miércoles, 20 de mayo de 2026

No hay relato único para contar Cuba

 

 Por Mariana Camejo   
      Directora del medio La joven Cuba y de su podcast La Reunión.



La posibilidad de una operación militar de cualquier tipo por parte de EEUU parece más improbable unas semanas que otras, debido al bombardeo, deliberadamente desordenado y contradictorio, de información


Vista de La Habana durante un apagón en el marco de la crisis energética de febrero de 2026 – Los cortes ya alcanzan hasta 18 horas consecutivas de interrupción del servicio eléctrico.


     Es 1953 en el Cuyaguateje, Pinar del Río, la provincia en el extremo occidental de Cuba. Las noticias del Oriente llegaban a retazos y sin mucho interés para un niño que tenía mucho campo para correr. Los tiroteos importantes estaban en las revistas de westerns que vendían en estanquillos y Moncada era apenas el apellido de un personaje de aventuras en un programa radial. Tiempos en los que sentía que las noticias reales nada tenían que ver con él.

Ahora es 2026 en La Habana; las noticias no paran de llegar. La falta de petróleo ha hecho que las clases sean desde casa, con la conexión mala y enviando pdfs por Whatsapp. Tampoco es que haya energía para apretujarse en una guagua y llegar a la universidad a pararse frente a los estudiantes.

Para mi padre aquello de correr en el campo quedó hace mucho tiempo atrás. Ha ido disminuyendo esa energía durante 78 años. Aunque la energía, en sentido general, está bastante en falta. La familia que se quedó a vivir en Pinar lo sabe bien, por los largos apagones. Y Trump y Marco Rubio han hecho lo suyo por asegurar que haya muy poca luz para el verano húmedo que está llegando, para que no sea usable un ventilador frente a los mosquitos, y encima, para tener que cocinar con carbón. Hoy mi papá siente que todo tiene que ver con él porque ninguna noticia es buena. Las cosas no son, o no deberían volver a ser, como lo fueron cuando vivía en el Cuyaguateje.

El piso de su casa no era de tierra, pero el de varios vecinos sí. No pocos de sus amigos iban descalzos a la escuela, pisando piedras y sorteando el fango, a estudiar con los libros que pintaban a Fulgencio Batista como un héroe.

De ser hijo de una madre que trabajó de criada para poder mandarlo a La Habana, se fue a alfabetizar con 13 años, impulsado por Fidel Castro, a un pueblo pesquero donde dormía en la hamaca en la sala de alguien. Lo despertaban sobre las 6 am, luego de regresar de la pesca, con un trago de ron.

Mi padre se hizo profesor universitario de los que le dieron carro por asignación y años después tuvo que venderlo porque no había manera de que un salario de profesor costeara mantener un Lada de los tiempos de la URSS. Fue uno de los que llamaron para preguntarle su disposición para ir a Angola y después no los mandaron. Supuso que la idea era que la universidad no parara. Había un aire de esperanza en todo, a pesar de todo.

Lamentable que este sea el tipo de historia de vida sin importancia para muchos que siguen el tema Cuba. También lamentable que este sea el tipo de historia que otros niegan. Pero es una de muchas, de aquellos a los que el proceso revolucionario les cambió las perspectivas de futuro, porque eso es lo que hizo por mucha gente pobre. Fue una Revolución, también, de alientos.

La policrisis actual

Tantos años después, cuando esos jóvenes protagonistas de su época son ya mayores, la vida en Cuba es más angustiosa que en cualquier otro momento desde 1959. La isla está viviendo una policrisis de la que no parece que haya camino fácil ni rápido para salir. Aprovechando esa coyuntura, la presión del gobierno de Trump apuesta por apuntalar el hambre y profundizar, aún más, el deterioro.

Los hijos de esa generación no hemos conocido otra Cuba que no sea la que está en problemas, en Periodo Especial, la que apela siempre al futuro para decir “Venceremos”. Por muchos errores que se le puedan señalar al gobierno cubano, el rol de Estados Unidos ha incidido en la garantía de apagones que a veces llegan a las 48 horas; el país no tiene combustible ni para encender los hogares, ni para el transporte público, ni para garantizar la recogida de basura. Tampoco hay dinero para medicamentos, ni para el sector de salud pública en general. Si bien debió priorizarse desde hace años una estrategia para intentar revitalizar el sector, hoy no parece haber una salida inmediata sin que Cuba pueda disponer de grandes montos de divisas. De eso depende todo.

