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miércoles, 5 de agosto de 2026

Tres escenarios para la guerra entre Irán y Estados Unidos

 

 Por Pedro Garcia   
      Periodista en Descifrando la Guerra.


   La reanudación de la guerra entre Estados Unidos e Irán ha devuelto la atención internacional a uno de los espacios marítimos más estratégicos del planeta: el estrecho de Ormuz.


El mapa del estrecho de Ormuz se caracteriza por estar rodeado de hidrocarburos y por la capacidad de Irán de ejercer un bloqueo.

Tras un alto el fuego frágil y sin acuerdos sólidos sobre cuestiones fundamentales, Washington y Teherán han regresado a una dinámica de confrontación abierta en la que la presión militar y la negociación avanzan de forma paralela.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

El conflicto ya no se limita a la disputa bilateral entre ambos países. La cuestión central gira en torno al control de las principales rutas marítimas de Oriente Medio, especialmente Ormuz y, de forma indirecta, Bab el-Mandeb.

Ambos corredores concentran una parte esencial del comercio energético mundial, por lo que cualquier alteración de la navegación tendría consecuencias económicas que irían mucho más allá de la región.

La importancia estratégica de estos pasos marítimos convierte cualquier crisis en un problema global. Mientras Estados Unidos intenta reducir la capacidad iraní para utilizar Ormuz como instrumento de presión, Teherán considera que su influencia sobre el estrecho constituye uno de sus principales activos de poder y una cuestión vinculada a su soberanía nacional.

Los dos cuellos de botella

El estrecho de Ormuz es probablemente el cuello de botella energético más importante del mundo. A través de sus aguas transita aproximadamente una cuarta parte del petróleo transportado por vía marítima y una parte significativa del comercio internacional de gas natural licuado.

Su relevancia estratégica deriva de una realidad geográfica simple. Los grandes productores del golfo Pérsico dependen de este corredor para exportar sus hidrocarburos hacia los mercados internacionales.

Aunque algunos países, como Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos, disponen de infraestructuras alternativas, estas no poseen capacidad suficiente para sustituir completamente el volumen que atraviesa el estrecho.

Por esta razón, la capacidad iraní para amenazar la navegación constituye una poderosa herramienta de disuasión. Teherán sabe que no necesita cerrar completamente Ormuz para generar efectos económicos significativos. Basta con incrementar la percepción de riesgo, amenazar el tráfico marítimo o dificultar parcialmente la navegación para afectar a los mercados energéticos internacionales.

La disputa actual entre Estados Unidos e Irán se concentra precisamente en este aspecto. Washington aspira a desarrollar mecanismos que garanticen la libre navegación reduciendo la capacidad de influencia iraní, mientras que Teherán rechaza cualquier fórmula que limite su papel en la gestión del paso marítimo.

No obstante, la importancia de la crisis no se limita a Ormuz. Al otro extremo de la península Arábiga se encuentra el estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de acceso al mar Rojo y al canal de Suez.

Por esta ruta circula alrededor del 12% del comercio marítimo mundial y una parte muy relevante de las exportaciones energéticas destinadas a Europa.


La posibilidad de un bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb, sumado al de Ormuz, complicaría gravemente la situación del comercio mundial.

Su relevancia ha quedado demostrada durante los últimos años, cuando la inseguridad en la zona –tras los ataques de los hutíes yemeníes contra embarcaciones en "solidaridad" con la causa palestina– obligó a numerosas navieras a desviar sus rutas alrededor del Cabo de Buena Esperanza.


Ansar Alá rompe el bloqueo de Arabia Saudí sobre Yemen.

Estos desvíos provocaron incrementos significativos en los costes logísticos, retrasos en el transporte de mercancías y problemas para diversas cadenas de suministro. También afectaron directamente a Egipto, cuyos ingresos por los peajes del canal de Suez disminuyeron como consecuencia de la reducción del tráfico marítimo.

El riesgo para la economía mundial aumentaría considerablemente si ambos estrechos se vieran afectados al mismo tiempo. Mientras Ormuz condiciona la salida de los hidrocarburos del golfo Pérsico, Bab el-Mandeb conecta esos flujos comerciales con Europa y el Mediterráneo. La alteración simultánea de ambos corredores tendría un impacto difícilmente comparable con cualquier crisis marítima reciente.

