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viernes, 4 de septiembre de 2026

Las sanciones de EEUU contra el colectivo digital italiano Autistici/Inventati llegan a Europa

 

 Por Pedro Castrillo   
      Política y cultura, desde Italia y desde abajo.


El Departamento del Tesoro de EEUU afirma que el colectivo, nacido de los centros sociales italianos, ofrece soporte digital a “células de Antifa y otros violentos extremistas ultraizquierdistas”


El presidente Donald Trump y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, conversan durante un receso en la cumbre del G7, el lunes 16 de junio de 2025, en Kananaskis, Alberta, Canadá.


     El pasado 26 de agosto, los Departamento de Estado y del Tesoro de EEUU anunciaban en sus webs la decisión de clasificar al colectivo Autistici/Inventati (A/I) como “organización terrorista global” (Specially Designated Global Terrorist), con la consiguiente aplicación de sanciones. El colectivo toscano, nacido en 2001 tras las experiencia de Indymedia Italia y el G8 de Génova, aloja actualmente alrededor de 20.000 cuentas de correo electrónico, 1.500 webs, 5.500 listas de correo y 10.000 blogs.


Autistici-Inventati

En su anuncio, el Departamento del Tesoro afirma que el colectivo italiano ofrece soporte digital a “células de Antifa [sic] y otros violentos extremistas ultraizquierdistas”, mientras que el Departamento de Estado ha justificado la acción considerando que “el grupo se ha convertido en nodo central de una campaña transnacional llevada a cabo por redes violentas y criminales de extrema izquierda para desestabilizar a EEUU y sus socios en toda Europa, el hemisferio occidental y más allá”.

En el mismo comunicado se citan los sabotajes al oleoducto transalpino TAL del pasado marzo y ataques a infraestructuras ferroviarias y energéticas alemanas, en los que las herramientas digitales de A/I habrían sido usadas por “los militantes para difundir información sobre los objetivos, así como manuales tácticos y técnicos, y comunicados respecto a los ataques”. Las acusaciones implican también a algunos grupos estadounidenses, como Rose City Antifa, Jane’s Revenge y “una célula anarquista” de Atlanta, quienes habrían utilizado los servicios de A/I, entre otras cosas, para difundir datos personales de agentes del ICE.

Junto con el colectivo italiano, los Departamentos de Estado y del Tesoro han incluido en la lista de entidades y personas proscritas como “terroristas” a otras dos organizaciones, vinculadas al colectivo A/I por ser usuarios de sus plataformas: la organización británica Palestine Action y la red filopalestina Masar Badil. No obstante, existe una diferencia fundamental en la acusación al colectivo Autistici/Inventati: a este no se le imputa acción alguna, simplemente el hecho de gestionar los servicios comunicativos utilizados por personas que, supuestamente, han cometido acciones “terroristas”.

El poder real de las sanciones

La orden ejecutiva esgrimida por los Departamentos de Estado y del Tesoro —cuya primera versión fue firmada por Bush Jr. pocos días después del 11-S—, establece el congelamiento de los bienes del grupo “terrorista” en cuestión que se encuentren en territorio estadounidense. Puesto que A/I no posee ninguno, la congelación es, de facto, un acto vacío. El efecto real se produce a posteriori, porque la orden ejecutiva prevé además la sanción de cualquier entidad estadounidense que dé cobertura, directa o indirectamente, al sujeto “terrorista”, incluyendo bancos, servicios de hosting, sistemas de pago, plataformas de donaciones o proveedores digitales de todo tipo. Normalmente ninguna de estas entidades espera a la sentencia para decidir qué hacer: cierran el grifo inmediatamente como precaución ante posibles consecuencias económicas o penales.

Así, a menos de 48 horas del anuncio resultaba ya imposible acceder a la web www.autistici.org, a pesar de que el Gobierno de EEUU hubiera dado hasta el 25 de septiembre a las entidades implicadas para adecuarse a las sanciones.

Según ha comunicado A/I, el bloqueo se debió a que el sistema DNS (Domain Name System), encargado de traducir el nombre de todas las webs y servicios de Internet al lenguaje numérico de los servidores, había dejado de funcionar. En otras palabras, el dominio “autistici.org” había perdido su significado digital. Por ese mismo motivo, quedaban bloqueadas también miles de cuentas de correo electrónico y otros servicios gestionados por el colectivo. Pocas horas después, Noblogs.org, la plataforma de blogging de A/I, quedaba expuesta a un problema de seguridad, obligando al colectivo a mantenerla temporalmente offline para resolver el problema.


