martes, 23 de julio de 2024

Sobre Ghassan Kanafani, los fedayines y los torturados en Gaza

 



Cofundador -junto a George Habash- del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), del cual fue portavoz oficial, el pasado 13 de julio se cumplían 52 años de su asesinato. Su memoria y enseñanzas siguen vivas.




     Gaza estuvo siempre presente en el pensamiento, la literatura y las obras de arte de Kanafani, inmortalizándose en sus líneas como un puente hacia la eternidad. Utilizó todas las formas de expresión escrita, artística y literaria al servicio de la lucha guerrillera. Kanafani fue quizás el primero en crear carteles revolucionarios sobre la guerrilla, el asedio en la Franja de Gaza, la “Batalla de Maghazi” y el “Apoyo a la firmeza de Gaza”, llamando a las fuerzas revolucionarias del mundo a apoyar la resistencia en ascenso y a su obstinado pueblo en la rebelde Franja de Gaza.

El Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), del cual Kanafani fue cofundador y portavoz oficial, fue el partido más activo y eficaz en enfrentarse al enemigo sionista en Gaza entre 1967 y 1973. Kanafani habló más de una vez del “asedio integral”. En una entrevista con la revista inglesa New Left en 1971, señaló que Gaza no solo estaba asediada por tierra, mar y aire, sino que también sufría un “asedio psicológico”. Explicó la peculiaridad de la resistencia palestina en Gaza y su experiencia de una manera que aún resuena hoy. Cuando un periodista le pidió comparar la creciente resistencia en Gaza con las dificultades de la guerrilla en Cisjordania ocupada, Kanafani reveló la situación excepcional de Gaza, destacando la densidad de población en una franja pequeña (360.000 refugiados en ese momento), la disponibilidad de oportunidades de entrenamiento armamentístico para los jóvenes debido a la presencia de las fuerzas del Ejército de Liberación, su proximidad a Egipto y los intentos fallidos de la ocupación y el régimen jordano de “sobornar a las masas de Cisjordania” y la represión directa. Cuando leemos hoy los escritos de Ghassan, descubrimos un hecho importante: Gaza lleva asediada medio siglo, no dos décadas.

Kanafani explicó la peculiaridad de la resistencia palestina en Gaza y su experiencia de una manera que aún resuena hoy

En 1966, mientras participaba en la conferencia de la Unión de Escritores, celebrada en la Franja de Gaza, Kanafani escribió una carta personal mientras contemplaba “la orilla del triste mar”. “Aquí se me conoce, casi diría que se me ‘ama’, más de lo que esperaba, mucho más, y esto es algo que suele humillarme porque sé que no tendré tiempo de estar a la altura de las expectativas de la gente y que, en cualquier caso, no lograré ser lo que esperan de mí. A lo largo del día y de la noche, me recibe un calor que me hace sentir la frialdad de mis extremidades y de mi cabeza, y la brevedad de mi viaje hacia estas personas y hacia mí mismo. Siento más que nunca que todo el valor de mis palabras es una compensación descarada y trivial por la ausencia de armas y que ahora caen frente al amanecer de hombres de verdad que mueren cada día por algo que respeto, todo lo cual me hace sentir un extrañamiento semejante a la muerte y la felicidad del moribundo tras una larga fe y sufrimiento, pero también una humillación de tipo estremecedor”.




Kanafani volvió a predicar la revolución con la batalla del diluvio de Al-Aqsa, con su relato corto “Una hoja de Gaza”, que ha sido traducido a varios idiomas. Esta obra literaria intemporal es quizás la más difundida y leída sobre lo que están viviendo los niños de Gaza. El narrador le dice a su amigo: “Un niño enfermo adquiere una especie de santidad. ¿Cómo puede ser cuando el niño está enfermo después de heridas graves y dolorosas?” La “Hoja” llega con todos sus detalles, personajes y acontecimientos hasta la niña “Nadia”, que se echó encima de sus hermanos para protegerlos de los proyectiles, las llamas y el fuego. Perdió la pierna, amputada por el muslo, y ya no necesitaba tanto el “regalo” (unos pantalones rojos, traídos por su tío de Kuwait) como necesitaba otra cosa: una decisión valiente. Que su tío (el narrador) decida no huir y marcharse a Sacramento, donde estudiaría ingeniería en la Universidad de California. Las escenas dolorosamente actuales de la historia sobre Shujaiya, los bombardeos y las calles de Gaza le parecerán al lector como si Kanafani acabara de escribirlas esta mañana.




También vuelve su novela épica Lo que queda de ti. Se trata de la segunda novela de Kanafani, que intensifica el significado y los sentimientos de pérdida y abandono, así como la sensación de decepción y asedio que siente la población de Gaza. Es la historia de una familia palestina desarraigada de Jaffa, atrapada en Gaza sin madre ni padre. La joven Maryam es presa fácil del traidor Zakaria, quien vendió su conciencia al enemigo, violó su cuerpo y la dejó embarazada. Maryam queda atrapada y abandonada, triste, violada y convertida en una novia sin dote, todos sus “derechos quedan aplazados” y solo les queda la revolución, la desobediencia y las armas.

Si la primera novela de Kanafani Hombres al sol hablaba de los palestinos que morían en el desierto, huyendo de la muerte y el asedio en busca de la salvación individual, enLo que queda de ti, a pesar de su dureza, anunciaba la revolución y la búsqueda de la salvación colectiva. Había quienes nacían para golpear los muros del tanque de Gaza. Era natural que Maryam se levantara y apuñalara a Zakaria, que le dijo: “Tu dote queda aplazada”. O vive su hermano Hamed, el “Fedayín en potencia”, la esperanza y el futuro, o el traidor Zakaria sigue amenazándola e imponiendo sus condiciones. En la balanza y el pensamiento de Kanafani: es imposible una reconciliación o un acuerdo entre ambos.

