Mostrando entradas con la etiqueta Gran Israel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gran Israel. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de julio de 2025

Los mapas del gran Mileikowsky alias Netanyahu

 

      Arabista en la Universidad Autónoma de Madrid.


La limpieza étnica de los territorios palestinos forma parte sustancial del ideario sionista.

     Cuando el insigne miembro de la familia Mileikowsky sacó a relucir uno de sus famosos mapas, en la sede de las Naciones Unidas, septiembre de 2023, se produjo una gran conmoción mundial. El primer ministro del régimen de Tel Aviv parecía dar por hecho que Palestina no existía ya –ni Gaza ni Cisjordania aparecían como tales- y proclamaba el inicio de un nuevo gran Oriente Medio liderado por el no menos grande Israel. Todo en el marco de un mega proyecto comercial que abarcaría desde la India hasta los puertos europeos del Mediterráneo. Unas semanas después se produciría el llamado “Diluvio de al-Aqsa” orquestado por las milicias aliadas; y los planes económicos, fundamentados en la firma de acuerdos de paz con más países árabes, en primer lugar Arabia Saudí, quedaron aparcados por un tiempo.


Casas demolidas en el campo de Tulkarem.

Ahora bien, la destrucción sistemática de lo que queda de Palestina y la expulsión del mayor número posible de palestinos, eso nunca se fue a ningún sitio porque, en realidad, había empezado antes de los ataques de Hamás y compañía. La limpieza étnica de los territorios palestinos forma parte sustancial del ideario sionista –inevitable en cualquier proyecto colonial como este- y en algún momento había que llevarla a cabo. El 7-O aportó la oportunidad a su maquinaria militar y el justificante ante la comunidad internacional, a la que, en realidad, el destino del pueblo palestino, traicionado por las leyes internacionales que debería protegerlo, le importa más bien poco en función de lo que diga Estados Unidos. Y Washington está de acuerdo: hay que quitarse de en medio el “engorro” palestino y asentar la “paz” de una vez por todas en la región. Si esto pasa por desperdigar a cientos de miles de seres indefensos por los países de la zona o de redistribuirlos entre estados europeos, árabes y africanos, cada uno con su cuota particular, sea.


       Soad Haddour, cuñada del periodista Kayed Hammad, le recibe en el Aeropuerto 
                                                                    de Málaga.

Mileikowsky ha vuelto a Washington –lleva cuatro viajes en menos de un año, toda una plusmarca- con otro de sus mapas. El padre de Mileikowsky, Benzion, fue un “reputado” activista sionista, profesor y partidario de Zeev Jabotinsky, representante del Revisionismo Sionista, uno de los movimientos más expansionistas y radicales respecto a la población autóctona de Palestina. Todo muy entusiastamente sionista, basado en la concepción más expeditiva del colonialismo europeo y la justificación bíblica de una tierra prometida (ellos saben muy bien, dicen, quién se la prometió, Jehová, los británicos o ellos mismos; los demás lo ignoramos). Benzion terminó cambiándose el apellido a Netanyahu (“Yahvé concedió”) para sonar más hebreo y menos europeo, tras abandonar su Polonia natal. El hijo, Benjamín, nacido en la Palestina ocupada, se convertiría décadas después en primer ministro. Heredó de su padre la pasión por la pseudo historia sionistizante y los mapas. Lógico: los anhelos de nuevas conquistas han de plasmarse con coloridos contornos geográficos.


                                                      Zeev Jabotinsky en 1940.


Benjamín Mileikowsky alias Netanyahu ha ido a Washington a ver al presidente Donald Trump con uno de esos mapas llenos de sorpresas. La prensa israelí, siempre activa al servicio de las grandes operaciones sionistas de imagen pública, había filtrado los pormenores del mismo. A los prohombres del Likud y las formaciones israelíes ultra nacionalistas siempre les han encantado los mapas desorbitados donde el Sinaí, media Jordania e incluso partes de Iraq aparecen enmarcadas dentro del Gran Israel; pero esta vez, el mapa en cuestión que, dicen, Mileikowsky le iba a enseñar a otro hijo de inmigrantes que ahora no cree en la inmigración, incluía una porción de Líbano y Siria dentro de los límites del Estado de Israel. La filtración, por supuesto, no es inocente ni se debe a un error de la oficina de Mileikowsky. El mensaje que se desea trasladar es claro: este gran Israel no tiene límites y puede aglutinar cualquier territorio adyacente que le convenga para continuar su expansión. O para llevar allí a los desplazados palestinos. Los responsables y periodistas israelíes hablan sin cesar de próximos acuerdos de paz con Siria y Líbano, lo cual aportaría un colchón de seguridad, a su proyecto colonial, y la proliferación de mapas así intentan aterrar a Damasco y Beirut y obligarlos a neutralizar a sus corrientes anti sionistas, sobre todo la segunda con Hezbolá. El objetivo: adherirlos a los Acuerdos de Abraham (“la paz araboisraelí”), patrocinados ahora por Arabia Saudí.

