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domingo, 25 de octubre de 2026

Lo Perentorio

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     De Portugal a España, de Francia a Bélgica, de Alemania a Grecia... Protestan por el coste de la vivienda, por los recortes educativos, por la congelación de las pensiones, por el disparado coste de la vida, por la creciente militarización y el gasto militar mientras se recortan partidas sociales. Un fantasma recorre Europa, como aquél al que se refería Karl Marx en 1848.

Porque el edificio social no se aguanta. Llevamos demasiado tiempo huyendo hacia adelante, acumulando contradicciones y ahondando en la insostenibilidad general de nuestro sistema, sin dar soluciones reales a nuestros problemas, sin atrevernos a plantear lo que tenemos que plantear.

Suelo comentar en las charlas que la consolidación de la socialdemocracia en Europa tras la Segunda Guerra Mundial es consecuencia de un pacto en el que los partidos de izquierda renuncian a hacer la revolución pendiente hacia el socialismo o el comunismo, en tanto que el capital se compromete a ofrecer una cara más humana, apostándose por un refuerzo del Estado del Bienestar. Eso ha permitido que, durante décadas, no haya habido un cuestionamiento abierto del capitalismo por parte de los partidos dichos "de izquierda". En el largo plazo, eso ha hecho que la frontera ideológica entre la izquierda y la derecha haya quedado un tanto diluida, hasta el punto de que, antes de la crisis de 2008, parecía que lo único importante era su posicionamiento en materia de libertades individuales y una visión más tradicionalista o más innovadora de la sociedad. La política económica era prácticamente la misma entre los partidos con posibilidades de gobierno, y las políticas sociales (donde había más diferencias de criterio) no podían en ningún caso contradecirla, por lo que, cuando llegó la crisis del 2008, hasta los gobiernos de izquierda aplicaron recortes sociales.

Pero ahora estamos en un momento histórico. La fase expansiva del capital ha llegado a su fin. El mundo se le ha quedado pequeño. Los recursos empiezan a escasear (es un sarcasmo decir esto, si se tiene en cuenta su obscena abundancia: más que escasear, su disponibilidad ya no crece sino que mengua, pero sigue siendo gigantesca). Los problemas ambientales crecen y se multiplican. Y la estructura social se tambalea. 

En su búsqueda incesante del crecimiento, el capital está extrayendo renta de los últimos nichos que le quedan. Por un lado, ha apostado con fuerza por la última locura tecnológica, la Inteligencia Artificial, hinchando una enorme burbuja que inevitablemente tendrá que reventar. Por el otro, ha acaparado un bien de primera necesidad, al que todo el mundo se ve obligado a recurrir, la vivienda, de forma parecida a como ya lo hizo hasta 2008 y que llevó a la gran crisis de aquel entonces. Pero la crisis de 2008 fue una crisis hipotecaria, es decir, de compradores. En 2026 estamos en una crisis de alquiler. Ya no es poseer: es tener un lugar donde dormir, aunque no sea tuyo. Estamos llegando a las últimas posibilidades de exprimir el mercado de la vivienda. O más bien, de exprimir a las rentas del trabajo.

Lo de Ormuz no va mal. Va fatal. A Irán se le ha acabado la paciencia, y después de que los EE.UU. le hundiera 5 petroleros en septiembre se ha quedado casi sin capacidad de exportar. Después de varios intentos y avisos de que solo permitiría pasar barcos que bordearan la costa iraní, con pago de peaje incluido, la persistencia en burlar el bloqueo por el método de pasar por el lado de la costa de Omán, apagando el AIS de los buques y contar con escolta americana ha hecho que Irán dé un puñetazo en la mesa. En los últimos días ha hundido dos superpetroleros y dos buques portacontenedores, y en seguida el petróleo Brent ha llegado casi a los 110 dólares por barril. En las últimas semanas, Irán ha reiterado su disposición a abrir el estrecho con un "plan de 7 días", pero está claro que sus términos no son aceptables para los EE.UU. Así que la cosa solo puede ir a peor.

El precio del combustible está disparado en Europa, con valores por encima de los 2€ el litro en la mayoría del continente. Y la cosa puede ir a peor: el reciente desplome de los márgenes de refino hasta valores negativos hace que algunas refinerías en Europa se planteen reducir e incluso parar la producción. Puede parecer paradójico que justo cuando los combustibles son más caros las refinerías puedan perder dinero, pero en eso influye mucho la volatilidad del precio del petróleo físico y los compromisos de suministro a plazo. El precio del petróleo físico es aquel con el que llega a la refinería, e incluye tanto el precio de la materia prima en sí (que es el que se suele dar en las noticias) como el precio del transporte y de los seguros, ambos actualmente disparados por la mayor longitud de las rutas y por los riesgos enormes de transitar alrededor del Golfo Pérsico. Hace ya meses que el precio del petróleo físico supera habitualmente los 150$, pero con la reciente subida de precio del petróleo en sí y de los seguros (no ayuda mucho que se estén hundiendo barcos), ahora mismo supera frecuentemente los 170$, comiéndose los márgenes que hace unas pocas semanas habían llegado hasta los 100$ para el diésel. Así que el incremento del precio del petróleo puede, paradójicamente, llevar a cerrar refinerías, haciendo la escasez aún mayor.

Y recordemos que no solo el petróleo está varado en Ormuz. Falta gas natural, lo que es preocupante en Europa de cara al invierno, tanto por las necesidades de calefacción como para la estabilidad de la red eléctrica (ya se habla de reducir el consumo de gas un 7%). Faltan fertilizantes, justo cuando en unas semanas debería empezar la siembra del cereal de invierno. Falta ácido sulfúrico que afecta a la extracción de todo tipo de metales y minerales. Falta y faltará de todo.

