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miércoles, 12 de agosto de 2026

La dura realidad detrás del deseo occidental de que Ucrania está ganando la guerra a Rusia

 

 Por Àngel Ferrero   
      Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.


Cuando van a cumplirse cuatro años y medio de la segunda fase de la guerra de Ucrania, el país dirigido por Zelensky afronta severas dificultades que contrastan con la propaganda de sus países aliados


Manifestación de apoyo a Ucrania en Córdoba, España. Fotografía de Álvaro Minguito.


     El 25 de julio Ucrania atacó a un buque comercial iraní en el mar Caspio alegando que transportaba material militar entre Rusia e Irán, causando la muerte de uno de sus tripulantes. La diplomacia entre Kíev y Teherán –y, posiblemente, Moscú– logró que Irán abandonase la intención de adoptar represalias atacando un puerto ucraniano con un misil balístico. A pesar de tratarse de un incidente “menor” dentro de un conflicto más amplio, lo sucedido no resulta menos preocupante en tanto que ocurría, como es sabido, en el escenario de las hostilidades entre Irán y los Estados Unidos y sus aliados árabes en el golfo Pérsico. La única lectura, pues, que puede desprenderse de esta agresión militar es la de que el gobierno ucraniano buscaba conectar una guerra con la otra y arrastrar a sus aliados occidentales o, al menos, congraciarse con la administración de Donald Trump para conseguir más ayuda financiera y la rápida entrega de interceptores con los que defenderse de los ataques aéreos cada vez más frecuentes de Rusia.

Como parte de ese plan, el ejecutivo ucraniano también ha invitado recientemente a Laura Loomer, una conocida influencer de la ultraderecha estadounidense, a visitar el país y reunirse con su presidente, Volodímir Zelensky, y altos mandos militares, como Andriy Biletsky, responsable del Tercer Cuerpo del Ejército Ucraniano, fundado a partir del notorio batallón neonazi ‘Azov’.


Andriy Biletsky, lider del movimiento Azov ucraniano.

Loomer –que llegaba siguiendo los pasos del senador de Carolina del Sur Lindsey Graham, fallecido pocos días después a su regreso a EEUU– se deshizo en elogios hacia Ucrania y, en un peculiar intercambio en la red social X, aseguró a Tommy Robinson, una de las caras más conocidas de la ultraderecha británica, que una de las mejores cosas del país es que “no había visto ni a un sólo musulmán” durante su visita.


Manifestantes de extrema derecha con el Ayuntamiento de Leeds al fondo, mientras manifestantes tanto de izquierdas como de derechas se reunían en Leeds. La derecha marchó brevemente por el centro de Leeds y se produjo una detención.

Si hay una guerra que Kíev está claramente ganando es la informativa. Los medios de comunicación europeos, por inercias ideológicas o directamente autocensura, rara vez recogen las noticias negativas de Ucrania –como las derrotas militares, los problemas cada vez más graves de reclutamiento (que se lleva en muchos casos a la fuerza, desconociéndose la cifra exacta de soldados que han desertado o de los llamados a filas que evaden el alistamiento) o los escándalos de corrupción que afectan al gobierno– y amplifican las positivas en un patrón a estas alturas bien establecido, pero que alimenta pese a todo sesgos de interpretación y enturbia cualquier análisis con pretensiones de entender la realidad política y militar sobre el terreno.

“El problema es que el debate sobre Ucrania ocurre con frecuencia desde la distancia, a través de redes sociales, ecosistemas informativos partidarios, indignación fabricada y branding político”, ha observado recientemente Peter Bach en Counterpunch, “la guerra en Ucrania se ha convertido en un conflicto librado no sólo con misiles y drones, sino con narrativas que compiten entre sí, comunidades digitales e identidades reforzadas por los algoritmos”.

El analista Anatol Lieven se ha expresado con mayor gravedad: “Es difícil saber qué podría ser peor: si nos están mintiendo deliberadamente o si todos estos militares retirados y ‘expertos’ en seguridad que pregonan la victoria inminente de Ucrania realmente se creen este sinsentido”, ha escrito para Sidecar al agregar que “lo más probable es que el consenso político, burocrático, mediático, académico y de los think tanks en Europa se haya vuelto tan monolítico y absoluto que se lo crean, puesto que nadie dice nada diferente".

El coste económico de los ataques contra Rusia

Pero la realidad, para Ucrania, no es buena. Como ha recogido un periodista independiente, Peter Korotaev, que sigue de cerca los hechos –significativamente desde una página en Substack financiada por sus lectores, Events in Ukraine, y no desde un medio de comunicación establecido–, las cifras oficiales cuentan una historia muy diferente a la que leemos con una frecuencia cada vez más irregular.

