Mostrando entradas con la etiqueta URSS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta URSS. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de julio de 2026

Las tres oportunidades perdidas del Norte Global

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


De Rossevelt a Gorbachov, pasando por Kennedy y Jrushov


     Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial el norte global tuvo tres oportunidades para atajar la proliferación de los medios de destrucción masivos y salir de la prehistoria. Se trata de algo completamente actual y candente. Un acuerdo en aquella materia habría sentado un precedente fundamental para lo que ahora necesitamos: la ineludible concertación internacional, particularmente entre Estados Unidos y China, para atajar la crisis global del capitalismo antropocéntrico, que nos lleva a la catástrofe. Así que queda claro que lo que sigue es mucho más que un mero recordatorio histórico.


Calentamiento de las aguas marinas.

La primera ocasión perdida fue en el origen mismo de la bomba, cuando los científicos implicados en la primera prueba atómica de julio de 1945 iniciaron un debate sobre las consecuencias: si aquello contribuiría a acabar con la guerra o si por el contrario iniciaría una carrera armamentística con el riesgo de destruir la civilización. Truman llegó al poder en medio de ese debate. Era un hombre no preparado intelectual y emocionalmente para la comprensión del asunto. (Stalin lo definió como “un tendero”). Su secretario de Estado, James Byrnes, le llevó de la mano hacia Hiroshima.

El secretario de guerra de Franklin D. Roosevelt, Henry Stimson, era hombre de otra factura, como el recién fallecido Roosevelt. Stimson y Byrnes se disputaron el criterio de Truman en una sesión con Truman realizada el 12 de septiembre en la Casa Blanca (la bomba se había lanzado sobre Hiroshima el 6 de agosto). Stimson mantenía la línea de Roosevelt de prolongar la cooperación de guerra con la URSS después de la guerra, lo que pasaba por iniciar una cooperación con Moscú en esa materia. La bomba nuclear, decía, “no es solo un arma letal, sino el primer paso en un nuevo control humano sobre fuerzas de la naturaleza demasiado revolucionarias y peligrosas como para tratarlas con los viejos conceptos”. Stimson subrayaba el horizonte de “un acuerdo internacional sobre el control de esas fuerzas” y apelaba a una “responsabilidad moral”. Nueve días después dejó el cargo.

Los partidarios de la contención y de usar la ventaja que otorgaba la bomba a Estados Unidos en su relación con la URSS (Byrnes, Paul Nitze, George Kennan…) ganaron la partida. Cuatro años después, en agosto de 1949 la URSS detonaba su propia bomba atómica. Siguió la primera bomba de hidrógeno americana, en 1952 para compensar el acceso soviético. Siguió la primera bomba de hidrógeno soviética, en octubre de 1961 y siguieron los misiles, los misiles de varias cabezas, los submarinos y bombarderos “estratégicos” portadores de armas nucleares, etc., etc. Siempre con Estados Unidos liderando todos esos “avances” y los soviéticos respondiendo.

La segunda gran oportunidad llegó ocho años después de la muerte de Stalin. John F. Kennedy había llegado a la Casa Blanca en enero de 1961 en un entorno excepcional de la guerra fría. Tras haber acometido la desestalinización, Nikita Jrushov instauró la llamada “coexistencia pacífica”, oficialmente aprobada en octubre de 1961 en el marco del XXII Congreso del PCUS. El documento declaró la “renuncia a la guerra como medio de resolver los litigios internacionales y su solución por vía pacífica”. Su contexto era el optimismo jrushoviano del “alcanzar y superar” a Occidente en los aspectos más importantes de la economía, afirmando una vida menos dura y más libre que dejara atrás los sacrificios y el antihumanismo del estalinismo, garantizara viviendas gratuitas para todos, lograra una jornada laboral de seis horas y que hasta ponía fecha al comunismo: en la década de 1980. Es verdad que Kennedy fue el primero en enviar a la aviación a bombardear civiles en Vietnam del Sur, autorizó el uso de napalm, inició la destrucción de cosechas y comenzó la deportación de millones de personas en campos de concentración en el país asiático. Pero al igual que Jrushov, que había estado necesariamente implicado en los crímenes estalinistas, Kennedy era un dirigente excepcional para su país.

En medio de un contexto de graves crisis sucesivas en Berlín y Cuba, Kennedy estrenó un discurso de paz sin precedentes, que tuvo una inmediata cálida acogida en Moscú; “La humanidad debe poner fin a la guerra, o la guerra pondrá fin a la humanidad”, el arma nuclear “hace que la guerra ya no sea una alternativa racional”, “las armas de la guerra deben ser abolidas antes de que ellas nos abolan a nosotros”, había dicho en septiembre de 1961. Kennedy criticaba a la URSS como cualquier otro presidente americano pero al mismo tiempo era capaz de algo insólito en la Casa Blanca: ponerse en el lugar del adversario. “Ninguna nación ha sufrido tanto como la URSS en la Segunda Guerra Mundial”, dijo. El nuevo presidente sugería defectos propios, “debemos revisar nuestras actitudes”, y anunciaba nuevos propósitos: “estamos dedicando enormes cantidades de dinero a armas que estaría mejor dedicar a combatir la ignorancia la pobreza y la enfermedad”. “Estamos apresados en un circulo vicioso y peligroso en el que la sospecha de uno alimenta la sospecha del otro y nuevas armas dan paso a otras armas“, advertía, llegando a proclamar la necesidad de “un desarme general y completo” en junio de 1963. Kennedy hizo suya la frase de Jrushov de que tras una guerra nuclear, “los supervivientes envidiarían a los muertos”.

Con ese programa de intenciones, Kennedy chocaba frecuentemente con sus generales y altos funcionarios del espionaje que le engañaron asegurándole una revuelta contra la revolución si invadía Cuba. Kennedy cesó a altos funcionarios del ámbito de la seguridad de extrema derecha, como el director de la CIA Allen Dulles, amigo y encubridor de muchos nazis en la posguerra, su segundo Richard Bisell, y mantuvo una tensa relación con el todopoderoso jefe del FBI, Edgar Hoover. Fue el cuarto presidente de Estados Unidos asesinado desde 1865 con Abraham Lincoln abriendo la serie, seguido de James Garfield, en1881, y William McKinley en 1901. Poco después del asesinato de Kennedy comenzó en Moscú la conspiración contra Nikita Jrushov que fue depuesto en octubre de 1964, once meses después del magnicidio de Dallas.