Como consecuencia de todo ello, la vida es cada vez más cara. La inflación en España llegó al 4,9% este mes de septiembre, y hasta el 3,8% en el conjunto de la Unión Europea. ¿Y qué creen que pasará en los próximos meses? Que irá a peor. E, inevitable, en lontananza (o no tan lejos, nadie lo sabe con certeza), una gran crisis económica. Por tanto, en el horizonte tenemos más recortes, mayor coste de la vida, salarios congelados o a la baja y mayor precariedad laboral. En suma, más leña para el fuego social.

La gente que ha salido a la calle no sabe de Tasas de Retorno Energético, de ritmos de declive o de la inviabilidad material de la Renovable Eléctrica Industrial.


El sector fotovoltaico pide 945 millones para rescatar al 15% del sector.

Lo que saben es que su vida es cada vez más dura, más difícil, más estrecha.


Acampada por la vívienda en la Puerta del Sol de Madrid.

Estamos inmersos en un intenso proceso de empobrecimiento, el cual además será cada vez peor, porque el capital necesita a toda costa garantizar sus tasas históricas de ganancia, pero realmente no hay manera de mantenerlas en un mundo de recursos cada vez más escasos.

La verdad incómoda que nadie quiere asumir es que es necesario y urgente superar el capitalismo. Es necesario y urgente transitar hacia otro modelo económico que no necesite el crecimiento. Y cuánto más tardemos en hacer ese cambio, más degradación social habrá. Por sintetizarlo con un término (y dado que soy de la vieja escuela y me gusta usar palabras que condensan muchos conceptos pero que ya nadie utiliza), lo denominaré el Cambio Perentorio (perentorio: que es concluyente, definitivo, urgente o que no admite prórroga ni discusión). O, simplemente, lo Perentorio.

Algunos intentan esconder lo Perentorio detrás de banderas y cubrirlo con soflamas patrióticas. Que lo importante es la unidad de la Patria, y que la Patria está en peligro. Que, en cuanto "salvemos la Patria", todo estará arreglado. Sin embargo, lo Perentorio es internacional, no distingue de patrias ni fronteras: nuestra lucha aquí es en realidad la misma lucha de los franceses y los portugueses y, aunque en nuestro snobismo no nos demos cuenta, la misma de los latinoamericanos, los africanos y los asiáticos.

Otros intentan convencernos de que lo Perentorio es la inmigración, que todos los problemas nacen de una inmigración descontrolada, que si echamos a todos los inmigrantes nos irá bien. Pero en realidad el empobrecimiento creciente nace de la imposibilidad de mantener un capitalismo siempre creciente en un planeta finito, y con o sin inmigrantes esa situación se va a mantener. De hecho, la obsesión por criminalizar y marginar a los emigrantes, que son quienes hoy en día sostienen una parte fundamental del sistema productivo español y sobre todo la natalidad, resulta muy útil a un capital que usará su inseguridad social para continuar explotándolos y pagándoles salarios de miseria. La xenofobia y el racismo está al servicio de la explotación laboral, y de ninguna manera resolverán lo Perentorio. 

Otros, desde posiciones pretendidamente progresistas, insistirán una vez más en el fracasado modelo de la Renovable Eléctrica Industrial, como si no estuviese hundiéndose, como si fuese capaz de resolver el problema de electrificar ese 70 y muchos por ciento del consumo de energía final que no es eléctrico.

Se enfrascarán en soluciones de carácter tecnológico por temor a abordar el problema de fondo, y es que lo Perentorio es social, donde se tiene que operar el cambio más profundo es en el modelo social.

Nadie quiere denunciar el capitalismo como lo que es, un modelo inviable. Nadie se atreve a proponer un abandono del capitalismo. Nadie tiene el valor de intentar cambiar el capitalismo y superarlo.

Las protestas y manifestaciones que han surgido en toda Europa nacen de la constatación de que los ciudadanos de a pié están huérfanos políticamente: nadie les representa, nadie defiende sus derechos, nadie se atreve a cuestionar a quienes los están machacando y desposeyendo. Por eso, solo pueden ir a más.

Quizá la oleada de protestas de hoy se apague con promesas reformistas tras las elecciones, por cansancio de los manifestantes o por medio de la represión más feroz. Pero lo Perentorio seguirá estando ahí. Y lo Perentorio no puede ser ignorado: necesita una respuesta, que tarde o temprano tendremos que darle.

También forma parte de lo Perentorio la situación ambiental y particularmente climática, y como, de nuevo, la única respuesta sensible al Cambio Climático es la superación del capitalismo, nadie se atreve a hacer nada efectivo sobre el tema, y algunos hasta se permiten dudar de que haya un Cambio Climático con argumentos cada vez más huecos y más estúpidos: "siempre hizo calor en verano", "siempre hubo incendios", "siempre hubo gotas frías", "siempre hubo inundaciones". Mientras esto escribo hay 850.000 personas confinadas en las provincias de Valencia y Alicante por culpa de unas precipitaciones monstruosas que en las últimas 24 horas han dejado 300 litros o más por metro cuadrado, en los puntos más extremos superando incluso los 700 litros por metro cuadrado. El Mediterráneo está más de 3 grados por encima de la media de temperatura de los años 80, y por culpa de eso solo podemos esperar que las lluvias torrenciales continúen durante las próximas semanas. Pero no sabemos si nuestras infraestructuras aguantarán eso. A todo el estrés social que supone lo Perentorio, hay que añadir una capa adicional de estrés causado por el Caos Climático.

Mañana por la mañana se ofrecerán sendas ruedas de prensa, en Barcelona y Valencia, enmarcadas en la iniciativa "Alerta el Niño". En ellas se exigirá a las administraciones locales (catalanas en el primer caso, valencianas en el segundo) que tomen medidas de preparación para lo que viene. Porque estas lluvias son solo el aperitivo de lo que va a venir el año que viene. Este Niño, de unas dimensiones nunca antes vistas, va a golpearnos con dureza inusitada, y debemos prepararnos ahora, cuando hay tiempo. Porque la emergencia no empieza cuando se desbordan los torrentes, se queman los bosques o la gente muere de golpes de calor. La emergencia empieza cuando conocemos el riesgo y decidimos no prepararnos.



