viernes, 24 de julio de 2026

Francia se dispone a dar una “licencia para matar” a sus fuerzas del orden

 



Este 7 de julio de 2026, la Asamblea Nacional francesa aprobó en primera lectura un texto que presume la legalidad de todos los disparos mortales por parte de agentes de policía y de gendarmería. Es una reforma reclamada desde hace 20 años por la extrema derecha y los sindicatos policiales, denunciada por numerosas ONG, sindicatos y colectivos de familiares de víctimas por sus derivas autoritarias sin precedentes en Europa



Un gendarme utiliza balas de goma durante una manifestación en Francia. Álvaro Minguito.


     El martes 7 de julio, desde las tribunas de la Asamblea Nacional, Issam El Khalfaoui asistía a la votación de la proposición de ley que pretende inscribir la presunción de legalidad para las fuerzas del orden en caso de disparo mortal. Casi cinco años antes, el 4 de agosto de 2021, su hijo Souheil El Khalfaoui, de 19 años, fue abatido por un policía durante un control de tráfico en Marsella, en el sur de Francia, tras negarse a detenerse.


El 4 de agosto de 2021, Souheil El Khalfaoui fue asesinado a tiros durante un control de tráfico en Marsella.

Sentado junto a colectivos de familiares de víctimas, invitados por los diputados de izquierda, Issam asistió a la votación. Relata su indignación ante las palabras de los diputados que respaldaban la ley, a la que él califica de “licencia para matar”.

Nos dimos cuenta del desprecio hacia las familias de las víctimas. Durante toda la sesión, los diputados, desde el macronismo hasta la extrema derecha, nos abuchearon, nos silbaron y nos insultaron. Nos trataron de delincuentes, de multirreincidentes, de escoria”, relata. Los diputados que apoyaban la ley defendieron esta medida en nombre de la protección de los policías y gendarmes. Frente a estas posturas, Issam El Khalfaoui se declaró horrorizado por los argumentos utilizados. “No había el menor pensamiento, la menor consideración por las personas que han sido asesinadas en este tiempo”.

Para acelerar la aprobación de la ley frente a varios cientos de enmiendas presentadas por la izquierda, el gobierno activó el artículo 44.3 de la Constitución francesa. Este procedimiento de excepción, llamado "voto bloqueado”, permite retener únicamente las enmiendas aceptadas por el ejecutivo. Así, la ley fue votada tal como se había propuesto, acortando los debates.

El resultado de la votación llegó por la noche. Con una mayoría que abarca desde el partido presidencial hasta la extrema derecha, la ley fue aprobada en primera lectura con 313 votos (Renaissance, MoDem, Horizons, Los Republicanos y la Agrupación Nacional) frente a 199 (La Francia Insumisa, el Partido Comunista, los ecologistas y el Partido Socialista). Habiendo superado su obstáculo más difícil, el texto debe ahora ser examinado por el Senado, y volver después a una segunda lectura en la Asamblea, antes de ser definitivamente aprobado.

Un mecanismo de escalada autoritaria en dos tiempos: 2017 y 2026

Para entender lo que está en juego hoy, hay que remontarse al 28 de febrero de 2017. Bernard Cazeneuve, entonces ministro socialista (PS) del Interior de François Hollande, creó el artículo L435-1 del Código de Seguridad Interior. Antes de esa fecha, un agente de policía o de gendarmería solo podía disparar en caso de estricta legítima defensa. La disposición de 2017 amplía ese marco, permitiendo a las fuerzas del orden abrir fuego si consideran que una persona puede representar un peligro futuro. Así, solo cuenta la interpretación subjetiva del agente, aunque el Estado conserva la obligación de demostrar que esa apreciación estaba fundada.

La enmienda del 7 de julio de 2026 va más lejos: invierte la carga de la prueba. Un disparo de un policía o gendarme se presume ahora legal por defecto, es decir, necesario y proporcionado, salvo prueba de lo contrario. Ya no le corresponde al Estado justificar la legitimidad del uso del arma, sino a la familia de la víctima demostrar que no lo fue.

