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miércoles, 12 de agosto de 2026

La dura realidad detrás del deseo occidental de que Ucrania está ganando la guerra a Rusia

 

 Por Àngel Ferrero   
      Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.


Cuando van a cumplirse cuatro años y medio de la segunda fase de la guerra de Ucrania, el país dirigido por Zelensky afronta severas dificultades que contrastan con la propaganda de sus países aliados


Manifestación de apoyo a Ucrania en Córdoba, España. Fotografía de Álvaro Minguito.


     El 25 de julio Ucrania atacó a un buque comercial iraní en el mar Caspio alegando que transportaba material militar entre Rusia e Irán, causando la muerte de uno de sus tripulantes. La diplomacia entre Kíev y Teherán –y, posiblemente, Moscú– logró que Irán abandonase la intención de adoptar represalias atacando un puerto ucraniano con un misil balístico. A pesar de tratarse de un incidente “menor” dentro de un conflicto más amplio, lo sucedido no resulta menos preocupante en tanto que ocurría, como es sabido, en el escenario de las hostilidades entre Irán y los Estados Unidos y sus aliados árabes en el golfo Pérsico. La única lectura, pues, que puede desprenderse de esta agresión militar es la de que el gobierno ucraniano buscaba conectar una guerra con la otra y arrastrar a sus aliados occidentales o, al menos, congraciarse con la administración de Donald Trump para conseguir más ayuda financiera y la rápida entrega de interceptores con los que defenderse de los ataques aéreos cada vez más frecuentes de Rusia.

Como parte de ese plan, el ejecutivo ucraniano también ha invitado recientemente a Laura Loomer, una conocida influencer de la ultraderecha estadounidense, a visitar el país y reunirse con su presidente, Volodímir Zelensky, y altos mandos militares, como Andriy Biletsky, responsable del Tercer Cuerpo del Ejército Ucraniano, fundado a partir del notorio batallón neonazi ‘Azov’.


Andriy Biletsky, lider del movimiento Azov ucraniano.

Loomer –que llegaba siguiendo los pasos del senador de Carolina del Sur Lindsey Graham, fallecido pocos días después a su regreso a EEUU– se deshizo en elogios hacia Ucrania y, en un peculiar intercambio en la red social X, aseguró a Tommy Robinson, una de las caras más conocidas de la ultraderecha británica, que una de las mejores cosas del país es que “no había visto ni a un sólo musulmán” durante su visita.


Manifestantes de extrema derecha con el Ayuntamiento de Leeds al fondo, mientras manifestantes tanto de izquierdas como de derechas se reunían en Leeds. La derecha marchó brevemente por el centro de Leeds y se produjo una detención.

Si hay una guerra que Kíev está claramente ganando es la informativa. Los medios de comunicación europeos, por inercias ideológicas o directamente autocensura, rara vez recogen las noticias negativas de Ucrania –como las derrotas militares, los problemas cada vez más graves de reclutamiento (que se lleva en muchos casos a la fuerza, desconociéndose la cifra exacta de soldados que han desertado o de los llamados a filas que evaden el alistamiento) o los escándalos de corrupción que afectan al gobierno– y amplifican las positivas en un patrón a estas alturas bien establecido, pero que alimenta pese a todo sesgos de interpretación y enturbia cualquier análisis con pretensiones de entender la realidad política y militar sobre el terreno.

“El problema es que el debate sobre Ucrania ocurre con frecuencia desde la distancia, a través de redes sociales, ecosistemas informativos partidarios, indignación fabricada y branding político”, ha observado recientemente Peter Bach en Counterpunch, “la guerra en Ucrania se ha convertido en un conflicto librado no sólo con misiles y drones, sino con narrativas que compiten entre sí, comunidades digitales e identidades reforzadas por los algoritmos”.

El analista Anatol Lieven se ha expresado con mayor gravedad: “Es difícil saber qué podría ser peor: si nos están mintiendo deliberadamente o si todos estos militares retirados y ‘expertos’ en seguridad que pregonan la victoria inminente de Ucrania realmente se creen este sinsentido”, ha escrito para Sidecar al agregar que “lo más probable es que el consenso político, burocrático, mediático, académico y de los think tanks en Europa se haya vuelto tan monolítico y absoluto que se lo crean, puesto que nadie dice nada diferente".

El coste económico de los ataques contra Rusia

Pero la realidad, para Ucrania, no es buena. Como ha recogido un periodista independiente, Peter Korotaev, que sigue de cerca los hechos –significativamente desde una página en Substack financiada por sus lectores, Events in Ukraine, y no desde un medio de comunicación establecido–, las cifras oficiales cuentan una historia muy diferente a la que leemos con una frecuencia cada vez más irregular.

