miércoles, 1 de julio de 2026

Irán, Estados Unidos e Israel en el frente de Ormuz

 

Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


Estados Unidos e Israel han perdido la guerra cuyo resultado, de momento, es que EE.UU ha transferido a Irán el control del estrecho de Ormuz. Es obvio que esa guerra no ha terminado. En ese caso, Irán ha ganado por lo menos una batalla de esa guerra. El futuro es incierto



     El motivo del radical giro desde la “edad de piedra” y la aniquilacion de una civilización hasta la negociación en los términos presentados por Irán, es muy simple: se juegan una recesión global en Ormuz. Trump ha dicho que lo ha firmado forzado por la situación. “Se nos estaban acabando las reservas de petróleo”, ha dicho en su más sincera declaración en mucho tiempo. En los últimos meses Trump iba haciendo malabarismos. Decía el sábado que “el acuerdo con Irán es inminente” y el lunes las bolsas abrían al alza, moderando los incrementos de los precios de la energía. Así de una semana a otra.


Delicado Estrecho de Ormuz

Pero con las reservas en rojo, el diesel por encima de los cinco dólares el galón y la gasolina por encima de los cuatro dólares, eso ya no había mago fullero que lo arreglase. El documento firmado con Irán no es un acuerdo: es un marco. “Memorando de entendimiento” (MOU), se llama. Le da a Trump un respiro de 60 días. El cortoplacismo de esta especie de geopolítica en fusión con el mundo de la bolsa y las finanzas, es manifiesto.


Acuerdo de entendimiento Irán – EE. UU.

Pero Israel y los sionistas de Estados Unidos están furiosos con Trump y su MOU. No lo aceptan y lo quieren reventar. Desde Israel quedándose en Libano y continuando su masacre. Dentro de la administración de EE.UU se aprecia gran división entre el vicepresidente JD Vance por un lado y los mas prosionistas, como el secretario de Estado Marco Rubio y el yerno de Trump Jared Kushner, por otro. Si Trump se atreve a poner los intereses nacionales de Estados Unidos por delante de la locura israelí, es posible que le organicen un impeachment. En todo caso, hay sustancia tanto en Estados Unidos como en Israel para considerables peleas internas por motivo de la derrota de Ormuz.

Irán tiene la sartén por el Mango. El 8 de junio el Jerusalem Post lo explicaba con bastante claridad al decir que Teherán tiene “tres armas nucleares”: el control del estrecho de Ormuz, las estrechas relaciones con “las potencias McKinder” que dominan el espacio euroasiático (China y Rusia), y la bomba propiamente dicha, a la que, si hay voluntad, puede acceder en cualquier momento, según la opinión de expertos como Theodore A. Postol, profesor emérito de ciencia y tecnología del Instituto de Tecnología de Massachusetts y antiguo colaborador del Pentágono.

Ademas, Estados Unidos ha abierto una crisis de relaciones con los países del Golfo. Esos países han descubierto que las bases y la protección americana les convierte en objetivo y no son factor de seguridad, sino al contrario: una amenaza total a su economía e incluso a su existencia. Recordemos el cable de la CIA de 2008, revelado por Wikileaks, según el cual la mera destrucción de la planta de desalinización de El Ryad, obligaría a evacuar la ciudad (7 millones de habitantes, 20% del total de la población del reino) en el plazo de unos pocos días. Hay consenso entre los expertos en que cualquier cosa que EE.UU o Israel hagan contra Irán, Irán puede devolverla haciendo más daño porque tiene el control de la escalada. Así que hay condiciones para que esos países del Golfo se piensen la oportunidad de ir a otro esquema de seguridad regional, diferente al de participar en el cerco americano israelí a Irán. Y eso abre oportunidades para China y Rusia, que ya trabajaron el año pasado con éxito en un acuerdo de distensión de relaciones entre Irán y Arabia saudí.

Israel más cerca de su suicidio

Israel si que tiene una estrategia para dominar la región e imponer su anacrónico (para el siglo XXI) proyecto colonial “bíblico sin fronteras”, pero es una estrategia loca que conduce al suicidio. El genocidio de Gaza no ha mejorado las cosas para ese proyecto sino que las ha empeorado. El 20 de junio el corresponsal militar del Times of Israel, Lazar Berman, decía que la “victoria total” prometida por Netanyahu ha llegado a su fin:

«Las guerras posteriores al 7 de octubre, que llegaron acompañadas de expectativas y promesas de “victoria total”, han terminado —al igual que sus ilusiones—. Los palestinos no van a abandonar Gaza. Hamás no se desarmará, ni tampoco Hezbolá. Trump no va a volver a la guerra con Irán, que ahora puede amenazar con retirarse de un acuerdo para obligar a Trump a detener cualquier operación israelí de envergadura contra Hamás o Hezbolá… Sin duda, Oriente Medio ha cambiado», decía.

