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martes, 6 de enero de 2026

La “Doctrina Donroe” señala a Groenlandia y la primera ministra danesa advierte del “fin de la OTAN”

 

 Por Pablo Elorduy   
      Periodista de El Salto. Autor de 'El Estado Feroz'.


La isla más grande del planeta cuenta con 32.000 millones de barriles de petróleo equivalente bajo el hielo. Trump ha hablado de adquirir Groenlandia, pero no ha rechazado la posibilidad de una intervención militar


Hielo marino fracturado entre Islandia y Groenlandia en imagen de la misión satelital CryoSat para medir los cambios en el hielo terrestre. 

     Un tuit y una frase de Trump a la salida de una sesión de golf han aterrorizado a la Unión Europea. “Necesitamos a Groenlandia, sin duda. La necesitamos para nuestra defensa”, esta frase de Donald Trump citada en una entrevista con The Atlantic publicada el domingo 4 de enero puso en palabras lo que la esposa del asesor presidencial Stephen Miller, Katie Miller, había lanzado en su cuenta de la red de extrema derecha X. Poco después del secuestro de Nicolás Maduro, Miller publicaba un post con el mapa de Groenlandia pintado con las barras y estrellas de la bandera estadounidense y el texto “pronto”, en mayúscula.


"Pronto".

En la cascada de declaraciones posterior, Trump dio un plazo “Nos ocuparemos de Groenlandia en unos dos meses. Hablemos de Groenlandia en 20 días”. Unas palabras que abren todo tipo de especulaciones y dejan al borde del ataque de nervios a una Comisión Europea que dio su plácet a la operación ilegal contra Venezuela. Hasta el momento, ni la máxima representante de la UE, Ursula Von der Leyen, ni la responsable de Exteriores, Kaja Kallas, se han referido a estas amenazas.

La isla, un territorio de dos millones de kilómetros cuadrados, autónomo pero vinculado a Dinamarca, es una vieja obsesión estadounidense. Lo es por dos motivos, los recursos naturales, especialmente las tierras raras, y la posición geográfica entre los océanos Atlántico Norte y Ártico. Un estudio del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) publicado en 2019 estimó que Groenlandia tiene reservas que pueden alcanzar los 31.400 millones de barriles equivalentes de petróleo, gas natural y líquidos de gas natural, algo que en dinero ronda los dos billones (trillions) de dólares.


La confiscación de Groenlandia por parte de Trump podría desencadenar una reacción en cadena.

No es la primera vez que Trump se refiere a una posible toma de Groenlandia, pero la violación del derecho internacional perpetrada el primer fin de semana de enero con el secuestro de Nicolás Maduro y la pretensión de dirigir el cambio de régimen en Venezuela, ha abierto en canal las especulaciones sobre los próximos pasos de la Casa Blanca, en la consecución de la Doctrina de Seguridad presentada a principios de diciembre de 2025.


La carpeta blanca: Groenlandia




Marzio G. Miran, autor de Guerra blanca (Ediciones Ned, 2025) refiere como Groenlandia es al mismo tiempo el nuevo El Dorado y, al mismo tiempo, una plasmación catastrófica de la crisis climática: la isla pierde 30 millones de toneladas de hielo por hora, debido al derretimiento “irreversible y rápido” de su hielo con impactos “desastrosos” para el planeta.


Groenlandia, la isla que pierde 30 millones de toneladas de hielo por hora.

“Cada cubito de hielo derretido en Groenlandia es una piedra que lapida nuestra civilización, se convierte en polvo en el Sahel y genera refugiados climáticos, causa sequías que hacen evaporarlos ríos, se transforma en bombas de agua que matan y camiban el aspecto de paisajes milenarios. Groenlandia llama, los océanos responden".

Groenlandia se estableció como país bajo la corona danesa en 1814. En 1979 recibió el estatus de nación autónoma y, a diferencia de Dinamarca, nunca se ha integrado en la Unión Europea, pero sí forma parte de la OTAN y del Consejo de Europa. Los asuntos exteriores, las competencias de seguridad y defensa y la política financiera siguen siendo dirigidas desde Copenhague.