Si una herida se abre en un cuerpo muerto, no provoca ninguna sacudida, pero si se abre en un cuerpo vivo, aumenta su susceptibilidad a la resistencia”

El enemigo sionista se dio cuenta de la importancia de la presencia de Ghassan Kanafani y, con la ayuda de algunos agentes, trató de avivar la contienda en la Franja de Gaza a finales de agosto de 2015. Difundieron el rumor malicioso de que “el gobierno de Hamás tiene la intención de cambiar el nombre de la Escuela Básica Ghassan Kanafani en Rafah”. Sin embargo, la vigilancia de las masas de Gaza y la resistencia frustraron la oportunidad del enemigo, su inteligencia y sus oscuros murciélagos (el enemigo finalmente destruyó grandes partes de la escuela y otras escuelas que llevaban el nombre de Kanafani).




Ghassan Kanafani dijo en un Simposio en Beirut en marzo de 1968: “Algo grande nace de los escombros de la derrota, como nace un volcán de debajo de los fríos fragmentos de una montaña abandonada. Si una herida se abre en un cuerpo muerto, no provoca ninguna sacudida, pero si se abre en un cuerpo vivo, aumenta su susceptibilidad a la resistencia, moviliza el poder que yace en lo más profundo de él y multiplica sus fuerzas de respuesta”.



Artículo original en árabe en Al-Akhbar


lunes, 22 de julio de 2024

Malcom X en 1964: "Lógica sionista"


 Por Malcom X

    Los ejércitos sionistas que ahora ocupan Palestina afirman que sus antiguos profetas judíos predijeron que en los "últimos días de este mundo" su propio Dios les levantaría un "mesías" que los conduciría a su tierra prometida, y establecerían su propio gobierno "divino" en esta tierra recién ganada, este gobierno "divino" les permitiría "gobernar a todas las demás naciones con vara de hierro".




Si los sionistas israelíes creen que su actual ocupación de la Palestina árabe es el cumplimiento de las predicciones hechas por sus profetas judíos, entonces también creen religiosamente que Israel debe cumplir su misión "divina" de gobernar a todas las demás naciones con vara de hierro, lo que sólo significa una forma diferente de gobierno férreo, más firmemente arraigada incluso, que la de las antiguas potencias coloniales europeas.




Estos sionistas israelíes creen religiosamente que su Dios judío los ha elegido para reemplazar el anticuado colonialismo europeo con una nueva forma de colonialismo, tan bien disfrazada que les permitirá engañar a las masas africanas para que se sometan voluntariamente a su autoridad y guía "divinas", sin que las masas africanas sean conscientes de que todavía están colonizadas.

Camuflaje




Los sionistas israelíes están convencidos de que han logrado camuflar con éxito su nuevo tipo de colonialismo. Su colonialismo parece más "benevolente", más "filantrópico", un sistema con el que gobiernan simplemente logrando que sus víctimas potenciales acepten sus ofertas amistosas de "ayuda" económica y otros regalos tentadores que cuelgan ante las naciones africanas recientemente independizadas, cuyas economías atraviesan grandes dificultades. Durante el siglo XIX, cuando las masas aquí en África eran en gran parte analfabetas, era fácil para los imperialistas europeos gobernarlas con "la fuerza y ​​el miedo", pero en esta era actual de ilustración las masas africanas están despertando, y es imposible mantenerlas bajo control ahora con los métodos anticuados del siglo XIX.




Por eso, los imperialistas se han visto obligados a idear nuevos métodos. Como ya no pueden obligar ni asustar a las masas a someterse, deben idear métodos modernos que les permitan manipular a las masas africanas para que se sometan voluntariamente.

El arma moderna del neoimperialismo del siglo XX es el "dolarismo". Los sionistas han dominado la ciencia del dolarismo: la capacidad de presentarse como amigos y benefactores, llevando regalos y toda clase de ayuda económica y ofertas de asistencia técnica. Así, el poder y la influencia del Israel sionista en muchas de las naciones africanas recientemente "independizadas" se han vuelto rápidamente aún más inquebrantables que los de los colonialistas europeos del siglo XVIII... y este nuevo tipo de colonialismo sionista difiere sólo en la forma y el método, pero nunca en los motivos ni en los objetivos.

A fines del siglo XIX, cuando los imperialistas europeos previeron sabiamente que las masas de África que estaban despertando no se someterían a su viejo método de gobernar mediante la fuerza y ​​el miedo, estos imperialistas siempre conspiradores tuvieron que crear una "nueva arma" y encontrar una "nueva base" para esa arma.

Dolarismo


El arma número uno del imperialismo del siglo XX es el dolarismo sionista, y una de las principales bases de esta arma es el Israel sionista. Los siempre conspiradores imperialistas europeos colocaron sabiamente a Israel en un lugar donde pudiera dividir geográficamente el mundo árabe, infiltrarse y sembrar la semilla de la disensión entre los líderes africanos y también dividir a los africanos contra los asiáticos.




La ocupación de la Palestina árabe por parte del Israel sionista ha obligado al mundo árabe a desperdiciar miles de millones de preciosos dólares en armamentos, haciendo imposible que estas naciones árabes recientemente independizadas se concentren en fortalecer las economías de sus países y elevar el nivel de vida de sus pueblos.

Y el continuo bajo nivel de vida en el mundo árabe ha sido utilizado hábilmente por los propagandistas sionistas para hacer parecer a los africanos que los líderes árabes no están intelectual ni técnicamente calificados para elevar el nivel de vida de su pueblo... induciendo así indirectamente a los africanos a alejarse de los árabes y acercarse a los israelíes en busca de maestros y asistencia técnica.

