lunes, 19 de octubre de 2026

La IA en China: entre el código abierto y el control estatal

 

 Por Elena de Sus   
      Periodista en Ctxt.


El país asiático compite por los estándares de la inteligencia artificial ofreciendo apertura y ‘open source’ al “sur global”. Al mismo tiempo, busca integrar esta tecnología en su modelo político y contener las amenazas que percibe en ella.


Trump junto a Xi Jinping durante una visita a China en mayo de 2026.


     En la visita oficial del presidente chino, Xi Jinping, a su homólogo estadounidense, Donald Trump, en septiembre se habló, entre otras cosas, de inteligencia artificial. Esta tecnología se ha convertido en un campo de batalla geopolítico, en el que las dos potencias tratan de reforzar sus áreas de influencia e imponer estándares, en medio de la incertidumbre sobre sus impactos económicos y sociales.

Más allá de la insistencia de Trump en sustituir el término “inteligencia artificial” por el de “superinteligencia”, que considera “más apropiado”, los dos mandatarios acordaron establecer un diálogo sobre el desarrollo de esta tecnología, con una primera reunión prevista para noviembre. Además, anunciaron que abrirán un canal de comunicación bilateral para mantenerse informados de posibles incidentes y riesgos.

En Estados Unidos, el discurso sobre la inteligencia artificial ha adquirido un tono apocalíptico. El hackeo de la página especializada Hugging Face por parte de un grupo de agentes de IA al servicio de OpenAI hizo saltar las alarmas. Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó el 12 de septiembre una carta abierta en la que solicitaba regulación que les permitiera “ralentizar” el desarrollo de la IA, aunque destacaba que para que esta fuera efectiva era necesario tomar medidas proteccionistas que obligaran a China a “frenar” también. Sam Altman, CEO de OpenAI, y Elon Musk, propietario de xAI, compartieron y apoyaron su mensaje en la red social X. En definitiva, la industria está pidiendo ser regulada (y protegida frente a la competencia china).

Donald Trump no parece impresionado. “El único control o ‘barrera’ que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE Y LISTO (¡con alto IQ!) y los Estados Unidos lo tienen, de sobra”, publicó en su propia red social el 14 de septiembre. 

Jacob Coxon, el exempleado de OpenAi y Anthropic que afirma que si no se frena su desarrollo “la IA podría matarnos a todos”, asegura que es imprescindible colaborar con China para evitarlo, pero Trump declaró tras el encuentro con Xi que “preferiría no colaborar, porque vamos ganando por mucho. (...) Cuando vas ganando, no compartes con el otro”.


Inteligencia artificial.

“La estrategia de los estadounidenses ha sido desarrollar la IA más avanzada, correr mucho para estar a la vanguardia”, resume Juan Vázquez Rojo, doctor en Economía y autor de El regreso de China (Península, 2026), quien explica que el enfoque chino es algo diferente: “En el 15 Plan Quinquenal que ha lanzado China este año se habla de impulsar la IA, pero no ‘en línea recta’. Es decir, no concentrarse solo en lograr los mejores modelos, sino buscar aplicaciones específicas en toda la industria, que se aplique en el día a día de las empresas, de los hospitales, de los centros educativos… Que genere un impulso económico, que se aterrice”.

“En China, la inteligencia artificial forma parte de un proyecto nacional de modernización”, afirma Xulio Ríos en su reciente libro China: la modernización permanente (Txalaparta, 2026). “Beijing (...) aspira a demostrar que puede integrarla dentro de su propio modelo, preservando la dirección estratégica del Estado, estimulando la competencia empresarial, reforzando la soberanía tecnológica y manteniendo bajo control los riesgos políticos y sociales”. No es un equilibrio sencillo.


China: la modernización permanente.

Una IA abierta para el “sur global”

La industria china es líder en algunos sectores del ámbito de la IA, como la tecnología de reconocimiento facial, pero respecto a los grandes modelos de lenguaje, dio el golpe sobre la mesa en enero de 2025. Algo más de dos años después de que OpenAI diera a conocer ChatGPT, la startup china DeepSeek sorprendió al mundo con el lanzamiento de su modelo de lenguaje R1. Se trataba de un modelo de “pesos abiertos” (en los grandes modelos de lenguaje de IA pocas veces se puede hablar de código abierto propiamente dicho, porque los datos de entrenamiento casi nunca son públicos), más barato y eficiente que sus rivales estadounidenses y con un rendimiento muy similar.

“La de la IA es una carrera en la que todos los participantes tienen un botón que, si lo aprietan, la carrera se reinicia. Ese ‘botón’ es liberar el código”, argumenta Sergio Salgado, responsable de comunicación y redes de XNet. “El primero que se dio cuenta de esto fue Mark Zuckerberg”, continúa. “En 2023, cuando Meta vio que OpenAI llevaba mucha ventaja en la carrera con ChatGPT, liberó el código de su propio modelo de lenguaje de inteligencia artificial, LLaMA. Entonces las comunidades de desarrollo de código abierto, las universidades y otras instituciones empezaron a trastear con ella y de repente se convirtió en el estándar”.

Salgado cita un documento interno de Google que se filtró ese año, titulado “No tenemos foso, y OpenAI tampoco”, en el que se consideraba que los grandes modelos de lenguaje de código abierto se estaban desarrollando a un ritmo más rápido que los modelos cerrados y que en pocos años llegarían a alcanzarlos y sobrepasarlos. “En 2025, China pulsó el botón a lo grande con el lanzamiento de DeepSeek R1”.

