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martes, 24 de febrero de 2026

El Gobierno estadounidense intenta restaurar el mundo unipolar usando su poder militar y financiero

 

Por Aram Aharonian

Periodista uruguayo. Estudió Abogacía y Diplomacia.

Lo que el Gobierno de Donald Trump  pretende en este su segundo mandato es liderar una reforma integral del mundo occidental con el objetivo de construir un incipiente Estado-civilización que, una vez restaurada su fuerza colectiva, pueda ejercerla sin restricciones para forzar a los rivales emergentes a subordinarse y así restaurar la unipolaridad.

El mundo “occidental y cristiano” al que estábamos acostumbrados, en el que EEUU proporcionaba la seguridad y recitaba sobre la libertad, se ha terminado y los analistas dudan que se pueda esperar a que Trump deje la presidencia para que Washington dé un giro. Trump escribió en su red Truth Social que, con efecto inmediato, elevaría el arancel mundial del 10 % al 15 % y dejó sentado  que su Gobierno determinará y emitirá los nuevos aranceles en los próximos meses.

Fuentes: CLAE - Rebelión.
El Gobierno estadounidense intenta restaurar el mundo unipolar usando su poder militar y financiero.

El historiador Michael Ignatieff, excandidato a primer ministro de Canadá, exrector de la Universidad Central Europea señala que en las acciones de Trump hay elementos del clásico imperialismo yanqui del siglo XIX, pero además hay algo nuevo: la provocación. Él ve qué puede obtener de sus provocaciones y, por eso, si se le responde con fuerza, como hicieron Canadá y México con las amenazas de los aranceles, se le puede hacer retroceder. Trump ya ha dejado claro que ya no quiere defender a Europa Occidental, sino obligarla a seguir sus planes y mandatos. 

Muchos países euroccidentales han aumentado su gasto en defensa y eso parece que no satisface a Trump, sobre todo su las armas que adquirieron no son estadounidendeses. Pero hay que tener en cuenta el factor humano:  no basta con aumentar el presupuesto de defensa sino que se debe buscar que más jóvenes se enlisten en el servicio militar.  

Trump no siente ninguna afinidad con las democracias, ni siquiera en su discurso, tal como lo hicieron continuamente sus predecesores: ve las cosas a través de un lente económico sin excepciones. Por eso, si países de América Latina tienen un superávit comercial con EEUU les impondrá aranceles, sin importar que sea un gobierno de derecha, centro o izquierda.

Donald Trump, inauguró este jueves la primera reunión de la llamada Junta de Paz (¿sólo para Gaza?) una nebulosa institución que, originalmente, debería traer el fin de la guerra a la franja palestina, aunque sus objetivos reales parecen apuntar más a la propaganda del hegemonismo global de Washington, la glorificación del propio Trump como paladín del fin de los conflictos y a la preeminencia de su aliado Israel en Oriente Medio, señala el analista español Juan Antonio Sanz.

No se sabe si los 10 mil millones de dólares que prometió Trump son para reconstruir Gaza y acelerar la llegada de ayuda humanitaria, o  para dotar de medios a esta Junta que pretende monitorizar la estrategia exterior de la Casa Blanca, arrebatar competencias a la ONU y «supervisarla»,  y,  de paso,  encubrir los crímenes de guerra que sigue cometiendo Israel en los territorios palestinos para asegurarse su anexión.

 Estos revolucionarios de extrema derecha que gobiernan a EEUU. creen que sus antiguos aliados -Canadá y Europa Occidental- están atrapados en una especie de liberalismo permisivo que ya derrotaron en su país y ahora quieren derrotarlo  en todo el mundo. Y, por ello, de repente ven a sus aliados como enemigos. En su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el vicepresidente J.D. Vance denunció que la libertad de expresión en Europa está bajo ataque por las medidas adoptadas para frenar a la ultraderecha, que el trumpismo apoya y financia.

Mientras, en lo interior, los principales analistas advierten que el núcleo de los votantes de Trump parece agotado y desilusionado por las «guerras interminables», por los desastres de Irak y de Afganistán, porque sienten que el país está de vuelta a lo que vivió durante la guerra de Vietnam, esa sensación de que sus muchachos van al extranjero a luchar batallas sin sentido en países de los que nunca oyeron hablar. 

Y a esto último hay que sumarle un elemento muy importante: la fatiga por el costo del imperio y el deseo de transferir esa factura a los aliados. ‘Europa, si quieres nuestra ayuda tienes que pagarla´: ese es el mensaje. Pareciera que todo es un negocio donde las vidas humanas no tienen valor… 

Los funcionarios de la administración Trump han tenido dificultades para determinar cómo aumentar el gasto militar estadounidense en la impresionante cifra de 500.000 millones de dólares en su próximo presupuesto, lo que ralentiza el plan general de gastos de la Casa Blanca. El jefe de presupuesto de la Casa Blanca es uno de los que se opuso internamente al plan del secretario de Defensa de aumentar el gasto militar en aproximadamente un 50 %, según The Washington Post.

«Restaurar la civilización occidental»

 Marco Rubio, Secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, afirmó en la reciente Conferencia de Seguridad de Munich que Trump  se propone reconstruir y restaurar la civilización occidental, incluso actuando en solitario si Europa no acompaña. El cubanoestadounidense exaltó la grandeza de la civilización compartida y sostuvo que su “reanimación” insuflará nuevo ímpetu a las fuerzas armadas. Acto seguido, delineó el programa de Trump 2.0, de reindustrialización, fin de la migración masiva y reconfiguración de la gobernanza global, transformaciones que aseguró producirán dividendos concretos para las mayorías occidentales.

Criticó con especial dureza la deslocalización industrial hacia adversarios y competidores, la cesión de soberanía a instituciones internacionales, el “autoempobrecimiento para apaciguar a un culto climático” y la migración masiva. Admitió que esas decisiones fueron errores en los que participó el Gobierno estadounidense, que ahora busca corregirlos. Para Rubio, el proyecto estadounidense aspira, en  optimizar su red global de alianzas, aunque bajo un reparto de cargas “más equitativo”, o sea que todos los demás países financien los delirios trumpistas. 

