lunes, 30 de marzo de 2026

Paciencia (o debilidad) rusa, implicación europea

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


El centro de mando del operativo americano contra Irán está en Ramstein (Alemania). Los bombarderos de Estados Unidos despegan para sus misiones de Fairford (Inglaterra). Las operaciones de reabastecimiento tienen base en Aviano (Italia) y Le Tubé (Francia). La base de Lajes, en Azores (Portugal), es etapa importante de la logística militar transatlántica y los aviones espía operan desde la base cretense de Souda (Grecia) y Akrotiri (Chipre), desde donde ya se colaboraba de la forma más activa en la masacre de Gaza


Europa, vasalla de Trump.

     Últimamente se recrudecen los ataques ucranianos a Rusia. Entre el 9 y el 15 de marzo seis regiones del país, incluidas las de Moscú y Leningrado, así como la Rusia meridional, la ribera del Volga, Cáucaso del norte y la región noroccidental, fueron atacadas con drones. En marzo Ucrania ha atacado las tres principales infraestructuras exportadoras de crudo ruso, los puertos de: Novorosisk en el Mar Negro, y Primorsk y Ust-Luga en el Báltico. Estos ataques han mermado alrededor del 40% la capacidad exportadora rusa de petróleo, según una estimación de la agencia Reuters, que no ofrece una estimación sobre la duración de tal merma. Se suceden también los ataques a buques mercantes rusos, o buques extranjeros que transportan materias primas rusas. Desde el 8 de enero se contabilizan nueve casos conocidos de ataques con drones, detenciones o inspecciones de esos barcos, todas ellas ilegales y consideradas actos de piratería.

Los medios de comunicación europeos informan muy poco sobre víctimas civiles rusas en estos ataques, por lo menos en comparación con los efectos de los ataques rusos a instalaciones ucranianas, pero en Rusia el flujo informativo a este respecto es extenso y diario. En la última semana de marzo se han contabilizado 133 civiles muertos en Rusia en ataques ucranianos, según informes oficiales rusos. Es opinión común entre los analistas y comentaristas rusos que todos esos ataques se están realizando con la complicidad y a veces en estrecha colaboración con las agencias de seguridad y los militares europeos, especialmente ingleses. Los aviones y drones espía americanos y británicos sobrevuelan rutinariamente el Mar Negro, el Báltico y los alrededores de la Rusia del Norte ofreciendo toda la información a tiempo real a Ucrania para seleccionar y golpear objetivos en Rusia.

En Moscú hay un murmullo de descontento porque el Kremlin no responde a estos ataques. Habría que derribar esos drones y esos aviones, se propone. Habría que ayudar a Irán activamente y responder a los occidentales con la misma moneda, se dice. En algunos programas de televisión, sin citar el nombre del Presidente, se ha reprochado directamente a la máxima autoridad por pusilánime. La falta de respuesta da una imagen de debilidad y anima a los enemigos del país a continuar e incrementar los ataques, se dice.

Europa está plenamente implicada en todo esto. “El mes pasado suministramos a Ucrania 3500 drones, 18.000 proyectiles de artillería y tres millones de cartuchos”, declaraba el 16 de marzo a The Guardian el ministro de defensa inglés, John Healey. Suecos, franceses, británicos y bálticos participan en el acoso y marcaje de los barcos cargueros. Los militares ingleses acaban de ser autorizados a abordar buques rusos. Hay contratos en marcha para producir armas ucranianas en naciones europeas, entre ellas España. Los drones contra puertos rusos en el Báltico han sobrevolado en su ruta espacio aéreo de la OTAN, Letonia y Estonia, vigilado por ejércitos europeos, incluido el español. Al mismo tiempo hay conexiones manifiestas entre el frente ucraniano y el de la guerra contra Irán.

El centro de mando del operativo americano contra Irán está en Ramstein (Alemania). Los bombarderos de Estados Unidos despegan para sus misiones de Fairford (Inglaterra). Las operaciones de reabastecimiento tienen base en Aviano (Italia) y Le Tubé (Francia). La base de Lajes, en Azores (Portugal), es etapa importante de la logística militar transatlántica y los aviones espía operan desde la base cretense de Souda (Grecia) y Akrotiri (Chipre), desde donde ya se colaboraba de la forma más activa en la masacre de Gaza. El primer ministro británico Keir Starmer dice que la acción de los bombarderos que parten de su territorio es “defensiva”, el canciller alemán Fridrich Merz dice que no tiene más remedio que permitir las operaciones americanas en suelo alemán a causa de los acuerdos suscritos con Washington, pero que esa no es su guerra y el ministro de defensa francés afirma que “un avión de reabastecimiento es una gasolinera, no un avión de combate”. De todo esto se habla diariamente en los medios rusos.

