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martes, 3 de marzo de 2026

La guerra contra los persas

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.

Irán no es Irak pero no está claro que los enloquecidos criminales de Washington e Israel comprendan con quién se las tienen

     Curiosa guerra la de los doce días contra Irán, en la que las tres partes implicadas, Israel, Estados Unidos e Irán, se declaran vencedoras. Falta un informe de daños fiable, pero es evidente que Irán ha sufrido: han devastado su sistema de defensa antiaéreo y sus infraestructuras, lo que agrava su frágil situación económica, y también han dañado sus instalaciones nucleares (no sabemos cuánto). El gobierno iraní admite todo eso. Pero aunque su economía esté muy tocada, en la población hay más apoyo al régimen que antes de esos doce días.


Aniversario de la Revolución Islámica celebrado en Teherán, Irán, en febrero de 2015.

Respecto a Israel, nunca había sufrido un ataque de tal envergadura. Se ha acabado el mito de su invulnerabilidad militar. Toda la ayuda antiaérea y de intercepción de Estados Unidos y las potencias europeas, con cazas, barcos e interceptores que se sumaron a su propio sistema, no ha impedido que su territorio fuera un coladero para los misiles del adversario. The Telegraph informaba el 5 de julio de que los misiles iraníes impactaron directamente en cinco instalaciones militares. Además, el combate parece haber revelado la fragilidad industrial del bloque occidental, como informó The Guardian el 8 de julio: el conflicto ha consumido el grueso de los misiles interceptores Patriot de Estados Unidos. El agotamiento de los stocks israelíes y americanos habría determinado el alto el fuego. En Israel, estricta censura de los daños encajados, revelador alcance de lo que el exanalista de la CIA Larry C. Johnson describe como “el síndrome Samsonite” (por el elevado número de ciudadanos israelís que hicieron las maletas hacia Chipre y otros lugares), y el habitual parte de victoria, pese a que el objetivo de la guerra ha fracasado:1) un cambio de régimen en Teheran, a la siria, 2) debilitar a los Brics, Rusia y China, y 3) difuminar el genocidio.


Objetivos alcanzados por los misiles iranís en Israel durante la guerra de los doce días.

Respecto a Estados Unidos, no hay información de satélites que confirme la afirmación de Trump, y de los propios israelíes, de que el programa nuclear de Irán haya sido “devastado”. En lo que sí hay coincidencia es en el pronóstico de que esta guerra tiene futuro asegurado. “Ha sido la primera guerra directa entre Irán e Israel y probablemente no será la última”, dice Amos Yadlin, presidente del think tank israelí Mind Israel. “El alto el fuego es frágil y la guerra puede reanudarse en cualquier momento”, opina el politólogo irano-estadounidense Kaveh Afrasiabi. “La sensación en Teherán es que Israel volverá a atacar porque la primera agresión no ha acabado muy bien para ellos.


Esta foto, tomada el 29 de junio de 2025, muestra la destrucción en la prisión de Evin tras el ataque aéreo israelí en Teherán, Irán.

Irán se prepara para responder con fuerza ante tal eventualidad”, dice Seyed M. Marandi, profesor de la universidad de Teherán.

Más allá de estos pronósticos, la continuación de la guerra contra los persas se desprende del hecho de su contexto. Esta guerra forma parte de un movimiento general que define las actuales tensiones del mundo: el intento occidental de preservar militarmente su menguante hegemonismo y conjurar el ascenso de las nuevas potencias independientes que lo disputan, en primer lugar China, Rusia e Irán.


Rueda de prensa de Von der Leyen y Netanyahu tras su encuentro del 13 de octubre de 2023.

En Washington, los generales han puesto fecha al futuro enfrentamiento militar con China y hasta en Berlín algunos generales desvergonzados e históricamente amnésicos anuncian una guerra con Rusia en los próximos años. En Moscú nadie cree en la mediación de Trump en la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania. ¿Qué mediación puede haber en un conflicto del que se es parte? Lo de Trump no es más que un torpe ejercicio de economía de recursos. Estados Unidos no tiene fuelle para lidiar militarmente con los tres grandes países adversarios, así que transfiere, por lo menos parcialmente, a Europa el frente ruso, mientras Israel “hace el trabajo sucio por todos nosotros”, en palabras, que quedarán para la historia de la infamia, del canciller alemán Friedrich Merz, y los americanos se concentran en su batalla perdida contra China en Asia Oriental. El vector de presionar a Rusia en su entorno continúa a toda máquina, como puede apreciarse en Moldavia, Armenia y Azerbaiyán. En Teherán se cree que muchos de los drones que atacaron las provincias del norte y este del país el 13 de julio fueron lanzados desde Azerbaiyán… Así que todo eso tiene su propia geografía, pero forma parte del mismo conflicto fundamental que está subiendo en intensidad.