Con Netanyahu amenazado de cárcel, su rival electoral, Naftali Bennett, persevera en lo mismo. Dice que piensa tratar a Turquía como “un nuevo Irán”. El problema fundamental de Israel es que un país de 8 o 9 millones de habitantes sin recursos que se ha peleado con todo su enorme entorno no puede imponerse. El mundo árabe siempre ha estado sometido; primero bajo los turcos, luego británicos y franceses y ahora americanos/israelís. Pero eso no va durar eternamente. Israel se sostiene por el apoyo occidental. Y eso es, precisamente, lo que se está resquebrajando ahora.

La relación entre Estados Unidos e Israel atraviesa el peor momento de su historia. Todos entienden en Estados Unidos que Netanyahu metió a Trump en lo de Irán contra la opinión de sus expertos de la CIA y el Pentágono. Y además, ahora ese mismo Israel boicotea el alto el fuego lo que está siendo recriminado por Estados Unidos. El vicepresidente J.D. Vance ha advertido a Israel con no jugar contra su único aliado. Una declaración sin precedentes.

Hay una clara segmentación en el electorado estadounidense. El grupo demográfico de mayores de 55 años se muestra, en general, solidario con Israel, pero los jóvenes han cambiado radicalmente de postura. Incluso entre los judíos estadounidenses, el 61 % ha llegado a la conclusión de que Israel cometió crímenes de guerra en Gaza, y el 39 % considera que la conducta de Israel en Gaza constituye un genocidio. Nunca Israel había sido tan impopular en EEUU. Es la primera vez que se ve tal brecha. Su progreso significa que a todo el edificio sobre el que está construido el sionismo se está desmoronando. Naturalmente, hay que decir que son capaces de cualquier cosa: tienen el arma nuclear y arsenales químicos y bacteriológicos completos. Y tienen la “doctrina Sansón”: antes derribo el templo sobre mi persona y las de mis enemigos que cambiar. Israel puede usar una bomba nuclear táctica contra Irán. Pero Irán es 75 veces mayor en tamaño y puede responder haciendo mucho daño a Israel con sus misiles. Además, un uso nuclear movilizaría definitivamente a Rusia y China contra Israel y no creo que EE.UU lo apoyase.

No digo que Israel vaya a desaparecer, pero desde luego en su aspecto actual sería inviable.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

martes, 30 de junio de 2026

El dilema del Kremlin y la cohesión de la Unión Europea

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


Los europeos intentan provocar una respuesta militar del Kremlin que confirme la “amenaza rusa” sobre Europa. Hacen lo mismo que Israel con Irán: intentar implicar a Washington en su guerra


     En la última reunión del G-7 en Evian, a mediados de junio, los europeos lograron de nuevo a atraerse a Trump a su causa, concretando más apoyo a Ucrania.


Reunión del G-7 en Évian-les-Bains.

Los ataques en la retaguardia rusa con drones y misiles de largo alcance, contra Moscú y Peterburgo y contra infraestructuras energéticas no cambian gran cosa en la realidad militar operativa pero no pueden ser subestimados. Esos ataques no es que sean bendecidos por Estados Unidos y la UE: es que son manejados por ellos; desde sus satélites, su datos de inteligencia, su información y sus armas. El famoso “espíritu de Anchorage”, la reunión de Alaska entre Trump y Putin de agosto del año pasado que tanto irritó a los europeos, ha pasado a mejor vida. Esos ataques colocan a los dirigentes rusos en una situación complicada.


Imagen creada para conmemorar un supuesto ataque con drones al Kremlin en Moscú. El diseño fue utilizado por el servicio postal ucraniano, Ukrposhta, como base para un sello postal conmemorativo titulado «Kremlin en llamas».