Los posibles escenarios del conflicto



Los posibles escenarios del conflicto entre Estados Unidos e Irán marcarán el futuro de los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb.

La evolución de la crisis dependerá en gran medida de la capacidad de Washington y Teherán para imponer sus intereses en torno al estrecho de Ormuz. A día de hoy pueden identificarse tres escenarios principales.

Escenario 1: retirada estadounidense y acuerdo con Irán

El primer escenario contempla una reducción progresiva de la confrontación y la búsqueda de un acuerdo político, y se fundamenta en el hecho de que Estados Unidos afronta crecientes limitaciones estratégicas.

El desgaste de determinados recursos militares, la necesidad de concentrar esfuerzos en otros escenarios internacionales y los costes políticos internos de una guerra prolongada reducen el margen para mantener indefinidamente la presión sobre Irán.

En estas circunstancias, ambas partes podrían alcanzar un compromiso basado en una gestión coordinada de la navegación en Ormuz junto a Omán. El acuerdo podría incluir mecanismos de supervisión compartida y algún sistema de compensación económica derivado del tránsito marítimo.

Esta opción permitiría estabilizar temporalmente la región. Sin embargo, también supondría un reconocimiento implícito de la influencia iraní sobre el estrecho de Ormuz, fortaleciendo su posición negociadora en Oriente Medio.

Escenario 2: guerra regional ampliada

El escenario más peligroso contempla una nueva escalada militar. Si las negociaciones fracasan y la presión iraní sobre Ormuz aumenta, Estados Unidos podría intensificar sus operaciones militares y favorecer una mayor implicación de Israel en el conflicto.

En ese contexto, la confrontación dejaría de limitarse al golfo Pérsico para extenderse a otros escenarios regionales. Líbano, Yemen e incluso Irak podrían convertirse en nuevos frentes de una guerra más amplia, involucrando a los principales aliados de Teherán.


Irak se ha convertido durante la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán en un escenario más del conflicto regional.

La consecuencia más grave sería el bloqueo simultáneo de Ormuz y Bab el-Mandeb. La interrupción de dos de los mayores puntos de estrangulamiento del comercio marítimo mundial provocaría fuertes aumentos en los precios de la energía, graves alteraciones en las cadenas de suministro y un incremento significativo de los costes del transporte internacional.

Yemen desempeñaría un papel especialmente relevante. Aunque los hutíes no han reanudado de forma generalizada sus ataques contra el tráfico marítimo internacional, mantienen la capacidad de hacerlo si consideran que el conflicto ha entrado en una nueva fase de escalada.

Escenario 3: inestabilidad controlada

El tercer escenario contempla la continuidad de la situación actual. Ni Estados Unidos ni Irán parecen dispuestos a realizar las concesiones necesarias para alcanzar un acuerdo duradero. Sin embargo, tampoco tienen incentivos suficientes para asumir los riesgos de una guerra regional de gran escala.

Como resultado, ambas potencias continuarían aplicando estrategias de presión mutua mediante demostraciones de fuerza, negociaciones intermitentes y acciones limitadas destinadas a mejorar sus posiciones sin cruzar determinados umbrales de escalada.


Posibles escenarios de la guerra.

En este contexto, Ormuz seguiría siendo el principal foco de tensión. La navegación permanecería sometida a episodios recurrentes de amenazas, inspecciones, restricciones parciales e incidentes de seguridad, aunque sin llegar a un cierre completo del estrecho.

La política interna de ambos países refuerza esta dinámica. En Irán, el fortalecimiento de los sectores más conservadores dificulta cualquier concesión relevante sobre una cuestión considerada estratégica y soberana. En Estados Unidos, donde en noviembre se celebran elecciones de mitad de mandato, las presiones políticas internas y la dificultad de aceptar un acuerdo que pueda interpretarse como una victoria iraní limitan igualmente el margen de maniobra.

Por ello, el escenario más plausible no parece ser ni una gran guerra regional ni una reconciliación duradera, sino una prolongación de la inestabilidad. Una situación en la que la tensión se mantenga bajo control, pero en la que cada incidente en Ormuz o Bab el-Mandeb pueda volver a poner en riesgo la seguridad energética mundial y la estabilidad de los mercados internacionales.

