Mostrando entradas con la etiqueta Venezuela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Venezuela. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de agosto de 2026

La IA china hace sudar frío a EEUU

 

 Por David Bollero   
      Periodista.


China lleva muchos años invirtiendo en IA y ahora recoge sus frutos.

     Sucedió con los vehículos eléctricos y está pasando de nuevo con la Inteligencia Artificial (IA): China le está comiendo la tostada a Occidente. Más allá de quienes se agarran a un clavo ardiendo amparándose únicamente en lo dopada por el Partido Comunista Chino (PCC) que está la fabricación de productos, lo cierto es que sus productos son tecnológicamente punteros y, en cuanto a inversión estatal de I+D, China es la reina. El modelo de IA de DeepSeek, que ya hizo sudar frío a los estadounidenses, repita otra vez demostrando ser mucho más económico.

El último análisis comparativo de Artificial Analysis no deja lugar a dudas: el coste por tarea con DeepSeek, en su versión V4 Flash 0731, es un 60% más barato que el GPT-5.6 Luna de OpenAI, y ello a pesar de que recientemente la compañía que lidera Sam Altman abarató su coste en un 80%. La diferencia es, pues, abismal.

Una de las claves para conseguir este abaratamiento consiste en que el modelo de DeepSeek aprovecha las respuestas almacenadas en caché, consiguiendo tasas de descuento por acierto del 98%, frente al 90% de la mayoría de la industria. Además, el estudio destaca la menor tasa de alucinaciones de este modelo, es decir, que se han reducido los resultados incorrectos o engañosos a las consultas producto de haber identificado erróneamente patrones u objetos inexistentes. El estudio de Artificial Analysis también resulta interesante porque señala que esta última versión de DeepSeek mejora en todas las evaluaciones del Índice de Transparencia.

Paralelamente en Reino Unido, la organización OpenUK acaba de publicar un informe sobre IA en la que sostiene que China lidera la IA de código abierto (open source), no sólo con DeepSeek, sino también con Qwen de Alibaba y, muy especialmente, con Kimi K3, de la startup china Moonshot AI. Éste último ha devuelto el temblor en las pantorrillas de los millonarios de Silicon Valley, que ven cómo desde China se está batiendo en rendimiento a los modelos de Anthropic y OpenAI, necesitando además menos potencia de computación, lo que también hace pupa a Nvidia, el mayor suministrador de chips para IA.

Según el gobierno chino, los grandes modelos de IA de código abierto del país se han descargado más de 10.000 millones de veces en total. El mensaje que China lanza al mundo es claro: ¿por qué pagar grandes sumas de dinero a las empresas estadounidenses que no abren su código, cuando es posible adoptar modelos open source que, además, te aseguran no perder el control de los datos más sensibles?


El logo de la aplicación de inteligencia artificial Deepseek en un smartphone sobre la bandera china.

La noticia llega justo en un momento en el que el gobierno de Reino Unido advierte que los modelos más punteros de Anthropic y OpenAI han mostrado comportamientos autónomos y engañosos nunca vistos.


El logo de OpenAI, la empresa de ChatGPT.

Durante una simulación de ciberataque llevada a cabo por el Instituto de Seguridad de la IA (AISI, por sus siglas en inglés), estos modelos crearon perfiles humanos falsos para intentar engañar a personas. Previamente, OpenAI había advertido de que su nuevo modelo provocó un ciberataque "sin precedentes" y se descubrió que tres modelos de IA de Anthropic accedieron a internet y hackearon los sistemas de tres organizaciones.


Ilustración del logo de Anthropic.

China no precisa extorsionar torticeramente con aranceles absurdos o invadir países ilegalmente cobrándose decenas de miles de vidas humanas como hace EEUU (no se pierdan las columnas de Pedro Barragán al respecto).


Sam Altman, CEO de OpenAI, durante una conferencia en Tokio, a 3 de febrero de 2025.

Pekín es mucho más inteligente y mira a la economía desde su falso comunismo con las gafas de la tecnología, que a fin de cuentas, mueve hoy por hoy el mundo. El gobierno de Xi Jinping afirma que China ya cuenta con más de 6.200 empresas de IA. Mientras Occidente sigue anclada en la narrativa de descrédito a China, esta se mueve y lo hace más rápido. Prueba de ello es la reciente creación de la Organización Mundial para la Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO, en inglés).

WAICO se lanzó en la Conferencia Mundial de la IA de 2026 (WAIC) de Shanghái el pasado mes de julio con la participación de casi una treintena de países, fruto de la propuesta que el presidente Xi Jinping realizó a finales de 2025. Su finalidad contempla impulsar los estándares, las normas de gobernanza y establecer líneas de desarrollo y colaboración internacional, entre otras. Ni Europa ni EEUU se lanzaron a liderar una iniciativa así, fue China. El secretario general de las ONU, António Guterres, estuvo presente en la firma fundacional de WAICO, cuya premisa es seguir los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, aunque no encaja directamente en su estructura.

De hecho, WAICO es otro síntoma de la guerra fría que vivimos por el dominio de la IA, puesto que no se han sumado ni EEUU ni países europeos de peso. Junto a China, entre los países fundadores se encuentran Cuba, Brasil, Venezuela, Rusia, Bielorrusia, Serbia, Pakistán, Indonesia, Omán, Laos, etc.