NoBlogs.org

En medio de un torbellino de comunicaciones con usuarios, periodistas y abogados, A/I se puso manos a la obra para poner de nuevo en funcionamiento todos los servicios. A final del día, el servicio de correo era de nuevo accesible y la plataforma Noblogs.org estaba de nuevo en línea, si bien en modo de solo lectura. El colectivo informaba el domingo de que seguiría trabajando para recuperar el funcionamiento de todos los servicios.

Pero los efectos de las sanciones van más allá de Internet. El mismo viernes por la tarde, Banca Popolare Etica —la matriz italiana de la española Fiare— comunicaba al colectivo su intención de concluir su relación bancaria, por considerarla, en el actual contexto, excesivamente arriesgada. Quedaba así bloqueada la cuenta corriente del colectivo en la que se recogen las donaciones al grupo, única fuente de financiación del proyecto. La decisión fue inmediatamente criticada por miles de clientes del banco, que iniciaron una recogida de firmas para pedirle a la dirección que diese marcha atrás.

Por su parte, en un comunicado de prensa, el banco explicaba que, de mantener abierta la cuenta de A/I, “podría ser objeto de “sanciones secundarias”, que implican el cese de todos los servicios dependientes de intermediarios estadounidenses: esto derivaría en la imposibilidad para todos los clientes de Banca Etica de utilizar cualquier tarjeta de crédito o débito —que actualmente dependen del monopolio que ejercen de facto los operadores estadounidenses—, así como la imposibilidad de efectuar pagos en áreas no euro, para los cuales son necesarios intermediarios financieros casi siempre estadounidenses”.

Caza de brujas anti-antifascista

El ataque contra A/I, Palestine Action y Masar Badil representa el primer acto operativo de la campaña internacional lanzada por Marco Rubio en una cumbre celebrada en Washington el pasado julio contra el “terrorismo de izquierdas”, cuyo prólogo había sido la designación de “Antifa” como grupo terrorista en 2025. La invención de esta presunta organización —de la que no se conoce estructura, dirección, jerarquía, programa unitario ni sistema de pertenencia alguno— está funcionando como teorema para la construcción de un enemigo doméstico en EEUU, pero también a nivel internacional, gracias a la colaboración de los distintos partidos y organizaciones afines al trumpismo.

El objetivo declarado de la cumbre era la creación de una plataforma de cooperación represiva. Más concretamente, “ahogar el financiamiento del terrorismo político”, en palabras del multimillonario y secretario del Tesoro, Scott Bessent, encargado en aquella cita de ilustrar los planes de su Departamento para luchar contra “una de las principales amenazas para la seguridad de EEUU”. En ese contexto, algunas fuentes han señalado que en las últimas semanas el viceasistente de Trump, Sebastian Gorka, habría requerido informaciones sobre grupos de izquierdas a por lo menos veinte embajadas estadounidenses, incluida la italiana. Resulta lógico pensar que la actuación contra el colectivo A/I sea en parte consecuencia de dichos intercambios.

Se perfila así un ataque político, más que legal, contra el colectivo A/I. Consideremos el núcleo de las acusaciones del Departamento de Estado, esto es, que las herramientas digitales gestionadas por A/I están diseñadas específicamente para dar apoyo a supuestas organizaciones terroristas. Una acusación que cae por sí sola: sindicatos de base, asociaciones culturales, plataformas de vecinas y colectivos de todo tipo utilizan cotidianamente los servicios de A/I, sin haber recibido por parte del Estado italiano ninguna acusación de terrorismo. Y considerando el nivel creciente de represión política del Gobierno de Meloni, eso es mucho decir.

Dicha acusación resulta aún más ridícula considerando lo que declara el propio colectivo en sus términos de servicio, los cuales prohíben “utilizar los servicios para cualquier objetivo de tipo militar, incluida la difusión de informaciones o material didáctico relacionados con armas de fuego y relativas técnica de combate, guerra cibernética, desarrollo y producción de armas”.

Por otro lado, que la motivación para esta caza de brujas es ideológica lo indica el propio Departamento de Estado en sus declaraciones, cuando justifica las sanciones diciendo que “Autistici/Inventati se identifica a sí mismo como una organización ‘antifascista’ y ‘antimilitarista’, contraria al capitalismo” y que “ofrece sus servicios únicamente a individuos, colectivos y grupos que considera alineados con su ideología”. En otras palabras: el Gobierno de Trump ataca a A/I no por los servicios que ofrece en sí mismos —técnicamente muy parecidos a los de cualquier otro proveedor digital—, sino por sus motivaciones de fondo. De otra forma, el Departamento de Estado se habría apresurado a aplicar las mismas sanciones a Meta, por haber alojado, por ejemplo, la retransmisión en directo en Facebook de una masacre supremacista blanca, o a Google, puesto que una dirección de su servicio de correo electrónico difundió el manifiesto que reivindicaba esa misma masacre.


