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lunes, 12 de octubre de 2026

El balancín

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.

     Llevo varios días queriendo escribir una nueva entrada en el blog, pero me disperso, porque la actualidad es dispersa, porque la realidad es dispersa.

Hace unas pocas semanas lanzamos (en este caso el uso de la primera persona es un decir, porque yo he estado poco implicado) la iniciativa Alerta: El Niño, con su web y con la preparación de diversas actividades que se irán divulgando en las próximas semanas. El objetivo va más allá de crear conciencia sobre el riesgo que supone el Niño del 2026-2027 (cuyos valores actuales apuntan ya a que será el mayor Niño observado en 140 años); nuestro objetivo principal es que las autoridades, a todos los niveles, tomen medidas de precaución y adaptación con mucha antelación, sabiendo que el próximo verano la temperatura del planeta estará probablemente en +1,8ºC con respecto a la referencia preindustrial, y ya tenemos un 40% de probabilidad de que manera momentánea se llegue a +2.0ºC.


Una mujer paseando se refresca con un ventilador a la sombra durante una ola de calor en Lleida, España, el 13 de julio.

Al margen de si llegamos a valores tan extremos, está claro que los impactos serán muy fuertes en la cuenca del Pacífico ya en lo que queda de año (en la reciente inundación en Santiago de Chile una de las claves es que la precipitación en la montaña fue anómalamente en forma de lluvia en vez de nieve, debido al calor) y en el resto del mundo, a medida que la temperatura global aumente.


Los coches arrastrados por la corriente de agua y barro en Santiago de Chile.

Cabe esperar temperaturas aún más altas el próximo verano que las de este año, más incendios y tempestades más terribles. Particularmente, en el área mediterránea durante el otoño, debido al calor acumulado por el mar, que es uno de los que más se calienta del mundo. Este año, sin ir más lejos, la anomalía (diferencia con respecto a la media para la misma época del año) de la temperatura de la superficie del mar ya ha alcanzado los +6ºC en el Mediterráneo Noroccidental, que es la zona que más me afecta personalmente.

Esta semana, la lluvia ha azotado con especial fuerza en Cataluña, causando importantes inundaciones y, por desgracia, algunas personas muertas. El episodio que más me afecto fue el del sábado 3 de octubre. Yo me encontraba en Barcelona por una suerte de improvisada reunión familiar cuando me sorprendió la lluvia en compañía de mi hijo. A pesar de llevar paraguas y de no estar bajo el chaparrón más de 10 minutos, acabamos empapados. El agua se filtró en mi mochila y entró en uno de los puertos USB de mi portátil donde tenía conectado un adaptador de Wifi, el cual acabó desintegrándose unos días después y dejando inutilizando ese puerto (y espero que no haya más consecuencias, porque no está ahora la cosa como para ir cambiando de ordenador). Poco después del chaparrón, el president de la Generalitat, Salvador Illa, comparecía para anunciar que había riesgo de que se formar un mini-huracán (denominación desafortunada que han escogido en catalán para referirse a los medicanes). Pasadas las 16:00, nuestros móviles sonaban con el consabido mensaje de ES-ALERT y regresamos inmediatamente a casa. Al final no se formó el medicán, pero fue por poco: la tempestad ya estaba muy cerca de la tierra y no tuvo tiempo de intensificarse sobre el mar. Aún así, las precipitaciones fueron muy copiosas.

En este momento, el Mediterráneo es capaz de sostener tempestades con características tropicales. Y, lo más angustiante, los modelos meteorológicos no son capaces de predecir con anticipación estos fenómenos. Fallan sus parametrizaciones, porque fueron calculadas a partir de datos de un clima que ya no existe.


Imagen del satélite del sistema convectivo mesoescalar que afectó a Cataluña.

Ya esta semana, varios episodios de lluvias intensas han sido especialmente peligrosos, particularmente en Cataluña aunque en otras zonas de España se han registrado aguaceros terribles, inusuales e inesperados. Yo he pasado estos días en el País Vasco (un par de charlas, una clase de máster, presentación de mi último libro y participación en un congreso). Y todos esos días estuve bastante intranquilo, pensando en el riesgo para mi familia (en la charla de Bilbao me dieron ganas de abofetear al consabido negacionista que me salió con aquello de "el clima siempre ha cambiado"). Aunque en realidad nunca duermo del todo bien cuando estoy fuera de mi casa. Siempre estoy deseando volver. Volver a mi casa. Dormir en mi casa.

Eso mismo debía pensar Mari Carmen, la octogenaria madrileña que fue desalojada de su piso hace un par de semanas, después de haber vivido allí 71 años, ahí es nada. Ni su avanzada edad ni lo delicado de su salud supuso obstáculo alguno para los actuales propietarios del piso donde ella vivía de alquiler, ni para las fuerzas policiales que ejecutaron el desahucio. En realidad, el de Mari Carmen era uno más de los 44 desahucios que por media se ejecutan cada día en España, pero al mismo tiempo fue el más simbólico. Porque nada ha representado con más fuerza lo despiadado del mercado inmobiliario. Por eso, desde el primer día se produjeron movilizaciones por toda España, y se volvieron a plantar las tiendas de campaña de la gente que protesta, en una reminiscencia de aquel 15M de 2011, solo que 15 años después hay menos ingenuidad y la situación es en muchos aspectos peor. La muerte de Mari Carmen en el hospital donde estaba ingresada desde el desahucio ha contribuido a avivar la indignación de una buena parte de la población española.