Ucrania ha emprendido como es sabido una espectacular campaña de ataques con drones en territorio ruso. De acuerdo con cifras del Ministerio de Defensa de Rusia, sólo en julio se registraron 9.800 ataques de este tipo. Pero como señala Korotaev, los medios ucranianos informan de entre 5 y 10 objetivos alcanzados, lo que supondría un porcentaje de intercepción del 97-98% por parte de Rusia. En mayo y junio Ucrania lanzó unos 39 misiles de crucero ‘Flamingo’, de los cuales seis alcanzaron sus objetivos y el resto fueron interceptados. El pasado 6 de agosto Ucrania lanzó cinco misiles de crucero ‘Flamingo’, todos los cuales fueron interceptados por las defensas aéreas rusas en la región de Tiumén.

A comienzos de agosto, por comparación, la capital ucraniana sufrió un ataque ruso de 115 drones y 24 misiles balísticos. Ni uno solo de los misiles pudo ser interceptado. Incluso si EEUU mantiene su apoyo a Ucrania y estudia actualmente la posibilidad de que los sistemas ‘Patriot’ se fabriquen en territorio europeo o en la propia Ucrania, puede pasar un tiempo considerable hasta que estos sistemas estén disponibles. Washington no puede suministrarlos porque su propio inventario se ha visto reducido como consecuencia de la agresión estadounidense contra Irán y la respuesta de éste: según informaciones de Reuters, Arabia Saudí utilizó el 86% de sus 2.800 interceptores PAC-3 en los primeros 38 días de guerra y le quedaban unos 400 en el mes de abril; EEUU gastó por su parte el 65% de sus interceptores ‘Patriot’ entre febrero y julio, quedándose con menos de 850 de los 2.330 que tenía antes de la guerra contra Irán.

Serguiy Bezkrestnov, asesor del gobierno ucraniano en materia de drones, ha calculado que el coste de fabricación de un misil ruso del tipo ‘Iskander’, del que se producen 70 unidades mensuales, se encuentra en torno a los dos-tres millones de dólares, y del sistema S-400, igualmente ruso y del que se producen 50 unidades mensuales, entre uno o dos millones de dólares, mientras que cada misil del sistema ‘Patriot’ que puede interceptar a los dos anteriores cuesta cuatro millones de dólares y se producen entre 50 y 60 unidades al mes. Rusia también está desarrollando nuevos modelos de sus drones, en particular los ‘Geran’, que son más rápidos y difíciles de interceptar, así como sistemas de comunicaciones por satélite a baja altitud propios, una versión rusa del Starlink de Elon Musk llamada ‘Rassvet’ (Amanecer) que ha comenzado a desplegar.

Uno de los medios citados por Korotaev, strana.ua, ha calculado que la campaña aérea contra Rusia cuesta entre 980 millones y más de mil millones de dólares mensuales a Ucrania, con proyectiles que van desde los 60.000 hasta los 200.000 dólares por unidad. Una proyección anual, en ausencia de una nueva inyección de dinero occidental, supondría un coste de 12.000 millones de dólares, que es más del 12% del presupuesto actual de defensa, y al que aún habría que añadir los costes económicos en inteligencia, planificación e infraestructura sobre el terreno necesarios para llevar a cabo este tipo de operaciones.

Korotaev atribuye precisamente a este coste la necesidad de modificar sus objetivos: de la infraestructura petrolera y gasística a las refinerías de petróleo, primero, y los almacenes de grandes empresas de comercio online, como Wildberries, a la que acusa de apoyar material y económicamente la guerra, después. Pero es este cambio de objetivos lo que ha permitido a Rusia reparar las instalaciones dañadas por los ataques ucranianos y devolverlas a su actividad comercial: los puertos en el Báltico han retomado sus operaciones comerciales y, según el Financial Times, actualmente sietede las 26 refinerías que hubieron de suspender su producción no han podido restablecerla, mientras ocho han regresado a su plena capacidad y 11 de ellas han recuperado su actividad parcialmente.

Como consecuencia de ello, Moscú ha podido relajar las restricciones de combustible en su territorio, exceptuando la península de Crimea y otros territorios cercanos a la línea de frente. Por otra parte, el gobierno ruso ha instalado defensas aéreas en torno a la capital que no dejan ya ningún corredor aéreo a los drones ucranianos, que ahora buscan otros objetivos que resuenan mucho menos en el público occidental que un ataque a Moscú o San Peterburgo.