Pareciera ir de la mano de las teorías civilizacionales de Samuel Huntington y Alexander Dugin, centradas en la identidad como factor decisivo en la dinámica internacional.

No es de extrañar que el concepto de excepcionalismo estadounidense impregna su discurso, que sigue el libreto del anhelado poder mundial de Trump. Rubio afirmó que su país actuará en solitario si es preciso para restaurar la civilización occidental y describió la supuesta “decadencia terminal” de Occidente, tras la Segunda Guerra Mundial, como una “elección”. En esencia, Trump 2.0 buscaría encabezar reformas  para consolidar un naciente Estado-civilización que, tras recuperar su vigor colectivo, pudiera emplearlo sin restricciones para imponer su primacía y restaurar la unipolaridad.

La posición de Estados Unidos como única superpotencia ya no solo es cuestionada por rivales como China o Rusia, sino incluso internamente. En su segundo mandado, Trump, con sus deseos de hacerse con el control de Groenlandia, de recuperar el Canal de Panamá y de anexarse a Canadá parece exhibir un lado imperialista no visto antes.

 El analista Rubén Armendáriz llama la atención sobre el indulto a José Orlando Hernández, expresidente hondureño condenado a 35 años de prisión por el alijo de 400 toneladas de cocaína a EEUU. Considera que es un hombre que bien puede diseñar las nuevas rutas del narcotráfico con el control estadounidense de la ruta interoceánica de Panamá y la ártica de Groenlandia. Hasta ahora Trump ha usado el estribillo de que son narcotraficantes los gobiernos latinoamericanos que él quiere derrocar, pero el verdadero problema está en su país y en su Gobierno.

 Es muy difícil saber si realmente detrás de los anuncios de Trump hay una estrategia o si simplemente son un conjunto de improvisaciones con las que busca obtener algunos objetivos transaccionales dependiendo de la reacción que haya, comenta la BBC inglesa.

 Estados Unidos ha bautizado como «Lanza del Sur» la campaña militar que lleva a cabo en aguas del Caribe y el Pacífico oriental, una operación que, bajo el argumento de combatir el narcotráfico, ha desencadenado una oleada de ataques contra embarcaciones y ha elevado la tensión regional, hasta culminar el 3 de enero de 2026 en una operación militar con bombardeos en Venezuela y el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa.

Washington también excluyó a Colombia de su lista de países cooperantes en la lucha contra el narcotráfico. La medida fue interpretada como una señal de distanciamiento político respecto a Bogotá. Más tarde, en octubre, retiró a Colombia la ayuda financiera estadounidense.

Las tensiones se agravaron aún más cuando el Departamento de Guerra estadounidense envió el 10 de noviembre tropas terrestres a Panamá para realizar maniobras en la selva, algo inédito en décadas. Dos días después, Venezuela anunció una movilización de 200.000 militares en todo su territorio como parte de unos ejercicios destinados a «responder a las amenazas de Estados Unidos», y la escalada belicista aún subió otro escalón con las maniobras militares estadounidenses en Trinidad y Tobago, apenas a 11 kilómetros de la costa venezolana.

Guerra y deuda, deuda y guerra

Así, Estados Unidos llegó en febrero de 2026 a acumular una impagable deuda pública de 56 trillones de dólares, más de 124% de su PIB (para los anglosajones, un trillón es una cantidad de 1.000.000.000.000. Según la Congressional Budget Office, el déficit presupuestario es de 1,9 trillones. Estas abominables cifras las costeaba el resto del mundo aceptando papeles sin respaldo como petrodólares y bonos del Tesoro a cambio de bienes reales: petróleo, minerales, alimentos, manufacturas.

Estados Unidos, antaño poderosa potencia económica, carece de capacidad productiva para cancelar esta aplastante deuda. Su propia clase dominante exportó sus capitales e industrias al Tercer Mundo para aprovechar los salarios de miseria de este. Su capitalismo industrial, antes productor de bienes, involucionó a capital financiero, que solo produce ficticios dividendos especulativos. La clase capitalista se hizo inmune a los impuestos que podrían amortizar el débito. 

Hacia 1977 las grandes fortunas tributaban tasas de 70% sobre sus ingresos, hoy no pagan más de 22%, esconden sus beneficios en paraísos fiscales y fundaciones exentas de tributación; que financian elecciones tras las cuales los candidatos electos les prodigan generosas condonaciones y amnistías fiscales. Mientras, a pesar de la demoledora inflación y el aumento demográfico, los sueldos de los trabajadores y el gasto civil del Gobierno son los mismos que hacia 1970.

Pero la avaricia rompe el saco, y el latrocinio, la aceptabilidad de monedas sin respaldo. Inevitablemente, países cuya economía estaba basada en el oro negro proyectaron lanzar divisas que tuvieran más valor que el papel pintado de verde. Irak intentó el dinar, asociado al euro. Libia proyectó el dinar de oro, respaldado por sus reservas de 143 toneladas de oro e igual cantidad de plata. Ambos países fueron arrasados y minuciosamente saqueados por Estados Unidos o por fuerzas apoyadas por estos.

Sin embargo, la práctica estadounidense y europea de robar las reservas depositadas en bancos bajo su influencia obligó a la Federación Rusa, China, India y en general a los Brics a comerciar en monedas distintas del dólar carente de respaldo. Venezuela, agredida desde 2002 y encarnizadamente bloqueada desde 2017, asestó un golpe mortal al monopolio del petrodólar al vender sus hidrocarburos en rublos y yuanes, fuera del sistema Swift, y al movilizarlos en barcos de la “flota fantasma” rusa.

El plan de Trump  de hacer una reforma integral del mundo occidental para construir un Estado-civilización  subordinado a Washington, cuenta con que no tendrá oposición en su patio trasero (léase América latina) y que fácilmente puede «comprar» la adhesión de la dependiente Europa occidental…  y así restaurar la unipolaridad.

Fuente:Rebelión

jueves, 1 de enero de 2026

Evaluando a Noam Chomsky

 

 Por Joe Emersberger   
      Ingeniero, escritor y activista radicado en Canadá.