A Mileikowsky, representante de una saga de primeros ministros sionistas que se cambian el nombre –bueno, a él se lo cambió el visionario del padre- para no resultar tan europeos, le sonríe la geoestrategia internacional y las coordenadas regionales actuales. Egipto, Jordania, Emiratos Árabes, Marruecos, Bahréin y más países árabes están entregados a la causa, le aportan armas, dinero y mercancías y siguen actuando entre bastidores para terminar con la resistencia palestina, con la ayuda de la Autoridad Nacional en Ramala, cooperante pasivo del régimen de Tel Aviv. Estados Unidos está, como siempre pero más todavía, comprometida con el proyecto sionista y lo apoya con armas y bajages –más aún, Mileikowsky tiene una gran sintonía con Drumph alias Trump (esta familia germánica se cambió el nombre para parecer más americano y menos europeo, Jesús, qué manía)-; Irán está desarbolada, dicen, tras los últimos bombardeos sobre sus centrales nucleares, Hezbolá en Líbano se lame las heridas, Rusia está a los suyo, China permanece agazapada esperando vete a saber qué, Europa debería cambiarse el nombre para parecer menos europea y la comunidad internacional condena el genocidio en Gaza pero no hace nada para que las inversiones, las ayudas directas, las armas y las importaciones no sigan llegando al régimen de Tel Aviv, como señalan informes de Naciones Unidas, esa institución que ahora llaman “tan anti israelí” .


Escudo de armas de la Autoridad Nacional Palestina.

El gran problema de Mileikowsky y el estado profundo sionista es que, parafraseando el célebre micro relato, cuando se despertaron Gaza seguía ahí, con una resistencia que no cesa y una población que también resiste porque sabe cómo se las gasta el proyecto sionista –muchos ya han sido expulsados de su tierra original una, dos y tres veces-. Cada día sacan un mapa de nuevas deportaciones y desplazamientos forzados de población dentro de la Franja, o planes de campos de concentración en áreas determinadas, una especie de pruebas de laboratorio a gran escala. O vuelven a la carga con la expulsión masiva a Egipto, lo que está más cerca, hipótesis muy valorada por Washington pero que pondría en jaque a uno de los regímenes más afines y necesarios hoy para mantener la cada vez más precaria primacía estadounidense en la zona. El gran problema del régimen de Tel Aviv es que si desea mantener el ideario sionista debe obtener más tierras y expulsar a más palestinos; y eso puede dificultar el sueño de liderar un nuevo gran Oriente Medio basado en los intercambios comerciales con los regímenes árabes “amigos”. Pero están dispuestos a conseguir las dos cosas a la vez, acabar con la cuestión palestina y hacer negocios con las oligarquías árabes amigas.

Abundan en las redes sociales vídeos en los que se habla de un futuro próximo en el que Gaza constituirá sólo un recuerdo. Un lugar borrado de la faz de la tierra que devino un resort turístico en la costa mediterránea. O un parque temático de la historia reciente. Algo parecido a un recuerdo, como Palestina, desaparecida de los mapas de los Mileikowsky. Quienes sobrevivieron a aquella brutal limpieza étnica fueron realojados por los cinco continentes y algunos cambiaron sus apellidos palestinos para parecer más… europeos. Una distopía que tiene visos, por desgracia, muy reales, ante la saña sionista-estaounidense y la pasividad por no decir connivencia de los poderes fácticos y reales que gobiernan este mundo. Si no les bastan las mentiras y los bombardeos indiscriminados tienen la guerra bacteriológica. El islamismo radical, el Estado Islámico por ejemplo, es uno de estas armas cancerígenas. Avigdor Lieberman –tiene un nombre muy europeo todavía, se lo cambiará cuando gobierne-, representante del llamado “ultranacionalismo” israelí, ex ministro y enemigo declarado de Netanyahu, a quien a veces tacha de “demasiado blando”,  lo dijo hace poco: hay que utilizar el virus del islamismo radical contra los “enemigos de Israel” de forma proporcionada, que no se vaya de las manos, con éxito como Putin hizo en Chechenia.


Marta Ter entrevista a familiares de desaparecidos en Chechenia.

El régimen de Tel Aviv ha mantenido una relación de interés compartido con las milicias yihadistas en Siria, Iraq y alrededores y en algún momento les ha dado cobertura militar. O les ha abierto sus hospitales, como hiciera en 2015 con yihadistas heridos en Siria, pertenecientes a al–Qaeda y su filial siria de al-Nusra. Entonces hablaron de razones humanitarias. Podían hacerlo hoy, por motivos asimismo humanitarios, con los cientos de miles de niños que están hiriendo y mutilando en Gaza. Qué curioso: el líder de al-Nusra, bautizada después Tahrir al-Sham, gobierna hoy Damasco. Muchos hablan de su pretendida disposición a firmar la paz con Mileikowsky. Será porque antes se llamaba al-Golani y ahora le dicen Ahmad al Sharaa. El Golán, por cierto, es un territorio ocupado por el régimen de Tel Aviv desde 1967 y anexionado en 1981 que el sionismo nunca pondrá en un mapa dentro de Siria en un hipotético acuerdo de paz con Damasco. Hay que saber de cartografía, hombre.


Fuente: El SALTO

viernes, 9 de mayo de 2025

Lecciones del apagón eléctrico

 

 Por Slavoj Žižek  
      Filósofo, psicoanalista y crítico cultural esloveno.


Los palestinos luchan por recibir comida caliente distribuida por organizaciones benéficas en medio de los continuos ataques israelíes y el bloqueo total de Gaza.


     El 1 de mayo de 2025, vi las noticias de portada habituales en nuestros medios de comunicación: el conocido criminal de guerra Benjamin Netanyahu ha declarado la “emergencia nacional” en Israel y desplegado tropas de las FDI para intervenir… ¿Dónde? ¿Contra quién? ¿Se había producido un nuevo ataque “terrorista” a gran escala en el país? Aquí viene la sorpresa. Se trataba de algo completamente distinto: Israel se enfrentaba a los peores incendios en una década, los bomberos se afanaban en controlar fuegos devastadores que han dejado varios heridos y amenazado con arrasar incluso las afueras de Jerusalén.

