Analista
internacional. Politólogo y máster en Relaciones
Internacionales. Periodista en Descifrando
la Guerra.
Trump cuenta hoy con más gobiernos afines en América Latina, conformando un corredor trumpista desde Costa Rica hasta Argentina.
Tras
confirmarse casi definitivamente que Keiko Fujimori, de Fuerza
Popular, y Abelardo De La Espriella, de Defensores de la Patria,
serán los presidentes de Perú y Colombia, respectivamente, Trump ha
logrado asegurar una suerte de “mayoría simple” en lo que a
gobiernos latinoamericanos se refiere.
Actualmente,
más de la mitad de los Estados de la región están alineados con
Washington, y una porción significativa tiene presidentes
abiertamente trumpistas o cercanos ideológicamente al movimiento
MAGA.
Tanto
De La Espriella como Fujimori han afrontado escrutinios muy ajustados
en sus respectivos ballotages contra
la izquierda, a punto tal que, en Perú, el candidato Roberto Sánchez
todavía no ha concedido el resultado.
Pero,
sea como fuere, no parece probable que la izquierda peruana logre
revertir el reconocimiento de la derecha y la extrema derecha
regional, por lo que es esperable que Keiko Fujimori asuma
eventualmente como nueva presidenta de Perú.
Las
victorias de Trump en América Latina
El
panorama regional ha cambiado significativamente desde enero de 2025,
cuando Trump retomó la presidencia de Estados Unidos. En aquel
momento, solo Argentina, Ecuador, Panamá y El Salvador podían
considerarse aliados políticos directos del movimiento MAGA.
Un
año y medio después, a ese grupo se han incorporado Chile, Perú,
Colombia, Costa Rica y Honduras, de forma que ha pasado de 4 a 9.
Mientras tanto, el bloque de gobiernos enfrentados a las ambiciones
de Washington se ha reducido a Nicaragua y Cuba tras la los ataques
contra Venezuela y las elecciones de Honduras, reduciéndose de 4 a
2.
Asimismo,
los países que mantenían una posición independiente sin confrontar
abiertamente con Estados Unidos han disminuido considerablemente. Si
en enero de 2025 eran Chile, Bolivia, Brasil, Colombia y México, hoy
la lista se limita a México y Brasil, con la incorporación del
Uruguay de Orsi, que ganó las elecciones antes de que Trump
asumiese, pero accedió a la presidencia después de su homólogo
norteamericano. En términos demográficos, estos gobiernos ham
pasado de representar el 64,6% de la población regional al 52%.
Además
del secuestro de Nicolás Maduro, las revelaciones derivadas del
caso Hondurasgate apuntan
a que Estados Unidos habría intervenido de forma más o menos
directa en al menos dos elecciones recientes. Entre ellas figura la
de Colombia, donde una campaña de desinformación particularmente
agresiva habría favorecido la llegada al poder de Abelardo
De La Espriella.
La extrema derecha ha llegado al gobierno en Colombia de la mano de Abelardo de la Espriella, líder de Defensores de la Patria.
Honduras sería el segundo ejemplo señalado por la investigación.
Ambos
casos, junto a la intervención armada en Venezuela, constituyen tres
casos de éxito en la agenda de dominación del continente. Esto es
así porque los tres casos se resolvieron de forma favorable a los
intereses de Washington.
Tres
gobiernos críticos, cuando no directamente enfrentados a la Casa
Blanca –el de Xiomara Castro en Honduras, el de Gustavo Petro en
Colombia y el de Nicolás Maduro en Venezuela– fueron sustituidos
por dos gobiernos MAGA –el de Nasry Asfura en Honduras y el de
Abelardo De La Espriella en Colombia– y por un gobierno intervenido
–el de Delcy Rodríguez en Venezuela–.
Allí
donde las urnas han indicado continuismo, Estados Unidos también ha
salido ganando. En Belice, Jamaica, Bahamas, Barbados, Antigua y
Barbuda, Guyana y Santa Lucía había gobiernos pro estadounidenses y
ese estatus se conservó tras los comicios. En Ecuador había un
gobierno pro MAGA –el de Daniel Noboa– que logró revalidar.
En
suma, entre enero de 2025 y el ecuador de 2026, en América Latina ha
habido 10 cambios de gobierno. De esos 10, 3 pasaron de izquierda a
extrema derecha pro MAGA –Chile, Colombia y Honduras– y 2 pasaron
de centro-derecha pro estadounidense a extrema derecha pro MAGA
–Costa Rica y Perú–.
Bolivia
pasó de izquierda a centro-derecha pro estadounidense, Trinidad y
Tobago se mantuvo en el centro-izquierda, pero se alineó más
firmemente con Estados Unidos. Surinam viró a la izquierda con el
NDP y Uruguay pasó de centro-derecha a izquierda. El último cambio
de gobierno es el de Venezuela, un caso sui
géneris.
Conviene
recapitular. América Latina y el Caribe cuenta con 33 Estados
independientes –toda América con la excepción de Canadá y
Estados Unidos–. Al asumir la presidencia el 20 de enero de 2025,
Trump contaba con 4 gobiernos pro MAGA y 11 gobiernos pro
estadounidenses no MAGA (un total de 15) y debía enfrentar 4
gobiernos frontalmente opuestos y 5 gobiernos críticos (un total de
9).
Tras
año y medio en la Casa Blanca, el bloque crítico cuenta con 2
gobiernos frontalmente opuestos y 3 gobiernos críticos (un total de
5), mientras que el bloque alineado cuenta con 9 gobiernos pro MAGA y
9 gobiernos pro estadounidenses no MAGA (un total de 18).
