lunes, 9 de marzo de 2026

El hundimiento

 

 Por Antonio Turiel    
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


      Llevamos ya más de una semana de guerra en el Golfo Pérsico. Sin duda, Israel y EE.UU. pensaron que si golpeaban de manera certera a Irán, dada su inestabilidad interna, el régimen de los ayatolás caería como fruta madura gracias a una reacción del pueblo iraní que los depondría inmediatamente.


La segunda temporada de Juego de Trumps está llena de sobresaltos.

Confiaban, seguramente, en una capitulación completa a la venezolana, en la que los EE.UU. en la práctica se han apropiado de todos los recursos petroleros (sin que, por cierto, haya habido un cambio real del régimen político). Lo que increíblemente no se esperaban es la resistencia de la estructura política iraní, quizá porque interpretaban erróneamente que era completamente subsidiaria del liderazgo de Alí Jamenei y que, muerto éste, habría tal vacío de poder que el cambio sería inevitable. 

Pero, bien al contrario, el régimen iraní se ha atrincherado y ha contestado con rapidez y mucha contundencia, bombardeando bases militares americanas, refinerías y oleoductos por todos los países del Golfo que están prestando su apoyo tácito o explícito a la coalición agresora, y al mismo tiempo cerrando en la práctica el paso del Estrecho de Ormuz. Irán ha golpeado fuerte, ha golpeado rápido y ha golpeado masivamente. El gobierno iraní sabe que su supervivencia depende de crear un estado de postración económica tal a escala mundial que los EE.UU. se vean obligados a parar por presiones internas y externas.

Y así llegamos al momento presente. Donald Trump tiene muy difícil echarse atrás, porque no podría salvar la cara delante de su pueblo y de los intereses económicos a los que representa. Por su parte, los dirigentes de Israel están completamente alucinados y no contemplan ninguna otra posibilidad que la rendición de su enemigo más importante en la región. En cuanto al gobierno iraní su única salida es seguir golpeando, haciendo daño hasta que Israel y EE.UU. cedan. 

Pero, pase lo que pase, nadie va a salir indemne de ésta. Ni estos tres países, ni el resto del mundo en su conjunto. La situación es tan mala ya que lo menos que podemos esperar es una fuerte recesión económica y unos años de mucho sufrimiento. Aunque en realidad lo más probable es que ya nunca salgamos del proceso de descenso que seguramente ya estamos iniciando.

Por el lado de los EE.UU., las ínfulas belicistas de Trump tienen, seguramente, diversos orígenes, desde lo ideológico hasta lo religioso pasando por ese extraño ascendente que tiene Israel sobre la política norteamericana. Pero, al margen de todas esas motivaciones, hay una que también es muy clara: EE.UU. necesita petróleo y lo necesita ya.

Durante los últimos 16 años EE.UU. ha vivido la revolución del fracking, que les ha permitido pasar uno unos lánguidos 5 millones de barriles diarios (Mb/d) que producían en 2010 a los actuales más de 13 Mb/d (4 Mb/d convencional más 9 Mb/d de petróleo ligero de roca compacta extraído con el fracking), lo que le sitúan como el mayor productor del mundo con prácticamente el 13% de la producción (se producen en el mundo 103 Mb/d de todo tipo de líquidos asimilados a petróleo, aunque esto también daría para hablar mucho, ya que hay unos 20 Mb/d de líquidos del gas natural que mayoritariamente no sirven para hacer combustibles, solo plásticos, y se contabilizan igualmente aquí). Sin embargo, los días del fracking de los EE.UU. están contados: los pozos de fracking generalmente llegan al 80% de toda su producción en los dos primeros años, y habitualmente no se explotan más allá de cinco años. En sus últimas actualizaciones, el Departamento de Energía de los EE.UU. apunta por primera vez desde que empezó el fracking a que el máximo de producción de petróleo de los EE.UU posiblemente ya pasó, en octubre de 2025, y que en los próximos años viviremos un proceso de declive que aún contemplan como gradual, aunque todo apunta a que será bastante más rápido.


