domingo, 3 de mayo de 2026

Palantir: la empresa más peligrosa del mundo

 

 Por Pablo Elorduy   
      Fue parte del colectivo fundador de El Salto.


Concebida por y Alex Karp como una herramienta al servicio de Estados Unidos en su proyecto de dominación, Palantir fusiona las herramientas de control, los beneficios de la guerra, la apuesta tecnológica del capital para escapar de su crisis y la ideología totalitaria en una serie de productos que se han expandido por todo el planeta


Palantir: la empresa más peligrosa del mundo.


     El infierno se desató sobre la escuela Shajare Tayebé, en Minab. Era sábado, 28 de febrero de 2026, día lectivo en Irán. La jornada de clases había sido suspendida por los bombardeos estadounidenses, pero cientos de personas permanecían en el edificio, esperando a que el alumnado fuera recogido por sus familias. Se trataba de un proceso lento, ya que muchas chicas y chicos vivían en los pueblos de alrededor y debían esperar a que llegasen los vehículos desde las zonas rurales. Tres misiles Tomahawk cayeron sobre la escuela de Minab causando 175 víctimas mortales, la mayoría niños y niñas.


Una escuela de primaria en Minab, al sur de Irán, fue bombardeada por EEUU e Israel.

Shajare Tayebé es el escenario del primer presunto crimen de guerra de la Operación Furia Épica lanzada por Estados Unidos e Israel. Según han admitidofuentes del ejército estadounidense, cuya administración al principio negó el ataque, se trató de un error. El software utilizado para la clasificación de objetivos había establecido esa escuela infantil como una infraestructura militar. 

Así estaba designada desde 2013 y nadie —ni humano, ni máquina— había cambiado la clasificación de ese centro, que desde hace tiempo era independiente del edificio militar adyacente.


El sistema de combate Aegis se muestra a bordo del USS Vincennes (CG-49), el buque de guerra cuya tripulación confundió el vuelo 655 de Iran Air con un avión de combate atacante y lo derribó en 1988, matando a las 290 personas a bordo.

Un software de mando y control llamado Maven, basado en la hipótesis de que la velocidad en la toma de decisiones es diferencial para la victoria en una guerra, seleccionó la infraestructura civil y los humanos avalaron la decisión de bombardear la escuela.

Se trata de un sistema de inteligencia artificial requerido por el Pentágono para el análisis de inteligencia, vigilancia y planificación de ataques.

Otras investigaciones señalan que Maven fue también la herramienta detrás de la operación de secuestro de Nicolás Maduro lanzada por la Casa Blanca el 3 de enero de 2026. El 21 de marzo de 2026, tres semanas después de la masacre de Minab, Reuters informaba de que un memorándum del Pentágono establecía Maven como el sistema militar central de Estados Unidos. Detrás de Maven está Palantir o, como la ha calificado Robert Reich, antiguo responsable de Trabajo en la administración Obama, “la compañía más peligrosa de América”.

Poco conocida con respecto a las principales compañías del Big Tech (Google, Amazon, Meta, Apple), Palantir Technologies es una veterana en Silicon Valley. La primera piedra de la empresa la puso la agencia de inteligencia estadounidense CIA a través de su fondo de inversión In-Q-Tel. La CIA seguía el instinto de Peter Thiel y Alex Karp, fundadores de Palantir, quienes detectaron que los ataques del 11 de septiembre de 2001 podían haberse anticipado con una infraestructura capaz de presentar de manera simple y operativa los datos que ya estaban en las bases de las principales agencias de inteligencia del país.

Así creció Palantir que, a través de los software Gotham (para instituciones de control) y Foundry (para empresas), se ha expandido por todos los puntos de “Occidente” con una apuesta basada en la dominación. La empresa proporciona sistemas que permiten a agencias gubernamentales acceder a un panóptico de vigilancia y, una vez establecida en ellas, se hace parte imprescindible de la gestión política del Estado, aportando una base de opacidad e intrazabilidad de las decisiones que esquiva la rendición de cuentas democrática.

