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lunes, 26 de octubre de 2026

Un fantasma recorre Europa: los jóvenes se echan a la calle contra la falta de expectativas

 

 Por Alberto Mesas   
      Periodista. Master en Estudios Avanzados en Comunicación política.


De Madrid a Tirana, pasando por París, Lisboa, Bruselas, Viena o Roma. Cientos de miles protestan contra el negocio de la vivienda, el deterioro de los servicios públicos, la precariedad laboral o las políticas de austeridad.


     Trabajar, estudiar y esforzarse al máximo para tener una casa propia, un trabajo estable y un futuro próspero. En ese mantra repetido por gobiernos liberales de todo pelo –también socialistas– han crecido millones de jóvenes de toda Europa. Hace casi 20 años, la Troika y las políticas austericidas comenzaron a erosionar el pacto social basado en el bienestar. Hoy, esas políticas de recortes y privatización de lo público continúan castigando a una generación que vive mucho peor que la de sus padres. 

Cientos de miles de jóvenes en España, Francia, Bélgica, Portugal, Italia y Albania llevan varias semanas saliendo a la calle y movilizándose por la dificultad de acceder a una vivienda digna, la pérdida de poder adquisitivo o el deterioro de los servicios públicos. Algunas de esas manifestaciones han pasado de recoger reivindicaciones concretas para derivar en una protesta más global de hartazgo que clama contra las élites económicas y en muchas ocasiones cuestiona el funcionamiento del propio sistema.

“Hay que tener en cuenta que venimos asistiendo a un deterioro importante del funcionamiento de las democracias liberales”, expone el profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid Luis García Tójar. Para el profesor, ese deterioro “es consecuencia de los recortes en el Estado del bienestar, que han provocado el crecimiento del descontento social”. Tójar explica que ahora, como hace un siglo, ese malestar está siendo aprovechado por los partidos de ultraderecha, y que las movilizaciones de los jóvenes son una respuesta a esta crisis.

Las redes sociales y los contactos entre colectivos estudiantiles, sindicatos y asociaciones están contribuyendo a que las marchas en un país sirvan de referencia para las de otro. Las acampadas en España, por ejemplo, han inspirado iniciativas similares en Portugal, mientras que las protestas francesas han coincidido con nuevas movilizaciones en Bélgica e Italia.

“Estas protestas tienen un elemento común, que es la juventud, y eso las hace aún más confluyentes”, continúa Tójar. “Aún es pronto para decir si el malestar de los jóvenes con las instituciones políticas puede resultar en una nueva conciencia política, pero es una posibilidad”, añade. De momento, el clamor de las calles se ha colado en las agendas políticas de varios gobiernos.

España: el desahucio de Maricarmen prende la mecha

En España las protagonistas son las acampadas por la vivienda que se han instalado en las plazas de múltiples ciudades.


Acampada en Sol, el pasado 26 de septiembre.

El desahucio de Maricarmen Abascal, cuyo alquiler había subido de golpe un 230% después de que un fondo buitre se hiciera con su casa, desencadenó las movilizaciones impulsadas por el Sindicato de Inquilinas a finales de septiembre.

Las primeras protestas pedían bajar el precio del alquiler, el fin de los desahucios y poner coto a la especulación por parte de los fondos buitre, y aunque las movilizaciones tienen un carácter bastante transversal e intergeneracional, los jóvenes han acabado asumiendo el protagonismo, y las acampadas se han convertido progresivamente en un espacio asambleario de organización.

“Se ha logrado más en ocho días que en ocho años de una legislatura supuestamente progresista”, destaca Beatriz García de la Torre, integrante y portavoz del Sindicato de Inquilinas, que critica que “el gobierno progresista ha sido incapaz de aprobar mejoras para la vida de las personas”.

García de la Torre insiste en que “la verdadera legislatura de la vivienda ha comenzado gracias al sindicalismo de base y a la organización del poder popular. Los decretos que hoy están sobre la mesa son solo el primer paso, pues lo que queremos y necesitamos son medidas estructurales y no parches en materia de vivienda”. Para el sindicato, el motivo de que los partidos políticos no sean capaces de priorizar el derecho a la vivienda es “que tenemos un Congreso secuestrado por el rentismo que legisla para esa minoría del 4% sin importarles las necesidades de sus propios votantes”.

De momento, esa organización en las plazas y acampadas ha logrado impulsar una huelga general para el próximo 11 de noviembre. “Esta huelga no va contra un gobierno concreto, va contra los rentistas, las grandes empresas y la patronal que siguen haciendo negocio con nuestras vidas, y contra todos los gobiernos que sostienen sus privilegios”, aclaran desde el Sindicato de Inquilinas.  

Es imposible no establecer similitudes entre las actuales acampadas por la vivienda y las del 15M en 2011. Para García Tójar “las actuales protestas de las plazas están mejor organizadas que las de entonces. El papel del Sindicato de Inquilinas está siendo decisivo como núcleo de la movilización, y sus líderes están dirigiendo la acampada con buena inteligencia táctica, aprovechando la coyuntura de la inesperada campaña electoral y el apoyo de otros movimientos de protesta como el del profesorado”.

El profesor también comenta que aquella generación del 15M “aceptó el reto de los viejos partidos para hacer política institucional, se crearon nuevas formaciones y despertaron energías políticas creativas”. Sin embargo, prosigue Tójar, “por ahora el resultado de esa institucionalización del movimiento político surgido del 15M es más bien escaso, o al menos no está a la altura de las expectativas despertadas”.