Si la unidad de acción de Occidente (Estados Unidos, Unión Europea, Australia…) está clara, la de sus tres adversarios lo está menos. La relación ruso-iraní es ambigua como lo demuestra el hecho de que en los últimos años Moscú no haya suministrado sus cazas Su-35 ni sus sistemas de defensa antiaérea S-400 a Irán, cosa que sí ha hecho con India y Turquía, miembro de la OTAN. Tras la guerra de los doce días, los rusos han respondido con cierto rubor diciendo que los iraníes no solicitaron tal cooperación militar, algo que no parece muy creíble, y que el acuerdo bilateral en la materia con Teherán dice que “si una de las partes es atacada, la otra se compromete... a no ayudar al agresor”. Dicen que tal curioso articulado fue iniciativa de los iraníes para no irritar a los americanos, pero es un hecho que tampoco los rusos quieren irritar a los israelíes con quienes mantienen una relación importante y sutil, no solo por los casi dos millones de rusoparlantes, exciudadanos de la URSS, que viven en el Estado genocida. Rusia es aliado virtual de Irán en muchos aspectos pero también objeto de recelo histórico por su tradición imperial en el XVIII y XIX (conquista del Cáucaso y Transcaucasia de influencia y presencia persa), y sus diversas ocupaciones militares del país en el siglo XX, la última de ellas después de la Segunda Guerra Mundial. Respecto a China, su principal cliente petrolero, la relación es más fluida. Seguramente Pekín ya está haciendo lo que Moscú no ha hecho: suministrar sofisticados sistemas de defensa antiaérea. Con China hay más fluidez seguramente también porque tanto China como Irán pertenecen al pequeño grupo de las entidades políticas más ancianas de este mundo. Tradiciones políticas y culturales de civilización de más de tres mil años determinan cierta sintonía.

En ese mismo contexto civilizatorio, los delirios supremacistas bíblicos de Israel no deben impresionar demasiado a Irán. Después de todo, un emperador persa, Ciro el Grande, fundador de la dinastía aqueménida, es mencionado en la Biblia como liberador de los judíos de su cautiverio babilónico en el siglo VI antes de Cristo. Como sucede con los chinos, el milenarismo judío tampoco impresiona a los persas. El Zoroastrismo, o mazdeísmo, nacido seguramente entre 1400 y 1000 años antes de Cristo fue una de las primeras, si no la primera religión monoteísta. Su cosmología, cielo, infierno, purgatorio, paraíso (en antiguo persa “pardis” significa jardín), la idea de un profeta salvador y de un mesías nacido de una virgen, inspiró, o fue adoptada por el judaísmo y su posterior desviación sectaria, el cristianismo. Autores como R.C. Zaehner defienden que los mitos mazdeístas de la creación, el fin del mundo y el juicio final, en el que las acciones de cada uno son enjuiciadas después de la muerte, son anteriores a los judíos y que éstos las adoptaron tras su contacto con la cultura persa (Katouzian, 2009).

Habiendo sufrido a lo largo de su larga historia las invasiones y dominios de árabes, turcos, mongoles y, más recientemente, de rusos, británicos y americanos, Irán siempre recuperó su autonomía política y preservó su cultura. A diferencia de los egipcios que perdieron su antigua identidad preislámica y se convirtieron en árabes, los persas continuaron siendo persas en el Islam. Persia fue dominada por grandes potencias, pero nunca colonizada. A diferencia también de muchos de sus vecinos de la región, su territorio no es producto del trazado occidental de las fronteras. Su sistema político fue casi siempre despótico, pero al mismo tiempo estuvo atravesado por todas las corrientes de pensamiento y fue muy permeable a ellas. Su fuerte identidad persa ha convivido con turcos azeríes (la mitad de los habitantes de Teherán lo son), turkmenos, kurdos, árabes, luros, baluchis y otros. Su confesionalidad chiíta no impide la existencia de comunidades sunitas (15% de la población), cristianas y judías. Irán tiene la mayor comunidad judía de Oriente Medio con entre 9.000 y 15.000 miembros, un diputado y decenas de sinagogas.


La delegación de CODEPINK en el Sucot de la Sinagoga Yusef Abad.

El Irán reciente

La identidad nacional de los persas no es sólo resultado de su patrimonio chiíta o preislámico, sino también de las experiencias del siglo XX, su revolución constitucional de principios de siglo, la amenaza imperial británica, rusa y americana, el movimiento nacional de Mossadeq, los traumas del golpe de 1953 y las dramáticas experiencias de la revolución de 1979 y de la guerra contra Irak, apoyado por Occidente.

Reza Shah (1878-1944): un mozo de cuadra que había alcanzado el generalato llegó al poder mediante un golpe de Estado en 1921 e instauró una monarquía militar que puso los cimientos de la primera estructura de gobierno centralizada en 2000 años de historia, extendiendo el uso de la lengua persa en un país de gran diversidad etnolingüística, junto con las carreteras y el ferrocarril. Su modernización autoritaria se impuso sobre un entramado despótico en el que los ministros del Shah, frecuentemente formados en Europa, se postraban ante él como “esclavos de su majestad” y cuya atmósfera era descrita por un funcionario británico diciendo que, “el gobierno tiene miedo del parlamento (majlis), el majlis tiene miedo del ejército y todos temen al Shah”. Los más estrechos colaboradores de aquel “rey de reyes” acababan frecuentemente en la cárcel o asesinados, como Abdul Hassan Diba, tío de la que más tarde sería emperatriz y esposa del último Shah, hijo de Reza, Mohammad Reza Pahlavi (1919-1980) derrocado por la revolución de 1979.

Como Ataturk algo después o el zar Pedro el Grande mucho antes, Reza Shah impuso códigos de vestimenta (pantalones y chaqueta) fomentando el afeitado de barbas y la moderación en la longitud del bigote. Concluida en 1930, la prisión de Qasr llegó a ser símbolo de su régimen. La llamaban faramushjaneh, la “casa del olvido” porque quienes ingresaban en ellas debían ser olvidados por la sociedad y borrar de su memoria el mundo exterior. El Shah modernizó Teherán, destruyendo la ciudad antigua, creando tiendas, cafés y cinco cines, cuyas primeras películas fueron Tarzánla Fiebre del oro de Chaplin y Alí Babá y los cuarenta ladrones. En el resto del país, por primera vez el poder militar central se impuso sobre la tradicional fuerza militar tribal que reinaba en regiones sin control, se sometió al clero “supersticioso”, se abrieron escuelas, mejoró el estatuto de las mujeres, se eliminaron estructuras “feudales”, se crearon las primeras fábricas y, sobre todo, se unificó el país lingüística y culturalmente, fomentando la unidad y una identidad nacional.

