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jueves, 21 de mayo de 2026

Rusia y China consolidan su alianza estratégica frente a la "ley de la selva" desatada por Trump

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


Putin y Xi hacen de la cooperación energética el pilar de la alianza sino-rusa, bajo la bandera de una "igualdad" que rechaza el caos geopolítico y económico de Trump


Una mujer cerca de una pantalla gigante que muestra imágenes del encuentro entre el presidente chino Xi Jinping y su homólogo ruso Vladimir Putin.


     El pacto energético bilateral que han remachado el presidente chino, Xi Jinping, y el ruso, Vladímir Putin, en Pekín ayudará aún más a China a reducir el coste del corte del suministro de hidrocarburos desde el Golfo Pérsico por la crisis de Irán, y a Rusia a mantener su economía de guerra ante Ucrania, donde los más de cuatro años de contienda están haciendo ya mella en Moscú, sin visos de solución a medio plazo. 

Cuando aún no se había apagado el eco de la visita del presidente estadounidense, Donald Trump, a Pekín la semana pasada, chinos y rusos consolidaron este miércoles su alianza estratégica sobre la "piedra angular" de la energía, pero con decenas de acuerdos más y una apuesta decidida contra el "unilateralismo", el "hegemonismo" y "la ley de la selva" que, según dijo Xi y tal y como se incluyó en la declaración conjunta de la cumbre, se está expandiendo por el planeta. La alusión al caos comercial, militar y de seguridad global era una referencia directa a Trump y su múltiple estrategia de injerencia y agresión militar.

La decisión de Pekín de recibir en menos de una semana a los líderes de las dos superpotencias fue una jugada maestra que ha vendido mejor la apuesta china por el multilateralismo. Una apuesta en la que el gigante asiático se apunta una victoria diplomática frente a la estrategia avasalladora desplegada por Trump desde que llegó al poder el 20 de enero de 2025.


El presidente ruso Vladimir Putin y su homólogo chino Xi Jinping toman el té tras su reunión en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, China, el 20 de mayo de 2026.

La visita de Putin coincidió con el 25 aniversario de la firma del tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación entre China y Rusia, que ampliaron este miércoles, y con el trigésimo aniversario del establecimiento de la asociación estratégica entre los dos países. El viaje estaba calculado al milímetro y el momento también, especialmente por ese hecho de que siguiera en muy pocos días al de Trump y que el contenido de la visita del líder ruso sobrepasara al fausto en torno al presidente estadounidense.

Un nivel excelso de las relaciones sino-rusas 

China y Rusia, dijo Xi, se hallan "en el nivel más alto de su historia". Putin vino a decir lo mismo: "Los lazos entre los dos países han alcanzado un nivel sin precedentes". Y todo ello, en parte gracias al escenario que ha dejado sembrado Trump con su caótica y depredadora nueva doctrina de seguridad nacional que pone al resto del mundo a merced de los intereses estadounidenses. 

También añadió Xi que Rusia y China guardan "una estrecha comunicación estratégica a todos los niveles" y "se apoyan firmemente" en cuestiones que afectan a sus "intereses fundamentales". Esta asertividad apuntaba una simbiosis de las estrategias china y rusa que debería preocupar mucho a sus contrincantes. Por ejemplo, en su cumbre con Putin, el presidente chino propuso alinear el XV plan quinquenal chino que regirá la economía de su país hasta 2030 con la agenda económica rusa, sobre todo para impulsar la cooperación energética y tecnológica, con la conectividad y la inteligencia artificial en mente.


El presidente ruso Vladímir Putin y el presidente chino Xi Jinping asisten a una ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo en Pekín.

Xi le está diciendo al mundo que quiere la paz con todos, pero que los auténticos aliados son unos pocos, entre ellos Rusia. Y la confluencia de las actuales circunstancias internacionales, emponzoñadas por la avidez de Trump, da más valor a la estrategia pacífica china. Sobre todo si en la balanza se confrontan la guerra comercial con la que amenaza siempre la Casa Blanca y, por ejemplo, la cooperación energética con Moscú. 

En rueda de prensa, Xi insistió en que China quiere erigirse como una "fuerza de estabilidad global". Si se lo permiten las circunstancias, porque en la cumbre con Trump, el presidente chino ya advirtió al estadounidense sobre la tentación omnipresente de EEUU de traspasar la línea roja del apoyo a Taiwán y defender su independencia. La ominosa disputa en torno a esa isla cuya soberanía reclama China fue la mayor espina que marcó la visita del líder republicano a Pekín. Poco después de terminar el viaje, la prensa más conservadora de EEUU empezó a acusar a China de preparar un ataque contra Taiwán en los próximos años.

Una veintena de acuerdos, con el petróleo ruso como "piedra angular"

Xi y Putin firmaron una declaración principal y una secundaria, además de veinte acuerdos y memorandos de entendimiento. En estos documentos, los presidentes chino y ruso reforzaron la cooperación energética de sus dos países, que ambos reconocieron como "la piedra angular" de la relación bilateral, y defendieron un mundo multipolar. 