“Le mutilan las alas al pájaro y luego lo condenan por no volar tan rápido como ellos”.

Los imperialistas siempre se muestran bien, pero lo hacen sólo porque compiten contra países recientemente independizados, económicamente paralizados, cuyas economías en realidad están paralizadas por la conspiración sionista-capitalista. No pueden oponerse a una competencia justa, por eso temen el llamado de Gamal Abdul Nasser a la unidad africana-árabe bajo el socialismo.

¿Mesías?


Si es cierta la afirmación "religiosa" de los sionistas de que su mesías los conduciría a la tierra prometida, y la ocupación actual de la Palestina árabe por parte de Israel es el cumplimiento de esa profecía, ¿dónde está su mesías, del que sus profetas dijeron que obtendría el crédito por conducirlos allí? ¡Fue Ralph Bunche [el mediador de las Naciones Unidas] quien "negoció" con los sionistas la posesión de la Palestina ocupada! ¿Es Ralph Bunche el mesías del sionismo? Si Ralph Bunche no es su mesías, y su mesías aún no ha llegado, entonces ¿qué están haciendo en Palestina esperando a su mesías?




¿Tenían los sionistas el derecho legal o moral de invadir la Palestina árabe, desarraigar a sus ciudadanos árabes de sus hogares y apoderarse de todas las propiedades árabes para sí mismos, basándose únicamente en la afirmación "religiosa" de que sus antepasados ​​vivieron allí hace miles de años? Hace tan sólo mil años los moros vivían en España. ¿Les daría esto a los moros de hoy el derecho legal y moral de invadir la Península Ibérica, expulsar a sus ciudadanos españoles y luego establecer una nueva nación marroquí... donde solía estar España, como los sionistas europeos han hecho con nuestros hermanos y hermanas árabes en Palestina?

En resumen, el argumento sionista para justificar la actual ocupación israelí de la Palestina árabe no tiene ninguna base legal ni inteligente en la historia... ni siquiera en su propia religión. ¿Dónde está su Mesías?





(Artículo publicado en The Egyptian Gazette el 17 de septiembre de 1964)


 

viernes, 19 de julio de 2024

El mismo filo de la navaja: el nuevo primer ministro británico contra la izquierda

 

  Por Daniel Finn


Desde el principio de su liderazgo, Starmer y su equipo decidieron confundir el apoyo acrítico a Israel con una postura ecuánime contra el antisemitismo para poder utilizar esta confusión como un arma con la que matar a la izquierda.


     Unas semanas antes de que Rishi Sunak convocara unas elecciones generales anticipadas, una fuente laborista anónima, partidaria de la dirección del partido liderado por Keir Starmer, expresó su sorpresa por el fracaso de la izquierda a la hora de causar problemas a este por su servil respaldo a la guerra de Israel contra Gaza. «Me sorprende lo poco que lo han aprovechado», afirmó esta fuente anónima. Si no puedes construir un movimiento de masas dentro del Partido Laborista sobre esto, ¿sobre qué puedes hacerlo?». En fechas coincidentes, un diputado de la izquierda laborista explicaba por qué no habían intentado crear ese movimiento: «Tenemos miedo de que nos llamen antisemitas».




No todo el mundo en la política británica estaba paralizado por tal timidez. Tras nueve meses de movilización sostenida contra el ataque a Gaza por parte de un movimiento de solidaridad que se enfrentó a malintencionadas acusaciones de antisemitismo por parte de sus oponentes, el partido de Starmer recibió un notable golpe en las urnas por parte de candidatos que declararon su apoyo a Palestina. Cuatro candidatos independientes obtuvieron escaños a costa de los laboristas con programas que destacaban el respaldo público de Starmer a los crímenes de guerra, mientras que varios otros diputados laboristas, entre ellos el nuevo secretario de Sanidad, Wes Streeting, estuvieron peligrosamente cerca de ser derrotados por diversos candidatos de izquierda. El propio Starmer vio cómo la cuota de votos de su circunscripción caía el 17,4 por 100 gracias a la candidatura insurgente de izquierda de Andrew Feinstein. El Partido Verde, que también hizo hincapié en su oposición a la postura laborista sobre Gaza, eligió a cuatro diputados con la mayor cuota de votos de su historia. Lo más lacerante para el equipo Starmer fue que Jeremy Corbyn lograra conservar fácilmente su escaño en Islington, su circunscripción histórica del norte de Londres, tras haber sido expulsado del Partido Laborista, a pesar de (o quizá debido a) la presencia de peces gordos laboristas como Peter Mandelson y Tom Watson haciendo campaña por su oponente Praful Nargund.




Estos resultados contaban la historia del eclipse de la izquierda laborista, menos de cinco años después de que ocupara el liderazgo del partido de la mano de Corbyn, y la búsqueda de nuevas aperturas fuera del ámbito del Partido Laborista. Tras la derrota electoral de 2019, el estado mayor de la izquierda laborista decidió que no tenía sentido rebatir las acusaciones de antisemitismo, tuvieran o no base en la realidad. Como dijo Rebecca Long-Bailey, la oponente derrotada de Starmer en la contienda por el liderazgo del partido en 2020, en un artículo publicado en Jewish News: «Mi consejo a los miembros del Partido Laborista es que nunca está bien responder a las acusaciones de racismo poniéndose a la defensiva […]. La única respuesta aceptable ante cualquier acusación de prejuicios racistas es el autoexamen, la autocrítica y la superación personal».