En abril Rusia registró 100 muertos y 600 heridos civiles en su retaguardia (el mismo mes, según la ONU Ucrania tuvo 300 muertos y 1300 heridos civiles). Esas víctimas rusas, tan inocentes como las ucranianas, suelen ser ignoradas en el informe occidental de la guerra pero los telediarios rusos abren su informe con ellas. La vida en las regiones fronterizas con Ucrania, así como en Crimea, empieza a ser complicada para mucha gente. En consecuencia, la opinión pública rusa, que en general no es en absoluto belicista, sí que reclama a sus autoridades una protección efectiva. Y entre los generales y comentaristas de la tele hay una presión e incluso a veces sugerencias de la debilidad de Putin, naturalmente sin nombrarlo… Así que el Kremlin por un lado está siendo presionado por la situación a que de una respuesta contundente. Pero por el otro no puede ignorar que esos ataques están diseñados precisamente para eso: para confirmar con una respuesta contra algún país europeo la leyenda de la “amenaza rusa” e incentivar con ella a Estados Unidos a implicarse directamente invocando el artículo V de la OTAN que prevé respuesta conjunta contra el ataque a alguno de sus miembros.

No está claro que, si se llegara a tal situación, ese artículo se aplicara realmente, pero desde luego sí serviría para justificar el actual rearme alemán y europeo en general, así como su profecía de una guerra contra Rusia para dentro de dos o tres años…. Ese, me parece que es el dilema.

En Moscú hay gran irritación hacia el errático Trump, pero Putin es prudente. No creo que, por pequeño que sea el riesgo de una respuesta conjunta de la OTAN, Putin vaya a caer en esa trampa. Seguramente se pregunta, ¿qué es mas arriesgado, responder a la OTAN o no hacer nada y que los rusos se sientan desprotegidos en su hasta ahora tranquila retaguardia con escasez de gasolina? Seguramente considerará si esos ataques cambian o no la situación militar operativa de fondo. También considerará que el trío europeo (Macrón, Merz, Starmer) carece de perspectiva, porque todos están con un nivel de apoyo extremadamente bajo (lo último de Merz ronda el 13%), a Macrón se le acaba el plazo y el laborismo británico tres cuartos de lo mismo, así que merece la pena no precipitarse y ver cual es el relevo de esos personajes.

Y mientras tanto el ejército ruso mantiene su lento y constante avance – hay una clara voluntad de economizar bajas porque el precio de la carne humana en Moscú ha subido claramente en las últimas décadas – mientras que los informes que llegan del lado ucraniano son extremadamente alarmantes, sin que se pueda excluir un desmoronamiento del frente. Si todo eso es así y Putin y sus generales creen que están ganando – como lo cree la CIA y el Pentágono – entonces lo correcto es armarse de paciencia y no perder los ánimos. La “victoria” rusa, independientemente de lo que eso signifique, pasa por la paciencia.

Saliendo al paso de las dificultades de aprovisionamiento de gasolina que los rusos sufren en los últimos días por causa de los ataques ucranianos, Putin se mostró confiado y desafiante el domingo: “Dada su catastrófica escasez de personal, las fuerzas armadas ucranianas parecen creer que esto podría ser su salvación. Pero salvar al régimen de Kiev no forma parte de nuestros planes”. Al mismo tiempo, mientras en las tiendas se agotan los stocks de bidones para acumular gasolina (eso podría pasar pronto aquí por la obturación de Ormuz), el Presidente habla sin parar en los medios de comunicación, cuyos informativos abren siempre con diez o quince minutos de Putin, aquí, Putin allá, Putin esto y Putin lo otro. No creo que eso transmita confianza a los rusos, sino más bien, la simple reflexión “qué hable menos y que haga algo contra todos estos drones que comienzan a fastidiarnos la vida”. Así que, de momento, contención y paciencia ante una situación que se está crispando.

Otra cosa sería si en, digamos, un año, no hubiera desmoronamiento/capitulación ucraniana y los ataques de la OTAN vía Ucrania fueran a mucho más. La lógica del conflicto podría hacer entonces inevitable alguna respuesta rusa contra países de la UE para «poner a Europa en su sitio», mientras el potencial militar europeo siga siendo modesto y el apoyo de EE.UU ambiguo. Con esa reserva a medio y largo plazo, la impresión es que la respuesta se centra en Ucrania. Rusia no ha usado ni de lejos todo su potencial militar para evitar confrontación con la OTAN, pero cuanto mas aprieten los europeos, mas sufrirá Ucrania y la población civil ucraniana.