“Todos estos gigantes monopolísticos tenían el sueño húmedo de cualquier gigante monopolístico”, continúa Salgado. “Era un negocio que se podían repartir entre seis o siete con un producto que todo el mundo iba a estar obligado a consumir, porque todos vamos a tener que utilizar inteligencia artificial, grandes modelos de lenguaje”.

Entonces China liberó DeepSeek R1. “Ahora, gracias a los modelos de pesos abiertos, si estas empresas suben mucho los precios siempre puedes montar tu propio servidor”, explica. (A pesar de que el propio boom de la IA ha provocado un aumento significativo de los precios del hardware).

“Esa es la ventaja competitiva de la industria china, donde ha sido capaz de posicionarse”, señala Juan Vázquez Rojo. “Sus modelos no son los mejores, pero son muy buenos, son más accesibles porque son de código abierto, más baratos y más eficientes”. 

La diplomacia china también se adapta a esta circunstancia. “Es una estrategia dirigida a los países del sur global, la típica estrategia win-win de cooperación con China”, explica Vázquez Rojo. “Los modelos chinos, al ser más baratos, más eficientes y de pesos abiertos, son más fáciles de propagar. La estrategia china favorece que empresas chinas puedan colaborar con empresas de otros países para desarrollar sus sistemas de IA y, claro, conectarse con el ecosistema chino. De esta manera, China lidera el desarrollo tecnológico en gran parte del mundo”.

La inteligencia artificial está presente en los planes del Gobierno chino al menos desde 2017. El Plan de Desarrollo de una Inteligencia Artificial de Nueva Generación, publicado ese año, mencionaba la importancia del código abierto. También lo hacía el 14 Plan Quinquenal, redactado en octubre de 2020, que proponía “apoyar el desarrollo de las comunidades de código abierto dedicadas a la tecnología digital (...) y animar a las empresas a que hagan públicos el código fuente del software, los diseños de hardware y los servicios de aplicaciones”. La promoción del código abierto es una forma de acelerar el progreso, al permitir que todos puedan utilizar los hallazgos de los demás para seguir creando y construyendo.

Kyle Chan, experto en China del think tank estadounidense Brookings y autor del boletín High Capacity sobre tecnología china, argumenta que esta estrategia de código abierto tiene sus límites. “Es más difícil ganar dinero”, observa. 

“Varias empresas chinas de IA han salido a bolsa recientemente, como Zhipu (Z.ai) y MiniMax. (...) Los inversores querrán ver ingresos que justifiquen el gasto en modelos e infraestructura. (...) Las empresas ya han estado subiendo los precios de sus APIs y pasando al modelo de suscripción. Es probable que las empresas chinas de IA vayan hacia una estrategia híbrida, cerrando los mejores modelos pero dejando el resto abiertos. Es lo que estaba haciendo Alibaba con Qwen3-Max”, vaticina Chan.

El 16 de octubre de 2026, el Ministerio chino de Comercio y el de Ciencia y Tecnología publicaron un documento en el que proponen controles a la exportación de varias tecnologías, incluidos los modelos de IA de alta capacidad, por motivos de seguridad nacional.

Sin embargo, la “apertura” forma parte del discurso diplomático chino. En la última reunión de los BRICS en septiembre, Xi habló de crear una “zona de código abierto para la IA” entre los 11 países de este grupo y de establecer “un marco global de gobernanza de la IA amplio y basado en el consenso”.

Desde 2018 se celebra en Shanghái la Conferencia Mundial de la Inteligencia Artificial (WAIC, por sus siglas en inglés). En su última edición, en julio de este año, 29 países, entre ellos Rusia, Pakistán e Indonesia, firmaron la carta fundacional de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO).

Esto se interpretó como una respuesta a la declaración “Pax Silica”, promovida en diciembre de 2025 por Estados Unidos y firmada por aliados como el Reino Unido, la Unión Europea, India, Australia e Israel, que acordaron colaborar para tratar de garantizar que la cadena de suministro de la IA no incluyese a “países preocupantes”.

“La clave del momento es la regulación, la estandarización”, afirma Vázquez Rojo. “Casi todas las industrias tienen estándares, reglas que son comunes para todos y tecnologías que son comunes para todos. En el caso de la IA, ¿cómo se deben comunicar los agentes entre sí? ¿Cómo se deben comunicar con otras aplicaciones? ¿Qué auditorías deberían pasar? ¿Qué pautas se deben seguir en cuanto a seguridad? ¿Cuándo se debería parar? Esa es la batalla ahora”.

En palabras de Vázquez Rojo, Estados Unidos “propone ayudar a conglomerados empresariales estadounidenses a imponer el uso de su IA en otros países. El objetivo es que sus aliados les compren el paquete completo: que además de utilizar modelos estadounidenses, utilicen chips estadounidenses, por ejemplo de Nvidia, que las empresas estadounidenses sean las que instalen y controlen los centros de datos allí… Es un plan mucho más duro que el chino”.

En este punto, Vázquez Rojo señala que China tiene una desventaja. Los chips más avanzados de inteligencia artificial los diseña Nvidia, una empresa estadounidense.

