miércoles, 15 de abril de 2026

‘Trump siempre se acobarda’: repaso de un año de estrategia TACO

 

      Coordinador de la sección de economía en El Salto.


Desde las treguas en sus ataques bélicos hasta las retiradas de aranceles, repasamos todas las veces que el presidente ha hecho méritos para ganarse la fama de ‘Trump Always Chickens Out


     Amenazas, exabruptos, intimidación, más amenazas, fechas límite, más faltas de respeto, violencia verbal… Si obtiene el resultado esperado, araña una victoria. Si no lo obtiene, pues se echa atrás sin cumplir las amenazas mientras se da aires de ganador que ocultan que se haya acobardado.

Podría ser la estrategia de un matón de patio de colegio en un instituto, pero es la del presidente de la primera potencia del mundo. La última ha sido el alto el fuego en Irán tras amenazar con “destruir una civilización” si el régimen iraní no aceptaba a abrir el estrecho de Ormuz y unas condiciones de rendición que no han aceptado, sino que ha sido Trump el que ha aceptado un decálogo que sabe a derrota y genuflexión ante los ayatolás.


Ataques aéreos estadounidenses e israelíes contra zonas residenciales de Teherán, que causaron muertos y heridos entre la población civil – Barrio de Sohrevardi, Teherán.

Imagen de satélite del Estrecho de Ormuz con los cargueros en color verde y los tanqueros de petróleo y gas en rojo el 23 de marzo.

Pero no es la primera vez. De hecho, este 9 de abril se cumple un año del más sonado de los Trump Always Chickens Out (TACO por sus siglas en inglés) y pistoletazo de salida de un año en el que la credibilidad de las amenazas de Trump cada vez es menor.

El 2 de abril de 2025, Donald Trump proclamaba el Día de la Liberación. Con ese rimbombante y marketiniano nombre que evocaba a la emancipación de los esclavos, el presidente le declaró la guerra comercial a todo el planeta. Tablillas en mano como si de una figura bíblica se tratara, mostró al mundo unas relaciones de países y porcentaje de aranceles que no tenía mucho sentido económico. Con impuestos mínimos del 10% a todo el globo, otros países llegaban a alcanzar porcentajes próximos al 50% por el simple hecho de tratarse de economías exportadoras de manufacturas, como Camboya o Vietnam.


Donald Trump anunciando los aranceles que impuso inicialmente a muchos páises desde el 2 de abril de 2025.


Trump rompía las reglas del juego del comercio global que habían sido impuestas por la propia potencia norteamericana. No se libraba de esta guerra ni una pequeña isla donde sólo viven focas y pingüinos.


La diminuta isla Diego García solo está habitada por focas y pingüinos y Donald Trump también le puso aranceles.

Las bolsas se desplomaron. Los mercados entraron en caos. El mayor comprador de manufacturas del mundo decidía gravar todas esas importaciones, lo que podría provocar distorsiones de todo tipo, stocks que se acumulan, precios que se encarecen en Estados Unidos, fábricas que se cierran en algún otro lado del planeta. Pero los mercados se guardaban un as en la manga que no dudaron en sacar cuando Trump decidió romper las reglas sobre las que se cimenta su beneficio económico sin que hubiera un plan b para proteger las ganancias de las empresas en Estados Unidos y de estas en el resto del mundo.

Durante los siguientes días, los mercados empezaron a dar la espalda a los bonos norteamericanos. Los inversores aceleraron las ventas de deuda, lo que hizo subir el bono del Tesoro estadounidense a diez años por encima del 4,5%, el termómetro de la confianza que tienen los mercados en Estados Unidos y en el dólar como valor de refugio en tiempos de crisis. En lugar de correr a comprar dólares, como ocurre en otros shocks económicos, los inversores se deshacían de ellos, la capacidad de financiarse de la Casa Blanca se encarecía y el dólar perdía valor. Igual que le ocurrió a Liz Truss, quien tuvo que retirar su paquete fiscal y dimitir de la presidencia de Reino Unido, los mercados torcieron el brazo a Trump.

El 9 de abril anunció una prórroga en la implementación de los aranceles de 90 días. “Aunque Trump logró resistir la caída del mercado bursátil, una vez que el mercado de bonos también comenzó a debilitarse, era solo cuestión de tiempo antes de que desistiera de sus exorbitantes aranceles", explicaba Paul Ashworth, economista jefe para Norteamérica de Capital Economics, en unas declaraciones recogidas por la BBC.