Desde la nota del Ministerio de exteriores ruso del 25 de mayo, anunciando “golpes sistémicos” contra Kíev, “incluso los lugares específicos de diseño, fabricación, programación y preparación para el uso de drones que el régimen utiliza con la asistencia de profesionales de la OTAN, responsables por suministrar los componentes, entregar datos de información y establecer los blancos”, entre ellos “los centros de toma de decisiones y puestos de mando”, – lo que determina una advertencia “a los ciudadanos extranjeros, incluso al personal de las misiones diplomáticas y representaciones de las organizaciones internacionales, que es necesario abandonar la ciudad lo antes posible”- esa respuesta dirigida contra Ucrania ya está siendo realidad.


Rusia lanzó un ataque masivo con misiles y drones en Kiev durante la noche del 24 de mayo.



Están anunciando claramente que los ucranianos, las ciudades ucranianas casi completamente intactas, van a sufrir mucho más ahora…

Se ha apuntado muchas veces lo peligroso que es todo esto, lo fácilmente que se puede ir de las manos, especialmente en el Báltico, en Kaliningrado y en el Mar Negro, y la insensatez que supone atacar instalaciones estratégicas rusas vinculadas a la disuasión nuclear, como se ha hecho en repetidas ocasiones bajo patronazgo británico y estadounidense. 

Todo esto es escalofriante. Por mucho menos, en los años ochenta se produjo en Europa Occidental la gran movilización contra el despliegue de los euromisiles. Hoy no hay nada de eso a la vista, aunque es verdad, como ha apuntado Manolo Monereo, que el gasto en rearme que se va a realizar en menoscabo del gasto social plantea un desafío tan descarado y abierto a la mayoría social, que el humor de la hasta ahora adormecida opinión pública europea está abierto a todos los imprevistos. Confiemos en ello.

A la unidad por la guerra

En la Unión Europea describir la realidad está considerado “traición”. Decir que la invasión de Ucrania fue una violación del derecho internacional y que, al mismo tiempo, fue una acción preventiva, porque aunque Ucrania no estaba en la OTAN en 2022, la OTAN sí estaba en Ucrania desde 2014, desde el mismo momento del cambio de régimen ( y eso lo conocemos en detalle por informes de la prensa de Estados Unidos), pues eso te convierte en “partidario de Putin”… Esta especie de macartismo se percibe aquí en España, pero en Alemania, el país central de la UE, adquiere cotas demenciales; la gente pierde su trabajo en la Universidad o en los medios de comunicación, por ello. Uno puede ser “sancionado” por la UE en Bruselas y convertido en un indigente sin acceso a su propia cuenta bancaria, o sin posibilidad de viajar, como le ha pasado al Coronel suizo Jacques Baud y algunos otros. ¿Por qué están llegando a estos extremos?

Una explicación es la de que cualquier intento de negociar diplomáticamente con los rusos es visto en la UE como muy peligroso para la unidad y estabilidad de la UE. Y lo es: los intereses de seguridad de bálticos y mediterráneos, por ejemplo, son diversos y muy diferentes. 

En Bruselas hay un manifiesto desbarajuste. El presidente del Consejo, Antonio Costa, quiere establecer un canal diplomático con Moscú, pero el canciller Friedrich Merz se opone. Francia también tiene sus reservas. Hace tiempo que Macron envió un emisario al Kremlin sin proponer nada realista y serio. Los países bálticos, por su parte, no quieren mantener ningún tipo de conversaciones con Putin. Polonia rechaza el formato E3 constituido por Merz, Macron y Starmer -aunque éste ya haya saltado y vaya a ser relevado por otro igual. Lo importante es comprender esa “E”. No es “Europa 3”. Es “3 Energúmenos”. El no declarado programa de los “3 E” puede resumirse en el lema: “a la cohesión por la guerra”.

El resultado es que en lugar de entablar un diálogo con Rusia y China, sin el cual la UE nunca será estratégicamente autónoma, la Europa “3 E” apuesta por nuevas sanciones y aún más presión. Su gran batalla es implicar a Estados Unidos en la guerra contra Rusia. Su papel hacia Rusia en este momento es el mismo que el de Israel hacia Irán: implicar como sea a Trump para su guerra. La UE e Israel son los dos principales pirómanos del momento. Así que el resultado es que el martes la UE recibió en Bruselas a una delegación de los talibanes: antes negociar con los talibanes que con Rusia.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

domingo, 28 de junio de 2026

El corredor trumpista en América Latina: 9 gobiernos "MAGA" y 18 aliados en el Escudo de las Américas

 

 Por Eduardo García   
      Analista internacional. Politólogo y máster en Relaciones Internacionales. Periodista en Descifrando la Guerra.