Nuuk, capital del territorio autónonomo danés de Groenlandia.

Pese a la vieja obsesión estadounidense con ese territorio, Groenlandia no ha estado en los planes de ninguna administración hasta Trump. Pese a sus múltiples intervenciones militares y a través de las agencias de inteligencia, EEUU no se ha anexionado territorios desde finalizada la II Guerra Mundial.

El 22 de diciembre, Trump designó al senador de Luisiana, Jeff Landry, representante de la extrema derecha Maga como enviado especial de la Casa Blanca para Groenlandia. Landry no tiene experiencia en asuntos exteriores. En su post de agradecimiento tras el nombramiento, Landry expuso la línea principal de su cometido: “Es un honor servirle como voluntario para que Groenlandia forme parte de EEUU”.


Trump enfurece al gobierno de Dinamarca al nombrar a Jeff Landry como enviado especial para Groenlandia.

A priori, Trump ha esgrimido que la conquista de Groenlandia será presentada como un acuerdo y se ha remitido a que Landry tiene perfil de negociador: “Es un tipo con gran capacidad de negociación”. Sin embargo, desde su regreso a la Casa Blanca no ha descartado una intervención militar para hacerse con el país.


Lo que pasa en Groenlandia se queda en Groenlandia

Tanto el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, como la primera ministra danesa, Mette Frederiksen han rechazado que la soberanía de la isla pueda negociarse.“Ya basta”, expresó el lunes 5 Nielsen en un post en la red social Facebook: “Estamos abiertos al diálogo. Estamos abiertos a las conversaciones. Pero tiene que ser a través de los canales adecuados y respetando el Derecho Internacional. Y los canales adecuados no son publicaciones aleatorias e irrespetuosas en las redes sociales (...) Las amenazas, la presión y los rumores de anexión no tienen cabida entre amigos”, defendió Nielsen: “Groenlandia es nuestro hogar y nuestro territorio. Y así seguirá siendo”.


Jens-Frederik Nielsen.

Por su parte, Frederiksen, expresó en su discurso de año nuevo los temores que hoy en día atenazan a su país. Lo hizo sin referirse directamente a EEUU ni a Trump: “Asumimos nuestras responsabilidades en el mundo y no somos nosotros quienes buscamos el conflicto.Pero que nadie tenga ninguna duda: pase lo que pase, nos mantendremos firmes en lo que es justo y lo que no lo es”.

El lunes, 5, sin embargo, la primera ministra danesa fue más rotunda: “EEUU no tiene derecho a anexar ninguna de las tres naciones del reino danés”. Frederiksen recordó que Groenlandia está cubierta por la garantía de seguridad de la Alianza Atlántica y advirtió de las consecuencias de un ataque: "Si Estados Unidos decide atacar militarmente a otro país de la OTAN, entonces todo se parará, incluida la OTAN y, por lo tanto, la seguridad que se ha establecido desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, añadió Frederiksen.


No hay que malinterpretar el papel de Groenlandia en la seguridad del Ártico.

El artículo 5 de este tratado establece que si un país miembro es atacado, los demás lo considerarán como un ataque a todos, pero apenas hay literatura ni precedentes sobre ataques entre Estados miembro.

Tras el nombramiento de Landry, y sus declaraciones “completamente inaceptables”, desde el punto de vista del titular danés de Exteriores, Dinamarca llamó a consultas al embajador estadounidense.

No obstante, Trump ha dirigido sus misiles retóricos a la Unión Europea. “La UE necesita que tengamos [Groenlandia] y ellos lo saben”, expresó a bordo del Air Force One. La Casa Blanca plantea su deseo de dominio de la isla desde el punto de vista de la seguridad: “Está llena de barcos chinos y rusos por todas partes. Necesitamos a Groenlandia por razones de seguridad nacional. Dinamarca no podrá con la tarea”.