La tercera gran oportunidad perdida fue Gorbachov y su perestroika. La historia conoce pocos casos (si alguno) de cambio tan radical de la política de una superpotencia. Al cancelarse declarativamente las peligrosas tensiones entre potencias, se abrieron posibilidades para un cambio de mentalidad en las elites políticas y económicas que fuera capaz de afrontar los retos del capitalismo antropocénico y los grandes dilemas de las relaciones Norte/Sur. Superar la guerra y la amenaza de destrucción masiva como método y último argumento de las relaciones internacionales, buscar nuevos criterios de seguridad colectiva, abandonar la militarización del espacio, paliar la desigualdad entre grupos sociales y regiones del mundo para hacerlo menos injusto, atajar la superpoblación, y, desde luego, encarar la crisis climática. No fue solo discurso, sino hechos; acuerdos internacionales, democratización interna y retirada unilateral de una enorme zona geográfica imperial sin mediar derrota bélica… La reforma propuesta por Gorbachov fue una prueba universal de madurez. Esa prueba, el norte global la suspendió estrepitosamente. La degenerada elite administrativa soviética se rebeló contra ella pero el campeón de esa derrota fue la clase capitalista occidental, que decidió que todo aquello demostraba su victoria en la guerra fría por lo que podía y debía seguir con más de lo mismo. “Nos movemos por antiguos caminos trillados, utilizando viejos procedimientos para resolver problemas de un mundo nuevo, el mundo del Siglo XXI”, diría Gorbachov muchos años después.


Mijaíl Gorbachov durante una visita a Washington en 1992.

En el mundo el nombre de Mijaíl Gorbachov quedará para la historia. En algunos sectores de la izquierda, y particularmente de la izquierda española, se desprecia erróneamente al personaje como el hombre que introdujo el capitalismo en la Unión Soviética y la condujo a su disolución. Este juicio es pura y simplemente fruto de la ignorancia. Ignorancia del papel desempeñado por Gorbachov y su acreditado intento de mantener hasta el final el socialismo y la Unión Soviética. Ignorancia también sobre las realidades de la URSS de los años ochenta.

Gorbachov era uno de los raros socialistas democráticos de la dirección soviética. Algunos podrán pensar que fue un socialdemócrata y no creo que esa etiqueta le molestara al personaje. Socialdemócrata, sí, pero en las condiciones socioeconómicas de la Unión Soviética. Ser “socialdemócrata” en un universo sin propiedad privada de los medios de producción, sin sector financiero y sin primacía del capital sobre lo político, impide drásticamente cualquier paralelismo de Gorbachov con los gestores “sociales” del capitalismo en Europa Occidental como Felipe González, François Mitterrand o Helmuth Schmidt. El problema del llamado “socialismo real”, síntesis de socialismo y dictadura, era, precisamente, la contradicción de ese segundo aspecto con el primero. De la misma forma en que el problema del sistema de Europa Occidental, mezcla de democracia y capitalismo, no es la democracia de diversa intensidad en los diferentes países, sino el capitalismo que la anula y caricaturiza. Gorbachov quería democratizar el socialismo. Su empeño es, por tanto, tan encomiable como el de tantos personajes que a lo largo de la historia intentaron acercarse al socialismo en el mundo desde el capitalismo. Que fracasara en su intento no impide en absoluto situarlo entre los grandes hombres políticos del Siglo XX.

Su gran discurso no fue una prédica dominical, ni la pretensión de un iluminado. No fue creado por la clarividencia de un filósofo sino que fue lanzado desde uno de los principales centros de poder mundial. El nombre de Gorbachov recuerda que hubo un momento, no hace mucho, en el que se propuso avanzar hacia una “nueva civilización” para salir del atolladero. El fracaso de aquella tercera gran oportunidad perdida para un devenir humano menos peligroso, menos injusto y más razonable, nos mantiene como especie en un callejón sin salida. La humanidad necesita un cambio de rumbo. Que vuelva a proclamarse la “renuncia a la guerra como medio de resolver los litigios internacionales y su solución por vía pacífica”, la “abolición del arma nuclear” y la necesidad de “un desarme general y completo”.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu


miércoles, 20 de mayo de 2026

No hay relato único para contar Cuba

 

 Por Mariana Camejo   
      Directora del medio La joven Cuba y de su podcast La Reunión.



La posibilidad de una operación militar de cualquier tipo por parte de EEUU parece más improbable unas semanas que otras, debido al bombardeo, deliberadamente desordenado y contradictorio, de información


Vista de La Habana durante un apagón en el marco de la crisis energética de febrero de 2026 – Los cortes ya alcanzan hasta 18 horas consecutivas de interrupción del servicio eléctrico.


     Es 1953 en el Cuyaguateje, Pinar del Río, la provincia en el extremo occidental de Cuba. Las noticias del Oriente llegaban a retazos y sin mucho interés para un niño que tenía mucho campo para correr. Los tiroteos importantes estaban en las revistas de westerns que vendían en estanquillos y Moncada era apenas el apellido de un personaje de aventuras en un programa radial. Tiempos en los que sentía que las noticias reales nada tenían que ver con él.

Ahora es 2026 en La Habana; las noticias no paran de llegar. La falta de petróleo ha hecho que las clases sean desde casa, con la conexión mala y enviando pdfs por Whatsapp. Tampoco es que haya energía para apretujarse en una guagua y llegar a la universidad a pararse frente a los estudiantes.

Para mi padre aquello de correr en el campo quedó hace mucho tiempo atrás. Ha ido disminuyendo esa energía durante 78 años. Aunque la energía, en sentido general, está bastante en falta. La familia que se quedó a vivir en Pinar lo sabe bien, por los largos apagones. Y Trump y Marco Rubio han hecho lo suyo por asegurar que haya muy poca luz para el verano húmedo que está llegando, para que no sea usable un ventilador frente a los mosquitos, y encima, para tener que cocinar con carbón. Hoy mi papá siente que todo tiene que ver con él porque ninguna noticia es buena. Las cosas no son, o no deberían volver a ser, como lo fueron cuando vivía en el Cuyaguateje.

El piso de su casa no era de tierra, pero el de varios vecinos sí. No pocos de sus amigos iban descalzos a la escuela, pisando piedras y sorteando el fango, a estudiar con los libros que pintaban a Fulgencio Batista como un héroe.

De ser hijo de una madre que trabajó de criada para poder mandarlo a La Habana, se fue a alfabetizar con 13 años, impulsado por Fidel Castro, a un pueblo pesquero donde dormía en la hamaca en la sala de alguien. Lo despertaban sobre las 6 am, luego de regresar de la pesca, con un trago de ron.

Mi padre se hizo profesor universitario de los que le dieron carro por asignación y años después tuvo que venderlo porque no había manera de que un salario de profesor costeara mantener un Lada de los tiempos de la URSS. Fue uno de los que llamaron para preguntarle su disposición para ir a Angola y después no los mandaron. Supuso que la idea era que la universidad no parara. Había un aire de esperanza en todo, a pesar de todo.