Si en estos momentos, el intercambio bilateral ha superado durante tres años consecutivos los 200.000 millones de dólares, es de esperar que a fin de 2026 esa cifra se dispare, pues ya en los cuatro primeros meses de este año creció un 20%.

China obtenía de los países del Golfo Pérsico, especialmente de Irán, el 45% del petróleo que alimentaba su industria, el transporte y las infraestructuras civiles. El cierre del estrecho de Ormuz y el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes levantó un aparente muro para los intereses chinos. Estos, sin embargo, supieron aprovechar la corriente de compras que desde hace cuatro años habían establecido con el petróleo y el gas rusos, a raíz de las sanciones occidentales tras la invasión de Ucrania y el fin de la venta de crudo de Rusia a Europa. Como este miércoles indicó Putin, Rusia es un proveedor "fiable y estable" para China, suceda lo que suceda en Oriente Medio.

Quedó en el aire, en esta visita, el cierre de un acuerdo definitivo sobre el plan de trasiego de gas ruso a China denominado Fuerza de Siberia-2, que contempla el despacho de 50.000 millones de metros cúbicos de ese hidrocarburo a través de Mongolia. Pekín es muy cauteloso al respecto y prefiere no correr mucho. Una cosa es una alianza energética de iguales con Rusia y otra pasar a depender totalmente del gas de este país. Hay otros lugares de suministro de gas natural, como Turkmenistán, y China prefiere diversificar. Pekín ha aprendido bien la lección de Irán y el Golfo Pérsico, y no quiere riesgo alguno en las fuentes de abastecimiento de hidrocarburos.

Condena expresa a EEUU e Israel por la guerra de Irán

Precisamente, en este encuentro entre Putin y Xi hubo críticas a la guerra desatada por el Pentágono e Israel contra Irán, que ha puesto patas arriba el tablero económico y geopolítico mundial, con Trump presionado por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el lobby judío en EEUU en un caos del que el líder republicano se ve ahora incapaz de salir.

"Rusia y China subrayan la necesidad de un pronto retorno al diálogo y a las negociaciones de todas las partes implicadas en el conflicto para evitar una ampliación de la zona de conflicto", apuntó la declaración conjunta de Xi y Putin. Ambos compartieron "la opinión de que los ataques militares de EEUU e Israel contra Irán violan el derecho internacional y las normas fundamentales de las relaciones internacionales, y minan gravemente la estabilidad en Oriente Medio".

Si durante la visita de Trump a Pekín la semana pasada Xi evitó cargar las tintas sobre la agresión a Irán, con Putin al lado sí acentuó la ilegalidad de la agresión al país persa, cuyo cese "es imperativo", así como "el asesinato de dirigentes de países soberanos, la desestabilización de la situación política interna, la instigación de un cambio de poder y el descarado secuestro de líderes nacionales para su enjuiciamiento", en referencia al secuestro de Nicolás Maduro.

Este ha sido uno de los ataques verbales más duros lanzados contra la estrategia filibustera de Trump en Oriente Medio, junto a su pretoriano Netanyahu, en realidad el mayor instigador de este crimen internacional, continuado con más saña por Israel en el Líbano con la experiencia del genocidio cometido en Gaza desde octubre de 2023.

Sobre esta franja palestina, Xi y Putin abogaron por la consecución de una "tregua sólida", con lo cual estaban diciendo que la actual "paz" preconizada falsamente por Trump solo es una farsa en la que continúan los asesinatos de gazatíes y el asedio con el hambre de ese territorio palestino. En este sentido, los dos líderes reclamaron "el acceso ininterrumpido de la ayuda humanitaria a todos los necesitados".

Sin insistir en la guerra de Ucrania

No hubo, sin embargo, en el encuentro entre Xi y Putin muchas alusiones a la otra gran crisis que sacude a la comunidad internacional. Ambos apoyaron una solución política para la guerra en Ucrania, pero sin mayores pretensiones y con la sospecha de que Pekín también ve en esta crisis demasiados intereses, no solo los del expansionismo ruso.


Un edificio destruido tras un ataque ruso en Donetsk (Ucrania).

Y al contrario que con el ataque a Irán, Pekín adolece de una definición precisa sobre el conflicto de Ucrania y no ha planteado una condena sin paliativos a la invasión rusa, lo que añade dudas a su voluntad real para ayudar a poner fin a esa guerra.

Una guerra que se encuentra estancada y que no parece que vaya a variar en los próximos meses, salvo que una ofensiva rusa desatascase en el verano el actual empantanamiento del frente. Hace tiempo que Rusia debería haber tomado las ciudades de Sloviansk y Kramatorsk, en la parte de la región de Donetsk que aún controlan los ucranianos (un 20%), para completar la conquista de todo el Donbás, ese territorio ucraniano que Moscú considera ruso.

