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miércoles, 2 de septiembre de 2026

El ‘tsunami himalayo’ es un delito climático

 

 Por Shreya K.C.   
      Activista por la justicia climática de Solukhumbu, Nepal. Coordinadora del Grupo de Trabajo de Incidencia de la Coalición de Jóvenes por Pérdidas y Daños.


Lo ocurrido en Nepal y el Tíbet es la escena de un delito climático. Los responsables son las empresas de combustibles fósiles y los países contaminantes, a quienes se debe exigir responsabilidades


     Tras las catastróficas inundaciones y deslizamientos de tierra que azotaron el norte de Nepal la mañana del 26 de agosto, lo que queda son familias que lloran a quienes no volverán, esfuerzos desesperados de rescate y ayuda humanitaria, hospitales abarrotados.


Una imagen aérea de la devastadora riada ocurrida en la zona fronteriza entre Nepal y la región del Tíbet (China).

Hasta la tarde del 28 de agosto, se han confirmado 538 fallecidos. Se ha rescatado a 3.742 personas. Otras 977 personas siguen desaparecidas, entre ellas muchos turistas y peregrinos que se dirigían al lago Gosainkunda, en Rasuwa. Al menos doce empresas hidroeléctricas han sufrido daños masivos, mientras que más de 30 puentes han quedado arrasados.

Las inundaciones ocurrieron antes de las festividades de Janai Purnima, que marca el final de la temporada de siembra del arroz, y Raksha Bandhan, cuando las hermanas atan una pulsera protectora a la muñeca de sus hermanos, deseándoles una vida larga y saludable. Pero este año falta el espíritu festivo. Solemos citar el poema del poeta nacional Madhav Prasad Ghimire: “¿Cómo se elevará nuestra estatura si el propio Himalaya deja de existir?”

Nepal es un país montañoso, sin salida al mar. Pero sufrió lo que parecía un tsunami himalayo. Los estudios iniciales han concluido que una avalancha de roca y hielo en la cara norte del Langtang Himal (7.245 metros) fue tan violenta que provocó un terremoto de magnitud 4,4. Luego, una masa de roca y hielo se precipitó río abajo, con una fuerza y una velocidad sin precedentes.

La causa subyacente es clara: el aumento de las temperaturas ha acelerado el retroceso de los glaciares y el deshielo del permafrost, lo que ha provocado la desestabilización de las mismas montañas que nos sustentan y protegen. Lamentablemente, estos desastres no son inesperados. La ciencia ha advertido, una y otra vez que, a medida que nos acercamos a los puntos de inflexión del planeta, los fenómenos extremos serán cada vez más frecuentes y graves.

El año pasado, 18 personas perdieron la vida en una inundación provocada por el desbordamiento de un lago glaciar en el río Bhotekoshi, el mismo lugar donde se originaron las inundaciones en esta ocasión.

En 2021, la inundación de Melamchi se cobró la vida de al menos 17 personas y destruyó el proyecto de abastecimiento de agua de Melamchi. Las familias que lo perdieron todo, incluido su hogar, siguen esperando una indemnización.


Ascedieron a 17 los muertos en Nepal por unas lluvias que dejaron 24 desaparecidos en la inundación de Melamchi.

Cuando viajé a Melamchi el año pasado, la zona todavía parecía como si las inundaciones hubieran ocurrido una semana antes. Los distritos más afectados, Rasuwa y Nuwakot, se encuentran además entre aquellos en los que se tardan décadas solo en construir colegios, hospitales, puentes y carreteras. Cada desastre de este tipo echa por tierra décadas de progreso y desarrollo.

Nepal ha emprendido esfuerzos incansables para fomentar la adaptación y la resiliencia climática. Más del 45 % de la superficie del país está cubierta de bosques. Hemos logrado una electrificación casi universal gracias a la generación de energía hidroeléctrica limpia. Se han implantado sistemas de alerta temprana en muchas comunidades ribereñas, donde la población recibe avisos durante las lluvias intensas y las inundaciones previstas.

A pesar de ello, nos vemos repetidamente sacudidos por una devastación inimaginable. Es una injusticia. Nosotros no provocamos el incendio de la emergencia climática que nos ha envuelto. No podemos seguir pagando por ello con nuestras vidas, nuestros hogares y nuestras esperanzas.

Para empeorar esto, la financiación climática se recibe en forma de préstamos con intereses de mercado, lo que no hace sino agravar la crisis de la deuda. Los países más vulnerables, incluido el nuestro, llevan más de tres décadas exigiendo una financiación nueva, accesible, y basada en subvenciones para evitar, minimizar y hacer frente a las pérdidas y daños. El Fondo de Pérdidas y Daños, creado en 2023, cuenta con menos de 1 000 millones de dólares estadounidenses. Se prevé que la necesidad real sea de 400.000 millones de dólares al año.