Imagen de Peak Oil Barrel.

EE.UU. necesita desesperadamente petróleo. Su hegemonía de los últimos años se ha basado en el fracking, y si éste empieza a fallar necesitan pasar a controlar los recursos disponibles en el mundo. Están yendo, por supuesto, por los más grandes que aún no controlaban: primero Venezuela (aunque es dudoso que su petróleo extrapesado sea económicamente rentable) y ahora Irán. Realmente, la torpeza y apresuramiento americano, que asalta sin verdadera planificación (como está siendo evidente en el caso iraní) responde a esta urgencia vital.


Pozos petrolíferos en Venezuela.

La situación no es nada buena para el gobierno de Donald Trump. Con una popularidad en caída por los excesos de la policía de inmigración y por haber traicionado el principio MAGA de centrarse en los problemas internos y no meterse en guerras extranjeras, con su sistema de aranceles puesto en cuestión y con las elecciones de noviembre en el horizonte, Donald Trump tenía la necesidad de anotarse algún que otro éxito clamoroso. La escalada de precios del petróleo y las pésimas perspectivas económicas fruto de esta guerra, combinado con el coste exorbitante de la campaña militar, solo le ponen las cosas más difíciles.

Tampoco pinta demasiado bien para el gobierno de Benjamin Netanyahu. Para el actual gobierno de Israel, la desaparición de su mayor enemigo en la región se ha convertido en cuestión existencial, una auténtica obsesión, hasta el punto de que han perdido completamente la perspectiva de su capacidad real y sobre todo de su vulnerabilidad. Los sistemas de intercepción israelíes, bien nutridos de misiles interceptores americanos, se muestran impotentes para evitar el goteo de bombardeos iraníes que ya no se limitan a objetivos militares, sino que alcanzan también a la población civil, particularmente en Tel Aviv. Irán apuesta por enviar enormes cantidades de misiles y de drones, muy baratos, mientras que los interceptores son incomparablemente más caros; y aunque Israel intercepte el 80 o incluso el 90% de los proyectiles, el 10% que llega a su objetivo está causando mucho daño. Israel sufre, y Netanyahu, muy contestado por su gestión en general, sale muy perjudicado de una guerra en la que ilusamente creyó marcarse un tanto.

El gobierno iraní también está en una situación muy precaria. El asesinato de su líder supremo y una buena parte de la cúpula política le ha obligado a rehacerse en tiempo breve, pero ése no es el mayor de sus problemas. El descontento de la población iraní es muy importante desde hace ya varios años, tras 50 años de un régimen autoritario y muy represivo. Las protestas de enero, sangrientamente reprimidas, ejemplificaron la importancia de la contestación interior. Con 90 millones de personas y una población muy joven, Irán necesita mejoras muy importantes a nivel social, aunque está claro que no será precisamente EE.UU. quien se las va a proporcionar. Para terminar de complicar la situación, Irán sufre una grave crisis hídrica que llevó hace pocos meses a plantear la necesidad de evacuar Teherán, con toda la inestabilidad social que eso implica. Crisis hídrica que por cierto también es bastante grave en la vecina Irak. Al mismo tiempo, su vecina Afganistán está ahora mismo en guerra con Pakistán por la disputa de los recursos hídricos de un río compartido. Toda la región está en una situación precaria.

Queda claro que ni EE.UU. ni Israel ni Irán parten de una buena situación. Pero ninguno de los tres puede echarse atrás en el escenario actual. Los tres necesitan desesperadamente una victoria en esta guerra. Y la desesperación es la peor de las consejeras, porque lleva a asumir riesgos excesivos que pueden materializarse en auténticas catástrofes.