Las bolsas, felices con su hazaña, se dispararon y recuperaron gran parte de lo perdido en esa semana sin reglas. Trump se había acobardado y no sería la única vez, sino que acabaría siendo tan común que se acabó acuñando un término que en el último año ha pasado a formar parte del lenguaje periodístico, de las estrategias geopolíticas de los países que se enfrentan a las amenazas de Trump e incluso a los inversores. Trump Always Chickens Out, significa ‘Trump siempre se acobarda’, aunque una traducción más literal y despectiva podría ser ‘Trump siempre hace el gallina’.


Imagen satírica de Donald Trump que referencia el TACO.

Si bien el término ya se había utilizado con anterioridad, la gran recogida de cable y repliegue de tablillas bíblicas del 9 de abril con la prórroga de los aranceles del Día de la Liberación marcaba un antes y un después en la consolidación de TACO como estrategia común del empresario convertido en presidente. Los mercados habían acobardado a Trump porque se habían plantado ante él y sus desmanes económicos que ponían en riesgo el beneficio de sus inversiones.

México y Canadá ya lo han digerido

Sin duda, la marcha atrás del Día de la Liberación fue el más sonado y el que ayudó a identificar el TACO, pero no había sido la primera en este segundo mandato. Con la excusa del fentanilo y la inmigración, Trump disparó primero sobre sus vecinos, con los que mantiene uno de los acuerdos comerciales de última generación más antiguos que se conocen. En noviembre de 2024, nada más ganar las elecciones, Trump anunció aranceles del 25% a las importaciones desde México y Canadá.

Pero poner barreras arancelarias a países de los que dependes industrial o energéticamente tras años de cooperación es un tiro en el pie. Primero fue la industria del automóvil, deslocalizada en México y pieza fundamental del sector manufacturero estadounidense. Los aranceles a los componentes de automóviles pusieron en jaque a una de las industrias más poderosas del país. Luego vino el problema energético con Canadá, que provee electricidad a varios estados del norte del país con los que hace frontera. Además, Canadá también es el mayor proveedor de acero y aluminio de su vecino, lo que impactó nuevamente en la industria del automóvil.

Tanto Canadá como México tomaron medidas, más cosméticas que reales, sobre el supuesto comercio de fentanilo en sus fronteras para contentar a la narrativa de Trump, pero también se plantaron y respondieron con paquetes de impuestos a los productos estadounidenses. Canadá fue primero, con aranceles por valor de 20.000 millones de dólares. México no llegó a anunciar el paquete de medidas en respuesta que estaba planeando ya que Trump se volvió a acobardar. El mandatario no calculó bien lo que suponía amenazar a sus dos socios principales y que estos no cedan a las advertencias. El 9 de marzo, pocos días antes de que ocurriera lo mismo con la tablilla de los aranceles a todo el planeta, Trump se veía obligado a rebajar sus amenazas y aranceles sobre México y Canadá. Aunque, como siempre, lo vendió a sus votantes como una victoria.

A China no le asustan los matones

Si hay algo que sobrevuela todo lo que hace Estados Unidos a nivel geopolítico es su guerra por la hegemonía con China. La intervención de Venezuela, las amenazas sobre Groenlandia o Panamá, las sanciones a países que deciden dejar de comprar crudo en dólares o incluso la guerra en Irán tienen a la rivalidad con el gigante asiático como telón de fondo. No es de extrañar que los mayores ataques comerciales hayan ido dirigidos a su oponente, pero Xi Jinping tiene suficientes armas como para defender sus intereses y no temer al matón.

A comienzos de febrero de 2025, Trump impuso un arancel a China del 10%. El Partido Comunista contestó con aranceles del 15% a ciertos productos. El 4 de marzo, Trump subió la apuesta al 20%. China aumentó su listado de productos y porcentajes añadiendo varios nuevos. La Casa Blanca no ha sido capaz de torcer el brazo a China y siguió subiendo impuestos a sus importaciones. Trump ha llegado a subir los aranceles a los productos chinos hasta un 145% creyendo que sus amenazas arrodillaría a Xi Jinping. Pero no fue así porque China tiene un as en la manga: las tierras raras.

