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jueves, 31 de julio de 2025

Cómo Israel utiliza la ayuda humanitaria para la limpieza étnica en Gaza según un informe

 

 Por Bruno Sgarzini   
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     “La comida es poder”, según la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF), creada por un grupo de militares y empresarios israelíes para utilizar el alimento como una herramienta de guerra y el hambre como una forma de promover una limpieza étnica en la Franja. La organización es un embrión de un eventual “gobierno de transición” por parte de un fondo fiduciario, que sería propietario de todas las tierras de Gaza, según un documento presentado por los empresarios, artífices de la iniciativa, a los funcionarios estadounidenses. La iniciativa, además, contempla un cálculo de cuántos palestinos se irían de su hogar en caso de que el “fondo fiduciario” hiciera un pago determinado.

De esta forma se entiende con mayor profundidad la deliberada (y desastrosa) labor de la fundación en sus cuatros puntos de distribución de alimentos. Para la organización Forensic Arquitecture (FA), un grupo de investigación británica dedicada a la investigación forense de crímenes de lesa humanidad, existe varios patrones que revelan la estrategia detrás de su operación. Lo primero es que es evidente que la ubicación de sus cuatros puntos de distribución están relacionados con las posiciones militares israelíes en Gaza: tres están en el extremo sur en Rafah y otro en una zona militar en el centro de la Franja, separados del norte por el corredor militar Netzarim, construido por Israel para partir la región en dos. Por esta ubicación, hay civiles que deben caminar seis horas para ir y volver a estos puntos de distribución. Las rutas que se indican a los palestinos para llegar a las estaciones, además, “los obliga a pasar por unidades y bases militares israelíes”. Los puntos pertenecen tanto a la infraestructura militar israelí que se abastecen a través de las rutas usadas por las Fuerzas de Defensa de Israel para ocupar Gaza.

Las instalaciones de la GHF están rodeadas también por tanques y vehículos militares israelíes, de acuerdo a las imágenes satelitales. Estos puntos están conectados a tres caminos: uno destinado para el arribo de camiones con alimentos, y otros dos caminos peatonales de entrada y salida al lugar. Para ingresar a uno de ellos, llamado la “Aldea Sueca”, hay cinco carriles peatonales vallados donde los palestinos deben hacer fila entran mientras son vigilados por cuatro tores de vigilancia a cargo de los contratistas militares de Safe Research Solution, una compañía dirigida por el exoficial de la Agencia Central de Inteligencia, Phill Reilly, y otros mercenarios. En la Aldea Sueca ha habido reportes de, al menos, nueve masacres por disparos de uniformados israelíes, de acuerdo a la investigación de FA. En otra de sus estaciones, colocadas en Wadi Gaza, en el centro de la Franja, ocho veces sucedió lo mismo. “Los emplazamientos de GHF (Tal al-Sultan, el barrio saudí, Khan Younis y Wadi Gaza) se encuentran en zonas de evacuación, lo que significa que los civiles que buscan alimentos deben entrar en zonas que se les ha ordenado abandonar”, según The Guardian.

Una táctica, usada por la fundación, para promover el caos, y el enfrentamiento entre los palestinos, en sus puntos de distribución, es el anuncio con poco tiempo de anticipación del reparto de alimentos y la escasa duración de la apertura de sus puntos de distribución. Una comparación, realizada por Foresic Arquitecture, de sus anuncios en Facebook entre el 29 de mayo y el 4 de julio revelÓ que la duración promedio de las aperturas de sus estaciones fue de tan solo 23 minutos. “En el 23 % de los casos examinados, se anunció el cierre incluso antes de la hora de apertura anunciada. Además el 60% de las convocatorios en su página de Facebook se publicaron menos de una hora antes de la apertura de las estaciones. Como muchos civiles deben caminar tres horas para llegar a estos lugares es poco probable que lo hagan a tiempo”, según este grupo cuyas investigación forenses sirvieron de insumo para que Sudáfrica presentara su caso por genocidio contra Israel en la Corte Penal Internacional.

Lo que provoca, por ejemplo, que un caos cuando las puertas de las instalaciones se abren el punto de ayuda porque “la gente corre hacia los paquetes, que quedan abandonados en medio de la zona de distribución, muchas tropieza con cráteres y cables enredados”, según Mahmoud Alareer, un joven palestino de 27 años que visitado los puntos de GDF. Durante los días de distribución de alimentos de la fundación, además, aumenta la proporción de asesinatos según una investigación de datos del canal británico Sky News. En su mayoría, a manos de las balas de los contratistas militares y soldados israelíes, a cargo de la seguridad de este dispositivo creado para desplazar a las organizaciones internacionales, como ongs y agencias de la ONU, de la gestión de la ayuda humanitaria. En total, han sido asesinados más de mil palestinos mientras buscaban una caja de alimentos en estos puntos.

Foresic Arquitecture también notó un cambio en las tácticas de la fundación ya que antes del 19, la apertura de sus instalación eran irregulares con un promedio de 40 minutos de apertura con una diferencia de 6 horas y 50 minutos entre el anuncio y la apertura. Después de esta fecha, el horario se volvió más regular, pero las inauguraciones se redujeron a 10 minutos y los anuncios se realizaron con solo 17 minutos de antelación. Gracias a esta decisión, los palestinos, que se arriesgan a trasladarse a estos lugares, se ven inmersos en un clima de incertidumbre que, además, alienta grandes aglomeraciones de personas y la desesperación colectiva para obtener una caja de alimentos.




