domingo, 15 de marzo de 2026

La escalada bélica en el Golfo Pérsico refuerza a Putin: Rusia recupera su papel como superpotencia petrolera

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.

La guerra de Irán acerca a Rusia y EEUU, impulsa la alianza energética entre Moscú y Pekín, atenaza a Ucrania y convierte al crudo ruso en la única opción para muchos países


Teherán tras los ataques de Israel y EEUU.

     El bombardeo este sábado por Estados Unidos de la isla iraní de Jarg, epicentro del 90% de las exportaciones de crudo de Irán, evidencia la conversión de este conflicto bélico regional en una guerra energética global.


Instalaciones petroleras en la isla de Jarg, Irán.

En el caótico tablero creado en Oriente Medio por el presidente Donald Trump, Rusia recupera su papel como superpotencia en el ámbito de la producción y exportación de hidrocarburos, lo que supone también una bofetada a Europa en su intento de aislar al Kremlin por la invasión de Ucrania.


Petróleo sin sanciones, justo cuando Rusia más lo necesitaba.

El golpe asestado a la mayor terminal logística de embarque de petróleo de Irán, aunque el Pentágono insiste en que bombardeó zonas militares de Jarg y no las factorías y muelles, supone una escalada bélica que arrostrará nuevas dificultades para el transporte de petróleo desde el Golfo Pérsico y avivará una posible debacle global por la drástica reducción de los suministros de hidrocarburos. El conflicto ha elevado un 37% el precio del crudo en este medio mes, hasta sobrepasar los cien dólares el barril y con una amenaza muy real de que este precio se dispare más.


Repunte del precio de los carburantes tras la escalada de tensión en Oriente Próximo.

La oscilante estrategia seguida por Trump en la guerra, la creciente inquietud en EEUU por la inflación y las pérdidas económicas derivadas de la contienda, la incapacidad de la Casa Blanca para derrotar a corto plazo al régimen iraní y la insistencia de Israel para acabar radicalmente con la amenaza de Teherán hacen muy difícil precisar cuándo podría alcanzarse un armisticio. Entretanto, quien puede se aprovecha de las circunstancias.

El alza de las sanciones a los petroleros rusos, clave en la guerra       

Y en tales circunstancias es clave el paso dado por Trump esta semana al aligerar las sanciones estadounidenses que pesan sobre el sector petrolífero ruso, una medida que refuerza la extraña relación que la Casa Blanca tiene con el Kremlin desde que el presidente estadounidense llegó al poder en enero de 2025.


Precios de carburantes en una gasolinera en Moscú el pasado 12 de marzo.

Para reducir el coste del crudo a nivel global, Trump decidió levantar durante un mes la prohibición de importar el petróleo ruso que se encuentra en tránsito marítimo y que ahora podrá ser vendido internacionalmente. Tal decisión supone una bofetada a la Unión Europea, empeñada en aislar económicamente a Rusia por su invasión de Ucrania, aunque sin mucho éxito, dada la resiliencia impuesta a la economía rusa por el presidente Vladímir Putin.

La decisión de Trump refuerza esa economía de guerra rusa que ahora podrá vender su petróleo sin recurrir a argucias, como el uso de petroleros bajo otras banderas o la creación de una flota fantasma para su trasiego. Los petroleros rusos que se encontraban paralizados por las sanciones estadounidenses ahora levantadas tenían en sus bodegas cien millones de barriles de petróleo, según el Kremlin. La Casa Blanca eleva a 124 millones esos barriles de crudo ruso en tránsito marítimo

La decisión de Trump, prevista hasta el 11 de abril, ayudará a superar las caídas de las exportaciones rusas de petróleo. Justo antes de que se desatara la guerra de Irán el 28 de febrero, tales exportaciones se habían desplomado a los peores niveles desde que comenzó la invasión de Ucrania hace cuatro años, con descensos el mes pasado de más de 410.000 barriles al día.

El comienzo de la guerra contra Irán cambió estas tornas. Y si las exportaciones de crudo y gas licuado estadounidenses se dispararon ante los parones de transporte desde el Golfo Pérsico, también Rusia recibió un impulso sustancial a su industria energética.

La necesidad del crudo ruso      

Este sábado, el Kremlin dejó claro que la actual situación de crisis energética global beneficia a Rusia. "El mercado es muy grande y los interesados en adquirir petróleo ruso son muchos", explicó el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov. El vocero del Kremlin recordó que, en estos momentos, "la infraestructura energética mundial no puede renunciar a la entrada de grandes volúmenes de petróleo ruso. Este crudo ruso es necesario" y ayudará a recuperar "una gran estabilidad. Así funciona la economía", aseveró Peskov.


Turistas frente al barco petrolero ruso en el Parque Nacional Marino en Golfo de Kutch.