Esta ley implica numerosas consecuencias ampliamente denunciadas por los colectivos de familiares de víctimas y por las organizaciones de defensa de los derechos humanos. Laurent Bigot, exsubprefecto y diplomático convertido en chaleco amarillo y observador crítico del mantenimiento del orden, afirma que la ley presenta un riesgo serio de desinhibición de las fuerzas del orden en el uso de sus armas.


Una mujer se manifiesta cerca de la Plaza de la Bastilla. Escrito en su chaleco: ‘No abandonaremos’.

Bigot recuerda las cifras de la investigación del sociólogo del CNRS Sébastien Roché, que alerta sobre la multiplicación por cinco de los disparos mortales desde la adopción del artículo L435-1 en 2017. Precisa que la Dirección General de la Policía Nacional tuvo que redactar de nuevo una instrucción para recordar estrictamente las condiciones de apertura de fuego a sus agentes, dado el aumento de la mortalidad. “Una negativa a detenerse es un delito menor, no un crimen”, recuerda el exsubprefecto. “Que se pueda matar a la gente porque comete un delito menor plantea un problema real, sobre todo cuando Francia es ya el país de Europa con más muertes por intervenciones policiales”, dice Bigot.

La parcialidad estructural de la justicia frente a los procesos contra policías

Este vuelco en la justicia se produce en un contexto ya muy desfavorable para las familias de las víctimas desde la ley Cazeneuve. Según las cifras de Amnistía Internacional, entre 2017 y 2026, menos del 2% de los casos de disparos policiales mortales terminaron en una condena firme, sobre un total de 437 casos. Esta estadística revela la magnitud de una parcialidad estructural que este cambio de enfoque en la presunción de legalidad corre el riesgo de agravar todavía más.


Licencia para matar: ¿qué cambia la ley sobre la presunción de legítima defensa policial?

La batalla judicial librada por la familia El Khalfaoui bajo la ley de 2017 ilustra la dificultad para obtener la verdad ante los tribunales. Aunque el policía autor del disparo contra Souheil invocó la legítima defensa, los testimonios y vídeos de las personas presentes en el lugar indican que ningún agente estaba amenazado. Una primera investigación por homicidio voluntario fue llevada a cabo por la IGPN (Inspección General de la Policía Nacional, organismo de asuntos internos, a menudo apodada “la policía de la policía”), pero fue archivada en diciembre de 2021. 

Issam El Khalfaoui cuestiona la investigación: “el policía que disparó a mi hijo no estuvo detenido. El fiscal pidió explícitamente que fuera interrogado después de todos los testigos y funcionarios. Esa misma noche del crimen, pudo hablar libremente con sus compañeros”. Para Issam, la ausencia de detención permitió una sincronización de las versiones entre compañeros, y esa detención preventiva era esencial para preservar la verdad en el momento de los hechos.

La familia, representada por su abogado Arié Alimi, se constituyó después como parte civil y presentó una denuncia por “obstrucción a la manifestación de la verdad”, tras constatar la desaparición de nueve piezas de convicción –objetos y elementos relacionados con el delito– precintadas, entre ellas, pruebas en vídeo de la escena y del interrogatorio del tirador, así como la bala mortal. Aunque finalmente aparecieron de forma repentina en 2025, la instrucción sigue estancada y continúa abierta.

Con la aprobación del texto de 2026, este tipo de batalla judicial, ya de por sí difícil, podría volverse imposible. Al presumirse legal el disparo por defecto, la fiscalía ya no tiene la obligación de abrir sistemáticamente una investigación preliminar sobre las circunstancias de los hechos. Ahora recae sobre las familias de las víctimas la carga de demostrar que el disparo fue ilegítimo para forzar la intervención de la justicia.