Putin exige la entrega de todo el Donbás y parte de otras regiones invadidas para empezar a negociar con seriedad. Sin embargo, los éxitos militares rusos no acompañan en estos momentos a estas reclamaciones. Aunque la desventaja en tropas de Ucrania es evidente, Kiev ha sabido convertir la guerra en un tablero donde los drones son los protagonistas. El dinero europeo ha permitido a los ucranianos hacerse con miles de ellos dotados de una eficacia que iguala o supera incluso a los rusos, alcanzando diariamente refinerías, bases militares e infraestructuras muy en el interior de Rusia. Incluso Moscú está en el radio de acción de estos aparatos y de la inteligencia militar que los emplaza, procedente del propio Pentágono o de la tecnológica Palantir, aliada de Trump.

La cautela china sobre este conflicto en la visita de Putin debería, no obstante, remover en sus sillas a los dirigentes ucranianos. La renovación de la asociación estratégica y de amistad, y la apuesta por ese entente energético entre Moscú y Pekín sugieren que habrá muchos miles de millones de dólares más para apuntalar la operación militar rusa en Ucrania.

Y lo que parece claro es que termine cuando termine la guerra, con China a su lado Rusia no será el estado proscrito en el que los países europeos de la OTAN pretenden convertirla alegando que Moscú es el mayor peligro para Europa, incluso cuando las mayores y más concretas amenazas contra la Unión Europea han venido de Trump, con la guerra arancelaria, sus intentos de apoderarse de Groenlandia o las humillaciones constantes a las que somete a Bruselas y a muchos de los Veintisiete.


Una bandera de Groenlandia ondea en una calle de Nuuk, la capital de la isla.

La cumbre entre Xi y Putin ha remarcado que existe una voluntad de romper el actual statu quo de subordinación a EEUU, que China será uno de los pivotes del nuevo paradigma de seguridad mundial y que contará con Rusia para imponer con mecanismos económicos capaces de derribar los gobiernos más poderosos esa multipolaridad que no desean ni Washington ni sus lacayos europeos.


Fuente: Público

domingo, 29 de marzo de 2026

El primer mes de guerra exhibe la torpeza de Trump en Irán y deja manos libres a Israel en el Líbano

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


La guerra empuja a Oriente Medio hacia el abismo, mina la economía global, expone las debilidades de EEUU y refuerza el hegemonismo israelí


     Un mes después de ordenar la ofensiva bélica contra Irán, Donald Trump no ha doblegado a Teherán a pesar de sus más de 10.000 objetivos alcanzados por sus bombas y de acabar con buena parte de su cúpula dirigente. El presidente de Estados Unidos, entre continuas contradicciones, busca a la desesperada una salida a una de las mayores crisis mundiales en lo que va de siglo. Una crisis a la que Washington ha sido instigado por Israel y su supremacismo en Oriente Medio, y en la que Irán está mostrando una sorprendente resistencia y una temible habilidad para golpear a la economía internacional con sus contraataques en el Golfo Pérsico y el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, arteria vital para gran parte de los hidrocarburos que consume el planeta.


El carguero con bandera de Tailandia Mayuree Naree envuelto en humo negro en el Estrecho de Ormuz, 11 de marzo de 2026.

La guerra de Irán ha puesto contra el muro a las economías más fuertes y a las más débiles, con los vaticinios más oscuros si se alarga siquiera un mes más el conflicto. De momento, ha terminado de descoser las costuras de la OTAN, con insultos desaforados de Trump a sus aliados por no acompañarle en una aventura bélica desorganizada y complaciente con los intereses del hegemonismo israelí, las petroleras estadounidenses y los fabricantes de armas.

En Irán, las acciones militares de EEUU e Israel decapitaron al régimen islámico, con el asesinato el primer día de su líder supremo, Alí Jameneí, y con la matanza en las jornadas siguientes de los más destacados miembros dela jerarquía iraní. Sin embargo, el resultado ha sido una mayor radicalización del sistema, con el hijo de Jameneí, Mojtaba, como su sucesor y con un mayor poder para los Guardianes de la Revolución islámica. Al tiempo, la guerra ha propiciado el cierre de filas con los nuevos dirigentes del país de buena parte de la población que hace dos meses clamaba en las calles por el fin de la teocracia iraní.

La guerra ha disparado la ira y el odio a estadounidenses e israelíes, y la destrucción por los misiles, bombas y drones del Pentágono y el ejército judío dejará una cicatriz que marcará a Irán y a Oriente Medio durante décadas.

Otra vez, las guerras de las mentiras

De nuevo, Washington cometió el mismo error que en 2001, cuando atacó Afganistán, y en 2003, cuando invadió Irak por la presunta amenaza de que Bagdad tenía armas de destrucción masiva. Trump se valió, como hizo entonces su colega republicano George W. Bush, de la mentira de que Irán estaba a punto de obtener armas nucleares para justificar esta ofensiva masiva, que comenzó el pasado 28 de febrero sin ser consultada al Congreso de EEUU.