“La conclusión es que Ucrania sigue cambiando sus objetivos porque carece de los suficientes drones para superar las defensas aéreas rusas que se instalan una vez una serie de objetivos ha sido atacado”, escribe Korotaev, “esto, al mismo tiempo, indica que a Ucrania eventualmente se le agotarán los objetivos sin proteger.” Este periodista también opina que los ataques tienen como objetivo suministrar a los medios de comunicación occidentales fotogénicas instantáneas de columnas de humo que permitan a Kíev ganarse a la opinión pública de aquéllos países y mantener su apoyo financiero y militar. En el Donbás, mientras tanto, Rusia continúa su avance lento, pero constante, sin que los medios de comunicación occidentales informen sobre él.


El ejército ruso está a menos de cinco kilómetros de las ciudades de Sloviansk y Kramatorsk, Donetsk. Donbás.

A comienzos de julio la periodista Olha Kyrylenko, del medio Ukrainska Pravda, preguntó a los militares que estaban combatiendo en la línea de contacto si las campañas de drones de medio y largo alcance estaban sintiendo los efectos de las mismas en la situación que ellos vivían.


De vuelta a la realidad: cómo Ucrania está utilizando —y desperdiciando— su ventana de oportunidad veraniega en el campo de batalla.

Un oficial del 19º Cuerpo del Ejército desplegado cerca de Kostiantynivka respondió secamente: “Nada”. Y añadía: “¿Qué ataques de alcance medio? Nosotros somos tropas aerotransportadas. Lo único que sentimos son los drones rusos ‘Molniya’ y los FPV”.

“No sé en qué momento hemos tomado la iniciativa”, declaró a Ukrainska Pravda otro oficial de uno de los cuerpos desplegados en la región de Donetsk, que no fue menos expeditivo en su juicio: “En algunos frentes solo ha habido una tregua en la actividad de esos maricones [sic], pero tarde o temprano volverá a recrudecerse. 

En el frente de Sloviansk, la ofensiva rusa no ha cesado desde la caída de Siversk. Las brigadas que mantienen la línea en torno a Kostiantynivka están agotadas. Lo mejor que podemos hacer es utilizar operadores de drones para mantener la presión sobre esos maricones [sic]. Eso es todo".

Los costes de la guerra de desgaste

Los ataques ucranianos contra la infraestructura rusa no han quedado sin respuesta. Rusia ha atacado por los mismos medios la red de estaciones de servicio en Ucrania, forzando a algunas compañías a limitar el suministro de combustible a los consumidores. El país tampoco ha podido reconstruir del todo sus centrales energéticas y no se descarta que este invierno haya apagones de electricidad de 8 a 14 horas al día en algunos puntos de su territorio. El primer ministro ucraniano, Serhiy Koretsky, ha asegurado que el gobierno necesita 650 millones de dólares adicionales para proteger su sector energético y evitar los incidentes del invierno anterior. El ministro de Energía, Denis Shmyhal, ha alertado por su parte de que Rusia podría ampliar su abanico de objetivos e incluir el suministro de agua y el alcantarillado, complicando todavía más la vida de la población.

Otra de las respuestas asimétricas de Rusia ha sido atacar los puertos ucranianos, dificultando su tráfico marítimo: las autoridades ucranianas han contabilizado 57 ataques con drones a embarcaciones bajo su bandera y 67 ataques con drones a sus puertos. En declaraciones a la agencia Reuters, el responsable del Ministerio de Agricultura, Taras Vysotskyi, anunció pérdidas de hasta tres mil millones de dólares por el cierre de los puertos ucranianos.

La mitad de las exportaciones de grano, unos 30 millones de toneladas, podría realizarse a través de otras rutas, pero los costes del transporte ferroviario pueden aumentar a causa del aumento de la demanda hasta un 30% y las rutas fluviales a través del Danubio no permiten el transporte de los volúmenes existentes, a lo que se añade los bajos niveles de agua debido a las elevadas temperaturas de este verano. Algunas embarcaciones se han negado a entrar en puertos ucranianos porque las aseguradoras se niegan a cubrirlas por los elevados costes asociados.

La factura del cierre de los puertos se extiende al sector metalúrgico del país, que atraviesa serias dificultades desde julio, cuando la Unión Europea eliminó las exenciones a la importación de acero ucraniano para defender su producción, una decisión criticada por los empresarios ucranianos del sector.


Un empleado trabaja en la siderúrgica Zaporizhstal en Ucrania, propiedad en parte de Metinvest.

Así, Ferrexpo detuvo las operaciones de dos fábricas de acero el 5 de agosto debido al cierre de los puertos ucranianos. Si la situación se prolonga podría llevar a escenarios de un mayor deterioro la balanza comercial del país, un empeoramiento de la inflación, la devaluación de la gryvna y una crisis del sistema financiero si las empresas ya no pueden pagar los préstamos contratados con varias entidades bancarias.

