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lunes, 5 de enero de 2026

Contra el ataque imperialista: solidaridad con el pueblo de Venezuela

 


     La operación de secuestro del presidente Nicolás Maduro, precedida de ataques aéreos y bombardeos sobre instalaciones militares y civiles venezolanas, provocando más de cuarenta muertos, y una campaña de presión y bloqueo por la mayor armada de EEUU en el Caribe, con más de 80 asesinatos extrajudiciales de supuestos narcotraficantes, suponen graves violaciones de la Carta de Naciones Unidas, del derecho internacional y del derecho humanitario por parte de la Administración Trump.


Imagen de Nicolás Maduro ya secuestrado difundida por Donald Trump en su red social.

En la rueda de prensa posterior a la operación “Resolución absoluta”, Trump ha dejado perfectamente claros sus objetivos: hacerse con el control de los recursos de hidrocarburos y materias primas de Venezuela. Ninguna ambigüedad sobre la alianza de los poderes públicos en defensa de los poderes privados oligárquicos. Obviando la cuestión de la legitimidad de las elecciones presidenciales de 28 de julio de 2024, cuyos resultados sigue sin publicar el Consejo Nacional Electoral a pesar de su mandato, Trump ha descartado de un plumazo el liderazgo de su competidora para el Premio Nobel de la Paz, Corina Machado, y de su candidato interpuesto, exiliado en el reino de España, Edmundo González. Su alternativa declarada es negociar una transición neocolonial, que desnacionalice los recursos del país, con el propio régimen madurista, mantenido institucionalmente a través de la Vicepresidenta Delcy Rodriguez, la Asamblea Nacional presidida por su hermano Jorge Rodríguez, el ministro de defensa Vladimiro Padrino López y el ministro del interior y hombre fuerte del régimen, Diosdado Cabello.


Lugares bombardeados por la aviación estadounidense durante el ataque a Venezuela.

Todo ello ha dejado flotando la sospecha de una cierta complicidad interna. La obvia de la oposición de extrema derecha encabezada por Corina Machado que, ante su creciente fracaso movilizador, llamaba abiertamente a la intervención militar de EEUU. Pero también la de ciertos sectores del régimen madurista, que estarían intentando salvaguardar en lo posible la soberanía del país. En definitiva, hace tiempo que la verdadera columna vertebral del régimen son las fuerzas armadas y de seguridad bolivarianas. Es la única institución nacional que sigue manteniendo palancas de negociación con la Administración Trump a través de su monopolio de la fuerza. Y la única cobertura constitucional de este hecho es su representación política por lo que queda del régimen madurista sin Maduro.

Por contradictorio que pueda parecer, el ataque militar y el secuestro de Maduro por Trump buscan un cambio de régimen, pero no un golpe de estado. Y es así porque su objetivo principal es la apropiación, negociada bajo amenaza, de la renta petrolera del país, para lo que es imprescindible garantizar el orden público y las infraestructuras de Petróleos de Venezuela, S.A. (PVDSA) antes de su transferencia a las empresas petroleras de EEUU. Como en el golpe de 2002 contra Hugo Chávez, la Administración Trump espera utilizar a su favor los mecanismos de la Constitución Bolivariana para una transmisión interna del poder, que recae, en primer lugar, en la vicepresidencia de Delcy Rodríguez y, en segundo lugar, en la presidencia de la Asamblea Nacional, ostentada por su hermano Jorge Rodríguez. Que se ratifique a la nueva presidenta (N. Editorial.- Como sucedió ayer lunes, día 5) por la Asamblea Nacional, cuyos nuevos diputados electos deben tomar posesión también el mismo día y que en lugar de la convocatoria prevista de nuevas elecciones presidenciales en 30 días, se amplíen los sucesivos plazos por “ausencia temporal” de Maduro durante seis meses. En este proceso no cabe, de entrada, la oposición encabezada por Corina Machado, que para legitimarse necesitaría movilizaciones en la calle que desembocarían rápidamente en una guerra civil, con el reforzamiento del papel bonapartista de las fuerzas bolivarianas, o de la presión para una invasión militar territorial de EEUU, que Trump quiere evitar, porque desestabilizaría a toda América Latina y le obligaría a una negociación multipolar con Rusia y China de las zonas de influencia.