Ucrania ha emprendido como es sabido una espectacular campaña de ataques con drones en territorio ruso. De acuerdo con cifras del Ministerio de Defensa de Rusia, sólo en julio se registraron 9.800 ataques de este tipo. Pero como señala Korotaev, los medios ucranianos informan de entre 5 y 10 objetivos alcanzados, lo que supondría un porcentaje de intercepción del 97-98% por parte de Rusia. En mayo y junio Ucrania lanzó unos 39 misiles de crucero ‘Flamingo’, de los cuales seis alcanzaron sus objetivos y el resto fueron interceptados. El pasado 6 de agosto Ucrania lanzó cinco misiles de crucero ‘Flamingo’, todos los cuales fueron interceptados por las defensas aéreas rusas en la región de Tiumén.

A comienzos de agosto, por comparación, la capital ucraniana sufrió un ataque ruso de 115 drones y 24 misiles balísticos. Ni uno solo de los misiles pudo ser interceptado. Incluso si EEUU mantiene su apoyo a Ucrania y estudia actualmente la posibilidad de que los sistemas ‘Patriot’ se fabriquen en territorio europeo o en la propia Ucrania, puede pasar un tiempo considerable hasta que estos sistemas estén disponibles. Washington no puede suministrarlos porque su propio inventario se ha visto reducido como consecuencia de la agresión estadounidense contra Irán y la respuesta de éste: según informaciones de Reuters, Arabia Saudí utilizó el 86% de sus 2.800 interceptores PAC-3 en los primeros 38 días de guerra y le quedaban unos 400 en el mes de abril; EEUU gastó por su parte el 65% de sus interceptores ‘Patriot’ entre febrero y julio, quedándose con menos de 850 de los 2.330 que tenía antes de la guerra contra Irán.

Serguiy Bezkrestnov, asesor del gobierno ucraniano en materia de drones, ha calculado que el coste de fabricación de un misil ruso del tipo ‘Iskander’, del que se producen 70 unidades mensuales, se encuentra en torno a los dos-tres millones de dólares, y del sistema S-400, igualmente ruso y del que se producen 50 unidades mensuales, entre uno o dos millones de dólares, mientras que cada misil del sistema ‘Patriot’ que puede interceptar a los dos anteriores cuesta cuatro millones de dólares y se producen entre 50 y 60 unidades al mes. Rusia también está desarrollando nuevos modelos de sus drones, en particular los ‘Geran’, que son más rápidos y difíciles de interceptar, así como sistemas de comunicaciones por satélite a baja altitud propios, una versión rusa del Starlink de Elon Musk llamada ‘Rassvet’ (Amanecer) que ha comenzado a desplegar.

Uno de los medios citados por Korotaev, strana.ua, ha calculado que la campaña aérea contra Rusia cuesta entre 980 millones y más de mil millones de dólares mensuales a Ucrania, con proyectiles que van desde los 60.000 hasta los 200.000 dólares por unidad. Una proyección anual, en ausencia de una nueva inyección de dinero occidental, supondría un coste de 12.000 millones de dólares, que es más del 12% del presupuesto actual de defensa, y al que aún habría que añadir los costes económicos en inteligencia, planificación e infraestructura sobre el terreno necesarios para llevar a cabo este tipo de operaciones.

Korotaev atribuye precisamente a este coste la necesidad de modificar sus objetivos: de la infraestructura petrolera y gasística a las refinerías de petróleo, primero, y los almacenes de grandes empresas de comercio online, como Wildberries, a la que acusa de apoyar material y económicamente la guerra, después. Pero es este cambio de objetivos lo que ha permitido a Rusia reparar las instalaciones dañadas por los ataques ucranianos y devolverlas a su actividad comercial: los puertos en el Báltico han retomado sus operaciones comerciales y, según el Financial Times, actualmente sietede las 26 refinerías que hubieron de suspender su producción no han podido restablecerla, mientras ocho han regresado a su plena capacidad y 11 de ellas han recuperado su actividad parcialmente.

Como consecuencia de ello, Moscú ha podido relajar las restricciones de combustible en su territorio, exceptuando la península de Crimea y otros territorios cercanos a la línea de frente. Por otra parte, el gobierno ruso ha instalado defensas aéreas en torno a la capital que no dejan ya ningún corredor aéreo a los drones ucranianos, que ahora buscan otros objetivos que resuenan mucho menos en el público occidental que un ataque a Moscú o San Peterburgo.

“La conclusión es que Ucrania sigue cambiando sus objetivos porque carece de los suficientes drones para superar las defensas aéreas rusas que se instalan una vez una serie de objetivos ha sido atacado”, escribe Korotaev, “esto, al mismo tiempo, indica que a Ucrania eventualmente se le agotarán los objetivos sin proteger.” Este periodista también opina que los ataques tienen como objetivo suministrar a los medios de comunicación occidentales fotogénicas instantáneas de columnas de humo que permitan a Kíev ganarse a la opinión pública de aquéllos países y mantener su apoyo financiero y militar. En el Donbás, mientras tanto, Rusia continúa su avance lento, pero constante, sin que los medios de comunicación occidentales informen sobre él.