Dos días antes habían tenido lugar en Ginebra unas negociaciones clave de EEUU con Irán, para controlar y desmantelar buena parte de su programa nuclear con cierta aquiescencia de Teherán a cambio del levantamiento de sanciones que pesan sobre el régimen islámico. Lo que no sabían los iraníes es que a principios de esa semana, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, había convencido ya a Trump para lanzar un ataque a gran escala contra Irán y asesinar en las primeras horas de la ofensiva a Jameneí y su Estado mayor militar y político, reunidos en un fatídico encuentro que conocía Israel.

Los bombarderos de israelíes y estadounidenses destrozaron en los días siguientes las fuerzas navales de Irán, gran parte de los silos de misiles del ejército persa, los cuarteles principales de los Guardianes de la Revolución -el ejército paralelo y más temible del régimen islámico-, atacaron las instalaciones nucleares con bombas capaces de penetrar cualquier blindaje de acero u hormigón, y arrasaron aeródromos y puertos por todo el país persa.

La población, la primera víctima de esta guerra ilegal

Los misiles estadounidenses e israelíes también han matado a unos 3.300 iraníes, de ellos 1.400 civiles, una cifra que seguramente sea mucho mayor, pues el Gobierno de Teherán se guarda mucho de alarmar más si cabe a la población. Esta ocultación es, sin embargo, difícil de mantener, como sucedió en Minab, en el sur de Irán. En esta localidad de la provincia de Hormozgán, un doble bombardeo estadounidense con misiles contra una escuela de primaria asesinó el 5 de marzo a al menos 168 personas, la mayor parte niñas de entre siete y 12 años, despedazadas por las bombas o enterradas vivas entre los cascotes del colegio.


Tumbas para víctimas de un ataque contra una escuela en Minab, Irán.

Trump llegó a acusar a los propios iraníes de haber lanzado el ataque, pero las primeras investigaciones pronto dejaron claro quién era al auténtico autor de la masacre, una repetición calcada de los bombardeos de civiles en el genocidio cometido por Israel en Gaza e igual que aquí denunciada por la ONU como crimen de guerra.

A pesar de que ya en las primeras jornadas de la guerra, Trump afirmó una y otra vez que la capacidad militar de Irán había sido destruida, sin embargo, el Ejército iraní no ha cesado de responder. Ni es verdad que Israel y EEUU han destruido toda la potencia misilística de Irán, ni las alabadas defensas israelíes o los sistemas antimisiles desplegados por el Pentágono en el Golfo han sido capaces de interceptar todos los proyectiles lanzados por los iraníes.

Oficialmente las armas iraníes han causado en Israel unas 15 víctimas mortales. En el caso de las fuerzas estadounidenses desplegadas en Oriente Medio son 13 los soldados muertos y 300 los heridos. También han sido asesinados por los misiles y drones iraníes una docena de civiles en los países árabes de la región.

La batalla de Ormuz

El terror causado por esta capacidad de represalia iraní continúa en el Golfo Pérsico, a pesar de que Trump y Netanyahu insisten en que ya no deberían quedar misiles ni lanzaderas ni apenas drones iraníes. Este pánico, provocado con ataques iraníes muy seleccionados a objetivos civiles, incluidos los depósitos y refinerías de crudo y gas en esos países del Golfo Pérsico, así como las amenazas lanzadas contra la navegación en el estrecho de Ormuz y otras zonas de ese mar, está siendo suficiente como para paralizar buena parte del tráfico marítimo en la región y golpear con fuerza la economía mundial. En las últimas horas, Emiratos Árabes Unidos, uno de los países más atacados por Irán, ha propuesto formar una coalición en el Golfo para entrar también en la guerra y abrir Ormuz.

Por el estrecho de Ormuz circulaba el 20% del crudo y el gas mundiales, y un tercio de los fertilizantes, por citar solo dos ejemplos. En estos momentos solo pasan los contados buques que permite Irán, especialmente los chinos; el miedo y los precios impuestos por las navieras y las aseguradoras han hecho el resto.

En el plan de paz de 15  puntos brindado por Trump a los iraníes esta semana se exigía la apertura total del estrecho de Ormuz, so pena de arrasar las centrales eléctricas de Irán. La respuesta de Teherán fue rechazarlo, exigir el fin de los ataques para comenzar a negociar y reclamar para sí el control total de esa vía de comunicación vital entre el Golfo Pérsico y el océano Índico, proponiendo en contrapartida la imposición por Irán de tarifas al paso de barcos por la zona.

Israel a la conquista del Líbano

La otra cara de esta guerra quizá no sea tan dolosa económicamente, pero está reconfigurando también el mapa de Oriente Medio.


El humo surge de edificios en Beirut tras un nuevo ataque de Israel.

Al empezar la contienda, las milicias de Hizbulá, estacionadas en el Líbano, lanzaron una andanada de misiles contra Israel, sin que causaran víctimas mortales en un primer momento. El Ejército israelí respondió con una ofensiva total contra el sur del Líbano y los barrios chiíes de Beirut, donde podría haber milicianos de Hizbulá.

