérigos y señores de la guerra iraníes no están dispuestos a obedecerle y claudicar ante el futuro de sometimiento y destrucción que les quiere deparar la Casa Blanca manejada desde Israel, el verdadero artífice de esta hecatombe.


La guerra que inició Estados Unidos junto a Israel.

Un oscuro horizonte para Trump

Los datos revelados este martes en Estados Unidos muestran negras perspectivas para Trump y el Partido Republicano de cara a las elecciones de medio término con las que los estadounidenses renovarán la Cámara de Representantes y parte del Senado en noviembre próximo.

Así, los precios al consumo en EEUU se dispararon de nuevo en abril por culpa de esta guerra que ya dura diez semanas y que ha propulsado el coste de los carburantes a pesar de que nunca como hasta ahora el país estadounidense había vendido tanto petróleo y gas al exterior. Así, ese IPC aumentó en abril un 3,8% respecto al mismo mes del año pasado. Los precios de la gasolina aumentaron un 5,4%, por ejemplo, y Trump sabe perfectamente que será este dato y no la victoria pírrica que quiere vender sobre Irán el elemento que impulsara el voto de los electores estadounidenses el 3 de noviembre.

Pero es que, además, la guerra de Irán ya le ha costado al erario público estadounidense más de 29.000 millones de dólares. Esta cifra, multiplicada, seguramente, también estará en la campaña electoral.

No es de extrañar que, tal y como publicó este martes Axios citando fuentes oficiales, que Trump en la reunión celebrada con su equipo de seguridad nacional la víspera tuviera sobre la mesa la reanudación de los ataques contra Irán, incluyendo esta vez la devastación de todas sus infraestructuras civiles.

Trump quiere un acuerdo a toda costa y ha de ser el acuerdo que él envió la semana pasada a Teherán. Pero esto no va a ser así. Los iraníes respondieron a su vez con nuevas demandas que al jefe de la Casa Blanca le parecieron una "locura" y auténtica "basura", llevándole a señalar que la actual tregua estaba en "cuidados paliativos".

En su respuesta (tras diez días tensa espera para Trump), los iraníes lanzaron un órdago. Demandaron el fin de los ataques, no dejaron claro si renunciarían a su programa nuclear (cuyo desmantelamiento clama Trump como un mantra), reclamaron el control del paso de Ormuz (taponado por los iraníes y por el bloqueo estadounidense a los puertos de Irán), la retirada de las sanciones internacionales, el pago de reparaciones de guerra, la liberación de sus activos financieros congelados y el fin de la ofensiva que lanzó Israel en el Líbano para acabar con Hizbulá (grupo chií aliado de Irán) y hacerse con una buena porción de ese país mediterráneo.

"Quieren negociar y nos presentan una propuesta estúpida, es una propuesta estúpida, y nadie la aceptaría. Solo (el expresidente Barack) Obama la habría aceptado", dijo Trump.

Las opciones bélicas de Trump

Según los funcionarios estadounidenses citados por Axios, Trump es favorable de acometer algún tipo de acción militar contra Irán "para aumentar la presión sobre el régimen y forzar concesiones en su programa nuclear". Entre esas acciones se contempla en primer lugar la recuperación de la operación "Proyecto Libertad" para proteger la navegación amiga a través del estrecho de Ormuz. Más arriesgada sería la reanudación de la campaña de bombardeos del cerca del 25% de objetivos militares que aún no han sido dañados. Una apreciación curiosa, pues Trump ha insistido repetidamente que la infraestructura militar iraní fue ya destruida.

Otra posibilidad es lanzar, presionado por Israel, una operación terrestre de las fuerzas especiales estadounidenses para apoderarse de la casi media tonelada de uranio enriquecido al 60% que tiene el régimen islámico y con el cual pretenden (según Washington y Tel Aviv) fabricar armas atómicas para bombardear medio mundo. Esta opción será de un altísimo riesgo.

Como lo sería también un desembarco de marines estadounidenses en alguna de las islas iraníes del estrecho de Ormuz o en la orilla meridional de Irán para crear una cabeza de puente desde la que obligar a los ayatolás a rendirse. También se podría contemplar, como ha dejado caer el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, la asunción por Israel de los bombardeos y posibles operaciones terrestres. El riesgo sería enorme, en este caso para el Estado judío.

Todas estas opciones tienen un hándicap inevitable: el viaje de Trump a China. Otros dos asesores de la Casa Blanca indicaron a Axios que no parecía probable que Trump tomara esa decisión de retomar los ataques a Irán antes de volver de Pekín. El propio Trump dijo este martes, a modo de falsa disculpa, que no tenía prisa para tomar una decisión, pues EEUU mantiene el bloqueo sobre Irán y no le permite acceder a ninguna fuente de dinero. Los chinos podrían decir lo contrario.