El 18 de abril, el cofundador de Palantir, Alex Karp, y Nicholas W. Zamiska, jefe de asuntos corporativos de la empresa lanzaban un manifiesto a través de la red de extrema derecha X que ha situado a la compañía como tema de conversación en todo el mundo. Basado en el libro La república tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidenteescrito por Karp y Zamiska y publicado en 2025, el manifiesto ha generado miles de post y artículos, pero ha tenido también un impacto colateral entre la plantilla de la compañía. “Se suponía que éramos nosotros quienes debíamos prevenir muchos de estos abusos. Ahora no los prevenimos. Parece que los estamos propiciando”, explicaba uno de esos trabajadores al medio estadounidense Wired.

Pero, ante todo, el manifiesto ponía en primer plano algunos de los discursos que Karp ha enarbolado en los últimos años. Su hipótesis es que la sociedad estaounidense se ha adocenado, que la “psicologización de la política moderna” es una desviación del camino correcto y que la industria tecnológica ha estado orientada a satisfacer esa comodidad, lo que ha hecho que EEUU se haya retrasado en la carrera armamentística y la defensa de la nación, algo con lo que abren el manifiesto. Para ello, sugieren una vuelta del servicio militar obligatorio y la primacía que debe ocupar EEUU era en la “disuasión basada en la IA”.


La máquina de los asesinatos en masa: Silicon Valley abraza la guerra.

Otro de los elementos que ha llevado al manifiesto a ser adjetivado como “los desvaríos de un supervillano”, es un fuerte sesgo supremacista, explicitado en sentencias como que “algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas”.


El manifiesto de Palantir ha sido calificado de «divagaciones de un supervillano» en medio de temores sobre contratos en el Reino Unido.

Expandida por todo el mundo

Sumando los contratos obtenidos del Departamento de Seguridad Nacional, el Departamento de Defensa y el Pentágono, la compañía obtuvo 1.855 millones de dólares de ingresos procedentes del gobierno estadounidense en 2025. El 55% de los ingresos de Palantir depende de esos contratos, lo que da muestra de la imbricación de la actual administración Trump, sus políticas del shock y la posición monopolística que está ocupando la compañía de Thiel y Karp en el actual proceso de acumulación militarizada. Palantir es el propietario de un software que está forjando las bases del nuevo Estado policial estadounidense, según ha descrito Robert Reich. A raíz del manifiesto Palantir, los autores Arnaud Miranda y Gilles Gressani describían cómo “tras el vocabulario republicano, se despliega una estrategia que puede resumirse en una fórmula: transformar el Estado en una filial de su propia infraestructura digital, vaciando así la soberanía de su dimensión democrática”.


El manifiesto de Palantir para la dominación.

El Ministerio de Defensa español, el servicio de inteligencia francés o sistemas como el de salud y el de disuasión nuclear británicos han contratado los servicios de Palantir, que también se ofreció a gestionar a bajo precio sistemas logísticos de distribución de ayuda por parte de ONG. Una experiencia que ahora sirve para la gestión de las razias migratorias llevadas a cabo por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU (ICE) a través del programa ImmigrationOS proporcionado por la compañía de Thiel y Karp.


Manifestación contra la agencia policial de fronteras ICE en Nueva York.

La periodista especializada en tecnología y derechos humanos Marta Peirano explica que la base del poder que acumula Palantir es la gestión privada de datos que son provistos por agencias públicas. A partir de ese análisis y presentación, la compañía plantea modelos algorítmicos de toma de decisión que proporcionan soluciones aparentemente técnicas. En tercer lugar, Palantir entrena sus modelos de inteligencia artificial a partir de los datos y la experiencia recabada, de forma que, aunque la compañía defiende que no acumula esos datos, en la práctica se convierte en el combustible con que nutre su producto.

En toda la cadena de decisiones hay consideraciones éticas sobre la privacidad y los sesgos empleados para esos perfilamientos que llaman la atención de los defensores de derechos humanos en todo el mundo. Hay una “delegación de funciones y de responsabilidades por parte del Gobierno”, detalla Peirano, que convierte a la compañía en un actor privilegiado en el timón de instituciones, a priori, sujetas al escrutinio democrático. Como ha advertido el investigador francés Olivier Tesquet, coautor de Apocalipsis Nerd, por medio de esa posición de poder en la toma de decisiones, Palantir aspira a convertirse en “el sistema nervioso del próximo orden mundial”.