Lamentable que este sea el tipo de historia de vida sin importancia para muchos que siguen el tema Cuba. También lamentable que este sea el tipo de historia que otros niegan. Pero es una de muchas, de aquellos a los que el proceso revolucionario les cambió las perspectivas de futuro, porque eso es lo que hizo por mucha gente pobre. Fue una Revolución, también, de alientos.

La policrisis actual

Tantos años después, cuando esos jóvenes protagonistas de su época son ya mayores, la vida en Cuba es más angustiosa que en cualquier otro momento desde 1959. La isla está viviendo una policrisis de la que no parece que haya camino fácil ni rápido para salir. Aprovechando esa coyuntura, la presión del gobierno de Trump apuesta por apuntalar el hambre y profundizar, aún más, el deterioro.

Los hijos de esa generación no hemos conocido otra Cuba que no sea la que está en problemas, en Periodo Especial, la que apela siempre al futuro para decir “Venceremos”. Por muchos errores que se le puedan señalar al gobierno cubano, el rol de Estados Unidos ha incidido en la garantía de apagones que a veces llegan a las 48 horas; el país no tiene combustible ni para encender los hogares, ni para el transporte público, ni para garantizar la recogida de basura. Tampoco hay dinero para medicamentos, ni para el sector de salud pública en general. Si bien debió priorizarse desde hace años una estrategia para intentar revitalizar el sector, hoy no parece haber una salida inmediata sin que Cuba pueda disponer de grandes montos de divisas. De eso depende todo.

Desde el 3 de enero del presente año Cuba es leitmotiv en las comunicaciones públicas de Estados Unidos. Eso ha incluido filtraciones y noticias que dan cuenta de lo que aquí llamamos “un p’alante y p’atrás” de la administración Trump en cuanto a qué piensa hacer con respecto a la isla. La posibilidad de una operación militar de cualquier tipo, parece más improbable unas semanas que otras, debido al bombardeo —deliberadamente desordenado y contradictorio— de información.

El hecho de que el director de la CIA haya venido a la isla suscitó especulaciones de todo color. En este caso, por primera vez fue el gobierno cubano quien comunicó inmediatamente algo sobre el encuentro.


Cuba y EE.UU. tienen interés en desarrollar la cooperación bilateral entre los órganos de aplicación y cumplimiento de la ley, en función de la seguridad de ambas naciones, regional e internacional.

Aunque no se sabe con mayor detalle qué se conversó allí, la nota estaba centrada en dos asuntos fundamentales: uno, que Cuba no es una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos (algo obvio), y dos, que nada tiene que ver con organizaciones terroristas, ni merece figurar en la lista de países que, supuestamente, patrocinan el terrorismo.

En el podcast La Reunión, en conversación con Fernando Ravsberg, que fue corresponsal de la BBC en Cuba durante unos 20 años, éste afirmó que considera esta visita como una forma de dar un paso atrás en la calificación de que Cuba es una amenaza. Pudiera ser una acción para aproximarse de otra forma, una opinión que no parece descabellada si se tiene en cuenta que ese mismo día, CBS News dio la noticia de que se estaba fabricando un caso contra Raúl Castro.

Fue precisamente la estrategia que utilizó la administración Trump para tener una excusa y avalar que los Delta Force entraran ilegalmente a Venezuela.

Cuesta creer que se vayan a atrever a intentar llegar a Cuba para sacar a un hombre que rebasa los 90 años. El sitio del U.S.-Cuba Trade and Economic Council, que ha caracterizado la estrategia de Estados Unidos hacia Cuba como de “incrementalismo” (ejercer presión mediante acciones y comunicación, sin llegar a la confrontación militar), evalúa que no habrá secuestro, pero sí lo usarán como palanca de negociación. Y lo cierto es que sería una táctica que ya hemos visto en Trump, forzar la mesa desde una posición de leverage, donde sería presumiblemente más fácil lograr concesiones.

Sin embargo, sigue siendo una constante la tentativa de generar un casus belli que pueda servir de justificación para agredir. Por eso en estos días el medio estadounidense Axios, que se ha mantenido publicando filtraciones de información, reportó que la Isla habría adquirido más de 300 drones militares de Rusia e Irán para atacar la Base Naval de Guantánamo, embarcaciones militares estadounidenses y posiblemente Key West, en Florida.


Estados Unidos analiza la amenaza de drones de ataque procedentes de Cuba.

Lo presenta como un intento de Cuba de armarse para atacar, un enfoque muy conveniente para los seguidores de Marco Rubio.

Lo cierto es que es previsible que ante un contexto de hostilidad tan agudizada, todas las acciones de preparación se hayan puesto en marcha. Recientemente, en un texto publicado en Político, titulado “Sí, Trump podría realmente atacar a Cuba”, se afirma que el ambiente en la administración estadounidense ha cambiado.


Estados Unidos analiza la amenaza de drones de ataque procedentes de Cuba.

Pensaron que el gobierno era más débil y el país ha resistido, así que la opción militar se estaría tomando más en serio que antes.

En las calles cubanas la percepción es variopinta. También porque la crisis obliga a centrarse en lo más básico: comer, tener agua, que los niños duerman, que puedan ir a la escuela, transportarse. Lo mismo alguien en un triciclo empieza a hablar repentinamente de Trump, que una vecina te dice que prefiere no pensar en eso, por salud mental.

El doctor Carlos Alzugaray, diplomático cubano entrevistado para este texto, considera que estamos en uno de los momentos de mayor peligro, “en primer lugar, porque esta es una administración que le hace la guerra a cualquier país que encuentra débil o vulnerable. Y segundo, porque es una administración incoherente. Es decir, el presidente Trump no lo piensa mucho y puede cometer un acto totalmente aventurado”. No obstante, señala como elementos disuasorios que Cuba tiene una doctrina militar desde los años 80, que es la llamada doctrina militar de la guerra de todo el pueblo, algo que conocen bien los militares norteamericanos (estrategia de resistencia guerrillera orientada al desgaste prolongado frente a una eventual ocupación); la cercanía con territorio norteamericano (y por eso el revuelo con los drones), o qué hacer con la Base Naval de Guantánamo.

Pero la presión continúa. La Orden Ejecutiva firmada por Trump el primero de mayo, autoriza sanciones contra cualquier persona extranjera —empresa, individuo o entidad— que opere en los sectores de energía, defensa y material conexo, metales y minería, servicios financieros o seguridad de la economía cubana, o en cualquier otro sector de la economía cubana. Además, habilita sanciones secundarias a las instituciones financieras extranjeras que faciliten transacciones significativas con las entidades bloqueadas bajo esta orden.