La occidentalización era el envoltorio del despotismo con prioridad de lo militar sobre lo civil, completa ignorancia de la ley y la Constitución, asesinato de líderes de la oposición y generalización de la corrupción.

Admirador de la Alemania nazi que, en vísperas de la II Guerra Mundial, era su primer socio comercial, Reza adoptó, en 1934, el nombre de Irán como el país origen de los arios. Con la invasión alemana de la URSS, soviéticos y británicos se hicieron con el control militar del país para disponer de un corredor terrestre de suministro alternativo a la peligrosa ruta marítima del norte del puerto de Arkhangelsk. Echaron al Shah pero conservaron su monarquía, que pasó a manos de su hijo Mohammad Reza, en 1941.

Mohammad Reza se estrenó como monarca constitucional poniendo fin al absolutismo de su padre –que murió en el exilio en Sudáfrica–, hasta que en 1953, instado por Inglaterra y Estados Unidos, dio un golpe de Estado contra su primer ministro Mohammad Mosaddeq, porque éste había nacionalizado la industria del petróleo en 1951 y era una figura demasiado independiente e incorruptible. El derrocamiento de Mosaddeq fue el primer golpe de Estado de la CIA y con él, el Shah restableció el régimen despótico de su padre y la autoridad indiscutible de la monarquía. El golpe asoció al Shah con los intereses petroleros ingleses y el imperialismo, y a su ejército con los servicios secretos británicos y la CIA. De paso, destruyó la oposición de izquierdas, lo que ayudó a reemplazar el nacionalismo, el socialismo y el liberalismo por el fundamentalismo islámico. Puede decirse por eso que las raíces de la revolución de 1979 se remontan a 1953 ( Abrahamian, 2008).

Con su último Shah y lo que se denominó “revolución blanca”, Irán se convirtió en el cuarto productor mundial de petróleo, el segundo exportador, y principal gendarme regional subordinado a Israel y Estados Unidos. Su presupuesto militar se multiplicó por doce y su policía de Estado, la Savak, creada por el Mossad y el FBI, devino en un temible instrumento de represión y control, cuya acción alcanzaba hasta el pueblo más remoto, con entre 25.000 y 100.000 presos políticos en 1975. Formalmente existían dos partidos, (Irán Novin y Mardom), popularmente conocidos como el “partido del sí”, y el “partido del sí señor”. Paralelamente hubo grandes avances en sanidad y educación, el analfabetismo se redujo de casi el 80% al 60% y se multiplicó el número de estudiantes, 80.000 de ellos en el extranjero. En vísperas de la revolución, casi la mitad de la población tenía menos de 16 años y las desigualdades sociales se habían exacerbado. Los sectores intelectuales y obreros que concentraban el mayor descontento multiplicaron por cuatro su número. Pensada para prevenir una revolución roja, la “revolución blanca” del Shah creó las condiciones para una inusitada y desconcertante “revolución islámica”.

La revolución de 1979 combinó nacionalismo, populismo y radicalismo religioso. El sociólogo Alí Shariati, uno de los autores que mejor expresó el nuevo espíritu, tradujo a Sartre, Che Guevara y a Franz Fanon, recibió la influencia de la teología de la liberación y de los movimientos de liberación nacional. Shariati definió la esencia del chiísmo como la lucha contra la opresión, el feudalismo, el capitalismo y el imperialismo. Educado en Francia, y tras haber sido encarcelado dos veces, tuvo que marchar al exilio para establecerse en Inglaterra, donde murió tres semanas después de su llegada y dos años antes de la revolución, en lo que los iranís interpretaron como un asesinato de la Savak. Si el público de Shariati era la intelligentsia y la juventud estudiantil, el de Jomeini, confinado o exiliado desde 1963 por acusar al Shah de someterse al dictado de los americanos, acabó siendo el conjunto de la población que coreaba en las manifestaciones sus postulados: El islam pertenece a los oprimidos, no a los opresores / El Islam representa a los habitantes de las barriadas no a los de los palacios/ El Islam no es el opio de las masas / Los pobres mueren por la revolución, los ricos conspiran contra ella / Oprimidos del mundo, ¡uníos! / Oprimidos del mundo, cread un partido de los oprimidos / Ni Este ni Oeste, sino Islam / El Islam eliminará las diferencias de clase / El islam se origina entre las masas, no entre los ricos / En el Islam no habrá campesinos sin tierra...

Como toda revolución, la iraní conoció enseguida la división y los enfrentamientos entre sus miembros, devoró a sus hijos e hizo suyos los métodos de tortura, ejecución y encarcelamiento de opositores que habían caracterizado al régimen anterior. La facción armada apoyada por el presidente Bani Sadr intentó tomar el poder en junio de 1981, asesinando a numerosas personalidades como el presidente de la Asamblea de expertos, el jefe del Tribunal Supremo, el jefe de la Policía, el de los tribunales revolucionarios, cuatro ministros, diez viceministros, un editor de periódico, veintiocho diputados, dos imanes y al presidente Mohamad Rajai, hiriendo, además, a dos importantes colaboradores de Jomeini, incluido su futuro sucesor como líder supremo, Rafsanjani. En el año y medio anterior, los tribunales ejecutaron a 497 opositores y en los cuatro años posteriores a aquel junio se ejecutó a 8.000 opositores, la mayoría de ellos antiguos revolucionarios. Occidente respondió a la revolución animando a Sadam Husein a iniciar su guerra contra Irán, de ocho años de duración (1980-1988), que produjo unos 200.000 muertos en Irán (la cifra de un millón de muertos habitualmente barajada no es correcta) y unió al país, aunque algunos grupos se aliaron con el enemigo. Concluida la guerra, una nueva ola de terror ahorcó en apenas cuatro semanas a 2.800 presos, lo que ocasionó la dimisión en protesta y el retiro del ayatollah Husein Montazeri que, desde 1979, estaba llamado a ser el sucesor de Jomeini.