El anticristo y el transhumanismo

Una empresa peligrosa requiere fundadores peligrosos. En la campaña de 2016, Thiel fue uno de los grandes donantes de Trump, el primero dentro del hasta entonces nominalmente liberal Silicon Valley. Posteriormente se convirtió en el gran valedor del ahora vicepresidente de EEUU, JD Vance. Tras la victoria del ticket formado por Trump y Vance en 2024, Thiel colocó a parte de su séquito en lugares clave de la administración estadounidense. Otra de las figuras fundamentales del Gobierno de Trump, el portavoz y subdirector del Gabinete de Políticas de la Casa Blanca, Stephen Miller, tiene una participación de varios cientos de miles de dólares en Palantir.

El fundador de Palantir supo ver el potencial de Donald Trump como acelerador de las tendencias posdemocráticas necesarias para su proyecto político. Su credo está emparentado con el de la Ilustración Oscura. Se basa en la preeminencia de los monopolios, monarquías corporativas, destinadas a dirigir ciudades o territorios fuera del principio democrático. La hipótesis se ha puesto en funcionamiento en islas como Roatán —cedida por el gobierno corrupto de Juan Orlando Hernández, en Honduras— donde el municipio de Próspera es una “zona de empleo y desarrollo económico” fundada en 2017 con el dinero de una serie de tecnooligarcas, entre los que se encuentra Thiel. Próspera prefigura un plan mucho más ambicioso: el control de las poblaciones mediante la tecnología y la vigilancia y, al mismo tiempo, el desarrollo de las criptomonedas como herramienta para el control por medio de la economía. Mutatis mutandis es el mismo plan presentado por Jared Kushner para la “nueva Gaza”.

Próspera ha sido, también, un pequeño laboratorio de experimentación clínica, siguiendo el principal deseo de trascendencia que mueve a Thiel y a otros inversores como Sam Altman (Chat GPT) o el inversor Marc Andreesen, seguidores de las filosofías Tescreal. Este acrónimo, puesto en circulación de manera crítica por el filósofo Emile P. Torres, engloba a una serie de ramas del pensamiento entre las que destacan el Transhumanismo y el Largoplacismo, en el que Thiel milita activamente.

Estas ideologías coinciden en un punto clave: la extinción de los seres humanos puede ser el daño colateral de la llegada de los individuos poshumanos, una idea defendida por Thiel, entre otros. Como ha señalado Torres respecto al largoplacismo en el podcast Utopía X: “Veo el largoplacismo como un movimiento a favor de la extinción que, como tal, representa una amenaza significativa y a corto plazo para nuestra especie, porque a los largoplacistas no solo les interesa crear poshumanos en algún momento, sino que quieren crear poshumanos lo antes posible”.

De la escuela de Frankfurt a la escuela de Minab

El segundo nombre más reconocido de Palantir es el de Alex Karp, CEO de la empresa. A diferencia de Thiel, Karp se remite a la tradición filosófica europea, en principio lejos del milenarismo profético que caracteriza al primero. Influido por Jünger Habermas y la Escuela de Frankfurt, Karp ha virado de un discurso que inicialmente se entendía como “la izquierda de Palantir” a un pensamiento que encuentra dos enemigos fundamentales.

En primer lugar, los enemigos de lo que ellos llaman “Occidente”, es decir, Rusia, Irán y, sobre todo, China. En segundo lugar, el llamado “virus woke”, con el que la extrema derecha clasifica a la izquierda defensora de los derechos humanos. Como resume Tesquet, para Karp “las democracias están perdiendo una especie de guerra de civilizaciones contra sus adversarios autoritarios, no porque carezcan de talento, sino porque sus ingenieros se han vuelto demasiado aprensivos como para poner sus habilidades al servicio del poder militar”.

De origen judío, el factor que ha disparado el discurso más violento por parte de Karp ha sido el genocidio llevado a cabo por Israel en Gaza, del que Palantir ha participado orgullosamente, como ha confirmado el propio CEO de la empresa.

Los asesinatos extrajudiciales son parte de los daños que la civilización debe asumir, según la ideología expuesta por Karp, que progresivamente bebe más de una fuente alemana radicalmente distinta a las de Frankfurt, como es el pensamiento del jurista del Tercer Reich Carl Schmitt con respecto a la dicotomía amigo-enemigo en la que se basan los Estados para su mayor prosperidad. En un giro inusual, el manifiesto publicado en abril por Karp y Zamiska hacía un guiño a las potencias del Eje en la II Guerra Mundial, en su punto número 15: “El desarme de Alemania fue una corrección excesiva por la que Europa ahora está pagando un alto precio. Un compromiso similar y altamente teatral con el pacifismo japonés, si se mantiene, también amenazará con cambiar el equilibrio de poder en Asia”.