El gigante asiático puso restricciones a las exportaciones de tierras raras y algunos minerales estratégicos de los que no sólo es poseedor de gran porcentaje de las reservas, sino que tiene la tecnología y la capacidad de separarlas y procesarlas. El embudo que genera cerrando el grifo de estas exportaciones puso en jaque a la economía global, incluida la estadounidense, ya que estos materiales son necesarios para la carrera armamentística, tecnológica y energética. Se volvió a vivir otro momento TACO. Trump tuvo que rebajar el tono, reunirse con Xi Jinping y llegar un acuerdo en el que tuvo que bajar los aranceles a China a cambio de que abriera de nuevo el grifo de las tierras raras.

En Europa también se come TACO

Además de las tablillas con impuestos incluso para los productos importados de islas habitadas por pingüinos, la Casa Blanca también ha utilizado la amenaza y la coerción comercial con otros países o zonas comerciales como la Unión Europea. Trump siempre ha mantenido un tono amenazante y reproches hacia el Viejo Continente al que ha tildado de llevar estafando comercialmente a Estados Unidos desde hace décadas. La balanza comercial industrial negativa que ha mantenido en los últimos años, sino décadas, con los 27 países europeos es interpretado por el empresario presidente como una forma de engaño, sin tener en cuenta que la balanza en servicios es contraria y que ese poder comercial es causado por la fortaleza del dólar, no porque los europeos sean estafadores comerciales.

El 12 de julio de 2025, Trump anunció aranceles del 30% a los productos importados desde la UE. Los impuestos a las importaciones entrarían en vigor el 1 de agosto. Además de la tasa mínima anunciada, la Casa Blanca amenazó con incrementar otro 30% más si alguno de los Estados miembro decidía tomar algún tipo de represalia comercial en respuesta. Pero, otra vez más, a Trump le plantaron cara y tuvo que acobardarse.

La Comisión Europea y los Estados miembro siempre se han mostrado apaciguadores y dispuestos a negociar, pero también tuvieron que amenazar con paquetes arancelarios contra las importaciones desde Estados Unidos a productos como el acero, aluminio, aves, carnes e incluso un arancel del 50% al whisky norteamericano. Algo que no sentó bien a Trump, que amenazó con imponer uno del 200% a las bebidas alcohólicas europeas. Otra amenaza que nunca cumplió. Al final, aunque se han incrementado, los aranceles recíprocos entre Washington y Bruselas están muy por debajo de las primeras bravuconerías de Trump.

Groenlandia, el “trozo de hielo” que obsesiona a Trump

La estrategia de amenazar y amenazar hasta que cedan o acobardarse no ha sido tan sólo una cuestión arancelaria. Hemos visto estos últimos días cómo se ha cedido en Irán tras amenazar con la destrucción total del país, pero también hubo un caso en el que no se llegó a usar las armas pero potencias europeas tuvieron que plantarse ante Trump, Groenlandia.

Desde le comienzo del segundo mandato, Groenlandia ha sido una obsesión para el presidente. “Vamos a hacer algo con Groenlandia, por las buenas o por las malas”, “podría ir allí y quedármela y nadie haría nada” y amenazas similares han salido de la Casa Blanca en referencia a la isla bajo soberanía del Reino de Dinamarca. Trump utiliza la excusa de que China y Rusia pretenden hacerse con el “trozo de hielo”, pese a que ninguna de las dos potencias ha realizado ningún movimiento en la zona más allá de abrir nuevas vías comerciales a base de barcos rompehielos.

Tras varias semanas de amenazas constantes, desprecios al Gobierno de Dinamarca y a los habitantes de la propia Groenlandia, países europeos como Francia, Alemania, Suecia, Noruega o la propia Dinamarca enviaron efectivos militares a la isla como muestra de que no pretendían quedarse quietos ante las amenazas. Otros países no enviaron tropas, pero mostraron su apoyo total a Dinamarca. Ante esta respuesta en bloque, Trump ha rebajado el tono sobre sus intenciones en Groenlandia y ha anunciado varias veces que hay un supuesto acuerdo sobre la protección de la isla frente a otras potencias que nadie sabe muy bien en qué consiste.