Pero también puede ser que, a pesar de las lecciones aprendidas de la larga lista de invasiones e intervenciones de EEUU en América Latina y en Oriente Medio, la estrategia de la Administración Trump -como en el caso de Gaza o Ucrania- se limite en realidad al plan militar puesto en marcha hace cuatro meses con el despliegue naval en el Caribe y la destrucción de supuestas narco-lanchas, operaciones encubiertas de la CIA, y el ataque aéreo y secuestro de Maduro en la operación “Resolución absoluta”. Y que lo demás sea improvisación para conseguir los objetivos declarados, evitando una mayor implicación militar directa de EEUU. Una reafirmación de la “Doctrina Monroe” para todo el “Hemisferio Occidental” -denominación imperial más cercana que la de América Latina-, que evidencie que es mejor para todas las clases dominantes de la zona llegar a un nuevo trato sobre las rentas extractivistas que la desestabilización política y militar permanente orquestada por la Administración Trump para conseguirlo unilateralmente. Habrá que ver hasta dónde llega la coherencia de esta lógica de “patio trasero” de Marcos Rubio, heredero no tanto del nacionalismo oligárquico cubano como del “anexionismo” criollo. Su primera advertencia ha sido para las autoridades de La Habana.


Mensaje de Donald Trump anunciando la 'captura' de Maduro y su esposa emitido desde su residencia de Mar-a-Lago en Florida.

La decisión de juzgar a Maduro en EEUU, bajo la jurisdicción del Tribunal Supremo, demuestra la audacia y autoconfianza de la Administración Trump. Los precedentes relacionados con los secuestros y traslados secretos de la CIA en la “Guerra contra el terror” no auguran un proceso fácil. Los fundamentos legales del ataque militar contra Venezuela, sin declaración de guerra del Congreso, son ya cuestionados por representantes y senadores demócratas. Los cargos presentados por narcotráfico y asociación con el Cartel de los Soles y el Tren de Aragua parecen insustanciales: desde Venezuela no llegan cantidades significativas de cocaina o fentanilo a EEUU. Y Trump acaba de amnistiar al ex-presidente de Honduras Juan Orlando Hernández, convicto implicado en el narcotráfico. Es difícil imaginar cómo se excluirá la situación penal de Maduro y de su esposa Cilia Flores de las negociaciones con la continuación del régimen madurista en el poder.

En cualquier caso, lo que sigue pendiente en Venezuela es la defensa de la soberanía nacional, de las libertades democráticas y de los derechos constitucionales. La crisis del régimen madurista, desde las elecciones de 2024, incapaz de defender al país del ataque imperialista de la Administración Trump, abre todas las incógnitas sobre los escenarios posibles de una transición bajo el chantaje externo. Desde las aspiraciones e intereses de las clases trabajadoras que una vez representó la revolución bolivariana, muy lejos ya del régimen de Maduro, es más necesario que nunca articular la capacidad de resistencia frente a quienes pretenden desamortizar al país de sus recursos materiales. Solo una nueva articulación de las clases trabajadoras y populares, independiente en la definición de sus intereses, podrá lograrlo, por muy difícil que parezca.

El sistema internacional multilateral inspirado en la Carta de Naciones Unidas ha sufrido un nuevo golpe a manos de la Administración Trump. Su documento de Seguridad Nacional afirma que el “Hemisferio Occidental” está sometido a la Doctrina Monroe y por lo tanto, excluido del sistema internacional basado en el derecho internacional. Pero no supone un salto cualitativo. El genocidio de Gaza, el reparto de Ucrania, las masacres de Darfur, los bombardeos sobre Irán, son precedentes en 2025 de una crisis provocada del multilateralismo y su sustitución por la gestión multipolar de las grandes potencias, en un nuevo reparto de zonas de influencia post Yalta y Postdam.

La defensa del derecho internacional, de los derechos humanos y las libertades democráticas vuelven a ser una urgente necesidad sobre la que se construirá una nueva izquierda capaz de defender los intereses de las clases trabajadoras y populares. Lo hemos dicho repetidamente desde Sin Permiso: el enemigo principal de la libertad republicana es la tiranía. Y la combinación del dominium -las relaciones de dominación que se dan en los ámbitos privados que conforman nuestras sociedades como los mercados de trabajo, hogares, etc.- con imperium que son las relaciones de dominación que posibilitan la capacidad de los poderes públicos de favorecer intereses particulares, conforman una tiranía como la que está configurando el régimen de oligarcas de Estados Unidos, y del que Trump es un buen y fiel representante y agresivo defensor. O, en palabras de Enric Juliana: “La nueva doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos no es retórica. Hay un plan, tomar el control de todo el continente americano, y lo están ejecutando. Después puede venir Cuba. Los siguientes hitos, según la nueva doctrina de seguridad nacional, serán la neutralización política de la Unión Europea y el ‘equilibrio estratégico’ con Rusia, para concentrar todo el foco en China. ‘Ningún otro país del planeta está cerca de poder llevar a cabo una acción como esta’, subrayó el exultante secretario de Defensa Hegseth. Acción disciplinante a escala mundial”.


