lunes, 27 de abril de 2026

Las garras vuelven al Líbano

 

  Por Bruno Thevenin   
      Fotoperiodista.

El Líbano se desangra por las mismas heridas que no pudieron vendar


Um Hamed, una mujer libanesa desplazada de Nabi Chit_Al-Nabi Shayth, regresa para inspeccionar lo que queda de su hogar tras varios días de ausencia.

     —¿Oyes ese sonido? Lo llamamos el sonido del monstruo —señala Mahdi Abu Zeid, un paramédico voluntario de 30 años, mientras señalaba al cielo en referencia al constante zumbido del dron israelí.

En ese momento, Mahdi no sabe que ese mismo sonido, solo una semana después, será el último sonido que escuche. Mientras evacúa a sus compañeros, Mahdi es asesinado por un impacto de dron y se convierte en una de las más de 80 víctimas del personal sanitario asesinadas por Israel desde el comienzo de esta ofensiva en el Líbano, iniciada el pasado 2 de marzo.

Esta nueva incursión no es un hecho aislado. Al igual que en Gaza, la retórica de Gobierno israelí ha recuperado la deshumanización del árabe como “animal humano” o “salvaje” para despojarlo de su derecho a la existencia y a la tierra. No se trata solo de una operación militar; es una estrategia de colonización para vaciar el territorio y justificar su ocupación. El asesinato sistemático de sanitarios y la destrucción de infraestructuras civiles buscan convertir el sur del Líbano en una zona inhabitable, allanando el camino para una expansión territorial que ya ni siquiera se oculta.

Israel inició esta ofensiva marcando una sentencia de muerte al sur del Franja: todo lo que permaneciese en ese terreno sería considerado un blanco. Semanas de bombardeos buscaron imponer una buffer zone de escombros allí donde su ejército apenas ha logrado avanzar unos kilómetros. Ahora, bajo la sombra de un alto el fuego, han trazado una nueva frontera: la “Línea Amarilla”.

Al igual que en Gaza, este límite no es solo militar, sino extractivista; se extiende hasta el mar para asegurar el control de valiosos yacimientos energéticos. El modus operandi se repite ante la pasividad que implica inacción de la comunidad internacional, se deshumaniza al adversario para justificar la aniquilación, mientras el mapa de Israel se expande.

El balance de esta última ofensiva en poco más de un mes es demoledor: ha superado ya los 2,300 muertos, de los cuales 130 niños y 110 mujeres, además de 15 periodistas, la última, asesinada el pasado 22 de abril durante el supuesto alto el fuego. Con alrededor de 6.700 heridos y más de un millón de desplazados que han tenido que abandonar sus hogares, el país enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes.

Las pruebas son claras y están a la vista de todo aquel que quiera mirar: hospitales bombardeados, desplazamientos forzosos, ataques directos a la FINUL, el uso de fósforo blanco y el borrado sistemático de los pueblos del sur. A esto se suma la destrucción de infraestructuras críticas. Todo está documentado, pero choca contra el muro de la inacción internacional. Una comunidad global que, tras años de normalizar la agonía en el Líbano y el genocidio en Gaza, ha validado el exterminio como una herramienta política aceptable.

No es que no supiéramos lo que vendría, es que el silencio se ha convertido en la música de fondo de esta nueva tragedia. Hoy, ese vacío de respuesta permite que el mismo patrón de destrucción ejecutado en la Franja se traslade ahora, con la misma impunidad, al territorio libanés.



Galería fotográfica del autor



Un residente de Nabi Chit pasea por el centro de la localidad, convertido ahora en un escenario de ruinas y soledad.

Un perro entre los escombros de una vivienda en Baalbek tras un bombardeo israelí que acabó con la vida de toda la familia que residía en ella, mientras celebraban el iftar.


Familiares de un paramédico libanés se despiden de él en su funeral en el sur de Beirut en un cementerio improvisado esperando poder enterrarlo en un lugar seguro.Familiares de un paramédico libanés se despiden de él en su funeral en el sur de Beirut en un cementerio improvisado esperando poder enterrarlo en un lugar seguro.
Restos de sangre sobre el asfalto tras el ataque selectivo con un dron israelí que acabó con la vida de los jóvenes paramédicos Joud Mohammad Suleiman y Ali Hassan Jaber en Nabatieh, Líbano.