Si bien el ministro del Interior promete que esta presunción “simple” puede levantarse en cualquier momento mediante una prueba externa, Issam El Khalfaoui denuncia una mentira del gobierno. En la práctica, sin una prueba irrefutable, como el vídeo de un testigo que demuestre la ausencia de peligro, ninguna investigación se pondrá en marcha y el caso será archivado. El padre de Souheil recuerda que, en su caso, tuvo que esperar nueve meses para que se designara un juez. Bajo la nueva ley, es decir, sin una investigación policial inmediata, las pruebas de los primeros días, las más determinantes, desaparecen antes de poder ser recogidas. Los testigos se dispersan, la balística no se preserva y, sobre todo, las imágenes de las cámaras de videovigilancia se borran automáticamente al cabo de entre tres y 30 días como máximo. Esta nueva ley no deja, por tanto, medios a las familias para demostrar la posible inocencia de sus seres queridos asesinados.

El relator especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Morris Tidball-Binz, hizo un llamamiento a las autoridades francesas para que retiren o revisen en profundidad esta enmienda, que considera atentatoria contra los derechos humanos. Tidball-Binz estima que la ausencia de una investigación sistemática constituye una violación del artículo 6 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que garantiza el derecho a la vida.

Además, Laurent Bigot señala otro problema estructural. En Francia, las investigaciones sobre las fuerzas del orden son instruidas por la IGPN, un organismo compuesto por policías, lo que plantea un verdadero problema de independencia. Una anomalía en comparación con los países vecinos que Francia comparte con España. El exsubprefecto también alerta sobre la cercanía desleal entre los magistrados y los policías sobre los que investigan, cuando trabajan juntos a diario en otros expedientes.

Un texto racista de consecuencias mortales para los jóvenes racializados de los barrios populares

El primer blanco son los jóvenes racializados de los barrios populares”, recuerda Issam El Khalfaoui, explicando cómo pudo aprobarse el texto. “Es muy fácil, en esta Francia cada vez más escorada a la derecha, a la extrema derecha, incluso al fascismo, estigmatizar a esta población.” En una investigación de 2016, el Defensor de los Derechos —equivalente al Defensor del Pueblo en España— revela que un joven percibido como negro o árabe tiene veinte veces más probabilidades de ser sometido a un control policial que el resto de la población. En consecuencia, cuanto más los controlan, más expuestos están a que les disparen. En 2023, el caso de Nahel Merzouk conmocionó al país tras el disparo mortal de un policía durante un control de tráfico en Nanterre. El suceso catalizó la indignación de parte de la población ante esta asimetría racial de las víctimas de la policía.


El asesinato del adolescente Nahel por parte de la policía ha desatado en Francia la revuelta de los jóvenes de los barrios populares más importante desde 2005.

Ante esta realidad, Issam El Khalfaoui relata un intercambio revelador en el que consiguió que un policía reconociera que la ley se basa enteramente en la subjetividad del agente en el momento del disparo. Una confesión que, para él, resume todo el problema. Frente a un joven racializado, el sesgo racista ya documentado en las prácticas policiales hará que sea percibido más fácilmente como “peligroso” y, por tanto, más expuesto a un disparo, mientras que un joven blanco que huye en estado de embriaguez al volante (siendo esta, sin embargo, la primera causa de mortalidad vial), suscitará ese reflejo con mucha menos frecuencia.

Esta proposición de ley se produce en un contexto de fuerte presión sobre el gobierno por parte de los sindicatos policiales, en particular Alliance, cuya línea es cercana a la extrema derecha. Para Laurent Bigot, “el poder busca comprar la paz social dentro de la policía y lleva varios años cediendo ante escaladas securitarias.” El gobierno justifica estas concesiones en nombre de la protección de las fuerzas del orden frente a una violencia supuestamente inédita. El exsubprefecto recuerda, sin embargo, que las estadísticas demuestran lo contrario: hoy hay la mitad de policías muertos en servicio que en los años 1980. El verdadero peligro, documentado por el Tribunal de Cuentas, reside más bien en el grave déficit de formación en el manejo de armas de los agentes.