Desde el 3 de enero del presente año Cuba es leitmotiv en las comunicaciones públicas de Estados Unidos. Eso ha incluido filtraciones y noticias que dan cuenta de lo que aquí llamamos “un p’alante y p’atrás” de la administración Trump en cuanto a qué piensa hacer con respecto a la isla. La posibilidad de una operación militar de cualquier tipo, parece más improbable unas semanas que otras, debido al bombardeo —deliberadamente desordenado y contradictorio— de información.

El hecho de que el director de la CIA haya venido a la isla suscitó especulaciones de todo color. En este caso, por primera vez fue el gobierno cubano quien comunicó inmediatamente algo sobre el encuentro.


Cuba y EE.UU. tienen interés en desarrollar la cooperación bilateral entre los órganos de aplicación y cumplimiento de la ley, en función de la seguridad de ambas naciones, regional e internacional.

Aunque no se sabe con mayor detalle qué se conversó allí, la nota estaba centrada en dos asuntos fundamentales: uno, que Cuba no es una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos (algo obvio), y dos, que nada tiene que ver con organizaciones terroristas, ni merece figurar en la lista de países que, supuestamente, patrocinan el terrorismo.

En el podcast La Reunión, en conversación con Fernando Ravsberg, que fue corresponsal de la BBC en Cuba durante unos 20 años, éste afirmó que considera esta visita como una forma de dar un paso atrás en la calificación de que Cuba es una amenaza. Pudiera ser una acción para aproximarse de otra forma, una opinión que no parece descabellada si se tiene en cuenta que ese mismo día, CBS News dio la noticia de que se estaba fabricando un caso contra Raúl Castro.

Fue precisamente la estrategia que utilizó la administración Trump para tener una excusa y avalar que los Delta Force entraran ilegalmente a Venezuela.

Cuesta creer que se vayan a atrever a intentar llegar a Cuba para sacar a un hombre que rebasa los 90 años. El sitio del U.S.-Cuba Trade and Economic Council, que ha caracterizado la estrategia de Estados Unidos hacia Cuba como de “incrementalismo” (ejercer presión mediante acciones y comunicación, sin llegar a la confrontación militar), evalúa que no habrá secuestro, pero sí lo usarán como palanca de negociación. Y lo cierto es que sería una táctica que ya hemos visto en Trump, forzar la mesa desde una posición de leverage, donde sería presumiblemente más fácil lograr concesiones.

Sin embargo, sigue siendo una constante la tentativa de generar un casus belli que pueda servir de justificación para agredir. Por eso en estos días el medio estadounidense Axios, que se ha mantenido publicando filtraciones de información, reportó que la Isla habría adquirido más de 300 drones militares de Rusia e Irán para atacar la Base Naval de Guantánamo, embarcaciones militares estadounidenses y posiblemente Key West, en Florida.


Estados Unidos analiza la amenaza de drones de ataque procedentes de Cuba.

Lo presenta como un intento de Cuba de armarse para atacar, un enfoque muy conveniente para los seguidores de Marco Rubio.

Lo cierto es que es previsible que ante un contexto de hostilidad tan agudizada, todas las acciones de preparación se hayan puesto en marcha. Recientemente, en un texto publicado en Político, titulado “Sí, Trump podría realmente atacar a Cuba”, se afirma que el ambiente en la administración estadounidense ha cambiado.


Estados Unidos analiza la amenaza de drones de ataque procedentes de Cuba.

Pensaron que el gobierno era más débil y el país ha resistido, así que la opción militar se estaría tomando más en serio que antes.

En las calles cubanas la percepción es variopinta. También porque la crisis obliga a centrarse en lo más básico: comer, tener agua, que los niños duerman, que puedan ir a la escuela, transportarse. Lo mismo alguien en un triciclo empieza a hablar repentinamente de Trump, que una vecina te dice que prefiere no pensar en eso, por salud mental.

El doctor Carlos Alzugaray, diplomático cubano entrevistado para este texto, considera que estamos en uno de los momentos de mayor peligro, “en primer lugar, porque esta es una administración que le hace la guerra a cualquier país que encuentra débil o vulnerable. Y segundo, porque es una administración incoherente. Es decir, el presidente Trump no lo piensa mucho y puede cometer un acto totalmente aventurado”. No obstante, señala como elementos disuasorios que Cuba tiene una doctrina militar desde los años 80, que es la llamada doctrina militar de la guerra de todo el pueblo, algo que conocen bien los militares norteamericanos (estrategia de resistencia guerrillera orientada al desgaste prolongado frente a una eventual ocupación); la cercanía con territorio norteamericano (y por eso el revuelo con los drones), o qué hacer con la Base Naval de Guantánamo.

