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viernes, 14 de agosto de 2026

La diplomacia europea, entre Kaja Kallas y Ursula von der Leyen

 

       Politólogo especializado en asuntos europeos e internacionales.



La rivalidad entre Kaja Kallas y Ursula von der Leyen refleja las limitaciones de la política exterior de la Unión Europea.

      El 11 de junio de 2026, un documento interno atribuido al Gobierno francés y filtrado al Financial Times planteó tres escenarios para reformar el servicio diplomático de la Unión Europea y, con él, el cargo de Alta Representante que ocupa la estonia Kaja Kallas. 

El primero situaría toda la política exterior bajo el control de la Comisión, el segundo devolvería competencias al Consejo y a las capitales, y, el tercero, presentado como el preferido por París, reforzaría a la propia Kallas hasta convertirla en una suerte de vicepresidenta ejecutiva primera con autoridad sobre acción exterior, comercio y desarrollo.

Tres salidas distintas para abordar la percepción, extendida en varias capitales, de que la Unión Europea reacciona con excesiva lentitud y fragmentación ante las crisis internacionales, desde el genocidio en la Franja de Gaza hasta la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

El episodio se ha interpretado mayoritariamente en clave personal, como una nueva etapa del desgaste de Kallas y de su tensa relación con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Sin embargo, la fricción entre ambas no es una mera pugna de personalidades, sino que es la manifestación más clara de una ambigüedad estructural inscrita en la propia arquitectura institucional del bloque.

Esa ambigüedad, asumible en periodos de estabilidad, se ha transformado en una vulnerabilidad estratégica en un contexto que exige a Europa proyectar una posición coherente y reconocible.

El reparto competencial

El cargo de Alto Representante nació con el Tratado de Lisboa como un híbrido deliberado. Su titular dirige la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) en nombre de los Estados miembros y, simultáneamente, ocupa una vicepresidencia de la Comisión Europea. El objetivo era articular el peso político de las capitales con los recursos de Bruselas, tendiendo un puente entre el método intergubernamental y el comunitario.

En la práctica, esa hibridez ha situado al cargo en la intersección de las lógicas institucionales de la Comisión, el Consejo y el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), que el Alto Representante dirige, sin control efectivo sobre ninguna de ellas. 

El factor determinante es que la política exterior continúa siendo, en lo sustancial, una competencia de los Estados, sometida a la regla de la unanimidad. El Alto Representante coordina, propone y representa, pero no tiene capacidad de decisión.

Desde Catherine Ashton hasta Federica Mogherini y Josep Borrell, todos sus titulares han chocado con las mismas limitaciones. El propio Borrell dejó constancia pública en reiteradas ocasiones de esa frustración a lo largo de su mandato, denunciando la incapacidad de la Unión Europea para formar una posición común frente al genocidio israelí en la Franja de Gaza.

Lo que distingue la etapa actual es la conjunción de ese límite heredado con la forma en que Ursula von der Leyen ha concebido y ejercido su segundo mandato al frente de la Comisión Europea.

La presidencialización de la Comisión

Mientras el cargo de Kallas oscila entre la irrelevancia y la reforma, la Comisión ha avanzado en sentido contrario, concentrando poder de manera sistemática. Su funcionamiento es crecientemente personalista, articulado en torno a la presidenta y a su jefe de gabinete, Bjoern Seibert, en la decimotercera planta del edificio Berlaymont.


Von der Leyen, la hiperpresidenta.

La ampliación del número de vicepresidencias ejecutivas de tres a seis, lejos de distribuir la autoridad, ha diluido los contrapesos internos del colegio de comisarios. La tendencia no es enteramente nueva, pues la centralización en la presidencia se remonta a las Comisiones de Barroso y Juncker, pero se ha intensificado de forma notable. Y en el ámbito externo adquiere una relevancia particular, ya que carece de competencias formales en política exterior. 

Esta deriva concentradora contrasta con las expectativas suscitadas por el propio origen de Ursula von der Leyen en el cargo, designada en 2019 por el Consejo Europeo al margen del sistema de Spitzenkandidaten, lo que ha generado malestar entre varios Estados miembros que anticipaban una presidencia más condicionada por las capitales.