La revolución de 1979 dio lugar a un sistema sin precedentes que combinó el gobierno de los clérigos con la democracia, con tres poderes separados, incluido un presidente electo y un parlamento, así como un sistema de tutela clerical de rango superior sobre todo ello. En la práctica, este sistema ha producido un juego institucional y una alternancia entre conservadores y reformadores mayor y seguramente más vivo que el de los actuales Estados Unidos con el eterno gobierno del Estado profundo y la alternancia entre las dos facciones de lo que es en esencia un partido único absolutamente controlado por la minoría más rica. En Irán, el aperturista Hasán Rohaní (presidente de 2013 a 2021) sucedió al conservador Majmud Ajmadineyad (2005-2013), con cambios de fondo, bandazos y retrocesos más significativos que los Clinton y Obama respecto a los Bush o Trump. Bernard Hourcade, uno de los más conocidos especialistas franceses en Irán, define al régimen iraní como “una república vigilada que se demuestra capaz de cambios y evolución bajo la presión cada vez mayor de su población” (Hourcade, 2016). La siempre denostada, y con razón, situación de la mujer en Irán es manifiestamente más desahogada que en los países musulmanes de la región. El 60% de los estudiantes universitarios y el 40% de los médicos son mujeres en Irán y en general, la sociedad parece mucho más viva y rebelde en la reclamación de sus derechos. En 2003 The Economist observaba que “pese a ser un Estado islámico imbuido de religión y de simbolismo religioso, Irán es un país cada vez más anticlerical. En eso se parece a ciertos países católicos en los que la religión se da como cosa hecha, sin particular exhibición y con sentimientos ambiguos hacia el clero. Los iraníes tienden a burlarse de sus mullahs, con chistes sobre ellos y desde luego los quieren fuera de sus dormitorios. Su disgusto es particularmente vivo hacia el clero político”.

A principios del actual siglo el 70% de la población no observaba sus oraciones diarias y menos de un 2% acudía a las mezquitas los viernes. (Abrahamian, 2008). Reducir la crónica de ese país a las protestas populares contra el velo, la represión o el elevado número de ejecuciones (frecuente segundo puesto mundial después de China), es la receta segura para no entender nada sobre Irán. En lo que a mí respecta, eso es algo que percibí con bastante claridad en mi único contacto directo con políticos iraníes. Fue, durante varios años, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, un cónclave atlantista organizado por las empresas armamentísticas alemanas al que se invitaba a algunos iraníes para mostrar un aparente pluralismo, absolutamente ausente del certamen. En medio de tanta estupidez imperial, las intervenciones de los iraníes solían ser las más interesantes y sofisticadas, y siempre eran ignoradas por el rebaño mediático allí congregado. 

Que un país de 92 millones de habitantes, más grande que la suma de España, Francia, Gran Bretaña y Alemania, con tal longeva tradición civilizatoria, que tiene frontera, terrestre o marítima, con quince países sin haber protagonizado ni una sola agresión ni invasión en los últimos doscientos años, y que propone desde hace décadas el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio, pase en Occidente por ser amenaza internacional, objeto de sanciones y bloqueos, y ahora de guerra, es mérito de nuestros medios de comunicación.

Cuando se dice que Irán no es Irak, se entiende que el imperio, cuya capacidad de desastre nadie discute, tiene en los persas un adversario de otra entidad y calidad. Es dudoso que los enloquecidos criminales de Washington y Tel Aviv comprendan la diferencia.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

miércoles, 10 de diciembre de 2025

El ambiguo “proceso de paz” para Ucrania

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.

Trump negocia porque quiere economizar sus recursos transfiriendo la contención de Rusia a los europeos y, de paso, ganar dinero vendiéndoles las armas, para recolocar el grueso de sus fuerzas en Asia en el frente contra China


     El lunes el presidente del comité militar de la OTAN, Almirante Giuseppe Cavo Dragone, declaró al Financial Times que la OTAN estudia actuar de forma “mas agresiva” contra Rusia. Un “ataque preventivo” contra Moscú “podría considerarse una acción defensiva”, dijo. Pocos días antes dos cargueros con destino a Rusia, el “Kairós” y el “Veirat”, fueron atacados con drones marítimos ucranianos en aguas turcas del Mar Negro y un tercero, el “Mersin”, sufrió otro ataque frente a las costas de Senegal. Según el influyente y bien informado diputado ruso Konstantin Zatulin, los ataques a barcos con carga rusa, de los que ha habido más de una docena en los últimos meses en diversos lugares del mundo, los planifican militares británicos destacados en el “Centro de operaciones marítimas 73” de la ciudad ribereña ucraniana de Ochákovo. Zatulin dice que las operaciones las dirige un almirante británico y que en el lugar hay fuerzas especiales inglesas.


Giuseppe Cavo Dragone, presidente del comité militar de la OTAN en su primera visita a Ucrania el 8 de febrero de 2025.