La orden de Trump era previsible. La semana pasada, el Departamento del Tesoro de EEUU permitió a la India acceder al crudo ruso localizado en petroleros por un periodo de un mes también. Ahora esta medida es global y, sobre todo, muestra sin pudor la mano que le tiende Trump a Putin.

Peskov fue más allá e incidió en un punto clave para explicar la calma rusa ante esta crisis. Moscú es un importante aliado de Teherán, con muchos lazos militares y económicos, que van desde el suministro de drones y misiles a Rusia para ser utilizados en Ucrania hasta la colaboración en espinosas esferas como la nuclear.

Que Moscú no haya ido más allá de la protesta formal contra los ataques combinados de EEUU e Israel contra Irán ha sorprendido mucho. Hasta que se observa la otra cara de la moneda: tal calma ha permitido ese levantamiento por Trump de algunas de las sanciones establecidas contra Rusia, que así se convierte en la salvadora de algunos de los países que han visto restringidos sus suministros desde el Golfo. Ello beneficia a Moscú, ayuda a economías a las que ronda EEUU, como India o incluso China, y anima a una relación, la establecida entre Trump y Putin, que puede ser muy beneficiosa en un futuro.

Los intereses rusos y los estadounidenses se cruzan      

"En ese caso, nuestro interés coincide con el de los americanos", afirmó Peskov sobre el levantamiento de sanciones a causa de una guerra que ha permitido a Rusia, por delante de cualquier otro país, beneficiarse de sus consecuencias económicas, relacionadas con el comercio de hidrocarburos. Cada día de guerra, la subida de los precios del crudo permite a Rusia hacerse con 150 millones de dólares. Según el Financial Times, citado por la agencia EFE, si el precio del petróleo Urals sube más de 70 dólares por barril, Rusia podría ingresar en marzo cerca de 5.000 millones de dólares. El alivio para el maltrecho déficit público ruso es evidente, sobre todo porque este petróleo liberado puede venderlo más caro que el que hasta ahora venía colocando a sus aliados chinos e indios.

El emisario del Kremlin para asuntos económicos y normalización de relaciones con EEUU, Kiril Dmitriev, fue también contundente: "La energía rusa es indispensable para mitigar la mayor crisis energética mundial". Según Dmitriev, Washington "reconoce lo obvio: sin petróleo ruso el mercado energético mundial no puede mantenerse estable".

Bruselas considera la decisión de Trump una afrenta a la seguridad europea      

La medida anunciada por el Departamento del Tesoro estadounidense ha caído, sin embargo, como un jarro de agua fría en Europa. La Unión Europea ha rechazado tal levantamiento de sanciones, pues considera que “afecta a la seguridad en Europa”, indicó el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa. Desestimaba Costa que la circulación de más crudo en el mercado energético internacional supondrá una mayor estabilización de los precios.


El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

El canciller alemán, Friedrich Merz, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el G-7 también han calificado de error este paso. Al contrario que Hungría, el país más cercano a Rusia en la UE. Su ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, se ha manifestado no solo a favor de suspender las sanciones al petróleo de Moscú, sino incluso de "permitir la entrada de los combustibles rusos al mercado europeo".

La espina para la cúpula de poder europea es que Moscú obtiene beneficios para seguir atacando a Ucrania, una guerra que Bruselas ha hecho suya y que le importa más que la tormenta que se está desatando en Oriente Medio y que planeta unas perspectivas globales mucho peores que la invasión rusa del país vecino.

A la UE le preocupa especialmente que este espaldarazo de Trump a Rusia evidencie una realidad: que EEUU se ha desentendido prácticamente de la guerra de Ucrania y que solo le interesa que Moscú no obstaculice sus planes en otras partes del mundo, como Venezuela, Irán o Cuba en un futuro.

En la red social X, Costa volvió a repetir el mantra que entona la UE desde que comenzó la guerra de Ucrania: "El aumento de la presión económica sobre Rusia es decisivo a fin de que acepte una negociación seria para una paz justa y duradera" en Ucrania. Esa paz implica para Ucrania y sus aliados europeos la salida de Rusia de todos los territorios ocupados, el pago de grandes indemnizaciones de guerra y la inclusión de Kiev en un sistema de seguridad occidental, sea la OTAN (incorporación a la que EEUU ha dicho ya que no) o en un nuevo ente creado a la sombra de la UE.


Post de António Costa.

El primer problema a estas reclamaciones de la UE para Kiev es que Rusia va ganando la guerra, que se ha anexionado una quinta parte de Ucrania y que reclama más territorio para firmar un armisticio. El segundo problema es que la Casa Blanca da ya por hecha la partición ucraniana y que, si bien las empresas estadounidenses ganan dinero vendiendo armas a los países de la UE para que estos se las regalen a Ucrania, ese conflicto ya es un serio incordio para la política exterior de Trump. Con el alza de las sanciones petroleras a Rusia, el líder republicano avanza un paso hacia la capitulación de Ucrania, al tiempo que da su espaldarazo a Moscú.