Pese a ello, la Comisión se ha convertido de facto en el principal actor geopolítico de la Unión Europea, asumiendo la iniciativa ante la guerra de Ucrania, la crisis energética, la sobrecapacidad industrial china, la guerra arancelaria con Estados Unidos o el conflicto en la Franja de Gaza.

Tras los ataques sobre Irán, Ursula von der Leyen desplegó una intensa diplomacia directa que invadió las atribuciones de la Alta Representante y del presidente del Consejo Europeo, António Costa. En una sola jornada informó al Parlamento Europeo de conversaciones telefónicas con numerosos líderes extranjeros y emitió, junto a Costa, un comunicado conjunto que relegó a Kallas a un papel subsidiario. El episodio mostró una diplomacia fragmentada institucionalmente.

La divergencia también es discursiva. En la conferencia anual de embajadores de la Unión Europea, Ursula von der Leyen reclamó una política exterior guiada por la realpolitik, mientras que Costa, apenas un día después, reafirmaba el compromiso con el orden internacional basado en reglas. 

A ello se añaden iniciativas de carácter más estructural. La presidenta anunció la creación de un Colegio de Seguridad de mandato impreciso que duplica parcialmente las funciones del Comité Político y de Seguridad, órgano que los Tratados sitúan bajo la órbita del SEAE.


La acción del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) se ve limitada por las propias debilidades de la política exterior de la Unión Europea.

La Comisión estableció además una dirección general específica para Oriente Próximo, el Norte de África y el Golfo, y llegó a proyectar una célula de inteligencia bajo supervisión directa de la presidencia, iniciativa a la que Kallas se opuso por reducir todavía más su margen de maniobra. El propio comisario de Defensa, Andrius Kubilius, solapa parte de sus atribuciones con las de la Alta Representante.


La Comisión Europea quiere tener su propia célula de inteligencia.

El resultado es una proyección exterior fragmentada, en la que coexisten varios centros de iniciativa sin una jerarquía clara entre ellos. La cuestión, sin embargo, no se agota en la conducta de la Comisión.

El vacío del Consejo

Sería un error atribuir esta situación exclusivamente a una voluntad de acaparamiento por parte de Ursula von der Leyen. Su expansión responde, en buena medida, a la ocupación de un vacío que los propios Estados miembros han dejado abierto.

El Consejo permanece dividido en las cuestiones decisivas. Frente a quienes, como Francia o Alemania, han explorado vías de negociación con Moscú, otros Estados como Polonia, los países bálticos y los nórdicos respaldan la línea de firmeza que encarna Kallas.

La propia iniciativa diplomática de António Costa hacia Moscú, explorando cauces de contacto con el Kremlin al margen de los canales institucionales establecidos, ha agudizado esta fractura interna, mostrando la fragilidad de la cohesión institucional de la Unión Europea.


El presidente del Consejo Europeo, António Costa; el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski; y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Atrapado entre esas posiciones y limitado por el requisito de la unanimidad, el Consejo se muestra incapaz de articular respuestas con la celeridad que imponen las crisis. El recurso reiterado al veto por parte de algunos Estados, de forma señalada la Hungría de Viktor Orbán, que en repetidas ocasiones ha bloqueado sanciones y paquetes de asistencia a Ucrania, ha consolidado la imagen de una Unión paralizada por su propia proceso de toma de decisiones.


El fin de la era Orbán reduce la parálisis institucional en la UE.

En ese marco, cuando un acontecimiento exige una reacción inmediata, la presidencia de la Comisión tiende a ocupar el espacio que la decisión intergubernamental no logra llenar. La iniciativa Ursula de von der Leyen se explica, así, menos por una estrategia de poder premeditada que por la incapacidad estructural del Consejo para actuar como un cuerpo unitario.


Miembros de la Comisión Europea presidida por Ursula von der Leyen, anunciada el 27 de noviembre de 2024.