Los líderes más prominentes de la izquierda del Partido Laborista se mostraron una vez más incapaces de plantar sus pies sobre el sólido suelo de la realidad empírica, remitiéndose en su lugar a sentimientos y percepciones

Mientras ofrecían este consejo, Long-Bailey y su equipo ignoraban el hecho de que los oponentes de Corbyn desdibujaban rutinariamente la distinción entre los prejuicios contra los judíos y las formas más elementales de solidaridad con el pueblo palestino. Unos meses más tarde, Starmer expulsó a la propia Long-Bailey del gabinete laborista en la sombra, tras haber improvisado una acusación de antisemitismo insultantemente endeble, pero tras ello no se produjo reevaluación alguna de esta línea derrotista. Cuando Starmer hizo que Corbyn fuera suspendido como diputado laborista por afirmar la verdad obvia de que la escala de antisemitismo en el Partido Laborista había sido «dramáticamente exagerada por razones políticas por nuestros oponentes», los parlamentarios del Socialist Campaign Group apenas movieron un dedo como respuesta a ello. Parecían creer que la destitución de Corbyn no tenía implicaciones más amplias para su proyecto político, y ello mientras Starmer expurgaba constantemente cualquier rastro de influencia izquierdista de las estructuras del Partido Laborista de una forma que dejaba a Tony Blair en un excelente lugar.




Cuando se convocaron las elecciones generales de este año, la economista de la London School of Economics Faiza Shaheen era una de las pocas candidatas de la izquierda laborista no purgada por Starmer que se presentaba para un escaño con posibilidades de victoria en la circunscripción de Chingford and Woodford Green, en el noreste de Londres. En consonancia con el planteamiento general del Socialist Campaign Group, Shaheen se negó rotundamente a criticar la exclusión de Corbyn, diciendo a The New Statesman que la declaración del exsecretario general del Partido Laborista era «realmente estúpida» e incompatible con la tan cacareada política de «tolerancia cero» de Starmer respecto al antisemitismo. Esta toma de postura por parte de Shaheen no le sirvió de nada, cuando, pocas semanas antes de las elecciones, el Partido Laborista decidió sustituirla en su circunscripción por un candidato aliado de Starmer.




La lista de delitos imperdonables por los que Shaheen fue acusada y finalmente excluida de su candidatura incluía que le gustara un tuit que hacía referencia a la existencia del lobby israelí. De forma extraordinaria, durante una entrevista en la BBC, Shaheen admitió que era inaceptable hablar de «organizaciones profesionales» que dirigen críticas hostiles contra quienes critican a Israel, dicho esto en un momento en el que, al otro lado del Atlántico, el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) invertía sumas sin precedentes en las primarias del Partido Demócrata para abortar la elección del izquierdista Jamaal Bowman, en la que ha sido hasta la fecha la elección primaria más cara de la historia estadounidense. Al igual que sucedió con su respuesta a la suspensión de Corbyn, los líderes más prominentes de la izquierda del Partido Laborista se mostraron una vez más incapaces de plantar sus pies sobre el sólido suelo de la realidad empírica, remitiéndose en su lugar a sentimientos y percepciones, por absurdos que pudieran ser. Para su crédito, hay que decir que Shaheen se negó a doblegarse y se presentó como independiente en su circunscripción, igualando en votos al candidato laborista designado a toda prisa; la insistencia del Partido Laborista en expulsarla permitió al político tory Iain Duncan-Smith conservar el escaño. Esperemos que Shaheen hayan finalmente comprendido lo fácil que es que unos cínicos te acusen de antisemitismo replicando exactamente el modus operandi desplegado previamente contra el exlíder del Partido Laborista.

En ese sentido, los últimos nueve meses han estado repletos de lo que Barack Obama denominó «momentos de enseñanza». El mismo bloque de fuerzas políticas que se unió para vilipendiar a Corbyn ha estado haciendo campaña incansablemente en apoyo del asalto israelí a Gaza. A principios de este año, dos de las más infatigables críticas de Corbyn, las parlamentarias laboristas Margaret Hodge y Ruth Anderson, posaron en una foto junto al presidente de Israel, Isaac Herzog. Esta «misión solidaria», como la llamaron con orgullo los Labour Friends of Israel, se produjo poco después de que el Tribunal Internacional de Justicia citara los espeluznantes comentarios de Herzog sobre los civiles palestinos tras ordenar al gobierno israelí que impidiera la incitación al genocidio.




Cuando Starmer hizo algunos comentarios ambiguos sobre el reconocimiento de un Estado palestino, el director del Jewish Chronicle, Jake Wallis Simons, le acusó de «rendirse a la yihad» y de «honrar los peores pogromos desde el Holocausto»

 

Los dirigentes de este bloque político dirigieron su fuego contra el movimiento de solidaridad con Palestina, organizador de innumerables enormes manifestaciones en Londres y en otras ciudades británicas para pedir el alto el fuego inmediato en Gaza. Para su inmensa frustración, se encontraron con que ese movimiento no estaba dispuesto a capitular ni a pasar por el aro a instancias de sus oponentes. Una figura como Mike Katz, un cabildero de las grandes corporaciones, que preside el Jewish Labour Movement, se vio obligado a enmarañarse en las vagas insinuaciones habituales, indicando que la imagen del Partido Laborista corría el riesgo de contaminarse por «las recurrentes protestas celebradas en Parliament Square» sin ser capaz no obstante de decir qué tenían estas de malo.




