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miércoles, 1 de abril de 2026

Los valores familiares de Epstein

 

 Por Melinda Cooper   
      Profesora de Sociología en la Universidad de Sídney, Australia. Su investigación está centrada en la bioeconomía y en la relación entre el neoliberalismo y el neoconservadurismo norteamericano.


El depredador sexual estaba fascinado por el transhumanismo y soñaba con propagar su ADN entre la raza humana


     Una de las características más extrañas de la extrema derecha estadounidense contemporánea es la emergencia de los “padres primigenios”, patriarcas del Antiguo Testamento que quieren procrear no solo una familia, sino una raza. Elon Musk es el más conocido de estos Abrahams aspiracionales, aunque no es en absoluto el único.


Valores de la familia Epstein

Un extenso informe del Wall Street Journal documentó el deseo de Musk de engendrar lo que él llama una “legión” de hijos que salvarían a la humanidad de la caída demográfica y transmitirían sus genes superiores en un futuro lejano.

Un cohete de Space X está listo para transportar su semilla más allá de la Tierra en un proceso similar a la panspermia inversa, la teoría de que la vida orgánica llegó a nuestro planeta a través del polvo espacial.


Panespermia.

Actualmente se cree que Musk tiene al menos 14 hijos con cuatro mujeres, cuyos asuntos legales y financieros son gestionados en parte por Jared Birchall, director de su oficina familiar. “Vamos a tener que usar gestantes subrogadas”, escribió Musk en un mensaje de texto a una de ellas, para “alcanzar el nivel de legión antes del apocalipsis”. Como preparación para esta ampliación de operaciones, adquirió un complejo multiresidencial en Austin, Texas.



Ashley St. Clair y el hijo que tuvo con Elon Musk.

El pronatalismo de Silicon Valley es generalmente entendido como eugenésico, una lectura que capta el deseo de purificación racial, pero no el proceso distintivo mediante el cual se persigue la pureza. Los eugenistas estadounidenses “clásicos” de la era progresista buscaban erradicar la anomalía genética, a la que consideraban responsables de la degeneración mental y otras enfermedades sociales.

Por el contrario, Musk y los de su calaña están inmersos en la pseudociencia del transhumanismo, menos preocupados por la eliminación del error que por la exaltación de la desviación excepcional. El patriarca ideal es aquel que rompe con la distribución normal de la inteligencia con su súper coeficiente intelectual. No solo busca preservar el patrimonio genético blanco, sino resucitarlo sobre nuevos nacimientos santificados. Los padres primigenios son venerados como los fundadores de una nueva raza, más que como los antepasados ​​de una antigua.


Dios en la máquina: mi extraño viaje al transhumanismo.

El padre primigenio es la materia del mito. En Tótem y tabú , Freud sugirió que el inconsciente primitivo estaba habitado por un patriarca autoritario y una horda de hijos envidiosos. El padre exige derechos de propiedad exclusiva sobre todas las mujeres, independientemente de su edad y parentesco. Su reinado autocrático solo es sustituido cuando los hermanos se rebelan, lo asesinan y establecen un nuevo régimen en el que las mujeres son propiedad comunitaria. Freud reconoció con franqueza que era una prehistoria falsa. No había ningún subtexto evolutivo o antropológico detrás del mito de la horda primitiva, solo los rastros borrados en la mente de sus pacientes.

Sin embargo, esta fantasía a veces es representada en la vida real. Esto es más evidente en el caso de los líderes de sectas, quienes, con una fascinante previsibilidad, terminan instaurando un régimen de sexo comunitario obligatorio sobre el que ostentan derechos de monopolio absolutos. Ellos también prefieren los complejos a las residencias unifamiliares y, cuando se enfrentan al reto de la sucesión, recurren a fantasías de inmortalidad y deificación. Su normalización del apocalipsis inminente puede leerse como la traducción cósmica de este miedo: a los líderes de sectas les resulta más fácil imaginar el fin del mundo que la pérdida de su poder personal.

No hace falta decir que este ethos está claramente en desacuerdo con los valores familiares tradicionales defendidos por la derecha religiosa (una de las razones de la estrepitosa discordia entre las distintas líneas de la coalición MAGA). Los padres primigenios quieren un hogar ampliado, no una familia. Transgreden con gusto los tabúes conservadores contra el adulterio, el incesto y las relaciones sexuales intergeneracionales porque todos los miembros de su hogar tienen el estatuto de sirvientes, cualquiera sea su parentesco sanguíneo.

Las características distintivas de sus economías domésticas se hacen más evidentes cuando consideramos el caso de Jeffrey Epstein. Al igual que Musk, Epstein estaba fascinado por el transhumanismo y soñaba con propagar su ADN entre la raza humana. En 2008, después de ser condenado por solicitar prostitución a menores, fantaseaba con retirarse a su rancho Zorro en Nuevo México para embarazar hasta a 20 mujeres a la vez. En sus memorias publicadas póstumamente, Nobody’s Girl, Virginia Roberts Giuffre, que a los 16 años fue reclutada por Epstein y su entonces novia Ghislaine Maxwell, relata que sus abusadores le propusieron conservarla como madre sustituta de su futuro hijo, sobre el que ella no tendría ningún derecho de custodia. Le pagarían 200.000 dólares al mes por criar al niño y acompañarlo por todo el mundo para encuentros con Epstein. Temiendo que su hijo fuera abusado, Giuffre elaboró un plan de fuga.