Fuente: The Oil Crash

viernes, 23 de octubre de 2026

¡Españoles, a votar!

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (11 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

Sea como sea, estas elecciones han sido convocadas en condiciones feas, inquietantes, desde luego mejorables. Y por eso el bullicio contra reloj de la constitución de candidaturas ha resultado tan decepcionante. Este cronista desea fervientemente que gane Pedro Sánchez y vuelva a ser presidente del Gobierno, esta vez con la ayuda fehaciente y necesaria del Frente Amplio (de Podemos, formación en la que no he creído nunca, ya hablaré otro día), para lo que aportará su granito de arena. Al candidato Sánchez, no obstante, se le deben hacer algunas observaciones que considero muy del caso, empezando por recordarle que la crisis de la vivienda se ha ido envenenando en los últimos años, los de su mandato, y que su Gobierno (y las sucesivas ministras del ramo) no han hecho gran cosa por conjurarla; y continúo recriminándole que sigue dedicando a vivienda pública mucho menos que a la adquisición de armamento, lo que no tiene ninguna justificación. Es su policía, por otra parte, la que está apaleando a muy dignos y responsables ciudadanos que se manifiestan por la catastrófica situación de la enseñanza y la sanidad públicas en la Comunidad de Madrid.

Con esta advertencia, en realidad constatación profunda, válida para los tiempos que vienen con cualquier Gobierno que salga ganador: que la Policía Nacional actúa más bien en sintonía con la Ayuso, convirtiéndose el delegado del Gobierno en Madrid en un cero a la izquierda (¿Pues no ha dicho este burócrata oscuro y acomplejado, cuando se le ha pedido explicaciones por la violencia policial, que “eso está en manos de la Policía de Madrid”? ¿No es para correrlo, a él sí, a gorrazos?). Esa “autonomía” policial en sus tareas de represión, que debiera hacer caer a ese delegado del Gobierno y al mismísimo ministro Grande-Marlaska, nos debe recordar que, en efecto, ni el Gobierno actual ni el futuro, en su versión de izquierdas, que es lo que quiero plantearme con fe y esperanza, controla las principales fuerzas fácticas en presencia: que seguimos dudando sobre el carácter necesariamente democrático del Ejército (demasiado franquista, para los años que han pasado), que la Iglesia mantiene su labor de zapa contra todo lo que sepa o huela a izquierda, que los bancos, las eléctricas, las constructoras, las telecos, etc., mandan y deciden más que el Gobierno y se muestran con los ciudadanos cada día más dispuestos a saquearlos y noquearlos.

Con la nota aclaratoria de que los ámbitos de mayor dignidad democrática, de evidente tinte izquierdista como son la educación y la sanidad, son objetos de un implacable maltrato por la derechona jaleada por esas otras instancias señaladas, tratando de reducirlos a la impotencia y la humillación.


Policías aporreando a manifestantes educadores (laSexta).

Que lo de Madrid se pasa de castaño oscuro, y a esta Ayuso hay que tenerle menos miedo/respeto, ya que está destrozando lo esencial de nuestra sociedad y nuestra convivencia: yo propondría al Gobierno de izquierdas que salga elegido en noviembre que no se ande con chiquitas con la malvada dama de la provocación y decrete un 155 contra la Comunidad de Madrid para salvar la sanidad, la educación y los servicios públicos, hasta que se ponga orden en el estropicio.

Esta Policía y quienes la controlan de hecho, deben estar mirándose en la represión que actúa contra las masas exasperadas en media Europa y en las medidas autoritarias (más palos, más detenciones) con que respaldan ese ensañamiento los Gobiernos de Francia e Italia. Y no se la ve capaz de entender -sus mandos directos y, sobre todo, los políticos- que la agitación callejera es muestra clara y harta de la violencia de tantos Gobiernos conservadores y ultras, europeos, que no dejan de incrementar el abuso agresivo contra sus respectivas ciudadanías, no sirviendo de nada el funcionamiento democrático de las instituciones, que se vuelcan en proteger y fortalecer a los de siempre. Serio, y desolado, recordatorio para cuando ganen las izquierdas, y horrorosa advertencia para el caso de que ganen PP y Vox, cuyos planes de Gobierno son apretarnos el cinturón y desposeernos para mejor aplastarnos, ya que están preparados para desatar la violencia desde el poder contenida en los últimos años, mientras han tenido que morder el freno (que ya los conocemos).

El otro tema de envergadura que quiero poner de relieve es el de la crisis con Marruecos y la militarización tan procazmente emprendida por este Gobierno. Porque Sánchez mentía cuando en la radio afirmaba que no tenía constancia de la intervención de Marruecos en la avalancha de Ceuta de julio; mentía y lo sabía, y nosotros sabíamos que mentía; a su vez, él sabía que nosotros sabíamos que mentía; y nosotros sabíamos que... etc.

La tensión con Marruecos no va a ceder en los próximos meses y años, porque Mohammed VI quiere dejar encarrilado, si no cerrado, el asunto de las plazas africanas de España, o sea, su “recuperación”, para que lo arregle del todo su hijo Hasán, que pronto le sucederá. Y, según la experiencia histórica, la acción marroquí (política, diplomática, pseudo militar) mantiene claras ventajas frente a España, por lo que hay que ir haciéndose a la idea de poco agradables desenlaces teniendo en cuenta los odiosos, pero imposibles de erradicar, prejuicios anti-moro, anti-árabe y anti-Islam, hondamente instalados en la mayoría de nuestra población, con especial intensidad en organizaciones como el Ejército, los partidos de derechas, los neofascistas, etc.