China, sin mayores daños, espera su oportunidad      

Del incremento del tráfico de crudo ruso se beneficia también China. Tras la pérdida de la mayor parte del mercado europeo en respuesta a la invasión de Ucrania en febrero de 2022, Rusia se convirtió en uno de los mayores proveedores de gas y crudo de China. El levantamiento de las sanciones sobre el crudo ruso por EEUU no solo refuerza la alianza estratégica sino-rusa, sino que conforta a la economía china ante los trágicos vaticinios formulados para el resto del planeta. 

El que Pekín tampoco haya levantado excesivamente la voz en torno a esta crisis se explica por el equilibrio que quiere mantener con Washington, por ejemplo de cara a la visita que se espera que realice Trump a la capital china el 31 de octubre.


El presidente estadounidense Donald Trump saludando al presidente chino Xi Jinping.

También por el hecho de que, de momento y pese a la guerra, Irán está exportando más petróleo a través del estrecho de Ormuz que antes del comienzo de la contienda debido al control estricto que ejerce sobre este paso marítimo. Los realmente afectados son los países exportadores árabes, más cercanos a EEUU. Su tránsito por Ormuz está prácticamente paralizado, al contrario que los petroleros chinos, libres de llegar a puertos del Golfo Pérsico, incluidos los iraníes, para cargar sus depósitos.

De esta forma, la demanda china de crudo iraní se mantiene, el dinero sigue fluyendo hacia Teherán y el régimen de los ayatolás aún dispone de margen de maniobra para evitar la derrota total que preveía Trump en cuestión de días.


Fuente: Público

sábado, 14 de marzo de 2026

La guerra sin salida entre Irán, Estados Unidos e Israel

 

 Por Pablo del Pozo   
      Asesor de Admisiones en IE University | Geopolítica y Estudios Estratégicos | Relaciones Internacionales y Cooperación – Descifrando la Guerra.

     Dos semanas después del inicio de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel, el conflicto parece haber entrado en una fase aún más compleja y potencialmente más prolongada.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

Los acontecimientos de los últimos días muestran una expansión simultánea en múltiples ámbitos –militar, marítimo, energético y regional– que complica cada vez más cualquier escenario de desescalada.


La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos continúa escalando, afectando a más actores y sin visos de una salida negociada a corto plazo.

Aunque las operaciones aéreas continúan siendo el elemento central de la campaña militar, el desarrollo del conflicto está generando incidentes cada vez más frecuentes fuera del campo de batalla directo, afectando a infraestructuras energéticas, al tráfico marítimo internacional y a fuerzas militares de terceros países desplegadas en la región.

Uno de los episodios más delicados de los últimos días se produjo en el norte de Irak, donde un ataque con drones contra una base conjunta franco-kurda en Erbil dejó varios soldados franceses heridos y provocó la muerte de uno de ellos, marcando la primera baja confirmada de un país europeo en la guerra.


La muerte de un soldado francés en Irak vuelve a poner el foco sobre el papel de Francia en Oriente Medio y las contradicciones de su estrategia en la región.

El incidente ha aumentado la preocupación en gobiernos occidentales por el riesgo de que fuerzas internacionales desplegadas en la región queden cada vez más expuestas a ataques indirectos vinculados al conflicto.

La contienda también ha dejado nuevas bajas en las fuerzas estadounidenses tras el accidente de un avión cisterna KC-135 Stratotanker en el oeste de Irak, una aeronave clave para sostener la campaña aérea en la región. Según confirmó el Mando Central estadounidense (CENTCOM), los seis miembros de la tripulación murieron mientras participaban en una misión vinculada a las operaciones.


El ejército estadounidense afirma que los seis tripulantes de la aeronave de reabastecimiento de combustible que se estrelló en Irak han fallecido.

El aparato formaba parte de una misión en la que participaban dos aeronaves; la segunda aterrizó sin incidentes. Las autoridades estadounidenses han señalado que no hay indicios de fuego enemigo o aliado, aunque las causas exactas del accidente siguen bajo investigación.

El siniestro eleva a 13 el número oficial de militares estadounidenses muertos desde el inicio de la guerra, mientras que el de heridos también ha aumentado. Fuentes citadas por Reuters señalan que hasta 150 soldados estadounidenses han resultado heridos, muy por encima de los ocho reconocidos inicialmente por el Pentágono.

La guerra marítima se recrudece

Mientras tanto, el frente marítimo se ha convertido en uno de los escenarios más sensibles. Durante los últimos días se han registrado ataques contra petroleros, buques comerciales e infraestructuras energéticas en el golfo Pérsico, lo que ha contribuido a reducir aún más el tráfico marítimo en la región y ha elevado la presión sobre los mercados energéticos.

