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jueves, 23 de octubre de 2025

Camino hacia la guerra; cómo los medios de EEUU venden una intervención en Venezuela como una “causa justa”

 

 Por Bruno Sgarzini    
    Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.




     El Cartel de los Soles no nació de un operativo de drogas, ni tampoco de una mega investigación de crimen organizado, sino de un operación de prensa del medio español ABC el 27 de enero de 2015, cuando su corresponsal en Washington, Emili J. Blasco, citó las confesiones del exguardia presidencial de Hugo Chávez, Leamsy Salazar, en las justicia estadounidense, sobre que existía Salazar un “cartel” dirigido por Diosdado Cabello, por entonces presidente de la Asamblea Nacional. “Un operador del “narcoestado en que Chávez convirtió Venezuela”, según la supuesta declaración de Salazar, informante de Estados Unidos, frente a la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York.

Blasco, quien había sacado diversas noticias sobre salud de Chávez basada en informes de inteligencia estadounidense, fue el primero en lanzar una serie de notas donde se hablaba del fantasmagórico Cartel de Los Soles. Meses después, el 18 de mayo, Juan Forero, corresponsal de Wall Street Journal, habló de una investigación de la Administración de Control de Drogas (DEA), y fiscales federales de La Florida y Miami, sobre la “explosión del tráfico de cocaína” en Venezuela desde que “muchos narcos colombianos se mudaran a ese país”. Jackson Dieh, uno de los editores de Washington Post, fue mucho más allá, el 23 de mayo de ese año, al hablar de que que Chávez había convertido Venezuela en un “santuario para narcoguerrilla colombiana porque les permitió traficar con cocaína de Venezuela a los Estados Unidos con la ayuda del ejército venezolano”.


Titular de Wall Street Journal del 18 de mayo de 2015.

El Cartel de Los Soles se lanzó con fuerza este año donde también fueron detenidos por la DEA en Haití, dos sobrinos de Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro, acusados de planificar el tráfico de droga a Estados Unidos. Para buscar el origen del término, en realidad, hay que irse hasta principios de los años 90 cuando el general venezolano Ramón Guillén Dávila, jefe de los Servicios Contra Tráfico de Drogas de la Guardia Nacional venezolana, y su sucesor, Orlando Hernández Villegas, fueron acusados de haber introducido 22 toneladas de cocaína a Estados Unidos en una controvertida operación implementada por la Agencia Internacional de Inteligencia para infiltrar carteles del narco colombianos.




Hasta el día de hoy, el Departamento de Justicia mantiene una acusación contra Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López de liderar este cartel, que tiene como pruebas, por ejemplo, el testimonio del exjefe de inteligencia venezolano, Hugo Carvajal, y el exgeneral chavista (devenido en opositor) Clíver Alcalá. Sin embargo, no existen ni grandes decomisos de droga asociados al presuento cartel, ni tampoco se ha logrado una condena ni una sentencia contra ninguno de ellos. Más bien toda la investigación federal se sostiene como una forma de darle credibilidad al despliegue de Donald Trump contra el “narcotráfico” en El Caribe. Para el consejo editorial del Wall Street Journal es claro que: “el régimen de Maduro es dueño del Cártel de los Soles, llamado así por las insignias que los generales venezolanos obtienen al ascender de rango. Estados Unidos lo considera un grupo terrorista extranjero y es conocido por dirigir una operación de cocaína integrada verticalmente, desde la hoja de coca hasta su distribución en las calles estadounidenses. Un beneficio geopolítico de una política estadounidense de vigilancia más agresiva del Caribe es que probablemente interrumpirá, al menos a corto plazo, los ingresos en dólares de la dictadura de Maduro provenientes del narcotráfico, de los cuales depende para mantenerse en el poder, incluso más que del petróleo”.