Lo que hace que esta noticia sea tan especial es que el territorio controlado por Israel, asociado en la actualidad con el genocidio en Gaza y la limpieza étnica en Cisjordania, estaba ahora afectado por una catástrofe que se está produciendo continuamente en todo el mundo: la crisis ecológica. Recuérdese el caso más reciente: el 28 de abril, lunes, un enorme apagón afectó a toda la península ibérica (España y Portugal al completo) más una pequeña parte del sur de Francia, dejando miles de personas atrapadas en trenes y ascensores, millones sin cobertura de teléfono e Internet, semáforos apagados que causaron atascos inmensos, etc. El martes, con la electricidad restaurada, se hicieron preguntas: ¿cómo se produce con tanta facilidad un apagón que afecta a 60 millones de personas? ¿Qué lo causó?

En un principio se habló de que se habían producido fluctuaciones de temperatura inesperadamente fuertes; pero tanto la operadora española, Red Eléctrica, como el portavoz gubernamental de Portugal rechazaron la posibilidad de que se tratara de un ciberataque, de un error humano o de un fenómeno meteorológico, dando por supuesto que el corte estaba causado por una desconexión repentina entre dos plantas de generación eléctrica en el suroeste de la Península. Tres días después, sigue sin haber respuesta clara, y tal vez tardemos meses en tenerla. Deberíamos prestar una atención especial a la reacción de la nueva derecha populista, que culpa del apagón a la propia “locura verde”, apuntando a que la insistencia “verde” en el uso de coches eléctricos, en lugar de los de combustión, es lo que ha causado la sobrecarga de la red eléctrica.



La cuestión crucial aquí es la siguiente: ¿Puede evitarse un apagón de este calibre, o mayor aún? La respuesta es clara e inequívoca: no. La razón no está solo en amenazas ajenas al control humano (un gran asteroide que golpee la Tierra) o en las consecuencias imprevistas de nuestra propia actividad, sino también en nuestra creciente interconexión. En 2010, ante la posibilidad de que las cenizas volcánicas expulsadas por el volcán islandés Eyjafjallajökull dañasen los motores de los aviones, muchos países europeos cerraron su espacio aéreo, el mayor cierre desde la Segunda Guerra Mundial. Las cancelaciones dejaron en tierra a millones de pasajeros no solo en Europa sino en todo el mundo. Con grandes partes del espacio aéreo europeo cerradas al tráfico, muchos más países se vieron afectados, puesto que se cancelaron tanto los vuelos con destino o procedencia en Europa como los que sobrevolaban el territorio. El hecho de que la nube provocada por una erupción volcánica menor en Islandia –una pequeña perturbación dentro del complejo mecanismo de la vida en la Tierra– sea capaz de paralizar el tráfico aéreo de todo un continente nos recuerda que, pese a su enorme capacidad para transformar la naturaleza, la humanidad sigue siendo una especie más del planeta Tierra… aunque también con una todopoderosa capacidad de autodestrucción.

Esta compleja interconexión no solo permite que los accidentes locales tengan consecuencias mundiales, sino que posibilita asimismo formas de sabotaje sutiles. Es bien sabido que las grandes potencias tienen planes detallados sobre cómo perturbar la vida cotidiana de un país enemigo: cortar el suministro de agua y electricidad, suspender las redes digitales, etc. La interconexión mundial hace que cualquiera de estos sistemas pueda suspenderse con una pequeña intervención en numerosos puntos de entrada. La imagen que yo me he formado de una catástrofe mundial no es la de la superficie terrestre abrasada por explosiones nucleares, sino una nueva realidad en la que todo lo que vemos permanezca exactamente como suele estar, pero sin electricidad, agua corriente, aire acondicionado, conexiones digitales y telefónicas, o previsiones meteorológicas, con caos en las tiendas por falta de dinero en efectivo…

¿Qué podemos hacer, entonces? En la conocida lectura que hace de Marx, Kohei Saito demuestra que, a partir de 1868, Marx abandonó la insistencia en el progreso para centrarse cada vez más en la amenaza que la despiadada explotación capitalista de la naturaleza supone para la supervivencia misma de la humanidad. Saito no se anda con rodeos a este respecto: el problema es el capitalismo en sí. Es consciente de que hoy en día la ecología forma parte de la ideología capitalista convencional, (casi) todos afirman prestarle atención. Por eso, el principal objetivo de Saito no son quienes niegan directamente el calentamiento planetario, sino quienes defienden el “crecimiento sostenible”, el principio organizador fundamental que rige las respuestas al cambio climático. Se muestra especialmente crítico con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), a los que califica como “el nuevo opio de las masas”. Al establecerlos, no se ha tenido en cuenta el hecho brutal de que son inalcanzables bajo un sistema capitalista. La ideología del “crecimiento sostenible” desempeña exactamente la misma función que la actitud del Estado de Israel y de las principales potencias europeas hacia la expansión de asentamientos en los territorios ocupados por Israel. Daniella Weiss, la “madrina” de los colonos cisjordanos, hablaba recientemente, en una entrevista concedida a Louis Theroux, de la estrategia de expansión los asentamientos. Su descripción de cómo se relacionan los colonos con el poder estatal israelí no puede sino parecernos una verdad pura y simple:

Hacemos por los gobiernos lo que ellos no pueden hacer por sí mismos. Fíjate incluso ahora en Netanyahu. Está muy satisfecho con lo que nosotros hacemos aquí, y con nuestros planes de establecer una comunidad judía en Gaza. Le gusta, pero no puede decirlo. Al contrario, afirma que no es realista. Pues bien, nosotros haremos que sea realista. No es forzar al Gobierno, es ayudar al Gobierno. Es brindarle la capacidad, la valentía, el apoyo ciudadano, el respaldo político”.


Un soldado israelí camina cerca de varios tanques desplegados en una posición cercana a la frontera de Israel con Gaza, a 4 de mayo de 2025.


Weiss ve esta estrategia como una continuación de la propia fundación de Israel: primero construyeron gradualmente asentamientos en Palestina, y cuando había suficientes y la situación geopolítica cambió, sus organizaciones formales exigieron que el territorio fuese reconocido como un Estado. Lo crucial aquí es la duplicidad entre el movimiento cívico (de colonos) y la política oficial de los órganos estatales: el movimiento cívico hace aquello que el Estado niega oficialmente desear, aquello que condena incluso. De esta forma, el movimiento cívico crea gradualmente las condiciones para que el Estado acepte lo que es ya un hecho… No podemos dejar de observar tampoco que el Occidente “democrático” está ahora haciendo lo mismo: oficialmente condena la limpieza étnica en Gaza y en Cisjordania, pero la tolera en silencio, es decir, al no tomar medidas serias contra ella, e incluso respaldar a Israel, esperando sin más el momento en el que la máscara caiga y pueda aceptar abiertamente la situación sobre el terreno (el Gran Israel)… No es de extrañar que un grupo de académicos judíos propusiera oficialmente a Daniella Weiss como candidata al premio Nobel de la paz del próximo año.

El gran problema para la hasbara (la propaganda israelí) hoy en día es que, tras los horrores cometidos por Israel en Gaza y en Cisjordania, la mayor parte de la población, incluso en los grandes países occidentales, se muestra crítica con Israel y experimenta una simpatía humanitaria hacia los palestinos. La nueva estrategia es, en consecuencia, la de promover una fuerte movilización de todas las voces proisraelíes unida a formas de censura directas e indirectas. Rara vez podemos leer en los grandes medios de comunicación que la mayoría de la población simpatiza con los palestinos: a quienes manifiestan esta simpatía se les tacha de minoría terrorista antisemita, y grandes plataformas digitales como Instagram reciben con regularidad desde Israel listas de miembros cuyas cuentas son suspendidas por supuesto contenido proterrorista.


Ambulancia frente a las ruinas del hospital Abu Yousef Al-Najjar, en Rafajh -sur de Gaza-, destrozado en ataques israelíes el pasado 20 de enero de 2025.


Esto nos devuelve a nuestro punto de partida: el doble estado de emergencia en Israel. Al igual que la ideología del “crecimiento sostenible” abre efectivamente el camino hacia las catástrofes ecológicas, la incesante palabrería sobre la solución de los dos Estados y la repugnantemente ineficiente simpatía por las víctimas del holocausto que se está perpetrando en Gaza constituyen solo una máscara que permite a la Europa de los derechos humanos esperar cómodamente al hecho consumado del Gran Israel.


Fuente: Público

domingo, 15 de diciembre de 2024

La oportunista invasión israelí de Siria

 

     Presidente de ReThinking Foreign Policy y escritor habitual sobre Oriente Medio y la política exterior de Estados Unidos.


Desde la caída de Bashar al-Assad, Israel ha llevado a cabo una invasión no provocada de Siria con el apoyo de Estados Unidos. Los objetivos son claros: tomar territorio estratégico, dejar a Siria indefensa para el futuro y rediseñar el mapa político del Medio Oriente.



     Mientras Bashar al-Assad luchaba por salir de Siria, Israel movilizaba a sus fuerzas armadas para aprovechar el vacío de poder creado por el derrocamiento de Assad. Después de cinco décadas de un conflicto de bajo nivel entre los dos países, Israel vio una oportunidad de cambiar el cálculo y la aprovechó.

Hasta el miércoles, Israel había atacado Siria casi 500 veces. Su objetivo con estos ataques ha sido básicamente destruir la capacidad militar de Siria, y ya lo han logrado. Los informes de los medios israelíes afirman que más del 80% del armamento, los barcos, los misiles, los aviones y otros suministros militares de Siria han sido dañados o destruidos.

En esencia, Israel ha dejado a Siria completamente indefensa.

Mientras tanto, Israel se ha apoderado de la zona desmilitarizada establecida en 1974. Ha tomado el resto de los Altos del Golán, en particular el estratégico Monte Hermón, que Israel ha codiciado siempre por tratarse del punto más alto de la zona y un lugar ideal para la vigilancia de Siria y el Líbano.


Fotografía viralizada en redes sociales por cuentas ultraderechistas globales muestra supuestamente a las fuerzas israelíes ocupando la cima del monte Hermón de Siria el 8 de diciembre de 2024.

Prácticamente ningún sector de Israel ha mostrado resistencia a este acto flagrantemente criminal, lo cual no sorprende

Son muy pocos los que llaman a esto por su nombre: una invasión. Una invasión no provocada.

Prácticamente ningún sector de Israel ha mostrado resistencia a este acto flagrantemente criminal, lo cual no sorprende, ya que es de esperar que hasta la izquierda israelí apoye la dudosa justificación de la acción en términos de “seguridad”.

Lo que es más preocupante es la insuficiente respuesta de otros países. Muchos estados árabes han condenado las acciones de Israel, algunos incluso las han calificado de apropiación de territorio. Francia también las ha condenado y ha pedido a Israel que se retire. Alemania ha lanzado una advertencia bastante tibia.

Pero ¿dónde están los llamados a imponer sanciones, a congelar los acuerdos comerciales y, especialmente, las ventas de armas a Israel cuando invade otro estado soberano? De hecho, ¿dónde está la palabra “invasión” en gran parte de la retórica?

No sorprende que Estados Unidos haya calificado esta agresión flagrante y totalmente no provocada de “acto de legítima defensa” por parte de Israel. El asesor de seguridad nacional Jake Sullivan dijo que “lo que Israel está haciendo es tratar de identificar amenazas potenciales, tanto convencionales como de armas de destrucción masiva, que podrían amenazar a Israel y, francamente, amenazar también a otros, y neutralizar esas amenazas”.

En opinión de Israel, un Assad asediado, debilitado pero sostenido en el poder, limitaba a Siria como adversario estratégico a su papel de puente terrestre entre Irán y Líbano

Como en el caso del genocidio en Gaza, incluso cuando hay duras críticas, no hay amenaza de consecuencias. Esto es válido para Estados Unidos y también para los Estados árabes que tienen algún medio para imponer represalias a Israel: Jordania, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, ninguno de los cuales ha insinuado siquiera que esté considerando la posibilidad de cortar sus relaciones con Israel.

Irónicamente, el único país musulmán que rompió relaciones con Israel por el genocidio en Gaza fue Turquía, un aliado de Estados Unidos que está invadiendo Siria tras la caída de Assad.

El derecho internacional y las normas de las relaciones internacionales simplemente ya no existen, ni siquiera en la débil medida en que lo hicieron antes.

Dado que ya está claro que nadie va a detener a Israel, tenemos que preguntarnos cuáles son los objetivos de Israel en Siria.

Los objetivos de Israel en Siria

La relación de Bashar al-Assad con Israel era complicada. Solía emplear una retórica antiisraelí y su dependencia de Hezbolá e Irán para mantener su posición creó lo que se denominó la “Media Luna chiita”, que Israel veía como un medio para hacer llegar armas iraníes a Hezbolá en el Líbano. Por ello, Israel atacaba con frecuencia sitios sirios donde normalmente apuntaba a fuerzas iraníes o de Hezbolá. Lo hacía con tanta frecuencia que apenas se informaba de ello, y mucho menos se objetaba. Se convirtió en algo completamente normal en Israel y Washington.

Pero Assad también impidió ataques contra Israel desde territorio sirio y mantuvo la calma en la zona desmilitarizada junto a los Altos del Golán. Esto puede no parecer estratégicamente importante, pero para Israel, que había enfrentado frecuentes ataques desde Siria durante los primeros 25 años de su existencia, fue un gran logro.


Policía israelí en los altos del Golán.

La afirmación israelí de que actuaba para mantener la seguridad de la zona después de que el ejército sirio abandonara sus puestos allí es ridícula

Para Israel, Assad no era un amigo, pero se lo consideraba preferible a otras alternativas probables. En opinión de Israel, un Assad asediado, debilitado pero sostenido en el poder, limitaba a Siria como adversario estratégico a su papel de puente terrestre entre Irán y Líbano. Por eso, independientemente del apoyo de Israel a las operaciones encubiertas de la CIA para apoyar a los rebeldes sirios, Israel no presionó excesivamente para que se reclutara, armara y entrenara a esos rebeldes, a pesar de que algunos en Estados Unidos presionaban con fuerza para que se produjera un cambio de régimen en Siria.

El Acuerdo de Separación de 1974 congeló el conflicto entre Israel y Siria que se había reavivado en la guerra de 1973. Creó una zona de amortiguación desmilitarizada en la cara siria de los Altos del Golán, la mayor parte de los cuales permanecieron bajo ocupación ilegal israelí.

Ese acuerdo se mantuvo vigente hasta esta semana, un período de 50 años, lo cual es bastante notable si se tiene en cuenta todo lo que ha sucedido en la región desde entonces. Israel lo rompió tras la caída de Assad.

La afirmación israelí de que actuaba para mantener la seguridad de la zona después de que el ejército sirio abandonara sus puestos allí es ridícula. La fuerza de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, la FNUOS (Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación) seguía allí y no había ninguna amenaza en la zona.

La justificación “legal” de Israel es aún más absurda. Los acuerdos no se hacen entre regímenes ni entre gobiernos o gobernantes específicos, sino entre Estados. La afirmación de Israel de que la caída de Asad significa la nulidad del Acuerdo de Desconexión no sólo es errónea, sino también peligrosa.

Para la mayoría secular de Israel, sus designios están mucho más arraigados en una simple dominación, con el objetivo de alcanzar un nivel de hegemonía sin precedentes en Oriente Medio

Según este razonamiento, cualquier acuerdo entre dos países carece de sentido en cuanto cambia el gobierno. Esto implicaría, por citar sólo un ejemplo, que el tratado de paz de Israel con Egipto es inválido, ya que se firmó con el gobierno de Anwar Sadat. Cuando su sucesor, Hosni Mubarak, fue depuesto por un levantamiento popular, el tratado de paz debería haber sido anulado. Es una afirmación disparatada y es dudoso que Israel, y mucho menos Estados Unidos, estuviera de acuerdo con ella en ese caso, pero Israel lo dice con seriedad cuando la aplica en Siria. Y Estados Unidos lo respalda.

El objetivo de Israel al invadir la DMZ (zona desmilitarizada) era capturar el monte Hermón, el punto más alto de Siria. Se trata de una cadena montañosa que se extiende a ambos lados de la frontera entre Siria y el Líbano, por lo que es un lugar estratégicamente importante, no sólo porque puede ocultar aviones que vuelan a baja altura y algunos movimientos terrestres, sino, lo que es más importante, porque es el lugar ideal para espiar a Damasco, gran parte del territorio sirio circundante y gran parte del Líbano. Es un premio estratégico que Israel ha deseado desde que aceptó retirarse a su lado de la DMZ.


Netanyahu y su ministro de Defensa, Israel Katz, visitan la frontera de Israel con Siria el pasado 8 de diciembre de 2024.

Cualquiera que sea el territorio que Israel finalmente acepte ceder, si es que acepta alguno, sin duda tendrá como objetivo mantener el Monte Hermón bajo ocupación.

Reestructurando el Medio Oriente

Pero el monte Hermón ha sido sólo el comienzo de los objetivos de Israel.

Para la extrema derecha israelí, representada por el tristemente célebre ministro de Finanzas Bezalel Smotrich, la ideología del “Gran Israel” sitúa el expansionismo israelí en un contexto religioso. Pero para la mayoría secular de Israel, sus designios están mucho más arraigados en una simple dominación, con el objetivo de alcanzar un nivel de hegemonía sin precedentes en Oriente Medio.

Durante su testimonio en su juicio el martes, el primer ministro Benjamin Netanyahu dejó clara su visión de la situación regional actual, diciendo : “Algo tectónico ha sucedido aquí, un terremoto que no ha sucedido en los 100 años desde el Acuerdo Sykes-Picot”.

Es evidente que Netanyahu ve este momento como una oportunidad para rediseñar todo el mapa político del Medio Oriente.

Esta es la idea que se esconde detrás de los cientos de ataques que Israel ha lanzado contra objetivos militares sirios. Israel sostiene que lo hace por “razones de seguridad”, a pesar de la total ausencia de cualquier amenaza que provenga de Siria. Estados Unidos ha apoyado plenamente este argumento, a pesar de que es evidentemente falso.

Aunque Israel inicialmente insinuó que su objetivo eran los almacenes de armas químicas que aún quedaban después de que Assad se viera obligado a destruir la mayor parte de su arsenal, el bombardeo masivo demostró rápidamente que el verdadero objetivo era destruir por completo la capacidad de Siria para defenderse, como se ha dicho anteriormente. Por lo tanto, ahora que Israel ha logrado eliminar las capacidades militares de Siria, ¿qué implica eso para el futuro?

Una cosa que está muy clara es que Siria dependerá durante mucho tiempo de otros países para su autodefensa. Israel ha contribuido decisivamente a lo largo de los años a apoyar a los gobernantes árabes, incluso cuando no mantenían relaciones amistosas (el ejemplo más conocido fue la ayuda de Israel a Jordania en la lucha contra la OLP en la masacre de Septiembre Negro en 1970).

Dada la forma en que el líder de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), Abu Mohammed al-Jolani, ha estado acercándose a Occidente y la forma en que ha evitado hablar en contra de la invasión de Israel, bien puede ser que Israel se vea a sí mismo como un potencial “socio silencioso” que apoya a un nuevo régimen sirio. En silencio, pero brutalmente.

Esto se alinea bien para Israel con las actividades de Turquía en el norte del país, donde están presionando a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) kurdas, respaldadas por Estados Unidos, así como con el apoyo de Turquía al HTS. Si bien las relaciones entre Israel y Turquía se han vuelto a romper debido al genocidio israelí en Gaza, el presidente turco Recip Tayyip Erdogan es, por excelencia, un pragmático en lo que respecta a Israel y los kurdos. Si ve una oportunidad de trabajar con Israel para controlar una nueva Siria y hacerla menos hospitalaria para el nacionalismo kurdo, no dudará en aprovecharla.


Calles del barrio kurdo Sheikh Maqsoud en la ciudad de Alepo. 2023.

Lo que Netanyahu quiere evitar a toda costa es una Siria democrática e independiente. Como ocurre con cualquier Estado árabe, un Estado que refleje la voluntad de su pueblo apoyará la causa palestina. Esto no sólo es indeseable en sí mismo, sino que socavaría la narrativa israelí y occidental que presenta el apoyo al pueblo palestino como un respaldo al terrorismo y al autoritarismo.

Irán en la mira

En definitiva, la estrategia de Israel, como siempre, se centra en Irán. El jueves, el Times of Israel informó: “…la (Fuerza Aérea israelí) dijo que después de más de una década de evadir las defensas aéreas en los cielos de Siria durante una campaña contra el suministro de armas de Irán a Hezbolá, había logrado una superioridad aérea total en la zona. Esta superioridad aérea sobre Siria podría permitir un paso más seguro para los aviones de la IAF para llevar a cabo un ataque contra Irán, dijeron los funcionarios militares”.

Si bien el informe no indica necesariamente que sea inminente una operación israelí contra instalaciones nucleares iraníes, refleja una creencia israelí, probablemente acertada, de que un ataque israelí contra Irán que sea lo suficientemente poderoso y sostenido como para dañar o destruir las instalaciones nucleares de la República Islámica, muchas de las cuales se encuentran a gran profundidad, es mucho más factible ahora.

Irán parece haberlo reconocido y está preocupado. En las últimas semanas, ha respondido a los éxitos militares israelíes y a una resolución de Francia, Gran Bretaña, Alemania [el grupo E3, firmante de un acuerdo nuclear en 2015] y los Estados Unidos que decía que Teherán no estaba cooperando lo suficiente con el OIEA, haciendo lo único que puede hacer: aumentar su enriquecimiento de uranio.

Una denuncia reciente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) advertía de que Irán estaba enriqueciendo uranio al 60%, cifra cercana al umbral del 90% necesario para una ojiva nuclear. Esto motivó la denuncia de E3/EE.UU.

El jueves, Irán aceptó un mayor escrutinio del OIEA sobre sus instalaciones nucleares. Si bien es sólo uno de los muchos factores que influyeron en la decisión iraní, es seguro que la preocupación de Teherán de no dar a Israel una excusa para lanzar un ataque fue una de las razones clave de este cambio de postura.

En realidad, esto equivale a un régimen de terror que Israel, con el pleno apoyo de Estados Unidos y algunos de sus aliados europeos, está intentando modificar por completo la faz de todo Oriente Medio. Un Estado sirio que dependa de las potencias occidentales (lo que inevitablemente significará Israel, aunque sea de manera encubierta) para su seguridad es un primer paso en ese sentido.

Sin duda, Israel no tiene un plan real sobre cómo tener éxito, pero está apostando a su capacidad de seguir viviendo a través de la espada, con el pleno apoyo estadounidense.

Fuente: EL SALTO

Israel quiere cambiar la faz de Oriente Medio con su intrusión en Siria, sus guerras en Líbano y Gaza, y el cerco a Irán

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


La destrucción del poder militar sirio, la guerra a Hizbulá en Líbano, el genocidio palestino en Gaza y el asedio a Irán forjan la estrategia de Israel en la región.


     Da igual que la comunidad internacional tenga su mirada en Siria y cruce los dedos para que termine la guerra civil que asola este país desde 2011 sin que se desate un conflicto aún mayor. Israel está decidido a desarmar al nuevo Estado sirio que surja de la caída del dictador Bachar al Asad, con la destrucción de la capacidad militar de este país. Y al tiempo que alimenta la guerra en Siria, Israel cierra el puño sobre el Líbano, para asfixiar a Hizbulá, y persiste en sus matanzas en Gaza, con nuevos crímenes de guerra contra la población civil.

De poco sirvieron este jueves las palabras de la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, y de los jefes de las diplomacias de Alemania, España, Francia, Italia, Polonia y Reino Unido a favor de "la preservación de la integridad territorial de Siria y de su independencia".

La hoja de ruta del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ya está trazada y pasa por la conformación de un nuevo Israel sobre las ruinas de los territorios palestinos —con buena parte de su Gobierno partidario de la anexión y colonización judía de Gaza y Cisjordania—, y por el blindaje de sus fronteras mediante la anexión de franjas de seguridad en el Líbano y Siria, sin importarle las denuncias internacionales.


El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la Asamblea de la ONU.- Michael Kappeler -dpa-Europa Press.

La última fase de ese plan, y no la menos importante, pasa por la anulación de la influencia en Oriente Medio del Irán de los ayatolás, ya muy dañada por la erradicación de sus aliados en Siria, con la caída de Al Asad, y en Gaza, con el aplastamiento de las milicias palestinas de Hamás, mientras en el Líbano se mantiene la ofensiva contra Hizbulá, la mano derecha de Teherán en la región.

El líder supremo iraní, Alí Jameneí, llegó a acusar este miércoles a Israel y a Estados Unidos de ser los "principales conspiradores" contra el régimen dictatorial de Al Asad y de orquestar su caída. También responsabilizó a Turquía, aún sin citarla directamente, de jugar "un papel obvio" en los acontecimientos que llevaron finalmente a la toma de Damasco el pasado domingo por una amalgama de fuerzas insurrectas lideradas por el movimiento islamista radical Hayat Tahrir al Sham.

EEUU, el titiritero de la tragedia siria; Israel, el matarife

Rusia, junto a Irán, fue el principal valedor de Al Asad, a quien evacuó a Moscú, y ahora intenta no perder su presencia militar en las bases de Tartús y Lakatia. Este jueves, el Kremlin acusó a EEUU de ser "el titiritero" que movió los hilos para el derrocamiento del dictador sirio.

Pero si los movimientos de EEUU y Turquía son entre bambalinas, Israel no tiene problema alguno para mostrar abiertamente su poderío con el bombardeo de las instalaciones del Ejército sirio y acercando sus tanques a menos de 30 kilómetros de Damasco, tras ocupar una franja de 300 kilómetros cuadrados junto a la frontera israelí.

"Estamos cambiando la faz de Oriente Medio", reconoció esta semana Netanyahu, ya sin tapujo alguno para ocultar la "guerra total" en la que está inmerso Israel.

Cazas de Israel sobrevolando Damasco

Desde la caída de Damasco en manos de los islamistas el 8 de diciembre y cuando días después se formaba en esa capital un gobierno de transición encabezado por Mohamed al Bashir, las primeras reuniones del nuevo Ejecutivo sirio se celebraron bajo el rugido de los aviones israelíes sobrevolando Damasco y bombardeando sus inmediaciones.


Bombardeo de las inmediaciones de Damasco por la aviación sionista.

Antes de ser evacuado por los rusos, Al Asad ordenó la disolución del Ejército. Quedaban intactos los silos de misiles, los sistemas antiaéreos, supuestos almacenes de armas químicas, centenares de tanques y sistemas de artillería, así como otros equipos militares que habrían servido para dotar al ejército del nuevo Estado sirio.

Inmediatamente, Israel se dedicó con ahínco a la destrucción de "la mayoría de los arsenales de armas estratégicas de Siria" para "impedir que cayeran en manos de elementos terroristas", tal y como indicó el propio Ejército israelí. Además de las citadas instalaciones, los aviones israelíes hundieron la mayor parte de la flota siria y destruyeron las fábricas de armas en Damasco, Homs, Tartús, Latakia y Palmira.