“Desde 2022, China no puede comprar los chips más avanzados de Nvidia porque Estados Unidos no se lo permite, hay controles a la exportación. Esto limita su capacidad de cómputo. Además, la industria de la IA está muy metida en el ecosistema de Nvidia. La apuesta del Gobierno chino para acabar con esta dependencia es Huawei, que tiene sus propios chips de inteligencia artificial, llamados Ascend. Están intentando que la industria china los empiece a incorporar, pero las empresas están muy adaptadas al ecosistema de Nvidia y el cambio es complejo, incierto, y les genera un coste de oportunidad”, explica.

El control estatal y los riesgos de la IA

Al inicio de este artículo se mencionaban las advertencias desde dentro de la industria en Estados Unidos sobre los riesgos para la humanidad del desarrollo acelerado de la IA. ¿Existen esos miedos en China? “El debate se plantea en términos muy distintos porque en China el poder político siempre está por encima del poder económico y financiero”, apunta Vázquez Rojo. “Las empresas en Estados Unidos tienen mucha más voz y son más capaces de presionar al gobierno que las empresas chinas en China, aunque existen tensiones y preocupaciones en todas partes”. Pone como ejemplo el caso de Jack Ma, fundador de Alibaba, que llegó a ser el hombre más rico del país y uno de los más ricos del mundo hasta que criticó abiertamente el sistema financiero chino en octubre de 2020. Desde entonces apenas se ha sabido nada de él y ha perdido el control de sus empresas.

Sin embargo, en China “se han publicado varios documentos oficiales en los que se plantean problemas con la IA similares a los que ha habido en Estados Unidos, relacionados con riesgos de ciberseguridad”, explica Vázquez Rojo. “No es tanto una preocupación de que la inteligencia artificial vaya a acabar con el mundo, pero sí de que haya malos usos de la inteligencia artificial”.

De hecho, en su discurso en WAIC de este año, Xi mencionó la posibilidad de una “pérdida de control” sobre la IA y los “riesgos inherentes y secundarios” de esta tecnología.

“La regulación china ha ido avanzando de manera progresiva, mediante normas específicas. Más que esperar a disponer de una legislación definitiva para actuar, las autoridades experimentan, regulan y corrigen configurando un corpus normativo mucho más denso del que imaginamos”, explica Xulio Ríos en su libro. La normativa publicada en mayo de este año sobre los agentes de IA menciona la importancia de “prevenir riesgos de seguridad como el envenenamiento de datos, las filtraciones de privacidad, la manipulación de algoritmos, las vulnerabilidades del sistema y la inestabilidad operativa”. 

“En el Gobierno chino también genera preocupación el contenido que se genera con IA, por su impacto social”, apunta Vázquez Rojo. Todos los grandes modelos de lenguaje chinos deben pasar una auditoría de un organismo estatal llamado Administración del Ciberespacio de China antes de salir al mercado. Los modelos producidos en China son mucho más reacios que otros a hablar de ciertos temas políticos. Además, China bloquea el acceso directo desde su territorio a modelos extranjeros como ChatGPT o Claude.

Según una encuesta global publicada este año por el grupo Human Centered Artificial Intelligence de la Universidad de Stanford, el 84% de los chinos afirman sentirse entusiasmados por los productos y servicios que utilizan inteligencia artificial, frente al 38% de los estadounidenses y, como referencia, el 45% de los españoles.

En una entrevista reciente en The New Yorker, Kyle Chan argumenta que en China hay una ansiedad creciente por las exigencias cada vez más altas del mercado laboral, sobre todo en los puestos que requieren educación superior, donde la competencia crece. “La IA ha potenciado esa ansiedad, la gente siente que tiene que adoptarla y utilizarla rápidamente, y aprender a sacarle partido para ser más competitiva en el mercado laboral”.

Vázquez Rojo apunta además que “China tiene una obsesión por mejorar la productividad porque su población empieza a envejecerse y ya no pueden crecer a base de tener más gente trabajando, entonces quieren lograr que cada trabajador produzca más. Aquí la automatización y la IA van a ser muy importantes”.


Fuente: Ctxt

domingo, 18 de octubre de 2026

Ya nunca estarás sola

 

      Escritora, activista de Ecologistas en Acción y profesora de Biología en Educación Secundaria.

La reunión tenía como objetivo crear comités de barrio para preparar la huelga general, la convocatoria fue un éxito.



Manifestación en defensa de la vivienda. Alberto Astudillo.

La reunión se convocó en un lugar al aire libre. Uno de esos sitios que, en las ciudades, a menudo, aparecen despojados de gente aunque, en realidad, podrían servir para que distintas personas, con o sin un propósito común, se junten. 

Se había pedido permiso para hacer la reunión porque aunque en la Constitución se recoge que “Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará de autorización previa”, la realidad no es tan simple. Siempre está la coletilla de que ese derecho está sujeto a ciertos controles y regulaciones para proteger los intereses y derechos de la sociedad y de otros ciudadanos y, por eso, las organizaciones que convocaron sabían que podría aparecer la policía a pedir explicaciones. Cosa que, efectivamente, sucedió. Explicaciones a pesar de no estar en un lugar de tránsito. Explicaciones de por qué un grupo de vecinas se junta en uno de los espacios públicos de su barrio. Explicaciones que, cuando una autoridad exige que se den, resuenan a otra época pasada.

La reunión tenía como objetivo crear comités de barrio para preparar la huelga general, la convocatoria fue un éxito.


Con retórica sólo no se construye un muro contra el fascismo.