Un artículo de julio de 2025 del Instituto Danés de Estudios Internacionales (DIIS) explicaba que la presencia de barcos chinos en el Ártico era limitada. El derecho sobre aguas internacionales permite a China explorar el océano, pero en la práctica debe tener el respaldo de algunos de los países que rodean el Ártico. Uno de ellos es Rusia.

No obstante, como señala ese Instituto público: “Si bien China ha obtenido acceso a zonas previamente restringidas del Ártico gracias a su alianza con Rusia, no ha expandido significativamente su presencia global en la región durante este período.


China y Rusia en el orden ártico.

Esto se debe en parte al mayor escrutinio y rechazo a la inversión china en otros estados árticos, una tendencia que comenzó a surgir algunos años antes de la invasión rusa de Ucrania en 2022“. La cooperación, explicaba este informe, ”se ha limitado principalmente al Ártico ruso, cerca del territorio ruso“. Más claro aún: ”A pesar de las afirmaciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre la presencia de buques de guerra chinos y rusos 'por todas partes' cerca de Groenlandia, dicha presencia no se ha materializado”.

La tensión provocada por Trump añade incertidumbre sobre un territorio en el que hasta ahora parecía haber amplio consenso sobre la necesidad de independencia de Dinamarca. Jens-Frederik Nielsen, del partido liberal Demokraatit, fue elegido en la primavera de 2025 gracias a su agenda de independencia ralentizada. El segundo partido, Naleraq, que obtuvo más del 24% de los votos en marzo es partidario de una independencia rápida. Las discusiones, no obstante, tratan del nivel de ayudas que Groenlandia, cuyo principal recurso económico es la pesca, debe recibir de la metrópolis, así como de la celeridad del proceso de independencia.

Amenazas a otro países

Trump ha adoptado el concepto de la “Doctrina Donroe” que lanzó hace justo un año el periódico amarillo New York Post haciendo un juego de palabras entre el nombre del presidente y el de la famosa Doctrina Monroe, una ideología de dominio colonial sobre Centro y Sudamérica procedente del siglo XIX.


La doctrina 'Donroe'.

El equipo de Trump ha sido consecuente con esa doctrina de dominación y ha llevado a cabo amenazas desde el minuto uno de la vuelta del empresario neoyorquino a la Casa Blanca. El secretario de Estado Marco Rubio hizo uno de sus primeros viajes oficiales a Panamá, con la amenaza bajo del brazo de una posible intervención militar para la toma del Canal que conecta Atlántico y Pacífico.


Donald Trump vuelve a presionar a Panamá con la toma del control del Canal.

La amenaza llevó al Gobierno panameño a romper sus compromisos con la Iniciativa Franja y Ruta china, conocida como “la nueva ruta de la seda”.

En noviembre, el ejército estadounidense informó de que el USS Gerald Ford, el buque de guerra más grande del mundo, había entrado en las aguas del Caribe bajo control del Comando Sur, una fuerza que tiene encomendada las operaciones en América Central, del Sur y el Caribe. Venezuela ha sido la primera gran operación en este vector, pero las amenazas son claras para Cuba, país del que Trump dijo “está a punto de caer”, y para Colombia.

El 4 de enero de 2026, en una de las habituales comparecencias informales a bordo del avión presidencial, Trump volvió a amenazar a Gustavo Petro con una operación como la perpetrada en Venezuela: “Colombia está gobernada por un hombre enfermo, que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos, pero no va a seguir por mucho más tiempo”.


Colombia 'está dirigida por un hombre enfermo', dice Donald Trump, mientras parece sugerir que Estados Unidos 'detendrá' el negocio ilegal de las drogas.

No es la primera vez que se refiere así a Petro, primer presidente de izquierda en la historia del país cafetero. En octubre, ya le calificó como “un líder del narcotráfico”.


Gustavo Petro es el primer presidente de izquierda de Colombia.