Con gran repercusión en los medios de comunicación occidentales, Ucrania ha atacado 12 centros logísticos de Wildberries. Según Zelensky, esta compañía rusa suministra “componentes destinados a la producción de drones y equipos de navegación”, aunque una investigación del medio opositor Meduza no ha encontrado ninguna prueba de vínculos entre la empresa y el Ministerio de Defensa ruso, aunque sí que grupos de voluntarios han adquirido en su portal equipamiento militar –kits de ayuda médica, equipos de radio y de visión nocturna, defensa corporal y componentes de doble uso que pueden usarse para la construcción de algunos drones– de manera abierta y regular, si bien a una escala modesta, queeste medio ruso con sede en Riga ha calculado en 221.000 dólares para el año en curso y que, por su naturaleza, no puede afirmarse que proporcionase una ventaja decisiva a Rusia en el terreno militar. Otras teorías sugieren que con estos ataques Ucrania busca golpear a la economía rusa y hacer ver a sus consumidores que no están exentos de las consecuencias del conflicto.

Como ocurre con la infraestructura energética, estos ataques han sido contestados simétricamente por Rusia con un incremento de sus envíos de drones y misiles contra el servicio postal, Nova Poshta, Rozetka –el equivalente ucraniano de Wildberries– o las cadenas de supermercados Epicentr y ATB. El 5 de agosto fue destruido el mayor centro logístico de Rozetka en el país, en Brovarí, sin posibilidad de poder ser reconstruido. Además del daño económico para Ucrania, la destrucción de estos centros podría llevar a un alza de los precios de los bienes de consumo y a problemas de suministro, con un margen fiscal para indemnizar a las empresas estrecho debido a las limitaciones presupuestarias.

El texto de Korotaev termina con una valoración de la situación de Roman Ponomarenko, un analista militar de ‘Azov’, que merece ser citada en toda su extensión: “Ya no nos queda nada con lo que interceptar los misiles rusos, y el enemigo lo sabe, se está preparando en consecuencia y está reforzando sus capacidades. Esto plantea naturalmente la pregunta: ¿Qué vendrá después? ¿Cuál es la estrategia en una situación que ya presenta todos los indicios de ser crítica? ¿Suplicar una vez más a nuestros ‘socios’ que nos proporcionen más misiles de defensa aérea? Están de vacaciones de agosto. Y, además, nadie nos va a dar suficientes misiles para proteger por completo nuestro espacio aéreo, eso es obvio. ¿O deberíamos destruir los lanzadores de misiles balísticos rusos, como dijo ayer el presidente? Quizás funcionase una o dos veces. Generaría un efecto mediático a corto plazo, pero poco más. Los artífices de la ‘Operación Teleraña’ serían los primeros en confirmarlo. Si no hay una solución eficaz para proteger nuestros cielos, espero que todo el mundo comprenda lo que nos espera: más destrucción, enormes pérdidas materiales y numerosas víctimas civiles, sin prácticamente ninguna forma de contrarrestarlo. Como dijo una vez Riddick: ‘No te metas con Dios, no te va a gustar lo que pase después.’ Solo eso ya da mucho en qué pensar. P. D. Quizá te preguntes por qué la ‘gente con pancartas de cartón’ [en referencia a los manifestantes que piden la reinstauración del exministro de Defensa, Mijailo Fedórov] no está planteando ahora mismo cuestiones realmente importantes como éstas. Porque el nuestro no es un país de cuestiones importantes. El nuestro es un país de sensacionalismo mediático. Y las consecuencias son, como siempre, exactamente las que cabría esperar.”

“Sabes que las cosas no van bien cuando ‘Azov’ es la voz sensata en este manicomio”, concluye Korotaev.



Fuente: El Salto

miércoles, 10 de diciembre de 2025

El ambiguo “proceso de paz” para Ucrania

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.

Trump negocia porque quiere economizar sus recursos transfiriendo la contención de Rusia a los europeos y, de paso, ganar dinero vendiéndoles las armas, para recolocar el grueso de sus fuerzas en Asia en el frente contra China


     El lunes el presidente del comité militar de la OTAN, Almirante Giuseppe Cavo Dragone, declaró al Financial Times que la OTAN estudia actuar de forma “mas agresiva” contra Rusia. Un “ataque preventivo” contra Moscú “podría considerarse una acción defensiva”, dijo. Pocos días antes dos cargueros con destino a Rusia, el “Kairós” y el “Veirat”, fueron atacados con drones marítimos ucranianos en aguas turcas del Mar Negro y un tercero, el “Mersin”, sufrió otro ataque frente a las costas de Senegal. Según el influyente y bien informado diputado ruso Konstantin Zatulin, los ataques a barcos con carga rusa, de los que ha habido más de una docena en los últimos meses en diversos lugares del mundo, los planifican militares británicos destacados en el “Centro de operaciones marítimas 73” de la ciudad ribereña ucraniana de Ochákovo. Zatulin dice que las operaciones las dirige un almirante británico y que en el lugar hay fuerzas especiales inglesas.