He oído muchas opiniones de expertos (y de otros que no lo son tanto) sobre el problema de la vivienda. Al final, la cuestión es simple: las personas comunes deben ser capaces de pagarse una vivienda digna. Si hemos llegado a un punto en que los precios son tan altos que eso se hace imposible, quiere decir que algo está funcionando muy, muy mal. También la cuestión del precio de la vivienda es simple: el gran capital, falto de otras oportunidades de inversión, ha entrado en tromba en un mercado donde se vende un bien que es una necesidad básica, pues todo el mundo necesita un techo bajo el cual vivir. A los grandes capitales no les importa presionar el mercado al alza; de hecho, es lo que más le conviene, porque su retorno siempre va a ser proporcional a su inversión, y cuanto más se revaloricen los activos inmobiliarios, más oportunidad de inversión hay. El precio del alquiler está aproximadamente limitado por el valor de comprar la vivienda por medio de una hipoteca, así que también por eso al capital le interesa que el precio de la vivienda suba. Y en este momento que el capital necesita desesperadamente oportunidades de inversión, la especulación inmobiliaria campa a sus anchas no solo por España, sino por toda Europa, mientras que sus gobiernos, incapaces de comprender que va siendo hora de poner punto final al capitalismo, dejan hacer o ponen parches insuficientes.

La confusión y zozobra de los partidos tradicionales ante esta crisis terminal del capitalismo explica el posicionamiento suicida de la mayoría de, por no decir todos, los partidos políticos en España. Pero en un momento tan crítico, en el que hay un incipiente estallido social, quién ha marrado más es Junts, el partido conservador catalán. Incapaces de entender que en las actuales circunstancias era vital dar un poco de aire a tantas personas que viven en el filo de la navaja, o quizá porque se deben a grandes intereses empresariales inconfesables, no fueron capaces de votar a favor de la convalidación del decreto que unos días antes ellos mismos habían acordado. Y eso ha precipitado el fin de una legislatura que ya se tambaleaba en medio de tantos problemas domésticos y geopolíticos (y lo de Ceuta, más allá de la interpretación de los partidos conservadores, tiene más de lo segundo que de lo primero). Los partidos conservadores españoles confiaban en que los diversos escándalos que rodean al PSOE y la crisis de Ceuta les asegurarían una cómoda victoria cuando se convocaran las elecciones; pero la movilización por la vivienda, a la que torpemente han ridiculizado y ninguneado, puede hacerles perder otra oportunidad de gobernar. 

Nos vamos a unas elecciones que prometen ser las más reñidas en años. Y eso ocupa toda la actualidad mediática. Yo tenía que ir el próximo miércoles a una televisión a explicar por qué nuestros modelos meteorológicos no capturan bien la nueva realidad de las tormentas explosivas, qué papel tiene el mar en los procesos de intensificación de las mismas y qué cabe esperar por el Niño que viene. Pero no podrá ser: la actualidad manda. Por ese motivo también hemos aplazado una nueva fase de la campaña de "Alerta: el Niño", para que la actualidad no sepultase nuestros esfuerzos. Pero es obvio que necesitamos meter una cuestión tan crítica como el cambio tan drástico que se avecina para el próximo año en la agenda política y en la discusión pública. Y además, es una cuestión transversal a la de la vivienda: ¿cuántas de esas infraviviendas que se publicitan (a precios de oro, por cierto) en portales como el Idealista son habitables si la temperatura exterior supera los 45ºC? ¿Cuántas de esas buhardillas mal acondicionadas resistirán lluvias de más de 200 l/m² y vientos por encima de los 100 km/h? ¿Cuántas de las instalaciones eléctricas precarias seguirán funcionando cuando los oscilaciones en la red sean salvajes, y cuántas protegerán los electrodomésticos que están conectados?

Porque la crisis energética va siguiendo su curso. Las reservas de gas en Europa están más bajas de lo normal, dadas las dificultades globales para su aprovisionamiento, y ya se están haciendo llamamientos a que este invierno se reduzca el consumo de gas en un 7%, si queremos poder capear la estación de más consumo. La falta de gas natural y su encarecimiento está haciendo que se tomen más riesgos en la propia red eléctrica española, y así, el pasado 7 de octubre se activó por décima vez este año el Sistema de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD), un nombre rimbombante para decir que se le cortó el suministro a la industria porque no se podía producir suficiente electricidad. Un mecanismo de emergencia, que debería ser usado solo en situaciones límite y de manera puntual, se está convirtiendo en un factor clave y relativamente habitual para la estabilización de la red, con todos los riesgos que este modelo comporta.

Tras semanas de escaramuzas, en Ormuz arden los petroleros porque Irán se ha cansado del trapicheo de combustibles mientras que él ya no puede apenas exportar. Así que la carestía de combustibles continúa y se agudiza. El precio del diésel marca récords en Europa (hasta los 2,5€/l en Finlandia), en Francia sigue faltando algunos combustibles en las gasolineras, y en España el precio es algo mejor gracias a las refinerías propias, pero no se augura nada bueno. La situación es también crítica en los EE.UU., donde el precio del galón (3,79 litros) supera ya los 6 dólares, lo cual es un precio desorbitante para el estándar de ese país.

Donald Trump ya no sabe qué hacer. Hace unos días forzó a los países del G7 (principalmente, Francia y Alemania) a liberar sus reservas de diésel bajo la amenaza de que si no impondría una prohibición a la exportación de diésel desde los EE.UU. Pero lo liberado, en principio 100 millones de barriles, es principalmente petróleo, y de diversas calidades. La partida de diésel es probablemente no más de 20 millones de barriles, es decir, el equivalente a un día de consumo mundial. Un miserable día. Obviamente, eso va a hacer pocos cambios en la situación actual. Así que Trump, movido por la desesperación, ha anunciado un acuerdo con su homólogo ruso, Vladimir Putin, para la liberación de 1,8 millones de toneladas (unos 13,5 millones de barriles) de diésel de manera progresiva durante los próximos meses. Dado lo bocazas que es el magnate metido a presidente, habrá que ver cuánto de eso se materializa, y si Rusia tiene capacidad de suministrar tanto diésel, teniendo en cuenta los continuos ataques de Ucrania a sus refinerías. Además, 13,5 millones de barriles es menos de un día de consumo mundial, así que el alivio tampoco será gran cosa. Pero lo que sí que representa este movimiento es una bofetada a Ucrania, no solo porque lo que representa que EE.UU. rebaje la presión sobre Rusia, sino porque Europa se mantiene convenientemente callada, ansiosa por recibir parte de ese diésel - el nivel de mezquindad de nuestros líderes llega cada día a cotas más altas.

Pasa de todo, y pasa todo a la vez. El balancín sube y baja sin parar, aunque no nos movamos del sitio, solo nos mareamos por la velocidad.

En cuanto a mi, los próximos días están cargados de eventos: varias conferencias por toda España, algún congreso... Nada fuera de lo normal. Pero si no pasa algo imprevisto, el día 26 de octubre volveré a comparecer en el Parlament de Catalunya para valorar la proposición de ley sobre medidas urgentes para la protección de la seguridad climática: tendré 10 minutos para explicarles a los diputados y diputadas lo que considero yo, desde el punto de vista técnico, que es acertado y qué es mejorable. Antes de eso (y, de nuevo, si la actualidad no nos arrolla) iré, el viernes 16, a Catalunya Ràdio por primera vez en 4 años, desde que en antena se llamó al linchamiento de los científicos y científicas que publicamos un artículo técnico sobre los riesgos de la eólica marina. Cuatro años más tarde, el proyecto principal, el Parc Tramuntana, se encuentra en situación delicada. Una de las empresas asociadas, BlueFloat, se encuentra en fase de liquidación, aunque aquí en Cataluña nadie osa hablar de esto. Y eso no es todo: posiblemente vayamos al Parlamento Europeo a explicar el riesgo que supone el Niño 2026-2027, alrededor del día de la huelga general en España, el 11 de noviembre.

Todo eso, mientras preparo nuevos proyectos, publico artículos científicos que, espero, tendrán mucho impacto, presentamos resultados y alguna que otra posible sorpresa interesante sobre mi futuro profesional. Y mientras intento cuidar de mi familia, siempre a salto de mata, siempre corriendo, siempre sin mirar atrás, solo adelante. 

Porque todo es difuso, fluido y rápido. Muy rápido.

Cuídense. Esto va cada vez más rápido.


Fuente: The Oil Crash



viernes, 7 de agosto de 2026

Crisis migratoria de Ceuta: ¿Por qué los analistas chinos están mirando al Mossad?

 

 Por Nadia Helmy   
      Profesora asociada de Ciencias Políticas, Facultad de Política y Economía / Universidad de Beni Suef - Egipto. Experta en política china, relaciones sino-israelíes y asuntos asiáticos.


La crisis migratoria de Ceuta plantea interrogantes sobre Marruecos, España, el Mossad, China y la geopolítica de la frontera sur de Europa

   

  

    Migrantes esperan para cruzar al enclave español de Ceuta, desde el lado marroquí de la frontera en Fnideq, Marruecos, 31 de julio de 2026. 


     La extraordinaria crisis migratoria que se desató en Ceuta, ciudad del norte de África española, a finales de julio y principios de agosto de 2026, se ha convertido rápidamente en una cuestión geopolítica de mayor alcance.

Alrededor de 72.000 migrantes entraron en Ceuta en una semana, desbordando a las autoridades locales y provocando una respuesta de emergencia por parte de España y la Unión Europea. La magnitud del movimiento, el papel de la desinformación en las redes sociales y las dudas sobre los controles fronterizos de Marruecos han transformado lo que inicialmente parecía una emergencia migratoria en una disputa estratégica que involucra a España, Marruecos y la Unión Europea en general.