La situación con México es aun más compleja, habida cuenta de que Claudia Scheinbaunha conseguido frenar el ataque económico que Trump quiso asestar a su país a través de los aranceles.


Claudia Sheinbaum en la presentación del primer Informe de Gobierno.

Pese a que la propia Scheinbaun recordaba hace pocos días que su país es el que menos aranceles paga en el mundo, el entendimiento entre las administones no impidió que Trump sumase al país vecino a su lista de amenazados: “Algo va a haber que hacer con México”, señaló.


Fuente: El Salto

domingo, 4 de enero de 2026

Secuestro, golpe de Estado, pillaje: las palabras que definen la operación de Estados Unidos contra Venezuela

 

 Redacción de El Salto


Mientras Trump centra su discurso en los beneficios económicos del

 golpe en Venezuela, la UE de Von der Leyen y Macron queda

 retratada: una Europa que justifica lo injustificable y abandona el

 derecho internacional


Masiva manifestación en Nueva York en solidaridad con el pueblo de Venezuela y contra el ataque militar del criminal ultraderechista Donald Trump pocas horas después de perpetrar su Golpe de Estado.


     El orden internacional basado en reglas o, lo que es lo mismo, la doctrina estadounidense impuesta desde el final de la II Guerra Mundial como modo de eludir a conveniencia los dictámenes del derecho internacional y el derecho internacional humanitario, ha vuelto a ser violentado por los propios EEUU.




La intervención de EEUU, bombardeando varios puntos estratégicos de Venezuela, y secuestrando a su presidente, Nicolás Maduro, supone un recordatorio de que aquel orden internacional basado en reglas se basa en que EEUU puede provocar el desorden en cuanto lo desea, y que no hay más reglas que la ley del más fuerte.


Bombardeos sobre Caracas.


Nicolás Maduro tras su traslado a la Base de la Guardia Nacional Aérea de Stewart en Nueva York.


Tal vez por eso es importante reconocer sin eufemismos que lo que ha sucedido es un secuestro, no una captura y mucho menos una detención; que lo que está teniendo lugar es un golpe de Estado, destinado a un cambio de régimen, y que, en el transcurso del mismo, EEUU se verá capacitado para ejercer el pillaje de los recursos naturales del país que ha decidido intervenir, principalmente el petróleo.




Por más que los partidarios de Donald Trump en Europa quieran enmascarar lo sucedido clamando por una supuesta defensa de la libertad, en su comparecencia del 3 de enero, su propio líder se ha encargado de borrar cualquier coartada idealista. Trump apunta exclusivamente en clave interna, sólo se dirige a sus votantes, y a ellos les ha dicho con crudeza que EEUU será más fuerte gracias al usufructo del petróleo venezolano. También se ha referido al otro tema con el que pretende amarrar los apoyos de las clases empobrecidas de EEUU, denunciando la supuesta migración impulsada por Maduro, exclusivamente en clave de seguridad, pintando, como es habitual, una película de terror con tintes pornográficos en la mente de cada espectador.

Trump actúa en clave interna

La coartada escogida para el derrocamiento del presidente de una nación soberana, el supuesto tráfico de drogas organizado por Maduro, ha sido un asunto secundario en una rueda de prensa en la que el mensaje principal ha quedado resumido con esta frase: “Las grandes y hermosas compañías petroleras estadounidenses están llegando para reconstruir, beneficiándose de las vastas reservas de petróleo de Venezuela, lo que hará que muchas personas en Venezuela y en los EEUU sean muy ricas y muy felices”.

A pesar del temor y/o la devoción reverencial que se tiene por Trump en los países europeos, la Casa Blanca guía sus políticas alrededor del eje de la economía interna del país. Y la situación en el interior de Estados Unidos no es buena, no al menos para las clases empobrecidas: la mayoría de la población (57%) piensa que el país se dirige a una recesión y un 45% cree que la situación ha empeorado desde que Trump llegó a la Casa Blanca.