Tatuajes diseminados por todo el cuerpo de Pete Hegseth, titular de la recién renombrada Secretaría de Guerra de los Estados Unidos de Norteamérica.

Durante los próximos días habrá muchos análisis, muchas conjeturas. Entre ellas seguro que están estas. ¿Es una muestra de fortaleza o de debilidad de Estados Unidos esta agresión a un país proporcionalmente débil? El rompimiento más descarnado de la legalidad internacional, por deteriorada que esté ya en el primer cuarto del siglo XXI, ¿tendrá consecuencias no esperadas y contraproducentes para los Estados Unidos de Norteamérica aunque ahora prevalga la euforia de matón propia de Trump? Cualquier cosa que ahora pueda avanzarse es arriesgada, pero la realidad seguirá dando sorpresas.

En cualquier caso, contra el imperialismo, solidaridad con el pueblo de Venezuela.


Fuente: Sin Permiso

sábado, 3 de enero de 2026

Quién es Vladimir Padrino, el hombre fuerte en Venezuela tras la captura de Maduro

 


     En el enrevesado tablero de la crisis política venezolana, marcada hoy por la proyección internacional de María Corina Machado, por los ataques de Estados Unidos contra numerosos puntos del país y por la captura de Nicolás Maduro, hay una figura que opera como garante último de la estabilidad del poder, al menos por ahora: Vladimir Padrino López.


Vladimir Padrino es el hombre fuerte del Ejército de Venezuela y una de las piezas clave del chavismo tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos.

Ministro de Defensa, jefe de la cúpula militar y con una confianza por parte de la élite venezolana que se remonta a los albores del primer gobierno de Hugo Chávez, Padrino juega un papel central como puente entre los “años dorados” del chavismo y la inestabilidad e incertidumbre de la actual administración.

Los lazos de Padrino y Hugo Chávez

Su relación con Hugo Chávez viene de bastante antes del primer gobierno chavista. Ambos se conocieron en los cuarteles y compartieron algunas tendencias bolivarianistas –en el sentido de aceptación de las tesis de Simón Bolívar–. Su cercanía política e ideológica se tradujo en confianza operativa desde el mismo levantamiento del 4 de febrero de 1992.

Padrino, entonces comandante del Batallón Bolívar de Caracas, debía esperar en la retaguardia la orden para rematar el asalto contra Miraflores con tanques, pero el fracaso de la intentona llevó a Chávez a prisión, si bien Padrino pudo sobrevivir a las represalias por aquel levantamiento.


Vladimir Padrino, comandante del Batallón Bolívar de Caracas.

El momento decisivo de su trayectoria llegó en el golpe del año 2002. Mientras Chávez era derrocado por 48 horas y retenido en La Orchila, Padrino dirigió el Batallón Bolívar desde el Fuerte Tiuna y rechazó la intentona. Su negativa a sublevarse fue clave para el retorno del presidente venezolano a Miraflores.


Su negativa a sublevarse fue clave para el retorno del entonces presidente legítimo a Miraflores.


Dos semanas después, el mandatario reconoció esa fidelidad con una condecoración y un ascenso que consolidó a Padrino como uno de los hombres de confianza del proyecto chavista.

En julio de 2012, pocos meses antes de la muerte de Chávez, fue nombrado segundo comandante del Ejército y jefe del Estado Mayor. Desde allí asumió una función simbólica y política: garantizar la continuidad de un chavismo sin Chávez. Tras la muerte del dirigente, Padrino y otros altos mandos sostuvieron la irrigación ideológica que el gobierno había llevado a cabo entre los distintos estamentos de las Fuerzas Armadas.

El ascenso de Padrino con Maduro

Con Nicolás Maduro en el poder, el papel de Padrino no solo se mantuvo, sino que se expandió. En octubre de 2014 fue nombrado ministro de Defensa y, posteriormente, asumió responsabilidades que excedían el ámbito castrense.

Maduro le colocó al frente de la Misión Abastecimiento Soberano y Seguro, así como de áreas estratégicas vinculadas a los alimentos, los medicamentos, la industria y la producción, subordinando buena parte del gabinete al propio Padrino.


Padrino junto al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

De este modo, obtuvo una voz privilegiada en la “mesa chica” del presidente ahora detenido en Estados Unidos.