Los bombardeos israelíes han dejado incomunicada esa parte meridional del Líbano, con la voladura de los puentes del río Litani. La intención de Netanyahu es invadir ese zona, casi un 10% del Líbano, y asimilarlo a Israel como una zona de contención, aunque la idea de los radicales judíos en su Gobierno es que pueda ser ocupado poco a poco por colonos ilegales israelíes.

De momento, la guerra de Irán llevada al Líbano por Israel ha acabado con la vida de más de un millar de personas y ha obligado a desplazarse desde el sur a un millón de libaneses. Netanyahu ha ordenado la llamada a filas de 400.000 reservistas israelíes, un paso que permite adivinar qué es lo que va a pasar en los próximos meses en el Líbano.

Lo adelantó el ministro de Defensa israelí, Israel Katz: se aplicará en el Líbano la misma estrategia de tierra quemada que en Gaza, con aldeas arrasadas, demolición de viviendas, destrucción de infraestructuras y limpieza étnica de su población, empujándola hacia el norte.

La apuesta de Israel para aniquilar al régimen iraní e invadir el Líbano se ha convertido en un obstáculo casi infranqueable para que EEUU e Irán acuerden un alto el fuego. En última instancia, Netanyahu podría frenar sus ataques aéreos en Irán, pero será a cambio de tener las manos totalmente libres en el Líbano.

Una trampa para Trump

No parece que Trump lo tenga nada fácil para detener la guerra. Aunque hay negociaciones en la sombra, no parece probable una capitulación de Irán, pese a los planes de EEUU de lanzar una ofensiva terrestre, a pesar del altísimo riesgo que supone tal paso.

El Pentágono prepara nuevos refuerzos importantes a los cerca de 50.000 soldados que tiene en Oriente Medio. Esta semana se habló de hasta 10.000 nuevos efectivos, entre ellos tropas de élite de la 82 división aerotransportada. Estas unidades son normalmente enviadas a zona de guerra como paso previo a una invasión.

El 6 de abril se cumple el postrer ultimátum dado por Trump para que Irán despeje el paso de Ormuz. Una opción es el ataque a algunas de sus islas del Golfo Pérsico, entre ellas la de Jarg, que gestiona el 90% de las exportaciones petrolíferas de Irán. Su captura pondría en manos del ejército estadounidense mucho, muchísimo petróleo.

Según la web estadounidense Axios, que cita fuentes oficiales, además de Jarg, el Pentágono estaría considerando tomar otras islas iraníes, como Larak y Abu Musa, claves para el control del estrecho de Ormuz. Igualmente se evalúa el abordaje e incautación de los petroleros y mercantes que transporten crudo iraní hacia el Índico. Esta acción no le gustaría nada a China, el mayor cliente del petróleo iraní.

Los partidarios de tales acciones consideran que un éxito militar así podría impulsar a Trump a declarar el fin de la guerra y apuntarse un tanto que le permita salvar algo la cara en medio del desastre.

Desafección creciente en EEUU

Estas amenazas, que no parecen alterar mucho a los iraníes, están siendo cuestionadas en los propios EEUU, donde aumenta la desafección a la política exterior de Trump y al empantanamiento en una guerra que se podría haber evitado.


Un manifestante prende fuego a una imagen que muestra la foto policial del presidente estadounidense Donald Trump con la inscripción
‘Se Busca’.

La subida de los precios de los combustibles y el fantasma de la inflación enervan cada vez más a una población que rechaza la estrategia errática de Trump.


Protestas contra la guerra de EEUU e Israel en Irán.

Todo ello, con las elecciones de medio término a la vista, en noviembre, cuando los estadounidenses votan la renovación de buena parte del Congreso.

En este sentido, son ya unos cuantos los miembros destacados del Partido Republicano que están manifestando su desacuerdo con su jefe. Un ejemplo lo dio esta semana la representante republicana Nancy Maceal rechazar una ofensiva terrestre: "No sacrificaremos vidas estadounidenses por las mismas políticas exteriores fallidas", dijo tajante Mace, en una bofetada directa a esta guerra y a sus artífices.


Fuente: Público

sábado, 21 de marzo de 2026

Irán es el Suez de Estados Unidos

 

      Periodista y escritor.

Es aún pronto para afirmar que esta guerra sea el Stalingrado de Trump. En todo caso, sí parece haber descubierto que algo ha cambiado, que, a diferencia de 1956, ya no puede hacer lo que quiera, a menos que no sean Estados precarios


Columna de humo en Puerto Saíd tras el asalto anglofrancés al canal de Suez

     1- Las guerras no son sonetos, por lo que explican cosas extraordinariamente sencillas. Pero, en contrapartida a esa sencillez, las guerras son muy difíciles de leer. Por eso cansan tras su novedad inicial. En el Madrid de 1914-18, por ejemplo, se puso de moda pasear por la calle con una cuartilla prendida con alfileres en la solapa, en la que se leía: “No me hable de la guerra”. En el presente artículo se hablará de la guerra, en tanto todo habla de la guerra desde el 28F. Pero, en mi defensa, la guerra aparecerá para aludir a su propia gramática, a lo que la guerra explica debajo de sí misma. Esta semana, por cierto, la guerra ha sido rica en matices gramaticales. Que es, me temo, la única riqueza que crea.