El cierre del Estrecho de Ormuz pone al mundo de rodillas. Por ejemplo, por Ormuz pasan 20 Mb/d, el 20% del petróleo que se consume en el mundo. Pero si lo miramos desde la perspectiva del petróleo disponible para comerciar (descontando ese 50% que consumen los propios países productores), resulta que lo que pasa por Ormuz es el 40% de las exportaciones mundiales de petróleo, lo cual es gravísimo para países importadores como es España. Y poco importa que en la actualidad España importe poco petróleo de la región: el mercado del petróleo es muy fungible y los contratos se rescinden o el petróleo se encarece por la mayor demanda. Nadie está cubierto en esta crisis. Mientras esto escribo, el precio del barril de Brent ya ha llegado a los 90$, que es el umbral de dolor para la economía europea. Si esta situación se prolonga e incluso agrava durante las próximas semanas, será inevitable que se produzca una grave recesión económica.

El otro foco de atención está en el gas natural. Por Ormuz pasa el 20% de todo el Gas Natural Licuado (GNL) que se exporta en el mundo, y éste no tiene la opción de pasar por ductos internos (por cierto que de poco van a servir tampoco para el petróleo, en vista de que Irán también los está bombardeando). Europa depende en un 14% de este gas natural. El gas natural se usa en todo tipo de industria, y es fundamental para mantener la estabilidad de la red eléctrica. Europa, además, llega al final del invierno con las reservas de gas natural en mínimos, y encima con unas reservas hídricas también en mínimos después de un invierno relativamente seco - no es el caso de España, al que las fuertes tormentas al menos le han servido para llenar pantanos. Sin gas y sin hidroelectricidad, Europa se enfrenta al riesgo cierto de apagones, que incluso se podrían producir en cascada. De momento, el precio de la electricidad se ha disparado en Europa, a la par que el precio del gas en España, gracias a la bonanza hidroeléctrica, el precio está más contenido.

Pero es que por el Estrecho de Ormuz circulan muchos otros materiales críticos para el comercio y la industria mundial. Se destaca por su gran importancia el amonio y la urea, base de los fertilizantes, justo cuando está a punto de empezar la estación del crecimiento de los cultivos; y también el ácido sulfúrico, que se usa en infinidad de procesos industriales. Pero obviamente hay muchas más derivadas e interacciones que hacen muy difícil vislumbrar el alcance de todo lo que pasa. Por ejemplo, el petróleo del Golfo es fundamental para garantizar la producción mundial de diésel, ya que es el más apropiado a este fin.

Lo que suceda a continuación va a depender crucialmente de lo que se alargue el actual impasse. Unos pocos días más de bloqueo en Ormuz pueden acabar de provocar un pánico en las bolsas y desencadenar una recesión muy profunda. Teniendo en cuenta las enormes burbujas financieras de las que lleva tiempo alertando Quark (la de la deuda, la de la inteligencia artificial y la de los productos derivados sobre metales preciosos), esta recesión puede provocar el estallido final de estas burbujas y una debacle económica como posiblemente el mundo no haya visto jamás, una de la que ya jamás nos podremos recuperar completamente porque acelerará el declive del petróleo y de otras materias primas al parar la industria clave para su extracción.


El punto de no retorno.

Hace unas horas, el fondo de inversión Blackrock decidió limitar la cantidad de dinero que permite retirar de uno de sus fondos de deuda, al observar un gran volumen de retiradas - una intervención que yo diría que raya lo fraudulento, y que puede provocar un aumento de la desconfianza. La sesión de la bolsa del próximo lunes promete ser muy movida.


Un operador trabaja mientras una pantalla muestra la información comercial de BlackRock en el piso de la Bolsa de Valores de Nueva York.