Entre las asistentes había una mujer con una camiseta verde y el pelo recogido en una coleta. En la ronda de presentación dijo su nombre y añadió que vivía de alquiler unas calles más allá. Luego escuchó, atenta y, casi al final, tomó el turno de palabra para explicar por qué estaba allí.

Contó que cuando empezó a vivir en su casa el casero era un particular, una persona de la que conocía el nombre. Luego ya no. Lo vendió a una empresa que compró todo el edificio y dejó de haber un casero con nombre propio. Contó que viajó a su país el mes pasado y que, cuando estaba allí, unos hombres aparecieron en su casa e intimidaron a su hijo. Le dijeron que tenía que firmar unos papeles y él lo hizo. Le dio miedo decirles que no. Unos papeles que decían que se irían de su casa a final de mes. Una casa que es la suya, la única que tiene, con un alquiler que nunca dejó de pagar. “Vengo aquí porque la trabajadora social me dijo que en esta reunión a lo mejor podrían ayudarme”, “Yo me iré de mi casa cuando encuentre otra en la que vivir, mientras tanto me quedo”.

Todo el grupo la mira. Se nota que es fuerte. Que tiene la dignidad colocada en un lugar que le anima a no rendirse.

Y entonces, como una cascada, empiezan a escucharse voces desde distintas partes del círculo  que formaron para hablar. “Tú no te vayas de tu casa, te vamos a ayudar”. “Aquí entre todas buscamos soluciones”. “Hay más gente con conflictos parecidos al tuyo y nos apoyamos unas a otras para que nadie pierda su casa”. “Las personas que estamos aquí nos hemos juntado justo para que esto que te está pasando a ti no siga sucediendo, que no le pase a nadie más”. “El próximo lunes hay otra reunión, te paso mi teléfono para que estemos conectadas”. “No vamos a dejar que te echen”. “Ya no estás sola”.

Ya no estás sola.

Y, entonces, cuando notas en la piel el efecto de esas palabras, comprendes que ese es el instante preciso en el que todo cambia.


Fuente: El Salto

sábado, 17 de octubre de 2026

Y para niños y jóvenes, una educación deforme y declinante

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (9 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   
  Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

Haz, paciente lector, un discreto esfuerzo y trata de relacionar los datos ya consolidados sobre el aprendizaje y la formación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, con los desmanes de la IA y el ascenso social y electoral de Vox... y horrorízate, que es lo que yo quiero ahora mismo, y en serio, de ti: que sientas desolación, indignación, desesperación (por la cacofonía no te preocupes demasiado, que hay lexicólogos que la ven bien, y modernos que hasta incitan a ella por la sonoridad en la comprensión del asunto que, adrede, persigue...). Total, que estés atento y hagas algo contra estas amenazas, que vienen con mucho peligro.

       Yo creo que la primera andanada que sufrí sobre la regresión educativa en España (luego he sabido que esto es general, universal, pero vaya consuelo) tuvo lugar cuando acudí a la Facultad de Políticas de la Complutense en 2000 a sustituir como asociado a mi viejo amigo Tomás Villasante, que se iba de sabático, y me espetó: “Ya te advierto que esto es un Bachillerato alto, que no tiene nada que ver con la Facultad que tú y yo vivimos”. Lo que me sentó como más bien mal, con la ilusión que sentía de volver como profesor a donde había sido alumno. Luego comprobé que, en efecto, el nivel cultural ya a esas edades no tenía nada que ver con el de nuestros años, y que, sobre todo, los alumnos se me resistían a leer por obligación un libro durante el semestre, de entre una lista que yo les daba y que consideraba que evidenciaban de forma sugerente las relaciones entre el medio ambiente y la sociedad (y a la inversa), que era el tema de la asignatura.

       Luego he ido conociendo la incultura general, proporcionada a su edad, de nuestros niños y adolescentes, que naturalmente la trasladan a su juventud como si nada, alertándome de modo especial el caso de mis nietos y (espero que no se me enfaden) de algunos de sus profesores. Y claro, cuando los informes llamados Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA, en sus siglas en inglés), que publica periódicamente la OCDE sobre, digamos, el nivel objetivo de conocimientos y su capacidad de expresarlos por los alumnos de 15 años de sus países miembros, tanto en lectura como en matemáticas y ciencias naturales, nos echamos las manos a la cabeza porque resultan bajos y declinantes, mostrando que estos países, que pasan por ser los más “avanzados” del mundo, descuidan fehacientemente la educación de sus jóvenes. Lo más alarmante, porque es generador de numerosas y esenciales deficiencias, es la aversión a la lectura, caracterizada por la impaciencia, es decir, la incapacidad de sostener la atención sobre un texto largo; y esto se relaciona directa e indiscutiblemente con el vicio adquirido, año tras año, del tiempo dedicado a las pantallas, principalmente la del teléfono móvil, instrumento pernicioso que se revela como primerísimo enemigo de la educación.


Niños abstraídos por el móvil (National Geographic).

       No hay falsa interpretación que valga. Todos podemos contemplar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes pasando horas y horas con su móvil, bien de autistas jugando consigo mismos, bien hablando o jugando con sus amigos tumbados en el sofá o la cama, que apenas quedan para jugar, verse, formar colla o irse por ahí… ¡Menudo poder educativo el de Internet, que siempre se nos prometió, y sus innumerables derivaciones! No ha tardado la realidad en darnos el palo bien merecido al encontrarnos entre las manos una niñez, adolescencia y primera juventud de pobres personajillos, por no decir tontos... víctimas empeñadas en un consumo pantallístico a discreción (y, ¡ay!, con limitadísima intervención de los padres, que vienen a reconocerse impotentes, teniendo que encajar situaciones que llegan a amargarlos). Se trata de un veneno que incluye todo lo contrario a una educación sólida, crítica y que pueda enfrentarse a las fuerzas destructivas del mundo, de la sociedad y de ellos mismos...

    Nuestros alumnos (a ver: muchos, muchísimos) son cada vez más zotes, ignorantes e inútiles para todo servicio colectivo o incluso individual: una panda de iletrados básicos y refractarios a lo social, que es a lo que los ha llevado una educación prioritariamente audiovisual, que deja de lado el proceso esencial del verdadero aprendizaje, que tiene mucho de “tradicional” y que ha de desconfiar de su “mecanización”. Este cronista, que se empeña en predicar que si no se lee lo suficiente (o sea, mucho), no se sabrá escribir ni tampoco hablar, con el añadido de una incapacidad creciente para ordenar las neuronas y el pensamiento entero, aguanta como puede la desolación que todo esto le provoca, sintiendo auténtica tirria hacia los teléfonos móviles, que absorben la mayor parte del tiempo libre de nuestros hijos y nietos y que están dando la puntilla a una educación que ya se empobrece desde hace décadas.

       Yo creo que leer cada vez menos, es decir, ni pensar ni analizar ni imaginar, (nos) hace necios, más que ignorantes, ya que la “opción sustitutoria” de lectura y reflexión crítica ha sido programada por quienes planean el dominio del mundo -los tecnofascistas- contando, necesariamente, con la estupidez -algorítmica- mundial. Menos mal que surgen desde gobiernos, aparte de instituciones, iniciativas de bloquear el acceso a móviles y redes sociales según la edad, habiendo anunciado el presidente Pedro Sánchez que obstaculizará esto último para jóvenes menores de 16 años. Lo de las redes sociales sí que es trágico, aunque solo sea por la absorción salvaje que hacen del tiempo disponible, lo que en los ciudadanos en periodo de formación resulta especialmente grave, robando tiempo no solo para la lectura sino el juego, los deportes, las salidas, el tiempo en familia...

       Sin dejar de lado lo que supone este pantallismo ampliado a las redes sociales, de propensión a la adicción, bien visible en todo ese contingente joven que incluso puede situarse a partir de los 8 años y hasta la primera madurez. Una adicción que puede llevar a muy penosas consecuencias, como ya se sabe y se teme, expandiendo males hasta ahora casi desconocidos en la parte más vulnerable de la población.

       Que va a resultar que saber “leer, escribir y hacer cuentas”, aquel modesto, pero poderoso trívium de nuestra educación infantil en la larga posguerra, que han hecho trizas los planes educativos de los modernos, la modernización y la Modernidad, de progresivo aumento de lo audiovisual hasta derrapar en el pantallismo, ha de ser de nuevo objeto de recuperación con urgencia y en serio; pero con la desoladora novedad de que hay que aplicárselo también -proporcionada y justamente, claro- a buena parte de los integrantes de las últimas generaciones de profesores, de infantil, de secundaria y hasta de universidad (¡anda que...!), que ni leen ni saben expresarse con la escritura, hablan fatal y no piensan como se esperaría, lo que supone un esfuerzo nada menor, pero se trata de que sean capaces de inculcar a los alumnos una verdadera cultura cívica y política.

Una de las consecuencias de la ignorancia extensiva y corrosiva es el escoramiento de tantos de nuestros jóvenes, cuando llega su momento de votar (y, antes, de expresarse sobre política) y optan por los partidos de la derecha o la derechona: un gesto típicamente inculto que esencialmente se evita con la cultura amplia, que incluye la educación política.

Por eso aprovecho para rematar estas notas con un ejemplo práctico de individuo zopenco (entre miles, claro, pero aquí va un botón de muestra, que considero especialmente interesante) que, pese a serlo íntima y ostensiblemente, ha alcanzado una notoriedad que aúna la ignorancia de una educación mala (bueno: privada y elitista) con la perversidad de la ideología heredada, realimentándose ambas para exponer a la sociedad y a la política nacional a un espécimen muy típico de la tribu de mamarrachos de Vox: José María Figaredo, en realidad, Fernández, pero sus ancestros quisieron salir de la vulgaridad del apellido asturiano más propio, y noble, y adjudicarse el de la aldea donde iniciaron su fortuna.


El diputado Figaredo, de Vox (PRESSDIGITAL).

Ignorante, osado, malvado, nos recuerda al “repelente niño Vicente” de nuestras escuelas y nos hace imaginar que, por ello mismo, más de una vez algunos de sus compañeros debieron de soltarle buenos coscorrones, por aburrido y odioso. Y que ahora, con sus provocaciones, no deja de pedir -a despecho de incurrir en lo políticamente incorrecto- un buen par de hostias con la mano bien abierta, coloreando su cínica impavidez de arreboles arracimados de cinco dígitos.

viernes, 16 de octubre de 2026

Alemania reincide y no escarmienta

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (8 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   

    Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


Alemania no nos sirve de referencia política positiva: no hay más que ver su historia desde la unificación de 1870. Desde entonces todo ha sido enhebrar una agresión con otra y un exhibicionismo dañino y arrogante que fue haciéndose consustancial a partir del control político por Bismarck (1852), con la ambición expansionista territorial como rasgo esencial de su política exterior. Esa imagen de tenacidad comunitaria y espíritu individual del trabajo que los españoles hemos admirado tanto, sobre todo en los años de masiva emigración, cuando descubríamos un país obsesivamente dedicado a (se decía) superar la gran tragedia de la Segunda Guerra Mundial, lleva en sus profundidades un supremacismo impenitente, y nunca debemos llamarnos a engaño ni suponer que las desgracias sufridas por ese racismo inveterado, explosivo y criminal, le hayan hecho aprender las claras lecciones que de ello debieran deducirse.

    No ha tardado mucho la Alemania que logró la reunificación en 1990, en los momentos de desintegración de la Unión Soviética y a cambio de promesas rápidamente violadas, en volver a las andadas, es decir, a olvidar el pacifismo impuesto en su constitución de 1949, a pretender el control de la Europa comunitaria, a codiciar, al menos económicamente, espacios sometidos a su férula o rapiña temporales (Europa del Este, con Polonia y Ucrania como principales y “tradicionales” objetivos ambicionados) y, como trámite necesario, hostilizar a la Rusia de siempre, interpuesta en su camino, en sus ambiciones y en sus planes de avasallamiento.

    Este “resurgimiento” de los demonios de la peor Alemania viene a ser el núcleo caracterizado de las tensiones político-militares en la Europa actual, en la que la OTAN cubre y “completa” las insuficiencias geopolíticas del actual Estado alemán que, sin embargo, parece decidirse por una escalada en la tensión con Rusia sin, aparentemente, calcular sus consecuencias. Hétenos aquí de nuevo ante el militarismo alemán de siempre, exacerbado a partir de la eliminación del socialdemócrata Schröder, que amenazaba con quebrar la línea histórica de agresividad alemana hacia Rusia, con el burócrata de partido Scholz, también socialdemócrata, que inició el rearme y la agresividad hacia Rusia bloqueando las obras del gasoducto Nord Stream 2 (sin aportar luz alguna sobre el sabotaje en 2022 de los dos gasoductos de propiedad ruso-alemana, bajo el Báltico). Pero que alcanza su punto más álgido (por el momento) con el canciller Friedrich Merz, que no se ha privado de proclamar que hará de Alemania “la principal potencia militar de Europa”, siendo el principal suministrador militar y financiero de Ucrania en su guerra con Rusia.


El canciller Merz y el presidente ucraniano Zelensky (Gettyimages).

    Siempre es necesario recordar las apetencias históricas de Alemania hacia Ucrania, con el resultado de dos repúblicas vasallas, en 1918 y en 1941-43, con ocasión de ambas guerras mundiales, a costa y en detrimento en ambos casos de la URSS debilitada: experiencias expansionistas fracasadas, igualmente, a manos de la URSS recuperada.

    Parece obvio que el significativo interés actual del Gobierno alemán (cuyo canciller proviene de BlackRock, el principal fondo de inversiones del mundo) por esta tercera República ucraniana sigue la misma línea histórica reconocible e igualmente incurre en el olvido de las anteriores derrotas frente a la misma potencia hostilizada, que ahora se llama Federación de Rusia, pero que no vive frente a Alemania la situación militar de las anteriores experiencias habidas durante el siglo XX, sino que posee una fuerza militar muy superior en la actualidad, y en un futuro, cuando menos, a medio plazo. Las “agresiones” rusas a Alemania, lo de los drones inocuos sobre su territorio, no son sino la constatación de que la Rusia de Putin observa con todo detalle tanto la asistencia militar alemana a Ucrania como, sobre todo, los inquietantes planes de rearme y las ambiciones supremacistas, apenas veladas, que la Rusia de Putin no va a consentir. Moscú, con razón, acusa a sus rivales en la OTAN del doble lenguaje empleado cuando vociferan al recibir esos drones en su territorio, sin relacionar estas “advertencias” con la ayuda militar prestada a Ucrania; y tampoco parecen percibir en su adecuada dimensión, el desafío que esos drones suponen frente a la cacareada cláusula 5 de la Carta Atlántica, esa de la asistencia mutua en caso de agresión exterior…

    Y hay un casus belli, que no simple “línea roja”, en el que no deberá incurrir esta Alemania desquiciada, ni siquiera por el intermedio de sus vasallas/jaleadas Polonia y Lituania, y se trata del enclave ruso de Kaliningrad (antigua Königsberg). Si los otanistas más agresivos, esos tres Estados a los que aludo, se empeñan en tocar ese territorio de soberanía rusa internacionalmente reconocida la respuesta militar rusa será segura y ha de pensarse que certera. Esa región se la anexionó la URSS después de ganarla a la Alemania hitleriana en la Segunda Guerra Mundial y como botín de guerra (que tampoco alcanzaba a pagar por los 25 millones de muertos que Alemania y sus aliados produjeron a la Unión Soviética). Las crónicas relatan cómo siendo Königsberg la capital de Prusia Oriental y seguramente la ciudad mejor amurallada y protegida del Reich nazi, fue asaltada y conquistada en cuatro días de abril de 1945 por las tropas del general soviético Vasilievsky, dejando asombrado a aquel mundo en guerra. La rebautizada Kaliningrad es parte de esa Prusia que en su día -en la primera mitad del siglo XIII- los Caballeros Teutones arrebataron a los habitantes locales, báltico-eslavos.