Irán suministró en su día drones a Rusia, que al parecer ésta ha perfeccionado y sofisticado, y ahora Rusia está devolviendo el favor con un flujo de suministros a través del Mar Caspio. El 18 de marzo Israel atacó las infraestructuras de ese flujo en la ciudad portuaria iraní de Bandar Anzali, en la costa meridional del Caspio. El informe israelí mencionó que “se destruyeron decenas de buques», así como “el puesto de mando central de la Armada iraní y las infraestructuras utilizadas para la reparación y el mantenimiento de buques militares”. Moscú desmintió los informes de que en el ataque también habían sido destruidos barcos de transporte rusos y el portavoz del Kremlin Dmitri Pskov declaró que la ampliación del conflicto al mar Caspio sería “extremadamente negativo”. Por su parte, la portavoz de exteriores rusa, María Zajárova amenazó con “medidas políticas y diplomáticas” por los ataques e inspecciones de buques rusos o que transporten mercancías rusas…

Todo esto sabe a muy poco a los críticos con la pusilanimidad de Putin, que mantiene relaciones fluidas con Netanyahu, con quien ha hablado por teléfono regularmente en los últimos meses. El Kremlin mantiene el más que ambiguo juego negociador de Trump, marginando al Ministerio de Exteriores en la operación. De momento ese marco no ha cosechado ningún resultado, por lo que crece la irritación acerca de todo ello. Muchos se preguntan qué debería todavía ocurrir para que el Kremlin adopte medidas militares parejas a las que está sufriendo, contra países europeos, y muy especialmente contra Inglaterra.

No está claro si tras esta falta de respuesta del Kremlin hay un calculo prudente y astuto de que de todas formas el tiempo trabaja a su favor, o si se trata de una expresión de pura debilidad rusa.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

domingo, 29 de marzo de 2026

El primer mes de guerra exhibe la torpeza de Trump en Irán y deja manos libres a Israel en el Líbano

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


La guerra empuja a Oriente Medio hacia el abismo, mina la economía global, expone las debilidades de EEUU y refuerza el hegemonismo israelí


     Un mes después de ordenar la ofensiva bélica contra Irán, Donald Trump no ha doblegado a Teherán a pesar de sus más de 10.000 objetivos alcanzados por sus bombas y de acabar con buena parte de su cúpula dirigente. El presidente de Estados Unidos, entre continuas contradicciones, busca a la desesperada una salida a una de las mayores crisis mundiales en lo que va de siglo. Una crisis a la que Washington ha sido instigado por Israel y su supremacismo en Oriente Medio, y en la que Irán está mostrando una sorprendente resistencia y una temible habilidad para golpear a la economía internacional con sus contraataques en el Golfo Pérsico y el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, arteria vital para gran parte de los hidrocarburos que consume el planeta.


El carguero con bandera de Tailandia Mayuree Naree envuelto en humo negro en el Estrecho de Ormuz, 11 de marzo de 2026.

La guerra de Irán ha puesto contra el muro a las economías más fuertes y a las más débiles, con los vaticinios más oscuros si se alarga siquiera un mes más el conflicto. De momento, ha terminado de descoser las costuras de la OTAN, con insultos desaforados de Trump a sus aliados por no acompañarle en una aventura bélica desorganizada y complaciente con los intereses del hegemonismo israelí, las petroleras estadounidenses y los fabricantes de armas.

En Irán, las acciones militares de EEUU e Israel decapitaron al régimen islámico, con el asesinato el primer día de su líder supremo, Alí Jameneí, y con la matanza en las jornadas siguientes de los más destacados miembros dela jerarquía iraní. Sin embargo, el resultado ha sido una mayor radicalización del sistema, con el hijo de Jameneí, Mojtaba, como su sucesor y con un mayor poder para los Guardianes de la Revolución islámica. Al tiempo, la guerra ha propiciado el cierre de filas con los nuevos dirigentes del país de buena parte de la población que hace dos meses clamaba en las calles por el fin de la teocracia iraní.

La guerra ha disparado la ira y el odio a estadounidenses e israelíes, y la destrucción por los misiles, bombas y drones del Pentágono y el ejército judío dejará una cicatriz que marcará a Irán y a Oriente Medio durante décadas.

Otra vez, las guerras de las mentiras

De nuevo, Washington cometió el mismo error que en 2001, cuando atacó Afganistán, y en 2003, cuando invadió Irak por la presunta amenaza de que Bagdad tenía armas de destrucción masiva. Trump se valió, como hizo entonces su colega republicano George W. Bush, de la mentira de que Irán estaba a punto de obtener armas nucleares para justificar esta ofensiva masiva, que comenzó el pasado 28 de febrero sin ser consultada al Congreso de EEUU.