Xi Jinping con Vladimir Putin en 2025.

Como lleva años haciendo desde la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), China no sólo quiere liderar diferentes ámbitos tecnológicos, sino también ser decisivo a la hora de marcar sus pautas de desarrollo e implantación.

A nadie se le escapa que detrás del discurso de Jinping de “promover el desarrollo sostenible y prevenir la creación de una nueva injusticia histórica en la IA”, poniendo a disposición de los países en desarrollo capacitación, seminarios y tecnología de IA, se encuentra el acaparamiento de poder. Sin embargo y aunque lleva décadas haciéndolo, su estilo es muy distinto del tosco de EEUU, que avanza como un elefante en una cacharrería y no tiene visos de cambiar de actitud.


Fuente: Público


sábado, 18 de julio de 2026

La defensa de “Europa” de Slavoj Žižek

 

      Investigador de historia y periodista. Actualmente en el exilio tras escapar de Rusia.


Es difícil no darse cuenta de que Žižek, en sus últimos discursos y textos, expresa una posición agresivamente eurocéntrica que estamos acostumbrados a escuchar de la clase política de la UE


Vista satelital nocturna de Europa, destacando la densidad de población y el desarrollo de infraestructura a través de las luces de las ciudades.


     Es predecible y agotador ver a una celebridad intelectual comenzar un discurso inaugural con la gastada cita de Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere y el nuevo tarda en nacer, y en ese interregno surgen los fenómenos mórbidos más variados.” La ansiedad sobreviene cuando uno se da cuenta de por qué está citándola. Para una superestrella intelectual, los clásicos sirven meramente para decorar el escenario de su actuación, un acto de equilibrismo dialéctico que ha registrado una fuerte demanda por parte del público durante años.

Armado con su acento esloveno y humor excéntrico marca de la casa, Slavoj Žižek encuentra ideología en todas partes: en los grandes taquillazos de Hollywood, en el diseño de los inodoros occidentales. Pero cabe sospechar que en el pintoresco cementerio romano de Testaccio Antonio Gramsci se revolvería en su tumba viendo cómo Žižek gestiona su legado.

Parece que Žižek hace tiempo que dejó de cultivar su reputación de figura marginal, una suerte de Diógenes moderno en el barril. Hoy es un intelectual de éxito, bienvenido en la crema de la crema de las instituciones académicas y grandes auditorios. Vive y trabaja entre Londres, Ljubljana y EEUU, cobrando jugosos cheques por sus conferencias y libros, que produce industrialmente, en ocasiones dos al año. Goza del estatuto de estrella mundial y su vida claramente difiere de la del investigador medio en la academia occidental, con visados precarios, becas magras y contratos por períodos de tiempo limitados.

Cuando Žižek se sitúa a sí mismo entre Marx y Gramsci en una de sus performances pop y comienza a deconstruir sus conceptos clásicos es importante recordar desde qué posición y en interés de quién hablaban esos clásicos. El período mismo de interregno sobre el que escribió Gramsci era una época de hegemonía en desintegración, un tiempo de cambios políticos radicales. Entre crisis terribles y la polarización de los veinte, Gramsci escogió combatir el fascismo de Mussolini. No abandonó Italia por Moscú y, en el período más peligroso, comenzó a organizar la resistencia clandestina en su propio país. Puso su vida en riesgo, como miles de otros comunistas italianos. La frase del fiscal fascista en el juicio a Gramsci de 1928 ha pasado a la historia: “Debemos impedir que este cerebro trabaje durante 20 años.”

En prisión Gramsci enfermó de nuevas dolencias y hubo de pasar los últimos años de su confinamiento en un hospital. Fue liberado formalmente el 21 de abril de 1937, demasiado débil como para abandonar la clínica romana. Seis días después Antonio Gramsci murió de una hemorragia cerebral. Nos legó sus legendarios Cuadernos de la prisión, un intento de comprender la derrota de los movimientos obreros en Europa y encontrar una nueva estrategia para la emancipación a través del análisis de clase. Años después de su muerte, sus ideas entraron en varios campos de la investigación académica institucionalizada y se convirtieron en un juego de instrumentos clave en la caja de herramientas de las fuerzas políticas tanto de izquierda como de derechas.

Un siglo después, en una nueva era de inestabilidad global, la superestrella viviente Slavoj Žižek utiliza citas de Gramsci y Marx para salpimentar de izquierda la retórica militarista de la clase dirigente europea.

El Žižek tardío para tiempos apocalípticos

¿Qué presenta Žižek al público de hoy? Sus artículos y discursos desde 2022 a 2026 se construyen en torno a la idea de defender Europa como principal bastión de la libertad y del legado de la Ilustración. De acuerdo con el filósofo eslóveno, solamente la Europa actual posee el potencial para la verdadera emancipación universal, y este rol viene predestinado por su experiencia histórica única: “Hay una profunda similitud entre los ataques de Trump a la tríada de medio ambiente, corrección política y derechos LGBT+ y el conflicto entre Rusia y Europa. Uno debería hacerse una pregunta muy sencilla: ¿Qué civilización, hoy, encarna plenamente la tríada atacada por Trump? Sólo una: la civilización europea como forma última de la Ilustración”.