Putin fue preguntado por estos ataques. Dijo que los europeos continúan viviendo “en la ilusión de infringir una derrota estratégica a Rusia” y aunque saben que eso no es posible, no están dispuestos a admitirlo y se dedican a obstaculizar las conversaciones con Trump para una paz negociada.

Evidentemente, Trump no es un mediador. Al igual que en Gaza, donde es un protagonista del genocidio, en Ucrania preside la potencia que maneja el conflicto contra Rusia utilizando al gobierno de Kíev y, por supuesto, el propio conflicto de este con Rusia. Pero Trump negocia porque quiere economizar sus recursos transfiriendo la contención de Rusia a los europeos, y ganar de paso dinero vendiéndoles las armas, para recolocar el grueso de sus fuerzas en Asia en el frente contra China (el “pivot to Asia” iniciado ya por Obama). Esta genuina reconversión imperial, causa tensiones y diferencias en el establishment de Estados Unidos, con manifiestas divisiones en el interior de la propia administración de Trump.

Horas antes del inicio de unas conversaciones sobre Ucrania mantenidas en el Kremlin entre el Presidente Putin y los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, otro carguero ruso, el Midvolga 2, cargado de girasol para Georgia, fue atacado con drones marítimos ucranianos en el Mar Negro. Trump envió a Moscú a sus hombres de confianza, su amigo Witkoff y su yerno ultrasionista Kushner, y no al secretario de estado y consejero de seguridad nacional, Marco Rubio, que es más inflexible hacia Rusia. Trump hizo lo mismo la semana pasada cuando envió a Kiev a otro emisario para apretarle los tornillos a Zelensky y obligarle a aceptar algo, después de haber despedido al general Keith Kellogg, demasiado amigo de Zelensky y organizarle un escándalo de corrupción a través de la agencia antocorrupción ucraniana (NABU) muy controlada por la CIA. Washington se deshizo así de la mano derecha de Zelensky, Andrei Yermak. Trump no envió a extorsionar a Zelensky al secretario de guerra, Peter Hegseth, sino al más pragmático Dan Driscoll, al mando del ejército de tierra.

La salsa de las tensiones internas americanas de este culebrón fueron las noticias sobre la salud de Trump y su presunta mermada capacidad cognitiva, la filtración de supuestos consejos de Witkoff a Putin sobre la manera de camelar a Trump, y el informe del Financial Times acerca de la ambición de Driscoll por desplazar a Hegseth del departamento de guerra. Todo eso, más lo que desconocemos, que suele ser mucho más, forma parte del esfuerzo por impedir la negociación. En cualquier caso, este ambiguo y equívoco “proceso de paz” ucraniano, con conversaciones y negociaciones en curso pero envueltas en conspiraciones para hacerlas zozobrar, nunca habría sido posible si el ejército ruso no estuviera avanzando y ganando en el campo de batalla. Eso es lo que determina todo.

Al mismo tiempo, hay que decir que, aunque aquellos iniciales 28 puntos del “plan de paz” (cesión del Donbas, no pertenencia de Ucrania a la OTAN, límite de 600.000 hombres para las fuerzas armadas ucranianas, 100.000 millones rusos para la reconstrucción de Ucrania, la ridícula “readmisión” de Rusia en el G-7 hacia el que Moscú ha perdido todo interés, etc.) no fueron consensuados con Rusia, Putin lo considera una “base de discusión”. Las últimas sanciones petroleras contra empresas rusas parecen haber hecho daño en Moscú. Según Bloomberg hace cinco semanas que Rusia exporta medio millón de barriles de crudo menos al día, aunque Goldman Sachs asegura que se ha encontrado remedio… El mensaje del Kremlin es que Rusia no está interesada en proseguir la guerra y Putin lo dejó bien claro el martes en una declaración que muchos malos informadores españoles presentan como mera “amenaza”:

No vamos a entrar en guerra con Europa, ya lo he dicho cien veces”, dijo Putin. “Pero si Europa de repente quiere entrar en guerra con nosotros y lo hace, estamos preparados ahora mismo. Europa no es Ucrania. Con Ucrania actuamos de forma quirúrgica, con cuidado. No es una guerra en el sentido directo y moderno de la palabra”. Con Europa sería diferente, dijo Putin, sugiriendo que una cosa es luchar contra los parientes ucranianos y otra muy distinta contra quienes han invadido el país en cuatro ocasiones en los últimos tres siglos, dos de ellas con propósito aniquilador.

A continuación Putin fue preguntado sobre cómo responder a los ataques a los barcos con carga rusa, cuyo tránsito los medios occidentales pretenden criminalizar sin el menor fundamento con la denominación “flota fantasma”:

Ampliaremos la gama de nuestros ataques contra las instalaciones portuarias y los barcos que entran en los puertos ucranianos, eso en primer lugar. En segundo lugar, si esto continúa, consideraremos la posibilidad, no digo que lo vayamos a hacer, pero consideraremos la posibilidad de tomar medidas de respuesta contra los buques de los países que ayudan a Ucrania a llevar a cabo estas acciones piratas” Y a continuación Putin añadió lo más importante: “la forma más radical”, dijo, “sería cortar el acceso de Ucrania al mar”. Eso significa extender la conquista militar rusa de Ucrania a las regiones de Nikolayev y Odesa, convirtiendo Ucrania en un reducido enclave terrestre sin apenas relevancia geopolítica y cortando por lo sano la ambición británica de una presencia naval en el Mar Negro. Hasta ahora varios expertos rusos consideraban militarmente irreal completar la conquista de toda la franja marítima de Ucrania, pero si el ejército de ese país colapsa y los europeos siguen hostigando, nada puede excluirse. Sea como sea, últimamente Putin ha comparecido varias veces de uniforme, algo nuevo, y diciendo a sus generales “estamos preparados para ir mas allá de la Operación Militar Especial”, que es como se llama oficialmente en Rusia a la guerra de Ucrania.