Este rol ampliado le convirtió en el principal dique frente a los intentos de fractura militar impulsados por la oposición. Ante la autoproclamación de Juan Guaidó y la oferta de una ley de amnistía, Padrino compareció junto a la cúpula militar para rechazar cualquier quiebre institucional y ratificar su reconocimiento exclusivo a Maduro. Además, denunció un golpe auspiciado por Estados Unidos y llamó a defender la Constitución bolivariana.


Los ataques de Estados Unidos contra Venezuela se producen tras el despliegue de un amplio contingente militar en el mar Caribe.

En 2015, tras la derrota electoral del chavismo en la Asamblea Nacional, fue él quien reconoció públicamente el triunfo opositor, un gesto que le valió un enfrentamiento con Diosdado Cabello.


Diosdado Cabello, vicepresidente del Partido Socialista Unificado de Venezuela.

Hoy, Padrino ocupa un lugar singular en la arquitectura simbólica del poder: por encima de Maduro, reconoce a Chávez como comandante supremo, reservándose un tercer plano que contrasta con su influencia real. Hombre de bajo perfil, pero protagonista en las sombras, permanece como el eje militar sobre el que descansa la continuidad del chavismo.

Aunque a menudo se ha deslizado que existen movimientos sísmicos en las Fuerzas Armadas de Venezuela que podrían facilitar un golpe de Estado contra la institucionalidad chavista, lo cierto es que tal insurgencia interna aparenta ser débil, al menos por ahora. Y buena parte de esta dinámica se la reconocen en el seno de Miraflores al accionar de Padrino en tanto “pegamento ideológico” a la interna del poder militar. 

Está por ver cuál será su papel en la reconfiguración del poder que el chavismo debe afrontar tras la detención y captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos durante las operaciones del 3 de enero de 2026. Por ahora, Padrino ha comparecido públicamente para declarar el “estado de conmoción exterior” y asegurar que “enfrentará las amenazas imperiales”.


Fuente: DESCIFRANDO LA GUERRA

lunes, 1 de diciembre de 2025

Trump ordena el cierre del espacio aéreo de Venezuela ¿una campaña psicológica, un bluff o una amenaza inminente de ataque a Venezuela?

 

 Por Bruno Sgarzini     
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     Horas después de la designación del Cartel de los Soles, como una Organización Terrorista Extranjera, un bombardero estadounidense B52 sobrevoló cerca del espacio aéreo venezolano, escoltado por dos aviones cazas F-18 en una nueva demostración de fuerza. Al mismo tiempo, la Casa Blanca filtró, a través de su medio amigo Axios, que Donald Trump prepara una llamada telefónica con Maduro. “Nadie planea entrar y dispararle o secuestrarlo, en este momento. No diría nunca, pero ese no es el plan en este momento”, según un funcionario de la Casa Blanca con conocimientos sobre los contactos entre Caracas y Washington.




La coreografía, por supuesto, sirve para presionar y negociar con el fin de lograr un “cambio de régimen” de bajo costo, según el experto militar Thomas Keith. El problema, según el analista, es que Caracas ha logrado establecer una estrategia de defensa en capas; “la contra respuesta venezolana ha sido armar el costo (con la defensa aérea, drones y la negación marítima), armar la sociedad (con milicias y bases de defensa local) y armar la verdad (con la documentación y verificación de las acciones militares estadounidenses). Ya que el objetivo de Caracas no es superar a Estados Unidos en términos militares; sino hacer que cada paso de la escalada sea tan costoso, visible e ilegítimo que deje de escalar”.

Los sobrevuelos constantes de bombarderos B2 o B3, acompañados de cazas militares, junto con la presencia de más de diez buques de guerra y el mayor portaaviones estadounidenses, el Gerald Ford, buscan crear la percepción de una “red ocupada en el Caribe que normaliza la presencia estadounidense mientras pinta a Venezuela como un santuario criminal”.




Para Mark Cancian, un excoronel estadounidense del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, Estados Unidos tiene recursos, como más de 170 misiles Tomahawk y 58 aviones F35, que permitirían lanzar una campaña de bombardeos aéreo, o de decapitación del liderazgo del chavismo, para buscar el colapso del gobierno venezolano. “Históricamente, estos ataques aéreos solo han tenido éxito cuando se combinan con la amenaza o la realidad de una campaña terrestre”, según él. Sin embargo, el despliegue no posee la cantidad de soldados necesarios para lograr esto, de acuerdo al exmilitar.


Buques militares estadounidenses registrados por The New York Times en el Caribe.