Los mercados ya no creen a Trump

Pese al tono amenazante cuando hace de matón y triunfalista cuando se acobarda, la estrategia TACO está empezando a hacer mella en la credibilidad del presidente. Los mercados ya no acaban de creerse las amenazas de Trump y cada vez ven más posible que sus exabruptos acaben en la técnica de la gallina. No es que sus locas publicaciones en su red social no se sientan en los mercados, pero los temblores de los mercados ya no son los terremotos que sacudían las bolsas hace un año.

En los días previos al alto al fuego, en los que la Casa Blanca amenazó con destruir toda Irán y sus infraestructuras energéticas, el precio del petróleo subió hasta los 110 dólares. Aumentó, sí, pero no llegó ni a tocar los 118 dólares que sí que se alcanzaron de máximos estas semanas cuando Irán se opuso a rendirse a las exigencias de Estados Unidos e Israel. Una amenaza así, debería haber disparado los precios del barril a cotas de la guerra de Rusia en Ucrania, pero la realidad es que los mercados están hartos de Trump y su chulería.

Al movimiento MAGA no le gustan los gallinas

A los votantes republicanos y a la base del movimiento Make America Great Again (MAGA) no les gustan las guerras costosas en dinero y vidas de soldados, y menos todavía les gusta que los precios en las gasolineras se disparen. Los vaivenes y chulerías del presidente cada vez empiezan a hacer más mella en la base social de Trump y en su propia imagen. “La popularización del concepto TACO seguro que molesta personalmente en su ego narcisista, pero además también afecta a su imagen de autoritaria de ‘macho Alfa’, varonil y disruptiva que tiene Trump dentro del MAGA”, explica a El Salto Miguel Urbán, exdiputado europeo y autor del libro Trumpismos (Verso Libros, 2024).

Pero en ese mismo movimiento es donde Urbán también ve que existe una diversidad de vertientes que pueden explicar, en cierto modo, esos vaivenes de la política exterior de la Casa Blanca. “La incapacidad de contentar a las diferentes fracciones del MAGA e incluso a las diferentes fracciones del gobierno, hace que dé pasos hacia adelante impulsados por ciertos sectores y pasos hacia atrás”, afirma Urbán.

No es una cuestión sólo de seguidores, el propio gabinete del presidente también está mostrando sus grietas en las últimas semanas ante el apoyo incondicional a Israel y ante una guerra que no parece acabar del todo y que tendrá unas consecuencias económicas duraderas. El ex eurodiputado apunta a la ruptura entre pro-israelitas y los contrarios a Israel. Entre los sectores neocon estilo marco Rubio y los de American First anti guerras lejanas. E, incluso, incluso a las diferentes fracciones del partido republicano preocupados por el midterm o los empresarios preocupados por una crisis económica mundial. “El TACO es una representación de las propias contradicciones del gabinete de Trump”, apunta Urbán.

En lo único en lo que Trump no se ha acobardado ha sido en todo aquel escenario donde nadie le ha plantado cara. Porque esa es exactamente la estrategia del hombre de negocios: exigir, incluso amenazar con romper la baraja, y siempre llevarse lo máximo posible cuando nadie le para los pies. Si la operación sale bien, se vuelve a intentar sobre el mismo objetivo o repitiendo las formas que funcionaron la vez anterior. Por eso, tal y como predijo en una entrevista a El Salto Olga Rodríguez un mes antes de que Israel y Estados Unidos desataron esta guerra ilegal pero poco después de la captura de Nicolás Maduro, “Venezuela ha servido de entrenamiento para hacer lo mismo en Irán, igual que Panamá fue el ensayo de lo que luego hicieron en Irak”. Si nadie le ha parado los pies a Trump con Venezuela y a Netanyahu con Gaza, los matones vuelven a repetir sin acobardarse. Con la credibilidad de Trump por los suelos, los mercados ignorando los post del presidente en su red social, con Irán plantando cara y la imagen de la coalición EEUU-Israel cada vez más deteriorada, el panorama para el presidente se oscurece con cada una de las veces que se acobarda.


Fuente: El Salto

martes, 14 de abril de 2026

Tenemos que enseñar a las chicas a estar orgullosas de sus mamadas

 

 Por Nuria Alabao   
      Periodista y doctora en Antropología Social. Investigadora especializada en el tratamiento de las cuestiones de género en las nuevas extremas derechas.