El caso de Epstein es más instructivo que el de Musk porque combina las dos economías de propiedad sexual que Freud distinguió en el inconsciente primitivo: la fratriarcal y la patriarcal. Epstein fue capaz de forjar vínculos firmes con sus compañeros depredadores diciéndoles “lo que es mío es tuyo” y conservando la evidencia fotográfica. En este sentido, estableció un sistema fratriarcal en el que las mujeres jóvenes y las niñas se compartían entre hermanos primigenios como una forma de cohesión social. Pero Epstein también quería conservar al menos a algunas de estas mujeres como su propiedad inalienable. Las madres de sus futuros hijos debían estar en una zona prohibida, secuestradas tras los muros de un complejo inaccesible.

La economía doméstica de Epstein asignaba así a las mujeres a uno de los dos regímenes de propiedad sexual, con algunas pasando del fratriarcado al patriarcado a medida que crecían. Todas las mujeres y niñas son propiedad de un solo hombre, o todas las mujeres y niñas son propiedad de todos los hombres.

2.

Freud consideraba que la horda primitiva pertenecía directamente al reino del inconsciente. Solo salía a la superficie en momentos de transgresión organizada, como los carnavales. Pero no hay nada mediado o subliminal en el deseo de la extrema derecha de Silicon Valley de recrear el conflicto entre padres y hermanos primigenios. De hecho, su principal “filósofo”, Peter Thiel, miembro de la «mafia de PayPal» original, descubrió a Freud por primera vez a través de la obra de René Girard, el filósofo cristiano que dictó clases en Stanford en la década de 1990.

Thiel sigue definiéndose girardiano hasta el día de hoy, pero su lectura de Freud es sui generis. En Zero to One, un resumen de su filosofía empresarial con la extensión de un libro, utiliza Tótem y tabú como un prisma a través del cual analiza la economía política de una empresa de Silicon Valley controlada por sus fundadores. Celebra a los fundadores de startups como hermanos iconoclastas, decididos a derrocar el poder paternal de los monopolios de turno como Google, Amazon o Microsoft. La alianza de los tech bros demostró su poder disruptivo, pero Thiel advierte acertadamente que los roles primigenios no son fijos. Tan pronto como su padre es sacrificado, la hermandad desciende a una competencia asesina, en la que cada hijo afirma su derecho individual a crear un monopolio. “Los fundadores extremos no son nuevos en la historia”, escribe Thiel, señalando a Edipo y Rómulo.

Gracias a la más reciente colección de documentos revelados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, ahora sabemos que Epstein era cercano a las figuras más destacadas de la extrema derecha de Silicon Valley. Después del Brexit, intercambió correos electrónicos con Thiel celebrando el “regreso del tribalismo” y antes de su muerte invirtió millones en las empresas tecnológicas de Thiel. Epstein se habría reconocido a sí mismo en el retrato que Thiel hace del trágico fundador: se veía a sí mismo como alguien que operaba “por encima de la ley” y estaba destinado a crear sus propias leyes. Según Giuffre, interrogaba sin cesar a sus víctimas sobre su infancia en busca de signos de vulnerabilidad, pero era reticente ante cualquier indagación sobre su propia crianza. Epstein, al parecer, venía de la nada, un hijo huérfano. En uno de los artefactos de la última colección del Departamento de Justicia, una entrevista en video grabada por Steve Bannon, se presentaba a sí mismo como un outsider –“Jeffrey Epstein, solo un buen chico”– sin el lastre de las largas biografías que arrastran personajes como Bill Clinton o Paul Volcker.

Si la mitología del padre primigenio es la imagen de la forma de negocio preferida por la nueva élite, también se aplica de otra manera a sus organizaciones domésticas. La referencia adecuada aquí no es la familia nuclear sino la economía doméstica, donde la producción es inseparable de la reproducción y la gestión de los activos empresariales es coextensiva con la preservación de las posesiones familiares.

La extrema riqueza generada desde la crisis financiera mundial reavivó una forma de trabajo que, al menos en el mundo anglosajón, se había vuelto cada vez más infrecuente a mediados del siglo XX: el servicio doméstico a gran escala, a largo plazo y dentro del propio hogar. Pensemos en Palm Beach, donde Trump y Epstein hace tiempo se codeaban y que ahora es el hogar de muchos de los multimillonarios de Estados Unidos (así como de los aliados más cercanos del presidente). En la última década, se mudaron allí el fundador de Blackstone y megadonante republicano Steve Schwarzman, así como Ken Griffin de Citadel, y el gerente de fondos de cobertura Paul Tudor Jones. Otros, como la viuda de David Koch, Julia, y el cofundador de KKR, Henry Kravis, son residentes de larga duración. Sus hogares no son solo domicilios, sino importantes fuentes de empleo, cada uno de ellos atrae a muchísimos trabajadores permanentes y temporarios de las zonas más pobres del condado de Palm Beach y de lugares tan lejanos como Nueva York, Irlanda, Sudáfrica y Rumanía.

Esta forma de servicio doméstico está tácitamente regida por algo parecido a las leyes del “amo y sirviente”, una forma de empleo que en su día otorgaba a los amos un dominio virtual sobre su esfera privada de gobierno y castigaba a los trabajadores con sanciones criminales como el arresto domiciliario, el encarcelamiento e incluso el castigo corporal. Dados el origen de las leyes del amo y el sirviente en la Inglaterra medieval, sería fácil identificar este desarrollo como un retorno al feudalismo, una lectura cada vez más popular de la coyuntura actual, como lo ejemplifica la reciente obra de Yanis Varoufakis.


Tecno-feudalismo. El sigiloso sucesos del capitalismo.