Como resultado, los civiles hacen colas durante la noche y algunos, incluso, trasladan sus tiendas de campaña más cerca de las estaciones, “lo que contribuye al desplazamiento continuo de la población civil de Gaza hacia el sur y hacia zonas militarizadas”, de acuerdo a Foresic Arquitecture. Incluso, hay imágenes satelitales del 30 de mayo de 2025 que muestran como se han armado campamentos en los límites del área de Al-Mawasi cerca de estas estaciones. Esto es coherente con los planes, anunciados por el Ministerio de Defensa de Israel, para trasladar a los palestinos a campos de concentración de Rafah y el llamado también de algunas organizaciones armadas, enfrentadas por Hamas y apoyadas por Israel, para que los civiles se trasladen a sus campamentos donde está buena parte de la ayuda humanitaria robada a las organizaciones internacionales.

Para FA, la intención manifiesta de Israel es utilizar la ayuda para fomentar la limpieza étnica y el hambre para promover el caos social. Por esto, también hay un claro registro de ataque israelíes a los puntos de distribución de las agencias internacionales para inducir al casos planificado del sistema de entrega de medicinas y alimentos de la ONU. Hasta el bloqueo israelí de la ayuda humanitaria, agencias de ayuda internacional como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Agencia de Obras Públicas y Socorro de la ONU distribuían su ayuda en 400 puntos en Gaza. “Desde octubre de 2023 hasta octubre de 2024, la FA documentó más de 322 ataques israelíes contra almacenes e infraestructuras de distribución de alimentos, personal humanitario y civiles que buscaban ayuda, así como 22 ataques contra convoyes de camiones que transportaban ayuda. Mientras que hasta el 27 de junio de 2025, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo registró 876 incidentes que afectaron a 311 instalaciones de la UNRWA en toda Gaza, incluidos almacenes, puntos de distribución de ayuda y casas de huéspedes”, de acuerdo al informe del grupo. Además, los pocos camiones de estas agencias que llegan a Gaza son presas de saqueos por bandas criminales, apoyadas por militares israelíes, como las de Abu Shabaab que cuenta con delincuentes y antiguos miembros de ISISLa propaganda oficial israelí después culpa de estos saqueos a Hamas para justificar la operación de la Fundación Humanitaria de Gaza.




También, dentro de esta estrategia, las Fuerzas de Defensa de Israel se dedican a atacar los puntos de distribución de las agencias internacionales. Entre el 1 y el 25 de junio, por ejemplo, oficiales israelís dispararon a los civiles que esperaban los envíos de ayuda humanitaria a lo largo de las carreteras de Al-Rashid y Saladino, entre el 1 y el 25 de junio. El accionar es tan deliberado que el pasado 10 de julio, dos mujeres y diez niños fueron asesinados mientras hacían cola frente a la clínica de salud del Proyecto HOPE en Deir al-Balah, donde se habían reunido para recibir tratamiento por desnutrición, en medio de una escasez de formula para bebes recién nacidos ordenada por las autoridades de Tel Aviv.

Por eso, para FA; “la imposición por parte de Israel de un sistema de ayuda militarizado según el modelo GHF y su desmantelamiento y ataque sistemáticos del sistema de ayuda civil según el modelo de la ONU han hecho que la ayuda sea inaccesible y mortal en toda Gaza. Los palestinos hambrientos son asesinados dondequiera que busquen ayuda y tratamiento para la desnutrición”. Para el periodista palestino Muhammad Shehada, la Fundación Humanitaria de Gaza es parte de un plan, que restringe el ingreso de ayuda humanitaria y emplea grupos armados para saquear los envíos que entran, para debilitar “la resistencia de los palestinos y facilitar la ocupación de Gaza”. En su opinión, además, esta fundación encubre “la hambruna en Gaza al bloquear la entrada de organizaciones internacionales” y promueve que los palestinos “elijan morirse de hambre” antes de ser baleados en sus sangrientas entregas de cajas.




Las consecuencias son más que evidentes: en los últimos días, 10 palestinos fallecieron por desnutrición severa, lo que elevó la cifra de mortandad por esta causa a 111 desde el 7 de octubre de 2023. Para Nick Bryant, cirujano británico que trabajó como voluntario en el Hospital Nasser de Khan Younis, en el sur de Gaza, cuatro recién nacidos prematuros perdieron la vida porque sus madres “estaban demasiado débiles para producir leche y el hospital no contaba con suficiente fórmula para administrársela”. Por esto, según Alex De Wall, presidente de la Fundación para la Paz, lo que sucede en Gaza es mayor “acto deliberado y planificado” para generar hambruna desde la Segunda Guerra Mundial.


Fuente: Bruno Sgarzini

jueves, 10 de julio de 2025

Los mapas del gran Mileikowsky alias Netanyahu

 

      Arabista en la Universidad Autónoma de Madrid.


La limpieza étnica de los territorios palestinos forma parte sustancial del ideario sionista.

     Cuando el insigne miembro de la familia Mileikowsky sacó a relucir uno de sus famosos mapas, en la sede de las Naciones Unidas, septiembre de 2023, se produjo una gran conmoción mundial. El primer ministro del régimen de Tel Aviv parecía dar por hecho que Palestina no existía ya –ni Gaza ni Cisjordania aparecían como tales- y proclamaba el inicio de un nuevo gran Oriente Medio liderado por el no menos grande Israel. Todo en el marco de un mega proyecto comercial que abarcaría desde la India hasta los puertos europeos del Mediterráneo. Unas semanas después se produciría el llamado “Diluvio de al-Aqsa” orquestado por las milicias aliadas; y los planes económicos, fundamentados en la firma de acuerdos de paz con más países árabes, en primer lugar Arabia Saudí, quedaron aparcados por un tiempo.