Como ha concluido Olivier Tesquet, Palantir ocupa un puesto central en la biopolítica del capitalismo tardío, decidiendo quién debe vivir —incluso, siguiendo el credo de Thiel, qué tipo de seres poshumanos deben sobrevivir a la especie homo sapiens— y quién debe morir, en una apuesta por la necropolítica difícil de revertir. Para hacerlo, concluye Peirano, no basta con acabar con la dependencia creciente que los Estados occidentales han adoptado con respecto a Palantir, sino que será necesario destruir las bases de datos acumuladas por esta compañía, una empresa que aspira a crear una especie de Razón Tecnológica de Estado, una versión acelerada y privada de las tendencias autoritarias latentes en las democracias liberales.


Fuente: El Salto

sábado, 2 de mayo de 2026

La burbuja de ilusión de Occidente sobre Israel —y sobre sí mismo— finalmente está estallando

 

 Por Jonathan Cook   
      Periodismo independiente, a contracorriente.


El genocidio en Gaza y la limpieza étnica en el Líbano agotaron la legitimidad moral de Occidente. Ahora Irán está agotando lentamente la primacía militar de Occidente


Manifestantes sostienen una pancarta durante la concentración. Se congregaron frente a la Embajada de Estados Unidos en Nine Elms para protestar contra las acciones militares estadounidenses e israelíes en Oriente Medio.


     Durante décadas, dos narrativas irreconciliables sobre Israel y sus motivaciones han coexistido en paralelo.

Por un lado, la narrativa oficial occidental presenta a un valiente y asediado Estado «judío» de Israel, desesperado por alcanzar la paz con sus hostiles vecinos árabes. Incluso hoy en día, esa historia domina el panorama político, mediático y académico.

Una y otra vez, o al menos eso nos dicen, Israel ha tendido la mano a "los árabes", buscando su aceptación, pero siempre ha sido rechazado.

Un trasfondo en gran medida tácito sugiere que los regímenes supuestamente irracionales, sanguinarios y antisemitas de toda la región habrían completado la agenda exterminadora de los nazis de no ser por la protección humanitaria que Occidente brindó a una minoría vulnerable.

Una contranarrativa palestina, aceptada en gran parte del resto del mundo, es silenciada en Occidente como una "calumnia de sangre" antisemita.

Presenta a Israel como un estado supremacista étnico y altamente militarista, armado por Estados Unidos y Europa, empeñado en la expansión, las expulsiones masivas y el robo de tierras.

Desde esta perspectiva, Occidente implantó a Israel como un puesto militar colonial, con el fin de someter a la población palestina nativa y aterrorizar a los estados vecinos mediante demostraciones de fuerza implacables y abrumadoras.

Los palestinos no pueden alcanzar la paz ni ningún tipo de acuerdo, porque Israel solo busca la conquista, la dominación y la aniquilación. No hay término medio posible.

La prueba, señalan los palestinos, es la persistente negativa de Israel a definir sus fronteras. A medida que su poder militar ha crecido década tras década, han surgido agendas políticas cada vez más extremas, que exigen no solo la anexión por parte de Israel de los últimos vestigios de los territorios palestinos que ocupa ilegalmente, sino también la expansión hacia estados vecinos como Líbano y Siria.


El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich, asiste a una reunión en el parlamento, la Knesset, en Jerusalén.

Embriagados de poder

Aquí tenemos dos relatos contradictorios en los que cada bando se presenta como víctima del otro.

Dos años y medio después del inicio de una serie de guerras israelíes contra los pueblos de Gaza, Irán y Líbano, ¿cómo se mantienen estas dos perspectivas?

¿Acaso Israel parece un pacificador frustrado que se enfrenta a oponentes bárbaros, o un estado canalla cuya agresión durante décadas ha provocado la misma violencia de represalia que se utiliza para justificar su constante actividad bélica?