A medida que continuaba la tremebunda carnicería en Gaza, el frente antipalestino británico empezó a perder su cohesión. La denominada Campaign Against Antisemitism se extralimitó al buscar pelea con la Policía Metropolitana de Londres como parte de su venganza contra las marchas a favor del alto el fuego. El exdirector de The Guardian Alan Rusbridger se atrevió a plantear algunas preguntas sobre el «secreto muy bien guardado» de quién es el propietario del Jewish Chronicle y qué influencia puede tener ello en la «atroz línea» mantenida por el periódico sobre Gaza. Después de varios años en los que los medios de comunicación nacionales, incluido The Guardian,mse complacían en presentar al Jewish Chronicle como la voz irrecusable de la opinión judía en Gran Bretaña, esto constituyó todo un avance. Cuando Starmer hizo algunos comentarios ambiguos sobre el reconocimiento de un Estado palestino, el director del Jewish Chronicle, Jake Wallis Simons, le acusó de «rendirse a la yihad» y de «honrar los peores pogromos desde el Holocausto».




Si la izquierda del Partido Laborista no hubiera interiorizado la noción de que el apoyo a los derechos palestinos era un lastre, podría haber aprovechado la oportunidad brindada durante estos meses para rebatir con fuerza la falsa narrativa de la existencia durante el mandato de Corbyn de un «antisemitismo laborista» generalizado y cuasi genocida y explicar cómo esa fábula maligna alimentó directamente el apoyo de Starmer a la matanza masiva perpetrada en Gaza. En la práctica, el Socialist Campaign Group ni siquiera pudo oponer resistencia alguna a Starmer, cuando este suspendió a sus propios miembros alegando pretextos absurdos: Kate Osamor por citar a Gaza como ejemplo de genocidio junto con Camboya, Ruanda y Bosnia (se disculpó inmediatamente por hacerlo, lo que no fue suficiente para satisfacer al líder laborista); Andy McDonald por prometer no descansar «hasta que todas las personas, israelíes y palestinos, entre el río y el mar, puedan vivir en pacífica libertad». La respuesta obvia a la suspensión de McDonald habría sido que otros diputados de izquierda repitieran su declaración y desafiaran a Starmer a explicar por qué se oponía tan enérgicamente a la idea de que los palestinos vivieran en «pacífica libertad», pero no estuvieron dispuestos a hacerlo.

Al final, Osamor y McDonald fueron reintegrados en el partido después de que los laboristas recibieran fuertes presiones externas. Primero, el Scottish National Party (SNP) presentó una moción a favor del alto el fuego en la Cámara de los Comunes; Starmer tuvo que pedir al presidente de la Cámara, Lindsay Hoyle, que infringiera las normas de procedimiento parlamentario para que sus diputados no tuvieran que votar la moción del SNP (Hoyle fue recompensado posteriormente por su mala conducta tras las elecciones con un nuevo mandato como presidente de la Cámara). A finales del pasado mes de febrero, George Galloway, ahora líder del Workers Party of Britain, arrebató un escaño al Partido Laborista en las elecciones parciales de Rochdale, convirtiéndolas en un referéndum sobre la política de Starmer en Gaza. El regreso de McDonald al Grupo Parlamentario Laborista se produjo pocos días después de la victoria de Galloway, mientras que la dirección parecía estar reservándose la eventual readmisión de Osamor como gesto pacificador, ya que esta coincidió con el paso al Partido Laborista de Natalie Elphicke, una diputada conservadora, cuyo historial de intolerancia era tan extravagante que incluso a un blairista entregado como Andrew Rawnsley, de The Observer, le costó tragarse su admisión.

A lo largo de la campaña electoral se produjeron algunos otros momentos de aprendizaje. A principios del pasado mes de junio, la dirección de Starmer anunció que abandonaba una acción legal enormemente cara contra cinco antiguos empleados del partido a los que acusaba de filtrar un informe sobre la cultura organizativa del Partido Laborista durante el mandato de Corbyn. El principal objetivo de la acción —aparte del rencor descarnado, una motivación que nunca debemos descartar cuando la facción derechista del Partido Laborista está involucrada— era desalentar la discusión pública del informe, creando la impresión de que había algo ilegítimo en su contenido.

Este esfuerzo fue vital, ya que las pruebas del informe desacreditaron la escabrosa versión de los hechos difundida por los oponentes de Corbyn activos en el seno del partido en producciones como el documental de la BBC «Is Labour Antisemitic?». En otro informe, esta vez encargado por el propio Starmer, el abogado Martin Forde consideró que esa versión de los hechos era «totalmente engañosa» y avaló la exactitud del informe filtrado. Al acercarse el día de las elecciones, Forde reveló también que había sido amenazado con acciones legales por abogados que actuaban en nombre del Partido Laborista, en un intento infructuoso de disuadirle de que hablara sobre sus conclusiones. Es muy posible que Forde se haya arrepentido de haber concedido a los miembros de esta camarilla el beneficio de la duda sobre sus motivaciones sobre varios puntos en los que no cabía ninguna duda razonable.

Nunca sabremos cómo podría haberse desarrollado de forma diferente el periodo transcurrido desde 2019 si la izquierda laborista hubiera mostrado la misma combatividad que la mostrada por políticas como Rima Hassan y Rashida Tlaib, cuando se enfrentaron a ataques mendaces similares. La suspensión de Corbyn constituyó el punto de inflexión: el momento en que algunos de sus aliados decidieron que decir la verdad sobre su propio historial era simplemente demasiado duro. Afortunadamente, el propio Corbyn decidió no irse en silencio. Su exitosa campaña, junto con las organizadas por los candidatos Verdes y antibelicistas, asestó un duro golpe a Starmer justo cuando este parecía triunfar. Desde el principio de su liderazgo, Starmer y su equipo decidieron confundir el apoyo acrítico a Israel con una postura ecuánime contra el antisemitismo para poder utilizar esta confusión como un arma con la que matar a la izquierda. Ahora han acabado cortándose con el mismo filo de la navaja.