     Descubrí los libros de Noam Chomsky cuando tenía veintitantos años (a finales de los ochenta) y lo admiré profundamente durante décadas. El único intelectual al que admiré más que a Chomsky fue Bertrand Russell, a quien descubrí a una edad mucho más joven y más influenciable.

A principios de la década del 2000, internet era una novedad brillante, y me entusiasmó unirme al Foro de Colaboradores de Znet. Los miembros del foro podían interactuar directamente con Chomsky y otros escritores de izquierda. Era una de las muchas maneras en que Chomsky apoyaba los medios alternativos, algo que había hecho durante décadas.




Antes de internet, Z Magazine era uno de los lugares donde encontraba alivio del conformismo reaccionario y asfixiante de los medios corporativos. Los programas de entrevistas políticas del domingo por la mañana eran especialmente desgarradores. Cada mes esperaba con ansias recibir Z Magazine por correo para poder 1) confirmar que no estaba loco por sentir asco por los medios de comunicación del establishment 2) armarme de hechos y argumentos. Ni que decir tiene, cualquier revista o programa de radio de noticias alternativas de la época que incluyera una contribución de Chomsky recibía un gran impulso.

Me di cuenta de que, a diferencia de algunos escritores del foro de Znet, Chomsky no parecía un imbécil arrogante. Era muy accesible y generoso con su tiempo. Años después, comencé a interactuar con él directamente por correo electrónico y, hasta aproximadamente 2011, siempre estuve de acuerdo con sus respuestas.

Más tarde, cuando discrepamos, nunca me sentí menospreciado ni irrespetado por él. Al contrario, alentó mucho mis escritos. Cabe destacar que algunos amigos de Chomsky, Ed Herman y John Pilger, de quienes nunca me desilusioné, fueron igualmente amables y generosos al responder a escritores como yo, que no tenían nada que ver con su nivel.

Señales de alerta temprana: Haití

Durante mi estancia en el foro de Znet a principios de la década de 2000, recuerdo que Chomsky hizo algunos comentarios negativos sobre el ex presidente haitiano Jean Bertrand Aristide mientras éste cumplía su segundo mandato en el cargo.

El primer mandato de Aristide se vio truncado en 1991 por un golpe militar respaldado por Estados Unidos, que Chomsky denunció enérgicamente. Bill Clinton, a quien Chomsky calificó en una ocasión en el foro de Znet como un "matón", permitió el regreso de Aristide a Haití en 1994. Chomsky fue mordaz al describir las escandalosas concesiones que Clinton le había arrancado a Aristide: obligarlo a aceptar la impunidad de los militares que habían pasado tres años asesinando a miles de sus partidarios, obligarlo a aceptar que sus tres años de exilio computaran como tiempo de servicio en el cargo y obligarlo a adoptar políticas económicas neoliberales opuestas a su programa de campaña victorioso en 1990.

Tras regresar a Haití en 1994, Aristide incumplió en gran medida el acuerdo que Clinton le impuso. Los asesinos de la junta militar fueron procesados ​​y el ejército haitiano fue abolido. Su aliado cercano, René Préval, completó su mandato presidencial, y Aristide fue reelegido en 2000. Ese mismo año, los aliados políticos de Aristide obtuvieron una contundente victoria en las elecciones legislativas.

Una campaña de difamación contra Aristide, liderada por Estados Unidos, se desató de inmediato. Aristide fue acusado de manipular las elecciones del año 2000 y de armar a sus partidarios para aterrorizar a sus oponentes. Estas acusaciones falsas fueron repetidas no solo por el gobierno estadounidense y los medios de comunicación occidentales, sino también por importantes ONG como Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Christian Aid y Reporteros sin Fronteras.

El 29 de febrero de 2004, tropas estadounidenses secuestraron a Aristide y lo expulsaron de Haití. Terminó exiliado en Sudáfrica durante varios años, ya que Estados Unidos dejó clara su firme oposición a su regreso a Haití. Influenciado por Chomsky y todas las ONG mencionadas anteriormente, creía que debía haber una gran verdad en las acusaciones contra Aristide. Luego, se produjo el golpe de Estado de 2004 y comencé a dudar de lo que había aceptado con tanta naturalidad. Cuanto más examinaba las acusaciones, más me daba cuenta de que eran totalmente falsas. Los investigadores independientes Yves Engler y Anthony Fenton publicaron rápidamente un libro breve pero muy eficaz que desmintió las mentiras que habían facilitado el golpe.


Canadá en Haití: una guerra contra la mayoría pobre.

Unos años más tarde, en 2010, Peter Hallward escribió una desmentida aún más exhaustiva en su libro "Represando la inundación: Haití, Aristide y la política de contención". Una nota de Chomsky en la portada dice: "Muy convincente, un libro maravilloso". Estoy totalmente de acuerdo. Creí que Chomsky había aprendido lecciones importantes del golpe de 2004, igual que yo. Me equivoqué.


Represando la inundación: Haití y las políticas de contención.

En 2012, cuando le pregunté a Chomsky si añadiría su nombre a una carta defendiendo a Aristide de la persecución, se negó. Chomsky dijo que los activistas a los que consultó sobre Haití estaban "incómodos con la descripción de Aristide". Es cierto que, aunque acepté firmar, también tenía algunas objeciones a la carta, pero no que fuera demasiado halagadora para Aristide. Después de todo lo que se había hecho en Haití y en Aristide desde 2004, ¿cómo podía ser eso una preocupación?

Seguí admirando a Chomsky, pero llegué a la conclusión de que tenía importantes puntos ciegos debido a su ideología anarquista. Cualquier gobierno, incluso uno tan débil y minimalista como el de Aristide, siempre sería visto con recelo por Chomsky. Sus feroces denuncias contra Estados Unidos a menudo se veían socavadas por críticas injustas a los gobiernos que se encontraban bajo ataque estadounidense. Esta falla en el pensamiento de Chomsky se vio exacerbada por su absolutismo en la libertad de expresión.