Y tanques israelíes a 30 kilómetros de la capital siria

El mismo domingo, las fuerzas israelíes sobrepasaron la zona desmilitarizada entre Siria e Israel, ocuparon una nueva franja de varias decenas de kilómetros de profundidad en territorio sirio, junto a los Altos del Golán ya anexionados por Israel, y movieron sus carros de combate hasta las cercanías de Damasco, a menos de 30 kilómetros de esta ciudad.




Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, los ataques israelíes de este jueves en las inmediaciones de Damasco afectaron al helipuerto de Aqraba, al suroeste de la capital. Desde la defenestración de Al Asad, la aviación israelí ha participado en medio millar de operaciones militares contra territorio sirio, 350 de ellas aéreas.

En esta situación, pocos se creen ya las afirmaciones del estado mayor israelí de que la intervención en Siria es "limitada y temporal". Los encarnizados combates que en el norte del país tienen lugar entre fuerzas kurdas subvencionadas por EEUU y los rebeldes apoyados por Turquía resaltan el avispero en que se ha convertido Siria, la injerencia de potencias regionales y la necesidad de Israel de afianzarse en sus posiciones aprovechando el caos desencadenado por la caída de Al Asad.

Siria, tercera fase de las guerras de Gaza y el Líbano

La justificación de Israel de atacar Siria para impedir que las armas de Al Asad caigan en manos de los "terroristas" o que las operaciones militares en ese país tengan un plazo limitado no es muy creíble si se tiene en cuenta lo que ocurre en estos momentos en el Líbano y Gaza.

En Líbano, el alto el fuego que rige entre Israel y Hizbulá desde el 27 de noviembre no ha impedido que el Ejército hebreo ataque los depósitos de armas de las milicias proiraníes y dificulte, con sus bombardeos, el despliegue de unidades libanesas que debían reemplazar a las tropas israelíes.

La retirada israelí del Líbano es improbable. La invasión que lanzó el ejército hebreo el 1 de octubre tenía como objetivo no solo la destrucción de las fuerzas de Hizbulá en la zona, sino la creación de un área de contención de futuros ataques de la milicia chií, aunque ello conlleve la ocupación permanente de esa franja.

El pretexto de Israel para atacar a Hizbulá en el Líbano fue el apoyo proporcionado al grupo palestino Hamás por ese movimiento chií, al que respalda Irán y que también cerró filas con el régimen de Bachar al Asad.

Al producirse la ofensiva israelí contra Gaza para castigar la incursión de Hamás en Israel del 7 de octubre de 2023, que asesinó a 1.200 personas y secuestro a 251, Hizbulá se alineó junto a la formación palestina. Aunque los centenares de cohetes lanzados por Hizbulá en el norte de Israel no hicieron demasiada mella, Netanyahu decidió ordenar la invasión del Líbano para combatir allí al grupo proiraní y asegurarse el control del sur de ese país.

Si en el Líbano la guerra desatada por Israel ha causado 4.000 muertos desde el 7 de octubre de 2023, la mayor parte cuando empezaron los bombardeos masivos a fines del pasado septiembre y durante la invasión, la cifra de víctimas en Gaza es espeluznante.

Más de 44.800 palestinos han sido asesinados en un auténtico genocidio, (reconocido así por la ONU) la mayor parte mujeres y niños muertos en el bombardeo de edificios residenciales, campos de refugiados, columnas de desplazados, hospitales y escuelas donde se alojaban los civiles. El 90% de los 2,3 millones de palestinos que habitaban Gaza antes de que Netanyahu acometiera su venganza han tenido que abandonar sus hogares y están sometidos a la falta de agua, alimentos, medicinas e higiene derivadas de la invasión israelí.

Medio centenar de asesinados en dos días en Gaza

En la madrugada de este jueves se produjeron las dos últimas matanzas en la Franja por las bombas del Ejército israelí. Una de las masacres causó 13 muertos en el ataque a un convoy que repartía ayuda humanitaria en la zona de Rafah, en el sur de Gaza. La otra matanza acabó con la vida de 15 personas cuando bombas israelíes destruyeron una vivienda donde se refugiaban desplazados palestinos en el oeste del campamento de Nuseirat, en el centro de Gaza.

El miércoles habían muerto otros 22 palestinos, miembros de una misma familia, en otro bombardeo israelí en Beit Lahia, norte de la Franja.


Bombardeo israelí en Beit Lahia.

Ese mismo día, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó por una mayoría aplastante (158 votos a favor y 9 en contra) una resolución a favor de un alto el fuego en Gaza. Esta propuesta no es, sin embargo, vinculante. Tampoco hubiera significado mucho que la hubiera aprobado el Consejo de Seguridad de la ONU, pues Israel ha desoído todos los mandatos para acatar el alto el fuego.

Netanyahu no quiere una tregua

El único acuerdo de alto el fuego logrado hasta ahora entre Hamás e Israel tuvo lugar en noviembre de 2023. En esa pausa de una semana, fueron liberados 105 de los 251 rehenes israelíes a cambio de 240 prisioneros palestinos. Actualmente quedan 96 cautivos en Gaza, de los que 34 pueden estar muertos.

Aunque se está negociando otra tregua, no hay mucha confianza en Netanyahu. Su supervivencia política depende de la guerra de Gaza y los conflictos abiertos en Líbano y Siria.

Además, los rehenes son el pretexto del extremismo gobernante en Israel para continuar la masacre de Gaza, cuyo objetivo, reconocido por los propios radicales judíos es erradicar a los palestinos de la Franja y de Cisjordania para, más tarde o más temprano, anexionar los territorios palestinos a ese Gran Israel en ciernes.


Fuente: Público