A las dificultades institucionales se añaden las críticas dirigidas a la gestión de la propia Kallas, a quien diversos diplomáticos reprochan un estilo poco eficaz para tejer mayorías en una Unión Europea políticamente heterogénea y una monotemática línea sobre Rusia percibida como excesivamente rígida por algunas capitales. El problema de fondo, no obstante, no reside en que la Comisión intervenga en exceso, sino en que el Consejo decide demasiado poco.

Esta lógica permite descifrar la aparente paradoja de las últimas semanas. Cuando el documento francés y la presión de varios Estados amenazaron con vaciar de contenido el SEAE, fue la propia Ursula von der Leyen quien salió a respaldar públicamente a Kallas y a reivindicar el papel del servicio diplomático. 

La aparente contradicción resulta coherente con los incentivos institucionales, ya que a la Comisión tampoco le conviene que las competencias regresen al Consejo o a las capitales, y una destitución de la Alta Representante proyectaría una imagen de división difícilmente asumible hacia el exterior. 

Kallas, por su parte, ha optado por abrir el debate sin renunciar a su posición, recordando que la sustancia de su mandato la determinan los Tratados y no un documento filtrado a la prensa.


Kallas defiende el servicio exterior de la UE después de que un periódico francés cuestionara su supervivencia.

Autonomía estratégica y arquitectura del poder

La relevancia de esta disputa afecta directamente a la aspiración europea de dotarse de una autonomía estratégica efectiva. Esa autonomía no se reduce a la acumulación de capacidades materiales, sino que depende igualmente de la existencia de una arquitectura institucional capaz de decidir su empleo y de una voz reconocible que actúe en nombre del conjunto. 

Sin el andamiaje decisorio necesario, los recursos que la Unión Europea logre reunir corren el riesgo de permanecer inutilizados en el momento en que una crisis exige una respuesta inmediata.

La fragmentación de la representación exterior tiene, en este sentido, consecuencias estratégicas tangibles. Una potencia que mantiene varios centros de iniciativa y no resuelve quién la representa proyecta hacia el exterior una imagen de indecisión que sus rivales pueden explotar y que erosiona su credibilidad como actor fiable. 

La pugna entre Kallas y Ursula von der Leyen, por tanto, compromete la capacidad de la Unión Europea para fijar prioridades, sostenerlas en el tiempo y actuar como un sujeto geopolítico coherente.

Ninguna de las tres opciones francesas resuelve la contradicción de fondo, porque esta es de naturaleza política, no organizativa. La Unión no ha decidido aún si aspira a ser una alianza de Estados soberanos que conservan el control de su acción exterior o una potencia dotada de una política exterior verdaderamente común.

Mientras esa cuestión permanezca abierta, cualquier reforma se limitará a desplazar el problema de una instancia a otra. La reorganización del SEAE o el refuerzo del rango de la Alta Representante podrían mejorar la coordinación, pero no alcanzan el nervio del problema, que reside en la regla de decisión.

Una reforma de fondo exigiría avanzar hacia la votación por mayoría cualificada en ámbitos hoy sometidos a la unanimidad, comenzando por las sanciones y las declaraciones comunes, ya fuera mediante la activación de las cláusulas pasarela previstas en los Tratados o a través de su revisión ordinaria. Pero ahí reaparece el obstáculo característico de la construcción europea, dado que la supresión de la unanimidad requiere, precisamente, la unanimidad.

La rivalidad entre Kallas y von der Leyen no es, en última instancia, la causa de la debilidad diplomática europea. En todo caso es su síntoma más visible. La autonomía estratégica de la Unión dependerá, en gran medida, de su aptitud para articular una estructura de decisión coherente y un mando reconocible en política exterior, además de una visión estratégica compartida sobre el papel que la Unión Europea aspira a ocupar en el escenario internacional. 


Fuente: Descifrando la Guerra

martes, 6 de enero de 2026

La “Doctrina Donroe” señala a Groenlandia y la primera ministra danesa advierte del “fin de la OTAN”

 

 Por Pablo Elorduy   
      Periodista de El Salto. Autor de 'El Estado Feroz'.