Dos días antes habían tenido lugar en Ginebra unas negociaciones clave de EEUU con Irán, para controlar y desmantelar buena parte de su programa nuclear con cierta aquiescencia de Teherán a cambio del levantamiento de sanciones que pesan sobre el régimen islámico. Lo que no sabían los iraníes es que a principios de esa semana, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, había convencido ya a Trump para lanzar un ataque a gran escala contra Irán y asesinar en las primeras horas de la ofensiva a Jameneí y su Estado mayor militar y político, reunidos en un fatídico encuentro que conocía Israel.

Los bombarderos de israelíes y estadounidenses destrozaron en los días siguientes las fuerzas navales de Irán, gran parte de los silos de misiles del ejército persa, los cuarteles principales de los Guardianes de la Revolución -el ejército paralelo y más temible del régimen islámico-, atacaron las instalaciones nucleares con bombas capaces de penetrar cualquier blindaje de acero u hormigón, y arrasaron aeródromos y puertos por todo el país persa.

La población, la primera víctima de esta guerra ilegal

Los misiles estadounidenses e israelíes también han matado a unos 3.300 iraníes, de ellos 1.400 civiles, una cifra que seguramente sea mucho mayor, pues el Gobierno de Teherán se guarda mucho de alarmar más si cabe a la población. Esta ocultación es, sin embargo, difícil de mantener, como sucedió en Minab, en el sur de Irán. En esta localidad de la provincia de Hormozgán, un doble bombardeo estadounidense con misiles contra una escuela de primaria asesinó el 5 de marzo a al menos 168 personas, la mayor parte niñas de entre siete y 12 años, despedazadas por las bombas o enterradas vivas entre los cascotes del colegio.


Tumbas para víctimas de un ataque contra una escuela en Minab, Irán.

Trump llegó a acusar a los propios iraníes de haber lanzado el ataque, pero las primeras investigaciones pronto dejaron claro quién era al auténtico autor de la masacre, una repetición calcada de los bombardeos de civiles en el genocidio cometido por Israel en Gaza e igual que aquí denunciada por la ONU como crimen de guerra.

A pesar de que ya en las primeras jornadas de la guerra, Trump afirmó una y otra vez que la capacidad militar de Irán había sido destruida, sin embargo, el Ejército iraní no ha cesado de responder. Ni es verdad que Israel y EEUU han destruido toda la potencia misilística de Irán, ni las alabadas defensas israelíes o los sistemas antimisiles desplegados por el Pentágono en el Golfo han sido capaces de interceptar todos los proyectiles lanzados por los iraníes.

Oficialmente las armas iraníes han causado en Israel unas 15 víctimas mortales. En el caso de las fuerzas estadounidenses desplegadas en Oriente Medio son 13 los soldados muertos y 300 los heridos. También han sido asesinados por los misiles y drones iraníes una docena de civiles en los países árabes de la región.

La batalla de Ormuz

El terror causado por esta capacidad de represalia iraní continúa en el Golfo Pérsico, a pesar de que Trump y Netanyahu insisten en que ya no deberían quedar misiles ni lanzaderas ni apenas drones iraníes. Este pánico, provocado con ataques iraníes muy seleccionados a objetivos civiles, incluidos los depósitos y refinerías de crudo y gas en esos países del Golfo Pérsico, así como las amenazas lanzadas contra la navegación en el estrecho de Ormuz y otras zonas de ese mar, está siendo suficiente como para paralizar buena parte del tráfico marítimo en la región y golpear con fuerza la economía mundial. En las últimas horas, Emiratos Árabes Unidos, uno de los países más atacados por Irán, ha propuesto formar una coalición en el Golfo para entrar también en la guerra y abrir Ormuz.

Por el estrecho de Ormuz circulaba el 20% del crudo y el gas mundiales, y un tercio de los fertilizantes, por citar solo dos ejemplos. En estos momentos solo pasan los contados buques que permite Irán, especialmente los chinos; el miedo y los precios impuestos por las navieras y las aseguradoras han hecho el resto.

En el plan de paz de 15  puntos brindado por Trump a los iraníes esta semana se exigía la apertura total del estrecho de Ormuz, so pena de arrasar las centrales eléctricas de Irán. La respuesta de Teherán fue rechazarlo, exigir el fin de los ataques para comenzar a negociar y reclamar para sí el control total de esa vía de comunicación vital entre el Golfo Pérsico y el océano Índico, proponiendo en contrapartida la imposición por Irán de tarifas al paso de barcos por la zona.

Israel a la conquista del Líbano

La otra cara de esta guerra quizá no sea tan dolosa económicamente, pero está reconfigurando también el mapa de Oriente Medio.


El humo surge de edificios en Beirut tras un nuevo ataque de Israel.

