Mostrando entradas con la etiqueta Argelia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Argelia. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de octubre de 2026

Porque sin escribir, la vida no es vidorra

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (1 de 21)


 Por Pedro Costa Morata   
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


He arrastrado como he podido las ganas de escribir con mi frecuencia apetecida mientras ponía en marcha mi trabajo sobre el Sáhara Occidental, que la editorial El Viejo Topo pondrá en las librerías -y yo entre mis incondicionales- a primeros de noviembre. Así que ha llegado el momento, de lanzar a la noosfera textos ya pergeñados y temáticas que me propulsen el pulso y animen mi ánimo, ya superado un verano criminal, cruel e inconsiderado, que incluso trata de prolongarse térmica y políticamente por las marcas astronómicas de un otoño que ya debiera compensarnos con treguas y relajamiento.

Todo esto a sabiendas, no obstante, de que serán escasos los avances, digamos técnicos, a esperar en mi escritura y temiéndome que no me quepa, a estas alturas, mucho más que consolidar los vicios -geometrismo formal en demasía, mucha oración subordinada, osadía temática innecesaria, pretensiones mediáticas inalcanzables, etcétera- de los que algunos de mis más generosos lectores me advierten y aperciben, sin que por mi parte sea capaz de cambiar en mucho o mejorar en nada (¿y qué le voy a hacer yo?).

Pero fiel a aquella inspiración (creo que era epicúrea) con la que un día mis hados protectores me asistieron haciéndome ver, y exaltándome yo, que la buena (¡ah!) literatura viene a ser el resumen de todas las ciencias, o sea, del conocimiento, témome que persistiré en mi escritura a despecho de seguir incurriendo en mis pertinaces pecados redaccionales, sean de estilo, sean de fondo. Por cierto que, cuando organizaba las actividades extraacadémicas en mi Escuela de Telecomunicación, y habiendo invitado un día al conocido historiador de la ciencia, José Manuel Sánchez Ron, físico él, al requerirle yo mismo por su opinión sobre esa representación literaria -tan seria y cuasi divina- del saber, para mi desolación y tras cautelosa pausa y mirada solar, me obsequió con un no rotundo, o sea, que el entusiasta objeto de aquella mi inspiración era erróneo (bueno, pero el equivocado era él, vaya que sí).

        De tal manera que la siguiente entrega consistirá en el recuerdo de aquello que los representantes (selectos, eximios, sabios, etcétera) de mi adorado pueblo lanzaron contra mí en esforzada efeméride, cuando la mayoría socialista municipal camelada por la ultraderecha (que es que tienen cada cosa) trató de despojarme de mi título de Hijo Predilecto de Águilas. Para lo que apelaré a la ironía del fusilamiento anunciado (sin la seguridad de que, conociendo el percal, la entiendan y mucho menos la aprecien); porque se acerca la conmemoración del primer año de “suspensión” de la sentencia y no veo que se mueva nada destinado para darle el carpetazo debido a aquel gesto tan poco heroico de “dejarlo sobre la mesa” (que hay que joderse qué ediles, qué ocurrencia y qué embolao)

Más adelante y de alguna manera relacionado con lo anterior (ya explicaré por qué) habré de salir al encuentro de las tres demandas, tres, previstas por ciertos admiradores, así como de las debilidades de mi Ayuntamiento, secuestrado por un enemigo del pueblo que, antes o después, tenía que habérselas conmigo.


ATTC, sociedad constructora e inmobiliaria, quiere demandar a Pedro Costa.

Hay en mi villa natal avispada gentecilla que pudo pensar que conseguía patente de corso haciéndome a mí, conocido y curtido defensor del pueblo frente a enemigos de todo jaez y pelaje, Hijo Predilecto, encontrándose con que mi interés por el lustre aguileño se acrecía precisamente con el honor recibido, lo que incluso me obligaba a abroncar a la digna (pero preocupante) Corporación.

Por lo que aprovecharé para advertir/recordar a quien corresponda que sigo siendo duro de roer, o sea, que no esperen paseo triunfal alguno sobre mis debilidades, fallos o descuidos, que en la escuela en la que he aprendido a parar zancadillas y sortear asechanzas me han salido escamas y caparazones a lo Testudo graeca, sí, esa que, pese a sus limitaciones, encuentra la forma de sobrevivir entre malezas y peñascales, dotada de defensas nada despreciables; algo parecido a aquella coraza de las invictas falanges macedónicas, imposible de traspasar por más que lo intentaran flechas, lanzas o aullidos atemorizadores. Que es con estas precauciones como debo responder a los ataques con un acero que espíritus de piel (demasiado) fina afilan para sajarme y demediarme, en virtud de mis periodísticas indagaciones y a causa de los marrones que emborronan a mi pueblo.

No dejaré en estos textos de honrar a mis amigos, sean estos de juventud (aunque sea con necrológica), o de agitaciones contemporáneas y encuentros inesperados, pero siempre gozosos, con seres de mismo o mayor recorrido, con los que ya me acostumbré, sobre la marcha, a detenerme y amistosear allá donde me surjan, que con la edad el derredor de afectos se desertiza, y hay que repoblarlo. Puro estilo nostálgico, evidentemente, al que tan proclive -y aun aficionado- he resultado ser.

Habrá conatos de, digamos, crítica literaria, bien sobre amigos escribidores, bien en cálida, incluso tierna, respuesta a los reflejos que desde autores alejados me alcanzan con sorprendente proximidad, porque son relatos que, requiriéndome desde el pasado, acabo por leer con fruición e interpretar fascinado.

No deberá faltar la cosa ecologista, por lo que he previsto no dejar inmune a la Confederación Hidrográfica del Segura, dilecta entre mis debilidades, volviendo a mortificarla por su devastadora política de “recuperación de riberas”, una canallada que contemplo con asombro que no lleva a prisión a ninguno de sus mandamases; debe de ser por la atenta protección (eminentemente archivadora) que les depara la fiscalía de Medio Ambiente.


La CHS asfixia impunemente la vida en las riberas del Segura.

Y algunas crónicas internacionales, claro, que esta es una de mis pasiones siempre cultivada, aunque en modo intermitente y semioculta. Me gusta recordar que descubrí el mundo y sus malpasos esperando mi turno en la barbería de Emilio Salas (que ya había pelado años antes a mi padre), ojeando el diario Pueblo con las noticias en primera de la pre-independencia de Argelia y sus convulsiones (corría 1962 y la radio del otro lado de la mar enviaba ininteligibles, pero apasionadas, cantinelas). No sé por qué ahora estoy recordando aquel episodio, cuando la Argelia colonial que había sido declarada años antes departamento francés tuvo que ser entregada a los argelinos y proceder a la evacuación de millones de colonos y urbanitas franceses que desde 1830 se habían instalado en un país que ni era suyo ni lo sería siempre. Esto provocó un cataclismo político que incluyó la sublevación militar del general Salan, jefe militar de Argelia, y la aparición de la organización terrorista OAS, que produjo innumerables asesinatos tanto de argelinos independentistas como de franceses que aceptaban la retirada; una muy seria crisis que el presidente De Gaulle, que estaba convencido y que lo tenía claro, resolvió con mano firme y sentido de la historia. (Ah, sí, de lo de Argelia me he acordado por lo de Ceuta y la hábil/diabólica política exterior de Marruecos, que acumula éxitos frente a España desde que dejamos aquel protectorado, le devolvimos Ifni y le regalamos el Sáhara).

Otro episodio que bulló durante años como vocación internacionalista expectante, y que me place evocar ahora, se me presentó cuando en el internado de León leí que el arzobispo católico de Saigón, cuñado del dictador-presidente de la República Democrática de Vietnam del Sur se empeñó en favorecer su fe contra el 90 por ciento de la población del país, que era budista (corría 1964 y empezaban los bonzos a inmolarse).

En el plano internacional será sin embargo Alemania la que primero merecerá mi atención, advirtiendo del mal camino que -una vez más- insiste en recorrer, para lo que siempre es recomendable leer o releer cómo fue y cómo se autodestruyó la República de Weimar, de cuyo accidentado discurrir vemos en nuestros días su reflejo pavoroso.


Alemania se rearma: nuevos pedidos de Eurofighter.

Y alguna crónica sobre Marruecos, faltaría más, y su tiránico régimen islámico, objeto de toda clase de mimos del Occidente democrático, de espléndidos valores judeocristianos... Sin que falten mis invectivas contra esos hijos de Yahvé que desde el otro lado del Mediterráneo se empeñan en seguir fieles a su dios y sus promesas por la vía de la acumulación obsesiva de crímenes que asustan a media Humanidad: me refiero, por si no caíais, al Estado de Israel, ilegítimo, ilegal y genocida. Escena internacional en la que introduciré -que no me puedo aguantar- el nefasto papel de España provocando sin motivo alguno a Rusia en los cielos (libres) del Báltico, siguiendo las instrucciones de sus verdaderos enemigos, los fanáticos de la OTAN.

Finalmente, trataré de rellenar con mis recuerdos aquel año 1976, el más crítico de la sacrosanta Transición y que yo viví (¿y cuál no, dímelo tú, peregrino odiseico siempre ávido de horizontes y de lo de más allá?) llenándolo de cosas y movimientos. Y con él cerraré la veintena, más uno, de los artículos de este cupo otoñal. Porque, en efecto, cincuenta años no son nada, y así lo han sido, poco más que nada: un mero discurrir raudo y con tropezones, nada del otro mundo aunque muy poco calmoso, en sobresaltos abundante y divinamente vivido, ya que no me han faltado, al punto, los favores de mis atentos protectores, olímpicos unos, terrenales los más y perplejos todos ellos, eso sí, por tener que acudir al quite de zozobras tan frecuentes.

martes, 8 de septiembre de 2026

Ante una guerra por los últimos recursos

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


Ceuta es una pieza más dentro de un tablero que, por desgracia, se desliza peligrosamente a un escenario de conflicto general


     En la crisis de Ceuta hay un conflicto a largo plazo y otro a un plazo más breve en el tiempo. El primero es la disputa por el control del Sáhara Occidental. No olvidemos que ahí están las mayores reservas de fosfatos del mundo. Es algo en lo que Estados Unidos ha puesto muchísimo interés. Estados Unidos va a invertir una enorme cantidad de dinero para hacer una autopista que cruzará todo el Sáhara Occidental para comunicarlo mejor con Marruecos. Esta autopista llevará el nombre de Donald J. Trump. ¿Qué casualidad, eh?

La escasez de fosfatos va a ser crítica en los próximos años, y más en el contexto que tenemos de escasez de agua y temperaturas cada vez más disparadas. Este año las cosechas de cereales van a ser malas en general en todo el mundo, porque el problema de las altas temperaturas ha sido generalizado. El año que viene va a ser mucho peor, porque está empezando un fenómeno de El Niño de una magnitud que no habíamos visto nunca desde que hay registros. Las temperaturas van a subir muchísimo y las cosechas se van a resentir todavía más. Una forma de compensar las malas cosechas es añadiendo más fertilizantes; es estúpido, pero es lo que se suele hacer, añadir más nutrientes, sobre todo nitrógeno, potasa y fósforo. Lo más difícil es el fósforo. Y en el Sáhara Occidental están aproximadamente el 75% de las reservas de fosfatos. Ahora mismo, Marruecos no es el principal productor de fosfatos del mundo, sino China, que los necesita para ella misma. Hay un problema de agotamiento del fosfato y eso va a ser crítico. También explica, por cierto, los proyectos de minería de fosfato que hay ahora mismo en España, una minería muy contaminante y que genera muchísimos problemas. Y sin embargo estamos viendo surgir muchos proyectos mineros, en particular en León.

Aún en relación con el Sáhara, tenemos el conflicto que tiene Marruecos con Argelia, que siempre ha dado apoyo al pueblo saharaui. Hace cuatro años, el Gobierno español, de manera muy sorpresiva, reconoció los derechos de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y esto generó un conflicto diplomático enorme con Argelia, un conflicto en el que se involucró Marruecos y que llevó a una escalada de la hostilidad entre los dos países. Como consecuencia de ese conflicto, Argelia decidió cerrar el gasoducto del Magreb-Europa, que transcurre por tierras marroquíes y lleva gas a España a través del estrecho de Gibraltar, dejando únicamente abierto el gasoducto Medgaz, que va directamente desde Argelia a España por vía submarina.

Esto dejó a Marruecos sin gas, porque el 99% del que consumía venía a través del gasoducto Magreb-Europa. Y generó un problema grande que España ha resuelto diversificando sus importaciones de gas. En su momento llegó a depender en un 70% del gas que venía de Argelia. En este momento, el porcentaje (que no es constante, va cambiando mucho mes a mes) se mueve entre el treinta y el cuarenta y tantos por ciento. Lo que ha hecho España es aumentar enormemente las importaciones de gas de los Estados Unidos, que es un gas muchísimo más caro porque hay que transportarlo en barco y forma parte de la estrategia de dominio de Estados Unidos, que tiene excedentes de gas gracias a la extensión de la técnica del fracking. Como condición para terminar el conflicto en 2022, Argelia impuso a España que no podía reexportar el gas argelino hacia Marruecos. Y es que desde entonces, el gasoducto del Magreb funciona en sentido inverso. Antes, transportaba gas de Argelia hacia España a través de Marruecos –y ahí Marruecos conseguía la mayoría del gas que consumía– y ahora es España la que envía gas a Marruecos, importándolo mayoritariamente desde Estados Unidos.

Pero, ¿cuál es el contexto más global de la situación actual? ¿Qué está pasando? Que está empezando una lucha por los últimos recursos. El problema que ha habido primero en Venezuela y luego en Irán tiene que ver con que Estados Unidos se está quedando sin petróleo– o, mejor dicho, que la extracción de petróleo en los EE.UU. ya está tocando techo y va a empezar a caer con fuerza en los próximos años. Dentro de ese contexto, debido al bloqueo del estrecho de Ormuz hay un problema con el suministro global de gas, porque el principal exportador de gas natural a través de buques, Omán, ahora no puede exportar y sus infraestructuras han quedado gravemente dañadas. Toda Europa está teniendo muchos problemas para comprar gas por la guerra en Irán. Y eso afecta también a España, aunque antes de la guerra importaba muy poco gas desde el golfo Pérsico, porque todos los países buscan gas donde sea, disputándoselo los unos a los otros. Por ejemplo, España se encontró que en el mes de junio no llegaron el 40% de los buques que se esperaban porque otros países pagaron más dinero y los barcos cambiaron de rumbo. Los problemas de abastecimiento de gas y, en menor medida, de petróleo que ha originado la guerra de Irán motivaron que Pedro Sánchez viajara a Argelia para aumentar las exportaciones de gas a España, cosa que a Marruecos no le interesa, porque se arriesga a que Argelia vuelva otra vez a exportar el 70% del gas que consume España.

Marruecos puede tener un problema serio en ese caso, porque España no va a poder reexportar gas hacia Marruecos. A Marruecos le interesa que sigamos importando gas caro de Estados Unidos para que ellos tengan gas. Esto es un motivo de conflicto, y aparte está la cuestión de que ese acuerdo significa un acercamiento entre España y Argelia.

La otra pieza del puzzle, el otro gran contexto, es que evidentemente Estados Unidos se ha aliado a Israel y a Marruecos, y tiene sobre la mesa toda una estrategia de redefinición del mapa geopolítico mundial en el cual Marruecos juega un papel muy importante.


Trump y Netanyahu hablando en privado en una reunión en la Casa Blanca en julio de 2025.

Primero, por su control del Sáhara Occidental y de los fosfatos, que van a ser estratégicos dentro de unos años porque son fundamentales para la agricultura internacional y en lo que Estados Unidos está invirtiendo muchísimo dinero para garantizarse la hegemonía. A Estados Unidos no le interesa que España controle Ceuta, porque si vemos las demarcaciones marinas, las aguas territoriales que se expanden desde Ceuta conectan con las aguas territoriales que se expanden desde la península y cuando quieres atravesar el Estrecho de Gibraltar, en algún momento por fuerza tienes que pasar por aguas territoriales españolas.

España tiene la jurisdicción absoluta sobre sus aguas territoriales, y eso a Estados Unidos no le interesa porque están pensando a largo plazo. En el Estrecho de Gibraltar ya hay muchos movimientos de tropas y armamento, y lo que le interesa a Trump es tener un canal seguro para mover todo lo que quiera. A EEUU le interesa que Marruecos “recupere” –como dicen ellos– pronto Ceuta y Melilla, para que la zona sur del Estrecho de Gibraltar esté controlada por un socio más fiable por su total dependencia de los EE.UU.

El papel de Europa, Rusia y la vía militar

En un plazo más largo, hay otra cuestión que se arrastra desde hace tiempo. Y es que, desde el punto de vista de la Unión Europea, asegurarse el acceso a los recursos es prioritario y, si es preciso, se va a hacer por la vía militar. Es bastante terrible. Una gran parte de la estrategia actual de ‘Rearmar Europa’, que apareció de repente el año pasado, no es para luchar contra Rusia, que es una guerra absurda que nadie tiene interés en librar. Tú no puedes pelearte con una potencia nuclear, eso no tiene ni pies ni cabeza. Y tampoco Rusia tiene mayor interés, porque ¿qué va a venir a buscar en Europa? A Rusia le interesa Europa como cliente, sobre todo para exportar su gas y su petróleo que, por cierto, sigue llegando a pesar de las sanciones que nominalmente están en vigor. Por ejemplo, en el caso concreto de España, del 10% del gas consumido que ya habitualmente estaba llegando de Rusia, el último mes subió hasta el 17%.

En cualquier caso, yo tengo bastante claro que dentro de Europa se está creando una situación en la que, llegado el momento, se va a utilizar el ejército para ir a buscar recursos que en Europa van a faltar y empiezan a faltar en todo el mundo. Y particularmente, puesto que ahora mismo es lo que está creando más problemas, el gas y el petróleo. Si hablas recursos energéticos y del norte de África, está bastante claro hacia dónde se está apuntando. Son tres países en concreto. Níger, porque de ahí es de donde Francia sacaba el 40% del uranio que consumía hasta que el golpe de estado de agosto de 2023 forzó la salida de Francia, y porque el Gobierno de Níger lleva denunciando desde hace tiempo que Francia está preparando una incursión militar para hacerse con el control de las minas de uranio. El segundo es, otra vez, Libia, porque tiene una gran capacidad de producción de petróleo que no se desarrolla plenamente porque el país está inmerso en una guerra civil imparable desde que se depuso a Gadafi. Y el tercero es Argelia. Todo esto es demostración de la inmoralidad profunda de las élites europeas, que se plantean utilizar la guerra como vía de acceso a los recursos, lo que es una aberración moral y algo absolutamente ignominioso.

Pero, aparte de todo, yo no creo que la Unión Europea tenga ninguna capacidad de entrar en un conflicto armado con Argelia, que es un país muy poblado y con un ejército potente, aparte de que Argelia hace tiempo que se prepara para este tipo de escenario. Pero lo que es bastante probable es que en un momento dado interese azuzar una guerra entre Marruecos y Argelia precisamente para conseguir mejorar el acceso a estos recursos. El caso es particularmente interesante porque Argelia es el gran suministrador de gas de Europa. Suministra a España, a Francia y a Italia. La producción de gas de Argelia lleva ya unos cuantos años estancada, lo que impide que pueda aumentar sus exportaciones. Aún peor, Argelia es un país en fuerte desarrollo económico y cada vez consume más de su propio petróleo y su propio gas, como es lógico. Y una de las estrategias habituales que ha aplicado Estados Unidos para conseguir que un país aumente sus exportaciones de petróleo y de gas es destruir el país, porque si tú destruyes su industria, lógicamente su consumo cae. Una guerra de desgaste supondría menos capacidad industrial, menos capacidad de consumo, y además, para conseguir recursos para sostener la guerra, el país tendría que vender más petróleo y más gas al extranjero. Esto sin duda le interesa a Europa. Otra cosa es el papel que juegan Estados Unidos o Israel en esta historia, que suelen decir que Argelia es aliada de Rusia. El fortalecimiento de la alineación entre Marruecos y la administración Trump está fomentando una carrera belicista y creo que existe una posibilidad de que al final acabemos en un conflicto abierto entre Marruecos y Argelia.

Por eso cabe cuestionar cuál es el papel de las instituciones europeas en todo esto. En Europa hay un ascenso de la extrema derecha, una simplificación de los debates y algo que a mí me molesta particularmente: la falta de profundidad en la discusión de los graves problemas en nuestro futuro, y más en particular en cuanto a los recursos y la energía. Estamos viendo que empieza a faltar diésel en Europa. En Alemania el precio del litro de diésel ya roza los 3 €, en Italia 2,5 euros, en Francia poco menos. Aquí estamos cerca ya de los 2 €, porque España está mejor colocada por una serie de motivos (fundamentalmente que ha mantenido la mayoría de sus refinerías, mientras que en Europa cerraron el 40% durante los últimos 20 años). La inflación va a causar más malestar entre la población europea, cosa que va a aprovechar  una maquinaria mundial muy bien engrasada para dar financiación y favorecer el ascenso de opciones populistas de ultraderecha en toda Europa.

Como he dicho antes, estamos en un momento histórico, porque estamos entrando en una fase nueva de la historia del capitalismo global, que es la guerra por los últimos recursos, porque realmente se están empezando a agotar. En medio de todo esta algarabía y este follón, y en esta situación geopolítica tan compleja, de esta situación de conflictividad bélica creciente, la pregunta es qué hará la derecha y la ultraderecha española. ¿Van a entender cómo se tienen que posicionar, van a tener un perfil propio, van a comprender qué es lo mejor para el interés de España? No seré yo el que defienda, en general, la acción del gobierno de Pedro Sánchez, pero es cierto que muchas de las decisiones que se han tomado en los últimos tiempos han sido correctas desde el punto de vista del mantenimiento de la industria española. Se ha conseguido capear el problema de Ormuz bastante bien. Hay cierta pérdida de importaciones de petróleo, pero se está consiguiendo compensar a base de reducir las exportaciones de productos refinados. Se ha diversificado la procedencia del gas. Sin duda, lo mejor para mitigar el cambio climático sería reducir lo más rápidamente posible nuestro consumo de combustibles fósiles, pero desde un punto de vista convencional se tiene que reconocer que la mayoría de las acciones del Gobierno de Sánchez, de manera muy discreta, han sido las que defendían mejor los intereses de España. Creo que, en parte, es por esa prudencia que Sánchez se resiste a señalar con el dedo al gobierno de Marruecos a pesar de su más que probable implicación en el salto masivo de inmigrantes en Ceuta.

Ceuta es una pieza más dentro de un tablero que, por desgracia, se desliza peligrosamente a un escenario de guerra general. Una cosa que está clara es la involucración de Estados Unidos e Israel. Negarlo no tiene ningún sentido. Varios ministros israelíes y el hijo de Netanyahu llevan meses haciendo declaraciones en el sentido de que Ceuta y Melilla tienen que ser marroquíes, que España tiene colonias en Marruecos. Por un lado, se trata de castigar a España por su posición en temas como Gaza o el rearmamento, pero también de tener control sobre el Estrecho. Es muy importante para Estados Unidos circular por aguas territoriales de una potencia aliada que necesiten de ellos para todo. Y esa es obviamente Marruecos. Si tuviera que circular por aguas territoriales españolas, y se genera una situación de enemistad entre Estados Unidos y Europa, cosa que veo inevitable en el largo plazo, Estados Unidos podría tener problemas para transportar vaya Dios a saber qué por la zona del Estrecho. Así que, por desgracia, creo que la presión sobre Ceuta va a seguir aumentando, y como pasa con el petróleo, como pasa con el cambio climático, lo ideal sería que hubiera un pacto de Estado en el que los partidos políticos dijeran: aquí hay que ir con una única política, un único mensaje, tener muy claro hacia dónde vamos.

Por desgracia, el contexto político en el que estamos instalados desde hace ya muchos años no permite eso. Es evidente que hay que definir una política estable, con unas directrices estratégicas, porque si no, vamos a ir dando bandazos y, mientras, ocurrirán infinidad de desgracias y no sabremos por qué. Y recordemos que además a veces hay que pararle los pies incluso a la Unión Europea, cuando sus acciones comprometen los intereses estratégicos de España. En ese sentido, hay que madurar y perder el miedo a plantarle cara a la Comisión: no hay ningún problema ni ninguna contradicción entre estar en la Unión Europea y a la vez defender intereses nacionales legítimos. Y ésta es una lección que nuestros líderes tienen que aprender. Pero para eso primero tendría que haber una comprensión profunda de las complejidades de la realidad (técnica, energética, de recursos, geopolítica….) actual por parte de nuestra clase política, que para muchas cosas, por desgracia, creo que es bastante analfabeta e irresponsable.


Fuente: Ctxt

domingo, 9 de agosto de 2026

Marruecos, con Israel y Estados Unidos, enemigo de la Humanidad

 

Por Pedro Costa Morata
   Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


En el regreso, reincidente en el tiempo, a la incivilización y la barbarie que el mundo muestra exhibiendo genocidas, provocadores y émulos aventajados de unos y otros, hay que ubicar al Reino de Marruecos debido a su estable constitución neocolonial con ínfulas crecientes de sub imperialista. Ha pasado, así, de una ética anticolonial y cuasi revolucionaria, alzada contra la permanente intromisión de potencias como España y Francia antes de la independencia en 1956, a una configuración feudal y neocolonial en la que el monarca ostenta la representación activa de todas las contradicciones, controlándolo todo, represión política y poder económico en primer lugar; pero que también hace de firme enlace con fuerzas ajenas a las que se entrega a cambio de que sostengan su estatus de privilegio frente a un pueblo empobrecido y fugitivo, sin dirigentes que lo reivindiquen.

En ayuda de esta dictadura, tan personalista, al rey marroquí le viene su calidad de Comendador de los Creyentes (Amir al-Muminín), es decir, jefe religioso del Islam en virtud de considerarse descendiente directo del profeta Mahoma a través del hijo, Hasán, del matrimonio de su (única) hija Fátima y de Alí, cuarto califa.


Mohammed VI. Comendador de los Creyentes. (Gettyimages).

Así que además de jefe político omnímodo, para los marroquíes su rey es jefe religioso absoluto, por lo que toda crítica u oposición, además de atentar contra el jefe del Estado lo es contra el líder espiritual, resultando por lo tanto herética (o poco menos). Gozan de este título todos los sultanes alauíes desde que derrocaron a la dinastía anterior, la saadí, en 1659, y lo ostenta el actual rey Mohammed VI.

Lo curioso es que, en el decidido acercamiento de esta monarquía al Estado israelí, enemigo de la Humanidad y por lo tanto del Islam y sus creyentes, el mundo musulmán siga expresando al rey marroquí respeto y devoción por descender del Profeta, y así lo hace la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), que ya en 1979 distinguió además al rey Hasán II como presidente del Comité Al-Quds (nombre árabe de Jerusalén), encargado de velar por el carácter musulmán de la tercera Ciudad Santa del Islam, esa que los israelíes invadieron, ocuparon y maltratan con sus excavaciones insultantes, humillaciones históricas, limpieza étnica y provocaciones políticas y religiosas.


Gaza destruida. (Gettyimages).

El análisis del Marruecos actual hay que hacerlo contando ineludiblemente con sus conflictos neocoloniales, que responden a fuerzas y residuos de la Historia, más allá de la naturaleza dura e implacable de un régimen monárquico de corte feudal, más que tradicional, que se pretende democrático y así se impone a las fuerzas políticas que se le someten, incapaces de mostrar vida propia o una actitud crítica hacia los fundamentos de un espectáculo antipolítico y amenazador (ni exótico ni grotesco).

Anotemos, simplemente, en los rasgos neocoloniales del Reino de Marruecos que, mientras reivindica, con razón y legitimidad, su soberanía sobre las plazas españolas de su costa mediterránea, somete, contra la Historia y el Derecho, a todo un pueblo, el saharaui, que lo rechaza y lo abomina, hasta el punto de que, con la invasión y ocupación de su territorio, el núcleo permanente de su política neocolonial ha tenido que consistir en impedir por todos los medios cualquier referéndum que dé voz a esos invadidos y reprimidos, porque lo perdería sin duda alguna. Marruecos se impone, por las armas y la represión, a un pueblo que lo rechaza desde hace siglos.

La novedad, de gran envergadura y trascendencia es que Marruecos, siguiendo instrucciones y por encargo de los Estados Unidos (ya antes de Trump, mucho antes), está poniendo en manos de Israel su tecnología militar, sus sistemas de vigilancia y espionaje y su modus belli, todo ello para (1) someter al pueblo saharaui y sus fuerzas armadas, (2) someter a su propio pueblo, intimidado y perseguido, y (3) chantajear a España y obtener con el menor coste posible las ciudades y peñones de soberanía española en la costa marroquí. Una alianza, la marroco-israelí, a la que se amarra el rey alauita sin que le importe su carácter netamente blasfemo: ¡el Comendador de los Creyentes y protector de Al-Quds, aliado con los genocidas del pueblo árabe-musulmán de Palestina!

Lo importante es anotar, y describir, los rasgos esenciales de esta “integración” de Marruecos en el bipolo satánico de Trump-Netanyahu, para formar un triángulo desigual pero bien armado, y saber bien a qué atenernos; y para ello debemos proceder a un cuadro comparativo de las similitudes entre el Estado genocida de Israel y el Reino represivo de Marruecos para ilustrar hasta qué punto ambos se conchaban contra la Humanidad. Y el primero de estos rasgos es, sin duda alguna, que Israel y Marruecos someten a opresión y marginación a los pueblos palestino y saharaui, respectivamente, cuyos territorios históricos y legítimos ocupan ilegalmente. Y aunque no sea con exactamente el mismo objetivo, pero como inocultable “detalle” de su modus operandi, ambos regímenes han construido un Muro para hacer más fácilmente realizable su dominio sobre ellos, con la sujeción física directa: un Muro de infamia que muestra bien a las claras su discurrir entre el desprecio y el miedo.

En segundo lugar, y estrechamente vinculado con lo anterior, ambos Estados proceden a la eliminación de esas dos poblaciones con distintos objetivos y métodos: Israel mediante su liquidación total en las áreas que se quiere anexionar en una estrategia claramente genocida, y Marruecos con la “minimización” de los autóctonos en el territorio del Sáhara que invadió, ocupó y explota, con una política de inmigración y colonización que busca su desaparición a plazo.

Ambos Estados, como tercera nota, hacen caso omiso de los mandatos del Derecho y la Ley internacionales, singularmente la Carta de la ONU y las resoluciones de ella emanadas, sean del Consejo de Seguridad, sean de la Asamblea General; pretextando derechos históricos en ambos casos sobre las tierras invadidas, con el agravante israelí de apelar a la defensa propia por considerar terroristas, en definitiva, a todos los palestinos (Estados Unidos ya prevé, para satisfacción de Marruecos, declarar al Frente Polisario como grupo terrorista).

Ambos Estados, quinta semejanza, gozan de impunidad de hecho en su burla hacia la Comunidad internacional, que por su parte se muestra incapaz de adoptar medidas legales y coercitivas para que cesen sus abusos e incumplimientos, así como sus crímenes contra la Humanidad que, presentes en ambas situaciones, son de entidad espeluznante de la parte israelí. Recordemos, no obstante, el bombardeo con napalm con que la aviación israelí machacó en la transición de 1975 a 1976 a los grupos saharauis que huían de su territorio camino del exilio en Argelia (Hay que insistir: estas diferencias son de grado, no de esencia.)

Ambos Estados se amparan en el poder casi omnímodo de los Estados Unidos de América, con los que mantienen una “relación especial” de alianza, dependencia y criminalidad internacional, haciendo de peones subimperialistas a los que se premia con dejarles las manos libres para resolver los molestos asuntos que les conciernen: la eliminación, sumisión o humillación de los pueblos que no se les someten, y el control interior. Esto, en sexto lugar.

En séptimo lugar, ambos Estados viven una militarización obsesiva y agresiva, siempre con el pretexto de la seguridad, exterior e interior, con una componente creciente en inteligencia, es decir, en espionaje y persecución tecnológica de críticos y opositores. En este aspecto, Marruecos se ha ligado con Israel por el Acuerdo de Cooperación en Materia de Seguridad firmado por los ministros de Defensa de Rabat y Tel-Aviv en 2021, como primera consecuencia tanto de la ruptura del alto el fuego con el Polisario como del reconocimiento diplomático mutuo, lo que se ha redoblado en 2026 con un Plan de Acción Militar.

En octavo, y último lugar, ambos Estados son expansionistas: el israelí por un fondo teocrático (con la apelación desvergonzada a las novelas de la Biblia) y por sus planes de carcomer a los Estados de su entorno (el Gran Israel); y el marroquí por un nacionalismo hecho de frustraciones coloniales y alucinaciones nacional-fascistas (el Gran Marruecos).

Este es el cuadro de semejanzas entre los regímenes marroquí e israelí con el que hay que contar sabiendo de sus intenciones y agresividad; porque nos enfrentamos -desde España y desde el mundo perplejo e indignado- a una alianza que no cederá en sus propósitos de abuso, dominio e imperio, sabiendo, como lo saben, que gozan de un momento de impunidad por el padrinazgo norteamericano y la inepcia de la comunidad internacional.


jueves, 6 de agosto de 2026

La verdadera historia detrás de la entrada masiva de migrantes en Ceuta

 

 Por Stephen Zunes   
      Profesor de Política y director de Estudios sobre Oriente Medio en la Universidad de San Francisco.



El eje EEUU-Israel-Marruecos pretende debilitar a un gobierno europeo progresista, dividir a la UE y socavar el derecho internacional y los derechos humanos


Donald Trump junto al ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, en una reunión de la Junta de Paz en enero de 2026.


     Lo que provocó las escenas de la semana pasada, en las que 50.000 marroquíes y otras personas entraron en masa en el enclave español de Ceuta, es más complicado de lo que parece. Ceuta es una de las dos ciudades autónomas españolas situadas en la costa norte de Marruecos; llevan siglos habitadas por población española y, al igual que las Islas Baleares en el Mediterráneo y las Islas Canarias en el Atlántico, son territorios españoles reconocidos.


Decenas de miles de marroquíes y personas de otras nacionalidades entraron en la pequeña ciudad de Ceuta, España, el jueves 30 de julio de 2026.

Al ser la única parte de la Unión Europea que tiene una frontera terrestre con un país africano, ha sido durante mucho tiempo un destino para migrantes desesperados por cruzar esa frontera internacional fuertemente fortificada.

Sin embargo, las personas que entraron en Ceuta –también las docenas que se ahogaron al intentar sortear la valla fronteriza que se adentra en el mar– no respondían al clásico perfil de refugiado. Las imágenes muestran que casi ninguno llevaba maletas u otras pertenencias personales. También hay vídeos en los que se ven camiones llenos de jóvenes, aparentemente organizados por el Gobierno marroquí, que son trasladados hasta las afueras de Ceuta, así como escenas en las que guardias fronterizos marroquíes les permiten el paso.




Incluso hay indicios de que, entre la multitud, había agentes de los servicios de inteligencia marroquíes, en un aparente intento de recabar información sobre la seguridad fronteriza y la respuesta de las autoridades españolas.


La Guardia Civil detecta a agentes de inteligencia de Marruecos entre los migrantes que se colaron en Ceuta.

En todo caso, la llegada simultánea de decenas de miles de personas a la frontera, difícilmente podría haberse producido sin un importante apoyo logístico.

Esta provocación parece haber sido diseñada por el régimen marroquí para poner en aprietos al presidente del Gobierno español.


La afluencia de migrantes a Ceuta supone un quebradero de cabeza diplomático para España.

Pedro Sánchez, en respuesta a sus esfuerzos por estrechar relaciones con Argelia, rival geopolítico histórico de Marruecos y proveedor clave de gas natural, un recurso cuya disponibilidad se ha visto mermada como consecuencia de las guerras de Ucrania e Irán. Sánchez se había reunido con el presidente argelino la semana anterior. Marruecos orquestó un episodio similar en 2021, cuando facilitó una entrada masiva de personas, en represalia por la decisión de España de permitir la entrada en el país, para recibir tratamiento médico, de Brahim Ghali, el presidente del Sáhara Occidental, cuya soberanía reclama Marruecos.


Personas del Sáhara Occidental refugiadas en el desierto.

Quizá no sea una coincidencia que esto ocurra en un momento en el que los gobiernos estadounidense e israelí han mostrado un profundo malestar con el Ejecutivo español por su apoyo a los derechos del pueblo palestino y su oposición a la guerra de Irán.

Trump ha calificado a España de “caso perdido”, y ha asegurada que está dirigida por “gente mala”, en respuesta a la negativa de Pedro Sánchez a aumentar el presupuesto militar del país tanto como él exigía y, en particular, a no permitir el uso de las bases militares estadounidenses en territorio español para la guerra contra Irán o a autorizar el sobrevuelo de aviones militares estadounidenses. El mes pasado, Trump ordenó al secretario del Tesoro que recortara los lazos comerciales con España, a pesar de que es una propuesta inviable debido a la pertenencia de España a la UE, y busca otras formas de castigar al país.

Teniendo en cuenta que Trump ha desarrollado una mayor afinidad con monarcas árabes represivos, como el rey Mohammed VI de Marruecos, que con los aliados europeos tradicionales, quizá no resulte tan sorprendente que optara por criticar más que por  defender a un aliado de la OTAN que se enfrenta a una violación de su territorio soberano.

Dirigentes y políticos estadounidenses aliados con Trump han apoyado abiertamente la idea de que Marruecos asuma el control de los dos territorios españoles de Ceuta y Melilla. Michael Rubin, del American Enterprise Institute, defiende que Marruecos conquiste las ciudades autónomas, y el diputado Mario Díaz-Balart (republicano por Florida), que preside la subcomisión de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes y es uno de los enlaces más cercanos del secretario de Estado, Marco Rubio, en el Congreso, declaró recientemente que los enclaves “no se encuentran en el territorio geográfico de España”, sino que –a pesar de no haber formado parte de Marruecos durante más de 600 años– están “en el territorio de Marruecos”.

Del mismo modo, un artículo publicado en marzo en el medio de comunicación israelí de derecha ynet instaba directamente a Israel a apoyar las reivindicaciones irredentistas de Marruecos como forma de desacreditar la oposición del Gobierno español a la ocupación israelí, insistiendo en que la propia España era un ocupante.

De hecho, funcionarios del Gobierno israelí y defensores proisraelíes en Estados Unidos han insistido en el mensaje de que el Gobierno español es un opresor colonialista y, por lo tanto, no tiene derecho a criticar a Israel, ignorando el hecho de que en los enclaves la mayoría de la población es de etnia española y hay pocos indicios de que incluso sus residentes de etnia árabe y bereber prefieran vivir bajo la monarquía autocrática marroquí.

Si bien la presencia de cualquier territorio europeo en suelo africano es sin duda problemática, independientemente de su historia y demografía particulares, cuesta imaginar que estas figuras de la derecha estén realmente motivadas por el anticolonialismo.

Además, la oleada de cruces fronterizos ha generado imágenes que los partidos de extrema derecha en Europa están utilizando para afirmar que existe una crisis de refugiados incontrolable, lo que alimenta los ataques racistas y xenófobos contra Sánchez y otros gobiernos de izquierdas por permitir una “invasión” extranjera del territorio de la UE. Los gobiernos conservadores europeos han exigido que España sea expulsada del Espacio Schengen, que permite la libre circulación sin pasaporte por la mayor parte de Europa, a pesar de que España mantiene un estricto control migratorio interno entre las ciudades autónomas y la península Ibérica y de que ninguno de los 50.000 que cruzaron de manera ilegal a Ceuta ha logrado llegar al continente europeo.

Mientras tanto, en Estados Unidos, el vicepresidente JD Vance achacó los cruces fronterizos a “las políticas globalistas de la izquierda radical que han permitido la invasión de Occidente”, mientras que Trump advirtió de que escenas similares a las de las decenas de miles de personas de piel oscura que asaltan la frontera en Ceuta se producirían también en Estados Unidos si los demócratas volvieran al poder.

Irónicamente, en lugar de ser anticolonialista, el propio Marruecos es una potencia colonial que ha invadido, ocupado, anexionado y colonizado ilegalmente la nación del Sáhara Occidental, un Estado miembro de pleno derecho de la Unión Africana y reconocido por las Naciones Unidas como territorio no autónomo. Estados Unidos e Israel son los únicos dos países que reconocen formalmente que ese país ocupado se encuentra bajo la soberanía marroquí.

Marruecos lleva mucho tiempo utilizando la amenaza de abrir las compuertas de migrantes hacia España y otros países europeos para obtener concesiones políticas y económicas, incluso en lo que respecta al Sáhara Occidental. Esto llevó incluso a Sánchez, poco después del incidente de 2021 en Ceuta, a respaldar el dudoso “plan de autonomía” de Marruecos para el Sáhara Occidental, que anularía el derecho a la autodeterminación de los saharauis y sentaría el peligroso precedente del reconocimiento internacional de la expansión territorial de un país por la fuerza. Otros gobiernos europeos de izquierdas han hecho lo mismo, dispuestos a sacrificar los principios jurídicos internacionales por temor a que un flujo masivo de refugiados perjudicara su capital político y reforzara a la extrema derecha.

La operación de entrada masiva a Ceuta forma parte de una larga tradición marroquí de aparentar ser “anticolonialistas” como tapadera de su propio colonialismo. Paralelamente a una invasión armada, Marruecos reunió a 300.000 marroquíes desarmados en la “Marcha Verde” de 1975 para reclamar el Sáhara Occidental cuando este estaba a punto de independizarse de España. La conquista, apoyada discretamente por Estados Unidos, contravino directamente una decisión histórica de la Corte Internacional de Justicia y una serie de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que exigían la autodeterminación del pueblo saharaui. La brutal ocupación militar persiste hasta el día de hoy.

Los recientes cruces fronterizos no constituyeron, por tanto, ni una auténtica crisis humanitaria ni una lucha anticolonial, sino que formaban parte de los esfuerzos del creciente eje EEUU-Israel-Marruecos –codificado y reforzado por los denominados Acuerdos de Abraham– para debilitar a un gobierno europeo progresista, dividir a la UE y socavar el derecho internacional y los derechos humanos.



Fuente: Ctxt