La isla más grande del planeta cuenta con 32.000 millones de barriles de petróleo equivalente bajo el hielo. Trump ha hablado de adquirir Groenlandia, pero no ha rechazado la posibilidad de una intervención militar


Hielo marino fracturado entre Islandia y Groenlandia en imagen de la misión satelital CryoSat para medir los cambios en el hielo terrestre. 

     Un tuit y una frase de Trump a la salida de una sesión de golf han aterrorizado a la Unión Europea. “Necesitamos a Groenlandia, sin duda. La necesitamos para nuestra defensa”, esta frase de Donald Trump citada en una entrevista con The Atlantic publicada el domingo 4 de enero puso en palabras lo que la esposa del asesor presidencial Stephen Miller, Katie Miller, había lanzado en su cuenta de la red de extrema derecha X. Poco después del secuestro de Nicolás Maduro, Miller publicaba un post con el mapa de Groenlandia pintado con las barras y estrellas de la bandera estadounidense y el texto “pronto”, en mayúscula.


"Pronto".

En la cascada de declaraciones posterior, Trump dio un plazo “Nos ocuparemos de Groenlandia en unos dos meses. Hablemos de Groenlandia en 20 días”. Unas palabras que abren todo tipo de especulaciones y dejan al borde del ataque de nervios a una Comisión Europea que dio su plácet a la operación ilegal contra Venezuela. Hasta el momento, ni la máxima representante de la UE, Ursula Von der Leyen, ni la responsable de Exteriores, Kaja Kallas, se han referido a estas amenazas.

La isla, un territorio de dos millones de kilómetros cuadrados, autónomo pero vinculado a Dinamarca, es una vieja obsesión estadounidense. Lo es por dos motivos, los recursos naturales, especialmente las tierras raras, y la posición geográfica entre los océanos Atlántico Norte y Ártico. Un estudio del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) publicado en 2019 estimó que Groenlandia tiene reservas que pueden alcanzar los 31.400 millones de barriles equivalentes de petróleo, gas natural y líquidos de gas natural, algo que en dinero ronda los dos billones (trillions) de dólares.


La confiscación de Groenlandia por parte de Trump podría desencadenar una reacción en cadena.

No es la primera vez que Trump se refiere a una posible toma de Groenlandia, pero la violación del derecho internacional perpetrada el primer fin de semana de enero con el secuestro de Nicolás Maduro y la pretensión de dirigir el cambio de régimen en Venezuela, ha abierto en canal las especulaciones sobre los próximos pasos de la Casa Blanca, en la consecución de la Doctrina de Seguridad presentada a principios de diciembre de 2025.


La carpeta blanca: Groenlandia




Marzio G. Miran, autor de Guerra blanca (Ediciones Ned, 2025) refiere como Groenlandia es al mismo tiempo el nuevo El Dorado y, al mismo tiempo, una plasmación catastrófica de la crisis climática: la isla pierde 30 millones de toneladas de hielo por hora, debido al derretimiento “irreversible y rápido” de su hielo con impactos “desastrosos” para el planeta.


Groenlandia, la isla que pierde 30 millones de toneladas de hielo por hora.

“Cada cubito de hielo derretido en Groenlandia es una piedra que lapida nuestra civilización, se convierte en polvo en el Sahel y genera refugiados climáticos, causa sequías que hacen evaporarlos ríos, se transforma en bombas de agua que matan y camiban el aspecto de paisajes milenarios. Groenlandia llama, los océanos responden".

Groenlandia se estableció como país bajo la corona danesa en 1814. En 1979 recibió el estatus de nación autónoma y, a diferencia de Dinamarca, nunca se ha integrado en la Unión Europea, pero sí forma parte de la OTAN y del Consejo de Europa. Los asuntos exteriores, las competencias de seguridad y defensa y la política financiera siguen siendo dirigidas desde Copenhague.


Nuuk, capital del territorio autónonomo danés de Groenlandia.