Para hacer frente a los ‘deep fakes’, las imágenes robadas y el control social de la sexualidad femenina, tenemos que desactivar la vergüenza que opera como mecanismo de disciplinamiento


Detalle del cuadro ‘Mujer joven riendo con un medallón’ (Gerard van Honthorst, 1625).

     Los cambios en la tecnología y el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial están dando lugar a eso que hemos nombrado como violencia digital. En un espejo deformado de lo que supone la violencia offline, las posibilidades en internet se multiplican y aparecen formas nuevas de hacer daño: se crean o difunden contenidos que exponen a las personas sin su consentimiento. Desde la difusión de imágenes sexuales privadas hasta los deep fakes –fotos que desnudan o sexualizan a personas mediante IA– o la instalación de cámaras ocultas en habitaciones de hotel. Todo puede ser contenido. Todo puede, además, monetizarse.

El uso de la IA es muy significativo, ya que de cualquier imagen posible –por primera vez el límite es solo nuestra imaginación–, ¿cuáles son las que parecen adaptarse mejor al dispositivo de viralización? La sexualización –sobre todo de las mujeres– aparentemente captura la libido creativa de las masas, ya que en este nuevo paisaje digital se imprimen las relaciones de poder existentes. ¿Por qué a tantos varones la falta de consentimiento no solo no les genera rechazo, sino que les produce excitación?, se pregunta la influencer OnlineMami. ¿Acaso es un motivo añadido para crearlas, un extra que aporta el placer de la transgresión?

Estas nuevas formas de agresión generan interrogantes de todo tipo. Algunos tienen que ver con cómo obligar a las empresas tecnológicas a rendir cuentas por el contenido que generan o difunden. Una línea de trabajo feminista sería cómo hacer responsables a los que crean estas imágenes para tratar de frenar su proliferación. Pero otra que no podemos olvidar tiene que ver con minimizar el daño que producen. ¿Por qué deberíamos avergonzarnos de una imagen sintética, de un desnudo falso que tiene nuestra cara? Y en realidad ¿por qué debería avergonzarnos ninguna imagen sexual, sea o no falsa?

La vergüenza como control social

Cuando una imagen sexual de una chica circula sin su permiso, se activa un mecanismo de control social. Si son imágenes reales, se la puede llegar a culpabilizar: “Si no querías que circulasen, ¿por qué las grabaste?” El segundo mecanismo es clasificatorio: “Es una guarra, mira lo que hace”. “No es una mujer de alto valor”, que se diría en la manosfera.


La actriz Ángela Molina en el anuncio para la campaña institucional ‘Mujeres de alto valor’.

En cualquier caso, da igual que la imagen sea real o fabricada, parece que hay algo en esas imágenes que es inherentemente humillante o bochornoso. Y si esto se ha tranformado en las últimas décadas –o desde más atrás– ha sido precisamente gracias al trabajo de los feminismos que han luchado para liberar la sexualidad femenina de este mecanismo de control. Pero si sigue dañando más a quien aparece en la imagen que a quien la difunde, quiere decir que todavía queda mucho por hacer.

El mensaje implícito es disciplinario: no hagáis esas cosas o actuad de manera que nadie crea que sois capaces de hacerlas. La sexualidad femenina se ha regulado tradicionalmente a través de mecanismos coercitivos, pero también mediante la culpa, por sentirse sucia, “fácil” o indigna por desear. Muchas mujeres limitaban o silenciaban sus deseos para no exponerse a la deshonra social. Si aunque hoy somos mucho más libres en nuestra sexualidad, sobre todo las más jóvenes, los restos de esta moral siguen funcionando a través de la amenaza de exposición pública. Los consejos de los padres a sus hijas ahora son: no os hagáis fotos, no las enviéis. 

La “virtud” y la “castidad” se han impuesto históricamente como condiciones de valor social para las mujeres, ya que su honor y el de sus familias dependían de la vigilancia sobre su sexualidad. Este dispositivo funcionaba como mecanismo para regular la circulación de mujeres y de herencias, ligando el control de la sexualidad femenina al orden económico y familiar. Evidentemente, este ideal de pureza no se aplicaba a los hombres, y ese doble estándar parece que todavía persiste. Ya sabemos que el deseo femenino ha sido históricamente regulado para que se presente como pasivo –somos las “que consienten o no” según el marco político que ha operado estos últimos años en los discursos públicos–. Mientras tanto, el deseo masculino se representa como legítimo y activo. No se concibe que ellos puedan no desearlo y nosotras sí. De ahí que la vergüenza opere solo en una dirección y los hombres cuyas imágenes sexuales circulan no suelen sentirse mal, o no tan mal.

