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domingo, 23 de agosto de 2026

¿Por qué Israel y Estados Unidos son aliados?

 




La relación ‘especial’.


     La actual relación entre Estados Unidos e Israel no nació como una alianza estratégica plenamente formada. Aunque Washington fue el primer país en reconocer oficialmente al nuevo Estado hebreo en 1948, durante sus primeros años predominó una relación ambivalente, marcada tanto por las necesidades de la política interna estadounidense como por el temor a deteriorar los vínculos con los países árabes.

El presidente Harry Truman no partía inicialmente de una posición favorable a la creación de un Estado exclusivamente judío. Su postura personal se aproximaba más a alguna fórmula binacional o federal para Palestina. Sin embargo, las elecciones presidenciales de 1948 modificaron los cálculos de la Casa Blanca.

Nueva York era entonces un estado electoralmente competitivo y el voto judío de la ciudad tenía un peso considerable. Además, la comunidad judía formaba parte de la coalición electoral construida durante los gobiernos de Franklin D. Roosevelt junto con otros sectores como los afroamericanos y los católicos. La movilización política y electoral terminó convirtiéndose así en uno de los factores que favorecieron el reconocimiento de Israel.

Los inicios de la relación

Durante los gobiernos de Truman y Dwight Eisenhower, Washington trató de mantener relaciones sólidas con los Estados árabes y evitar que estos se aproximaran a la Unión Soviética. El petróleo y su importancia para la reconstrucción europea y el funcionamiento de la economía internacional ocupaban un lugar central en los cálculos estadounidenses.

Israel era visto en ocasiones como un elemento desestabilizador. Estados Unidos llegó incluso a suspender temporalmente ayuda económica cuando consideró que el gobierno israelí había incumplido las condiciones acordadas. En este periodo, el principal aliado exterior de Tel Aviv era Francia.


Imagen del Centro de Investigación Nuclear del Néguev, clave en el programa nuclear israelí realizada en septiembre de 1971 por un satélite de reconocimiento estadounidense.

Paralelamente, las autoridades israelíes comenzaron a reforzar sus apoyos dentro de Estados Unidos mediante organizaciones destinadas a influir sobre el Congreso y la política interna.

Uno de los momentos decisivos llegó después de la masacre de Qibya de 1953, cuando una operación israelí contra una localidad de Cisjordania provocó fuertes críticas a nivel internacional.

A partir de ese contexto se consolidó el Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC, por sus sigas en inglés) como una estructura de presión orientada a construir una base política favorable a Israel más allá de la Casa Blanca, especialmente entre congresistas, votantes y donantes.


La propaganda israelí y su estrategia de Hasbará buscan justificar la guerra contra Palestina y moldear la opinión pública interna y global.

No obstante, la crisis del canal de Suez de 1956 volvió a evidenciar los límites de la relación. El Estado hebreo participó junto con Francia y Reino Unido en la ofensiva contra Egipto tras la nacionalización del canal por Gamal Abdel Nasser. Estados Unidos se opuso a la operación y presionó para ponerle fin.

1967 y 1973, años claves

La llegada de John F. Kennedy y posteriormente Lyndon B. Johnson comenzó a estrechar los vínculos, incluida una mayor cooperación militar. Sin embargo, el auténtico punto de inflexión se produjo con la guerra de los Seis Días de 1967.


Soldados egipcios capturados por Israel en la guerra de los seis días.

Israel derrotó rápidamente a Egipto, Siria y Jordania y demostró una capacidad militar muy superior a la esperada. Al mismo tiempo, Estados Unidos estaba profundamente comprometido en Vietnam y tenía dificultades para desplegar nuevos recursos en otros escenarios.

Washington comenzó entonces a considerar a Israel como un actor capaz de proyectar indirectamente sus intereses en Oriente Medio. Su fortaleza militar permitía contener a gobiernos próximos a la Unión Soviética sin necesidad de un despliegue estadounidense equivalente.

La llegada de Richard Nixon a la presidencia terminó de convertir la relación en una política de Estado y no únicamente en una preferencia asociada a determinadas administraciones demócratas. Asimismo, el gobierno de Golda Meir buscó presentarse como un aliado inequívoco de Washington en la Guerra Fría y apoyó públicamente la intervención estadounidense en Vietnam.