La medida provocó así la suspensión de operaciones de la canadiense Sherritt International, la mayor inversión extranjera individual en Cuba durante tres décadas, responsable del 70-75% de la producción cubana de níquel y con un tercio de participación en Energas, la empresa mixta de generación eléctrica.

A ello se suma el anuncio este 17 de mayo de que dos grandes empresas navieras —la francesa CMA CGM y la alemana Hapag-Lloyd— suspendieron todas sus reservas hacia y desde Cuba hasta nuevo aviso, citando los riesgos de cumplimiento que impone dicha Orden Ejecutiva. La decisión podría comprometer hasta el 60% del tráfico marítimo cubano por volumen. El mayor impacto recaería sobre las mercancías provenientes de China, el norte de Europa y el Mediterráneo. Eso significa que si ya entraban pocos bienes a Cuba, el escenario está servido para que entren muchos menos. Es la apuesta por el hambre.

Alzugaray explica que de eso se trata el overcompliance, el “yo no estoy haciendo nada malo pero, por si acaso, no voy a hacer negocio ahí porque yo no sé lo que puede pasar: es el aspecto invisible de las sanciones que muchas veces no se tiene en cuenta. No es la cuestión formal de las sanciones; es el impacto que tienen desde el punto de vista de crear terror”.

Frente a eso, los cubanos dentro de la isla buscan permanentemente formas de seguir viviendo, con todas las dificultades que ello implica, y también formas de tener alegrías y momentos de alivio. Y aunque es visible la desigualdad entre quienes tienen que esperar horas por un transporte y quienes pueden importar un carro del año, o entre quienes pueden permanecer encendidos y quienes no, lo cierto es que en Cuba aún está pendiente para la gente una vida mejor, un país mejor, y una perspectiva mejor de futuro, y eso impacta en cómo las personas interpretan su presente; la política tiene mucho que ver con lo personal.

Mi padre es de los que advierte que no deberíamos aceptar un retroceso. Él vio a un campesino arrodillarse ante un terrateniente para pedirle dinero y llevar a su hija enferma de leucemia al hospital de Pinar a ver a un doctor. Y también vio al hombre echarlo de allí diciéndole que no era problema suyo, como no era problema de nadie que no hubiera médicos cerca. La Revolución cambió eso, sí, pero sería injusto desconocer que hoy aunque todavía queden médicos, no existe forma de tratarse si no es buscando en el mercado informal, y con dólares, los medicamentos. Un ciclo de quimio en Cuba puede costar 80 dólares, cuando el salario medio es de unos 20. Por eso cuando se habla de resistencia, entre otras cosas, suena a inflación, a noches calurosas a oscuras, a dificultad y a horizonte desdibujado.

No puede contarse a Cuba desde un relato único. A no ser que este comprenda lo complejo de la realidad del país actual, y la multiplicidad de situaciones, historias de vida, y sentires que tienen su reflejo en lo político.


Fuente: El Salto

martes, 19 de mayo de 2026

Este año la guerra podría extenderse en Europa

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.



Pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos, especialmente los alemanes. La situación es mucho más peligrosa que durante las tensiones de la guerra fría, pero en Europa no hay conciencia de ello


Portada de Der Spiegel.


     Hace ocho meses dijimos que Europa no podía seguir ignorando las advertencias rusas.Europa no puede seguir ignorando las advertencias rusas – Rafael Poch de Feliu.


«Todos contra Rusia»

Ahora esas advertencias se están haciendo mucho más agudas. Señalan claramente que la guerra de la OTAN contra Rusia por Ucrania podría extenderse este año e implicar directamente a los europeos, especialmente a los alemanes. Pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos. ¿Se confirma entonces la histeria de la “amenaza rusa” que la Unión Europea proclama? Obviamente es así como lo interpretan y lo interpretarán los memos con piñón fijo de Berlín, Bruselas, Londres y París, así como su lamentable ejército de propagandistas que nos están llevando de la oreja a una guerra.

La “amenaza rusa” no es más que un recurso para conjurar la propia desintegración de la Unión Europea y justificar el rearme. Cuando muchas cosas se están resquebrajando, la amenaza exterior de ese maligno enemigo es importante como elemento de cohesión de un club europeo cada vez más desestructurado internamente y mas irrelevante en el mundo. Eso está claro. Pero para lo que aquí nos importa la “amenaza rusa” también es otra cosa: una profecía autocumplida, una creencia falsa en su origen pero que contribuye y alimenta su realización.

Puedes meterle el dedo en el ojo a tu perro o a tu gato y anunciar al mismo tiempo que te va a pegar un mordisco o un zarpazo, con la seguridad de que al final eso es precisamente lo que te ocurrirá.

Es lo que pasó con la desastrosa invasión rusa de Ucrania de febrero de 2022, que el establishment occidental siempre acompaña del adjetivo “unprovoked”, “no provocada” – significativamente ausente, dicho sea de paso, de la guerra contra Irán. Hoy la gente informada y no cegada por la demonización de lo ruso, ya sabe que en 2022 Moscú llevaba mas de treinta años reclamando aquella “arquitectura de seguridad colectiva europea” que se prometió a la URSS de Gorbachov. 

Sabe que todas las “lineas rojas” que Rusia formuló en materia de ampliación de la OTAN fueron ignoradas una tras otra.


El oso ruso se defiende

Quienes vivimos aquello en primera linea – e informamos sobre ello de la forma más clara y directa posible teniendo en cuenta la corrupción estructural de nuestros medios – recordamos la boba sonrisa del Secretario General de la OTAN, Javier Solana, diciendo en Moscú que la oposición rusa a la ampliación carecía de sentido “porque la guerra fría se acabó” y “ya no somos enemigos”. Los generalotes rusos (y no solo ellos, también muchos expertos y estrategas occidentales de primera fila ) se regían por algo mucho más real y concreto. Se trata de aquella máxima del Canciller Bismarck según la cual “lo que importa no son las intenciones, sino las capacidades”. ¿Qué quiere decir esto? Bueno, pues que si tienes a un tipo que te está apuntando con un revolver y que al mismo tiempo te está diciendo que no tiene la menor intención de dispararte, lo que cuenta es el revólver que te apunta y no lo que el tipo dice. Así de elemental.