El argumento le debe mucho a Marx, quien insinuó que el servicio doméstico personal se volvería obsoleto a medida que las relaciones feudales dieran paso al libre contrato laboral. Pero recordemos que, contrariamente a las predicciones de Marx, el servicio doméstico se expandió a finales del siglo XIX, no a pesar de sino debido a la creciente concentración de la riqueza industrial y financiera. Además, las relaciones entre amos y sirvientes perduraron hasta bien entrado el siglo XX y resurgieron en las recientes décadas, si no en acuerdos legales formales, al menos en acuerdos de facto.

Estas leyes resultaron especialmente difíciles de eliminar en lo que respecta al trato de los sirvientes domésticos, principalmente mujeres negras: cualquier intento de organización laboral se topaba con el argumento de que eran miembros de la familia y, por lo tanto, estaban expuestos a ser tratados con las mismas formas de abuso que los familiares más cercanos. Aquí nos hacemos una idea clara de la “confusión de categorías” que reina en la economía doméstica. Mientras que la familia nuclear postula una separación ideal entre el hogar y el mercado, la vida personal y la laboral, las leyes sobre amos y sirvientes asumen una fusión completa entre ambas esferas.

Epstein era propietario de múltiples propiedades de gran tamaño –en Palm Beach, Nueva York, París y Nuevo México– así como de una isla privada, Little Saint James. Su nómina incluía a docenas, quizá cientos, de empleados internos, desde asesores legales y guardaespaldas hasta choferes, cocineros, personal de limpieza, jardineros, trabajadores de mantenimiento y “masajistas”. Los visitantes describen una jerarquía de asistentes cuya relación precisa con Epstein –íntima o comercial– a veces era difícil de discernir. Los socios de negocios masculinos como el abogado Alan Dershowitz eran amigos y, según los alegatos de algunas víctimas, participantes ocasionales en crímenes sexuales. En Relentless Pursuit, Bradley J. Edwards, un abogado de Florida que representó a unas 20 víctimas de Epstein, sugiere que un grupo de novias oficiales, típicamente más grandes y más ricas, formaban un círculo íntimo privilegiado y a veces eran cómplices de los abusos. Si la relación terminaba en buenos términos, podían ascender y unirse a Maxwell como proxenetas a tiempo completo de chicas jóvenes.

3.

El origen de la fortuna de Epstein permanece elusivo. Sabemos que trabajó como asesor financiero y planificador patrimonial no calificado para multimillonarios como Les Wexner (Victoria’s Secret), Leon Black (Apollo Global Management) y, según las más recientes revelaciones, el magnate inmobiliario Mortimer Zuckerman y la heredera Ariane de Rothschild. Los extraordinarios honorarios que le pagaban estas personas siguen desafiando cualquier explicación. Lo que sí sabemos es cómo utilizaba Epstein ese dinero: como fondos ilegales para su negocio de mecenazgo a tiempo completo. En sus tratos con otros hombres de la élite, les prometía favores financieros y sexuales. Sus beneficiarios podían recibir financiación para una unidad de investigación junto con una visita aparentemente sin riesgos a la residencia de Epstein, repleta de documentación fotográfica. A cambio, se esperaba que le aseguraran el acceso a círculos de influencia cada vez más altos.

Tanto financiera como sexualmente, Epstein vinculó su reputación a la de sus beneficiarios. Cualquier daño a su nombre inevitablemente mancharía el de ellos. Durante muchos años, este acuerdo se tradujo en una inmunidad legal virtual. En 2008, los fiscales federales fracasaron en el intento de presentar cargos completos por tráfico sexual contra él, a pesar del testimonio de 36 mujeres jóvenes.

Epstein se presentaba como un mecenas incluso ante sus jóvenes víctimas. A las estudiantes que recogía en Nueva York les prometía fondos para cubrir los gastos de matrícula en universidades de la Ivy League o una buena recomendación ante el propietario de una famosa galería de arte. Las adolescentes de los parques de casas rodantes de West Palm Beach podían convertirse en masajistas profesionales o, como mínimo, en reclutadoras a tiempo completo de otras chicas. (La fugitiva Giuffre iba a recibir formación profesional como masajista en la escuela más prestigiosa de Tailandia). Muchas víctimas veían su patrocinio como una alternativa económica genuina. Según el abogado Edwards, varias de las víctimas a las que representó fueron abusadas durante su infancia o procedían de hogares violentos. Algunas estaban sinceramente agradecidas de que Epstein las hubiera rescatado del trabajo sexual mal remunerado.

No se trataba solo de los 100 dólares por una primera sesión de “masaje”: Epstein también prometía una especie de trayectoria profesional. Sin embargo, el patrocinio sexual se convirtió rápidamente en servidumbre sexual: aunque era generoso con sus pequeños regalos, nunca cumplió sus grandes promesas. El objetivo era mantener a sus víctimas en un estado de endeudamiento permanente.

Debido a que Epstein involucraba a casi todas las personas con las que se relacionaba en lazos proliferantes de obligaciones y dependencias, la tarea de asignar culpas resulta extrañamente difícil. Es probable que todo su personal doméstico fuera cómplice, en mayor o menor medida, de sus abusos sexuales. Muchos de ellos debían tener conocimiento directo de lo que sucedía: el famoso cocinero que recibía a las jóvenes en la cocina antes de que subieran las escaleras, los chóferes que llevaban a Maxwell por Nueva York mientras buscaba estudiantes, la empleada doméstica que limpiaba las habitaciones y los baños. Incluso las víctimas más modestas de Epstein supuestamente podían escapar de las peores formas de abuso reclutando a otras chicas. Más de una describió la economía doméstica de Epstein como un elaborado esquema piramidal en el que se animaba a las participantes a verse a sí mismas como contratistas independientes, libres de dirigir sus propios “pequeños negocios” en la moda o el arte, siempre y cuando también cumplieran con las necesidades de reclutamiento del amo. ¿En qué momento el interés propio dependiente se convirtió en complicidad?