Estados Unidos aumentó entonces los créditos, préstamos y transferencias militares a Tel Aviv, consolidando progresivamente el principio de que el país debía mantener una ventaja militar cualitativa frente a sus vecinos.

La guerra de 1973 reforzó definitivamente esta asociación. Egipto y Siria atacaron para recuperar los territorios ocupados por Israel desde 1967 y Washington respondió enviando por primera vez ayuda militar masiva durante un conflicto abierto.

El puente aéreo estadounidense proporcionó a Tel Aviv material decisivo en un momento crítico de la guerra. Posteriormente, Egipto comenzó a alejarse de la Unión Soviética y a aproximarse a Estados Unidos, modificando el equilibrio regional.

Durante los años siguientes también aumentó el peso político de las organizaciones judías estadounidenses y del AIPAC, mientras la cuestión de los judíos soviéticos reforzaba la identificación de Israel y de determinadas organizaciones comunitarias con la confrontación estadounidense frente a Moscú.

En la década de 1980, la cooperación superó además los límites de Oriente Medio. El Estado hebreo participó en operaciones alineadas con los intereses estadounidenses en otros escenarios, suministrando armas, entrenamiento y apoyo a gobiernos y fuerzas anticomunistas en Centroamérica y colaborando en redes internacionales de inteligencia.


La exportación de doctrinas del Shin Bet de Israel a América Latina ha redefinido las dinámicas de la ‘guerra contra el narcotráfico’.

La alianza había pasado así de una relación inicialmente condicionada por la política doméstica y las dudas estratégicas de Washington a convertirse en una pieza estable de la estrategia estadounidense durante la Guerra Fría. Su transformación posterior, tras la desaparición de la Unión Soviética, abriría una nueva etapa diferente de esta relación bilateral.



Fuente: Descifrando la Guerra

viernes, 7 de agosto de 2026

Crisis migratoria de Ceuta: ¿Por qué los analistas chinos están mirando al Mossad?

 

 Por Nadia Helmy   
      Profesora asociada de Ciencias Políticas, Facultad de Política y Economía / Universidad de Beni Suef - Egipto. Experta en política china, relaciones sino-israelíes y asuntos asiáticos.


La crisis migratoria de Ceuta plantea interrogantes sobre Marruecos, España, el Mossad, China y la geopolítica de la frontera sur de Europa

   

  

    Migrantes esperan para cruzar al enclave español de Ceuta, desde el lado marroquí de la frontera en Fnideq, Marruecos, 31 de julio de 2026. 


     La extraordinaria crisis migratoria que se desató en Ceuta, ciudad del norte de África española, a finales de julio y principios de agosto de 2026, se ha convertido rápidamente en una cuestión geopolítica de mayor alcance.

Alrededor de 72.000 migrantes entraron en Ceuta en una semana, desbordando a las autoridades locales y provocando una respuesta de emergencia por parte de España y la Unión Europea. La magnitud del movimiento, el papel de la desinformación en las redes sociales y las dudas sobre los controles fronterizos de Marruecos han transformado lo que inicialmente parecía una emergencia migratoria en una disputa estratégica que involucra a España, Marruecos y la Unión Europea en general.

Este episodio también merece atención desde una perspectiva estratégica china. Pekín tiene importantes intereses económicos y geopolíticos en Marruecos, el norte de África, las rutas comerciales del Mediterráneo y los puertos europeos. Por lo tanto, un deterioro prolongado de las relaciones entre España y Marruecos, especialmente en torno a Ceuta y Melilla, podría tener consecuencias que trasciendan la política migratoria.

Al mismo tiempo, las afirmaciones de que el aumento de la migración fue organizado por el Mossad israelí o la Agencia Central de Inteligencia estadounidense deben tomarse con cautela. Actualmente no existe evidencia pública que demuestre que alguna de estas agencias orquestó el movimiento. Si bien tales alegaciones pueden formar parte de especulaciones de inteligencia o geopolíticas, no deben presentarse como hechos probados.

Una crisis migratoria amplificada por las redes sociales

Uno de los elementos más evidentes de la crisis es el papel que desempeña la información digital.