Al empezar la contienda, las milicias de Hizbulá, estacionadas en el Líbano, lanzaron una andanada de misiles contra Israel, sin que causaran víctimas mortales en un primer momento. El Ejército israelí respondió con una ofensiva total contra el sur del Líbano y los barrios chiíes de Beirut, donde podría haber milicianos de Hizbulá.

Los bombardeos israelíes han dejado incomunicada esa parte meridional del Líbano, con la voladura de los puentes del río Litani. La intención de Netanyahu es invadir ese zona, casi un 10% del Líbano, y asimilarlo a Israel como una zona de contención, aunque la idea de los radicales judíos en su Gobierno es que pueda ser ocupado poco a poco por colonos ilegales israelíes.

De momento, la guerra de Irán llevada al Líbano por Israel ha acabado con la vida de más de un millar de personas y ha obligado a desplazarse desde el sur a un millón de libaneses. Netanyahu ha ordenado la llamada a filas de 400.000 reservistas israelíes, un paso que permite adivinar qué es lo que va a pasar en los próximos meses en el Líbano.

Lo adelantó el ministro de Defensa israelí, Israel Katz: se aplicará en el Líbano la misma estrategia de tierra quemada que en Gaza, con aldeas arrasadas, demolición de viviendas, destrucción de infraestructuras y limpieza étnica de su población, empujándola hacia el norte.

La apuesta de Israel para aniquilar al régimen iraní e invadir el Líbano se ha convertido en un obstáculo casi infranqueable para que EEUU e Irán acuerden un alto el fuego. En última instancia, Netanyahu podría frenar sus ataques aéreos en Irán, pero será a cambio de tener las manos totalmente libres en el Líbano.

Una trampa para Trump

No parece que Trump lo tenga nada fácil para detener la guerra. Aunque hay negociaciones en la sombra, no parece probable una capitulación de Irán, pese a los planes de EEUU de lanzar una ofensiva terrestre, a pesar del altísimo riesgo que supone tal paso.

El Pentágono prepara nuevos refuerzos importantes a los cerca de 50.000 soldados que tiene en Oriente Medio. Esta semana se habló de hasta 10.000 nuevos efectivos, entre ellos tropas de élite de la 82 división aerotransportada. Estas unidades son normalmente enviadas a zona de guerra como paso previo a una invasión.

El 6 de abril se cumple el postrer ultimátum dado por Trump para que Irán despeje el paso de Ormuz. Una opción es el ataque a algunas de sus islas del Golfo Pérsico, entre ellas la de Jarg, que gestiona el 90% de las exportaciones petrolíferas de Irán. Su captura pondría en manos del ejército estadounidense mucho, muchísimo petróleo.

Según la web estadounidense Axios, que cita fuentes oficiales, además de Jarg, el Pentágono estaría considerando tomar otras islas iraníes, como Larak y Abu Musa, claves para el control del estrecho de Ormuz. Igualmente se evalúa el abordaje e incautación de los petroleros y mercantes que transporten crudo iraní hacia el Índico. Esta acción no le gustaría nada a China, el mayor cliente del petróleo iraní.

Los partidarios de tales acciones consideran que un éxito militar así podría impulsar a Trump a declarar el fin de la guerra y apuntarse un tanto que le permita salvar algo la cara en medio del desastre.

Desafección creciente en EEUU

Estas amenazas, que no parecen alterar mucho a los iraníes, están siendo cuestionadas en los propios EEUU, donde aumenta la desafección a la política exterior de Trump y al empantanamiento en una guerra que se podría haber evitado.


Un manifestante prende fuego a una imagen que muestra la foto policial del presidente estadounidense Donald Trump con la inscripción
‘Se Busca’.

La subida de los precios de los combustibles y el fantasma de la inflación enervan cada vez más a una población que rechaza la estrategia errática de Trump.


Protestas contra la guerra de EEUU e Israel en Irán.

Todo ello, con las elecciones de medio término a la vista, en noviembre, cuando los estadounidenses votan la renovación de buena parte del Congreso.

En este sentido, son ya unos cuantos los miembros destacados del Partido Republicano que están manifestando su desacuerdo con su jefe. Un ejemplo lo dio esta semana la representante republicana Nancy Maceal rechazar una ofensiva terrestre: "No sacrificaremos vidas estadounidenses por las mismas políticas exteriores fallidas", dijo tajante Mace, en una bofetada directa a esta guerra y a sus artífices.


Fuente: Público

sábado, 28 de marzo de 2026

Sumidero

 

      Escritor y filósofo italiano. Activista de la izquierda.


¿Debe considerarse la negativa generalizada a generar víctimas de la ferocidad humana un trastorno mental o una demostración de sabiduría?