Nicaragua, Venezuela, absolutismo, libertad de expresión , impunidad de las élites

En su libro de 1989, Necessary Illusions, Chomsky hizo un trabajo maravilloso documentando los sombríos detalles de la guerra terrorista de Ronald Reagan contra Nicaragua. Chomsky describió al periódico nicaragüense La Prensa, respaldado por Estados Unidos, como una herramienta de propaganda de Estados Unidos mientras atacaba a Nicaragua.



Necessary Illusions.

Dijo que La Prensa "apenas fingía ser un periódico". Sin embargo, Chomsky insistió en que el gobierno nicaragüense permitiera que La Prensa permaneciera abierta: "Los defensores de los valores libertarios deberían, no obstante, insistir en que Nicaragua rompa precedentes en esta área, a pesar de sus graves dificultades...".




En su libro de 1988, "The Culture of Terrorism", Chomsky también escribió que si "se permitiera la verdadera libertad interna en Nicaragua, como seguramente debería ser", entonces su gobierno soportaría la enorme "carga" de un terreno mediático dominado por sus enemigos respaldados por Estados Unidos, pero "nada de esto implica que la carga no deba ser soportada".


Culture of Terrorism.

Me avergüenza haber tardado años en darme cuenta de las tonterías tóxicas que Chomsky había defendido. La Prensa estaba ayudando a terroristas respaldados por Estados Unidos a matar nicaragüenses.


El estadounidense Hasenfus reconoció que trabajaba entregando suministros a 'la contra' nicaragüense.

El absolutismo de Chomsky en materia de libertad de expresión es contradictorio y reaccionario. Insistir en la impunidad de La Prensa requería ignorar las voces de los nicaragüenses que el periódico silenció para siempre al permitir que los mataran. 

En 2021, La Prensa seguía siendo portavoz de los subversivos respaldados por Estados Unidos, y Chomsky firmó una carta que, en esencia, instaba a Nicaragua a capitular ante esos subversivos. La carta también tuvo la audacia de referirse a las elecciones de 1990, ganadas por el candidato respaldado por Estados Unidos gracias a la guerra terrorista librada contra el país, como "libres y justas".

La oposición de Chomsky a las leyes de difamación equivale de manera similar a apoyar la impunidad de los mentirosos más peligrosos (es decir, los más ricos) que silencian a la gente usando la palabra para matarlos, obligarlos a esconderse o llevarlos a la ruina financiera.

En 2007, el gobierno venezolano de Hugo Chávez se negó a renovar la licencia de transmisión de RCTV, una cadena de televisión que había apoyado un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos que logró derrocar a Chávez durante dos días en 2002. Chomsky se opuso a la no renovación, calificándola de "error táctico". Cabe recordar que, para entonces, Venezuela ni siquiera había cerrado RCTV. Aún podía transmitir vía satélite.

Una crítica razonable fue la contraria a la de Chomsky: que fue un "error táctico" por parte de Venezuela no cerrar inmediatamente (no años después) todas las cadenas de televisión (no solo RCTV) que habían apoyado el golpe de 2002. Sin embargo, una preocupación para cualquier gobierno (a menos que sea tan fuerte como China o Rusia) es la opinión pública occidental, especialmente la de los elementos "progresistas" en Occidente que podrían oponerse a la agresión estadounidense. 

Un gobierno como el de Venezuela no puede ser completamente indiferente a cómo se le presenta en Occidente. El papel de Chomsky ha sido alentar a los gobiernos bajo ataque estadounidense a ser suicidamente débiles o, de lo contrario, enfrentar duros ataques de la izquierda occidental.

En 2011, Chomsky invocó la independencia judicial y razones humanitarias para apoyar a la jueza venezolana Lourdes Afiuni. Esta fue encarcelada tras permitir la fuga de Venezuela de un empresario encarcelado por corrupción. La insistencia de Chomsky en que Venezuela permitiera la libertad de un juez corrupto no le impidió, años después, criticar duramente al gobierno venezolano por, en sus propias palabras, "dar prácticamente vía libre al capital para su enriquecimiento".


'Dar practicamente vía libre al capital para su enriquecimiento es lo que ha derribado a Venezuela'.

En cuanto a Venezuela, parece que las voces más reaccionarias fueron las que más influyeron en Chomsky. Durante un intercambio de correos electrónicos con Chomsky, me sorprendió que me sugiriera a Boris Muñoz como fuente creíble sobre Venezuela. En un artículo de 2012, Muñoz difundió la afirmación de que el cáncer de Hugo Chávez era un engaño orquestado en complicidad con el gobierno de La Habana. Le expliqué a Chomsky lo condenatorio que era eso por parte de Muñoz, pero no creo que lo asimilara.


'Chávez es todo el pueblo. Chávez son millones'.

En su país, Chomsky era igualmente contradictorio: denunciaba la barbarie de la élite y al mismo tiempo se oponía al castigo más leve para ella. En 1969, Chomsky estaba tan disgustado por la glorificación de la guerra de Vietnam que escribió en su libro "El poder estadounidense y los nuevos mandarines": "Tenemos que preguntarnos si lo que se necesita en Estados Unidos es disidencia o desnazificación".


El poder estaounidense y los nuevos mandarines.

Pero en 1969, Chomsky también declaró al MIT que se oponía vehementemente a que se le negara a Walt Rostow un puesto docente. Rostow regresó a la academia en 1969 tras trabajar como asesor de seguridad nacional para los presidentes Kennedy y Johnson. Chomsky recordó sus acciones a un biógrafo comprensivo (Robert Barsky) de la siguiente manera:

Fui a ver al presidente del MIT en 1969 para informarle que teníamos la intención de protestar públicamente si resultaba que había algo de cierto en los rumores que circulaban entonces de que a Walt Rostow (a quien considerábamos un criminal de guerra) se le estaba negando un puesto en el MIT por motivos políticos (afirmaciones que eran difícilmente plausibles y resultaron ser completamente falsas).

En una entrevista, Chomsky afirmó que podría haber renunciado al MIT si a Rostow le hubieran negado el trabajo. Así pues, a pesar de la brutalidad estadounidense que impulsó a Chomsky a pedir la desnazificación del país, se opuso firmemente a que los altos cargos nazis estadounidenses sufrieran consecuencias profesionales por sus crímenes.