Tengo claro que el gran capital y los estados va a poner en marcha todos los mecanismos a su alcance para intentar evitar la debacle; por ejemplo, EE.UU. ha anunciado un fondo de reaseguros por valor de 20.000 millones de dólares para los barcos estadounidenses, después de que hace unos días las 7 mayores aseguradoras decidiesen retirar sus seguros a los buques que operan en la zona por el riesgo de guerra (por cierto, si tienen media hora y paciencia suficiente, lean ese último enlace, merece mucho la pena, y entenderán por qué el daño que se ha hecho es mucho mayor de lo que parece). Durante este tenso fin de semana habrá seguramente muchos más anuncios y movimientos, para intentar evitar un lunes negro en las bolsas. Ahora mismo, el único punto clave es saber cuánto va a durar este bloqueo, y si es total o parcial. Lo que sí que parece claro es que si la cosa se alarga más allá de unos días, vamos a una recesión económica que puede transportarnos al declive terminal. Donald Trump tendrá el mérito de haber adelantado 5-10 años el proceso de declive de nuestra sociedad.


El petrolero Texas Voyager se encuentra anclado frente a la costa de la refinería.

Esto va en serio. La situación pinta mal, muy mal. Crucen los dedos pero, por si acaso, vayan tomando sus precauciones. Sigamos la evolución de los acontecimientos y esperemos.



Fuente: The Oil Crush

sábado, 7 de marzo de 2026

La bestia morirá matando

       Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.

Cada día que pasa con Irán resistiendo y respondiendo acerca un poco más la derrota imperial

     Asistimos desde hace tiempo al fin del dominio americano-israelí en Oriente Medio y parece que esta guerra va a acelerar el proceso. Cada día que pasa con Irán resistiendo, y respondiendo, a la vil agresión que está recibiendo, acerca un poco más la derrota imperial.

Irán no se va a desmoronar. Irán no es Irak, ni Siria, ni Libia. Incluso si su régimen cayera, como consecuencia acumulada del duro castigo sufrido por su sociedad en las últimas cuatro décadas, coronado por los actuales bombardeos, el país, con su civilización milenaria, permanecerá. En esa hipótesis ni siquiera creo que pudieran instalar un régimen títere.

Estados Unidos no tiene estrategia en esta guerra. Su gran “éxito” de descabezar la dirección iraní matando a su líder lo demuestra. Matar a Jameneí, junto con parte de su familia, ha sido un desastroso éxito táctico. Si se me permite la burda analogía, cargarse al papa de Roma para resolver un problema italiano, sin tener en cuenta la realidad mundial del catolicismo, demuestra una ceguera estratégica total.

El líder era respetado no solo por mucha gente de su país, sino en toda la región, desde Irak a Paquistán, pasando por Bahrein, Arabia Saudí, Líbano, Emiratos y Qatar, donde hay mucha población chiita. Todos esos países están gobernados por endebles regímenes vasallos con poblaciones resentidas por el espectáculo de Gaza. Ahora llueven allí misiles y drones iraníes.


La bestia morirá matando.

¿Qué señal lanza la facilidad con la que alcanzan esos proyectiles su territorio? Demuestran que la protección imperial no solo es ineficaz, sino también secundaria al lado de la prioridad de proteger a Israel, que concentra el grueso de los recursos antimisiles disponibles. El cierre del estrecho de Ormuz y del tráfico aéreo colapsa la también frágil y vulnerable economía local (extractivista más nudos aéreos y de transporte, servicios y logística), característica de esas monarquías de cabreros.


Estrecho de Ormuz.

Israel sí tiene una estrategia: dominar la región para su proyecto colonial “bíblico sin fronteras”, pero es una estrategia loca que conduce al suicidio. Un país de ocho o nueve millones de habitantes, sin recursos, que se ha peleado con todo su enorme entorno desde su fundación, en 1948, no puede imponerse a largo plazo. Se sostiene por el apoyo occidental, lo que está lejos de ser una promesa eterna. Su irregular creación como Estado de colonos europeos fue desde el principio injusta para la población autóctona de Palestina. Para ser sólida, su legitimidad debía condicionarse a un consenso de entendimiento y convivencia con la población árabe. Eso no ocurrió y su reciente definición racista y supremacista como “Estado nacional del pueblo judío” (2018), y el genocidio de Gaza, acaban drásticamente con toda pretensión de legitimidad ante la opinión pública mundial.