En sus declaraciones ante la policía y la fiscalía, las víctimas llaman la atención sobre la asombrosa familiaridad que Epstein y Maxwell creaban en medio de los abusos más horribles. Una chica comió pochoclo y vio Sex and the City con ellos antes de ser agredida. Según otro testigo, Maxwell se comportaba como una hermana mayor genial, introduciendo a sus hermanos en un mundo de sofisticación adulta.

Los lazos de parentesco, a diferencia de las relaciones del libre mercado, evocan una forma de obligación no contractual, un vínculo que no se puede disolver fácilmente a cambio de dinero. La economía doméstica extiende estas obligaciones no contractuales tanto a los trabajadores como a los miembros de la familia, borrando la distinción fundamental entre ambos (aunque no las jerarquías internas). Una antigua víctima tuvo problemas para escapar de Epstein porque se sentía en deuda con él como “amigo, figura paterna, empleador y amo”. Giuffre relata que Epstein y Maxwell actuaban como sus padres, proporcionándole atención dental y enseñándole modales en la mesa.

Sin embargo, en otras ocasiones, Virginia era como una madre para él, le ponía las medias a la mañana y lo metía en la cama a la noche. “Epstein y Maxwell consolidaron su poder sobre mí ofreciéndome un nuevo tipo de familia”, escribe. “Epstein era el patriarca, Maxwell la matriarca, y estos roles no eran meramente implícitos. A Maxwell le gustaba llamar a las chicas que atendían regularmente a Epstein sus ‘hijas’”. Los lazos emocionales que la unían a Epstein se sentían reales: “No era exactamente amor, pero creo que la palabra adecuada es lealtad”.

Sin embargo, la deuda no era reversible. Epstein podía romper los lazos con cualquier miembro de su hogar a voluntad, pero nadie podía hacer lo mismo, especialmente sus jóvenes víctimas. Giuffre emigró a Australia para escapar, pero seguía “muerta de miedo” de él. Muchas otras mujeres testificaron que Epstein y Maxwell las amenazaron con matarlas si intentaban escapar o denunciaban los abusos.

4.

Puede que la familia Epstein haya alcanzado extremos de sadismo, pero su economía política se vuelve menos excepcional hoy en día. Cuando un solo individuo dispone de más dinero que una agencia gubernamental que concede subvenciones o una universidad dedicada a la investigación, el impacto en la producción de conocimiento y las relaciones académicas es profundo. El mismo efecto dominó se puede observar en el sector de los servicios y la vivienda, ya que los complejos de los multimillonarios comienzan a moldear el futuro de economías urbanas enteras. Sin duda, la empresa familiar de Epstein era única por su auténtica complejidad organizativa, pero el tipo de obligación personal y de endeudamiento que inspiraba entre sus dependientes es ahora una característica estándar de la economía familiar de los multimillonarios.

Esta reflexión ayuda a aclarar el papel catalizador que admite el movimiento #MeToo en nuestro actual ciclo de reacción conservadora. Es difícil llevar la cuenta de los hombres de todo el espectro político que en los últimos años experimentaron conversiones arrepentidas a la extrema derecha trumpista. Cuando se les pide que expliquen su cambio de opinión, señalan repetidamente anécdotas de agresiones sexuales que parecen demasiado triviales, por no decir ridículas, como para haber provocado una sensación de colapso histórico mundial. La aparente discrepancia tiene más sentido cuando recordamos que el #MeToo se originó en un sector particular de la industria cinematográfica: el mundo altamente personalizado de los estudios privados de cine independiente. Como cofundador de Miramax y The Weinstein Company, Harvey Weinstein era el producto de una peculiar sociedad controlada por sus fundadores estilos en la que los propietarios-gerentes gozan de un poder desenfrenado sobre su personal y sus clientes. El movimiento #MeToo representó un ataque directo a su poder sexual y económico combinado. No es una sorpresa que Epstein y Weinstein fueran amigos. O que hombres de todo el espectro político contactaron a Epstein en busca de consejo cuando lidiaban con acusación de abuso sexual después del #MeToo.

Gracias a nuestra creciente reflexión sobre el mundo de Epstein, obtuvimos una imagen más clara de la lógica psíquica y económica de la extrema derecha contemporánea. Al igual que Epstein quería cerrar todas las vías de escape a sus víctimas femeninas, Trump y sus reaccionarios tecnológicos quieren acabar con todas las alternativas a la economía doméstica y convertir la presidencia en una empresa familiar controlada por su fundador. Los ataques al Estado administrativo, al sector público y a los sindicatos, así como la transformación de los agentes de control fronterizo en una milicia personal, pueden entenderse como parte de un programa más amplio para extender la regla del amo y el sirviente a toda la economía. Quizás si todos nos convertimos en conductores de Uber, vendedores tercerizados de Amazon, contratistas comerciales de magnates inmobiliarios o académicos que le suplican a los multimillonarios, ¿entonces el fundador estará a salvo del sacrificio colectivo?

Las víctimas de Epstein experimentaron la regla del amo y sirviente no solo como violencia económica sino también sexual. Fueron las primeras en nombrar y resistir nuestro orden político emergente.


Fuente: Ctxt

lunes, 9 de junio de 2025

Ignora a Elon Musk. Préstale atención a Russell Vought

 

 Por Branko Marcetic  
      Redactor de Jacobin Magazine y autor de Yesterday’s Man: The Case Against Joe Biden.