Esa versión de un país exhausto contradice los informes de la CIA sobre la capacidad que tendría Irán para sostener su economía de guerra al menos cuatro meses más. Un plazo que podría ser muy peligroso para el resto del planeta, incluso para China, que ahora aguanta con sus reservas de crudo y con la diversificación de sus fuentes de energía, pero que ya está sufriendo los primeros embates de la crisis energética provocada por esta crisis del Golfo.

El plan de paz chino

La Administración china ha insistido en la necesidad de alcanzar un acuerdo que pare la guerra y así se lo expondrá Trump y su equipo. Incluso los chinos han puesto sobre el tapete un nebuloso plan de paz que los propios iraníes se apresuraron ya a aplaudir, aunque solo sea para fastidiar a los estadounidenses.

La propuesta china es muy retórica, pero abunda en su defensa del respeto a la coexistencia pacífica, al principio de soberanía nacional, al derecho internacional y a la coordinación entre desarrollo y seguridad para crear un entorno favorable para los países de la región, según citó la agencia EFE. Pekín no tiene problema a la hora de condenar los ataques estadounidenses e israelíes, pero tampoco justifica los bombardeos con misiles y drones iraníes de los países árabes del Golfo Pérsico.

Con lazos profundos con Irán, al tiempo que con excelentes relaciones con otros países productores de crudo y gas en la región ahora represaliados por Teherán, el papel de China podría ser clave para alcanzar un alto el fuego duradero. Si bien ha sido importante la mediación de Pakistán entre iraníes y estadounidenses, el Gobierno de Islamabad es uno de los principales aliados de EEUU en Asia y es visto con más recelos por otros estados del área, incluido el propio régimen iraní.

Pero sobre todo, es la dimensión económica la que podría animar a EEUU y China a adelantar las bases de un armisticio con Irán. Ninguno de las dos superpotencias quiere que se emponzoñe más la difícil relación desatada por la cruzada arancelaria lanzada por Trump el año pasado. En octubre finalmente los presidentes chino y estadounidense llegaron a un principio de acuerdo en el puerto surcoreano de Busan que redujo del 57% al 47% los aranceles a las importaciones chinas a EEUU. También se redujeron en parte las restricciones chinas al acceso estadounidense a sus tierras raras, claves para el desarrollo tecnológico, y se suspendieron las tasas portuarias entre los dos países.

Poco después, el Tribunal Supremo de EEUU invalidó esos aranceles de Trump. Incombustible, este impuso una enésima tasa global del 10% (también bloqueada hace unos días) y muchas negociaciones quedaron en el aire en los sectores agrícola, el transporte aéreo o la fabricación de semiconductores, entre otros.

También EEUU recela de la forma en que China evita las sanciones impuestas a Irán. Tiene en su mirilla a las llamadas refinerías "teapot", esas pequeñas firmas petroleras independientes que en Shandong, con permiso oficial chino, transforman el petróleo iraní sancionado en gasolina, diesel o productos petroquímicos claves para la economía china. Y por mucho que se indigne, Trump no tiene nada que hacer.

En todo caso, si se alcanza una tregua en la guerra económica entre Pekín y Washington, será en el ámbito de la IA y las relaciones entre gigantes tecnológicos donde Trump quiere negociar con China y sacar pingües beneficios. Y sabe perfectamente que no habrá acuerdo alguno si esta semana les dice a los chinos una cosa sobre el futuro de la guerra de Irán y la semana próxima hace otra.


Fuente: Público

Reporteros Sin Fronteras considera la amenaza de Israel a una periodista de El Salto “un aviso a navegantes”

 


La organización Reporteros Sin Fronteras condena el veto de Israel a la periodista Queralt Castillo Cerezuela y la difusión de su caso para señalarla, y advierte de presiones crecientes sobre periodistas extranjeros


Reporteros Sin Fronteras condena el veto de Israel a la periodista española Queralt Castillo y la difusión de su caso para señalarla, y advierte de presiones crecientes sobre periodistas extranjeros.


     Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha criticado la situación sufrida por la periodista de El Salto Queralt Castillo Cerezuela, a la que el Estado de Israel vetó la entrada en el país y posteriormente la expuso en un comunicado oficial en el que las autoridades sionistas la acusaban de antisemitismo por utilizar términos como “genocidio”, “barbarie” o “masacre” en informaciones sobre la actualidad en Palestina.


Queralt Castillo Cerezuela.