Los árabes de la región siempre han estado sometidos, primero bajo los otomanos, luego por británicos y franceses y ahora por americanos e israelíes. Cuando fracasen con Irán, todo el edificio de ese dominio se caerá y con él se acaba el petrodólar, uno de los pilares del dominio mundial de Estados Unidos.

Israel puede usar una bomba nuclear táctica contra Irán para impedirlo. Pero entonces creo que Rusia y China se plantarán definitivamente ante Estados Unidos. Washington deberá abandonar a Israel, con lo cual el Estado colonial sionista está condenado.


Homenaje al ayatolá Ali Jameneí en la Embajada de Irán en Moscú.

No digo que vaya a desaparecer, pero desde luego en su aspecto actual es inviable a largo plazo (Ilan Pappé acaba de publicar un libro sobre eso).

El hundimiento del dominio occidental en Oriente Medio forma parte del proceso más general del declive de la potencia occidental en el mundo. Y esta derrota –o no victoria– acelerará el proceso. Pero lo que estamos presenciando, con los desastres bélicos de las últimas décadas, y muy particularmente con el genocidio de Gaza y las guerras contra Irán, es que la bestia morirá matando.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

viernes, 6 de marzo de 2026

Cuando matar iraníes da beneficios en Texas: quién gana y quién pierde con el bloqueo del estrecho de Ormuz

 

 Por Pablo Rivas   
      Coordinador de Clima y Medio Ambiente en El Salto.


La agresión de EEUU e Israel contra Irán pone patas arriba el comercio global de hidrocarburos. El 84% del petróleo y el 83% del gas del golfo Pérsico, hoy cerrado al paso de buques, tienen como destino Asia. China es la principal damnificada


     En un planeta petrodependiente, el estrecho de Ormuz es una de las arterias clave. Este paso entre Omán e Irán, cuya sección más estrecha es de 39 kilómetros, está controlado de facto por la República Islámica. Por él circula diariamente una quinta parte del comercio global de petróleo, así como el 20% de los metaneros cargados del gas fósil que exportan los países del Golfo. 


Estrecho de Ormuz.

Con el inicio de las hostilidades por parte de Estados Unidos e Israel, a falta de tecnología militar dopada de dólares, Irán ha respondido con lo que tiene a mano y ha amenazado con atacar cualquier barco que cruce este paso con el firme objetivo de interrumpir el comercio en la zona, especialmente de hidrocarburos. Lejos de ser una advertencia vacía, media docena de cargueros han sido atacados desde el sábado. 

Las grandes navieras han paralizado el comercio en la zona. Lo han hecho en parte debido a las amenazas de hundimiento, y en parte, a los altos costes que imponen las aseguradoras. Como explicaba en la red social Bluesky el profesor de la Universidad de Cádiz Emilio Rodríguez Díaz, experto en seguridad marítima, siete de las doce grandes reaseguradores de Protección e Indemnización (P&I), responsables de asegurar nueve de cada diez barcos del planeta, han cancelado su cobertura en el Golfo a fecha de 5 de marzo. “Sin P&I, un barco no puede atracar, no le cargan, no le financian. Es como intentar circular sin seguro del coche pero multiplicado por mil millones de dólares”, señala este experto.


Nueve de cada diez barcos del planeta, han cancelado su cobertura en el Golfo.

El resultado: casi un millar de grandes buques —petroleros, metaneros y cargueros— atrapados y el comercio global de hidrocarburos privado de una de sus grandes zonas suministradoras. Y esto tiene algunos ganadores, y, como señala a El Salto Emiliano Teran Mantovani, experto en geopolítica energética del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela, “muchos más perdedores”.

Gas: maná fósil a precio de oro

Entre el club de los que se van a lucrar con toda esta situación en el ámbito energético, Ismael Morales, responsable de Políticas Climáticas de la Fundación Renovables y buen conocedor del sector, destaca el sector de hidrocarburos estadounidense, principalmente las compañías dedicadas a la extracción y comercialización de gas fósil, muy mimadas por Trump. “Las gasistas de Estados Unidos se van a beneficiar porque, vendiendo el mismo volumen de gas a Europa, el precio se va a multiplicar por cuatro”.