Por eso, el despliegue tiene un componente de guerra psicológica permanente para buscar que el chavismo se quiebre, sin tirar una bomba, con campaña de rumores, como que es inminente un ataque aéreo precedido de acciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia, y que es peligroso, según las autoridades aéreas estadounidense, sobrevolar el espacio aéreo venezolano. A la par que el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, visita las tropas estadounidenses en Puerto Rico y Trinidad y Tobago mientras los medios informan que es, posible, que los uniformados no tengan muchos días libres en la festividad de Acción Gracia por la posibilidad de un ataque. La llamada de Trump a Maduro, en este contexto, se configura como una oferta, bajo presión, para que se vaya del poder sin que haya tirado más que un par de amenazas al aire en forma de sobrevuelos militares.




La designación del Cartel de Los Soles como una “Organización Terrorista Extranjera”.

“La designación le brinda más herramientas a nuestro Departamento [de Guerra] para ofrecerle opciones al presidente Donald Trump y, en última instancia, garantizar que nuestro hemisferio no estará controlado por narcoterroristas, ni por cárteles, ni por lo que regímenes ilegítimos intenten imponer al pueblo estadounidense”, según Peter Hegseth, el secretario del Departamento de Guerra. Sus palabras tienen bastante que ver con lo que sucedió en las audiencias en el congreso de hace unos días; donde el secretario de Estado, Marco Rubio, informó que la Casa Blanca no tenía una base legal jurídica para justificar ataques terrestres en Venezuela pero trabaja en ello. Según The New York Times, antes de esta designación, Trump pidió a su equipo legal que fundamente una teoría que le permita avanzar en operaciones en Venezuela, que incluyan ataques y un intento de asesinato de Maduro por liderar “el Cartel de los Soles”, considerado “enemigo de Estados Unidos.




Existen tres planes que se le han presentado; uno que implicaría el bombardeo de bases militares venezolanas, usadas para el “narcotráfico”, con el objetivo de “desmantelar el apoyo militar de Maduro”, otro que plantea el envío de fuerzas de Operaciones Especiales para capturar al presidente venezolano, y un tercero en el que militares estadounidenses ocuparían aeródromos y pozos petroleros venezolanos, todos planes irrealistas que podrían en riesgo a soldados estadounidenses, en un país reacio a las bajas después de Vietnam. Hasta ahora, la teoría legal, usada por la Casa Blanca, para atacar las lanchas en El Caribe es que Estados Unidos está en un conflicto no internacional con bandas de narcotráfico que inundan las calles estadounidenses con drogas que matan a los ciudadanos estadounidenses, a pesar de la crítica, incluso, del abogado principal del Pentágono, que lo considera como algo ilegal, según la cadena NBC.

Para justificar una campaña de decapitación del chavismo, la Casa Blanca es posible que busque que la designación le sirva a la Oficina de Asesoría Jurídica presidencial para elaborar un dictamen jurídico similar al que usó Trump para matar al general iraní Qasem Soleimani. En aquel momento, la oficina argumentó a su favor que Soleimani, como jefe de la Fuerza Al Quds iraní con relación con milicias chiies en Medio Oriente, “desarrollaba planes para atacar a personal militar y diplomáticos estadounidense”. “Los líderes militares que organizan y supervisan ataques contra personas e intereses estadounidenses pueden ser objetivos militares legítimos”, decía el memorando creado adhoc por la oficina. Ante esta posibilidad, los elementos más radicales cercanos a la Administración Trump, como Marshall Billingslea, un antiguo subsecretario del Tesoro, de forma constante, promueven campañas en redes donde muestran, por ejemplo, estadios de Beisbol, como el Monumental de la Rinconada de Caracas, como un bunker a ser bombardeado por ser el lugar donde podría esconderse Nicolás Maduro.




Otros como Elliott Abrams, ante las dudas de Trump sobre el éxito de cualquier acción militar en Venezuela, sostienen que el despliegue es un punto de no retorno: “Trump debe entender que esto se trata de que gané él o Maduro”. Por eso, recomienda asesinar a Diosdado Cabello, el número dos del chavismo, para generar conmoción en las filas de los organismos de seguridad del chavismo y desarticular el mando militar de Venezuela para promover la salida de Maduro. “Sacarlo del poder mostraría a todos en los órganos de seguridad del régimen que no están seguros, y que su poder para protegerse se está erosionando rápidamente. No es probable que el régimen (del presidente Nicolás Maduro) pueda resistir semejante embestida”. El problema sigue siendo el mismo: Estados Unidos no tiene ni una oposición venezolana movilizada, ni una estructura insurreccional, que pueda aprovechar cualquiera de estas acciones si el chavismo se mantiene cohesionado, como todo indica, según el analista militar Ivan Sidorienko.