Una mujer rompe a llorar durante el funeral de los periodistas Ali Shoeib, Fátima Ftouni y Mohamed Ftouni, asesinados en un bombardeo israelí en el sur del Líbano.


Funeral de Jawad de 11 años, asesinado en un ataque israelí junto a otros dos niños, incluido un bebé de 3 meses, y su madre.

Un niño se resguarda de la lluvia bajo un paraguas durante el funeral de los periodistas Ali Shoeib, Fátima Ftouni y Mohamed Ftouni, asesinados en un bombardeo israelí en el sur del Líbano.


Columnas de humo emergen de los escombros de un edificio tras un bombardeo israelí en Tiro, Líbano, el 24 de marzo de 2026.


Miryat Arnaut, de 62 años, en el salón de su casa tras los daños causados por un bombardeo israelí en Tiro, en el sur del Líbano, el 24 de marzo de 2026.


Una mujer libanesa observa los restos de su hogar destruido por un ataque aéreo en Tiro, en una jornada de bombardeos sistemáticos de Israel tras la escalada regional.


Una cuerda con ropa tendida permanece entre los restos de un ataque aéreo israelí en Nabatieh, Líbano, el 24 de marzo de 2026.


Yasmin, de 10 años, aguarda en un refugio improvisado con plásticos a orillas de una calle en Beirut.


Un grupo de niños desplazados de su hogar por los recientes ataques israelíes esperan recibir una ración de comida en la ciudad de Beirut.


Un grupo de personas desplazadas de Dahie, al sur de Beirut, se agrupa alrededor de una hoguera frente a su tienda de campaña para combatir el frío.


Una mujer sostiene a su bebé frente a su tienda en un campamento improvisado bajo las gradas de un estadio al sur de Beirut.


Mahdi Abu Zeid sostiene un masbaha durante una ceremonia de Ashura en Nabatieh en memoria de sus compañeros Joud y Ali, asesinados por un dron.


Likaa Shehouri llora la muerte de su hijo Joud Mohammad Suleiman, de 16 años, y de su compañero Ali Hassan Jaber, de 23, en el cementerio de Nabatieh, Líbano.


Mohammed Souleiman llora mientras reza junto a sus compañeros durante una ceremonia de Ashura en memoria de su hijo, asesinado por un dron en un ataque israelí en Nabatieh, Líbano.


Paramédicos en Nabatieh evacúan de noche a un anciano en estado de shock tras el bombardeo de su vivienda.


El skyline de Dahie, los suburbios del sur de Beirut, se mantiene a oscuras y bajo la amenaza constante de os bombardeos israelíes, que se concentran en esta zona densamente poblada.
Fuente: El Salto

Los tres riesgos que retroalimentan un cambio de régimen financiero global

 

 Por Juan Laborda   
      Profesor de Finanzas, Universidad Politécnica de Madrid.



La cuestión no es si la inteligencia artificial transformará la economía, sino si los mercados financieros han incorporado ya un futuro demasiado perfecto


     Los mercados bursátiles internacionales atraviesan un periodo de fuerte optimismo impulsado por el rápido desarrollo de la inteligencia artificial y por expectativas de crecimiento asociadas a la digitalización avanzada de la economía. El Nasdaq Composite Index continúa registrando máximos históricos en un entorno en el que numerosas empresas han anunciado desarrollos estratégicos hacia modelos de negocio vinculados a la IA, generando revalorizaciones bursátiles extraordinarias en periodos muy breves de tiempo.


Riesgos que retroalimentan un cambio de régimen financiero global.

Este fenómeno recuerda inevitablemente al observado durante el ciclo de la burbuja puntocom de finales de los años noventa. En aquel periodo, el simple hecho de asociar el nombre de una empresa a internet era suficiente para desencadenar fuertes subidas en bolsa, independientemente de la existencia de modelos de negocio sostenibles. Hoy, la etiqueta “IA” desempeña un papel similar en determinados segmentos del mercado. La cuestión no es si la inteligencia artificial transformará la economía global —lo cual resulta altamente probable—, sino si los precios actuales de los activos financieros ya incorporan expectativas excesivamente optimistas respecto a la magnitud y velocidad de dicha transformación. Como ha mostrado la historia económica, las grandes revoluciones tecnológicas suelen combinar avances estructurales genuinos con episodios de exuberancia financiera.