Lo que ilustra en realidad esta sumisión a los sindicatos policiales es un vuelco ideológico mayor de todo el espectro político hacia la extrema derecha. Si esta proposición de ley fue defendida históricamente desde 2007 por Jean-Marie Le Pen, fundador del partido de extrema derecha, la presunción de legalidad ya no es monopolio de la Agrupación Nacional. Presentada por un diputado de la derecha radical (LR), la proposición fue votada masivamente por el bloque central presidencial. “Resulta impactante recordar que en 2022 Gérald Darmanin, entonces ministro del Interior, denunciaba esta misma medida calificándola de demagógica y propia de la RN”. Este vuelco se produce en un contexto electoralista de cara a las presidenciales de 2027. El partido presidencial y la derecha tradicional (LR), muy debilitados frente al auge de la Agrupación Nacional, buscan captar una parte del electorado de la extrema derecha.

Más de 730 000 personas han expresado su indignación a través de la petición lanzada por Issam El Khalfaoui contra este texto. La mayoría presidencial aplica su método habitual, ignorando esta movilización ciudadana masiva. La Comisión de Leyes de la Asamblea Nacional se reunió este martes 21 de julio para votar en contra de la apertura de un debate sobre el tema en el hemiciclo. En el mismo contexto, la ley Yadan, que penaliza la crítica al Estado de Israel, y la ley Duplomb, que reintroduce los pesticidas y refuerza la ganadería intensiva, fueron aprobadas con la misma indiferencia hacia las peticiones ciudadanas que se les oponían, que reunieron respectivamente 700.000 y 2.100.000 firmas.

El texto conocido como “licencia para matar” sigue ahora su recorrido legislativo en el Senado, donde será debatido próximamente. Sus opositores, encabezados por las familias de las víctimas, las ONG y los sindicatos de magistrados, apuestan ahora por un recurso ante el Consejo Constitucional, las instancias europeas y la ONU para impedir este texto. Aunque la medida aún no ha sido aprobada de forma definitiva, su votación en primera lectura en la Asamblea Nacional atestigua la radicalización hacia la extrema derecha de buena parte del espectro político, incluido un gobierno que se reivindica de centro, cuando queda menos de un año para las próximas elecciones presidenciales.


Fuente: El Salto

jueves, 23 de julio de 2026

Caos calculado: así gestiona Israel el traslado de cuerpos palestinos a Gaza

 

 Por Frances Brogan   
      Estudiante de último año en la Universidad de PrincetonNew Jersey, y editora jefe del Daily Princetonian.


Miles de gazatíes siguen desaparecidos. Los trabajadores humanitarios denuncian un sistema opaco y desordenado para la repatriación de personas vivas o muertas por parte de Israel


Cadáveres de palestinos en un contenedor cerca de Karem Abu Salem – Kerem Shalom en Gaza.


     A las seis de una gélida mañana de diciembre de 2023, un camionero de Gaza abrió la tapa de un contenedor metálico de 12 metros de largo. En su interior, apilados de manera ordenada y envueltos en nailon azul brillante sujeto con bridas, encontró los restos de 80 hombres, mujeres y niños palestinos.

Funcionarios de la Administración de Coordinación y Enlace (CLA) para Gaza –la delegación local de COGAT, la unidad militar israelí que gestiona los asuntos civiles de los palestinos bajo la ocupación israelí– habían llamado a los trabajadores de la ONU esa misma mañana para pedirles que organizaran la recogida del contenedor en una terminal cercana al paso fronterizo de Karem Abu Salem (también llamado Kerem Shalom), entre la Franja de Gaza, Israel y Egipto. Ariel, una persona trabajadora de la ONU destinada en la zona (que solicitó ser citada con seudónimo y sin mencionar su género por temor a represalias por parte de Israel), envió un conductor a la terminal, quien a su vez transportó el contenedor hasta el lado gazatí del cruce fronterizo.