Giuseppe Cavo Dragone, presidente del comité militar de la OTAN en su primera visita a Ucrania el 8 de febrero de 2025.

Putin fue preguntado por estos ataques. Dijo que los europeos continúan viviendo “en la ilusión de infringir una derrota estratégica a Rusia” y aunque saben que eso no es posible, no están dispuestos a admitirlo y se dedican a obstaculizar las conversaciones con Trump para una paz negociada.

Evidentemente, Trump no es un mediador. Al igual que en Gaza, donde es un protagonista del genocidio, en Ucrania preside la potencia que maneja el conflicto contra Rusia utilizando al gobierno de Kíev y, por supuesto, el propio conflicto de este con Rusia. Pero Trump negocia porque quiere economizar sus recursos transfiriendo la contención de Rusia a los europeos, y ganar de paso dinero vendiéndoles las armas, para recolocar el grueso de sus fuerzas en Asia en el frente contra China (el “pivot to Asia” iniciado ya por Obama). Esta genuina reconversión imperial, causa tensiones y diferencias en el establishment de Estados Unidos, con manifiestas divisiones en el interior de la propia administración de Trump.

Horas antes del inicio de unas conversaciones sobre Ucrania mantenidas en el Kremlin entre el Presidente Putin y los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, otro carguero ruso, el Midvolga 2, cargado de girasol para Georgia, fue atacado con drones marítimos ucranianos en el Mar Negro. Trump envió a Moscú a sus hombres de confianza, su amigo Witkoff y su yerno ultrasionista Kushner, y no al secretario de estado y consejero de seguridad nacional, Marco Rubio, que es más inflexible hacia Rusia. Trump hizo lo mismo la semana pasada cuando envió a Kiev a otro emisario para apretarle los tornillos a Zelensky y obligarle a aceptar algo, después de haber despedido al general Keith Kellogg, demasiado amigo de Zelensky y organizarle un escándalo de corrupción a través de la agencia antocorrupción ucraniana (NABU) muy controlada por la CIA. Washington se deshizo así de la mano derecha de Zelensky, Andrei Yermak. Trump no envió a extorsionar a Zelensky al secretario de guerra, Peter Hegseth, sino al más pragmático Dan Driscoll, al mando del ejército de tierra.

La salsa de las tensiones internas americanas de este culebrón fueron las noticias sobre la salud de Trump y su presunta mermada capacidad cognitiva, la filtración de supuestos consejos de Witkoff a Putin sobre la manera de camelar a Trump, y el informe del Financial Times acerca de la ambición de Driscoll por desplazar a Hegseth del departamento de guerra. Todo eso, más lo que desconocemos, que suele ser mucho más, forma parte del esfuerzo por impedir la negociación. En cualquier caso, este ambiguo y equívoco “proceso de paz” ucraniano, con conversaciones y negociaciones en curso pero envueltas en conspiraciones para hacerlas zozobrar, nunca habría sido posible si el ejército ruso no estuviera avanzando y ganando en el campo de batalla. Eso es lo que determina todo.

Al mismo tiempo, hay que decir que, aunque aquellos iniciales 28 puntos del “plan de paz” (cesión del Donbas, no pertenencia de Ucrania a la OTAN, límite de 600.000 hombres para las fuerzas armadas ucranianas, 100.000 millones rusos para la reconstrucción de Ucrania, la ridícula “readmisión” de Rusia en el G-7 hacia el que Moscú ha perdido todo interés, etc.) no fueron consensuados con Rusia, Putin lo considera una “base de discusión”. Las últimas sanciones petroleras contra empresas rusas parecen haber hecho daño en Moscú. Según Bloomberg hace cinco semanas que Rusia exporta medio millón de barriles de crudo menos al día, aunque Goldman Sachs asegura que se ha encontrado remedio… El mensaje del Kremlin es que Rusia no está interesada en proseguir la guerra y Putin lo dejó bien claro el martes en una declaración que muchos malos informadores españoles presentan como mera “amenaza”:

“No vamos a entrar en guerra con Europa, ya lo he dicho cien veces”, dijo Putin. “Pero si Europa de repente quiere entrar en guerra con nosotros y lo hace, estamos preparados ahora mismo. Europa no es Ucrania. Con Ucrania actuamos de forma quirúrgica, con cuidado. No es una guerra en el sentido directo y moderno de la palabra”. Con Europa sería diferente, dijo Putin, sugiriendo que una cosa es luchar contra los parientes ucranianos y otra muy distinta contra quienes han invadido el país en cuatro ocasiones en los últimos tres siglos, dos de ellas con propósito aniquilador.