Uno de los indicadores más utilizados para evaluar el grado de sobrevaloración estructural es el CAPE (Cyclically Adjusted Price-to-Earnings ratio), desarrollado por Robert J. Shiller. Este indicador, basado en el promedio de beneficios reales ajustados a lo largo de diez años, se encuentra actualmente en niveles comparables a los observados durante el periodo 1998–2000, inmediatamente anterior al colapso del Nasdaq del 78%. Aunque el CAPE no constituye una herramienta predictiva a corto plazo, su evidencia histórica sugiere que niveles persistentemente elevados suelen asociarse con menores rentabilidades futuras y mayor vulnerabilidad ante shocks adversos.

El contexto macroeconómico: una tormenta perfecta

Pero, además, el actual entorno macroeconómico presenta una combinación particularmente compleja de riesgos que podrían desencadenar una corrección bursátil global, especialmente en Estados Unidos. Considero, en este sentido, que la aparición simultánea de tres perturbaciones macroeconómicas que se refuerzan mutuamente amplificarán el daño final: el shock arancelario-legal en Estados Unidos derivado de la invalidación parcial del uso de la IEEPA (International Emergency Economic Powers Act) para imponer aranceles; el conflicto geopolítico en Oriente Medio con impacto directo sobre el precio de la energía; y el elevado nivel de apalancamiento corporativo en los Estados Unidos. La confluencia de estos factores configura un escenario de elevada incertidumbre macroeconómica caracterizado por presiones inflacionarias persistentes y una desaceleración del crecimiento económico. Pero, vayamos por partes.


La Administración Trump comienza a devolver 166-000 millones de dólares por aranceles cobrados indebidamente.

Un elemento especialmente relevante del escenario actual es el shock institucional derivado de la decisión del Tribunal Supremo estadounidense de limitar el uso de la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) como instrumento para la imposición de aranceles comerciales. De ello apenas se habla, pero la sentencia genera un vacío legal que introduce incertidumbre sobre la política comercial futura de Estados Unidos, afectando negativamente a las decisiones de inversión empresarial. La literatura académica muestra que la incertidumbre en política comercial actúa como un freno significativo para la inversión privada, promoviendo comportamientos de “wait and see” que amplifican el impacto de otros shocks negativos sobre el crecimiento económico. En un contexto en el que las cadenas globales de valor ya se encuentran sometidas a tensiones derivadas de rivalidades geopolíticas, el aumento de la incertidumbre institucional puede contribuir a una ralentización adicional del comercio internacional.

En segundo lugar, el conflicto en Oriente Medio ha incrementado el riesgo de interrupciones en el Estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos de tránsito del comercio energético mundial. Aproximadamente el 25% del comercio marítimo de petróleo y el 19% del comercio global de gas natural licuado atraviesan este punto estratégico, lo que convierte cualquier disrupción en un shock de oferta global significativo. El encarecimiento de los costes de transporte marítimo y de las primas de riesgo en seguros logísticos ha generado un aumento generalizado de los costes energéticos y de fertilizantes, ampliando las presiones inflacionarias en sectores agrícolas y alimentarios. Este canal de transmisión energía-fertilizantes-alimentos constituye uno de los mecanismos más relevantes para explicar la persistencia de la inflación incluso en un contexto de desaceleración económica

Finalmente, y quizás el elemento menos analizado en los mass media, sea la enorme fragilidad de la deuda corporativa estadounidense. Uno de los principales focos de riesgo para los mercados financieros globales es el elevado nivel de endeudamiento corporativo en Estados Unidos. La deuda de las corporaciones no financieras estadounidenses supera los 14 billones de dólares, un nivel históricamente elevado que incrementa la sensibilidad del sector empresarial a cambios en los tipos de interés y a deterioros en los beneficios.

El CEO de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, ha advertido que el próximo ciclo crediticio podría ser más severo de lo habitual debido al deterioro de los estándares de concesión de crédito y al crecimiento del mercado de crédito privado con cláusulas contractuales más laxas. El aumento de los spreads en el mercado high yield podría desencadenar un incremento significativo de las tasas de impago en un contexto de crecimiento débil y costes de financiación elevados. Históricamente, los episodios de aumento rápido de impagos corporativos han coincidido con correcciones significativas en los mercados bursátiles.