Trump cuenta hoy con más gobiernos afines en América Latina, conformando un corredor trumpista desde Costa Rica hasta Argentina.


     Tras confirmarse casi definitivamente que Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Abelardo De La Espriella, de Defensores de la Patria, serán los presidentes de Perú y Colombia, respectivamente, Trump ha logrado asegurar una suerte de “mayoría simple” en lo que a gobiernos latinoamericanos se refiere.

Actualmente, más de la mitad de los Estados de la región están alineados con Washington, y una porción significativa tiene presidentes abiertamente trumpistas o cercanos ideológicamente al movimiento MAGA. 

Tanto De La Espriella como Fujimori han afrontado escrutinios muy ajustados en sus respectivos ballotages contra la izquierda, a punto tal que, en Perú, el candidato Roberto Sánchez todavía no ha concedido el resultado.

Pero, sea como fuere, no parece probable que la izquierda peruana logre revertir el reconocimiento de la derecha y la extrema derecha regional, por lo que es esperable que Keiko Fujimori asuma eventualmente como nueva presidenta de Perú.

Las victorias de Trump en América Latina

El panorama regional ha cambiado significativamente desde enero de 2025, cuando Trump retomó la presidencia de Estados Unidos. En aquel momento, solo Argentina, Ecuador, Panamá y El Salvador podían considerarse aliados políticos directos del movimiento MAGA.

Un año y medio después, a ese grupo se han incorporado Chile, Perú, Colombia, Costa Rica y Honduras, de forma que ha pasado de 4 a 9. Mientras tanto, el bloque de gobiernos enfrentados a las ambiciones de Washington se ha reducido a Nicaragua y Cuba tras la los ataques contra Venezuela y las elecciones de Honduras, reduciéndose de 4 a 2.

Asimismo, los países que mantenían una posición independiente sin confrontar abiertamente con Estados Unidos han disminuido considerablemente. Si en enero de 2025 eran Chile, Bolivia, Brasil, Colombia y México, hoy la lista se limita a México y Brasil, con la incorporación del Uruguay de Orsi, que ganó las elecciones antes de que Trump asumiese, pero accedió a la presidencia después de su homólogo norteamericano. En términos demográficos, estos gobiernos ham pasado de representar el 64,6% de la población regional al 52%.

Además del secuestro de Nicolás Maduro, las revelaciones derivadas del caso Hondurasgate apuntan a que Estados Unidos habría intervenido de forma más o menos directa en al menos dos elecciones recientes. Entre ellas figura la de Colombia, donde una campaña de desinformación particularmente agresiva habría favorecido la llegada al poder de Abelardo De La Espriella.


La extrema derecha ha llegado al gobierno en Colombia de la mano de Abelardo de la Espriella, líder de Defensores de la Patria.

Honduras sería el segundo ejemplo señalado por la investigación.

Ambos casos, junto a la intervención armada en Venezuela, constituyen tres casos de éxito en la agenda de dominación del continente. Esto es así porque los tres casos se resolvieron de forma favorable a los intereses de Washington.

Tres gobiernos críticos, cuando no directamente enfrentados a la Casa Blanca –el de Xiomara Castro en Honduras, el de Gustavo Petro en Colombia y el de Nicolás Maduro en Venezuela– fueron sustituidos por dos gobiernos MAGA –el de Nasry Asfura en Honduras y el de Abelardo De La Espriella en Colombia– y por un gobierno intervenido –el de Delcy Rodríguez en Venezuela–.

Allí donde las urnas han indicado continuismo, Estados Unidos también ha salido ganando. En Belice, Jamaica, Bahamas, Barbados, Antigua y Barbuda, Guyana y Santa Lucía había gobiernos pro estadounidenses y ese estatus se conservó tras los comicios. En Ecuador había un gobierno pro MAGA –el de Daniel Noboa– que logró revalidar.

En suma, entre enero de 2025 y el ecuador de 2026, en América Latina ha habido 10 cambios de gobierno. De esos 10, 3 pasaron de izquierda a extrema derecha pro MAGA –Chile, Colombia y Honduras– y 2 pasaron de centro-derecha pro estadounidense a extrema derecha pro MAGA –Costa Rica y Perú–.