Aunque la CLA se había negado a dar detalles, Ariel sabía lo que había dentro. La reticencia de los funcionarios despertó sus peores sospechas; había agujeros en las paredes metálicas del contenedor del que emanaba, a 30 metros de distancia, el hedor putrefacto de cuerpos en descomposición. Pero Ariel no quería verlo con sus propios ojos; tenía que supervisar entregas urgentes de ayuda humanitaria, y ocuparse de cadáveres no formaba parte de sus funciones. Fue un alivio cuando el personal del Ministerio de Sanidad de Gaza vino a recoger el contenedor a la mañana siguiente. Como los cadáveres llegaron sin identificar y en diversos estados de descomposición –y dado que Israel ha bloqueado continuamente la entrada en Gaza de herramientas de identificación forense, incluidos los kits de pruebas de ADN–, resultó imposible contactar con las familias de los fallecidos.

Ariel y sus compañeros habían ayudado previamente a repatriar a decenas de detenidos palestinos procedentes de prisiones israelíes y campos de detención militares a través de Karem Abu Salem. No estaban seguros de si los cadáveres de este contenedor pertenecían a detenidos que habían fallecido bajo custodia israelí o a personas que habían sido asesinadas en Gaza y posteriormente trasladadas a Israel. Se desconocen los nombres de los fallecidos y las circunstancias de su muerte.

No se trata de un caso aislado. Entrevistas con más de 15 trabajadores humanitarios, la mayoría de los cuales hablaron bajo la condición de mantenerse en el anonimato por temor a ser objetivo de los ataques de Israel, revelan un sistema en el que el retorno por parte de Israel de gazatíes, tanto muertos como vivos, durante los primeros meses del genocidio se llevó a cabo con poca antelación, sin transparencia y prácticamente sin un registro fiable.

Los testimonios de Ariel y otros trabajadores humanitarios arrojan nueva luz sobre por qué la ONU y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) han tenido dificultades para dar cuenta del paradero de los miles de palestinos detenidos por Israel desde el inicio del genocidio en octubre de 2023, incluidos aquellos que podrían haber fallecido bajo custodia. Estos relatos también plantean dudas sobre la exactitud de los datos publicados, lo que sugiere que el destino de los desaparecidos –tanto vivos como muertos– podría no conocerse jamás.


Palestinos entierran cadáveres en una fosa común en Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza.

Cientos de cadáveres no identificados

Después de que Israel lanzara su invasión terrestre de Gaza, a finales de octubre de 2023, el ejército detuvo a miles de palestinos y los trasladó a centros de detención militares dentro de Israel, incluida la tristemente célebre base de Sde Teiman. Allí, los detenidos permanecieron recluidos sin cargos y totalmente aislados del mundo exterior, privados de comida, torturados y sometidos a violencia sexual.

Los centros de detención militares están concebidos para servir como lugares de retención temporal antes de que los detenidos sean trasladados al sistema penitenciario israelí y registrados formalmente. Sin embargo, muchos palestinos, a los que testigos vieron por última vez bajo custodia militar, nunca aparecieron en los registros oficiales penitenciarios o militares, según la organización israelí de derechos humanos HaMoked, lo que frustra cualquier esfuerzo por localizar su paradero.

Si bien todas las violaciones de derechos humanos imaginables se denuncian de forma insuficiente, esto es aún más evidente en el caso de las desapariciones forzadas”, afirma Grażyna Baranowska, miembro del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias. Según la ONU, ninguna guerra ni situación de emergencia puede justificar la desaparición forzada de personas; cuando se practica de forma generalizada o sistemática, puede constituir un crimen contra la humanidad.

En mayo de 2024, el personal de la ONU en Karem Abu Salem había facilitado el regreso de más de 1.500 detenidos palestinos con vida a Gaza y había recibido un total de 227 cadáveres no identificados en tres entregas distintas: 80 en diciembre de 2023, 100 en enero de 2024 y 47 en marzo de 2024. Según Zaher Al-Wahidi, un responsable sanitario de Gaza, el Ministerio de Sanidad trasladó los cadáveres que recibió al hospital Mohammed Yousef El-Najar, en la cercana ciudad de Rafah. Los fallecidos fueron finalmente enterrados en una fosa común en la ciudad, sin ningún tipo de placa que conmemorara la pérdida.