A corto plazo, es poco probable que la posición del Partido Laborista sobre Gaza cambie como respuesta a lo sucedido en las elecciones. A pesar de los avances de los Verdes y de los independientes, el bloque de diputados de Westminster que desafía esa posición es en realidad mucho menor de lo que era antes del día de las elecciones, después de que el SNP perdiera la mayoría de sus escaños en Escocia por factores en absoluto relacionados con la política internacional. Diputados laboristas destituidos como Thangam Debbonaire y Jonathan Ashworth han mostrado toda la humildad que cabría esperar desde que perdieron sus escaños, diciendo a los medios de comunicación que fueron víctimas de fuerzas oscuras e ilegítimas. La sugerencia de John McDonnell de que Corbyn podría ser readmitido en el Grupo Parlamentario Laborista es otro ejemplo del tipo de ilusiones que proliferan sobre la naturaleza del proyecto de Starmer y sobre el lugar de la izquierda en el mismo. No obstante, la evidencia de que el Partido Laborista puede ser castigado en las urnas en áreas que daba por propias, incluso en el momento actual que seguramente marca el punto álgido de su influencia bajo la dirección de Starmer, ha sentado un importante rasgo constitutivo de los años venideros, lo cual debería insuflar más confianza a quienes se organizan fuera del partido.


Artículo original: Same blade publicado por Sidecar, blog de la New Left Review y traducido con permiso expreso por El Salto. Véase Daniel Finn, Torturar la evidencia, lawfare y mediafare en Reino Unido, y «Starmer vs Corbyn: de los usos políticos del antisemitismo», Sidecar/El Salto, y «Contracorrientes», NLR 118; y «La Base Comanche 1x09 | ¿Quién ganó realmente las elecciones en Reino Unido?», Canal Red.





miércoles, 17 de julio de 2024

Israel nunca tuvo derecho a existir

 



Sobre Israel hay quienes se sobresaltan al escuchar que no tiene derecho a existir. Inmediatamente le atenazan décadas de falsos axiomas y propaganda de occidente para sostener su colonia en Palestina.


     Los estados no tienen un derecho intrínseco a existir. Ni el Imperio Austro-Húngaro, Senegambia, Checoslovaquia, ni tampoco tiene derecho a existir el actual Reino de España. La existencia de los estados es sólo una frágil condición de posibilidad en función del presunto consenso de los habitantes del territorio. Sin embargo, en el caso de las organizaciones políticas impuestas mediante la violencia por parte de extranjeros es una obligación confrontarlas hasta su desaparición. Ya sea un régimen títere construido durante una guerra (Manchukuo, régimen de Vichy) o una entidad creada por la invasión de colonos contra las poblaciones nativas (Rhodesia, Cochinchina, Bechuanalandia, Sudáfrica con apartheid o Israel).


Manipulando las emociones


El primero, que las personas que expresamos que Israel debe desaparecer también deseamos un nuevo genocidio de las personas de religión judía que se han instalado en Palestina en las pasadas décadas. Por supuesto Occidente siempre ha buscado sembrar el terror con la supuesta venganza de los indígenas como propaganda para sostener sus colonias. Restaurar bienes robados a los nativos ha alimentado el mito que en la actual Sudáfrica se comete un genocidio contra los antiguos colonos blancos. Incluso con Rhodesia se inauguró la estética sexualizada de las mujeres colonas para convencernos de defender el régimen de apartheid colonial. Israel ni siquiera es original en utilizar a sus colonas, fetichizándolas en Tik Tok bailando con el uniforme militar o inventando un gigantesco fraude sobre masivas violaciones de los nativos el día que se levantaron en el gueto. En este punto recordemos: todos los israelíes son colonos porque sostienen sin dudar su régimen colonial, descontando a un 20% de esa sociedad que son palestinos con ciudadanía israelí bajo discriminación legal y algunos pocos miles de genuinos israelíes antisionistas.




La ideología colonizadora de Palestina, el sionismo, fusiona los dos sujetos coloniales, las personas y la organización política, para sembrar la idea de que la liquidación del régimen incluye el exterminio de las personas. Además lo une con el siguiente sofisma.

Se nos impone que hay que aceptar como un todo la realidad de aquel genocidio a los judíos con el inexistente derecho a existir de Israel, y que negar el último significa negar el primero

El segundo falso principio más sutil es que quienes negamos el derecho a existir de Israel también negamos el genocidio de los alemanes contra las personas judías, el Holocausto. En la propaganda sionista actual (cambiada respecto a su propaganda de hace cien años) la creación de la colonia en Palestina es consecuencia del exterminio de Alemania a los judíos. Además, el sionismo se ha apropiado del rol de víctima única y ha buscado el borrado del resto de millones de víctimas de los alemanes, como los eslavos rusos y bielorrusos asesinados en mucho mayor número, u otros grupos sociales como las personas gitanas, etc.

Por este motivo se nos impone que hay que aceptar como un todo la realidad de aquel genocidio a los judíos con el inexistente derecho a existir de Israel, y que negar el último significa negar el primero. O que apoyar el desmantelamiento de Israel significa desear asesinar a personas judías en lugar de eliminar su identidad de colonos supremacistas.

Lo que han hecho los colonos israelíes en Palestina ligando el holocausto con la razón de ser de su régimen tampoco es original ni nuevo en la historia. Los colonos Boers/Afrikaners conectaron las masacres a los calvinistas en Europa con su huida y con la razón de ser de su colonización de Sudáfrica contra los nativos africanos. Cuando occidente dejó caer al régimen de Pretoria hace 35 años, a nadie se le ocurría defender al régimen de apartheid sudafricano por las masacres que habían sufrido las personas calvinistas en Europa varios siglos atrás, o alegar que Mandela buscaba exterminar calvinistas. Sin embargo, la gigantesca importancia geopolítica que para EEUU y Europa tiene tratar de mantener su colonia israelí en Palestina hace que los medios hegemónicos sigan reforzando esa fraudulenta necesidad causa-efecto.