El ejército ruso está a menos de cinco kilómetros de las ciudades de Sloviansk y Kramatorsk, Donetsk. Donbás.

A comienzos de julio la periodista Olha Kyrylenko, del medio Ukrainska Pravda, preguntó a los militares que estaban combatiendo en la línea de contacto si las campañas de drones de medio y largo alcance estaban sintiendo los efectos de las mismas en la situación que ellos vivían.


De vuelta a la realidad: cómo Ucrania está utilizando —y desperdiciando— su ventana de oportunidad veraniega en el campo de batalla.

Un oficial del 19º Cuerpo del Ejército desplegado cerca de Kostiantynivka respondió secamente: “Nada”. Y añadía: “¿Qué ataques de alcance medio? Nosotros somos tropas aerotransportadas. Lo único que sentimos son los drones rusos ‘Molniya’ y los FPV”.

“No sé en qué momento hemos tomado la iniciativa”, declaró a Ukrainska Pravda otro oficial de uno de los cuerpos desplegados en la región de Donetsk, que no fue menos expeditivo en su juicio: “En algunos frentes solo ha habido una tregua en la actividad de esos maricones [sic], pero tarde o temprano volverá a recrudecerse. 

En el frente de Sloviansk, la ofensiva rusa no ha cesado desde la caída de Siversk. Las brigadas que mantienen la línea en torno a Kostiantynivka están agotadas. Lo mejor que podemos hacer es utilizar operadores de drones para mantener la presión sobre esos maricones [sic]. Eso es todo".

Los costes de la guerra de desgaste

Los ataques ucranianos contra la infraestructura rusa no han quedado sin respuesta. Rusia ha atacado por los mismos medios la red de estaciones de servicio en Ucrania, forzando a algunas compañías a limitar el suministro de combustible a los consumidores. El país tampoco ha podido reconstruir del todo sus centrales energéticas y no se descarta que este invierno haya apagones de electricidad de 8 a 14 horas al día en algunos puntos de su territorio. El primer ministro ucraniano, Serhiy Koretsky, ha asegurado que el gobierno necesita 650 millones de dólares adicionales para proteger su sector energético y evitar los incidentes del invierno anterior. El ministro de Energía, Denis Shmyhal, ha alertado por su parte de que Rusia podría ampliar su abanico de objetivos e incluir el suministro de agua y el alcantarillado, complicando todavía más la vida de la población.

Otra de las respuestas asimétricas de Rusia ha sido atacar los puertos ucranianos, dificultando su tráfico marítimo: las autoridades ucranianas han contabilizado 57 ataques con drones a embarcaciones bajo su bandera y 67 ataques con drones a sus puertos. En declaraciones a la agencia Reuters, el responsable del Ministerio de Agricultura, Taras Vysotskyi, anunció pérdidas de hasta tres mil millones de dólares por el cierre de los puertos ucranianos.

La mitad de las exportaciones de grano, unos 30 millones de toneladas, podría realizarse a través de otras rutas, pero los costes del transporte ferroviario pueden aumentar a causa del aumento de la demanda hasta un 30% y las rutas fluviales a través del Danubio no permiten el transporte de los volúmenes existentes, a lo que se añade los bajos niveles de agua debido a las elevadas temperaturas de este verano. Algunas embarcaciones se han negado a entrar en puertos ucranianos porque las aseguradoras se niegan a cubrirlas por los elevados costes asociados.

La factura del cierre de los puertos se extiende al sector metalúrgico del país, que atraviesa serias dificultades desde julio, cuando la Unión Europea eliminó las exenciones a la importación de acero ucraniano para defender su producción, una decisión criticada por los empresarios ucranianos del sector.


Un empleado trabaja en la siderúrgica Zaporizhstal en Ucrania, propiedad en parte de Metinvest.

Así, Ferrexpo detuvo las operaciones de dos fábricas de acero el 5 de agosto debido al cierre de los puertos ucranianos. Si la situación se prolonga podría llevar a escenarios de un mayor deterioro la balanza comercial del país, un empeoramiento de la inflación, la devaluación de la gryvna y una crisis del sistema financiero si las empresas ya no pueden pagar los préstamos contratados con varias entidades bancarias.

Con gran repercusión en los medios de comunicación occidentales, Ucrania ha atacado 12 centros logísticos de Wildberries. Según Zelensky, esta compañía rusa suministra “componentes destinados a la producción de drones y equipos de navegación”, aunque una investigación del medio opositor Meduza no ha encontrado ninguna prueba de vínculos entre la empresa y el Ministerio de Defensa ruso, aunque sí que grupos de voluntarios han adquirido en su portal equipamiento militar –kits de ayuda médica, equipos de radio y de visión nocturna, defensa corporal y componentes de doble uso que pueden usarse para la construcción de algunos drones– de manera abierta y regular, si bien a una escala modesta, queeste medio ruso con sede en Riga ha calculado en 221.000 dólares para el año en curso y que, por su naturaleza, no puede afirmarse que proporcionase una ventaja decisiva a Rusia en el terreno militar. Otras teorías sugieren que con estos ataques Ucrania busca golpear a la economía rusa y hacer ver a sus consumidores que no están exentos de las consecuencias del conflicto.

