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martes, 22 de abril de 2025

La doble cara de la motosierra trumpista: recortes públicos y contratos privados para empresas de Musk

 

 Por Bruno Sgarzini    
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     En su nueva presidencia, Donald Trump parece aplicar una doctrina de “conmoción y pavor” sobre la Administración pública estadounidense a través del Departamento de Eficiencia de Elon Musk. Al igual que otros gobiernos, como el de Javier Milei, la motosierra pasa por las agencias estatales sin discriminar las funciones esenciales del Estado y analizar los efectos colaterales de los recortes. También con claros conflictos de intereses que benefician los negocios del magnate.




Estos son algunos de los casos más ejemplares de la motosierra trumpista: que van desde el ataque a los programas sociales hasta el despido masivo de técnicos nucleares y contratos para empresas de Musk.

1. Los recortes de Elon Musk pueden “colapsar” el principal organismo que lucha contra la “pobreza”.

La Administración del Seguro Social es considerada como el "tercer carril" de la política estadounidense por su papel crucial en mantener a millones de personas fuera de la pobreza, atiende mensualmente a 73 millones de beneficiarios con pagos de jubilación, supervivencia y discapacidad. Sin el dinero del Seguro Social, 22 millones más de adultos y niños estarían por debajo de la línea de pobreza, según el Center on Budget and Policy Priorites.

Por los recortes del Departamento de Eficiencia de Musk, la administración enfrenta una reducción del 12% de su personal cuando ya opera con la plantilla más baja en 50 años. También se prevé el cierre de seis oficinas regionales y más de 40 oficinas locales de atención al público, lo que dificultaría el acceso a servicios vitales para las poblaciones más vulnerables. La combinación de recortes de personal, cierres de oficinas y pérdida de experiencia técnica está creando una tormenta perfecta que amenaza con interrumpir la entrega puntual de beneficios de los que dependen millones de estadounidenses para su supervivencia diaria.




Los recortes en la Seguridad Social amenazan con colapsar el sistema que mantiene lejos de la pobreza a 22 millones de estadounidenses.

Angela Digeronimo, especialista de reclamos con 28 años en la agencia, advierte que los tiempos de espera para determinar elegibilidad en programas de discapacidad, que ya alcanzaban ocho meses, se están extendiendo peligrosamente. "Más personas morirán mientras esperan una determinación médica sobre su reclamación de discapacidad", afirma con preocupación. Si bien las prestaciones del Seguro Social no pueden modificarse sin la aprobación de una ley del Congreso, los recortes impactan en los procesos burocráticos para la entrega de cheques pago y la posibilidad de que nuevas personas entren al sistema.

Para Shelley Washington, vicepresidenta ejecutiva de la Federación Estadounidense de Empleados Gubernamentales Local 1923, una unidad del sindicato federal de trabajadores, es “una degradación del sistema en su conjunto”. En su opinión, “la entrega de cheques a las personas que ya están inscritas en el sistema no debería verse afectada, por ahora, pero cada vez es más incierto quién estará disponible para solucionar los problemas cuando surjan”. Para Martin O'Malley, el excomisionado del Seguro Social de la Administración Biden, el temor es que el equipo de Musk haya diseñado varias medidas para provocar “un colapso total del sistema” con tiempos de espera prolongados para la atención al público e interrupciones del pago de las prestaciones.

2. Trump congeló dos programas estadounidenses que apoyaban las inspecciones nucleares en Irán

Al asumir su nuevo mandato, Donald Trump congeló por 90 días, la ayuda internacional de Estados Unidos. Dentro de los programas alcanzados estaban dos dirigidos a apoyar las inspecciones nucleares en Irán de El Organismo Internacional de Energía Atómica (OEIA) de Naciones Unidas.

Estos dos programas funcionan esencialmente como puentes cruciales entre los inspectores basados en Viena, que como parte del Departamento de Salvaguardias del OIEA investigan instalaciones nucleares globalmente, y la sofisticada red de laboratorios nucleares estadounidenses, incluyendo Los Álamos. Su papel consiste en canalizar conocimientos técnicos de nivel mundial y asistencia especializada hacia Viena, una función que quedó interrumpida cuando Trump decidió suspender la ayuda exterior. Para The New York Times: “la ayuda estadounidense contribuye a que la agencia de Viena desarrolle su cuerpo de inspectores, cuyo personal, a su vez, puede acudir a lugares donde los expertos del gobierno estadounidense podrían no ser bienvenidos. Los inspectores han expuesto el progreso nuclear oculto de Irán y han ayudado a Moldavia, país de Europa del Este, a incautar un cargamento ilícito de uranio altamente enriquecido, que puede alimentar bombas atómicas. Es una vía de doble sentido. Además, la ayuda nuclear facilita la colocación de ciudadanos estadounidenses en la agencia de Viena”. De forma paradójica, la misma Administración que critica a Irán por su programa nuclear podría estar facilitando el camino hacia una bomba nuclear.