Elon Musk fue expulsado de la Casa Blanca de Trump. Su comportamiento errático y sus payasadas lo convirtieron en un blanco fácil para los medios de comunicación. Pero Musk siempre estuvo llevando a cabo la agenda del autor del Proyecto 2025, Russell Vought, que sigue teniendo mucho poder.



     Al abandonar oficialmente la Casa Blanca, Elon Musk se quejó repetidamente de que él y su Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés) se convirtieron en el «chivo expiatorio» de la administración, absorbiendo la culpa y la indignación por casi todo lo que hicieron el presidente y su equipo que no le gustó a la gente. Lo curioso es que esta es una de las pocas veces que el multimillonario de Tesla tiene razón en algo.




Durante los últimos cinco meses, Musk fue una bolsa de boxeo muy útil para los demócratas, la izquierda en general, la prensa y cualquiera que quisiera dañar políticamente a la segunda administración Trump. ¿Y quién puede culparlos? Su extraño comportamiento, su flagrante corrupción y su antipatía general eran perfectos para generar clics y compartidos, por no hablar de que lo convertían en un blanco fácil para los críticos de Trump que buscaban vincular al presidente a un barco que se hunde, lo que tuvo consecuencias políticas reales para la administración.




Así que no es de extrañar que, incluso mientras los medios de comunicación publican artículos en los que se hace un balance de la etapa de Musk en el Gobierno, la cobertura esté salpicada de sugerencias de que no se va de verdad y que seguirá ejerciendo influencia sobre la Casa Blanca de Trump desde afuera, por lo que será responsable de lo que esta haga a partir de ahora. Sin duda, esto será al menos en parte cierto, y el público parece estar de acuerdo. Pero intentar mantener el foco de atención en un Musk que ya se marchó puede que no sea tan eficaz políticamente como esperan los críticos, y se corre el riesgo de no comprender lo que realmente está sucediendo en la Casa Blanca de Trump.

La realidad es que, aunque Musk era y sigue siendo un conveniente contrapunto político, incluso cuando estaba en el meollo de la acción en la Casa Blanca, solo hacía el trabajo sucio y práctico de otra persona: Russell Vought, el arquitecto del Proyecto 2025 y director de la Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB) de Trump.

Cualquiera que desee pedirle cuentas a la administración Trump, por no hablar de intentar comprender lo que quieren hacer quienes la dirigen, debe dejar de centrarse en el multimillonario y fijar su atención en Vought. Si la política estadounidense fuera Kill Bill, Musk y su equipo DOGE serían los secuaces extravagantes y pintorescos con los que la Novia pasa la mayor parte de su tiempo y energía, mientras el anónimo Bill espera, impasible, y dirige los hilos desde salas oscuras alejadas de la acción.

Cambiar el foco de atención a Vought será complicado, porque pasó este primer semestre de máxima indignación por los recortes a DOGE trabajando en silencio y fuera de la vista, porque es mucho menos mediático y menos propenso a generar clics y audiencias que el escandaloso Musk, y en general es una figura menos errática y más entrenada para los medios de comunicación, por lo que no es probable que cree el mismo conjunto de dolores de cabeza políticos para la Casa Blanca. Pero, aparte del propio presidente, él es la fuerza motriz de la agenda de Trump, y ahora va a empezar a actuar como tal.

El Wall Street Journal informó hace ya un mes que, con Musk fuera de juego, Vought se convertirá ahora en el arquitecto oficial del programa de austeridad de Trump, trabajando con el Congreso para realizar más recortes y obtener la aprobación legislativa de algunos de los ya realizados bajo Musk, al tiempo que recorre los medios de comunicación para vendérselos al público. El domingo pasado, Vough estuvo en la CNN defendiendo los recortes y otras partes de la agenda de la Casa Blanca.


Russ Vought llega a una audiencia ante el Comité de Seguridad Nacional del Senado en el Capitolio, el 15 de enero de 2025.

Pero no es que antes estuviera de brazos cruzados. Vought fue, incluso antes de ser nombrado para un cargo en el Gobierno, el responsable de la desastrosa orden ejecutiva de Trump de enero que suspendía todas las subvenciones federales, que la Casa Blanca se vio obligada a revocar rápidamente. Toda la teoría jurídica y el enfoque en que se basa el DOGE —por la que que el presidente de los Estados Unidos puede simplemente negarse a gastar el dinero que el Congreso ya autorizó para diversos organismos y programas, y puede desmantelarlos o eliminarlos por completo a su antojo— proviene de Vought, que ha estado muy estrechamente involucrado en los recortes del DOGE desde su mismo inicio. En su conjunto, el segundo mandato de Trump siguió muy de cerca el Proyecto 2025, el plan político en cuya elaboración Vought desempeñó un papel fundamental. Y él mismo admitió el año pasado a unos periodistas encubiertos que seguiría influyendo en la política de Trump desde fuera del Gobierno, incluso si no se le concedía un cargo en la Casa Blanca.


La línea entre dónde termina el trabajo del Departamento de Eficiencia Gubernamental de Elon Musk y dónde comienza el de la Oficina de Administración y Presupuesto de Russ Vought es difusa.

Si se analizan los presupuestos y las políticas que Vought redactó y defendió mientras trabajaba en el Congreso o como activista, se comprueba rápidamente que los recortes atribuidos a Musk se habrían producido de una forma u otra mientras Vought estuviera en la Casa Blanca. A lo largo de los años, se manifestó a favor de privatizar el Servicio Postal de Estados Unidos y derogar el Obamacare, así como de recortar o eliminar el Departamento de Educación, Medicaid, USAID, la radiodifusión pública, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la Autoridad Federal de Aviación y muchos más.