¿Es Israel un pequeño estado fortaleza, reacio a defenderse, o un aliado militar occidental tan embriagado de su propio poder que no puede limitar sus ambiciones territoriales, del mismo modo que un gran tiburón blanco no puede dejar de nadar?

Lo cierto es que los últimos 30 meses han puesto de manifiesto, de forma contundente, no solo lo que Israel siempre ha sido, sino también, por extensión, lo que nuestros propios estados occidentales aspiraban a lograr a través de su cliente predilecto en Oriente Medio.

En un momento de imprudencia el mes pasado, Christian Turner, el sucesor de Peter Mandelson como embajador británico en Estados Unidos, dejó escapar la verdad. Washington, el centro imperial de Occidente, dijo, no tenía una lealtad profunda hacia sus aliados, salvo uno.

Sin saber que sus palabras estaban siendo grabadas, les dijo a un grupo de estudiantes visitantes: "Creo que probablemente hay un país que tiene una relación especial con Estados Unidos, y ese es probablemente Israel".


Christian Turner fue nombrado embajador de Gran Bretaña en Estados Unidos en diciembre de 2025.

Esa relación especial exige que la clase política y mediática de otros estados clientes de Washington, como Gran Bretaña, protejan a la Esparta de Occidente en Oriente Medio del escrutinio crítico.

Las atrocidades de Israel se han vuelto tan flagrantes que el gobierno británico anunció el mes pasado el cierre de la unidad del Ministerio de Asuntos Exteriores encargada de investigar los crímenes de guerra —alegando la necesidad de recortes— para evitar que se expusiera aún más su complicidad en dichos crímenes.


Edificios destruidos en Gaza.

Si el gobierno británico se niega a supervisar los crímenes de guerra de Israel, no esperen más de los medios de comunicación tradicionales.

Durante meses, Israel ha estado arrasando pueblo tras pueblo en el sur del Líbano, expulsando a millones de habitantes de las tierras que sus antepasados ​​habían habitado durante milenios, y esto apenas preocupa a nuestros políticos y medios de comunicación.

Israel está destruyendo el suministro de agua de Gaza, como ya hizo anteriormente con los hospitales y el sistema de salud del pequeño enclave, lo que garantiza una mayor propagación de enfermedades, y nuestros políticos y medios de comunicación apenas tienen una palabra que decir al respecto.


Los habitantes del barrio de Sheikh Radwan, en la ciudad de Gaza, recogen agua de camiones cisterna.

Israel asesina a periodistas personal de emergencias en Gaza y Líbano semana tras semana, mes tras mes, y esto apenas provoca la reacción de la clase política y mediática.

Israel declara “líneas amarillas” en Gaza y Líbano, demarcando fronteras ampliadas que formalizan el robo de tierras ajenas, y esto se convierte instantáneamente en la nueva normalidad.

Israel viola continuamente los altos el fuego en Gaza y Líbanosembrando la miseria e incitando aún más la ira y el resentimiento, y una vez más, nuestros políticos y medios de comunicación hacen la vista gorda.

¿Qué medios de comunicación occidentales están señalando un hecho sumamente revelador: que Israel ahora ocupa más territorio del Líbano que Rusia del que ocupa Ucrania?

Sesgo de los medios

Un análisis realizado el mes pasado por el grupo de monitoreo de medios Newscord confirmó investigaciones anteriores: que los medios británicos evitan cuidadosamente nombrar la limpieza étnica y el genocidio cuando es Israel, y no Rusia, quien los lleva a cabo.

Al comparar la cobertura de los medios de comunicación británicos más "serios" —la BBC, The Guardian y Sky— con la de Al Jazeera, el estudio concluyó que los medios británicos optan sistemáticamente por ocultar la responsabilidad de Israel por sus crímenes.

Israel fue identificado como responsable de los ataques en Gaza en solo la mitad de los reportajes de noticias británicos, en contraste con casi el 90 por ciento de los de Al Jazeera. Como señaló Newscord: «En la mitad de los casos, a los lectores de la BBC no se les dice quién mató a la persona en cuestión».

Eso quedó ilustrado gráficamente en un tristemente célebre titular de la BBC: "Hind Rajab, de 6 años, encontrada muerta en Gaza días después de haber llamado pidiendo ayuda".