Este episodio también merece atención desde una perspectiva estratégica china. Pekín tiene importantes intereses económicos y geopolíticos en Marruecos, el norte de África, las rutas comerciales del Mediterráneo y los puertos europeos. Por lo tanto, un deterioro prolongado de las relaciones entre España y Marruecos, especialmente en torno a Ceuta y Melilla, podría tener consecuencias que trasciendan la política migratoria.

Al mismo tiempo, las afirmaciones de que el aumento de la migración fue organizado por el Mossad israelí o la Agencia Central de Inteligencia estadounidense deben tomarse con cautela. Actualmente no existe evidencia pública que demuestre que alguna de estas agencias orquestó el movimiento. Si bien tales alegaciones pueden formar parte de especulaciones de inteligencia o geopolíticas, no deben presentarse como hechos probados.

Una crisis migratoria amplificada por las redes sociales

Uno de los elementos más evidentes de la crisis es el papel que desempeña la información digital.

Según se informa, publicaciones falsas o engañosas en redes sociales contribuyeron a movilizar a la población hacia Ceuta, incluyendo afirmaciones sobre la apertura o el debilitamiento de los controles fronterizos españoles. Funcionarios europeos también han señalado la desinformación en línea y las redes de tráfico de migrantes como factores importantes en este episodio.

Esta distinción es importante. La existencia de movilización en línea no demuestra por sí sola que una agencia de inteligencia extranjera haya creado o dirigido la campaña.

Las redes sociales pueden acelerar los movimientos migratorios sin necesidad de una operación centralizada. Las expectativas económicas, la percepción de oportunidades, la información que circula en las comunidades migrantes y las acciones de las redes de tráfico de personas pueden interactuar rápidamente, generando movimientos que parecen altamente coordinados incluso cuando sus orígenes están descentralizados.

No obstante, la magnitud del episodio de Ceuta plantea una cuestión estratégica legítima: ¿fue el movimiento totalmente espontáneo, fue facilitado por redes criminales, fue tolerado o alentado por las autoridades marroquíes, o intentaron agentes externos explotar una crisis que ya se estaba desarrollando?

Actualmente, las pruebas públicas disponibles no ofrecen una respuesta definitiva.

El factor marroquí

La explicación alternativa más importante concierne al propio Marruecos.

Marruecos ya ha demostrado que la migración puede convertirse en un instrumento de presión diplomática sobre España. La crisis de Ceuta en mayo de 2021, cuando miles de migrantes entraron en la ciudad española tras la relajación de los controles fronterizos marroquíes, constituye un precedente importante.

La crisis de 2026 es considerablemente mayor. Las autoridades españolas y europeas están examinando el papel de las redes de tráfico de personas, la desinformación y la cooperación de Marruecos con la política migratoria europea. Los funcionarios de la UE han pedido una mayor cooperación con Marruecos, evitando al mismo tiempo una acusación pública definitiva de que Rabat orquestó deliberadamente la crisis.

Esto hace que el concepto de migración como presión política híbrida sea más útil que la suposición de que la crisis fue necesariamente dirigida por un servicio de inteligencia extranjero.

Un Estado no necesita necesariamente organizar cada movimiento migratorio individual para explotar la migración estratégicamente. La relajación deliberada de los controles fronterizos, la aplicación selectiva de la ley o la falta de intervención pueden generar presión política al tiempo que permiten una negación plausible.

Si eso ocurrió en este caso es una cuestión que requiere mayor investigación.

Por qué Ceuta y Melilla son importantes

Ceuta y Melilla son ciudades autónomas españolas del norte de África y forman parte de España y de la Unión Europea. Marruecos disputa la soberanía española sobre ambas ciudades y ha mantenido sus reivindicaciones territoriales durante décadas. Las autoridades españolas, por su parte, consideran que su estatus de territorio español es innegociable.

La disputa adquirió una nueva dimensión internacional a principios de 2026, cuando un informe del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos describió a Ceuta y Melilla como ciudades administradas por España ubicadas en territorio marroquí y se refirió a la antigua reivindicación de Marruecos sobre ellas. El informe instó al secretario de Estado estadounidense a promover el diálogo diplomático entre Madrid y Rabat sobre su futuro estatus.

Esto tuvo una gran importancia política, pero no debe confundirse con una resolución formal del Congreso que reconozca la soberanía marroquí.

No obstante, la redacción representó un cambio notable con respecto a la forma en que normalmente se aborda la postura de España sobre las dos ciudades en Washington. Los funcionarios españoles respondieron haciendo hincapié en que el carácter español de Ceuta y Melilla no estaba en entredicho.

El momento elegido hace que el asunto sea particularmente delicado. Cualquier percepción de que Washington se está volviendo más receptivo a la postura de Marruecos podría afectar los cálculos estratégicos de Madrid y Rabat.

¿Podrían las agencias de inteligencia extranjeras aprovechar la crisis?

Aquí es donde surgen las afirmaciones más controvertidas en torno a la crisis de Ceuta.

La posibilidad de que agencias de inteligencia extranjeras intenten explotar una crisis migratoria no es del todo descabellada. Los grandes movimientos migratorios pueden generar inestabilidad política, influir en las elecciones, intensificar la polarización y ejercer presión sobre los gobiernos. Los servicios de inteligencia monitorean habitualmente estas vulnerabilidades.