Libia, Siria, Ucrania: Chomsky empeora

En 2011, Chomsky apoyó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que impuso una zona de exclusión aérea sobre Libia, pero luego objetó que la OTAN la había violado para derrocar al gobierno de Gadafi. Por lo tanto, se opuso a que ocurriera lo más previsible, como debería haber sabido gracias a sus extensos escritos sobre la duplicidad y la criminalidad occidentales. Sin embargo, afirmó que sería imprudente predecir las consecuencias del derrocamiento de Gadafi. De hecho, como era de esperar, el derrocamiento de Gadafi desencadenó una pesadilla continua que los medios occidentales ocultaron fácilmente.


Libia se hundió en un Estado fallido tras la invasión estadounidense.

En Siria, Obama inició el apoyo estadounidense a una guerra sucia para derrocar al gobierno de Asad que, mucho después de que Obama dejara el cargo, resultó en una gran victoria para Estados Unidos y el Israel nazi. Un terrorista de Al Qaeda (que también es un ex miembro de alto rango del ISIS) es ahora el dictador de Siria.




En 2016, Chomsky dijo que no sabía cómo las acciones de Obama en Siria podrían haber sido mejores:

Y para Siria... es muy difícil pensar en alguna recomendación. Es decir, no sé qué podría haber hecho Obama mejor que lo que hizo.

En 2018, Chomsky firmó una carta junto con numerosos intelectuales occidentales (David Graeber, Judith Butler, David Harvey, etc.) que instaba al ejército estadounidense a bombardear Siria en defensa de los anarquistas kurdos, que, según los autores, eran los principales aliados de Estados Unidos contra el ISIS en Siria. La idea de que Estados Unidos estuviera en Siria para combatir al ISIS era digna de un neoconservador de derechas.

Es sorprendente la controversia que se volvió entre los izquierdistas occidentales (en gran parte gracias a la influencia destructiva de Chomsky) defender al gobierno de Assad contra lo que obviamente era un esfuerzo conjunto apoyado por Estados Unidos e Israel para derrocarlo.

Hoy en día, la situación en Siria es compleja, como explica Vanessa Beeley. Pero es un caos horroroso caracterizado por la partición, el saqueo y las atrocidades sectarias que benefician a Israel.

Chomsky caería en picado tras la invasión rusa de Ucrania. En una entrevista de 2022, Chomsky elogió efusivamente la "gran valentía" y la "gran integridad" del presidente ucraniano Zelenski, a quien calificó de "persona honorable". Recordemos que Chomsky no se atrevió a firmar una carta en defensa de Aristide en 2012 porque no quería ser demasiado optimista sobre el expresidente haitiano, derrocado dos veces por Estados Unidos. Pero Zelenski, jefe del gobierno notoriamente corrupto, respaldado por Estados Unidos y que honra al colaborador nazi Stepan Bandera, lo elogió efusivamente.




El sionismo furtivo de Chomsky

En cuanto a Palestina, el enfoque de Chomsky fue convencer a mucha gente decente con su minucioso análisis de los crímenes israelíes, pero bajo la abundante documentación y la indignación, su postura seguía siendo sionista. En un artículo de 2014 para The Nation, abogó por el delirio de los dos Estados y, con arrogancia, advirtió a los palestinos que no insistieran en algo más, ni siquiera en el derecho de los refugiados a regresar a las tierras de las que fueron expulsados.

En 2004, Chomsky habló de “la destrucción de Israel” como si fuera algo malo:

El llamado a un “Estado laico democrático”, que no es tomado en serio por el público israelí ni a nivel internacional, es una demanda explícita de destrucción de Israel, que no ofrece nada a los israelíes más allá de la esperanza de un grado de libertad en un eventual Estado palestino.

Dado el Holocausto transmitido en vivo en Gaza que presenciamos desde el 7 de octubre de 2023, la naturaleza sionista del enfoque de Chomsky nunca ha sido tan completamente desacreditada. El Israel nazi debe ser derrocado. Punto.

Antiestalinismo: el pecado original de los izquierdistas occidentales

No fue hasta 2023, unos meses antes de que comenzara el genocidio en Gaza, que estuve dispuesto a admitir que ya no respetaba a Chomsky. Me llevó demasiado tiempo. ¿Por qué?

Parte de la razón es el antimarxismo. Tanto Bertrand Russell como Noam Chomsky, las mayores influencias intelectuales en mí durante décadas, despreciaban a Karl Marx. Vea este artículo de Roderic Day para ejemplos del desdén de Chomsky hacia Marx. No fue hasta que ignoré su influencia sobre mí que pude emprender un estudio adecuado de Marx. No es casualidad que los intelectuales occidentales prominentes tiendan a ser antimarxistas o a promover una versión del marxismo compatible con el imperialismo occidental. Vea las discusiones de Gabriel Rockhill sobre este tema con Nick Estes y Justin Podur. La facción liberal de la élite occidental ha dedicado mucho más esfuerzo del que jamás imaginé a desarrollar una "izquierda compatible". Bertrand Russell formó parte de un grupo fachada anticomunista financiado por la CIA.

Pero muchos de los marxistas que he conocido en mi vida también eran antistalinistas porque seguían acríticamente la línea que adoptó la URSS tras la muerte de Stalin. Acepté un consenso que casi todos, desde marxistas hasta antimarxistas de cualquier tipo, parecían aceptar: que Stalin era un gran mal, quizás incluso comparable a Hitler. Al perder la confianza en Chomsky, exploré la obra de Domenico Losurdo y Michael Parenti, quienes refutaron brillantemente ese disparate. Resulta que izquierdistas como Chomsky —que ni siquiera pueden defender a Jean Bertrand Aristide, Daniel Ortega, Hugo Chávez o Nicolás Maduro— tampoco son fuentes fiables sobre Stalin. Lección, tardíamente aprendida.

Epstein seduce a Chomsky

Las imágenes que se muestran a continuación expresan con mayor elocuencia que yo jamás podría sobre cuán profundamente Chomsky fue absorbido por el mundo de Jeffrey Epstein. ¿Están las élites estadounidenses contentas de ver a Chomsky deshonrado? Los espías liberales que cultivan una izquierda afín probablemente no estén contentos.