De hecho, un tanque israelí acribilló a balazos un coche estacionado a pesar de que el ejército israelí sabía desde hacía horas que en su interior se encontraba una niña palestina —la única superviviente de un ataque anterior— a la que los equipos de emergencia intentaban desesperadamente rescatar. Israel también asesinó al equipo de rescate.

En otro hallazgo revelador, Newscord señala que cuatro de cada cinco reportajes de la BBC sobre las bajas causadas por los ataques israelíes utilizaron la voz pasiva, en lugar de la activa, con la clara intención de minimizar la culpabilidad y la brutalidad de Israel.

Los medios británicos también minimizaron activamente la magnitud del número de palestinos muertos en Gaza, atribuyendo regularmente las cifras a un ministerio de salud "afiliado a Hamás", a pesar de que las cifras, que actualmente superan los 70.000 palestinos, son casi con toda seguridad una subestimación masiva, dada la temprana destrucción del gobierno del enclave por parte de Israel y su capacidad para contabilizar a los muertos.

El hecho de que las Naciones Unidas hayan considerado creíbles las cifras de Gaza solo se mencionó en el 0,6 por ciento de los informes.

Intención genocida

De manera similar, la BBC y The Guardian optaron por humanizar a los cautivos israelíes de Hamás con el doble de frecuencia que a los cautivos palestinos del Estado israelí.

La inadecuación de ese doble rasero queda acentuada por las continuas insinuaciones de políticos y medios de comunicación de que Hamas "decapitó bebés" y llevó a cabo violaciones sistemáticas el 7 de octubre de 2023, más de dos años después de que esas afirmaciones fueran completamente desacreditadas.

Compárese esto con el efectivo silenciamiento mediático del informe de Euro Med Monitor del mes pasado sobre la repugnante práctica del ejército israelí de violar a prisioneros palestinos con perros entrenados precisamente para ese fin.

Se ha multiplicado el relato de palestinos cautivos por Israel sobre violaciones y abusos sexuales sistemáticos, testimonios confirmados por organizaciones de derechos humanos y por denuncias de soldados y personal médico israelíes. Sin embargo, estos relatos apenas tienen repercusión en los medios de comunicación occidentales.

Newscord señala otro problema velado que distorsiona la cobertura occidental: la omisión de hechos establecidos pero inconvenientes que presentarían a Israel bajo una luz depravada, es decir, veraz.

Por ejemplo, señala Newscord, la BBC no ha informado en absoluto, salvo en una sola, de las cientos de declaraciones claramente genocidas realizadas por funcionarios israelíes, desde el primer ministro Benjamin Netanyahu en adelante.

Es fácil comprender por qué. Las autoridades legales suelen tener dificultades para determinar de forma concluyente si se ha cometido un genocidio porque, fundamentalmente, depende de inferir la intención, que normalmente está oculta por quienes cometen atrocidades.

Resulta innegable que, en el caso de Israel, sus acciones en Gaza no solo parecen un genocidio, sino que sus líderes han dejado meridianamente claro que dichas acciones tienen una intención genocida. Este comportamiento solo se observa en quienes se sienten impunes.

Una vez más, los medios británicos se han encomendado obedientemente de proteger a Israel de cualquier riesgo legal; todo ello en aras de una información objetiva, como bien saben.

Una vieja historia

Esto no es nada nuevo. La historia se repite desde antes de la violenta creación de Israel en la patria palestina en 1948, cuando Israel llevó a cabo una limpieza étnica contra el 80% de la población nativa en el nuevo estado autoproclamado "judío". O cuando, según el discurso engañoso que siguen empleando las élites políticas, mediáticas y académicas occidentales, unos 750.000 palestinos "huyeron".

El objetivo ha sido crear y mantener una burbuja de ilusión para el público occidental, una en la que nuestros propios crímenes —y los de nuestros aliados— permanezcan invisibles para nosotros.

Cabe destacar, en este sentido, la decidida exclusión de Israel por parte del gobierno británico de una reciente investigación «independiente», dirigida por el exfuncionario de Whitehall Philip Rycroft, sobre la influencia financiera extranjera perniciosa en la política británica. Por supuesto, Rusia fue la principal protagonista de la investigación.

Como era de prever, el gobierno de Keir Starmer rechazó en abril una petición firmada por más de 114.000 personas que solicitaban una investigación pública similar sobre la influencia del poderoso lobby israelí.