Pero existe una distinción esencial entre monitorear o explotar una crisis y crear la crisis.

Actualmente no existen pruebas públicas que demuestren que el Mossad organizara el traslado de migrantes marroquíes hacia Ceuta. Tampoco hay pruebas públicas suficientes para establecer que la CIA coordinara la operación.

Por lo tanto, las afirmaciones en este sentido deben considerarse hipótesis que requieren pruebas, más que conclusiones.

No obstante, Israel tiene un potencial interés estratégico en la dirección de la política exterior española. España ha adoptado posturas sobre el conflicto israelí-palestino que, en ocasiones, han generado importantes fricciones diplomáticas con Israel. Esto crea un posible motivo para analizar si actores opuestos a las políticas de Madrid podrían intentar explotar las vulnerabilidades internas de España.

Pero el motivo por sí solo no es prueba de que se haya llevado a cabo una operación.

Una evaluación de inteligencia seria requeriría pruebas de capacidad, comunicaciones, flujos financieros, vínculos operativos, reclutamiento, actividad cibernética u otros indicadores que conecten a una agencia en particular con las redes de migración.

Ninguno de esos vínculos se ha demostrado públicamente en el presente caso.

Los Hermanos Musulmanes y el peligro de confundir ideología con operaciones

Otro elemento controvertido del debate concierne a los Hermanos Musulmanes y otros movimientos islamistas.

Existen vínculos ideológicos históricos entre los Hermanos Musulmanes y varias organizaciones islamistas que operan en Oriente Medio y el Norte de África. El Movimiento Islámico en Israel también mantiene una relación histórica con la tradición ideológica más amplia de los Hermanos Musulmanes.

Sin embargo, eso no establece una coordinación operativa entre estos movimientos y el Mossad, la CIA o las redes de migración marroquíes.

La existencia de organizaciones políticas islamistas en Marruecos tampoco demuestra que ellas organizaran los cruces de Ceuta.

La distinción es fundamental. La afinidad ideológica, la influencia histórica y la cooperación organizativa son tres cosas distintas. Un artículo sobre inteligencia y competencia geopolítica no debería tratarlas como sinónimos.

El simbolismo de al-Ándalus

La memoria histórica de al-Ándalus ha desempeñado durante mucho tiempo un papel importante en algunos discursos políticos islamistas y musulmanes en general. Las referencias a Al-Ándalus pueden evocar la presencia histórica de la civilización musulmana en la península ibérica y, por lo tanto, pueden tener un considerable significado emocional e ideológico.

Ese simbolismo merece ser examinado en el contexto de los debates sobre Ceuta y Melilla.

Sin embargo, actualmente no existen pruebas suficientes para concluir que las referencias a la “reconquista de Andalucía” se utilizaran como parte de una operación de inteligencia coordinada para enviar inmigrantes marroquíes a Ceuta.

Si existe tal conexión, debe demostrarse mediante pruebas específicas: campañas documentadas en redes sociales, organizaciones identificables, mensajes coordinados, vínculos financieros o comunicaciones entre los actores involucrados.

Sin tales pruebas, el simbolismo andalusí debería tratarse como objeto de análisis político e histórico, en lugar de como prueba de una operación de inteligencia.

¿Y qué hay del Gran Oriente Medio?

El debate geopolítico más amplio a veces relaciona los conflictos contemporáneos de Oriente Medio con la agenda de reformas del "Gran Oriente Medio" o del "Gran Oriente Medio y Norte de África" ​​de Estados Unidos de principios de la década de 2000.

La iniciativa en sí era real. La administración de George W. Bush la asoció públicamente con la reforma política, económica y social, una mayor libertad y el desarrollo en Oriente Medio y el Norte de África.

Pero no hay pruebas de que la iniciativa estuviera diseñada para utilizar la migración marroquí con el fin de desmantelar estados árabes, establecer gobiernos proisraelíes u organizar el movimiento de migrantes hacia Ceuta.

Esas afirmaciones van mucho más allá de los registros históricos documentados.

Esta distinción es importante porque las iniciativas políticas históricas pueden influir en el análisis geopolítico actual sin aportar pruebas de cada conspiración contemporánea que se les atribuye.

¿Por qué le importaría a China?

La dimensión china se fundamenta más fácilmente en intereses estratégicos observables.

China ha expandido su presencia económica y diplomática en el norte de África y el Mediterráneo. Marruecos reviste especial relevancia para Pekín debido a su posición geográfica, su desarrollo industrial, su infraestructura, su potencial logístico y su acceso a los mercados europeos y africanos.

La estabilidad de los puertos mediterráneos y las rutas comerciales marítimas también es importante para los intereses comerciales más amplios de China.

Desde esta perspectiva, Pekín tiene una razón legítima para monitorear una crisis que involucra simultáneamente:

  • España y la Unión Europea;

  • Marruecos y el norte de África;

  • Migración y seguridad fronteriza;

  • Comercio mediterráneo;

  • Estabilidad política europea;

  • Y la relación estratégica entre Washington, Madrid y Rabat.