La narrativa, por supuesto, va alineada con las acusaciones del secretario del Pentágono, Peter Hegseth, de que Maduro es un “capo de un narcoestado, no elegido por los venezolanos, y los dichos del secretario de Estado, Marco Rubio, de que Maduro es “un líder que inunda de cocaína las calles estadounidenses”. Para Tom Rogan de Washington Examiner, un medio pro Trump; “Maduro es el jefe de facto de dos importantes grupos del crimen organizado responsables del contrabando de drogas y la violencia en suelo estadounidense. Estos grupos son el Cártel de los Soles y el Tren de Aragua”. Por eso, el Pentágono, según Rogan, considera que tiene suficientes fuerzas desplegadas en el Caribe “para tomar y mantener instalaciones estratégicas de Venezuela, como puertos y aeródromos, para ejercer presión sobre Nicolás Maduro”. Para Fox News, un medio que con frecuencia entrevista a altos funcionarios estadounidense, “Venezuela se ha convertido en la mayor amenaza para la seguridad estadounidense”. Brandan Buck, analista del ultraderechista Cato Institute, sostiene que parece que Estados Unidos está inmerso en una versión del siglo XXI de la diplomacia de las cañoneras”.

Desde que el 5 de septiembre, la CNN reveló que Trump consideraba ataques dentro de Venezuela para presionar a Maduro, el ciclo de noticias en Estados Unidos busca sostener la tesis de una acción militar inminente, mientras los funcionarios trumpista se debaten el momento para concretar tal amenaza.

Buena parte de las líneas editoriales de los medios estadounidenses respaldan la justificación legal, presentada por la Administración Trump frente al Congreso, para invocar la ley “de conflicto armado” que permite al presidente ordenar al Pentágono ataques en el extranjero, como el bombardeo a cuatro lanchas venezolanas acusadas de llevar drogas. Según los abogados de Trump, Estados Unidos “está en guerra contra los carteles que trafican drogas a Estados Unidos”. El argumento es que Venezuela es el responsable, en parte, de las muertes por sobredosis de 76 mil estadounidenses en 2023, la mayoría por consumo de fentanilo. Venezuela, sin embargo, no es ni un gran proveedor de esta droga, ni tampoco lo es de cocaína según The New York Times, quien cuestiona la teoría legal esgrimida por la Administración Trump. Para el diario estadounidense, por las aguas venezolanas solo sale el 8% de la cocaína que llega a Estados Unidos, y ni un gramo de fentanilo.




The New York Times, alineado, en general, con la línea demócrata, ha cuestionado la credibilidad de la teoría legal esgrimida por la Administración Trump y la veracidad de las acusaciones contra Maduro. Varios reportajes sobre el tema, además, han precedido los esfuerzos de la bancada demócrata en el Senado, liderada por Adam Schiff, de California, y Tim Kaine, de Virginia, para restringir los poderes de “guerra” auto adjudicados por Trump debido a que la Administración Trump no ha presentado pruebas creíbles y pasado por encima, de la autoridad del Congreso. “Si bien compartimos con el poder ejecutivo la necesidad imperiosa de prevenir y disuadir que las drogas lleguen a nuestras costas, hacer estallar barcos sin justificación legal corre el riesgo de arrastrar a Estados Unidos a otra guerra y provocar hostilidades injustificadas contra nuestros propios ciudadanos. Este uso no autorizado e ilegal de nuestras fuerzas armadas debe cesar”, argumentó Schiff. Si bien el proyecto de ley presentado por los demócratas fue derrotada por 51 contra 49 votos en el Senado, demuestra los cuestionamientos más agresivos contra el plan trumpista.

Hasta la propia Hillary Clinton, la exsecretaria de Estado responsables de desastres como Libia, sostuvo que no existen pruebas de que los barcos bombardeados fueron de pesca, crucero, o de drogas. En su opinión, Trump usa como pretexto el “narcotráfico” para sentar las bases para una “acción militar” en Venezuela; “y quién se hará cargo, y responsable, si nos deshacemos de Maduro. Podríamos tener una Somalía gigante en la costa de América Latina. Esto ni siquiera está bien pensado; si el objetivo es detener el flujo de fentanilo, ni siquiera viene de Venezuela sino de China y México”. La crítica forma parte de las diferencias de visiones entre demócratas y republicanos de cómo lidiar con el chavismo: que orbita entre las negociaciones (para relanzar movimientos civiles insurreccionales en Venezuela) y el uso de la fuerza, de forma respectiva). Otros antiguos funcionarios de la Administración Biden, como Juan González, exjefe para América Latina del Consejo de Seguridad, han afirmado que no existen prueba que Maduro lidere un cartel del narcotráfico. “Esto nos puede llevar a un cambio de régimen que corre el riesgo de arrastrar a los soldados estadounidenses a otra guerra eterna”, aseguró González.

Pero no es el único lugar donde hay cuestionamiento; dentro del movimiento MAGA, para Steve Bannon, antiguo estratega de Trump, “existe controversia por la operación de drogas porque, quizás, el fentanilo viene más de México y del Partido Comunista chino que de Venezuela”. Según él; “Fox ha centrado su atención en Venezuela ya que hay que iniciar una guerra en algún lugar. No es que Maduro no sea brutal. Pero hay asesinos por todas partes. ¿Es eso lo que se supone que debemos hacer; vagar por el planeta provocando guerras? ¿Es esto lo que hacemos ahora?”. Para Laura Loomer, una influencer cercana a la Casa Blanca, por ejemplo, el premio Nóbel de la Paz a María Corina Machado es para alguien; que está fomentando y promoviendo activamente un cambio de régimen violento en Venezuela, y aparece en Fox News todos los días esperando que paguemos por ello, a pesar de estar llena de dinero. ¿Cómo es que nadie habla nunca de lo rica que es esta mujer? ¿De dónde sacó su dinero? ¿Cómo es que su impulso a un cambio de régimen es pacífico? Me parece increíblemente inapropiado que Fox News esté transmitiendo segmento tras segmento pidiendo una invasión estadounidense a gran escala de Venezuela para derrocar a Maduro”.




Esta discusión pública se refleja en las pujas internas que hay entre el secretario de Estado, Marco Rubio, y el enviado especial para Venezuela, Richard Grenell, alineado con MAGA y los intereses petroleros que ven en una intervención la posibilidad de perder el petróleo venezolano a manos de China. Después de que Trump cancelara las negociaciones con Venezuela, que según New York Times habían incluido la oferta de Maduro de condiciones preferenciales para las empresas energéticas, el columnista de Político, la mayoría de medios hablan de una supuesta directiva al Pentágono para que planifique ataques dentro de Venezuela y una supuesta frustración de Trump porque el presidente venezolano no ha decidido irse por su propia cuenta. Para el columnista de Político, Nahal Toosi; “Trump tiene muchos planes, incluyendo algunos que contemplan ataques aéreos contra objetivos del narcotráfico en territorio venezolano, pero no ha dado ninguna orden para eliminar directamente a Maduro. Pero no está convencido de enviar una fuerza de invasión total para derrocar a Maduro porque podría las alarmas en la base del MAGA, que tiene una fuerte inclinación aislacionista. ¿Pero una fuerza menor que persiga solo a Maduro, el capo de la droga? Quizás. La base de MAGA apoya mucho más la lucha contra los cárteles .

Para Toosi, además, “mantener una campaña antiMaduro sin etiquetarla oficialmente como “cambio de régimen” tiene otras ventajas. Trump se vería débil si proclamara abiertamente que intenta derrocar a Maduro, pero no funciona (la última vez no dio buena imagen). Estados Unidos también sería menos responsable de las consecuencias potencialmente costosas en Venezuela si evita una invasión total y se atiene a una misión de aplicación de la ley”. Para Peter Feaver, exasesor de seguridad nacional de la administración de George W. Bush, lo que “busca Trump es una operación de cambio de régimen de bajo costo que le permita no aplicar la regla de Pottery Barn’”, un aforismo usada por el exsecretario de Estado Colin Powell, responsable de inventar que Saddam Hussein tenía armas químicas para justificar la invasión. Según esta regla, si un país destruye otro, es responsable después de su reconstrucción y su seguridad.