Al margen de lo sucedido en Europa, los perseguidos judíos o calvinistas llegaron a Palestina o Sudáfrica convertidos en colonos armados violentos, y en ambos casos atribuyéndose el ser los elegidos de Dios. Igual que en los años 60 y 70 del siglo XX, nos enfrentamos a la realidad de que una colonización es un proceso violento y por tanto una descolonización también lo es, sin que tenga relación con la religión que profesen los colonos.

Alemania y el resto de la Europa judeófoba se han liberado de su pesada carga por haber masacrado a las personas judías al repartir esa culpa entre todos los habitantes del planeta

La propaganda occidental no solo ha logrado extender esa falsa vinculación entre el holocausto y la creación de Israel. También ha exportado y universalizado la culpa por el genocidio del fascismo alemán y ha conseguido convertirla en una culpa global, y que personas en India, Bolivia o Kenia sientan más horror por él que por los horrendos genocidios coloniales que sus propios pueblos sufrieron a manos de los europeos. Alemania y el resto de la Europa judeófoba se han liberado de su pesada carga por haber masacrado a las personas judías al repartir esa culpa entre todos los habitantes del planeta.

La combinación de esa sionización del holocausto y de la exportación de la culpa explica la extraña razón del que el museo mundial del holocausto (Yad Vashem) esté ubicado en Palestina y no en Alemania, que fue el país que lo perpetró. Es también la razón de que el museo tenga un muro dedicado a los palestinos como aliados de los nazis para que los visitantes asocien la lucha anticolonial de los nativos con el nazismo. Junto a esto, la reciente legislación aprobada en EEUU en la práctica define a los palestinos como antisemitas por el mero hecho de ser los habitantes autóctonos de Palestina. Los intentos por EEUU y Europa de prohibir el lema “Palestina libre del río al mar” resultan tan ridículos e inútiles como si hubieran prohibido hace 40 años “Sudáfrica libre del Atlántico al Índico”.




Todo para intentar asegurarse de que los palestinos paguen la factura de los crímenes alemanes y europeos contra las personas judías y a la vez se mantenga en pie la atalaya para el dominio regional.

Al final, la propaganda se disuelve fácilmente con la historia. Por supuesto la construcción de la colonia Israelí en Palestina es anterior a los crímenes alemanes en la II Guerra Mundial. En 1920 Gran Bretaña ocupó militarmente Palestina comenzando a llevar colonos judíos masivamente, con la decisión de erigir para ellos un estado que, en reciprocidad, ayudase a los occidentales a dominar la región del petróleo y el Canal de Suez. Diseñó los primeros mapas de partición del territorio en 1937al ver que los nativos palestinos ponían en riesgo todo el proyecto cuando se levantaron en su primera gran revuelta de 1936 contra la colonización sionista. Una partición, crear dos estados, siempre busca asegurar al colonizador al menos un pedazo de lo conquistado cuando intuye que puede perderlo todo.




Junto a estos fetiches emocionales que hurgan en el sentimiento de culpa por las persecuciones europeas contra las personas judías, operan otros falsos axiomas revestidos de presunta legitimidad que se utilizan para defender la existencia de Israel.


Convenciendo de que lo ilegítimo es legítimo


Por un lado, el supuesto derecho de autodeterminación de las personas de religión judía a formar su estado. Es tan surrealista como que las personas cristianas de todo el planeta ejercieran una autodeterminación para erigir un estado supremacista, del doble de habitantes que China, y que aplicando la lógica sionista todas invadieran Palestina por ser la cuna de Jesús y los primeros cristianos. Siguiendo esa lógica sionista también los 1.500 millones de musulmanes deberían marcharse a vivir al entorno de La Meca y Medina. Al final entre unos y otros dejarían gran parte del planeta vacío a disposición de los ateos y de los creyentes de otras religiones.

En todo caso si se aceptase que diferentes personas de distintos países con una misma orientación religiosa, política o sexual tienen derecho a la autodeterminación, éste nunca puede ejercerse a expensas de los habitantes indígenas de otra tierra en la que quieran instalarse, como Palestina. Tampoco un numeroso grupo de residentes extranjeros como los alemanes que viven en Mallorca (hasta un 30% de la población) tienen un derecho a su autodeterminación a expensas de los mallorquines, oprimiendo y expulsando después a estos habitantes autóctonos de la isla.

Frente a esta falacia impuesta como verdad, los patrocinadores de la colonia israelí, EEUU y Europa, han negado a los nativos palestinos su propio derecho a su autodeterminación en su propia tierra, que era la supuesta misión con la que las tropas británicas ocuparon Palestina hace cien años.

Por otro lado, la fraudulenta legitimidad para defender la existencia de Israel con la imposición de la partición de Palestina. El 29 de noviembre de 1947 una minúscula ONU de 57 países, la mayoría sometidos a las potencias europeas (hoy forman la ONU casi 200 países), decidió recomendar la partición de Palestina pero sin consultar a los habitantes.