Pero la presión continúa. La Orden Ejecutiva firmada por Trump el primero de mayo, autoriza sanciones contra cualquier persona extranjera —empresa, individuo o entidad— que opere en los sectores de energía, defensa y material conexo, metales y minería, servicios financieros o seguridad de la economía cubana, o en cualquier otro sector de la economía cubana. Además, habilita sanciones secundarias a las instituciones financieras extranjeras que faciliten transacciones significativas con las entidades bloqueadas bajo esta orden.

La medida provocó así la suspensión de operaciones de la canadiense Sherritt International, la mayor inversión extranjera individual en Cuba durante tres décadas, responsable del 70-75% de la producción cubana de níquel y con un tercio de participación en Energas, la empresa mixta de generación eléctrica.

A ello se suma el anuncio este 17 de mayo de que dos grandes empresas navieras —la francesa CMA CGM y la alemana Hapag-Lloyd— suspendieron todas sus reservas hacia y desde Cuba hasta nuevo aviso, citando los riesgos de cumplimiento que impone dicha Orden Ejecutiva. La decisión podría comprometer hasta el 60% del tráfico marítimo cubano por volumen. El mayor impacto recaería sobre las mercancías provenientes de China, el norte de Europa y el Mediterráneo. Eso significa que si ya entraban pocos bienes a Cuba, el escenario está servido para que entren muchos menos. Es la apuesta por el hambre.

Alzugaray explica que de eso se trata el overcompliance, el “yo no estoy haciendo nada malo pero, por si acaso, no voy a hacer negocio ahí porque yo no sé lo que puede pasar: es el aspecto invisible de las sanciones que muchas veces no se tiene en cuenta. No es la cuestión formal de las sanciones; es el impacto que tienen desde el punto de vista de crear terror”.

Frente a eso, los cubanos dentro de la isla buscan permanentemente formas de seguir viviendo, con todas las dificultades que ello implica, y también formas de tener alegrías y momentos de alivio. Y aunque es visible la desigualdad entre quienes tienen que esperar horas por un transporte y quienes pueden importar un carro del año, o entre quienes pueden permanecer encendidos y quienes no, lo cierto es que en Cuba aún está pendiente para la gente una vida mejor, un país mejor, y una perspectiva mejor de futuro, y eso impacta en cómo las personas interpretan su presente; la política tiene mucho que ver con lo personal.

Mi padre es de los que advierte que no deberíamos aceptar un retroceso. Él vio a un campesino arrodillarse ante un terrateniente para pedirle dinero y llevar a su hija enferma de leucemia al hospital de Pinar a ver a un doctor. Y también vio al hombre echarlo de allí diciéndole que no era problema suyo, como no era problema de nadie que no hubiera médicos cerca. La Revolución cambió eso, sí, pero sería injusto desconocer que hoy aunque todavía queden médicos, no existe forma de tratarse si no es buscando en el mercado informal, y con dólares, los medicamentos. Un ciclo de quimio en Cuba puede costar 80 dólares, cuando el salario medio es de unos 20. Por eso cuando se habla de resistencia, entre otras cosas, suena a inflación, a noches calurosas a oscuras, a dificultad y a horizonte desdibujado.

No puede contarse a Cuba desde un relato único. A no ser que este comprenda lo complejo de la realidad del país actual, y la multiplicidad de situaciones, historias de vida, y sentires que tienen su reflejo en lo político.


Fuente: El Salto

martes, 19 de mayo de 2026

Este año la guerra podría extenderse en Europa

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.



Pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos, especialmente los alemanes. La situación es mucho más peligrosa que durante las tensiones de la guerra fría, pero en Europa no hay conciencia de ello


Portada de Der Spiegel.


     Hace ocho meses dijimos que Europa no podía seguir ignorando las advertencias rusas.Europa no puede seguir ignorando las advertencias rusas – Rafael Poch de Feliu.


«Todos contra Rusia»

Ahora esas advertencias se están haciendo mucho más agudas. Señalan claramente que la guerra de la OTAN contra Rusia por Ucrania podría extenderse este año e implicar directamente a los europeos, especialmente a los alemanes. Pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos. ¿Se confirma entonces la histeria de la “amenaza rusa” que la Unión Europea proclama? Obviamente es así como lo interpretan y lo interpretarán los memos con piñón fijo de Berlín, Bruselas, Londres y París, así como su lamentable ejército de propagandistas que nos están llevando de la oreja a una guerra.

La “amenaza rusa” no es más que un recurso para conjurar la propia desintegración de la Unión Europea y justificar el rearme. Cuando muchas cosas se están resquebrajando, la amenaza exterior de ese maligno enemigo es importante como elemento de cohesión de un club europeo cada vez más desestructurado internamente y mas irrelevante en el mundo. Eso está claro. Pero para lo que aquí nos importa la “amenaza rusa” también es otra cosa: una profecía autocumplida, una creencia falsa en su origen pero que contribuye y alimenta su realización.

Puedes meterle el dedo en el ojo a tu perro o a tu gato y anunciar al mismo tiempo que te va a pegar un mordisco o un zarpazo, con la seguridad de que al final eso es precisamente lo que te ocurrirá.

Es lo que pasó con la desastrosa invasión rusa de Ucrania de febrero de 2022, que el establishment occidental siempre acompaña del adjetivo “unprovoked”, “no provocada” – significativamente ausente, dicho sea de paso, de la guerra contra Irán. Hoy la gente informada y no cegada por la demonización de lo ruso, ya sabe que en 2022 Moscú llevaba mas de treinta años reclamando aquella “arquitectura de seguridad colectiva europea” que se prometió a la URSS de Gorbachov. 

Sabe que todas las “lineas rojas” que Rusia formuló en materia de ampliación de la OTAN fueron ignoradas una tras otra.


El oso ruso se defiende

Quienes vivimos aquello en primera linea – e informamos sobre ello de la forma más clara y directa posible teniendo en cuenta la corrupción estructural de nuestros medios – recordamos la boba sonrisa del Secretario General de la OTAN, Javier Solana, diciendo en Moscú que la oposición rusa a la ampliación carecía de sentido “porque la guerra fría se acabó” y “ya no somos enemigos”. Los generalotes rusos (y no solo ellos, también muchos expertos y estrategas occidentales de primera fila ) se regían por algo mucho más real y concreto. Se trata de aquella máxima del Canciller Bismarck según la cual “lo que importa no son las intenciones, sino las capacidades”. ¿Qué quiere decir esto? Bueno, pues que si tienes a un tipo que te está apuntando con un revolver y que al mismo tiempo te está diciendo que no tiene la menor intención de dispararte, lo que cuenta es el revólver que te apunta y no lo que el tipo dice. Así de elemental.

Primero fue Europa Central, luego Europa Oriental, el Báltico y el Mar Negro. Entretanto hubo una guerra para inducir la disolución de la anomalía yugoslava y comprobar la necesidad de la OTAN con una “guerra humanitaria”. Se llegó a la instalación de baterías antimisiles en Polonia y Rumanía “contra Irán” (que no disponía de tal capacidad), baterías que podían cargarse con misiles nucleares capaces de anular la disuasión nuclear rusa, y así se llegó a la invitación de que Ucrania ingresase en el bloque militar contra Rusia (2008), lo que la mayoría de los ucranianos rechazaban. Siguió el cambio de régimen en Kíev, una mezcla de revuelta etnonacionalista de una parte de los ucranianos y de golpe de estado, ambos inducidos por Occidente. Siguió la respuesta de consolación rusa de la ilegal anexión de Crimea, con el apoyo de la inmensa mayoría de la población afectada. Hubo una revuelta popular contra el nuevo gobierno prooccidental de Kiev en el este y el sur de Ucrania que careció de apoyo significativo de Moscú, por lo menos en los primeros tres o cuatro meses y que fue respondida con la utilización del ejército ucraniano bajo la forma de “operación antiterrorista”. Desde entonces y hasta la “no provocada” invasión rusa hubo incumplimiento de acuerdos, mala fe occidental (reconocida años después por el presidente de Francia y la Canciller de Alemania) y una masiva financiación y preparación militar de la OTAN a Ucrania, con gran papel de la CIA, de su homólogo británico MI-6 que apuntaba claramente a una intervención militar contra el rebelde Donbas, ahora si con presencia militar rusa significativa, y a una reconquista militar de Crimea, documentada en acuerdos bilaterales de Kíev con Estados Unidos. Solo entonces Rusia invadió.

Ahora ocurre exactamente lo mismo.

Todo el mundo reconoce que Rusia no solo lucha en 2026 contra Ucrania, sino también, y sobre todo, contra la OTAN. Aunque ha transferido a los europeos el grueso de la carga y “negocie” con el Kremlin (también “negociaba” con Irán), Estados Unidos sigue siendo un país beligerante y decisivo en esa guerra contra Rusia. El conflicto ha traspasado todas las líneas rojas de lo que durante la guerra fría se habría considerado un peligro extremo. Recordemos como el Presidente Biden decía en marzo de 2022 que no se podía suministrar tanques y aviones a Ucrania “porque eso desencadenaría la Tercera Guerra Mundial”. Bueno, ya se ha hecho mucho más que eso:

-Se han atacado recursos estratégicos de la disuasión nuclear rusa: radares de alerta temprana, bases de bombarderos estratégicos.

-Se ha atacado una residencia del Presidente Putin en Nóvgorod, lo que trae ecos del asesinato de Jamenei en Irán, encubierto por los mismos fulleros, Witkof y Kushner, que negocian con el Kremlin. Desconfiar de tal negociación es puro sentido común.

-Se ha invadido territorio ruso en la región de Kursk.

-Generales de Estados Unidos con mando en la OTAN se han jactado de que disponen de capacidad para tomar el enclave ruso de Kaliningrado desde tierra en un tiempo récord. (General Christopher Donahue, comandante del Ejército de EE.UU. en Europa y África y de las fuerzas terrestres de la OTAN el pasado julio).

-Hay un goteo semanal de víctimas civiles rusas, de las que en Occidente apenas se informa, a diferencia de las ucranianas sin duda mucho más numerosas.

-Hay atentados personales en ciudades rusas contra generales en sus domicilios, con coches bomba (cuatro de ellos muertos), periodistas y diputados (por lo menos cuatro o cinco) e indiscriminados contra objetivos civiles (dos trenes, objetivos en ciudades lejos del frente, etc.)

-En el mar ha habido atentados contra cargueros rusos y se les acosa con frecuencia.

-Y todo esto se hace con armas, información de inteligencia, satélites, etc., de Estados Unidos, Inglaterra, la CIA (algo reconocido por el The New York Times, entre otros), el MI-6, etc.

En 2026 Europa ya está en pie de guerra contra Rusia, con una Alemania demente en primer lugar que está demostrando no haber entendido nada de su propia historia Alemania vuelve a las andadas – Rafael Poch de Feliu.

Oficialmente Berlín quiere transformar el Bundeswehr en «el ejército convencional más fuerte de Europa» para 2035, y en una fuerza «tecnológicamente superior» para 2039. (Atención a esto: a cien años del inicio alemán de la Segunda Guerra Mundial en Europa).

El documento oficial alemán sobre estrategia militar divulgado el 22 de abril declara que Rusia es «la amenaza más grave e inmediata» para la seguridad europea. La semana pasada el ministro alemán de defensa, Pistorius, confirmó en Kíev, seis proyectos conjuntos de armamento que “son solo el principio”. En abril, Zelensky y el canciller Merz firmaron en Berlín la «Declaración sobre asociación estratégica entre Alemania y Ucrania» que contempla la producción conjunta de drones de largo alcance en Alemania. La producción de armas para Ucrania ya es una realidad paneuropea; Alemania, Inglaterra, Dinamarca… Hasta la España de Sánchez ha firmado alguna cosa en esa materia con Ucrania.

En este contexto, la guerra de drones ha supuesto un revés para Rusia. Si hace unos meses parecía que lo que queda del Donbas controlado por Kíev caería en sus manos en unos pocos meses, los drones han detenido el lento avance. No es el primer revés temporal que sufre el ejército ruso en esta guerra, ni tampoco la primera vez que tomando sus deseos por realidad muchos vuelven a dar por hecha la “derrota” de Rusia. Pero lo que aquí importa es otra cosa: que la suma de todo esto está calentando los ánimos en Rusia.

Desde hace varios meses hay una fuerte presión en Moscú para que el Kremlin pase a lo que se llama una “disuasión activa”, es decir para que ataque, especialmente a Alemania, antes de que sea demasiado tarde. Se está diciendo lo mismo que Putin dijo en su discurso de aquel febrero de 2022 al anunciar la invasión de Ucrania a los rusos: “si no los detenemos ahora, la situación será peor dentro de unos años”. Pero ahora se trata de los europeos. Igual que antes de la invasión, también ahora se amenaza con “medidas técnico-militares” (esa fue la fórmula que se empleaba en vísperas de la invasión). “Los que participan en el ataque contra nosotros serán objetivo militar”, se dice. El ministerio de Defensa ruso ha publicado una lista de instalaciones industriales alemanas y europeas que participan en la guerra contra Rusia fabricando recursos de largo alcance. Hay que aclarar que no se trata de “invadir” territorio de la UE, sino de pararle los pies al actual belicismo europeo con una acción militar preventiva. Se puede estar de acuerdo o no, pero lo que no se puede es ignorar la realidad de esa peligrosa advertencia.

Los términos de las advertencias rusas de ahora son inequívocos. Hasta en la televisión rusa se reprocha a Putin falta de decisión, de momento sin nombrarlo (Eso es nuevo). Igual que hace cuatro años, esas advertencias son ignoradas hoy. Veamos algunos ejemplos recientes:

Dmitri Medvedev, vicepresidente del Consejo de Seguridad nacional, el 6 de mayo: “solo un miedo bestial a sufrir daños inaceptables impedirá que Alemania y la Europa Unida lancen otro ataque contra Rusia”. (Naturalmente con lo de “otro ataque” se refiere al de junio de 1941 de la Alemania nazi).

Sergei Lavrov, ministro de asuntos exteriores: «Se nos ha declarado abiertamente la guerra. El régimen de Kiev está siendo utilizado como punta de lanza. Sin embargo, todo el mundo es consciente de que esta punta es inutilizable sin los suministros occidentales de armas, datos de inteligencia, sistemas de satélites, entrenamiento de personal militar y mucho más».

Sergei Karaganov, Presidente honorifico del principal think tank del Kremlin, el 10 de mayo: “Un país que desencadenó dos guerras mundiales y se ha hecho culpable de genocidio no tiene derecho a tener el «ejército más fuerte de Europa» y mucho menos a poseer armas de destrucción masiva. Si aspirara a ello, los ciudadanos alemanes deberían comprender que su patria sería destruida para que nunca más surja una amenaza para la paz desde suelo alemán” (…) “Pronto estaremos en condiciones de lanzarles un ultimátum si siguen comportándose de esta manera”. (Esto hay que cotejarlo con la declaración de Putin ante la prensa rusa del mismo día en la que el Presidente dijo que “la guerra en Ucrania está entrando en su fase final”, lo que junto a los informes sobre una próxima “ofensiva de verano” rusa puede interpretarse de diversas maneras).

Karaganov, que el año pasado ya consiguió endurecer la doctrina nuclear rusa, propone ahora lo siguiente: (Y atención a esto):

Primero atacar con armas convencionales instalaciones clave de países europeos que participan en la guerra contra Rusia. Si no reaccionan, atacar luego con armas nucleares”. Si no funciona, «algún país europeo tendrá que desaparecer».«Cuando hace tres años dije estas cosas, era una minoría”, dice Karaganov, ahora ya es la voz de la mayoría entre los militares y en la sociedad». Sergey Karaganov: How Russia Will Win the New World War

Este intelectual orgánico del Kremlin, que no es su voz pero es influyente, propone enmendar la doctrina nuclear de nuevo, primero contemplando el uso de armas nucleares si un grupo de países más fuertes en lo económico y tecnológico atacan a Rusia con armas convencionales. Y segundo, y lo más sorprendente, que Putin delegue el poder de uso del arma nuclear al general responsable del frente occidental europeo, lo que contiene una velada insinuación de incapacidad o flojera presidencial.

Como dice el analista alemán Alexander Neu ¿Putin bajo presión? – Rafael Poch de Feliu , al principio se trataba de las peticiones de unos pocos expertos. Ahora parece que hay presión por parte de la sociedad rusa y del aparato de seguridad para “que se haga algo contra Europa». En otras palabras: Putin se ve presionado a actuar, y a hacerlo muy pronto. La guerra podría extenderse al resto de Europa ya en 2026. Y Alemania se considera ahora el enemigo número uno de Rusia. Lo que uno se pregunta es ¿por qué los periodistas occidentales en Moscú no informan sobre esto?

A quienes dicen que después de todo también Rusia hace cosas terribles en Ucrania – lo que es completamente cierto – y que Ucrania tiene derecho a defenderse (y por cierto, en el Donbas también hay una Ucrania rusófila con derecho a defenderse) hay que explicarles que en el mundo real de la dialéctica entre potencias lo que importa es que una superpotencia nuclear está siendo desafiada por sus adversarios europeos y americanos a través de Ucrania con la pretensión de inflingirle una “derrota estratégica”. ¿Han perdido la razón? ¿Es que no entienden que cuanto más éxito tengan en ese propósito, más peligrosa se hará la situación?

Lo que hay que preguntarse, como dice Neu, es si los dirigentes de la mayor potencia nuclear del mundo aceptarían una derrota en el terreno militar convencional, con las exigencias de los europeos que se desprenden de ello, es decir si se resignarían a la pérdida de su estatus de gran potencia y a la posible desintegración de la Federación Rusa, sin recurrir a un ataque nuclear para evitarla.

La situación es mucho más peligrosa que durante las tensiones de la guerra fría, pero en Europa no hay conciencia de ello.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

lunes, 18 de mayo de 2026

Concentración urgente en Murcia ante el nuevo ataque sionista a la flotilla de apoyo a Gaza

 

Concentración urgente en Murcia ante el nuevo ataque sionista a la flotilla de apoyo a Gaza.


Concentración urgente en Murcia ante el nuevo ataque sionista a la flotilla de apoyo a Gaza.


18 de mayo, 19:30h. Alfonso X, Edificio Delegación del Gobierno.

Las personas migrantes de África de quienes nadie habla

 

      Arqueólogo en el Instituto de Ciencias del Patrimonio.



Y

                                                                         Fotografía y edición gráfica en El Salto.


(Fotografías: Álvaro Minguito)

Los etíopes que llegan a Somalilandia trabajan para los buscadores de oro o en los bares. El objetivo de la mayoría es ahorrar lo suficiente para cruzar el mar y buscar trabajo en Arabia Saudí o los países del Golfo Pérsico



Amanecer en la carretera principal de Somalilandia. En el horizonte, un grupo de jovenes caminan con apenas unas botellas de agua y algunas pertenencias rumbo a la costa.

     El pasado mes de abril volvimos de realizar un proyecto arqueológico en Somalilandia. Este país independiente de facto en el Cuerno de África tiene un patrimonio riquísimo y poco explorado. Nuestro proyecto analiza la movilidad y las redes de intercambio de personas y bienes entre la Prehistoria y la Edad Media. Hemos tenido suerte y hemos dado con numerosos yacimientos arqueológicos que dan fe de los movimientos de gente a lo largo de los siglos. Pero también nos hemos encontrado otras movilidades, más recientes y más trágicas.


Dos personas caminan al amanecer rumbo a la ciudad de Berbera, en Somalilandia.

En nuestros viajes por Somalilandia nos cruzamos constantemente con pequeños grupos de hombres que caminaban al borde de la carretera. A veces son una pareja, a veces cuatro o cinco. Nuestros compañeros somalilandeses nos cuentan que vienen de Etiopía. Caminan todos ellos hacia el este del país y por un solo motivo: se ha descubierto oro. Y cuando aparece oro, llega la fiebre -más en un contexto global de precios desbocados y miseria extrema. Los jóvenes ven una oportunidad de mejorar sus condiciones, aunque esa oportunidad les pueda costar la vida.

Los etíopes que nos cruzamos no llevan casi nada con ellos. A lo sumo una botella de agua. Van calzados con chanclas o zapatillas viejas. Con este equipaje recorren a pie hasta mil kilómetros por terrenos montañosos y semidesérticos. Un paisaje, a veces, increíblemente hermoso, pero siempre implacable.


Una persona, de las decenas de migrantes que a diario caminan por la ruta que une Hargeisa con la costa, descansa junto a la carretera.

Cuando llega la noche se dejan caer al borde de la carretera. Se tumban con la cabeza en la dirección que han de seguir al día siguiente, para no desorientarse en un territorio que puede ser desesperantemente monótono. Duermen en el suelo. La mayoría no tienen ni una manta con que taparse, aunque las temperaturas en las montañas, en invierno, sean de solo unos pocos grados sobre cero. En el desierto litoral, en cambio, el calor es abrasador y húmedo diez meses al año. Los etíopes se alimentan de basura o de las sobras que les dan en las casas de comida junto a la carretera.


Alfredo González-Ruibal, arqueólogo, junto a parque de su equipo, sobre uno de los túmulos funerarios objeto de su investigación en Somalilandia el mes de abril de 2026.

Su destino son las minas de la región de Sanaag, la mayoría ilegales. Hablamos con el gobernador de la región, que nos deja clara su impotencia: les gustaría atraer a empresas internacionales para que exploten el oro de forma organizada y que parte de los beneficios lleguen al Estado -de hecho, se lo ofrecieron a EEUU a cambio del reconocimiento de Somalilandia como Estado independiente. Pero por ahora no parece haber demasiado interés. Es difícil trabajar en un país que no existe a efectos legales. Y en una región disputada entre Somalilandia y Khatumo, un nuevo estado autónomo en el Cuerno de África.