De acuerdo conŽižek, el mundo moderno no está progresando, sino moviéndose más bien hacia la amenaza más terrible de todas: el fin del mundo. Y ahora mismo los europeos deben “echar mano del freno de emergencia revolucionario”.

Žižek recurre a esta metáfora introducida por Walter Benjamin, quien vivió en circunstancias extremas y fue obligado a exiliarse huyendo del nazismo. Benjamin revisó el postulado marxista de que las revoluciones son las “locomotoras de la historia”. En su interpretación, el verdadero momento emancipatorio ocurre justamente en el momento en el que los “pasajeros” intentan detener el movimiento hacia la catástrofe. Una catástrofe fue lo que sufrió Benjamin en la frontera de la península ibérica en 1940 cuando, enfrentado a la amenaza de una deportación a la Francia ocupada por los nazis, se suicidó.

En nuestra época las preocupaciones principales son el abismo de la crisis climática, la amenaza de una nueva guerra mundial, nuevos regímenes autoritarios y la Inteligencia Artificial (IA). Sin embargo, Žižek no ofrece ninguna solución de raigambre anticapitalista. Por una parte, declara que, como universalista, no le gusta un mundo en el que existen diferentes “civilizaciones” con sus propios valores y maneras de vivir. Desde más o menos la crisis migratoria de 2015-2016, Žižek ha hablado frecuentemente, con su característico estilo de trilero, sobre los derechos de las mujeres en el islam y en la cultura musulmana en general, afirmaciones que generaron una fuerte crítica en contra.


Slavoj Žižek durante la presentación de su libro «Islam y modernidad. Reflexiones blasfemas».

Žižek ha instrumentalizado el islam para atacar a sus adversarios de la “izquierda liberal”, acusándolos de sacrificar los ideales de la Ilustración en el altar de la tolerancia multicultural. El filósofo esloveno asegura que no le gusta la proposición teórica de las obras de Samuel Huntington, a saber: percibir un mundo de diferentes “civilizaciones” como el orden natural de las cosas que ha de aceptarse.

Por otra parte, Žižek apela explícitamente a que una de estas “civilizaciones” –Europa (representada por la UE)– alcance la soberanía. Según Žižek, únicamente una soberanía europea puede traer la verdadera luz del progreso al mundo, mientras señala la “lucha anticolonial” de otras regiones: “Los nuevos bloques de poder que están emergiendo en el mundo no son más que versiones del nuevo fascismo. Piénsese en el eje de Rusia-Irán-Venezuela. Europa debe ser aquí una excepción: el único lugar fiel a la Ilustración emancipatoria”.

Es difícil no darse cuenta de que Žižek, en sus últimos discursos y textos, expresa una posición agresivamente eurocéntrica que estamos acostumbrados a escuchar de la clase política de la UE. Con frecuencia lo hace exactamente con los mismos términos y con los mismos argumentos. El intelectual del escándalo rechaza la posición del internacionalismo anti-imperialista y desprecia a quienes desde la izquierda se oponen a él llamándolos “pacifistas” (peaceniks), un término peyorativo que adquirió popularidad en EEUU durante las protestas contra la Guerra de Vietnam y que ha sido usado por los halcones belicistas desde entonces.

Žižek hizo su última conferencia en el edificio mismo de Roma en el que, casi 70 años atrás, se creó el precursor de la actual Unión Europea. Todo el pathos del texto, “La Unión Europea, 70 años después”, estaba vinculado precisamente a esta fecha. Parágrafo a parágrafo, el filósofo esloveno pescaba citas de varios contextos, las arrojaba a su cesto y aplicaba su dialéctica pop a ellas para luego alimentar al público con el resultado. Su metáfora favorita de la castración supuestamente ha de explicar la actitud de los populistas de derecha hacia la Europa actual: atemorizan al electorado europeo con la idea de que el Viejo Mundo está perdiendo su fuerza masculina vital frente a los “otros”, los inmigrantes y las minorías. ¿Pero qué nos proporciona este ejercicio de trile en freudianismo? ¿Acaso nos ayuda a entender las grandes crisis, las guerras, la crisis medioambiental o el coste de la vida?

Hace un siglo Gramsci escribió sobre cómo la crisis de la hegemonía burguesa abría una ventana tanto a la revolución proletaria como al fascismo. En sus últimos discursos y textos, Žižek saca la revolución proletaria de esta ecuación, mantiene el fascismo (que interpreta de una manera peculiar) y añade la “amenaza del fundamentalismo religioso.” Esta manipulación permite a Žižek sugerir que Rusia y China están evolucionando hacia el fascismo, o que ya han llegado a él, y que los pueblos de Oriente Medio a duras penas pueden reclamar para sí proyectos revolucionarios, porque están atenazados por sus regímenes religiosos y nacional-conservadores. De los grandes países que combinan una ideología nacional con proyectos de desarrollo económico Žižek dice lo siguiente: “Así pues, las principales opciones son hoy: los restos del sueño de Fukuyama, un fundamentalismo directamente religioso y, especialmente, lo que no puedo sino llamar un fascismo soft moderadamente autoritario: un capitalismo de mercado combinado con una fuerte ideología de movilización estatal para mantener la cohesión social. Piénsese en la India de Modi”.