     Si tuviera piernas, te patearía. La película de Mary Bronstein es impactante y valiente. No quiero proponer interpretaciones de la pesadilla que vive Linda, la madre de una niña que sufre una patología desconocida, la esposa de un hombre que trabaja en un barco, una psicóloga que no sabe qué decir a sus pacientes y, a su vez, paciente de un psicoanalista que no sabe qué decirle a ella.


If I had legs I would kick you.

Linda vive una pesadilla, y esto lo entendemos desde la primera escena de la película.

La pesadilla no es la maternidad, sino el mundo sin alternativas, sin amistad, sin belleza que el acto de generar perpetúa.

Según The Guardian , se trata de "depresión posparto y estrés parental por soledad", y por supuesto tienen razón. Pero eso es solo un diagnóstico psiquiátrico, mientras que esta película solo habla de psiquiatría para ridiculizar el patético intento de los médicos por curar este abismo.

El socavón no tiene solución.

El abismo ya nos ha engullido. Una película de Nadine Labakis de 2018 lo reveló: Zain, un niño sirio de 12 años que huyó a Beirut, le pide a un juez que demande a sus padres por haberlo traído al mundo.

Labakis y Bronstein: dos mujeres que tienen el valor de decir algo que la mayoría de las mujeres del mundo no pueden decir, pero que saben perfectamente: que el futuro debe evitarse de la única manera posible.

Todo lo que rodea a Linda es insoportablemente angustiante: no solo el desagradable empleado asiático del estacionamiento, no solo la madre desesperada y de aspecto enrojecido de un bebé que llora y que quiere ir al baño y desaparece, dejando al bebé en el cochecito. No solo el mar de noche con sus olas pantanosas. No solo el desagradable vigilante nocturno del hotel. Todo es asfixiante y sucio, como una muñeca de trapo de plástico, y como los Estados Unidos de América.

Al comienzo de la película, se abre un agujero en el techo y cae un torrente de agua.

No es un agujero, es un abismo.

Al final de la película, la madre saca un tubo de plástico de un agujero en el vientre de la niña. No es un agujero, sino un abismo. Y el tubo no deja de deslizarse entre las manos de la madre, como una cuerda interminable.

Linda habla de un aborto espontáneo que sufrió hace casi veinte años y, finalmente, llora preguntando: "¿Qué debo hacer?". Pero el inútil psicoanalista permanece en silencio y la mira, sin saber qué decir.

¿Qué más podría decirle?

No puede decirle la verdad: que no tiene sentido continuar, no puede decirle que es injusto obligar a otra persona a seguir viviendo una vida sin placer y sin esperanza.


Nothing.

Rusia planea derivar a las mujeres que no desean tener hijos a psicólogos.

Según las nuevas directrices del Ministerio de Sanidad ruso para los controles de salud reproductiva, los médicos preguntarán a las mujeres cuántos hijos desean tener.


El jefe del Kremlin presenta la disminución de la población rusa como una cuestión de supervivencia nacional, advirtiendo que en 2024 Rusia se enfrentaría a la "extinción" si no aumentaba las tasas de natalidad.

¿Acaso las mujeres que no desean dar a luz a víctimas inocentes del terror, la pobreza, el colapso ambiental y la guerra padecen alguna enfermedad mental?

¿Y qué otras perspectivas existen para el futuro?


Istubal, 2022

La palabra “humanidad” puede entenderse como un sustantivo que designa a un animal con un pulgar oponible y un cráneo grande: la especie humana, para ser más precisos.

O como un afecto de compasión, solidaridad y amistad hacia nuestros semejantes.


No cabe duda de que la raza humana aún existe y ha aumentado en número durante el último siglo. Sin embargo, esa existencia de la humanidad se vuelve cada vez menos cierta.


Quizás por eso la humanidad también se está preparando para desaparecer, por muchas razones comprensibles, pero sobre todo por una inmensa tristeza, por un sentimiento cada vez más extendido de autodesprecio.

La historia de la humanidad terminó hace al menos un par de décadas. La humanidad ha sobrevivido hasta ahora, pero si todo va bien, debería desaparecer antes de que termine el siglo.

Pido disculpas por la franqueza de mi comunicación, pero prefiero ser claro y conciso.

La humanidad sin humanidad es el espectáculo más horrible imaginable, y la única esperanza que podemos tener (si queremos hablar de esperanza) es que desaparezca, y diría que vamos por buen camino, como decía con gran detalle un artículo de The Economist del 11 de septiembre de 2025 ( La humanidad se reducirá, mucho antes de lo que crees ), aunque sin explicar por qué.

En todo el mundo, tanto en países pobres y de ingresos medios como en países ricos, la fecundidad está disminuyendo mucho más rápidamente de lo que la mayoría de las proyecciones habían previsto. Lo sorprendente e inesperado es que el descenso de la fecundidad se está acelerando. El ritmo de la caída global se duplicó entre los años 2000 y 2010 y se ha vuelto a duplicar en esta década, disminuyendo, en promedio, casi un 2 % anual. En muchos lugares, la tasa de fecundidad está cayendo mucho más rápido.