Como ocurre con la infraestructura energética, estos ataques han sido contestados simétricamente por Rusia con un incremento de sus envíos de drones y misiles contra el servicio postal, Nova Poshta, Rozetka –el equivalente ucraniano de Wildberries– o las cadenas de supermercados Epicentr y ATB. El 5 de agosto fue destruido el mayor centro logístico de Rozetka en el país, en Brovarí, sin posibilidad de poder ser reconstruido. Además del daño económico para Ucrania, la destrucción de estos centros podría llevar a un alza de los precios de los bienes de consumo y a problemas de suministro, con un margen fiscal para indemnizar a las empresas estrecho debido a las limitaciones presupuestarias.

El texto de Korotaev termina con una valoración de la situación de Roman Ponomarenko, un analista militar de ‘Azov’, que merece ser citada en toda su extensión: “Ya no nos queda nada con lo que interceptar los misiles rusos, y el enemigo lo sabe, se está preparando en consecuencia y está reforzando sus capacidades. Esto plantea naturalmente la pregunta: ¿Qué vendrá después? ¿Cuál es la estrategia en una situación que ya presenta todos los indicios de ser crítica? ¿Suplicar una vez más a nuestros ‘socios’ que nos proporcionen más misiles de defensa aérea? Están de vacaciones de agosto. Y, además, nadie nos va a dar suficientes misiles para proteger por completo nuestro espacio aéreo, eso es obvio. ¿O deberíamos destruir los lanzadores de misiles balísticos rusos, como dijo ayer el presidente? Quizás funcionase una o dos veces. Generaría un efecto mediático a corto plazo, pero poco más. Los artífices de la ‘Operación Teleraña’ serían los primeros en confirmarlo. Si no hay una solución eficaz para proteger nuestros cielos, espero que todo el mundo comprenda lo que nos espera: más destrucción, enormes pérdidas materiales y numerosas víctimas civiles, sin prácticamente ninguna forma de contrarrestarlo. Como dijo una vez Riddick: ‘No te metas con Dios, no te va a gustar lo que pase después.’ Solo eso ya da mucho en qué pensar. P. D. Quizá te preguntes por qué la ‘gente con pancartas de cartón’ [en referencia a los manifestantes que piden la reinstauración del exministro de Defensa, Mijailo Fedórov] no está planteando ahora mismo cuestiones realmente importantes como éstas. Porque el nuestro no es un país de cuestiones importantes. El nuestro es un país de sensacionalismo mediático. Y las consecuencias son, como siempre, exactamente las que cabría esperar.”

“Sabes que las cosas no van bien cuando ‘Azov’ es la voz sensata en este manicomio”, concluye Korotaev.



Fuente: El Salto

jueves, 17 de abril de 2025

Europa reacciona ante la inacción de Trump en Ucrania: más sanciones, supermisiles y envío de tropas

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


El plan danés de enviar tropas a Ucrania para “aprender” de la guerra, los misiles alemanes y las nuevas sanciones a Moscú disparan la presión europea a la entente de EEUU y Rusia.


     Europa no se lo está poniendo fácil al presidente estadounidense, Donald Trump, y a su estrategia para finiquitar la guerra de Ucrania cuanto antes. Pese a las noticias que llegan del campo de batalla, donde Rusia mantiene la iniciativa y el ejército ucraniano es incapaz de recobrar un solo kilómetro del territorio anexionado por Moscú desde hace tres años, los aliados europeos de Kiev siguen convencidos de que se puede torcer el brazo militarmente al Kremlin.

Por eso desconfían de las negociaciones que está llevando a cabo EEUU con Rusia, pues ratificarían las anexiones rusas, y apuestan por gastar miles de millones de euros en el envío de armas al frente aunque de momento hayan dado pocos frutos. Es en este contexto en el que Europa ha decidido pasar nuevas líneas rojas en su confrontación con Rusia.


El presidente de EEUU, Donald Trump, habla con la prensa durante un vuelo en el Air Force One, el 6 de abril de 2025.

Además, este apoyo a Ucrania está sirviendo a Bruselas para lanzar un pulso a Washington y llevar al terreno geopolítico la pugna que mantienen europeos y estadounidenses por la cruzada arancelaria de Trump. Los países de la UE tienen mucho que perder con esta ofensiva de tasas de EEUU, pero al menos pueden poner muy nerviosa a la Casa Blanca con su furibunda política exterior antirrusa cuando lo que quiere Trump es concentrar sus esfuerzos en China e Irán.


Soldados ucranianos en Donetsk el 16/04/2025.


Asfixiar a Rusia con nuevas sanciones


Esta semana, la UE confirmó que multiplicará sus esfuerzos para sancionar a Moscú. Uno de los más implacables enemigos que tiene Rusia en Europa, el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, reclamó este lunes "las sanciones más duras contra Rusia, para asfixiar su economía e impedirle alimentar su esfuerzo de guerra".

Con una similar posición se manifestó la alta representante para la Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, quien, tras participar en un Consejo de Ministros de Exteriores de la Unión, afirmó que es necesario "ejercer la presión, la máxima presión, sobre Rusia, para que realmente ponga fin a esta guerra, porque hacen falta dos para querer la paz".

El problema en este conflicto es que nadie parece querer la paz, salvo Trump, aunque en este caso sus razones son tan oportunistas como las del resto, con su plan para apoderarse de la mitad de los recursos energéticos y minerales estratégicos de Ucrania en cuanto se firme la paz o con su interés en la reconstrucción de la arquitectura de seguridad europea al concluir la guerra, con más compras al complejo armamentístico estadounidense.

Este rearme de una Europa deseosa de participar en los pingües beneficios de las industrias armamentísticas necesita de un enemigo exterior "permanente" y ninguno mejor que Rusia. El miedo a los rusos es uno de los argumentos enarbolados por los 27 para "animar" a los ciudadanos europeos a acatar ese multimillonario esfuerzo en defensa y seguridad, a costa de los beneficios sociales, la sanidad, las pensiones y otras partidas del sistema de bienestar construido durante décadas en el viejo continente.


La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habla en la Academia de Oficiales del Ejército en el Castillo de Frederiksberg , Dinamarca.


Nadie quiere una tregua


Si los europeos no están por la negociación de un armisticio del que además han sido excluidos por Trump, menos lo está el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. El líder ucraniano se encuentra entre la espada y la pared: mientras trata de impedir que su país sea derrotado por Rusia, intenta a la vez conseguir más armas para resistir, aconsejado por los lobbies belicistas de Bruselas, y, a la par, almacenar el mayor volumen posible de armamento para que, cuando se firme la paz, Ucrania tenga mucho que decir en la nueva Europa de postguerra.

Tampoco tiene prisas en alcanzar un acuerdo de paz Rusia, al menos hasta que consolide todas sus conquistas y termine de ocupar esas partes de las cuatro regiones ucranianas ya anexionadas y que considera imprescindibles para su propia seguridad.

Mientras refuerzan sus posiciones bélicas, tanto Rusia como Ucrania hacen el paripé sobre su cumplimiento supuesto de la tregua de un mes bajo la égida de EEUU que prohibió el ataque a las infraestructuras energéticas del enemigo y cuyo plazo terminaba este miércoles. En realidad, ninguno de los contendientes respetó mínimamente este alto fuego.

Los ucranianos afirman que los rusos violaron tal tregua al menos en treinta ocasiones. Moscú señala que quienes han violado reiteradamente el acuerdo, que entró en vigor el 18 de marzo, han sido los ucranianos. Este mismo miércoles, el Ministerio de Defensa ruso acusó al ejército de Ucrania de dejar a más de 20.000 personas sin electricidad en la región de Bélgorod. También denunció sendos ataques con drones a instalaciones energéticas rusas en las regiones fronterizas de Briansk y Kursk.


Los deseados Patriots que nadie da ya a Kiev


En esta situación peliaguda, en las que los rusos han aumentado sus ataques a objetivos militares ucranianos localizados en núcleos de población, sin que muestren ya pudor alguno en causar víctimas civiles con sus misiles balísticos, Zelenski ha pedido a EEUU la venta de sistemas antimisiles Patriot, que antes le suministraban el propio Pentágono y sus aliados europeos, pero que ahora ni unos ni otros parecen tener deseos de entregar gratis.

Tal intención de adquirir esos eficaces sistemas antiaéreos, los únicos capaces de derribar los misiles Iskander rusos, fue formulada el pasado fin de semana en una entrevista que dio Zelenski a la cadena de televisión CBS y reiterada el martes al secretario general de la OTAN, Mark Rutte. La idea de Zelenski es comprar por 15.000 millones de dólares una decena de sistemas Patriot, con los que se habrían evitado ataques como los realizados en los últimos días contra las localidades ucranianas de Krivói Rog y Sumi, y que se saldaron con más de medio centenar de civiles asesinados por los misiles balísticos rusos.

Trump, quien no simpatiza con Zelenski, arremetió contra el presidente ucraniano el lunes y le pintó como un pedigüeño que "siempre está buscando misiles". El mandatario estadounidense dejó entrever que su país no está ya dispuesto a entregar ese tipo de armamento. "No se empieza una guerra contra alguien veinte veces más grande y luego se espera a que la gente te dé misiles", le indicó, acusando incluso a Zelenski de haber comenzado la guerra contra Rusia.

Este tipo de sistemas antimisiles es una de las armas más eficaces empleadas por Ucrania para frenar los ataques contra ciudades e infraestructuras. Sin embargo, su elevado coste y la escasez de unidades lo convierten en la joya de la corona de los suministros de armas occidentales.


El supermisil Taurus


Como lo es también el misil de largo alcance alemán Taurus, que hasta ahora Berlín se había negado a entregar a Ucrania, pero que puede convertirse en un contrapeso suficientemente poderoso como para alargar más la guerra y ocasionar daños sustanciales en Rusia, sobre todo contra objetivos militares y civiles muy alejados de la frontera ucraniana.


Misil de largo alcance alemán Taurus.

El que será con probabilidad nuevo canciller alemán, el democristiano Friedrich Merz, reiteró este semana su intención de enviar estos misiles Taurus de largo radio a Ucrania en cuanto jure su cargo a principios de mayo.

Merz también sugirió que estos misiles podrían ser empleados por Kiev para "destruir la principal comunicación terrestre entre Rusia y Crimea", la península ucraniana anexionada por Moscú en 2014. Ello permitiría, agregó el político germano, cortar el suministro a las tropas rusas desplegadas en el sur ocupado de Ucrania.

Se refería Merz a la destrucción del puente de Kerch, que sufrió ya dos ataques en el curso de la guerra. "Ucrania tiene que estar en condiciones de destruir la comunicación más importante entre Rusia y Crimea porque en Crimea tiene el ejército ruso buena parte de sus reservas", dijo el político alemán. Ello llevaría a Ucrania a retomar la iniciativa bélica, añadió.

Los Taurus, con alcance de 500 kilómetros, son superiores en radio de acción a los ATACMS estadounidenses, los Storm Shadow británicos y los Scalp franceses, de los que ya dispone Ucrania, además del permiso de utilizarlos contra territorio ruso.

En plena campaña electoral, Merz amenazó con enviar los Taurus a Ucrania en caso de que Moscú no accediera a detener sus ataques en cuanto asumiera el poder, en principio el 6 de mayo. El aún canciller alemán, Olaf Scholz, había rechazado el suministro de este tipo de misiles a Ucrania para evitar una confrontación directa con Rusia.

Pero tras la llegada de Trump al poder y su acercamiento a Rusia, los aliados europeos de Ucrania parecen ya desbocados. La andanada comercial lanzada por Trump y la obligación de aceptar alzas hasta ahora impensables en los aranceles a los productos europeos, mientras se negocian muchas otras, han terminado de quebrar los nervios en Europa. Los antaño influyentes países europeos ven menguar su influencia a nivel mundial ante estadounidenses, rusos y chinos, y han hecho de Ucrania su último bastión de resistencia ante el nuevo sistema geopolítico mundial propugnado por Trump.

La respuesta rusa a la amenaza de Merz fue contundente. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, vaticinó "una mayor escalada de la situación sobre Ucrania" que alargará la guerra.


Tropas danesas a Ucrania para aprender de la guerra


Dentro de estas apuestas europeas a favor de una mayor implicación en la guerra de Ucrania destaca la ahora formulada por Dinamarca, uno de los países que se ha significado más en el apoyo a Kiev. Este miércoles, el comandante en jefe del ejército de tierra danés, general Peter Boysen, anunció que Copenhague planea despachar a partir del verano un contingente militar a Ucrania para que aprendan técnicas de combate en un país en guerra.

El militar indicó que los soldados daneses, cuyo número no precisó, "no van a participar activamente en la guerra", sino que "van a aprender de las experiencias" de las tropas ucranianas.

Boysen no dio importancia a la certeza de que los soldados daneses se conviertan en objetivo de los rusos, como ya ha advertido Moscú ante los tanteos realizados por británicos y franceses para enviar tropas a Ucrania como asesores o como fuerzas de disuasión en caso de alto el fuego. No sería este el caso, pues el despacho de las tropas danesas sería en medio de la guerra actual.

"Si se produjera un ataque con misiles, los ucranianos disponen de buenos sistemas de alarma y buenos refugios. Yo mismo he pasado tiempo en algunos en Kiev", argumentó, ufano, el general danés.


Fuente: Público

jueves, 6 de marzo de 2025

EEUU empuja a Ucrania hacia la capitulación y fuerza a la UE a optar entre la guerra o la paz de Trump

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


Trump tumba el tablero de Ucrania: deja a Kiev sin las armas de EEUU y acorrala a Europa para que elija entre su plan de paz y una guerra perdida de antemano.


     El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado una vuelta de tuerca más a la guerra de Ucrania. Ha puesto contra la pared a Kiev, empujándola hacia la capitulación ante Rusia al privarle de la ayuda militar más importante, la estadounidense. También ha abocado a sus aliados europeos a un camino que puede cambiar la faz de Europa: el del militarismo exacerbado, con la renuncia a décadas de conquistas sociales y bienestar, pasando antes por la derrota en Ucrania.


El apoyo estadounidense ha sido crítico para el esfuerzo bélico ucraniano.

Mientras Trump decidía si levantaba las sanciones impuestas a Rusia por su invasión de Ucrania hace tres años, los ecos de su decisión de suspender la ayuda militar de su país a Kiev retumbaban en Europa y avisaban de que a partir de ahora ya nada será como antes. La guerra aparece sentenciada, supeditando a Ucrania a las condiciones de Rusia y EEUU.

E igual de importante: la fractura entre Washington y Bruselas se amplía, y el acercamiento entre EEUU y Rusia parece imparable. "Este nuevo gobierno (de Trump) está cambiando rápidamente todas las configuraciones de política exterior. Esto coincide mayormente con nuestra visión", según el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.


Rusia y EE.UU. han acercado posturas desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Si Europa decide apoyar a Ucrania militarmente y continuar una guerra que Trump quiere finiquitar ya, el choque entre Bruselas y Washington será inevitable y de proporciones inciertas, para regocijo de Rusia. Según analizó Peskov este martes, el paso dado por Trump "es una decisión que, efectivamente, puede empujar al régimen de Kiev a un proceso de paz". El proceso de paz que negocian Moscú y Washington, sin Kiev ni Bruselas.

De poco podría servir que este martes, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, lamentara su enfrentamiento el viernes pasado con Trump en la Casa Blanca, uno de los pretextos para el paso que ha dado ahora el presidente de EEUU, y pidiera "arreglar las cosas" y reanudar "la cooperación y la comunicación".


Los presidentes de Ucrania, Volodímir Zelenski, y de EEUU, Donald Trump, durante su reunión en el Despacho Oval de la Casa Blanca.

Zelenski también pidió este martes una tregua marítima, aérea y contra las infraestructuras energéticas, tal y como ya propusieron el domingo Reino Unido y Francia y a la que ni EEUU ni Rusia prestaron atención alguna.



Suspender toda ayuda militar a Ucrania



No por esperada ha sido menos demoledora la orden de Trump de paralizar toda la ayuda militar estadounidense a Ucrania, incluidas las partidas ya comprometidas por su antecesor en la Casa Blanca, Joe Biden, y los cargamentos que ya están camino del país en guerra. Este paso refuerza la estrategia de Trump de negociar solo con los poderosos, en este caso Rusia, y obligar a quienes considera actores secundarios de este drama a aceptar las consecuencias.

La orden bloquea el envío de munición, misiles de larga distancia, sistemas antiaéreos clave, sistemas de radar y detección de incursiones enemigas, tanques, blindados, cañones, etc. Por ejemplo, sin los sistemas de misiles Patriot de largo alcance, el ejército ucraniano tendrá muy difícil abatir los misiles balísticos rusos y los aviones de combate que Moscú está utilizando en la línea de frente para lanzar bombas planeadoras y todo tipo de cohetes contra las fuerzas ucranianas.


El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, junto a una batería de misiles Patriot suministrada por EEUU.

Queda por ver si también afecta a la asistencia en materia de inteligencia y guiado satelital de misiles, sin la cual, el ejército ucraniano puede quedar ciego ante el enemigo hasta que sea suplido por sistemas similares británicos o de países de la UE.

La ayuda militar de EEUU a Ucrania desde que empezó la guerra y hasta el pasado febrero fue de 62.420 millones de euros, un 28,2% más que el apoyo europeo en armamento y otras partidas militares, estimado en 48.700 millones de euros.



Solo Trump pude detener la guerra, dice Marco Rubio



Funcionarios de la Casa Blanca han indicado que el bloqueo del envío de armamento estadounidense a Ucrania se mantendrá hasta que el Gobierno ucraniano "demuestre un compromiso de buena fe con la paz". Eso equivale a aceptar los términos que le dicte Washington tras hablar con Moscú.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó al respecto que Trump "es el único líder en el mundo que tiene ahora siquiera una posibilidad de poner fin a la guerra en Ucrania y hacerlo de forma duradera". Rubio dejó claro con quién está negociando la Casa Blanca para solucionar el conflicto: "Queremos llevar a los rusos a la mesa de negociación. Queremos explorar si la paz es posible".

La orden de Trump viene tras la confrontación que tuvo el viernes pasado en la Casa Blanca con Zelenski, a quien imprecó por no hacer suficiente por la paz y por "jugar con una guerra nuclear".


Trump reprende a Zelensky en la Casa Blanca.

Este domingo, Zelenski replicó que un acuerdo de paz "está todavía muy, muy lejos". Venía a decir que la negociación abierta por Trump con el presidente ruso, Vladimir Putin, no está sirviendo para nada. Y así lo entendieron en Washington, si ya estaba airado Trump con Zelenski, esa afirmación colmó el vaso.



Riesgo de decisiones precipitadas en Kiev y Bruselas



El peligro ahora es que Zelenski y sus aliados europeos tomen decisiones que pudieran avivar más el conflicto. Entre tales acciones extremas podrían figurar la conversión de la guerra de Ucrania en una cruzada de Europa contra Rusia, con el envío de decenas de miles de millones de euros en armamento (comprado a EEUU, y ésta es otra) e hipotecando así la maltrecha economía europea.