Eso no fue ninguna sorpresa, dado que cualquier investigación de ese tipo habría corrido el riesgo de poner de relieve los cientos de miles de libras que se sabe que Starmer y sus ministros recibieron de grupos de presión proisraelíes.

La misma clase política y mediática británica tan reacia a investigar la influencia perniciosa del lobby proisraelí también ignora la actual y sistemática destrucción de aldeas e infraestructuras por parte de Israel en todo el sur del Líbano, en flagrante violación de un supuesto alto el fuego.

Soldados israelíes han declarado a los medios locales que su trabajo consiste en atacar indiscriminadamente todas las estructuras, sean civiles o "terroristas", con el objetivo de impedir que los habitantes libaneses regresen a sus aldeas.

Esto coincide con el anuncio de Israel de que no tiene intención de retirarse una vez que cesen los combates, y con los planes generalizados para colonizar los territorios ocupados en el Líbano con colonos judíos.

Si no fuera por los vídeos de Israel bombardeando comunidades libanesas que se han difundido en las redes sociales, a pesar de la supresión algorítmica, quizás no sabríamos de los esfuerzos masivos de Israel por llevar a cabo una limpieza étnica en el sur del Líbano.

En respuesta a estos videos, The Guardian publicó un inusual reportaje en los medios de comunicación convencionales sobre la campaña de destrucción, minimizando el horror que vivieron las familias libanesas al descubrir que sus hogares habían desaparecido, junto con recuerdos y reliquias invaluables. El periódico describió esta experiencia —absurdamente— como «agridulce».

Los críticos señalan un patrón constante. Israel no solo está arrasando el sur del Líbano; en los últimos 30 meses, también ha arrasado casi todos los edificios de Gaza.

Pero el modelo para ambos tiene un origen mucho más antiguo, como aprende todo palestino desde temprana edad.

Tras haber expulsado a la mayoría de los palestinos de sus hogares en 1948, Israel pasó años dinamitando unos 500 pueblos uno tras otro, incluso mientras los líderes israelíes afirmaban públicamente que suplicaban a los refugiados que regresaran y los líderes occidentales ensalzaban a Israel como la "única democracia" de Oriente Medio.

Las expulsiones que Occidente aún finge que no ocurrieron hace ocho décadas se están transmitiendo en directo. Esta vez, son imposibles de negar, al igual que la agenda colonial y supremacista que las sustenta.

Vilipendiar al mensajero

Si el mensaje implícito en las atrocidades de Israel ya no puede desaparecer, blanquearse ni normalizarse, como ocurría en una época anterior a las noticias continuas de 24 horas y las redes sociales, entonces se requiere una estrategia diferente: vilipendiar al mensajero.

Esta es la tarea política de nuestro tiempo.

La izquierda antirracista es demonizada como fanática antisemita por intentar reventar la burbuja de ilusión que Occidente ha mantenido durante mucho tiempo, denunciando ruidosamente tanto las atrocidades cometidas por Israel, supuestamente en nombre de los judíos, como la complicidad de sus propios gobiernos en esas atrocidades.

El mes pasado, el gobierno de Starmer aprobó en la Cámara de los Comunes una ley que permite a la policía prohibir las protestas que causen "perturbaciones acumulativas", es decir, protestas repetidas como las que se llevaron a cabo contra el genocidio israelí en Gaza. Los medios de comunicación apenas reaccionaron.

El ataque perpetrado esta semana contra dos hombres judíos en Golders Green, presuntamente por un hombre con problemas mentales y un largo historial de violencia, está siendo rápidamente aprovechado por los principales partidos para preparar restricciones aún más severas al derecho a la protesta.

Los británicos que intentan detener los crímenes de guerra israelíes, ya sea atacando las fábricas de la muerte de Israel ubicadas en el Reino Unido o portando pancartas en apoyo de este tipo de acción directa, siguen siendo tratados como "terroristas", incluso después de que un tribunal dictaminara que la prohibición de Palestine Action es ilegal.

Ante la frecuente reticencia de los jurados a condenar, el Estado británico ha optado por manipular abiertamente los juicios. Se impide a los jurados conocer los motivos de los ataques contra las fábricas de armas israelíes, principal argumento de la defensa de los acusados. Los jueces instruyen a los jurados para que dicten sentencia condenatoria.

Los ciudadanos que sostienen carteles en silencio a las afueras de los tribunales son arrestados por recordar a los jurados un derecho legal consagrado desde hace mucho tiempo a desobedecer tales instrucciones, seguir su conciencia y absolver; un abuso policial que contraviene cientos de años de precedentes legales y que los tribunales parecen cada vez más dispuestos a tolerar.

Existen medidas cautelares, acatadas dócilmente por los medios de comunicación, sobre otras prácticas ilícitas secretas diseñadas para ayudar al gobierno británico a obtener los veredictos que necesita para frenar el activismo contra el genocidio. Solo lo sabemos porque la diputada de su partido, Zarah Sultana, ha utilizado su inmunidad parlamentaria para denunciarlas.

Esta semana resultó significativo que, en el actual juicio por repetición contra seis acusados ​​de Palestine Action, cinco de ellos prescindieran de sus abogados para los alegatos finales. Señalaron, con tono sombrío, que sus representantes legales no podían representarlos adecuadamente debido a "decisiones tomadas por el tribunal".

Mientras tanto, el gobierno de Starmer sigue adelante con sus planes para deshacerse finalmente de los jurados problemáticos y dejar que jueces más fiables decidan por sí solos estos juicios políticos farsa.

Bienvenidos al rápido desmoronamiento de los derechos constitucionales más preciados de Gran Bretaña, necesarios principalmente, al parecer, para proteger a un país lejano que, según la Corte Internacional de Justicia , comete el crimen de apartheid contra los palestinos y que posiblemente esté cometiendo genocidio en Gaza.

Una lección dolorosa

Pero, por supuesto, el gobierno británico —al igual que los gobiernos de Estados Unidos, Alemania y Francia— no está socavando su democracia liberal solo para proteger a Israel. Se ve obligado a llegar a tales extremos por desesperación.

Occidente ya no puede sostener la burbuja de ilusión —sobre su superioridad moral o civilizatoria— en un mundo de recursos menguantes, un mundo donde las élites occidentales están dispuestas a provocar la destrucción del planeta para proteger las ganancias de los combustibles fósiles de las que se han vuelto obesas.

La agenda de la élite Epstein es cada vez más transparente en su país y cada vez más cuestionada en el extranjero. El genocidio en Gaza y la limpieza étnica en el Líbano han agotado la legitimidad moral de Occidente. Ahora, Irán está agotando lentamente la primacía militar de Occidente.

No sorprende que un imperio estadounidense en sus últimas, un imperio construido sobre el control de los combustibles fósiles, haya elegido el estrecho de Ormuz , el mayor puerto petrolero del mundo, como escenario para su batalla final.

Israel fue, en efecto, implantado en la región hace ocho décadas como un estado títere altamente militarizado cuya principal función era proyectar el poder occidental, es decir, el estadounidense, en el rico Oriente Medio.

Estados Unidos protegió a Israel del escrutinio público por la opresión que ejerce sobre los palestinos y el robo de su tierra natal.

A cambio, el "valiente" Israel ayudó a Estados Unidos a construir una narrativa interesada que requería la contención y el derrocamiento de los gobiernos nacionalistas seculares en Oriente Medio, al tiempo que protegía a monarquías retrógradas que fingían oponerse a Israel mientras secretamente conspiraban con él.

Los estados resultantes de la región, asediados y divididos, eran vulnerables al control. Carecían de gobiernos responsables que respondieran a las necesidades de su población y que pudieran aliarse para proteger los intereses de la región de la injerencia colonial occidental.

Ahora, Irán está poniendo a prueba este sistema, que lleva décadas en funcionamiento, hasta su destrucción. Está obligando a los estados del Golfo a elegir: ¿seguirán sirviendo a Estados Unidos, a pesar de que este ha demostrado no poder protegerlos, o se aliarán con Irán, que emerge como una nueva gran potencia y cobra tasas por el paso por el estrecho?

Occidente está aprendiendo rápidamente que los drones baratos pueden eludir incluso sus sistemas de detección más sofisticados, y que unas pocas minas y lanchas patrulleras pueden estrangular gran parte del combustible del que depende la economía mundial.

La burbuja de la ilusión finalmente ha estallado. Occidente está recibiendo un duro y largamente esperado despertar. La lección será, sin duda, dolorosa.


Fuente: Jonathan Cook