Primero fue Europa Central, luego Europa Oriental, el Báltico y el Mar Negro. Entretanto hubo una guerra para inducir la disolución de la anomalía yugoslava y comprobar la necesidad de la OTAN con una “guerra humanitaria”. Se llegó a la instalación de baterías antimisiles en Polonia y Rumanía “contra Irán” (que no disponía de tal capacidad), baterías que podían cargarse con misiles nucleares capaces de anular la disuasión nuclear rusa, y así se llegó a la invitación de que Ucrania ingresase en el bloque militar contra Rusia (2008), lo que la mayoría de los ucranianos rechazaban. Siguió el cambio de régimen en Kíev, una mezcla de revuelta etnonacionalista de una parte de los ucranianos y de golpe de estado, ambos inducidos por Occidente. Siguió la respuesta de consolación rusa de la ilegal anexión de Crimea, con el apoyo de la inmensa mayoría de la población afectada. Hubo una revuelta popular contra el nuevo gobierno prooccidental de Kiev en el este y el sur de Ucrania que careció de apoyo significativo de Moscú, por lo menos en los primeros tres o cuatro meses y que fue respondida con la utilización del ejército ucraniano bajo la forma de “operación antiterrorista”. Desde entonces y hasta la “no provocada” invasión rusa hubo incumplimiento de acuerdos, mala fe occidental (reconocida años después por el presidente de Francia y la Canciller de Alemania) y una masiva financiación y preparación militar de la OTAN a Ucrania, con gran papel de la CIA, de su homólogo británico MI-6 que apuntaba claramente a una intervención militar contra el rebelde Donbas, ahora si con presencia militar rusa significativa, y a una reconquista militar de Crimea, documentada en acuerdos bilaterales de Kíev con Estados Unidos. Solo entonces Rusia invadió.

Ahora ocurre exactamente lo mismo.

Todo el mundo reconoce que Rusia no solo lucha en 2026 contra Ucrania, sino también, y sobre todo, contra la OTAN. Aunque ha transferido a los europeos el grueso de la carga y “negocie” con el Kremlin (también “negociaba” con Irán), Estados Unidos sigue siendo un país beligerante y decisivo en esa guerra contra Rusia. El conflicto ha traspasado todas las líneas rojas de lo que durante la guerra fría se habría considerado un peligro extremo. Recordemos como el Presidente Biden decía en marzo de 2022 que no se podía suministrar tanques y aviones a Ucrania “porque eso desencadenaría la Tercera Guerra Mundial”. Bueno, ya se ha hecho mucho más que eso:

-Se han atacado recursos estratégicos de la disuasión nuclear rusa: radares de alerta temprana, bases de bombarderos estratégicos.

-Se ha atacado una residencia del Presidente Putin en Nóvgorod, lo que trae ecos del asesinato de Jamenei en Irán, encubierto por los mismos fulleros, Witkof y Kushner, que negocian con el Kremlin. Desconfiar de tal negociación es puro sentido común.

-Se ha invadido territorio ruso en la región de Kursk.

-Generales de Estados Unidos con mando en la OTAN se han jactado de que disponen de capacidad para tomar el enclave ruso de Kaliningrado desde tierra en un tiempo récord. (General Christopher Donahue, comandante del Ejército de EE.UU. en Europa y África y de las fuerzas terrestres de la OTAN el pasado julio).

-Hay un goteo semanal de víctimas civiles rusas, de las que en Occidente apenas se informa, a diferencia de las ucranianas sin duda mucho más numerosas.

-Hay atentados personales en ciudades rusas contra generales en sus domicilios, con coches bomba (cuatro de ellos muertos), periodistas y diputados (por lo menos cuatro o cinco) e indiscriminados contra objetivos civiles (dos trenes, objetivos en ciudades lejos del frente, etc.)

-En el mar ha habido atentados contra cargueros rusos y se les acosa con frecuencia.

-Y todo esto se hace con armas, información de inteligencia, satélites, etc., de Estados Unidos, Inglaterra, la CIA (algo reconocido por el The New York Times, entre otros), el MI-6, etc.

En 2026 Europa ya está en pie de guerra contra Rusia, con una Alemania demente en primer lugar que está demostrando no haber entendido nada de su propia historia Alemania vuelve a las andadas – Rafael Poch de Feliu.

Oficialmente Berlín quiere transformar el Bundeswehr en «el ejército convencional más fuerte de Europa» para 2035, y en una fuerza «tecnológicamente superior» para 2039. (Atención a esto: a cien años del inicio alemán de la Segunda Guerra Mundial en Europa).

El documento oficial alemán sobre estrategia militar divulgado el 22 de abril declara que Rusia es «la amenaza más grave e inmediata» para la seguridad europea. La semana pasada el ministro alemán de defensa, Pistorius, confirmó en Kíev, seis proyectos conjuntos de armamento que “son solo el principio”. En abril, Zelensky y el canciller Merz firmaron en Berlín la «Declaración sobre asociación estratégica entre Alemania y Ucrania» que contempla la producción conjunta de drones de largo alcance en Alemania. La producción de armas para Ucrania ya es una realidad paneuropea; Alemania, Inglaterra, Dinamarca… Hasta la España de Sánchez ha firmado alguna cosa en esa materia con Ucrania.

En este contexto, la guerra de drones ha supuesto un revés para Rusia. Si hace unos meses parecía que lo que queda del Donbas controlado por Kíev caería en sus manos en unos pocos meses, los drones han detenido el lento avance. No es el primer revés temporal que sufre el ejército ruso en esta guerra, ni tampoco la primera vez que tomando sus deseos por realidad muchos vuelven a dar por hecha la “derrota” de Rusia. Pero lo que aquí importa es otra cosa: que la suma de todo esto está calentando los ánimos en Rusia.

Desde hace varios meses hay una fuerte presión en Moscú para que el Kremlin pase a lo que se llama una “disuasión activa”, es decir para que ataque, especialmente a Alemania, antes de que sea demasiado tarde. Se está diciendo lo mismo que Putin dijo en su discurso de aquel febrero de 2022 al anunciar la invasión de Ucrania a los rusos: “si no los detenemos ahora, la situación será peor dentro de unos años”. Pero ahora se trata de los europeos. Igual que antes de la invasión, también ahora se amenaza con “medidas técnico-militares” (esa fue la fórmula que se empleaba en vísperas de la invasión). “Los que participan en el ataque contra nosotros serán objetivo militar”, se dice. El ministerio de Defensa ruso ha publicado una lista de instalaciones industriales alemanas y europeas que participan en la guerra contra Rusia fabricando recursos de largo alcance. Hay que aclarar que no se trata de “invadir” territorio de la UE, sino de pararle los pies al actual belicismo europeo con una acción militar preventiva. Se puede estar de acuerdo o no, pero lo que no se puede es ignorar la realidad de esa peligrosa advertencia.