Israel, decisivo en la escalada

Israel sigue siendo uno de los actores más relevantes en la dinámica de seguridad regional. La situación actual le resulta relativamente favorable, ya que no está implicado directamente en una confrontación abierta con Irán mientras mantiene la presión sobre otros adversarios, especialmente en Líbano. Esta posición le permite evitar los costes de una guerra regional de gran escala al tiempo que continúa desarrollando sus objetivos estratégicos.

Desde la perspectiva de Tel Aviv, resulta prioritario que Estados Unidos mantenga una política de presión sostenida sobre Teherán. Esto le permitiría concentrar recursos en otros frentes considerados esenciales –como el debilitamiento de Hamás en la Franja de Gaza, la anexión paulatina de Cisjordania o la lucha contra Hezbolá en Líbano– mientras limita la capacidad de influencia regional iraní.


El Estado de Israel acelera su conquista y colonización de Cisjordania

La ausencia de una intervención israelí directa contra Irán puede interpretarse como una señal de contención y de voluntad de evitar una escalada inmediata. Sin embargo, esta postura no implica una renuncia definitiva al enfrentamiento.

Si Israel percibe que Washington está dispuesto a aumentar la presión militar sobre Teherán o considera que existe una oportunidad favorable para debilitar significativamente a la República Islámica, podría adoptar una actitud más agresiva y favorecer una nueva escalada regional.

Por ello, la posición israelí constituye uno de los principales factores de incertidumbre del conflicto. Mientras Tel Aviv considere que la presión estadounidense sobre Irán es suficiente, es probable que mantenga una estrategia indirecta.

No obstante, un cambio en los cálculos estratégicos israelíes podría acelerar la transición desde la actual confrontación contenida hacia un escenario de mayor inestabilidad regional.


Fuente: Descifrando la Guerra

sábado, 21 de marzo de 2026

Irán es el Suez de Estados Unidos

 

      Periodista y escritor.

Es aún pronto para afirmar que esta guerra sea el Stalingrado de Trump. En todo caso, sí parece haber descubierto que algo ha cambiado, que, a diferencia de 1956, ya no puede hacer lo que quiera, a menos que no sean Estados precarios


Columna de humo en Puerto Saíd tras el asalto anglofrancés al canal de Suez

     1- Las guerras no son sonetos, por lo que explican cosas extraordinariamente sencillas. Pero, en contrapartida a esa sencillez, las guerras son muy difíciles de leer. Por eso cansan tras su novedad inicial. En el Madrid de 1914-18, por ejemplo, se puso de moda pasear por la calle con una cuartilla prendida con alfileres en la solapa, en la que se leía: “No me hable de la guerra”. En el presente artículo se hablará de la guerra, en tanto todo habla de la guerra desde el 28F. Pero, en mi defensa, la guerra aparecerá para aludir a su propia gramática, a lo que la guerra explica debajo de sí misma. Esta semana, por cierto, la guerra ha sido rica en matices gramaticales. Que es, me temo, la única riqueza que crea.

2- Es aún pronto para afirmar, como parece, que esta guerra es el Stalingrado de Trump –no se pierdan el punto 13–. En todo caso, sí que parece que es su invasión de Suez.

3- Invasión de Suez, definición: en 1956, Francia y UK, aprovechando una movida previa de Israel, invaden el Sinaí para hacerse con el control del Canal de Suez, bloqueado por el Gobierno nacionalista de Nasser. El objetivo era una acción rápida, que depusiera a Nasser y que devolviera el canal a sus accionistas. Plis-plas. Se trataba de la acción colonialista un millón. Pero tanto EEUU como la URSS hicieron saber a Francia y UK que estábamos en otra casilla, que eso del imperialismo ya no se llevaba, salvo que lo practicaran ellos. Y, al poco, Francia y UK se retiraron no solo de Suez, sino de la época que se inauguraba. Todo el mundo sabía que, tras la IIGM habían finalizado los imperios europeos. Pero una cosa es saberlo y otra es comértelo con patatas. Tras ese banquete de patatas, se iniciaba oficialmente, lo dicho, otra época. El mundo bipolarizado, un mundo gestionado por lo nunca visto: dos superpotencias nucleares.

4- Pues bien, independientemente de que la guerra de Irán aporte nuevos conceptos, creo que ya ha aportado este: Suez. Irán es el Suez de Estados Unidos. EEUU, una superpotencia nuclear en un momento confuso en el que conviven aún elementos contradictorios y poco nítidos, de entre-épocas, ha descubierto que algo ha cambiado. No puede invadir Suez.