A continuación Putin fue preguntado sobre cómo responder a los ataques a los barcos con carga rusa, cuyo tránsito los medios occidentales pretenden criminalizar sin el menor fundamento con la denominación “flota fantasma”:

“Ampliaremos la gama de nuestros ataques contra las instalaciones portuarias y los barcos que entran en los puertos ucranianos, eso en primer lugar. En segundo lugar, si esto continúa, consideraremos la posibilidad, no digo que lo vayamos a hacer, pero consideraremos la posibilidad de tomar medidas de respuesta contra los buques de los países que ayudan a Ucrania a llevar a cabo estas acciones piratas” Y a continuación Putin añadió lo más importante: “la forma más radical”, dijo, “sería cortar el acceso de Ucrania al mar”. Eso significa extender la conquista militar rusa de Ucrania a las regiones de Nikolayev y Odesa, convirtiendo Ucrania en un reducido enclave terrestre sin apenas relevancia geopolítica y cortando por lo sano la ambición británica de una presencia naval en el Mar Negro. Hasta ahora varios expertos rusos consideraban militarmente irreal completar la conquista de toda la franja marítima de Ucrania, pero si el ejército de ese país colapsa y los europeos siguen hostigando, nada puede excluirse. Sea como sea, últimamente Putin ha comparecido varias veces de uniforme, algo nuevo, y diciendo a sus generales “estamos preparados para ir mas allá de la Operación Militar Especial”, que es como se llama oficialmente en Rusia a la guerra de Ucrania.

El “plan de paz” ni está consensuado con Rusia, ni tiene consenso en Estados Unidos – ni siquiera en la administración Trump – ni es aceptado por los europeos. El proyecto europeo es “la perpetuación de la guerra por procuración contra Rusia durante por lo menos otros dos o tres años, desplegando tropas alemanas en el Báltico, rearme masivo, y preparativos para una guerra relámpago preventiva contra Kaliningrado”, lo que indica que la guerra contra Rusia está destinada a realizarse, dice la analista alemana Almut Rochowanski.

En este blog ya adelantábamos en julio de hace dos años que Ucrania perdía la guerra pero que probablemente eso no significaría una verdadera victoria rusa Ucrania está perdiendo la guerra, pero Rusia no la está ganando. – Rafael Poch de Feliu Hoy la hipótesis de un mal cierre de esta guerra tiene muchos más partidarios y el principal mérito para su cumplimiento, de momento, es europeo.

Los dirigentes europeos no pueden considerar la paz como opción. Como apunta el analista italiano Andrea Zhok La guerra de Ucrania llega a su fin (pero no será un verdadero final) – Rafael Poch de Feliu , “para gente como von der Leyen y Kallas se aplica el lema de aquella película de Alberto Sordi «Mientras haya guerra, hay esperanza»: Mientras siga viva la descabellada narrativa de «hay un agresor y un agredido, no teníamos otra opción», toda la catastrófica conducta de las clases dirigentes europeas puede evitar llegar a rendir cuentas.


Vista de los sepelios en el campo de Marte de Lviv en 2022 y este año.

Por esta razón, la perspectiva que nos espera es la de una guerra híbrida permanente, en la que los paramilitares ucranianos proporcionarán parte de la mano de obra y Europa proporcionará los medios tecnológicos y económicos”.

El pacifismo de Trump para Ucrania tiene la misma sustancia que el “plan de paz” de Gaza que nunca funcionará porque ha sido diseñado para mantener la masacre israelí sin alto el fuego, manteniendo la ocupación, el bloqueo de ayuda y alimentos y los bombardeos, también contra Siria y Libano. La negociación de Trump con Putin no cancela sino mantiene y refuerza la presión para rodear a Rusia y debilitarla en su periferia, como muestra la política mantenida hacia Georgia, Armenia, Moldavia y la última iniciativa de Trump con los autócratas de Asia Central. Y no solo con Rusia. El impulso hacia China es idéntico.