El riesgo de un cambio de régimen financiero

La combinación de valoraciones elevadas, incertidumbre institucional, tensiones geopolíticas y elevado apalancamiento corporativo sugiere la posibilidad de un cambio de régimen financiero caracterizado por mayor volatilidad y menores rentabilidades esperadas. Los periodos de transición tecnológica suelen generar tanto ganadores estructurales como episodios de destrucción de valor en segmentos sobrevalorados del mercado.

El paralelismo con el periodo 1998–2000 no implica necesariamente una repetición exacta de la dinámica de la burbuja puntocom, pero sí pone de relieve la posibilidad de que las expectativas de crecimiento vinculadas a la inteligencia artificial estén siendo incorporadas a los precios con un grado elevado de optimismo. En entornos de elevada concentración sectorial, como el actual mercado tecnológico estadounidense, las correcciones pueden amplificarse debido al peso dominante de un número reducido de compañías en los principales índices bursátiles.

El carácter global de los mercados financieros implica que una corrección significativa en Estados Unidos tendría efectos de contagio sobre otras economías desarrolladas y emergentes. La interconexión entre mercados de capitales, cadenas de suministro y flujos comerciales aumenta la probabilidad de transmisión internacional de shocks financieros. La combinación de tensiones geopolíticas, fragmentación comercial y cambios estructurales en la política industrial global sugiere que la economía mundial podría estar entrando en una fase de mayor volatilidad estructural.

Como corolario final podemos afirmar que la inteligencia artificial representa una tecnología con un potencial significativo para transformar la economía global, pero, sin embargo, la experiencia histórica sugiere que los mercados financieros tienden a sobrerreaccionar ante innovaciones disruptivas. Los niveles actuales del CAPE de Shiller, combinados con un entorno macroeconómico caracterizado por riesgos estanflacionarios y elevada fragilidad financiera, sugieren la necesidad de adoptar una perspectiva prudente respecto a las valoraciones actuales del mercado bursátil estadounidense.

El principal riesgo no reside en la tecnología en sí misma, sino en la posibilidad de que los precios actuales de los activos financieros reflejen un escenario excesivamente optimista respecto al crecimiento futuro. Como en episodios anteriores de cambio tecnológico, el desafío para los inversores consiste en diferenciar entre innovación estructural sostenible y exuberancia especulativa. En un contexto de elevada incertidumbre macroeconómica, la probabilidad de episodios de corrección significativa en los mercados bursátiles globales no puede descartarse.

La historia muestra que los ciclos de innovación suelen ir acompañados de fases de exuberancia seguidas de procesos de ajuste. La cuestión fundamental no es si la inteligencia artificial transformará la economía, sino si los mercados financieros han incorporado ya un futuro demasiado perfecto.


Fuente: El Salto

domingo, 26 de abril de 2026

A bordo de la Flotilla que intenta romper el bloqueo de Gaza

 

      Periodista y fotógrafo de El Salto embarcado en la nuevan flotilla rumbo a Gaza.


La Flotilla Global Sumud, ya en aguas italianas, zarpó el 15 de abril desde Barcelona e intentará llegar a Gaza en los próximos días


A bordo de la Flotilla que intenta romper el bloqueo de Gaza.


     La Flotilla Global Sumud zarpó el 15 de abril desde Barcelona con destino inicial en el Mediterráneo central, en una operación compuesta por alrededor de 30 embarcaciones civiles que declaraban como rumbo final la Franja de Gaza.


La nueva flotilla a Gaza inicia la fase de salida desde Barcelona.

El 22 de abril, parte del contingente, incluido el buque de la organización Open Arms, llegó al puerto de Siracusa tras una semana de navegación sin incidentes graves.

Durante la travesía hasta Siracusa, las condiciones marítimas se han mantenido estables y la navegación se ha desarrollado con normalidad. La flotilla ha ido avanzando de forma escalonada, sin una estructura operativa centralizada, aunque con coordinación puntual entre las embarcaciones participantes.