Pese a la vieja obsesión estadounidense con ese territorio, Groenlandia no ha estado en los planes de ninguna administración hasta Trump. Pese a sus múltiples intervenciones militares y a través de las agencias de inteligencia, EEUU no se ha anexionado territorios desde finalizada la II Guerra Mundial.

El 22 de diciembre, Trump designó al senador de Luisiana, Jeff Landry, representante de la extrema derecha Maga como enviado especial de la Casa Blanca para Groenlandia. Landry no tiene experiencia en asuntos exteriores. En su post de agradecimiento tras el nombramiento, Landry expuso la línea principal de su cometido: “Es un honor servirle como voluntario para que Groenlandia forme parte de EEUU”.


Trump enfurece al gobierno de Dinamarca al nombrar a Jeff Landry como enviado especial para Groenlandia.

A priori, Trump ha esgrimido que la conquista de Groenlandia será presentada como un acuerdo y se ha remitido a que Landry tiene perfil de negociador: “Es un tipo con gran capacidad de negociación”. Sin embargo, desde su regreso a la Casa Blanca no ha descartado una intervención militar para hacerse con el país.


Lo que pasa en Groenlandia se queda en Groenlandia

Tanto el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, como la primera ministra danesa, Mette Frederiksen han rechazado que la soberanía de la isla pueda negociarse.“Ya basta”, expresó el lunes 5 Nielsen en un post en la red social Facebook: “Estamos abiertos al diálogo. Estamos abiertos a las conversaciones. Pero tiene que ser a través de los canales adecuados y respetando el Derecho Internacional. Y los canales adecuados no son publicaciones aleatorias e irrespetuosas en las redes sociales (...) Las amenazas, la presión y los rumores de anexión no tienen cabida entre amigos”, defendió Nielsen: “Groenlandia es nuestro hogar y nuestro territorio. Y así seguirá siendo”.


Jens-Frederik Nielsen.

Por su parte, Frederiksen, expresó en su discurso de año nuevo los temores que hoy en día atenazan a su país. Lo hizo sin referirse directamente a EEUU ni a Trump: “Asumimos nuestras responsabilidades en el mundo y no somos nosotros quienes buscamos el conflicto.Pero que nadie tenga ninguna duda: pase lo que pase, nos mantendremos firmes en lo que es justo y lo que no lo es”.

El lunes, 5, sin embargo, la primera ministra danesa fue más rotunda: “EEUU no tiene derecho a anexar ninguna de las tres naciones del reino danés”. Frederiksen recordó que Groenlandia está cubierta por la garantía de seguridad de la Alianza Atlántica y advirtió de las consecuencias de un ataque: "Si Estados Unidos decide atacar militarmente a otro país de la OTAN, entonces todo se parará, incluida la OTAN y, por lo tanto, la seguridad que se ha establecido desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, añadió Frederiksen.


No hay que malinterpretar el papel de Groenlandia en la seguridad del Ártico.

El artículo 5 de este tratado establece que si un país miembro es atacado, los demás lo considerarán como un ataque a todos, pero apenas hay literatura ni precedentes sobre ataques entre Estados miembro.

Tras el nombramiento de Landry, y sus declaraciones “completamente inaceptables”, desde el punto de vista del titular danés de Exteriores, Dinamarca llamó a consultas al embajador estadounidense.

No obstante, Trump ha dirigido sus misiles retóricos a la Unión Europea. “La UE necesita que tengamos [Groenlandia] y ellos lo saben”, expresó a bordo del Air Force One. La Casa Blanca plantea su deseo de dominio de la isla desde el punto de vista de la seguridad: “Está llena de barcos chinos y rusos por todas partes. Necesitamos a Groenlandia por razones de seguridad nacional. Dinamarca no podrá con la tarea”.

Un artículo de julio de 2025 del Instituto Danés de Estudios Internacionales (DIIS) explicaba que la presencia de barcos chinos en el Ártico era limitada. El derecho sobre aguas internacionales permite a China explorar el océano, pero en la práctica debe tener el respaldo de algunos de los países que rodean el Ártico. Uno de ellos es Rusia.