Según se informa, publicaciones falsas o engañosas en redes sociales contribuyeron a movilizar a la población hacia Ceuta, incluyendo afirmaciones sobre la apertura o el debilitamiento de los controles fronterizos españoles. Funcionarios europeos también han señalado la desinformación en línea y las redes de tráfico de migrantes como factores importantes en este episodio.

Esta distinción es importante. La existencia de movilización en línea no demuestra por sí sola que una agencia de inteligencia extranjera haya creado o dirigido la campaña.

Las redes sociales pueden acelerar los movimientos migratorios sin necesidad de una operación centralizada. Las expectativas económicas, la percepción de oportunidades, la información que circula en las comunidades migrantes y las acciones de las redes de tráfico de personas pueden interactuar rápidamente, generando movimientos que parecen altamente coordinados incluso cuando sus orígenes están descentralizados.

No obstante, la magnitud del episodio de Ceuta plantea una cuestión estratégica legítima: ¿fue el movimiento totalmente espontáneo, fue facilitado por redes criminales, fue tolerado o alentado por las autoridades marroquíes, o intentaron agentes externos explotar una crisis que ya se estaba desarrollando?

Actualmente, las pruebas públicas disponibles no ofrecen una respuesta definitiva.

El factor marroquí

La explicación alternativa más importante concierne al propio Marruecos.

Marruecos ya ha demostrado que la migración puede convertirse en un instrumento de presión diplomática sobre España. La crisis de Ceuta en mayo de 2021, cuando miles de migrantes entraron en la ciudad española tras la relajación de los controles fronterizos marroquíes, constituye un precedente importante.

La crisis de 2026 es considerablemente mayor. Las autoridades españolas y europeas están examinando el papel de las redes de tráfico de personas, la desinformación y la cooperación de Marruecos con la política migratoria europea. Los funcionarios de la UE han pedido una mayor cooperación con Marruecos, evitando al mismo tiempo una acusación pública definitiva de que Rabat orquestó deliberadamente la crisis.

Esto hace que el concepto de migración como presión política híbrida sea más útil que la suposición de que la crisis fue necesariamente dirigida por un servicio de inteligencia extranjero.

Un Estado no necesita necesariamente organizar cada movimiento migratorio individual para explotar la migración estratégicamente. La relajación deliberada de los controles fronterizos, la aplicación selectiva de la ley o la falta de intervención pueden generar presión política al tiempo que permiten una negación plausible.

Si eso ocurrió en este caso es una cuestión que requiere mayor investigación.

Por qué Ceuta y Melilla son importantes

Ceuta y Melilla son ciudades autónomas españolas del norte de África y forman parte de España y de la Unión Europea. Marruecos disputa la soberanía española sobre ambas ciudades y ha mantenido sus reivindicaciones territoriales durante décadas. Las autoridades españolas, por su parte, consideran que su estatus de territorio español es innegociable.

La disputa adquirió una nueva dimensión internacional a principios de 2026, cuando un informe del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos describió a Ceuta y Melilla como ciudades administradas por España ubicadas en territorio marroquí y se refirió a la antigua reivindicación de Marruecos sobre ellas. El informe instó al secretario de Estado estadounidense a promover el diálogo diplomático entre Madrid y Rabat sobre su futuro estatus.

Esto tuvo una gran importancia política, pero no debe confundirse con una resolución formal del Congreso que reconozca la soberanía marroquí.

No obstante, la redacción representó un cambio notable con respecto a la forma en que normalmente se aborda la postura de España sobre las dos ciudades en Washington. Los funcionarios españoles respondieron haciendo hincapié en que el carácter español de Ceuta y Melilla no estaba en entredicho.

El momento elegido hace que el asunto sea particularmente delicado. Cualquier percepción de que Washington se está volviendo más receptivo a la postura de Marruecos podría afectar los cálculos estratégicos de Madrid y Rabat.

¿Podrían las agencias de inteligencia extranjeras aprovechar la crisis?

Aquí es donde surgen las afirmaciones más controvertidas en torno a la crisis de Ceuta.

La posibilidad de que agencias de inteligencia extranjeras intenten explotar una crisis migratoria no es del todo descabellada. Los grandes movimientos migratorios pueden generar inestabilidad política, influir en las elecciones, intensificar la polarización y ejercer presión sobre los gobiernos. Los servicios de inteligencia monitorean habitualmente estas vulnerabilidades.

Pero existe una distinción esencial entre monitorear o explotar una crisis y crear la crisis.