Los términos de las advertencias rusas de ahora son inequívocos. Hasta en la televisión rusa se reprocha a Putin falta de decisión, de momento sin nombrarlo (Eso es nuevo). Igual que hace cuatro años, esas advertencias son ignoradas hoy. Veamos algunos ejemplos recientes:

Dmitri Medvedev, vicepresidente del Consejo de Seguridad nacional, el 6 de mayo: “solo un miedo bestial a sufrir daños inaceptables impedirá que Alemania y la Europa Unida lancen otro ataque contra Rusia”. (Naturalmente con lo de “otro ataque” se refiere al de junio de 1941 de la Alemania nazi).

Sergei Lavrov, ministro de asuntos exteriores: «Se nos ha declarado abiertamente la guerra. El régimen de Kiev está siendo utilizado como punta de lanza. Sin embargo, todo el mundo es consciente de que esta punta es inutilizable sin los suministros occidentales de armas, datos de inteligencia, sistemas de satélites, entrenamiento de personal militar y mucho más».

Sergei Karaganov, Presidente honorifico del principal think tank del Kremlin, el 10 de mayo: “Un país que desencadenó dos guerras mundiales y se ha hecho culpable de genocidio no tiene derecho a tener el «ejército más fuerte de Europa» y mucho menos a poseer armas de destrucción masiva. Si aspirara a ello, los ciudadanos alemanes deberían comprender que su patria sería destruida para que nunca más surja una amenaza para la paz desde suelo alemán” (…) “Pronto estaremos en condiciones de lanzarles un ultimátum si siguen comportándose de esta manera”. (Esto hay que cotejarlo con la declaración de Putin ante la prensa rusa del mismo día en la que el Presidente dijo que “la guerra en Ucrania está entrando en su fase final”, lo que junto a los informes sobre una próxima “ofensiva de verano” rusa puede interpretarse de diversas maneras).

Karaganov, que el año pasado ya consiguió endurecer la doctrina nuclear rusa, propone ahora lo siguiente: (Y atención a esto):

Primero atacar con armas convencionales instalaciones clave de países europeos que participan en la guerra contra Rusia. Si no reaccionan, atacar luego con armas nucleares”. Si no funciona, «algún país europeo tendrá que desaparecer».«Cuando hace tres años dije estas cosas, era una minoría”, dice Karaganov, ahora ya es la voz de la mayoría entre los militares y en la sociedad». Sergey Karaganov: How Russia Will Win the New World War

Este intelectual orgánico del Kremlin, que no es su voz pero es influyente, propone enmendar la doctrina nuclear de nuevo, primero contemplando el uso de armas nucleares si un grupo de países más fuertes en lo económico y tecnológico atacan a Rusia con armas convencionales. Y segundo, y lo más sorprendente, que Putin delegue el poder de uso del arma nuclear al general responsable del frente occidental europeo, lo que contiene una velada insinuación de incapacidad o flojera presidencial.

Como dice el analista alemán Alexander Neu ¿Putin bajo presión? – Rafael Poch de Feliu , al principio se trataba de las peticiones de unos pocos expertos. Ahora parece que hay presión por parte de la sociedad rusa y del aparato de seguridad para “que se haga algo contra Europa». En otras palabras: Putin se ve presionado a actuar, y a hacerlo muy pronto. La guerra podría extenderse al resto de Europa ya en 2026. Y Alemania se considera ahora el enemigo número uno de Rusia. Lo que uno se pregunta es ¿por qué los periodistas occidentales en Moscú no informan sobre esto?

A quienes dicen que después de todo también Rusia hace cosas terribles en Ucrania – lo que es completamente cierto – y que Ucrania tiene derecho a defenderse (y por cierto, en el Donbas también hay una Ucrania rusófila con derecho a defenderse) hay que explicarles que en el mundo real de la dialéctica entre potencias lo que importa es que una superpotencia nuclear está siendo desafiada por sus adversarios europeos y americanos a través de Ucrania con la pretensión de inflingirle una “derrota estratégica”. ¿Han perdido la razón? ¿Es que no entienden que cuanto más éxito tengan en ese propósito, más peligrosa se hará la situación?

Lo que hay que preguntarse, como dice Neu, es si los dirigentes de la mayor potencia nuclear del mundo aceptarían una derrota en el terreno militar convencional, con las exigencias de los europeos que se desprenden de ello, es decir si se resignarían a la pérdida de su estatus de gran potencia y a la posible desintegración de la Federación Rusa, sin recurrir a un ataque nuclear para evitarla.

La situación es mucho más peligrosa que durante las tensiones de la guerra fría, pero en Europa no hay conciencia de ello.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

sábado, 21 de marzo de 2026

Irán es el Suez de Estados Unidos

 

      Periodista y escritor.

Es aún pronto para afirmar que esta guerra sea el Stalingrado de Trump. En todo caso, sí parece haber descubierto que algo ha cambiado, que, a diferencia de 1956, ya no puede hacer lo que quiera, a menos que no sean Estados precarios


Columna de humo en Puerto Saíd tras el asalto anglofrancés al canal de Suez

     1- Las guerras no son sonetos, por lo que explican cosas extraordinariamente sencillas. Pero, en contrapartida a esa sencillez, las guerras son muy difíciles de leer. Por eso cansan tras su novedad inicial. En el Madrid de 1914-18, por ejemplo, se puso de moda pasear por la calle con una cuartilla prendida con alfileres en la solapa, en la que se leía: “No me hable de la guerra”. En el presente artículo se hablará de la guerra, en tanto todo habla de la guerra desde el 28F. Pero, en mi defensa, la guerra aparecerá para aludir a su propia gramática, a lo que la guerra explica debajo de sí misma. Esta semana, por cierto, la guerra ha sido rica en matices gramaticales. Que es, me temo, la única riqueza que crea.

2- Es aún pronto para afirmar, como parece, que esta guerra es el Stalingrado de Trump –no se pierdan el punto 13–. En todo caso, sí que parece que es su invasión de Suez.

3- Invasión de Suez, definición: en 1956, Francia y UK, aprovechando una movida previa de Israel, invaden el Sinaí para hacerse con el control del Canal de Suez, bloqueado por el Gobierno nacionalista de Nasser. El objetivo era una acción rápida, que depusiera a Nasser y que devolviera el canal a sus accionistas. Plis-plas. Se trataba de la acción colonialista un millón. Pero tanto EEUU como la URSS hicieron saber a Francia y UK que estábamos en otra casilla, que eso del imperialismo ya no se llevaba, salvo que lo practicaran ellos. Y, al poco, Francia y UK se retiraron no solo de Suez, sino de la época que se inauguraba. Todo el mundo sabía que, tras la IIGM habían finalizado los imperios europeos. Pero una cosa es saberlo y otra es comértelo con patatas. Tras ese banquete de patatas, se iniciaba oficialmente, lo dicho, otra época. El mundo bipolarizado, un mundo gestionado por lo nunca visto: dos superpotencias nucleares.