No obstante, como señala ese Instituto público: “Si bien China ha obtenido acceso a zonas previamente restringidas del Ártico gracias a su alianza con Rusia, no ha expandido significativamente su presencia global en la región durante este período.


China y Rusia en el orden ártico.

Esto se debe en parte al mayor escrutinio y rechazo a la inversión china en otros estados árticos, una tendencia que comenzó a surgir algunos años antes de la invasión rusa de Ucrania en 2022“. La cooperación, explicaba este informe, ”se ha limitado principalmente al Ártico ruso, cerca del territorio ruso“. Más claro aún: ”A pesar de las afirmaciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre la presencia de buques de guerra chinos y rusos 'por todas partes' cerca de Groenlandia, dicha presencia no se ha materializado”.

La tensión provocada por Trump añade incertidumbre sobre un territorio en el que hasta ahora parecía haber amplio consenso sobre la necesidad de independencia de Dinamarca. Jens-Frederik Nielsen, del partido liberal Demokraatit, fue elegido en la primavera de 2025 gracias a su agenda de independencia ralentizada. El segundo partido, Naleraq, que obtuvo más del 24% de los votos en marzo es partidario de una independencia rápida. Las discusiones, no obstante, tratan del nivel de ayudas que Groenlandia, cuyo principal recurso económico es la pesca, debe recibir de la metrópolis, así como de la celeridad del proceso de independencia.

Amenazas a otro países

Trump ha adoptado el concepto de la “Doctrina Donroe” que lanzó hace justo un año el periódico amarillo New York Post haciendo un juego de palabras entre el nombre del presidente y el de la famosa Doctrina Monroe, una ideología de dominio colonial sobre Centro y Sudamérica procedente del siglo XIX.


La doctrina 'Donroe'.

El equipo de Trump ha sido consecuente con esa doctrina de dominación y ha llevado a cabo amenazas desde el minuto uno de la vuelta del empresario neoyorquino a la Casa Blanca. El secretario de Estado Marco Rubio hizo uno de sus primeros viajes oficiales a Panamá, con la amenaza bajo del brazo de una posible intervención militar para la toma del Canal que conecta Atlántico y Pacífico.


Donald Trump vuelve a presionar a Panamá con la toma del control del Canal.

La amenaza llevó al Gobierno panameño a romper sus compromisos con la Iniciativa Franja y Ruta china, conocida como “la nueva ruta de la seda”.

En noviembre, el ejército estadounidense informó de que el USS Gerald Ford, el buque de guerra más grande del mundo, había entrado en las aguas del Caribe bajo control del Comando Sur, una fuerza que tiene encomendada las operaciones en América Central, del Sur y el Caribe. Venezuela ha sido la primera gran operación en este vector, pero las amenazas son claras para Cuba, país del que Trump dijo “está a punto de caer”, y para Colombia.

El 4 de enero de 2026, en una de las habituales comparecencias informales a bordo del avión presidencial, Trump volvió a amenazar a Gustavo Petro con una operación como la perpetrada en Venezuela: “Colombia está gobernada por un hombre enfermo, que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos, pero no va a seguir por mucho más tiempo”.


Colombia 'está dirigida por un hombre enfermo', dice Donald Trump, mientras parece sugerir que Estados Unidos 'detendrá' el negocio ilegal de las drogas.

No es la primera vez que se refiere así a Petro, primer presidente de izquierda en la historia del país cafetero. En octubre, ya le calificó como “un líder del narcotráfico”.


Gustavo Petro es el primer presidente de izquierda de Colombia.

La situación con México es aun más compleja, habida cuenta de que Claudia Scheinbaunha conseguido frenar el ataque económico que Trump quiso asestar a su país a través de los aranceles.


Claudia Sheinbaum en la presentación del primer Informe de Gobierno.

Pese a que la propia Scheinbaun recordaba hace pocos días que su país es el que menos aranceles paga en el mundo, el entendimiento entre las administones no impidió que Trump sumase al país vecino a su lista de amenazados: “Algo va a haber que hacer con México”, señaló.


Fuente: El Salto