Durante una de las noches de navegación, sin embargo, se detectó la presencia de un dron de reconocimiento sobre la zona, sin que se produjeran incidentes posteriores asociados a ese avistamiento. De momento, no se han registrado acciones directas contra las embarcaciones.


Incidentes externos a la propia flotilla como la presencia de drones en la zona.

Desde el 15 de abril, el buque Open Arms, que forma parte de la comitiva, ha tenido que llevar a cabo varios remolques; y ha prestado asistencia a embarcaciones con dificultades técnicas. Además de las naves integradas en la flotilla, participan como barcos de apoyo el histórico Arctic Sunrise, de Greenpeace, junto al propio Open Arms. Estas embarcaciones asumen funciones logísticas, lo que incluye el suministro de alimentos, material médico y apoyo técnico.

A bordo del Open Arms, los protocolos de seguridad incluyen entrenamientos intensivos en primeros auxilios y en actuación frente a incendios. Según la tripulación, estos ejercicios se han estado llevando a cabo con mayor frecuencia de lo habitual en este tipo de misiones, en un contexto marcado por la incertidumbre operativa, incluida la posibilidad de incidentes externos como la presencia de drones en la zona.


Galería fotográfica de Jaime Pérez Rivero a bordo de la nueva Flotilla Global Sumud















Fuente: El Salto

sábado, 25 de abril de 2026

Javier Milei en Israel: los Acuerdos de Isaac y la "causa justa" sionista

 

      Analista internacional. Politólogo y máster en Relaciones Internacionales. Periodista en Descifrando la Guerra.


     A inicios de 2026, Javier Milei, presidente de la República Argentina, aseveró en público que él era “el presidente más sionista del mundo”. Lo dijo en la Universidad Yeshiva (Nueva York), al calor de algunas críticas recibidas en Argentina por ligar íntimamente su cargo al frente de la Casa Rosada con la causa sionista, según la cual ha reiterado que se trata de una “causa justa”.


Javier Milei en la Universidad Yeshiva, en Manhattan, Nueva York.

El líder de La Libertad Avanza ha sobrepasado ya el ecuador de su mandato en el país latinoamericano. Durante estos dos años y medio, su política exterior ha sido errática en varios asuntos, pero consistente en dos elementos: su alineación estricta con Estados Unidos –y más específicamente con Donald Trump– y su férrea complicidad con Israel. Recientemente ha firmado con Benjamín Netanyahu los Acuerdos de Isaac.


Javier Milei y Donald Trump.

Milei viaja a Israel

Al contrario de lo ocurrido con otros gobiernos afines a Israel en el mundo, Argentina no solo no se ha alejado de Tel Aviv tras el genocidio en la Franja de Gaza, el avance de la estrategia de limpieza étnica en Cisjordania o las guerras abiertas contra Irán o Líbano. Muy al contrario, el ejecutivo de Javier Milei ha redoblado los históricos lazos de Buenos Aires con el Estado de Israel, al que ha definido en repetidas ocasiones como “el bastión de Occidente”.


Los reconocimientos a Javier Milei en Israel ilustran los lazos del presidente con el sionismo y su proyecto de alineamiento internacional.

Con el viaje de abril de 2026, son ya tres veces las que ha ido al Estado hebreo desde que asumió como presidente. Allí se reunió con Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, al que calificó como su “amigo”. El dirigente argentino también aclaró que Netanyahu habría tenido un rol protagónico en el establecimiento de la nueva línea de vuelos directos entre Buenos Aires y Tel Aviv, así como en otros proyectos de cooperación entre ambos países.

Milei se reunió allí con Axel Wahnish, su rabino personal y el embajador de Argentina en Israel desde 2024. En su tercera visita al país, Milei fue agasajado con varios premios como consecuencia de la cercanía que su gobierno muestra sistemáticamente con Israel en un momento complejo para la diplomacia sionista. El creciente aislamiento del Estado hebreo, así como las críticas que recibe desde varios países occidentales, eleva el peso de los acercamientos de Buenos Aires. 

Al mismo tiempo, el mandatario argentino visitó el Muro de los Lamentos y participó en eventos relacionados con el Día de la Independencia de Israel en el que se conmemora la Nakba –la expulsión de en torno a 700.000 palestinos al inicio de la ocupación–.