En este contexto, funcionarios estadounidenses han afirmado que Irán habría comenzado a desplegar minas navales en el estrecho de Ormuz, utilizando pequeñas embarcaciones rápidas tras la destrucción de buques iraníes de mayor tamaño.


El minado del estrecho de Ormuz por parte de Irán agravaría aún más las disrupciones en el tráfico marítimo de la región y en los mercados energéticos globales.

Según estas evaluaciones, el objetivo sería colocar minas a un ritmo que dificulte su limpieza y aumente el riesgo para la navegación, reforzando así el efecto disuasorio sobre el tránsito marítimo en una de las rutas energéticas más importantes del mundo.

Sin embargo, Teherán ha negado haber minado el estrecho, mientras que sus dirigentes han reiterado públicamente que el bloqueo de esta vía marítima constituye una de sus principales herramientas de presión estratégica.

En su primer mensaje desde el inicio de la guerra, el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, señaló que “la palanca de bloquear el estrecho de Ormuz debe seguir utilizándose”, en referencia a la capacidad de Irán para interrumpir el paso de buques si lo considera necesario.


La República Islámica de Irán selecciona al hijo de Alí Jamenei, Mojtaba, para sucederle como Líder Supremo en una decisión continuista y más pragmática que teológica.

El resultado de todo ello es una creciente presión sobre el sistema energético global. Pese a la liberación coordinada de alrededor de 400 millones de barriles de reservas estratégicas, el precio del petróleo ha vuelto a superar los 100 dólares por barril, reflejando el temor a que las exportaciones del Golfo continúen afectadas durante un periodo prolongado.

Expansión del conflicto regional

Al mismo tiempo, la guerra sigue generando tensiones en otros escenarios regionales. Los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá continúan activos en el sur del Líbano, y la situación podría escalar aún más. Israel estaría considerando una gran ofensiva terrestre para ocupar toda el área al sur del río Litani, lo que supondría una de las operaciones militares más ambiciosas en el frente libanés desde el inicio del conflicto.

Sin embargo, una incursión de este tipo podría tener un elevado coste en vidas humanas y exponer a las fuerzas israelíes a un escenario extremadamente peligroso, similar al que enfrentaron durante la guerra de 2006, cuando Hezbolá logró infligir importantes bajas mediante emboscadas, misiles antitanque y guerra de guerrillas en el terreno montañoso del sur del Líbano.


Dos aeronaves del ejército de Estados Unidos durante la Operación Furia Épica contra Irán, en la que también participa Israel.

La escalada ya está teniendo un fuerte impacto humanitario. Según agencias de Naciones Unidas, casi 700.000 personas han sido desplazadas en Líbano desde el comienzo de la guerra, entre ellas alrededor de 200.000 niños, mientras miles de familias intentan cruzar la frontera hacia Siria para escapar de los combates y los bombardeos.

A este escenario se suma el riesgo de que otros frentes se activen. Un alto responsable hutí, Mohammed al-Bukhaiti, afirmó que el grupo ha decidido respaldar militarmente a Irán y que anunciará el “momento cero” de su intervención cuando lo considere oportuno.

Si el frente yemení se activa plenamente, los ataques contra el tráfico marítimo en el mar Rojo podrían intensificarse y añadir una nueva dimensión al conflicto regional, bloqueando aún más el comercio mundial.

Una guerra sin salida clara

Tras casi dos semanas de guerra, empieza a hacerse evidente que la administración Trump subestimó seriamente la complejidad del conflicto que estaba abriendo. Aunque Estados Unidos e Israel lograron varios éxitos operativos en los primeros días, esos golpes no han producido el efecto político esperado dentro de Irán ni han generado una vía clara hacia una negociación.

Por el contrario, la guerra ha empezado a generar costes precisamente en los ámbitos más sensibles para Washington. La disrupción del tráfico marítimo en el Golfo, los ataques contra petroleros e infraestructuras energéticas, el aumento del precio del petróleo y la retirada de aseguradoras y navieras de la región han convertido el conflicto en un problema económico y energético global.

A ello se suman las bajas militares, el consumo acelerado de munición avanzada y el despliegue de más fuerzas estadounidenses para contener una escalada que inicialmente se esperaba breve.

En este contexto, cada vez resulta más evidente que no existía una planificación clara sobre cómo terminar la contienda antes de iniciarla. Washington se enfrenta ahora a la dificultad de encontrar una salida que pueda presentarse como una victoria sin haber alterado decisivamente el equilibrio político en Irán.

Frente a ello, Irán está proyectando una lógica distinta. Pese a los daños sufridos, el gobierno iraní ha mostrado señales de una preparación previa para un escenario de conflicto prolongado: continuidad del aparato político, movilización interna y capacidad para seguir presionando militar y económicamente a sus adversarios. La negativa explícita de Teherán a aceptar un alto el fuego refleja esta lógica de resistencia y supervivencia.