Actualmente no existen pruebas públicas que demuestren que el Mossad organizara el traslado de migrantes marroquíes hacia Ceuta. Tampoco hay pruebas públicas suficientes para establecer que la CIA coordinara la operación.

Por lo tanto, las afirmaciones en este sentido deben considerarse hipótesis que requieren pruebas, más que conclusiones.

No obstante, Israel tiene un potencial interés estratégico en la dirección de la política exterior española. España ha adoptado posturas sobre el conflicto israelí-palestino que, en ocasiones, han generado importantes fricciones diplomáticas con Israel. Esto crea un posible motivo para analizar si actores opuestos a las políticas de Madrid podrían intentar explotar las vulnerabilidades internas de España.

Pero el motivo por sí solo no es prueba de que se haya llevado a cabo una operación.

Una evaluación de inteligencia seria requeriría pruebas de capacidad, comunicaciones, flujos financieros, vínculos operativos, reclutamiento, actividad cibernética u otros indicadores que conecten a una agencia en particular con las redes de migración.

Ninguno de esos vínculos se ha demostrado públicamente en el presente caso.

Los Hermanos Musulmanes y el peligro de confundir ideología con operaciones

Otro elemento controvertido del debate concierne a los Hermanos Musulmanes y otros movimientos islamistas.

Existen vínculos ideológicos históricos entre los Hermanos Musulmanes y varias organizaciones islamistas que operan en Oriente Medio y el Norte de África. El Movimiento Islámico en Israel también mantiene una relación histórica con la tradición ideológica más amplia de los Hermanos Musulmanes.

Sin embargo, eso no establece una coordinación operativa entre estos movimientos y el Mossad, la CIA o las redes de migración marroquíes.

La existencia de organizaciones políticas islamistas en Marruecos tampoco demuestra que ellas organizaran los cruces de Ceuta.

La distinción es fundamental. La afinidad ideológica, la influencia histórica y la cooperación organizativa son tres cosas distintas. Un artículo sobre inteligencia y competencia geopolítica no debería tratarlas como sinónimos.

El simbolismo de al-Ándalus

La memoria histórica de al-Ándalus ha desempeñado durante mucho tiempo un papel importante en algunos discursos políticos islamistas y musulmanes en general. Las referencias a Al-Ándalus pueden evocar la presencia histórica de la civilización musulmana en la península ibérica y, por lo tanto, pueden tener un considerable significado emocional e ideológico.

Ese simbolismo merece ser examinado en el contexto de los debates sobre Ceuta y Melilla.

Sin embargo, actualmente no existen pruebas suficientes para concluir que las referencias a la “reconquista de Andalucía” se utilizaran como parte de una operación de inteligencia coordinada para enviar inmigrantes marroquíes a Ceuta.

Si existe tal conexión, debe demostrarse mediante pruebas específicas: campañas documentadas en redes sociales, organizaciones identificables, mensajes coordinados, vínculos financieros o comunicaciones entre los actores involucrados.

Sin tales pruebas, el simbolismo andalusí debería tratarse como objeto de análisis político e histórico, en lugar de como prueba de una operación de inteligencia.

¿Y qué hay del Gran Oriente Medio?

El debate geopolítico más amplio a veces relaciona los conflictos contemporáneos de Oriente Medio con la agenda de reformas del "Gran Oriente Medio" o del "Gran Oriente Medio y Norte de África" ​​de Estados Unidos de principios de la década de 2000.

La iniciativa en sí era real. La administración de George W. Bush la asoció públicamente con la reforma política, económica y social, una mayor libertad y el desarrollo en Oriente Medio y el Norte de África.

Pero no hay pruebas de que la iniciativa estuviera diseñada para utilizar la migración marroquí con el fin de desmantelar estados árabes, establecer gobiernos proisraelíes u organizar el movimiento de migrantes hacia Ceuta.

Esas afirmaciones van mucho más allá de los registros históricos documentados.

Esta distinción es importante porque las iniciativas políticas históricas pueden influir en el análisis geopolítico actual sin aportar pruebas de cada conspiración contemporánea que se les atribuye.

¿Por qué le importaría a China?

La dimensión china se fundamenta más fácilmente en intereses estratégicos observables.