Bolivia pasó de izquierda a centro-derecha pro estadounidense, Trinidad y Tobago se mantuvo en el centro-izquierda, pero se alineó más firmemente con Estados Unidos. Surinam viró a la izquierda con el NDP y Uruguay pasó de centro-derecha a izquierda. El último cambio de gobierno es el de Venezuela, un caso sui géneris.

Conviene recapitular. América Latina y el Caribe cuenta con 33 Estados independientes –toda América con la excepción de Canadá y Estados Unidos–. Al asumir la presidencia el 20 de enero de 2025, Trump contaba con 4 gobiernos pro MAGA y 11 gobiernos pro estadounidenses no MAGA (un total de 15) y debía enfrentar 4 gobiernos frontalmente opuestos y 5 gobiernos críticos (un total de 9).

Tras año y medio en la Casa Blanca, el bloque crítico cuenta con 2 gobiernos frontalmente opuestos y 3 gobiernos críticos (un total de 5), mientras que el bloque alineado cuenta con 9 gobiernos pro MAGA y 9 gobiernos pro estadounidenses no MAGA (un total de 18).

El corredor trumpista

A lo largo de casi 10.000 kilómetros de costa sobre el Pacífico, desde Costa Rica hasta Magallanes y Antártica Chilena, Trump podría desplazarse por territorio latinoamericano sin abandonar en ningún momento países gobernados por aliados políticos.

Los gobiernos que conforman este corredor mantienen afinidad con el movimiento MAGA y promueven una relación estrecha con el proyecto geopolítico impulsado desde Washington.

Si se amplía la ruta hasta el extremo austral del continente, Trump podría atravesar el canal Beagle y llegar a Argentina. De esta forma, el corredor trumpista en América Latina, específicamente en la costa del Pacífico, estaría compuesto por Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Fuera de esa continuidad geográfica también destacan dos aliados centroamericanos: El Salvador y Honduras.


Mapa de la posición de los gobiernos latinoamericanos en relación a Estados Unidos y al gobierno de Donald Trump.

Es precisamente en esta franja donde Trump ha cosechado sus mayores éxitos… De hecho, ha logrado un pleno. Todos los cambios de gobierno acaecidos en este corredor han devenido en gobiernos abiertamente trumpistas o pro MAGA.

En noviembre de 2025 fueron las elecciones generales hondureñas; ganó Nasry Asfura (Partido Nacional). En febrero de 2026 fueron las de Costa Rica; ganó Laura Fernández (Pueblo Soberano).

En junio de 2026 fue el ballotage en Colombia; ganó Abelardo De La Espriella (Defensores de la Patria). En abril de 2025 fue el ballotage en Ecuador; ganó Daniel Noboa. En junio de 2026 fue el ballotage en Perú; probablemente ganó Keiko Fujimori, si bien la justicia electoral planea dar el resultado final a inicios de julio.


El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) planea proclamar los resultados oficiales de las elecciones de Perú entre el 3 y el 7 de julio.

Por último, en diciembre de 2025 fue el ballotage en Chile; ganó José Antonio Kast. 

Además de influir abiertamente en la política interna de los países latinoamericanos, el Gobierno estadounidense ha impulsado foros de coordinación desde los que definir la agenda regional bajando línea a los gobiernos afines.

En paralelo al corredor trumpista en América Latina, el llamado Escudo de las Américas (Shield of the Americas) constituye la principal herramienta de Trump para extender la influencia militar estadounidense en América Latina. Presentada como una iniciativa de coordinación y apoyo a las fuerzas armadas de la región, está bajo la supervisión de Kristi Noem, ex secretaria de Seguridad Nacional del ICE.

Nueve gobiernos identificados con el trumpismo o cercanos al MAGA ya participan o prevén participar en ella: Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras y El Salvador.

A este grupo se agregan otros nueve países alineados con Estados Unidos: Paraguay, Bolivia, Guyana, Trinidad y Tobago, República Dominicana, Jamaica, Bahamas, Belice y Guatemala. Washington también ha logrado incluir a tres gobiernos de la región en su “Junta de Paz” para Gaza: Paraguay, Argentina y El Salvador.


Donald Trump impulsa la creación de una nueva ‘Junta de Paz’ para gobernar la Franja de Gaza y disputar el papel de las Naciones Unidas

Las próximas prioridades

En los próximos 18 meses, Trump pondrá la mirada –y, muy probablemente, recursos políticos, económicos, judiciales e incluso militares– en cinco grandes escenarios. El primero (y más obvio) es Cuba, donde la renovada campaña de asfixia y amenaza militar pretende lograr concesiones del Gobierno del Partido Comunista o, en el enfoque más optimista de Washington, un cambio de régimen.


La presión político-económica de la administración de Donald Trump sobre Cuba aumenta y amenaza con extenderse también al ámbito militar.
 

Los otros cuatro escenarios son electorales: En Guatemala, Trump deseará la emergencia de un nuevo líder más nítidamente alineado con el trumpismo, si bien el socioliberal Bernardo Arévalo ha mantenido una estrecha colaboración con su administración.

En El Salvador, la apuesta es el continuismo de Nayib Bukele. En Argentina, lo mismo: Trump buscará influir en las elecciones para que Javier Milei –o, tal vez, Patricia Bullrich u otra figura del mileísmo– impidan un retorno del peronismo a la Casa Rosada.

Pero, sin duda, el mayor interés estadounidense, junto a Cuba, está en Brasil. Las elecciones de octubre de 2026 podrían dar un vuelco a la región y ratificar el dominio político e ideológico del trumpismo y de Estados Unidos en el continente, extendiéndolo más allá de este corredor trumpista en América Latina. Para ello, Trump necesita que Flávio Bolsonaro supere a Lula da Silva en unos comicios en los que Washington buscará influir. 

El precedente del enfrentamiento entre la Casa Blanca y la justicia brasileña en el caso contra Jair Bolsonaro evidencia esta voluntad injerencista. No por casualidad, el mismo Donald Trump recibió a Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval en mayo.


Flávio Bolsonaro y el presidente Trump, en el Despacho Oval, en la foto difundida por el brasileño en redes sociales



Fuente: Descifrando la Guerra

Vacío, sobrevivientes del suicidio

 

 Por David Arribas   
       Fotógrafo freelance residente en Madrid e interesado en el reportaje documental sobre temática sociocultural.


Cada año, más de 700.000 personas se suicidan en el mundo: una cada 40 segundos. Es, además, la segunda causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años


     Los tabúes y el silencio siguen rodeando el suicidio pese a que, según la Organización Mundial de la Salud, se trata de uno de los principales problemas de salud pública en Europa. Cada año, más de 700.000 personas se suicidan en el mundo: una cada 40 segundos. Es, además, la segunda causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años. Las cifras son contundentes, pero la conversación pública continúa siendo insuficiente y, en muchos casos, incómoda. El suicidio sigue ocupando un espacio marginal en el debate social, atrapado entre el miedo, la desinformación y el estigma.

Lejos de los tópicos, el suicidio no suele responder a una decisión tomada desde la libertad plena, sino a un dolor psíquico tan intenso que desborda las herramientas emocionales disponibles. Esta conducta no es una llamada de atención ni un gesto egoísta, como aún sostienen algunos prejuicios sociales. Quienes atraviesan una crisis de este tipo, en la mayoría de los casos, no desean morir: desean dejar de sufrir. La soledad, el desconsuelo y la sensación de no encontrar salida pueden reducir la perspectiva vital hasta anular cualquier expectativa de futuro. Cuando el malestar se cronifica y no se encuentran apoyos eficaces, la falta de esperanza puede llegar a percibirse como la única realidad posible.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 se registraron 3.953 muertes por suicidio, una media de once al día. Detrás de cada cifra hay una historia interrumpida y un entorno que queda marcado para siempre. Por cada persona que fallece por esta causa, familiares, amistades y allegados se convierten en supervivientes del suicidio. Personas que deberán convivir con la ausencia, con preguntas sin respuesta y, a menudo, con un sentimiento de culpa difícil de gestionar. El impacto no termina en quien muere: se expande en círculos concéntricos que afectan a familias, centros educativos, entornos laborales y comunidades enteras.

El 13 de agosto de 2012, Alejandro, de 20 años, salió del bar de su tío a fumar un cigarro y no regresó con vida. La autopsia determinó que se trató de un suicidio. No existían antecedentes conocidos, ni diagnóstico previo, ni una ruptura sentimental reciente, ni una situación familiar conflictiva evidente. No había, aparentemente, ningún motivo. Desde entonces, su familia y su entorno se preguntan por qué. Esa pregunta, repetida en muchos hogares, forma parte de un duelo atravesado por la incredulidad y el estigma. La ausencia de explicaciones claras no mitiga el dolor; a menudo lo intensifica.

