Físico,
matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de
Ciencias del Mar del CSIC.
De
Portugal
a España,
de Francia
a Bélgica,
de Alemania
a Grecia...
Protestan por el coste de la vivienda, por los recortes educativos,
por la congelación de las pensiones, por el disparado coste de la
vida, por la creciente militarización y el gasto militar mientras se
recortan partidas sociales. Un fantasma recorre Europa, como aquél
al que se refería Karl Marx en 1848.
Porque
el edificio social no se aguanta. Llevamos demasiado tiempo huyendo
hacia adelante, acumulando contradicciones y ahondando en la
insostenibilidad general de nuestro sistema, sin dar soluciones
reales a nuestros problemas, sin atrevernos a plantear lo que tenemos
que plantear.
Suelo
comentar en las charlas que la consolidación de la socialdemocracia
en Europa tras la Segunda Guerra Mundial es consecuencia de un pacto
en el que los partidos de izquierda renuncian a hacer la revolución
pendiente hacia el socialismo o el comunismo, en tanto que el capital
se compromete a ofrecer una cara más humana, apostándose por un
refuerzo del Estado del Bienestar. Eso ha permitido que, durante
décadas, no haya habido un cuestionamiento abierto del capitalismo
por parte de los partidos dichos "de izquierda". En el
largo plazo, eso ha hecho que la frontera ideológica entre la
izquierda y la derecha haya quedado un tanto diluida, hasta el punto
de que, antes de la crisis de 2008, parecía que lo único importante
era su posicionamiento en materia de libertades individuales y una
visión más tradicionalista o más innovadora de la sociedad. La
política económica era prácticamente la misma entre los partidos
con posibilidades de gobierno, y las políticas sociales (donde había
más diferencias de criterio) no podían en ningún caso
contradecirla, por lo que, cuando llegó la crisis del 2008, hasta
los gobiernos de izquierda aplicaron recortes sociales.
Pero
ahora estamos en un momento histórico. La fase expansiva del capital
ha llegado a su fin. El mundo se le ha quedado pequeño. Los recursos
empiezan a escasear (es un sarcasmo decir esto, si se tiene en cuenta
su obscena abundancia: más que escasear, su disponibilidad ya no
crece sino que mengua, pero sigue siendo gigantesca). Los problemas
ambientales crecen y se multiplican. Y la estructura social se
tambalea.
En
su búsqueda incesante del crecimiento, el capital está extrayendo
renta de los últimos nichos que le quedan. Por un lado, ha apostado
con fuerza por la última locura tecnológica, la Inteligencia
Artificial, hinchando una enorme burbuja que inevitablemente tendrá
que reventar. Por el otro, ha acaparado un bien de primera necesidad,
al que todo el mundo se ve obligado a recurrir, la vivienda, de forma
parecida a como ya lo hizo hasta 2008 y que llevó a la gran crisis
de aquel entonces. Pero la crisis de 2008 fue una crisis hipotecaria,
es decir, de compradores. En 2026 estamos en una crisis de alquiler.
Ya no es poseer: es tener un lugar donde dormir, aunque no sea tuyo.
Estamos llegando a las últimas posibilidades de exprimir el mercado
de la vivienda. O más bien, de exprimir a las rentas del trabajo.
Lo
de Ormuz no va mal. Va fatal. A Irán se le ha acabado la paciencia,
y después de que los EE.UU. le hundiera 5 petroleros en septiembre
se ha quedado casi sin capacidad de exportar. Después de varios
intentos y avisos de que solo permitiría pasar barcos que bordearan
la costa iraní, con pago de peaje incluido, la persistencia en
burlar el bloqueo por el método de pasar por el lado de la costa de
Omán, apagando el AIS de los buques y contar con escolta americana
ha hecho que Irán dé un puñetazo en la mesa. En los últimos días
ha hundido dos superpetroleros y dos buques portacontenedores, y en
seguida el petróleo Brent ha llegado casi a los 110 dólares por
barril. En las últimas semanas, Irán ha reiterado su disposición a
abrir el estrecho con un "plan de 7 días", pero está
claro que sus términos no son aceptables para los EE.UU. Así que la
cosa solo puede ir a peor.