Aunque hoy ya no hablamos de castidad, la lógica de la pureza persiste en nuevos formatos: el slut-shaming en redes sociales, la cultura del consentimiento en clave moralizante –mujeres “responsables” que eviten situaciones que las “pongan en riesgo”–, o marcos que reproducen la dicotomía entre “víctimas” dignas y mujeres “culpables” –las que no se ajustan a la norma–. Algunos de estos marcos además, pueden venir de sectores del propio feminismo, por ejemplo en las representaciones que se hacen de las trabajadoras sexuales como siempre violadas, porque su consentimiento no es tenido en cuenta. ¿Acaso son entonces víctimas voluntarias?

Somos malas, podríamos ser peores

Virginie Despentes ha trabajado esta cuestión de la vergüenza desde un feminismo de liberación sexual. De vez en cuando hay que volver a esta autora, sobre todo en tiempos donde el conservadurismo sexual vuelve a emerger desde los lugares más insospechados, incluso desde ciertos feminismos que representan la sexualidad femenina heterosexual como un campo ajeno, lugar donde solo nos espera dolor o donde solo podemos estar al servicio de los hombres: el poliamor es para los hombresafirmarse en la sexualidad libre es neoliberal, el sexo ocasional no es placentero, dicen.


Reivindicación del poliamor en el Orgullo de Bruselas de 2015.


Despentes nos abre una ventana y por ella entra luz. “Tenemos que enseñar a las chicas a estar orgullosas de sus mamadas”, dice en Teoría King Kong.





“Me llama la atención, en primer lugar, que en las redes sociales sea posible avergonzar a una chica por chupar una polla. Y también que nosotros, como adultos, no nos hayamos sentido llamados a decir que chupar pollas es guay. Que siga siendo algo vergonzoso para una chica ser vista chupando pollas me parece increíble y creo que esto se puede cambiar. Si te apetece chuparlas, es un buen gesto. El mundo te debe gratitud”, dice en una entrevista de Patricia Reguero.

La lucha entonces es contra los restos de la moral sexual burguesa que emerge una y otra vez, sobre todo en momentos de crisis epocal como la que habitamos. Esa moral establece una distinción entre mujeres “respetables” y mujeres “degradadas”. La prostituta, la mujer promiscua o la “chica que chupa pollas” encarnan figuras de exclusión, necesarias para sostener la respetabilidad de las demás.

La gran ausente de los discursos de la última década es la chica que se comporta mal, la chica que chupa pollas, la chica fácil, la chica que quiere mucho sexo, la chica calentona. Esta que es un poco la chica de la que habla Itziar Ziga en Devenir perra.




Es necesaria una crítica de la pornografía y de determinados tipos de prostitución pero al mismo tiempo tenemos que establecer discursos que defiendan a las chicas realmente malas, y esas son las chicas que follan mucho o como quieren”, dice en una entrevista de Ana Requena. Pero estos últimos años, en nuestra lucha contra las violencias sexuales, parece que sin querer hemos llegado a potenciar esa imagen de pasividad más adaptada a la imagen de víctima, en oposición a nuestra propia liberación. Reivindicar el derecho de las mujeres a decidir sobre sus prácticas sexuales y a hablar de ellas sin vergüenza –incluidas aquellas consideradas vulgares o degradantes– impugna esa distribución desigual de legitimidad entre hombres y mujeres a la hora de acceder a la sexualidad en igualdad.

Esta no es una celebración ingenua del sexo como ámbito libre de relaciones de poder: en su propia experiencia con la violación, relatada en Teoría King Kong, Despentes reconoce cómo la violencia sexual estructura la relación entre mujeres y deseo. Su defensa de la libertad sexual va siempre acompañada de una crítica al sistema que naturaliza esa violencia. No se trata entonces únicamente de reclamar poder hacer “lo que queramos”, sino de transformar los marcos estructurales que convierten a las mujeres en vulnerables a la violencia y a la estigmatización. Y esa es una lucha paralela y necesaria.