El
corredor trumpista
A
lo largo de casi 10.000 kilómetros de costa sobre el Pacífico,
desde Costa Rica hasta Magallanes y Antártica Chilena, Trump podría
desplazarse por territorio latinoamericano sin abandonar en ningún
momento países gobernados por aliados políticos.
Los
gobiernos que conforman este corredor mantienen afinidad con el
movimiento MAGA y promueven una relación estrecha con el proyecto
geopolítico impulsado desde Washington.
Si
se amplía la ruta hasta el extremo austral del continente, Trump
podría atravesar el canal Beagle y llegar a Argentina. De esta
forma, el corredor trumpista en América Latina, específicamente en
la costa del Pacífico, estaría compuesto por Costa Rica, Panamá,
Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Fuera de esa continuidad
geográfica también destacan dos aliados centroamericanos: El
Salvador y Honduras.
Mapa de la posición de los gobiernos latinoamericanos en relación a Estados Unidos y al gobierno de Donald Trump.
Es
precisamente en esta franja donde Trump ha cosechado sus mayores
éxitos… De hecho, ha logrado un pleno. Todos los cambios de
gobierno acaecidos en este corredor han devenido en gobiernos
abiertamente trumpistas o pro MAGA.
En
noviembre de 2025 fueron las elecciones generales hondureñas; ganó
Nasry Asfura (Partido Nacional). En febrero de 2026 fueron las de
Costa Rica; ganó Laura Fernández (Pueblo Soberano).
En
junio de 2026 fue el ballotage en
Colombia; ganó Abelardo De La Espriella (Defensores de la Patria).
En abril de 2025 fue el ballotage en
Ecuador; ganó Daniel Noboa. En junio de 2026 fue el ballotage en
Perú; probablemente ganó Keiko Fujimori, si bien la justicia
electoral planea dar el resultado final a
inicios de julio.
El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) planea proclamar los resultados oficiales de las elecciones de Perú entre el 3 y el 7 de julio.
Por último, en diciembre de 2025 fue el ballotage en
Chile; ganó José Antonio Kast.
Además
de influir abiertamente en la política interna de los países
latinoamericanos, el Gobierno estadounidense ha impulsado foros de
coordinación desde los que definir la agenda regional bajando línea
a los gobiernos afines.
En
paralelo al corredor trumpista en América Latina, el llamado Escudo
de las Américas (Shield of the Americas) constituye la principal
herramienta de Trump para extender la influencia militar
estadounidense en América Latina. Presentada como una iniciativa de
coordinación y apoyo a las fuerzas armadas de la región, está bajo
la supervisión de Kristi Noem, ex secretaria de Seguridad Nacional
del ICE.
Nueve
gobiernos identificados con el trumpismo o cercanos al MAGA ya
participan o prevén participar en ella: Argentina, Chile, Perú,
Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras y El Salvador.
A
este grupo se agregan otros nueve países alineados con Estados
Unidos: Paraguay, Bolivia, Guyana, Trinidad y Tobago, República
Dominicana, Jamaica, Bahamas, Belice y Guatemala. Washington también
ha logrado incluir a tres gobiernos de la región en su “Junta
de Paz” para Gaza:
Paraguay, Argentina y El Salvador.
Donald Trump impulsa la creación de una nueva ‘Junta de Paz’ para gobernar la Franja de Gaza y disputar el papel de las Naciones Unidas
Las
próximas prioridades
En
los próximos 18 meses, Trump pondrá la mirada –y, muy
probablemente, recursos políticos, económicos, judiciales e incluso
militares– en cinco grandes escenarios. El primero (y más obvio)
es Cuba, donde la
renovada campaña de
asfixia y amenaza militar pretende lograr concesiones del Gobierno
del Partido Comunista o, en el enfoque más optimista de Washington,
un cambio de régimen.
La presión político-económica de la administración de Donald Trump sobre Cuba aumenta y amenaza con extenderse también al ámbito militar.
Los
otros cuatro escenarios son electorales: En Guatemala, Trump deseará
la emergencia de un nuevo líder más nítidamente alineado con el
trumpismo, si bien el socioliberal Bernardo Arévalo ha mantenido una
estrecha colaboración con su administración.
En
El Salvador, la apuesta es el continuismo de Nayib Bukele. En
Argentina, lo mismo: Trump buscará influir en las elecciones para
que Javier Milei –o, tal vez, Patricia Bullrich u otra figura del
mileísmo– impidan un retorno del peronismo a la Casa Rosada.
Pero,
sin duda, el mayor interés estadounidense, junto a Cuba, está en
Brasil. Las elecciones de octubre de 2026 podrían dar un vuelco a la
región y ratificar el dominio político e ideológico del trumpismo
y de Estados Unidos en el continente, extendiéndolo más allá de
este corredor trumpista en América Latina. Para ello, Trump necesita
que Flávio Bolsonaro supere a Lula da Silva en unos comicios en los
que Washington buscará influir.
El
precedente del enfrentamiento entre la Casa Blanca y la justicia
brasileña en el caso contra Jair Bolsonaro evidencia esta voluntad
injerencista. No por casualidad, el mismo Donald Trump recibió a
Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval en
mayo.
Flávio Bolsonaro y el presidente Trump, en el Despacho Oval, en la foto difundida por el brasileño en redes sociales
Fuente:
Descifrando
la Guerra