2- Es aún pronto para afirmar, como parece, que esta guerra es el Stalingrado de Trump –no se pierdan el punto 13–. En todo caso, sí que parece que es su invasión de Suez.

3- Invasión de Suez, definición: en 1956, Francia y UK, aprovechando una movida previa de Israel, invaden el Sinaí para hacerse con el control del Canal de Suez, bloqueado por el Gobierno nacionalista de Nasser. El objetivo era una acción rápida, que depusiera a Nasser y que devolviera el canal a sus accionistas. Plis-plas. Se trataba de la acción colonialista un millón. Pero tanto EEUU como la URSS hicieron saber a Francia y UK que estábamos en otra casilla, que eso del imperialismo ya no se llevaba, salvo que lo practicaran ellos. Y, al poco, Francia y UK se retiraron no solo de Suez, sino de la época que se inauguraba. Todo el mundo sabía que, tras la IIGM habían finalizado los imperios europeos. Pero una cosa es saberlo y otra es comértelo con patatas. Tras ese banquete de patatas, se iniciaba oficialmente, lo dicho, otra época. El mundo bipolarizado, un mundo gestionado por lo nunca visto: dos superpotencias nucleares.

4- Pues bien, independientemente de que la guerra de Irán aporte nuevos conceptos, creo que ya ha aportado este: Suez. Irán es el Suez de Estados Unidos. EEUU, una superpotencia nuclear en un momento confuso en el que conviven aún elementos contradictorios y poco nítidos, de entre-épocas, ha descubierto que algo ha cambiado. No puede invadir Suez.

5- Es decir, no puede hacer lo que quiere en el mundo. Puede hacerlo, claro, con Estados próximos, precarios, apollardados, en crisis –como Venezuela, como Panamá…–. Pero no puede hacer lo propio con Estados operativos. Finaliza una época que empezó en 1945, que sé constató en 1956 y que se prolongó, tras 1989/el fin de la URSS, a través de una sola hiperpotencia, hasta el boom de las guerras ilegales de principios del XXI. Hoy, en fin, estamos en otra época, aún sin nombre, aún por conocer al detalle. En todo caso, en esta época, en ese mundo no reglado, hay amplias regiones del mundo en las que EEUU ya no puede intervenir militarmente. No, al menos, con éxito. No, al menos, sin provocar una crisis económica y humanitaria planetaria absoluta, inasumible incluso para Estados Unidos. EEUU lo sabía –lo que alude a que ha realizado un proceso de toma de decisiones chungo; no se pierdan el punto 17–. Pero ahora lo sabe, en su modalidad más amarga: la modalidad con patatas amargas.

6- O lo que es lo mismo, el mundo, carente de orden internacional, no carece de potencias regionales con poder llamativo en su área. Les explico, en ese sentido, una manifestación de poder –poco anecdóticas; descomunal– de Irán.

7- Irán no ha cerrado Ormuz. Le ha puesto peaje. Lo que, como manifestación de poder, no está mal. Por ahí circulan barcos. A tutiplén. Con destino a China e India. Y –se dice; no he podido confirmarlo; ni yo ni nadie– con petróleo y gas licuado pagado en la divisa china –lo que es otro fracaso europeo; no se pierdan el punto 21–. Emilio Rodríguez-Díaz, profe de la Universidad de Cádiz y experto en transporte marítimo, explica que Ormuz está cerrado, sí, pero solo para buques de EEUU, Israel y occidentales. Desde el 1M hasta el 15M, han pasado por ahí 77 barcos. La mitad en modo oscuro –sin radio, en modo manual; a pelo, a la aventura–. Lloyd’s/las aseguradoras asumen ese hecho y solo ofrecen cobertura a buques con mercancía para China/India. Si Lloyd’s/las aseguradoras dan por válida esa dinámica, es que esa dinámica es la dinámica y va a misa.

8- O, lo que es lo mismo, se puede solucionar, a bombazo limpio, un Ormuz cerrado a cal y canto. Pero no un Ormuz que filtra barcos por destino y por alineamiento geopolítico. Eso solo se soluciona con diplomacia. Y de eso no tenemos.

9- ¿Qué tenemos?