Los intentos de Trump de sancionar comercialmente a China se derrumbaron cuando Pekín anunció su respuesta de cortar toda exportación de tierras raras, un recurso del que, hoy por hoy, dispone casi en solitario, y que actuaría como un verdadero leñazo para la potencia económica y militar americana. Washington ha reculado, pero ha impulsado a Japón para debilitar a China de la misma forma en que lo ha hecho con Ucrania hacia Rusia. Ese es el contexto de las declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, de que Taiwán es estratégicamente relevante para Japón y que su país desplegará misiles cerca de su territorio. Japón no tiene mala imagen en Taiwán, isla que ocupó durante medio siglo hasta 1945, hasta el punto de que a diferencia de los coreanos, algunos taiwaneses no solo no odian a Japón sino que se consideran próximos. Es un recurso ideal para provocar a Pekín y fomentar la confrontación militar allá.

Como dice Laura Hein, una historiadora especialista en Japón, aunque a menudo hablamos de la guerra en términos de vencedores y vencidos, olvidamos la lógica intrínseca de la guerra que apunta hacia una devastación cada vez mayor. Una vez comenzada, todas las presiones se dirigen hacia una mayor destrucción. Los grandes conflictos pueden empezar casi sin quererlo, pero una vez iniciados la lógica de escalada hace que sea mucho más difícil detenerlos que iniciarlos. Tal es el implacable impulso de la guerra en sí misma.

En la era de la crisis del capitalismo antropocénico, el Norte Global se está metiendo en esa catastrófica espiral bélica para “resolver” el desastre planetario al que nos ha conducido.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

jueves, 27 de noviembre de 2025

Viabilidad del Plan de Paz en Ucrania

 

      Coronel de Infantería (retirado). Licenciado en Psicología y doctor en Paz y Seguridad internacionales.


     Parece que ya hay una versión publicada del Plan de Paz estadounidense de 28 puntos para el conflicto en Ucrania. De momento, lo único que realmente representa es la solución final deseada por Estados Unidos, en la cual podría haber cambios, quizás sustanciales, quizás de detalle, hasta que haya acuerdo definitivo, si lo hay. Porque la probabilidad de que no llegue a cuajar también es alta. Iremos viéndolo a lo largo del artículo. Que se sepa, Rusia parece que ha dado un visto bueno inicial a la idea, al planteamiento (que, en general, le es favorable), veremos a los detalles. Ucrania, por boca de su presidente Volodimir Zelensky, lo califica como “uno de los momentos más difíciles de la historia de Ucrania, que debe decidir entre perder su dignidad o perder a un aliado clave”. Y el tercero en discordia (cuarto si incluimos a los propios Estados Unidos), la Unión Europea (UE+) no parece haberse definido todavía a la espera probablemente de poder alcanzar una postura común ante el difícil reto de o negarle la sal a Estados Unidos o dejar vendido a su, voluntariamente acogido, protegido.


Cumbre de Bürgenstock en Suiza.

El Plan, en principio, concede a Rusia, sus tres fundamentales exigencias. Una (punto 21), la soberanía rusa de la península de Crimea, el Donbás (oblasts de Lugansk y Donetsk) y las áreas de los oblasts de Jerson y Zaporiyia actualmente ocupadas por el ejército ruso, que deben quedar desmilitarizadas, al igual que las áreas de Donetsk que las fuerzas ucranianas que las ocupan actualmente deben entregar a Rusia. Dos (punto 7), Ucrania se compromete, incorporándolo a su Constitución, a no ingresar en la OTAN, que a su vez se compromete, incorporándolo a sus Estatutos, a no admitirla si lo solicitase y a no desplegar tropas en ella (punto 8); Ucrania sí podrá ingresar en la Unión Europea con acceso preferencial (punto 11). Y tres, no podrá haber fuerzas extranjeras estacionadas en suelo ucraniano, aunque la Unión Europea+ podría tener aviones de combate estacionados en Polonia con posibilidad de actuación en el espacio aéreo ucraniano (punto 9). Además, le facilita a Rusia lo que el Plan denomina “la reintegración de Rusia” (punto 13): levantamiento progresivo de las sanciones de forma acordada; acuerdo de cooperación económica a largo plazo para el desarrollo mutuo con Estados Unidos; e invitación a Rusia a reincorporarse al G-8.

A cambio, el Plan (ampliamente ambicioso) exige un alto el fuego inmediato (punto 28); que Rusia, Ucrania y la UE+ firmen un acuerdo de no agresión (puntos 2 y 22) que dé por resueltos todos los litigios actualmente existentes (punto 4); que confirme que Rusia no invadirá países vecinos (punto 16); que la OTAN no se expandirá más (punto 3); y que dé a Ucrania garantías de seguridad confiables (punto 5). Los compromisos adquiridos en este acuerdo deberán ser jurídicamente vinculantes, pudiendo imponerse sanciones en caso de incumplimiento (punto 27).