El autor cree que las potencias emergentes como Irán, China y Rusia se identifican de manera falsa con la lucha anticolonial. Según Žižek, su propuesta alternativa es un universalismo de otro tipo, uno en el que las “maneras de vivir político-teológicas” puede convivir en paz.

De este modo los “fundamentalistas religiosos” se encuentran en el mismo grupo que los “fascistas soft”: los talibanes, Rusia, India, China, Corea del Norte e Irán están unidos por el hecho de que, a través de las declaraciones de sus representantes oficiales, se denominan a sí mismos combatientes contra el colonialismo y el imperialismo estadounidense. En sus artículos más recientes Žižek consistentemente promueve la idea de que los regímenes autoritarios quieren resolver sus problemas internos usando la imagen de un enemigo externo. Por lo que hace a América Latina y África, el filósofo esloveno se niega incluso a considerarlas regiones donde pueda comenzar una genuina lucha por la emancipación universal.

Esta nueva manera de ver el mundo de Slavoj Žižek se enfrenta a una contradicción obvia. El capitalismo ha sido y sigue siendo un sistema de desigualdad global entre países y regiones. ¿Qué ha de hacerse con el hecho de que China fue, literalmente, una colonia británica, y que Irán ha estado luchando durante décadas por el derecho a llevar a cabo políticas independientes y controlar sus propios recursos? ¿Qué piensa Žižek de la economía global, en la que claramente hay países dependientes y claramente hay quienes han explotado esta dependencia durante siglos?

Incluso si, a un nivel retórico, el intelectual esloveno promueve la idea del universalismo, su propuesta política consiste en todo lo contrario: la lógica de exclusión y particularismo. La diferente “civilización” europea puede fracasar repetidamente en su trayectoria histórica: en el colonialismo, en el fascismo, en su falta de habilidad para resolver problemas fundamentales y superar la desigualdad global. A pesar de ello, esta Europa imaginaria recibe una y otra vez otra oportunidad, conservando su viejo papel mesiánico, en virtud de su experiencia histórica “especial” y el legado de la Ilustración.

Žižek y Rusia

El fracaso intelectual de Žižek resulta aún más obvio cuando se examina la realidad material rusa. Recurriendo al concepto demofóbico de homo putinus, Žižek equipara al parecer lo que ocurre en Rusia con lo que dicen Putin y sus funcionarios, espigando aquí y allá citas de los discursos odiosos de Putin, de Kharichev, el ideólogo del Kremlin, o del exgobernador de la región de Kaliningrado, Alikhanov. Desde el punto de vista de Žižek, la trayectoria actual de Rusia está determinada por la ideología del eurasianismo y el tradicionalismo, impuesto al país por funcionarios adeptos a esta ideología. La gente del país debe estar dispuesta a sacrificarse en la masa por el futuro del Estado.


Sociedad rusa en tiempos de guerra.

En contra de lo que afirma Žižek, repitiendo como una cacatúa los clichés de los kremlinólogos occidentales, la clase dirigente rusa es más bien un sistema complejo en el que diferentes grupos de interés chocan entre sí y no se parece para nada a un club de seguidores de Aleksander Dugin. Más importante aún, los rusos, como sociedad, probablemente están más bien poco interesados en el conservadurismo radical.


Sociedad rusa actual en tiempos de guerra.

Tenemos todos los motivos para decir que el bloque ideológico de la administración presidencial y la sociedad rusa real existen en dos planos de la realidad diferentes. El análisis sociológico (tanto cualitiativo como cuantitativo) muestra que Rusia no es un país en el que ha triunfado Dugin. La Rusia moderna es una sociedad de mercado despolitizada. Un país con uno de los mayores niveles de desigualdad económica en el mundo, donde el culto neoliberal al éxito personal es llevado al extremo. Es una sociedad en la que florecen la industria del “infopreneurship” y los coaches personales.

¿Qué idea domina de veras Rusia? Dejar atrás las penalidades económicas y el endeudamiento privado. Éste es precisamente el motivo por el que una elevada cifra de sus ciudadanos están actualmente matando y muriendo en las trincheras de Ucrania. Numerosos testimonios –quejas y protestas, mensajes en vídeo de de las familias del personal militar e incluso el debatido documental de la periodista Anastasia Trofimova– muestran la confusión sobre los objetivos de la guerra por parte de los propios participantes en ella. Después de años de la llamada Operación Militar Especial, no se han formado colas en las oficinas de reclutamiento y los soldados con contrato se mantienen gracias a incrementos salariales sin precedentes.

En vez de analizar la sociedad rusa, Žižek, como cientos de otros comentaristas occidentales, construye su análisis de la ideología rusa en convenientes citas de representantes individuales de la élite rusa.

En su discurso en Roma, Žižek analiza con toda seriedad la “lista de países que imponen actitudes neoliberales destructivas” rusa y la considera una muestra de la proximidad ideológica de Rusia a Corea del Norte y los talibanes: “Los estados en esta lista ahora son oficialmente designados ‘estados enemigos’ porque no comparten ‘los valores morales y espirituales tradicionales rusos’, no se habla para nada de un mundo multipolar, si no compartes sus valores eres un enemigo de Rusia, sin más.”