El “plan de paz” ni está consensuado con Rusia, ni tiene consenso en Estados Unidos – ni siquiera en la administración Trump – ni es aceptado por los europeos. El proyecto europeo es “la perpetuación de la guerra por procuración contra Rusia durante por lo menos otros dos o tres años, desplegando tropas alemanas en el Báltico, rearme masivo, y preparativos para una guerra relámpago preventiva contra Kaliningrado”, lo que indica que la guerra contra Rusia está destinada a realizarse, dice la analista alemana Almut Rochowanski.

En este blog ya adelantábamos en julio de hace dos años que Ucrania perdía la guerra pero que probablemente eso no significaría una verdadera victoria rusa Ucrania está perdiendo la guerra, pero Rusia no la está ganando. – Rafael Poch de Feliu Hoy la hipótesis de un mal cierre de esta guerra tiene muchos más partidarios y el principal mérito para su cumplimiento, de momento, es europeo.

Los dirigentes europeos no pueden considerar la paz como opción. Como apunta el analista italiano Andrea Zhok La guerra de Ucrania llega a su fin (pero no será un verdadero final) – Rafael Poch de Feliu , “para gente como von der Leyen y Kallas se aplica el lema de aquella película de Alberto Sordi «Mientras haya guerra, hay esperanza»: Mientras siga viva la descabellada narrativa de «hay un agresor y un agredido, no teníamos otra opción», toda la catastrófica conducta de las clases dirigentes europeas puede evitar llegar a rendir cuentas.


Vista de los sepelios en el campo de Marte de Lviv en 2022 y este año.

Por esta razón, la perspectiva que nos espera es la de una guerra híbrida permanente, en la que los paramilitares ucranianos proporcionarán parte de la mano de obra y Europa proporcionará los medios tecnológicos y económicos”.

El pacifismo de Trump para Ucrania tiene la misma sustancia que el “plan de paz” de Gaza que nunca funcionará porque ha sido diseñado para mantener la masacre israelí sin alto el fuego, manteniendo la ocupación, el bloqueo de ayuda y alimentos y los bombardeos, también contra Siria y Libano. La negociación de Trump con Putin no cancela sino mantiene y refuerza la presión para rodear a Rusia y debilitarla en su periferia, como muestra la política mantenida hacia Georgia, Armenia, Moldavia y la última iniciativa de Trump con los autócratas de Asia Central. Y no solo con Rusia. El impulso hacia China es idéntico.

Los intentos de Trump de sancionar comercialmente a China se derrumbaron cuando Pekín anunció su respuesta de cortar toda exportación de tierras raras, un recurso del que, hoy por hoy, dispone casi en solitario, y que actuaría como un verdadero leñazo para la potencia económica y militar americana. Washington ha reculado, pero ha impulsado a Japón para debilitar a China de la misma forma en que lo ha hecho con Ucrania hacia Rusia. Ese es el contexto de las declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, de que Taiwán es estratégicamente relevante para Japón y que su país desplegará misiles cerca de su territorio. Japón no tiene mala imagen en Taiwán, isla que ocupó durante medio siglo hasta 1945, hasta el punto de que a diferencia de los coreanos, algunos taiwaneses no solo no odian a Japón sino que se consideran próximos. Es un recurso ideal para provocar a Pekín y fomentar la confrontación militar allá.

Como dice Laura Hein, una historiadora especialista en Japón, aunque a menudo hablamos de la guerra en términos de vencedores y vencidos, olvidamos la lógica intrínseca de la guerra que apunta hacia una devastación cada vez mayor. Una vez comenzada, todas las presiones se dirigen hacia una mayor destrucción. Los grandes conflictos pueden empezar casi sin quererlo, pero una vez iniciados la lógica de escalada hace que sea mucho más difícil detenerlos que iniciarlos. Tal es el implacable impulso de la guerra en sí misma.

En la era de la crisis del capitalismo antropocénico, el Norte Global se está metiendo en esa catastrófica espiral bélica para “resolver” el desastre planetario al que nos ha conducido.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

martes, 22 de abril de 2025

La doble cara de la motosierra trumpista: recortes públicos y contratos privados para empresas de Musk

 

 Por Bruno Sgarzini    
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     En su nueva presidencia, Donald Trump parece aplicar una doctrina de “conmoción y pavor” sobre la Administración pública estadounidense a través del Departamento de Eficiencia de Elon Musk. Al igual que otros gobiernos, como el de Javier Milei, la motosierra pasa por las agencias estatales sin discriminar las funciones esenciales del Estado y analizar los efectos colaterales de los recortes. También con claros conflictos de intereses que benefician los negocios del magnate.




Estos son algunos de los casos más ejemplares de la motosierra trumpista: que van desde el ataque a los programas sociales hasta el despido masivo de técnicos nucleares y contratos para empresas de Musk.

1. Los recortes de Elon Musk pueden “colapsar” el principal organismo que lucha contra la “pobreza”.

La Administración del Seguro Social es considerada como el "tercer carril" de la política estadounidense por su papel crucial en mantener a millones de personas fuera de la pobreza, atiende mensualmente a 73 millones de beneficiarios con pagos de jubilación, supervivencia y discapacidad. Sin el dinero del Seguro Social, 22 millones más de adultos y niños estarían por debajo de la línea de pobreza, según el Center on Budget and Policy Priorites.

Por los recortes del Departamento de Eficiencia de Musk, la administración enfrenta una reducción del 12% de su personal cuando ya opera con la plantilla más baja en 50 años. También se prevé el cierre de seis oficinas regionales y más de 40 oficinas locales de atención al público, lo que dificultaría el acceso a servicios vitales para las poblaciones más vulnerables. La combinación de recortes de personal, cierres de oficinas y pérdida de experiencia técnica está creando una tormenta perfecta que amenaza con interrumpir la entrega puntual de beneficios de los que dependen millones de estadounidenses para su supervivencia diaria.




Los recortes en la Seguridad Social amenazan con colapsar el sistema que mantiene lejos de la pobreza a 22 millones de estadounidenses.

Angela Digeronimo, especialista de reclamos con 28 años en la agencia, advierte que los tiempos de espera para determinar elegibilidad en programas de discapacidad, que ya alcanzaban ocho meses, se están extendiendo peligrosamente. "Más personas morirán mientras esperan una determinación médica sobre su reclamación de discapacidad", afirma con preocupación. Si bien las prestaciones del Seguro Social no pueden modificarse sin la aprobación de una ley del Congreso, los recortes impactan en los procesos burocráticos para la entrega de cheques pago y la posibilidad de que nuevas personas entren al sistema.

Para Shelley Washington, vicepresidenta ejecutiva de la Federación Estadounidense de Empleados Gubernamentales Local 1923, una unidad del sindicato federal de trabajadores, es “una degradación del sistema en su conjunto”. En su opinión, “la entrega de cheques a las personas que ya están inscritas en el sistema no debería verse afectada, por ahora, pero cada vez es más incierto quién estará disponible para solucionar los problemas cuando surjan”. Para Martin O'Malley, el excomisionado del Seguro Social de la Administración Biden, el temor es que el equipo de Musk haya diseñado varias medidas para provocar “un colapso total del sistema” con tiempos de espera prolongados para la atención al público e interrupciones del pago de las prestaciones.

2. Trump congeló dos programas estadounidenses que apoyaban las inspecciones nucleares en Irán

Al asumir su nuevo mandato, Donald Trump congeló por 90 días, la ayuda internacional de Estados Unidos. Dentro de los programas alcanzados estaban dos dirigidos a apoyar las inspecciones nucleares en Irán de El Organismo Internacional de Energía Atómica (OEIA) de Naciones Unidas.

Estos dos programas funcionan esencialmente como puentes cruciales entre los inspectores basados en Viena, que como parte del Departamento de Salvaguardias del OIEA investigan instalaciones nucleares globalmente, y la sofisticada red de laboratorios nucleares estadounidenses, incluyendo Los Álamos. Su papel consiste en canalizar conocimientos técnicos de nivel mundial y asistencia especializada hacia Viena, una función que quedó interrumpida cuando Trump decidió suspender la ayuda exterior. Para The New York Times: “la ayuda estadounidense contribuye a que la agencia de Viena desarrolle su cuerpo de inspectores, cuyo personal, a su vez, puede acudir a lugares donde los expertos del gobierno estadounidense podrían no ser bienvenidos. Los inspectores han expuesto el progreso nuclear oculto de Irán y han ayudado a Moldavia, país de Europa del Este, a incautar un cargamento ilícito de uranio altamente enriquecido, que puede alimentar bombas atómicas. Es una vía de doble sentido. Además, la ayuda nuclear facilita la colocación de ciudadanos estadounidenses en la agencia de Viena”. De forma paradójica, la misma Administración que critica a Irán por su programa nuclear podría estar facilitando el camino hacia una bomba nuclear.




Esta decisión parece haber estado influida por el famoso Proyecto 2025 de la Fundación Heritage, un documento redactado con ayuda de muchos leales a Trump, que instaba a la próxima administración a "poner fin a actividades de no proliferación ineficaces y contraproducentes como las relacionadas con Irán y las Naciones Unidas". Ante las críticas de varios halcones republicanos, Trump debió revertir su decisión sobre uno de los dos programas de colaboración con la OEIA.

3. Los despidos en el Departamento de Agricultura pueden aumentar los precios de alimentos y provocar plagas en los cultivos estadounidenses

Una clásica de los gobiernos libertarios, dirigidos por empresarios, es contemplar el gasto público como un número vacío. Bajo este razonamiento, partidas destinadas a prevenir algunos fenómenos, como plagas, son un costo a recortar. Lo que puede ser “pan para hoy, hambre para mañana” si después deriva en una mayor erogación en el futuro para reparar las consecuencias: en criollo, si no se gasta en prevención, se multiplican las partidas en reparar consecuencias. Es lo que sucede con los seis mil despidos del Departamento de Agricultura.

Entre ellos, por ejemplo, hay entrenadores de perros detectores de plagas, inspectores de alimentos y especialistas en cuarentena de plantas, profesionales altamente capacitados cuyo trabajo es fundamental para detectar especies invasoras y enfermedades que podrían devastar la agricultura estadounidense. El medio estadounidense The Wired pone como ejemplo el caso de Derek Copeland, quien “trabajó como entrenador en el Centro Nacional de Entrenamiento de Detección Canina del Departamento de Agricultura de EE. UU., preparando beagles y labradores retrievers para detectar plantas y animales invasores o vectores de enfermedades zoonóticas, como la peste porcina". Según The Wired; “antes de recibir su notificación de despido, dice, Copeland acababa de pasar varios meses entrenando al único perro destacado en Florida capaz de detectar el caracol gigante africano, un molusco invasor que representa una amenaza significativa para la agricultura floridana. "Tenemos perros para moscas moteadas y linternas, y escarabajos asiáticos de cuernos largos".