El
precio del combustible está disparado en Europa, con valores por
encima de los 2€ el litro en la mayoría del continente. Y la cosa
puede ir a peor: el
reciente desplome de los márgenes de refino hasta valores negativos
hace que algunas refinerías en Europa se planteen reducir e incluso
parar la producción.
Puede parecer paradójico que justo cuando los combustibles son más
caros las refinerías puedan perder dinero, pero en eso influye mucho
la volatilidad del precio del petróleo físico y los compromisos de
suministro a plazo. El precio del petróleo físico es aquel con el
que llega a la refinería, e incluye tanto el precio de la materia
prima en sí (que es el que se suele dar en las noticias) como el
precio del transporte y de los seguros, ambos actualmente disparados
por la mayor longitud de las rutas y por los riesgos enormes de
transitar alrededor del Golfo Pérsico. Hace ya meses que el precio
del petróleo físico supera habitualmente los 150$, pero con la
reciente subida de precio del petróleo en sí y de los seguros (no
ayuda mucho que se estén hundiendo barcos), ahora mismo supera
frecuentemente los 170$, comiéndose los márgenes que hace unas
pocas semanas habían llegado hasta los 100$ para el diésel. Así
que el incremento del precio del petróleo puede, paradójicamente,
llevar a cerrar refinerías, haciendo la escasez aún mayor.
Y
recordemos que no solo el petróleo está varado en Ormuz. Falta gas
natural, lo que es preocupante en Europa de cara al invierno, tanto
por las necesidades de calefacción como para la estabilidad de la
red eléctrica (ya
se habla de reducir el consumo de gas un 7%).
Faltan fertilizantes, justo cuando en unas semanas debería empezar
la siembra del cereal de invierno. Falta ácido sulfúrico que afecta
a la extracción de todo tipo de metales y minerales. Falta y faltará
de todo.
Como
consecuencia de todo ello, la vida es cada vez más cara. La
inflación en España llegó al 4,9% este mes de septiembre, y hasta
el 3,8% en el conjunto de la Unión Europea. ¿Y qué creen que
pasará en los próximos meses? Que irá a peor. E, inevitable, en
lontananza (o no tan lejos, nadie lo sabe con certeza), una gran
crisis económica. Por tanto, en el horizonte tenemos más recortes,
mayor coste de la vida, salarios congelados o a la baja y mayor
precariedad laboral. En suma, más leña para el fuego social.
La
gente que ha salido a la calle no sabe de Tasas
de Retorno Energético,
de ritmos
de declive
o de
la inviabilidad material de la Renovable Eléctrica Industrial.
El sector fotovoltaico pide 945 millones para rescatar al 15% del sector.
Lo que saben es que su vida es cada vez más dura, más difícil, más
estrecha.
Acampada por la vívienda en la Puerta del Sol de Madrid.
Estamos inmersos en un intenso proceso de empobrecimiento,
el cual además será cada vez peor, porque el capital necesita a
toda costa garantizar sus tasas históricas de ganancia, pero
realmente no hay manera de mantenerlas en un mundo de recursos cada
vez más escasos.
La
verdad incómoda que nadie quiere asumir es que es necesario y
urgente superar el capitalismo. Es necesario y urgente transitar
hacia otro modelo económico que no necesite el crecimiento. Y cuánto
más tardemos en hacer ese cambio, más degradación social habrá.
Por sintetizarlo con un término (y dado que soy de la vieja escuela
y me gusta usar palabras que condensan muchos conceptos pero que ya
nadie utiliza), lo denominaré el Cambio Perentorio (perentorio: que
es concluyente, definitivo, urgente o que no admite prórroga ni
discusión). O, simplemente, lo Perentorio.
Algunos
intentan esconder lo Perentorio detrás de banderas y cubrirlo con
soflamas patrióticas. Que lo importante es la unidad de la Patria, y
que la Patria está en peligro. Que, en cuanto "salvemos la
Patria", todo estará arreglado. Sin embargo, lo Perentorio es
internacional, no distingue de patrias ni fronteras: nuestra lucha
aquí es en realidad la misma lucha de los franceses y los
portugueses y, aunque en nuestro snobismo no nos demos cuenta, la
misma de los latinoamericanos, los africanos y los asiáticos.