Un manifestante protesta contra los aranceles frente a la Corte Suprema en Washington D. C.

La crisis de las economías domésticas fue el factor clave de la derrota de Trump en 2020 y, en un año marcado por las elecciones de medio mandato (midterm), no hay que minusvalorar el cebo que supone la promesa de gasolina más barata para la ciudadanía de a pie. Puede sumarse a este recuento en clave interna el interés por alejar la atención del caso Epstein y, de cara a futuro, el impacto que puede tener la caída de Maduro en la situación en Cuba, importante para un gran sector del electorado de Florida y otros Estados.

La clave del pillaje habla del corto plazo, mientras que el imperialismo estadounidense explica el largo recorrido que subyace al golpe de Estado propiciado el 3 de enero. Las administraciones estadounidenses, muy especialmente las del Partido Republicano, han dado por descontada la intervención militar, y a través de sus servicios de inteligencia, en Latinoamérica.

La Doctrina Monroe, expuesta en 1823 por el presidente James Monroe estableció que EEUU tenía carta blanca para las intervenciones políticas, militares y económicas en el resto del continente.




En su discurso de toma de posesión en enero de 2025, Trump invocó otra doctrina, vinculada a la Monroe, llamada del “Destino Manifiesto”, por la que EEUU tiene la misión de expandir su dominio y difundir el capitalismo por todo el continente.


Portada del diario francés Libération.


'Su lucha', portada de la revista alemana Stern.


Venezuela, un país que, hasta la llegada de Hugo Chávez, había estado bajo la férula estadounidense, desafió al imperio con políticas de redistribución y nacionalización de sectores, especialmente el petrolero, que la situaron en el punto de mira del imperio desde comienzos de siglo. Los intentos de derrocar a Chávez y a su sucesor, Maduro, no han cesado en dos décadas. Hoy se ha cumplido el objetivo por medio de una intervención salvaje, al estilo de la de Panamá en 1989.

Las cartas ya están echadas 

La reacción internacional al golpe perpetrado por EEUU en Venezuela ha querido pasar por alto los dos elementos fundamentales del mismo: el interés económico inmediato y la ideología imperialista y supremacista que acompaña a EEUU desde su consolidación como potencia militar. La respuesta de la Comisión Europea, a través de sus máximas representantes institucionales, Ursula von der Leyen y Kaja Kallas, ha sido todo lo vergonzosa que podía ser en estas circunstancias, asumiendo unos postulados que ni siquiera Trump ha defendido con especial vehemencia. Von der Leyen, Kallas o Macron han vuelto a presentar a los países de la UE como los perfectos esbirros, capaces de justificar lo injustificable a través de argumentos peregrinos.

Si el orden internacional basado en reglas ya era una farsa, la acción de EEUU en Venezuela es una ampliación de esa práctica hacia un nuevo desorden mundial provocado por quienes imponen sus propias reglas. Es evidente que los instrumentos del derecho internacional deben ser reivindicados aunque no funcionen, como también lo es que ni los países del sur global ni los otros actores imperialistas (Rusia, China) tienen en su mano instrumento, capacidad o deseo alguno de revertir la situación en Venezuela. Eso no debe incapacitar para exigir un posicionamiento firme de los distintos gobiernos y las instituciones. Pero la realidad es que así será.

Es inevitable prefigurar la línea que tomará el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Ya está siendo similar a la que se ha seguido con la campaña genocida de Netanyahu y completamente opuesta a la seguida con respecto a Ucrania.




Podemos esperar que Sánchez se mantenga a escasos centímetros de la posición de Naciones Unidas. Y queda el consuelo vacío de que al menos no felicitará a Trump por acabar con una dictadura, pero nada más.