Elliott Abrams.

Sin embargo, la designación del Cartel de los Soles, nombrado por primera vez en años noventa por la revelación de una entrega controlada de drogas por parte de la CIA y un general venezolano, tiene sus duras consecuencias. Según el Departamento de Estado, la calificación de un cartel como “Organización Terrorista Extranjera” (FTO) se debe que es un grupo “que comete actividades terroristas o de terrorismo que amenazan “la seguridad de los ciudadanos estadounidenses o la seguridad nacional de Estados Unidos”. Esto posibilita que el Departamento de Estado, y otros organismos, por ejemplo, bloquen “propiedades e intereses en Estados Unidos, las instituciones financieras congelen activos y prohíban transacciones de personas o entidades estadounidenses, relacionadas con el Cartel de Los Soles”. También se considera un delito federal proporcionar apoyo “material” a la organización por lo que cualquier simpatizante del chavismo en Estados Unidos podría ser procesado bajo cargos penales y civiles.


Fuente: Bruno Sgarzini

jueves, 23 de octubre de 2025

Camino hacia la guerra; cómo los medios de EEUU venden una intervención en Venezuela como una “causa justa”

 

 Por Bruno Sgarzini    
    Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.




     El Cartel de los Soles no nació de un operativo de drogas, ni tampoco de una mega investigación de crimen organizado, sino de un operación de prensa del medio español ABC el 27 de enero de 2015, cuando su corresponsal en Washington, Emili J. Blasco, citó las confesiones del exguardia presidencial de Hugo Chávez, Leamsy Salazar, en las justicia estadounidense, sobre que existía Salazar un “cartel” dirigido por Diosdado Cabello, por entonces presidente de la Asamblea Nacional. “Un operador del “narcoestado en que Chávez convirtió Venezuela”, según la supuesta declaración de Salazar, informante de Estados Unidos, frente a la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York.

Blasco, quien había sacado diversas noticias sobre salud de Chávez basada en informes de inteligencia estadounidense, fue el primero en lanzar una serie de notas donde se hablaba del fantasmagórico Cartel de Los Soles. Meses después, el 18 de mayo, Juan Forero, corresponsal de Wall Street Journal, habló de una investigación de la Administración de Control de Drogas (DEA), y fiscales federales de La Florida y Miami, sobre la “explosión del tráfico de cocaína” en Venezuela desde que “muchos narcos colombianos se mudaran a ese país”. Jackson Dieh, uno de los editores de Washington Post, fue mucho más allá, el 23 de mayo de ese año, al hablar de que que Chávez había convertido Venezuela en un “santuario para narcoguerrilla colombiana porque les permitió traficar con cocaína de Venezuela a los Estados Unidos con la ayuda del ejército venezolano”.


Titular de Wall Street Journal del 18 de mayo de 2015.

El Cartel de Los Soles se lanzó con fuerza este año donde también fueron detenidos por la DEA en Haití, dos sobrinos de Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro, acusados de planificar el tráfico de droga a Estados Unidos. Para buscar el origen del término, en realidad, hay que irse hasta principios de los años 90 cuando el general venezolano Ramón Guillén Dávila, jefe de los Servicios Contra Tráfico de Drogas de la Guardia Nacional venezolana, y su sucesor, Orlando Hernández Villegas, fueron acusados de haber introducido 22 toneladas de cocaína a Estados Unidos en una controvertida operación implementada por la Agencia Internacional de Inteligencia para infiltrar carteles del narco colombianos.




Hasta el día de hoy, el Departamento de Justicia mantiene una acusación contra Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López de liderar este cartel, que tiene como pruebas, por ejemplo, el testimonio del exjefe de inteligencia venezolano, Hugo Carvajal, y el exgeneral chavista (devenido en opositor) Clíver Alcalá. Sin embargo, no existen ni grandes decomisos de droga asociados al presuento cartel, ni tampoco se ha logrado una condena ni una sentencia contra ninguno de ellos. Más bien toda la investigación federal se sostiene como una forma de darle credibilidad al despliegue de Donald Trump contra el “narcotráfico” en El Caribe. Para el consejo editorial del Wall Street Journal es claro que: “el régimen de Maduro es dueño del Cártel de los Soles, llamado así por las insignias que los generales venezolanos obtienen al ascender de rango. Estados Unidos lo considera un grupo terrorista extranjero y es conocido por dirigir una operación de cocaína integrada verticalmente, desde la hoja de coca hasta su distribución en las calles estadounidenses. Un beneficio geopolítico de una política estadounidense de vigilancia más agresiva del Caribe es que probablemente interrumpirá, al menos a corto plazo, los ingresos en dólares de la dictadura de Maduro provenientes del narcotráfico, de los cuales depende para mantenerse en el poder, incluso más que del petróleo”.




La narrativa, por supuesto, va alineada con las acusaciones del secretario del Pentágono, Peter Hegseth, de que Maduro es un “capo de un narcoestado, no elegido por los venezolanos, y los dichos del secretario de Estado, Marco Rubio, de que Maduro es “un líder que inunda de cocaína las calles estadounidenses”. Para Tom Rogan de Washington Examiner, un medio pro Trump; “Maduro es el jefe de facto de dos importantes grupos del crimen organizado responsables del contrabando de drogas y la violencia en suelo estadounidense. Estos grupos son el Cártel de los Soles y el Tren de Aragua”. Por eso, el Pentágono, según Rogan, considera que tiene suficientes fuerzas desplegadas en el Caribe “para tomar y mantener instalaciones estratégicas de Venezuela, como puertos y aeródromos, para ejercer presión sobre Nicolás Maduro”. Para Fox News, un medio que con frecuencia entrevista a altos funcionarios estadounidense, “Venezuela se ha convertido en la mayor amenaza para la seguridad estadounidense”. Brandan Buck, analista del ultraderechista Cato Institute, sostiene que parece que Estados Unidos está inmerso en una versión del siglo XXI de la diplomacia de las cañoneras”.

Desde que el 5 de septiembre, la CNN reveló que Trump consideraba ataques dentro de Venezuela para presionar a Maduro, el ciclo de noticias en Estados Unidos busca sostener la tesis de una acción militar inminente, mientras los funcionarios trumpista se debaten el momento para concretar tal amenaza.

Buena parte de las líneas editoriales de los medios estadounidenses respaldan la justificación legal, presentada por la Administración Trump frente al Congreso, para invocar la ley “de conflicto armado” que permite al presidente ordenar al Pentágono ataques en el extranjero, como el bombardeo a cuatro lanchas venezolanas acusadas de llevar drogas. Según los abogados de Trump, Estados Unidos “está en guerra contra los carteles que trafican drogas a Estados Unidos”. El argumento es que Venezuela es el responsable, en parte, de las muertes por sobredosis de 76 mil estadounidenses en 2023, la mayoría por consumo de fentanilo. Venezuela, sin embargo, no es ni un gran proveedor de esta droga, ni tampoco lo es de cocaína según The New York Times, quien cuestiona la teoría legal esgrimida por la Administración Trump. Para el diario estadounidense, por las aguas venezolanas solo sale el 8% de la cocaína que llega a Estados Unidos, y ni un gramo de fentanilo.




The New York Times, alineado, en general, con la línea demócrata, ha cuestionado la credibilidad de la teoría legal esgrimida por la Administración Trump y la veracidad de las acusaciones contra Maduro. Varios reportajes sobre el tema, además, han precedido los esfuerzos de la bancada demócrata en el Senado, liderada por Adam Schiff, de California, y Tim Kaine, de Virginia, para restringir los poderes de “guerra” auto adjudicados por Trump debido a que la Administración Trump no ha presentado pruebas creíbles y pasado por encima, de la autoridad del Congreso. “Si bien compartimos con el poder ejecutivo la necesidad imperiosa de prevenir y disuadir que las drogas lleguen a nuestras costas, hacer estallar barcos sin justificación legal corre el riesgo de arrastrar a Estados Unidos a otra guerra y provocar hostilidades injustificadas contra nuestros propios ciudadanos. Este uso no autorizado e ilegal de nuestras fuerzas armadas debe cesar”, argumentó Schiff. Si bien el proyecto de ley presentado por los demócratas fue derrotada por 51 contra 49 votos en el Senado, demuestra los cuestionamientos más agresivos contra el plan trumpista.