Otra posibilidad sería la que están barajando desde hace meses países como Francia o el Reino Unido y que reiteraron este domingo en la cumbre europea de Londres: enviar tropas coaligadas a Ucrania, preferentemente cuando se declare un alto el fuego, aunque no sea imprescindible para ello la firma de un armisticio.

El despliegue de tropas supone dar un paso al vacío. La intención de Londres y París no es tanto que puedan combatir a los rusos, sino que, como fuerzas de interposición, es decir, escudos humanos, disuadan a Moscú de atacar por tierra o bombardear las posiciones ucranianas donde puedan estar desplegados estos soldados "coaligados".

Este jueves, en la cumbre que acoge Bruselas, se verá que pasos piensa dar la Unión Europea y cómo acomodarlos a los que dé Londres, hasta ahora el mayor aliado europeo de Washington y que se ve en la disyuntiva de virar hacia una Europa empeñada en la defensa a ultranza de Ucrania, o mantener sus lazos con EEUU.



La OTAN en el filo de la navaja



Si la UE opta por multiplicar sus envíos de armas a Ucrania para que este país siga resistiendo a Moscú, estará desafiando directamente los planes de Trump y éste podría presionar allí donde más les duele a los europeos, es decir, con más aranceles económicos o derruyendo el sistema de seguridad común transatlántico construido en torno a la OTAN.

Si la OTAN parecía que había salido muy fortalecida con la guerra contra Rusia, ahora, en menos de dos meses de presidencia de Trump, se ha visto cuestionada y está en la situación más endeble desde su creación en 1949.

Con su acercamiento a Rusia, Trump obliga a los europeos a rehacer su estrategia de seguridad, disparar su gasto en armamento, impulsar las industrias de defensa nacionales y ahondar en la cohesión comunitaria para afrontar esos costes.

A Trump le encanta la posibilidad de que los europeos tripliquen sus gastos en armas y fortalezcan la OTAN, mientras gastan mucho dinero y pierden competitividad en el comercio internacional. Pero no querrá en absoluto que parte de ese dinero vaya a entorpecer sus planes para "pacificar" Ucrania.

Otro paso para parar los pies a los europeos que quieren que la paz se dirima en los campos de batalla de Ucrania lo dará Trump en cuanto empiece a levantar las sanciones que impuso Biden a Rusia en estos tres años de guerra.

Ello significará que la Casa Blanca no reconoce la culpabilidad de Moscú por la invasión. Además, la retirada de sanciones permitirá a Putin reforzar la economía de guerra que está permitiendo a Rusia aguantar la contienda.



Europa por el rearme



En este sentido, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha apostado sin tapujos por el militarismo y la carrera armamentística en Europa. "Estamos en una época de rearme", repitió como un mantra este martes.

Von der Leyen, quien siempre apostó por la derrota rusa como única salida al conflicto, presentó una serie de propuestas para movilizar 800.000 millones de euros destinados a gastos de defensa en la UE. El plan, llamado "Rearmar Europa" tiene un mecanismo especial para aportar 150.000 millones de euros en préstamos a los miembros de la UE, que podrán también ayudar a armar de manera inmediata y masiva a Ucrania.

La UE captará esos 150.000 millones de euros con emisiones de deuda y los transferirá a los Estados miembros en forma de créditos. Es decir, se disparará el endeudamiento de los Veintisiete y, de nuevo, las compras de armas beneficiarán a los grandes fabricantes estadounidenses, hasta que los países de la UE tengan una capacidad de manufactura adecuada.

Que no se haya establecido una cifra para comprar armas con destino a la guerra, pone de manifiesto las muchas dudas que hay en el propio seno de la Unión sobre el futuro del conflicto y la repercusión que la congelación de la ayuda estadounidense tendrá en el mismo.



De nuevo los mensajes catastrofistas



Para aplacar tantas dudas y la desconfianza que empieza a crecer en la izquierda europea sobre la forma en que tan brutales inversiones en defensa repercutirán en la vida de los europeos, este martes, el ministro de Exteriores francés, Jean-Noel Barrot, lanzó una proclama en la que afirmó que "la línea del frente contra Rusia" es "la primera línea de defensa para Europa y Francia".

"La decisión de EEUU de suspender la ayuda militar a Ucrania significa que ahora es responsabilidad de Europa hacer todo lo posible para garantizar que Ucrania pueda mantener la línea del frente contra Rusia", señaló Barrot, uno de los políticos europeos más catastrofistas en esta crisis, que habla un día sí y otro también sobre la inminencia de una guerra con Moscú.

A la par, Barrot subrayó la necesidad de que Europa "rompa con su dependencia" de las armas estadounidenses, algo que parece bastante difícil en las circunstancias actuales, si es que los europeos quieren encontrar material suficiente para impedir que Ucrania caiga en cuestión de meses.


Fuente: Público