Space X, la empresa de Musk, puede quedarse con un contrato de 2.400 millones por la orden de uno de sus empleados en una agencia gubernamental.

Otro ejemplo es el de equipos dedicados a inspeccionar las importaciones de plantas y alimentos, de programas como de Protección y Cuarentena de Plantas, que han perdido a cientos de empleados. Puertos, como el de Los Ángeles y Miami, han sufrido recortes del 35% de sus inspectores de plantas y hasta el 60% de su personal de "contrabando e interdicción". Según Armando Rosario-Lebrón, vicepresidente de la Asociación Nacional de Empleados Agrícolas, esta situación podría llevar a "problemas de nivel pandémico" si no se corrige pronto”, ya que gran parte de los trabajadores estaban capacitados para proteger las cadenas de suministro de alimentos y agricultura de Estados Unidos de plagas invasoras.

Para Mike Lahar, gerente de asuntos regulatorios del gigante estadounidense de agentes de aduanas Deringer, estos despidos hacen que demoren más las inspecciones y que haya más fallos en los controles. Lo que podrían provocar la descomposición de los alimentos durante la espera en los puertos y un aumento aún mayor en los precios de los comestibles, además de aumentar la probabilidad de que especies invasoras, potencialmente devastadoras, entren al país. Aunque dos jueces federales han ordenado que los empleados despedidos sean reincorporados, la administración Trump ha indicado que luchará contra estas decisiones judiciales.

4. Recortes en la agencia responsable de manejar y “modernizar” el arsenal nuclear de Estados Unidos

La Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA) de Estados Unidos enfrenta una grave crisis de personal en medio de un ambicioso esfuerzo para modernizar el arsenal nuclear del país. Según una investigación del New York Times, más de 130 empleados aceptaron indemnizaciones para renunciar, mientras que otros 27 fueron despedidos sin ser recontratados, lo que ha eliminado prácticamente todas las mejoras recientes de personal en la agencia. Entre los afectados hay científicos, ingenieros de bombas y expertos en seguridad nuclear que desempeñaban funciones críticas. Para el diario estadounidense es preocupante la pérdida de personal especializado en transporte seguro de materiales nucleares, una tarea descrita como "peligrosa y exigente que requiere formación rigurosa".

Media docena de miembros abandonaron una unidad encargada de construir reactores para submarinos nucleares, y un bioquímico que supervisaba las normas de seguridad en una planta de ojivas nucleares en Texas también fue despedido. La situación es particularmente alarmante considerando que la NNSA gestiona 3,748 bombas y ojivas nucleares del país, mientras ejecuta un programa de modernización valorado en 20,000 millones de dólares anuales. Scott Roecker, vicepresidente del programa de seguridad de materiales nucleares de la Iniciativa de Amenaza Nuclear, advirtió que el éxodo "dificultará el trabajo porque se perdieron algunos de sus líderes más valiosos", refiriéndose a personas "muy competentes, exitosas y bien capacitadas que desempeñaban funciones complejas y especializadas". Los despidos han afectado a instalaciones críticas en todo el país.

La combinación de recortes de personal, cierres de oficinas y pérdida de experiencia técnica está creando una tormenta perfecta que amenaza con interrumpir la entrega puntual de beneficios de los que dependen millones de estadounidenses para su supervivencia diaria.

5. Elon Musk despide trabajadores en la Autoridad de Aviación y coloca exejecutivos de Space X en su dirección para que le otorguen contratos a sus empresas

La Administración Federal de Aviación (FAA) fue también víctimas de los recortes de Musk con el despido de 400 trabajadores, entre los que hay personal contratado para el mantenimiento de radares, aterrizaje y ayudas a la navegación. La motosierra no discriminó ni siquiera al equipo que trabajaba en un sistema de radar de alerta temprano de misiles crucero en Hawái, considerado clasificado por el Pentágono. Y hay serias sospechas de que pueda afectar el trabajo de los controladores aéreo en medio de una escasez de personal, según la agencia Associated Press.

Pero lo más llamativo no es esto: si no que después de la salida del anterior director de la FAA, Mike Whitaker, el Departamento de Eficiencia colocó como mandamás interino a una persona rodeada de asesores de la empresa Space X de Musk después de que esta autoridad pidiera multas por más de medio millón contra la compañía por no respetar las normas de seguridad en el lanzamiento de sus cohetes. En un claro conflicto de intereses, Ted Malaska, un ingeniero de Space X y “voluntario” del Departamento de Eficiencia, ordenó a los empleados de la FAA que implementaron un programa para “desplegar miles de terminales Starlink, empresa subsidiaria de SpaceX, para para apoyar el sistema de espacio aéreo nacional". Quien no cumpliese la orden se arriesgaba a ser denunciado con Musk y perder su empleo, amenazó Malaska, según Bloomberg.

El conflicto de intereses es claro ya que la agencia regula y otorga licencias para los lanzamientos de cohetes de SpaceX e investiga sus incidentes. Si se cumpliese la orden, de manera simultánea, la compañía de Musk tendría a su cargo una infraestructura crítica como lo son las redes de telecomunicaciones de la autoridad aérea estadounidense; consideradas fundamentales para “para supervisar 74 millones de kilómetros cuadrados de espacio aéreo estadounidense y garantizar el movimiento ordenado y seguro de 45.000 vuelos diarios”. De esta forma, Space X puede quedarse con un contrato de 2.400 millones de dólares, otorgado al gigante Verizon Comunnications Inc, para modernizar estas redes .

Un acto de rapiña empresarial.


Fuente: Bruno Sgarzini