La justicia climática para nosotros y para muchas otras comunidades afectadas de todo el mundo significa afrontar quién ha creado esta crisis y quién se ve obligado a pagar por ella. Los países y las empresas que se han beneficiado enormemente de siglos de crecimiento impulsado por los combustibles fósiles no pueden seguir trasladando esta carga a las comunidades.

Quienes se encuentran en primera línea de la crisis climática no pueden esperar otro año, otra COP u otra década para obtener financiamiento. Lo que exigimos no es ayuda, donaciones ni caridad, sino justicia y compensación. Quienes más han contribuido a esta crisis y quienes cuentan con mayores recursos no pueden mirar hacia otro lado. Destinen dinero al Fondo de Pérdidas y Daños ahora mismo. Los contaminadores deben pagar por el caos que nos han infligido.


Fuente:
El Salto

sábado, 25 de julio de 2026

El cóctel de ola de calor e incendios lleva a la Península Ibérica a una situación crítica

 

 Por Pablo Rivas   
       Coordinador de Clima y Medio Ambiente en El Salto.


La superficie quemada ya es cinco veces superior a la que se había calcinado por estas fechas en 2025. España pide a la UE activar el mecanismo de respuesta ante emergencias



Vivienda calcinada por el fuego en la Comunidad de Madrid.

     La tercera ola de calor en lo que llevamos de verano en una Península que cada año ve cómo aumentan los días de calor extremo y los récords de temperatura está dejando una situación crítica en gran parte del territorio con la proliferación de incendios forestales.


El verano más cálido de la historia en España se salda con 31 días adicionales de calor extremo.

La Agencia Española de Meteorología (Aemet) ha dado por terminado el episodio de temperatura extremas este viernes, pero las temperaturas alcanzadas, de hasta 45ºC en zonas del interior y el sur peninsular, han dejado un caldo de cultivo perfecto para una nueva oleada de incendios que, si el año pasado atacaron especialmente el noroeste peninsular, en esta ocasión está afectando principalmente al interior.


Un bombero durante la extinción de un incendio den Carballeda de Avia, Ourense.

A pesar del descenso térmico anunciado, el nivel de peligro de incendios, no obstante, sigue siendo este viernes 24 de julio “muy alto o extremo en la mayor parte del territorio pese al descenso de las temperaturas”, señala el organismo meteorológico. Y aunque las condiciones “mejorarán algo durante el fin de semana”, se incrementará de nuevo el peligro en días posteriores.


Incendios en la España peninsular el 24 de julio.

132.00 hectáreas en lo que va de año

El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS, por sus siglas en inglés) cifra las hectáreas quemadas hasta ahora en España en 132.825. Se trata de casi cuatro veces más que la media de los años 2006-25 (de 35.700 ha). Desde el Ministerio de Transición Ecológica manejaban una cifra algo menor: 114.796 hectáreas hasta este 24 de julio, un registro igualmente alto. Son “cinco veces más que el mismo periodo del año anterior”, señalaba la ministra Sara Aagesen, recordemos, el peor año en tres décadas en el que se quemaron 354.793,50 ha, más de 300.000 en la oleada de agosto, episodio que también coincidió con una ola de calor, la segunda más larga e intensa de la Península desde que hay registros.

Imágenes a vista de dron de Pelayos de la Presa tras el fuego desatado en San Martín de Valdeiglesias fruto de un coche ardiendo en la M-501.

El número de grandes incendios, como se califica a los que devoran más de 500 ha, también se está disparando. “Ya son 29”, lamentaba este viernes Aagesen, lo que supera la media anual de episodios de estas características registrados entre los años 2015-25, situada en 24. Este incremento es debido a la combinación de olas de calor más duras junto con una mayor cantidad de combustible vegetal seco disponible en sobre el terreno. “Cuando hay determinadas condiciones muy específicas, muchísimo más duras, esa capacidad de extinción no funciona, y eso es porque las condiciones del medio han cambiado muchísimo”, señalaba a El Salto recientemente el biólogo y consultor ambiental Xabier Vázquez Pumariño.

El incendio de La Mierla (Guadalajara) es un ejemplo de esto. Con más de 35.000 hectáreas quemadas, ya es el tercer incendio más grandes de la historia de España por superficie. Desde que comenzase el 16 de julio, aún no ha sido apagado y actualmente se encuentra en “fase de estabilización”. El director técnico de Emergencias remitía en la tarde del jueves a los medios unas declaraciones en las que señalaba que “pueden quedar todavía días” para que se dé por completamente estabilizado. “Solo podremos llegar a la estabilización del incendio cuando el cien por cien de la integridad de ese perímetro se encuentre estabilizado. Mientras tengamos diez metros o cinco metros donde no esté estabilizado el perímetro, no podremos llegar a esa estabilización que buscamos”, apuntaba.