La sacralización del sexo como trampa política

De manera que en nuestra propia práctica feminista aparece esta paradoja: cuanto más sacralizamos la sexualidad –cuanto más la tratamos como un terreno excepcional, intocable, donde se juega lo más íntimo de una persona–, más difícil le resulta a una mujer sobrevivir a la exposición pública no deseada o a otras violencias. Si que circule una imagen sexual es horrible y va a dañarte irremediablemente, entonces es también un arma tremendamente eficaz. 

Pero el daño no está en la imagen en sí sino en la mirada social que la degrada, de manera que el mensaje también podría ser: y qué si se difunde, no has hecho nada malo. En general no hay nada inherentemente denigrante en ninguna de estas imágenes. También es cierto que la práctica cotidiana es más complicada. Por ejemplo, cuando una chica de quince años llega a casa y sabe que medio instituto ha visto una imagen suya –real o fabricada, da igual– y que mañana tendrá que volver a cruzar ese pasillo. En ese momento, decirle que no ha hecho nada malo es necesario, pero quizás no basta, porque todavía operamos en el presente y es cierto que el entorno que castiga de forma injusta no se desmonta mágicamente. El sufrimiento es real. La estructura que lo produce es la que hay que desmontar.

Por tanto, además de transformar la cultura, hay otras tareas pendientes. Lo primero, insistimos, es tratar de evitar que estas violencias se sigan reproduciendo, y dejen de tener consecuencias negativas para las mujeres –por ejemplo, en algunos casos pueden despedirte del trabajo o tener otras consecuencias indeseadas–. Al mismo tiempo, hay que frenar la circulación de estas imágenes. Negarse a enviarlas, a compartirlas y señalar a quienes las difunden. Y esto no es solo cosa de chicos: también las chicas comparten, también las chicas hacen slut-shaming o reproducen la lógica que las daña. Que la vergüenza cambie de bando significa que el estigma recaiga sobre quien difunde una imagen con intención de humillar o de anular a otra persona, no sobre quien aparece en ella. 

Otra tarea necesaria, por supuesto, es estar al lado de las que las sufren y hacerlas sentir que cuentan con nuestro respaldo. Deberíamos acompañar sin minimizar su dolor pero también tratando de no reproducir los marcos moralizantes que la dañan. El objetivo es confrontar las estructuras que posibilitan –material y simbólicamente– la apropiación del cuerpo de las mujeres. Pero el trabajo es cotidiano y ordinario. Cuando una adolescente descubre que se está difundiendo una imagen suya haciendo una mamada y lo que siente no es rabia, sino culpa, sabemos que queda mucho por hacer. Lo primero será decirle que no está sola. Lo segundo, y sin titubear, es que no ha hecho nada mal. Que si le apetecía, bien hecho está.


Fuente: Ctxt

domingo, 5 de abril de 2026

El imperio se delata a sí mismo

 

   Periodista, socialista y poeta.


Lo que antes solo revelaban los denunciantes, los periodistas de investigación, los activistas y los medios disidentes, ahora lo muestra el propio imperio


     Antes era difícil hacer ver a los occidentales la depravación del imperio estadounidense. Ahora está ahí, ante los ojos de todos, con imágenes crudas de genocidio y un belicismo increíblemente perverso con consecuencias económicas directas.

Costó mucho trabajo ayudar al occidental medio a comprender que las agresiones de la OTAN provocaron activamente la guerra en Ucrania, o que el intervencionismo occidental desempeñó un papel fundamental en la violencia y el caos de Siria, o que la guerra económica de EE. UU. fue en gran parte responsable del sufrimiento de cubanos y venezolanos.

La bestialidad asesina del imperio se ocultaba tras capas de confusión, lo que permitía a los propagandistas presentar a la estructura de poder occidental como un testigo pasivo de los abusos de regímenes extranjeros.

Ahora los propagandistas tienen muy poco con lo que trabajar, por lo que esas confusiones ya no pueden tener lugar. No hay forma de presentar una escuela llena de niños volada por un doble ataque aéreo estadounidense como algo distinto de lo que es.

Hay un límite a la manipulación narrativa que se puede ejercer sobre imágenes de vídeo sin editar de un genocidio respaldado por Occidente que se desarrolla a la vista de todo el mundo, día tras día, desde hace años.