La historia demuestra, por desgracia, que nadie puede contener al imperio cuando comete crímenes, secuestra mandatarios sin ninguna clase de legitimidad ni jurisdicción para hacerlo, y se lanza a por los recursos naturales de un país. Desde las poblaciones y sociedades de todo el mundo solo cabe pedir que no insulten más a nuestra inteligencia y nombrar lo que ha pasado en Venezuela como lo que es: secuestro, golpe de Estado, pillaje. Solo manteniendo el contacto con la realidad será posible cambiarla.



Fuente: El Salto

martes, 9 de septiembre de 2025

Los dilemas de Donald Trump: entre la amenaza del repliegue y la posibilidad de la escalada

 

 Por Manolo Monereo   
      Abogado, politólogo y político español.



La estrategia global de Trump divide a Estados Unidos, Europa y Rusia



Para Manolo Sacristán, desde la memoria vivida

    Aparentemente, del Presidente norteamericano depende la próxima decisión estratégica y sus consecuencias. Haga lo que haga tendrá costes; algunos pueden ser muy graves y lo fundamental es que delimitará la fase. La partida está ya muy definida. El núcleo duro de la Unión Europea (AlemaniaFrancia y el Reino Unido desde fuera) está dispuesto a aceptar todas las exigencias de Trump (incluida las más humillantes) siempre que continúe la guerra y, claro está, seguir escalando. El supuesto básico es que los rusos no se atreverán a usar armas nucleares; se les puede, si no ganar, sí al menos, conseguir una paz asumible, vendible. En esto tampoco hay que equivocarse, debe ser un acuerdo que no se puede interpretarse como una derrota de la OTAN y de la UEZelenski no tiene autonomía y sus márgenes de maniobra se estrechan dramáticamente. La guerra en sus actuales dimensiones, repito, en sus actuales dimensiones, la tiene perdida. El frente está al borde del derrumbe y la retaguardia, incluidos los sectores más duros de la extrema derecha, están cansados y con una moral muy debilitada. Su fuerza es la alianza (la coalición de los “necesitados” de Trump) con Von der LeyenMerzMacron y Stamer.


Donald Trump en el Despacho Oval.

El papel de Rusia es más complejo. Putin se sabe fuerte. Está ganando en el frente político-militar, las sanciones no han debilitado la estructura económico-productiva de Rusia; más bien al contrario, ha reforzado el papel dirigente y estratégico del Estado, reduciendo el peso de los sectores oligárquicos y propiciando una reindustrialización del país al servicio de su autonomía estratégica. Su liderazgo se ha fortalecido mucho en estos años. Si algo caracteriza al Presidente ruso es su prudencia y no dejarse llevar por las buenas noticias. Tarda en decidir e intenta, previamente, sopesar todas las variables desde una información meticulosa y detallada. ¿Cómo interpreta a Trump? No es fácil saberlo. Mi hipótesis es que lo piensa como el reflejo de bloque de fuerzas contradictorio, en pugna constante y en conflicto con, lo diremos así, el “Estado profundo” norteamericano. Putin cree que hay posibilidades de un acuerdo con él, más allá de Ucrania y, hasta cierto punto, de esta Europa que representa la UE. Dicho esto, hay que matizar inmediatamente: la posibilidad de un pacto en estas condiciones nunca estará garantizado del todo y siempre será reversible. No es personal, no es Trump, es una superpotencia en crisis y sus (contradictorias) dinámicas.


Banderas de la Unión Europea y de Ucrania ondeando en Bruselas.

La personalidad política del Presidente de los EE.UU. es (auto)conscientemente contradictoria. Su obsesión por controlar la agenda pública, su afición a la maniobra, a los golpes bajos y un estilo de negociación propio de una banda marsellesa no le impide, más bien al contrario, tener posición política y fortalecerse en ella. Su problema es otro, a saber, neutralizar a una parte sustancial del poder, de los poderes, que se oponen a su política y que están presentes en su propio equipo. ¿Qué política de Trump entre amenazas, desplantes y aranceles? Los EEUU, como toda potencia en declive, tiene dos grandes alternativas, moduladas -es fundamental- por el factor tiempo. Una, oponerse con todo su poder a los que cuestionan su hegemonía e intentan revisar el orden y las reglas impuestas, no lo olvidemos, por una victoria político-militar, económica y cultural. Dos, aprovechar su ventaja relativa para gobernar la transición hacia un mundo multipolar; es decir, hacia un Nuevo Orden Internacional. Mi opinión es que el Presidente, a trancas y barrancas, está desde siempre por esta última posición. Otra cosa es que la pueda llevar a cabo o que se lo consientan. Esto siempre lo supieron Biden y Hilary Clinton.