Casas demolidas en el campo de Tulkarem.

Ahora bien, la destrucción sistemática de lo que queda de Palestina y la expulsión del mayor número posible de palestinos, eso nunca se fue a ningún sitio porque, en realidad, había empezado antes de los ataques de Hamás y compañía. La limpieza étnica de los territorios palestinos forma parte sustancial del ideario sionista –inevitable en cualquier proyecto colonial como este- y en algún momento había que llevarla a cabo. El 7-O aportó la oportunidad a su maquinaria militar y el justificante ante la comunidad internacional, a la que, en realidad, el destino del pueblo palestino, traicionado por las leyes internacionales que debería protegerlo, le importa más bien poco en función de lo que diga Estados Unidos. Y Washington está de acuerdo: hay que quitarse de en medio el “engorro” palestino y asentar la “paz” de una vez por todas en la región. Si esto pasa por desperdigar a cientos de miles de seres indefensos por los países de la zona o de redistribuirlos entre estados europeos, árabes y africanos, cada uno con su cuota particular, sea.


       Soad Haddour, cuñada del periodista Kayed Hammad, le recibe en el Aeropuerto 
                                                                    de Málaga.

Mileikowsky ha vuelto a Washington –lleva cuatro viajes en menos de un año, toda una plusmarca- con otro de sus mapas. El padre de Mileikowsky, Benzion, fue un “reputado” activista sionista, profesor y partidario de Zeev Jabotinsky, representante del Revisionismo Sionista, uno de los movimientos más expansionistas y radicales respecto a la población autóctona de Palestina. Todo muy entusiastamente sionista, basado en la concepción más expeditiva del colonialismo europeo y la justificación bíblica de una tierra prometida (ellos saben muy bien, dicen, quién se la prometió, Jehová, los británicos o ellos mismos; los demás lo ignoramos). Benzion terminó cambiándose el apellido a Netanyahu (“Yahvé concedió”) para sonar más hebreo y menos europeo, tras abandonar su Polonia natal. El hijo, Benjamín, nacido en la Palestina ocupada, se convertiría décadas después en primer ministro. Heredó de su padre la pasión por la pseudo historia sionistizante y los mapas. Lógico: los anhelos de nuevas conquistas han de plasmarse con coloridos contornos geográficos.


                                                      Zeev Jabotinsky en 1940.


Benjamín Mileikowsky alias Netanyahu ha ido a Washington a ver al presidente Donald Trump con uno de esos mapas llenos de sorpresas. La prensa israelí, siempre activa al servicio de las grandes operaciones sionistas de imagen pública, había filtrado los pormenores del mismo. A los prohombres del Likud y las formaciones israelíes ultra nacionalistas siempre les han encantado los mapas desorbitados donde el Sinaí, media Jordania e incluso partes de Iraq aparecen enmarcadas dentro del Gran Israel; pero esta vez, el mapa en cuestión que, dicen, Mileikowsky le iba a enseñar a otro hijo de inmigrantes que ahora no cree en la inmigración, incluía una porción de Líbano y Siria dentro de los límites del Estado de Israel. La filtración, por supuesto, no es inocente ni se debe a un error de la oficina de Mileikowsky. El mensaje que se desea trasladar es claro: este gran Israel no tiene límites y puede aglutinar cualquier territorio adyacente que le convenga para continuar su expansión. O para llevar allí a los desplazados palestinos. Los responsables y periodistas israelíes hablan sin cesar de próximos acuerdos de paz con Siria y Líbano, lo cual aportaría un colchón de seguridad, a su proyecto colonial, y la proliferación de mapas así intentan aterrar a Damasco y Beirut y obligarlos a neutralizar a sus corrientes anti sionistas, sobre todo la segunda con Hezbolá. El objetivo: adherirlos a los Acuerdos de Abraham (“la paz araboisraelí”), patrocinados ahora por Arabia Saudí.

A Mileikowsky, representante de una saga de primeros ministros sionistas que se cambian el nombre –bueno, a él se lo cambió el visionario del padre- para no resultar tan europeos, le sonríe la geoestrategia internacional y las coordenadas regionales actuales. Egipto, Jordania, Emiratos Árabes, Marruecos, Bahréin y más países árabes están entregados a la causa, le aportan armas, dinero y mercancías y siguen actuando entre bastidores para terminar con la resistencia palestina, con la ayuda de la Autoridad Nacional en Ramala, cooperante pasivo del régimen de Tel Aviv. Estados Unidos está, como siempre pero más todavía, comprometida con el proyecto sionista y lo apoya con armas y bajages –más aún, Mileikowsky tiene una gran sintonía con Drumph alias Trump (esta familia germánica se cambió el nombre para parecer más americano y menos europeo, Jesús, qué manía)-; Irán está desarbolada, dicen, tras los últimos bombardeos sobre sus centrales nucleares, Hezbolá en Líbano se lame las heridas, Rusia está a los suyo, China permanece agazapada esperando vete a saber qué, Europa debería cambiarse el nombre para parecer menos europea y la comunidad internacional condena el genocidio en Gaza pero no hace nada para que las inversiones, las ayudas directas, las armas y las importaciones no sigan llegando al régimen de Tel Aviv, como señalan informes de Naciones Unidas, esa institución que ahora llaman “tan anti israelí” .


Escudo de armas de la Autoridad Nacional Palestina.

El gran problema de Mileikowsky y el estado profundo sionista es que, parafraseando el célebre micro relato, cuando se despertaron Gaza seguía ahí, con una resistencia que no cesa y una población que también resiste porque sabe cómo se las gasta el proyecto sionista –muchos ya han sido expulsados de su tierra original una, dos y tres veces-. Cada día sacan un mapa de nuevas deportaciones y desplazamientos forzados de población dentro de la Franja, o planes de campos de concentración en áreas determinadas, una especie de pruebas de laboratorio a gran escala. O vuelven a la carga con la expulsión masiva a Egipto, lo que está más cerca, hipótesis muy valorada por Washington pero que pondría en jaque a uno de los regímenes más afines y necesarios hoy para mantener la cada vez más precaria primacía estadounidense en la zona. El gran problema del régimen de Tel Aviv es que si desea mantener el ideario sionista debe obtener más tierras y expulsar a más palestinos; y eso puede dificultar el sueño de liderar un nuevo gran Oriente Medio basado en los intercambios comerciales con los regímenes árabes “amigos”. Pero están dispuestos a conseguir las dos cosas a la vez, acabar con la cuestión palestina y hacer negocios con las oligarquías árabes amigas.

Abundan en las redes sociales vídeos en los que se habla de un futuro próximo en el que Gaza constituirá sólo un recuerdo. Un lugar borrado de la faz de la tierra que devino un resort turístico en la costa mediterránea. O un parque temático de la historia reciente. Algo parecido a un recuerdo, como Palestina, desaparecida de los mapas de los Mileikowsky. Quienes sobrevivieron a aquella brutal limpieza étnica fueron realojados por los cinco continentes y algunos cambiaron sus apellidos palestinos para parecer más… europeos. Una distopía que tiene visos, por desgracia, muy reales, ante la saña sionista-estaounidense y la pasividad por no decir connivencia de los poderes fácticos y reales que gobiernan este mundo. Si no les bastan las mentiras y los bombardeos indiscriminados tienen la guerra bacteriológica. El islamismo radical, el Estado Islámico por ejemplo, es uno de estas armas cancerígenas. Avigdor Lieberman –tiene un nombre muy europeo todavía, se lo cambiará cuando gobierne-, representante del llamado “ultranacionalismo” israelí, ex ministro y enemigo declarado de Netanyahu, a quien a veces tacha de “demasiado blando”,  lo dijo hace poco: hay que utilizar el virus del islamismo radical contra los “enemigos de Israel” de forma proporcionada, que no se vaya de las manos, con éxito como Putin hizo en Chechenia.


Marta Ter entrevista a familiares de desaparecidos en Chechenia.

El régimen de Tel Aviv ha mantenido una relación de interés compartido con las milicias yihadistas en Siria, Iraq y alrededores y en algún momento les ha dado cobertura militar. O les ha abierto sus hospitales, como hiciera en 2015 con yihadistas heridos en Siria, pertenecientes a al–Qaeda y su filial siria de al-Nusra. Entonces hablaron de razones humanitarias. Podían hacerlo hoy, por motivos asimismo humanitarios, con los cientos de miles de niños que están hiriendo y mutilando en Gaza. Qué curioso: el líder de al-Nusra, bautizada después Tahrir al-Sham, gobierna hoy Damasco. Muchos hablan de su pretendida disposición a firmar la paz con Mileikowsky. Será porque antes se llamaba al-Golani y ahora le dicen Ahmad al Sharaa. El Golán, por cierto, es un territorio ocupado por el régimen de Tel Aviv desde 1967 y anexionado en 1981 que el sionismo nunca pondrá en un mapa dentro de Siria en un hipotético acuerdo de paz con Damasco. Hay que saber de cartografía, hombre.


Fuente: El SALTO

lunes, 24 de marzo de 2025

El regreso de Israel a la guerra es el preludio de la expulsión masiva de la población palestina

 

 Por Ben Reiff  
      Editor senior de la revista +972 y miembro del equipo editorial de Vashti Media.


Con la luz verde de Trump a la limpieza étnica, el renovado ataque de Israel a Gaza amenaza con convertirse en un esfuerzo total para vaciar el enclave de habitantes palestinos. Éste fue el objetivo desde el principio.


Los ataques aéreos afectaron la Franja de Gaza desde los primeros días de los bombardeos en octubre de 2023.


     Dos meses después de acordar un alto el fuego que debería haber puesto fin a la guerra, Israel ha reanudado sus bombardeos sobre la Franja de Gaza con una intensidad que recuerda los primeros días de la ofensiva. Los ataques aéreos israelíes han matado a más de 600 palestinos y herido a miles más desde la pasada madrugada del 18 de marzo y el ejército ha ordenado a miles de residentes de las localidades y barrios que rodean la Franja que abandonen sus hogares.


Palestinos lloran la muerte de las personas fallecidas en un ataque aéreo israelí frente al Hospital Nasser en Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza, el 18 de marzo de 2025.

Israel ha cerrado completamente el paso fronterizo de Rafah a los evacuados médicos, mientras que las fuerzas egipcias y estadounidenses que reemplazaron a las tropas israelíes en el Corredor de Netzarim como parte del alto el fuego se están retirando de sus puestos. Los cuerpos desmembrados se acumulan de nuevo en los hospitales, y el personal médico de toda la Franja advierte que sus instalaciones están al máximo de su capacidad.

Sabemos lo que viene a continuación: más ataques aéreos y órdenes de evacuación, y probablemente otra invasión terrestre que, si tomamos la palabra de los ministros israelíes al pie de la letra, promete ser más extensa y letal que la anterior. "Israel, de ahora en adelante, actuará contra Hamás con creciente fuerza militar", dijo la oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu en un comunicado el día de hoy. "Con la ayuda de Dios", se hizo eco el ministro de Finanzas Bezalel Smotrich, "[el nuevo ataque] será completamente diferente de lo que se ha hecho hasta ahora". El exministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir, quien renunció al gobierno por el acuerdo de alto el fuego, parece estar listo para regresar triunfalmente al cargo.

¿Pero con qué fin? Israel está tejiendo la narrativa de que no tuvo más remedio que reanudar la ofensiva debido a la reiterada negativa de Hamás a liberar a nuestros rehenes, así como a su rechazo a todas las propuestas recibidas del enviado presidencial estadounidense, Steve Witkoff, y de los mediadores. Sin embargo, esto es una distorsión total de la realidad, y las familias de los rehenes israelíes que permanecen cautivos en Gaza lo saben.

La afirmación de que se está reanudando la guerra para liberar a los rehenes es un completo engaño”, declaró el Foro de Rehenes y Familias Desaparecidas en un comunicado. “El gobierno israelí ha optado por renunciar a los rehenes mediante el desmantelamiento deliberado del proceso de repatriación de nuestros seres queridos”.

De hecho, lo que Hamás rechazó fueron los intentos de Israel de incumplir los términos del alto el fuego al que ambas partes se habían comprometido. La segunda fase del acuerdo, que supuestamente implicaría el regreso de los rehenes restantes y un alto el fuego permanente, debía comenzar hace más de dos semanas, pero Israel nunca lo permitió. En cambio, junto con Witkoff, Israel anuló el acuerdo y formuló una nueva propuesta: extender la primera fase y seguir intercambiando rehenes por detenidos palestinos; en otras palabras, separar la liberación de rehenes de cualquier garantía para el fin de la guerra.

Israel sabía que Hamás rechazaría esta propuesta, y ese fue el objetivo desde el principio. La maniobra simplemente le dio al gobierno israelí un pretexto para reimponer un bloqueo total al suministro de alimentos, agua, combustible, electricidad y medicamentos a la Franja; y ahora, con el pleno respaldo del presidente Trump, para reanudar su ataque genocida. Esta vez, sin embargo, el objetivo final es más claro que nunca.


Palestinos en el lugar de un ataque aéreo israelí en Khan Younis el 18 de marzo de 2025.

'Terminando el trabajo'

Cuando Trump se reunió con Netanyahu en la Casa Blanca el 4 de febrero y proclamó su intención de "tomar el control" y "poseer" la Franja de Gaza, no entró en detalles sobre qué significaría esto exactamente para los 2,3 millones de residentes palestinos del enclave, salvo dejar claro que Gaza ya no será su hogar. "Nos aseguraremos de que se haga algo realmente espectacular", declaró, añadiendo que la población podría ser reubicada en "otros países de interés con un espíritu humanitario" donde podrán "vivir sus vidas en paz y armonía".

En esencia, lo que Trump presentó no fue realmente un plan; fue una luz verde para que el gobierno y el aparato de defensa de Israel comenzaran a imaginar escenarios para la limpieza étnica de Gaza.

Adónde iría la población no importaba realmente (Egipto y Jordania rechazaron rápidamente la sugerencia de Trump de acoger a los palestinos desplazados). Lo que importaba era que el país más poderoso del mundo había respaldado lo que la derecha israelí ha llamado desde hace tiempo "terminar la tarea" que la Nakba de 1948 dejó incompleta; lo que ministros de alto rango y agencias gubernamentales han estado reclamando desde el 7 de octubre; y lo que, según se informa, el propio Netanyahu ha considerado un resultado deseable.

El gobierno israelí no perdió tiempo en poner en marcha el sistema. Como lo expresó la ministra de Protección Ambiental, Idit Sliman : «Dios nos ha enviado a la administración [de Trump] y nos dice claramente: es hora de heredar la tierra».

Tan pronto como Netanyahu regresó de Washington, el gabinete de seguridad israelí respaldó rotundamente la propuesta de Trump. El ministro de Defensa, Israel Katz, creó una nueva autoridad para facilitar lo que eufemísticamente se denomina la "emigración voluntaria" de palestinos de Gaza, y discutió planes a tal efecto con altos cargos del ejército y la Oficina del Primer Ministro. COGAT, la unidad del ejército responsable de gestionar los asuntos civiles palestinos, preparó su propio plan, estableciendo que la expulsión de palestinos de Gaza puede proceder incluso si Egipto se niega a abrir su frontera: el ejército, en su lugar, facilitará su transporte por tierra o mar a un aeropuerto, y desde allí a los países de destino.

Elogiando la creación por parte de Katz de un "departamento de emigración muy amplio" en el Ministerio de Defensa, Smotrich declaró en una reunión en la Knéset a principios de este mes que "si expulsamos a 5.000 palestinos al día, tardaremos un año en expulsarlos a todos", añadiendo que el presupuesto no será un problema. Y si bien admitió que la logística para encontrar países que los acojan será compleja, señaló que Israel está trabajando con Estados Unidos para identificar candidatos.


Tropas  israelíes cerca de la valla que rodea la Franja de Gaza el 18 de marzo de 2025.

De hecho, en los últimos días, funcionarios estadounidenses e israelíes informaron a AP que sus gobiernos se habían puesto en contacto con Sudán, Somalia y Somalilandia para acoger a palestinos de Gaza a cambio de beneficios financieros, diplomáticos y de seguridad. Posteriormente, CBS informó que la administración Trump también se había comunicado con el nuevo gobierno interino en Siria a través de un interlocutor externo.

No está claro si alguno de estos regímenes realmente consideraría tal propuesta. Pero si algo aprendimos de los Acuerdos de Abraham es que, por el precio justo, habrá interesados.

Haciendo que Gaza sea inhabitable

Por supuesto, no habrá una "emigración voluntaria" desde Gaza; los palestinos han rechazado rotundamente el plan de Trump, argumentando que los únicos lugares a los que se reubicarán voluntariamente son las aldeas, pueblos y ciudades dentro de Israel de las que fueron expulsados en 1948. Netanyahu, Smotrich y Katz lo saben incluso mejor que Trump, razón por la cual, en la práctica, la idea de erradicar la población de Gaza siempre se basó en la reanudación del ataque militar de Israel al territorio.

Desplazar por la fuerza a más de dos millones de personas, incluso con el apoyo de una superpotencia mundial, no es tarea sencilla. Para empezar, requeriría eliminar a Hamás como fuerza de resistencia viable, algo que Israel no pudo lograr durante más de 15 meses de combates. Trump nunca iba a aceptar desplegar tropas estadounidenses sobre el terreno para cumplir su fantasía; siempre iba a quedar en manos israelíes la resolución de los aspectos prácticos. Y aunque aún no sabemos exactamente cómo intensificará el ejército su renovada ofensiva —si es que, como sugieren los informes, pretende hacerlo—, sí tenemos pistas de cómo ha librado la guerra hasta ahora.

En particular, la operación de tres meses del ejército en el norte de Gaza, que precedió al alto el fuego, sirvió como prueba para la expulsión masiva, basada en el llamado Plan de los Generales. Al aislar tres ciudades del resto de la Franja, someterlas a intensos bombardeos y denegar la entrada de ayuda humanitaria, Israel logró desplazar por la fuerza a cientos de miles de personas. No es difícil imaginar que una nueva invasión terrestre podría anunciar una operación similar, ampliada hasta abarcar todo el enclave. Queda por ver el éxito de tal iniciativa.

Pero el ataque israelí de 15 meses también exhibió otro ímpetu que, si bien no es un objetivo de guerra oficial, parece haber guiado gran parte de la política militar en Gaza: un esfuerzo por generar condiciones que hagan imposible sostener la vida.


Palestinos en otro lugar del ataque aéreo israelí en Khan Younis el 18 de marzo de 2025.

Simplemente no hay otra manera de explicar la hambruna de toda una población mientras se atacan centros de distribución de alimentos y convoyes de ayuda; el corte de las tuberías de agua y la denegación de electricidad a las plantas de desalinización; la destrucción sistemática de centros de salud, el secuestro de personal médico y las restricciones a los trabajadores sanitarios extranjeros; la destrucción de pueblos y barrios enteros; y el intento de eliminar la única organización capaz de prevenir el colapso humanitario total. Incluso después de la entrada en vigor del alto el fuego, Israel ha seguido impidiendo la entrada de casas móviles a Gaza, violando así el acuerdo, lo que impide que la vida estable vuelva a la Franja.

En este sentido, Israel ya había sentado las bases para la erradicación de la población de Gaza incluso antes de que Trump asumiera el cargo. Como escribió Meron Rapoport aquí el mes pasado, el discurso del presidente en la Casa Blanca simplemente dio a las visiones israelíes de limpieza étnica un sello de aprobación "Hecho en Estados Unidos".

Aún es posible que esta nueva escalada se calme tan rápidamente como comenzó; que la masacre israelí de hoy fuera simplemente un acto de fanfarronería diseñado para presionar a Hamás a liberar a los rehenes restantes sin un compromiso de poner fin a la guerra, o una estratagema desesperada para reincorporar a Ben Gvir a la coalición a tiempo para aprobar el presupuesto. Pero incluso si Israel regresa a la mesa de negociaciones —mañana, dentro de una semana o dentro de dos meses—, nada impedirá la próxima masacre, ni la siguiente, hasta que, con o sin los rehenes, Israel decida que es el momento adecuado para llevar a cabo el plan de Trump.

Es innegable que esta es la dirección actual. Mientras prevalezcan las condiciones y el equilibrio de poder actuales, un intento de desplazar masivamente a la población de Gaza parece inevitable, si no inminente.


Fuentes: +972 y Vashti Media

miércoles, 26 de febrero de 2025

"Va a haber un gran, gran rediseño del mapa... nadie sabe dónde acabará"

 

 Por Eli Machover 
      Candidato a doctorado en política en la Universidad de Oxford y editor de Vashti.


Vashti habla con Moshé Machover sobre las últimas maniobras geopolíticas que rodean a Palestina.



Moshe Machover en su estudio en casa, Londres, septiembre de 2022.


     La semana en que Israel inició su invasión terrestre de Gaza en octubre de 2023, fui a hablar con mi abuelo Moshik –cofundador del grupo izquierdista antisionista Matzpen– en su estudio en su casa de Londres para conocer su opinión sobre lo que estaba sucediendo. Comencé la entrevista preguntándole qué pensaba sobre la recirculación de un anuncio que él y otras 11 personas habían publicado en Haaretz inmediatamente después de la guerra de Naska, o de junio de 1967, poco antes de que mi familia emigrara al Reino Unido. El anuncio estaba circulando en Internet debido a su crítica profética de la lógica asesina del proyecto sionista que sustenta la agenda expansionista de Israel. Me respondió que se sentía horrible, porque las terribles predicciones que había hecho hace mucho tiempo ahora se estaban cumpliendo en su totalidad: Israel estaba actuando para lograr nada menos que la limpieza étnica de la población indígena de Palestina que vive bajo la ocupación.

Casi un año y medio después, tras muchos meses de ataques genocidas de Israel contra el pueblo palestino que han dejado cientos de miles de muertos y heridos, volví a su estudio esta semana para conocer su interpretación de los últimos acontecimientos en la región, las posibles maniobras geopolíticas que podemos esperar de las distintas partes implicadas y las medidas que podemos adoptar para impedir que se produzca lo peor de estas nuevas catástrofes.


Palestinos retiran escombros de un edificio dañado tras un ataque israelí en el campo de refugiados de Far'a, cerca de Tubas, en la Cisjordania ocupada.


La siguiente entrevista ha sido editada para mayor brevedad y claridad.


Cuando hablamos a finales de octubre de 2023, usted ya hablaba de los planes de Israel de expulsar a los palestinos de Gaza y dijo del expansionismo sionista: “Creo que ahora estamos volviendo al principio. Estamos en medio de un acto de limpieza étnica”. Si estuviéramos volviendo al principio hace 16 meses, ¿dónde estamos ahora?


Creo que todo el mundo debería haber quedado claro al cabo de unos pocos días. Los dirigentes israelíes empezaron reaccionando casi instintivamente, pero después el pensamiento estratégico pasó a la acción y se fijaron el verdadero objetivo de la guerra: la limpieza étnica.

Durante muchos años he estado diciendo que esto estaba en el horizonte, pero estaba pensando principalmente en Cisjordania. La élite política israelí y el mando militar estaban esperando una oportunidad, pero no esperaban que se presentara en la Franja de Gaza, y pensaban que los palestinos de allí estaban en una especie de almacén, contenidos a largo plazo, mientras que ellos estaban buscando una oportunidad para llevar a cabo una gran limpieza étnica en Cisjordania. Esto último está volviendo a la agenda, pero los líderes israelíes no han renunciado a la limpieza étnica en Gaza, donde tienen luz verde de la Casa Blanca.


¿Será algo más que una simple luz verde? Donald Trump está planteando sus propias propuestas de “apropiación” de Gaza y de limpieza étnica de la población palestina.


Sí, pero ¿quién va a hacer la limpieza étnica? No el ejército estadounidense, sino el israelí. No olvidemos que Trump es un empresario inmobiliario, por lo que busca la oportunidad que se presente una vez que los palestinos estén fuera de su camino, expulsados o exterminados. A cambio de dar luz verde, quiere una opción para desarrollar la “Riviera del Medio Oriente”.

A Benjamin Netanyahu y a los dirigentes israelíes sólo les importa Estados Unidos: es la única restricción que reconocen como vigente. Si los estadounidenses permiten algo, los israelíes lo consideran aceptable; no importa lo que piense el resto del mundo. ¿A quién le importa lo que diga Keir Starmer? En cualquier caso, probablemente se limitará a repetir lo que dicen los estadounidenses.


¿No estamos viendo cierta divergencia entre Estados Unidos y el Reino Unido sobre Gaza, y ahora también sobre Ucrania?


No de ninguna manera esencial o significativa. Starmer no va a ir en contra de la política estadounidense. Si la Casa Blanca dice que la limpieza étnica está bien –y en esto ha sido muy explícita–, entonces eso es lo que harán. Y creo que esto es lo que está por venir.


¿Entiende usted entonces el cese del fuego nominal en Gaza como una mera pausa momentánea?


Sí, la pausa actual sólo sirve para recuperar algunos rehenes y ganar tiempo, pero no hay indicios de que Trump quiera que el alto el fuego continúe indefinidamente, y las condiciones políticas en Israel no favorecen su continuación a largo plazo.

Itamar Ben-Gvir ha abandonado el gabinete, pero el gobierno ha sobrevivido porque Bezalel Smotrich sigue en el cargo. Smotrich ha dicho que si el cese del fuego continúa –si pasan a la segunda y tercera fase del acuerdo– él dejará el gabinete y Netanyahu perderá el poder.

Por ahora, Netanyahu tiene una razón extra para continuar la guerra: el incentivo personal de no ir a la cárcel ni participar en las investigaciones sobre el 7 de octubre de 2023, lo que ha sido cierto todo el tiempo. Se ha presentado como el motivo principal de la guerra, lo cual es falso. El motivo es la limpieza étnica.


Trump ha dicho que anunciará su posición sobre la anexión israelí de Cisjordania en las próximas semanas. ¿Cómo se relaciona esto con los planes de Israel para la limpieza étnica de los palestinos allí?


Para Cisjordania, se necesita una situación mucho más complicada para una limpieza étnica total.

Netanyahu quiere una guerra con Irán porque tiene un doble objetivo. En primer lugar, Irán es un obstáculo para la hegemonía israelí completa en la región. Los aliados de Irán –el “Eje de la Resistencia”– han desaparecido en gran medida, pero el régimen sigue siendo un actor importante que no está sujeto a la hegemonía israelí y podría romper su monopolio regional en materia de armas nucleares, por lo que Israel quiere destruirlo.

Al mismo tiempo, una guerra contra Irán puede convertirse en una conflagración regional que sirva de contexto para una limpieza étnica en Cisjordania. Ahora se están para esa eventualidad. Hay planes que vienen de lejos. Lo que está sucediendo en Cisjordania va mucho más allá de lo que Israel ha estado haciendo allí durante muchos, muchos años. Están utilizando tácticas que han utilizado en Gaza –destrucción total–, ahora en los campos de refugiados alrededor de Yenín y en Yenín mismo. Creo que planean intensificar esta situación.

La gran pregunta es si obtendrán luz verde de la Casa Blanca para iniciar un ataque lo suficientemente grande contra Irán como para crear una situación que no sólo conduzca a la caída del régimen iraní, sino que también cree la conflagración bajo cuya cortina de humo se pueda perpetrar una importante limpieza étnica en Cisjordania. Es una pregunta abierta. Hasta ahora, Estados Unidos ha resistido la tentación de involucrarse militarmente en un ataque contra Irán. Nunca le ha preocupado mucho que Israel lo haga, pero si la guerra no le va bien, puede arrastrar a Estados Unidos como aliado de Israel. Estados Unidos está comprometido a proteger a Israel si alguna vez corre un peligro real.


De hecho, como hemos visto durante el año pasado, cuando Israel provocó escaladas de violencia por parte de Irán, ¿qué opina del impacto de las exigencias de Trump en los estados árabes vecinos de Israel? El rey Abdullah II de Jordania visitó la Casa Blanca a principios de este mes, mientras que el presidente egipcio Sisi canceló su visita prevista.


Sisi se negó a ir porque no quiere repetir este vergonzoso espectáculo. No sé si vieron a Abdullah en su reunión con Trump, retorciéndose y parpadeando nerviosamente. Tiene muchas razones para estar nervioso. Su trono se tambalea.

No es imposible que Trump decida simplemente deshacerse del régimen hachemita en Jordania y reemplazarlo por un cliente de Israel y los Estados Unidos. Es posible. No se puede decir nada de Trump, puede que se alegre de verlo. Pero sí puedo decir quién más puede sentirse un poco feliz por el colapso del régimen jordano: los saudíes.

A los saudíes no les importaría, en las circunstancias adecuadas, sustituir a Jordania como custodios de Al-Aqsa, el recinto sagrado de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Jordania es un país pequeño. La población está dividida básicamente en dos bloques: los jordanos orientales originales, que son increíblemente leales a los hachemitas, y los palestinos.


Vista aérea de la Cúpula de la Roca en el recinto de Al-Aqsa, Ciudad Vieja de Jerusalén.


Quienes fueron sometidos a una limpieza étnica durante la Nakba y la Naksa.


Sí. Y no son un bloque político unido, pero constituyen una parte importante de la población que no es inherentemente leal a la casa hachemita. La perspectiva de una afluencia de cientos de miles, por no decir un millón, de palestinos a Jordania sería completamente desestabilizadora.


¿Y lo mismo para Egipto?


En Egipto la cosa es totalmente distinta. Creo que todavía hay una posibilidad bastante realista de que los palestinos sean empujados hacia el Sinaí. Se crearía una especie de gran campo de refugiados en el norte de la península del Sinaí.

Como ya he dicho, los saudíes tienen una relación histórica de larga data con los hachemitas. Después de todo, la Casa de Hashim solía gobernar La Meca y Medina, pero la Casa de Saud los desbancó.

Verá, hay mucha gente que quiere controlar Al-Aqsa: los fanáticos mesiánicos israelíes, la Casa de Saud para completar su custodia de los tres santuarios más sagrados del Islam, y luego Jordania, que es, por el momento, la custodia del complejo. Ese fue un acuerdo que Dayan hizo con el rey Hussein después de 1967: no quería problemas, quería tranquilidad en Jerusalén. Mire, si los fanáticos mesiánicos se apoderan de Al-Aqsa, harán estallar el santuario sagrado y esto creará una conflagración mundial. Esto sería el Armagedón.


¿Eso no es lo que busca Netanyahu?


Netanyahu no está a favor de un Armagedón total, pero apenas puede contener a sus socios: a gente como Smotrich no le importa. Están listos para ello, están esperando el fin de los tiempos, al igual que los evangelistas que apoyan a Trump. Quiero decir, a Trump no le gustaría promoverlo, pero a algunos de sus partidarios no les importaría.

Teniendo presente esa perspectiva apocalíptica, ¿qué podemos hacer para evitar las catástrofes que usted ha esbozado? Al comienzo del genocidio usted habló de que los judíos de fuera de Israel tenían un papel que desempeñar si se organizaban como judíos para desbaratar las afirmaciones de Israel de actuar en nombre y en beneficio de los judíos de todo el mundo.


¿Sigue pensando que es así?


Sigo pensando que hay un lugar para un contingente judío dentro de un movimiento más amplio. Los judíos tienen un papel especial en este movimiento porque se encuentran en una situación embarazosa por culpa de un Estado que está involucrado en un genocidio y que afirma actuar en su nombre. Por lo tanto, los judíos tienen interés en desmentir esta afirmación falsa. Se trata básicamente de una postura antisemita, dar a entender que los judíos están siendo representados por este Estado genocida.


Sí, hay una razón de interés propio para organizarnos como judíos, pero ¿cree que eso ayuda a la causa palestina, especialmente considerando que los planes de Trump y Netanyahu muestran claramente la agenda imperialista desnuda de los intereses occidentales en Palestina y cuán poco tiene que ver el proyecto sionista con la protección de la vida judía?


Creo que esto sin duda ayuda a la causa palestina, pero siempre en conjunto, como parte de un movimiento más amplio. No estoy defendiendo el separatismo.

La opinión pública ha cambiado de forma bastante clara: las encuestas de opinión en Estados Unidos muestran que la postura de los jóvenes partidarios del Partido Demócrata es muy diferente de la postura oficial de la dirección del partido. Entre los judíos también ha habido un cambio: hay más necesidad y más potencial y posibilidades de intentar impedir la limpieza étnica.

Pero miren, va a haber un gran rediseño del mapa. Se puede visualizar cómo comienza, pero nadie sabe dónde terminará. Las cosas en realidad no salen como la gente las planea, siempre hay cosas inesperadas. Espero que ocurra muy poco de todo esto, pero me temo que ocurrirá. No me gusta tener razón. Mientras tanto, tenemos que hacer lo mejor que podamos: manifestarnos, escribir, hablar en contra y tratar de dificultar que nuestros gobiernos lo apoyen.


Fuente: Vashti