Pero lo cierto es que esta lista de 49 países duplica casi por completo otra lista, la de “paises inamistosos”, siendo la única diferencia que Eslovaquia y Hungría están ausentes de la segunda lista. Ambas están vinculadas a la política de restricciones económicas y contrasanciones de Rusia: en la actualidad Rusia se encuentra bajo una cifra récord histórica de sanciones, más de 26 mil, con Irán ocupando un segundo lugar a mucha distancia. Las listas son, sobre todo y antes que nada, parte de la política económica de Rusia.

Otro de los lugares comunes favoritos de Žižek es la analogía entre Rusia e Israel. Defiende que ambos estados niegan la existencia de grupos étnicos: en el primer caso, los ucranianos, en el segundo, los palestinos.

Merece la pena objetar aquí que, a pesar de los crímenes de guerra y el torrente de retórica xenofóba dirigida hacia los ucranianos desde la propaganda rusa y el propio Putin, esto no es claramente suficiente para equiparar a Rusia e Israel.

En la Federación Rusa vemos un aparato estatal autoritario que refuerza y reproduce una enorme desigualdad económica entre regiones, asimilando simultáneamente pueblos y culturas locales. Con todo, estamos hablando de una federación multiétnica que incluye 21 repúblicas nacionales, lo que, en sí mismo, tiene un efecto material en Rusia y puede que desempeñe un papel político en el futuro. En el caso de Israel estamos hablando de un estado etnocrático que, en la teoría y en la práctica, ha implementado ya un sistema de apartheid en su propio territorio.

Del eurocentrismo al internacionalismo

En la parte final de su discurso en Roma, el filósofo eslóveno bosqueja, al fin, una imagen del futuro: si hace 150 años el espectro del comunismo perseguía Europa y todas las fuerzas políticas intentaban darle caza, hoy el espectro es la propia Europa. Toda “civilización” encuentra razones para culpar al continente europeo de todos los males de la humanidad, por lo que, en su visión del futuro, Žižek reemplaza el proyecto comunista con la idea de la Unión Europea, que es un material preexistente. Algunos no tendrán sólo que vivir sino también morir por esta Europa, un hecho que Žižek recuerda usando frases estereotipadas que remiten a la retórica de ciertos funcionarios comunitarios. El papel de Ucrania en Europa queda reducido a una función militar y utilitaria: “La posición de la UE debería ser de apoyo incondicional a Ucrania, incluso arriesgándose a una guerra con Rusia; si Ucrania fracasa, Europa quedará mutilada. Ucrania no queda lejos, no puede no ser una preocupación de Europa: es el puesto más avanzado de Europa”.

Aunque Slavoj Žižek mantiene un patetismo izquierdista en su retórica, e incluso propone ruidosamente “separarse del cadáver de la democracia liberal”, no hay ideas alternativas más allá de esta frase, más allá de una llamada psicoterapéutica para que Europa “deje de tener miedo de sí misma.”

Continuando con su metáfora especulativa, podría afirmarse que ahora mismo este “cadáver de la democracia” está evolucionando lentamente hacia un estado zombi. Existen todos los motivos para creer que sin propuestas alternativas la UE se hundirá aún más en un pozo de crisis, combinando una desigualdad social creciente con medidas de austeridad, y ofreciendo a la clase media europea y las capas más pobres la oportunidad de mejorar su situación trabajando para el complejo militar-industrial.

Žižek, a quien tanto le gusta analizar paradojas, parece haber pasado por alto la mayor de todas: su propuesta política pasiva es punzantemente similar a lo que Vladímir Putin está haciendo con Rusia. Resulta que estas trayectorias interseccionan no sólo en el plano socioeconómico, sino también en el ideológico, de acuerdo con el cual hay una civilización excepcional en el mundo que se enfrenta a una misión histórica especial. Putin y Dugin ven a Rusia así, y Žižek ve a Europa así.

Los propios europeos, los países del Sur Global y el mundo entero tienen razones perfectamente justificables para que les desagrade y hasta odien Europa. Ante nosotros se encuentra el mundo que Europa construyó, con su legado de imperios coloniales, guerras mundiales, viejos y nuevos genocidios, extractivismo y una desigualdad estructural colosal en el comercio y la producción globales.

Žižek se queja repetidamente de que la economía de mercado no puede coordinar las crisis globales y pide a la UE que actúe. Pero al mismo no tiempo nada dice de que los verdaderos intentos por coordinar la economía sobre un principio de igualdad a nivel internacional han venido históricamente de los países del Segundo y Tercer Mundo. El último intento serio de una coordinación así fue el proyecto del Nuevo Orden Económico Internacional.

Este proyecto fue activamente promovido por los países del Movimiento de No-Alineados en las agencias de la ONU en los setenta. Con el lema “comercio, no ayuda”, el Sur Global reclamó soberanía incondicional sobre sus propios recursos naturales y mecanismos para controlar a las corporaciones transnacionales, así como garantías para la transferencia tecnológica, con el objetivo de desarrollar sus propias industrias y romper la dependencia sistémica. La base ideológica de esta teoría fueron las ideas de teóricos de la independencia y neomarxistas como Raúl Prebisch y Samir Amin.

El proyecto no fue simplemente un “club de debate”: fue la culminación de una lucha desde los países de la periferia que en los años sesenta se organizaron en el bloque político del “grupo de los 77” y forzaron a los países del centro a participar en un diálogo sistémico. Gracias a la presión de este bloque el papel de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y Desarrollo (UNCTAD) se incrementó significativamente. Ésta fue la primera plataforma global que defendió abiertamente los intereses de los países en vías de desarrollo. El mecanismo de intercambio desigual fue descrito con tanta precisión que sigue siendo a día de hoy la base de la crítica económica decolonial. El legado de este proyecto vive en nuestros días en nuevas iniciativas.

La crisis de deuda y la reacción neoliberal de los ochenta enterró este proyecto en su fase activa: en vez de una coordinación igualitaria, los países de la periferia recibieron programas de ajuste estructural vinculados a condiciones draconianas del FMI. Las instituciones financieras internacionales fozaron a los países a eliminar barreras comerciales y a emprender privatizaciones a gran escala. El paradigma neoclásico, con su dogma de “libre mercado” y la teoría ricardiana de ventaja comparativa ayudaron a justificar el abandono de los países de la periferia de su propia industrialización, actitudes que se convirtieron en la corriente central de la economía durante mucho tiempo.

Žižek también se muestra agresivo hacia los BRICS. Sin caer en su idealización o exagerar su importancia, debe admitirse que los países de los BRICS desempeñan hoy un papel mucho mayor en la economía global que la UE. Luchar contra esta realidad es como luchar contra molinos de viento. Pero si los BRICS no son una alternativa, ¿dónde deberíamos mirar hoy, especialmente desde Europa?

El intelectual esloveno elogia al presidente español Pedro Sánchez como un dirigente más responsable cuando rechaza apoyar la invasión militar de Irán por parte de los EEUU e Israel. Sin embargo, la diferencia más clara entre las políticas de Sánchez y las propuestas de Žižek es precisamente que el primero construye puentes entre Europa y el Sur Global e incluso promueve la cooperación entre los propios países del Sur Global.

Durante su reciente visita a China, Sánchez hizo un discurso en el que afirmó que el mundo multipolar no es una amenaza, sino la realidad objetiva en la que vivimos. Al mismo tiempo, la multipolaridad no debe caer por la pendiente al caos del egoísmo soberano y el derecho del más fuerte. Debe apoyarse en el multilateralismo, un sistema de acuerdos multilaterales funcionales. Sánchez insiste en que los centros de poder regionales deben ser parte de las instituciones globales, ante todo la ONU, donde es posible equilibrar los intereses de todos los países bajo el principio de equidad. El verdadero objetivo de la multipolaridad es reimpulsar y democratizar la legislación internacional.

Literalmente días después de regresar de Asia, Sánchez inauguró un congreso multitudinario de fuerzas de la izquierda en Barcelona en el que reunió a dirigentes clave del Sur Global y del centro-izquierda. La agenda del foro se dedicó precisamente a los principales proyectos institucionales. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, presentó un proyecto que permitiría que los presupuestos militares de los estados se recondujesen a la protección medioambiental. Lula da Silva presionó para que se introdujese un impuesto global a la riqueza. El gobierno español está diseñando un plan para el control democrático de los monopolios digitales.

Los actuales intentos por impulsar una política progresista a nivel global se realizan desde países y regiones que, según el análisis del intelectual esloveno, han de categorizarse como sin esperanza o incluso “enemigas”, especialmente si nos fijamos en el descomunal éxito de China en la transición energética. A pesar de todo lo anterior, Slavoj Žižek se niega a considerar una cooperación internacional en un sentido progresista. Aún más revelador es el hecho de que el filósofo evite cualquier crítica de peso hacia la propia Europa. Aunque su posición parezca radical resulta sorprendentemente conciliadora hacia las élites europeas y no nos dice nada sobre las contradicciones sociales más importantes.

Slavoj Žižek tiene un célebre chiste verde y políticamente incorrecto sobre cómo, en el Rus medieval, un guerrero mongol viola una mujer campesina rusa y obliga a su marido a sostenerle los testículos para que se no llenen de polvo. Cuando el guerrero se marcha, la mujer mira con lágrimas mientras su marido parece exultante. ¿Por qué? Porque saboteó la orden y dejó que los testículos del mongol se llenasen de polvo. El campesino contempló esta transgresión menor como una victoria. Žižek ilustraba con esta anécdota el trabajo de los intelectuales críticos contemporáneos, participantes en subversiones simbólicas menores al mismo tiempo que no suponen ninguna amenaza real al sistema, ya que nunca se les ocurre que podrían “cortarle las pelotas” a quienes tienen el poder.

Quizá la superestrella de la filosofía izquierdista y todos sus simpatizantes deberían considerar que el método dialéctico pierde su significado si se elimina de él la crítica al capitalismo y se la reemplaza con una escatología mezclada con narativas chovinistas. Si Slavoj Žižek repite como una cacatúa la retórica de los burócratas de la Unión Europea, ¿entonces qué papel está interpretando él hoy en el chiste verde?


Fuente: El Salto

domingo, 28 de junio de 2026

El corredor trumpista en América Latina: 9 gobiernos "MAGA" y 18 aliados en el Escudo de las Américas

 

 Por Eduardo García   
      Analista internacional. Politólogo y máster en Relaciones Internacionales. Periodista en Descifrando la Guerra.