La muerte por suicidio no solo impacta en el ámbito íntimo; también pone de relieve carencias estructurales. La falta de recursos en salud mental, las listas de espera en la sanidad pública, la precariedad laboral, el aislamiento social o la presión académica y económica sobre la juventud configuran un contexto que puede agravar situaciones de vulnerabilidad. Aunque el suicidio es un fenómeno complejo y multicausal, ignorar estos factores sociales sería simplificar el problema. La prevención requiere una mirada amplia que combine atención clínica, políticas públicas y tejido comunitario.

Durante años, el miedo al llamado “efecto contagio” —o efecto Goethe— ha contribuido a limitar el tratamiento informativo del tema. Sin embargo, cada vez más especialistas coinciden en que informar con rigor, evitando el sensacionalismo y ofreciendo recursos de ayuda, no incrementa el riesgo y puede formar parte de la prevención. El silencio no protege; puede, en cambio, reforzar la idea de que el sufrimiento debe vivirse en soledad.

En este contexto surge este fotoreportaje, que busca acercar a la sociedad el vacío físico y emocional que deja el suicidio. A través del duelo y de los recuerdos como herramientas de reparación, el proyecto habla abiertamente de la experiencia, sin morbo y sin censura, es una forma de romper el aislamiento y de cuestionar los silencios heredados. La memoria se convierte así en un acto de resistencia frente al olvido y la estigmatización.

El acompañamiento a las familias es una necesidad urgente. Evitar la estigmatización social y ofrecer apoyo psicológico accesible resulta clave para afrontar el vacío y la culpa que pueden instalarse tras la pérdida. El duelo por suicidio tiene características específicas que requieren comprensión, espacios seguros de escucha y recursos adecuados.

El Estado español ha dado algunos pasos, como la puesta en marcha del teléfono 024 de atención a las personas en riesgo de suicidio, disponible las 24 horas. No obstante, profesionales y asociaciones, insisten en la urgencia de un plan nacional integral de prevención, con financiación suficiente y coordinación entre administraciones. Dar visibilidad a entidades especializadas, reforzar la atención en salud mental y formar a profesionales de la educación, la sanidad y los medios de comunicación son medidas imprescindibles.

Hablar de suicidio no lo provoca. Abordarlo como lo que es —un problema de salud pública de primer orden— permite avanzar hacia políticas más eficaces y comunidades más conscientes. Reconocer su incidencia real y derribar mitos son pasos necesarios para actuar a tiempo. Convertir el tabú en conversación responsable puede marcar la diferencia entre la soledad y el acompañamiento, entre el silencio impuesto y la posibilidad de pedir ayuda.



Fotoreportaje de David Arribas


Pitillera con colillas usadas que los padres de Alex conservan como recuerdo. El objeto, cargado de significado, se convierte en un soporte de memoria a través del que la presencia se mantiene en lo cotidiano.


El tatuaje “Peke”, el mote de Alex, se convierte en un símbolo de memoria y presencia, un vínculo íntimo que mantiene vivo el recuerdo de quien ya no está.

13 de agosto. Familiares y amigos de Alex se reúnen cada año, pasan el día juntos, comparten recuerdos y sostienen su memoria. El encuentro culmina en el lugar donde Alex falleció, hoy convertido en un espacio de duelo, vínculo y permanencia.


En el centro del punto de penalti descansan las zapatillas que Alex usaba para jugar en el campo de fútbol de su barrio. La imagen, cargada de simbolismo, convierte lo cotidiano en memoria: un espacio que antes estuvo lleno de juego y vida ahora habla del vacío que deja su ausencia, recordando de manera íntima y visible lo que ya no está.


Mesa con platos vacíos.


Miguel, padre de Alex, envuelto en un hilo de humo y sombras, transmite la introspección y la carga emocional de la ausencia, convirtiendo un gesto cotidiano en un reflejo silencioso del duelo.


Un autorretrato de Alex muestra su rostro dividido entre luz y sombra, con los ojos abiertos en ambas mitades. La imagen revela la dualidad de su mundo interior y la complejidad de su presencia, dejando un testimonio íntimo de su experiencia.


Vega, madre de Alex, retratada en un contexto marcado por la pérdida de su hijo. Su imagen forma parte de un proceso de duelo en el que la memoria y la ausencia conviven.


Miguel y Vega, padres de Alex. En la imagen aparecen reflejados en un espejo dividido que muestra únicamente la mitad de sus rostros: una parte de Vega y otra de Miguel, en una composición que fragmenta la identidad y subraya la pérdida.



Fuente: El Salto