Previamente a su viaje, Javier Milei concedió una entrevista a la televisión israelí en la que afirmó que la República Islámica de Irán era un “enemigo de Argentina” y que su intención es completar antes del fin de su mandato los trámites para trasladar la embajada argentina a Jerusalén. También afirmó que Israel, al contrario de los actores y gobiernos anti sionistas en Oriente Medio, “puede convivir con sus vecinos”. 

Los Acuerdos de Isaac

En su viaje a Israel, el presidente Javier Milei y el primer ministro Benjamín Netanyahu firmaron los Acuerdos de Isaac, diseñados como un intento por emular retóricamente a los Acuerdos de Abraham del año 2020. En la práctica, los Acuerdos de Isaac están lejos de las dimensiones alcanzadas por los pactos entre Tel Aviv y varios países árabes, fundamentalmente porque Israel no tiene grandes enemigos en América Latina, aunque sí pretende convertir a Buenos Aires en un aliado orgánico.


El presidente Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se dan la mano tras la rueda de prensa conjunta en la que anunciaron el plan de paz estadounidense para la Franja de Gaza

Los Acuerdos de Isaac apuntan a concretar el empeño por parte de la Casa Rosada de contribuir a la reconstrucción de la imagen internacional del Estado de Israel tras el genocidio contra los palestinos y las múltiples guerras abiertas en Oriente Medio.

En un comunicado emitido por la Cancillería Argentina, el gobierno de Javier Milei definió los Acuerdos de Isaac como "un nuevo marco estratégico destinado a fortalecer la cooperación entre Argentina, Israel y socios afines en el Hemisferio Occidental, los descendientes de Isaac y las naciones de tradición judeocristiana, en defensa de la libertad y la democracia, y en la lucha contra el terrorismo, el antisemitismo y el narcotráfico".

Además, el canciller argentino Pablo Quirno añadió que se impulsarán "acciones concretas" y "esfuerzos orientados a incrementar la coordinación contra organizaciones terroristas, con especial atención a los intentos de Irán de expandir sus redes y su presencia operativa en el Hemisferio Occidental", además de "fomentar la coordinación [entre Israel y Argentina] y el alineamiento en foros internacionales".

La excepcionalidad argentina

Aunque las cifras absolutas varían enormemente en función de si se considera la categorización “judío” como excluyente de otras identidades nacionales, étnicas o sociales, así como de si se habla de judíos practicantes de la fe o de personas con ascendencia judía, hay cierto consenso en torno a que Argentina alberga la comunidad judía más grande de América Latina.

Solo Israel, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Canadá contarían con una población absoluta judía superior. Entre el 0,5% y el 3% –nuevamente depende del tipo de medición– de la población es judía, un porcentaje superior al de la práctica totalidad de Estados del mundo, y muy superior al resto de la región, con excepción de Uruguay, con una proporción cercana a la argentina. 

Se estima que cerca de 60.000 residentes en Israel son de origen o ascendencia argentina, muchos de los cuales migraron al Estado hebreo durante la crisis argentina de inicios del siglo XXI. Casi el 5% de los argentinos que residen fuera del país latinoamericano lo hacen en Israel.

A su vez, las relaciones diplomáticas entre el Estado de Israel y la República Argentina se remontan a 1949, cuando el gobierno de Juan Domingo Perón y el del primer ministro David Ben-Gurion establecieron los primeros lazos.

En la década de los noventa, la Argentina de Carlos Menem participó en la Guerra del Golfo en acatamiento de sus íntimos lazos políticos con Estados Unidos, marcando un viraje significativo en la política de neutralidad del país hacia Oriente Medio.

Aunque los vínculos con Tel Aviv están alcanzado en la actualidad sus cotas más altas, nunca ha habido riesgo de ruptura entre Argentina e Israel. En 2010, el gobierno peronista de Cristina Fernández de Kirchner reconoció el Estado de Palestina, alineando a Buenos Aires con la posición de los dos Estados, un hecho que Milei ha criticado, a punto tal que en mayo de 2024, ya con el “anarcocapitalista” en la Casa Rosada, Argentina votó en contra del reconocimiento a Palestina en las Naciones Unidas.


Argentina rechazó declarar a Palestina miembro pleno de la ONU y ratificó su alineamiento con EE.UU. e Israel.



Fuente: Descifrando la Guerra