Hasta la propia Hillary Clinton, la exsecretaria de Estado responsables de desastres como Libia, sostuvo que no existen pruebas de que los barcos bombardeados fueron de pesca, crucero, o de drogas. En su opinión, Trump usa como pretexto el “narcotráfico” para sentar las bases para una “acción militar” en Venezuela; “y quién se hará cargo, y responsable, si nos deshacemos de Maduro. Podríamos tener una Somalía gigante en la costa de América Latina. Esto ni siquiera está bien pensado; si el objetivo es detener el flujo de fentanilo, ni siquiera viene de Venezuela sino de China y México”. La crítica forma parte de las diferencias de visiones entre demócratas y republicanos de cómo lidiar con el chavismo: que orbita entre las negociaciones (para relanzar movimientos civiles insurreccionales en Venezuela) y el uso de la fuerza, de forma respectiva). Otros antiguos funcionarios de la Administración Biden, como Juan González, exjefe para América Latina del Consejo de Seguridad, han afirmado que no existen prueba que Maduro lidere un cartel del narcotráfico. “Esto nos puede llevar a un cambio de régimen que corre el riesgo de arrastrar a los soldados estadounidenses a otra guerra eterna”, aseguró González.

Pero no es el único lugar donde hay cuestionamiento; dentro del movimiento MAGA, para Steve Bannon, antiguo estratega de Trump, “existe controversia por la operación de drogas porque, quizás, el fentanilo viene más de México y del Partido Comunista chino que de Venezuela”. Según él; “Fox ha centrado su atención en Venezuela ya que hay que iniciar una guerra en algún lugar. No es que Maduro no sea brutal. Pero hay asesinos por todas partes. ¿Es eso lo que se supone que debemos hacer; vagar por el planeta provocando guerras? ¿Es esto lo que hacemos ahora?”. Para Laura Loomer, una influencer cercana a la Casa Blanca, por ejemplo, el premio Nóbel de la Paz a María Corina Machado es para alguien; que está fomentando y promoviendo activamente un cambio de régimen violento en Venezuela, y aparece en Fox News todos los días esperando que paguemos por ello, a pesar de estar llena de dinero. ¿Cómo es que nadie habla nunca de lo rica que es esta mujer? ¿De dónde sacó su dinero? ¿Cómo es que su impulso a un cambio de régimen es pacífico? Me parece increíblemente inapropiado que Fox News esté transmitiendo segmento tras segmento pidiendo una invasión estadounidense a gran escala de Venezuela para derrocar a Maduro”.




Esta discusión pública se refleja en las pujas internas que hay entre el secretario de Estado, Marco Rubio, y el enviado especial para Venezuela, Richard Grenell, alineado con MAGA y los intereses petroleros que ven en una intervención la posibilidad de perder el petróleo venezolano a manos de China. Después de que Trump cancelara las negociaciones con Venezuela, que según New York Times habían incluido la oferta de Maduro de condiciones preferenciales para las empresas energéticas, el columnista de Político, la mayoría de medios hablan de una supuesta directiva al Pentágono para que planifique ataques dentro de Venezuela y una supuesta frustración de Trump porque el presidente venezolano no ha decidido irse por su propia cuenta. Para el columnista de Político, Nahal Toosi; “Trump tiene muchos planes, incluyendo algunos que contemplan ataques aéreos contra objetivos del narcotráfico en territorio venezolano, pero no ha dado ninguna orden para eliminar directamente a Maduro. Pero no está convencido de enviar una fuerza de invasión total para derrocar a Maduro porque podría las alarmas en la base del MAGA, que tiene una fuerte inclinación aislacionista. ¿Pero una fuerza menor que persiga solo a Maduro, el capo de la droga? Quizás. La base de MAGA apoya mucho más la lucha contra los cárteles .

Para Toosi, además, “mantener una campaña antiMaduro sin etiquetarla oficialmente como “cambio de régimen” tiene otras ventajas. Trump se vería débil si proclamara abiertamente que intenta derrocar a Maduro, pero no funciona (la última vez no dio buena imagen). Estados Unidos también sería menos responsable de las consecuencias potencialmente costosas en Venezuela si evita una invasión total y se atiene a una misión de aplicación de la ley”. Para Peter Feaver, exasesor de seguridad nacional de la administración de George W. Bush, lo que “busca Trump es una operación de cambio de régimen de bajo costo que le permita no aplicar la regla de Pottery Barn’”, un aforismo usada por el exsecretario de Estado Colin Powell, responsable de inventar que Saddam Hussein tenía armas químicas para justificar la invasión. Según esta regla, si un país destruye otro, es responsable después de su reconstrucción y su seguridad.

Trump, en definitiva, buscaría que los propios venezolanos paguen por los costos de cualquier desastre causada por su operación, vendida por los medios como una causa justa para apoyar la lucha de una Nobel de la Paz. Por eso, para el columnista de The Washington Post, Ishaan Tharoor, es un “premio a la sombra de la guerra”.



Fuente: Bruno Sgarzini