    Dejando aparte al belicoso y necio Merz y a ese establishment alemán, siempre interesado en el negocio de la guerra y en las ambiciones territoriales, hay que prestar atención, y mucha, al auge electoral de la ultraderecha alemana, concretamente el partido Alternative für Deutschland (AfD) que, curiosamente, en su ideario programático figuran, junto a objetivos típicamente fascistas, la recuperación de las buenas relaciones con Rusia y la “corrección” del enfoque oficial hacia el holocausto judío… El primer punto parecería que quiebra la idea tradicional de la potencia alemana hacia Rusia, muy especialmente desde que se considera amparada bajo el paraguas de la OTAN, pero apunta a la recuperación de la situación de los años de gobierno de Merkel y Schröder y, sobre todo, aporta un correctivo significativo al militarismo del Gobierno federal. Y el segundo se enfrenta al tabú de los tabúes de la Alemania de posguerra: su sentido de culpabilidad por el holocausto judío con la consecuencia de su supeditación al Estado de Israel y al sionismo como ideología. Acerca de este asunto, parece evidente que AfD ha captado el sentido y las repercusiones que tiene lo que el historiador Norman Finkelstein llama La industria del holocausto (2014), explicando con todo detalle cómo los lobbies sionistas norteamericanos continúan todavía hoy extrayendo el pringue financiero a Alemania, Austria, Suiza… a cuenta de las exacciones cometidas contra los judíos en su día, convirtiendo este acoso en operaciones que enriquecen a esas organizaciones (ya que no hay actualmente supervivientes de aquellos hechos).

    No obstante, y aun teniendo en cuenta las peculiaridades de la pujante ultraderecha alemana actual, sigue resultando procedente, ante el oscurecimiento de la situación política en este país, la “vuelta” una y otra vez a las comparaciones entre lo sucedido durante la República de Weimar (1919-1933), con la liquidación de la democracia por el ascenso al poder del nazismo, y la situación actual; y más todavía por las perspectivas ya perfiladas, ya que esa AfD domina desde setiembre uno de los länder federales, Sajonia-Anhalt, evocando el comienzo del fin durante la etapa Weimar, cuando los nazis del NSPD consiguieron entrar, en enero de1930, en el gobierno regional de Turingia (donde, en setiembre de 2024, por cierto, lograron la mayoría relativa con casi el 33 por 100 de los votos, aunque el “cordón sanitario” que se les opuso les impidió su acceso al gobierno del land).

    Ya que mantengo mi interés acerca de aquella República de Weimar por lo que muestra, o amenaza, en relación con la República Federal actual, leo en el último libro que sobre aquellos años ha caído en mis manos, El fracaso de la República de Weimar. Las horas fatídicas de una democracia (2025), del periodista e historiador Volker Ullrich, cómo actuaron los nazis en cuanto se instalaron en un gobierno federado, concretamente en Turingia, en 1930, y me zumban los oídos al leer que la decisión adoptada en un congreso del partido en esas mismas fechas fue “fortalecer la voluntad militar alemana” (p. 241), que ahora imita el acomplejado, torvo y (pretendidamente) democrático Merz. Ulrich se niega a admitir que el ascenso al poder de los nazis con Hitler de Canciller, en enero de 1933, fuera inevitable, y cita ocho “posibilidades” que hubo de evitarlo, a modo de “alternativas” al impetuoso y agresivo avance nazi, citando en primer lugar la falta de reacción adecuada a dos acontecimientos que excitaron la adhesión a la República: el golpe de Estado de Kapp en 1920 y el asesinato del prestigioso ministro de Exteriores, Rathenau, en 1922.


Tropas en la calle durante el golpe de Kapp (Anne Frank House).

    Fueron muy timoratas las autoridades del momento, de las que destacaba el presidente de la República, el socialdemócrata Ebert, que disponía de poderes constitucionales excepcionales y podía haber frenado en seco a los responsables.

    Ha de añadirse, a la muerte prematura de Ebert, la elección en 1925 del mariscal Hindenburg como presidente, enemigo declarado de la República y de la democracia, que a su vez representaba a lo más rancio de la aristocracia alemana (aquellos grandes propietarios agrarios “al Este del Elba”); “una elección que podría haberse evitado -dice este autor- si los comunistas hubieran superado sus diferencias”.


El mariscal Hindenburg, segundo presidente de la República de Weimar (Wikipedia).

    También se habría podido evitar la ruptura de la gran coalición en 1930, que daba estabilidad al sistema, achacable a la falta de visión y de generosidad de los partidos decisorios, lo que condujo al fin de la democracia parlamentaria. La inclusión de nazis, como ya he señalado, en el gobierno regional de Turingia ese mismo año pudo haberse evitado si los partidos democráticos se hubieran puesto de acuerdo. Al viejo presidente se le ocurrió despedir al canciller Brüning en mayo de 1932, haciendo posible el golpe de Estado de Von Papen (malvado, pero ingenuo compinche de Hitler) en Prusia y la caída de uno de los baluartes de la República, la siempre socialista Prusia. Y, finalmente, el mismo nombramiento de Hitler como canciller el 30 de enero de 1933 por Hindenburg, no era inevitable y se debió a “un oscuro juego de intrigas cuando su movimiento estaba en declive y muchas personas inteligentes ya lo daban por muerto”.

    También he leído, del historiador francés Johann Chapoutot, Irresponsables. ¿Quién llevó Hitler al poder? (2026), con un resumen de lo más claro (y alentador), en el que se opone a tantos lugares comunes como “los nazis llegaron al poder democráticamente” (falso), “a Hitler lo eligieron los alemanes” (nunca), “la crisis llevó a los nazis al poder” (falso), “los extremos/populismos acabaron con la democracia de Weimar” (falso), e incluso, para los más zoquetes, “la izquierda es la responsable de la llegada de los nazis al poder" (falso).

    Que los caminos de la Historia ni son inescrutables ni están determinados por causas o agentes concretos: no hay univocidad que valga, y se construyen día a día a partir de la actuación -sensata o irresponsable- de sus protagonistas, individuales o colectivos.

jueves, 15 de octubre de 2026

De amigos, raíces y paisajes: Domingo Mayor Asensio, in memoriam

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (7 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   
    Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

“Mañana a las pistolas” o “a las espadas”... Cada película, cada emoción heroica nos precipitaba, con renovado entusiasmo, a vivir y reconstruir en nuestra fantasía activa lo que aquellas entrañables sesiones de cine nos incitaban a imitar. Otras veces la consigna se inspiraba en los tebeos (los pulgarcitos, les llamábamos) y era “al Capitán Trueno” o “al Cachorro”, y nuestro ánimo se transformaba de inmediato, dispuesto a la acción fiel y entusiasta. Para nuestras correrías disponíamos de dos escenarios singulares, el barranco y detrás de la pareta, y entre sus recovecos, salados, y vagones del tren (aunque la proximidad a las vías nos estaba terminantemente prohibido), en aquellos espacios que nos resultaban casi ilimitados vivíamos tan discretas como maravillosas aventuras, en un tiempo en el que los inviernos eran ventosos, oscuros y recogidos, y el verano alegre. Y ni que decir tiene que espadas, fusiles y caballos eran de caña, ramas de palmera o tablas imaginativamente trabajadas; y a lo mejor podría yo encontrar en mi patio, todavía, un revólver de piedra que me duró varias campañas en nuestro particular y trepidante Oeste.

Aunque los efectivos variaban, los elementos más permanentes -el núcleo más arrebatado por la acción bélica- éramos media docena: José Luis Franco, Juan Ramón Cervellera, Juan Solano, Domingo Mayor y yo; todos, más o menos, del Callejón de la Vía.


La colla del Callejón/Paso a Nivel, en la playa del Hornillo (verano de 1967). Dominguico es el segundo, sentado, por la izquierda.

Este año hemos perdido a Domingo Mayor, el Dominguico, y yo (el Pedrín), he sentido que con él perdía una parte sustancial de mi niñez y de mi vida. Sin verlo ya pasar por mi puerta, sin poder reírme con él al recordar tantas cosas se me ha nublado una historia y un paisaje, una emoción siempre a punto, un pasado gozoso que alimentábamos con la constancia amistosa del saludo y la sonrisa: una porción del alma.

Entre lágrimas me he visto, con Dominguico, trepando las rejas de las ventanas para ver los vapores -por sobre la pareta, la fábrica de esparto y las palmeras del Paseo de Parra- cuando con su mugido de humo nos alertaban y asombraban (morían entonces los pailabotes, tan hermosos); o llamándonos para contemplar juntos la estela extraordinaria de los primeros aparatos a chorro. Y cuando mi niñez de los 9 años se vio alterada por el internado ferroviario en remotas geografías, Dominguico siempre estaba entre los amigos fieles, esperando en la estación mi llegada triunfal de vacaciones; y tampoco faltaba en el tristísimo día de la despedida.

De la primera juventud me veo con Dominguico tirándonos al agua desde las proas de los barcos, compitiendo en valor y estilo: el Fortún, el Gabarrón, el Hermanos Mayor... la del Dolores era la más alta y yo nunca me atreví: él sí. Y contemplo, con la tristeza cruel de los más bellos recuerdos, las fotos que nos muestran en la Torre de Cope en los días en que nos daba por hacer regatas en bicicleta, después de que jugáramos a la pelota en el anchurón de La Almadraba y de que los últimos pagaran las cervezas en el bar de Miguel de Calabardina. Luego, llegada la noche, no pocas veces saltaríamos -con depurada técnica de comando- la baranda de la pista para bailar gratis con aquellas zagalicas que iluminaban nuestras primeras noches de cotillón (y que, poco a apoco se unirían, transformándolas, a nuestras cálidas aventuras de estío).

Luego, con la mili, el noviazgo de verdad y los inciertos comienzos del trabajo, parecía que se imponía un tiempo de separaciones, pero qué va. En mi inacabable historia de regresos al Callejón, siempre he sabido que Dominguico era, cinco puertas más allá de la mía, una referencia fija y admirable: era de todos nosotros el que menos se alejó de sus orígenes -y entiéndase por ello la casa donde nació- y el que optó por una vida más sencilla. Y esto, que algunos habrán creído equivocación o quizás fracaso, es para mí un acierto y una prueba de que la humildad y la discreción están siempre mucho más cerca de la sabiduría que la apariencia y la ambición.

Es verdad, sin embargo, que es ahora cuando, desolado, quiero contar que Domingo Mayor, hijo de Pepe Mayor y de la Quisca, gente pescadora de Calabardina, era seguramente el mejor de nosotros y quizás por eso, como todos los mejores, se ha ido antes. Así que ya no estamos todos, y nunca volveremos a estarlo.


(Del Programa de Festejos de Águilas, Verano 2000)