Esta decisión parece haber estado influida por el famoso Proyecto 2025 de la Fundación Heritage, un documento redactado con ayuda de muchos leales a Trump, que instaba a la próxima administración a "poner fin a actividades de no proliferación ineficaces y contraproducentes como las relacionadas con Irán y las Naciones Unidas". Ante las críticas de varios halcones republicanos, Trump debió revertir su decisión sobre uno de los dos programas de colaboración con la OEIA.

3. Los despidos en el Departamento de Agricultura pueden aumentar los precios de alimentos y provocar plagas en los cultivos estadounidenses

Una clásica de los gobiernos libertarios, dirigidos por empresarios, es contemplar el gasto público como un número vacío. Bajo este razonamiento, partidas destinadas a prevenir algunos fenómenos, como plagas, son un costo a recortar. Lo que puede ser “pan para hoy, hambre para mañana” si después deriva en una mayor erogación en el futuro para reparar las consecuencias: en criollo, si no se gasta en prevención, se multiplican las partidas en reparar consecuencias. Es lo que sucede con los seis mil despidos del Departamento de Agricultura.

Entre ellos, por ejemplo, hay entrenadores de perros detectores de plagas, inspectores de alimentos y especialistas en cuarentena de plantas, profesionales altamente capacitados cuyo trabajo es fundamental para detectar especies invasoras y enfermedades que podrían devastar la agricultura estadounidense. El medio estadounidense The Wired pone como ejemplo el caso de Derek Copeland, quien “trabajó como entrenador en el Centro Nacional de Entrenamiento de Detección Canina del Departamento de Agricultura de EE. UU., preparando beagles y labradores retrievers para detectar plantas y animales invasores o vectores de enfermedades zoonóticas, como la peste porcina". Según The Wired; “antes de recibir su notificación de despido, dice, Copeland acababa de pasar varios meses entrenando al único perro destacado en Florida capaz de detectar el caracol gigante africano, un molusco invasor que representa una amenaza significativa para la agricultura floridana. "Tenemos perros para moscas moteadas y linternas, y escarabajos asiáticos de cuernos largos".

Space X, la empresa de Musk, puede quedarse con un contrato de 2.400 millones por la orden de uno de sus empleados en una agencia gubernamental.

Otro ejemplo es el de equipos dedicados a inspeccionar las importaciones de plantas y alimentos, de programas como de Protección y Cuarentena de Plantas, que han perdido a cientos de empleados. Puertos, como el de Los Ángeles y Miami, han sufrido recortes del 35% de sus inspectores de plantas y hasta el 60% de su personal de "contrabando e interdicción". Según Armando Rosario-Lebrón, vicepresidente de la Asociación Nacional de Empleados Agrícolas, esta situación podría llevar a "problemas de nivel pandémico" si no se corrige pronto”, ya que gran parte de los trabajadores estaban capacitados para proteger las cadenas de suministro de alimentos y agricultura de Estados Unidos de plagas invasoras.

Para Mike Lahar, gerente de asuntos regulatorios del gigante estadounidense de agentes de aduanas Deringer, estos despidos hacen que demoren más las inspecciones y que haya más fallos en los controles. Lo que podrían provocar la descomposición de los alimentos durante la espera en los puertos y un aumento aún mayor en los precios de los comestibles, además de aumentar la probabilidad de que especies invasoras, potencialmente devastadoras, entren al país. Aunque dos jueces federales han ordenado que los empleados despedidos sean reincorporados, la administración Trump ha indicado que luchará contra estas decisiones judiciales.

4. Recortes en la agencia responsable de manejar y “modernizar” el arsenal nuclear de Estados Unidos

La Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA) de Estados Unidos enfrenta una grave crisis de personal en medio de un ambicioso esfuerzo para modernizar el arsenal nuclear del país. Según una investigación del New York Times, más de 130 empleados aceptaron indemnizaciones para renunciar, mientras que otros 27 fueron despedidos sin ser recontratados, lo que ha eliminado prácticamente todas las mejoras recientes de personal en la agencia. Entre los afectados hay científicos, ingenieros de bombas y expertos en seguridad nuclear que desempeñaban funciones críticas. Para el diario estadounidense es preocupante la pérdida de personal especializado en transporte seguro de materiales nucleares, una tarea descrita como "peligrosa y exigente que requiere formación rigurosa".