5- Es decir, no puede hacer lo que quiere en el mundo. Puede hacerlo, claro, con Estados próximos, precarios, apollardados, en crisis –como Venezuela, como Panamá…–. Pero no puede hacer lo propio con Estados operativos. Finaliza una época que empezó en 1945, que sé constató en 1956 y que se prolongó, tras 1989/el fin de la URSS, a través de una sola hiperpotencia, hasta el boom de las guerras ilegales de principios del XXI. Hoy, en fin, estamos en otra época, aún sin nombre, aún por conocer al detalle. En todo caso, en esta época, en ese mundo no reglado, hay amplias regiones del mundo en las que EEUU ya no puede intervenir militarmente. No, al menos, con éxito. No, al menos, sin provocar una crisis económica y humanitaria planetaria absoluta, inasumible incluso para Estados Unidos. EEUU lo sabía –lo que alude a que ha realizado un proceso de toma de decisiones chungo; no se pierdan el punto 17–. Pero ahora lo sabe, en su modalidad más amarga: la modalidad con patatas amargas.

6- O lo que es lo mismo, el mundo, carente de orden internacional, no carece de potencias regionales con poder llamativo en su área. Les explico, en ese sentido, una manifestación de poder –poco anecdóticas; descomunal– de Irán.

7- Irán no ha cerrado Ormuz. Le ha puesto peaje. Lo que, como manifestación de poder, no está mal. Por ahí circulan barcos. A tutiplén. Con destino a China e India. Y –se dice; no he podido confirmarlo; ni yo ni nadie– con petróleo y gas licuado pagado en la divisa china –lo que es otro fracaso europeo; no se pierdan el punto 21–. Emilio Rodríguez-Díaz, profe de la Universidad de Cádiz y experto en transporte marítimo, explica que Ormuz está cerrado, sí, pero solo para buques de EEUU, Israel y occidentales. Desde el 1M hasta el 15M, han pasado por ahí 77 barcos. La mitad en modo oscuro –sin radio, en modo manual; a pelo, a la aventura–. Lloyd’s/las aseguradoras asumen ese hecho y solo ofrecen cobertura a buques con mercancía para China/India. Si Lloyd’s/las aseguradoras dan por válida esa dinámica, es que esa dinámica es la dinámica y va a misa.

8- O, lo que es lo mismo, se puede solucionar, a bombazo limpio, un Ormuz cerrado a cal y canto. Pero no un Ormuz que filtra barcos por destino y por alineamiento geopolítico. Eso solo se soluciona con diplomacia. Y de eso no tenemos.

9- ¿Qué tenemos?

10- Lo que tenemos apunta, lo dicho, a un posible Stalingrado/un error táctico estructural y dramático, que se verificará, o no, en el tiempo. Tal vez muy poco. En todo caso, se ha intentado colapsar el Estado iraní a) matando a su élite. Por ahora, se han pelado –solo– a una decena de miembros de su staff. Algo dramático y desestabilizador. Y, además, carísimo –no se pierdan el punto 12–. Pero no necesariamente fatal: hasta el Rayo Vallecano puede ir tirando con diez grandes ideólogos menos en su staff. También se ha intentado el colapso b) atacando, el 18M, infraestructuras energéticas iraníes, con el resultado de más ataques, por parte de Irán, a otras infraestructuras energéticas de la región. Lo que ha tenido consecuencias llamativas.

11- Desde ese ataque –que lo cambia todo; imprime otra gramática a la guerra, que explica a gritos que será larga y costosa: y global–, el precio de los combustibles se ha ido al garete. Ese mismo día, el barril de Brent superaba los 110$ –recuerden: la catástrofe está calculada en 140$, el precio previsto, antes del 18M, para finales de marzo–. El gas licuado, en el mercado europeo, llegaba, a su vez, a los 56€ m/h. Es decir, el 18M y gracias a un ataque coordinado de Israel y EEUU –confuso; Israel asumió posteriormente esa metedura de pata, tal vez para proteger a Trump; de no ser así, la coalición Trump-Netanyahu podría dar señales iniciales de desgaste–, todo ha cambiado. El cambio es importante: a Trump la situación se le ha ido de las manos. Así como suena.