Portugal: acampadas por la vivienda en el centro de Lisboa

Como en España, en Portugal la crisis de la vivienda se ha convertido en el desencadenante de importantes movilizaciones que reclaman alquileres asequibles, mejores salarios y medidas contra el encarecimiento de la vida. Lo que empezó con manifestaciones en Lisboa y Oporto, se está desarrollando con una acampada en el centro de la capital.

“Nuestras vidas son más importantes que los beneficios de los bancos, obtenidos mediante los intereses de nuestros créditos, o que el negocio especulativo de los alquileres”, aseveran desde el movimiento Porta a Porta – Casa para Todos.


Porta a Porta – Casa pàra Todos.

El colectivo asegura que “los problemas actuales de la vivienda no son coyunturales, estamos ante un problema estructural y profundo sobre el que urge actuar y contra el que es imprescindible luchar, exigiendo y construyendo soluciones”.

En Portugal, la chispa de la indignación prendió tras el anuncio del Gobierno conservador de Luís Montenegro de lanzar un proyecto de ley para darle más poder a los caseros. De aprobarse en el parlamento, el texto promovido por el Ejecutivo otorga a los propietarios de viviendas más poder para decidir, por ejemplo, cuándo acaba un contrato, o si se prorroga, además de poder pedir hasta tres meses de fianza por adelantado.

“Esta ley no puede salir adelante. Queremos respuestas muy concretas y las queremos ahora”, reclama Dejanira Vidal, una de las portavoces de Porta a Porta, que asegura que las movilizaciones continuarán hasta que el Gobierno responda a sus demandas.

A lo largo de este mes de octubre, se han sumado las movilizaciones convocadas por la Confederación General de Trabajadores Portugueses (CGTP), el principal sindicato del país, y decenas de miles de personas han recorrido el centro de Lisboa para exigir subidas salariales, mejores pensiones y servicios públicos, y medidas contra el encarecimiento de los productos básicos. El ministro de Asuntos Parlamentarios, Carlos Abreu Amorim, ya ha asegurado que el Gobierno no cedería ante las presiones de la calle.

Francia: los estudiantes toman la Bastilla

En Francia el movimiento empezó a mediados de septiembre en Créteil, en los suburbios del sureste de París. Allí, miles de estudiantes de secundaria se sumaron a las reivindicaciones de sus profesores reclamando más recursos y mejores condiciones para la educación pública, que adolece de falta de docentes, aulas masificadas y el deterioro de edificios. Las imágenes de los primeros piquetes en centros educativos se difundieron rápidamente a través de las redes sociales, y eso ayudó a que las protestas se extendiesen a otras ciudades del país como Marsella, Burdeos, Niza, Nantes o Limoges.

La federación sindical de estudiantes Union Étudiante afirma que lo que se está viviendo estas últimas semanas en Francia “expresa la ira de los jóvenes ante el desprecio que sufren”, y acusan a Emmanuel Macron y los sucesivos gobiernos de “diez años de políticas antisociales y discriminatorias que han deteriorado nuestras condiciones de vida y de estudio”.


Union Étudiante – La principal unión estudiantil de Francia.

El sindicato insiste en que haya reformas “para permitir que todo el mundo pueda estudiar dignamente”, y aseguran que “las intimidaciones y la violencia policial no nos harán callar. Creen que apagan el movimiento, pero no hacen más que avivarlo […] Será mediante la huelga, que recuerda a los poderosos que no son nada sin quienes trabajan, como conseguiremos que nuestras reivindicaciones sean atendidas”.

Sin embargo, la movilización estudiantil ha dado paso a la exhibición de un malestar mucho más amplio que enlaza con el encarecimiento de la vida, el aumento del precio del combustible, la desigualdad y la falta de respuesta por parte del gobierno y la política, atrayendo a sectores de movimientos anteriores como los famosos chalecos amarillos.

Albania: flamencos contra la corrupción

Albania es otro de los países europeos donde han surgido multitudinarias protestas, en este caso contra la corrupción, la falta de oportunidades y la desconfianza hacia un Gobierno al que una parte importante de la opinión pública acusa de favorecer a las élites económicas. Desde el 13 de octubre, las movilizaciones se han extendido por la capital, Tirana, y otras ciudades, con enfrentamientos entre manifestantes y policías, algunos disturbios y llamamientos a la dimisión del primer ministro, Edi Rama.


Imagen de las protestas en Albania.

No obstante, las manifestaciones se remontan a este verano, cuando miles de personas se echaron a la calle para mostrar su rechazo a un proyecto turístico de lujo en la costa sur del país. El movimiento fue bautizado como “la revolución de los flamencos”, ya que el complejo, vinculado al yerno de Donald Trump, está previsto que se construya en Zvërnec, una zona protegida cercana a la laguna de Narta, donde habitan grandes colonias de flamencos.

“Para nosotros, la destrucción de la costa albanesa no es un asunto aislado, sino un síntoma de problemas más profundos, entre los que se incluyen la corrupción, la concentración de poder y la falta de rendición de cuentas”, señalan desde el movimiento Flamingo Revolution.

Así, con el paso de los meses el movimiento estudiantil ha acabado convirtiéndose en el principal motor de las manifestaciones. Entre sus reivindicaciones están la mejora de las condiciones en las universidades, la reducción de las barreras económicas para acceder a la educación superior, más ayudas estatales para los estudiantes y mejores perspectivas laborales después de graduarse.

Los jóvenes denuncian que la falta de recursos educativos y las dificultades para encontrar un trabajo digno limitan sus posibilidades de construir un futuro en el país. Desde el movimiento aseguran que “muchos jóvenes albaneses sienten que no pueden labrarse una vida digna en su propio país debido a la corrupción, la falta de oportunidades y la concentración del poder en manos de una pequeña élite política”. Según el propio INE albanés, casi el 80 % de los albaneses emigrados se fueron entre los 15 y los 34 años.