Planta de regasificación.

En el sexto día de guerra, la cotización de gas de referencia en Europa, el ICE Dutch TTF, se ha duplicado,  y ha pasado de los 30 euros el MWh que rondaba las semanas antes de la agresión, a más de 50 en la actualidad. Goldman Sachs, conocida firma experta en sacar provecho en situaciones de caos global, ya habla de probables aumentos de hasta el 130% del precio del gas en Europa.


Goldman Sachs.

Al respecto, Morales recuerda la reconfiguración del sector que han llevado a cabo tanto EEUU como Europa a raíz de la guerra de Ucrania y la reducción del suministro ruso de gas fósil a Europa, lo que supuso grandes inversiones en plantas regasificadoras y metaneros para transportar gas natural licuado (GNL) estadounidense al Viejo continente e hizo a Europa —España incluida— dependiente de esos envíos. “A nivel de suministro, para la Unión Europea, no hay un riesgo como sí pudo suceder hace cuatro años con Ucrania, pero a nivel de precio sí ha habido una traslación: estamos pagando a un precio mucho más caro el gas, cuatro veces más, de lo que deberíamos tener si el flujo del estrecho siguiera como antes”, añade el responsable de la Fundación Renovables.

En relación con esto, un análisis de la consultora especializada en energía EnergyFlux publicado este miércoles estima que las gasistas estadounidenses podrían obtener más de 1.000 millones de dólares a la semana en beneficios extraordinarios como consecuencia del conflicto de Irán. Esto vendría dado por el alza de precio en el mercado, marcado a día de hoy por el corte de la producción de Qatar, segundo exportador mundial de gas natural tras Estados Unidos y responsable de la quinta parte del suministro global. El bloqueo del estrecho de Ormuz, del que depende la totalidad de las exportaciones qataríes, unido al ataque con drones iraníes que sufrió la planta de Ras Laffan, la principal del país, “crea un déficit de suministro que los exportadores de GNL estadounidenses podrán aprovechar”, señala el informe de EnergyFlux.


Barcos metaneros en la terminal de exportación de gas natural licuado en Beaumont, Texas, operada por Cheniere Energy.

Los datos de esta consultora apuntan a que uno solo cargamento de GNL entregado a Europa ha duplicado sus beneficios, y ha pasado de los 25 millones de dólares a la semana a más de 50 a fecha de 2 de marzo. Un mes del cierre de la planta qatarí supondría 4.000 millones de dólares en beneficios extraordinarios a las empresas estadounidenses del sector, una cifra que podría ascender a 20.000 millones al mes si el suministro de Qatar permanece inaccesible hasta el verano, según sostienen desde EnerrgyFlux. 

Entre las grandes beneficiarias de todo este embrollo provocado se encuentran empresas como Cheniere Energy. Con sede en Houston (Texas), esta compañía es la mayor exportadora de GNL de EEUU y la segunda a nivel global, y sus accionistas han visto como sus títulos han aumentado un 7% desde el ataque israelí-estadounidense. Otras empresas que verán aumentar sus números al ritmo que las bombas caen sobre Teherán son Venture Global, Chevron o ExxonMobil.


La rentabilidad del GNL estadounidense se dispara.

Desde Venezuela, Teran, quien matiza que más que EEUU en su conjunto son sectores concretos los beneficiados, abre el abanico del grupo de ganadores a “a todos los intereses hidrocarburíferos globales que prestan servicios al margen de los impactos más cercanos del estrecho de Ormuz”. Uno de ellos es Rusia, cuya “flota fantasma” de buques metaneros que pretende eludir las sanciones internacionales podría ahora tener nuevos destinos donde colocar su mercancía, especialmente en Asia. “Rusia tiene que deshacerse de ese metano a un precio barato, incluso por debajo del coste de producción, porque no tiene capacidad de parar la extracción y necesita que el gas y el petróleo sigan fluyendo, lo que puede ser bueno para China, India u otros mercados asiáticos”, apunta Morales. También saldrían beneficiados productores como Brasil o Canadá, que se sumarían a este grupo de exportadores de hidrocarburos “que puedan usufructuar de la renta diferencial que va a ganarse con un aumento súbito del precio de los hidrocarburos”. En apenas seis días de guerra, el petróleo Brent ya ha subido casi un 15% respecto a los precios de hace dos semanas.

El experto de la Universidad Central de Venezuela, no obstante, remarca que son determinados sectores del capital financiero los que van a a ver los mayores beneficios tras la agresión de Trump y Netanyahu. “En este marco de lógicas del desastre es donde el capital financiero suele beneficiarse, buitres financieros que aprovechan este tipo de recesiones económicas y el impacto de todo esto para la compra de bonos. Aprovechan los desastres para compras baratas y las recuperaciones para ganar mucho dinero”.

Asia, con China a la cabeza, es la gran perdedora

Si bien el ataque orquestado por los líderes sionista y estadounidense va a suponer un efecto inflacionario y un aumento de los precios con repercusiones a nivel global —“y esto, por supuesto, afecta más a los sectores sociales más pobres de nuestros países”, remarca Teran— desde el punto de vista de la geopolítica energética, una región es la gran perdedora: Asia, con la gran antagonista de los EEUU, China, a la cabeza. 

El 84% del petróleo y el 83% del gas licuado que atraviesa el estrecho de Ormuz tiene como destino algún país asiático. Si bien países de la órbita de EEUU en el área como Corea del Sur o Japón van a salir perdiendo, al igual que ocurre con las potencias del Golfo aliadas con los intereses estadounidenses, que ven paralizada su principal industria y sufren además las represalias de Irán en forma de ataques directos con drones y misiles, el impacto se va a notar especialmente en la fábrica del mundo.

Más de la mitad del crudo que importa Beijing, el mayor importador de hidrocarburos del planeta, tiene su origen en el golfo Pérsico. Irán fue el segundo proveedor de China en 2025, solo después de Arabia Saudí, según los datos de la consultora Kpler que Politico publicaba esta semana. En concreto, importó 1,3 millones de barriles diarios del país persa, mientras que el 30% de sus importaciones de gas fósil provienen de Qatar, hoy bloqueado y con sus plantas cerradas.

A esto se suma la pérdida del acceso del gigante asiático al oro negro venezolano desde enero, tras el secuestro de Nicolás Maduro y el ataque estadounidense que depuso al mandatario bolivariano, aunque Teran matiza que “para China el petróleo venezolano no es una factor clave de sus sistema energético”.

No obstante, China, al igual que otros países asiáticos, tiene reservas de hidrocarburos almacenadas para varios meses. “Eso es un factor que probablemente esté incidiendo en evitar un pánico energético”, apunta Teran, “pero eso tiene un límite de meses”. 

China se va a ver obligada a buscar otros mercados”, apunta por su parte el experto de la Fundación Renovables. “Depende de la capacidad que tenga Rusia para aumentar la producción y de la capacidad que tengan otros proveedores de petróleo como pueden ser Indonesia o Malasia para incrementarla y evitar un aumento de los precios”.

Si bien la demanda de gas china no está en su momento álgido debido a la época del año, y la potencia asiática posee carbón y centrales para quemarlo en abundancia para suplir una hipotética falta de gas, un bloqueo del estrecho que perdurase en el tiempo podría ser un problema serio para la economía del gigante asiático: “Si llegase a escalar, por ejemplo, durante todo un año, estaríamos hablando, en el caso de chino, de la mitad de importaciones de hidrocarburos. Tendría un impacto durísimo, pero no estamos en ese escenario, y dudo que China permita eso”, apunta el experto de la Universidad Central de Venezuela, quien añade que los impactos son múltiples: del golfo Pérsico también proviene un tercio de los fertilizantes agrícolas del mundo.