China ha expandido su presencia económica y diplomática en el norte de África y el Mediterráneo. Marruecos reviste especial relevancia para Pekín debido a su posición geográfica, su desarrollo industrial, su infraestructura, su potencial logístico y su acceso a los mercados europeos y africanos.

La estabilidad de los puertos mediterráneos y las rutas comerciales marítimas también es importante para los intereses comerciales más amplios de China.

Desde esta perspectiva, Pekín tiene una razón legítima para monitorear una crisis que involucra simultáneamente:

  • España y la Unión Europea;

  • Marruecos y el norte de África;

  • Migración y seguridad fronteriza;

  • Comercio mediterráneo;

  • Estabilidad política europea;

  • Y la relación estratégica entre Washington, Madrid y Rabat.

Una crisis prolongada entre España y Marruecos podría generar consecuencias económicas y logísticas que se extiendan más allá de la frontera inmediata.

Esto no implica que un servicio de inteligencia chino crea que el Mossad fue el causante de la crisis. China puede estar preocupada por las consecuencias de la inestabilidad sin respaldar una explicación concreta sobre sus orígenes.

La cuestión de la inteligencia china

Las instituciones militares y de inteligencia chinas examinan de forma rutinaria la evolución de la seguridad internacional, incluyendo la inestabilidad política, la migración, las infraestructuras estratégicas, las rutas marítimas y las actividades de las potencias extranjeras.


Post en Instagram de Mimoun Aabou.

Sin embargo, las afirmaciones relativas a evaluaciones específicas de inteligencia china clasificadas requieren un alto estándar probatorio.

La información disponible públicamente no permite establecer que el Ministerio de Seguridad del Estado de China, o específicamente alguna oficina del MSS, haya llegado a la conclusión de que el Mossad organizó la crisis migratoria de Ceuta.

Por consiguiente, las referencias a la "inteligencia china" en los debates sobre este episodio deben entenderse como interpretaciones analíticas, a menos que se pueda identificar un documento chino específico, una evaluación de inteligencia o una fuente atribuible.

Esto cobra especial importancia al analizar la supuesta evaluación que China hace de Israel, Estados Unidos o los Hermanos Musulmanes. El discurso oficial y estratégico chino suele ser muy crítico con las operaciones de inteligencia extranjeras y los movimientos políticos transnacionales, pero estas posturas generales no deben interpretarse automáticamente como prueba de una conclusión de inteligencia específica sobre Ceuta.

Cuatro explicaciones contrapuestas

La evidencia disponible sugiere que al menos cuatro hipótesis merecen ser examinadas.

En primer lugar, la movilización espontánea. Los incentivos económicos, la percepción de una oportunidad para entrar en Europa, las redes sociales y la desinformación en línea pueden haber producido un movimiento rápido sin una dirección central.

En segundo lugar, la facilitación de actividades delictivas. Es posible que las redes de contrabando hayan explotado la situación y amplificado el movimiento para obtener beneficios económicos.

En tercer lugar, la instrumentalización marroquí. Es posible que Rabat haya tolerado o facilitado el movimiento como medio para presionar a España, de forma deliberada o no. La crisis de Ceuta de 2021 hace que esta hipótesis sea especialmente relevante.

En cuarto lugar, la explotación extranjera. Es posible que agentes políticos o de inteligencia externos hayan intentado explotar la crisis o influir en sus consecuencias políticas.

Estas posibilidades no son mutuamente excluyentes.

Una crisis migratoria puede comenzar de forma orgánica, ser facilitada por redes criminales, ser tolerada por un Estado y posteriormente ser explotada por agentes extranjeros.

Por eso, atribuir todo el episodio a un único servicio de inteligencia sin pruebas conlleva el riesgo de simplificar en exceso lo que podría ser una crisis híbrida mucho más compleja.

Qué significa la crisis de Ceuta para Europa

Sean cuales sean sus orígenes, la magnitud de la afluencia de 2026 ha demostrado la vulnerabilidad de la frontera sur de Europa ante las repentinas perturbaciones migratorias.

Los ministros del Interior de la UE ya han debatido sobre una mayor cooperación con países no pertenecientes a la UE, el intercambio de información de inteligencia, la vigilancia de las redes sociales, las medidas contra el tráfico ilícito de migrantes y el refuerzo de la seguridad fronteriza.

Por lo tanto, es probable que la crisis influya en los debates europeos mucho más allá de España.

También demuestra la influencia política que poseen los países que cooperan con Europa en el control de la migración. Marruecos ocupa una posición particularmente importante en este sistema debido a su proximidad con España y su papel en la gestión de las rutas migratorias hacia la UE.

Para España, el reto principal ya no reside simplemente en cómo controlar una frontera, sino en cómo evitar que la política migratoria se convierta en una fuente de vulnerabilidad estratégica.

Una crisis mayor que la migración

Por lo tanto, la crisis de Ceuta debe entenderse en varios niveles simultáneamente.

En el plano humanitario, decenas de miles de personas se vieron involucradas en un movimiento extraordinario que desbordó la capacidad local.

En el plano político interno, este episodio está avivando los debates sobre inmigración, control de fronteras y la relación de España con Marruecos.

A nivel bilateral, plantea nuevas interrogantes sobre las antiguas reivindicaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla y sobre el futuro de las relaciones hispano-marroquíes.

A nivel europeo, pone de manifiesto la dependencia de la UE de la cooperación con los estados vecinos para gestionar la migración irregular.

En el plano geopolítico, la crisis se entrecruza con la evolución de las relaciones entre Estados Unidos y Marruecos, la política española en Oriente Medio y la competencia estratégica más amplia en torno al norte de África y el Mediterráneo.

Desde la perspectiva de China, la inestabilidad en Marruecos, España y el Mediterráneo puede afectar al entorno económico y estratégico en el que operan los proyectos chinos de comercio, inversión y conectividad.

Por lo tanto, la pregunta más importante quizás no sea si el Mossad está detrás de la crisis.

La cuestión más trascendental es quién puede explotar la crisis, quién se beneficia de ella y si la migración se está convirtiendo en un instrumento cada vez más importante de competencia geopolítica entre estados.

Esa cuestión puede investigarse utilizando las pruebas que ya están surgiendo.

Por ahora, la información pública disponible respalda la existencia de una grave crisis migratoria, exacerbada por la desinformación y que plantea serias dudas sobre la gestión de fronteras y las relaciones marroquí-españolas. Sin embargo, aún no se puede demostrar que el Mossad, la CIA, los Hermanos Musulmanes o cualquier otra organización de inteligencia extranjera orquestaran el movimiento.

Esa distinción es esencial, no solo para comprender lo que sucedió en Ceuta, sino también para evaluar lo que podría suceder a continuación.


Fuente: Modern Diplomacy

miércoles, 5 de agosto de 2026

Tres escenarios para la guerra entre Irán y Estados Unidos

 

 Por Pedro Garcia   
      Periodista en Descifrando la Guerra.


   La reanudación de la guerra entre Estados Unidos e Irán ha devuelto la atención internacional a uno de los espacios marítimos más estratégicos del planeta: el estrecho de Ormuz.


El mapa del estrecho de Ormuz se caracteriza por estar rodeado de hidrocarburos y por la capacidad de Irán de ejercer un bloqueo.

Tras un alto el fuego frágil y sin acuerdos sólidos sobre cuestiones fundamentales, Washington y Teherán han regresado a una dinámica de confrontación abierta en la que la presión militar y la negociación avanzan de forma paralela.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

El conflicto ya no se limita a la disputa bilateral entre ambos países. La cuestión central gira en torno al control de las principales rutas marítimas de Oriente Medio, especialmente Ormuz y, de forma indirecta, Bab el-Mandeb.

Ambos corredores concentran una parte esencial del comercio energético mundial, por lo que cualquier alteración de la navegación tendría consecuencias económicas que irían mucho más allá de la región.

La importancia estratégica de estos pasos marítimos convierte cualquier crisis en un problema global. Mientras Estados Unidos intenta reducir la capacidad iraní para utilizar Ormuz como instrumento de presión, Teherán considera que su influencia sobre el estrecho constituye uno de sus principales activos de poder y una cuestión vinculada a su soberanía nacional.

Los dos cuellos de botella

El estrecho de Ormuz es probablemente el cuello de botella energético más importante del mundo. A través de sus aguas transita aproximadamente una cuarta parte del petróleo transportado por vía marítima y una parte significativa del comercio internacional de gas natural licuado.

Su relevancia estratégica deriva de una realidad geográfica simple. Los grandes productores del golfo Pérsico dependen de este corredor para exportar sus hidrocarburos hacia los mercados internacionales.

Aunque algunos países, como Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos, disponen de infraestructuras alternativas, estas no poseen capacidad suficiente para sustituir completamente el volumen que atraviesa el estrecho.

Por esta razón, la capacidad iraní para amenazar la navegación constituye una poderosa herramienta de disuasión. Teherán sabe que no necesita cerrar completamente Ormuz para generar efectos económicos significativos. Basta con incrementar la percepción de riesgo, amenazar el tráfico marítimo o dificultar parcialmente la navegación para afectar a los mercados energéticos internacionales.

La disputa actual entre Estados Unidos e Irán se concentra precisamente en este aspecto. Washington aspira a desarrollar mecanismos que garanticen la libre navegación reduciendo la capacidad de influencia iraní, mientras que Teherán rechaza cualquier fórmula que limite su papel en la gestión del paso marítimo.

No obstante, la importancia de la crisis no se limita a Ormuz. Al otro extremo de la península Arábiga se encuentra el estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de acceso al mar Rojo y al canal de Suez.

Por esta ruta circula alrededor del 12% del comercio marítimo mundial y una parte muy relevante de las exportaciones energéticas destinadas a Europa.


La posibilidad de un bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb, sumado al de Ormuz, complicaría gravemente la situación del comercio mundial.

Su relevancia ha quedado demostrada durante los últimos años, cuando la inseguridad en la zona –tras los ataques de los hutíes yemeníes contra embarcaciones en "solidaridad" con la causa palestina– obligó a numerosas navieras a desviar sus rutas alrededor del Cabo de Buena Esperanza.


Ansar Alá rompe el bloqueo de Arabia Saudí sobre Yemen.

Estos desvíos provocaron incrementos significativos en los costes logísticos, retrasos en el transporte de mercancías y problemas para diversas cadenas de suministro. También afectaron directamente a Egipto, cuyos ingresos por los peajes del canal de Suez disminuyeron como consecuencia de la reducción del tráfico marítimo.

El riesgo para la economía mundial aumentaría considerablemente si ambos estrechos se vieran afectados al mismo tiempo. Mientras Ormuz condiciona la salida de los hidrocarburos del golfo Pérsico, Bab el-Mandeb conecta esos flujos comerciales con Europa y el Mediterráneo. La alteración simultánea de ambos corredores tendría un impacto difícilmente comparable con cualquier crisis marítima reciente.

Los posibles escenarios del conflicto



Los posibles escenarios del conflicto entre Estados Unidos e Irán marcarán el futuro de los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb.

La evolución de la crisis dependerá en gran medida de la capacidad de Washington y Teherán para imponer sus intereses en torno al estrecho de Ormuz. A día de hoy pueden identificarse tres escenarios principales.

Escenario 1: retirada estadounidense y acuerdo con Irán

El primer escenario contempla una reducción progresiva de la confrontación y la búsqueda de un acuerdo político, y se fundamenta en el hecho de que Estados Unidos afronta crecientes limitaciones estratégicas.

El desgaste de determinados recursos militares, la necesidad de concentrar esfuerzos en otros escenarios internacionales y los costes políticos internos de una guerra prolongada reducen el margen para mantener indefinidamente la presión sobre Irán.

En estas circunstancias, ambas partes podrían alcanzar un compromiso basado en una gestión coordinada de la navegación en Ormuz junto a Omán. El acuerdo podría incluir mecanismos de supervisión compartida y algún sistema de compensación económica derivado del tránsito marítimo.

Esta opción permitiría estabilizar temporalmente la región. Sin embargo, también supondría un reconocimiento implícito de la influencia iraní sobre el estrecho de Ormuz, fortaleciendo su posición negociadora en Oriente Medio.

Escenario 2: guerra regional ampliada

El escenario más peligroso contempla una nueva escalada militar. Si las negociaciones fracasan y la presión iraní sobre Ormuz aumenta, Estados Unidos podría intensificar sus operaciones militares y favorecer una mayor implicación de Israel en el conflicto.

En ese contexto, la confrontación dejaría de limitarse al golfo Pérsico para extenderse a otros escenarios regionales. Líbano, Yemen e incluso Irak podrían convertirse en nuevos frentes de una guerra más amplia, involucrando a los principales aliados de Teherán.


Irak se ha convertido durante la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán en un escenario más del conflicto regional.

La consecuencia más grave sería el bloqueo simultáneo de Ormuz y Bab el-Mandeb. La interrupción de dos de los mayores puntos de estrangulamiento del comercio marítimo mundial provocaría fuertes aumentos en los precios de la energía, graves alteraciones en las cadenas de suministro y un incremento significativo de los costes del transporte internacional.

Yemen desempeñaría un papel especialmente relevante. Aunque los hutíes no han reanudado de forma generalizada sus ataques contra el tráfico marítimo internacional, mantienen la capacidad de hacerlo si consideran que el conflicto ha entrado en una nueva fase de escalada.

Escenario 3: inestabilidad controlada

El tercer escenario contempla la continuidad de la situación actual. Ni Estados Unidos ni Irán parecen dispuestos a realizar las concesiones necesarias para alcanzar un acuerdo duradero. Sin embargo, tampoco tienen incentivos suficientes para asumir los riesgos de una guerra regional de gran escala.

Como resultado, ambas potencias continuarían aplicando estrategias de presión mutua mediante demostraciones de fuerza, negociaciones intermitentes y acciones limitadas destinadas a mejorar sus posiciones sin cruzar determinados umbrales de escalada.


Posibles escenarios de la guerra.

En este contexto, Ormuz seguiría siendo el principal foco de tensión. La navegación permanecería sometida a episodios recurrentes de amenazas, inspecciones, restricciones parciales e incidentes de seguridad, aunque sin llegar a un cierre completo del estrecho.

La política interna de ambos países refuerza esta dinámica. En Irán, el fortalecimiento de los sectores más conservadores dificulta cualquier concesión relevante sobre una cuestión considerada estratégica y soberana. En Estados Unidos, donde en noviembre se celebran elecciones de mitad de mandato, las presiones políticas internas y la dificultad de aceptar un acuerdo que pueda interpretarse como una victoria iraní limitan igualmente el margen de maniobra.

Por ello, el escenario más plausible no parece ser ni una gran guerra regional ni una reconciliación duradera, sino una prolongación de la inestabilidad. Una situación en la que la tensión se mantenga bajo control, pero en la que cada incidente en Ormuz o Bab el-Mandeb pueda volver a poner en riesgo la seguridad energética mundial y la estabilidad de los mercados internacionales.

Israel, decisivo en la escalada

Israel sigue siendo uno de los actores más relevantes en la dinámica de seguridad regional. La situación actual le resulta relativamente favorable, ya que no está implicado directamente en una confrontación abierta con Irán mientras mantiene la presión sobre otros adversarios, especialmente en Líbano. Esta posición le permite evitar los costes de una guerra regional de gran escala al tiempo que continúa desarrollando sus objetivos estratégicos.

Desde la perspectiva de Tel Aviv, resulta prioritario que Estados Unidos mantenga una política de presión sostenida sobre Teherán. Esto le permitiría concentrar recursos en otros frentes considerados esenciales –como el debilitamiento de Hamás en la Franja de Gaza, la anexión paulatina de Cisjordania o la lucha contra Hezbolá en Líbano– mientras limita la capacidad de influencia regional iraní.


El Estado de Israel acelera su conquista y colonización de Cisjordania

La ausencia de una intervención israelí directa contra Irán puede interpretarse como una señal de contención y de voluntad de evitar una escalada inmediata. Sin embargo, esta postura no implica una renuncia definitiva al enfrentamiento.

Si Israel percibe que Washington está dispuesto a aumentar la presión militar sobre Teherán o considera que existe una oportunidad favorable para debilitar significativamente a la República Islámica, podría adoptar una actitud más agresiva y favorecer una nueva escalada regional.

Por ello, la posición israelí constituye uno de los principales factores de incertidumbre del conflicto. Mientras Tel Aviv considere que la presión estadounidense sobre Irán es suficiente, es probable que mantenga una estrategia indirecta.

No obstante, un cambio en los cálculos estratégicos israelíes podría acelerar la transición desde la actual confrontación contenida hacia un escenario de mayor inestabilidad regional.


Fuente: Descifrando la Guerra