Por su parte, el primer ministro –en el cargo desde 2013– ha culpado a “actores externos” de alimentar los disturbios y ha defendido que las protestas violentas ponen en peligro el futuro del país. El movimiento, por su parte, ha dejado clara su desconfianza hacia los partidos tradicionales, y propone “un gobierno técnico de transición temporal e independiente que garantice un proceso electoral justo y permita a los ciudadanos elegir libremente a sus representantes, sin interferencias por parte de las mismas estructuras de poder político y económico que han contribuido a la actual crisis”.

Bélgica: movilizaciones contra la austeridad del Gobierno

En Bélgica la protesta también ha mutado. Primero se centró en demandas como el precio de las matrículas de acceso a la educación superior, el encarecimiento del transporte público y las dificultades para conseguir material de estudio, pero en las últimas semanas el descontento ha girado hacia las políticas de austeridad del Gobierno de Bart De Wever que, entre otras cosas, pretende reformar el sistema de pensiones y de prestaciones por desempleo, y subir el IVA general del 21% al 22%.

Uno de los puntos de fricción es el incremento de las tasas universitarias para buena parte de los estudiantes de la comunidad francófona, que pasan de 835 a 1.194 euros. Los manifestantes denuncian que cursar estudios superiores se está convirtiendo en un privilegio en lugar de ser un derecho accesible para todo el mundo.

La influencia de Francia ha contribuido a reactivar las movilizaciones. Algunos estudiantes belgas han reconocido que las protestas al otro lado de la frontera les han animado a intensificar sus propias reivindicaciones.

‘Querida Italia, ¿cuánto nos cuestas?’

Bajo ese lema, la organización estudiantil Unione degli Universitari (UDU) ha organizado acampadas de estudiantes frente al Parlamento y en distintas universidades. En Italia, la indignación de los jóvenes por la pérdida de poder adquisitivo, los salarios estancados y las dificultades para acceder a una vivienda asequible ha desembocado en una oleada de protestas que ha recorrido varias de las principales ciudades del país.

“Hemos vuelto a las tiendas de campaña porque, después de acampar hace tres años en toda Italia, en materia de vivienda solo hemos visto empeoramientos”, comenta Sabrina Brizzola, coordinadora de la UDU, que incide en que “en Italia, vivir se ha convertido en un ejercicio de supervivencia y estudiar es un privilegio para unos pocos”.

Milán está siendo el epicentro de las manifestaciones y el reflejo de un malestar que clama por mejores sueldos, medidas contra el encarecimiento de los productos básicos y los combustibles o la defensa de los servicios públicos. Tal y como reflejan los datos del INE italiano, en el último año la inflación ha subido un 4,2 % interanual, y afecta especialmente a la energía y los alimentos frescos, mientras que el alquiler también se ha incrementado casi un 4% de media.

“Los jóvenes y estudiantes no conseguimos llegar a fin de mes, no podemos pagar el alquiler ni asumir las subidas de las facturas. La cesta de la compra es cada vez más cara y eso nos impide tener garantizado nuestro derecho a estudiar”, prosigue Brizzola.

Con elecciones previstas para 2027, el Ejecutivo de Meloni ha intentado poner el foco en los episodios de violencia, mientras la oposición insiste en remarcar el malestar social. En Roma, la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL), el principal sindicato del país, anunció una huelga general para el próximo 20 de noviembre.

Como comenta el profesor Tójar, el modelo de Estado de bienestar fue la respuesta institucional en Europa a la lucha de clases del siglo XX. Pero “ahora está en retirada. Si la política institucional quiere apaciguar el descontento debe volver a ese modelo, que ahora será más complejo y más caro. Mientras esa solución esté bloqueada, habrá más protestas por la derecha y por la izquierda”, sentencia.

Fuente: Ctxt

domingo, 25 de octubre de 2026

Lo Perentorio

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     De Portugal a España, de Francia a Bélgica, de Alemania a Grecia... Protestan por el coste de la vivienda, por los recortes educativos, por la congelación de las pensiones, por el disparado coste de la vida, por la creciente militarización y el gasto militar mientras se recortan partidas sociales. Un fantasma recorre Europa, como aquél al que se refería Karl Marx en 1848.

Porque el edificio social no se aguanta. Llevamos demasiado tiempo huyendo hacia adelante, acumulando contradicciones y ahondando en la insostenibilidad general de nuestro sistema, sin dar soluciones reales a nuestros problemas, sin atrevernos a plantear lo que tenemos que plantear.

Suelo comentar en las charlas que la consolidación de la socialdemocracia en Europa tras la Segunda Guerra Mundial es consecuencia de un pacto en el que los partidos de izquierda renuncian a hacer la revolución pendiente hacia el socialismo o el comunismo, en tanto que el capital se compromete a ofrecer una cara más humana, apostándose por un refuerzo del Estado del Bienestar. Eso ha permitido que, durante décadas, no haya habido un cuestionamiento abierto del capitalismo por parte de los partidos dichos "de izquierda". En el largo plazo, eso ha hecho que la frontera ideológica entre la izquierda y la derecha haya quedado un tanto diluida, hasta el punto de que, antes de la crisis de 2008, parecía que lo único importante era su posicionamiento en materia de libertades individuales y una visión más tradicionalista o más innovadora de la sociedad. La política económica era prácticamente la misma entre los partidos con posibilidades de gobierno, y las políticas sociales (donde había más diferencias de criterio) no podían en ningún caso contradecirla, por lo que, cuando llegó la crisis del 2008, hasta los gobiernos de izquierda aplicaron recortes sociales.