La Asamblea General recomendó dividir lo que no tenía derecho a dividir, no sólo por incumplir la propia Carta de las Naciones Unidas, sino por no tener el consentimiento de la mayoría de población del territorio

La Asamblea General recomendó dividir lo que no tenía derecho a dividir, no sólo por incumplir la propia Carta de las Naciones Unidas, sino por no tener el consentimiento de la mayoría de población del territorio, tan sólo de los minoritarios colonos europeos. Resulta asombroso cuando hoy los principios de voluntad y consentimiento se busca que sean el centro en la regulación y legislación de las relaciones humanas, por ejemplo en las relaciones sexuales, diferenciando lo legítimo y lo ilegítimo.

Lo que hizo aquella minúscula y colonialista ONU fue aplicar a rajatabla los postulados del impulsor de la colonización de Palestina, el británico Lord Balfour, que dijo en 1919 “en Palestina no nos proponemos consultar los deseos de los habitantes del país, pues el sionismo, equivocado o acertado, es más importante que los deseos de los habitantes árabes”. Se amordazó a los palestinos tal como se les silencia hoy, nada ha cambiado.




A los pocos días de esta Resolución 181 de la ONU, en diciembre, y con el consentimiento de las tropas británicas que seguían gobernando Palestina, los colonos comenzaron su brutal limpieza étnica expulsando 400.000 palestinos de sus hogares y tierras durante seis meses. A partir de mayo de 1948, cuando se marcharon las cómplices fuerzas británicas y los colonos proclamaron su estado, expulsaron a otros 400.000 entre horribles masacres. La limpieza étnica de casi un millón de palestinos fue la primera de las vulneraciones sionistas del propio texto de la Resolución 181 y por eso la ONU tuvo que establecer después en la Resolución 194 que esos expulsados y sus descendientes debían regresar y ser compensados. Sigue desacatado hasta hoy por Israel.


Si la ONU quiere recuperar algo de credibilidad debería derogar la Resolución 181. No es algo nuevo, pues ya revocó en 1991 una resolución que condenaba el sionismo para proteger a Israel

 

Para la ONU sería mejor derogar la ilegítima Resolución 181


Y al final el fraude de la partición desapareció veinte años después. Desde 1967 el régimen israelí es la única entidad estatal que gobierna la vida en toda Palestina, entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, de todos los habitantes, palestinos y colonos israelíes, con diferentes leyes y actuaciones según para quién y dónde viva.

Las ilegitimidades cometidas dividiendo el territorio para garantizar un trozo a los colonos configuraron el primer capítulo de la historia. El segundo capítulo se llama colonización de todo el territorio de Palestina, y no se puede explicar la realidad ni encontrar soluciones releyendo sólo el primer capítulo de los ficticios “dos estados” sin avanzar al segundo capítulo. Incluso Occidente e Israel consiguieron cooptar a dirigentes palestinos para que en los Acuerdos de Oslo de 1993 acatasen el fraude de la partición y validasen la existencia de Israel. Da igual, Israel es un proyecto colonial fallido.

Si la ONU quiere recuperar algo de credibilidad debería derogar la Resolución 181. No es algo nuevo, pues ya revocó en 1991 una resolución que condenaba el sionismo para proteger a Israel. A continuación debería reactivar el Comité Especial contra el Apartheid que en los años 70 denunciaba tanto a Sudáfrica como a Israel.

En lugar de eso, Antonio Guterres predica la liturgia colonial de los “dos estados” siguiendo el guion que marcan las potencias occidentales, que insisten en agitar ese señuelo para buscar la pervivencia de su fortaleza en Palestina y de la muralla de regímenes árabes a sueldo que la protegen.


Más de cien mil palestinos asesinados, enterrados y heridos en sólo unos meses (el 5% de la población) suponen un ritmo de exterminio superior al cometido por Alemania en el frente oriental durante la II Guerra Mundial


Un régimen genocida debe desaparecer


Por si todo lo anterior no bastase, nos enfrentamos a esta última verdad.

Más de cien mil palestinos asesinados, enterrados y heridos en sólo unos meses (el 5% de la población) suponen un ritmo de exterminio superior al cometido por Alemania en el frente oriental durante la II Guerra Mundial. Las más de cuatro bombas atómicas de Hiroshima arrojadas por EEUU y Europa, bajo bandera israelí, y la tortura sádica masiva por hambruna y enfermedades, nos dicen hasta dónde están dispuestos a llegar todos los gobiernos occidentales para tratar de mantener su última colonia, la cual es el epílogo de 500 años de brutalidades coloniales que no fueron transmitidas en directo.

Y frente a esto, multitud de intelectuales, periodistas y los principales partidos y sindicatos de izquierda en España y Europa se siguen sometiendo al falso derecho a existir de Israel. Incluso con un genocidio en curso, la izquierda institucional no se atreve a exigir el desmantelamiento del régimen israelí. Igual que Guterres, recitan la plegaria colonial y sionista de los “dos estados” absolviendo a Israel. Nos señalan la añagaza del reconocimiento de un aberrante Estado palestino conformado por los bantustanes de Cisjordania y el aniquilado campo de exterminio de Gaza. En su alucinación, este régimen de Vichy con su mariscal Pétain palestino designado por occidente convivirá felizmente junto a Israel.

El hecho es que cada minuto que siguen sin exigir explícitamente la desaparición de Israel es un minuto más de su complicidad con los crímenes de esa colonia.




En la historia, a los pueblos que han luchado por su liberación nacional no les ha importado la opinión y juicios de valor de los partidos de izquierda de los países colonizadores. Los pueblos lucharon como pudieron y como eligieron sin medir el sufrimiento y coste que esa lucha de generaciones les causaría. Los palestinos derogarán de golpe todas las resoluciones de la ONU sobre Palestina gracias a su resistencia y sufrimiento. Su descolonización llegará y se aplicará la reversión. Es el único camino por el que cesa la violencia que los occidentales hemos implantado con nuestro colonialismo.


Fuente: El Salto