Trump cuenta hoy con más gobiernos afines en América Latina, conformando un corredor trumpista desde Costa Rica hasta Argentina.


     Tras confirmarse casi definitivamente que Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Abelardo De La Espriella, de Defensores de la Patria, serán los presidentes de Perú y Colombia, respectivamente, Trump ha logrado asegurar una suerte de “mayoría simple” en lo que a gobiernos latinoamericanos se refiere.

Actualmente, más de la mitad de los Estados de la región están alineados con Washington, y una porción significativa tiene presidentes abiertamente trumpistas o cercanos ideológicamente al movimiento MAGA. 

Tanto De La Espriella como Fujimori han afrontado escrutinios muy ajustados en sus respectivos ballotages contra la izquierda, a punto tal que, en Perú, el candidato Roberto Sánchez todavía no ha concedido el resultado.

Pero, sea como fuere, no parece probable que la izquierda peruana logre revertir el reconocimiento de la derecha y la extrema derecha regional, por lo que es esperable que Keiko Fujimori asuma eventualmente como nueva presidenta de Perú.

Las victorias de Trump en América Latina

El panorama regional ha cambiado significativamente desde enero de 2025, cuando Trump retomó la presidencia de Estados Unidos. En aquel momento, solo Argentina, Ecuador, Panamá y El Salvador podían considerarse aliados políticos directos del movimiento MAGA.

Un año y medio después, a ese grupo se han incorporado Chile, Perú, Colombia, Costa Rica y Honduras, de forma que ha pasado de 4 a 9. Mientras tanto, el bloque de gobiernos enfrentados a las ambiciones de Washington se ha reducido a Nicaragua y Cuba tras la los ataques contra Venezuela y las elecciones de Honduras, reduciéndose de 4 a 2.

Asimismo, los países que mantenían una posición independiente sin confrontar abiertamente con Estados Unidos han disminuido considerablemente. Si en enero de 2025 eran Chile, Bolivia, Brasil, Colombia y México, hoy la lista se limita a México y Brasil, con la incorporación del Uruguay de Orsi, que ganó las elecciones antes de que Trump asumiese, pero accedió a la presidencia después de su homólogo norteamericano. En términos demográficos, estos gobiernos ham pasado de representar el 64,6% de la población regional al 52%.

Además del secuestro de Nicolás Maduro, las revelaciones derivadas del caso Hondurasgate apuntan a que Estados Unidos habría intervenido de forma más o menos directa en al menos dos elecciones recientes. Entre ellas figura la de Colombia, donde una campaña de desinformación particularmente agresiva habría favorecido la llegada al poder de Abelardo De La Espriella.


La extrema derecha ha llegado al gobierno en Colombia de la mano de Abelardo de la Espriella, líder de Defensores de la Patria.

Honduras sería el segundo ejemplo señalado por la investigación.

Ambos casos, junto a la intervención armada en Venezuela, constituyen tres casos de éxito en la agenda de dominación del continente. Esto es así porque los tres casos se resolvieron de forma favorable a los intereses de Washington.

Tres gobiernos críticos, cuando no directamente enfrentados a la Casa Blanca –el de Xiomara Castro en Honduras, el de Gustavo Petro en Colombia y el de Nicolás Maduro en Venezuela– fueron sustituidos por dos gobiernos MAGA –el de Nasry Asfura en Honduras y el de Abelardo De La Espriella en Colombia– y por un gobierno intervenido –el de Delcy Rodríguez en Venezuela–.

Allí donde las urnas han indicado continuismo, Estados Unidos también ha salido ganando. En Belice, Jamaica, Bahamas, Barbados, Antigua y Barbuda, Guyana y Santa Lucía había gobiernos pro estadounidenses y ese estatus se conservó tras los comicios. En Ecuador había un gobierno pro MAGA –el de Daniel Noboa– que logró revalidar.

En suma, entre enero de 2025 y el ecuador de 2026, en América Latina ha habido 10 cambios de gobierno. De esos 10, 3 pasaron de izquierda a extrema derecha pro MAGA –Chile, Colombia y Honduras– y 2 pasaron de centro-derecha pro estadounidense a extrema derecha pro MAGA –Costa Rica y Perú–.

Bolivia pasó de izquierda a centro-derecha pro estadounidense, Trinidad y Tobago se mantuvo en el centro-izquierda, pero se alineó más firmemente con Estados Unidos. Surinam viró a la izquierda con el NDP y Uruguay pasó de centro-derecha a izquierda. El último cambio de gobierno es el de Venezuela, un caso sui géneris.

Conviene recapitular. América Latina y el Caribe cuenta con 33 Estados independientes –toda América con la excepción de Canadá y Estados Unidos–. Al asumir la presidencia el 20 de enero de 2025, Trump contaba con 4 gobiernos pro MAGA y 11 gobiernos pro estadounidenses no MAGA (un total de 15) y debía enfrentar 4 gobiernos frontalmente opuestos y 5 gobiernos críticos (un total de 9).