4- Pues bien, independientemente de que la guerra de Irán aporte nuevos conceptos, creo que ya ha aportado este: Suez. Irán es el Suez de Estados Unidos. EEUU, una superpotencia nuclear en un momento confuso en el que conviven aún elementos contradictorios y poco nítidos, de entre-épocas, ha descubierto que algo ha cambiado. No puede invadir Suez.

5- Es decir, no puede hacer lo que quiere en el mundo. Puede hacerlo, claro, con Estados próximos, precarios, apollardados, en crisis –como Venezuela, como Panamá…–. Pero no puede hacer lo propio con Estados operativos. Finaliza una época que empezó en 1945, que sé constató en 1956 y que se prolongó, tras 1989/el fin de la URSS, a través de una sola hiperpotencia, hasta el boom de las guerras ilegales de principios del XXI. Hoy, en fin, estamos en otra época, aún sin nombre, aún por conocer al detalle. En todo caso, en esta época, en ese mundo no reglado, hay amplias regiones del mundo en las que EEUU ya no puede intervenir militarmente. No, al menos, con éxito. No, al menos, sin provocar una crisis económica y humanitaria planetaria absoluta, inasumible incluso para Estados Unidos. EEUU lo sabía –lo que alude a que ha realizado un proceso de toma de decisiones chungo; no se pierdan el punto 17–. Pero ahora lo sabe, en su modalidad más amarga: la modalidad con patatas amargas.

6- O lo que es lo mismo, el mundo, carente de orden internacional, no carece de potencias regionales con poder llamativo en su área. Les explico, en ese sentido, una manifestación de poder –poco anecdóticas; descomunal– de Irán.

7- Irán no ha cerrado Ormuz. Le ha puesto peaje. Lo que, como manifestación de poder, no está mal. Por ahí circulan barcos. A tutiplén. Con destino a China e India. Y –se dice; no he podido confirmarlo; ni yo ni nadie– con petróleo y gas licuado pagado en la divisa china –lo que es otro fracaso europeo; no se pierdan el punto 21–. Emilio Rodríguez-Díaz, profe de la Universidad de Cádiz y experto en transporte marítimo, explica que Ormuz está cerrado, sí, pero solo para buques de EEUU, Israel y occidentales. Desde el 1M hasta el 15M, han pasado por ahí 77 barcos. La mitad en modo oscuro –sin radio, en modo manual; a pelo, a la aventura–. Lloyd’s/las aseguradoras asumen ese hecho y solo ofrecen cobertura a buques con mercancía para China/India. Si Lloyd’s/las aseguradoras dan por válida esa dinámica, es que esa dinámica es la dinámica y va a misa.

8- O, lo que es lo mismo, se puede solucionar, a bombazo limpio, un Ormuz cerrado a cal y canto. Pero no un Ormuz que filtra barcos por destino y por alineamiento geopolítico. Eso solo se soluciona con diplomacia. Y de eso no tenemos.

9- ¿Qué tenemos?

10- Lo que tenemos apunta, lo dicho, a un posible Stalingrado/un error táctico estructural y dramático, que se verificará, o no, en el tiempo. Tal vez muy poco. En todo caso, se ha intentado colapsar el Estado iraní a) matando a su élite. Por ahora, se han pelado –solo– a una decena de miembros de su staff. Algo dramático y desestabilizador. Y, además, carísimo –no se pierdan el punto 12–. Pero no necesariamente fatal: hasta el Rayo Vallecano puede ir tirando con diez grandes ideólogos menos en su staff. También se ha intentado el colapso b) atacando, el 18M, infraestructuras energéticas iraníes, con el resultado de más ataques, por parte de Irán, a otras infraestructuras energéticas de la región. Lo que ha tenido consecuencias llamativas.

11- Desde ese ataque –que lo cambia todo; imprime otra gramática a la guerra, que explica a gritos que será larga y costosa: y global–, el precio de los combustibles se ha ido al garete. Ese mismo día, el barril de Brent superaba los 110$ –recuerden: la catástrofe está calculada en 140$, el precio previsto, antes del 18M, para finales de marzo–. El gas licuado, en el mercado europeo, llegaba, a su vez, a los 56€ m/h. Es decir, el 18M y gracias a un ataque coordinado de Israel y EEUU –confuso; Israel asumió posteriormente esa metedura de pata, tal vez para proteger a Trump; de no ser así, la coalición Trump-Netanyahu podría dar señales iniciales de desgaste–, todo ha cambiado. El cambio es importante: a Trump la situación se le ha ido de las manos. Así como suena.

12- A este error, se le suman otros que empiezan a afectar, de alguna forma, al proyecto Trump –se dice rápido–. Uno, y no es el menor, es el mismísimo concepto económico de coste de oportunidad de la guerra. La guerra, en fin, está costando un huevo. Que no solo impide hacer otras cosas –por ejemplo, otras guerras– sino que está comprometiendo seriamente la seguridad de EEUU. Informa el Financial Times que el coste de un misil Tomahawkes de 3,6M$, y que solo en las primeras 10 horas de guerra se consumieron, zas, 168 unidades. En total –y siempre corroborando todo con las tres fuentes necesarias en el periodismo anglosajón–, EEUU ha gastado, desde el 28F, varios años de materiales críticos, como es el caso de los Tomahawkese bien hoy escasoEs decir, EEUU está dilapidado su capacidad de respuesta futura en este u otro conflicto. Y, por lo mismo, está hablando de su futuro a sus enemigos –ojo: es muy posible que también lo esté haciendo Israel–. Dramáticamente: el FT calculaba que el Pentágono pediría 50.000$ al Congreso, para ir tirando en esta guerra. Pues bien, esta semana ha decidido pedir, finalmente, 200.000 M$.

13- Una guerra, que estaba ganada, según Trump, el 12M, el 18M cambiaba, lo dicho, de gramática. Y eso ha provocado un conflicto interno en el maguismo, que podría ser determinante. O no. Es importante señalar que se trata de una crisis interna del maguismo, en la que el maguismo se basta así mismo para enfrentarse a Trump. Se trata, por así decirlo, de un conflicto entre las SS y las SA. En todo caso, empieza a haber tensiones entre el colectivo tertuliano maga –pieza clave del maguismo– y Trump. La metáfora es Tucker Carlson, tertulianólogo, miembro del movimiento Trump1.0, que empezó a marcar distancias severas con Trump2.0, hoy, tras el 28F. Esas perturbaciones en la Fuerza, motivadas por el rechazo a participar en guerras externas –una constante del maguismo, pero también del republicanismo, no intervencionista en 1917 y antes de 1941–, están llegado al mismísimo Gobierno. Joe Kent, que llevaba el pack inteligencia, presentaba su dimisión el 16M, en tanto el ataque a Irán estaba injustificado: “Irán no representa una amenaza inminente”, explica en su carta de dimisión. Kent, un ultraderechista, exboina verde, sin especial experiencia en inteligencia, es una metáfora de cómo funciona el sistema de toma decisiones en el trumpismo. Un sistema de toma de etc. que Kent ha explicado, horas después de su dimisión.


Joe Kent

14-  Kent ha señalado que la inteligencia no fue convocada para la toma de decisiones ante lo de Irán. Y dio más detalles: la inteligencia no tenía permiso para trasladar a Trump sus dudas, de manera que las decisiones las tomó un reducido núcleo, próximo a Trump, que no disponía de gran formación e información al respecto. El grueso de la información, de hecho, fue facilitada por Israel. Se trató de una información que, a su vez, la inteligencia de EEUU no pudo verificar. Es decir:

15– La decisión de iniciar una guerra, la decisión de continuarla, de ampliarla el 18M, no estaba sustentada, no solo en la ley, sino tampoco en la información y el conocimiento. Este dato es muy importante, pues explica la gramática de la guerra.

16- No la hay. Es decir, EEUU, tal vez Israel, otro núcleo de toma de decisiones reducido, sometido también al mito y al apriorismo –desde 2005, por ejemplo, el integrismo se ha introducido en el Ejército, en el que hoy ya hay soldados, oficiales y mandos ultranacionalistas; el oficial laico e ilustrado, del que hablaba Le Carré en su introducción a La chica del tambor, hoy puede no existir de manera definitiva–, pueden haber tomado sus decisiones con lo que viene siendo el culo. Algo, como el lector ya sabe, muy propio de los sistemas propagandísticos, que forman su staff a través de la selección negativa. A través de meter en la inteligencia a tipos incapaces como Kent que, además, ni se consultan, ni se atienden en caso de marrón.

17Es importante saber que la toma de decisiones en este conflicto se ha realizado a través de cargos aportados por selección negativa, pues eso explica lo que está realizando Trump en el interior de EEUU y a través de su política exterior. No se vuelvan locos interpretándolo, pues se trata de acciones que no responden a pensamiento alguno. Es más, como diría Hannah Arendt, “desafían el pensamiento”, pues el pensamiento siempre precisa de cierta profundidad, que aquí no se da, pues solo el mal –y esta es su originalidad– es superfluo y carece de profundidad alguna. De ahí, glups, su banalidad. Será más fácil ir leyendo la guerra, su gramática, al cabo inteligible, que las pulsiones, la banalidad del mal, que la han creado.

18- No sé a ustedes, pero a mi el punto 17 me deja de pasta de boniato.

19- Sobre la banalidad del mal en EEUU. Esta semana, el instituto Sueco Varieties of Democracy ha devaluado el sistema democrático de EEUU hasta la categoría “democracia electoral” –vamos, que cada X años se vota; poco más–. Y ha llamado la atención sobre la rapidez de su proceso postdemocrático. En un año a) se ha reforzado el poder del Ejecutivo y b) se ha concentrado el poder en el presidente. Es un proceso más rápido que el vivido en Hungría, Serbia e India.

20- El otro gran fenómeno de la semana ha sucedido en Europa. Tras un año de asunción pasiva del trumpismo, la UE da muestras de cierta rebeldía organizada. El 15M los Estados de la UE se negaban a participar en una operación en Ormuz. Abandonaban de una forma a veces nítida, a veces menos, a Trump en su guerra. El 19J, en una reunión del Consejo Europeo a la que asistió el secretario general de la ONU –lo que es un gesto– , se intentaba corregir la salida de madre de Von der Leyen de la semana pasada, en la que asumía el trumpismo como buena nueva, como Francia y UK hicieron en 1956.

21- Europa es, aun así, endeble en sus decisiones. Sus tomas de decisiones suceden también en núcleos pequeños. Y el acceso al staff europeo se produce con material sobrante de los Estados. Unos Estados, además, en crisis democrática. Una parte de esa crisis es el alejamiento de la política de personas que, antes del neoliberalismo, participaban en ella y que hoy han huido de ella. Vamos, que a Europa llegan personas que han acabado su ciclo en sistemas estatales en los que la política es disuasoria, de manera que solo se acercan a ella perfiles concretos. El staff europeo no solo es eso, sino que, en esa categoría, tal vez es el peor de la historia: Von der Leyen, Kallas, Rutte explican más y mejor Europa que la reunión del Consejo Europeo del 19J. Explican, por ejemplo, que en un año de trumpismo no haya habido conflicto hasta ahora. Explican la ausencia de la apuesta industrial. La continua amenaza de la austeridad como solución a todo. Explican que Europa no haya aprovechado la ocasión para hacer del euro la divisa estable que todo el mundo espera. Explican que Europa no haya participado en la corrección de la época.

22- Elecciones en Castilla & León. La guerra ha votado. Ha ganado la derecha implícitamente trumpista sobre la explícitamente trumpista. Vox, en ese sentido, puede haber llegado a su techo. Su techo puede ser la guerra, y puede ser inferior al 20%. El marrón interno de Vox –con denuncias a la corrupción de Abascal; la época: el New York Times hablaba, en enero de que Trump habría ganado 1.400M$ en un año como presi– puede colaborar a ese bajón en breve. O no. El no-a-la-guerra de Sánchez –génerico, pero el único que hay– parece haber invertido la tendencia al glu-glu-glu del PSOE. Finalmente, en C&L hay, por otra parte, menos therians que listas de izquierdas a la izquierda del etc. Ese último dato crea un hecho invisible, pero denso, imposible de ignorar. O punto 23.

23- La guerra ha cambiado algo en el pack izquierdas a la izquierda del etc., cada vez más anecdótico y que, sin embargo, aún posee una sola función: posibilitar un gobierno de coalición, impedir el acceso al Estado de la nueva extrema derecha. Y esa función, con la guerra, ha ganado intensidad. Quien la dificulte, lo tendrá chungo. Quien dificulte el pacto en esas izquierdas, quien imposibilite explícitamente un tercer gobierno de coalición, quien siga apostando, por segunda vez en unas generales, por una victoria PP-Vox, puede desaparecer no solo políticamente, sino de manera civil. Las guerras tienen sus gramáticas. Hay que leerlas. Crean épocas. Quien no sepa leer su época, se esfuma, atropellado por la época.


Fuente: Rebelión