El Donald Trump del segundo mandato sabe algo más: oponerse política y militarmente a la emergencia de un nuevo orden ha sido un fracaso, ha debitado aún más a los EEUU, mostrado todas sus carencias industriales, tecnológicas y, lo peor, ha dividido duramente a la sociedad norteamericana. En el centro del debate, la globalización neoliberal y su paradoja, al menos para el Presidente, ha fortalecido el control del capitalismo norteamericano sobre el Occidente colectivo y está destruyendo a los EEUU como Nación y Estado. Esto es tan evidente, que hay voces significativas en su equipo que cuestionan el seguir defendiendo el dólar como moneda de reserva internacional.


El presidente Donald Trump, junto al vicepresidente JD Vance y el presidente de la FIFA Gianni Infantino, en el Despacho Oval.

La apuesta por gobernar la transición tiene fundamentos racionales; significa, en primer lugar, partir de la ventaja, relativa pero real, de los norteamericanos tanto por su control de las finanzas internacionales como por la amplitud y consistencia de sus alianzas y, sobre todo, por su fortaleza político-militar. Occidente colectivo, hoy por hoy, es el poder establecido y luchara hasta el final por él. Olvidar esto es confundir los sueños con la realidad. En segundo lugar, gobernar la transición no hace al mundo más seguro ni menos peligroso, más bien al contrario: Trump sabe que tiene que contar con las otras potencias y que tendrá que establecer relaciones basadas en el conflicto y en la cooperación, donde los compromisos serán flexibles y muchas veces volátiles, y que los enfrentamientos armados y las guerras estarán siempre presentes, como realidad o como posibilidad; más guerras “calientes” que “frías”.

El tiempo de las grandes declaraciones ideológicas de nuestros políticos y de nuestros sesudos analistas está pasando. Siguen ahí, pero el tono está cambiando, es verdad, entre lágrimas y lamentos. Ahora el enemigo favorito es Trump, él es el culpable de todo. ¡Con lo bien que nos iba antes!, ¡cuánta unidad había con Biden! Este es el problema. Ir en alianza con una gran potencia, subordinarse a su estrategia político-militar siempre es problemático, sobre todo cuando se está, como ahora, en un cambio de época. Los EEUU tienen la costumbre de defender sus intereses, girar cuando le es conveniente y de cobrarse, además, unos tributos cada vez más vastos en pago a su protección pasada, presente y futura. Los aliados europeos (la coalición de los necesitados, sobre todo) exigen que esa protección sea efectiva, clara, rotunda, continuando la guerra iniciada por la anterior Administración para derrotar al enemigo existencial ruso.

Seria bueno escuchar los consejos del siempre lucido Marco d’Eramo. Comienza: ”Ninguna clase dirigente que detenta el poder está dispuesta a cederlo o a ver como disminuye y, mucho menos, a presenciar como desaparece”; continua: “El debate entre las diferentes facciones de las clases dirigentes siempre girará en torno al modo de gestionar el imperio, a la estrategia para fortalecerlo y a las tácticas para expandirlo” Concluye “Y, por regla general, cada una de las facciones enfrentadas acusará a la otra de aplicar políticas que debilitan al imperio y conducen a su desaparición”. El razonamiento, se entenderá, va dirigido contra aquellos sectores de la opinión pública europea que se esfuerzan en distinguir entre malos y menos malos imperialistas o, diríamos nosotros, entre liberales y autoritarios de un país-continente en crisis. El artículo del conocido analista italiano (Diario Red 24/8/25. ”No existe algo así como la sociedad estadounidense) daría para más comentarios, para acuerdos y para algún desacuerdo, pero enseña más que un manual de relaciones internacionales al uso y da perspectiva para situarse en este mundo en transición. No es poco.