Media docena de miembros abandonaron una unidad encargada de construir reactores para submarinos nucleares, y un bioquímico que supervisaba las normas de seguridad en una planta de ojivas nucleares en Texas también fue despedido. La situación es particularmente alarmante considerando que la NNSA gestiona 3,748 bombas y ojivas nucleares del país, mientras ejecuta un programa de modernización valorado en 20,000 millones de dólares anuales. Scott Roecker, vicepresidente del programa de seguridad de materiales nucleares de la Iniciativa de Amenaza Nuclear, advirtió que el éxodo "dificultará el trabajo porque se perdieron algunos de sus líderes más valiosos", refiriéndose a personas "muy competentes, exitosas y bien capacitadas que desempeñaban funciones complejas y especializadas". Los despidos han afectado a instalaciones críticas en todo el país.

La combinación de recortes de personal, cierres de oficinas y pérdida de experiencia técnica está creando una tormenta perfecta que amenaza con interrumpir la entrega puntual de beneficios de los que dependen millones de estadounidenses para su supervivencia diaria.

5. Elon Musk despide trabajadores en la Autoridad de Aviación y coloca exejecutivos de Space X en su dirección para que le otorguen contratos a sus empresas

La Administración Federal de Aviación (FAA) fue también víctimas de los recortes de Musk con el despido de 400 trabajadores, entre los que hay personal contratado para el mantenimiento de radares, aterrizaje y ayudas a la navegación. La motosierra no discriminó ni siquiera al equipo que trabajaba en un sistema de radar de alerta temprano de misiles crucero en Hawái, considerado clasificado por el Pentágono. Y hay serias sospechas de que pueda afectar el trabajo de los controladores aéreo en medio de una escasez de personal, según la agencia Associated Press.

Pero lo más llamativo no es esto: si no que después de la salida del anterior director de la FAA, Mike Whitaker, el Departamento de Eficiencia colocó como mandamás interino a una persona rodeada de asesores de la empresa Space X de Musk después de que esta autoridad pidiera multas por más de medio millón contra la compañía por no respetar las normas de seguridad en el lanzamiento de sus cohetes. En un claro conflicto de intereses, Ted Malaska, un ingeniero de Space X y “voluntario” del Departamento de Eficiencia, ordenó a los empleados de la FAA que implementaron un programa para “desplegar miles de terminales Starlink, empresa subsidiaria de SpaceX, para para apoyar el sistema de espacio aéreo nacional". Quien no cumpliese la orden se arriesgaba a ser denunciado con Musk y perder su empleo, amenazó Malaska, según Bloomberg.

El conflicto de intereses es claro ya que la agencia regula y otorga licencias para los lanzamientos de cohetes de SpaceX e investiga sus incidentes. Si se cumpliese la orden, de manera simultánea, la compañía de Musk tendría a su cargo una infraestructura crítica como lo son las redes de telecomunicaciones de la autoridad aérea estadounidense; consideradas fundamentales para “para supervisar 74 millones de kilómetros cuadrados de espacio aéreo estadounidense y garantizar el movimiento ordenado y seguro de 45.000 vuelos diarios”. De esta forma, Space X puede quedarse con un contrato de 2.400 millones de dólares, otorgado al gigante Verizon Comunnications Inc, para modernizar estas redes .

Un acto de rapiña empresarial.


Fuente: Bruno Sgarzini

sábado, 1 de marzo de 2025

La “motosierra” de recortes de Elon Musk: ¿por qué es “estratégica” para Trump?

 

 Por Bruno Sgarzini    
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     Uno de los delirios más grandes de la Administración Trump es la gestión de Elon Musk en el Departamento de Eficiencia (renombrado DOGE), inspirada en la motosierra de Javier Milei y los recortes del magnate en Twitter. En Argentina, el mismo departamento se llama Ministerio de la Desregulación y está dirigido por Federico Sturzenegger, un economista involucrado en las anteriores crisis económicas argentinas y acusado de haber favorecido a banqueros amigos en un canje de deuda argentina en 2001.




Musk, uno de los empresarios más importantes de Estados Unidos, tiene la sospechosa tarea de recortar el presupuesto estatal en todos los Departamentos y agencias del Estado. Algunos de ellos, como el Pentágono y la Nasa, son responsables de asignar la mayoría de los contratos a las compañías que dirige (Tesla, SpaceX, entre otras), como contamos aquí.

Los recortes de Musk buscan impactar en la tasa de los bonos del Tesoro de Estados Unidos para financiar el crecimiento económico y reducir los precios de los prestamos hipotecarios. Según Bloomberg: “Trump considera a los mercados financieros como un "referéndum en tiempo real sobre su presidencia", y ahora presta especial atención a los bonos del Tesoro como indicador importante. La tasa de estos bonos es crucial porque determina el costo del dinero para compradores de viviendas y grandes empresas estadounidenses, afectando directamente el crecimiento económico. Tras la elección y la creación del DOGE, este rendimiento ha oscilado entre 4,4% y 4,7%, lo que representa un aumento respecto a cuando Musk propuso inicialmente la creación del departamento (cuando estaba alrededor del 3,8%). Los rendimientos indican que los inversores son escépticos sobre la capacidad del gobierno para controlar el déficit fiscal de 6% del PBI, a pesar de las promesas de recortes”. Es la lógica neoliberal de siempre de sacrificar el bien común, lo social, lo humano y lo natural, por las expectativas del mercado, por más neojipie que suene.

Por eso, miles de empleados gubernamentales ya han sido echados de la fuerza laboral federal —ya sea por despidos o a través de una oferta de “renuncia diferida”— durante el primer mes del segundo mandato de Trump, según Associated Press. Los recortes han alcanzado, primero, a los empleados con contratos de prueba y después a funcionarios de carreras enfrentados con Trump o algunos de las personas que le rodean. También, en muchos casos, todo ha sido tan desordenado que han tenido que revertir algunos despidos; por ejemplo, echaron cientos de personas que trabajan en seguridad nuclear y después se apresuraron a volver a contratarlas, excepto que habían borrado todas las direcciones de correo electrónico del trabajo y los archivos personales, por lo que no sabían cómo comunicarse con ellos.




Lo mismo pasó con los empleados que trabajaban en el Departamento de Agricultura a cargo de proteger al país de una “crisis de gripe aviar”. El combo de acciones es similar a las emprendidas por Milei, que mezclan la ignorancia supina de cómo funciona el Estado con campañas agresivas de desinformación para justificar los recortes. Tanto Musk, como Trump, por ejemplo, han hablado de que hay personas de 150 años que aún reciben dinero de la Seguridad Social sin dar prueba alguna. También mintieron al decir que el recorte de un solo contrato había superado los 8 mil millones de dólares cuando fue de solo ocho millones. El manual parece hacer tantas cosas a la vez para que sea imposible detenerlas.

Elon Musk, además, utiliza el mismo método que en los recortes que aplicó en Twitter.

Elon Musk lleva apenas una semana en el nuevo gobierno del presidente Donald Trump, pero el gobierno federal de Estados Unidos ya está poniendo en práctica el manual de Twitter para gestionar sus gastos y su personal. Tal como hizo Musk cuando se hizo cargo de la plataforma de redes sociales, el equipo de Trump está intentando reducir drásticamente la cantidad de empleados del gobierno y asegurarse de que los que permanezcan sean leales a la agenda del presidente.
Musk y sus asesores, incluido el recién nombrado zar de la inteligencia artificial y las criptomonedas, David Sacks, utilizaron una estrategia notablemente similar en Twitter. Aproximadamente una semana después de que se completara la adquisición, Musk despidió a la mitad de la fuerza laboral. Sacks lo ayudó a asesorarlo sobre qué equipos y personas serían despedidos.
Unas dos semanas después, los empleados restantes recibieron un correo electrónico con el asunto “Una encrucijada en el camino”. Musk dijo que tendrían que ser “extremadamente duros” para hacer realidad su visión de Twitter 2.0. Esto significaba “trabajar muchas horas a alta intensidad”. Señaló que “solo el desempeño excepcional” recibiría “una calificación aprobatoria”. Se pidió a los empleados que optaran por esta visión a través de un formulario web. Cualquiera que no lo hiciera al día siguiente recibiría tres meses de indemnización, dijo Musk. Miles de empleados de Twitter presentarían más tarde una demanda, argumentando que no se les pagó la indemnización completa. Musk finalmente logró que se desestimara la demanda.
“Todos sacudimos la cabeza con incredulidad ante lo familiar que nos resulta todo esto”, dice Yao Yue, ex ingeniero principal de Twitter. “Excepto que el gobierno federal y sus empleados tienen leyes específicas en términos de gastos, contrataciones y despidos”.
En este caso, se les pide a los empleados federales que envíen un correo electrónico con la palabra “Renuncia” en la línea de asunto en los próximos 10 días. “Purgar al gobierno federal de funcionarios de carrera dedicados tendrá consecuencias enormes e imprevistas que causarán caos para los estadounidenses que dependen de un gobierno federal que funcione”, dijo Everett Kelley, presidente nacional de la Federación Estadounidense de Empleados del Gobierno, el sindicato más grande de trabajadores federales, en un comunicado. “Esta oferta no debe verse como voluntaria. Entre la oleada de órdenes ejecutivas y políticas anti-trabajadores, está claro que el objetivo de la administración Trump es convertir al gobierno federal en un entorno tóxico donde los trabajadores no pueden quedarse incluso si lo desean”..
“La fuerza laboral federal debe estar compuesta por empleados que sean confiables, leales, dignos de confianza y que se esfuercen por alcanzar la excelencia en su trabajo diario”, se lee en el correo electrónico, que luego se publicó en el sitio web de la Oficina de Gestión de Personal de Estados Unidos. “Los empleados estarán sujetos a estándares mejorados de idoneidad y conducta a medida que avancemos”.
La noticia llega en un momento en que los secuaces de Musk toman el control de la Oficina de Gestión de Personal de Estados Unidos, que actúa como un departamento de recursos humanos para la fuerza laboral federal.

Su Departamento de Eficiencia aprovechó el congelamiento de fondos a la ayuda exterior estadounidense para paralizar el funcionamiento de la Agencia del Departamento de Estado para el Desarrollo Internacional (USAID). Esta agencia, por lo general, es usada para sustituir en la práctica las funciones de los Estados fallidos, o débiles, e influir en su agenda política interna, a través de dinero destinado a periodismo independientes, universidades y partidos políticos.

Por la animosidad del mundo MAGA contra la USAID, y toda la ayuda externa, el desarme de la agencia se convirtió en un caso testigo, que se llevó la mayoría de los titulares. La reestructuración tiene bastante que ver con la intención de cortar el financiamiento a los movimientos, partidos y medios, que a nivel global están más cerca de la línea del partido demócrata. Por uno de los ejemplos más usados para justificarlo han sido los ataques al candidato de la ultraderecha rumana, Calin Georgescu, después de que triunfara en la primera vuelta y fuera proscripto por un expediente donde se lo acusa de ser “pro ruso”.

Pero la ola de despidos emprendida por Elon Musk parece buscar una multiplicidad de objetivos: el primero limpiar, el aparato del Estado de adversarios a la política de Trump, el segundo paralizar, o eliminar, las áreas demonizadas por los republicanas, como el Departamento de Educación, y el tercero, que los recortes disminuyan el déficit fiscal de Estados Unidos. Por supuesto, el empresario lo hace con el ojo puesto en sacar del medio también a las autoridades que regulan a sus empresas y la de otros financistas de Trump.




Uno de los primeros despedidos, por ejemplo, fue Mike Whitaker, director general de la Administración Federal de Aviación (FAA), responsable de multar a la empresa SpaceX de Musk por violaciones de seguridad. Después de este despido, el Departamento de Eficiencia nombró en el organismo a otros ejecutivos de la compañía aeroespacial del magnate.

Una de las primeras direcciones eliminadas fue la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, una agencia creada después de 2008 para proteger a los “consumidores contra el fraude bancario y las estafas con letra pequeña por parte de las corporaciones estadounidenses”, según The Financial Times. Por esta acción, se paralizó la aplicación de las regulaciones judiciales ordenadas contra gigantes tecnológicos como Apple y Google. El caso más emblemático de la gestión Musk es el nombramiento del Departamento de Eficiencia de Tom Krause como secretario adjunto fiscal del Departamento del Tesoro. ¿Por qué? En ese puesto, Krause tiene control del sistema de pagos del Tesoro que desembolsa fondos en nombre de todo el gobierno federal e incluye información personal de los estadounidenses, como números de cuentas bancarias. Son cerca de 5 billones de dólares cuya dirección es disputada en la justicia por los demócratas (de hecho, la ola de despidos y recortes se discute en varios tribunales estadounidenses).

Krause forma parte de una milicia de ejecutivos que Musk ha nombrado en la burocracia pública para realizar recortes. El empresario, adepto a disfrutar los saludos nazis y los memes estúpidos, ni siquiera se molestó en que Krause abandonara su puesto de CEO de la compañía Cloud Software Group, que tiene contratos con el gobierno estadounidense por entre 7.3 y 11.8 millones de dólares. El CEO y funcionario ahora está a cargo, por ejemplo, de realizar los pagos a la empresa que dirige. El caso recuerda a la época de los “hombres de un dólar”, posterior a la Primera Guerra Mundial, cuando el gobierno estadounidense reclutó como funcionarios a hombres de negocios con un salario de un dólar mientras continuaban con sus actividades privadas. En la formalidad, la experiencia terminó cuando se demostró que eran incompatibles el ejercicio de las dos funciones.




La milicia de ejecutivos recortadores son acompañados por un ejército de programadores informáticos reclutados en el foro de internet Discord por empleados de Boring Company de Musk y de Palantir de Peter Thiel, unos de los primeros empresarios tecnológicos en apoyar a Trump. Una de las fantasías de Musk es la creación de un chatbot de IA, llamado “GSAi”, que analice los contratos y adquisiciones del Estado estadounidense para definir los recortes. De hecho, uno de los grandes temores de los empleados estadounidenses es que Musk use esta IA para analizar el correo que pidió Musk para que cuenten cuáles habían sido sus tareas en sus últimas jornadas laborales. Al parecer, BlackMirror en distopía es lo que caperucita roja es a los cuentos de terror.

Leamos un poco:

Un objetivo de la iniciativa, que no se había informado previamente, es aumentar la productividad diaria de los aproximadamente 12.000 empleados de la Administración de Servicios Generales , que tienen la tarea de administrar edificios de oficinas, contratos e infraestructura de TI en todo el gobierno federal, según las dos personas. El equipo de Musk aparentemente también espera usar el chatbot y otras herramientas de inteligencia artificial para analizar grandes cantidades de datos de contratos y adquisiciones, dice una de ellas. A ambas personas se les concedió el anonimato porque no están autorizadas a hablar públicamente sobre las operaciones de la agencia.
Thomas Shedd, un ex empleado de Tesla que ahora dirige Technology Transformation Services, la rama tecnológica de la GSA, aludió al proyecto en una reunión celebrada el miércoles. “Otro [proyecto] en el que estoy intentando trabajar es un lugar centralizado para los contratos, de modo que podamos realizar análisis sobre ellos”, dijo, según una grabación de audio obtenida por WIRED. “Esto no es nada nuevo, es algo que ya estaba en marcha antes de que empezáramos. Lo que es diferente es que potencialmente se puede construir todo ese sistema internamente y hacerlo muy rápidamente. Esto nos lleva de nuevo a la pregunta: ‘¿Cómo podemos entender cómo gasta el dinero el gobierno?’”.
Las iniciativas de inteligencia artificial de DOGE encajan con los esfuerzos del grupo por reducir el presupuesto federal y acelerar los procesos existentes. Por ejemplo, los miembros de DOGE en el Departamento de Educación están utilizando herramientas de inteligencia artificial para analizar el gasto y los programas, informó The Washington Post el jueves. Un portavoz del departamento dice que el enfoque está en encontrar eficiencias de costos.

El Departamento de Eficiencia de Musk afirma haber reducido el gasto en 55.000 millones de dólares, pero un análisis detallado de las cifras publicadas en su sitio web solo confirma aproximadamente un tercio de esa cantidad. Incluso aceptando la cifra total como válida, esta representa menos del 1% del presupuesto federal anual de 7 billones de dólares, un impacto insuficiente para afectar significativamente un déficit que alcanzó 1,8 billones de dólares en el último año fiscal. La sostenibilidad de estas medidas también está en entredicho, con decenas de demandas presentadas para revertir las acciones de DOGE. Además, las iniciativas iniciales de Musk y Trump se han concentrado en objetivos relativamente accesibles como USAID y la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, evitando abordar áreas políticamente sensibles como defensa o seguridad social, donde podrían lograrse ahorros sustancialmente mayores pero con un costo político significativo.

Para la Oficina de Presupuesto del Congreso, la deuda pública en manos del gobierno equivale hoy al 99% del producto interno bruto del país, más del triple de lo que era en 2001. Todo parece indicar que esa relación va camino de seguir aumentando porque el déficit anual, que actualmente ronda el 6% del PIB, eclipsa la tasa de crecimiento de la economía.

Para tratar de reducir la tasa, el objetivo del secretario de Tesoro de Trump es, con la ayuda de Musk, recortar el déficit al 3% del PIB para 2028 y luego combinarlo con un crecimiento económico sostenido del 3% y un aumento de la producción de petróleo en 3 millones de barriles por día. Esto, así como la desregulación, considera que provocará tasas más bajas a largo plazo.

Según Elon Musk, el objetivo de todo esto es eliminar el déficit fiscal de Estados Unidos al eliminar los gastos innecesarios del Estado norteamericano. Su hoja de ruta, promovida por tanques de pensamiento como la Heritage Foundation en el proyecto 2025 o el Instituto American First, parece compaginar el “esfuerzo fiscal” con una mayor recaudación externa a través el cobro de los aranceles a otros países. El esfuerzo para los economistas busca acortar la enorme brecha en la relación entre la deuda y el PBI estadounidense. Pero parece irreal poder recortar 2 billones sin tocar, por ejemplo, los gastos militares de Estados Unidos (ahí es donde entran los recientes esfuerzos de Trump para que Europa se haga cargo de su “seguridad).

Este laboratorio social tiene otro especial condimento; que es la intención manifiesta de limitar la acción del Servicio de Cobro de Impuestos (IRS) con una ola de 7.000 despidos, que afectará el cobro a las grandes fortunas.

Podríamos decir que el Estado estadounidense es ahora uno atendido por sus propios dueños.

Fuente: Bruno Sgarzini

jueves, 13 de febrero de 2025

Si esto no es corrupción…

 

      Redactor de Jacobín Magazine.


Donald Trump dijo una vez a los votantes que estaba luchando contra un sistema político corrupto. Sin embargo, con Elon Musk operando con impunidad en todo el gobierno federal, Trump ha llevado la corrupción política a niveles sin precedentes.


     Casi una década después, mientras encarga al hombre más rico del mundo que destruya y arruine las instituciones de las que dependen millones de familias estadounidenses, es fácil olvidar que Donald Trump llegó a la cima política prometiendo acabar con la corrupción de Washington.




Acertadamente, pintó de «corrupta» a su oponente, Hillary Clinton, que había recibido millones de dólares por discursos ante bancos de Wall Street y tenía un historial de corrupción y de pago por favores con donantes corporativos. Para demostrar que «el sistema está roto», Trump admitió abiertamente que, como empresario, había dado dinero «a todo el mundo», incluidos políticos demócratas como Clinton, para que «cuando necesite algo de ellos» más adelante, «estén ahí para mí».

El hecho de que él se autofinanciara su campaña de 2016 significaba que «no formaba parte del sistema corrupto» como candidato, dijo a los votantes, prometiendo en su lugar «escuchar su voz, oír sus gritos de ayuda». Incluso presentó un plan para «hacer que nuestro gobierno vuelva a ser honesto» que implicaba expulsar a los lobbistas de los cargos oficiales.

«Nuestro movimiento consiste en reemplazar un sistema fallido y (…) totalmente corrupto por un nuevo gobierno controlado por ustedes, el pueblo estadounidense», dijo Trump a los votantes un mes antes de ser elegido por primera vez.

Este tipo de discurso se abrió camino incluso en su campaña más reciente. Durante el año pasado, Trump se quejó de que «políticos corruptos» robaban la Seguridad Social para «financiar sus proyectos favoritos», y se comprometió a «recuperar nuestra democracia de la corrupción de Washington» y a enfrentarse a «la corrupción que ha plagado nuestro gobierno federal y perjudicado a los estadounidenses».

Así que su decisión de nombrar a Elon Musk, un multimillonario inmigrante, para formar un gobierno dentro del gobierno que no rinde cuentas para disolver amplias franjas del Estado posterior al New Deal es un duro despertar. En pocas palabras, Trump ha abrazado plenamente el sistema corrupto contra el que una vez afirmó estar luchando y, de hecho, lo ha llevado a nuevos e inéditos extremos que hacen que los Clinton parezcan modelos de ética e integridad.




A esta altura, resulta más fácil preguntarse en qué partes del gobierno federal no metió ya sus garras Musk que en cuáles sí. Musk y su equipo del «Departamento de Eficiencia Gubernamental» (DOGE, por sus siglas en inglés) están ahora instalados y juguetean con los sistemas de los Departamentos de Trabajo, Educación y Energía, así como con las agencias responsables de administrar los programas Medicare y Medicaid de los que dependen casi 150 millones de estadounidenses, administrar el programa de la Seguridad Social que mantiene a millones de estadounidenses fuera de la pobreza, vigilar y advertir al país cuando se forman huracanes mortales y proteger a los estadounidenses de delincuentes de cuello blanco, por nombrar algunos.




Quizá lo más alarmante es que, según se informa, tienen poder de edición sobre el código informático del Departamento del Tesoro, el sistema responsable de los enormes pagos federales por valor de 5,5 billones de dólares que hacen funcionar a la América del siglo XXI. Su objetivo es reducir radicalmente todos estos organismos mediante despidos masivos y recortes de programas, supuestamente para erradicar el fraude y el despilfarro, lo que planean hacer alimentando con la información de sus sistemas a programas de inteligencia artificial plagados de errores que decidirán qué recortar. De hecho, Trump está luchando activamente contra los tribunales para asegurarse de que Musk pueda seguir manipulando el sistema de pagos del Tesoro, lo que pone en riesgo la información privada más sensible de los estadounidenses.

Para que eso suceda, Musk está tomando decisiones tanto políticas como de dotación de personal, incluyendo el despido de funcionarios experimentados y veteranos si se interponen en su camino. Según lo que los funcionarios de Trump le dijeron al New York Times, nadie en la administración, excepto Trump, tiene autoridad sobre él o siquiera sabe lo que está haciendo. Mientras Musk y su equipo llevan a cabo este programa radical antigubernamental, están tomando medidas para eludir la ley y asegurarse de que el público no pueda solicitar y ver sus comunicaciones más adelante.

Incluso antes de que Trump tomara posesión, Musk estaba presente en reuniones con líderes mundiales y asesorando informalmente al presidente electo. Musk no fue elegido en ningún momento, confirmado por el Congreso, ni siquiera nombrado para ningún cargo oficial por el presidente: es un ciudadano privado que puede entrar y salir de la Casa Blanca cuando quiera, no responde ante nadie y puede manipular y potencialmente arruinar programas gubernamentales a su discreción personal y sin responsabilidad democrática.

¿Qué ha hecho exactamente Musk para merecer este tipo de poder sin precedentes sobre las vidas de millones de personas en su país de adopción? No es talento ni habilidad. La habilidad de Musk para autopromocionarse y hacer grandes declaraciones con bombos y platillos que luego incumple en silencio ha pulido una imagen pública de genio pionero que ha servido para enmascarar la mediocridad y la fanfarronería de charlatán que se esconde en su corazón.

Gracias a este esfuerzo de relaciones públicas, pocos estadounidenses saben que, por ejemplo, Musk no fundó la empresa por la que es más famoso, Tesla, sino que fue solo un inversor que más tarde expulsó a los verdaderos fundadores, se instaló como director general y más tarde ganó el título de «fundador» mediante una demanda. Tampoco muchos de ellos conocen o recuerdan su constante incapacidad para cumplir las grandiosas promesas de ciencia ficción que le gusta contar a multitudes de fanáticos de la tecnología, su empleo masivo de trucos y mentiras para embellecer los productos de su empresa, o su historial de ideas derrochadoras e inventos que no funcionan.

El mandato de Musk en Twitter/X ha sido una muestra de primera mano de lo exagerada que es su reputación de genio de los negocios, ya que la plataforma se ha vuelto mucho menos funcional, más represiva con la libertad de expresión, plagada de spam y falsificaciones y más precaria económicamente, mientras que su base de usuarios se ha reducido, todo ello mientras las nuevas funciones e innovaciones que aportó al sitio demostraban ser fallos técnicos vergonzosos y de alto perfil.

Ya está trayendo este mismo tipo de incompetencia a su nuevo trabajo en el gobierno. Cuando Molly Jong-Fast, de Vanity Fair, señaló acertadamente que la directiva de Musk y DOGE de recortar miles de millones en fondos biomédicos acabaría recortando los fondos para la investigación del cáncer, él respondió: «No lo hago. ¿De qué carajos estás hablando?». En otras palabras, Musk, literalmente, no tiene ni idea de lo que está recortando mientras reduce sin pensar el gobierno federal.


Prácticamente todas las universidades y centros de investigación médica del país se verán afectados por los recortes de subvenciones.

La única razón por la que Musk está en condiciones de hacer este tipo de daño es porque es multimillonario y porque le dio al presidente casi 290 millones de dólares en los meses previos a las elecciones, el mismo tipo de soborno flagrante de financiación de campaña que ha sido endémico en ambos partidos durante décadas, y exactamente el tipo de corrupción de Washington que Trump afirmó estar limpiando, solo que ahora con esteroides.

Más allá de la hipocresía, es la demostración más clara que se puede tener de cómo la extrema y creciente desigualdad del país corroe su democracia: mientras la gran mayoría de los estadounidenses se sienten frustrados por la falta de respuesta de Washington a sus necesidades, el hombre más rico del mundo puede simplemente comprar su entrada al gobierno y hacer lo que quiera con él, sin importar lo que el resto de nosotros pensemos o cómo nos afecte.

Pero la situación de Musk es solo un caso particularmente extremo de un patrón en la administración Trump, que en sus cortas cuatro semanas ha entregado el gobierno de Estados Unidos a una cohorte récord de trece mil millonarios, así como a especuladores corporativos en general, que a veces dirigen departamentos que afectan directamente a sus intereses comerciales. Pero esto es el business as usual de Washington, y la única desviación de Trump respecto a presidentes anteriores como Bill Clinton y George W. Bush en este frente hasta ahora es en cuánto más descarado y agresivo ha sido al hacerlo.

Desde hace años, el público estadounidense se queja de que el sistema político está amañado en su contra y a favor de los ricos y poderosos, lo que Joe Biden llamó tan atinada como tardíamente una «oligarquía incipiente», y lo que Trump denominó el «pantano» la primera vez que se presentó, cuando prometió drenarlo y hacer que el gobierno funcionara para los estadounidenses comunes y corrientes, olvidados. De hecho, la ira popular ante este tipo de corrupción es precisamente lo que ayudó a impulsar la popularidad de Trump en primer lugar.

Lejos de drenarlo, Trump se ha convertido en este pantano. Trump «escuchó la voz de la gente» y «oyó sus gritos de ayuda», pero aparentemente decidió que prefería atender el parloteo de un torpe oligarca tecnológico.


Fuente: JACOBIN