Tras año y medio en la Casa Blanca, el bloque crítico cuenta con 2 gobiernos frontalmente opuestos y 3 gobiernos críticos (un total de 5), mientras que el bloque alineado cuenta con 9 gobiernos pro MAGA y 9 gobiernos pro estadounidenses no MAGA (un total de 18).

El corredor trumpista

A lo largo de casi 10.000 kilómetros de costa sobre el Pacífico, desde Costa Rica hasta Magallanes y Antártica Chilena, Trump podría desplazarse por territorio latinoamericano sin abandonar en ningún momento países gobernados por aliados políticos.

Los gobiernos que conforman este corredor mantienen afinidad con el movimiento MAGA y promueven una relación estrecha con el proyecto geopolítico impulsado desde Washington.

Si se amplía la ruta hasta el extremo austral del continente, Trump podría atravesar el canal Beagle y llegar a Argentina. De esta forma, el corredor trumpista en América Latina, específicamente en la costa del Pacífico, estaría compuesto por Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Fuera de esa continuidad geográfica también destacan dos aliados centroamericanos: El Salvador y Honduras.


Mapa de la posición de los gobiernos latinoamericanos en relación a Estados Unidos y al gobierno de Donald Trump.

Es precisamente en esta franja donde Trump ha cosechado sus mayores éxitos… De hecho, ha logrado un pleno. Todos los cambios de gobierno acaecidos en este corredor han devenido en gobiernos abiertamente trumpistas o pro MAGA.

En noviembre de 2025 fueron las elecciones generales hondureñas; ganó Nasry Asfura (Partido Nacional). En febrero de 2026 fueron las de Costa Rica; ganó Laura Fernández (Pueblo Soberano).

En junio de 2026 fue el ballotage en Colombia; ganó Abelardo De La Espriella (Defensores de la Patria). En abril de 2025 fue el ballotage en Ecuador; ganó Daniel Noboa. En junio de 2026 fue el ballotage en Perú; probablemente ganó Keiko Fujimori, si bien la justicia electoral planea dar el resultado final a inicios de julio.


El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) planea proclamar los resultados oficiales de las elecciones de Perú entre el 3 y el 7 de julio.

Por último, en diciembre de 2025 fue el ballotage en Chile; ganó José Antonio Kast. 

Además de influir abiertamente en la política interna de los países latinoamericanos, el Gobierno estadounidense ha impulsado foros de coordinación desde los que definir la agenda regional bajando línea a los gobiernos afines.

En paralelo al corredor trumpista en América Latina, el llamado Escudo de las Américas (Shield of the Americas) constituye la principal herramienta de Trump para extender la influencia militar estadounidense en América Latina. Presentada como una iniciativa de coordinación y apoyo a las fuerzas armadas de la región, está bajo la supervisión de Kristi Noem, ex secretaria de Seguridad Nacional del ICE.

Nueve gobiernos identificados con el trumpismo o cercanos al MAGA ya participan o prevén participar en ella: Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras y El Salvador.

A este grupo se agregan otros nueve países alineados con Estados Unidos: Paraguay, Bolivia, Guyana, Trinidad y Tobago, República Dominicana, Jamaica, Bahamas, Belice y Guatemala. Washington también ha logrado incluir a tres gobiernos de la región en su “Junta de Paz” para Gaza: Paraguay, Argentina y El Salvador.


Donald Trump impulsa la creación de una nueva ‘Junta de Paz’ para gobernar la Franja de Gaza y disputar el papel de las Naciones Unidas

Las próximas prioridades

En los próximos 18 meses, Trump pondrá la mirada –y, muy probablemente, recursos políticos, económicos, judiciales e incluso militares– en cinco grandes escenarios. El primero (y más obvio) es Cuba, donde la renovada campaña de asfixia y amenaza militar pretende lograr concesiones del Gobierno del Partido Comunista o, en el enfoque más optimista de Washington, un cambio de régimen.


La presión político-económica de la administración de Donald Trump sobre Cuba aumenta y amenaza con extenderse también al ámbito militar.
 

Los otros cuatro escenarios son electorales: En Guatemala, Trump deseará la emergencia de un nuevo líder más nítidamente alineado con el trumpismo, si bien el socioliberal Bernardo Arévalo ha mantenido una estrecha colaboración con su administración.

En El Salvador, la apuesta es el continuismo de Nayib Bukele. En Argentina, lo mismo: Trump buscará influir en las elecciones para que Javier Milei –o, tal vez, Patricia Bullrich u otra figura del mileísmo– impidan un retorno del peronismo a la Casa Rosada.

Pero, sin duda, el mayor interés estadounidense, junto a Cuba, está en Brasil. Las elecciones de octubre de 2026 podrían dar un vuelco a la región y ratificar el dominio político e ideológico del trumpismo y de Estados Unidos en el continente, extendiéndolo más allá de este corredor trumpista en América Latina. Para ello, Trump necesita que Flávio Bolsonaro supere a Lula da Silva en unos comicios en los que Washington buscará influir. 

El precedente del enfrentamiento entre la Casa Blanca y la justicia brasileña en el caso contra Jair Bolsonaro evidencia esta voluntad injerencista. No por casualidad, el mismo Donald Trump recibió a Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval en mayo.


Flávio Bolsonaro y el presidente Trump, en el Despacho Oval, en la foto difundida por el brasileño en redes sociales



Fuente: Descifrando la Guerra