El centro de la emergencia, entre Ávila y Madrid

De Guadalajara el foco de la emergencia se ha movido apenas cien kilómetros al oeste. El Gobierno declaró a medianoche del jueves la emergencia de interés nacional en Ávila y la Comunidad de Madrid debido a la rápida escalada en la evolución de tres incendios forestales declarados en los términos de Burgohondo (Ávila) —una zona que lleva años sufriendo especialmente los incendios forestales estivales— y Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias (Comunidad de Madrid), estos dos últimos ya prácticamente unidos en un mismo frente.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, anunciaba la medida debido a “la concurrencia de estos incendios” y unas condiciones meteorológicas que ha calificado de “especialmente adversas”, en plena salida de la ola de calor, con máximas por encima de los 30 grados y rachas de viento en la zona en torno a los 30 km/h. 

La medida responde también a “la necesidad de movilizar un importante volumen de recursos de distintas administraciones públicas”, señalaba Interior, que ya ha encomendando la dirección operativa de la emergencia a la Unidad Militar de Emergencias.

El 112 de la Comunidad de Madrid ha cifrado en más de 20.000 personas las evacuadas —en los términos municipales de Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias, Pelayos de la Presa, Aldea del Fresno, Navas del Rey, Chapinería y Colmenar de Arroyo— debido a los incendios en esta región, que en la mañana de este viernes seguían sin estar controlados y sin perimetrar, a pesar de que Emergencias señalaba a primera hora que “los trabajos nocturnos han sido efectivos”. El mismo organismo cifraba a primera hora del viernes en 270 los profesionales actuando en la extinción de estos incendios.

Desde Burgohondo, Ángel Malanda, bombero forestal en la base del Barco de Ávila (Ávila), que en la noche del juves estuvo trabajando en la ladera que baja hacia Piedralaves (Ávila), señala a El Salto que, si bien esa zona “es digamos la parte menos conflictiva”, el área es “potencialmente muy peligrosa porque si acaba bajando todo ese frente de llamas, que ayer sería de unos cuatro o cinco kilómetros como poco, a los pinares que hay en Piedralaves, ya en el valle del Tiétar eso ya puede ser el acabose”.

Se trata de una preocupación que comparten desde la Junta de Castilla y León respecto a un fuego que ya se ha extendido a los municipios de Navaluenga, El Tiemblo y El Barraco, y que ha obligado a a evacuar a 1.500 personas.

En cuanto a medios para combatir el fuego, España ha activado el mecanismo ante emergencias de la Unión Europea y ha solicitado al menos cuatro aviones para combatir los principales focos. Grecia ya ha respondido, poniendo a disposición del Ejecutivo español dos aviones Canadair CL-415.

Fuego en León y Aragón

La emergencia por incendios, no obstante, no se ciñe exclusivamente al interior peninsular. En Castilla y León, la comunidad más castigada en 2025 junto con Galicia por el fuego, además del de Burgohondo hay una decena de fuegos activos. El de Murias de Ponjos (León) ha ascendido Índice de Gravedad Potencial 2 esta noche, obligando a evacuar las localidades de Rosales, Folloso y Andarroso.

También Aragón está sufriendo el ataque del fuego, con un incendio declarado el jueves entre entre La Cerollera y La Cañada de Verich, en Teruel. Asimismo, siguen activos los de Ejulve (Teruel) y Plan, en el pirineo oscense.


Fuente: El Salto

miércoles, 25 de marzo de 2026

Dead man walking

 

 Por Antonio Turiel    
       Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.



     La guerra de Irán entra en su cuarta semana. Una vez más, para evitar un pánico y hundimiento generalizado de las bolsas al abrir la sesión del lunes, se ha tenido que inventar una noticia para apaciguar al mercado. En este caso, Donald Trump ha decretado una tregua de 5 días (solo de la parte americana, Israel va a la suya), según él, gracias a fructíferas conversaciones con Irán durante este fin de semana (conversaciones ya desmentidas por las autoridades iraníes).

Estamos en tiempo de descuento. En las próximas semanas llegarán los últimos buques que salieron de Ormuz antes del cierre, y cuando esto suceda, la escasez de manifestará con toda su crudeza e intensidad. De hecho, las cosas ya están yendo horriblemente mal. La lista de países que están sufriendo problemas de suministro de combustible o incluso han impuesto medidas de racionamiento (Japón, Australia, Nueva Zelanda, India, Tailandia...) va creciendo a medida que pasan los días. China ha restringido la exportación de fertilizantes, y en los EE.UU. se estima que en esta campaña faltarán entre el 25 y el 35% de los fertilizantes que habitualmente se usan. 


Un trabajador se encuentra junto a sacos de fertilizantes descargados de un buque de carga en un puerto de Lianyungang, provincia de Jiangsu, China.


Una imagen tomada con un dron muestra un tractor y una sembradora de soja estacionados en una granja de soja en Somonauk, Illinois, EE. UU.


La escasez de helio va a causar una fuerte caída de la producción de chips en unas semanas, y por no hablar de la desastrosa situación del aluminio o del cobre, por citar un par de materias primas.


La guerra entre Irán y Qatar interrumpió el suministro de helio.


Pero en realidad todo está afectado. De manera para nada sorprendente para los lectores tradicionales de este blog, en este momento una de las cosas que más escasea es el diésel, y eso afecta a absolutamente todo, a la cadena de suministros de todo tipo de materias primas.

No parece haber una solución sencilla. Irán no va a cejar si no hay un compromiso de no agresión creíble por parte de EE.UU. y de Israel, garantizado por grandes potencias como Rusia y China, y una reparación de guerra a la altura del daño que se ha causado. No puede hacerlo por menos, pues sabe que si cede ahora, dentro de unos meses volverán a atacarle, tras rearmarse. Pero esas condiciones son completamente inaceptables para EE.UU. e Israel. Realmente, no hay ningún tipo de salida sencilla para este atolladero. Todo apunta a que se va causar un daño estructural inmenso en el edificio de la economía mundial.

Poniéndome ahora en el contexto de España y de Europa, siendo honestos, salvo que suceda algo ahora mismo inimaginable (literalmente un milagro) nos vamos a estrellar. No es imaginable ningún otro desenlace. Vamos a sufrir una pérdida muy duradera, quizá incluso permanente, de un 25% o más de nuestro consumo energético, y va a suceder durante los próximos meses. Vamos a ver como una buena parte de nuestras industrias se hunden para nunca jamás recuperarse. Vamos a ver como el paro de dispara. Y en fases avanzadas de esta debacle, vamos a ver escasez de combustibles y hasta de alimentos.

Quizá los amos del mundo tienen resortes que no somos capaces de imaginar, quizá tienen manera de detener en seco en este guerra y con ella este desastre. No lo sé. Yo ni sé ni puedo saber estas cosas. Sí que sé que, sin un cambio radical de rumbo, nos vamos a hundir, y muy hondo. E incluso si se produjera ese milagro, solamente por el destrozo que ya se ha causado, las consecuencias ya serían bastante duras en los próximos años. Aunque, claro, nada por comparación con el hundimiento actual.

Ahora mismo estamos perdiendo alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos petrolíferos, que es como el 20% del consumo mundial y, lo que más nos importa a nosotros, eso representa un 40% del petróleo disponible para la exportación. Falta también como el 20% del gas natural licuado, el 30% de los fertilizantes nitrogenados, el 30% del helio, el 30% del aluminio, el 30% del azufre (se necesita para hacer ácido sulfúrico para procesos industriales, incluyendo la obtención de cobre)... Hay un atasco de contenedores increíble en la zona. La falta de petróleo crudo medio de la zona del Golfo Pérsico afecta especialmente a la producción de diésel. Y también a la de queroseno. De hecho, algunas compañías aéreas comienzan a cancelar vuelos.


Algunas compañías aéreas comienzan a cancelar vuelos.

Lo que le pase después al turismo, Dios dirá.

Esto no va a ser una crisis más. Esto va a ser una catástrofe económica. Combinada con el estallido de las burbujas financieras desmesuradas que se han inflado durante los últimos años, resulta difícil alcanzar a comprender la magnitud de lo que va a pasar.

Esto es pura aritmética. No hay ninguna buena salida si Ormuz sigue cerrado. Que el mundo no se precipite en un abismo depende solamente de que se reabra esa vía crítica.

Ciertamente, el cierre de Ormuz deletrea todas las letras del fin del capitalismo necroterminal, sistema destructivo y voraz al que no echaremos de menos. El problema no es tanto el fin del capitalismo, sino el cómo se va a producir este fin. Porque en vez de pasar a un sistema de redes de resiliencia preparadas para acoger a la Humanidad, en la mayor parte de este planeta caeremos literalmente sin red.

Probablemente esto es lo mejor que podía pasar. Con un Cambio Climático desbocado y multitud de otros problemas ambientales, no podíamos hacernos ilusiones de que se produjera un descenso ordenado y controlado. Probablemente tenía que pasar algo así, drástico, una detención violenta, si tenía que haber algún margen de poder construir algo en el futuro. Aún así, la mayor preocupación es cómo garantizar que el hundimiento del capitalismo no se convierta en una hecatombe con millones de muertos.

Dadas las circunstancias, las medidas que se tendrían que estar promulgando a diestro y siniestro tendrían que ir de soberanía alimentaria, de garantizar mínimos vitales, de definir sectores estratégicos, de supeditar todos los bienes al objetivo común de garantizar la supervivencia de todo el mundo, de adaptarnos lo más rápido posible a estos tiempos de tribulación y zozobra que se nos van a echar encima.

Pero no. Nada eso está en la hoja de ruta. 

Ayer pasé una parte de la tarde revisando las líneas principales del decreto de medidas urgentes que el gobierno de España ha propuesto para hacerle frente a esta nueva crisis trumpiana. Lo cierto es que no me esperaba encontrarme ninguna sorpresa, y así la mayoría de las medidas iban por los derroteros esperables. Por un lado, rebaja a la fiscalidad de la energía, una medida poco útil y de efecto limitado en el tiempo, ya que al bajar el precio aumenta la demanda y el precio vuelve a subir hasta ajustarse a la oferta posible, con lo que se vuelve al mismo precio de partida al cabo de un par de semanas, con la diferencia de que las empresas se quedan con un margen mayor y el Estado con uno menor. Por el otro, medidas para acelerar la transición energética, siempre dentro del modelo de la Renovable Eléctrica Industrial (REI), aunque ya hay alguna mención a los gases renovables. De burbuja en burbuja.


De burbuja en burbuja.


Algunas sorpresas agradables es que se recupera la distancia de 5 km para definir las comunidades energéticas, que se había intentando introducir en el decreto antiapagón del año pasado; y otras que no lo son tanto, como es la creación de Zonas de Aceleración Renovable, donde se pretende aplicar el rodillo para que de desplieguen rápidamente las macroplantas eólicas y fotovoltaicas.

Leía las medidas y pensaba: ¿y para qué? ¿y qué más da? Estos días, mientras me entrevistaban para diversos medios, volvía a salir el tema de la transición energética y cómo la mayor penetración renovable de España le ha garantizado de momento menores precios de la electricidad que Europa. Menores precios ahora que aún no ha empezado la escasez: ya veremos qué pasa cuando los socios europeos se empiecen a dar bofetadas por el gas. En la mayoría de las entrevistas, se daba por hecho de que el cierre del Estrecho de Ormuz va a favorecer la transición energética, sin entender que todo el sistema depende de una megamáquina industrial que produce todo lo que se necesita para el REI, desde el cemento hasta el metacrilato, los marcos de aluminio o la fibra de vidrio de las aspas, usando cantidades ingentes de combustibles fósiles. Y es esa misma megamáquina industrial la que se va a detener ahora, y no vamos a tener opción ni de fabricar un tornillo.

En medio de la situación que tenemos, plantearse que la respuesta es la transición renovable es como si se declarase un incendio en casa y piensas que es un buen momento para llamar a un albañil para que te instale puertas cortafuegos. Eso podría haber sido útil en otro momento, pero ahora ya no. Ya no hay tiempo para eso. Ahora tenemos que prepararnos de verdad para el impacto. El sistema aún está en pié y sigue dando pasos, pero está muerto, y en cualquier momento va a desplomarse. Deberíamos estar preparándonos para eso.

Y si Vd. está pensando que ojalá se produzca el milagro y se reactive el flujo energético y material a través de Ormuz, piense que eso garantizaría un caída peor más tarde. En realidad, lo que ya no puede esperar es organizar el futuro más allá del capitalismo extractivista.



Fuente: The Oil Crush

martes, 23 de diciembre de 2025

Obstrucción climática: cuando el sabotaje va mucho más allá de negar la ciencia

 

 Por Andrés Actis   
      Periodista licenciado en Comunicación Social (UNR-Argentina). Colabora en diferentes medios, entre ellos El Salto.


Un centenar de científicos de la Red Global de Ciencias Sociales del Clima de la Universidad de Brown publica un extenso análisis sobre el entorpecimiento organizado a la lucha climática. La conclusión: la obstrucción no es un actor, sino todo un sistema


     ¿Por qué si la quema de combustibles fósiles provoca el cambio climático, un hecho científico evidente desde hace décadas, y un 89% de la población mundial exige mayor acción climática a sus gobernantes, las políticas para mitigar el calentamiento global no avanzan al ritmo necesario para evitar una catástrofe planetaria que ya está en puerta? Con ese interrogante de fondo, más de 100 científicos de la Red Global de Ciencias Sociales del Clima de la Universidad de Brown (Estados Unidos) empezaron a destripar la exasperante inacción climática que parece enquistada en todos los continentes. El resultado de este análisis acaba de publicarse, tal vez, en el libro más comprensivo y sistemático hasta la fecha sobre el entorpecimiento organizado a la lucha climática. La conclusión es que la obstrucción no es un actor, sino un sofisticado ecosistema que tiene como finalidad sabotear un mundo descarbonizado.


En 'Climate Obstruction: A Global Assessment', más de cien científicos sentencian que el mundo fracasa en la acción climátic por la acción deliberada de actores económicos y políticos que obstaculizan las transiciones ecológica y energética.

El libro se llama Climate Obstruction: A Global Assessment y se puede descargar de forma gratuita. A partir de documentos internos, investigaciones académicas y estudios de caso, los autores sentencian que el mundo no fracasa en la acción climática por falta de conocimiento científico, ni por ausencia de apoyo público, sino por la acción deliberada de actores económicos y políticos que obstaculizan las dos transiciones en marcha, la ecológica y la energética.


Sabotaje a la acción climática en todo el mundo. Descarga gratuita.

Si bien combatir el cambio climático “nunca iba a ser fácil, se ha vuelto exponencialmente más difícil debido a diversas formas de obstrucción”, advierten en la introducción de la publicación. ¿Qué es la obstrucción climática? Es más que negar la ciencia, aclaran: son tácticas dilatorias como advertir sobre calamidades económicas, o el lavado de imagen verde que intenta reposicionar a las grandes petroleras como “un actor legítimo en la solución del cambio climático” en lugar de “un enemigo”, o teorías conspirativas descabelladas sobre un nuevo orden mundial o el “comunismo global”.


Almacenamiento energético de Enlight Renewable Energy en Huesca: lavado verde de la imagen de Israel.

Y no se trata solo de las grandes petroleras, sino de un “gran enjambre” de actores: empresas que dependen de la economía fósil, como las compañías de servicios, así como las asociaciones comerciales detrás de las cuales se esconden; los centros de estudios que financian; las empresas de relaciones públicas que las hacen quedar bien; y las grandes empresas tecnológicas que difunden sus falsas afirmaciones. Los gobiernos y políticos cierran el círculo.

“La investigación muestra cómo las grandes petroleras, la agroindustria, los servicios, los conglomerados de transporte y sus redes de think tanks, lobistas y agencias de relaciones públicas despliegan un repertorio coordinado para evitar regulaciones que afecten sus modelos de negocios. La idea fuerza es demoledora: la obstrucción no es un actor, sino un sistema”, explica Federico Merke, doctor en Ciencias Sociales y profesor asociado de Relaciones Internacionales en la Universidad de San Andrés (Argentina).


¿Por qué no queremos salvar al mundo?

Merke, quien también estudia el cruce entre la política internacional y el cambio climático, autor del libro ¿Por qué no queremos salvar al mundo?, celebra el esfuerzo de sus colegas por demostrar que no estamos frente a un “negacionismo clásico”, sino frente a una “constelación mucho más sofisticada”: tácticas de demora, falsas soluciones, campañas de miedo económico, captura regulatoria, manipulación mediática, litigios estratégicos, greenwashing e infiltración en procesos multilaterales.


Protesta indígena contra las barcazas de la soja sobre el río Tapajós y el Ferrocarril de Ferrogrão durante la COP30.

En este contexto, la derecha radical, en auge en casi todo el planeta, aparece hoy como “multiplicador del problema”. El libro reconstruye cómo la ultraderecha, desde el movimiento antiambientalista “Wise Use” hasta los think tanks del Atlas Network, erosionan los propios marcos de cooperación internacional, atacando la diplomacia multilateral, las instituciones ambientales y la idea misma de gobernanza global. “En lugar de debates técnicos, predominan conspiraciones sobre la “Gran sustitución” y un uso instrumental del clima para movilizar identidades culturales agraviadas”, señala Merke.


Wise Use en la Casa Blanca.

El libro, coordinado por Timmons Roberts, Carlos Milani, Jennifer Jacquet y Christian Downie, también indaga en el papel de los medios de comunicación y de las plataformas digitales. El ecosistema mediático es un “vector clave” en la amplificación de la desinformación, tanto por “falsos equilibrios” periodísticos —otorgarle el mismo espacio y entidad a un científico que a un lobbista, por ejemplo— como por la arquitectura algorítmica de las grandes tecnológicas —Meta, Google, X y TikTok—. Para Merke, el libro exhibe un “mecanismo inquietante”: muchas de estas plataformas no solo permiten la desinformación, también ganan dinero con ella a través de publicidad dirigida de compañías fósiles.

Lo primero: qué es la obstrucción climática

Los autores la definen como las acciones intencionales y los esfuerzos para frenar o bloquear políticas sobre el cambio climático, medidas respaldadas por el consenso científico respecto a la necesidad de dejar de quemar combustibles fósiles y de destruir los ecosistemas naturales.

Ante cada política climática puesta sobre la mesa, las grandes petroleras, junto con sus aliados de la agricultura, la tecnología, los medios de comunicación y sus facilitadores en el sector de las relaciones públicas, utilizan sus “ganancias y poder” para impedirlas o debilitarlas. “Un ecosistema interconectado de individuos y organizaciones”, resumen este grupo de investigadores.


El presidente de Argentina, Javier Milei, saluda a Abascal en la fiesta ultraderechista de Vox, Viva 24.

En diferentes contextos políticos, la obstrucción adopta formas propias. No hay un método único, se explica. Pero el objetivo sí es común: sabotear acciones significativas para abordar la crisis climática. En el caso de la industria fósil (petróleo y gas), el entorpecimiento pivota todo el tiempo sobre “negar, retrasar y diluir”.

Tras realizar una revisión exhaustiva de la literatura académica y de los documentos internos de la industria, los autores revelan la estrategia de “tres pasos” de la industria de los combustibles fósiles para mantenerse con vida: negar la ciencia que muestra que los combustibles fósiles causan un cambio climático peligroso; retrasar soluciones políticas y regulaciones que podrían reducir la contaminación; y diluir o cooptar esas políticas una vez que se aprueban. El ejemplo más reciente: el adiós el veto a los coches de combustión en 2035.


Campa de coches afectados tras la dana de València en Benaguasil a fecha de enero de 2025.

“Si bien la clásica negación climática de la industria de fines del siglo XX aún se arrastra a través de los mitos zombis que ha difundido y el lenguaje tipo 'engaño' sigue siendo relevante —dice el libro—, una forma de obstrucción más frecuente y complicada es el uso de tácticas de miedo económico como parte de los esfuerzos de lobby para retrasar o debilitar la acción política mediante el alarmismo con afirmaciones extravagantes e inexactas de que la política climática arruinará la economía”.

Esta industria, cuando ya no puede evitar el debate político, se vende “como parte de la solución al cambio climático”. Los ejemplos sobran. En España, Repsol se erige como un actor clave de la transición verde, pero solo el 1,28% de toda la energía que produce es renovable. Con esta técnica, señala el libro, “la industria de los combustibles fósiles está cooptando el discurso de las soluciones climáticas para impedir la legislación y mantener el modelo de negocios del petróleo y el gas”.


Un activista de Greenpeace, colgado de una de las astas de la entrada del Ifema de Madrid durante la junta de accionistas de Repsol.

Las técnicas de obstrucción se sustentan, por lo general, en algunas de estas narrativas: historias aterradoras sobre el “colapso industrial” y otras consecuencias negativas (imaginarias) de la política climática; falsas soluciones como la captura de carbono para reducir la necesidad de reducir el uso de combustibles fósiles; o la afirmación de que los combustibles fósiles son la mejor y única manera para que las economías emergentes generen la electricidad necesaria para el desarrollo económico.

La industria de la agricultura animal, señala el libro, es “otro importante contaminante climático”, por su exitoso esfuerzo de mantener alta la demanda pública de carne a pesar de los costes climáticos y de salud que tienen sus productos. Para los autores, esta obstrucción cuenta con el beneplácito de los medios de comunicación, que “constantemente caen en la trampa”: “Con demasiada frecuencia transmiten el encuadre preferido de la industria, haciendo que la responsabilidad del cambio recaiga sobre los consumidores en lugar de las corporaciones, lo que permite a estas últimas evitar la rendición de cuentas”.

Como resultado, se agrega, la cobertura sobre agricultura y cambio climático se suele centrar en el consumo de carne y el veganismo como opciones dietéticas individuales, “mientras que rara vez aborda las contribuciones de las empresas ganaderas al cambio climático y el papel de las políticas gubernamentales —impuestos y subsidios agrícolas— en la promoción o el impedimento de la producción y el consumo sostenibles.

El chivo expiatorio del multiculturalismo

En el capítulo dedicado a la ultraderecha, el libro rastrea una estrategia de obstrucción común en todos los países: la amenaza de una sociedad multicultural y multirracial como chivo expiatorio para conseguir el apoyo de los partidos nacionalistas. Se presentan como las únicas fuerzas políticas que buscan combatir el “Gran Reemplazo” por parte de organizaciones cosmopolitas, como la ONU.


Manifestación del 4 de octubre contra el genocidio palestino en Madrid.

Ante esto, los partidos conservadores tradicionales, siempre dubitativos para adoptar medidas para combatir el cambio climático, empiezan a sumarse al rechazo científico y a todas las nociones de diplomacia multilateral y cooperación internacional que son fundamentales para resolver el desafío climático global.

Que este chivo expiatorio —como tantos otros— cale en los imaginarios colectivos mucho tienen que ver los medios de comunicación, dicen estos expertos. La norma periodística de “los dos lados” —dar voz a todas las partes— “ha sido explotada por la industria de los combustibles fósiles y su maquinaria de obstrucción”.

Si esto se suma a la habitual venta de servicios a la industria de los combustibles fósiles con fines publicitarios, el rol de los medios tradicionales —televisión, periódicos y radio— es de relevancia dentro de esta maquinaria. El contenido comprado por las empresas parece “información objetiva” cuando, en realidad, está plagado de intereses anticlima.

Ni hablar del papel de las grandes empresas tecnológicas, principales contribuyentes a la desinformación climática. Los autores definen al big tech como “actores cómplices” de la obstrucción, ya que “la desinformación es ahora un subproducto garantizado, si no una parte central, de los modelos de negocio de las empresas de redes sociales”. A juicio de los autores del libro, los algoritmos que premian la desinformación climática son un ejemplo de que la obstrucción no se explica solo por un “gasto financiero masivo”, sino también por “la explotación de rasgos psicológicos humanos comunes”.

A las cinco creencias que sustentan la acción climática —el cambio climático es real, es de origen humano, tiene consenso científico, es perjudicial y existe la esperanza de que podamos evitar los peores escenarios—, el “contramovimiento climático” instala “descreencias” que, como poco, contaminan las evidencias: el calentamiento global no es real, no es de origen humano, los impactos climáticos no son malos, las soluciones climáticas no funcionan, y los expertos no son nada fiables. ¿Cómo cultivan estas incredulidades? “Desvirtuando la integridad científica. Es decir, empleando las cinco técnicas de negación científica: falsos expertos, falacias lógicas, expectativas imposibles, selección de datos y teorías conspirativas”.

El Sur global: entre impacto y dependencia

Para Merke, una de las contribuciones más valiosas de todo el libro es el análisis del Sur global. Los autores muestran que, aunque los países en desarrollo sufren más las consecuencias del cambio climático, también reproducen lógicas de obstrucción cuando sus élites políticas y empresariales dependen de sectores fósiles o agroexportadores. La obstrucción, advierten, no es monopolio del norte, aunque el norte tiene una responsabilidad histórica desproporcionada.

Se pone el ejemplo de la expansión del ferrocarril brasileño para conectar puertos costeros, anunciada como una alternativa más limpia por la política y las grandes empresas, que terminó provocando una “deforestación más extensa” y fortaleciendo la lógica extractivista que impulsa el Norte global en esta región.

Los Estados, que están en condiciones de impulsar la acción nacional y subvertir los regímenes hostiles al clima global ejerciendo su propia autoridad, terminan formando parte de este ecosistema tóxico. En Brasil y Argentina, por ejemplo, las administraciones reciben regalías por la extracción petrolera, “lo que los convierte en opositores naturales a las políticas climáticas”. Estos “beneficios económicos” se utilizan para identificar a las políticas de descarbonización como “hostiles a los trabajadores y a las finanzas estatales”.

En general, “la dependencia de la industria de los combustibles fósiles representa un obstáculo para políticas más eficaces y ambiciosas que buscan diversificar las fuentes de energía y crear un modelo de desarrollo económico menos centrado en el petróleo”. Encima, en toda América Latina, el activismo climático se reprime mediante violencia física, lo que “sugiere que los actores subnacionales se sienten cómodos generando miedo cuando ello sirve a sus intereses, incluso si genera indignación pública”.

Las soluciones

El libro no se limita al diagnóstico. Detalla una serie de mecanismos emergentes para contrarrestar la obstrucción, como los litigios climáticos basados en publicidad engañosa y responsabilidad civil; las regulaciones contra el greenwashing; la transparencia obligatoria para el lobby empresarial; las reformas en los procesos del IPCC y la COP que limiten el poder de los obstructores; y las campañas de naming and shaming (nombrar y avergonzar) para revocar licencias sociales.


Un noviembre extremadamente caluroso encamina a 2025 como el segundo año más cálido desde que se realizan mediciones.

Para los autores, estos cinco mecanismos son “cruciales” para frenar la obstrucción climática. No apuntan solo a los daños causados por la contaminación, sino también al “greenwashing y otros discursos y comportamientos corporativos engañosos que se rigen por las leyes de protección al consumidor”.

En los Países Bajos, la Autoridad de Consumidores y Mercados declaró lavado verde al “ecodiseño” de H&M, lo que ha provocado una “atención pública negativa” por las conductas contaminantes de esta marca. Aunque si bien “la humillación pública genera presión social”, los litigios crean un incentivo aún más directo para que las corporaciones dejen de obstruir la acción climática, explica el libro. Los autores han recopilado más de 2.000 juicios en todo el mundo. Se espera que la cifra crezca con fuerza en los próximos años. “Estos casos representan una gran amenaza para la industria, con un rango de responsabilidad potencial que alcanza billones de dólares o más”, explican.

La otra buena noticia es que los grupos de la sociedad civil han comenzado a “contrarrestar la infraestructura que frena la acción climática”. Cada vez hay más organizaciones que están monitoreando la desinformación en las plataformas de redes sociales y realizando campañas de concienciación. “Mediante esfuerzos como estos, los científicos del clima, los defensores y los formuladores de políticas están empezando a desarmar y desmantelar estratégicamente la operación de obstrucción industrial que está saboteando la acción climática”, concluyen los investigadores.

Merke se queda con la contundencia del diagnóstico de esta investigación: la lucha contra la obstrucción es hoy tan importante como la reducción de emisiones. “No basta con diseñar buenas políticas climáticas; es preciso desmantelar la arquitectura que las bloquea”.


Fuente: El Salto