Volvamos al principio. Parece que Trump marcará la orientación y el sentido de la partida (estratégica) en juego. Insisto, no hay que dejarse confundir por las palabras. Los necesitados (Merz y compañía) no quieren sentarse a negociar y aspiraban, antes que nada, a un alto el fuego incondicional e inmediato. Tiene su lógica: están perdiendo en el campo de batalla, el frente emite señales inquietantes y, lo decisivo, Trump, una vez más, cambió de opinión; todo ello, después de las denigrantes concesiones hechas. Sentarse a negociar significa partir de una agenda rusa, ellos lo saben, ganada política y militarmente. Públicamente, no pueden negarse; tampoco enfrentarse a un Trump siempre colérico y mandón. Su táctica es más fina: centrarse en las condiciones de seguridad de Ucrania, hacerlas tan sobresalientes que las hagan inaceptables para Rusia e impidan la negociación de una salida pacífica al conflicto entre la OTAN y Rusia, que es de lo que se trata. Es decir, escalar y ampliar los “limites” de una guerra cada vez menos limitada.


El presidente Donald Trump junto al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky en la Casa Blanca, 18 de agosto de 2025.

La diplomacia rusa está al tanto de la jugada y maniobra. Quiere cumplir lo acordado en Alaska con Trump y, a la vez, no dejarse enredar por las fintas que sabiamente les prepara el MI6. Zelenski entiende perfectamente que no habrá, ni a dos ni a tres, una reunión con Putin, por eso la pide; de haberla, sería solo para concretar los últimos detalles de un acuerdo ya muy perfilado. Es más, para los rusos la legalidad de un pacto firmado con el actual Presidente ucraniano es algo más que dudosa si se atiende el sistema jurídico-constitucional ya que no prevé la suspensión de las elecciones presidenciales en situaciones de emergencia. Los rusos, después de los (incumplidos) acuerdos Minsk 1 y 2, se han vuelto muy, digámoslo así, meticulosos con las formalidades. Lavrov seguirá exigiendo negociaciones con Ucrania, la fijación de una agenda clara y un calendario adecuado. La otra parte, intentará agradar al Presidente estadounidense, proseguirá con sus acusaciones de que Putin no quiere negociar y, lo fundamental, ganar tiempo para hacer fracasar lo pactado de Alaska. Mientras, la ofensiva rusa continuará. La situación no durará mucho.

La amenaza del Presidente de los EEUU es clara: replegarse y que la UE y Rusia resuelvan sus problemas. Si nos atenemos a las declaraciones de los dirigentes europeos sería el mayor de los males ¿Consecuencias? La guerra se generalizaría y el gobierno ucraniano usaría las armas disponibles para atacar a Rusia en profundidad, incluidas instalaciones nucleares estratégicas (militares y energéticas) infraestructuras claves y centros de decisión fundamentales ¿La respuesta de Rusia? Mejor no elucubrar demasiado. Sabemos que será algo más que proporcional. Con un detalle añadido: la revolución tecnológico-militar que está desarrollando Rusia, supera, en muchos sentidos, la rígida separación entre armas nucleares y armas convencionales cuando se trata misiles de nivel intermedio; dicho de otra forma, los resultados de un ataque, por ejemplo, con un Oreshnik equipado con ojivas convencionales pueden tener militarmente las mismas consecuencias que si portara dispositivos nucleares. Este se probó ya en Ucrania.

Si Trump se repliega, habrá escalada militar; si no se llega a un acuerdo con Rusia, también. ¿Será esta la jugada de los dirigentes de la Unión Europea? Pronto se verá.


Fuente: Nortes