El seguimiento sistemático de la ONU finalizó en marzo de 2024, cuando la incursión de Israel en Rafah restringió drásticamente el acceso humanitario al paso fronterizo (Israel devolvió otros 100 cadáveres en agosto de 2024 y 88 en septiembre, que el Ministerio de Sanidad transportó al Complejo Médico Nasser, en Jan Yunis, antes de que fueran enterrados en el Cementerio Austriaco). Sin embargo, incluso antes de eso, la labor de seguimiento era fragmentada y puntual, ya que recaía en los trabajadores humanitarios, cuyas responsabilidades formales no incluían la recepción de detenidos o fallecidos, y la notificación por parte de Israel de las devoluciones inminentes era mínima o inexistente.

La cifra total de 415 cadáveres depositados en Karem Abu Salem entre diciembre de 2023 y septiembre de 2024 coincide con las estimaciones de los trabajadores humanitarios que participaron en los traslados. Muchos de los cadáveres estaban en estado de descomposición, les faltaban extremidades o presentaban mutilaciones; algunos estaban decapitados o habían sido desollados. Los envíos también contenían partes de cuerpos desmembrados, lo que hizo imposible determinar el número exacto de cadáveres devueltos. Desde entonces, ninguno de los cadáveres ha sido identificado.


Los cuerpos de palestinos yacen en una fosa común en Rafah, al sur de la Franja de Gaza.

La ocupación israelí se negó a facilitarnos cualquier información que indicara sus identidades o circunstancias”, lamenta Zaher Al-Wahidi. No identificar a los fallecidos, no tratar los restos humanos con dignidad y no proteger a las personas detenidas constituyen violaciones del Derecho Internacional Humanitario.

La última entrega clandestina conocida de palestinos fallecidos, por parte de Israel, se produjo en septiembre de 2024. El ejército devolvió cientos de cadáveres palestinos más como parte del acuerdo de alto el fuego del pasado mes de octubre, y ha seguido liberando pequeños grupos de detenidos con vida a través de Karem Abu Salem y Kissufim, principalmente en coordinación con el CICR.

Hoy, tras casi tres años de genocidio, alrededor de 8.000 habitantes de Gaza siguen desaparecidos, según el Centro Palestino para Personas Desaparecidas y Desaparecidas Forzosamente. Pero esas cifras se basan principalmente en las denuncias de los familiares. La cifra real es casi con toda seguridad mayor, ya que en Gaza han sido asesinadas familias enteras, sin dejar a nadie que denuncie su desaparición.

De las 5.400 solicitudes de localización presentadas por familias gazatíes a través de HaMoked, más de 1.800 residentes siguen sin aparecer, sin que el ejército israelí haya dado indicación alguna de que hayan sido arrestados o detenidos.

Tal Steiner, director ejecutivo de HaMoked, cree que es probable que la mayoría de los que siguen desaparecidos hayan fallecido, aunque aún no está claro si murieron en centros de detención improvisados ​​dentro de Gaza, bajo custodia del ejército israelí, en zonas de combate, como consecuencia de haber sido utilizados por el ejército israelí como escudos humanos, o si siguen sepultados bajo los escombros de los ataques aéreos israelíes. Es posible que algunos de ellos se encontraran entre los cadáveres no identificados que posteriormente fueron devueltos a Gaza.

La incertidumbre se ve agravada por el largo y documentado historial de Israel de retener los cadáveres de palestinos. En enero de 2026, el Estado mantenía en su poder los restos mortales de al menos 776 palestinos desde 1967, incluidas 88 personas que fallecieron bajo la custodia del Servicio Penitenciario de Israel (IPS) o del ejército después del 7 de octubre.


Cuerpos de palestinos que murieron a causa de los ataques aéreos israelíes durante la noche, en el marco de los nuevos bombardeos israelíes sobre Gaza. Hospital Europeo, Khan Younis, sur de la Franja de Gaza. 18 de marzo de 2025.