Pero ahora estamos en un momento histórico. La fase expansiva del capital ha llegado a su fin. El mundo se le ha quedado pequeño. Los recursos empiezan a escasear (es un sarcasmo decir esto, si se tiene en cuenta su obscena abundancia: más que escasear, su disponibilidad ya no crece sino que mengua, pero sigue siendo gigantesca). Los problemas ambientales crecen y se multiplican. Y la estructura social se tambalea. 

En su búsqueda incesante del crecimiento, el capital está extrayendo renta de los últimos nichos que le quedan. Por un lado, ha apostado con fuerza por la última locura tecnológica, la Inteligencia Artificial, hinchando una enorme burbuja que inevitablemente tendrá que reventar. Por el otro, ha acaparado un bien de primera necesidad, al que todo el mundo se ve obligado a recurrir, la vivienda, de forma parecida a como ya lo hizo hasta 2008 y que llevó a la gran crisis de aquel entonces. Pero la crisis de 2008 fue una crisis hipotecaria, es decir, de compradores. En 2026 estamos en una crisis de alquiler. Ya no es poseer: es tener un lugar donde dormir, aunque no sea tuyo. Estamos llegando a las últimas posibilidades de exprimir el mercado de la vivienda. O más bien, de exprimir a las rentas del trabajo.

Lo de Ormuz no va mal. Va fatal. A Irán se le ha acabado la paciencia, y después de que los EE.UU. le hundiera 5 petroleros en septiembre se ha quedado casi sin capacidad de exportar. Después de varios intentos y avisos de que solo permitiría pasar barcos que bordearan la costa iraní, con pago de peaje incluido, la persistencia en burlar el bloqueo por el método de pasar por el lado de la costa de Omán, apagando el AIS de los buques y contar con escolta americana ha hecho que Irán dé un puñetazo en la mesa. En los últimos días ha hundido dos superpetroleros y dos buques portacontenedores, y en seguida el petróleo Brent ha llegado casi a los 110 dólares por barril. En las últimas semanas, Irán ha reiterado su disposición a abrir el estrecho con un "plan de 7 días", pero está claro que sus términos no son aceptables para los EE.UU. Así que la cosa solo puede ir a peor.

El precio del combustible está disparado en Europa, con valores por encima de los 2€ el litro en la mayoría del continente. Y la cosa puede ir a peor: el reciente desplome de los márgenes de refino hasta valores negativos hace que algunas refinerías en Europa se planteen reducir e incluso parar la producción. Puede parecer paradójico que justo cuando los combustibles son más caros las refinerías puedan perder dinero, pero en eso influye mucho la volatilidad del precio del petróleo físico y los compromisos de suministro a plazo. El precio del petróleo físico es aquel con el que llega a la refinería, e incluye tanto el precio de la materia prima en sí (que es el que se suele dar en las noticias) como el precio del transporte y de los seguros, ambos actualmente disparados por la mayor longitud de las rutas y por los riesgos enormes de transitar alrededor del Golfo Pérsico. Hace ya meses que el precio del petróleo físico supera habitualmente los 150$, pero con la reciente subida de precio del petróleo en sí y de los seguros (no ayuda mucho que se estén hundiendo barcos), ahora mismo supera frecuentemente los 170$, comiéndose los márgenes que hace unas pocas semanas habían llegado hasta los 100$ para el diésel. Así que el incremento del precio del petróleo puede, paradójicamente, llevar a cerrar refinerías, haciendo la escasez aún mayor.

Y recordemos que no solo el petróleo está varado en Ormuz. Falta gas natural, lo que es preocupante en Europa de cara al invierno, tanto por las necesidades de calefacción como para la estabilidad de la red eléctrica (ya se habla de reducir el consumo de gas un 7%). Faltan fertilizantes, justo cuando en unas semanas debería empezar la siembra del cereal de invierno. Falta ácido sulfúrico que afecta a la extracción de todo tipo de metales y minerales. Falta y faltará de todo.

Como consecuencia de todo ello, la vida es cada vez más cara. La inflación en España llegó al 4,9% este mes de septiembre, y hasta el 3,8% en el conjunto de la Unión Europea. ¿Y qué creen que pasará en los próximos meses? Que irá a peor. E, inevitable, en lontananza (o no tan lejos, nadie lo sabe con certeza), una gran crisis económica. Por tanto, en el horizonte tenemos más recortes, mayor coste de la vida, salarios congelados o a la baja y mayor precariedad laboral. En suma, más leña para el fuego social.

La gente que ha salido a la calle no sabe de Tasas de Retorno Energético, de ritmos de declive o de la inviabilidad material de la Renovable Eléctrica Industrial.


El sector fotovoltaico pide 945 millones para rescatar al 15% del sector.

Lo que saben es que su vida es cada vez más dura, más difícil, más estrecha.


Acampada por la vívienda en la Puerta del Sol de Madrid.

Estamos inmersos en un intenso proceso de empobrecimiento, el cual además será cada vez peor, porque el capital necesita a toda costa garantizar sus tasas históricas de ganancia, pero realmente no hay manera de mantenerlas en un mundo de recursos cada vez más escasos.

La verdad incómoda que nadie quiere asumir es que es necesario y urgente superar el capitalismo. Es necesario y urgente transitar hacia otro modelo económico que no necesite el crecimiento. Y cuánto más tardemos en hacer ese cambio, más degradación social habrá. Por sintetizarlo con un término (y dado que soy de la vieja escuela y me gusta usar palabras que condensan muchos conceptos pero que ya nadie utiliza), lo denominaré el Cambio Perentorio (perentorio: que es concluyente, definitivo, urgente o que no admite prórroga ni discusión). O, simplemente, lo Perentorio.

Algunos intentan esconder lo Perentorio detrás de banderas y cubrirlo con soflamas patrióticas. Que lo importante es la unidad de la Patria, y que la Patria está en peligro. Que, en cuanto "salvemos la Patria", todo estará arreglado. Sin embargo, lo Perentorio es internacional, no distingue de patrias ni fronteras: nuestra lucha aquí es en realidad la misma lucha de los franceses y los portugueses y, aunque en nuestro snobismo no nos demos cuenta, la misma de los latinoamericanos, los africanos y los asiáticos.

Otros intentan convencernos de que lo Perentorio es la inmigración, que todos los problemas nacen de una inmigración descontrolada, que si echamos a todos los inmigrantes nos irá bien. Pero en realidad el empobrecimiento creciente nace de la imposibilidad de mantener un capitalismo siempre creciente en un planeta finito, y con o sin inmigrantes esa situación se va a mantener. De hecho, la obsesión por criminalizar y marginar a los emigrantes, que son quienes hoy en día sostienen una parte fundamental del sistema productivo español y sobre todo la natalidad, resulta muy útil a un capital que usará su inseguridad social para continuar explotándolos y pagándoles salarios de miseria. La xenofobia y el racismo está al servicio de la explotación laboral, y de ninguna manera resolverán lo Perentorio. 

Otros, desde posiciones pretendidamente progresistas, insistirán una vez más en el fracasado modelo de la Renovable Eléctrica Industrial, como si no estuviese hundiéndose, como si fuese capaz de resolver el problema de electrificar ese 70 y muchos por ciento del consumo de energía final que no es eléctrico.

Se enfrascarán en soluciones de carácter tecnológico por temor a abordar el problema de fondo, y es que lo Perentorio es social, donde se tiene que operar el cambio más profundo es en el modelo social.

Nadie quiere denunciar el capitalismo como lo que es, un modelo inviable. Nadie se atreve a proponer un abandono del capitalismo. Nadie tiene el valor de intentar cambiar el capitalismo y superarlo.

Las protestas y manifestaciones que han surgido en toda Europa nacen de la constatación de que los ciudadanos de a pié están huérfanos políticamente: nadie les representa, nadie defiende sus derechos, nadie se atreve a cuestionar a quienes los están machacando y desposeyendo. Por eso, solo pueden ir a más.

Quizá la oleada de protestas de hoy se apague con promesas reformistas tras las elecciones, por cansancio de los manifestantes o por medio de la represión más feroz. Pero lo Perentorio seguirá estando ahí. Y lo Perentorio no puede ser ignorado: necesita una respuesta, que tarde o temprano tendremos que darle.

También forma parte de lo Perentorio la situación ambiental y particularmente climática, y como, de nuevo, la única respuesta sensible al Cambio Climático es la superación del capitalismo, nadie se atreve a hacer nada efectivo sobre el tema, y algunos hasta se permiten dudar de que haya un Cambio Climático con argumentos cada vez más huecos y más estúpidos: "siempre hizo calor en verano", "siempre hubo incendios", "siempre hubo gotas frías", "siempre hubo inundaciones". Mientras esto escribo hay 850.000 personas confinadas en las provincias de Valencia y Alicante por culpa de unas precipitaciones monstruosas que en las últimas 24 horas han dejado 300 litros o más por metro cuadrado, en los puntos más extremos superando incluso los 700 litros por metro cuadrado. El Mediterráneo está más de 3 grados por encima de la media de temperatura de los años 80, y por culpa de eso solo podemos esperar que las lluvias torrenciales continúen durante las próximas semanas. Pero no sabemos si nuestras infraestructuras aguantarán eso. A todo el estrés social que supone lo Perentorio, hay que añadir una capa adicional de estrés causado por el Caos Climático.

Mañana por la mañana se ofrecerán sendas ruedas de prensa, en Barcelona y Valencia, enmarcadas en la iniciativa "Alerta el Niño". En ellas se exigirá a las administraciones locales (catalanas en el primer caso, valencianas en el segundo) que tomen medidas de preparación para lo que viene. Porque estas lluvias son solo el aperitivo de lo que va a venir el año que viene. Este Niño, de unas dimensiones nunca antes vistas, va a golpearnos con dureza inusitada, y debemos prepararnos ahora, cuando hay tiempo. Porque la emergencia no empieza cuando se desbordan los torrentes, se queman los bosques o la gente muere de golpes de calor. La emergencia empieza cuando conocemos el riesgo y decidimos no prepararnos.



Fuente: The Oil Crash

viernes, 11 de septiembre de 2026

La reivindicación de Marruecos de Ceuta y Melilla no es una exigencia de descolonización

 

 Por Joseph Massad   
      Catedrático de política árabe moderna e historia intelectual en la Universidad de Columbia, en Nueva York.

Las ambiciones territoriales de Rabat responden a su rencor hacia Madrid por el Sáhara Occidental, al tiempo que se alinean con la hostilidad de EE. UU. e Israel hacia España por su postura respecto a Gaza


     La reciente oleada de decenas de miles de refugiados económicos marroquíes y de otros países africanos que intentan llegar a la colonia española de Ceuta ha reavivado las exigencias marroquíes de que España devuelva Ceuta y Melilla —conocidas en árabe como Sabtah y Maliliah— a Marruecos.


Un agente de la policía española monta guardia mientras los migrantes esperan para ser registrados en el distrito de Loma Colmenar de Ceuta el 31 de agosto de 2026.


Al menos 141 personas fallecieron durante la travesía, mientras que la mayoría de quienes lograron cruzar fueron devueltos por la fuerza o «voluntariamente».

Viajar desde Ceuta o Melilla a la España peninsular por vía aérea o marítima requiere pasar por los controles españoles de pasaportes y documentos de viaje, lo que significa que ni siquiera los refugiados que entran en las dos colonias de colonos pueden seguir su camino.

El gobierno racista italiano de la primera ministra Giorgia Meloni respondió, no obstante, introduciendo controles fronterizos específicos en el aire y el mar para los ciudadanos no comunitarios procedentes de España, con el fin de evitar que entre ellos hubiera árabes y africanos.

España, indignada, tomó represalias imponiendo controles fronterizos temporales equivalentes a los vuelos y barcos procedentes de Italia. Marruecos, por su parte, propuso mantener conversaciones con España sobre el futuro estatus de ambos territorios, lo que los españoles rechazaron de plano.

El hecho de que Marruecos lo hiciera en medio del fortalecimiento de su alianza con EE. UU. e Israel —ambos hostiles al Gobierno socialista de Madrid— plantea dudas sobre sus motivaciones.

Conquista colonial

Marruecos era el único territorio no otomano del norte de África, gobernado por una dinastía local desde el siglo XVII. En 1415, durante la «Reconquista», Portugal conquistó el enclave marroquí de Sabtah, que pasó a manos de España cuando se disolvió la Unión Ibérica en 1640 y fue formalmente cedido en virtud del Tratado de Lisboa de 1668. España había conquistado por su parte el enclave de Maliliah en 1497.

Ambas ciudades de colonización siguen hoy bajo dominio español, a pesar de los repetidos intentos marroquíes por recuperarlas entre los siglos XVIII y XX.

Se utilizaron como colonias penales en el siglo XVIII, antes de ser declaradas puertos francos en 1906. España también se aventuró a conquistar la ciudad marroquí de Tetuán para ampliar su control en torno a «Ceuta», lo que desencadenó la guerra hispano-marroquí de 1859-1860.

La derrota de España en la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 y la pérdida de Filipinas y de las colonias del Caribe reavivaron sus designios sobre el territorio marroquí. Francia, que estaba invadiendo otras colonias españolas en África, también albergaba ambiciones coloniales en Marruecos.

El Tratado de París de 1900 delimitó las colonias españolas en Río de Oro (posteriormente Sáhara Español y luego Sáhara Occidental) y África Ecuatorial, o Guinea Española. Estos territorios, limítrofes con colonias francesas, constituían una parte truncada de las conquistas africanas originales de España.

Las zonas de influencia francesa y española en Marruecos quedaron posteriormente delimitadas en 1904 en virtud de la Entente Cordiale anglo-francesa, que reconocía sus respectivas reivindicaciones coloniales en el norte de África, en Egipto y en Marruecos, a condición de que Francia cediera a España parte del territorio marroquí.

A finales de 1904, Francia reconoció una zona española que abarcaba una franja del norte de Marruecos, incluidas Ceuta y Melilla, y que se extendía hacia el oeste a lo largo de toda la costa mediterránea, sin llegar, sin embargo, a la frontera con Argelia al este. Tánger, un enclave costero dentro de esta zona, quedó internacionalizado.

La zona de al-Saqiyah al-Hamra, en el sur, adyacente al Río de Oro —ambas formarían más tarde el «Sáhara Español»—, también quedó excluida del acuerdo.

A estos acuerdos les siguió el Tratado de Fez de 1912, que estableció el protectorado francés sobre el territorio marroquí. Ese mismo año, Francia concedió a España el derecho a establecer su propio protectorado en la zona delimitada en 1904.

Incluso antes de establecer su protectorado, España había invadido territorio marroquí desde Maliliah en 1909 y desde Larache (al-‘Ara’ish), en la costa atlántica, en 1911.

España pretendía explotar los yacimientos de hierro en las adyacentes montañas del Rif, en el norte de Marruecos, lo que provocó la represalia de los rifeños, quienes mataron a siete trabajadores españoles. Al menos 1.000 soldados españoles murieron en la incursión y ocupación de la región montañosa que se produjo a continuación.

En 1913, 40.000 soldados españoles ocuparon Tetuán, la capital del protectorado. Las fuerzas españolas cometieron atrozidades generalizadas, saqueando viviendas y violando a mujeres marroquíes. Su violencia precipitó un gran éxodo desde la ciudad hacia las montañas, donde los refugiados se unieron a los rebeldes.

La situación se agravó tras la Primera Guerra Mundial, cuando España emprendió una campaña de «pacificación» en el Rif. Entre 1919 y 1921, las fuerzas españolas invadieron y ocuparon territorios y localidades que, aunque se encontraban nominalmente dentro del protectorado, permanecían fuera de su control.

Estas incursiones provocaron una importante resistencia liderada por Muhammad ‘Abd al-Karim al-Khattabi, conocido en las fuentes europeas como «Abd El Krim».

Mientras España se preparaba para invadir el Rif desde la localidad de Anwal (Annual) y por mar desde la bahía de al-Husaymah, ‘Abd al-Karim lanzó un ataque preventivo el 17 de julio de 1921, matando a cientos de soldados españoles, incluidos varios mandos.

Tras 12 años de victorias en territorio marroquí, los españoles se enfrentaron a la derrota. Los rifeños liberaron sus tierras, deteniéndose ante las murallas de Melilla. En la retirada de Anwal, España sufrió entre 13.000 y 19.000 bajas.

Aunque España logró recuperar algunos territorios, cualquier intento de aproximación naval se topó con la resistencia rifeña, que en marzo de 1922 hundió el buque de guerra español Juan de Juanes. ‘Abd al-Karim rechazó las exigencias españolas de que liberara a sus prisioneros de guerra, solicitando a cambio una compensación económica y la liberación de los cautivos marroquíes.

Tras muchas vacilaciones, España accedió y le pagó cuatro millones de pesetas, lo que equivaldría hoy a unos 11,6 millones de dólares. De los 570 prisioneros españoles retenidos por los rifeños, 326 sobrevivieron; el resto falleció a causa del tifus, junto con algunos de sus captores.

En septiembre de 1921, ‘Abd al-Karim proclamó la República del Rif, con capital en Ajdir, a orillas del Mediterráneo, junto a la bahía de al-Husaymah.

La república sobrevivió hasta 1926, repeliendo varias incursiones españolas. En 1924, mientras los españoles se reagrupaban, se retiraron de la ciudad de Shafshawan (Chaouen), donde se enfrentaron a los rifeños, quienes les infligieron entre 17.000 y 20.000 bajas.

El general Miguel Primo de Rivera, que asumió el mando del protectorado en el otoño de 1923, declaró que, a pesar de que la «sangre española» marcaba el «camino de la civilización», la venganza contra los marroquíes sería «rápida y severa». Para el verano de 1925, las fuerzas de ‘Abd al-Karim habían avanzado hacia el sur y arrollado a las fuerzas francesas al norte de Fez.

Los mandos franceses y españoles se reunieron en Madrid en junio de 1925 para coordinar una invasión de la República del Rif. Reunieron 123.000 efectivos, aunque algunas estimaciones sitúan la cifra en medio millón, frente a 12.000 combatientes rifeños. Las fuerzas europeas atacaron en septiembre, sitiando la república al acercarse el invierno y restringiendo sus suministros de alimentos y sal.

Los intentos de ‘Abd al-Karim por negociar fracasaron. En la primavera de 1926, España había lanzado un asalto naval contra Al-Husaymah. Utilizó cuatro tipos de gas tóxico, incluido el gas mostaza, contra civiles y combatientes para quebrantar la tenaz resistencia rifeña y ganar la guerra. Las tropas españolas mutilaron a sus víctimas marroquíes, ensartando partes de sus cuerpos en pinchos.

‘Abd al-Karim se rindió a los franceses en mayo de 1926. Fue exiliado junto con su familia y otros 150 rifianos a La Reunión, la isla ocupada por Francia en el océano Índico, antes de escapar a El Cairo en 1947.

En total, 10.000 rifeños perdieron la vida defendiendo sus tierras. A lo largo de cinco años de combates, unos 43.500 soldados españoles murieron, resultaron heridos o fueron dados por desaparecidos.

Alegando falta de jurisdicción, la Sociedad de Naciones se negó a intervenir en la Guerra del Rif incluso después de que España utilizara gas venenoso; el racismo de sus miembros europeos fue, sin duda, un factor fundamental.

La República del Rif fue tan solo la segunda república independiente proclamada en el mundo árabe, tras la República de Trípoli en 1918, y no se estableció ninguna otra hasta la Segunda Guerra Mundial.

Éxodo de colonos

En vísperas de la independencia de Marruecos en 1956, 350.000 colonos franceses vivían en el país. Para ese año, el protectorado español contaba con 91.000 colonos españoles, además de otros 26.000 en la zona francesa y 21.500 en Tánger, que se encontraba bajo administración internacional.

En total, a mediados de la década de 1950 vivían en Marruecos cerca de medio millón de colonos europeos, de los cuales casi tres cuartas partes eran franceses.

Tras la elección del Gobierno del Frente Popular en España en 1936, el líder nacionalista marroquí en ascenso ‘Abd al-Khaliq Turris fundó el Partido de la Reforma Nacional en la zona española. La izquierda española no apoyaba la independencia de Marruecos.

Sin embargo, los militares rebeldes de derecha que sumieron a España en la guerra civil intentaron cooptar a los nacionalistas marroquíes, principalmente para reclutar a rifeños que lucharan de su lado. Entre 60.000 y 70.000 marroquíes lucharon a las órdenes del general Francisco Franco, cuyas fuerzas controlaban la zona española de Marruecos.

En Sabtah y Maliliah, los judíos autóctonos se mezclaban con aquellos cuyos antepasados habían huido de la Reconquista. A finales del siglo XIX, la población judía urbana se había convertido en una mezcla sefardí de judíos españoles y marroquíes que se referían a los del campo como «bereberes».

Oleadas de judíos procedentes de Tetuán y las zonas rurales de Marruecos emigraron a las colonias desde la década de 1880 hasta la primera década del siglo XX.

Los sionistas comenzaron a centrarse en ellos en 1919, a pesar de la opinión generalizada entre la comunidad judía local de que el sionismo era un movimiento ashkenazí irreligioso. Sin embargo, a instancias de su rabino, los judíos acaudalados de Ceuta recaudaron 100.000 francos para los sionistas en 1921.

En 1922 se había constituido en Ceuta la Federación Sionista Ibero-Marroquí bajo el liderazgo de Ignacio Bauer-Landauer, cuya familia había representado a la Casa de Rothschild en España desde mediados del siglo XIX. En aquellos años aún no se producía emigración judía a Palestina.

En la década de 1950, los nacionalistas anticolonialistas marroquíes de la zona española, al igual que sus compatriotas de la zona francesa, estaban movilizando a la población en favor de la independencia.

España se resistió a los esfuerzos de ellos antes de acabar cediendo finalmente. El rey Mohammed V de Marruecos viajó a España en abril de 1956 para ultimar los acuerdos. El estatus de zona internacional de Tánger quedó derogado en julio de 1956, aunque conservó un estatus administrativo especial hasta julio de 1960.