El ritmo de descenso de la natalidad se duplica cada década, lo que indica una tendencia general hacia la extinción.

La historia de la humanidad terminó cuando, a principios de siglo, los humanos fueron reemplazados por terminales autómatas cognitivos. La alineación entre el autómata lingüístico y los organismos conscientes se produce de forma opuesta a la prometida por la publicidad de alta tecnología: no es la máquina lingüística la que se alinea con el organismo sensible, sino que es el organismo sensible el que se alinea con las reglas y ritmos de la máquina lingüística. La consecuencia es que el organismo sensible pierde sensibilidad hasta el punto de volverse compatible con la máquina de exterminio.

En el transcurso de tres décadas (el período de la Mutación, ahora concluido), la mente humana ha sido superada por una mente superior en eficiencia y velocidad: la mente conectada automática (Kevin Kelly la denominó Mente Global en su libro Fuera de control , ya en 1993).

Las mentes de las nuevas generaciones de seres humanos se han moldeado según un paradigma conectivo y ya no poseen las habilidades subjuntivas sin las cuales la palabra "humanidad" carece de significado.

Si por “humano” entendemos la especie biológica bípeda, dotada de un pulgar oponible y un cráneo grande, podemos decir que la raza humana, con su estructura conectiva, ha sobrevivido a la humanidad, pero sus días también están contados.

En las últimas tres décadas, se ha producido un progreso extraordinario en las capacidades técnicas cuya función principal es el dominio militar, es decir, el exterminio: la humanidad, privada de humanidad, ha retrocedido rápidamente a un estado de salvajismo y ha entrado en un ciclo de genocidio, que corre el riesgo de no terminar antes de haber cumplido plenamente su función.

La extinción de la raza humana parece ser el resultado imparable de tres procesos convergentes, distintos pero interrelacionados: el primero es la devastación del planeta físico, que limita cada vez más las áreas geográficas en las que la vida humana es posible.


La segunda es la propagación de la guerra, una clara consecuencia de la reducción del espacio habitable, pero al mismo tiempo destinada a alimentar la devastación de los territorios.


Pero el proceso más importante, aunque el menos visible, es el tercero: el colapso de la reproducción, que los demógrafos llevan tiempo observando, pero que se ha acelerado en las últimas dos décadas.


(El título de un artículo de Alan Pifer y Lydia Bronte publicado en 1986 en la revista Dedalus destacaba la posibilidad de un aplanamiento de la pirámide generacional).

El artículo de The Economist de septiembre de 2025 señala que, si bien África va a la zaga, la tendencia general es un descenso de la fertilidad y la procreación ( caída drástica de la natalidad ). Los demógrafos ahora pueden predecir que la población del planeta alcanzará un máximo de 9 mil millones (antes de mediados de siglo), pero la tendencia apunta a una tasa de natalidad mucho menor que la necesaria para mantener la estabilidad demográfica.

Los demógrafos no explican las causas de esta tendencia a la autocensura en la raza humana; no es su competencia. Pero no es difícil de comprender, porque tenemos ante nuestros ojos tres causas de este colapso.

La primera razón es que, debido a factores ambientales como la proliferación de microplásticos, la fertilidad masculina ha ido disminuyendo rápidamente durante varias décadas (en 2020 se estimó que había caído un 58% en cuarenta años).

La segunda razón es la tendencia a que la sexualidad reproductiva desaparezca en la generación digital. El tiempo dedicado a la vida en línea se resta a los encuentros físicos, y el trauma de la pandemia ha precipitado un proceso de sensibilización fóbica hacia el cuerpo ajeno. La sexualidad (especialmente la heterosexualidad) tiende a desaparecer.

La tercera razón reside en la percepción subconsciente de las mujeres: dar a luz hoy significa traer al mundo víctimas indefensas de un entorno físico, social y geopolítico cada vez más insoportable, triste y opresivo. Por lo tanto, cada vez menos mujeres están dispuestas a ofrecerse como guerreras armadas por su país y como esclavas del capitalismo hipercolonialista.


Si desean tener relaciones sexuales con hombres, pueden hacerlo sin correr el riesgo de procrear (aunque parece que cada vez lo desean menos, dado que la heterosexualidad está disminuyendo en todas partes).

El artículo de The Economist se limita a describir el futuro cercano sin comprender del todo el significado del proceso continuo de autocensura.

El artículo ni siquiera menciona una implicación crucial del proceso demográfico de auto-represión: el envejecimiento de la población, que ahora es evidente en gran parte del norte global, especialmente en Occidente, y que conduce al agotamiento mental, así como al físico y sexual.