Hizo muy bien Pedro Sánchez con su “No a la guerra” frente al Trump agresor en Irán evocando, supongo, el gran rechazo del pueblo español a la guerra de Iraq en 2003, y ha conseguido causar impacto, justamente. Pero evita aludir a la entrada en la OTAN y el reconocimiento del Estado de Israel, en 1986, así como a la primera guerra de Iraq de 1990-91, que fueron decisiones de sus predecesores socialistas y cuyas consecuencias, sobre todo las que tienen que ver con las grandes pifias de 1986, las sufrimos actualmente y debieran alertarnos de mucho más serios episodios futuros, tal y como se mueve la política internacional y los degenerados que la dominan. De modo que esa valentía que hay que reconocerle debiera ser consecuente al menos en dos aspectos, siendo el primero el desembarazarse de aquellas decisiones de Felipe González (y, si es posible, promover la expulsión del partido de este gruñón incontinente, que viene aumentando el ruido de sus intervenciones para disimular sus responsabilidades en la fragilidad exterior del país); y el segundo sería poner en marcha el procedimiento de clausura de las bases norteamericanas en España, esa impúdica herencia del franquismo, porque no son sino un riesgo crecientemente cercano, siendo nuestro primer enemigo exterior el imperialismo enloquecido norteamericano, que nos empuja y compromete. Y porque ya está bien.

(Ya que Marruecos, precisamente, está sustituyendo a grandes zancadas a España como aliado privilegiado de Estados Unidos a la entrada del Mediterráneo... dejemos que se vayan los yanquis de nuestras bases “conjuntas”, como le gusta amenazar al indescriptible Trump. A lo malo, se los sustituye con personal español para que los pueblos que se benefician de su presencia no noten demasiado su ausencia...)

Pero por contra a su actitud aparente y parcialmente pacifista, nuestro presidente estimula el rearme y el estirón de la industria militar naciona, y sigue apoyando militarmente a Ucrania (¡a un régimen filonazi, corrompido y manipulado!) por incordiar a Rusia, fielmente alineado con la agresiva, mendaz y supremacista OTAN. No me ha gustado nada que anuncie que será Margarita Robles, la ministra-sargento, su número 2 en la candidatura del PSOE por Madrid, ya que se trata de una beligerante e intervencionista, furibunda rusófoba y estratega de pacotilla, y porque no se entera de que su Ejército malamente puede pasar por democrático, con esas investigaciones que dice acometer, muy seria, cuando sus exabruptos trascienden (¿qué les va a pasar a esos legionarios de Ceuta, racistas y delincuentes?).

En relación con la agresividad de nuestras fuerzas armadas en ciertos escenarios exteriores, insisto en mi advertencia (porque ya me puse serio con “España provocando en el Báltico: ¿Rusia es culpable?”, cuartopoder.es, 22 de marzo de 2018), de que nuestros pilotos de los F-18 sobre los cielos neutros del Báltico se están pasando en sus provocaciones contra Rusia, y se están ganando un buen zarpazo del oso ruso (o sea, de los Mig que guardan sus fronteras), por chulos e irresponsables.


Un F-18 español intercepta a un avión ruso sobre el Báltico (Vozpopuli).

Y no nos creamos que la OTAN va a responder a ese encontronazo echando mano del famoso artículo 5 de su Carta: vociferaciones y ya.

lunes, 19 de octubre de 2026

La IA en China: entre el código abierto y el control estatal

 

 Por Elena de Sus   
      Periodista en Ctxt.


El país asiático compite por los estándares de la inteligencia artificial ofreciendo apertura y ‘open source’ al “sur global”. Al mismo tiempo, busca integrar esta tecnología en su modelo político y contener las amenazas que percibe en ella.


Trump junto a Xi Jinping durante una visita a China en mayo de 2026.


     En la visita oficial del presidente chino, Xi Jinping, a su homólogo estadounidense, Donald Trump, en septiembre se habló, entre otras cosas, de inteligencia artificial. Esta tecnología se ha convertido en un campo de batalla geopolítico, en el que las dos potencias tratan de reforzar sus áreas de influencia e imponer estándares, en medio de la incertidumbre sobre sus impactos económicos y sociales.

Más allá de la insistencia de Trump en sustituir el término “inteligencia artificial” por el de “superinteligencia”, que considera “más apropiado”, los dos mandatarios acordaron establecer un diálogo sobre el desarrollo de esta tecnología, con una primera reunión prevista para noviembre. Además, anunciaron que abrirán un canal de comunicación bilateral para mantenerse informados de posibles incidentes y riesgos.

En Estados Unidos, el discurso sobre la inteligencia artificial ha adquirido un tono apocalíptico. El hackeo de la página especializada Hugging Face por parte de un grupo de agentes de IA al servicio de OpenAI hizo saltar las alarmas. Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó el 12 de septiembre una carta abierta en la que solicitaba regulación que les permitiera “ralentizar” el desarrollo de la IA, aunque destacaba que para que esta fuera efectiva era necesario tomar medidas proteccionistas que obligaran a China a “frenar” también. Sam Altman, CEO de OpenAI, y Elon Musk, propietario de xAI, compartieron y apoyaron su mensaje en la red social X. En definitiva, la industria está pidiendo ser regulada (y protegida frente a la competencia china).

Donald Trump no parece impresionado. “El único control o ‘barrera’ que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE Y LISTO (¡con alto IQ!) y los Estados Unidos lo tienen, de sobra”, publicó en su propia red social el 14 de septiembre. 

Jacob Coxon, el exempleado de OpenAi y Anthropic que afirma que si no se frena su desarrollo “la IA podría matarnos a todos”, asegura que es imprescindible colaborar con China para evitarlo, pero Trump declaró tras el encuentro con Xi que “preferiría no colaborar, porque vamos ganando por mucho. (...) Cuando vas ganando, no compartes con el otro”.


Inteligencia artificial.

“La estrategia de los estadounidenses ha sido desarrollar la IA más avanzada, correr mucho para estar a la vanguardia”, resume Juan Vázquez Rojo, doctor en Economía y autor de El regreso de China (Península, 2026), quien explica que el enfoque chino es algo diferente: “En el 15 Plan Quinquenal que ha lanzado China este año se habla de impulsar la IA, pero no ‘en línea recta’. Es decir, no concentrarse solo en lograr los mejores modelos, sino buscar aplicaciones específicas en toda la industria, que se aplique en el día a día de las empresas, de los hospitales, de los centros educativos… Que genere un impulso económico, que se aterrice”.

“En China, la inteligencia artificial forma parte de un proyecto nacional de modernización”, afirma Xulio Ríos en su reciente libro China: la modernización permanente (Txalaparta, 2026). “Beijing (...) aspira a demostrar que puede integrarla dentro de su propio modelo, preservando la dirección estratégica del Estado, estimulando la competencia empresarial, reforzando la soberanía tecnológica y manteniendo bajo control los riesgos políticos y sociales”. No es un equilibrio sencillo.


China: la modernización permanente.

Una IA abierta para el “sur global”

La industria china es líder en algunos sectores del ámbito de la IA, como la tecnología de reconocimiento facial, pero respecto a los grandes modelos de lenguaje, dio el golpe sobre la mesa en enero de 2025. Algo más de dos años después de que OpenAI diera a conocer ChatGPT, la startup china DeepSeek sorprendió al mundo con el lanzamiento de su modelo de lenguaje R1. Se trataba de un modelo de “pesos abiertos” (en los grandes modelos de lenguaje de IA pocas veces se puede hablar de código abierto propiamente dicho, porque los datos de entrenamiento casi nunca son públicos), más barato y eficiente que sus rivales estadounidenses y con un rendimiento muy similar.

“La de la IA es una carrera en la que todos los participantes tienen un botón que, si lo aprietan, la carrera se reinicia. Ese ‘botón’ es liberar el código”, argumenta Sergio Salgado, responsable de comunicación y redes de XNet. “El primero que se dio cuenta de esto fue Mark Zuckerberg”, continúa. “En 2023, cuando Meta vio que OpenAI llevaba mucha ventaja en la carrera con ChatGPT, liberó el código de su propio modelo de lenguaje de inteligencia artificial, LLaMA. Entonces las comunidades de desarrollo de código abierto, las universidades y otras instituciones empezaron a trastear con ella y de repente se convirtió en el estándar”.

Salgado cita un documento interno de Google que se filtró ese año, titulado “No tenemos foso, y OpenAI tampoco”, en el que se consideraba que los grandes modelos de lenguaje de código abierto se estaban desarrollando a un ritmo más rápido que los modelos cerrados y que en pocos años llegarían a alcanzarlos y sobrepasarlos. “En 2025, China pulsó el botón a lo grande con el lanzamiento de DeepSeek R1”.

“Todos estos gigantes monopolísticos tenían el sueño húmedo de cualquier gigante monopolístico”, continúa Salgado. “Era un negocio que se podían repartir entre seis o siete con un producto que todo el mundo iba a estar obligado a consumir, porque todos vamos a tener que utilizar inteligencia artificial, grandes modelos de lenguaje”.

Entonces China liberó DeepSeek R1. “Ahora, gracias a los modelos de pesos abiertos, si estas empresas suben mucho los precios siempre puedes montar tu propio servidor”, explica. (A pesar de que el propio boom de la IA ha provocado un aumento significativo de los precios del hardware).

“Esa es la ventaja competitiva de la industria china, donde ha sido capaz de posicionarse”, señala Juan Vázquez Rojo. “Sus modelos no son los mejores, pero son muy buenos, son más accesibles porque son de código abierto, más baratos y más eficientes”. 

La diplomacia china también se adapta a esta circunstancia. “Es una estrategia dirigida a los países del sur global, la típica estrategia win-win de cooperación con China”, explica Vázquez Rojo. “Los modelos chinos, al ser más baratos, más eficientes y de pesos abiertos, son más fáciles de propagar. La estrategia china favorece que empresas chinas puedan colaborar con empresas de otros países para desarrollar sus sistemas de IA y, claro, conectarse con el ecosistema chino. De esta manera, China lidera el desarrollo tecnológico en gran parte del mundo”.

La inteligencia artificial está presente en los planes del Gobierno chino al menos desde 2017. El Plan de Desarrollo de una Inteligencia Artificial de Nueva Generación, publicado ese año, mencionaba la importancia del código abierto. También lo hacía el 14 Plan Quinquenal, redactado en octubre de 2020, que proponía “apoyar el desarrollo de las comunidades de código abierto dedicadas a la tecnología digital (...) y animar a las empresas a que hagan públicos el código fuente del software, los diseños de hardware y los servicios de aplicaciones”. La promoción del código abierto es una forma de acelerar el progreso, al permitir que todos puedan utilizar los hallazgos de los demás para seguir creando y construyendo.

Kyle Chan, experto en China del think tank estadounidense Brookings y autor del boletín High Capacity sobre tecnología china, argumenta que esta estrategia de código abierto tiene sus límites. “Es más difícil ganar dinero”, observa. 

“Varias empresas chinas de IA han salido a bolsa recientemente, como Zhipu (Z.ai) y MiniMax. (...) Los inversores querrán ver ingresos que justifiquen el gasto en modelos e infraestructura. (...) Las empresas ya han estado subiendo los precios de sus APIs y pasando al modelo de suscripción. Es probable que las empresas chinas de IA vayan hacia una estrategia híbrida, cerrando los mejores modelos pero dejando el resto abiertos. Es lo que estaba haciendo Alibaba con Qwen3-Max”, vaticina Chan.

El 16 de octubre de 2026, el Ministerio chino de Comercio y el de Ciencia y Tecnología publicaron un documento en el que proponen controles a la exportación de varias tecnologías, incluidos los modelos de IA de alta capacidad, por motivos de seguridad nacional.

Sin embargo, la “apertura” forma parte del discurso diplomático chino. En la última reunión de los BRICS en septiembre, Xi habló de crear una “zona de código abierto para la IA” entre los 11 países de este grupo y de establecer “un marco global de gobernanza de la IA amplio y basado en el consenso”.