A Ucrania (la gran perdedora) le exige además unas Fuerzas Armadas que no superen los 600.000 efectivos (punto 6) y sin posibilidad de armas nucleares (punto 18); le prohíbe cualquier propaganda o actividad nazi (punto 20); y le exige que celebre elecciones en cien días a partir de la fecha de la firma del acuerdo (punto 25). También exige, tanto a Ucrania como a Rusia, que garanticen la diversidad cultural, religiosa, educativa y lingüística (alusión a la minoría ruso hablante ucraniana); y que declaren una amnistía para todas aquellas acciones presuntamente delictivas cometidas durante la guerra, sin posibilidad de reclamaciones posteriores (punto 26). A cambio, el Plan confirma la soberanía (aunque algo mermada territorialmente) de Ucrania (punto 1) con garantías de seguridad internacionales (punto 5), más concretamente especificando (punto 16) que Rusia consagrará en su ley constitucional la no agresión a Ucrania y a la Unión Europea; acceso preferencial a corto plazo al mercado europeo (punto 11); con “medidas contundentes” para su reconstrucción a través de un denominado Fondo de Desarrollo (punto 12); y con la prohibición a Rusia de impedirle u obstaculizarle la utilización del río Dniéper o el acceso al mar Negro para actividades comerciales.




Pero ni la reconstrucción ni el amparo económico y de seguridad previstos en este Plan estadounidense serán gratis. En primer lugar, la aplicación de todos los aspectos del acuerdo a firmar será supervisada y garantizada por un Consejo de Paz presidido por Donald Trump (punto 27), que tendrá en consecuencia la última palabra, lo que implica una pérdida de soberanía para Ucrania, pero no así para Rusia, mucho menos vulnerable a las presiones o sanciones que pudiera tratar de imponer el susodicho Consejo de Paz. Pero, fundamentalmente, porque el citado Fondo de Desarrollo para la Reconstrucción (punto 12), que será elaborado por el Banco Mundial, incluirá el desarrollo de la “extracción de minerales” (apartado E del punto 12), es decir, de las “tierras raras” ucranianas a las que Estados Unidos tiene echado el ojo desde hace tiempo. Y porque una de las fuentes de su financiación serían los fondos rusos que tiene congelados la Unión Europea (punto 14), de los que cien mil millones de dólares serán utilizados para iniciativas lideradas por Estados Unidos, que recibiría el 50% de estas ganancias, debiendo la Unión Europea aportar otros cien mil millones de dólares, “para crear un fuerte incentivo para evitar el tono al conflicto” (punto14).


Perfil psicopatológico de Donald Trump.

Por último, el Plan también establece que (punto 15) se creará un grupo de trabajo conjunto estadounidense-ruso sobre cuestiones de seguridad para promover y garantizar el cumplimiento de todas sus disposiciones. Un grupo de trabajo conjunto que no se sabe, porque no se especifica, como se coordinará y complementará con el mencionado Consejo de Paz (punto 27) presidido por el propio presidente Trump.

¿Va Ucrania a admitir la amplia perdida definitiva de territorio que se le exige, por muy teóricamente que quede protegida y reconstruida dentro de la Unión Europea?

¿Va Rusia a admitir incluir en su ley constitucional la no agresión (sine die) a Ucrania o a la UE+?

¿Cómo diferenciar agresión de defensa en el futuro, si no somos capaces de hacerlo hoy día?

¿Va Rusia a ratificar que el Consejo de Paz presidido por el presidente Trump tenga la última palabra en el futuro, pudiendo imponer sanciones? Y, cuando Trump no esté, quién lo presidirá ¿Siempre el presidente estadounidense? ¿Cómo se van a relacionar el Consejo de Paz y el Grupo de Trabajo conjunto estadounidense-ruso?

¿Va Rusia a admitir que se utilicen sus fondos congelados para la reconstrucción de Ucrania?

¿Va a admitir la Unión Europea+ la perdida definitiva de territorio ucraniano?

¿Van a admitir la Unión Europea+ y la comunidad internacional la amnistía por los posibles crímenes de guerra que se hayan podido cometer? 

¿Va a estar la Unión Europea+ dispuesta a aportar los cien mil millones de dólares que se le exigen para apoyar una solución final con la que nunca estuvo de acuerdo?

Creo que quedan todavía muchas sesiones de negociación a tener (por mucha prisa que meta el presidente Trump) y muy pocas posibilidades que el Plan, en su actual configuración, se pueda llevar a cabo.

Lo siento por Trump que creo que tiene su ansiado Nobel de la Paz cada vez más lejos.


Fuente: Nueva Tribuna