Todo es espontáneo, y eso forma parte de su plan”

El carácter aleatorio de la devolución de detenidos y cadáveres ayuda a explicar por qué no existe un recuento fiable. Aunque el CICR tiene un mandato exclusivo, en virtud del Derecho internacional humanitario, para facilitar la liberación de prisioneros y la repatriación de restos mortales, los tres primeros envíos de cadáveres no identificados fueron recibidos en su totalidad por personal de la ONU. Según Ariel, los responsables de la CLA inicialmente solo notificaron a los trabajadores de la ONU –y no al CICR– tanto la liberación de detenidos como la llegada de contenedores con cadáveres, lo que obligó al personal humanitario a improvisar una respuesta y a solicitar la ayuda del CICR a posteriori.

La ofensiva israelí de mayo de 2024 en Rafah destruyó el almacén destinado a la recepción de detenidos y limitó de forma permanente las operaciones humanitarias de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) en la zona. En última instancia, la gestión del retorno de los detenidos recayó en el CICR. Sin embargo, los trabajadores humanitarios e investigadores de otras agencias entrevistados para esta investigación se mostraron escépticos sobre si el CICR llegó a tener alguna vez la capacidad o el acceso suficientes para asumir la tarea de documentar con precisión las liberaciones y prestar un apoyo adecuado a los detenidos.

Según varios trabajadores humanitarios familiarizados con el proceso, el personal del CICR solía llegar a los almacenes de recepción, situados en el lado gazatí del paso fronterizo, cuando los detenidos ya habían recibido asistencia de los trabajadores de la ONU, o con personal insuficiente para entrevistar adecuadamente a los repatriados. En algunas ocasiones, el personal no acudió a la hora acordada, alegando falta de personal y de recursos.

¿Dónde estaba el CICR en todo esto?”, se pregunta un antiguo alto cargo de la UNRWA que pidió permanecer en el anonimato. “[Estaban] ausentes. ¿Por qué no vinieron?”.

Al no intervenir nadie más, fue el personal de la UNRWA quien, durante los primeros meses de la guerra, asumió la responsabilidad de recibir a los detenidos que regresaban y los cadáveres. Describen ese proceso como totalmente improvisado.

Antes de que se reanudara la ayuda humanitaria a través de Karem Abu Salem el 17 de diciembre de 2023, Israel liberaba a los detenidos en el paso fronterizo sin previo aviso, y los trabajadores de la ONU a menudo solo se enteraban de su llegada después de que hubieran cruzado de vuelta a Gaza.

La ONU no comenzó a registrar sistemáticamente el regreso de los detenidos hasta ese mes, después de que Ariel se encontrara con la llegada inesperada de 70 detenidos traumatizados y maltratados. “Estaban histéricos”, dijo Ariel. “No se les podía consolar. No sabían dónde estaban ni qué estaban haciendo”.


Detenidos liberados en un almacén temporal de la ONU cerca del cruce de Karem Abu Salem – Kerem Shalom en Gaza.

Entre este grupo de detenidos se encontraban un hombre de 85 años que había sido torturado, un hombre ciego al que habían privado de alimentos y un hombre con las piernas destrozadas sujetas con clavos.

Conmocionado por lo que vio, Ariel presionó a la CLA para que avisara con antelación de futuras liberaciones. Aunque esto quedaba muy fuera del ámbito de sus responsabilidades oficiales, Ariel y otros trabajadores humanitarios convirtieron un almacén en un centro de acogida improvisado y se apresuraron a conseguir comida, mantas, cepillos de dientes y cualquier otra cosa que pudieran obtener para facilitar la transición de los detenidos.

Pero, aunque Ariel y sus compañeros movilizaron recursos para apoyar a los detenidos, el sistema de repatriación siguió siendo irregular debido a la negativa de Israel a cumplir con su obligación de proporcionar información suficiente. Cuando, en algún caso, se notificaban los retornos, la CLA solía informar al personal de la ONU a altas horas de la noche de que los detenidos llegarían a las seis de la mañana del día siguiente, a menudo facilitando cifras inexactas del número de personas. En ocasiones, las liberaciones programadas se cancelaban sin explicación alguna.

Todo es espontáneo, y eso forma parte del plan”, afirmó Ariel, expresando su convicción de que el caos administrativo estaba calculado para impedir que los trabajadores humanitarios atendieran de forma integral a los detenidos que regresaban.