Desde 2018 se celebra en Shanghái la Conferencia Mundial de la Inteligencia Artificial (WAIC, por sus siglas en inglés). En su última edición, en julio de este año, 29 países, entre ellos Rusia, Pakistán e Indonesia, firmaron la carta fundacional de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO).

Esto se interpretó como una respuesta a la declaración “Pax Silica”, promovida en diciembre de 2025 por Estados Unidos y firmada por aliados como el Reino Unido, la Unión Europea, India, Australia e Israel, que acordaron colaborar para tratar de garantizar que la cadena de suministro de la IA no incluyese a “países preocupantes”.

“La clave del momento es la regulación, la estandarización”, afirma Vázquez Rojo. “Casi todas las industrias tienen estándares, reglas que son comunes para todos y tecnologías que son comunes para todos. En el caso de la IA, ¿cómo se deben comunicar los agentes entre sí? ¿Cómo se deben comunicar con otras aplicaciones? ¿Qué auditorías deberían pasar? ¿Qué pautas se deben seguir en cuanto a seguridad? ¿Cuándo se debería parar? Esa es la batalla ahora”.

En palabras de Vázquez Rojo, Estados Unidos “propone ayudar a conglomerados empresariales estadounidenses a imponer el uso de su IA en otros países. El objetivo es que sus aliados les compren el paquete completo: que además de utilizar modelos estadounidenses, utilicen chips estadounidenses, por ejemplo de Nvidia, que las empresas estadounidenses sean las que instalen y controlen los centros de datos allí… Es un plan mucho más duro que el chino”.

En este punto, Vázquez Rojo señala que China tiene una desventaja. Los chips más avanzados de inteligencia artificial los diseña Nvidia, una empresa estadounidense.

“Desde 2022, China no puede comprar los chips más avanzados de Nvidia porque Estados Unidos no se lo permite, hay controles a la exportación. Esto limita su capacidad de cómputo. Además, la industria de la IA está muy metida en el ecosistema de Nvidia. La apuesta del Gobierno chino para acabar con esta dependencia es Huawei, que tiene sus propios chips de inteligencia artificial, llamados Ascend. Están intentando que la industria china los empiece a incorporar, pero las empresas están muy adaptadas al ecosistema de Nvidia y el cambio es complejo, incierto, y les genera un coste de oportunidad”, explica.

El control estatal y los riesgos de la IA

Al inicio de este artículo se mencionaban las advertencias desde dentro de la industria en Estados Unidos sobre los riesgos para la humanidad del desarrollo acelerado de la IA. ¿Existen esos miedos en China? “El debate se plantea en términos muy distintos porque en China el poder político siempre está por encima del poder económico y financiero”, apunta Vázquez Rojo. “Las empresas en Estados Unidos tienen mucha más voz y son más capaces de presionar al gobierno que las empresas chinas en China, aunque existen tensiones y preocupaciones en todas partes”. Pone como ejemplo el caso de Jack Ma, fundador de Alibaba, que llegó a ser el hombre más rico del país y uno de los más ricos del mundo hasta que criticó abiertamente el sistema financiero chino en octubre de 2020. Desde entonces apenas se ha sabido nada de él y ha perdido el control de sus empresas.

Sin embargo, en China “se han publicado varios documentos oficiales en los que se plantean problemas con la IA similares a los que ha habido en Estados Unidos, relacionados con riesgos de ciberseguridad”, explica Vázquez Rojo. “No es tanto una preocupación de que la inteligencia artificial vaya a acabar con el mundo, pero sí de que haya malos usos de la inteligencia artificial”.

De hecho, en su discurso en WAIC de este año, Xi mencionó la posibilidad de una “pérdida de control” sobre la IA y los “riesgos inherentes y secundarios” de esta tecnología.

“La regulación china ha ido avanzando de manera progresiva, mediante normas específicas. Más que esperar a disponer de una legislación definitiva para actuar, las autoridades experimentan, regulan y corrigen configurando un corpus normativo mucho más denso del que imaginamos”, explica Xulio Ríos en su libro. La normativa publicada en mayo de este año sobre los agentes de IA menciona la importancia de “prevenir riesgos de seguridad como el envenenamiento de datos, las filtraciones de privacidad, la manipulación de algoritmos, las vulnerabilidades del sistema y la inestabilidad operativa”. 

“En el Gobierno chino también genera preocupación el contenido que se genera con IA, por su impacto social”, apunta Vázquez Rojo. Todos los grandes modelos de lenguaje chinos deben pasar una auditoría de un organismo estatal llamado Administración del Ciberespacio de China antes de salir al mercado. Los modelos producidos en China son mucho más reacios que otros a hablar de ciertos temas políticos. Además, China bloquea el acceso directo desde su territorio a modelos extranjeros como ChatGPT o Claude.

Según una encuesta global publicada este año por el grupo Human Centered Artificial Intelligence de la Universidad de Stanford, el 84% de los chinos afirman sentirse entusiasmados por los productos y servicios que utilizan inteligencia artificial, frente al 38% de los estadounidenses y, como referencia, el 45% de los españoles.

En una entrevista reciente en The New Yorker, Kyle Chan argumenta que en China hay una ansiedad creciente por las exigencias cada vez más altas del mercado laboral, sobre todo en los puestos que requieren educación superior, donde la competencia crece. “La IA ha potenciado esa ansiedad, la gente siente que tiene que adoptarla y utilizarla rápidamente, y aprender a sacarle partido para ser más competitiva en el mercado laboral”.

Vázquez Rojo apunta además que “China tiene una obsesión por mejorar la productividad porque su población empieza a envejecerse y ya no pueden crecer a base de tener más gente trabajando, entonces quieren lograr que cada trabajador produzca más. Aquí la automatización y la IA van a ser muy importantes”.


Fuente: Ctxt

miércoles, 23 de septiembre de 2026

De la Marcha Verde a Ceuta: medio siglo de presión sobre España

 

 Por Pedro Garcia   
      Periodista en Descifrando la Guerra.



La nueva crisis de Ceuta se suma a una larga lista de episodios de presión de Marruecos sobre España que comenzó a tomar forma con la Marcha Verde de 1975.

     La nueva crisis migratoria que atraviesa Ceuta vuelve a colocar bajo presión una de las relaciones bilaterales más importantes y difíciles de la política exterior española. Con cerca de 80.000 entradas irregulares registradas según las cifras disponibles, la ciudad autónoma afronta uno de los episodios de mayor tensión desde mayo de 2021, cuando unas 10.000 personas atravesaron la frontera en apenas dos días.

La comparación con aquella crisis es inevitable, pero también plantea una pregunta más incómoda. Desde entonces, España ha modificado su política hacia Marruecos.

En marzo de 2022, el gobierno de Pedro Sánchez abandonó la tradicional neutralidad española respecto al Sáhara Occidental y pasó a considerar el plan de autonomía marroquí como la propuesta "más seria, realista y creíble" para resolver el conflicto.


Carta de Pedro Sánchez a Mohammed VI anunciando el cambio de política de España en el Sáhara.

El objetivo era abrir una nueva etapa de estabilidad con Rabat tras el enfrentamiento diplomático del año anterior. Cuatro años después, sin embargo, Ceuta vuelve a estar sometida a una enorme presión. Más allá de las circunstancias concretas que expliquen la crisis actual, el episodio obliga a preguntarse hasta qué punto el entendimiento alcanzado en 2022 transformó realmente la naturaleza de las relaciones entre España y Marruecos.

La respuesta probablemente sea que mucho menos de lo esperado. España y Marruecos mantienen una relación caracterizada simultáneamente por la cooperación y la competencia. La geografía obliga a ambos países a entenderse en comercio, inmigración, terrorismo, narcotráfico, seguridad marítima y estabilidad regional.

Pero esa misma interdependencia proporciona también instrumentos con los que ejercer presión. Esa paradoja constituye uno de los principales problemas estratégicos de España en su flanco sur.

Ceuta es, además, el lugar donde mejor se concentran todas esas contradicciones. Su posición en la entrada oriental del estrecho de Gibraltar le concede un valor que trasciende ampliamente su tamaño.

Es frontera exterior de la Unión Europea, punto de observación sobre una de las principales rutas marítimas del mundo y símbolo de la presencia española en el norte de África. Al mismo tiempo, su condición de enclave rodeado por territorio marroquí la hace especialmente vulnerable ante cualquier deterioro de las relaciones bilaterales.

Una larga tradición de presión

La utilización de instrumentos situados por debajo del umbral de la guerra no es una característica nueva de la política marroquí. Algunos de sus antecedentes más importantes se remontan incluso a varias décadas antes de que se popularizara el concepto contemporáneo de "zona gris".

Este concepto describe aquellas situaciones en las que un Estado trata de modificar el statu quo mediante instrumentos coercitivos sin llegar a provocar un conflicto armado abierto o directamente una guerra a gran escala.


La crisis de Ceuta ilustra la diferencia entre amenaza híbrida, zona gris y guerra híbrida en las relaciones entre España y Marruecos.

La presión puede ser diplomática, económica, migratoria, informativa o incluso militar de forma limitada y ambigua. Su principal ventaja reside precisamente en dificultar la respuesta del adversario: cada medida aislada parece insuficiente para justificar una escalada, pero la suma de todas ellas puede modificar gradualmente el equilibrio existente.

La Marcha Verde de 1975 constituye el ejemplo histórico más significativo en el caso marroquí. Hasán II movilizó a cientos de miles de civiles hacia el Sáhara Occidental cuando España atravesaba una profunda crisis política debido a la agonía de Francisco Franco.


El conflicto saharaui entre Marruecos y el Frente Polisario es uno de los más persistentes y menos comprendidos del sistema internacional.

La utilización de población civil, acompañada de una amenaza militar implícita y de una intensa movilización nacionalista, permitió modificar el statu quo territorial sin desencadenar una guerra convencional. España terminó abandonando el territorio y Marruecos consiguió establecer un hecho consumado que, medio siglo después, ha resultado extraordinariamente difícil de revertir.

La importancia del precedente no reside únicamente en su resultado. La operación explotó cuidadosamente las vulnerabilidades del adversario, provocando una profunda incertidumbre política interna, escasa voluntad de asumir los costes de una confrontación militar y un contexto internacional poco favorable a una reacción española prolongada.

Esa combinación entre presión civil, amenaza latente y explotación del momento político constituye precisamente uno de los elementos característicos de la lógica contemporánea de zona gris.

La crisis del islote de Perejil de 2002 siguió una lógica distinta pero comparable. Un reducido grupo de fuerzas marroquíes ocupó unilateralmente un territorio deshabitado cuya situación se mantenía deliberadamente congelada.


Militares españoles colocan la bandera española en la isla de Perejil tras la crisis.

España respondió mediante una operación militar limitada y restauró el statu quo. El episodio fue interpretado como una prueba de la determinación española en la que una acción pequeña en términos materiales, pero políticamente cargada, permitía medir hasta dónde estaba dispuesto Madrid a llegar.

El resultado fue muy distinto al de 1975 porque también lo fue la respuesta española. Madrid mostró rápidamente su disposición a impedir la consolidación del hecho consumado y utilizó su superioridad militar para restaurar la situación anterior. Pero Perejil dejó otra enseñanza relevante. Y es que una crisis aparentemente menor puede escalar con rapidez cuando afecta a cuestiones territoriales y de prestigio nacional.

Desde entonces, la presión ha adoptado formas mucho menos espectaculares. Marruecos llamó a consultas a su embajador después de la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla en 2007; aparecieron posteriormente pasaportes que atribuían las ciudades a Marruecos; Rabat impidió a sus diplomáticos acceder a ellas y cerró unilateralmente la aduana comercial de Melilla en 2018. También fueron introduciéndose restricciones comerciales sobre Ceuta.

Son medidas diferentes, pero comparten la característica de que elevan gradualmente el coste de mantener el statu quo sin cruzar la frontera que convertiría una disputa diplomática en un conflicto convencional. Esa ambigüedad es precisamente lo que las hace efectivas.

Ceuta 2021 y la presión a España

El mecanismo más sensible es, sin embargo, el migratorio. La crisis de mayo de 2021 mostró de manera extraordinariamente clara la vulnerabilidad española. Más de 10.000 personas entraron en Ceuta después de que los controles marroquíes se relajaran en plena confrontación diplomática entre ambos gobiernos.

El detonante inmediato había sido la hospitalización en España de Brahim Ghali, secretario general del Frente Polisario, organización enfrentada a Marruecos por el Sáhara Occidental. Pero la disputa trascendía ampliamente a Ghali.

Después de que Donald Trump reconociera en diciembre de 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, Rabat incrementó su presión para que otros gobiernos occidentales se aproximasen a esa posición. Alemania y España estaban entre los principales objetivos diplomáticos.

La crisis de Ceuta demostró entonces que Marruecos disponía de una poderosa herramienta, y es su capacidad para modular la cooperación migratoria. España y la Unión Europea necesitan la colaboración de Rabat para contener los movimientos hacia la frontera europea. Precisamente por ello, una reducción deliberada o circunstancial de esa cooperación tiene consecuencias casi inmediatas para España.


Mapa a color sobre la MINURSO y los refugiados saharauis debido a la ocupación de Marruecos.

Ahí reside una característica fundamental de la relación bilateral: un mecanismo creado para favorecer la cooperación puede convertirse también en instrumento de coerción. La asimetría es especialmente significativa porque el coste político de una crisis migratoria no se reparte de forma equivalente entre ambos países.

Una relajación temporal de los controles puede generar rápidamente presión humanitaria, mediática y política en España, mientras que para Marruecos el coste inmediato puede ser comparativamente menor.


La ciudad autónoma de Ceuta es un punto clave en la geopolítica de España en el Mediterráneo Occidental.

Así, la capacidad de transformar un ámbito de cooperación cotidiana en un mecanismo de presión proporciona a Rabat una ventaja considerable en momentos de tensión diplomática.

Esto explica también por qué Ceuta y Melilla ocupan una posición tan singular.


Ubicación geográfica de Ceuta y Melilla.

La lejanía respecto a la Península y su escaso peso demográfico han favorecido históricamente que buena parte del debate público español las contemple principalmente a través de cuestiones migratorias, fronterizas o de seguridad.

Esa percepción puede convertirse a su vez en una vulnerabilidad política: cuanto más se presenten las ciudades como un problema periférico, mayor será el coste interno de cualquier crisis sostenida.

2022: ¿cesión o pragmatismo?

España respondió a la crisis con una profunda reconsideración de su relación con Marruecos. El punto culminante llegó en marzo de 2022, cuando Pedro Sánchez respaldó el plan de autonomía marroquí como la alternativa más seria y creíble para resolver el conflicto saharaui. La decisión admitía dos interpretaciones, no por ello excluyentes.

La primera, especialmente plausible en aquel momento, era que España había efectuado una "rendición preventiva". Después de la crisis migratoria, la ruptura diplomática y otros episodios de presión, Madrid realizaba una importante concesión precisamente sobre el asunto que Marruecos consideraba prioritario.

El peligro era evidente: si Rabat concluía que la presión funcionaba, podía sentirse incentivado a utilizarla en futuros desacuerdos, incluidos aquellos relacionados con Ceuta, Melilla o la delimitación marítima. Además, el giro tuvo costes externos importantes.


Mapa de las reclamaciones marítimas de España, Marruecos, Portugal y Sáhara en Macaronesia.

España abandonaba el delicado equilibrio que había mantenido tradicionalmente entre Marruecos y Argelia precisamente cuando la rivalidad entre ambos atravesaba uno de sus momentos más graves en décadas. Argel había roto relaciones con Rabat en 2021 y posteriormente reaccionó negativamente al cambio español, afectando a una relación estratégica en ámbitos como el energético.

Pero existe una segunda interpretación, más pragmática. El contexto internacional del Sáhara ha evolucionado profundamente desde 2020. El reconocimiento estadounidense fortaleció considerablemente la posición de Marruecos y en los años posteriores varios gobiernos europeos se aproximaron de diferentes maneras al plan de autonomía. El margen de maniobra español sobre el conflicto se redujo considerablemente.

Desde esta perspectiva, el giro de 2022 podía entenderse como la adaptación a una realidad internacional crecientemente favorable a Rabat y como el precio de estabilizar una relación bilateral vital para los intereses españoles.


Fotografía panorámica de El Aaiún, en el territorio del Sáhara Occidental.

La evolución internacional posterior ha reforzado esta segunda interpretación. La posibilidad de una independencia saharaui aparece hoy mucho más lejana que hace una década, mientras que el plan de autonomía ha ido obteniendo un apoyo diplomático creciente.

Para España, mantener indefinidamente una posición formalmente neutral podía proporcionar cada vez menos beneficios reales mientras continuaba deteriorando la relación con un vecino cuya cooperación es esencial.

Ambas interpretaciones pueden contener parte de la verdad. El acercamiento a Marruecos era comprensible desde una perspectiva de interés nacional. España no puede elegir su geografía y necesita una relación funcional con su vecino meridional. Pero la eficacia de aquella decisión dependía también de que la nueva etapa modificase los incentivos de Rabat y redujese el recurso a mecanismos coercitivos.

Es precisamente ahí donde la crisis actual vuelve a plantear dudas. Si después de una de las mayores concesiones realizadas por España en su política hacia el Magreb desde la retirada del Sáhara reaparecen episodios de elevada presión sobre Ceuta, entonces el problema no puede explicarse exclusivamente por el contencioso saharaui. La tensión tiene raíces más profundas relacionadas con la propia estructura de la relación bilateral.


Fuente: Descifrando la Guerra