Por Elena
de Sus
El país asiático compite por los estándares de la inteligencia artificial ofreciendo apertura y ‘open source’ al “sur global”. Al mismo tiempo, busca integrar esta tecnología en su modelo político y contener las amenazas que percibe en ella.
En la visita oficial del presidente chino, Xi Jinping, a su homólogo estadounidense, Donald Trump, en septiembre se habló, entre otras cosas, de inteligencia artificial. Esta tecnología se ha convertido en un campo de batalla geopolítico, en el que las dos potencias tratan de reforzar sus áreas de influencia e imponer estándares, en medio de la incertidumbre sobre sus impactos económicos y sociales.
Más allá de la insistencia de Trump en sustituir el término “inteligencia artificial” por el de “superinteligencia”, que considera “más apropiado”, los dos mandatarios acordaron establecer un diálogo sobre el desarrollo de esta tecnología, con una primera reunión prevista para noviembre. Además, anunciaron que abrirán un canal de comunicación bilateral para mantenerse informados de posibles incidentes y riesgos.
En Estados Unidos, el discurso sobre la inteligencia artificial ha adquirido un tono apocalíptico. El hackeo de la página especializada Hugging Face por parte de un grupo de agentes de IA al servicio de OpenAI hizo saltar las alarmas. Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó el 12 de septiembre una carta abierta en la que solicitaba regulación que les permitiera “ralentizar” el desarrollo de la IA, aunque destacaba que para que esta fuera efectiva era necesario tomar medidas proteccionistas que obligaran a China a “frenar” también. Sam Altman, CEO de OpenAI, y Elon Musk, propietario de xAI, compartieron y apoyaron su mensaje en la red social X. En definitiva, la industria está pidiendo ser regulada (y protegida frente a la competencia china).
Donald Trump no parece impresionado. “El único control o ‘barrera’ que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE Y LISTO (¡con alto IQ!) y los Estados Unidos lo tienen, de sobra”, publicó en su propia red social el 14 de septiembre.
Jacob Coxon, el exempleado de OpenAi y Anthropic que afirma que si no se frena su desarrollo “la IA podría matarnos a todos”, asegura que es imprescindible colaborar con China para evitarlo, pero Trump declaró tras el encuentro con Xi que “preferiría no colaborar, porque vamos ganando por mucho. (...) Cuando vas ganando, no compartes con el otro”.
“La estrategia de los estadounidenses ha sido desarrollar la IA más avanzada, correr mucho para estar a la vanguardia”, resume Juan Vázquez Rojo, doctor en Economía y autor de El regreso de China (Península, 2026), quien explica que el enfoque chino es algo diferente: “En el 15 Plan Quinquenal que ha lanzado China este año se habla de impulsar la IA, pero no ‘en línea recta’. Es decir, no concentrarse solo en lograr los mejores modelos, sino buscar aplicaciones específicas en toda la industria, que se aplique en el día a día de las empresas, de los hospitales, de los centros educativos… Que genere un impulso económico, que se aterrice”.
“En China, la inteligencia artificial forma parte de un proyecto nacional de modernización”, afirma Xulio Ríos en su reciente libro China: la modernización permanente (Txalaparta, 2026). “Beijing (...) aspira a demostrar que puede integrarla dentro de su propio modelo, preservando la dirección estratégica del Estado, estimulando la competencia empresarial, reforzando la soberanía tecnológica y manteniendo bajo control los riesgos políticos y sociales”. No es un equilibrio sencillo.
Una IA abierta para el “sur global”
La industria china es líder en algunos sectores del ámbito de la IA, como la tecnología de reconocimiento facial, pero respecto a los grandes modelos de lenguaje, dio el golpe sobre la mesa en enero de 2025. Algo más de dos años después de que OpenAI diera a conocer ChatGPT, la startup china DeepSeek sorprendió al mundo con el lanzamiento de su modelo de lenguaje R1. Se trataba de un modelo de “pesos abiertos” (en los grandes modelos de lenguaje de IA pocas veces se puede hablar de código abierto propiamente dicho, porque los datos de entrenamiento casi nunca son públicos), más barato y eficiente que sus rivales estadounidenses y con un rendimiento muy similar.
“La de la IA es una carrera en la que todos los participantes tienen un botón que, si lo aprietan, la carrera se reinicia. Ese ‘botón’ es liberar el código”, argumenta Sergio Salgado, responsable de comunicación y redes de XNet. “El primero que se dio cuenta de esto fue Mark Zuckerberg”, continúa. “En 2023, cuando Meta vio que OpenAI llevaba mucha ventaja en la carrera con ChatGPT, liberó el código de su propio modelo de lenguaje de inteligencia artificial, LLaMA. Entonces las comunidades de desarrollo de código abierto, las universidades y otras instituciones empezaron a trastear con ella y de repente se convirtió en el estándar”.
Salgado cita un documento interno de Google que se filtró ese año, titulado “No tenemos foso, y OpenAI tampoco”, en el que se consideraba que los grandes modelos de lenguaje de código abierto se estaban desarrollando a un ritmo más rápido que los modelos cerrados y que en pocos años llegarían a alcanzarlos y sobrepasarlos. “En 2025, China pulsó el botón a lo grande con el lanzamiento de DeepSeek R1”.
“Todos estos gigantes monopolísticos tenían el sueño húmedo de cualquier gigante monopolístico”, continúa Salgado. “Era un negocio que se podían repartir entre seis o siete con un producto que todo el mundo iba a estar obligado a consumir, porque todos vamos a tener que utilizar inteligencia artificial, grandes modelos de lenguaje”.
Entonces China liberó DeepSeek R1. “Ahora, gracias a los modelos de pesos abiertos, si estas empresas suben mucho los precios siempre puedes montar tu propio servidor”, explica. (A pesar de que el propio boom de la IA ha provocado un aumento significativo de los precios del hardware).
“Esa es la ventaja competitiva de la industria china, donde ha sido capaz de posicionarse”, señala Juan Vázquez Rojo. “Sus modelos no son los mejores, pero son muy buenos, son más accesibles porque son de código abierto, más baratos y más eficientes”.
La diplomacia china también se adapta a esta circunstancia. “Es una estrategia dirigida a los países del sur global, la típica estrategia win-win de cooperación con China”, explica Vázquez Rojo. “Los modelos chinos, al ser más baratos, más eficientes y de pesos abiertos, son más fáciles de propagar. La estrategia china favorece que empresas chinas puedan colaborar con empresas de otros países para desarrollar sus sistemas de IA y, claro, conectarse con el ecosistema chino. De esta manera, China lidera el desarrollo tecnológico en gran parte del mundo”.
La inteligencia artificial está presente en los planes del Gobierno chino al menos desde 2017. El Plan de Desarrollo de una Inteligencia Artificial de Nueva Generación, publicado ese año, mencionaba la importancia del código abierto. También lo hacía el 14 Plan Quinquenal, redactado en octubre de 2020, que proponía “apoyar el desarrollo de las comunidades de código abierto dedicadas a la tecnología digital (...) y animar a las empresas a que hagan públicos el código fuente del software, los diseños de hardware y los servicios de aplicaciones”. La promoción del código abierto es una forma de acelerar el progreso, al permitir que todos puedan utilizar los hallazgos de los demás para seguir creando y construyendo.
Kyle Chan, experto en China del think tank estadounidense Brookings y autor del boletín High Capacity sobre tecnología china, argumenta que esta estrategia de código abierto tiene sus límites. “Es más difícil ganar dinero”, observa.
“Varias empresas chinas de IA han salido a bolsa recientemente, como Zhipu (Z.ai) y MiniMax. (...) Los inversores querrán ver ingresos que justifiquen el gasto en modelos e infraestructura. (...) Las empresas ya han estado subiendo los precios de sus APIs y pasando al modelo de suscripción. Es probable que las empresas chinas de IA vayan hacia una estrategia híbrida, cerrando los mejores modelos pero dejando el resto abiertos. Es lo que estaba haciendo Alibaba con Qwen3-Max”, vaticina Chan.
El 16 de octubre de 2026, el Ministerio chino de Comercio y el de Ciencia y Tecnología publicaron un documento en el que proponen controles a la exportación de varias tecnologías, incluidos los modelos de IA de alta capacidad, por motivos de seguridad nacional.
Sin embargo, la “apertura” forma parte del discurso diplomático chino. En la última reunión de los BRICS en septiembre, Xi habló de crear una “zona de código abierto para la IA” entre los 11 países de este grupo y de establecer “un marco global de gobernanza de la IA amplio y basado en el consenso”.
Desde 2018 se celebra en Shanghái la Conferencia Mundial de la Inteligencia Artificial (WAIC, por sus siglas en inglés). En su última edición, en julio de este año, 29 países, entre ellos Rusia, Pakistán e Indonesia, firmaron la carta fundacional de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO).
Esto se interpretó como una respuesta a la declaración “Pax Silica”, promovida en diciembre de 2025 por Estados Unidos y firmada por aliados como el Reino Unido, la Unión Europea, India, Australia e Israel, que acordaron colaborar para tratar de garantizar que la cadena de suministro de la IA no incluyese a “países preocupantes”.
“La clave del momento es la regulación, la estandarización”, afirma Vázquez Rojo. “Casi todas las industrias tienen estándares, reglas que son comunes para todos y tecnologías que son comunes para todos. En el caso de la IA, ¿cómo se deben comunicar los agentes entre sí? ¿Cómo se deben comunicar con otras aplicaciones? ¿Qué auditorías deberían pasar? ¿Qué pautas se deben seguir en cuanto a seguridad? ¿Cuándo se debería parar? Esa es la batalla ahora”.
En palabras de Vázquez Rojo, Estados Unidos “propone ayudar a conglomerados empresariales estadounidenses a imponer el uso de su IA en otros países. El objetivo es que sus aliados les compren el paquete completo: que además de utilizar modelos estadounidenses, utilicen chips estadounidenses, por ejemplo de Nvidia, que las empresas estadounidenses sean las que instalen y controlen los centros de datos allí… Es un plan mucho más duro que el chino”.
En este punto, Vázquez Rojo señala que China tiene una desventaja. Los chips más avanzados de inteligencia artificial los diseña Nvidia, una empresa estadounidense.
“Desde 2022, China no puede comprar los chips más avanzados de Nvidia porque Estados Unidos no se lo permite, hay controles a la exportación. Esto limita su capacidad de cómputo. Además, la industria de la IA está muy metida en el ecosistema de Nvidia. La apuesta del Gobierno chino para acabar con esta dependencia es Huawei, que tiene sus propios chips de inteligencia artificial, llamados Ascend. Están intentando que la industria china los empiece a incorporar, pero las empresas están muy adaptadas al ecosistema de Nvidia y el cambio es complejo, incierto, y les genera un coste de oportunidad”, explica.
El control estatal y los riesgos de la IA
Al inicio de este artículo se mencionaban las advertencias desde dentro de la industria en Estados Unidos sobre los riesgos para la humanidad del desarrollo acelerado de la IA. ¿Existen esos miedos en China? “El debate se plantea en términos muy distintos porque en China el poder político siempre está por encima del poder económico y financiero”, apunta Vázquez Rojo. “Las empresas en Estados Unidos tienen mucha más voz y son más capaces de presionar al gobierno que las empresas chinas en China, aunque existen tensiones y preocupaciones en todas partes”. Pone como ejemplo el caso de Jack Ma, fundador de Alibaba, que llegó a ser el hombre más rico del país y uno de los más ricos del mundo hasta que criticó abiertamente el sistema financiero chino en octubre de 2020. Desde entonces apenas se ha sabido nada de él y ha perdido el control de sus empresas.
Sin embargo, en China “se han publicado varios documentos oficiales en los que se plantean problemas con la IA similares a los que ha habido en Estados Unidos, relacionados con riesgos de ciberseguridad”, explica Vázquez Rojo. “No es tanto una preocupación de que la inteligencia artificial vaya a acabar con el mundo, pero sí de que haya malos usos de la inteligencia artificial”.
De hecho, en su discurso en WAIC de este año, Xi mencionó la posibilidad de una “pérdida de control” sobre la IA y los “riesgos inherentes y secundarios” de esta tecnología.
“La regulación china ha ido avanzando de manera progresiva, mediante normas específicas. Más que esperar a disponer de una legislación definitiva para actuar, las autoridades experimentan, regulan y corrigen configurando un corpus normativo mucho más denso del que imaginamos”, explica Xulio Ríos en su libro. La normativa publicada en mayo de este año sobre los agentes de IA menciona la importancia de “prevenir riesgos de seguridad como el envenenamiento de datos, las filtraciones de privacidad, la manipulación de algoritmos, las vulnerabilidades del sistema y la inestabilidad operativa”.
“En el Gobierno chino también genera preocupación el contenido que se genera con IA, por su impacto social”, apunta Vázquez Rojo. Todos los grandes modelos de lenguaje chinos deben pasar una auditoría de un organismo estatal llamado Administración del Ciberespacio de China antes de salir al mercado. Los modelos producidos en China son mucho más reacios que otros a hablar de ciertos temas políticos. Además, China bloquea el acceso directo desde su territorio a modelos extranjeros como ChatGPT o Claude.
Según una encuesta global publicada este año por el grupo Human Centered Artificial Intelligence de la Universidad de Stanford, el 84% de los chinos afirman sentirse entusiasmados por los productos y servicios que utilizan inteligencia artificial, frente al 38% de los estadounidenses y, como referencia, el 45% de los españoles.
En una entrevista reciente en The New Yorker, Kyle Chan argumenta que en China hay una ansiedad creciente por las exigencias cada vez más altas del mercado laboral, sobre todo en los puestos que requieren educación superior, donde la competencia crece. “La IA ha potenciado esa ansiedad, la gente siente que tiene que adoptarla y utilizarla rápidamente, y aprender a sacarle partido para ser más competitiva en el mercado laboral”.
Vázquez Rojo apunta además que “China tiene una obsesión por mejorar la productividad porque su población empieza a envejecerse y ya no pueden crecer a base de tener más gente trabajando, entonces quieren lograr que cada trabajador produzca más. Aquí la automatización y la IA van a ser muy importantes”.
Fuente: Ctxt



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