A principios del siglo XX, la población mundial era de dos mil millones de personas, y aun así era posible sobrevivir, progresar y expandirse. Cabría suponer, entonces, que una disminución de unos pocos miles de millones no sería tan grave. Sin embargo, esto pasaría por alto un hecho crucial: cuando la población mundial alcanzó los dos mil millones en 1900, la gran mayoría tenía entre veinte y treinta años, y solo un pequeño porcentaje (menos del 10 %) superaba los sesenta.

Hoy, la situación se ha invertido. En Europa, Japón y Rusia, la población anciana representa un tercio del total. Como todos saben, no se trata solo de un problema económico, sino de un problema de energía psicocultural. Un planeta deprimido y senil, psicológicamente incapaz de proyectar el futuro.

La espiral de agresión genocida en la que Occidente se ha adentrado en la última década es, principalmente, consecuencia de la psicosis senil de la raza blanca. Esta psicosis, que tiene un fuerte componente suicida y nos conduce rápidamente hacia la guerra nuclear, está destinada a multiplicar los efectos del exterminio militar, la devastación ambiental y, sobre todo, la implosión demográfica.

Pensar en este horizonte de última instancia nos saca de la órbita del marxismo, que no nos ayuda a comprender tendencias que no pueden reducirse a la dimensión económica y que se basan cada vez más en procesos antropológicos, ecológicos y psicopatológicos para los que el marxismo no posee la clave.

El marxismo fue capaz de comprender la captura de la mente en el proceso de acumulación de capital ( Intelecto General ), pero no pudo imaginar que la mente se convertiría en objeto de subyugación tecnocognitiva.

La historia de la humanidad llegó a su fin principalmente debido a la reconfiguración cognitiva y la subyugación de la atención.

Por lo tanto, es natural que el animal humano (feroz como ningún otro) se reprima a sí mismo tras la desaparición de la humanidad.

El autómata probablemente seguirá existiendo, superior a nosotros porque no conoce ni el placer ni el sufrimiento.


Via San Vitale, Bologna.

Pero no me importa el autómata.


Fuente: ILDISERTORI

viernes, 27 de marzo de 2026

Errores de cálculo

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.

La falta de visión de EEUU tiene que ver con la soberbia de quien está acostumbrado a dictar su voluntad en el mundo y encuentra grandes dificultades en cambiar y adaptarse a la nueva realidad

     En los últimos cuatro años, hemos ayudado a tres grandes errores de cálculo del hegemonismo occidental liderado por Estados Unidos.


Donald Trump, durante su visita a Memphis por la campaña Making America Safe Again, el pasado 23 de marzo.

El primero fue el de Rusia. Se creía que, provocando la invasión de Ucrania, Moscú sufriría una “derrota estratégica” y una debacle económica como resultado de las sanciones y de un aislamiento internacional que se daba como seguro. Nada de eso ha ocurrido. El segundo fue con China. Creían que las barreras y sanciones comerciales y tecnológicas se duplicarían a Pekín. Tampoco eso ha ocurrido. China ya es una gran potencia tecnológica que, por ejemplo, produce sus propios microprocesadores. Bastó con que Pekín amenazara con responder cortando toda su exportación de tierras raras, los minerales esenciales para alta tecnología, defensa y energías renovables de los que dispone casi en solitario, para anular todo aquello. El tercer error de cálculo lo estamos viendo ahora con Irán.  

Creían que la decapitación de su liderazgo político y el bombardeo general desencadenaría una revuelta y que esta propiciaría el cambio de régimen. Resultó que Irán resistió y aplicó un plan de guerra asimétrica perfectamente conocido desde hace años: misiles y drones fabricados y lanzados desde instalaciones subterráneas contra Israel y las bases americanas de Oriente Medio, más cierre del estrecho de Ormuz. La consecuencia es que Irán necesita no perder en esa guerra asimétrica para ganar la guerra, mientras que Estados Unidos e Israel necesitan una victoria total. Si la reserva iraní de misiles y drones es superior a la reserva de interceptores de Estados Unidos e Israel, esta verbena estaría sentenciada...

Tres errores de cálculo tan monumentales y manifiestos en tan poco tiempo, obligan a preguntarse por las causas. Me parece que la principal es de índole general: ignorando que el mundo ya es multipolar, es decir que cuenta con diversos polos de poder que interactúan, Occidente continúa comportándose como si su hegemonismo sigue siendo viable. Esa falta de visión tiene que ver, a su vez, con la soberbia de quien está acostumbrado a dictar su voluntad en el mundo y encuentra grandes dificultades para cambiar y adaptarse a la nueva realidad.