El resultado es un escenario en el que ninguna de las partes parece dispuesta a detenerse, pero en el que tampoco existe una vía clara para poner fin a la confrontación. Esa combinación –errores de cálculo iniciales y una estrategia de resistencia prolongada– hace que terminar la guerra resulte ahora mucho más difícil que haberla iniciado.


Fuente: Descifrando la Guerra

Hezbolá, el pretexto de Israel para arrasar el Líbano

 

 Por Elia Ayoub   
       Escritora, investigadora y podcaster libanesa residente en Sussex (Reino Unido).


Tras violar el “alto el fuego” 10.000 veces, Israel vuelve a bombardear su país vecino, impulsado por su insaciable sed de guerra y sus ambiciones cada vez mayores


     Me desperté la mañana del 2 de marzo con una docena de mensajes de amigos: se habían lanzado cohetes desde el Líbano hacia Israel.

La noticia me cogió por sorpresa. Para entonces, me había convencido de que Hezbolá no se arriesgaría a dar a Israel el pretexto que llevaba tanto tiempo esperando para reanudar su ofensiva a gran escala contra el Líbano. Pero lo hizo, y lo que siguió desde entonces ha sido completamente predecible y peor de lo que me había permitido imaginar.

La magnitud de la respuesta de Israel se hizo evidente casi de inmediato. El 4 de marzo, el ejército israelí ordenó la evacuación de todo el territorio al sur del río Litani, similar a la llamada “zona de seguridad” que ocupó entre 1982 y 2000, en medio de la cual surgió Hezbolá por primera vez.

Un día después, llegó otra orden radical: la evacuación de Dahiyeh, los suburbios del sur de Beirut. Fue allí, durante la guerra de 2006, donde el ejército israelí desarrolló por primera vez su infame “doctrina Dahiyeh”, una práctica de destrucción a gran escala de la infraestructura civil con el objetivo de poner a la población en contra de su propio gobierno. Desde entonces, se han emitido nuevas órdenes de evacuación para partes del valle de la Bekaa y otros lugares.

Mientras escribo esto, una amiga mía en Beirut, Lara*, está sentada en su bañera, el lugar de su piso más alejado de las ventanas. Vive cerca de Dahiyeh; su casa está casi exactamente en la frontera del mapa de evacuación publicado por el ejército israelí. Se sabe que las bombas israelíes caen fuera de esas líneas, pero Lara no tiene ningún otro lugar a donde ir.


Mapa de evacuación publicado por el ejército israelí.

Otra amiga, Mona, que vive en el extranjero, lleva una semana pegada al teléfono; su hermana está atrapada con sus dos hijos en Sidón, al norte del Litani, pero aún bajo bombardeo. Una tercera amiga, Sarah, siente una extraña culpa porque su apartamento está cerca de una embajada occidental y, por lo tanto, espera que sea menos probable que sea atacado, por lo que ha pasado los días tratando de ayudar con la recaudación de fondos. 

En el momento de redactar este artículo, los ataques de Israel en el Líbano han causado la muerte de 570 personas, más de 1.400 heridos y cerca de 800.000 desplazados.



El número de muertos por los ataques israelíes contra el Líbano asciende a 570, según el Ministerio de Salud.

Human Rights Watch ha informado de que, tras una pausa de más de un año, la Fuerza Aérea israelí está utilizando de nuevo ilegalmente municiones de fósforo blanco sobre zonas residenciales. Pero, por muy grave que sea la actual escalada, para muchos libaneses se veía venir desde hacía meses.

Un equilibrio frágil

Esta última fase de la guerra se produce más de un año después del llamado alto el fuego entre Israel y Hezbolá que entró en vigor el 27 de noviembre de 2024 y que, según la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL), Israel violó al menos 10.000 veces. Las violaciones eran tan habituales que he descrito los altos el fuego israelíes como “Vosotros paráis, nosotros abrimos fuego”.

Con el tiempo, el alto el fuego produjo algo así como un escenario normalizado de muerte y destrucción. La gente aprendió qué zonas eran relativamente “seguras” y cuáles no. A pesar de los ocasionales ataques israelíes fuera de los objetivos habituales, la guerra adquirió una cínica previsibilidad, algo que, para una población desesperada, casi llegó a parecerse a la estabilidad.

Todo lo que se necesitó para que ese frágil equilibrio se derrumbara fue un solo lanzamiento de cohetes de Hezbolá la semana pasada. Sin embargo, muchos en el Líbano sospechaban que esta escalada era inevitable, independientemente de lo que Hezbolá hiciera o dejara de hacer; Israel solo estaba esperando un pretexto adecuado.

Por su parte, los políticos israelíes han hecho poco por disipar esas sospechas. Incluso antes del 7 de octubre, los funcionarios amenazaban abiertamente al Líbano: en agosto de 2023, el entonces ministro de Defensa Yoav Gallant –buscado por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad desde noviembre de 2024– amenazó con enviar al Líbano “de vuelta a la Edad de Piedra”.

El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant: Israel devolverá al Líbano a la Edad de Piedra si Hezbolá inicia una guerra.


Esto se intensificó tras el inicio del genocidio de Israel en Gaza, cuando el ministro de Asuntos de la Diáspora, Amichai Chikli, declaró en septiembre de 2024 que el Líbano “no cumple la definición de Estado” y calificó a toda la población chiíta del país de “hostil”.

Esta vez, las declaraciones son abiertamente genocidas. La semana pasada, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, advirtió de que “muy pronto, Dahiyeh se parecerá a Khan Younis”, en referencia a la ciudad del sur de Gaza que los ataques aéreos y las excavadoras israelíes han arrasado prácticamente por completo. Y el 11 de marzo, Tzvi Sukkot, miembro del Knesset por el partido de Smotrich, propuso: “Debemos conquistar territorio en el sur del Líbano, destruir las aldeas que hay allí y anexionar el territorio al Estado de Israel”.


Líbano: Los ataques de Israel continúan un año después del ‘alto el fuego’.

Estas declaraciones han ido acompañadas de medidas cada vez más audaces por parte del movimiento de colonos israelíes. Para los libaneses que observan los acontecimientos al otro lado de la frontera, la idea de que partes de su país puedan ser algún día anexionadas o colonizadas por Israel ya no parece un discurso marginal.

Unas semanas antes de esta escalada, colonos israelíes –incluidos niños– cruzaron al sur del Líbano bajo protección militar israelí, plantaron árboles y regresaron a Israel, repitiendo una hazaña que intentaron por primera vez en diciembre de 2024. Y a principios de este año, aviones israelíes rociaron glifosato, un producto químico utilizado para destruir la vegetación, sobre tierras de cultivo en el sur del Líbano.


Líbano afirma que Israel roció aldeas del sur con glisofato.

Para muchos libaneses familiarizados con las imágenes de colonos israelíes en Cisjordania destruyendo olivos palestinos e incluso matando animales de granja, las similitudes han sido difíciles de ignorar. Las prácticas asociadas desde hace tiempo con la expansión de los asentamientos en territorio palestino parecen estar avanzando hacia el norte.

Cuando el ejército israelí emitió la primera de varias órdenes de evacuación forzosa la semana pasada, muchos en el Líbano ya habían llegado a la conclusión de que esta ronda de combates sería diferente.

La única defensa del sur del Líbano

Hezbolá se enfrenta actualmente a las críticas de gran parte de la opinión pública libanesa por su decisión de unirse a la guerra tras el asesinato del líder supremo iraní Ali Jameneí. Sin embargo, esta reacción no debe confundirse con el comienzo de la desintegración del partido. La fuente subyacente de su apoyo sigue siendo la misma: el sur del Líbano no dispone de medios convencionales para defenderse de Israel.

En teoría, esa función corresponde al ejército libanés. Pero, en la práctica, el ejército carece de la capacidad para enfrentarse a Israel, debido en gran medida a la política exterior de Estados Unidos, dramáticamente asimétrica, con respecto al Líbano e Israel.

El ejército libanés depende en gran medida de la financiación estadounidense. Solo desde octubre de 2025 ha recibido aproximadamente 190 millones de dólares en ayuda, después de que el Gobierno libanés se comprometiera a desarmar a Hezbolá. Sin embargo, este apoyo es solo una pequeña parte de la ayuda militar que Israel recibe cada año de Estados Unidos, por no hablar de la brecha tecnológica en infraestructuras defensivas como los sistemas de interceptación de misiles.

Cuando Hezbolá lanza cohetes hacia Israel, a menudo son interceptados por el sistema Cúpula de Hierro, financiado por Estados Unidos. Cuando Israel bombardea el Líbano con armas estadounidenses, no existe una protección comparable; Estados Unidos se ha abstenido durante mucho tiempo de suministrar armamento avanzado al Líbano basándose, irónicamente, en que dicho armamento podría caer en manos de Hezbolá.

Así pues, la política estadounidense parece diseñada para impedir que Hezbolá se fortalezca, al tiempo que garantiza que el propio Estado libanés nunca adquiera la capacidad militar necesaria para desafiar a Israel. Sin embargo, desde la perspectiva de Hezbolá, esto no hace más que reforzar la afirmación del grupo de que el ejército libanés es incapaz de defender el país frente a Israel.

Los últimos acontecimientos han reforzado aún más la percepción de que Hezbolá es el único actor capaz de resistir los ataques israelíes. Estados Unidos se ha unido ahora a Israel en una guerra ilegal contra Irán con el objetivo de llevar a cabo un cambio de régimen mediante la destrucción masiva de infraestructuras civiles –incluidos depósitos de petróleo y una planta desalinizadora–, lo que dificulta mucho más a los funcionarios libaneses argumentar que el Estado por sí solo puede garantizar la seguridad de su pueblo.

Al mismo tiempo, Israel sigue atacando el Líbano con casi total impunidad, mientras que el ejército libanés sigue sin poder intervenir de forma decisiva. Israel y Estados Unidos están diciendo al pueblo del sur del Líbano que acepte su destino.


‘La mayor cantidad y lo más rápido posible’: colonos israelíes buscan tierras en Siria y Líbano.

Israel sin control

El Líbano se ve acosado por expectativas externas contradictorias. Por un lado, se le dice que la influencia iraní en los asuntos libaneses es inaceptable, una posición indiscutible fuera de la base de Hezbolá, ya que Irán es muy impopular en gran parte de la sociedad libanesa. Sin embargo, a ese mismo sector de la sociedad libanesa se le dice también que el ejército israelí puede hacer lo que quiera con el país.

Ni siquiera las fuerzas de paz de la ONU son capaces de detener las operaciones israelíes. En los últimos días, los ataques israelíes han alcanzado posiciones de la FPNUL y las fuerzas israelíes han entrado en territorio libanés, violando la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU. (El lanzamiento de cohetes de Hezbolá hacia Israel el 2 de marzo también violó esta resolución).


Al menos dos municiones de fósforo blanco lanzadas por artillería israelí explotan en el aire sobre un barrio residencial en la ciudad de Yohmor, en el sur del Líbano.

Por su parte, el Gobierno libanés es muy consciente de este dilema imposible. El primer ministro Nawaf Salam, antiguo presidente de la Corte Internacional de Justicia que ayudó a presidir el caso de genocidio de Sudáfrica contra Israel, ha dejado claro que no se hace ilusiones sobre las intenciones de Israel en el Líbano.

En una entrevista con L'Orient Le-Jour el fin de semana, Salam dijo: “Los israelíes han destruido Gaza, siguen colonizando Cisjordania y han anexionado Jerusalén Este, pero no tenemos otra alternativa que ‘tierra por paz’. No existe una ‘pax Israelica’ duradera”.


Los tanques israelíes entrando en Gaza en noviembre de 2023.

El marco de “tierra por paz” se refiere a la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, que establece que la paz con Israel sólo puede lograrse tras la retirada israelí de los territorios ocupados en 1967. Sin embargo, en el caso del Líbano, la condición clave –la retirada israelí– está fuera del control del Estado.

El Gobierno libanés tampoco puede simplemente destruir Hezbolá, como exige Israel. Hezbolá no es solo una milicia, sino también un importante partido político con miembros en el Parlamento y control sobre docenas de municipios, además de una considerable base popular.

En la misma entrevista, Salam sugirió un compromiso: “Si Hezbolá cesa sus inaceptables actividades militares y de seguridad, no tendremos ningún problema con ello”.

Pero esa distinción solo funciona si Israel también la acepta. Mientras continúen los ataques israelíes y las fuerzas israelíes permanezcan en territorio libanés, Hezbolá seguirá considerando que su presencia armada es necesaria para su existencia. Como me dijo Justin Salhani, periodista libanés y miembro no residente del Instituto Tahrir para la Política de Oriente Medio: “Si Israel quiere que Hezbolá deje de ser una entidad, tiene que dejar de bombardear el Líbano”.

Esta dinámica explica por qué aún no se ha producido el desarme de Hezbolá. Incluso antes de la última escalada, persuadir al grupo para que renunciara a sus armas era políticamente difícil. Hoy en día, es prácticamente imposible.

Desarmar a Hezbolá mientras las fuerzas israelíes operan dentro del territorio libanés significaría pedir al Estado que desmantelara una fuerza que muchos partidarios creen, con razón, que está resistiendo a un ocupante extranjero, un papel que normalmente estaría reservado al ejército libanés.

Si Estados Unidos realmente quisiera que el ejército libanés afirmara la plena soberanía sobre el país, podría presionar a Israel para que dejara de invadir el territorio libanés. En cambio, esas violaciones han continuado durante años.

El mejor enemigo de Hezbolá

Esta realidad también ha socavado a los críticos internos de Hezbolá en el Líbano. Los opositores que condenan las tendencias autoritarias del grupo se ven obligados a lidiar con un simple contraargumento: no hay alternativa. Y nada refuerza más ese argumento que el propio Israel.

Por eso he descrito a Israel como el mejor enemigo de Hezbolá, y viceversa. Para los partidarios de Hezbolá, la historia del grupo proporciona un poderoso argumento. La retirada israelí y la posterior liberación del sur del Líbano en 2000 siguen siendo el único ejemplo de un movimiento armado árabe que ha obligado a Israel a poner fin a una ocupación, algo que los grupos militantes de Egipto, Siria y Palestina no han podido lograr.

Los acontecimientos en la vecina Siria han reforzado aún más esta narrativa. Tras la caída del régimen de Assad en diciembre de 2024, el ejército israelí avanzó rápidamente hacia la zona desmilitarizada del suroeste de Siria, que sigue ocupando hasta hoy. Las fuerzas israelíes también lanzaron una campaña de bombardeos masivos para destruir gran parte de la infraestructura militar siria restante y declararon nulo el acuerdo de retirada israelí-sirio de 1974.

La zona de amortiguación limita con los Altos del Golán, territorio sirio que Israel ocupa desde 1967 y que anexionó formalmente en 1981 (una medida que la mayor parte de la comunidad internacional nunca ha reconocido). Para los partidarios de Hezbolá, esta evolución no hará sino reforzar la conclusión de que lo mismo podría ocurrir en el Líbano, que Israel no respeta de forma fiable los acuerdos territoriales y que la fuerza militar es el único lenguaje que entiende.

Esta es la cuestión tabú cuando se trata del marco “tierra por paz”. Los defensores podrían señalar la retirada de Israel de la península egipcia del Sinaí tras los Acuerdos de Camp David como prueba de que el modelo puede funcionar. Pero el enfoque de Israel hacia Siria dice lo contrario.

Hoy en día, los funcionarios israelíes describen habitualmente los Altos del Golán como territorio israelí permanente. La zona lleva tanto tiempo bajo control israelí que el propio Smotrich nació en Haspin, un asentamiento establecido allí en 1978 en violación del derecho internacional.

Si alguna vez se materializa un futuro acuerdo de paz con Siria, pocos esperan que incluya la devolución total de los Altos del Golán. Este precedente confirma aún más la creencia generalizada en el Líbano de que las ambiciones territoriales de Israel y su afán de dominación total superan con creces cualquier compromiso con la estabilidad regional a largo plazo.

Dicho esto, el futuro de Hezbolá no está nada garantizado. La magnitud de los bombardeos actuales de Israel podría acabar debilitando significativamente a la organización. Sin embargo, la desconfianza hacia Israel sigue siendo fuerte en todo el Líbano, incluso entre muchos de los que se oponen políticamente a Hezbolá.

Por eso, incluso un hipotético desarme no resolvería necesariamente las tensiones subyacentes. Si continúan las incursiones militares israelíes, es probable que surjan nuevas formas de resistencia. La ocupación israelí del sur del Líbano durante 18 años contribuyó al nacimiento de Hezbolá, pero hay muy pocos indicios de que los gobiernos israelíes hayan aprendido la lección.

De la ingeniería a la gestión del caos

Ahora, la renovada destrucción del Líbano por parte de Israel está creando una crisis humanitaria a una escala nunca vista en décadas. Al mismo tiempo, crece el temor a un conflicto interno, e incluso a una guerra civil en la que participe Hezbolá.

En este contexto, parece razonable concluir que las ambiciones de Israel en el Líbano van más allá de debilitar o eliminar a Hezbolá. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha dicho a los libaneses que “liberen su país” de Hezbolá. Pero para muchos libaneses, la situación actual en Irán es una clara advertencia de lo que implica esta “liberación”.

En términos más generales, el genocidio de Gaza parece haber reforzado una percepción que ya estaba muy extendida en toda la región: que Israel opera como un Estado en permanente búsqueda de su próxima guerra. Como para demostrar este punto, apenas una semana antes de que comenzara la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, Naftali Bennett, ex primer ministro de Israel y aspirante a sustituir a Netanyahu tras las elecciones de este año, declaró que “Turquía es el nuevo Irán”.

En Irán, Israel puede hablar de un cambio de régimen, pero esto implica un plan para lo que vendrá después, y no parece existir tal plan. La misma falta de claridad se aplica al Líbano. Como me dijo Salhani, Israel podría estar siguiendo una estrategia de inestabilidad sostenida. “Creo que Israel solo quiere un conflicto continuo, presión interna y caos, y ver cómo el Estado libanés se derrumba lo máximo posible”.

Si esa es realmente la estrategia, resultaría desastrosa incluso para Israel. Un Estado vecino consumido por una crisis permanente nunca será una fuente de seguridad. Sin embargo, como señaló Salhani, muchos miembros de la clase política israelí se consideran “los más adecuados para gestionar ese caos” y aspiran a una hegemonía regional aún mayor.

Con informes que sugieren que la renovada guerra de Israel contra el Líbano continuará incluso después de que termine su bombardeo de Irán, lo cierto es que, hasta que los aliados de Israel se enfrenten a esta estrategia, no habrá perspectivas de paz a largo plazo en ninguna parte de la región.


*Los amigos del Líbano se identifican con seudónimos para proteger su identidad.



Fuente: Ctxt