En su libro "La CIA y La Guerra Fría Cultural", Frances Stonor Saunders explica que los liberales de la CIA tuvieron que ocultar sus actividades a los republicanos, quienes no querían que existiera ningún tipo de izquierda. Así que imagino que entre la élite estadounidense las reacciones son diversas: desde el descontento hasta la ambivalencia y el júbilo.



En cuanto a Chomsky, a pesar de su retórica antiestatal, su ideología lo hizo sentir cómodo con el poder estadounidense y el sionismo. Se sentía tan cómodo que solía decir cosas como: «Estados Unidos es un país muy libre, quizá el más libre del mundo». Al final, se sintió tan cómodo que destruyó su propia reputación.


Fuente: Antiimperialismo sin editar



Nota editorial.- La publicación de este artículo -como sucede con buena parte de los que han visto la luz anteriormente- no obedece a un acuerdo total o parcial con su contenido. En este caso concreto, el motivo para su publicación ha sido, principalmente, aportar un punto de vista también crítico, pero muy diferente al de quienes han aprovechado que se haya hecho pública la tardía relación de Noam Chomsky con Jeffrey Epstein para arremeter contra el conjunto de la obra del lingüista y analista político estadounidense y descalificar todas y cada una de sus aportaciones en los diferentes campos del conocimiento.

martes, 2 de diciembre de 2025

Los soldados deben desobedecer las órdenes ilegales bajo el gobierno de Trump: es su deber legal

 

 Por Marjorie Cohn      
      Profesora emérita de la Facultad de Derecho Thomas Jefferson, decana de la Academia Popular de Derecho Internacional y expresidenta del Gremio Nacional de Abogados.


Me han llamado a testificar en tribunales militares como testigo experto sobre el deber de los militares de desobedecer órdenes ilegales


     La valiente acción de seis congresistas demócratas ha puesto en el debate nacional el deber del personal militar y de la CIA de desobedecer las órdenes ilegales de Donald Trump. Mientras la administración Trump continúa asesinando ilegalmente a personas en pequeñas embarcaciones en el Caribe y el Pacífico Oriental, desplegando la Guardia Nacional en ciudades estadounidenses e ignorando órdenes judiciales, los seis legisladores se sintieron impulsados ​​a actuar.


Miembros del ejército escuchan a Melania Trump en un discurso durante su visita a la Estación Aérea del Cuerpo de Marines New River en Jacksonville.

En un video de 90 segundos organizado por la senadora Elissa Slotkin (Michigan), dos senadores y cuatro miembros del Congreso, todos veteranos militares o de la CIA de Estados Unidos, se turnan para leer una declaración a los miembros del servicio activo, instándolos a negarse a seguir órdenes ilegales.




“Al igual que nosotros, todos ustedes juraron proteger y defender esta Constitución”, dijeron los legisladores en el video. “En este momento, las amenazas a nuestra Constitución no solo provienen del extranjero, sino también de aquí mismo. Nuestras leyes son claras. Pueden rechazar órdenes ilegales. Pueden rechazar órdenes ilegales. Deben rechazar órdenes ilegales. Nadie tiene la obligación de cumplir órdenes que violen la ley ni nuestra Constitución”.

Los otros legisladores que hablan en el video son el senador Mark Kelly (Arizona) y los representantes Chris Deluzio (Pensilvania), Maggie Goodlander (New Hampshire), Chrissy Houlahan (Pensilvania) y Jason Crow (Colorado).

Trump amenaza a seis legisladores con cargos de sedición y ahorcamiento


El presidente Donald Trump durante la celebración del 250 aniversario de la Marina estadounidense.

Sus palabras, que constituyeron una correcta declaración de la ley, provocaron una crítica sin precedentes por parte de Trump, quien escribió en Truth Social: «Se llama COMPORTAMIENTO SEDICICIOSO AL MÁS ALTO NIVEL. Cada uno de estos traidores a nuestro país debería ser arrestado y llevado a juicio».




En una segunda publicación, Trump escribió: “Esto es realmente malo y peligroso para nuestro país. No podemos permitir que sus palabras se mantengan. ¡COMPORTAMIENTO SEDICICIOSO DE TRAIDORES!

Los seis legisladores respondieron a la diatriba de Trump en un comunicado: “Lo más revelador es que el presidente considera que reformular la ley conlleva la pena de muerte. Nuestros militares deben saber que los respaldamos mientras cumplen su juramento a la Constitución y su obligación de obedecer únicamente las órdenes legítimas. No solo es lo correcto, sino también nuestro deber”.

Ahora, el Departamento de Guerra investiga a Kelly por "graves acusaciones de mala conducta", amenazando con reincorporarlo al servicio activo y someterlo a un consejo de guerra. El "Comunicado Oficial" del Departamento, publicado en X, añade: "Se recuerda a todos los militares que, según el UCMJ, tienen la obligación legal de obedecer las órdenes legítimas, y que estas se presumen legítimas". Sin embargo, omiten que los militares también tienen el deber legal de desobedecer las órdenes ilegales, algo que Kelly y sus colegas legisladores afirmaron con precisión en su video.




El deber de desobedecer órdenes ilegales

Según el Código Uniforme de Justicia Militar (UCMJ), un militar puede ser sancionado por un consejo de guerra por negarse a obedecer cualquier orden o reglamento legal . Si bien el UCMJ no define el concepto de "legal", el Manual para Consejos de Guerra establece que una orden es legal "a menos que sea contraria a la Constitución, las leyes de los Estados Unidos o a órdenes superiores legales, o que, por alguna otra razón, esté fuera de la autoridad del funcionario que la emite".



El manual también indica que, si bien puede inferirse que una orden para cumplir un deber o acto militar es lícita, «esta inferencia no se aplica a una orden manifiestamente ilegal, como la que ordena la comisión de un delito». Las Reglas para Tribunales Marciales establecen que actuar «en cumplimiento de órdenes» constituye una legítima defensa, « a menos que el acusado supiera que las órdenes eran ilegales o que una persona sensata y comprensiva hubiera sabido que lo eran».