Según RSF, este tipo de prácticas, que combinan decisiones administrativas con la exposición pública de periodistas, suponen “un mecanismo de presión incompatible con los estándares internacionales de libertad de prensa”.


La nueva flotilla a Gaza inició su salida desde Barcelona.

La organización tiene constancia de, al menos, otros dos casos recientes de denegación de visados a periodistas europeos.

El 20 de enero, Queralt Castillo Cerezuela, especializada en información internacional, migración y derechos humanos y empleada de El Salto desde marzo de 2025, solicitó autorización para trabajar sobre el terreno ante la Oficina de Prensa del Gobierno israelí (GPO), aportando toda la documentación requerida. Ante la demora en la respuesta, a mediados de abril consultó el estado de su solicitud y fue informada de que el permiso le sería denegado. Pocos días después, recibió una comunicación oficial: no solo se le rechazaba la acreditación como periodista, sino que se le prohibía la entrada en el país, según un documento adjunto de la autoridad de inmigración. “Pensé en alegar, pero no le di más vueltas. Creí que al estar en medio de un conflicto bélico podía haberse cerrado la entrada a periodistas. Todo cambió cuando un par de días más tarde me empezaron a llegar mensajes de compañeros/as periodistas para preguntarme sobre el asunto y si estaba bien. Yo no lo había hablado con nadie más que con la gente de mi periódico”, ha explicado Queralt Castillo a RSF.

Las preguntas de sus colegas de profesión se debían a que el Ministerio israelí de la Diáspora y la Lucha contra el Antisemitismo había emitido un comunicado, distribuido a grupos de periodistas internacionales, en el que acusaba a la periodista de “antisemitismo”, de apoyar el movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) y de haber utilizado la expresión “genocidio” en sus artículos. El comunicado sustenta estas acusaciones citando publicaciones de la periodista en redes sociales, frases extraídas de sus artículos e incluso retuits en X. “No entiendo esta decisión, porque yo no soy una persona relevante, sino una persona anónima que hace su trabajo. El hecho de hacer público mediante un comunicado ministerial los motivos de denegación de la entrada al país me consta que se había hecho con personajes públicos, pero no había visto este proceder para con los periodistas. Además de sentirme vulnerada, me preocupa que esto tenga consecuencias a la hora de trabajar en otros países”.

El comunicado citaba su nombre y apellidos, su lugar de residencia y los medios para los que trabaja la periodista, dejando claro que “no se permitirá la entrada ni la actividad en su territorio a quienes actúan en contra de Israel, en el marco de su lucha contra el antisemitismo y el movimiento BDS”. 

RSF menciona los otros dos casos de periodistas a los que Israel ha negado el visado. En enero, la reportera independiente francesa Khadija Toufik, que ha informado habitualmente desde Israel y Cisjordania ocupada desde 2023, recibió un correo electrónico de las autoridades israelíes en el que se le comunicaba la revocación de su autorización para viajar a Israel. En julio de 2025, al fotorreportero independiente italiano Alessandro Stefanellise le rechazó de forma similar su acceso a Israel mediante un correo electrónico. El periodista presentó un recurso ante el Tribunal de Apelación de Población y Migración contra esta decisión y está a la espera de una vista el 19 de mayo.

Según el Sindicat de Periodistes de Catalunya / Sindicat de Professionals de la Comunicació (SPC), la negativa del gobierno israelí a otorgar el visado para entrar en el país a Queralt Castillo Cerezuela es el “síntoma más evidente del acoso y la persecución que el Ejecutivo de Benjamin Netanyahu hace al periodismo y a la información libre”. Para este sindicato, la excusa utilizada por el ministro de la Diáspora y la Lucha contra el Antisemitismo, Amijai Chikli —que la periodista ha usado el término “genocidio” para referirse a situación en Gaza— demuestra que la amenaza de la exclusión sobrevuela la cabeza de cualquiera lo utilice y recuerda que esta expresión “ya ha sido utilizada por una comisión internacional independiente de Naciones Unidas con relación a los bombardeos en Gaza”.

En diciembre de 2023, la redacción de El Salto elaboró e hizo público un documento con indicaciones sobre cómo informar sobre Palestina. Este manual recoge indicaciones como la del uso de la palabra “genocidio”: “Creemos que es mucho más ajustado hablar de genocidio, masacre, matanza, limpieza étnica o campaña de exterminio”. Además, el documento contiene indicaciones sobre el uso de términos como “guerra”, “terrorista” o “rehenes”. “Las palabras aportan marco, contexto, otorgan o quitan legitimidad y muestran el posicionamiento del medio”, reflexiona el manual.


Fuente: El Salto