También tiene que ver con la decadencia de los procedimientos de toma de decisiones y cierto colapso institucional. Por ejemplo, ahora, el 12 de marzo, la Asamblea Popular Nacional de China acaba de aprobar su XV plan quinquenal para el periodo 2026/2030. Uno puede sonreír al contemplar la ordenada geometría aprobatoria de la Asamblea –el documento final fue aprobado por 2.758 votos a favor, uno en contra y dos abstenciones– siempre que se olvide que detrás de ese plan ha habido un ingente trabajo de institutos y expertos, y controversias entre diferentes corrientes de pensamiento sobre cada uno de sus aspectos. ¿Cómo se toman las decisiones hoy en el soberbio Imperio que va a menos? Si hay que creer lo que se filtra, la administración del Nerón narcisista sospechoso de pedofilia que manda en Washington ignora manifiestamente los dictámenes y consejos de sus agencias de seguridad y de toda la burocracia militar que solía avalar sus fechorías. El secretario de Guerra, Peter Hegseth, por ejemplo, no solo es un criminal como sus predecesores en el cargo, sino que además es un chulo de piscina que antes había sido presentador y comentarista del canal de telebasura Fox. 


La cruzada americana de Pete Hegseth.

Su colega Marco Rubio unifica en su persona el Ministerio de Exteriores (secretario de Estado) y la Consejería de Seguridad Nacional, dos burocracias enormes, además de la administración de la agencia de ayuda (al golpe de Estado) USAID. Ni uno ni otro pueden decidir gran cosa contra la infalible voluntad del desequilibrado Nerón, cuya principal virtud es concentrar todos los rasgos del típico hombre de negocios/gánster estadounidense de acuerdo con la conocida máxima de Mark Twain: “Pertenecemos a la raza anglosajona, y cuando el anglosajón quiere algo simplemente lo toma”.

Tanto en Washington como en Bruselas no hay estrategia, sino más bien un cuadro de decadencia tardorromana a cargo de toda una serie de políticos desprestigiados e incompetentes, obsesionados con la “imagen” y la “comunicación”, y rodeados de un complejo mediático y pseudoacadémico estructuralmente corrupto y servil, lo que justifica con creces la nostalgia hacia sus predecesores de los años sesenta, setenta y ochenta. ¿Qué plan quinquenal se puede esperar de esta tropa?

La decadencia institucional puede verse también en la incapacidad de las Naciones Unidas para detener la loca carrera de Israel y de Estados Unidos, para poner fin al genocidio de Gaza, condenar la guerra contra Irán y denunciar el peligro de una recesión económica mundial que contiene. El 11 de marzo, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución, la 2817 / 2026, que “condena en los términos más enérgicos” los “atroces ataques” de Irán contra los siete países del Golfo Pérsico que albergan bases militares e instalaciones de Estados Unidos. La resolución ignoró olímpicamente que los ataques eran respuesta al hecho de que desde esos países se bombardea Irán y se asesina a sus máximos dirigentes. La resolución ni mencionó ni condenó la agresión contra Irán y fue aprobada por trece votos a favor y cero en contra. Rusia y China vergonzosamente se abstuvieron.

Probablemente”, dice el economista Michael Hudson, “el resultado de todo esto será o bien reestructurar la ONU, o crear una organización completamente nueva que no contará con el poder de veto de EEUU, ni estará bajo el control de EEUU, y tendrá su propia financiación y presupuesto, y probablemente deberá mudarse fuera de Nueva York, ya que, como ha dicho el secretario general, Guterres, la ONU está en bancarrota y tendrá que abandonar Nueva York en agosto”. Veremos, pero de momento la guerra está demostrando  urbi et orbe  que el Imperio de Estados Unidos y sus perritos falderos europeos son el principal factor mundial de caos. Países como Japón y Corea del Sur, y hasta las mismas monarquías del Golfo pueden constatar ahora mismo que mientras el Imperio no se vaya de la principal región energética del mundo, el peligro de una gran recesión está servido. A los gobernantes de esos países les puede dar igual la masacre de poblaciones y la destrucción de sociedades enteras, pero, en buena lógica, la contracción de sus economías y la ruina de sus castillos de naipes financieros les debería espabilar.  

Y sobre la “operación terrestre” que el improvisador e iluminado Nerón podría estar barajando, un despacho de la CIA, fechado el 11 de agosto de 2008 en Arabia Saudí y divulgado por Wikileaks, resulta revelador. Dice lo siguiente: "La planta de desalinización El-Dyubail suministra a Riad (capital de Arabia Saudita, población 7 millones, 20% de la población total del país) el 90% de su agua potable. Si esa planta, sus conductos y las infraestructuras energéticas a ella asociadas resultaran seriamente dañados o destruidos, Riad debería ser evacuada en el plazo de una semana".


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu