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lunes, 5 de enero de 2026

Contra el ataque imperialista: solidaridad con el pueblo de Venezuela

 


     La operación de secuestro del presidente Nicolás Maduro, precedida de ataques aéreos y bombardeos sobre instalaciones militares y civiles venezolanas, provocando más de cuarenta muertos, y una campaña de presión y bloqueo por la mayor armada de EEUU en el Caribe, con más de 80 asesinatos extrajudiciales de supuestos narcotraficantes, suponen graves violaciones de la Carta de Naciones Unidas, del derecho internacional y del derecho humanitario por parte de la Administración Trump.


Imagen de Nicolás Maduro ya secuestrado difundida por Donald Trump en su red social.

En la rueda de prensa posterior a la operación “Resolución absoluta”, Trump ha dejado perfectamente claros sus objetivos: hacerse con el control de los recursos de hidrocarburos y materias primas de Venezuela. Ninguna ambigüedad sobre la alianza de los poderes públicos en defensa de los poderes privados oligárquicos. Obviando la cuestión de la legitimidad de las elecciones presidenciales de 28 de julio de 2024, cuyos resultados sigue sin publicar el Consejo Nacional Electoral a pesar de su mandato, Trump ha descartado de un plumazo el liderazgo de su competidora para el Premio Nobel de la Paz, Corina Machado, y de su candidato interpuesto, exiliado en el reino de España, Edmundo González. Su alternativa declarada es negociar una transición neocolonial, que desnacionalice los recursos del país, con el propio régimen madurista, mantenido institucionalmente a través de la Vicepresidenta Delcy Rodriguez, la Asamblea Nacional presidida por su hermano Jorge Rodríguez, el ministro de defensa Vladimiro Padrino López y el ministro del interior y hombre fuerte del régimen, Diosdado Cabello.


Lugares bombardeados por la aviación estadounidense durante el ataque a Venezuela.

Todo ello ha dejado flotando la sospecha de una cierta complicidad interna. La obvia de la oposición de extrema derecha encabezada por Corina Machado que, ante su creciente fracaso movilizador, llamaba abiertamente a la intervención militar de EEUU. Pero también la de ciertos sectores del régimen madurista, que estarían intentando salvaguardar en lo posible la soberanía del país. En definitiva, hace tiempo que la verdadera columna vertebral del régimen son las fuerzas armadas y de seguridad bolivarianas. Es la única institución nacional que sigue manteniendo palancas de negociación con la Administración Trump a través de su monopolio de la fuerza. Y la única cobertura constitucional de este hecho es su representación política por lo que queda del régimen madurista sin Maduro.

Por contradictorio que pueda parecer, el ataque militar y el secuestro de Maduro por Trump buscan un cambio de régimen, pero no un golpe de estado. Y es así porque su objetivo principal es la apropiación, negociada bajo amenaza, de la renta petrolera del país, para lo que es imprescindible garantizar el orden público y las infraestructuras de Petróleos de Venezuela, S.A. (PVDSA) antes de su transferencia a las empresas petroleras de EEUU. Como en el golpe de 2002 contra Hugo Chávez, la Administración Trump espera utilizar a su favor los mecanismos de la Constitución Bolivariana para una transmisión interna del poder, que recae, en primer lugar, en la vicepresidencia de Delcy Rodríguez y, en segundo lugar, en la presidencia de la Asamblea Nacional, ostentada por su hermano Jorge Rodríguez. Que se ratifique a la nueva presidenta (N. Editorial.- Como sucedió ayer lunes, día 5) por la Asamblea Nacional, cuyos nuevos diputados electos deben tomar posesión también el mismo día y que en lugar de la convocatoria prevista de nuevas elecciones presidenciales en 30 días, se amplíen los sucesivos plazos por “ausencia temporal” de Maduro durante seis meses. En este proceso no cabe, de entrada, la oposición encabezada por Corina Machado, que para legitimarse necesitaría movilizaciones en la calle que desembocarían rápidamente en una guerra civil, con el reforzamiento del papel bonapartista de las fuerzas bolivarianas, o de la presión para una invasión militar territorial de EEUU, que Trump quiere evitar, porque desestabilizaría a toda América Latina y le obligaría a una negociación multipolar con Rusia y China de las zonas de influencia.

Pero también puede ser que, a pesar de las lecciones aprendidas de la larga lista de invasiones e intervenciones de EEUU en América Latina y en Oriente Medio, la estrategia de la Administración Trump -como en el caso de Gaza o Ucrania- se limite en realidad al plan militar puesto en marcha hace cuatro meses con el despliegue naval en el Caribe y la destrucción de supuestas narco-lanchas, operaciones encubiertas de la CIA, y el ataque aéreo y secuestro de Maduro en la operación “Resolución absoluta”. Y que lo demás sea improvisación para conseguir los objetivos declarados, evitando una mayor implicación militar directa de EEUU. Una reafirmación de la “Doctrina Monroe” para todo el “Hemisferio Occidental” -denominación imperial más cercana que la de América Latina-, que evidencie que es mejor para todas las clases dominantes de la zona llegar a un nuevo trato sobre las rentas extractivistas que la desestabilización política y militar permanente orquestada por la Administración Trump para conseguirlo unilateralmente. Habrá que ver hasta dónde llega la coherencia de esta lógica de “patio trasero” de Marcos Rubio, heredero no tanto del nacionalismo oligárquico cubano como del “anexionismo” criollo. Su primera advertencia ha sido para las autoridades de La Habana.


Mensaje de Donald Trump anunciando la 'captura' de Maduro y su esposa emitido desde su residencia de Mar-a-Lago en Florida.

La decisión de juzgar a Maduro en EEUU, bajo la jurisdicción del Tribunal Supremo, demuestra la audacia y autoconfianza de la Administración Trump. Los precedentes relacionados con los secuestros y traslados secretos de la CIA en la “Guerra contra el terror” no auguran un proceso fácil. Los fundamentos legales del ataque militar contra Venezuela, sin declaración de guerra del Congreso, son ya cuestionados por representantes y senadores demócratas. Los cargos presentados por narcotráfico y asociación con el Cartel de los Soles y el Tren de Aragua parecen insustanciales: desde Venezuela no llegan cantidades significativas de cocaina o fentanilo a EEUU. Y Trump acaba de amnistiar al ex-presidente de Honduras Juan Orlando Hernández, convicto implicado en el narcotráfico. Es difícil imaginar cómo se excluirá la situación penal de Maduro y de su esposa Cilia Flores de las negociaciones con la continuación del régimen madurista en el poder.

En cualquier caso, lo que sigue pendiente en Venezuela es la defensa de la soberanía nacional, de las libertades democráticas y de los derechos constitucionales. La crisis del régimen madurista, desde las elecciones de 2024, incapaz de defender al país del ataque imperialista de la Administración Trump, abre todas las incógnitas sobre los escenarios posibles de una transición bajo el chantaje externo. Desde las aspiraciones e intereses de las clases trabajadoras que una vez representó la revolución bolivariana, muy lejos ya del régimen de Maduro, es más necesario que nunca articular la capacidad de resistencia frente a quienes pretenden desamortizar al país de sus recursos materiales. Solo una nueva articulación de las clases trabajadoras y populares, independiente en la definición de sus intereses, podrá lograrlo, por muy difícil que parezca.

El sistema internacional multilateral inspirado en la Carta de Naciones Unidas ha sufrido un nuevo golpe a manos de la Administración Trump. Su documento de Seguridad Nacional afirma que el “Hemisferio Occidental” está sometido a la Doctrina Monroe y por lo tanto, excluido del sistema internacional basado en el derecho internacional. Pero no supone un salto cualitativo. El genocidio de Gaza, el reparto de Ucrania, las masacres de Darfur, los bombardeos sobre Irán, son precedentes en 2025 de una crisis provocada del multilateralismo y su sustitución por la gestión multipolar de las grandes potencias, en un nuevo reparto de zonas de influencia post Yalta y Postdam.

La defensa del derecho internacional, de los derechos humanos y las libertades democráticas vuelven a ser una urgente necesidad sobre la que se construirá una nueva izquierda capaz de defender los intereses de las clases trabajadoras y populares. Lo hemos dicho repetidamente desde Sin Permiso: el enemigo principal de la libertad republicana es la tiranía. Y la combinación del dominium -las relaciones de dominación que se dan en los ámbitos privados que conforman nuestras sociedades como los mercados de trabajo, hogares, etc.- con imperium que son las relaciones de dominación que posibilitan la capacidad de los poderes públicos de favorecer intereses particulares, conforman una tiranía como la que está configurando el régimen de oligarcas de Estados Unidos, y del que Trump es un buen y fiel representante y agresivo defensor. O, en palabras de Enric Juliana: “La nueva doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos no es retórica. Hay un plan, tomar el control de todo el continente americano, y lo están ejecutando. Después puede venir Cuba. Los siguientes hitos, según la nueva doctrina de seguridad nacional, serán la neutralización política de la Unión Europea y el ‘equilibrio estratégico’ con Rusia, para concentrar todo el foco en China. ‘Ningún otro país del planeta está cerca de poder llevar a cabo una acción como esta’, subrayó el exultante secretario de Defensa Hegseth. Acción disciplinante a escala mundial”.


Tatuajes diseminados por todo el cuerpo de Pete Hegseth, titular de la recién renombrada Secretaría de Guerra de los Estados Unidos de Norteamérica.

Durante los próximos días habrá muchos análisis, muchas conjeturas. Entre ellas seguro que están estas. ¿Es una muestra de fortaleza o de debilidad de Estados Unidos esta agresión a un país proporcionalmente débil? El rompimiento más descarnado de la legalidad internacional, por deteriorada que esté ya en el primer cuarto del siglo XXI, ¿tendrá consecuencias no esperadas y contraproducentes para los Estados Unidos de Norteamérica aunque ahora prevalga la euforia de matón propia de Trump? Cualquier cosa que ahora pueda avanzarse es arriesgada, pero la realidad seguirá dando sorpresas.

En cualquier caso, contra el imperialismo, solidaridad con el pueblo de Venezuela.


Fuente: Sin Permiso

domingo, 4 de enero de 2026

Secuestro, golpe de Estado, pillaje: las palabras que definen la operación de Estados Unidos contra Venezuela

 

 Redacción de El Salto


Mientras Trump centra su discurso en los beneficios económicos del

 golpe en Venezuela, la UE de Von der Leyen y Macron queda

 retratada: una Europa que justifica lo injustificable y abandona el

 derecho internacional


Masiva manifestación en Nueva York en solidaridad con el pueblo de Venezuela y contra el ataque militar del criminal ultraderechista Donald Trump pocas horas después de perpetrar su Golpe de Estado.


     El orden internacional basado en reglas o, lo que es lo mismo, la doctrina estadounidense impuesta desde el final de la II Guerra Mundial como modo de eludir a conveniencia los dictámenes del derecho internacional y el derecho internacional humanitario, ha vuelto a ser violentado por los propios EEUU.




La intervención de EEUU, bombardeando varios puntos estratégicos de Venezuela, y secuestrando a su presidente, Nicolás Maduro, supone un recordatorio de que aquel orden internacional basado en reglas se basa en que EEUU puede provocar el desorden en cuanto lo desea, y que no hay más reglas que la ley del más fuerte.


Bombardeos sobre Caracas.


Nicolás Maduro tras su traslado a la Base de la Guardia Nacional Aérea de Stewart en Nueva York.


Tal vez por eso es importante reconocer sin eufemismos que lo que ha sucedido es un secuestro, no una captura y mucho menos una detención; que lo que está teniendo lugar es un golpe de Estado, destinado a un cambio de régimen, y que, en el transcurso del mismo, EEUU se verá capacitado para ejercer el pillaje de los recursos naturales del país que ha decidido intervenir, principalmente el petróleo.




Por más que los partidarios de Donald Trump en Europa quieran enmascarar lo sucedido clamando por una supuesta defensa de la libertad, en su comparecencia del 3 de enero, su propio líder se ha encargado de borrar cualquier coartada idealista. Trump apunta exclusivamente en clave interna, sólo se dirige a sus votantes, y a ellos les ha dicho con crudeza que EEUU será más fuerte gracias al usufructo del petróleo venezolano. También se ha referido al otro tema con el que pretende amarrar los apoyos de las clases empobrecidas de EEUU, denunciando la supuesta migración impulsada por Maduro, exclusivamente en clave de seguridad, pintando, como es habitual, una película de terror con tintes pornográficos en la mente de cada espectador.

Trump actúa en clave interna

La coartada escogida para el derrocamiento del presidente de una nación soberana, el supuesto tráfico de drogas organizado por Maduro, ha sido un asunto secundario en una rueda de prensa en la que el mensaje principal ha quedado resumido con esta frase: “Las grandes y hermosas compañías petroleras estadounidenses están llegando para reconstruir, beneficiándose de las vastas reservas de petróleo de Venezuela, lo que hará que muchas personas en Venezuela y en los EEUU sean muy ricas y muy felices”.

A pesar del temor y/o la devoción reverencial que se tiene por Trump en los países europeos, la Casa Blanca guía sus políticas alrededor del eje de la economía interna del país. Y la situación en el interior de Estados Unidos no es buena, no al menos para las clases empobrecidas: la mayoría de la población (57%) piensa que el país se dirige a una recesión y un 45% cree que la situación ha empeorado desde que Trump llegó a la Casa Blanca.


Un manifestante protesta contra los aranceles frente a la Corte Suprema en Washington D. C.

La crisis de las economías domésticas fue el factor clave de la derrota de Trump en 2020 y, en un año marcado por las elecciones de medio mandato (midterm), no hay que minusvalorar el cebo que supone la promesa de gasolina más barata para la ciudadanía de a pie. Puede sumarse a este recuento en clave interna el interés por alejar la atención del caso Epstein y, de cara a futuro, el impacto que puede tener la caída de Maduro en la situación en Cuba, importante para un gran sector del electorado de Florida y otros Estados.

La clave del pillaje habla del corto plazo, mientras que el imperialismo estadounidense explica el largo recorrido que subyace al golpe de Estado propiciado el 3 de enero. Las administraciones estadounidenses, muy especialmente las del Partido Republicano, han dado por descontada la intervención militar, y a través de sus servicios de inteligencia, en Latinoamérica.

La Doctrina Monroe, expuesta en 1823 por el presidente James Monroe estableció que EEUU tenía carta blanca para las intervenciones políticas, militares y económicas en el resto del continente.




En su discurso de toma de posesión en enero de 2025, Trump invocó otra doctrina, vinculada a la Monroe, llamada del “Destino Manifiesto”, por la que EEUU tiene la misión de expandir su dominio y difundir el capitalismo por todo el continente.


Portada del diario francés Libération.


'Su lucha', portada de la revista alemana Stern.


Venezuela, un país que, hasta la llegada de Hugo Chávez, había estado bajo la férula estadounidense, desafió al imperio con políticas de redistribución y nacionalización de sectores, especialmente el petrolero, que la situaron en el punto de mira del imperio desde comienzos de siglo. Los intentos de derrocar a Chávez y a su sucesor, Maduro, no han cesado en dos décadas. Hoy se ha cumplido el objetivo por medio de una intervención salvaje, al estilo de la de Panamá en 1989.

Las cartas ya están echadas 

La reacción internacional al golpe perpetrado por EEUU en Venezuela ha querido pasar por alto los dos elementos fundamentales del mismo: el interés económico inmediato y la ideología imperialista y supremacista que acompaña a EEUU desde su consolidación como potencia militar. La respuesta de la Comisión Europea, a través de sus máximas representantes institucionales, Ursula von der Leyen y Kaja Kallas, ha sido todo lo vergonzosa que podía ser en estas circunstancias, asumiendo unos postulados que ni siquiera Trump ha defendido con especial vehemencia. Von der Leyen, Kallas o Macron han vuelto a presentar a los países de la UE como los perfectos esbirros, capaces de justificar lo injustificable a través de argumentos peregrinos.

Si el orden internacional basado en reglas ya era una farsa, la acción de EEUU en Venezuela es una ampliación de esa práctica hacia un nuevo desorden mundial provocado por quienes imponen sus propias reglas. Es evidente que los instrumentos del derecho internacional deben ser reivindicados aunque no funcionen, como también lo es que ni los países del sur global ni los otros actores imperialistas (Rusia, China) tienen en su mano instrumento, capacidad o deseo alguno de revertir la situación en Venezuela. Eso no debe incapacitar para exigir un posicionamiento firme de los distintos gobiernos y las instituciones. Pero la realidad es que así será.

Es inevitable prefigurar la línea que tomará el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Ya está siendo similar a la que se ha seguido con la campaña genocida de Netanyahu y completamente opuesta a la seguida con respecto a Ucrania.




Podemos esperar que Sánchez se mantenga a escasos centímetros de la posición de Naciones Unidas. Y queda el consuelo vacío de que al menos no felicitará a Trump por acabar con una dictadura, pero nada más.




La historia demuestra, por desgracia, que nadie puede contener al imperio cuando comete crímenes, secuestra mandatarios sin ninguna clase de legitimidad ni jurisdicción para hacerlo, y se lanza a por los recursos naturales de un país. Desde las poblaciones y sociedades de todo el mundo solo cabe pedir que no insulten más a nuestra inteligencia y nombrar lo que ha pasado en Venezuela como lo que es: secuestro, golpe de Estado, pillaje. Solo manteniendo el contacto con la realidad será posible cambiarla.



Fuente: El Salto

sábado, 3 de enero de 2026

Quién es Vladimir Padrino, el hombre fuerte en Venezuela tras la captura de Maduro

 


     En el enrevesado tablero de la crisis política venezolana, marcada hoy por la proyección internacional de María Corina Machado, por los ataques de Estados Unidos contra numerosos puntos del país y por la captura de Nicolás Maduro, hay una figura que opera como garante último de la estabilidad del poder, al menos por ahora: Vladimir Padrino López.


Vladimir Padrino es el hombre fuerte del Ejército de Venezuela y una de las piezas clave del chavismo tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos.

Ministro de Defensa, jefe de la cúpula militar y con una confianza por parte de la élite venezolana que se remonta a los albores del primer gobierno de Hugo Chávez, Padrino juega un papel central como puente entre los “años dorados” del chavismo y la inestabilidad e incertidumbre de la actual administración.

Los lazos de Padrino y Hugo Chávez

Su relación con Hugo Chávez viene de bastante antes del primer gobierno chavista. Ambos se conocieron en los cuarteles y compartieron algunas tendencias bolivarianistas –en el sentido de aceptación de las tesis de Simón Bolívar–. Su cercanía política e ideológica se tradujo en confianza operativa desde el mismo levantamiento del 4 de febrero de 1992.

Padrino, entonces comandante del Batallón Bolívar de Caracas, debía esperar en la retaguardia la orden para rematar el asalto contra Miraflores con tanques, pero el fracaso de la intentona llevó a Chávez a prisión, si bien Padrino pudo sobrevivir a las represalias por aquel levantamiento.


Vladimir Padrino, comandante del Batallón Bolívar de Caracas.

El momento decisivo de su trayectoria llegó en el golpe del año 2002. Mientras Chávez era derrocado por 48 horas y retenido en La Orchila, Padrino dirigió el Batallón Bolívar desde el Fuerte Tiuna y rechazó la intentona. Su negativa a sublevarse fue clave para el retorno del presidente venezolano a Miraflores.


Su negativa a sublevarse fue clave para el retorno del entonces presidente legítimo a Miraflores.


Dos semanas después, el mandatario reconoció esa fidelidad con una condecoración y un ascenso que consolidó a Padrino como uno de los hombres de confianza del proyecto chavista.

En julio de 2012, pocos meses antes de la muerte de Chávez, fue nombrado segundo comandante del Ejército y jefe del Estado Mayor. Desde allí asumió una función simbólica y política: garantizar la continuidad de un chavismo sin Chávez. Tras la muerte del dirigente, Padrino y otros altos mandos sostuvieron la irrigación ideológica que el gobierno había llevado a cabo entre los distintos estamentos de las Fuerzas Armadas.

El ascenso de Padrino con Maduro

Con Nicolás Maduro en el poder, el papel de Padrino no solo se mantuvo, sino que se expandió. En octubre de 2014 fue nombrado ministro de Defensa y, posteriormente, asumió responsabilidades que excedían el ámbito castrense.

Maduro le colocó al frente de la Misión Abastecimiento Soberano y Seguro, así como de áreas estratégicas vinculadas a los alimentos, los medicamentos, la industria y la producción, subordinando buena parte del gabinete al propio Padrino.


Padrino junto al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

De este modo, obtuvo una voz privilegiada en la “mesa chica” del presidente ahora detenido en Estados Unidos.

Este rol ampliado le convirtió en el principal dique frente a los intentos de fractura militar impulsados por la oposición. Ante la autoproclamación de Juan Guaidó y la oferta de una ley de amnistía, Padrino compareció junto a la cúpula militar para rechazar cualquier quiebre institucional y ratificar su reconocimiento exclusivo a Maduro. Además, denunció un golpe auspiciado por Estados Unidos y llamó a defender la Constitución bolivariana.


Los ataques de Estados Unidos contra Venezuela se producen tras el despliegue de un amplio contingente militar en el mar Caribe.

En 2015, tras la derrota electoral del chavismo en la Asamblea Nacional, fue él quien reconoció públicamente el triunfo opositor, un gesto que le valió un enfrentamiento con Diosdado Cabello.


Diosdado Cabello, vicepresidente del Partido Socialista Unificado de Venezuela.

Hoy, Padrino ocupa un lugar singular en la arquitectura simbólica del poder: por encima de Maduro, reconoce a Chávez como comandante supremo, reservándose un tercer plano que contrasta con su influencia real. Hombre de bajo perfil, pero protagonista en las sombras, permanece como el eje militar sobre el que descansa la continuidad del chavismo.

Aunque a menudo se ha deslizado que existen movimientos sísmicos en las Fuerzas Armadas de Venezuela que podrían facilitar un golpe de Estado contra la institucionalidad chavista, lo cierto es que tal insurgencia interna aparenta ser débil, al menos por ahora. Y buena parte de esta dinámica se la reconocen en el seno de Miraflores al accionar de Padrino en tanto “pegamento ideológico” a la interna del poder militar. 

Está por ver cuál será su papel en la reconfiguración del poder que el chavismo debe afrontar tras la detención y captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos durante las operaciones del 3 de enero de 2026. Por ahora, Padrino ha comparecido públicamente para declarar el “estado de conmoción exterior” y asegurar que “enfrentará las amenazas imperiales”.


Fuente: DESCIFRANDO LA GUERRA

jueves, 1 de enero de 2026

Evaluando a Noam Chomsky

 

 Por Joe Emersberger   
      Ingeniero, escritor y activista radicado en Canadá.


     Descubrí los libros de Noam Chomsky cuando tenía veintitantos años (a finales de los ochenta) y lo admiré profundamente durante décadas. El único intelectual al que admiré más que a Chomsky fue Bertrand Russell, a quien descubrí a una edad mucho más joven y más influenciable.

A principios de la década del 2000, internet era una novedad brillante, y me entusiasmó unirme al Foro de Colaboradores de Znet. Los miembros del foro podían interactuar directamente con Chomsky y otros escritores de izquierda. Era una de las muchas maneras en que Chomsky apoyaba los medios alternativos, algo que había hecho durante décadas.




Antes de internet, Z Magazine era uno de los lugares donde encontraba alivio del conformismo reaccionario y asfixiante de los medios corporativos. Los programas de entrevistas políticas del domingo por la mañana eran especialmente desgarradores. Cada mes esperaba con ansias recibir Z Magazine por correo para poder 1) confirmar que no estaba loco por sentir asco por los medios de comunicación del establishment 2) armarme de hechos y argumentos. Ni que decir tiene, cualquier revista o programa de radio de noticias alternativas de la época que incluyera una contribución de Chomsky recibía un gran impulso.

Me di cuenta de que, a diferencia de algunos escritores del foro de Znet, Chomsky no parecía un imbécil arrogante. Era muy accesible y generoso con su tiempo. Años después, comencé a interactuar con él directamente por correo electrónico y, hasta aproximadamente 2011, siempre estuve de acuerdo con sus respuestas.

Más tarde, cuando discrepamos, nunca me sentí menospreciado ni irrespetado por él. Al contrario, alentó mucho mis escritos. Cabe destacar que algunos amigos de Chomsky, Ed Herman y John Pilger, de quienes nunca me desilusioné, fueron igualmente amables y generosos al responder a escritores como yo, que no tenían nada que ver con su nivel.

Señales de alerta temprana: Haití

Durante mi estancia en el foro de Znet a principios de la década de 2000, recuerdo que Chomsky hizo algunos comentarios negativos sobre el ex presidente haitiano Jean Bertrand Aristide mientras éste cumplía su segundo mandato en el cargo.

El primer mandato de Aristide se vio truncado en 1991 por un golpe militar respaldado por Estados Unidos, que Chomsky denunció enérgicamente. Bill Clinton, a quien Chomsky calificó en una ocasión en el foro de Znet como un "matón", permitió el regreso de Aristide a Haití en 1994. Chomsky fue mordaz al describir las escandalosas concesiones que Clinton le había arrancado a Aristide: obligarlo a aceptar la impunidad de los militares que habían pasado tres años asesinando a miles de sus partidarios, obligarlo a aceptar que sus tres años de exilio computaran como tiempo de servicio en el cargo y obligarlo a adoptar políticas económicas neoliberales opuestas a su programa de campaña victorioso en 1990.

Tras regresar a Haití en 1994, Aristide incumplió en gran medida el acuerdo que Clinton le impuso. Los asesinos de la junta militar fueron procesados ​​y el ejército haitiano fue abolido. Su aliado cercano, René Préval, completó su mandato presidencial, y Aristide fue reelegido en 2000. Ese mismo año, los aliados políticos de Aristide obtuvieron una contundente victoria en las elecciones legislativas.

Una campaña de difamación contra Aristide, liderada por Estados Unidos, se desató de inmediato. Aristide fue acusado de manipular las elecciones del año 2000 y de armar a sus partidarios para aterrorizar a sus oponentes. Estas acusaciones falsas fueron repetidas no solo por el gobierno estadounidense y los medios de comunicación occidentales, sino también por importantes ONG como Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Christian Aid y Reporteros sin Fronteras.

El 29 de febrero de 2004, tropas estadounidenses secuestraron a Aristide y lo expulsaron de Haití. Terminó exiliado en Sudáfrica durante varios años, ya que Estados Unidos dejó clara su firme oposición a su regreso a Haití. Influenciado por Chomsky y todas las ONG mencionadas anteriormente, creía que debía haber una gran verdad en las acusaciones contra Aristide. Luego, se produjo el golpe de Estado de 2004 y comencé a dudar de lo que había aceptado con tanta naturalidad. Cuanto más examinaba las acusaciones, más me daba cuenta de que eran totalmente falsas. Los investigadores independientes Yves Engler y Anthony Fenton publicaron rápidamente un libro breve pero muy eficaz que desmintió las mentiras que habían facilitado el golpe.


Canadá en Haití: una guerra contra la mayoría pobre.

Unos años más tarde, en 2010, Peter Hallward escribió una desmentida aún más exhaustiva en su libro "Represando la inundación: Haití, Aristide y la política de contención". Una nota de Chomsky en la portada dice: "Muy convincente, un libro maravilloso". Estoy totalmente de acuerdo. Creí que Chomsky había aprendido lecciones importantes del golpe de 2004, igual que yo. Me equivoqué.


Represando la inundación: Haití y las políticas de contención.

En 2012, cuando le pregunté a Chomsky si añadiría su nombre a una carta defendiendo a Aristide de la persecución, se negó. Chomsky dijo que los activistas a los que consultó sobre Haití estaban "incómodos con la descripción de Aristide". Es cierto que, aunque acepté firmar, también tenía algunas objeciones a la carta, pero no que fuera demasiado halagadora para Aristide. Después de todo lo que se había hecho en Haití y en Aristide desde 2004, ¿cómo podía ser eso una preocupación?

Seguí admirando a Chomsky, pero llegué a la conclusión de que tenía importantes puntos ciegos debido a su ideología anarquista. Cualquier gobierno, incluso uno tan débil y minimalista como el de Aristide, siempre sería visto con recelo por Chomsky. Sus feroces denuncias contra Estados Unidos a menudo se veían socavadas por críticas injustas a los gobiernos que se encontraban bajo ataque estadounidense. Esta falla en el pensamiento de Chomsky se vio exacerbada por su absolutismo en la libertad de expresión.

Nicaragua, Venezuela, absolutismo, libertad de expresión impunidad de las élites

En su libro de 1989, Necessary Illusions, Chomsky hizo un trabajo maravilloso documentando los sombríos detalles de la guerra terrorista de Ronald Reagan contra Nicaragua. Chomsky describió al periódico nicaragüense La Prensa, respaldado por Estados Unidos, como una herramienta de propaganda de Estados Unidos mientras atacaba a Nicaragua.



Necessary Illusions.

Dijo que La Prensa "apenas fingía ser un periódico". Sin embargo, Chomsky insistió en que el gobierno nicaragüense permitiera que La Prensa permaneciera abierta: "Los defensores de los valores libertarios deberían, no obstante, insistir en que Nicaragua rompa precedentes en esta área, a pesar de sus graves dificultades...".




En su libro de 1988, "The Culture of Terrorism"Chomsky también escribió que si "se permitiera la verdadera libertad interna en Nicaragua, como seguramente debería ser", entonces su gobierno soportaría la enorme "carga" de un terreno mediático dominado por sus enemigos respaldados por Estados Unidos, pero "nada de esto implica que la carga no deba ser soportada".


Culture of Terrorism.

Me avergüenza haber tardado años en darme cuenta de las tonterías tóxicas que Chomsky había defendido. La Prensa estaba ayudando a terroristas respaldados por Estados Unidos a matar nicaragüenses.


El estadounidense Hasenfus reconoció que trabajaba entregando suministros a 'la contra' nicaragüense.

El absolutismo de Chomsky en materia de libertad de expresión es contradictorio y reaccionario. Insistir en la impunidad de La Prensa requería ignorar las voces de los nicaragüenses que el periódico silenció para siempre al permitir que los mataran. 

En 2021, La Prensa seguía siendo portavoz de los subversivos respaldados por Estados Unidos, y Chomsky firmó una carta que, en esencia, instaba a Nicaragua a capitular ante esos subversivos. La carta también tuvo la audacia de referirse a las elecciones de 1990, ganadas por el candidato respaldado por Estados Unidos gracias a la guerra terrorista librada contra el país, como "libres y justas".

La oposición de Chomsky a las leyes de difamación equivale de manera similar a apoyar la impunidad de los mentirosos más peligrosos (es decir, los más ricos) que silencian a la gente usando la palabra para matarlos, obligarlos a esconderse o llevarlos a la ruina financiera.

En 2007, el gobierno venezolano de Hugo Chávez se negó a renovar la licencia de transmisión de RCTV, una cadena de televisión que había apoyado un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos que logró derrocar a Chávez durante dos días en 2002. Chomsky se opuso a la no renovación, calificándola de "error táctico". Cabe recordar que, para entonces, Venezuela ni siquiera había cerrado RCTV. Aún podía transmitir vía satélite.

Una crítica razonable fue la contraria a la de Chomsky: que fue un "error táctico" por parte de Venezuela no cerrar inmediatamente (no años después) todas las cadenas de televisión (no solo RCTV) que habían apoyado el golpe de 2002. Sin embargo, una preocupación para cualquier gobierno (a menos que sea tan fuerte como China o Rusia) es la opinión pública occidental, especialmente la de los elementos "progresistas" en Occidente que podrían oponerse a la agresión estadounidense. 

Un gobierno como el de Venezuela no puede ser completamente indiferente a cómo se le presenta en Occidente. El papel de Chomsky ha sido alentar a los gobiernos bajo ataque estadounidense a ser suicidamente débiles o, de lo contrario, enfrentar duros ataques de la izquierda occidental.

En 2011, Chomsky invocó la independencia judicial y razones humanitarias para apoyar a la jueza venezolana Lourdes Afiuni. Esta fue encarcelada tras permitir la fuga de Venezuela de un empresario encarcelado por corrupción. La insistencia de Chomsky en que Venezuela permitiera la libertad de un juez corrupto no le impidió, años después, criticar duramente al gobierno venezolano por, en sus propias palabras, "dar prácticamente vía libre al capital para su enriquecimiento".


'Dar practicamente vía libre al capital para su enriquecimiento es lo que ha derribado a Venezuela'.

En cuanto a Venezuela, parece que las voces más reaccionarias fueron las que más influyeron en Chomsky. Durante un intercambio de correos electrónicos con Chomsky, me sorprendió que me sugiriera a Boris Muñoz como fuente creíble sobre Venezuela. En un artículo de 2012, Muñoz difundió la afirmación de que el cáncer de Hugo Chávez era un engaño orquestado en complicidad con el gobierno de La Habana. Le expliqué a Chomsky lo condenatorio que era eso por parte de Muñoz, pero no creo que lo asimilara.


'Chávez es todo el pueblo. Chávez son millones'.

En su país, Chomsky era igualmente contradictorio: denunciaba la barbarie de la élite y al mismo tiempo se oponía al castigo más leve para ella. En 1969, Chomsky estaba tan disgustado por la glorificación de la guerra de Vietnam que escribió en su libro "El poder estadounidense y los nuevos mandarines": "Tenemos que preguntarnos si lo que se necesita en Estados Unidos es disidencia o desnazificación".


El poder estaounidense y los nuevos mandarines.

Pero en 1969, Chomsky también declaró al MIT que se oponía vehementemente a que se le negara a Walt Rostow un puesto docente. Rostow regresó a la academia en 1969 tras trabajar como asesor de seguridad nacional para los presidentes Kennedy y Johnson. Chomsky recordó sus acciones a un biógrafo comprensivo (Robert Barsky) de la siguiente manera:

Fui a ver al presidente del MIT en 1969 para informarle que teníamos la intención de protestar públicamente si resultaba que había algo de cierto en los rumores que circulaban entonces de que a Walt Rostow (a quien considerábamos un criminal de guerra) se le estaba negando un puesto en el MIT por motivos políticos (afirmaciones que eran difícilmente plausibles y resultaron ser completamente falsas).

En una entrevista, Chomsky afirmó que podría haber renunciado al MIT si a Rostow le hubieran negado el trabajo. Así pues, a pesar de la brutalidad estadounidense que impulsó a Chomsky a pedir la desnazificación del país, se opuso firmemente a que los altos cargos nazis estadounidenses sufrieran consecuencias profesionales por sus crímenes.

Libia, Siria, Ucrania: Chomsky empeora

En 2011, Chomsky apoyó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que impuso una zona de exclusión aérea sobre Libia, pero luego objetó que la OTAN la había violado para derrocar al gobierno de Gadafi. Por lo tanto, se opuso a que ocurriera lo más previsible, como debería haber sabido gracias a sus extensos escritos sobre la duplicidad y la criminalidad occidentales. Sin embargo, afirmó que sería imprudente predecir las consecuencias del derrocamiento de Gadafi. De hecho, como era de esperar, el derrocamiento de Gadafi desencadenó una pesadilla continua que los medios occidentales ocultaron fácilmente.


Libia se hundió en un Estado fallido tras la invasión estadounidense.

En Siria, Obama inició el apoyo estadounidense a una guerra sucia para derrocar al gobierno de Asad que, mucho después de que Obama dejara el cargo, resultó en una gran victoria para Estados Unidos y el Israel nazi. Un terrorista de Al Qaeda (que también es un ex miembro de alto rango del ISIS) es ahora el dictador de Siria.




En 2016, Chomsky dijo que no sabía cómo las acciones de Obama en Siria podrían haber sido mejores:

Y para Siria... es muy difícil pensar en alguna recomendación. Es decir, no sé qué podría haber hecho Obama mejor que lo que hizo.

En 2018, Chomsky firmó una carta junto con numerosos intelectuales occidentales (David Graeber, Judith Butler, David Harvey, etc.) que instaba al ejército estadounidense a bombardear Siria en defensa de los anarquistas kurdos, que, según los autores, eran los principales aliados de Estados Unidos contra el ISIS en Siria. La idea de que Estados Unidos estuviera en Siria para combatir al ISIS era digna de un neoconservador de derechas.

Es sorprendente la controversia que se volvió entre los izquierdistas occidentales (en gran parte gracias a la influencia destructiva de Chomsky) defender al gobierno de Assad contra lo que obviamente era un esfuerzo conjunto apoyado por Estados Unidos e Israel para derrocarlo.

Hoy en día, la situación en Siria es compleja, como explica Vanessa Beeley. Pero es un caos horroroso caracterizado por la partición, el saqueo y las atrocidades sectarias que benefician a Israel.

Chomsky caería en picado tras la invasión rusa de Ucrania. En una entrevista de 2022, Chomsky elogió efusivamente la "gran valentía" y la "gran integridad" del presidente ucraniano Zelenski, a quien calificó de "persona honorable". Recordemos que Chomsky no se atrevió a firmar una carta en defensa de Aristide en 2012 porque no quería ser demasiado optimista sobre el expresidente haitiano, derrocado dos veces por Estados Unidos. Pero Zelenski, jefe del gobierno notoriamente corrupto, respaldado por Estados Unidos y que honra al colaborador nazi Stepan Bandera, lo elogió efusivamente.




El sionismo furtivo de Chomsky

En cuanto a Palestina, el enfoque de Chomsky fue convencer a mucha gente decente con su minucioso análisis de los crímenes israelíes, pero bajo la abundante documentación y la indignación, su postura seguía siendo sionista. En un artículo de 2014 para The Nation, abogó por el delirio de los dos Estados y, con arrogancia, advirtió a los palestinos que no insistieran en algo más, ni siquiera en el derecho de los refugiados a regresar a las tierras de las que fueron expulsados.

En 2004, Chomsky habló de “la destrucción de Israel” como si fuera algo malo:

El llamado a un “Estado laico democrático”, que no es tomado en serio por el público israelí ni a nivel internacional, es una demanda explícita de destrucción de Israel, que no ofrece nada a los israelíes más allá de la esperanza de un grado de libertad en un eventual Estado palestino.

Dado el Holocausto transmitido en vivo en Gaza que presenciamos desde el 7 de octubre de 2023, la naturaleza sionista del enfoque de Chomsky nunca ha sido tan completamente desacreditada. El Israel nazi debe ser derrocado. Punto.

Antiestalinismo: el pecado original de los izquierdistas occidentales

No fue hasta 2023, unos meses antes de que comenzara el genocidio en Gaza, que estuve dispuesto a admitir que ya no respetaba a Chomsky. Me llevó demasiado tiempo. ¿Por qué?

Parte de la razón es el antimarxismo. Tanto Bertrand Russell como Noam Chomsky, las mayores influencias intelectuales en mí durante décadas, despreciaban a Karl Marx. Vea este artículo de Roderic Day para ejemplos del desdén de Chomsky hacia Marx. No fue hasta que ignoré su influencia sobre mí que pude emprender un estudio adecuado de Marx. No es casualidad que los intelectuales occidentales prominentes tiendan a ser antimarxistas o a promover una versión del marxismo compatible con el imperialismo occidental. Vea las discusiones de Gabriel Rockhill sobre este tema con Nick Estes Justin Podur. La facción liberal de la élite occidental ha dedicado mucho más esfuerzo del que jamás imaginé a desarrollar una "izquierda compatible". Bertrand Russell formó parte de un grupo fachada anticomunista financiado por la CIA.

Pero muchos de los marxistas que he conocido en mi vida también eran antistalinistas porque seguían acríticamente la línea que adoptó la URSS tras la muerte de Stalin. Acepté un consenso que casi todos, desde marxistas hasta antimarxistas de cualquier tipo, parecían aceptar: que Stalin era un gran mal, quizás incluso comparable a Hitler. Al perder la confianza en Chomsky, exploré la obra de Domenico Losurdo Michael Parenti, quienes refutaron brillantemente ese disparate. Resulta que izquierdistas como Chomsky —que ni siquiera pueden defender a Jean Bertrand Aristide, Daniel Ortega, Hugo Chávez o Nicolás Maduro— tampoco son fuentes fiables sobre Stalin. Lección, tardíamente aprendida.

Epstein seduce a Chomsky

Las imágenes que se muestran a continuación expresan con mayor elocuencia que yo jamás podría sobre cuán profundamente Chomsky fue absorbido por el mundo de Jeffrey Epstein. ¿Están las élites estadounidenses contentas de ver a Chomsky deshonrado? Los espías liberales que cultivan una izquierda afín probablemente no estén contentos.








En su libro "La CIA y La Guerra Fría Cultural", Frances Stonor Saunders explica que los liberales de la CIA tuvieron que ocultar sus actividades a los republicanos, quienes no querían que existiera ningún tipo de izquierda. Así que imagino que entre la élite estadounidense las reacciones son diversas: desde el descontento hasta la ambivalencia y el júbilo.



En cuanto a Chomsky, a pesar de su retórica antiestatal, su ideología lo hizo sentir cómodo con el poder estadounidense y el sionismo. Se sentía tan cómodo que solía decir cosas como: «Estados Unidos es un país muy libre, quizá el más libre del mundo». Al final, se sintió tan cómodo que destruyó su propia reputación.


Fuente: Antiimperialismo sin editar



Nota editorial.- La publicación de este artículo -como sucede con buena parte de los que han visto la luz anteriormente- no obedece a un acuerdo total o parcial con su contenido. En este caso concreto, el motivo para su publicación ha sido, principalmente, aportar un punto de vista también crítico, pero muy diferente al de quienes han aprovechado que se haya hecho pública la tardía relación de Noam Chomsky con Jeffrey Epstein para arremeter contra el conjunto de la obra del lingüista y analista político estadounidense y descalificar todas y cada una de sus aportaciones en los diferentes campos del conocimiento.