12- A este error, se le suman otros que empiezan a afectar, de alguna forma, al proyecto Trump –se dice rápido–. Uno, y no es el menor, es el mismísimo concepto económico de coste de oportunidad de la guerra. La guerra, en fin, está costando un huevo. Que no solo impide hacer otras cosas –por ejemplo, otras guerras– sino que está comprometiendo seriamente la seguridad de EEUU. Informa el Financial Times que el coste de un misil Tomahawkes de 3,6M$, y que solo en las primeras 10 horas de guerra se consumieron, zas, 168 unidades. En total –y siempre corroborando todo con las tres fuentes necesarias en el periodismo anglosajón–, EEUU ha gastado, desde el 28F, varios años de materiales críticos, como es el caso de los Tomahawk, ese bien hoy escaso. Es decir, EEUU está dilapidado su capacidad de respuesta futura en este u otro conflicto. Y, por lo mismo, está hablando de su futuro a sus enemigos –ojo: es muy posible que también lo esté haciendo Israel–. Dramáticamente: el FT calculaba que el Pentágono pediría 50.000$ al Congreso, para ir tirando en esta guerra. Pues bien, esta semana ha decidido pedir, finalmente, 200.000 M$.

13- Una guerra, que estaba ganada, según Trump, el 12M, el 18M cambiaba, lo dicho, de gramática. Y eso ha provocado un conflicto interno en el maguismo, que podría ser determinante. O no. Es importante señalar que se trata de una crisis interna del maguismo, en la que el maguismo se basta así mismo para enfrentarse a Trump. Se trata, por así decirlo, de un conflicto entre las SS y las SA. En todo caso, empieza a haber tensiones entre el colectivo tertuliano maga –pieza clave del maguismo– y Trump. La metáfora es Tucker Carlson, tertulianólogo, miembro del movimiento Trump1.0, que empezó a marcar distancias severas con Trump2.0, hoy, tras el 28F. Esas perturbaciones en la Fuerza, motivadas por el rechazo a participar en guerras externas –una constante del maguismo, pero también del republicanismo, no intervencionista en 1917 y antes de 1941–, están llegado al mismísimo Gobierno. Joe Kent, que llevaba el pack inteligencia, presentaba su dimisión el 16M, en tanto el ataque a Irán estaba injustificado: “Irán no representa una amenaza inminente”, explica en su carta de dimisión. Kent, un ultraderechista, exboina verde, sin especial experiencia en inteligencia, es una metáfora de cómo funciona el sistema de toma decisiones en el trumpismo. Un sistema de toma de etc. que Kent ha explicado, horas después de su dimisión.


Joe Kent

14-  Kent ha señalado que la inteligencia no fue convocada para la toma de decisiones ante lo de Irán. Y dio más detalles: la inteligencia no tenía permiso para trasladar a Trump sus dudas, de manera que las decisiones las tomó un reducido núcleo, próximo a Trump, que no disponía de gran formación e información al respecto. El grueso de la información, de hecho, fue facilitada por Israel. Se trató de una información que, a su vez, la inteligencia de EEUU no pudo verificar. Es decir:

15– La decisión de iniciar una guerra, la decisión de continuarla, de ampliarla el 18M, no estaba sustentada, no solo en la ley, sino tampoco en la información y el conocimiento. Este dato es muy importante, pues explica la gramática de la guerra.

16- No la hay. Es decir, EEUU, tal vez Israel, otro núcleo de toma de decisiones reducido, sometido también al mito y al apriorismo –desde 2005, por ejemplo, el integrismo se ha introducido en el Ejército, en el que hoy ya hay soldados, oficiales y mandos ultranacionalistas; el oficial laico e ilustrado, del que hablaba Le Carré en su introducción a La chica del tambor, hoy puede no existir de manera definitiva–, pueden haber tomado sus decisiones con lo que viene siendo el culo. Algo, como el lector ya sabe, muy propio de los sistemas propagandísticos, que forman su staff a través de la selección negativa. A través de meter en la inteligencia a tipos incapaces como Kent que, además, ni se consultan, ni se atienden en caso de marrón.

17- Es importante saber que la toma de decisiones en este conflicto se ha realizado a través de cargos aportados por selección negativa, pues eso explica lo que está realizando Trump en el interior de EEUU y a través de su política exterior. No se vuelvan locos interpretándolo, pues se trata de acciones que no responden a pensamiento alguno. Es más, como diría Hannah Arendt, “desafían el pensamiento”, pues el pensamiento siempre precisa de cierta profundidad, que aquí no se da, pues solo el mal –y esta es su originalidad– es superfluo y carece de profundidad alguna. De ahí, glups, su banalidad. Será más fácil ir leyendo la guerra, su gramática, al cabo inteligible, que las pulsiones, la banalidad del mal, que la han creado.

18- No sé a ustedes, pero a mi el punto 17 me deja de pasta de boniato.

19- Sobre la banalidad del mal en EEUU. Esta semana, el instituto Sueco Varieties of Democracy ha devaluado el sistema democrático de EEUU hasta la categoría “democracia electoral” –vamos, que cada X años se vota; poco más–. Y ha llamado la atención sobre la rapidez de su proceso postdemocrático. En un año a) se ha reforzado el poder del Ejecutivo y b) se ha concentrado el poder en el presidente. Es un proceso más rápido que el vivido en Hungría, Serbia e India.

20- El otro gran fenómeno de la semana ha sucedido en Europa. Tras un año de asunción pasiva del trumpismo, la UE da muestras de cierta rebeldía organizada. El 15M los Estados de la UE se negaban a participar en una operación en Ormuz. Abandonaban de una forma a veces nítida, a veces menos, a Trump en su guerra. El 19J, en una reunión del Consejo Europeo a la que asistió el secretario general de la ONU –lo que es un gesto– , se intentaba corregir la salida de madre de Von der Leyen de la semana pasada, en la que asumía el trumpismo como buena nueva, como Francia y UK hicieron en 1956.

21- Europa es, aun así, endeble en sus decisiones. Sus tomas de decisiones suceden también en núcleos pequeños. Y el acceso al staff europeo se produce con material sobrante de los Estados. Unos Estados, además, en crisis democrática. Una parte de esa crisis es el alejamiento de la política de personas que, antes del neoliberalismo, participaban en ella y que hoy han huido de ella. Vamos, que a Europa llegan personas que han acabado su ciclo en sistemas estatales en los que la política es disuasoria, de manera que solo se acercan a ella perfiles concretos. El staff europeo no solo es eso, sino que, en esa categoría, tal vez es el peor de la historia: Von der Leyen, Kallas, Rutte explican más y mejor Europa que la reunión del Consejo Europeo del 19J. Explican, por ejemplo, que en un año de trumpismo no haya habido conflicto hasta ahora. Explican la ausencia de la apuesta industrial. La continua amenaza de la austeridad como solución a todo. Explican que Europa no haya aprovechado la ocasión para hacer del euro la divisa estable que todo el mundo espera. Explican que Europa no haya participado en la corrección de la época.

22- Elecciones en Castilla & León. La guerra ha votado. Ha ganado la derecha implícitamente trumpista sobre la explícitamente trumpista. Vox, en ese sentido, puede haber llegado a su techo. Su techo puede ser la guerra, y puede ser inferior al 20%. El marrón interno de Vox –con denuncias a la corrupción de Abascal; la época: el New York Times hablaba, en enero de que Trump habría ganado 1.400M$ en un año como presi– puede colaborar a ese bajón en breve. O no. El no-a-la-guerra de Sánchez –génerico, pero el único que hay– parece haber invertido la tendencia al glu-glu-glu del PSOE. Finalmente, en C&L hay, por otra parte, menos therians que listas de izquierdas a la izquierda del etc. Ese último dato crea un hecho invisible, pero denso, imposible de ignorar. O punto 23.

23- La guerra ha cambiado algo en el pack izquierdas a la izquierda del etc., cada vez más anecdótico y que, sin embargo, aún posee una sola función: posibilitar un gobierno de coalición, impedir el acceso al Estado de la nueva extrema derecha. Y esa función, con la guerra, ha ganado intensidad. Quien la dificulte, lo tendrá chungo. Quien dificulte el pacto en esas izquierdas, quien imposibilite explícitamente un tercer gobierno de coalición, quien siga apostando, por segunda vez en unas generales, por una victoria PP-Vox, puede desaparecer no solo políticamente, sino de manera civil. Las guerras tienen sus gramáticas. Hay que leerlas. Crean épocas. Quien no sepa leer su época, se esfuma, atropellado por la época.


Fuente: Rebelión