Mientras tanto, el oro genera conflictos: los clanes y subclanes se pelean por los recursos y los límites de sus territorios -unos metros más allá o más acá puede significar la prosperidad o la miseria. En el pueblo donde trabajamos, Xiis, escuchamos por las noches disparos de Kalashnikov: son los buscadores de oro ahuyentado a la competencia.


Uno de los campamentos de buscadores de oro con los que el equipo arqueológico se ha encontrado en sus campañas. Este, en la frontera entre Somalilandia y Etiopía.

Los mineros cavan pozos en cualquier lado. En el yacimiento arqueológico que estudiamos, a pocos kilómetros del pueblo, han perforado monumentos funerarios de hace dos mil años para cavar galerías de varios metros de profundidad. Es un trabajo absurdo: los túmulos se levantan sobre playas fósiles, capas de coral y conchas en las que no ha habido jamás oro. El capitalismo global, la desesperación y los mitos ancestrales se combinan para dejar un paisaje devastado de cráteres. Junto al yacimiento pasamos cada día un campamento en el que viven tres o cuatro mineros: una carpa de plástico y unos bidones por todo mobiliario.


Barcos de pesca en las costa cercana a la ciudad de Berbera, frente a Yemen.

Los etíopes trabajan para los buscadores de oro o en los bares y tiendas que surgen por todas partes. Lo hacen en jornadas extenuantes, de doce o catorce horas y por un salario ridículo: uno o dos dólares diarios. El objetivo de la mayoría es ahorrar lo suficiente para cruzar el mar y buscar trabajo en Arabia Saudí o los países del Golfo Pérsico. Para ello, en el mejor de los casos se ponen en manos de pescadores locales; en el peor, de traficantes de personas. Cientos mueren ahogados cada año, pero si cuantificar su número es difícil en el Mediterráneo, en el Golfo de Adén es simplemente imposible.

Al otro lado del mar no terminan sus problemas. Tienen que atravesar las montañas y los desiertos de Yemen, donde muchos morirán de enfermedad o de sed o bajo las balas de los guardias fronterizos de Arabia Saudí, que disparan a matar. Y cuando lleguen a su destino los tratarán como esclavos. Las mujeres sufrirán abusos sexuales. Muchos no volverán a su país ni a ver a sus familias. Unos pocos conseguirán prosperar, pero a un precio desmesurado.


Un niño sobre una barca en la playa de la ciudad de Berbera, en Somalilandia.

Hace años nos cruzamos en el desierto de Yibuti a un niño de 10 u 11 años. Solo, deshidratado. Nos pidió agua. Caminaba hacia al puerto, a buscar pasaje en un barco para cruzar a Yemen. Nunca sabré si lo logró. Nunca sabremos cuantos niños se pierden en los desiertos del Cuerno de África o de Arabia.

Pese a la importancia que le damos y los ingentes recursos que se destinan a impedirla, la migración subsahariana a Europa es mínima. La gran mayoría de migrantes se mueven dentro de África o se dirigen a la Península Arábiga. Si de las historias de los que llegan a nuestra costa sabemos poco, de los otros no sabemos prácticamente nada.

Pienso en el contraste entre lo que excavamos y lo que vivimos. Lo que excavamos: un mundo de gente que viaja a pie o en barco, a veces lejísimos, que se encuentra con otra gente, que muere, a veces, por el camino. No tan distinto en cierta manera de lo que vivimos hoy, de lo que vemos. Pero en realidad sí es muy distinto. Porque el mundo que excavamos estaba regido por leyes de hospitalidad y cooperación: gente que cuida de otra gente, que los acoge en tierra extraña y que recuerda a quienes mueren en el camino o en casa, con monumentos que llegan hasta hoy.


La carretera principal que atraviesa Yibuti, a su paso por la ciudad de Dikhil.

El mundo que vemos, en cambio, el que nos cruzamos en nuestros viajes por Somalilandia, es de gente que no dejará rastro. Personas invisibles, que perderán sus vidas en hoyos en el desierto o en carreteras en las montañas o en el mar o en una ciudad desconocida donde nadie los llorará ni se acordará de ellos. Gente sin historia, con menos historia que las sociedades milenarias que estudiamos meticulosamente en un lugar remoto del Cuerno de África.


Fuente: El Salto