La independencia de España provocó la marcha de muchos colonos españoles, 92.000 personas, lo que representaba el 9,4 % de la población del protectorado. En aquel momento, el número de colonos españoles ascendía a 21.500 en Tánger y a 25.698 en el protectorado francés. Ifni contaba con otros 3.500, cifra que fue aumentando a medida que llegaban colonos procedentes de los territorios cedidos por España; en 1967, su número ascendía a 11.984, incluido el personal militar.

En el «Sáhara Español», 20.126 colonos permanecieron allí hasta la retirada de España en 1975. Muchos colonos también permanecieron en el antiguo protectorado español tras la independencia, mientras que otros se marcharon gradualmente, y las salidas se aceleraron significativamente en 1957. España no abandonó Ifni hasta 1969 y, desde entonces, ha conservado sus colonias de Ceuta y Melilla.

La Corona marroquí no consideraba que las dos colonias formaran parte del reino en 1956, aunque los nacionalistas sí.

En 1971, el Ministerio de Trabajo español contabilizó 43.498 españoles en Marruecos: 8.082 en el antiguo protectorado español, 26.668 en el antiguo protectorado francés y 9.295 en Tánger.

Otra oleada de repatriaciones se produjo a raíz de un decreto de 1973 que marroquinizaba las empresas de propiedad extranjera, los puestos de trabajo y las tierras nacionalizadas. Entre junio de 1974 y diciembre de 1975, unas 20.000 familias de colonos españoles se repatriaron a España.

A principios de 1980, los consulados españoles registraban tan solo 8.094 trabajadores españoles en Marruecos, el 80 % de los cuales se concentraba en Tánger y Casablanca. La numerosa colonia española de Casablanca, que ascendía a 20.500 personas antes de la marroquización de las tierras de 1973, se había reducido a unos 2.500 habitantes en 1986.

Descolonización selectiva

En la actualidad, los españoles constituyen casi la mitad de la población de las dos colonias de colonos de Sabtah y Maliliah. En Sabtah —o Ceuta— constituyen una ligera mayoría, mientras que los marroquíes autóctonos tienen una estrecha mayoría en Maliliah —o Melilla—.

A raíz de la reciente migración a Ceuta, han resurgido las reivindicaciones marroquíes para la devolución de Sabtah y Maliliah. El 22 de agosto, el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, declaró que Marruecos «se aferraría a su derecho histórico y a su derecho geográfico» sobre ambas ciudades, y pidió la creación de una comisión de diálogo permanente para negociar su retorno «al seno de la patria».

Días más tarde, el ministro marroquí de Habous y Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, evocó las «ciudades ocupadas» del norte de África en el palacio real de Rabat, durante una ceremonia con motivo del cumpleaños del Profeta presidida por el rey Mohammed VI.

España respondió con intransigencia, insistiendo en que nunca renunciaría a la soberanía sobre sus colonias. «Ceuta y Melilla son españolas», afirmó la portavoz del Gobierno, Elma Saiz. «Son nuestras fronteras meridionales, así como las fronteras de Europa. No hay nada más que añadir».

Aún no está claro adónde conducirán las exigencias marroquíes, especialmente teniendo en cuenta el apoyo de la Administración Trump a la reivindicación de Marruecos sobre el Sáhara Occidental frente a las reivindicaciones indígenas del pueblo saharaui y de la República Árabe Saharaui Democrática proclamada por el Frente Polisario en 1976, reconocida por más de dos docenas de países.

Estas reivindicaciones han resurgido en medio de la creciente hostilidad de EE. UU. e Israel hacia España, a raíz de la condena por parte de Madrid del genocidio y las políticas coloniales de Israel hacia los palestinos. Marruecos, por su parte, tiene sus propios motivos de resentimiento.

Su ofensiva territorial podría deberse menos a un sincero sentimiento nacional que al deseo de castigar a España por negarse a reconocer la plena soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental —a pesar de que ha respaldado el plan de autonomía de Marruecos para el territorio— y por mantener buenas relaciones con Argelia, que apoya la independencia saharaui y está aliada con el Frente Polisario.

Aunque la Administración Trump ha reafirmado su apoyo a la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, un informe del Congreso de EE. UU. que describía ambas ciudades como situadas en territorio marroquí y fomentaba el diálogo diplomático entre Rabat y Madrid ha despertado la alarma. España insiste en que su estatus no es negociable.

No está claro hasta qué punto será sostenible la postura española, dada la estrecha alianza de Marruecos con Israel bajo el mandato del primer ministro Benjamín Netanyahu, y la continua hostilidad de Trump hacia el Gobierno socialista español. Madrid denegó a Washington el uso de sus bases militares para la guerra contra Irán, y ha retirado a su embajador en Israel a raíz del genocidio en Gaza.

Muchos en España creen que el país está pagando ahora por ese desafío, y políticos y comentaristas culpan a Israel y a EE. UU. de avivar la crisis de Ceuta como represalia.

El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, avivó esas sospechas al publicar en X que ya era hora de que España explicara por qué «sigue manteniendo enclaves coloniales en África». El ministro de Transportes español, Óscar Puente, compartió la publicación y comentó: «Bueno, parece que todo se está aclarando bastante».

La alianza antipalestina de Marruecos con Trump e Israel no puede determinar el futuro de las dos colonias de asentamiento. Ese futuro debe basarse en un auténtico impulso hacia la descolonización, que se aplique por igual a Sabtah y Maliliah, al Sáhara Occidental y a todos los territorios palestinos, libaneses y sirios colonizados por Israel.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu