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domingo, 13 de septiembre de 2026

Yemen vuelve a la guerra

 

 Por Àngel Marrades   
      Politólogo | Imperialismo, geopolítica y elecciones. Periodista en Descifrando la Guerra.


     Yemen está volviendo rápidamente a la guerra. En las últimas semanas, los combates entre el Gobierno de Saná liderado por Ansar Alá –usualmente conocidos como hutíes– y las fuerzas alineadas con el Gobierno de Adén –reconocido internacionalmente– se han intensificado a lo largo de las principales líneas del frente, al tiempo que los hutíes también mantienen enfrentamientos armados habituales con Arabia Saudí, el principal valedor externo de sus adversarios.


Imagen de la canción de Ansar Alá ‘Juro por Dios y por la revolución’.

La ofensiva de Ansar Alá

El 4 de septiembre, Ansar Alá lanzó una operación militar a gran escala contra las fuerzas del Gobierno de Adén en la provincia occidental de Taiz, así como en el distrito de Hayis, en la provincia de Hodeida.

Desplegaron armamento pesado, drones y un gran número de combatientes con el objetivo de romper las líneas defensivas del sur y hacerse con el control de carreteras y posiciones clave. La ofensiva de Ansar Alá ha sido un éxito, consiguiendo avanzar rápidamente por la costa occidental de Yemen y conquistando más de 1.500 kilómetros cuadrados de territorio entre el 9 y el 10 de septiembre.

Esta escalada marca un cambio notable en la naturaleza del conflicto, que pasa de estar dominado por ataques de largo alcance –en particular con drones– a uno en el que los enfrentamientos terrestres tienen como objetivo alterar las líneas del frente.

En sus avances en las provincias de Hodeida y Taiz cayó primero la ciudad de Hays, tras días de combates. La pérdida de Hays desencadenó un colapso a gran escala de las tropas apoyadas por Riad, que comenzaron con una retirada que terminó en una huida hacia Adén.

Esto permitió a las fuerzas hutíes tomar Moca, y su aeropuerto internacional, sin obstáculos. El avance también continúa a la ciudad de Dhubab, situada en la entrada de Bab al-Mandeb, un punto estratégico clave para el tráfico de petroleros. Con la toma de esta posición, Ansar Alá tiene el control de toda la costa occidental de Yemen.

Además, las fuerzas del Gobierno de Saná han lanzado un asalto anfibio contra el estratégico archipiélago de Jabal Zuqar y las islas Hanish mayor y menor, situadas en el corredor marítimo del sur del mar Rojo. También han tomado la isla de Perim, en medio del estrecho de Bab al-Mandeb y a tan sólo 20 kilómetros de Yibuti.


La posibilidad de un bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb, sumado al de Ormuz, complicaría gravemente la situación del comercio mundial.

En conjunto, Ansar Alá tiene ahora un control mucho más directo sobre el estrecho, pudiendo amenazar a los buques con artillería y armas de corto alcance.

Estrangular a Arabia Saudí

El fin de la tregua de facto –vigente desde 2022– se ha hecho evidente desde principios de agosto. Todo comenzó con una crisis a mediados de julio relacionada con los vuelos entre Saná y Teherán, que sirvió al Gobierno yemení del norte para exigir el fin del bloqueo saudí, tanto a sus puertos como aeropuertos. La nueva política de bloqueo por bloqueo busca cambiar la ecuación, obligando a Riad a reconocer su legitimidad como gobierno soberano sobre Yemen.


La posibilidad de un bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb, sumado al de Ormuz, complicaría gravemente la situación del comercio mundial.

El proyecto de Ansar Alá es, ante todo, un proyecto soberanista que busca independizar a Yemen de la interferencia de las potencias externas en sus asuntos internos.


El proyecto de Ansar Alá es, ante todo, un proyecto soberanista.

En contra de lo que suele pensarse, Ansar Alá como movimiento social y político no es una guerrilla de desarrapados, sino que gobierna desde la capital sobre un tercio del territorio y el 70-80% de la población del país con un conjunto de complejas instituciones, heredadas muchas de ellas del viejo Estado yemení.

Un ejemplo de esto es que, cuando Yemen se desgarró en la guerra civil en 2014, la vasta mayoría del ejército profesional desertó al bando de Saleh y Ansar Alá, y se llevaron consigo todos sus sistemas de armas modernas.

Al inicio de la guerra, de un total de 88 unidades de tamaño de brigada que formaban el Ejército yemení, 46 brigadas al completo se alinearon con el bando de los hutíes, mientras que solo 5 unidades lo hicieron con Hadi, el entonces presidente de Yemen “reconocido internacionalmente”. Cuando los hutíes rompieron su alianza con el expresidente Saleh en 2017, consiguieron mantener el control y mando de las fuerzas armadas yemeníes.

En el ámbito interno, las exigencias de los hutíes a Arabia Saudí se han mantenido constantes. Quieren que sus adversarios permitan vuelos internacionales ininterrumpidos desde y hacia el aeropuerto de Saná; que paguen los salarios del sector público en las zonas que controlan –en un primer momento con fondos de Riad y, posteriormente, con los ingresos procedentes de las ventas de petróleo yemení–; que compartan con ellos los ingresos públicos; y que levanten las restricciones sobre el puerto de Hodeida.

Cada una de estas peticiones tiene también una importante función política hacia el exterior. Ansar Alá quiere aprovechar su control de Saná y de gran parte del norte de Yemen para lograr el reconocimiento de su soberanía, incluso sobre las conexiones aéreas, el comercio y las relaciones exteriores.

La disputa sobre los vuelos entre Saná y Teherán es ilustrativa: lo que está en juego no es solo si la ayuda humanitaria puede llegar a la capital, sino también si los hutíes pueden establecer vínculos con el mundo exterior sin la aprobación del Gobierno reconocido internacionalmente. Es decir, Yemen busca convertirse en un actor regional de peso.

La alianza de Ansar Alá con Irán responde a esos intereses. En contra de lo que suele decirse, no son una fuerza proxy de la Guardia Revolucionaria Islámica, a pesar de que compartan una cierta afinidad ideológica y alianza en el Eje de la Resistencia.


Desfile militar de los hutíes yemeníes.

De hecho, desde Teherán siempre han tendido a considerar que Saná actúa demasiadas veces por cuenta propia y están dispuestos a tomar riesgos muy elevados.

El alto al fuego de 2022 en Yemen permitió a Irán firmar la normalización diplomática con Arabia Saudí en 2023, obligando a Ansar Alá a ser cauto en sus relaciones con Riad. Sin embargo, con la agresión de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica en 2026 se ha abierto una nueva etapa en las relaciones, pues en Teherán ven la presión yemení sobre el mar Rojo como una ventaja decisiva.

Este segundo frente permite a Irán imponer un bloqueo casi total al golfo Pérsico. Los ataques de Ansar Alá ya han dañado considerablemente la infraestructura petrolera saudí, desde refinerías a puertos, incluso han golpeado el oleoducto saudí Este-Oeste que era decisivo como alternativa al estrecho de Ormuz. Esto se esta traduciendo en un repunte en los precios del petróleo, disparándose el crudo Brent a los 107 dólares el barril.

Irán espera de esta forma imponer una nueva realidad para obligar a los Estados del golfo Pérsico a aceptar un cambio en la arquitectura regional, en el cual su seguridad esté precondicionada por su integración en la región. La capacidad de Estados Unidos de proteger las rutas marítimas y a sus aliados se pone cada vez más en cuestión, al tiempo que exacerba la crisis imponiendo mayor presión para que Washington vuelva al MoU firmado con Irán en julio.

Arabia Saudí se encuentra en la situación más complicada. No puede ignorar los ataques contra su territorio, del mismo modo que no puede quedarse de brazos cruzados mientras los hutíes restringen el tráfico marítimo en Bab al-Mandeb.


Mapa de la guerra civil de Yemen. En rojo el territorio controlado por el Gobierno de Adén; en verde el territorio controlado por el Gobierno de Saná; y en azul el territorio tomado por Ansar Alá en la ofensiva de septiembre de 2026.

Al mismo tiempo, Riad tiene poco interés en volver a la intervención de duración indefinida que caracterizó la guerra entre 2015 y 2022. De hecho, desde la tregua de facto de 2022, la política saudí se ha basado en reducir las amenazas procedentes de Yemen, al tiempo que se crean las condiciones para una solución política que no requiera una implicación militar duradera. La actual escalada hutí pone en tela de juicio ese enfoque.

Riad ha ido ampliando su red de alianzas en materia de seguridad para crear un elemento disuasorio más creíble frente a las amenazas que plantean los hutíes, Irán y los grupos alineados con la República Islámica en Irak.

Lideró la creación de la Alianza Multinacional de Defensa Marítima, anunciada el 30 de julio, que reunió a más de 40 países, entre ellos Estados Unidos, en un “marco defensivo” diseñado para “salvaguardar los intereses marítimos comunes en el estrecho de Bab al-Mandeb, el mar Rojo y el golfo de Adén”. El 7 de agosto, Arabia Saudí también firmó el Acuerdo de Defensa Conjunta de la Meca, un pacto de defensa mutua, con Pakistán y Turquía.

Además, el Gobierno de Adén aseguraba que los hutíes eran más vulnerables a nivel interno que en el pasado, debido al empeoramiento de “las dificultades económicas en las zonas bajo su control” y al “creciente resentimiento hacia sus medidas de seguridad coercitivas”.

Por estas razones, las fuerzas respaldadas por los saudíes no estaban dispuestas a volver a las negociaciones. La posición de Riad era aumentar los costes de una escalada en su contra, más que preparándose para una campaña militar de mayor envergadura. Pero Arabia Saudí se ha enfrentado a una realidad muy distinta.

Sus alianzas y contactos con Irán le han servido de poco. El nuevo Acuerdo de la Meca no ha servido de disuasión, pues ni Turquía ni Pakistán están dispuestos a verse envueltos en el atolladero yemení y se niegan a extender ayuda por temor a una escalada con Irán. El Gobierno de Adén, completamente dependiente de las órdenes de Riad, es incapaz de desplegar una fuerza competente y está dividido en sus lealtades y por la corrupción de sus líderes.

El ejército saudí tampoco tiene capacidad para cambiar las tornas y ha demostrado no estar preparado para la guerra de drones, sufriendo numerosas bajas por la exposición de sus fuerzas.

Por más que cuente con equipo militar puntero, cazas F-16 e instrucción del ejército estadounidense, las fuerzas armadas saudíes están diseñadas para tener la menor centralización de mando y autonomía posible, pues el mayor temor de los príncipes saudíes es un levantamiento republicano de los militares. Sus unidades están fragmentadas y se fomentan las rivalidades entre los distintos servicios, mientras los reclutas carecen de cualquier motivación para librar una guerra.

La cuestión sureña

La ofensiva de Asar Alá no tiene la intención de alcanzar una victoria militar en la guerra civil, al menos en este momento. El control sobre el mar Rojo permite al Gobierno de Saná ejercer suficiente presión sobre Arabia Saudí, debilitando al mismo tiempo al Gobierno reconocido internacionalmente.

El problema que enfrenta Ansar Alá en estos momentos es político: los obstáculos están en la salida de las fuerzas extranjeras –saudíes– y en alcanzar una reconciliación política que haga viable al Estado yemení.

La toma de Adén por la fuerza haría al sur rememorar la conquista de la ciudad por los nordistas en 1994 y la unificación forzada, abriendo viejas heridas. En Saná no quieren ser vistos como unos nuevos conquistadores; esperan poder favorecer una reconciliación pacífica con el sur que permita resolver, en la mesa de negociación, la cuestión nacional pendiente. En Ansar Alá no se oponen a una opción federal.

Una ventajas con las que cuenta en este momento el Gobierno de Saná es la división interna en Adén. El desmantelamiento del Consejo de Transición del Sur (STC) y la salida de Emiratos Árabes Unidos han dejado a los nacionalistas sureños huérfanos y forzados a integrarse bajo el Gobierno dominado por Arabia Saudí.

Estas tensiones han podido verse en la reciente ofensiva. Las fuerzas yemeníes respaldadas por los saudíes huyeron de la costa occidental y no han podido entrar a Adén debido al bloqueo de las fuerzas sureñas, que se han burlado de su “cobardía”.

Desde que Riad forzó la salida de Abu Dabi de Yemen, el proceso de reorganización de las fuerzas del STC bajo el mandato del Consejo de Liderazgo Presidencial (PLC) ha sufrido múltiples obstáculos.


Riad forzó la salida de Abu Dabi de Yemen.

Los saudíes crearon el Comité Militar Supremo por parte de Rashad al-Alimi, presidente del PLC, cuyo objetivo es reorganizar, equipar y unificar el mando de todas las fuerzas militares en los territorios controlados por el Gobierno de Adén.

Esto es relevante para el sector de la seguridad, puesto que muchas de las fuerzas que antes contaban con el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos –y que ahora están integrando los saudíes– han estado históricamente dirigidas por comandantes con aspiraciones secesionistas o, como mínimo, autonomistas.