Por último, Morales añade un perjuicio a medio plazo para el gigante asiático derivado de esta situación: “El principal problema de China es que empezaba a hacer la guerra comercial por su lado. Tenia la intención de comerciar con sus principales proveedores fuera del dólar, en yuanes, y ahora se le ha frenado esa estrategia de tratar de parar la capacidad imperialista que tenía el dólar”, concluye.


Fuente: El Salto

jueves, 5 de marzo de 2026

Después del fin de la humanidad

 

      Escritor y filósofo italiano. Activista de la izquierda.


      Es innegable que la raza humana aún existe. Actualmente, los humanos son más numerosos que en cualquier otra época anterior, aunque su número esté destinado a disminuir rápidamente debido a la disminución de la natalidad.

Sin embargo, esto no significa que la humanidad exista.


Ypsilon, Bolonia.

Permítanme definir la palabra “humanidad” a partir de cuatro criterios, sin pretender ser exhaustivo.

  1. El primer criterio lo encontramos en el Horatio de digitate homini (Discurso sobre la dignidad del hombre), de Pico della Mirandola (1486): la libertad ontológica se basa en la independencia del hombre respecto de toda determinación divina: libertad de existencia respecto de toda esencialidad.

  2. El segundo criterio es el que el cristianismo pone en el fundamento de su predicación: la compasión, el reconocimiento del dolor del otro como el propio dolor y (yo añadiría) el reconocimiento del placer del otro como el propio placer.

  3. El tercer criterio surge con la Ilustración, en la que la cultura judía jugó un papel protagonista, y evolucionó con el internacionalismo obrero, en el que la cultura judía también jugó un papel protagonista: el universalismo, la igualdad de derechos.

  4. El cuarto criterio es la facultad de pensar, es decir, la capacidad de distinguir independientemente entre lo verdadero y lo falso, de elaborar conceptos y de establecer conexiones lógicas entre enunciados.

Ninguno de estos cuatro criterios corresponde a la condición actual de los humanos en la Tierra.

  1. La libertad ontológica (independencia de Dios) ha desaparecido a medida que la conexión tecnológica, sometida al dominio capitalista, ha restaurado a Dios como una inteligencia superior cuyo poder de determinación aniquila la intencionalidad humana. Finanzas y guerra: aniquilación de la voluntad humana.

  2. La compasión ha sido progresivamente borrada a medida que la percepción del cuerpo del otro se virtualiza y el odio al otro se exalta como la virtud cívica primaria, de modo que el exterminio ha reemplazado a la ley: la compasión ha muerto.

  3. El universalismo está actualmente en vías de desaparición: la competencia es el paradigma de la vida social y la supervivencia del yo implica la eliminación del otro, mientras el Occidente colonialista en decadencia ha desatado una ofensiva racista global.

  4. Por último, pero no menos importante, la capacidad de pensar está desapareciendo como resultado de la penetración del autómata lingüístico en el circuito de la comunicación interhumana: la simulación de procesos lógicos está destinada a reemplazar la actividad del pensamiento dentro de una o dos generaciones.

La humanidad comenzó a desaparecer cuando la guerra se apoderó del trabajo intelectual y el nazismo desató el exterminio de los judíos europeos.

Los alemanes, transformados en bestias por la humillación de la posguerra, infligieron al pueblo judío una herida tan terrible que jamás pudo sanar. La consecuencia (quizás inevitable) de ese trauma fue la formación de una entidad política y militar que hizo del odio a la humanidad su razón de ser. Israel es el nombre de esta entidad, nacida del genocidio y destinada a perpetuarlo.

En la segunda mitad del siglo XX, creímos que era posible sanar las heridas sufridas por la humanidad. Pero era una ilusión: el genocidio domina el horizonte del siglo XXI, y la supervivencia de la raza humana tras el fin de la humanidad es el destino más terrible que podría sobrevenirnos. Que esta agonía no dure mucho es la única esperanza que podemos albergar.



Fuente: ILDISERTORI