En ocasiones, se permitía a los trabajadores humanitarios llevar autobuses hasta el paso fronterizo. Pero en otras, la CLA obligaba a los detenidos –todos los cuales mostraban signos de desnutrición, maltrato y negligencia médica– a cruzar descalzos el corredor de tres kilómetros que separa los lados israelí y palestino de Karem Abu Salem.

Durante una de las liberaciones, la CLA impidió a los trabajadores humanitarios llevar una silla de ruedas para transportar a un niño de 12 años al que le habían disparado en las piernas mientras buscaba comida para su familia. En ocasiones, los soldados israelíes que custodiaban el paso fronterizo disparaban al suelo para incitar a los detenidos a correr, según varios trabajadores humanitarios que lo observaron de primera mano.


Trabajadores palestinos de la Franja de Gaza, detenidos en Israel desde el 7 de octubre, llegan al paso fronterizo de Kerem Shalom – Karem Abu Salem.

¿Es mi hermano? ¿Es mi padre?”

Como consecuencia del caótico proceso de retorno, el registro ha sido incompleto desde el principio.

Los trabajadores de la ONU destinados en el lado de Gaza del paso fronterizo de Karem Abu Salem ayudaron a facilitar las liberaciones de detenidos durante los primeros seis meses de la guerra; el último recuento exhaustivo de la UNRWA se remonta a abril de 2024, poco antes de que perdiera el acceso fiable al paso fronterizo y a la zona circundante. La frecuencia de las liberaciones varió considerablemente, oscilando entre dos veces por semana y una vez cada tres semanas, según varios empleados de la UNRWA. Los grupos oscilaban entre cinco y 100 detenidos y, en ocasiones, incluían a mujeres, personas mayores y niños de tan solo 12 años.

Incluso después de que se hubiera establecido un sistema ad hoc, los trabajadores humanitarios contaron que algunas liberaciones se produjeron al margen del mismo, por lo que habrían quedado sin registrar. El personal humanitario informó de que había visto a detenidos no registrados regresando a pie desde el paso fronterizo de Erez –que estuvo cerrado a los trabajadores humanitarios durante toda la guerra– y desde el paso fronterizo de la Puerta 96, que la invasión de Rafah hizo inaccesible. “Tiene que haber una diferencia sustancial entre el número de personas que se registraron y las que recibieron asistencia”, afirma un miembro del personal de la ONU que prefiere permanecer en el anonimato por temor a represalias profesionales.

La falta de transparencia sobre las liberaciones es imposible de separar de la ocultación por parte de Israel de información mucho más básica sobre quiénes habían sido detenidos en primer lugar, dónde se encontraban recluidos y cuántos habían fallecido bajo custodia. Según Naji Abbas, director del departamento de presos y detenidos de Médicos por los Derechos Humanos-Israel (PHRI), el ejército israelí tardó siete meses solo en responder a la solicitud de la organización sobre el número de detenidos que habían fallecido en centros de detención militares.

Hasta la fecha, se ha confirmado que 104 palestinos, incluidos 70 de Gaza, han fallecido bajo custodia del IPS y del ejército, según Abbas. Pero PHRI cree que la cifra real es mucho mayor, en parte porque el ejército se negó a facilitar información sobre los detenidos bajo su custodia durante los primeros nueve meses de la guerra. En ese periodo, según declaró Abbas a +972, Israel llevó a cabo “una política sistemática de asesinato de palestinos [bajo custodia israelí]”.

Tanto el sistema de registro de detenidos como el de difusión de información son muy, muy desorganizados y defectuosos”, afirmó Avshalom Matalon, investigador de desapariciones forzadas de palestinos para HaMoked. Matalon añadió que el proceso debería haber sido supervisado por el CICR, pero Israel prohibió a la organización visitar a los detenidos palestinos en las prisiones israelíes y ocultó información sobre su paradero durante toda la guerra, lo que impidió el funcionamiento de uno de los únicos mecanismos de rendición de cuentas.


Fuente: Ctxt