El Consejo de Transición del Sur, respaldado por Emiratos Árabes Unidos, amplía su control sobre el este y el centro de Yemen en detrimento de las fuerzas apoyadas por Arabia Saudí.

Riad ha estado reconstruyendo su influencia y aprovechando su renovado estatus hegemónico y su poder económico en las regiones del sur.

Este proceso de integración se ve amenazado por la sostenibilidad económica y política del país. El PLC tiene dificultades para pagar puntualmente los sueldos de los funcionarios públicos, incluidos los del ejército y la policía, y para prestar servicios básicos a los ciudadanos. Los Emiratos Árabes Unidos lograron forjar sólidas alianzas con los grupos armados y los combatientes del sur, en parte gracias a unos sueldos regulares y competitivos en comparación con los del ejército.

Arabia Saudí se ha centrado en la cuestión salarial para impulsar la cooptación y la credibilidad. En enero, Al-Alimi anunció que Riad “ha completado el pago de los salarios de todas las formaciones militares que antes financiaba Abu Dabi”.

Para 2026, Arabia Saudí ha presupuestado casi 3.000 millones de dólares estadounidenses para cubrir los salarios del sector público en Yemen, incluidos los que antes pagaban los Emiratos Árabes Unidos al personal afiliado al STC.

Para Arabia Saudí, la situación política del sur es aún más delicada que la financiera. Cuando el STC se vio obligado a retirarse, Riad anunció la creación de una conferencia denominada Diálogo del Sur para reunir a “todas las facciones del sur con el fin de debatir soluciones justas para la causa del sur”, reconociendo así las aspiraciones locales en materia de autodeterminación y gobernanza. Sin embargo, la prometida conferencia aún no se ha podido organizar.

El acercamiento de Ansar Alá a Adén no es tan importante por la amenaza militar que representa, sino por el cambio político que supone. Saná demuestra que es un socio viable en la gobernanza de Yemen, que Arabia Saudí no tiene capacidad de frenar su avance y que la sostenibilidad del PLC respaldado por Riad queda en entredicho, pudiendo provocar el descalabro final con un cambio de bando por parte de las fuerzas sureñas que abran a Ansar Alá las puertas de Adén.


Fuente: Descifrando la Guerra

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Irak negocia desarmar a las milicias chiíes

      Politólogo | Imperialismo, geopolítica y elecciones. Periodista en Descifrando la Guerra.



El Gobierno de Irak, liderado por Ali al-Zaidi (en la imagen), afronta el desafío de desarmar a las milicias chiíes en plena rivalidad entre Estados Unidos e Irán.

Irak, que ha quedado en el fuego cruzado de la guerra lanzada por Estados Unidos contra Irán, mantiene una relación muy estrecha con ambos países.


Irak se ha convertido, durante la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, en un escenario más del conflicto regional.

Pero las presiones ejercidas por Washington sobre la débil economía iraquí –muy dependiente del petróleo y duramente afectada por el bloqueo de Ormuz– han llevado a Bagdad a ceder, pues la Casa Blanca mantiene un importante control sobre sus finanzas desde la invasión de 2003.

Entre otras palancas de poder de Estados Unidos, las cuentas en las que se depositan los ingresos del petróleo iraquí se encuentran en la Reserva Federal estadounidense, y el Gobierno depende de los envíos periódicos de dólares.


Las elecciones en Irak han generado un escenario complejo en el equilibrio de Bagdad entre la influencia de Estados Unidos e Irán.

Para recuperar esta transfusión vital, el nuevo primer ministro de Irak, Ali al-Zaidi, se ha comprometido a desarmar a las milicias chiíes –muchas de ellas aliadas de Irán–, convirtiendo esta cuestión en la prioridad de su mandato.

El ultimátum de Zaidi

Con esta intención, al-Zaidi lanzó en junio un ultimátum: para el 30 de septiembre, el monopolio de la violencia debía volver a estar en manos del Estado. Todas las milicias independientes –principalmente las agrupadas en torno a la Resistencia Islámica en Irak– y paragubernamentales –como las Fuerzas de Movilización Popular (PMF)– debían entregar las armas a los cuerpos de seguridad.

Adelantándose a este proceso, en mayo el clérigo chií Muqtada al-Sadr ya había anunciado la separación entre su movimiento político y su brazo armado, Saraya Salam, poniendo a sus miembros bajo la autoridad del Estado. A este le siguieron las milicias Asaib Ahl al-Haq y las Brigadas del Imán Ali.

Sin embargo, al-Sadr no cuenta con el apoyo de Irán y opera de forma independiente, mientras que las otras dos milicias pertenecen a las PMF, pero no a la Resistencia Islámica en Irak, organización paraguas que agrupa a facciones de línea dura alineadas con Teherán y contrarias al desarme.

Los ataques contra Arabia Saudí desde Irak, coincidiendo con la escalada en Yemen, han aumentado todavía más la tensión. Como respuesta, los bombardeos aéreos de Estados Unidos y Arabia Saudí contra las PMF a finales de julio han dejado al primer ministro iraquí en una posición políticamente difícil.


Estados Unidos y Arabia Saudita atacan a milicias iraquíes respaldadas por Irán.

Las PMF movilizaron un boicot contra los productos saudíes y obligaron a al-Zaidi a cancelar su visita a Riad. Posteriormente, el primer ministro se reunió con los líderes de las PMF y ordenó indemnizar a las familias de las víctimas.

A pesar de estos gestos, al-Zaidi ha continuado con su hoja de ruta, aunque sometido a presiones de unos y otros. Durante la visita del jefe de los servicios de inteligencia de Arabia Saudí a Bagdad, el 7 de agosto, el primer ministro reiteró la oposición del Gobierno a que los grupos armados lanzaran ataques desde territorio iraquí.

Tres días después, el comandante de la Fuerza Quds de Irán, Esmail Qaani, llegó a Bagdad y, según se informa, expresó su oposición al desarme de las milicias chiíes y advirtió contra una confrontación militar entre las fuerzas gubernamentales de Irak y estos grupos.

El 11 de agosto, al-Zaidi solicitó al Parlamento que colaborara en la redacción de una ley que sometiera todas las armas al control del Estado, calificando los arsenales fuera de su alcance como “el mayor peligro para el Estado”.


Los consensos políticos en Irak se transforman tras las elecciones de 2025 bajo la atenta mirada de Estados Unidos e Irán.

Sin embargo, los diputados alineados con Kata’ib Hezbolá, que sostienen su Gobierno y cuentan con una milicia propia, se opusieron e instaron a buscar una solución política.

El 21 de agosto, al-Zaidi afirmó que “no tenía intención” de buscar un enfrentamiento militar, alegando que “existe un diálogo constructivo”.

Mohammad Bagher Ghalibaf, el influyente presidente del Parlamento iraní, visitó Irak entre el 19 y el 21 de agosto, cuando, según se reporta, planteó opciones que incluían “congelar” las armas de las milicias o transferirlas a la República Islámica.

Finalmente, a finales del mes, el asesor de seguridad de al-Zaidi, Qasim al-Araji, pareció dar marcha atrás respecto al plazo del 30 de septiembre, al afirmar que esa fecha marcaba la retirada de las fuerzas estadounidenses y que el desarme de las milicias comenzaría posteriormente. No obstante, esta cuestión seguirá marcando las dinámicas internas del país durante los próximos meses y años.


Fuente: Descifrando la Guerra


viernes, 28 de agosto de 2026

Aviso para ingenuos: solo se puede controlar el movimiento humano a través del fascismo

 

 Por Sarah Babiker   
      Periodista hija de una chica madrileña de familia obrera y de un joven sudanés de clase media que pasó de estudiante a migrante en la España franquista.


Los mismos gobiernos que desisten en regular el coste de la vivienda, que se muestran incapaces de frenar la desigualdad o que permiten a la IA avanzar sin control, insisten en regular, frenar y controlar el movimiento de quienes intentan sobrevivir


Manifestación en el Tarajal en 2025.

     Túnez, 23 de agosto, el pueblo costero de Ben Gerdane arde. La población está furiosa: lleva días recuperando los cuerpos de sus hijos en el mar. Quince muchachos que veían la vida como un callejón sin salida, e intentaron abrirse una grieta de posibilidad a bordo de una patera, rumbo a Lampedusa, atravesando 142 km de mar convertido en el más eficiente de los gendarmes de Europa.


Manifestantes tunecinos marchan tras el hundimiento de una embarcación de migrantes que causó la muerte de varios de ellos.

El gobierno tunecino, al que Bruselas subcontrata el control migratorio, es incapaz de hacer políticas que alivien la pobreza o frenen el deterioro de los servicios públicos. Lo que sí se le da bien es la represión, miles de personas llevan semanas protestando contra el colapso económico y la gestión autoritaria del presidente Kais Saied.

Ceuta, 22 de agosto, en el barrio de El Príncipe los vecinos y vecinas se quejan, el campamento que ellos mismos han habilitado para mujeres, niñas y niños, en una cancha deportiva, ha sido inutilizado por las lluvias: detrás, carpas caídas y colchones mojados.


Mujeres y menores migrantes, algunas enfermas, en colchones mojados en Ceuta: ‘Esto es una vergüenza, son personas vulnerables’.

Los barrios periféricos de la ciudad autónoma, que llevan años protestando ante el abandono institucional, se sienten de nuevo dejados a su suerte, mientras afrontan una situación inédita marcada por la presencia de miles de personas que llevan más de veinte días a la intemperie y en la incertidumbre total, generando un ambiente proclive a la tensión. Mientras, en los despachos se van señalando espacios donde ir acumulando a las personas hasta que se dirima la magnitud de la devolución indiscriminada que exigen en Europa.


Personas migrantes aguardan en la explanada de Loma Colmenar para poder acceder al nuevo centro provincial instalado en Ceuta este jueves.

Derechas, mercenarios neonazis y bots, azuzan el odio que normalizará la próxima vulneración de derechos masiva.

Madrid, 25 de agosto. El gobierno anuncia la reforma de la ley de extranjería y una nueva ley de asilo: triajes, protocolos, dispositivos de detención y de control. El poder decide jugar al autoengaño de que se puedan gobernar limpiamente las fronteras, acotar con higiénicas leyes la voluntad humana de moverse, regular la desesperación. Y ciertamente no tiene mucho margen de maniobra, el marco viene dado por Europa, con su nuevo Pacto de Migración y Asilo. Una Europa sustentada en la fantasía del control: colonial, osando a dividir territorios y vidas con líneas rectas; fascista, burocratizando la muerte y sistematizando el encierro y la represión; supremacista, arrogándose el protagonismo en los saberes humanos y tratando a los demás pueblos de salvajes, mientras les somete a las peores salvajadas. 

Ceuta, 27 de agosto. El cóctel de abandono y deshumanización va surtiendo su efecto: grupos de ceutíes deciden “reestablecer el orden” prendiendo fuego a las cabañas improvisadas donde intentan protegerse de la intemperie las personas migrantes en la playa de El Trampolín.


Un grupo de vecinos prende fuego a chabolas de inmigrantes en la playa del Trampolín.

Poco antes, han intentado impedir que la Cruz Roja distribuya la única comida que recibirán durante la jornada. Ante la situación de crisis que se vive en la ciudad, estos grupos violentos han tomado una determinación: la solución pasa por agredir y negar el alimento y el cobijo a seres humanos. Algunos medios de comunicación contribuyen, llaman invasores, sin comillas, a quienes cruzaron la frontera. Atribuyen así a miles de personas diversas con la agenda individual de sobrevivir, trabajar y prosperar, la voluntad colectiva de invadir un territorio. Convierten al otro en enemigo para justificar la crueldad como respuesta.


Manifestantes ceutíes incendian chabolas de migrantes.

Los 15 jóvenes ahogados ante las costas tunecina, las más de 140 personas que perdieron la vida intentando llegar a Ceuta, las 1317 personas, que murieron en los primeros cinco meses de 2026 intentando arribar a territorio español, quienes desaparecen en el Sáhara en su camino al norte, todos estos cadáveres jóvenes, ese reguero de personas desaparecidas, son un éxito de las políticas migratorias europeas. En mayo Frontex anunciaba que la llegada irregular de personas migrantes a Europa se había reducido en un 40% respecto al año anterior, consolidando una tendencia a la baja facilitada por los acuerdos bilaterales con los países receptores y de tránsito, es decir, gracias a la externalización de las fronteras. 

Teniendo en cuenta que la desigualdad no para de crecer —entre los países y dentro de cada país—,  que las guerras continúan ingobernables en países como Sudán o Yemen (lugar de origen de muchos de quienes llegaron a Ceuta), teniendo en cuenta que la necesidad y la pulsión de migrar siguen intactas, habrá que colocar todo el mérito en la ralentización de las llegadas del lado de la represión: la eficacia de los gendarmes de Europa en aplicar prácticas de control de los flujos migratorios que incluyen la caza de personas, el secuestro, la tortura y la extorsión, o el abandono en mitad del desierto. Y para los que llegan, ya se están aprestando los centros de deportación auspiciados por el reglamento de retorno. 

Tan significativo como lo que se pretende controlar, es lo que se desiste en regular: el precio de una vivienda que se ha convertido en la guarida desde la que el capital financiero insiste en atacarnos; ese despojo naturalizado que opera en las ciudades de todo el mundo sin que los mandatarios organicen pactos internacionales, debatan normativas, ni contemplen endurecer la fiscalización sobre el abuso. La “invasión” de los pisos turísticos en los centros urbanos, la “migración masiva” de la riqueza común hacia el patrimonio de un puñado de oligarcas flipados, sucede sin líderes que cuestionen la legalidad del expolio.

La cesión continua de información a multinacionales que facilitan genocidios, limpiezas étnicas, o el control de la disidencia se asume sin que ningún líder agite la bandera de la libertad contra quienes quieren sistematizar y controlar cada uno de los datos que nos construyen. El lucro de quienes hacen negocio con lo básico: la alimentación, la educación, la sanidad, apenas se fiscaliza. La IA trota enloquecida hacia quién sabe dónde, mientras los Estados la miran atravesar cada vez más fronteras de posibilidad, sin atinar a plantearse siquiera la necesidad de ponerle riendas por interés del común.

Con todos estos límites descontrolados, con esta dejación de responsabilidades por parte de los gobiernos, quienes agitan la bandera de la invasión, y pastorean el miedo y la incertidumbre humanas hacia el rechazo militante del otro, llevan muchos años trabajando. Tampoco han inventado nada: el colonialismo, el capitalismo racial, son el sustrato histórico de un discurso dopado de bots, financiado con el dinero de los apóstoles del descontrol del capital, y agitado por racistas poco innovadores pero con un altavoz mediático continuo. Da miedo asomarse a los comentarios, percibir la extensión del desprecio a la vida de los otros, constatar la siembra de ignorancia y deshumanización donde arraigan y prosperan sin coto las más crueles narrativas, abonadas a base de bulos, desinformación y reduccionismo. 

Sí, estamos ante un trabajo fino de fascistización de la sociedad, pero también cada cual es responsable de la mierda que difunde o justifica. Reconocer la humanidad y la agencia de los otros también implica hacerles responsables de sus propias derivas, recordar que siempre es posible elegir no sumarse a quienes odian, que es normal sentirse impotente ante el tsunami de racismo, pero eso no te obliga a sumarte a la corriente. Cualquier salida colectiva de este abismo, requiere de la resistencia individual a dejarse llevar por este sentido común xenófobo, la resistencia personal a dar por bueno el solucionismo fascista que pretende doblegar la voluntad humana de sobrevivir o prosperar a base de vigilancia, encierro o muerte.

Te llamarán buenista por pretender que la gente tenga el mismo derecho a moverse que tú. Como si considerar a otros seres humanos como iguales fuese una debilidad de carácter y no una muestra de fortaleza ética. Te llamarán ingenua por impugnar ese sentido común arrogante que insiste en señalar a las migraciones como la principal amenaza, por cuestionar que no haya otra forma de afrontar el movimiento humano que el control y el uso de la fuerza. Pero no menos ingenuo es pretender que se pueda frenar la pulsión de supervivencia o simplemente, de viaje, afinando reglamentos y normativas en despachos.

El mapa del mundo es el que es: uno cada vez más desigual, cubierto de zonas de sacrificio, acechado por el cambio climático, enfermo de inseguridad por la privatización de la guerra. Las vidas de cada vez más gente se han vuelto una ruta incierta, bajo sus pies se hunde la tierra firme, los países naufragan hacia el autoritarismo, poder quedarse en el lugar que te vio nacer, deviene un privilegio. ¿Cómo no va a moverse la gente? ¿cómo no va a desplazarse en busca de un futuro? ¿cómo va a resignarse a permanecer quieta si no queda suelo ni horizonte que la sostenga? Urge mirar de frente al contexto real en el que estamos e imaginar otras respuestas. Porque si no solo queda la misma de siempre, la de la ley del más fuerte, la del sacrificio del otro, la del odio para poder justificarnos tanto abismo. Queda el fascismo en cualquiera de sus formas.



Fuente: El Salto