Trump, en definitiva, buscaría que los propios venezolanos paguen por los costos de cualquier desastre causada por su operación, vendida por los medios como una causa justa para apoyar la lucha de una Nobel de la Paz. Por eso, para el columnista de The Washington Post, Ishaan Tharoor, es un “premio a la sombra de la guerra”.



Fuente: Bruno Sgarzini

martes, 17 de septiembre de 2024

La desintegración (del "mundo blanco")

 

Escritor, filósofo y activista italiano de izquierda.


El mundo blanco se está desintegrando y tambaleándose, como Polifemo cegado por Odiseo, al borde de una guerra nuclear.


"Adiós" - Obra de ISTUBÁLZ


La desintegración de Israel

No es Hamás el que está colapsando, sino Israel es el título de un artículo publicado por el periódico Haaretz el 9 de septiembre.

https://www.haaretz.com/opinion/2024-09-03/ty-article-opinion/.premium/it-is-not-hamas-that-is-collapsing-but-israel/00000191-b3bf-dffe -abf9-bfffd0a50000

El autor Yitzhak Brik, general del ejército israelí, explica por qué la guerra desatada contra la población de Gaza, a pesar de haber provocado la destrucción de todo lo que existía en ese territorio, a pesar de haber matado a decenas de miles de personas, está resultando en una derrota estratégica. para Israel. Si las FDI tienen que continuar esta guerra, o incluso ampliar el frente, según Brik, existe el riesgo de un colapso real. Según Brik, las condiciones psicofísicas de los soldados que participan en acciones de exterminio durante un año, y la escasez de reservas disponibles, conducirían al colapso y la derrota.

El agotamiento físico y mental de los torturadores israelíes recuerda lo que Jonathan Little relata en su novela The Benevolent: el estado de caos mental, las náuseas, el autohorror experimentado por los SS que mataron durante meses y años, torturaron, masacraron... y finalmente ya no soy capaz de reconocer mi propia cara en el espejo.

El horror que los exterminadores de las FDI causan en toda persona con sentimientos humanos no puede dejar de actuar como un factor de desintegración interna en aquellos que claramente pretenden competir con los asesinos de Hitler.

En su artículo, el general Brik se limita a examinar la situación militar, pero muchos signos indican que toda la sociedad israelí está al borde de la desintegración.




La atroz trampa que tendió Hamás se activó perfectamente: el dilema de los rehenes provoca una laceración que no sanará.

El odio hacia Netanyahu está destinado a generar efectos políticos explosivos cuando tarde o temprano se saquen conclusiones y se pidan cuentas por la conducta cínica de la masacre.

Además, la economía israelí lleva un tiempo colapsando, y esta no es una situación temporal, porque aquellos que tienen un nivel profesional que se puede ejercer fuera de ese país maldito se están yendo.

Los médicos se van. Los empresarios se van.

Ningún intelectual digno de ese nombre puede permanecer en un país que rivaliza con la Alemania de Hitler en ferocidad y fanatismo. Lo que queda son los fanáticos, los monstruos sedientos de sangre, los miserables que llegaron a Israel sólo para apoderarse de tierras ajenas.

Y, sobre todo, lo que se suponía era el lugar más seguro del mundo para los judíos se ha convertido en el lugar más peligroso: un lugar rodeado por el odio de mil ochocientos millones de musulmanes, un lugar donde cada coche que pasa por la calle puede girar repentinamente hacia Mata a los que esperan en la parada del autobús.

Érase una vez la cuestión de la legitimidad de Israel para existir como Estado, considerando la violencia con la que ese Estado se impuso y la violación sistemática de todas las resoluciones de la ONU. Creo que ya no surgirá la pregunta: Israel no sobrevivirá.

Su desintegración ya está en marcha y nada podrá detenerla.

El problema que surgirá mañana es otro: ¿cómo contener la furia asesina de seiscientos mil colonos fanáticos armados que se han asentado ilegalmente en Cisjordania?

¿Cómo podemos evitar que la tragedia israelí provoque un golpe nuclear, una respuesta histérica a la proliferación de la violencia en ese territorio rodeado de odio?

Israel es el símbolo de la arrogancia de Occidente que quería ser perdonado por sus pecados: después de haber aislado y rechazado a los judíos que huyeron de Hitler, después de haber exterminado a seis millones de ellos en campos de concentración, los europeos invitaron a los judíos supervivientes a ir y morir o matar en otro lugar. A cambio prometieron a Israel un apoyo inquebrantable contra los árabes y persas que, humillados por la superioridad del monstruo sionista súper armado, rodean amenazadoramente a Israel esperando el momento de la venganza.

Pero la desintegración de Israel debe leerse en el contexto de la desintegración del mundo entero, que ama definirse como libre, olvidando que se basa en la esclavitud.

Miremos a los Estados Unidos.

La desintegración de Estados Unidos

El 11 de septiembre de 2024, conmemorando a las víctimas del mayor ataque de la historia, el genocida Joe Biden dijo:

«Tal día como hoy, hace 23 años, los terroristas creyeron que podían doblegar nuestra voluntad y ponernos de rodillas. Estaban equivocados. Siempre se equivocarán. En las horas más oscuras encontramos la luz. Y ante el miedo, nos unimos para defender nuestro país y ayudarnos unos a otros".

Nos hemos unido, dice el presidente. Miente, como lo demuestra la fotografía que muestra a Harris, Biden y el entonces alcalde Bloomberg, junto a Trump y Vance.




¿Unidos en la lucha?

Me hace reír cuando veo sus caras hipócritas con las manos en el corazón. ¿Está Biden unido con Trump y Vance está unido con Harris? ¿En qué sentido estarían unidos estos sinvergüenzas que se insultan cada día esperando saber quién ganará la contienda final, destinada a acelerar la desintegración? Ciertamente están unidos para convertir el genocidio sionista en un arma. Ciertamente están unidos en la deportación de seres humanos etiquetados como extranjeros ilegales.

Pero su unidad termina ahí. En lo que al poder se refiere, son enemigos mortales.

Si Donald Trump gana en noviembre, se acaba el juego: comienza la mayor deportación de la historia, pero también la destrucción definitiva de la alianza atlántica.

¿Pero qué pasa si las cosas van de otra manera? ¿Y si gana Kamala Harris?

Los seguidores de Trump no lo ocultan: si los demócratas ganan significa que nos han robado la victoria y no nos rendiremos.

Una señora con un elegante sombrero MAGA en la cabeza, entrevistada por CNN durante una manifestación pro-Trump, lo dijo sin rodeos. En caso de ganar “habrá guerra civil”.

¿Qué significa la guerra civil en ese país donde cada ciudadano posee al menos un arma de fuego, muchos poseen cuatro, diez, veinticinco?

No creo que haya una guerra civil como ocurrió durante la guerra española, con multitudes armadas enfrentándose en un frente más o menos definido. No, no es así como se desarrolla la guerra civil de la era pospolítica y la demencia hipermediática.

Tendremos una multiplicación de los tiroteos racistas, tendremos una multiplicación de las masacres, simplemente tendremos lo que ya está ahí, pero cada vez más generalizado, duro, violento.




Kamala Harris, por su parte, dijo el 11 de septiembre:

«Hoy es un día de conmemoración solemne. Mientras lloramos las almas que perdimos en un horrible ataque terrorista el 11 de septiembre de 2001, Harris escribió: "al conmemorar este día, todos deberíamos reflexionar sobre lo que nos une: el orgullo y el privilegio de ser estadounidenses".

La señora lo dijo como es. Lo que une a los estadounidenses (que están divididos y dispuestos a llegar a las manos para tomar el poder y saquear) es el privilegio.

El pueblo estadounidense consume cuatro veces más electricidad que el promedio mundial. Y quieren seguir consumiendo desmesuradamente porque sólo atiborrarse de plástico y mierda da sentido a sus miserables vidas.

El ataque del 11 de septiembre fue una obra maestra estratégica. El gigante militar más poderoso de todos los tiempos no podía ser derrotado por nadie. Era necesario volverlo contra sí mismo, era necesario atacarlo con tal fuerza que lo volviera loco, empujarlo a acciones suicidas como la agresión contra Irak y la guerra en las montañas de Afganistán que terminó con la huida desordenada. de Kabul, el regreso de los talibanes y la humillación de la superpotencia.

Osama Bin Laden ganó su guerra iniciando un proceso de desintegración cultural, psíquica y militar del coloso que continúa desarrollándose ante nuestros ojos.

Pero no podemos esperar una desintegración pacífica del poder estadounidense. Así como Polifemo, cegado por Ulises, acuchilla a quienes se le acercan, así el coloso está destinado a reaccionar, y el teatro de la batalla final será Europa si ganan los demócratas. Será el Pacífico si ganan los republicanos.

Pero en ambos casos el coloso se tambalea a lo largo de la línea de deslizamiento hacia un abismo nuclear.


Inferno, dirigida y coreografiada por Roberto Castello, el 16 de octubre en el 
Teatro Sociale de Trento

La desintegración de la Unión Europea

Finalmente está la Unión Europea, que ahora está muy por delante en términos de desintegración, ciertamente más allá del punto de no retorno.




Mario Draghi lo dijo con la franqueza de quien no tiene nada que perder excepto su lugar ante la historia: si no somos capaces de poner en marcha un plan de inversiones y de reparto de la deuda, podemos prepararnos para la desintegración de la Unión.

Al día siguiente todos se rompieron las manos en aplausos, pero todos dijeron que los sueños de Draghi eran inalcanzables.

En primer lugar, Alemania dijo que no tiene intención de hablar de compartir la deuda, ya que comienza a pagar el precio de una guerra que estaba dirigida principalmente contra ella.

Lo que Biden y Hillary Clinton lograron provocar fue una guerra contra Alemania, y Alemania la perdió inmediatamente.

Mientras la recesión se hace probable y la guerra se avecina, los fascistas toman el gobierno de un país europeo tras otro y anulan el resultado de las elecciones en las que la coalición Úrsula creía haber ganado y en cambio no ganó nada.

A pesar de tener una mayoría en el inútil Parlamento Europeo, en realidad debe hacer frente al avance de la derecha que, a pesar de no tener una mayoría en Estrasburgo, tiende a tenerla en todos los países del continente.

En Francia y Alemania hay dos gobiernos que no tienen mayoría. El golpe de Macron podría conducir a una reanudación del conflicto social con características cada vez más violentas. O puede evolucionar con un golpe final de los lepenistas.

En Alemania, se ha abierto el choque entre dos visiones geopolíticas irreconciliables: la visión atlántica, por obediencia a los amos estadounidenses que ya han empujado al gobierno de Scholz a romper los vínculos económicos con Rusia y, por tanto, al desastre económico. O la visión continental que implica un equilibrio con Rusia, pero una ruptura políticamente imposible con la OTAN.

El único factor de integración que les queda a los europeos (y a los estadounidenses, por cierto) es el miedo a la marea humana que los asedia en las fronteras y a la adopción de medidas cada vez más inhumanas contra los inmigrantes.

La fortaleza se cierra hacia el mundo no blanco, pero el progreso de la guerra entre blancos y la desintegración política y cultural está llevando al mundo blanco hacia una guerra nuclear.


Fuente: Franco Berardi