Otros
intentan convencernos de que lo Perentorio es la inmigración, que
todos los problemas nacen de una inmigración descontrolada, que si
echamos a todos los inmigrantes nos irá bien. Pero en realidad el
empobrecimiento creciente nace de la imposibilidad de mantener un
capitalismo siempre creciente en un planeta finito, y con o sin
inmigrantes esa situación se va a mantener. De hecho, la obsesión
por criminalizar y marginar a los emigrantes, que son quienes hoy en
día sostienen una parte fundamental del sistema productivo español
y sobre todo la natalidad, resulta muy útil a un capital que usará
su inseguridad social para continuar explotándolos y pagándoles
salarios de miseria. La xenofobia y el racismo está al servicio de
la explotación laboral, y de ninguna manera resolverán lo
Perentorio.
Otros,
desde
posiciones pretendidamente progresistas,
insistirán una vez más en el fracasado modelo de la Renovable
Eléctrica Industrial, como si no estuviese hundiéndose,
como si fuese capaz de resolver el problema de electrificar ese 70 y
muchos por ciento del consumo de energía final que no es eléctrico.
Se
enfrascarán en soluciones de carácter tecnológico por temor a
abordar el problema de fondo, y es que lo Perentorio es social, donde
se tiene que operar el cambio más profundo es en el modelo social.
Nadie
quiere denunciar el capitalismo como lo que es, un modelo inviable.
Nadie se atreve a proponer un abandono del capitalismo. Nadie tiene
el valor de intentar cambiar el capitalismo y superarlo.
Las
protestas y manifestaciones que han surgido en toda Europa nacen de
la constatación de que los ciudadanos de a pié están huérfanos
políticamente: nadie les representa, nadie defiende sus derechos,
nadie se atreve a cuestionar a quienes los están machacando y
desposeyendo. Por eso, solo pueden ir a más.
Quizá
la oleada de protestas de hoy se apague con promesas reformistas tras
las elecciones, por cansancio de los manifestantes o por medio de la
represión más feroz. Pero lo Perentorio seguirá estando ahí. Y lo
Perentorio no puede ser ignorado: necesita una respuesta, que tarde o
temprano tendremos que darle.
También
forma parte de lo Perentorio la situación ambiental y
particularmente climática, y como, de nuevo, la única respuesta
sensible al Cambio Climático es la superación del capitalismo,
nadie se atreve a hacer nada efectivo sobre el tema, y algunos hasta
se permiten dudar de que haya un Cambio Climático con argumentos
cada vez más huecos y más estúpidos: "siempre hizo calor en
verano", "siempre hubo incendios", "siempre hubo
gotas frías", "siempre hubo inundaciones". Mientras
esto escribo hay 850.000 personas confinadas en las provincias de
Valencia y Alicante por culpa de unas precipitaciones monstruosas que
en las últimas 24 horas han dejado 300 litros o más por metro
cuadrado, en los puntos más extremos superando incluso los 700
litros por metro cuadrado. El Mediterráneo está más de 3 grados
por encima de la media de temperatura de los años 80, y por culpa de
eso solo podemos esperar que las lluvias torrenciales continúen
durante las próximas semanas. Pero no sabemos si nuestras
infraestructuras aguantarán eso. A todo el estrés social que supone
lo Perentorio, hay que añadir una capa adicional de estrés causado
por el Caos Climático.
Mañana
por la mañana se ofrecerán sendas ruedas de prensa, en Barcelona y
Valencia, enmarcadas en la iniciativa "Alerta
el Niño".
En ellas se exigirá a las administraciones locales (catalanas en el
primer caso, valencianas en el segundo) que tomen medidas de
preparación para lo que viene. Porque estas lluvias son solo el
aperitivo de lo que va a venir el año que viene. Este Niño, de unas
dimensiones nunca antes vistas, va a golpearnos con dureza inusitada,
y debemos prepararnos ahora, cuando hay tiempo. Porque la emergencia
no empieza cuando se desbordan los torrentes, se queman los bosques o
la gente muere de golpes de calor. La emergencia empieza cuando
conocemos el riesgo y decidimos no prepararnos.
Fuente:
The
Oil Crash