También ayuda a ver hacia dónde es probable que se dirija la administración Trump en el futuro. Vought lleva mucho tiempo teniendo en su punto de mira a grandes prestaciones sociales como la Seguridad Social (que quiere privatizar) y Medicare, y hace dos años reconoció abiertamente que su objetivo es utilizar la actual oleada de recortes para acostumbrar al público a la idea, de modo que en algún momento se pueda atacar a estos grandes programas que antes eran «intocables».

Pero esto es precisamente por lo que Vought podría, de hecho, convertirse para Trump en un lastre político tan grande como lo fue Musk: solo se necesitarían críticas sustantivas y bien dirigidas, menos propicias para los titulares sensacionalistas que las que suscitó Musk. Hasta ahora, eso no sucedió.

La prensa liberal tendió a presentar a Vought como un temible «nacionalista cristiano», un término que no significa mucho para el ciudadano medio y que incluso puede resultar atractivo para un público que sigue siendo mayoritariamente cristiano y que, como cualquier población, considera que su propio interés nacional es su máxima prioridad. Mientras tanto, en su entrevista dominical con el director de la OMB, la periodista de la CNN Dana Bash, dedicó mucho tiempo al tema de la teoría de Vought sobre la «incautación» y su constitucionalidad, un tema jurídico importante pero arcano que probablemente no resulte muy interesante para muchos.

Lo que es acertado y constituye una línea de crítica más eficaz es que la ideología de Vought —un fanatismo militante y antigubernamental que le lleva a considerar como completamente ilegítima la inversión pública en infraestructura y a querer eliminar o vender al mejor postor prácticamente todos los programas gubernamentales, desde Medicaid hasta la NASA— es ajena y poco atractiva para la mayoría de los estadounidenses modernos, incluida la propia base obrera de Trump, y que los perjudicará, a ellos y a sus seres queridos. Una mayoría récord de estadounidenses, la más grande en treinta años, ahora quiere que el gobierno haga más para resolver los problemas del país, no que haga menos o que apenas exista, como sueña Vought.

Si se conoce la historia de Vought, se sabe que toda su carrera estuvo definida por el hecho de que sus objetivos políticos resultaron tan tóxicos para los estadounidenses de a pie, incluyendo a los votantes republicanos, que nunca pudieron promulgarse democráticamente. La gran queja de Vought es que cada vez que redactaba un presupuesto que eliminaba la asistencia sanitaria para la gente y disolvía la mitad del Gobierno (excepto el Pentágono, por supuesto), nunca se aprobaba, porque los miembros republicanos del Congreso que apoyaban de palabra su ideología antigubernamental se echaban atrás cuando al darse cuenta de que sus electores los destrozarían si se atrevían a ponerla en práctica.

Esto es lo que finalmente llevó a Vought a Trump. Vought declaró abiertamente que tanto el consenso político estadounidense como la opinión jurídica mayoritaria están tan lejos de su visión antigubernamental y que la única forma de hacerla realidad es tomar medidas radicales y sin precedentes, como confiarle a un presidente todopoderoso la tarea de desmantelar por sí solo el gobierno federal y declararle la guerra a los demás poderes si se interponen en su camino. Esto es asombrosamente antidemocrático, pero también es antidemocrático por necesidad, en tanto está al servicio de una agenda política que resultaría repulsiva para la mayoría de los estadounidenses si estuvieran debidamente informados al respecto.

De hecho, ya lo demostró: basta con ver la furiosa reacción pública a la suspensión de las subvenciones impulsada por Vought, que obligó a los miembros republicanos del Congreso a presionar a la Casa Blanca para que la revocara, o la ira que los republicanos están expresando en los ayuntamientos por el avance de presupuestos que diezman Medicaid, siguiendo el modelo trazado por Vought.

La salida de Musk debería ser una oportunidad para volver a centrar la atención en Vought, que logró pasar bastante desapercibido durante los últimos cinco meses gracias a la búsqueda de atención del multimillonario de Tesla. Puede que Vought no sea un personaje tan pintoresco, pero si el público supiera con precisión lo que cree y planea hacer, quedaría igual de perturbado por su influencia en la Casa Blanca.


Fuente: JACOBIN

martes, 22 de abril de 2025

La doble cara de la motosierra trumpista: recortes públicos y contratos privados para empresas de Musk

 

 Por Bruno Sgarzini    
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     En su nueva presidencia, Donald Trump parece aplicar una doctrina de “conmoción y pavor” sobre la Administración pública estadounidense a través del Departamento de Eficiencia de Elon Musk. Al igual que otros gobiernos, como el de Javier Milei, la motosierra pasa por las agencias estatales sin discriminar las funciones esenciales del Estado y analizar los efectos colaterales de los recortes. También con claros conflictos de intereses que benefician los negocios del magnate.




Estos son algunos de los casos más ejemplares de la motosierra trumpista: que van desde el ataque a los programas sociales hasta el despido masivo de técnicos nucleares y contratos para empresas de Musk.

1. Los recortes de Elon Musk pueden “colapsar” el principal organismo que lucha contra la “pobreza”.

La Administración del Seguro Social es considerada como el "tercer carril" de la política estadounidense por su papel crucial en mantener a millones de personas fuera de la pobreza, atiende mensualmente a 73 millones de beneficiarios con pagos de jubilación, supervivencia y discapacidad. Sin el dinero del Seguro Social, 22 millones más de adultos y niños estarían por debajo de la línea de pobreza, según el Center on Budget and Policy Priorites.

Por los recortes del Departamento de Eficiencia de Musk, la administración enfrenta una reducción del 12% de su personal cuando ya opera con la plantilla más baja en 50 años. También se prevé el cierre de seis oficinas regionales y más de 40 oficinas locales de atención al público, lo que dificultaría el acceso a servicios vitales para las poblaciones más vulnerables. La combinación de recortes de personal, cierres de oficinas y pérdida de experiencia técnica está creando una tormenta perfecta que amenaza con interrumpir la entrega puntual de beneficios de los que dependen millones de estadounidenses para su supervivencia diaria.




Los recortes en la Seguridad Social amenazan con colapsar el sistema que mantiene lejos de la pobreza a 22 millones de estadounidenses.

Angela Digeronimo, especialista de reclamos con 28 años en la agencia, advierte que los tiempos de espera para determinar elegibilidad en programas de discapacidad, que ya alcanzaban ocho meses, se están extendiendo peligrosamente. "Más personas morirán mientras esperan una determinación médica sobre su reclamación de discapacidad", afirma con preocupación. Si bien las prestaciones del Seguro Social no pueden modificarse sin la aprobación de una ley del Congreso, los recortes impactan en los procesos burocráticos para la entrega de cheques pago y la posibilidad de que nuevas personas entren al sistema.

Para Shelley Washington, vicepresidenta ejecutiva de la Federación Estadounidense de Empleados Gubernamentales Local 1923, una unidad del sindicato federal de trabajadores, es “una degradación del sistema en su conjunto”. En su opinión, “la entrega de cheques a las personas que ya están inscritas en el sistema no debería verse afectada, por ahora, pero cada vez es más incierto quién estará disponible para solucionar los problemas cuando surjan”. Para Martin O'Malley, el excomisionado del Seguro Social de la Administración Biden, el temor es que el equipo de Musk haya diseñado varias medidas para provocar “un colapso total del sistema” con tiempos de espera prolongados para la atención al público e interrupciones del pago de las prestaciones.

2. Trump congeló dos programas estadounidenses que apoyaban las inspecciones nucleares en Irán

Al asumir su nuevo mandato, Donald Trump congeló por 90 días, la ayuda internacional de Estados Unidos. Dentro de los programas alcanzados estaban dos dirigidos a apoyar las inspecciones nucleares en Irán de El Organismo Internacional de Energía Atómica (OEIA) de Naciones Unidas.

Estos dos programas funcionan esencialmente como puentes cruciales entre los inspectores basados en Viena, que como parte del Departamento de Salvaguardias del OIEA investigan instalaciones nucleares globalmente, y la sofisticada red de laboratorios nucleares estadounidenses, incluyendo Los Álamos. Su papel consiste en canalizar conocimientos técnicos de nivel mundial y asistencia especializada hacia Viena, una función que quedó interrumpida cuando Trump decidió suspender la ayuda exterior. Para The New York Times: “la ayuda estadounidense contribuye a que la agencia de Viena desarrolle su cuerpo de inspectores, cuyo personal, a su vez, puede acudir a lugares donde los expertos del gobierno estadounidense podrían no ser bienvenidos. Los inspectores han expuesto el progreso nuclear oculto de Irán y han ayudado a Moldavia, país de Europa del Este, a incautar un cargamento ilícito de uranio altamente enriquecido, que puede alimentar bombas atómicas. Es una vía de doble sentido. Además, la ayuda nuclear facilita la colocación de ciudadanos estadounidenses en la agencia de Viena”. De forma paradójica, la misma Administración que critica a Irán por su programa nuclear podría estar facilitando el camino hacia una bomba nuclear.




Esta decisión parece haber estado influida por el famoso Proyecto 2025 de la Fundación Heritage, un documento redactado con ayuda de muchos leales a Trump, que instaba a la próxima administración a "poner fin a actividades de no proliferación ineficaces y contraproducentes como las relacionadas con Irán y las Naciones Unidas". Ante las críticas de varios halcones republicanos, Trump debió revertir su decisión sobre uno de los dos programas de colaboración con la OEIA.

3. Los despidos en el Departamento de Agricultura pueden aumentar los precios de alimentos y provocar plagas en los cultivos estadounidenses

Una clásica de los gobiernos libertarios, dirigidos por empresarios, es contemplar el gasto público como un número vacío. Bajo este razonamiento, partidas destinadas a prevenir algunos fenómenos, como plagas, son un costo a recortar. Lo que puede ser “pan para hoy, hambre para mañana” si después deriva en una mayor erogación en el futuro para reparar las consecuencias: en criollo, si no se gasta en prevención, se multiplican las partidas en reparar consecuencias. Es lo que sucede con los seis mil despidos del Departamento de Agricultura.

Entre ellos, por ejemplo, hay entrenadores de perros detectores de plagas, inspectores de alimentos y especialistas en cuarentena de plantas, profesionales altamente capacitados cuyo trabajo es fundamental para detectar especies invasoras y enfermedades que podrían devastar la agricultura estadounidense. El medio estadounidense The Wired pone como ejemplo el caso de Derek Copeland, quien “trabajó como entrenador en el Centro Nacional de Entrenamiento de Detección Canina del Departamento de Agricultura de EE. UU., preparando beagles y labradores retrievers para detectar plantas y animales invasores o vectores de enfermedades zoonóticas, como la peste porcina". Según The Wired; “antes de recibir su notificación de despido, dice, Copeland acababa de pasar varios meses entrenando al único perro destacado en Florida capaz de detectar el caracol gigante africano, un molusco invasor que representa una amenaza significativa para la agricultura floridana. "Tenemos perros para moscas moteadas y linternas, y escarabajos asiáticos de cuernos largos".

Space X, la empresa de Musk, puede quedarse con un contrato de 2.400 millones por la orden de uno de sus empleados en una agencia gubernamental.

Otro ejemplo es el de equipos dedicados a inspeccionar las importaciones de plantas y alimentos, de programas como de Protección y Cuarentena de Plantas, que han perdido a cientos de empleados. Puertos, como el de Los Ángeles y Miami, han sufrido recortes del 35% de sus inspectores de plantas y hasta el 60% de su personal de "contrabando e interdicción". Según Armando Rosario-Lebrón, vicepresidente de la Asociación Nacional de Empleados Agrícolas, esta situación podría llevar a "problemas de nivel pandémico" si no se corrige pronto”, ya que gran parte de los trabajadores estaban capacitados para proteger las cadenas de suministro de alimentos y agricultura de Estados Unidos de plagas invasoras.

Para Mike Lahar, gerente de asuntos regulatorios del gigante estadounidense de agentes de aduanas Deringer, estos despidos hacen que demoren más las inspecciones y que haya más fallos en los controles. Lo que podrían provocar la descomposición de los alimentos durante la espera en los puertos y un aumento aún mayor en los precios de los comestibles, además de aumentar la probabilidad de que especies invasoras, potencialmente devastadoras, entren al país. Aunque dos jueces federales han ordenado que los empleados despedidos sean reincorporados, la administración Trump ha indicado que luchará contra estas decisiones judiciales.

4. Recortes en la agencia responsable de manejar y “modernizar” el arsenal nuclear de Estados Unidos

La Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA) de Estados Unidos enfrenta una grave crisis de personal en medio de un ambicioso esfuerzo para modernizar el arsenal nuclear del país. Según una investigación del New York Times, más de 130 empleados aceptaron indemnizaciones para renunciar, mientras que otros 27 fueron despedidos sin ser recontratados, lo que ha eliminado prácticamente todas las mejoras recientes de personal en la agencia. Entre los afectados hay científicos, ingenieros de bombas y expertos en seguridad nuclear que desempeñaban funciones críticas. Para el diario estadounidense es preocupante la pérdida de personal especializado en transporte seguro de materiales nucleares, una tarea descrita como "peligrosa y exigente que requiere formación rigurosa".

Media docena de miembros abandonaron una unidad encargada de construir reactores para submarinos nucleares, y un bioquímico que supervisaba las normas de seguridad en una planta de ojivas nucleares en Texas también fue despedido. La situación es particularmente alarmante considerando que la NNSA gestiona 3,748 bombas y ojivas nucleares del país, mientras ejecuta un programa de modernización valorado en 20,000 millones de dólares anuales. Scott Roecker, vicepresidente del programa de seguridad de materiales nucleares de la Iniciativa de Amenaza Nuclear, advirtió que el éxodo "dificultará el trabajo porque se perdieron algunos de sus líderes más valiosos", refiriéndose a personas "muy competentes, exitosas y bien capacitadas que desempeñaban funciones complejas y especializadas". Los despidos han afectado a instalaciones críticas en todo el país.

La combinación de recortes de personal, cierres de oficinas y pérdida de experiencia técnica está creando una tormenta perfecta que amenaza con interrumpir la entrega puntual de beneficios de los que dependen millones de estadounidenses para su supervivencia diaria.

5. Elon Musk despide trabajadores en la Autoridad de Aviación y coloca exejecutivos de Space X en su dirección para que le otorguen contratos a sus empresas

La Administración Federal de Aviación (FAA) fue también víctimas de los recortes de Musk con el despido de 400 trabajadores, entre los que hay personal contratado para el mantenimiento de radares, aterrizaje y ayudas a la navegación. La motosierra no discriminó ni siquiera al equipo que trabajaba en un sistema de radar de alerta temprano de misiles crucero en Hawái, considerado clasificado por el Pentágono. Y hay serias sospechas de que pueda afectar el trabajo de los controladores aéreo en medio de una escasez de personal, según la agencia Associated Press.

Pero lo más llamativo no es esto: si no que después de la salida del anterior director de la FAA, Mike Whitaker, el Departamento de Eficiencia colocó como mandamás interino a una persona rodeada de asesores de la empresa Space X de Musk después de que esta autoridad pidiera multas por más de medio millón contra la compañía por no respetar las normas de seguridad en el lanzamiento de sus cohetes. En un claro conflicto de intereses, Ted Malaska, un ingeniero de Space X y “voluntario” del Departamento de Eficiencia, ordenó a los empleados de la FAA que implementaron un programa para “desplegar miles de terminales Starlink, empresa subsidiaria de SpaceX, para para apoyar el sistema de espacio aéreo nacional". Quien no cumpliese la orden se arriesgaba a ser denunciado con Musk y perder su empleo, amenazó Malaska, según Bloomberg.

El conflicto de intereses es claro ya que la agencia regula y otorga licencias para los lanzamientos de cohetes de SpaceX e investiga sus incidentes. Si se cumpliese la orden, de manera simultánea, la compañía de Musk tendría a su cargo una infraestructura crítica como lo son las redes de telecomunicaciones de la autoridad aérea estadounidense; consideradas fundamentales para “para supervisar 74 millones de kilómetros cuadrados de espacio aéreo estadounidense y garantizar el movimiento ordenado y seguro de 45.000 vuelos diarios”. De esta forma, Space X puede quedarse con un contrato de 2.400 millones de dólares, otorgado al gigante Verizon Comunnications Inc, para modernizar estas redes .

Un acto de rapiña empresarial.


Fuente: Bruno Sgarzini