Finalmente, el manual señala: «La legalidad de una orden es una cuestión de derecho que debe determinar el juez militar». Normalmente, esta determinación solo se puede tomar después de que un militar se niegue o desobedezca una orden, en un consejo de guerra o un tribunal de crímenes de guerra. Por lo tanto, quien se niega corre el riesgo de que un juez declare legal la orden y sea castigado por negarse a cumplirla.

Algunos ejemplos de órdenes ilegales dentro de los Estados Unidos incluyen:

  • El uso de fuerzas militares para deportar, expulsar o detener a inmigrantes. La expulsión a países donde existe una alta probabilidad de tortura viola la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, ratificada por Estados Unidos.

  • El uso de fuerzas militares contra manifestantes civiles. La Ley Posse Comitatus prohíbe el uso de tropas federales para hacer cumplir la ley nacional, salvo que se produzca una insurrección.

Ejemplos de órdenes ilegales fuera de los Estados Unidos incluyen:

  1. Ataques militares a buques en aguas internacionales o extranjeras.

  2. Una invasión o ataque a Venezuela, México, Nigeria, etc.

  3. El uso de fuerza militar “preventiva” contra Irán, China, etc.

  4. El uso de armas nucleares contra cualquier país.

  5. La tortura o el trato cruel de civiles, prisioneros de guerra u otros detenidos.

  6. El ataque intencional contra civiles.

  7. Atacar a los palestinos en Gaza bajo el pretexto de “mantener la paz”.

Resistencia a las guerras ilegales de Estados Unidos: de Vietnam a Irak

En 1968, el teniente del ejército estadounidense William Calley dirigió a 100 tropas estadounidenses a la aldea de My Lai en Vietnam y mató a 500 mujeres, niños y ancianos civiles en lo que se conoció como la Masacre de My Lai.

Calley fue acusado del asesinato premeditado de civiles. Se presentaron cargos contra 25 personas, entre ellas dos generales. Los cargos contra los generales, otros 10 oficiales y siete soldados fueron desestimados. Otros cinco, entre ellos el comandante de la compañía, el capitán Ernest Medina, fueron sometidos a juicio militar y absueltos.

En su corte marcial, Calley afirmó que simplemente estaba siguiendo las órdenes de Medina de matar a todos los aldeanos porque todos en el pueblo eran “el enemigo”.

Al igual que los oficiales nazis en Núremberg, la defensa de Calley, alegando que simplemente cumplía órdenes superiores, fue rechazada. En 1971, fue declarado culpable del asesinato premeditado de «no menos de» 22 vietnamitas y condenado a cadena perpetua. Finalmente, Calley solo cumplió más de tres años de arresto domiciliario y confinamiento en cuarteles.

Pero existe una noble tradición en Estados Unidos: los militares se niegan a obedecer órdenes de desplegarse en guerras ilegales o cometer crímenes de guerra. Algunos de estos rehusadores han sido arrestados y sometidos a consejo de guerra. Muchos han argumentado en su defensa que tenían el deber legal de desobedecer órdenes ilegales.

Howard Levy

En 1965, el Dr. Howard Levy era capitán del Ejército y jefe del Servicio Dermatológico del Hospital del Ejército de los Estados Unidos en Fort Jackson, Carolina del Sur. Levy creía que los soldados negros estaban siendo utilizados como carne de cañón para la guerra ilegal de Vietnam.

Levy desobedeció una orden de entrenar a los auxiliares de las Fuerzas Especiales como paramédicos. Creía que usarían su formación médica para ganarse la confianza del pueblo vietnamita, quien entonces no se opondría a que las tropas estadounidenses llevaran a cabo sus misiones ilegales. Levy, quien llamó a esto la "prostitución de la medicina", creía que estos Boinas Verdes estaban cometiendo crímenes de guerra.

En 1967, Levy fue acusado por un tribunal militar de desobedecer deliberadamente una orden legal de su oficial superior, conducta impropia de un oficial y un caballero, y de hacer declaraciones públicas al personal alistado con el fin de promover la deslealtad y el descontento entre las tropas.

Levy intentó argumentar que la guerra era ilegal e inmoral y que las tropas estadounidenses estaban cometiendo crímenes de guerra. Pero el juez no le permitió presentar esa defensa, y Levy fue declarado culpable de todos los cargos y condenado a la baja del Ejército, la pérdida de todo salario y prestaciones, y tres años de reclusión con trabajos forzados.

Ehren Watada

La resistencia a las guerras ilegales de George W. Bush en Afganistán e Irak también fue generalizada. Muchos de los que se resistieron se inspiraron en sus predecesores que se habían resistido a la guerra de Vietnam.

Cuando el Primer Teniente del Ejército de EE. UU. Ehren Watada, el primer oficial comisionado en desobedecer públicamente una orden de despliegue en Irak, se dirigió a la convención de Veteranos por la Paz de 2007, invocó el Movimiento GI que contribuyó al fin de la guerra de Vietnam.


Movimiento GI.

Dijo:

Les hablo de una idea radical. Surge del concepto mismo del soldado (o miembro del servicio) estadounidense. Fue fundamental para poner fin a la guerra de Vietnam, pero ha caído en el olvido desde hace mucho tiempo. La idea es esta: para detener una guerra ilegal e injusta, los soldados pueden optar por dejar de luchar.

En 2006, el Ejército acusó a Watada de omisión de movimiento y conducta impropia de un oficial y un caballero. En una conferencia de prensa en Tacoma, Washington, declaró: «La guerra en Irak es, de hecho, ilegal. Es mi obligación y mi deber rechazar cualquier orden de participar en esta guerra. Una orden de participar en una guerra ilegal es ilegal en sí misma. Por lo tanto, mi obligación es no acatar la orden de ir a Irak». Citando «engaño, manipulación y mala conducta deliberada por parte de los más altos mandos», declaró que no hay «mayor traición al pueblo estadounidense» que la guerra de Irak.