10- Lo que tenemos apunta, lo dicho, a un posible Stalingrado/un error táctico estructural y dramático, que se verificará, o no, en el tiempo. Tal vez muy poco. En todo caso, se ha intentado colapsar el Estado iraní a) matando a su élite. Por ahora, se han pelado –solo– a una decena de miembros de su staff. Algo dramático y desestabilizador. Y, además, carísimo –no se pierdan el punto 12–. Pero no necesariamente fatal: hasta el Rayo Vallecano puede ir tirando con diez grandes ideólogos menos en su staff. También se ha intentado el colapso b) atacando, el 18M, infraestructuras energéticas iraníes, con el resultado de más ataques, por parte de Irán, a otras infraestructuras energéticas de la región. Lo que ha tenido consecuencias llamativas.

11- Desde ese ataque –que lo cambia todo; imprime otra gramática a la guerra, que explica a gritos que será larga y costosa: y global–, el precio de los combustibles se ha ido al garete. Ese mismo día, el barril de Brent superaba los 110$ –recuerden: la catástrofe está calculada en 140$, el precio previsto, antes del 18M, para finales de marzo–. El gas licuado, en el mercado europeo, llegaba, a su vez, a los 56€ m/h. Es decir, el 18M y gracias a un ataque coordinado de Israel y EEUU –confuso; Israel asumió posteriormente esa metedura de pata, tal vez para proteger a Trump; de no ser así, la coalición Trump-Netanyahu podría dar señales iniciales de desgaste–, todo ha cambiado. El cambio es importante: a Trump la situación se le ha ido de las manos. Así como suena.

12- A este error, se le suman otros que empiezan a afectar, de alguna forma, al proyecto Trump –se dice rápido–. Uno, y no es el menor, es el mismísimo concepto económico de coste de oportunidad de la guerra. La guerra, en fin, está costando un huevo. Que no solo impide hacer otras cosas –por ejemplo, otras guerras– sino que está comprometiendo seriamente la seguridad de EEUU. Informa el Financial Times que el coste de un misil Tomahawkes de 3,6M$, y que solo en las primeras 10 horas de guerra se consumieron, zas, 168 unidades. En total –y siempre corroborando todo con las tres fuentes necesarias en el periodismo anglosajón–, EEUU ha gastado, desde el 28F, varios años de materiales críticos, como es el caso de los Tomahawk, ese bien hoy escaso. Es decir, EEUU está dilapidado su capacidad de respuesta futura en este u otro conflicto. Y, por lo mismo, está hablando de su futuro a sus enemigos –ojo: es muy posible que también lo esté haciendo Israel–. Dramáticamente: el FT calculaba que el Pentágono pediría 50.000$ al Congreso, para ir tirando en esta guerra. Pues bien, esta semana ha decidido pedir, finalmente, 200.000 M$.

13- Una guerra, que estaba ganada, según Trump, el 12M, el 18M cambiaba, lo dicho, de gramática. Y eso ha provocado un conflicto interno en el maguismo, que podría ser determinante. O no. Es importante señalar que se trata de una crisis interna del maguismo, en la que el maguismo se basta así mismo para enfrentarse a Trump. Se trata, por así decirlo, de un conflicto entre las SS y las SA. En todo caso, empieza a haber tensiones entre el colectivo tertuliano maga –pieza clave del maguismo– y Trump. La metáfora es Tucker Carlson, tertulianólogo, miembro del movimiento Trump1.0, que empezó a marcar distancias severas con Trump2.0, hoy, tras el 28F. Esas perturbaciones en la Fuerza, motivadas por el rechazo a participar en guerras externas –una constante del maguismo, pero también del republicanismo, no intervencionista en 1917 y antes de 1941–, están llegado al mismísimo Gobierno. Joe Kent, que llevaba el pack inteligencia, presentaba su dimisión el 16M, en tanto el ataque a Irán estaba injustificado: “Irán no representa una amenaza inminente”, explica en su carta de dimisión. Kent, un ultraderechista, exboina verde, sin especial experiencia en inteligencia, es una metáfora de cómo funciona el sistema de toma decisiones en el trumpismo. Un sistema de toma de etc. que Kent ha explicado, horas después de su dimisión.


Joe Kent

14-  Kent ha señalado que la inteligencia no fue convocada para la toma de decisiones ante lo de Irán. Y dio más detalles: la inteligencia no tenía permiso para trasladar a Trump sus dudas, de manera que las decisiones las tomó un reducido núcleo, próximo a Trump, que no disponía de gran formación e información al respecto. El grueso de la información, de hecho, fue facilitada por Israel. Se trató de una información que, a su vez, la inteligencia de EEUU no pudo verificar. Es decir:

15– La decisión de iniciar una guerra, la decisión de continuarla, de ampliarla el 18M, no estaba sustentada, no solo en la ley, sino tampoco en la información y el conocimiento. Este dato es muy importante, pues explica la gramática de la guerra.

16- No la hay. Es decir, EEUU, tal vez Israel, otro núcleo de toma de decisiones reducido, sometido también al mito y al apriorismo –desde 2005, por ejemplo, el integrismo se ha introducido en el Ejército, en el que hoy ya hay soldados, oficiales y mandos ultranacionalistas; el oficial laico e ilustrado, del que hablaba Le Carré en su introducción a La chica del tambor, hoy puede no existir de manera definitiva–, pueden haber tomado sus decisiones con lo que viene siendo el culo. Algo, como el lector ya sabe, muy propio de los sistemas propagandísticos, que forman su staff a través de la selección negativa. A través de meter en la inteligencia a tipos incapaces como Kent que, además, ni se consultan, ni se atienden en caso de marrón.

17- Es importante saber que la toma de decisiones en este conflicto se ha realizado a través de cargos aportados por selección negativa, pues eso explica lo que está realizando Trump en el interior de EEUU y a través de su política exterior. No se vuelvan locos interpretándolo, pues se trata de acciones que no responden a pensamiento alguno. Es más, como diría Hannah Arendt, “desafían el pensamiento”, pues el pensamiento siempre precisa de cierta profundidad, que aquí no se da, pues solo el mal –y esta es su originalidad– es superfluo y carece de profundidad alguna. De ahí, glups, su banalidad. Será más fácil ir leyendo la guerra, su gramática, al cabo inteligible, que las pulsiones, la banalidad del mal, que la han creado.

18- No sé a ustedes, pero a mi el punto 17 me deja de pasta de boniato.

19- Sobre la banalidad del mal en EEUU. Esta semana, el instituto Sueco Varieties of Democracy ha devaluado el sistema democrático de EEUU hasta la categoría “democracia electoral” –vamos, que cada X años se vota; poco más–. Y ha llamado la atención sobre la rapidez de su proceso postdemocrático. En un año a) se ha reforzado el poder del Ejecutivo y b) se ha concentrado el poder en el presidente. Es un proceso más rápido que el vivido en Hungría, Serbia e India.

20- El otro gran fenómeno de la semana ha sucedido en Europa. Tras un año de asunción pasiva del trumpismo, la UE da muestras de cierta rebeldía organizada. El 15M los Estados de la UE se negaban a participar en una operación en Ormuz. Abandonaban de una forma a veces nítida, a veces menos, a Trump en su guerra. El 19J, en una reunión del Consejo Europeo a la que asistió el secretario general de la ONU –lo que es un gesto– , se intentaba corregir la salida de madre de Von der Leyen de la semana pasada, en la que asumía el trumpismo como buena nueva, como Francia y UK hicieron en 1956.

21- Europa es, aun así, endeble en sus decisiones. Sus tomas de decisiones suceden también en núcleos pequeños. Y el acceso al staff europeo se produce con material sobrante de los Estados. Unos Estados, además, en crisis democrática. Una parte de esa crisis es el alejamiento de la política de personas que, antes del neoliberalismo, participaban en ella y que hoy han huido de ella. Vamos, que a Europa llegan personas que han acabado su ciclo en sistemas estatales en los que la política es disuasoria, de manera que solo se acercan a ella perfiles concretos. El staff europeo no solo es eso, sino que, en esa categoría, tal vez es el peor de la historia: Von der Leyen, Kallas, Rutte explican más y mejor Europa que la reunión del Consejo Europeo del 19J. Explican, por ejemplo, que en un año de trumpismo no haya habido conflicto hasta ahora. Explican la ausencia de la apuesta industrial. La continua amenaza de la austeridad como solución a todo. Explican que Europa no haya aprovechado la ocasión para hacer del euro la divisa estable que todo el mundo espera. Explican que Europa no haya participado en la corrección de la época.

22- Elecciones en Castilla & León. La guerra ha votado. Ha ganado la derecha implícitamente trumpista sobre la explícitamente trumpista. Vox, en ese sentido, puede haber llegado a su techo. Su techo puede ser la guerra, y puede ser inferior al 20%. El marrón interno de Vox –con denuncias a la corrupción de Abascal; la época: el New York Times hablaba, en enero de que Trump habría ganado 1.400M$ en un año como presi– puede colaborar a ese bajón en breve. O no. El no-a-la-guerra de Sánchez –génerico, pero el único que hay– parece haber invertido la tendencia al glu-glu-glu del PSOE. Finalmente, en C&L hay, por otra parte, menos therians que listas de izquierdas a la izquierda del etc. Ese último dato crea un hecho invisible, pero denso, imposible de ignorar. O punto 23.

23- La guerra ha cambiado algo en el pack izquierdas a la izquierda del etc., cada vez más anecdótico y que, sin embargo, aún posee una sola función: posibilitar un gobierno de coalición, impedir el acceso al Estado de la nueva extrema derecha. Y esa función, con la guerra, ha ganado intensidad. Quien la dificulte, lo tendrá chungo. Quien dificulte el pacto en esas izquierdas, quien imposibilite explícitamente un tercer gobierno de coalición, quien siga apostando, por segunda vez en unas generales, por una victoria PP-Vox, puede desaparecer no solo políticamente, sino de manera civil. Las guerras tienen sus gramáticas. Hay que leerlas. Crean épocas. Quien no sepa leer su época, se esfuma, atropellado por la época.


Fuente: Rebelión