Supremacismo Blanco.

Por su parte, en un comunicado de prensa del 29 de agosto, el colectivo declaraba: “Rechazamos las acusaciones y reiteramos que nuestra actividad consiste en ofrecer herramientas de autodefensa digital e infraestructura para la libertad de comunicación. […] No nos pararemos y seguiremos haciendo lo que siempre hemos hecho, oponiéndonos con todos los medios a las falsas acusaciones construidas por una administración políticamente desesperada cuyo único objetivo es distraer a personas y medios de su propia violencia y deseo de guerra”.

Keep the Internet free!

Desde que se conoció la noticia de las sanciones a A/I, han sido innumerables las muestras de solidaridad hacia el colectivo digital, reflejo de lo mucho que su trabajo representa desde hace décadas para la actividad política, cultural y social cotidiana de infinidad de grupos, en Italia y el extranjero. Pero la fuerza de A/I no es solo material, también simbólica. En un momento histórico en que el sueño de la Internet libre parece enterrado, A/I representa una alternativa real, un modelo opuesto al de los gigantes tecnológicos, cuyo único objetivo es obtener beneficios y poder a partir del extractivismo de datos y la manipulación de la opinión pública.

En un cuarto de siglo, A/I ha contribuido a cambiar la forma de estar en red de una enorme colectividad, conservando la lección del viejo ”Do it yourself, become the media” (hazlo tú mismo/a, conviértete en el medio). Lo ha hecho no perfilando a sus usuarios en modo alguno, no construyendo un mercado que explota sus datos, defendiendo el anonimato y la privacidad, intentando, en suma, mantener espacios de comunicación libres y ajenos a las lógicas comerciales. Su lema “socializar saberes sin fundar poderes” describe perfectamente esa anomalía. Y es precisamente su autonomía, más que el hecho de que dé cobertura a uno u otro grupo, lo que hace políticamente significativo el ataque contra el colectivo. Y lo que hace necesario, hoy más que nunca, defender la alternativa que Autistici/Inventati representa.


Fuente:
El Salto

domingo, 30 de agosto de 2026

“El truco desesperado del ‘lobby’ israelí en EEUU es afirmar que lucha por la civilización judeocristiana”

 

 Por Sebastiaan Faber   
       Profesor de Estudios Hispánicos en Oberlin College, Ohio.   


La civilización judeocristiana.


     El poderoso lobby israelí en Estados Unidos –financiado por un puñado de multimillonarios reaccionarios, prepotentes y aficionados al chantaje– ha tenido una influencia sumamente tóxica no solo en la política y vida civil norteamericanas, sino también en el ecosistema político de Israel y en el mismo orden mundial. En las últimas décadas, son tres los factores que han intensificado esta toxicidad: el final de la Guerra Fría; la radicalización de la vida política israelí; y la decisión de la Corte Suprema en el caso Citizens United de abrir la vida política estadounidense a cantidades ilimitadas de dinero, justo cuando una porción cada vez mayor del poder económico nacional quedaba concentrada en manos de una nueva clase de hiperricos. Desde 2010, Citizens United ha multiplicado la influencia política de donantes multimillonarios (e hiperconservadores) como los hermanos Koch y el matrimonio Adelson. Dado, además, que las políticas y actuaciones del país liderado por Benjamin Netanyahu –el genocidio perpetrado en Gaza; el muro de Cisjordania; las violaciones constantes de derechos humanos en los territorios ocupados y otras políticas inspiradas por la idea ultraderechista del Gran Israel– son cada vez más difíciles de justificar, el lobby ha renunciado a su afán inicial de convencer a la opinión pública. En su lugar, recurre directamente –con la connivencia de republicanos tanto como demócratas– a formas de coacción y de censura que socavan las libertades civiles de las y los norteamericanos.

Pero, aunque el daño que inflige afecta al mundo entero, en última instancia el lobby es su peor enemigo. Por más que se presente como defensor de Israel y protector de los judíos en Estados Unidos, la irónica verdad es que su labor, a lo largo de los años, ha terminado por debilitar la posición de Israel, por fracturar a la comunidad judía norteamericana y por crear las condiciones para que florezca el antisemitismo –el de verdad, no el creado por definiciones oportunistas que pretenden incluir en la categoría a toda expresión crítica del gobierno israelí o del sionismo–.

Estas son algunas de las principales conclusiones de Israel’s Lobby: America in the Grip of a Foreign Power (El lobby de Israel: Estados Unidos en las garras de un poder extranjero), el nuevo libro coescrito por Ian Lustick, un veterano politólogo, y Eli Clifton, periodista de investigación.


Israel’s Lobby America in the Grip of a Foreign Power.


El politólogo Ian Lustick.


Rigurosamente documentado, el análisis de Lustick y Clifton continúa la línea marcada hace dos décadas por John Mearsheimer y Stephen Walt en The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy (El lobby israelí y la política exterior de EE.UU.) al hacer sonar la alarma sobre la amenaza que representan organizaciones como el Comité Estadounidense–Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC) y la Liga Antidifamación (ADL) para la salud de la democracia estadounidense.

Es un peligro, apuntan, contra el cual ya advertía el mismo George Washington cuando, al despedirse de la presidencia en 1796, avisaba a sus compatriotas del riesgo que suponían para los intereses de Estados Unidos las “adhesiones apasionadas” y las “antipatías inveteradas” de ciudadanos norteamericanos para con otros países. El éxito del lobby a la hora de afianzar la relación especial entre Israel y Estados Unidos, escriben Clifton y Lustick, le ha permitido a Israel “extraer, de forma incondicional, ayudas, coordinación y apoyo en una escala y por una duración que exceden lo que ninguno de los grandes poderes ha hecho para ningún país extranjero”.

Ian Lustick (Syracuse, Nueva York, 1949) es catedrático emérito de la Universidad de Pensilvania. Autor de numerosos libros, entre ellos Trapped in the War on Terror (Atrapados en la guerra contra el terrorismo, 2006) y Paradigm Lost: From Two-State Solution to One-State Reality (Paradigma perdido. De la solución de dos Estados a la realidad uniestatal, 2019), trabajó como analista en el Departamento de Estado durante la Administración de Jimmy Carter a finales de los años 70 y, en los 80, fundó y presidió la Asociación para el Estudio de Israel. Hablamos a finales de agosto.

Cuando entrevisté a Stephen Walt, me contó que él y John Mearsheimer pagaron un precio muy alto por haberse atrevido a romper el tabú de describir y denunciar los daños hechos por el lobby israelí.


Stephen M. Walt.

Sí que pagaron un precio. Su libro no fue el primero en demostrar de forma documentada que los intereses de Estados Unidos en política internacional quedaron gravemente comprometidos por el lobby israelí. Pero sí fue el más importante. Aunque ellos no eran expertos en el tema –y yo, ciertamente, no estuve de acuerdo con todo lo que decían–, me sigue pareciendo un libro fantástico.

A estas alturas, supongo que usted y su coautor son conscientes de lo que arriesgan.

Eli y yo estamos dispuestos a pasar por lo que pasaron John y Steve, sí. Bueno, a mí me tildan de nazi desde hace medio siglo –concretamente desde que, en los años 70, organicé una campaña de protesta contra los asentamientos judíos en los territorios ocupados–. Y, sin embargo, nuestra situación es diferente. Y no solo porque tanto Eli como yo somos judíos. También es verdad que las cosas han cambiado. Cuando salió el libro de Walt y Mearsheimer, los críticos los podían denunciar como antisemitas sin más e ignorar las pruebas que presentaban. Hoy, eso ya no es posible. El lobby ya no puede contar con ello. ¿Cómo responderá entonces? Hasta ahora, solo ha habido silencio. Nos han ninguneado. Pero si al final deciden atacarnos, no pasa nada. Llevo muchos años en este combate y estoy muy preparado para continuarlo. Tuvimos a dos fact checkers revisando el manuscrito y tengo un buen seguro contra los juicios por difamación. Y, como digo, llevo 55 años en esto. De mis cien artículos y veinte libros publicados, nadie nunca me ha disputado una afirmación factual.

Ustedes explican en detalle cómo el lobby se ha radicalizado en los últimos años. A la vista de que las políticas de Israel ya son indefendibles, ha pasado a tácticas de silenciamiento, censura e intimidación. Al mismo tiempo, también parece haber crecido el cinismo. Quiero decir que los financiadores y administradores del lobby ya no parecen esforzarse en ocultar sus motivos. Así como Trump, dicen en voz alta lo que deberían callar.

Es que han renunciado a la idea de convencer a nadie. En su lugar, se deleitan en confirmar sus propias ideas para sí y sus allegados. Todas las personas que se refugian en su propia burbuja acaban por comunicar en voz alta lo que piensan, aunque después acabe haciéndose público. Por otra parte, sabemos que estas cosas se llevan diciendo de forma privada desde hace muchos años.

Tal y como lo describen ustedes, el discurso del lobby israelí se ha hecho prácticamente indistinguible del de la ultraderecha global. La lucha, se supone, ya no es solo por Israel o los judíos, sino por la civilización occidental. Y ya no es solo contra los antisemitas y palestinos, sino contra los marxistas culturales y otros comunistas, la izquierda woke y la ideología de género.

Exacto: se trata de salvar la civilización judeocristiana contra la alianza verdirroja que pretende destruirla. Esta es una idea que domina en el ala derecha del lobby, que incluye a su cúpula. Como decía antes, reconocen que no hay forma de ganar el debate en la opinión pública. Pero también saben que, a la larga, tampoco serán capaces de suprimir todo debate sobre Israel. Por tanto, inflan el problema hasta dimensiones epocales, convirtiéndolo en una lucha por la misma civilización humana. No deja de ser un truco desesperado.

En ese relato, Israel se convierte para Estados Unidos en un ejemplo a seguir.

En efecto. Israel no solo se presenta como el único aliado fiable de Estados Unidos en esta lucha civilizacional, sino que, como un robusto Estado etnonacionalista, se erige como modelo para lo que Estados Unidos debería ser si quiere seguir fiel a su esencia. Al mismo tiempo, argumentan que los judíos norteamericanos deberían construir para sí una especie de gueto.

¿En qué sentido?

Afirman, por ejemplo, que deberían invertir mucho más dinero en instituciones judías, sacar a sus hijos de las escuelas públicas y enviarlos a escuelas de orientación parroquial que les adoctrinen con ideas sionistas. Y después no enviarles a que estudien en Harvard o Penn, sino a universidades judías, o directamente a Israel.

Lo curioso es que el lobby, al enrocarse y derechizarse de esta manera, excluye a la mayoría de la población judía del país. Como ustedes explican en el libro, más de un 60 por ciento de los votantes judíos se identifica con el Partido Demócrata, una cifra muy estable a lo largo de los años.

Es más: muchos judíos estadounidenses se sienten muy distantes de Israel o se oponen directamente a sus políticas. ¿Recuerdas cómo el entonces primer ministro del país, Ehud Barak, describió a Israel como una villa en la jungla? Pues de la misma manera, el lobby anima a que los judíos que se identifican con Israel se sientan como en una jungla, rodeados de antisemitas. Por tanto, necesitan construir fortificaciones, levantar un muro alrededor de ellos mismos. Vamos, como el muro del apartheid israelí, la barrera de Cisjordania.

Cuando entrevisté a Arielle Angel, la entonces directora de la revista progresista Jewish Currents (Corrientes Judías), me explicó que muchos judíos norteamericanos dejaron de sentirse bienvenidos en sus sinagogas y centros sociales después del 7 de octubre, y que la revista acabó funcionando como una especie de hogar alternativo.


Arielle Angel, escritora y directora de la revista Jewish Currents.

Sí, en efecto. Otro buen ejemplo de esta sed de relatos alternativos es la popularidad del libro de Molly Crabapple sobre el Jewish Bund [un partido político socialista, secular para obreros judíos, fundado a finales del siglo XIX].


La historia del Bund judío.

Pero si me permites un matiz importante, el cambio a que te refieres no se produjo a raíz del 7 de octubre. Fue a raíz del 8 de octubre: la reacción de Israel a la masacre del día anterior. El lobby, sin embargo, nos quiere hacer creer que hubo un auge de antisemitismo como resultado del día 7. Al fundir un evento con otro, están manipulando la memoria histórica del 7 para distraer de lo que ocurrió el día después. Sin contar que, como explicamos en el libro, la Liga Antidifamación (ADL) manipuló las estadísticas de forma realmente escandalosa, al ampliar de un día para otro la definición de lo que contaba como incidente de antisemitismo.

La radicalización del lobby, así como su atrincheramiento y su cinismo, han debilitado su poder, que durante muchos años consistió en limitar lo que se podía decir en público sobre Israel. Hoy hay más espacio que nunca para discursos más críticos. Y, sin embargo, hay medios mainstream, como el New York Times, el New Yorker y el Atlantic, que siguen respetando en gran medida los antiguos tabúes.

Exacto. Esto lo detalla muy bien Adam Johnson en su maravilloso libro How to Sell a Genocide: The Media's Complicity in the Destruction of Gaza (Cómo vender un genocidio. La complicidad de los medios en la destrucción de Gaza). También lo hemos notado nosotros. Desde que salió nuestro libro, el 11 de agosto, nos han inundado con peticiones de entrevistas. Apenas damos abasto. Pero fíjate de dónde nos llegan. No desde los medios mainstream, establecidos, sino desde otros canales más autónomos, sea de la derecha libertaria o la izquierda progresista.

Al explicar la toxicidad del lobby, ustedes mencionan los efectos nefastos que ha tenido su actuación sobre la política nacional estadounidense –incluida, hace poco, la derrota de Kamala Harris– y su política internacional. Pero también señalan el daño incalculable que ha hecho el apoyo incondicional de Estados Unidos al país en la política nacional israelí.

Este es un argumento que desarrollo con más detalle en mi libro Paradigm Lost. La crisálida con la que Estados Unidos envolvió a Israel acabó por distorsionar de forma terrible el campo político del país, destruyendo las carreras de los políticos que habrían hecho la paz con los palestinos. En este sentido, el propio Israel es la mayor víctima del aplastante éxito de su lobby.

Explican también que ese apoyo incondicional ha limitado la capacidad de la comunidad internacional de presionar a Israel en cuestiones de derechos humanos y el derecho internacional. En este sentido, ¿cabe decir que el lobby israelí en Estados Unidos contribuyó a debilitar de forma fatal el orden internacional de la posguerra?

Es un planteamiento interesante: ¿hasta qué punto el orden mundial fue socavado por el tratamiento especial, hipócrita, que Estados Unidos dio a Israel a pesar de sus constantes violaciones de derechos humanos y del derecho y la cortesía internacionales? No cabe duda de que fue una debilidad en la agenda de derechos humanos de un presidente como Jimmy Carter, en cuya administración trabajé. Por otra parte, Israel no es el único caso. Hay otro parecido.

¿Supongo que se refiere a Cuba? En el libro, escriben que, aunque los casos de Cuba e Israel “no tienen virtualmente nada en común”, comparten algo crucial: para cada uno, existe en Washington “un lobby monotemático, estratégicamente posicionado y extremadamente influyente”, que ha forzado a presidentes demócratas y republicanos a adoptar políticas hacia ambos países que se desmarcan de forma significativa de la norma internacional.

Exacto. Lo que quisimos subrayar es que el problema real reside en la estructura de la política norteamericana. Es el peligro contra el cual ya advirtió George Washington: que un apasionado lobby extranjero distorsione el enorme poder que tiene este país en el mundo.

Otro punto que subrayó Arielle Angel fue que la supuesta lucha contra el antisemitismo de la ultraderecha norteamericana –por no hablar de lo que ocurre en Alemania o Reino Unido– acabará con los judíos en la diana, como siempre. Ustedes, en su libro, llaman la atención sobre el hecho de que tanto el lobby israelí como el gobierno de Trump se obsesionan con el supuesto antisemitismo de la izquierda, pero ignoran el de la derecha, que, lejos de amainar, está en auge.

Así es. Hablamos de una caza de brujas. Pero ocurre que, a diferencia de las cazas de brujas históricas del siglo XVII, en este caso realmente hay brujas. Quiero decir que los antisemitas existen. Y el lobby israelí les está dando material. No solo por la imagen de nueve milmillonarios judíos que contribuyen con 1.700 millones de dólares a defender las políticas de Israel, sino porque el lobby insiste en identificar el Estado de Israel con toda la colectividad judía. Pero si te empeñas en la idea de que Israel actúa en nombre de todo el pueblo judío –y que toda crítica a Israel es un ataque a todos los judíos–, entonces expones a todos los judíos a acusaciones injustas. Es una táctica autodestructiva.



Fuente: Ctxt

jueves, 6 de agosto de 2026

La verdadera historia detrás de la entrada masiva de migrantes en Ceuta

 

 Por Stephen Zunes   
      Profesor de Política y director de Estudios sobre Oriente Medio en la Universidad de San Francisco.



El eje EEUU-Israel-Marruecos pretende debilitar a un gobierno europeo progresista, dividir a la UE y socavar el derecho internacional y los derechos humanos


Donald Trump junto al ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, en una reunión de la Junta de Paz en enero de 2026.


     Lo que provocó las escenas de la semana pasada, en las que 50.000 marroquíes y otras personas entraron en masa en el enclave español de Ceuta, es más complicado de lo que parece. Ceuta es una de las dos ciudades autónomas españolas situadas en la costa norte de Marruecos; llevan siglos habitadas por población española y, al igual que las Islas Baleares en el Mediterráneo y las Islas Canarias en el Atlántico, son territorios españoles reconocidos.


Decenas de miles de marroquíes y personas de otras nacionalidades entraron en la pequeña ciudad de Ceuta, España, el jueves 30 de julio de 2026.

Al ser la única parte de la Unión Europea que tiene una frontera terrestre con un país africano, ha sido durante mucho tiempo un destino para migrantes desesperados por cruzar esa frontera internacional fuertemente fortificada.

Sin embargo, las personas que entraron en Ceuta –también las docenas que se ahogaron al intentar sortear la valla fronteriza que se adentra en el mar– no respondían al clásico perfil de refugiado. Las imágenes muestran que casi ninguno llevaba maletas u otras pertenencias personales. También hay vídeos en los que se ven camiones llenos de jóvenes, aparentemente organizados por el Gobierno marroquí, que son trasladados hasta las afueras de Ceuta, así como escenas en las que guardias fronterizos marroquíes les permiten el paso.




Incluso hay indicios de que, entre la multitud, había agentes de los servicios de inteligencia marroquíes, en un aparente intento de recabar información sobre la seguridad fronteriza y la respuesta de las autoridades españolas.


La Guardia Civil detecta a agentes de inteligencia de Marruecos entre los migrantes que se colaron en Ceuta.

En todo caso, la llegada simultánea de decenas de miles de personas a la frontera, difícilmente podría haberse producido sin un importante apoyo logístico.

Esta provocación parece haber sido diseñada por el régimen marroquí para poner en aprietos al presidente del Gobierno español.


La afluencia de migrantes a Ceuta supone un quebradero de cabeza diplomático para España.

Pedro Sánchez, en respuesta a sus esfuerzos por estrechar relaciones con Argelia, rival geopolítico histórico de Marruecos y proveedor clave de gas natural, un recurso cuya disponibilidad se ha visto mermada como consecuencia de las guerras de Ucrania e Irán. Sánchez se había reunido con el presidente argelino la semana anterior. Marruecos orquestó un episodio similar en 2021, cuando facilitó una entrada masiva de personas, en represalia por la decisión de España de permitir la entrada en el país, para recibir tratamiento médico, de Brahim Ghali, el presidente del Sáhara Occidental, cuya soberanía reclama Marruecos.


Personas del Sáhara Occidental refugiadas en el desierto.

Quizá no sea una coincidencia que esto ocurra en un momento en el que los gobiernos estadounidense e israelí han mostrado un profundo malestar con el Ejecutivo español por su apoyo a los derechos del pueblo palestino y su oposición a la guerra de Irán.

Trump ha calificado a España de “caso perdido”, y ha asegurada que está dirigida por “gente mala”, en respuesta a la negativa de Pedro Sánchez a aumentar el presupuesto militar del país tanto como él exigía y, en particular, a no permitir el uso de las bases militares estadounidenses en territorio español para la guerra contra Irán o a autorizar el sobrevuelo de aviones militares estadounidenses. El mes pasado, Trump ordenó al secretario del Tesoro que recortara los lazos comerciales con España, a pesar de que es una propuesta inviable debido a la pertenencia de España a la UE, y busca otras formas de castigar al país.

Teniendo en cuenta que Trump ha desarrollado una mayor afinidad con monarcas árabes represivos, como el rey Mohammed VI de Marruecos, que con los aliados europeos tradicionales, quizá no resulte tan sorprendente que optara por criticar más que por  defender a un aliado de la OTAN que se enfrenta a una violación de su territorio soberano.

Dirigentes y políticos estadounidenses aliados con Trump han apoyado abiertamente la idea de que Marruecos asuma el control de los dos territorios españoles de Ceuta y Melilla. Michael Rubin, del American Enterprise Institute, defiende que Marruecos conquiste las ciudades autónomas, y el diputado Mario Díaz-Balart (republicano por Florida), que preside la subcomisión de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes y es uno de los enlaces más cercanos del secretario de Estado, Marco Rubio, en el Congreso, declaró recientemente que los enclaves “no se encuentran en el territorio geográfico de España”, sino que –a pesar de no haber formado parte de Marruecos durante más de 600 años– están “en el territorio de Marruecos”.

Del mismo modo, un artículo publicado en marzo en el medio de comunicación israelí de derecha ynet instaba directamente a Israel a apoyar las reivindicaciones irredentistas de Marruecos como forma de desacreditar la oposición del Gobierno español a la ocupación israelí, insistiendo en que la propia España era un ocupante.

De hecho, funcionarios del Gobierno israelí y defensores proisraelíes en Estados Unidos han insistido en el mensaje de que el Gobierno español es un opresor colonialista y, por lo tanto, no tiene derecho a criticar a Israel, ignorando el hecho de que en los enclaves la mayoría de la población es de etnia española y hay pocos indicios de que incluso sus residentes de etnia árabe y bereber prefieran vivir bajo la monarquía autocrática marroquí.

Si bien la presencia de cualquier territorio europeo en suelo africano es sin duda problemática, independientemente de su historia y demografía particulares, cuesta imaginar que estas figuras de la derecha estén realmente motivadas por el anticolonialismo.

Además, la oleada de cruces fronterizos ha generado imágenes que los partidos de extrema derecha en Europa están utilizando para afirmar que existe una crisis de refugiados incontrolable, lo que alimenta los ataques racistas y xenófobos contra Sánchez y otros gobiernos de izquierdas por permitir una “invasión” extranjera del territorio de la UE. Los gobiernos conservadores europeos han exigido que España sea expulsada del Espacio Schengen, que permite la libre circulación sin pasaporte por la mayor parte de Europa, a pesar de que España mantiene un estricto control migratorio interno entre las ciudades autónomas y la península Ibérica y de que ninguno de los 50.000 que cruzaron de manera ilegal a Ceuta ha logrado llegar al continente europeo.

Mientras tanto, en Estados Unidos, el vicepresidente JD Vance achacó los cruces fronterizos a “las políticas globalistas de la izquierda radical que han permitido la invasión de Occidente”, mientras que Trump advirtió de que escenas similares a las de las decenas de miles de personas de piel oscura que asaltan la frontera en Ceuta se producirían también en Estados Unidos si los demócratas volvieran al poder.

Irónicamente, en lugar de ser anticolonialista, el propio Marruecos es una potencia colonial que ha invadido, ocupado, anexionado y colonizado ilegalmente la nación del Sáhara Occidental, un Estado miembro de pleno derecho de la Unión Africana y reconocido por las Naciones Unidas como territorio no autónomo. Estados Unidos e Israel son los únicos dos países que reconocen formalmente que ese país ocupado se encuentra bajo la soberanía marroquí.

Marruecos lleva mucho tiempo utilizando la amenaza de abrir las compuertas de migrantes hacia España y otros países europeos para obtener concesiones políticas y económicas, incluso en lo que respecta al Sáhara Occidental. Esto llevó incluso a Sánchez, poco después del incidente de 2021 en Ceuta, a respaldar el dudoso “plan de autonomía” de Marruecos para el Sáhara Occidental, que anularía el derecho a la autodeterminación de los saharauis y sentaría el peligroso precedente del reconocimiento internacional de la expansión territorial de un país por la fuerza. Otros gobiernos europeos de izquierdas han hecho lo mismo, dispuestos a sacrificar los principios jurídicos internacionales por temor a que un flujo masivo de refugiados perjudicara su capital político y reforzara a la extrema derecha.

La operación de entrada masiva a Ceuta forma parte de una larga tradición marroquí de aparentar ser “anticolonialistas” como tapadera de su propio colonialismo. Paralelamente a una invasión armada, Marruecos reunió a 300.000 marroquíes desarmados en la “Marcha Verde” de 1975 para reclamar el Sáhara Occidental cuando este estaba a punto de independizarse de España. La conquista, apoyada discretamente por Estados Unidos, contravino directamente una decisión histórica de la Corte Internacional de Justicia y una serie de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que exigían la autodeterminación del pueblo saharaui. La brutal ocupación militar persiste hasta el día de hoy.

Los recientes cruces fronterizos no constituyeron, por tanto, ni una auténtica crisis humanitaria ni una lucha anticolonial, sino que formaban parte de los esfuerzos del creciente eje EEUU-Israel-Marruecos –codificado y reforzado por los denominados Acuerdos de Abraham– para debilitar a un gobierno europeo progresista, dividir a la UE y socavar el derecho internacional y los derechos humanos.



Fuente: Ctxt