No hay forma de hacer propaganda para que los occidentales crean que quieren pagar mucho más dinero por el combustible y los alimentos.

Vi al exdiputado del Parlamento Europeo Luis Garicano quejándose en Twitter de que las acciones de Trump están haciendo que parezca que los izquierdistas han tenido razón todo este tiempo sobre el imperio estadounidense. Garicano decía lo siguiente:

«Muchos de nosotros, los europeos liberales, pasamos décadas rechazando la versión caricaturesca de Estados Unidos que tiene la extrema izquierda europea (todo es petróleo, imperialismo, enriquecerse a costa de otros) y luego llega una administración estúpida y representa esa caricatura a la perfección».

Toda la visión del mundo de Garicano depende de su capacidad para evitar reconocer la verdad obvia: que la llamada «extrema izquierda» siempre ha tenido razón, y que el imperio al que adora siempre ha sido malvado. Simplemente le cuesta cada vez más ocultar su verdadera naturaleza, precisamente por los males que ha intentado ocultar.

Todo se está revelando cada vez más. Cada vez es más transparente. Lo que antes hacían únicamente los denunciantes, los periodistas de investigación, los activistas y los medios disidentes, ahora lo hace el propio imperio, porque no se puede ocultar por mucho tiempo la verdad sobre algo tan maligno.

Un imperio que se mantiene unido gracias a las mentiras, la corrupción y una matanza sin fin nunca iba a pasar desapercibido. La brutalidad necesaria para dominar el planeta tenía que salir a la luz tarde o temprano.

«Que todo salga a la luz» ha sido mi plegaria por nuestro mundo desde hace muchos años. Ese deseo tan arraigado está ahora siendo escuchado, y la verdad resulta tan espantosa como se esperaba.

Que todo salga a la luz. Que todo lo que está oculto se haga visible. En el imperio. En nuestros gobiernos. En nuestra cultura. En nuestra comunidad. En nuestras relaciones interpersonales. En nosotros mismos.

Todo abuso se reduce, en última instancia, a una falta de visión clara. Los gobiernos pueden abusar de las personas porque el público no ve con claridad la dinámica de la corrupción y la tiranía; si realmente entendiera lo que sus líderes les están haciendo a ellos y a su mundo, se rebelaría violentamente.

La violencia doméstica y el abuso sexual en la familia solo pueden continuar cuando el resto de la comunidad no ve ni comprende lo que está haciendo el abusador.

Nuestras propias tendencias abusivas solo pueden persistir mientras nuestras respuestas al trauma y nuestros mecanismos de afrontamiento desadaptativos permanezcan ocultos en las sombras de nuestro subconsciente.

Todas estas dinámicas disfuncionales perderán su vigencia a medida que tomemos cada vez más conciencia de lo que realmente está sucediendo, tanto en nosotros mismos como en nuestro mundo. Las cosas parecen feas ahora porque la verdad es fea, pero solo cuando la verdad se revele podremos avanzar hacia la salud y la armonía como especie.

Si alguna vez has realizado un trabajo interior profundo sobre tu propia psicología, habrás visto cómo se desarrolla esto en tu propia experiencia personal. Puedes sanar tus heridas internas si eres capaz de reunir el valor para sumergirte en tu propia oscuridad y enfrentarte con una honestidad inquebrantable a las incómodas realidades que has estado evitando dentro de ti mismo a lo largo de toda tu vida —pero mantuviste esas cosas en el inconsciente por una razón.

Dan miedo. Son dolorosas. Son vergonzosas. Enfrentarlas puede parecer el fin del mundo. Sin embargo, solo sacándolas a la luz de la conciencia pueden verse plenamente, reconciliarse y sanarse.

El mundo entero es así. Los seres humanos, como colectivo, no podemos solucionar problemas que no vemos ni comprendemos con claridad.

Nuestros gobernantes dedican tanta energía a mantener operaciones de influencia, como la propaganda de los medios de comunicación, las operaciones psicológicas de Hollywood, la manipulación de algoritmos de Silicon Valley y el secretismo gubernamental, con el fin de obstaculizar nuestra visión clara y nuestra comprensión.

Pero ahora todo está saliendo a la luz. Cada vez se ve más.

Que las mentiras y las confusiones sigan desentrañándose. Que la verdad siga revelándose.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu