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domingo, 9 de agosto de 2026

Marruecos, con Israel y Estados Unidos, enemigo de la Humanidad

 

Por Pedro Costa Morata
   Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


En el regreso, reincidente en el tiempo, a la incivilización y la barbarie que el mundo muestra exhibiendo genocidas, provocadores y émulos aventajados de unos y otros, hay que ubicar al Reino de Marruecos debido a su estable constitución neocolonial con ínfulas crecientes de sub imperialista. Ha pasado, así, de una ética anticolonial y cuasi revolucionaria, alzada contra la permanente intromisión de potencias como España y Francia antes de la independencia en 1956, a una configuración feudal y neocolonial en la que el monarca ostenta la representación activa de todas las contradicciones, controlándolo todo, represión política y poder económico en primer lugar; pero que también hace de firme enlace con fuerzas ajenas a las que se entrega a cambio de que sostengan su estatus de privilegio frente a un pueblo empobrecido y fugitivo, sin dirigentes que lo reivindiquen.

En ayuda de esta dictadura, tan personalista, al rey marroquí le viene su calidad de Comendador de los Creyentes (Amir al-Muminín), es decir, jefe religioso del Islam en virtud de considerarse descendiente directo del profeta Mahoma a través del hijo, Hasán, del matrimonio de su (única) hija Fátima y de Alí, cuarto califa.


Mohammed VI. Comendador de los Creyentes. (Gettyimages).

Así que además de jefe político omnímodo, para los marroquíes su rey es jefe religioso absoluto, por lo que toda crítica u oposición, además de atentar contra el jefe del Estado lo es contra el líder espiritual, resultando por lo tanto herética (o poco menos). Gozan de este título todos los sultanes alauíes desde que derrocaron a la dinastía anterior, la saadí, en 1659, y lo ostenta el actual rey Mohammed VI.

Lo curioso es que, en el decidido acercamiento de esta monarquía al Estado israelí, enemigo de la Humanidad y por lo tanto del Islam y sus creyentes, el mundo musulmán siga expresando al rey marroquí respeto y devoción por descender del Profeta, y así lo hace la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), que ya en 1979 distinguió además al rey Hasán II como presidente del Comité Al-Quds (nombre árabe de Jerusalén), encargado de velar por el carácter musulmán de la tercera Ciudad Santa del Islam, esa que los israelíes invadieron, ocuparon y maltratan con sus excavaciones insultantes, humillaciones históricas, limpieza étnica y provocaciones políticas y religiosas.


Gaza destruida. (Gettyimages).

El análisis del Marruecos actual hay que hacerlo contando ineludiblemente con sus conflictos neocoloniales, que responden a fuerzas y residuos de la Historia, más allá de la naturaleza dura e implacable de un régimen monárquico de corte feudal, más que tradicional, que se pretende democrático y así se impone a las fuerzas políticas que se le someten, incapaces de mostrar vida propia o una actitud crítica hacia los fundamentos de un espectáculo antipolítico y amenazador (ni exótico ni grotesco).

Anotemos, simplemente, en los rasgos neocoloniales del Reino de Marruecos que, mientras reivindica, con razón y legitimidad, su soberanía sobre las plazas españolas de su costa mediterránea, somete, contra la Historia y el Derecho, a todo un pueblo, el saharaui, que lo rechaza y lo abomina, hasta el punto de que, con la invasión y ocupación de su territorio, el núcleo permanente de su política neocolonial ha tenido que consistir en impedir por todos los medios cualquier referéndum que dé voz a esos invadidos y reprimidos, porque lo perdería sin duda alguna. Marruecos se impone, por las armas y la represión, a un pueblo que lo rechaza desde hace siglos.

La novedad, de gran envergadura y trascendencia es que Marruecos, siguiendo instrucciones y por encargo de los Estados Unidos (ya antes de Trump, mucho antes), está poniendo en manos de Israel su tecnología militar, sus sistemas de vigilancia y espionaje y su modus belli, todo ello para (1) someter al pueblo saharaui y sus fuerzas armadas, (2) someter a su propio pueblo, intimidado y perseguido, y (3) chantajear a España y obtener con el menor coste posible las ciudades y peñones de soberanía española en la costa marroquí. Una alianza, la marroco-israelí, a la que se amarra el rey alauita sin que le importe su carácter netamente blasfemo: ¡el Comendador de los Creyentes y protector de Al-Quds, aliado con los genocidas del pueblo árabe-musulmán de Palestina!

Lo importante es anotar, y describir, los rasgos esenciales de esta “integración” de Marruecos en el bipolo satánico de Trump-Netanyahu, para formar un triángulo desigual pero bien armado, y saber bien a qué atenernos; y para ello debemos proceder a un cuadro comparativo de las similitudes entre el Estado genocida de Israel y el Reino represivo de Marruecos para ilustrar hasta qué punto ambos se conchaban contra la Humanidad. Y el primero de estos rasgos es, sin duda alguna, que Israel y Marruecos someten a opresión y marginación a los pueblos palestino y saharaui, respectivamente, cuyos territorios históricos y legítimos ocupan ilegalmente. Y aunque no sea con exactamente el mismo objetivo, pero como inocultable “detalle” de su modus operandi, ambos regímenes han construido un Muro para hacer más fácilmente realizable su dominio sobre ellos, con la sujeción física directa: un Muro de infamia que muestra bien a las claras su discurrir entre el desprecio y el miedo.

En segundo lugar, y estrechamente vinculado con lo anterior, ambos Estados proceden a la eliminación de esas dos poblaciones con distintos objetivos y métodos: Israel mediante su liquidación total en las áreas que se quiere anexionar en una estrategia claramente genocida, y Marruecos con la “minimización” de los autóctonos en el territorio del Sáhara que invadió, ocupó y explota, con una política de inmigración y colonización que busca su desaparición a plazo.

Ambos Estados, como tercera nota, hacen caso omiso de los mandatos del Derecho y la Ley internacionales, singularmente la Carta de la ONU y las resoluciones de ella emanadas, sean del Consejo de Seguridad, sean de la Asamblea General; pretextando derechos históricos en ambos casos sobre las tierras invadidas, con el agravante israelí de apelar a la defensa propia por considerar terroristas, en definitiva, a todos los palestinos (Estados Unidos ya prevé, para satisfacción de Marruecos, declarar al Frente Polisario como grupo terrorista).

Ambos Estados, quinta semejanza, gozan de impunidad de hecho en su burla hacia la Comunidad internacional, que por su parte se muestra incapaz de adoptar medidas legales y coercitivas para que cesen sus abusos e incumplimientos, así como sus crímenes contra la Humanidad que, presentes en ambas situaciones, son de entidad espeluznante de la parte israelí. Recordemos, no obstante, el bombardeo con napalm con que la aviación israelí machacó en la transición de 1975 a 1976 a los grupos saharauis que huían de su territorio camino del exilio en Argelia (Hay que insistir: estas diferencias son de grado, no de esencia.)

Ambos Estados se amparan en el poder casi omnímodo de los Estados Unidos de América, con los que mantienen una “relación especial” de alianza, dependencia y criminalidad internacional, haciendo de peones subimperialistas a los que se premia con dejarles las manos libres para resolver los molestos asuntos que les conciernen: la eliminación, sumisión o humillación de los pueblos que no se les someten, y el control interior. Esto, en sexto lugar.

En séptimo lugar, ambos Estados viven una militarización obsesiva y agresiva, siempre con el pretexto de la seguridad, exterior e interior, con una componente creciente en inteligencia, es decir, en espionaje y persecución tecnológica de críticos y opositores. En este aspecto, Marruecos se ha ligado con Israel por el Acuerdo de Cooperación en Materia de Seguridad firmado por los ministros de Defensa de Rabat y Tel-Aviv en 2021, como primera consecuencia tanto de la ruptura del alto el fuego con el Polisario como del reconocimiento diplomático mutuo, lo que se ha redoblado en 2026 con un Plan de Acción Militar.

En octavo, y último lugar, ambos Estados son expansionistas: el israelí por un fondo teocrático (con la apelación desvergonzada a las novelas de la Biblia) y por sus planes de carcomer a los Estados de su entorno (el Gran Israel); y el marroquí por un nacionalismo hecho de frustraciones coloniales y alucinaciones nacional-fascistas (el Gran Marruecos).

Este es el cuadro de semejanzas entre los regímenes marroquí e israelí con el que hay que contar sabiendo de sus intenciones y agresividad; porque nos enfrentamos -desde España y desde el mundo perplejo e indignado- a una alianza que no cederá en sus propósitos de abuso, dominio e imperio, sabiendo, como lo saben, que gozan de un momento de impunidad por el padrinazgo norteamericano y la inepcia de la comunidad internacional.


sábado, 1 de agosto de 2026

Ceuta, la llave del estrecho de Gibraltar bajo presión permanente

 

 Por Pedro Garcia   
      Periodista en Descifrando la Guerra.


La ciudad autónoma de Ceuta es un punto clave en la geopolítica de España en el Mediterráneo Occidental.


     La ciudad autónoma de Ceuta concentra una de las mayores responsabilidades geopolíticas de España en el Mediterráneo occidental. Su valor militar, político y simbólico contrasta con una vulnerabilidad creciente derivada de la presión híbrida ejercida por Marruecos y de su condición de enclave aislado del territorio peninsular.


El aumento de las llegadas irregulares sitúa a Ceuta ante su peor crisis migratoria desde 2021 y eleva la tensión con Marruecos.

Ceuta: plaza pequeña, importancia estratégica

Ceuta suele aparecer en el debate público asociada a la inmigración irregular o a los problemas fronterizos. Sin embargo, desde una perspectiva estratégica, su relevancia va mucho más allá.

Situada en la entrada oriental del estrecho de Gibraltar, la ciudad constituye una posición clave para el control de una de las rutas marítimas más importantes del mundo, por donde transitan anualmente miles de buques que conectan el Atlántico con el Mediterráneo.

Su ubicación convierte a Ceuta en un activo de primer orden para España y para la seguridad europea. Se trata de una frontera exterior de la Unión Europea y de un punto de observación privilegiado sobre el tráfico marítimo, los flujos migratorios y los movimientos militares en el Mediterráneo occidental.

Además de su valor geográfico, Ceuta posee una enorme importancia política y simbólica. La ciudad forma parte de España desde el siglo XVII y constituye una expresión tangible de la presencia española en el norte de África. Precisamente por ello se encuentra en el centro de la reivindicación marroquí, que continúa considerando tanto Ceuta como Melilla territorios pendientes de recuperar.

Pese a la persistencia del contencioso, un conflicto militar abierto entre España y Marruecos sigue siendo considerado improbable. Los intereses económicos compartidos, la cooperación en materia de seguridad y la estrecha relación con socios occidentales actúan como importantes elementos disuasorios.

Sin embargo, la principal amenaza para Ceuta no es actualmente una invasión convencional, sino la denominada estrategia de zona gris. Se trata de una combinación de presión diplomática, económica, migratoria y propagandística destinada a debilitar progresivamente la posición española sin llegar a desencadenar una guerra.


La ciudad autónoma de Ceuta.

Los precedentes son numerosos. Marruecos ha reaccionado históricamente con ataques híbridos ante cualquier gesto institucional español en las ciudades autónomas. La retirada temporal de embajadores, las protestas diplomáticas, las restricciones comerciales o los cierres fronterizos forman parte de un patrón de actuación que busca incrementar el coste político de la presencia española en la zona.

La crisis migratoria de mayo de 2021 representó el ejemplo más claro de esta estrategia. La entrada masiva de miles de personas en apenas dos días demostró hasta qué punto los flujos migratorios pueden emplearse como instrumento de presión geopolítica. El episodio evidenció que Ceuta puede convertirse rápidamente en el escenario principal de una crisis internacional sin necesidad de un solo disparo.

La actual escalada, con cerca de 49.000 entradas irregulares registradas según las cifras disponibles hasta la fecha, constituye uno de los episodios de mayor presión sobre la ciudad desde aquellos acontecimientos. Por su impacto político, social y diplomático, se ha convertido además en uno de los momentos más delicados de la relación entre España y Marruecos de las últimas décadas.

En el plano diplomático, Marruecos ha recurrido de forma recurrente a medidas destinadas a cuestionar la normalidad institucional española en ambas ciudades. La llamada a consultas de su embajador tras la visita de los Reyes en 2007, la inclusión de Ceuta y Melilla como territorio marroquí en determinados pasaportes emitidos en 2010 o la prohibición en 2019 de que diplomáticos marroquíes accedieran a las dos ciudades constituyen ejemplos de una estrategia destinada a reforzar la narrativa marroquí y transmitir la idea de que la soberanía española sigue siendo objeto de disputa.

La dimensión económica también ha desempeñado un papel relevante. El cierre unilateral de la frontera comercial de Melilla en 2018, las restricciones comerciales impuestas posteriormente a Ceuta y las limitaciones al intercambio transfronterizo no solo tuvieron consecuencias económicas inmediatas, sino que reflejaron una voluntad política de incrementar la dependencia y vulnerabilidad de ambas plazas.

Estas medidas encajan dentro de las herramientas de coerción económica propias de los escenarios de zona gris, donde la presión se ejerce mediante mecanismos aparentemente administrativos o comerciales, pero con una clara finalidad estratégica.

Los precedentes históricos muestran que esta forma de actuación no es nueva. Tanto la Marcha Verde de 1975 como la ocupación del islote de Perejil en 2002 pueden interpretarse como episodios donde Marruecos trató de modificar el equilibrio existente mediante acciones cuidadosamente calibradas para evitar una guerra abierta.


Militares españoles colocan la bandera del país en la isla de Perejil tras la crisis.

Ambos casos ilustran una combinación de presión política, simbolismo nacional y creación de hechos consumados que guarda importantes similitudes con las estrategias de zona gris contemporáneas.

¿Es Ceuta defendible?

Desde el punto de vista militar, Ceuta presenta características que favorecen su defensa. La ciudad se encuentra a escasos kilómetros de la península y puede recibir apoyo naval y aéreo con gran rapidez. Su terreno accidentado y sus accesos relativamente limitados ofrecen ventajas defensivas que dificultarían cualquier intento de ocupación rápida.

La presencia de unidades de la Legión y de otras fuerzas desplegadas en la plaza proporciona además una capacidad de respuesta inmediata ante incidentes de seguridad. A ello se suma la superioridad naval española en el entorno del estrecho de Gibraltar y la capacidad del Ejército del Aire para proyectar fuerza desde bases peninsulares en muy poco tiempo.

En caso de una crisis convencional, España mantendría una importante ventaja en ámbitos como el control marítimo, la guerra antisubmarina, la guerra electrónica y la superioridad aérea cualitativa.

Sin embargo, su principal debilidad deriva de su condición de enclave fronterizo rodeado completamente por territorio marroquí. Cualquier deterioro de las relaciones bilaterales tiene un impacto inmediato sobre la vida económica y social de la ciudad.


Posición estratégica de Ceuta.

La dependencia de las conexiones marítimas y aéreas con la península convierte también a Ceuta en especialmente sensible a escenarios de bloqueo, interrupción logística o crisis prolongadas. Aunque España dispone de medios suficientes para mantener las comunicaciones, una situación de tensión sostenida podría generar importantes costes políticos y económicos.

A ello se suma una vulnerabilidad menos visible: la tan empleada narrativa del Gran Marruecos. Rabat lleva décadas impulsando un discurso internacional que presenta a Ceuta como un vestigio colonial.


Marcha verde para materializar la ocupación del Sáhara por parte de Marruecos.

Aunque esta interpretación carece de respaldo jurídico en Naciones Unidas y no encuentra reconocimiento en el derecho internacional, su repetición constante busca erosionar la legitimidad de la soberanía española.

Esta batalla del relato constituye uno de los principales frentes estratégicos del futuro. La presión no pretende necesariamente modificar la realidad sobre el terreno de forma inmediata, sino crear un clima político favorable a las aspiraciones marroquíes a largo plazo.


Vista aérea del Estrecho de Gibraltar, que muestra la separación geográfica y tectónica entre Europa y África.

Una cuestión de credibilidad nacional

Uno de los principales problemas para España es que Ceuta no figura de manera explícita dentro de las garantías territoriales contempladas tradicionalmente por la OTAN. Aunque una agresión tendría importantes implicaciones para toda la Alianza Atlántica, la ausencia de una cobertura específica genera cierta incertidumbre estratégica.

Por ello, la capacidad de disuasión nacional adquiere una importancia fundamental. Mantener fuerzas permanentes preparadas, reforzar la vigilancia marítima y aérea, mejorar la resiliencia económica de la ciudad y responder eficazmente a las amenazas híbridas son elementos esenciales para evitar cualquier cálculo erróneo por parte de un posible adversario.

Además, la defensa de Ceuta trasciende el ámbito militar. Su protección está ligada a la credibilidad del Estado español, a la integridad de sus fronteras y a la estabilidad del Mediterráneo occidental.

Más que una plaza periférica, Ceuta representa una posición estratégica de primer orden en el flanco sur europeo. Su fortaleza dependerá tanto de las capacidades militares desplegadas como de la voluntad política de mantener una presencia firme, coherente y sostenida frente a las presiones externas.

En un contexto internacional cada vez más competitivo y marcado por las amenazas híbridas, la ciudad autónoma sigue siendo una de las piezas fundamentales de la seguridad española. Y precisamente por ello continuará siendo uno de los espacios geopolíticos más sensibles del Mediterráneo.

El principal desafío para España en Ceuta y Melilla no es militar. La amenaza más probable procede de una acumulación de presiones diplomáticas, económicas, migratorias e informativas destinadas a desgastar progresivamente la posición española. 

La defensa de las ciudades autónomas exige, por tanto, una respuesta integral que combine capacidades de disuasión, inteligencia, resiliencia institucional y gestión estratégica de la información.

En un escenario donde la confrontación rara vez adopta la forma de una guerra convencional, la capacidad para identificar y contrarrestar las acciones desarrolladas en la zona gris se ha convertido en un elemento fundamental para garantizar la estabilidad y la soberanía española en el norte de África.



Fuente: Descifrando la Guerra