Una crisis prolongada entre España y Marruecos podría generar consecuencias económicas y logísticas que se extiendan más allá de la frontera inmediata.

Esto no implica que un servicio de inteligencia chino crea que el Mossad fue el causante de la crisis. China puede estar preocupada por las consecuencias de la inestabilidad sin respaldar una explicación concreta sobre sus orígenes.

La cuestión de la inteligencia china

Las instituciones militares y de inteligencia chinas examinan de forma rutinaria la evolución de la seguridad internacional, incluyendo la inestabilidad política, la migración, las infraestructuras estratégicas, las rutas marítimas y las actividades de las potencias extranjeras.


Post en Instagram de Mimoun Aabou.

Sin embargo, las afirmaciones relativas a evaluaciones específicas de inteligencia china clasificadas requieren un alto estándar probatorio.

La información disponible públicamente no permite establecer que el Ministerio de Seguridad del Estado de China, o específicamente alguna oficina del MSS, haya llegado a la conclusión de que el Mossad organizó la crisis migratoria de Ceuta.

Por consiguiente, las referencias a la "inteligencia china" en los debates sobre este episodio deben entenderse como interpretaciones analíticas, a menos que se pueda identificar un documento chino específico, una evaluación de inteligencia o una fuente atribuible.

Esto cobra especial importancia al analizar la supuesta evaluación que China hace de Israel, Estados Unidos o los Hermanos Musulmanes. El discurso oficial y estratégico chino suele ser muy crítico con las operaciones de inteligencia extranjeras y los movimientos políticos transnacionales, pero estas posturas generales no deben interpretarse automáticamente como prueba de una conclusión de inteligencia específica sobre Ceuta.

Cuatro explicaciones contrapuestas

La evidencia disponible sugiere que al menos cuatro hipótesis merecen ser examinadas.

En primer lugar, la movilización espontánea. Los incentivos económicos, la percepción de una oportunidad para entrar en Europa, las redes sociales y la desinformación en línea pueden haber producido un movimiento rápido sin una dirección central.

En segundo lugar, la facilitación de actividades delictivas. Es posible que las redes de contrabando hayan explotado la situación y amplificado el movimiento para obtener beneficios económicos.

En tercer lugar, la instrumentalización marroquí. Es posible que Rabat haya tolerado o facilitado el movimiento como medio para presionar a España, de forma deliberada o no. La crisis de Ceuta de 2021 hace que esta hipótesis sea especialmente relevante.

En cuarto lugar, la explotación extranjera. Es posible que agentes políticos o de inteligencia externos hayan intentado explotar la crisis o influir en sus consecuencias políticas.

Estas posibilidades no son mutuamente excluyentes.

Una crisis migratoria puede comenzar de forma orgánica, ser facilitada por redes criminales, ser tolerada por un Estado y posteriormente ser explotada por agentes extranjeros.

Por eso, atribuir todo el episodio a un único servicio de inteligencia sin pruebas conlleva el riesgo de simplificar en exceso lo que podría ser una crisis híbrida mucho más compleja.

Qué significa la crisis de Ceuta para Europa

Sean cuales sean sus orígenes, la magnitud de la afluencia de 2026 ha demostrado la vulnerabilidad de la frontera sur de Europa ante las repentinas perturbaciones migratorias.

Los ministros del Interior de la UE ya han debatido sobre una mayor cooperación con países no pertenecientes a la UE, el intercambio de información de inteligencia, la vigilancia de las redes sociales, las medidas contra el tráfico ilícito de migrantes y el refuerzo de la seguridad fronteriza.

Por lo tanto, es probable que la crisis influya en los debates europeos mucho más allá de España.

También demuestra la influencia política que poseen los países que cooperan con Europa en el control de la migración. Marruecos ocupa una posición particularmente importante en este sistema debido a su proximidad con España y su papel en la gestión de las rutas migratorias hacia la UE.

Para España, el reto principal ya no reside simplemente en cómo controlar una frontera, sino en cómo evitar que la política migratoria se convierta en una fuente de vulnerabilidad estratégica.

Una crisis mayor que la migración

Por lo tanto, la crisis de Ceuta debe entenderse en varios niveles simultáneamente.

En el plano humanitario, decenas de miles de personas se vieron involucradas en un movimiento extraordinario que desbordó la capacidad local.

En el plano político interno, este episodio está avivando los debates sobre inmigración, control de fronteras y la relación de España con Marruecos.

A nivel bilateral, plantea nuevas interrogantes sobre las antiguas reivindicaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla y sobre el futuro de las relaciones hispano-marroquíes.

A nivel europeo, pone de manifiesto la dependencia de la UE de la cooperación con los estados vecinos para gestionar la migración irregular.

En el plano geopolítico, la crisis se entrecruza con la evolución de las relaciones entre Estados Unidos y Marruecos, la política española en Oriente Medio y la competencia estratégica más amplia en torno al norte de África y el Mediterráneo.

Desde la perspectiva de China, la inestabilidad en Marruecos, España y el Mediterráneo puede afectar al entorno económico y estratégico en el que operan los proyectos chinos de comercio, inversión y conectividad.

Por lo tanto, la pregunta más importante quizás no sea si el Mossad está detrás de la crisis.

La cuestión más trascendental es quién puede explotar la crisis, quién se beneficia de ella y si la migración se está convirtiendo en un instrumento cada vez más importante de competencia geopolítica entre estados.

Esa cuestión puede investigarse utilizando las pruebas que ya están surgiendo.

Por ahora, la información pública disponible respalda la existencia de una grave crisis migratoria, exacerbada por la desinformación y que plantea serias dudas sobre la gestión de fronteras y las relaciones marroquí-españolas. Sin embargo, aún no se puede demostrar que el Mossad, la CIA, los Hermanos Musulmanes o cualquier otra organización de inteligencia extranjera orquestaran el movimiento.

Esa distinción es esencial, no solo para comprender lo que sucedió en Ceuta, sino también para evaluar lo que podría suceder a continuación.


Fuente: Modern Diplomacy

jueves, 6 de agosto de 2026

La verdadera historia detrás de la entrada masiva de migrantes en Ceuta

 

 Por Stephen Zunes   
      Profesor de Política y director de Estudios sobre Oriente Medio en la Universidad de San Francisco.



El eje EEUU-Israel-Marruecos pretende debilitar a un gobierno europeo progresista, dividir a la UE y socavar el derecho internacional y los derechos humanos


Donald Trump junto al ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, en una reunión de la Junta de Paz en enero de 2026.


     Lo que provocó las escenas de la semana pasada, en las que 50.000 marroquíes y otras personas entraron en masa en el enclave español de Ceuta, es más complicado de lo que parece. Ceuta es una de las dos ciudades autónomas españolas situadas en la costa norte de Marruecos; llevan siglos habitadas por población española y, al igual que las Islas Baleares en el Mediterráneo y las Islas Canarias en el Atlántico, son territorios españoles reconocidos.


Decenas de miles de marroquíes y personas de otras nacionalidades entraron en la pequeña ciudad de Ceuta, España, el jueves 30 de julio de 2026.

Al ser la única parte de la Unión Europea que tiene una frontera terrestre con un país africano, ha sido durante mucho tiempo un destino para migrantes desesperados por cruzar esa frontera internacional fuertemente fortificada.

Sin embargo, las personas que entraron en Ceuta –también las docenas que se ahogaron al intentar sortear la valla fronteriza que se adentra en el mar– no respondían al clásico perfil de refugiado. Las imágenes muestran que casi ninguno llevaba maletas u otras pertenencias personales. También hay vídeos en los que se ven camiones llenos de jóvenes, aparentemente organizados por el Gobierno marroquí, que son trasladados hasta las afueras de Ceuta, así como escenas en las que guardias fronterizos marroquíes les permiten el paso.




Incluso hay indicios de que, entre la multitud, había agentes de los servicios de inteligencia marroquíes, en un aparente intento de recabar información sobre la seguridad fronteriza y la respuesta de las autoridades españolas.


La Guardia Civil detecta a agentes de inteligencia de Marruecos entre los migrantes que se colaron en Ceuta.

En todo caso, la llegada simultánea de decenas de miles de personas a la frontera, difícilmente podría haberse producido sin un importante apoyo logístico.

Esta provocación parece haber sido diseñada por el régimen marroquí para poner en aprietos al presidente del Gobierno español.


La afluencia de migrantes a Ceuta supone un quebradero de cabeza diplomático para España.

Pedro Sánchez, en respuesta a sus esfuerzos por estrechar relaciones con Argelia, rival geopolítico histórico de Marruecos y proveedor clave de gas natural, un recurso cuya disponibilidad se ha visto mermada como consecuencia de las guerras de Ucrania e Irán. Sánchez se había reunido con el presidente argelino la semana anterior. Marruecos orquestó un episodio similar en 2021, cuando facilitó una entrada masiva de personas, en represalia por la decisión de España de permitir la entrada en el país, para recibir tratamiento médico, de Brahim Ghali, el presidente del Sáhara Occidental, cuya soberanía reclama Marruecos.


Personas del Sáhara Occidental refugiadas en el desierto.

Quizá no sea una coincidencia que esto ocurra en un momento en el que los gobiernos estadounidense e israelí han mostrado un profundo malestar con el Ejecutivo español por su apoyo a los derechos del pueblo palestino y su oposición a la guerra de Irán.

Trump ha calificado a España de “caso perdido”, y ha asegurada que está dirigida por “gente mala”, en respuesta a la negativa de Pedro Sánchez a aumentar el presupuesto militar del país tanto como él exigía y, en particular, a no permitir el uso de las bases militares estadounidenses en territorio español para la guerra contra Irán o a autorizar el sobrevuelo de aviones militares estadounidenses. El mes pasado, Trump ordenó al secretario del Tesoro que recortara los lazos comerciales con España, a pesar de que es una propuesta inviable debido a la pertenencia de España a la UE, y busca otras formas de castigar al país.

Teniendo en cuenta que Trump ha desarrollado una mayor afinidad con monarcas árabes represivos, como el rey Mohammed VI de Marruecos, que con los aliados europeos tradicionales, quizá no resulte tan sorprendente que optara por criticar más que por  defender a un aliado de la OTAN que se enfrenta a una violación de su territorio soberano.

Dirigentes y políticos estadounidenses aliados con Trump han apoyado abiertamente la idea de que Marruecos asuma el control de los dos territorios españoles de Ceuta y Melilla. Michael Rubin, del American Enterprise Institute, defiende que Marruecos conquiste las ciudades autónomas, y el diputado Mario Díaz-Balart (republicano por Florida), que preside la subcomisión de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes y es uno de los enlaces más cercanos del secretario de Estado, Marco Rubio, en el Congreso, declaró recientemente que los enclaves “no se encuentran en el territorio geográfico de España”, sino que –a pesar de no haber formado parte de Marruecos durante más de 600 años– están “en el territorio de Marruecos”.

Del mismo modo, un artículo publicado en marzo en el medio de comunicación israelí de derecha ynet instaba directamente a Israel a apoyar las reivindicaciones irredentistas de Marruecos como forma de desacreditar la oposición del Gobierno español a la ocupación israelí, insistiendo en que la propia España era un ocupante.

De hecho, funcionarios del Gobierno israelí y defensores proisraelíes en Estados Unidos han insistido en el mensaje de que el Gobierno español es un opresor colonialista y, por lo tanto, no tiene derecho a criticar a Israel, ignorando el hecho de que en los enclaves la mayoría de la población es de etnia española y hay pocos indicios de que incluso sus residentes de etnia árabe y bereber prefieran vivir bajo la monarquía autocrática marroquí.

Si bien la presencia de cualquier territorio europeo en suelo africano es sin duda problemática, independientemente de su historia y demografía particulares, cuesta imaginar que estas figuras de la derecha estén realmente motivadas por el anticolonialismo.

Además, la oleada de cruces fronterizos ha generado imágenes que los partidos de extrema derecha en Europa están utilizando para afirmar que existe una crisis de refugiados incontrolable, lo que alimenta los ataques racistas y xenófobos contra Sánchez y otros gobiernos de izquierdas por permitir una “invasión” extranjera del territorio de la UE. Los gobiernos conservadores europeos han exigido que España sea expulsada del Espacio Schengen, que permite la libre circulación sin pasaporte por la mayor parte de Europa, a pesar de que España mantiene un estricto control migratorio interno entre las ciudades autónomas y la península Ibérica y de que ninguno de los 50.000 que cruzaron de manera ilegal a Ceuta ha logrado llegar al continente europeo.

Mientras tanto, en Estados Unidos, el vicepresidente JD Vance achacó los cruces fronterizos a “las políticas globalistas de la izquierda radical que han permitido la invasión de Occidente”, mientras que Trump advirtió de que escenas similares a las de las decenas de miles de personas de piel oscura que asaltan la frontera en Ceuta se producirían también en Estados Unidos si los demócratas volvieran al poder.

Irónicamente, en lugar de ser anticolonialista, el propio Marruecos es una potencia colonial que ha invadido, ocupado, anexionado y colonizado ilegalmente la nación del Sáhara Occidental, un Estado miembro de pleno derecho de la Unión Africana y reconocido por las Naciones Unidas como territorio no autónomo. Estados Unidos e Israel son los únicos dos países que reconocen formalmente que ese país ocupado se encuentra bajo la soberanía marroquí.

Marruecos lleva mucho tiempo utilizando la amenaza de abrir las compuertas de migrantes hacia España y otros países europeos para obtener concesiones políticas y económicas, incluso en lo que respecta al Sáhara Occidental. Esto llevó incluso a Sánchez, poco después del incidente de 2021 en Ceuta, a respaldar el dudoso “plan de autonomía” de Marruecos para el Sáhara Occidental, que anularía el derecho a la autodeterminación de los saharauis y sentaría el peligroso precedente del reconocimiento internacional de la expansión territorial de un país por la fuerza. Otros gobiernos europeos de izquierdas han hecho lo mismo, dispuestos a sacrificar los principios jurídicos internacionales por temor a que un flujo masivo de refugiados perjudicara su capital político y reforzara a la extrema derecha.

La operación de entrada masiva a Ceuta forma parte de una larga tradición marroquí de aparentar ser “anticolonialistas” como tapadera de su propio colonialismo. Paralelamente a una invasión armada, Marruecos reunió a 300.000 marroquíes desarmados en la “Marcha Verde” de 1975 para reclamar el Sáhara Occidental cuando este estaba a punto de independizarse de España. La conquista, apoyada discretamente por Estados Unidos, contravino directamente una decisión histórica de la Corte Internacional de Justicia y una serie de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que exigían la autodeterminación del pueblo saharaui. La brutal ocupación militar persiste hasta el día de hoy.

Los recientes cruces fronterizos no constituyeron, por tanto, ni una auténtica crisis humanitaria ni una lucha anticolonial, sino que formaban parte de los esfuerzos del creciente eje EEUU-Israel-Marruecos –codificado y reforzado por los denominados Acuerdos de Abraham– para debilitar a un gobierno europeo progresista, dividir a la UE y socavar el derecho internacional y los derechos humanos.



Fuente: Ctxt