Ehren Watada

El punto de inflexión para Watada fue cuando vio el dolor y el sufrimiento de tantos soldados y sus familias, así como de iraquíes inocentes. Afirmó: «La mejor manera de servir a mis soldados es denunciar las órdenes ilegales de los más altos mandos y asegurarme de que nuestros líderes rindan cuentas». Watada sintió que tenía la obligación de actuar y hacer lo que fuera necesario, incluso si eso implicaba enfrentarse a un consejo de guerra y a la cárcel.

En el juicio marcial de Watada, el juez militar se negó a permitirme testificar como experto sobre la ilegalidad de la guerra de Irak y los crímenes de guerra que la administración Bush estaba cometiendo allí. Habría testificado sobre la Carta de Núremberg, la Carta de las Naciones Unidas, las Convenciones de Ginebra, el Código Uniforme de Justicia Militar y el Manual de Campaña del Ejército.

El juez finalmente declaró el juicio nulo. Aunque el gobierno solicitó un segundo juicio marcial, en el que Watada se enfrentaría a seis años de prisión y una baja deshonrosa, el juez declaró que se le había impuesto un doble enjuiciamiento. A Watada se le permitió renunciar al Ejército y fue dado de baja en condiciones poco honorables.

“El heroísmo del teniente Watada se basó en su conclusión de que la invasión de Irak era ilegal, que su participación en dicha invasión incitaría a una guerra de agresión ilegal y que estaría dispuesto a aceptar las consecuencias de su negativa a participar, a pesar de los grandes sacrificios personales, incluyendo el distanciamiento casi total de sus compañeros de armas, la posibilidad de una larga pena de prisión y el odio y el desprecio que le infligieron innumerables ciudadanos descarriados”, declaró Kenneth Kagan, uno de los abogados de Watada, a Kathleen Gilberd y a mí para nuestro libro de 2009, Rules of Disengagement: The Politics and Honor of Military Dissent. “Me ha conmovido profundamente su valentía y firmeza en todo momento”.




Pablo Paredes

Se me permitió testificar como experto en el tribunal militar de 2005 del suboficial de tercera clase de la Marina de Estados Unidos Pablo Paredes, quien se negó a obedecer las órdenes de abordar un buque de asalto anfibio que transportaría 3.000 marines a Irak porque pensó que sería cómplice como criminal de guerra.

La Armada acusó a Paredes de ausencia no autorizada y de no observar el movimiento de su buque intencionalmente. El juez militar condenó a Paredes por omisión intencional del movimiento, pero desestimó el cargo de ausencia no autorizada.

Antes de la sentencia, Paredes declaró ante el juez: «Soy culpable de creer que esta guerra es ilegal. Soy culpable de creer que la guerra en todas sus formas es inmoral e inútil, y soy culpable de creer que, como militar, tengo el deber de negarme a participar en esta guerra porque es ilegal». Añadió: «Creo que, como miembro de las Fuerzas Armadas, más allá de mi deber con mi cadena de mando y mi presidente, tengo un deber superior con mi conciencia y de participar de cualquier manera, ya sea directa o indirectamente, en la actual agresión que se ha desatado contra Irak».

Aunque el juez se negó a permitir mi testimonio experto sobre la ilegalidad de la guerra de Irak en la fase de culpabilidad, sí me permitió testificar en la audiencia de sentencia.

Testifiqué que la guerra de Irak violaba la Carta de las Naciones Unidas y que Paredes tenía la convicción razonable de que, al transportar marines a Irak, los expondría a cometer crímenes de guerra. Expliqué cómo las fuerzas estadounidenses torturaban a prisioneros en la prisión de Abu Ghraib, lo cual constituía crímenes de guerra.

Luego dije que tanto los Principios de Núremberg como el Código Uniforme de Justicia Militar establecían el deber de obedecer órdenes legales, pero también el deber de desobedecer órdenes ilegales.

“No solo se castiga la comisión de crímenes de guerra, crímenes contra la paz o crímenes de lesa humanidad, sino también la complicidad en la comisión de esos crímenes”, testifiqué . Por lo tanto, si alguien transportara a alguien a Irak para cometer crímenes de guerra, sería responsable de los crímenes de guerra al igual que quien los cometió.

Concluí que las órdenes de abordar el buque y transportar a marines para combatir en una guerra ilegal y potencialmente cometer crímenes de guerra eran ilegales. Por lo tanto, Paredes tenía el deber de rechazar esas órdenes ilegales de embarcar en el buque en diciembre de 2004.

En reacción al inepto interrogatorio que me hizo el fiscal de la Marina, quien reforzó mi testimonio, el juez irónicamente declaró: “Creo que el gobierno ha demostrado con éxito que cualquier miembro del servicio tiene causa razonable para creer que las guerras en Yugoslavia, Afganistán e Irak fueron ilegales”.

Aunque el gobierno solicitaba nueve meses de prisión, la pérdida de sueldo y prestaciones, y la baja por mala conducta, el juez no condenó a Paredes a prisión y se negó a ordenar la baja por mala conducta. Le impuso dos meses de confinamiento en la base, tres meses de trabajos forzados sin confinamiento y una degradación a marinero recluta.

“Desde la Guerra de Vietnam hasta la actualidad, los soldados disidentes se han pronunciado en contra de las guerras ilegítimas y, al hacerlo, han ampliado el derecho de los soldados a disentir”, escribimos Gilberd y yo en nuestro libro "Reglas de Desconexión". “Sus impugnaciones legales y esfuerzos políticos han ampliado los derechos de otros militares que se oponen a la guerra o a políticas militares opresivas”.

Después de que los seis miembros del Congreso publicaran su audaz video, Veteranos por la Paz dijo en un comunicado:

Hacemos un llamamiento a todos los veteranos para que apoyen a estos miembros del Congreso y amplifiquen su mensaje para que los aviadores, infantes de marina, marineros y tropas del ejército sepan que si alguna vez se enfrentan al difícil desafío de negarse a acatar una orden ilegal, están cumpliendo con su juramento de defender la Constitución siguiendo la ley.



 

Hay grupos, incluidos GI Rights Hotline, el Center on Conscience and War y el Military Law Task Force, que trabajan con miembros del servicio militar para ayudarlos a reconocer cuándo han recibido una orden ilegal y determinar sus próximos pasos.


Fuente: Truthout